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Guiguemar

El documento presenta un resumen del cuento medieval francés "Guigemar". Narra la historia de un caballero llamado Guigemar que resulta herido de gravedad durante una cacería. Una cierva blanca herida le maldice diciendo que sólo podrá sanar si encuentra a una mujer que sufra un dolor de amor tan grande por él. La nave en la que se embarca Guigemar lo lleva a una ciudad donde es cuidado en el jardín amurallado de una dama noble encerrada allí por su celoso esposo

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El documento presenta un resumen del cuento medieval francés "Guigemar". Narra la historia de un caballero llamado Guigemar que resulta herido de gravedad durante una cacería. Una cierva blanca herida le maldice diciendo que sólo podrá sanar si encuentra a una mujer que sufra un dolor de amor tan grande por él. La nave en la que se embarca Guigemar lo lleva a una ciudad donde es cuidado en el jardín amurallado de una dama noble encerrada allí por su celoso esposo

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Guiguemar / en negritas verá n notas al pie: cada una de ellas propone

un ejercicio / ¿podrá n, lxs que puedan, realizarlos y enviarlos por mail


antes del jueves?

Guigemar
[Cuento - Texto completo.]

María de Francia

A quien se ocupa de una buena materia mucho le pesa si no está bien tratada de antes.
Escuchad, señores, lo que dice María, que no pierde su tiempo.

La gente debe alabar a quien hace que hablen bien de él mismo, pero cuando en algún
sitio hay un hombre o una mujer1 de gran mérito, los que envidian su posición a
menudo hablan mal: intentan rebajar su valía y obran como el mal perro cobarde,
avieso, que muerde a la gente a traición. No quiero dejar de hacer mi propósito,
aunque los burlones y maldicientes me lo recriminen. ¡Están en su derecho de
hablar mal!2

Los relatos que sé que son verdaderos, de los que los bretones han hecho sus lais, os
contaré con bastante brevedad. Al principio de todo, según el texto y el escrito, os
mostraré un acontecimiento maravilloso que, en Bretaña la Menor (En Francia, en
oposición a la Bretaña Mayor, Gran Bretaña), ocurrió en el tiempo de los
antepasados.

En aquel tiempo, era rey Hoilas, unas veces en paz, otras, en guerra. El rey tenía un
noble que era señor de León, llamado Oridial, en el que confiaba mucho, pues era
caballero noble y valiente. Éste había tenido con su mujer dos hijos, un niño y una

1
Atendemos lo obvio: ya se ve de entrada la paridad “hombre” y “mujer”. ¿No les parece en algún
punto revolucionario?
2
No a la censura. Actualmente hay quienes atacan la expansión de la corrección política: no por prohibir
con leyes o llamando a la policía se solucionan inequidades materiales (como el acceso desigual de la
mujer, la misoginia, el racismo, etc.). ¿Qué opina?
bella niña, que se llamaba Noguent, mientras que el joven era llamado Guigemar.
¡No había nadie más bello en el reino! Su madre lo quería mucho y también era
muy amado por su padre 3, que cuando pudo separarlo de su lado lo envió al servicio
del rey. El muchacho era prudente y valeroso y se hacía querer por todos. Llegado el
momento y el tiempo en que tuvo edad y conocimientos, el rey lo armó caballero con
gran riqueza y le dio armas en abundancia.

Ya se marcha Guigemar de la corte, pero antes hizo muchos regalos. Va a Flandes en


busca de ganancias, pues allí había siempre combates y guerras. Ni en Lorena, ni en
Borgoña, ni en Anjou, ni en Gascuña se podía encontrar en aquel tiempo a nadie que
fuera tan buen caballero o que se le pudiera comparar.

Sólo un fallo había cometido Naturaleza al hacer a Guigemar: que éste nunca se había
preocupado en amar; no habría dama ni doncella bajo el cielo, por muy bella o noble
que fuera, que gustosa, si él la hubiera requerido de amor, no lo hubiera aceptado a su
lado. Varias se lo pidieron a menudo, pero él no tenía ningún deseo; nadie se dio
cuenta en ningún momento de que quisiera tener amores: por eso lo daban por
perdido los amigos y los desconocidos4.

En la flor de su mayor valía, regresa el caballero a su tierra para ver a su padre y a su


señor, a su buena madre y a su hermana, que lo habían echado mucho de menos. Con
ellos se quedó, según creo, un mes entero.

Un día le apeteció salir a cazar. Por la noche avisó a sus caballeros, a sus monteros y a
sus batidores. Por la mañana va al bosque, pues mucho le agrada este entretenimiento.
Encontraron el rastro de un gran ciervo y soltaron los perros; los monteros corren
delante, el muchacho se va quedando atrás; un criado le lleva el arco, el cuchillo de
monte y el perro: quería tirar, si había ocasión, antes de marcharse de allí. En la
espesura de un gran arbusto vio una cierva con su cervatillo; era un animal
completamente blanco, que tenía cornamenta de ciervo en la cabeza; a los ladridos del
braco, salió de un salto: el joven tensa el arco y le dispara; la alcanzó por delante, en la
testuz, y al punto cayó; pero la saeta rebotó hacia atrás, alcanzando a Guigemar de tal
forma que le atraviesa el muslo y llega hasta el caballo, y lo obliga a desmontar: cae

3
Fíjense cómo en estas oraciones enlaza y articula las relaciones familiares (madre, padre, hija, hijo) y de
género y sexo (femenino-masculino). Anote sus impresiones, si es que le parece curioso o signifcativo.
4
¿Qué diría una psicoanalista de barrio?
boca arriba en la hierba espesa, junto a la cierva a la que había [Link] cierva, que
estaba herida, se dolía y se quejaba; luego, empezó a hablar de esta forma:

-¡Ay, desdichada de mí! ¡Muerta estoy! Y tú, vasallo, que me has herido, que tal sea tu
destino: ¡no encuentres nunca remedio, ni con hierba, ni con raíces! Ni con médico, ni
con pócima tengas nunca cura de la herida que tienes en el muslo, y que sólo te pueda
sanar la que padezca por tu amor tan gran pena y tal dolor como nunca una mujer sufrió,
y que a ti te pase lo mismo por ella; de modo que se admiren todos aquellos que amen o
hayan amado o amarán después. ¡Vete de aquí y déjame tener paz!

