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Rodolfo Kusch La Espera en La Chicheria PDF

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LAESPERA EN LA CHICHERIA La chicha es una bebida extrafia. Aquella vez que la tomé en San Sebastian, en el Peri, no pude evitar esa aprension que me asalt6, como buen porteno, cuando ppensé en su elaboractén. BI maiz, con el cual se obtiene cesta bebida, sucle ser fermentado con saliva, traspiracion 1u otras sustancias no menos sospechosas. Sin embar~ 40, la tomé. Tenia apenas un raro gusto a cerveza ca- ente. Pero la chicha es algo mis que una bebida. Cuando ‘uno vuelve del altiplano andino, le suelen preguntar st la probé. Elaltiplano pertenece a la parte oscura de nues- tra personalidad, de modo que requiere un rito de inicia~ cién de esa indole. La prueba esta en que los bolivianos y los peruanos hacen Ia misma pregunta, Les gusta ‘mucho mas la cerveza y s6lo han tomado chicha una 0 ddos veces en su vida, pero la usan a modo de arma se- ereta para ver si uno quiere a sus paises La chicha es, en suma, propia del indio, Pero ni al ‘ndio, nt la chicha la conocemos bien y entonces los ear- gamos de misterio. EI mismo aire tienen las chicherias, en las cuales se la toma, Suelen consistir en antros oscuros. y a veces cuentan con algiin pequefto patio. Como la chicha pier- de sus virtudes de bebida al poco tlempo de ser elabora- da, sela produce de vez en cuando, Cuando hay, el due- 174 fo coloca un plumeritlo de papeles de color al frente de su negocio. En el mismo se tocan los huainos a todo trapo, durante todo el dia; las mestizos jaranean y rien. pero el indio permanece sllencioso. gPor qué? Cerca de Ia iglesia de Santa Ana, en el Cuzco, vi una ‘vez a dos indios hieriticos, con los sombreros puestos, ante sendas Jarras de ehicha. Se dice que, después de largos viajes, realizados desde sus comunidades hasta ‘el Cuzco, se pasan horas tomando chicha. ZY qué hacen mientras tanto estos indios? Pues, esperan. ‘Solemos hacer bromas sobre esta actitud de espera del indio, El indio iamovil, que mastica o bebe, se ha convertido en un arquetipo para nosotros. Pero ha de ser porque se nos escapa el sentido de su espera. En Buenos Aires no esperamos. Si lo hacemos, nos pierde la impacieneia. Cuando algo no ocurre a tiempo. se nos hace un wacio y lo llevamos inmediatamente con _gestos, 0 miramos a la gente, o jugamos a las cartas. 0 leemos el diario o hablamos sobre lo que sea. Se diria que nos apremia un juicio final en el cual debemos ren- dir cuenta sobre el tiempo perdido. Pero el indio sabe esperar. No mueve un misculo, ni ssiquiera parpadea, tampoco mira. Por otra parte, siem- pre esperd. Esper6 que erezca la simiente, luego los pri- ‘meros tallos. luego los frutos y al fin el grano, Después iniciaba otra espera sembrando esos mismos granos al afio siguiente y asi afto tras afto. Ya lo hacian asi sus antepasados, En el imperio se realizaba la flesta del Inti-Raymi en Jjunio, como para iniciar la espera de la cosecha con toda 75 pompa, Bl inca derramaba en la plaza de Aucaypata, hoy Plaza de Armas, una gran cantidad de chicha. Esta corria por canaletas hasta el Templo del Sol, distante ‘unos 150 metros y ahi desaparecia. ¢¥ qué pasaba con la chicha? Pues se la tomaba el sol para adquirir fuer- zas: no solo para aparecer al dia siguente, sino también para pasar del hemisferio norte, en donde estaba duran- te el invierno, al hemisferio sur, a fin de calentar las mieses en el verano. Asi el imperio lograba comer otro aio més. Lo mismo, aunque un poco mas abandonado a simismo, hace el indio hoy en dia. Es una raza que sabe esperar. Bl imperio desapareci6 y al indio s6lo le qued6 Ia chicheria, Ya no hay festejos solemnes, sino simplemen- e