Seminario Ortodoxo de Formación para Iberoamérica
Instituto de Teología San Juan Damasceno
Universidad del Balamand
SOFI271: LOS SACRAMENTOS
EL MISTERIO DEL MATRIMONIO
LECCIÓN 9 - SECCIÓN 1
9.1. Introducción al Sacramento del Matrimonio
Prologo
El misterio trinitario de la unidad en diversidad se aplica no sólo a la
doctrina de la Iglesia sino también al matrimonio. Los seres humanos están
hechos a la imagen de la Trinidad, y todos, menos algunos casos especiales, son
destinados por Dios a vivir no solos sino en familia. Así como Dios bendijo la
primera familia, y les mandó a Adán y Eva ser prolíficos y multiplicarse, la
Iglesia hoy en día bendice la unión del hombre y la mujer. El matrimonio no es
un estado natural nada más; es también un estado de gracia. La vida
matrimonial, tanto como la vida monástica, es una vocación especial, que
requiere un don particular del Espíritu Santo; este don es conferido por el
sacramento del Santo Matrimonio.
El objetivo del matrimonio es que los cónyuges se ayuden mutuamente y
se completen el uno al otro. Y, siendo el objetivo de la vida humana la salvación
del alma, los esposos tienen que incentivarse mutuamente a llevar un modo de
vida cristiano. Como consecuencia, la pareja recibirá la bendición de Dios, su
matrimonio será feliz y será consuelo y contento para ambos.
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a. Institución del Sacramento
Desde el principio del tiempo, Dios instituyó el sacramento del
Matrimonio, “creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó;
varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: fructificad y
multiplicaos… Por lo tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se
unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn 1:27-28a; 2:24)
Nuestro Señor Jesucristo santificó el matrimonio con Su presencia en las
bodas de Caná y confirmó este plan de Dios, establecido desde el principio,
cuando dijo: “Por esto el hombre dejará a su padre y madre, y se unirá a su
mujer, y los dos serán una sola carne. Así que no son ya más dos, sino una sola
carne; por tanto lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” (Mateo 19: 5-6).
La Iglesia confirmó el carácter sacramental del Matrimonio incluyéndolo dentro
del plan de Salvación, pues la unidad entre el hombre y la mujer es a la imagen
de la unidad entre Cristo y su Iglesia. (Véase Ef 5:31-33).
b. El sentido del Matrimonio
1. El Matrimonio establece una unión única entre dos seres humanos,
hombre y mujer, cuya base es la atracción derivada de la misma naturaleza
humana tal como Dios la creó, atracción que no es algo imprevisto: “varón y
mujer los creó”. (Gn 1: 27) La necesidad de Adán por tener una mujer, que se
expresa en el versículo 20 del capítulo 2 del Génesis: “más para él no se halló
ayuda idónea”, es una necesidad ontológica y existencial, enraizada en la misma
naturaleza humana. Decir que el hombre y la mujer serán una sola carne en el
matrimonio indica su vocación a que sean un solo ser, mientras la procreación
de hijos viene a ser un fruto natural del matrimonio, que juega un papel esencial
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en el plan de Dios para con su creación. Por lo tanto, el marco del matrimonio,
como lo expone el relato de la creación en Génesis, es la comunión paradisíaca
en la que el hombre vivía con su Creador.
2. Este concepto original del matrimonio, como las otras fuerzas del
hombre, se deterioró como una consecuencia de la entrada del pecado, y se
desvió del designio principal de Dios para su creación, que es la realización de
una perfecta comunión de amor entre el Creador y la creación.
Consecuentemente, las energías del hombre se transformaron de sus
condiciones naturales en pasiones, y el matrimonio fue sojuzgado por el pecado,
en el que el hombre avasalla a la mujer y ésta actúa seduciendo al hombre.
(Véase Gn 3:16).
3. La Providencia o plan de Salvación que culminó con la
encarnación del Verbo, su crucifixión, su resurrección y el envío del
Espíritu Santo sobre la Iglesia, ha restaurado la naturaleza humana caída y
la ha deificado. Como uno de los frutos de dicha Providencia, el
Matrimonio ha retornado a su plan original señalado en el Génesis. Por lo
tanto:
a) El Matrimonio es un sacramento divino indisoluble, (Véase Mt 19:8)
excepto en caso de adulterio. (Véase Mt 5:32). Así, no se ve afectado por otras
consideraciones tales como la incapacidad de procreación.
b) En el Matrimonio, los derechos y deberes son equitativos en ambas
partes. La creación de Eva de la costilla de Adán indica esta igualdad existencial
entre el hombre y la mujer, pues ella no es de una naturaleza distinta a la de
Adán: “Ésta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne.” (Gn 2: 23).
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c) En el Matrimonio, el hombre y la mujer se convierten en una sola
carne, consecuentemente deben coexistir un esposo y una esposa. Según Cristo,
para que el amor entre un hombre y una mujer sea en verdad como Dios lo
ha creado, debe ser único, indestructible, eterno y divino. El contenido de
este misterio será la transfiguración del amor humano en una realidad nueva, de
origen celestial, que se encarna por gracia en esta vida. El Señor mismo no sólo
ha entregado esta enseñanza, sino que, además, ha dado el poder para que sea
cumplido en el sacramento del matrimonio en la Iglesia. La poligamia es
inaceptable.
d) En el Sacramento del Matrimonio, se les da a un hombre y una mujer
la posibilidad de volverse un solo espíritu y una sola carne, en una manera en
que ningún amor humano puede por sí solo. En el matrimonio cristiano, se
otorga el Espíritu Santo a la pareja, a fin de que lo que comienza en la
tierra no sea únicamente hasta la partida en el momento de la muerte, sino
que se cumple y sigue de forma aún más perfecta en el Reino de Dios.
