La Filosofía de La Mente de Georg Henrik Von Wright
La Filosofía de La Mente de Georg Henrik Von Wright
von Wright
Carlos Blank
El pensamiento de Georg Henrik von Wright constituye una de las contribuciones más
importantes del siglo XX –para algunos la más importante 1- al análisis de la acción
humana, a eso que suele llamarse, con un rótulo más general, “filosofía de la acción” o
“filosofía práctica”. Si bien comenzó ocupándose de cuestiones relativas a la lógica de
la inducción científica, eso lo llevó a interesarse por cuestiones relacionadas con los
problemas metodológicos y lógicos que plantean las acciones humanas y las normas,
siendo el fundador de la lógica deóntica contemporánea 2 y con contribuciones
importantes al desarrollo de las lógicas modales contemporáneas. Posteriormente se
ocupará de los problemas relacionados con la explicación de las acciones y la necesidad
de encontrar un modelo alternativo que haga justicia a la especificidad de la acción
humana. También se ocupará de temas relacionados con la filosofía de la mente y hará
una serie de análisis muy detallados y pormenorizados de las dificultades que
encontramos a la hora de realizar una explicación satisfactoria de la acción humana.
Como buen discípulo de Wittgenstein3 –cabe recordar que fue el sucesor de
Wittgenstein en Cambridge (1948-51) y uno de los albaceas, junto con Rhees y
Anscombe, de sus escritos no publicados o Nachlass- siempre estaba revisando su obra
y nunca estaba completamente satisfecho con ella. Lo cual la hace más interesante y
variada, no sólo por la amplitud de sus conocimientos e intereses sino porque siempre
aportaba nuevos elementos de análisis o nuevas consideraciones a su propia obra. De
hecho, von Wright consideraba que esa era el legado –esencialmente negativo- más
importante que había obtenido de Wittgenstein, ser enemigo de las soluciones simples o
finales, desconfiar de resultados definitivos y mantenerse siempre alerta frente a los
matices conceptuales y las complejas situaciones a las cuales se enfrenta el pensamiento
filosófico. Por su parte, Wittgenstein consideraba a von Wright como posiblemente el
único que había sido capaz de comprenderlo y admiraba que mantuviese también su
independencia de criterios y su propio estilo de pensamiento.4
Georg Henrik von Wright nació en Helsinki el 14 de Junio de de 1916 y
falleció y falleció en esa misma ciudad el 16 de Junio de 2003, a la edad de
87 años. Fue un filósofo y un lógico de enorme influencia, que contribuyó al
esclarecimiento conceptual de un buen número de problemas filosóficos, y
al mismo tiempo un intelectual y un ensayista profundo, que en su empeño
de no ceder al dogmatismo sometió a revisión una y otra vez los
presupuestos culturales de nuestro modo de ver el mundo.5
Bajo la influencia de Eino Kaila, se introdujo en el pensamiento de aquella corriente de
importantes pensadores vinculados o miembros del Círculo de Viena –entre los
primeros suele mencionarse al primer Wittgenstein-, aunque será precisamente bajo la
influencia del segundo Wittgenstein que abandonará el enfoque positivista del Círculo y
ampliará el horizonte de sus intereses. Como destaca González Lagier, en sus breves
pero ilustrativas notas, “von Wright ha dicho que debe la forma de su filosofía a Eino
Kaila y el contenido a Ludwig Wittgenstein.”6
Adicionalmente, puede señalarse que si lo dicho hasta aquí no fuese suficiente para
destacar los méritos propios, puede señalarse también que ayudó a formar una escuela
finlandesa, entre cuyos discípulos destaca de manera especial y también con méritos
propios, Jaakko Hintikka7, el cual también ha tenido importantes seguidores como Risto
Hilpinen y Raimo Tuomela, entre otros.8 Aunque sin duda la influencia de von Wright
trasciende sus fronteras de su país de origen, Finlandia, y tiene fuertes ramificaciones
en EEUU y el resto de Europa, incluso en América del Sur 9. En todo caso,
consideramos que es ese combate al dogmatismo y la necesidad de revisar
constantemente su obra el legado más importante de von Wright. Por eso quisiéramos
terminar esta breve introducción con las excelentes palabras con que Niiniluoto termina
su entrevista en la revista The Reasoner -a la que ya hemos hecho referencia-, pues
recoge este espíritu con precisión.
