BROWNE, SIR THOMAS (1605-1682)
Sir Thomas Browne, médico y autor inglés, nació en Londres, en la parroquia de St.
Michael, Cheapside, el 19 de octubre de 1605 y murió en Norwich el 19 de octubre de
1682.
Su padre era mercero en Upton, Cheshire, pero provenía de una buena familia. Por una
genealogía (impresa por Wilkin) en el Colegio de Arms, se sabe que su madre era Anna,
hija de Paul Garraway, de Lewes, Sussex. Su padre murió prematuramente; su madre, que
había recibido 3.000 libras como tercera parte de la propiedad de su esposo, se casó con Sir
Thomas Dutton y dejó a su pequeño hijo completamente bajo el cuidado de miserables
guardianes. Después de haber sido educado en Winchester College, Browne fue enviado a
principios de 1623 a Broadgate Hall (actual Pembroke College), Oxford. Se graduó el 31 de
junio de 1626 y obtuvo la maestría el 11 de junio de 1629. Centrando su atención en el
estudio de la medicina, ejerció durante algún tiempo en Oxfordshire; luego, abandonando
su práctica, acompañó a su padrastro (que ocupaba un puesto oficial) a Irlanda en una visita
a los fuertes y castillos. De Irlanda pasó a Francia e Italia; se quedó en Montpellier y Padua,
donde florecían las escuelas de medicina, y a su regreso a través de Holanda obtuvo
el doctorado en medicina en Leiden hacia 1633. Su nombre no se encuentra en la lista de
estudiantes de Leiden, pues el Thomas Browne que se graduó el 22 de agosto de 1644, debe
haber sido otra persona; pero el registro está en un estado defectuoso. Habiendo concluido
sus viajes, se estableció como médico en Shipden Hall, cerca de Halifax. En 1637 se mudó
a Norwich. Wood declara que fue inducido a dar este paso por las persuasiones del doctor
Thomas Lushington, anteriormente su tutor, luego rector de Burnham Westgate, Norfolk;
pero, según el autor de la vida prefijada a Posthumous Works, 1712, emigró por solicitud de
Sir Nicholas Bacon de Gillingham, Sir [o doctor] Justinian Lewyn y Sir Charles le Gros de
Crostwick. Probablemente ambas declaraciones son correctas. Unos pocos meses después
de haberse establecido en Norwich, Browne era doctor en medicina incorporado a Oxford
el 10 de julio de 1637. Su fama se estableció entonces, siendo 'muy solicitado por su
habilidad en medicina.' En 1641 se casó con Dorothy, cuarta hija de Edward Mileham de
Burlingham St. Peter, que dio a luz doce hijos (de los cuales un hijo y tres hijas
sobrevivieron a sus padres) y murió tres años después de su esposo. Whitefoot la describe
como 'una dama de simétrica proporción a su digno esposo, tanto en las gracias de su
cuerpo y mente, que parecían unirse por una especie de natural magnetismo.'
El famoso tratado Religio Medici fue publicado subrepticiamente en 1642. Fue
probablemente escrito en 1635, durante la residencia de Browne en Shipden Hall. Dice, en
el prefacio de la primera edición autorizada, publicado en 1643: 'Esto, lo confieso, hace
unos siete años, con algunos otros de afinidad, lo compuse en horas libres para mi ejercicio
privado y satisfacción.' En pt. i. § xli. dice: 'Todavía no he visto una revolución de Saturno,
ni mi pulso ha latido treinta años' y de nuevo, en pt. ii § xi., encontramos: 'Ahora mi vida es
un milagro de treinta años.' El manuscrito del autor pasó entre sus amigos privados, quienes
hicieron transcripciones frecuentes con más o menos imprecisión y por fin dos ediciones
subrepticias en octavo las imprimió Andrew Crooke en 1642. Hay dudas sobre cuál de estas
ediciones tiene derecho a la editio princeps. En 1643 apareció la primera edición
autorizada, con un prefacio, en el que Browne informa que había 'presentado al mundo una
copia completa de esa pieza, más imperfecta y subrepticiamente publicada antes.' Por
transcripción la obra se había 'corrompido sucesivamente hasta que llegó en una copia más
depravada a la imprenta.' Las alteraciones en la edición autorizada consisten principalmente
en correcciones de errores de texto, pero Browne también aprovechó para modificar varias
afirmaciones positivas. El tratado, en su aparición en 1642, inmediatamente llamó la