una Jarra de chicha; pero la espera es la misma. Cuando el indio venia desde su comunidad al Cuzco, ss¢ habré topado con mas de un nevado y se habré senti- cdo muy pequefio. Las cosas grandes que rodean al indio le hacen pensar a éste que su sembrado siempre puede ser destruido. Por eso hace correr la bebida por sus ve- nas, para erecer y convertirse, en medio del mareo, en algo tan grande como el nevado, con la misma imponencia y la misma fuerza magica, casi para hacer crecer su si- miente. gQué indio, mientras estaba tomando, no habra pensado que ese afio iba a tener una magnifica cosecha? En ese momento, él no s6lo juega el papel del inca, sino también el del sol. Tomando chicha el indio puede mo- ver, siqusera por unos momentos, al mundo. En este sen- tudo realiza una espera magica ayudado por la chicha. Pero hay algo mas en su espera, Nos6lo crece su sem- 176 radon tanta nds sus cosa, su is, orate ac yhana a eter crecen. Ys an abe serene cee ett seguro qe ds de do ein ieee etc el seo real desu cper recon guts etanes deve ase munds? eld Penge ane ees eecr agp. Las paras gene pi saniee delacasa de uno nos emosinge ares que ener yen vera Sempte PAE re cat verde, Aer mass ves sO sae ae ga la pana gu tenemos en el bale (es stomibramos cuando nes dn agua flo. ¥ aa pando wees ls primeros ets en 18 aoe seg eles Rowen entonces nos dos cventa evlne la primar. aoe acon noses? Se dia que somes dferen 1a No ooandamos cn cher sino cone te sv de Burns Ae, Anos setae ese uur alo dart, tomaros alge ere rapa legen, Parce tse ig. Eneie cr clempre,apenessalguna fo rempl7ada se asm lea mis onlcosa y més al Te mussacos das cost grades e018 a neesetie ign lo, align propiedad, aguas ioe oe gn rje macs © agin arg. Non gota sre te wee coms Deon que any aca he Bence nuet efaeran pare ser ape. Peo 1s re eg no dora mae que un seguro, a= Pensa geie que sigue pasando Y ae casa de rent ero exiamos molest ete Pee etueraay penaamos mal de 18 gete w7 que se deja estar. Pensamos incluso que el indio es una ‘mala persona porque se deja estar, porque nada hace para mejorar su situacién. ¥ también aqui en Buenos Aires hay mucha gente que hace lo mismo. Todo ese pueblo det tango, el del fatbol o el de las earreras, todos cllos se dejan estar, y, entonces, cémo van a progresar. Y pensamos: "Yo en cambio hago mis cosas, estudio, tra- bajo, lucho" Pero es indtit: afuera la gente sigue pasando y las ca- sas son las de siempre, quiz mas duras, més monéto- nas. Al fin, nos sentimos solos, como en un pozo. Gritamos para nuestros adentros: “Pero yo soy al- duien y esa gente se deja estart” Pero no estamos muy seguros, y redondeamos el pensamiento acosados por sa amontonada ciudad que vemos delante, e nsistimos: “Soy alguien"... gPara qué? “Pues, para tener unos pe- sos ms... y para estar bien’. Eso de estar bien ya huele a indio, y es peor, a indio de chicheria. gAl final de todos mis esfuerzos retorno exactamente a lo del indio, a dejarme estar, pero con el agregado de un adjelivo: bien, por supuesto? 2¥ el pueblo, la gente y el indio? Pues no existen, por- ‘que son mentiras, palabras vacias que llevan el peso de todo eso que no queremos confesar: esa parte de noso- los mismos que sélo quiere dejarse estar. Son como casilleros vacios que empleamos para puriflear nuestra ciudadania, a fin de que nadie sospeche de que no cree- mos en los ideales de nuestra gran ciudad, Nosotras Iismes somos il, pueblo gente, aunque penseros 8 Si fuera asi zqué pasé en esos mil aftos que nos sepa~ ran del indio? Nada. La confiteria es la misma cosa que Ja chicheria, zY la historia? Es solo una forma conven: ional para distanciarnas de nosotros mismos, por mas bblancos que seams.

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