Como un realista científico crítico, soy un falibilista que aprueba la
corregibilidad de todo conocimiento humano. El dogmatismo científico es
perjudicial, ya que está en conflicto con el carácter de auto-corrección de la
ciencia e inhibe el progreso científico. Pero los propios científicos deben ser
capaces de estimar la fiabilidad de sus conclusiones tentativas. Cuando la
comunidad científica llega a un consenso sobre alguna cuestión, la crítica
abierta debe ser permitida todavía, pero, naturalmente, un cambio en la
opinión prevaleciente necesitaría fuertes contra-argumentos científicos y
nueva evidencia. Como expertos en el pensamiento crítico, los filósofos
deben ayudar en este tipo de episodios evaluando el peso de los argumentos
y las posiciones rivales.10
La que sin duda es la obra más conocida de von Wright, Explicación y Comprensión,
publicada originalmente en 1971, fue producto de uno de esos cambios o giros que él
solía hacer a la hora de abordar los problemas, en especial, los problemas de la acción,
que se mantuvieron como el centro de atracción de su pensamiento filosófico. Como lo
señala en el Prefacio:
Este libro ha sido fruto de un interés personal por la teoría de la acción,
resultante a su vez de mi interés por normas y valores. Me sentía en un
principio atraído por los aspectos lógico-formales de los conceptos relativos
a la acción. Era este un campo poco cultivado anteriormente, pero cuya
elucidación parecía imponerse si la “lógica deóntica” había de contar con
una base firme. Mi interés se desplazó de la lógica de la acción a la
explicación de la acción. El libro de Charles Taylor, The Explanation of
Behaviour, había llegado a producirme una honda impresión intelectual. Me
hizo comprender cuán profundamente calan los problemas de la explicación
en la problemática no sólo de la filosofía de la ciencia, sino de la filosofía en
general. De modo que, finalmente, lo que comenzara siendo un estudio de la
acción llegó a convertirse en una contribución a la venerable cuestión de
cómo se relacionan las ciencias de la naturaleza con el estudio del hombre.11
En efecto, la que es posiblemente su más conocida contribución a esta “venerable
cuestión” es su distinción entre dos importantes tradiciones: la tradición galileana y la
tradición aristotélica. Esta distinción recoge polémicas sobre el método científico,
como la suscitada entre la filosofía de corte positivista como las de Comte o Mill y la
filosofía de corte hermenéutico como las de Droysen, Dilthey, Simmel, Weber, Rickert
o Collingwood.12 O más recientemente, las que se originaron a raíz de las
reformulaciones del positivismo llevadas a cabo por el positivismo lógico y su debate
con la Escuela de Frankfurt o con Gadamer. Por los nombres involucrados algunos
pueden pensar que una de estas tradiciones, la galileana, es más reciente, mientras que
la otra, la aristotélica, hunde sus raíces en un pasado filosófico más remoto. Sin
embargo, nos aclara el autor, ello no sería del todo acertado.