atención. Fue recomendado por el conde de Dorset a Sir Kenelm Digby, quien lo revisó en
un largo documento de Observations. Al saber que tales Observations se habían llevado a
la imprenta, Browne envió a Digby una cortés carta (fechada el 3 de marzo de 1642-3), en
la que declaraba que el tratado era indigno de tal reseña, que había sido ideado como un
ejercicio privado y que la edición subrepticia era corrupta; y concluía con una solicitud de
que las Observations no debían publicarse hasta que apareciera la edición autorizada. El 20
de marzo Digby respondió que al recibir la carta de Browne, había enviado de inmediato
instrucciones al impresor para no proceder con las Observations, que se juntaron
apresuradamente en una sentada, ocupando la lectura del tratado y la composición de
las Observations solo el espacio de veinticuatro horas. A pesar de las instrucciones de
Digby al impresor, las notas (pp. 124) se publicaron sin demora. El editor de la edición de
París (1644) de la traducción de Merryweather estaba convencido de que Browne, aunque
nominalmente protestante, era en realidad católico; pero las autoridades papales juzgaron lo
contrario y pusieron el tratado en el Index Expurgatorius. Samuel Duncon,
un cuáquero residente en Norwich, concibió la esperanza de inducir a Browne a unirse a la
Sociedad de Amigos. No es sorprendente que tal divergencia de opinión existiera con
respecto al significado de las especulaciones de Browne, pues el tratado parece haber sido
compuesto como un tour de force de agilidad intelectual, un intento de combinar el
escepticismo más atrevido con la fe implícita en la Revelación. Al principio del tratado el
autor dice que era 'naturalmente inclinado a ese celo equivocado denominado superstición'
y que 'nunca podría escuchar la campana del Ave María sin una elevación.' Después de
decir que suscribe los artículos y observa las constituciones de la Iglesia de Inglaterra,
agrega: 'En resumen, donde la Escritura calla, la Iglesia es mi texto; donde habla, es mi
único comentario; donde hay un silencio conjunto de ambas, no tomo las reglas de mi
religión de Roma o Ginebra, sino de los dictados de mi propia razón.' Desprecia las
controversias en materia de religión, afirmando que 'no tiene mancha ni tintura' de herejía;
tras lo cual anuncia que procede con evidente gusto por discutir lo que parecen absurdos en
la narrativa bíblica. En el curso del tratado dice mucho sobre él mismo. Profesa estar
absolutamente libre de prejuicios nacionales: 'Todos los lugares, todos los aires, me son un
país; estoy en Inglaterra en todas partes y bajo cualquier meridiano.' El único objeto que
excita su burla es la multitud, 'esa numerosa pieza de monstruosidad, que, tomados en
pedazos, parecen hombres y criaturas razonables de Dios, pero, confundidos juntos, hacen
solo una gran bestia y una monstruosidad más prodigiosa que la Hidra.' Por las penas de los
demás tiene presta simpatía, mientras está tan poco afligido por sus propios sufrimientos
que 'podría perder un brazo sin rasgadura y con algunos gemidos ser descuartizado en
pedazos.' Entiende seis idiomas, además del patois de varias provincias; ha visto muchos
países y estudiado sus costumbres y políticas; está bien versado en astronomía y botánica;
ha indagado en todos los sistemas de filosofía, pero no ha encontrado descanso en ninguno.
Como 'la muerte se da a cada tonto gratis', le parece absurdo enorgullecerse del
conocimiento que se gana en esta vida con sudor y disgusto. Como otros grandes hombres
de su tiempo, Browne creía en la influencia planetaria: 'En mi nacimiento mi ascendente era
el signo acuoso de Escorpio; nací en la hora planetaria de Saturno y creo tener un pedazo de
ese planeta plomizo en mí.' No está 'dispuesto a la alegría y entretenimiento de la
compañía', pero en un sueño puede componer toda una comedia. Discutiendo pausadamente
en esta vena de semi-seriedad caprichosa, de vez en cuando da rienda suelta a su
imaginación y encarna el pensamiento más elevado en abundante riqueza de lenguaje.
