Pasaje: Amós 9.
11-15
Título: Una gloriosa, eterna e inmerecida restauración
Propósito: Considerar la hermosa promesa para el pueblo de Dios. Habrá una gloria duradera.
Introducción
Lectura: [9.11-15]
Hoy concluimos Amós y hay un sentimiento de nostalgia por tener que dejar el libro por un
tiempo, y con el pesar de querer regresar para corregir y expresar mejor lo dicho a lo largo de los
veintiún sermones que conforman la serie. Pero hay un consuelo, porque también estoy
convencido que si el próximo domingo iniciáramos nuevamente tendríamos nosotros mucho más
que aprender, porque la Palabra de Dios es inagotable.
Al respecto de errores, me corregía un hermano con un dato del sermón pasado, pues en un
momento dije que la profundidad de las fosas de las Marianas era 11 mil kilómetros. Realmente
quise decir es que era 11 mil metros u 11 km. Como vimos, la primera parte del capítulo nueve
mostraba la imposibilidad de escapar del juicio de Dios, y puso estos eventos improbables, tales
como descender al Seol, subir a los cielos o incluso ir al fondo del mar.
Nadie escapará al juicio, aunque habrá misericordia para el remanente. Una misericordia que
superará toda expectativa, pues el libro de Amós concluye con una promesa que en un sentido,
está siendo cumplida y se cumplirá.
Este final es hermoso, y el Espíritu Santo quiso que así se redactara, no porque se trate de un
cuento tradicional con su final feliz, es mucho mejor, pero fue necesario ser amonestados con
mensajes de juicio para que ninguno se engañara que disfrutaría de esos días, por el hecho de ser
ese pueblo escogido de Dios, sino que arrepentidos de sus pecados, Dios tenía para Su verdadero
pueblo bendiciones mayores e inmerecidas, para su remanente.
Nuestro pasaje es la razón por la que muchos quieren el cielo, ricas y abundantes bendiciones,
pero no podemos tomar selectivamente Amós 9.11-15 dejando de lado todas las advertencias
anteriores.
Cuerpo
Veremos esta sección final con tres puntos: 1) Reconstrucción y conquista, 2) Cosecha y
Abundancia, 3) Retorno y seguridad.
Reconstrucción y conquista
Veamos en primer lugar la reconstrucción y la conquista que es anticipada. Dice el [9.11]: En
aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus
ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado
Hay mucho aquí que podría por tomar por sorpresa, empezando por esta mención de David, la
línea de reyes según el pacto que Dios hizo con David. Recordemos que al dividirse Israel el
reino del sur o Judá sí tenía por reyes a descendientes de David, pero en el caso del norte no.
Hubo unas dinastías cortas, pero ninguno de David, ni siquiera de la tribu de Judá.
Por esta razón algunos académicos hasta sugieren que este fragmento es una edición posterior, o
que esto lo escribió Amós al regresar a Judá, por ejemplo. Pero nada de esto es necesario cuando
al haber estudiado el libro por completo, sabemos que las menciones al reino de Judá están
presentes a lo largo del libro. Primero, porque Judá es también amonestada en las profecías
iniciales contra las naciones en el capítulo 2. Luego tenemos referencias como [3.1] donde Israel
parece abarcar más que solo el reino del norte, sino en efecto, a toda la familia de Israel, al igual
que otras referencias al nombre del patriarca de Jacob, o un caso tan explícito como el [6.1] que
habla de los reposados de Sion, es decir, Jerusalén. Todo esto nos permite asegurar con confianza
que, aunque Amós profetizó en Samaria y Bet-el, nunca perdió de vista que el Señor solo tenía
un pueblo, y no tenía, por lo tanto, una agenda propagandística a favor del sur, sino que
transmitió la palabra del Señor con fidelidad.
Unos años más adelante, cuando fue el turno de Oseas, quien fue un profeta nativo del norte, este
de la misma manera profetizó de un día ambos reinos siendo unidos. Por ejemplo:
Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán un solo jefe, y subirán de la tierra;
porque el día de Jezreel será grande. [Os. 1.11]
Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a
Jehová y a su bondad en el fin de los días. [Os. 3.5]
Lo otro que llama la atención es que el Señor anuncia la restauración del tabernáculo de David,
no de la casa de David. En 2 Samuel 7, cuando David le dice al profeta que quiere hacer una
casa a Jehová, la respuesta de Dios abrumó a David: “Asimismo Jehová te hace saber que él te
hará casa.” –“Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta
aquí?” [2 S. 7.11,18].