En la historia de las ideas cabe distinguir dos tradiciones importantes, que
difieren en el planteamiento de las condiciones a satisfacer por una
explicación científicamente respetable. Una de ellas ha sido calificada a
veces de aristotélica, la otra de galileana. Estas calificaciones sugieren que
la primera tiene venerables raíces en la historia intelectual del hombre,
mientras que la segunda es de origen relativamente reciente. Hay algo de
verdad en todo esto, pero no estarían de más ciertas reservas. Lo que aquí
llamo tradición galileana cuenta con una ascendencia que se remonta más
allá de Aristóteles a Platón. Habría que cuidarse también de pensar que la
tradición aristotélica representa en la actualidad no más que la supervivencia
marchita de elementos anticuados de los que la ciencia se ha venido
“liberando” gradualmente.13
También podemos referirnos a ambas tradiciones con los rótulos de explicación causal o
mecanicista en contraposición a la explicación teleológica o finalista. Aunque como nos
lo recuerda siempre von Wright estamos en presencia de etiquetas que tienen un valor
heurístico pero que debemos tomar siempre con cautela o cum grano salis, pues no
siempre recogen toda la gama posible de matices que se esconden detrás de estos
términos.14Hecha esta salvedad podemos pasar a caracterizar mejor cada una de estas
tradiciones y destacar, no obstante lo anterior, la importancia de mantener esta
diferenciación de tradiciones y modos de explicación. Podría decirse que la tradición
galileana –agrupando allí tanto al positivismo clásico como al neopositivismo- recoge
las siguientes características generales:
1)El monismo metodológico o la defensa del carácter único del método
científico, si bien siempre puede haber diferencias o matices a la hora de definir
dicho método.
2)La consideración de la física matemática como el ideal o el canon que deben
imitar todas las ciencias, incluyendo las ciencias sociales y las humanidades –
cabe recordar aquí que Comte quería llamar a la sociología “física social”.
3)La consideración de la explicación causal como el modelo de explicación por
antonomasia, por lo que cualquier otro tipo de explicación que apele a razones,
motivos, intenciones, propósitos, debe ser descartada por carecer de valor
científico o expurgada de sus remanentes vitalistas o animistas, para pasar a ser
una explicación seria o de verdad, a saber, una explicación causal.
4)La consideración de que explicación y predicción son simétricas, vale decir,
podemos explicar un fenómeno cuando somos capaces también de predecirlo o
que una explicación no es sino una predicción al revés. Ello es así porque
explicar, en rigor, significa ser capaces de atribuir un determinado fenómeno
particular a una ley general. Es por esta última característica que también se
conoce a esta postura como el “modelo de cobertura legal” (“Covering Law
Model”) o modelo nomológico-deductivo.
La formulación más elaborada de este modelo de cobertura legal o nomológico-
deductivo ha sido hecha Carl Gustav Hempel, miembro del Circulo de Berlín -al que
perteneció también Hans Reichebach-, y que, como la mayoría, se vio en la necesidad
de emigrar a los EEUU. La posición de Hempel es ampliamente conocida y está muy
gráficamente expuesta en un librito titulado, Filosofía de la ciencia natural, convertido
ya en un clásico y donde a través de un conocido caso histórico, el trágico caso de Ignaz
Semmelweis15, se ilustran los pasos característicos de la contrastación de hipótesis y se
desmonta, de paso, la concepción inductivista estrecha de la investigación científica que
predomina en las filosofías de la ciencia.16 A su vez, dentro del modelo de cobertura
legal hace una diferenciación entre el modelo nomológico-deductivo y el modelo
probabilístico-inductivo. Aunque la posición de Hempel es ampliamente conocida entre
los que se ocupan de estos temas, podemos citar a von Wright para recordárnosla.
Sea E un acontecimiento cuya ocurrencia en alguna ocasión es conocida y
se ve precisada de explicación. ¿Por qué ha ocurrido E? Con vistas a
responder a esta cuestión, indicamos algún otro acontecimiento o estado de
cosas determinado E1,…, Em y apuntamos una o varias proposiciones
generales o leyes L1,…, Ln, tales que la ocurrencia de E (en el momento
considerado) se sigue lógicamente de esas leyes y del hecho de que aquellos
otros acontecimientos (estados de cosas) haya ocurrido (se haya dado).
E en la descripción precedente del modelo nomológico-deductivo de
Hempel, representa el explanandum o explicandum. También llamaré a E
objeto de la explicación. Llamaré a E1,…, Em, explanans o explicatum.