e) El Matrimonio queda incorporado en el misterio de Cristo y la Iglesia,
donde la sumisión externa de una parte a la otra, basada en la oposición de dos
voluntades diferentes, es eliminada. Entre aquellos que se aman hay un
sometimiento mutuo y la sumisión en el matrimonio es como la de los fieles
entre sí en el temor de Dios, (Ef 5:21-22) y no es el tipo de sumisión en el que
uno impone al otro, es decir, la sumisión que entró por la caída. El amor del
hombre hacia la mujer en el Matrimonio (aunque el tiempo o las
circunstancias disminuyan la efusividad del sentimiento) debe permanecer
siempre como el amor de Cristo por la Iglesia. El amor es uno: éste es el
amor de Cristo a su Iglesia, un amor que se manifestó cuando se entregó
por ella. La sumisión no es por debilidad sino que es por amor semejante al
de la Iglesia y su Novio, Quien la purifica y la salva. Cuando esto sucede, el
matrimonio humano se convierte en el sacramento del Matrimonio
cristiano, superando cualquier significado social o emotivo y entrañándose
en el gran misterio: el misterio de Cristo y su Iglesia. (Ef 5:32) La meta del
Matrimonio es el establecimiento de la familia como una “pequeña iglesia”
donde se realiza el misterio de la Iglesia en la comunión familiar. Esto se lleva a
cabo por negarse a sí mismo en el amor mutuo que es requerido cuando una
pareja imita a Cristo.
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c. Carácter eclesial del sacramento del matrimonio
1. "Este misterio es grande; lo digo con relación a Cristo y la Iglesia" (Ef
5,32). El capítulo quinto de la carta a los Efesios revela lo que es
verdaderamente nuevo en el matrimonio cristiano, que no se puede reducir ni al
utilitarismo judío, ni al legalismo romano: la posibilidad de transfigurar la
unión de los esposos en una realidad nueva, la realidad del Reino de Dios.
El matrimonio cristiano es único, no por el hecho de una ley abstracta o por el
hecho de un interdicto moral, sino en cuanto sacramento del Reino de Dios que
nos hace penetrar en el gozo eterno del amor eterno. No existe ningún
“legalismo” en el sacramento ortodoxo del matrimonio. No se trata de un
contrato jurídico. No contiene ni votos ni promesas. Es, en esencia, el
“bautizar y crismar (“ungir”)” el amor humano de Dios por Cristo en el
Espíritu Santo. Es la deificación del amor humano en la perfección y unión
divina del eterno Reino de Dios tal como ha sido revelado y otorgado al ser
humano en la Iglesia.
2. Ahora bien, es en la Eucaristía donde el Reino de Dios se hace
accesible a la experiencia humana, donde la Iglesia terrenal es de verdad la
iglesia celestial, cuando a la cabeza de una asamblea humana se pone a Cristo
mismo y la asamblea llega a ser su Cuerpo de modo que se destruye la barrera
entre el proceso histórico y la eternidad. Por eso el matrimonio, en cuanto
sacramento, no puede estar separado de la eucaristía. Fuera de la eucaristía no
puede haber sacramento. Hasta el siglo IX, la Iglesia no tenía un rito propio
del matrimonio, separado de la Liturgia eucarística. Después del
matrimonio civil, la pareja cristiana participaba de la Eucaristía y esta
comunión era el sello del matrimonio. Pero desde el siglo IV, el sacramento
fue solemnizado por el rito de la "coronación", celebrado durante la
liturgia eucarística. En este contexto eucarístico reside la clave de la
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comprensión de los textos neo testamentarios y de la práctica de la Iglesia
Ortodoxa con relación al matrimonio. En la Iglesia Ortodoxa el "celebrante"
del sacramento del matrimonio no puede ser otro que el obispo o el
sacerdote1, es decir el celebrante de la eucaristía. Si, además, el sacramento
del matrimonio es anticipo del Reino de Dios, no puede ser un asunto privado, o
de los parientes y amigos de los esposos, sino de toda la comunidad eclesial.
3. En conclusión, el matrimonio en la Iglesia ortodoxa es un sacramento.
Pero un sacramento no es magia, porque la gracia del sacramento no quita la
libertad, sino que abre al hombre las puertas de un crecimiento espiritual y de
una transfiguración plenamente voluntaria y libre. Además, todo sacramento no
tiene sentido sino dentro de la plenitud del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Con esta
referencia a las realidades del Cuerpo de Cristo se pueden salvar los momentos
difíciles del matrimonio. En estos momentos se experimenta la estrecha relación
entre el matrimonio y el martirio de la Cruz, que desde siempre manifiesta la
perfección del amor.
d. El Matrimonio, un evento eclesiástico y no familiar
1. Es preferible celebrar el Matrimonio en la presencia de toda la
comunidad, ya que es un evento que trasciende a la pareja y concierne a toda la
Iglesia.
2. El sacramento de la Eucaristía es el eje de la vida sacramental. Por esta
razón, la unión entre el hombre y la mujer alcanza la meta cuando es llevada a
cabo en la comunión de los preciosos Cuerpo y Sangre del Señor. Es sano el
enfatizar la relación íntima entre la Eucaristía y el Matrimonio animando a
practicar la celebración de la boda durante la Divina Liturgia.
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Solamente los obispos y sacerdotes tienen el derecho de celebrar el Matrimonio. Los diáconos asisten a la
celebración de acuerdo a lo establecido en el Eucologio.