Este tabernáculo era una construcción más sencilla, una tienda. Tan sencilla como las que se
tenían que armar en medio de las campañas militares [2 S. 11.11], o incluso, porque a veces se
traduce como una enramada, este tabernáculo podía ser para protegerse del sol, como el caso de
Jonás [Jon. 4.5]. Y esto apunta a la condición del reino. Es decir, aunque Amós dijo estas
palabras muchos años antes que Judá cayera cautiva de Babilonia, el hecho mismo de la división
actual entre el norte y el sur no era el ideal del pueblo del Señor estando partido, en lugar de estar
reunidos, como uno solo siendo gobernados por uno del linaje de David. De este modo, llegaría a
parecer que no quedaba realmente nada del reino prometido, pero de esas ruinas Dios dice que
levantará de nuevo a uno de la raíz de David.
El mensaje del profeta es: Habitantes de Israel, no lo olviden, su verdadero rey es uno del linaje
de David, no los usurpadores del Norte, no los idólatras que han seguido el camino de Jeroboam
que en lugar de instarles a adorar al Dios de los ejércitos, a Jehová quien hizo los cielos y las
estrellas, los han desviado tras dioses falsos y han abandonado la misericordia y la justicia.
Pero Dios promete que eso sería cambiado, ¿cuándo? En un futuro más lejano, porque lo que
vendría para ellos antes era que fueran dominados por los asirios. Y años más adelante,
ciertamente en el caso de Judá, parte del pueblo volvió a Jerusalén y reedificaron el templo, pero
no volvieron todos, algunos se quedaron con los persas, e incluso, de entre los que regresaron y
vieron el templo ser restaurado, algunos lloraron desalentados cuando recordaron la gloria del
primer templo. Todo esto se nos narra en los libros de Esdras, Nehemías y Ester.
Lo de Zorobabel fue tan solo un anticipo, una sombra se podría decir, pero nunca el verdadero
cumplimiento, porque fue un regreso parcial que no incluía verdaderamente a todo Israel, ni
tampoco fueron verdaderamente libres, sino que estuvieron bajo el gobierno de los persas. Por
tanto, mucho menos vino a poseer a las demás naciones. Sin embargo, no todo eso fue en vano,
Dios, al guardar a Judá, guardaba al linaje del que vendría el Mesías.
Continúa el pasaje diciendo: para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean
el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto
El pasaje dice que aquellos sobre los cuales el nombre de Jehová es invocado poseerán Edom y
el resto de las naciones. La historia entre Edom, o los idumeos como también se les llama
antecede desde los días de Génesis, porque este Edom es en realidad Esaú el hermano de Jacob,
y estos hermanos fueron rivales desde el vientre de su madre Rebeca. Más adelante, por ejemplo,
la nación que se formó de Esaú no dejó que Israel cruzara por su tierra como nos reporta
Números 20.14-21. Eventualmente Edom estuvo bajo el dominio de Israel, en particular, de
Judá, pero en 2 Reyes 8.20, durante el reinado de Joram de Judá, leemos: En el tiempo de él se
rebeló Edom contra el dominio de Judá, y pusieron rey sobre ellos.
Sin embargo, como veremos, el punto de esta profecía no es Edom, sino la extensión del reino
que abarca a todas las naciones. Por otro lado, lo que tenemos aquí es más que una victoria
militar, aunque sin duda hay un elemento de conquista, esta victoria era para el bien de Edom y
del resto de las naciones, para estar bajo un mismo rey. Este dominio era prefigurado en pasajes
como Dt. 15:6:
Ya que Jehová tu Dios te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces a muchas
naciones, mas tú no tomarás prestado; tendrás dominio sobre muchas naciones, pero sobre ti no
tendrán dominio. [cf. Dt. 28.12]
Jehová es veraz y así como cumpliría con los castigos, lo haría con las bendiciones prometidas,
encargándose Él mismo de que así fuera.