También pueden considerarse base de la explicación. L1,…Ln, son las leyes
de cobertura bajo las que la explicación subsume tanto el explanans como el
explanandum.17
De hecho el esquema que utiliza Hempel en el libro de marras es:
Como se sabe este esquema explicativo plantea una serie de dificultades. Por lo pronto,
sabemos que de acuerdo a este modelo la verdad de las premisas se transmite
necesariamente a la conclusión –a diferencia de lo que sucede en el probabilístico-
inductivo-, de tal modo que si resulta ser el caso que la conclusión es falsa también son
falsas las premisas. El problema está en decidir en el caso del explanans cuáles
condiciones o estados de cosas habría que suprimir, o cuáles hipótesis, si fuera también
el caso, habría que descartar o reformular. El conocido como problema Duhem-Quine
destaca que por medios puramente lógicos es imposible resolver esta cuestión y que
siempre es posible, aunque no siempre deseable, la utilización de hipótesis ad hoc para
“resolver” esta dificultad.
Lo que nos interesa aquí es, sin embargo, si este modelo puede dar cuenta
satisfactoriamente de la explicación de la acción humana o, en palabras de von Wright,
“el test definitivo para juzgar sobre la validez universal de la teoría de la explicación por
subsunción es la de si puede hacerse cargo cabalmente de la explicación de las
acciones.”18Para Hempel el hecho de que este modelo no se pueda aplicar todavía a la
explicación histórica, por ejemplo, es porque hay una gran complejidad prima facie, por
lo que tenemos que conformarnos con meros bosquejos incompletos de explicaciones,
mientras buscamos hipótesis explicativas más profundas y completas. En el caso
particular de la acción motivada por razones, el esquema a seguir sería también el
siguiente:
(a)A está en una situación de tipo C
(b)A está dispuesto a actuar racionalmente
(c)Cualquier persona dispuesta a actuar racionalmente, cuando esté en una
situación de tipo C, hará invariablemente (con alta probabilidad) X
El esquema anterior incluye ambos submodelos de cobertura legal: el nomológico-
deductivo y el probabilístico-inductivo, y, entonces, concluye Hempel, “en tanto que
una razón explica la acción de un agente, dicha explicación se ajusta a uno de los dos
modelos nomológicos.”19
Para otros, en cambio, estamos hablando de una imposibilidad en principio y de la
necesidad de encontrar otras vías de explicación más apropiadas para el objeto de
nuestra explicación: las acciones humanas. De nuevo von Wright destaca la
importancia que tuvo, al menos en el círculo de la filosofía analítica, la obra ya
mencionada de Charles Taylor.
Los trabajos de Anscombe y Dray reflejan el creciente interés, en el seno de
la filosofía analítica, por el concepto de acción y por las formas de discurso
práctico. A esta obra pionera ha seguido buen número de contribuciones
posteriores. Pero no fue hasta la aparición del importante libro de Charles
Taylor, The Explanation of Behaviour, en 1964, cuando esta nueva
orientación de la filosofía analítica llegó a conectar con la teoría de la
explicación en psicología y en las otras ciencias de la conducta. Como
sucediera con las contribuciones de la cibernética, si bien con muy dispar
talante, la obra de Taylor ha reavivado el debate en torno a la teleología en
la filosofía de la ciencia. Cabe destacar esta diferencia de talante como la
existente entre las perspectivas galileana y aristotélica sobre la conducta
motivada por propósitos. 20
Otra obra que ha tenido gran resonancia, especialmente en el campo de las ciencias
sociales, es el libro de Peter Winch The Idea of a Social Science, publicado en 1958,
libro que también acusa la influencia del segundo Wittgenstein.21 También los trabajos
de Apel están señalados por von Wright en esta dirección, quien por cierto tomará el
aporte del pensador finlandés en su conocida obra, Understanding and Explanation. A
Trascendental-Pragmatic Perspective, publicada originalmente en 1979. Von Wright
considera que esa convergencia entre la corriente analítica fuertemente influenciada por
el último Wittgenstein y la corriente de orientación hermenéutica no es producto del
azar sino que responde a la presencia de importantes afinidades entre ambas corrientes.
