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SOCIALISMO

El documento resume las principales corrientes del pensamiento socialista y comunista desde sus orígenes en el siglo XIX hasta figuras como Lenin y Trotsky en el siglo XX. Describe las diferencias entre el socialismo utópico, el marxismo, el anarquismo, y cómo evolucionaron hacia formas más organizadas como la socialdemocracia y el bolchevismo de Lenin. También examina las visiones de distintos pensadores sobre el papel del estado y la necesidad de reformas o revolución para lograr una sociedad más justa.

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El documento resume las principales corrientes del pensamiento socialista y comunista desde sus orígenes en el siglo XIX hasta figuras como Lenin y Trotsky en el siglo XX. Describe las diferencias entre el socialismo utópico, el marxismo, el anarquismo, y cómo evolucionaron hacia formas más organizadas como la socialdemocracia y el bolchevismo de Lenin. También examina las visiones de distintos pensadores sobre el papel del estado y la necesidad de reformas o revolución para lograr una sociedad más justa.

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SOCIALISMO

El socialismo tiene sus origenes em Francia y Inglaterra entre los años 1830-1840. Los
autores del socialismo expresaban uma idea considerada utópica que vênia de las ilustraciones
del siglo XVIII adonde se creia que la sociedad debe y puede ser renovada. Saint-Simon,
Fourier o Robert Owen fueron los primeiros socialista de la época pero, más tarde serán
llamados de SOCIALISTAS UTOPICOS por Karl Marx y Friederich Engels pues, para ellos, la
sociedad debería basarse en comunidades ejemplares.
Habia en la época algunas asociaciones del comunismo con socialismo pero en 1842
sale publicado em um dicionário que define SOCIALISMO como el nombre que se designa a
los hombres que considerando indignas de sus esfuerzos las reformas parciales em la sociedade
solo encuentran solucion a traves de la reconstrucción completa del orden social y el
COMUNISMO es más de caracter revolucionário observado después de la REvolución de 1789.
En el Manifiesto del Partido Comunista publicado en 1890, Engles apresenta un
prologo a donde se difere bien las dos corrientes como totalmente distintas y facilmente
observación de sus diferencias a partir del movimento obrero. Según Engels, el socialismo
busca eliminar klos malestares sociales sin mortificar mucho el capital y las ganancias. Para el,
los comunistas no estaban satisfechos solamente com la transformación parcialmente
experimentada sino que la buscaban en su totalidad de uma sociedade cambiada.
El anarquismo mantiene que la sociedad puede y debe ser organizada sin la autoridad
del Estado y que la acción revolucionaria debe dirigirse en primer lugar contra el Estado. El
objetivo final de la revolución y la visión de la sociedad futura son bastante parecidas en Marx y
en el primer anarquismo por mucho que, especialmente después de la publicación en 1846 de la
Miseria de la Filosofía las relaciones entre marxistas y anarquistas hayan sido duras e incluso
violentas. Este enfrentamiento se exacerbó en el seno de la I Internacional, donde Marx y
Bakunin (1814-1876) lucharon por el control de la organización hasta su disolución en 1872.
Para el anarquista ruso Mijaíl Bakunin el hombre es un ser naturalemente
sociable y libre y por lo tanto su realización requiere por igual de asociación y libertad. En
el capitalismo los individuos están igualmente constreñidos por la relación salarial y la
jerarquía autoritaria. Una sociedad emancipada es aquella en que se pueda operar por
medio de la libre asociación de los individuos en vistas a la realización de objetivos
comunes, un ideal no demasiado distante del comunismo de Marx.
Em Inglaterra, Owen y sus seguidores, al igual que los utópicos franceses, despreciaban
la acción política y creían en la reforma de la sociedad a partir del progresivo establecimiento de
comunidades ejemplares. El pensamiento de Owen recorrió distintas fases, del comunismo
agrario hasta una especie de mesianismo social, pasando por un socialismo mutualista y
cooperativista, pero nunca llegó a arraigar en un movimiento obrero.

Marx caracteriza las formas clásicas del Estado de la tradición greco-romana por su
falta de diferenciación entre lo social y lo político, afirmando que la sociedad civil está
subsumida bajo el Estado. La vida pública es el factor dominante en la vida del individuo
porque lo político invade la vida privada. Debido a esto, nos dice Marx, la falta de status
político significa falta de libertad y servidumbre. La falta de diferenciación entre lo social y lo
político, que caracteriza al mundo griego y al romano, significa, en definitiva, que no hay una
distinción entre la vida pública y la privada. Por otro lado, Marx afirma que la Edad Media
establece una relación entre sociedad civil y Estado que es el reverso de la relación
prevaleciente en la antigüedad clásica. En la época feudal, la sociedad civil adquiere status
político. Marx dice que la esfera privada, i. e., la sociedad civil, se hizo política y que el poder
de la propiedad es más importante porque la distribución de la propiedad privada es un
arreglo político. De acuerdo a esta perspectiva, sólo en la época medieval se llega a una
integración de las relaciones políticas y socioeconómicas, porque la primera es un reflejo
automático de la última. Marx afirma que todos los otros sistemas políticos muestran una
tensión entre ambas esferas y que esta integración de lo político y de lo social sólo es posible
porque el hombre medieval no era libre.