Guigemar estaba gravemente herido y muy preocupado por lo que había oído; empezó a
pensar a qué tierra podría ir para que le curaran la herida, pues no quiere dejarse morir.
Bien sabe, y lo ha dicho muchas veces, que nunca había visto a ninguna mujer a la que
dirigir su amor y que le pudiera sanar el daño. Llamó a su criado:

-Amigo -le dice-, ve pronto, picando espuelas, y haz que regresen mis compañeros, pues
querría hablar con ellos.

El criado se marcha espoleando y él se queda, entre profundos lamentos; con la camisa


apretada se venda con fuerza la herida y luego monta, alejándose de allí: mucho le tarda
estar lejos, pues no quiere que acuda ninguno de los suyos, no le vayan a retener o a
impedir la marcha. Atraviesa el bosque por una verde senda que lo ha llevado fuera, a la
landa; desde la llanura ve el acantilado y el risco; un río que corría por abajo era un
brazo de mar y tenía un puerto. En el puerto sólo había una nave, cuyo mástil distingue
Guigemar. Tenía muy buenos aparejos; estaba untada de brea por dentro y por
fuera, nadie podría ver una juntura. No tenía pasador ni cierre que no fuera de
ébano:¡bajo el cielo no hay oro que valga más! La vela era toda de seda, bellísima
cuando la despliegan.

El caballero se quedó pensativo: ni en la región, ni en aquella tierra había oído


nunca decir que pudiera llegar allí una nave. Siguió adelante, bajó y con gran
trabajo entró en ella. Pensaba encontrar dentro a los hombres que debían guardar
la nave: nadie había y a nadie vio; pero en medio del barco encontró una cama
cuyos largueros y travesaños eran una obra de taracea salomónica, con
incrustaciones de oro, ciprés y marfil blanco.
De seda tejida con oro era la colcha de encima. No sé el valor de las sábanas, pero
os hablaré sólo de la almohada: quien apoyara encima la cabeza nunca tendría el
cabello cano. La manta era de marta cibelina, forrada con seda púrpura de
Alejandría. Dos candelabros de oro puro -el peor de ellos valía un tesoro- habían
sido colocados en la proa; tenían encima sendos cirios encendidos, lo que le causó
admiración5.

Se apoya en la cama y descansa; le duele la herida. Luego, se vuelve a levantar,


dispuesto a marcharse, pero no puede volver: la nave está ya en alta mar, alejándose
veloz con él; había buena brisa, viento suave: en modo alguno puede regresar. Lo siente
mucho, no sabe qué hacer; no es de extrañar que se aflija, pues le dolía mucho la herida.
Tenía que resistir la aventura; pide a Dios que lo proteja y que con su poder lo lleve a
puerto y lo libre de la muerte. Se acuesta en la cama y se queda dormido. Ya ha pasado
lo más duro: antes de vísperas llegará al lugar en el que será curado, al pie de una
antigua ciudad, que era capital de aquel reino.

El señor que gobernaba allí era un hombre muy viejo, que tenía por mujer a una
dama de alta condición, franca, cortés, hermosa y discreta. Era celoso en demasía,
pues obliga la naturaleza a que todos los viejos tengan celos -odian todos ser
engañados-, ése es el paso del tiempo6. No la ocultaba de broma: en un jardín, al pie de
la torre del homenaje, allí estaba todo cercado, con un muro de verde mármol, muy
grueso y alto. Sólo había una entrada: estaba vigilada noche y día. Por la otra parte lo
cercaba el mar; nadie podía entrar o salir si no era en barca, cuando lo necesitaba el
castillo. El señor había mandado construir dentro de los muros, para tener más segura a
su mujer, una vivienda: bajo el cielo no la había más bella. A la entrada estaba la
capilla.

La vivienda estaba pintada alrededor: Venus, la diosa del amor, estaba muy bien
representada en la pintura, que mostraba las formas y la naturaleza de cómo se debe
comportar uno en el amor, con lealtad y sirviendo bien. El libro de Ovidio, en el que
enseña cómo evitar el amor, lo arrojaba en un fuego abrasador y excomulgaba a todos
los que leyeran el libro o siguieran sus enseñanzas.

5
Aquí, descripción de las Artes Decorativas –y sí es un aspecto de la vida material- en la época, y en las
clases nobles. Rasgo de realismo, si es que eso hay que buscar entre tanta fantasía. ¿Le parece?
6
¿Este párrafo le parece “feminista” o solo “femenino”?
Allí estaba la dama encerrada y metida. Había puesto el señor a su servicio a una
doncella, que era muy noble y bien criada; era sobrina suya, hija de su hermana. Entre
las dos había un gran afecto; con ella estaba cuando él se marchaba y hasta su regreso,
para que no entrara allí hombre ni mujer, y que ella no saliera del recinto. Un viejo
sacerdote canoso y de blanca barba guardaba la llave del postigo; había perdido los
miembros inferiores: si no, no confiaría en él. Oficiaba para ella el culto de Dios y le
servía durante la comida.

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