Hay dos características de la hermenéutica que resultan especialmente
notables a la vista de su afinidad con la filosofía analítica. La primera es el
lugar central en ella reservado a la idea de lenguaje y a nociones de
orientación lingüística como significado, intencionalidad, interpretación y
comprensión. Ello queda reflejado en su mismo nombre “hermenéutica” que
significa arte de la interpretación. Los problemas que interesan a los
filósofos hermenéuticos son en buena medida los problemas que también
aparecen por doquier en la filosofía de Wittgenstein, especialmente en sus
últimas fases de desarrollo. No sería sorprendente que esta afinidad, una vez
reconocida claramente, condujera a un impacto de Wittgenstein en la
filosofía continental europea comparable en grado, si no en carácter, a la
influencia por él ejercida sobre la escuela de Viena del positivismo lógico
por los años 1930 y sobre la escuela de Oxford de análisis lingüístico por los
años 1950.
La segunda característica de la filosofía hermenéutica por la que congenia
con los filósofos de la tradición analítica mejor que con algunos vástagos
del tronco fenomenológico, es su preocupación por la metodología y por la
filosofía de la ciencia. En oposición explícita a la idea positivista de la
unidad de la unidad de la ciencia, la filosofía hermenéutica defiende el
carácter sui generis de los métodos interpretativos y comprensivos de las
Geisteswissenchaften. En este punto restaura y mantiene el legado
intelectual del antipositivismo neokantiano y neohegeliano de las últimas
décadas del pasado siglo y primeras del presente.22
Aunque es obvio que von Wright se ubica claramente dentro de la segunda tradición, la
que hemos llamado, faute de mieux, aristotélica, teleológica o hermenéutica,
-posiblemente los términos no sean lo más importante en este caso-, plantea la
posibilidad, como siempre, de revisar su postura y encontrar puntos de encuentro con la
otra tradición. Por lo demás, no descarta que se mantenga una suerte de ley pendular
entre ambas tradiciones, lo cual produciría una suerte de “fertilidad cruzada”, diría
Schumpeter, una renovación constante de ambas y una suerte de predominio alternante
y cambiante.
Sería ciertamente ilusorio creer que la verdad reside inequívocamente en
una de estas dos posiciones opuestas. Al decir esto no estoy pensando en la
trivialidad de que ambas posturas son parcialmente verdaderas y cabe llegar
a algún compromiso en algunos puntos. Puede que así sea. Pero también
existe una confrontación de base, al margen de la posibilidad tanto de
reconciliación como de refutación –incluso, en cierto modo al margen de la
verdad-. Se funda en la elección de conceptos primitivos, básicos para la
argumentación en su conjunto. Podría calificarse esta elección de
“existencial”. Consiste en la opción por un punto de vista no susceptible de
ulterior fundamento.
No falta, sin embargo, diálogo entre ambas posiciones y aun una especie de
progreso. El dominio temporal de una de las dos tendencias es por regla
general el resultado del camino abierto a continuación de un período durante
el que la tendencia opuesta se ha visto criticada. Lo que surge a resultas de
este paso adelante nunca se limita simplemente a la reposición de algo que
había estado antes ahí, sino que lleva además la impronta de las ideas a
través de cuya crítica ha surgido. El proceso ilustra lo que Hegel ha descrito
con los términos de aufgehoben y aufbewart, cuya mejor equivalencia
inglesa tal vez sea “superseded” y “retained”. La posición que está en vías
de ser reemplazada (superseded) derrocha por lo común sus energías
polémicas combatiendo características ya trasnochadas de la tendencia
opuesta y tiende a ver en lo asimilado (retained) por la alternativa emergente
una sombra deformada de ella misma. Esto es lo que ocurre cuando, por
ejemplo, los filósofos positivistas de nuestros días fundan sus objeciones a
la Verstehen en argumentos quizás válidos contra Dilthey o Collingwood, o
cuando toman equivocadamente la filosofía de la psicología de Wittgenstein
por no otra cosa que una forma más de conductismo.23
2Cabe recordar que la analogía entre las modalidades aléticas de necesidad, posibilidad e imposibilidad, con las
modalidades normativas o deónticas de obligatorio, permitido y prohibido, ya era conocida y discutida durante la Edad
Media. Véase Simo Knuuttila: “The Emergence of Deontic Logic in the Fourteenth Century” en Risto Hilpinen(ed.): New
Studies in Deontic Logic. Norms, Actions and the Foundations of Ethics, Reidel, Dordrecht, 1981, pp. 225-48. Cabe añadir
que la lógica alética o veritativo-funcional se considera parte de la lógica modal.