Cosecha y abundancia
En segundo lugar, la profecía describe las cosechas y la abundancia de esos días gloriosos de la
restauración: He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador, y el
pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados
se derretirán. [9.13]. También vemos parte de esta referencia a las cosechas y abundancia en el
verso 14.
Notemos el cambio entre aquel día del [9.11] y el vienen días del [9.13]. Luego de aquel día,
estos que vendrán no acabarán. Es un giro completo de lo que hemos estado leyendo acerca de
las hambrunas, sequías y plagas con las que han sido castigados. De estar con el diente limpio o
como leemos en [5.11]: plantasteis hermosas viñas, mas no beberéis el vino de ellas. De escasez,
a nunca más faltarles nada.
La idea del verso y que debemos recordar es la siguiente: iba a ser tal la abundancia y producción
que no habrían terminado de recolectar toda la cosecha, cuando ya llegaba el mes para sembrar
de nuevo. Comenta Gary Smith:
Por lo general, el arado se realiza en octubre y la cosecha de cebada en abril y mayo, pero
cuando llegue el próximo mes de octubre, los cosechadores seguirían sin terminar la cosecha.
Del mismo modo, las uvas cosechadas en agosto / septiembre aún no se procesarán
completamente en noviembre / diciembre cuando sea el momento de sembrar cebada.
Y como añade Douglas Stuart: los tiempos se fundirán en una cosecha constante. Una tras otra,
una tras otra. Esto también sigue haciendo eco de las bendiciones prescritas en la ley. En
Levítico 26.5 encontramos una promesa muy similar que pudo ser la base para la profecía:
Vuestra trilla alcanzará a la vendimia, y la vendimia alcanzará a la sementera, y comeréis
vuestro pan hasta saciaros, y habitaréis seguros en vuestra tierra.
La abundancia es tal que el mosto, el jugo como resultado de exprimir las uvas correrán cuales
ríos por las colinas. De nuevo, Amós no está solo. Dios lo dijo muchas veces en la ley y los
profetas:
Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto
de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para
bien, de la manera que se gozó sobre tus padres. [Dt. 30.9]
Dice el profeta Joel: Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados
fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de
Jehová, y regará el valle de Sitim. [Joel 3.18]
Las figuras literarias por supuesto están exagerando lo que será con el propósito de transmitir la
prosperidad y rica provisión de parte de Dios. Por supuesto, el cuadro presentado es diferente a la
autoindulgencia que fue denunciada antes cuando bebían vino y comían carne sin moderación y
como fruto de su actitud orgullosa y confiada a pesar de estar pecando contra Dios. Esta
abundancia y disfrute de ella es parte de la misma bendición de Dios.
Retorno y seguridad
Luego, en tercer lugar, tenemos el retorno del cautiverio y la seguridad con la que habitarán los
redimidos del Señor:
Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las
habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de
ellos.
Al igual que todo lo que hemos estado viendo, la ley y los profetas confirman este mensaje.
Jehová recogería a los cautivos, tendría misericordia de su remanente: Aun cuando tus
desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá
Jehová tu Dios, y de allá te tomará [Dt. 30.4].
Como consecuencia del castigo, al ser exiliados, el remanente fue esparcido, pero Jehová no
había olvidados a los suyos. Él mismo los traería para trabajar y ver la labor recompensada
grandemente, dejando atrás la maldición de los espinos y los cardos.
Finaliza el profeta con estas palabras: Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán
arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo. [9.15]
Y esta vez, dice Dios, serán traídos para nunca más ser expulsados, en el nuevo Edén, pero con la
garantía de no ser excluidos. ¿Cómo sería esto posible, cómo sabemos que nosotros no seremos
como Adán y el pueblo vuelva pecar y ser castigados con un exilio? Es claro que Amós no está
desarrollando todos los detalles del nuevo pacto, pero está implícito aquí que estos que son
traídos de vuelta han sido cambiados. Sabemos bien que Dios mismo cambiaría el corazón de los
suyos y pondría su ley en sus corazones, de manera que invocaran su nombre y lo temieran.