Al estallar las guerras civiles, sus simpatías estuvieron enteramente con los monárquicos.
Estuvo entre los 432 ciudadanos principales que en 1643 se negaron a contribuir al fondo
para recuperar la ciudad de Newcastle, pero no hay evidencia que demuestre que dio
asistencia activa a la causa del rey. Su gran obra, Pseudodoxia Epidemica, or Enquiries
into very many received tenets and commonly presumed truths, which examined prove but
Vulgar and Common Errors, apareció en 1646. Para la composición de este tratado, que
contiene una cantidad extraordinaria de saber e investigación, debe haber empleado muchos
años. En el prefacio se disculpa por haber realizado una obra con una mano que bien
merecía 'la conjunción de muchas cabezas.' Sabe lo difícil que es erradicar las preciadas
creencias de las mentes de los hombres, pero no se desespera por ganar una audiencia
favorable. Su empleo profesional ha sido a la vez un obstáculo y una ventaja en la búsqueda
de sus investigaciones; porque aunque los médicos son guiados en el curso de su práctica
profesional en el descubrimiento de muchas verdades, no tienen tiempo para organizar sus
materiales o los hacen 'infalibles experimentos y esas determinaciones aseguradas que el
tema a veces requiere.' Originalmente había decidido publicar su tratado en latín, pero
considerando que sus compatriotas, especialmente la 'ingenua nobleza', habían
precisamente solicitado sus servicios, abandonó su intención y escribió en inglés. No
obstante, los lectores deben estar preparados para encontrar el estilo un poco difícil; el
neologismo es inevitable en tales investigaciones; además, el escritor no se dirige a los
muchos analfabetos, sino a los pocos discernidores. Para los lectores modernos Vulgar
Errors presenta un arsenal inagotable de entretenimiento. El logro de la verdad científica no
era para Browne el único objeto; es en la discusión misma que se deleita y cuanto más
maravillosa es una fábula, con más ahínco se aplica a la investigación de su verdad.
Aunque profesaba su deseo de disipar las supersticiones populares, Browne mismo creía en
la astrología, la alquimia, la brujería y la magia y nunca abandonó el sistema ptolemaico de
astronomía. El asunto puede quizás haber sido sugerido por una indicación en el capítulo
de Bacon sobre los 'Ídolos del Entendimiento'. Tanto en su país como en el extranjero, el
tratado atrajo la atención inmediata. En 1652 Alexander Ross publicó Arcana
Microcosmi... with a refutation of Dr. Browne's "Vulgar Errors", the Lord Bacon's
"Natural History", and Dr. Harvey's Book "De Generatione", "Comenius" and others, &c.,
en el que muestra una divertida persistencia en la defensa de las más absurdas
supersticiones. John Robinson, vecino de Browne y médico, realizó algunas anotaciones de
simpatía sobre Vulgar Errors en su Ventilatio Tranquilla anexado a Endoxa, 1656. Isaac
Gruter propuso traducir el tratado de Browne al latín y le mandó cinco cartas (conservadas
en Rawlinson MS. D. 391) sobre el tema, pero la traducción nunca se realizó.
La fama de Browne por su conocimiento enciclopédico está firmemente establecida, siendo
su ayuda solicitada frecuentemente por académicos comprometidos en investigaciones
científicas o anticuarias. La mayor parte de su correspondencia ha perecido, pero queda
suficiente para demostrar que no ahorró tiempo ni esfuerzo para responder a consultas que
se le hicieron. Uno de sus primeros corresponsales fue el doctor Henry Power, posterior
destacado médico de Halifax, a quien dirigió en 1647 una carta de consejo sobre el método
a seguir en el estudio de la medicina. Existe una carta de Power a Browne, con fecha del 15
de septiembre de 1648, desde Christ College, Cambridge, en la que expresa el deseo de
residir durante un mes o dos en Norwich para tener la ventaja de la guía personal de
Browne, pues en Cambridge 'hay tan pocas ayudas' que teme que 'solo hará un progreso
demorado.' Otro de sus corresponsales fue Theodore Jonas, un ministro luterano que residía
en Islandia, el cual venía anualmente a Inglaterra y, en agradecimiento por algunas
indicaciones profesionales contra la lepra, nunca antes de su regreso dejó de visitar a
Browne en Norwich. Sir Hamon L'Estrange, de Hunstanton, igualmente celoso como
naturalista y como parlamentario, mostró su admiración por Browne enviándole en enero
de 1653-4 ochenta y cinco páginas del manuscrito Observations on the
Pseudodoxia (conservado en Sloane MS. 1839). Su consejo lo buscó en 1655 un botánico
de reputación, William How, quien, después de servir como oficial en un regimiento de
caballería monárquica, se había establecido como médico, primero en Lawrence Lane, y
luego en Milk Street. Por la muerte de Joseph Hall, obispo de Norwich, en septiembre de
1656, Browne fue privado de un querido amigo. Asistió al obispo en su última enfermedad.