3No es por casualidad que uno de los homenajes a von Wright sea una recopilación de ensayos sobre Wittgenstein por
importantes conocedores de su obra, en Enzo De Pellegrin (ed.): Interactive Wittgenstein. Essays in Memory of Georg
Henrik von Wright, Springer, Dordrecht, 2011.
4Curiosamente von Wright generó suspicacias entre los analíticos, por un lado, pues lo consideraban demasiado
wittgensteinaino para su gusto, aunque alababan sus aportaciones formales y lógicas, y entre los wittgenstenianos, pues lo
consideraban demasiado analítico para su gusto o un witgensteiniano atípico, en lo cual tenían toda la razón. Véase
Frederick Stoutland: “Another View of G.H. von Wright”, Philosophical Investigations, vol. 29, No. 3, 206, pp. 275-286.
5Daniel González Lagier: “Apuntes sobre la vida y la obra de Georg Henrik von Wright”, en Theoria, pp. 107-114, 2004, p.
107. Puede encontrarse una reseña biográfica bastante completa en Risto Vilkko: “George Henrik von Wright (1916-2003)”,
Journal for General Philosophy of Science, No. 36, 2005, pp. 1-14 y una reseña bibliográfica completa en el mismo
número, pp. 155-210.
6Ibid. p. 107. Hay una muy interesante introducción de von Wright en la obra de Kaila editada por Robert Cohen: Reality
and Expirience. Four Philosophical Essays, Reidel, Dordrecht, 1979.
7Como nota curiosa Hintikka supo que su esposa, la filósofa Merril Provence, con quien escribió varios libros y artículos,
había sido amante del entonces senador J.F. Kennedy y sintiéndose intimidado por esa revelación, ella lo calmó diciéndole:
“No se trata solamente que tú seas más inteligente que él y yo haya disfrutado más el sexo contigo. Tú también eres algo
que él nunca fue: una persona buena, humana”. Esta revelación es hecha, a su vez, en una biografía que acaba de publicar
Hintikka sobre su esposa, ya fallecida en 1987, titulada: She Choose Merril Hintikka as her Name.
8Véase, por ejemplo, la entrevista de Gustavo Cevolani a Ilkka Niiniluoto en The Reasoner, vol. 4, # 9, Septiembre 2009.
9Como señala Risto Vilkko en su semblanza citada arriba: “Influential contributions in the fields of deontic logic and action
theory made von Wright famous not only in Europe but also in South America, where he established closed relations with
several philosophers and intellectuals. The Argentinians Eugenio Bulygin and Carlos Alchourrón were among his most
important South American collaborators”, p. 9.
10Véase también: Ilkka Niiniluoto: “Report: After Twenty Years. Philosophy of Science in Finland: 1970-1990, Journal o
General Philosophy of Science, No. 24, 1993, pp. 147-167, donde hay también una extensa bibliografía.
12Algunos de ellos, como Weber, trataba de fusionar la explicación causal y la comprensiva de la acción.
14Por ejemplo, aclara el autor, ni las explicaciones aristotélicas son siempre puramente teleológicas ni las de la nueva
ciencia fueron siempre en rigor solamente de carácter causal. Para profundizar más en estos temas puede consultarse J.
Hintikka & D. Gruender & E. Agazzi (eds.): Theory Change, Ancient Axiomatics, Galileo’s Methodology, Reidel,
Dordrecht, 1981.
15El trágico final de Semmelweis –podríamos mencionar también a Boltzmann-, como otros muchos casos menos trágicos
en la historia de la ciencia, es un recordatorio de que las ideas científicas no siempre suelen ser aceptadas con facilidad,
sobre todo si amenazan algún poder constituido, aunque al final terminen imponiéndose.