Vendría la hora y el día en que Dios gobernaría a los suyos, a una multitud mixta de toda nación
y para siempre. Así como puso Jehová Su nombre en juego cuando juró que traería el mal sobre
los rebeldes, también pone Su nombre como garantía que nunca, nunca, nunca más serían
desarraigados. Leemos en otros profetas:
Zacarías 14.9,11: Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno
su nombre… Y morarán en ella, y no habrá nunca más maldición, sino que Jerusalén será
habitada confiadamente.
Isaías 66.23: Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán
delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y de mes
en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová.
Algunos recordarán el lema con el que algunos expresan el tema central de la Biblia: El pueblo
de Dios, en el lugar de Dios, bajo el gobierno de Dios. Una idea expresada por autores como
Graeme Goldsworthy y Vaughan Roberts. Este pasaje es un buen ejemplo. Lo que Dios dijo a
Abraham, aquí se nos predice su consumación: En la simiente de Abraham, esto es Jesús, el
Cristo, a su vez, descendiente de David, serían benditas todas las naciones de la tierra. De
manera que el pueblo de Dios estaría morando en el lugar, en la tierra que Dios les da y son
gobernados por Cristo como Su Rey.
Hermanos y amigos, esto que hemos estado leyendo hoy no son frases motivacionales vacías, no
es el refrán: Nunca es tan oscuro como cuando va a amanecer. En realidad, vendrá el juicio y
será un día terrible, y también vendrá la restauración, y será gloriosa. La esperanza cristiana es
que esto será así.
Aplicaciones
¿Cómo aplicamos este pasaje? Tengo dos consideraciones para terminar.
Bendiciones espirituales y físicas
Lo primero que quiero consideremos es acerca de las bendiciones tanto espirituales como físicas
que tenemos aquí profetizadas.
Al estudiar la historia de la iglesia, es evidente que una de las doctrinas que ha estado presente en
muchas de las herejías es el dualismo, esto es, aquella distinción que implica que lo material es
malo y lo espiritual es bueno. Lo vemos en el docetismo (es decir, que Cristo no tuvo un cuerpo,
sino una apariencia, por eso Juan escribirá acerca de aquellos que negaban que Cristo vino en
carne). Mismo caso del llamado gnosticismo y de los marcionitas (la iglesia tuvo que responder a
Marción porque estaba cercenando las Escrituras).
Hoy, nosotros debemos cuidarnos porque en expresiones o forma de pensar, a veces reflejamos
un poco de ese dualismo. Cuando, decimos, por ejemplo, que debemos preferir lo espiritual, no
les estamos diciendo que por ello menospreciemos o descuidemos nuestros cuerpos o el cuidado
físico de nuestras familias y los bienes materiales que el Señor nos ha dado, como escribe Pablo
a Timoteo, si Dios da a unos en abundancia es para disfrutarla, pero nos advierte a la vez que
nuestra esperanza no está en las riquezas y en cambio que hemos de ser ricos en buenas obras.
Nosotros, así como debemos orar y meditar en la Palabra cada día, también estamos llamados a
hacer nuestro trabajo con excelencia y a ocuparme de mi prójimo. No olvidemos las severas
palabras de este libro: mientras ellos cantaban y ofrecían sus sacrificios, una mera apariencia
espiritual, pero por el otro estaban pisoteando al pobre, y entregados a los ídolos.
Sí, de nada vale ganar el mundo y perder el alma, de nada vale cuidarse de vicios en esta vida y
gozar buena salud para morir en nuestros pecados. Pero, a la vez, lo que nosotros profesamos es
que no quedaremos en un estado inmaterial, flotando por ahí. Por la fe en Jesús, quien resucitó,
nosotros resucitaremos en carne y hueso, glorificados, eso sí, ¿para morar dónde? En la nueva
tierra, como lo afirma [Apocalipsis 21.1-4]: … He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres,
y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni
clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
Con Job, podemos decir: con mis ojos he de ver a mi Redentor.
El cumplimiento de Amós 9.11-15
En segundo, mientras llega esa consumación, hay un aspecto en el cual Amós se está cumpliendo
progresivamente, y para entenderlo, es necesario que veamos Hechos. (Para mi sorpresa, dos de
los mejores comentarios, dejan por fuera esta cita). Vamos a Hechos 15.13-18.