En 1658 Browne entró en correspondencia con John Evelyn y William Dugdale.
En 1658 apareció Hydriotaphia. Urn Burial; or a Discourse of the Sepulchral Urns lately
found in Norfolk y The Garden of Cyrus; or the Quincuncial Lozenge, net-work plantations
of the Ancients, artificially, naturally, mystically considered. El primer tratado va dedicado
a Thomas Le Gros de Crostwick; el segundo a Sir Nicholas Bacon de Gillingham.
En Hidriotaphia, Browne discute con gran saber las costumbres funerarias que han existido
en varios países en diferentes momentos. Hace más de una cita de Dante; fue uno de los
pocos hombres de su tiempo que había leído el Inferno. El capítulo concluyente es una
solemne homilía sobre la muerte y la inmortalidad, insuperable en literatura por la majestad
sostenida de elocuencia. Lamb fue un admirador entusiasta de Hidriotaphia. Garden of
Cyrus es el más fantástico de los escritos de Browne. Comenzando con el jardín del Edén,
traza la historia de la horticultura hasta la época del persa Ciro, a quien se le atribuye haber
sido el primero en plantar un quincunce, aunque Browne descubre la figura en los jardines
colgantes de Babilonia y supone que estuvo en uso desde la más remota antigüedad. La
consideración de un acuerdo quincuncial en la horticultura lo lleva a una disquisición sobre
las propiedades místicas del número cinco. Encuentra (en palabras de Coleridge)
'quincunces en el cielo arriba, quincunces en la tierra abajo, quincunces en la mente del
hombre, quincunces en los tonos, en los nervios ópticos, en las raíces de árboles, en las
hojas, en todo.' Al final de Garden of Cyrus, Browne insertó una nota renunciando a la
autoría de un libro llamado Nature's Cabinet unlocked, que había sido publicado con
descaro bajo su nombre.
Browne se interesó mucho en la educación de sus hijos. Su hijo mayor fue Edward.
Thomas, el segundo, fue enviado en 1660 a la edad de catorce años, sin acompañante, a
viajar por Francia Entre los Rawlinson MSS. (D. 391) hay transcripciones hechas por
Elizabeth Lyttleton de cartas escritas por Browne para 'el honesto Tom' (como dice siempre
la dirección), entre diciembre de 1660 y enero de 1661-2. Parece haber habido una
comprensión perfecta entre padre e hijo. El joven se unió a la marina en 1664 y tuvo una
breve pero brillante carrera. Desaparece a partir de 1667. Existen dos de sus cartas a su
padre, escritas en mayo de 1667, que demuestran haber sido un hombre de logros
académicos, así como un galante oficial. Browne apreció el recuerdo de su hijo perdido y a
menudo alude a él en cartas de años posteriores. Whitefoot afirma que dos de las hijas de
Browne fueron enviadas a Francia, pero no hay relato de sus viajes. En 1669, la hija de
Browne, Anne, se había casado con Edward Fairfax, nieto de Thomas, lord vizconde
Fairfax. Ella y su esposo pasaron la Navidad de 1669 bajo el techo de su padre y la visita
fue prolongada o se repetió, pues los registros de St. Peter, Norwich, contienen entradas del
nacimiento y entierro de su primer hijo, Barker Fairfax, el 30 de agosto y el 5 de septiembre
de 1670.
