Androide
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda
Este artículo trata sobre el robot u organismo sintético. Para el sistema operativo
móvil, véase Android.
Un androide es un robot u organismo sintético antropomorfo que, además de imitar la
apariencia humana, simula algunos aspectos de su conducta de manera autónoma. Es un
término mencionado por primera vez por Alberto Magno en 1270 y popularizado por el
autor francés Auguste Villiers en su novela de 1886 La Eva futura.
Los androides son producidos o se reproducen o los hace su creador. El cual es
similar a un humano.
Etimológicamente, "androide" se refiere a los robots humanoides de aspecto
masculino. A los robots de apariencia femenina se los llama ocasionalmente
"ginoides", principalmente en las obras de ciencia ficción. En el lenguaje
coloquial, el término "androide" suele usarse para ambos casos, aunque también se
emplean las expresiones genéricas "robot humanoide" y "robot antropoide".
Índice
1 Androides en la cultura popular
2 Androides en la ciencia
3 Ejemplos famosos de androides de ciencia ficción
4 Véase también
5 Enlaces externos
Androides en la cultura popular
Robot ASIMO de Honda.
Un robot humanoide que se limita a imitar los actos y gestos de un controlador
humano, no es visto por el público como un verdadero androide, sino como una simple
marioneta animatrónica. El androide siempre ha sido representado como una entidad
que imita al ser humano tanto en apariencia, como en capacidad mental e iniciativa.
Antes incluso de haber visto un verdadero robot en acción, la mayoría de las
personas asocian la idea de robot con la de androide, debido a su extrema
popularidad como cliché de la ciencia ficción.
La actitud de base entre el público frente a los androides varía en función del
bagaje cultural que posea dicho público. En la cultura occidental la criatura
humanoide, fabricada casi siempre por un sabio, es con bastante frecuencia un
monstruo que se rebela contra su creador y en ocasiones lo destruye como castigo
por su hubris; y el primero de los cuales no es necesariamente el monstruo de
Frankenstein de Mary Shelley. Bien que dicho monstruo sea fácilmente el más famoso.
Desde la Grecia Antigua existen leyendas y folklore narrando sobre seres humanoides
fabricados en metal por el artesano y herrero de los dioses, Hefesto. Aunque el
carácter monstruoso del androide parece haberse ganado con la cristianización del
mundo occidental.
De hecho es tan notorio este fenómeno, que el reconocido experto en inteligencia
artificial Marvin Minsky, llegó a narrar como en ocasiones llegaba a sentirse
incómodo frente a una de sus creaciones, el androide Cog, cuando este presentaba
conductas inesperadas.
En otras culturas las reacciones pueden ser bastante diferentes. Un ejemplo
meritorio es la actitud japonesa de cara a los androides, donde el público no teme
la antropomorfización de las máquinas y aceptan la idea que un robot tenga
apariencia humana, entendiendo que este aspecto les permite interactuar más
fácilmente con seres humanos. Además, la apariencia humanoide hace que sean mejor
aceptados por la gente en general.
Androides en la ciencia
En la robótica la actitud de los expertos hacia los autómatas humanoides ha
vacilado entre el entusiasmo y el escepticismo. Entusiasmo porque un robot
humanoide puede tener enormes ventajas para cierta clase de funciones, escepticismo
debido a que para que una máquina robótica sea útil se ha demostrado con ejemplos
que la forma humana no es necesaria y a veces es incluso un estorbo (respecto a las
capacidades actuales de los androides).
La construcción de un robot que imite convincentemente, aunque sea una parte
ínfima, la libertad de gestos y movimiento humanos, es una tarea de una enorme
complejidad técnica. De hecho, es un problema que en varias instancias está todavía
abierto a la investigación y a la mejora, aunque ya existen varios ejemplos
bastante meritorios en ese sentido, de robots humanoides que imitan ciertas
conductas y capacidades humanas. Un ejemplo conocido en este sentido es el robot
ASIMO de Honda, que es capaz de marchar en dos pies, de subir y bajar escaleras y
de otra serie de proezas de locomoción bípeda.