1.
- La legalización de la prostitución es un regalo para los proxenetas, los
traficantes y la industria del sexo. Porque pasarían a ser legítimos empresarios y
hombres de negocios. Hay quien cree que la legalización dignificaría y profesionalizaría a
las prostitutas, pero dignificar la prostitución sólo dignifica a la industria, no a la mujer.
Una de las muchas “cruces” que llevan encima las prostitutas es el estigma social que
supone el ser puta y que no desaparece cotizando a la Seguridad Social.
2.- La legalización de la prostitución promueve el tráfico sexual. Uno de los
argumentos que sirvieron para la legalización de la prostitución en Holanda fue que
ayudaría a terminar con el tráfico de mujeres. No fue así. El informa del grupo Budapest, de
junio de 1999, mostraba que el 80% de las prostitutas de los Países Bajos eran traficadas.
Cosas parecidas pueden decirse de otros lugares en los que la prostitución es legal, como
Alemania o el estado de Victoria, en Australia.
3.- La legalización de la prostitución no controla ni regula la industria del sexo,
sino que la expande. Así ha sucedido en Holanda: en el año 200 se legalizó la
prostitución y en tres años creció un 25%. En Victoria había en 1989 40 prostíbulos legales;
en 1999 había 94 prostíbulos y 84 empresas de “acompañantes”. La prostitución se ha
convertido en un complemento legítimo del turismo y los casinos.
4.- La legalización de la prostitución aumenta la prostitución clandestina, ilegal y
de calle. Las mujeres prostituidas de Holanda afirman que la legalización no ha acabado
con su estigma, sino que, por el contrario, las ha hecho más vulnerables frente al abuso, ya
que, al tener que registrarse, pierden el anonimato. Así que muchas de ellas eligen
proceder de manera ilegal y clandestina.
Frente al argumento de que la legalización acabaría con los elementos criminales de la
industria del sexo, constatamos que en Victoria desde entonces se han triplicado, como
hemos dicho, los prostíbulos, pero la mayoría no tiene licencia.
5.- La legalización de la prostitución promueve la prostitución infantil. Así ha
sucedido en Holanda, según la asociación Child Right, que afirma que en la mayoría de los
casos se trafica con niñas nigerianas.
6.- La legalización de la prostitución no protege a las prostitutas. La CICTM
entrevistó para uno de sus estudios a 200 víctimas de la explotación sexual y concluyó que
tanto en prostíbulos legales como ilegales se ejercía la violencia físca y psíquica contra las
mujeres. La violencia es parte intrínseca de la explotación sexual. “En caso de proteger a
alguien, protegen a los clientes”, afirmaban las mujeres.
7.- La legalización de la prostitución aumenta la demanda de
prostitución. Incentiva a los hombres a comprar a las mujeres en un contexto social más
permisivo. Se ve la prostitución como algo aceptado y aceptable, “normal”. Cuando las
barreras legales desaparecen, también lo hacen las soiales y éticas: se puede tratar a las
mujeres como mercancía. Lanzamos a las nuevas generaciones el mensaje de que las
mujeres son productos sexuales y la prostitución, una forma de diversión inocua.
8.- La legalización de la prostitución no mejora la salud de las mujeres. Se obliga a
las mujeres, nunca a los clientes, a someterse a chequeos y a obtener certificados de salud.
Los establecimientos legales imponen la obligación de usar condón, pero, según el estudio
de la CICTM, las mujeres decaran que “siempre es negociable”. Conclusión: el condón
desaparece cuando hay dinero extra en juego.
9.- La legalización de la prostitución no aumenta las posibilidades de elección de
las mujeres. Ninguna mujer elige libre y racionalmente ser prostituta; se trata más bien
de uan estrategia de supervivencia, en un contexto de extrema vulnerabilidad y ausencia
de verdaderas alternativas. La distinción entre prostitución forzada y voluntaria es
absolutamente falsa y viene promovida por la industria del sexo para conseguir mayor
estabilidad y seguridad legal.
10.- Las prostitutas no quieren que se legalice la prostitución. No quieren que se
considere un trabajo legítimo, como no lo es el de los esclavos, no es una profesión.