Hay unas diferencias que saltan a la vista cuando comparamos palabra por palabra. Es evidente
que Jacobo está citando la Septuaginta, la traducción al griego del Antiguo Testamento, pero
incluso, respecto a la Septuaginta hay unos cuantos cambios, por lo que el anciano está citando a
la vez que aplica el texto a la situación que estaban debatiendo, pero el punto central es por qué
el texto es relevante para el debate entre estas dos congregaciones. Destaca, por ejemplo, que
Edom en la Septuaginta es cambiado por “el resto de los hombres”, lo cual tiene fundamento,
porque, así como este texto en Amós, en otros pasajes proféticos hay paralelismo de manera que
Edom funciona como un representante del género humano.
Ahora bien, ¿qué estaba pasando en Hechos 15? La iglesia de Antioquía recibió a unos que
llegaron en nombre de Jacobo, que de tratarse de los mismos que Pablo menciona en Gálatas 2,
eran en realidad, falsos hermanos, hombres infiltrados para espiar su libertad en Cristo, y, de
hecho, cuando de Jerusalén se envía la carta, Jacobo dirá que ellos no dieron esa orden. ¿Y qué
hicieron estos hombres? Perturbaron a los hermanos de Antioquía diciendo lo siguiente: Si no os
circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. [Hch. 15.1]
La contienda fue tan grande que Pablo y Bernabé subieron. Y tanto ellos como Pedro dieron
testimonio de los muchos gentiles que habían creído al Evangelio de Jesucristo. El apóstol
afirmó que Dios ninguna diferencia hizo, antes creemos que por la gracia del Señor Jesús
seremos salvos, de igual modo que ellos. [Hch. 15.11]. Por lo tanto, es a la luz de estos reportes
que Jacobo hace la conexión con la profecía de Amós, porque está viendo que esta conversión de
gentiles, aunque no es la consumación de la profecía, es parte de su cumplimiento, porque es la
manera en la que el Señor está estableciendo su reino, añadiendo a sus súbditos el número de los
salvados, su verdadero pueblo de todas partes, que no está compuesto solo de judíos (aquellos
descendientes del reino del sur), ni solo samaritanos (los descendientes del norte que se llegaron
a mezclar con otros pueblos), sino que son judíos, samaritanos, y de cada nación hasta lo último
de la tierra.
¿Cuándo entonces será aquel día cuando todo será restaurado? El día del juicio, que será también
el día de nuestra salvación, pero entre tanto, mientras llega la consumación, somos nosotros los
llamados a proclamar al mundo el Evangelio como testigos de Cristo, sabiendo que tiene pueblo
en todas partes, y anunciar que la redención está en la voluntaria sumisión al Hijo hoy, a
renunciar al pecado hoy, pues Cristo, quien puso su tabernáculo entre nosotros, se encarnó y
murió en la cruz para pagar por nuestros pecados y redimir para sí un pueblo santo para Él, que
vive hoy procurando la santidad y ejercitando el amor y las buenas obras para con el prójimo.
Que el mundo vea a nuestra iglesia dar testimonio tanto en palabra como en hecho acerca de
Aquel en quien hemos creído.
Y es de esta manera que el reino de Dios sigue creciendo. Si creemos a Cristo, y a las palabras
del profeta, nosotros y todos los que han creído, estamos contados entre aquellos sobre los cuales
el nombre de Jehová es invocado y poseeremos a las naciones, los cielos nuevos y la tierra
nueva, y en el nuevo Edén, seremos gobernados por nuestro Señor Jesucristo, nuestro Salvador,
quien nos salvó de nuestros pecados y por quien resucitaremos libres ya del pecado y de la
muerte, para servirle por la eternidad en armonía, sin conflicto, y dando toda la gloria a Él. Al
final, Dios gana.
¿Anhela usted ese día? Pido perdón a Dios por perder mi mirada tantas veces de tal gloria tan
excelsa por las seducciones insulsas de este mundo que pasará. Arrepiéntase hoy y gozará de una
eternidad cuya gloria no tendrá fin, una gloria que apenas podemos hoy con palabras expresar.
La gloria sea para Dios quien hace todo esto.
SOLI DEO GLORIA