Una ilustración práctica de la creencia de Browne se da en 1664, cuando Amy Duny y Rose
Cullender fueron procesadas por brujería ante Sir Matthew Hale en Bury St. Edmunds.
Browne, quien estaba en la corte en el momento del juicio, habiendo sido solicitado por el
lord barón para dar su opinión sobre el caso, declaró 'que los ataques fueron naturales, pero
aumentados por los demonios cooperando con la malicia de las brujas, a cuya instancia
cometieron las villanías'; y mencionó algunos casos similares que habían ocurrido
recientemente en Dinamarca. Se supone que esta opinión ayudó no poco a procurar la
condena de las mujeres.
En diciembre de 1664, Browne fue admitido como socius honorarius del Colegio de
Médicos, recibiendo su diploma el 6 de julio de 1665. En 1666 presentó a la Royal Society
algunos huesos fósiles encontrados en Winterton en Norfolk. Dos años después envió algo
de información sobre la historia natural de Norfolk al doctor Christopher Merrett, quien
estaba contemplando una tercera y ampliada edición (que nunca apareció) de su Pinax
Rerum Naturalium Britannicarum. También prestó una serie de dibujos a color a Ray,
quien reconoció en sus ediciones de Ornithology e Ichthyology de Willoughby, la ayuda
que había recibido de Browne, pero no se molestó en devolver los dibujos.
El 28 de septiembre de 1671, Carlos II hizo una visita a Norwich. Estaba ansioso por
conferir la dignidad de caballero como memorial de la visita a uno de los principales
habitantes. Cuando el alcalde declinó el honor, Browne fue nombrado caballero. A
principios de octubre Evelyn, quien se hospedaba en Euston como invitado del conde de
Arlington, se dirigió con Sir Thomas Clifford para unirse a la facción real en Norwich. Su
principal deseo era ver a Browne, habiendo dejado un breve pero interesante relato de una
visita que le hizo a 'ese famoso erudito y médico.' Encontró que la casa y jardín eran 'un
paraíso y gabinete de rarezas, y con las mejores colecciones, especialmente medallas,
libros, plantas y cosas naturales.' Prestó especial atención a la extensa colección de huevos
de ave de Browne. Después de inspeccionar las rarezas, fue conducido por la ciudad por
Browne, quien le señaló lo que era digno de observación. Al año siguiente Browne dio
testimonio personal (en una nota fechada el 20 de julio de 1672) de la maravillosa
precocidad de William Wotton. Compartió en marzo de 1672-3 con Anthony à Wood a
través de Aubrey algunas noticias sobre su ex-tutor, el doctor Lushington, y otros; también
algunos datos biográficos sobre sí mismo. Al responder a las preguntas de Elias Ashmole
respecto al doctor John Dee, envió una curiosa información que él había extraído del hijo
del alquimista, el doctor Arthur Dee, él mismo un firme creyente en la alquimia, que había
residido en Norwich durante muchos años.
Browne no publicó nada después de 1658, pero parece haber tenido la intención de
recopilar sus tratados manuscritos dispersos para publicarlos. En la nota biográfica de sí
mismo que envió a través de Aubrey a Wood, dice que tenía 'algunos "tratados variados"
que podían ser publicados'. Al final de su vida continuó haciendo observaciones y
experimentos. Su última carta existente a su hijo Edward fue escrita el 16 de junio de 1682.
Es una chismosa carta relativa a su hija Elizabeth, que se casó con el capitán George
Lyttleton y se estableció en Guernsey. El doctor Edward Browne escribió el 3 de octubre
para pedirle a su padre que pensara en algunos medicamentos efectivos a bajo costo para el
hospital. Unos días después, Browne tuvo un fuerte cólico, a consecuencia del cual murió.
Fue enterrado en la iglesia de St. Peter Mancroft en Norwich, donde un monumento mural
fue erigido en su memoria por su viuda. En agosto de 1840, mientras algunos trabajadores
estaban cavando una bóveda en el presbiterio de la iglesia, su tapa del ataúd se rompió por
un golpe de un pico. Se descubrió que los huesos estaban en buena conservación y el fino
cabello castaño no había perdido su frescura (Proceedings of the Archaeological Institute,
1847). En el ataúd de bronce se encontró una curiosa inscripción (quizás escrita por su hijo)
que suministró materia para una controversia anticuaria. Su cráneo está guardado en una
vitrina en el museo en el hospital de Norwich.