Marx comenzó a elaborar su crítica del Estado y de la política en su juvenil ajuste de


cuentas con la filosofía hegeliana recogido en su Crítica de lafilosofía del derecho de Hegel 6.
La filosofía hegeliana presentaba al Estado como la conciliación de aquellos intereses
particulares que en la sociedad se veían enfrentados y, en este sentido, Marx considera que el
Estado -al igual que la religión- viene a ser la consciencia tergiversada de un mundo escindido.
El Estado hegeliano encubre y oculta el mundo real al presentar «con un barniz espiritual un
mundo vacío de espíritu». El pensamiento político de Marx se centra en la crítica al
capitalismo, a cuyo estudio dedicó su principal obra económica, El capital, cuya publicación
inició en 1867, y a señalar la necesidad de su transformación revolucionaria.
Los orígenes de lo que desde principios de siglo xx y hasta la actualidad ha venido en
llamarse «socialdemocracia» hay que localizarlos en la tradición lasalleana y tuvo su primera
expresión teórica en los documentos del congreso de unificación de las asociaciones obreras
alemanas lideradas por Wilhelm Liebknecht y August Bebel, la una, y por el propio Lasalle, la
otra. ica entre dos concepciones distintas del Estado, la política y el propio socialismo. Mientras
los que suscribían el Programa propugnaban una reforma democrática del Estado, con la
exigencia del sufragio universal, una reforma laboral, un reparto más igualitario del poder
político, social y económico -en suma, una vía reformista centrada en la acción política en el
Estado y desde el Estado-, Marx insiste en que todo derecho es un derecho desigual y que su
superación y la del propio Estado sólo se producirá con la superación de la sociedad de clases,
con el establecimiento de la sociedad comunista.
Karl Kautsky (1854-1938) fue la figura clave tanto del intento de síntesis de un
«marxismo ortodoxo» como de la formulación del «socialismo democrático» que caracterizaron
el pensamiento político de la 11 Internacional. llegó a proclamar que el partido obrero no debe
atarse de manos y aprovechar todas las situaciones, o que es imposible decir nada acerca del
carácter pacífico o no de la transición al socialismo 8, su concepción de la revolución está muy
lejos del modelo blanquista y del programa revolucionario formulado por Marx -y Engels-entre
1843-1848. Para Kautsky la principal misión del proletariado era, en primer lugar, asegurar un
grado de libertad democrática. Para ello, en países como Alemania, Austria y la misma Rusia,
sometidos a regímenes autocráticos preburgueses, el movimiento obrero debería, si era
necesario, realizar una revolución política en alianza con otros sectores sociales. Kautsky se
pretendía fiel allegado de Marx, a pesar de sus orientaciones pragmáticamente reformistas,
Bemstein encamó, a pesar de las muchas coincidencias prácticas entre ambos, la voluntad
explícita de «revisar» importantes aspectos del marxismo. Influido por la filosofía neokantiana,
valoró los elementos éticos del socialismo que él consideraba relegados en el marxismo por una
visión «economicista» y determinista del proceso revolucionario.
En los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, las ideas de Bemstein y la _
polémica sobre el revisionismo fueron recibidas y desarrolladas por un notable grupo de
intelectuales austríacos (Marx Adler y Otto Bauer, fueron, tal vez, los más destacados) que
generaron una peculiar versión del marxismo reformista, el llamado austromarxismo.
Intentaron, tal vez con escaso éxito, resolver algunos dilemas abiertos entre la perspectiva
científica del marxismo y su dimensión moral y práctica, por ejemplo, los que se desprenden de
una visión determinista del curso histórico --en general rechazada por el austromarxismo--- y la
lucha consciente por unos ideales cuya bondad es independiente de su necesidad.
Vladímir Ilich Uliánov (1870-1924), conocido por el sobrenombre revolucionario de
Lenin, es seguramente, en términos políticos, la figura más influyente del marxismo del siglo
xx. Hoy en día su pensamiento parece inseparable de la Revolución bolchevique de 1917 y de la
experiencia de las repúblicas socialistas que se han reclamado explícitamente orientadas por el
marxismo-leninismo. Hasta comienzos del siglo xx la mayoría de los pensadores y dirigentes
socialdemócratas creían, de acuerdo con muchas páginas de Marx, que las condiciones de una
revolución socialista, más o menos pacífica, más o menos violenta, se daban en los países
capitalistas desarrollados, en los cuales se había alcanzado un importante grado de desarrollo de
las fuerzas productivas y donde la clase obrera había crecido en número, en conciencia política
y organización (LENIN FUE UNO DE LOS QUE SE OPUSIERON A ESO). Trotski
inicialmente creyó que la revolución socialista era posible con la ayuda de los soldados,
mientras que Lenin inicialmente consideraba que la revolución, en alianza con los campesinos,
debería tener solamente un carácter democrático burgués y dirigirse contra los grandes
propietarios y la autocracia; Lenin insistió más que nadie en la necesidad de organizar un
partido de revolucionarios profesionales que coordinara y dirigiera la acción del conjunto de los