16De más está decir que el modelo de Hempel-Oppenheim, como también se le conoce, es muy similar al defendido por
Karl Popper y por las mismas razones, aunque éste último recusa cualquier estrategia inductiva, a diferencia de Hempel. Por
lo demás nos parece completamente injustificada y como muestra de falta de información la siguiente afirmación de von
Wright: “El movimiento intelectual llamado ‘racionalismo crítico’ es, esencialmente, un defensor en nuestro tiempo de esa
tradición intelectual cuyos grandes clásicos son Comte y Mill”, Ibid. p. 29, 34n. Por lo menos, pareciera no haberse leído ni
La miseria del historicismo ni La sociedad abierta y sus enemigos, a pesar de ser citados por el autor.
17Explicación y Comprensión, p. 31. En vista de que este es modelo que von Wright critica, pasaremos por alto las
críticas que hace también al modelo probasbilístico-inductivo y que tiene que ver con lo que también se conoce como la
paradoja de Hempel. Sobre este tema, y otros relacionados, pueden consultarse a S. Sarkar & J. Pfeiffer (eds.): The
Philosophy of Science. An Encyclopedia, Routledge, New York/London, 2006 y a S.G.Shankar (ed.): Philosophy of
Science, Logic & Mathematics in the 20th Century, Routledge, New York/London, 2004, en particular el capítulo 8 de J.
Coulter.
18Ibid. p. 44.
19James H. Fetzer (ed.): The Philosophy of Carl G. Hempel. Studies in Science, Explanation, and Rationality, Oxford
University Press, Oxford, 2001, p. 291 y 303ss.
20Ibid. p. 49.
21Sobre esta obra de Winch comenta von Wright lo siguiente: “El libro de Winch es difícil y oscuro. A mi modo de ver,
también es parcial por cuanto destaca excesivamente la importancia de las reglas en la comprensión del comportamiento en
sociedad. Con ello se descuidan los aspectos intencionales y teleológicos”, Ibid. p. 51. Von Wright también destaca un
pensador afín a la corriente fenomenológica, bastante olvidado entonces, Alfred Schütz (todavía no se le había
americanizado el apellido y quitado la diéresis o umlaut).
23Ibid. p. 55s. Por cierto, un trabajo publicado por Apel en 1967 ya se ocupaba de tender puentes entre la corriente analítica
y la corriente hermenéutica, Analitical Philosophy of Language and the Geitestwissenschaften, Springer, Dordrecht, 1967.
Posiblemente el libro más emblemático de esta convergencia de tradiciones y corrientes sea al libro de Richard Rorty,
Philosophy and the Mirror of Nature, Princeton University Press, Princeton, 1979. Más recientemente, y dentro de esta
misma confluencia de orientaciones e intereses, se destaca la obra del filósofo de origen sudafricano John McDowell. Su
obra más conocida es Mind and World, Harvard University Press, Cambridge, 1994; además de sus Collected Papers en dos
tomos, podemos mencionar también: Having the World in View. Essays on Kant, Hegel and Sellars, Harvard University
Press, Cambridge, 2009 y The Engaged Intellect. Philosophical Essays, Harvard University Press, Cambridge, 2009.
25 In the Shadow of Descartes. Essays in the Philosophy of Mind, Springer Science + Business Media, Dordrecht, p. ix.
26 Ibid, pp. ix-x.
27 En una segunda entrega nos ocuparemos del paralelismo psico-físico que desarrolla el autor como un interesante
planteamiento frente al problema mente-cuerpo. Primero nos ocuparemos de la explicación de la acción mediante
razones o, lo que el autor llama, la explicación comprensiva.
28 Explanation and Understanding of Actions, en Hölmstrom-Hintikka, G., & Tuomela, R. (eds.). Contemporary Action
Theory. Vol 1: Individual Action. Springer-Science+Business Media, Dordrecht, 1997, p. 2.
29 Ibid. p. 6.
30 Ibid, p. 12.
31 Ibid. p. 13.
32 Ibid. pp. 13s.
33 Ibid. p. 15.
34 Ibid. p. 17.
35 Ibid. p. 18.
36 Ibid. p. 19.