Browne dejó una considerable propiedad, tanto real como personal. El 2 de diciembre de
1679 preparó un testamento, por el cual dispuso una amplia provisión para su viuda y sus
dos hijas solteras, Elizabeth y Frances. Elizabeth se casó algún tiempo antes de su muerte
con el capitán Lyttleton. A pedido de Dorothy Browne 'algunas minutas para la vida de Sir
Thomas Browne' fueron elaboradas por su viejo e íntimo amigo el reverendo John
Whitefoot, rector de Heigham. En estas Minutas se dice que la estatura de Browne 'era
moderada y la compostura del cuerpo ni gruesa ni delgada, sino eusarkos.' Era sencillo en
su indumentaria y su modestia 'era visible en su sonrojo habitual natural, que se
incrementaba a la menor ocasión y se mostraba muchas veces sin alguna causa observable.'
Asistía a la iglesia muy regularmente y leía los mejores sermones, pero no tenía gusto por
la teología controversial. Era generoso 'en las distracciones de su casa y en su caridad.'
Suscribió la construcción de una nueva biblioteca en Trinity College, Cambridge. Kennet
registra otro ejemplo de su generosidad en que aportó 130 libras para las reparaciones de
Christ Church, Oxford. De Rawlinson MS. D. 391 se sabe que dio 12 libras 'para la
construcción de una nueva escuela en el colegio cerca de Winton.'
Después de la muerte de Browne se publicaron varios escritos suyos. En 1684 apareció una
colección de Miscellany Tracts, bajo edición del arzobispo Tenison, quien declara en el
prefacio que los 'seleccionó de muchos papeles desordenados y los dispuso en tal método
como fue capaz de hacer.' Estos tratados consisten principalmente de cartas en respuesta a
consultas de corresponsales. Una copia que perteneció a Wilkin contiene una nota
manuscrita de Evelyn: 'La mayoría de estas cartas van dirigidas a Sir Nicholas Bacon.' Los
contenidos son: Observations upon several Plants mentioned in Scripture; Of Garlands
and Coronary or Garland Plants; Of the Fishes eaten by our Saviour with his Disciples
after his Resurrection from the Dead; An Answer to certain Queries relating to Fishes,
Birds, and Insects; Of Hawks and Falconry, ancient and modern; Of Cymbals, &c.; Of
Ropalic or Gradual Verses, c.; Of Languages, and particularly of the Saxon Tongue; Of
Artificial Hills, Mounts, or Burrows in many parts of England; Of Troas, &c. 11; Of the
Answers of the Oracle of Apollo at Delphos to Croesus, King of Lydia; A Prophecy
concerning the Future State of several Nations; Musseum Clausum, or Bibliotheca
Abscondita, un fantasioso jeu d'esprit, sugerido (como Warburton supuso) por el catálogo
de los libros de Rabelais en la biblioteca de St. Victor. Estos tratados fueron republicados
en el folio de 1686 de las obras de Browne. La elegante y solemne Letter to a Friend upon
occasion of the death of his intimate friend, fue publicada en 1690 como un folleto en folio
por el doctor Edward Browne. Se cierra con una serie de máximas que reaparecen con
ligeras variaciones en Christian Morals. En 1712 apareció Posthumous Works of the
learned Sir Thomas Browne, knt., M.D., late of Norwich: printed from his original
manuscripts. El volumen se abre con una corta biografía de Browne, a la que se
anexó Minutes de Whitefoot y el diploma otorgado a Browne por el Colegio de Médicos
cuando fue elegido socius honorarius. Las obras misceláneas abarcan: An Account of
Island, alias Iceland, in the year 1662; Repertorium, or some Account and Monuments in
the Cathedral Church of Norwich; Concerning some Urnes found in Brampton Field,
Norfolk, ann. 1667; Some Letters which pass'd between Mr. Dugdale and Dr. Browne, ann.
1658; una carta Concerning the too nice curiosity of censuring the Present or judging into
Future Dispensations; una nota Upon reading Hudibras; A Letter to a Friend, &c. La
primera edición de Christian Morals la publicó en 1716 el archidiácono Jeffery. Se supone
que este tratado fue pensado como una continuación de Religio Medici.
