UNIVERSIDAD YACAMBU
VICERRECTORADO ACADEMICO
FACULTAD DE HUMANIDADES
PSICOLOGIA
Filosofía Platónica como primera afirmación clara de un
mundo Trascendente y supra sensible
Alumna: Daneisys Karianna Colmenares Mogollón
Deontología (THD-0622) Sección MB02M0V 2019-2
Lara, Abril, 2019
El único saber exacto desarrollado hasta entonces era el saber
matemático y, en especial, el geométrico. Nosotros decimos de algunos
objetos materiales que son circulares o triangulares o esféricos o
piramidales, etc., si su figura se aproxima a la forma de círculo o de
triángulo, o de esfera o de pirámide. Ahora bien, la figura circular de un
objeto sensible nunca corresponde exactamente a la definición que del
círculo dan los geómetras. La forma circular de la que hablan los
geómetras no se encuentra entre los objetos sensibles, aunque algunos
de ellos se parezcan o aproximen a ella (por lo que podemos calificarlos
de circulares).
Tampoco entre los objetos sensibles se encuentra la forma perfecta de
esfera, o de cilindro, o de línea recta, etc., sino sólo aproximaciones,
objetos que se parecen a dicha forma, sin realizarla enteramente. Si no
existieran más que objetos sensibles, la geometría, la matemática, no
tendrían objeto. Pero la matemática constituye el más seguro de los
saberes, y por tanto ha de tener objeto y su objeto ha de ser el más real
de todos. Según Platón, la seguridad del saber depende de la realidad del
objeto sobre el que versa. Por tanto, han de existir objetos que
correspondan exactamente a las definiciones de los geómetras, han de
existir las formas perfectas de círculo, esfera, pirámide, línea recta,
etc. Estas formas no son sensibles, sino inteligibles. Las Ideas son lo
verdaderamente existente.
El saber geométrico consiste en un conocer las formas geométricas y, por
tanto, implica una cierta visión de dichas formas. Estas formas o Ideas no
están en este mundo. Si a pesar de ello, las conocemos, ello es señal de
que tal conocimiento es un reconocimiento, una reminiscencia de la visión
que de las formas tuvimos anteriormente. ¿Cuándo y dónde? No en esta
vida ni en este mundo. Luego fue en otra vida (antes de nacer) y en otro
mundo. En efecto, el alma es inmortal y transmigra de cuerpo en cuerpo.
Entre encarnación y reencarnación, el alma está en otro mundo no
sensible ni mortal, el mundo de las formas o Ideas inteligibles inmortales y
eternas, el kosmos noetós.
Las Ideas son entidades objetivas, trascendentes, independientes de
nuestra conciencia, representaciones que son condición de posibilidad
tanto de lo sensible cuanto de su conocimiento fiable y exacto. Las Ideas
son inmutables y eternas, atópicas y acrónicas. Platón habla
generalmente de las Ideas de un modo más o menos metafórico: no
existen en el mundo material. Existen de forma trascendente, en un
cosmos propio, el kosmos noetós, separado del mundo fenoménico,
empírico, sensible. El mundo inteligible es real. El mundo sensible es
cuasi real, es fantasmagórico, apariencial. El mundo inteligible es
necesario, consistente, inmutable. El mundo sensible no tiene apenas
espesor ni consistencia ontológicos, es contingente, está en permanente
devenir y cambio. En todo caso, cuatro características atribuye Platón con
seguridad a las Ideas:
1) Las Ideas son eternas o intemporales;
2) Las Ideas son únicas, es decir, a cada término general o abstracto
corresponde una y sólo una Idea;
3) Las Ideas son simples, y
4) Las Ideas son inalterables, no sufren cambio ni transformación alguna,
permanecen siempre idénticas a sí mismas.
La esencia de la teoría de las Ideas consiste en la aceptación consciente
de una clase de entidades cuya mejor denominación quizá sea la de
"universales", que son por entero diferentes de las cosas sensibles.
La teoría de las Ideas no se limita a la geometría, sino que lo abarca todo,
en especial el campo de la moral. Existen formas o Ideas perfectas del
Bien, de la Justicia, de la Virtud, de la Belleza. Nuestro conocimiento de
las Ideas es lo que nos permite hablar con verdad de los individuos
sensibles. Pero los objetos materiales y sensibles sólo participan de las
Ideas imperfecta y fugazmente. Por ello el conocimiento que de ellos
tenemos es siempre imperfecto y fugaz.
El verdadero conocimiento es perfecto y permanente. La dialéctica es
precisamente ese arte sutil de descubrir las relaciones entre las Ideas y
de remontarse (regressus, dialéctica ascendente) así al fundamento
incondicionado (la Idea del Bien) y luego desde el progresar (progressus,
dialéctica descendente) y ordenar el conocimiento desde él. En cuanto a
la relación que hay entre los objetos empíricos y las Ideas, tal relación
puede ser de imitación (mímesis) en los primeros diálogos o de
participación (methexis), en los diálogos posteriores.