trabajadores; Trotski y Rosa Luxemburg consideraban, al igual que Lenin durante algún tiempo,
que la revolución en Rusia sólo era posible si era apoyada y seguida por el resto de trabajadores
europeos (<<internacionalismo proletario», «revolución permanente»). Según Lenin, el Estado
burgués debía destruirse y sobre sus ruinas debía organizarse un nuevo poder estatal
-transitorio- que acentuara los mecanismos de representación obrera -los soviets- y eliminara las
instituciones representativas típicamente burguesas -el parlamentarismo.
El marxismo también ha sido visto como una concepción del mundo de base
científica, la cual no aceptaría explicaciones según principios trascendentes a la realidad
(materialismo), admitiría la complejidad de lo real y la «parcialidad» del conocimiento
científico y la necesidad de integrar dicho conocimiento parcial en una síntesis concreta
(dialéctica) y pretendería proseguir la milenaria lucha contra el mal social y todos los
intentos emancipadores habidos a lo largo de la historia, ahora con el conocimiento
adquirido mediante la moderna ciencia social.
En el Occidente (en la práctica) la ayoría de los partidos socialistas y socialdemócratas
de la Europa occidental ueron alejándose del objetivo socialista, a la vez que del marxismo, para
centrarse en conseguir mejoras para las condiciones de vida de los trabajadores dentro del
sistema capitalista. En este sentido, la estrategia socialdemócrata ya desde antes de la Segunda
Guerra Mundial ha consistido en ampliar su representación parlamentaria, hasta poder acceder
al gobierno y desde ahí conseguir una cierta redistribución de rentas. En general la actuación de
los partidos socialistas, laboristas y socialdemócratas se ha circunscrito, salvo períodos
excepcionales, a la creación, ampliación y mantenimiento de los Estados de bienestar, sin
cuestionar prácticamente las bases capitalistas de la sociedad.
Antonio Gramsci (1891-1937) fue, tal vez, quien mejor expresó los problemas y
dificultades que el esquema político leninista suponía para impulsar transformaciones socialistas
en los países de Europa occidental. Se propuso indagar un nuevo paradigma teórico y
revolucionario acorde con la complejidad y peculiaridad de las sociedades occidentales. En los
países trasados, dominados por la apatía y la coerción, la revolución podía plantearse c mo la
acción de una minoría consciente y disciplinada que accede por medio de a fuerza al control del
Estado, que básicamente se correspondía con el modelo anquista. Pero en las modernas
sociedades burguesas la cohesión social no só o viene dada por la coerción, sino,
fundamentalmente, por la hegemonía -la supremacía cultural- de las clases dirigentes, que,
merced a la manipulación de la sociedad civil. Desde esta perspectiva, la revolución en los
países desarrollados con una densa sociedad civil presupondría, según Gramsci, una
transformación cultural de las masas, el establecimiento por parte de la clase obrera y sus
aliados de su propia hegemonía y la toma de pequeñas posiciones en el seno de la sociedad
civil. De todo ello resultó un marxismo no tan obsesionado en las realidades económicas y más
atento a la cultura, a la literatura y al combate moral; menos confiado en el desarrollo de las
condiciones objetivas y más en la capacidad reflexiva y moral de los seres humanos.
En los últimos tiempos, y después de un período de cierta euforia durante los años
sesenta y comienzos de los setenta, el marxismo, en cualquiera de sus variantes, parece haber
entrado en una situación de crisis, para algunos de carácter terminal. En primer lugar, los
problemas de orden metodológico (materialismo mecanicista, determinismo economicista,
holismo, etc.). En segundo lugar, problemas de contenido: el marxismo ha sido mucho más
eficaz como instrumento crítico del capnerador de alternativas económicas, sociales y políticas.
El fracaso y reciente desplome de los regímenes políticos basados en el marxismo lo
demuestran mediante la rotunda prueba de los hechos. Y, por último, el carácter utópico-
escatológico de su programa político, ligado básicamente a la idea del desarrollo indefinido de
las fuerzas productivas, mediante el cual, en un mundo de abundancia, vendrían a desaparecer
los obstáculos a la libertad y a la realización individual.
A menudo se ha considerado que el elemento diferenciador del marxismo respecto de la
ciencia social estándar (la también llamada «ciencia social burguesa») era su peculiaridad
metodológica. El marxismo metodológicamente hablando era antipositivista, holista, dialéctico
e histórico. Sin embargo, esta visión ha sido rota en los últimos tiempos por la aparición del
llamado «marxismo analítico» cuyos representantes (Jon Elster, Adam Przeworski, John
Roemer, G. A. Cohen ... ) han afirmado que «lo peculiar del marxismo son sus afirmaciones
esenciales sobre el mundo, y no su metodología, y que los principios metodológicos que según
muchos distinguen al marxismo de sus rivales son indefendibles, si no incoerentes. Un aspecto
fundamental del marxismo analítico es su antidogmatismo, es decir, el dar prioridad a los
argumentos empíricos, lógicos y racionales sobre los ideológicos.

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