Los manuscritos de Browne y de su hijo y nieto, los doctores Edward Browne y Thomas
Browne, fueron vendidos después de la muerte del nieto. La mayoría de ellos los compró
Sir Hans Sloane y ahora están conservados en Sloane MSS. 1825-1923. Entre ellos
están: Account of Birds, Fish, and other Animals found in Norfolk; Oratio Anniversaria
Harveiana; On the Ostrich; On Dreams; Observations on Grafting; Hints and Extracts; De
Enecante Garrulo, un pintoresco espécimen de invectiva humorística.
LA RELIGIÓN DE UN MÉDICO y EL ENTERRAMIENTO EN URNAS
Sir Thomas Browne
Nota previa, traducción y epílogo de Javier Marías
Reino de Redonda
Barcelona, primera edición septiembre 2002
356 páginas
Este quinto volumen del reino de Redonda está dedicado
in memoriam a W G Max Sebald (1944-2001),
Duke of Vértigo y amigo invisible, que escribió extraordinarias
páginas sobre Sir Thomas Browne y encontró la muerte
inesperada en un camino de Norfolk,
no lejos de las enterradas y desenterradas urnas
EL EDITOR
.
ÍNDICE
Nota del traductor por Xavier Marías
Cronología
RELIGIO MEDICI (LA RELIGIÓN DE UN MÉDICO), por Sir Thomas Browne
HYDRIOTAPHIA (EL ENTERRAMIENTO EN URNAS) por Sir Thomas
Browne
DE LOS SUEÑOS, por Sir Thomas Browne
Notas
APÉNDICES
Apéndice I El apócrifo apócrifo por Javier Marías
Apéndice II Imágenes redondinas V
Apéndice III La Redonda de M P Shiel y John Gawsworth
Apéndice IV La Redonda de Jon Wynne-Tyson
Apéndice V La Redonda de Xavier Marías
.
Nota del traductor
El caso de Sir Thomas Browne es singular y no muy fácil de comprender si no se
ha leído y saboreado: su vida, lejos de resultar llamativa, fue de una sobriedad
exasperante, y sin embargo el célebre Doctor Johnson le dedicó una biografía
apasionada (Life of Sir Thomas Browne, 1756); su pensamiento era asistemático,
irregular, intuitivo, fluctuante, endeble en algunos aspectos, y sin embargo su obra
ha suscitado violentas disputas y controversias -amén de constantes citas- entre los
escritores ingleses a lo largo de trescientos años; sus temas fueron tan amplios
como vacilantes y dispersos, nunca tratados con método ni exhaustivamente,
enfocados siempre con cierta solemnidad excesiva, algo ingenua incluso para su
época, y sin embargo nadie niega que a él se deben algunos de los párrafos e ideas
más sobresalientes y profundas que jamás se hayan escrito sobre la muerte y la
inmortalidad, Dios y la religión, el tiempo, la antigüedad, la perduración en la
memoria de los hombres y el olvido; finalmente -y en lo que respecta a nuestra
lengua-, nadie se ha ocupado de traducir sus escritos al castellano hasta hoy, y sin
embargo, en 1944 apareció en la revista Sur el quinto capítulo de su Hydrotaphia:
la molestia se la habían tomado dos escritores notables, Jorge Luis Borges y
Adolfo Bioy Casares, quienes consideraban ese fragmento una de las cumbres de
la literatura inglesa (véase nota 264 de la presente edición de Hydriotaphia) (Sur,
núm. 111, enero de 1994).
Browne vive desde hace tres siglos en un terreno difuso, oscilando entre la
presencia -más que el recuerdo- y el olvido. ¿Qué tuvo esta figura para merecer
tan extraña y limítrofe suerte? El mérito y la culpa de Browne son una cuestión de
estilo. Walter Pater lo calificó de "inigualable"; Lytton Strachey lo llamó "la
inspiración de la técnica pura" y lo comparó con los de Shakespeare y Pope, "los
más grandes maestros del arte perfeccionado"; Cyril Connolly lo juzgó creador del
ornamento en la hasta entonces plana prosa británica. Y, en efecto, si leemos su
confesión sobre la religión del hombre de ciencia (Religio Medici), o su reflexión
sobre las urnas funerarias de los antiguos (Hydriotaphia), o incluso sus páginas
acerca de los sueños (On Dreams), lo que sobre todo encontramos es algo que con
anterioridad escaseaba en la prosa inglesa y que en la francesa, por ejemplo, sólo
existía desde Montaigne, con el que Browne está tan emparentado: estilo.