Platón (-427 -347) afirma que hay una dualidad ontológica y gnoseológica
fundamental. Hay dos órdenes ontológicos diferentes por completo y por
tanto, dos órdenes gnoseológicos también igualmente diferentes por
completo: el kosmos noetós o mundo inteligible y el kosmos aisthetós o
horatós o mundo visible o sensible. El mundo inteligible consta de
esencias eidéticas o Ideas. Las Ideas son esencias, esto es, aquello que
hace que una cosa sea lo que es, la determinación en sí de cada cosa. La
Idea de Belleza es aquello por lo cual las cosas son bellas. El mundo
sensible, por el contrario, es mudable, es el lugar del nacimiento y la
corrupción, del devenir, es el mundo de la contingencia, del cambio.
Las Ideas existen trascendentemente, son sustancias separadas de los
objetos que percibimos sensorialmente. Son entidades que poseen
existencia real e independiente: cada Idea es una "substancia"
(ousía), algo que existe en sí como realidad trascendente y no inmanente
a las cosas.
La teoría implica una duplicación ontológica. Cada Idea es única, eterna e
inmutable, atópica y acrónica. Las realidades no son corpóreas ni
tampoco pueden ser conocidas por la percepción sensorial. Sólo pueden
ser conocidas por la inteligencia o por intuición intelectual (noesis). Se
plantea siempre en Platón el problema de la relación entre las Ideas y los
objetos sensibles de nuestra experiencia cotidiana. La relación puede ser
de participación o de imitación
Platón era partidario de un sistema político donde gobierne un grupo de
elite, formado por filósofos, capaces de saber lo que es justo, pues
poseen la virtud de la prudencia. Creía que existen categorías de
hombres dentro de la sociedad, los que gobiernan, por ser cultos y
prudentes, hombres de oro; los que defienden la sociedad por dominar el
arte de la guerra y tener la virtud de la fortaleza, a los que llama hombres
de plata; y el pueblo trabajador, campesinos y artesanos, hombres de
bronce, que tienen como virtud, la templanza.
En el “Fedón”, Sócrates expone los argumentos que apoyan la idea de la
inmortalidad del alma.
En primer término existen los contrarios que se originan en los opuestos.
La vida y la muerte son contrarios y la vida produce la muerte, se puede
suponer entonces que la muerte produce la vida, en un proceso cíclico
[Link] contrario es un derivado de la misma materia de que está hecho
su opuesto.
El segundo argumento que menciona la misma fuente, se refiere al
conocimiento “a priori” que posee el hombre que no pertenece al mundo
sensible, como las normas y los modelos absolutos, los cuales deben
provenir de un estado anterior de existencia. Los jóvenes pueden ser
inducidos a enunciar verdades matemáticas aunque no hayan recibido
ninguna educación, por lo tanto el aprendizaje es sólo un recuerdo de lo
que ya se conoce.
El tercer argumento de Sócrates se fundamente en la característica
espiritual del alma, que es capaz de contemplar las formas invisibles del
mundo espiritual, que los ojos no pueden ver.
El cuarto argumento trata sobre el gasto de la energía del alma. Al
respecto, Cebes supone que a lo largo de muchas vidas, el alma puede
agotar su energía y llegar a perecer.
Pero el alma es una forma y no admite la existencia de otra forma
contraria, o sea la muerte, de modo que cuando el cuerpo muere hay que
admitir que el alma no perece, ya que un principio espiritual es inagotable.
El quinto argumento nos dice que no hay nada que pueda destruir el
alma, ni la injusticia, ni la cobardía, ni la ignorancia, dado que estos males
tampoco pueden destruir al hombre injusto o ignorante, más que al que es
justo y sabio.
El sexto argumento es que el alma es fuente y principio de movimiento,
que tiene que ser increada porque si fuera creada no sería un principio; y
además es indestructible y su movimiento ha existido siempre, porque si
no fuera así, todo terminaría.
Lo cierto es que Platón quería transmitir que el alma sigue existiendo
después de la muerte del cuerpo y tendría una vida después de la muerte,
acorde a como haya sido su conducta en este mundo. La doctrina de las
sucesivas reencarnaciones que Platón propone en los mitos no se sabe
hasta que punto eran tomadas por él en serio, aunque parece ser que el
alma podría escapar de ese ciclo y también que podrían ser arrojados
para siempre al Tártaro, los pecadores que no se corrijan a tiempo. A
Platón le interesaba la ética, más que la elaboración de una doctrina
dogmática.