Todavía en el siglo XVII inglés la prosa se consideraba un mero vehículo
transmisor de opiniones y pensamientos, y, a diferencia de lo que ocurría con la
poesía (o, mejor dicho, el verso), apenas se creía que pudiera haber arte en ella.
Por eso la de Browne supuso toda una revolución en su momento. Influido por la
dicción elegante y oscura de los historiadores romanos tardíos (sobre todo Amiano
Marcelino y Tácito), el estilo de Browne es tan avasallador que hace que su obra
sea, más que nada, un monumento literario en sí mismo. Esa es una de las razones
por las que con frecuencia ha sido tomado como caballo de batalla entre los
partidarios de la expresión clara y directa y los entusiastas de la exuberancia
(Strachey afirmaba que a Browne había que leerlo -siempre en voz alta- bogando
por el Eúfrates, junto a las costas de Arabia, en Constantinopla o entre las garras
de una esfinge).
Y por eso se lo ha acusado tanto de vacuidad y pomposidad, al resultar difícil
extraer un resumen de su pensamiento entre la selva de palabras cultas,
neologismos, anacolutos intencionados o involuntarios, verbos desplazados de
lugar, oraciones de relativos alejadísimas de su sujeto, párrafos largos y
grandiosos, sintaxis enrevesada y latinizante y nobilitas general en que
-pobremente- podríamos decir que consiste su estilo.
La única manera de traducir a semejante autor es atreverse a tanto como él (y, a
diferencia del narrador del cuento de Borges "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" -que
habría de traducir Hydriotaphia-, procurar olvidarse de la existencia de un
Quevedo en nuestra lengua). Por eso he respetado al máximo las arbitrariedades,
el rebuscado léxico, la violentada sintaxis, la pompa, las piruetas, la dispersión, las
incongruencias e incluso algunas de las incorrecciones de la prosa de Sir Thomas
Browne, en la confianza de que una cierta dilación por parte del lector en el
acostumbramiento a ese extravagante estilo pueda quedar compensada por una
más cabal transmisión de su arte perfeccionado". Y aunque una de las principales
características, la exuberancia léxica, se vea muy atenuada en castellano (Browne
prefería con mucho los vocablos de raíz latina a sus equivalentes de origen
anglosajón, y no es lo mismo leer en su texto
inglés noctambuloes, corpulency, improperations o beneplacit que en uno
castellano noctámbulos, corpulencia, improperios o beneplácito), no he dudado,
sin embargo, en mantener palabras tan cultas, en desuso o dudosas
como arefacción, diuturnidad o valedicción.
Las ediciones empleadas en la presente traducción son las siguientes:
Religio Medici, Hydriotaphia and The Garden of Cyrus, ed. R H A Robbins,
Oxford, Oxford University Press, 1972.
The Major Works, ed. C A Patrides, Harmondsworth, Penguin Books, 1977.
Selected Writings, ed. Sir Geoffrey Keynes, Londres, Faber and Faber, 1968.
The Works of Sir Thomas Browne (3 vols.), ed. Charles Sayle, Londres-
Edimburgo, Grant Richards-John Grant, 1904-1907.
Religio Medici 1643 (edición facsímil), Menston, Scolar Press Limited, 1970.
Las dos primeras (a cargo de Robbins y Patrides) me han sido de enorme utilidad
para la redacción de las notas a esta edición, señaladas con números árabes y
agrupadas al final del volumen, o con asteriscos y a pie de página (mientras que
las del propio Browne llevan números romanos y van siempre a pie de página):
tan útiles que casi me parece una apropiación indebida hacerme responsable de
tales notas (quede malamente justificado el atropello por el hecho de que algunas
sean indefectiblemente mías).
También durante la traducción del Capítulo V de Hydriotaphia, consulté de vez en
cuando la ya mencionada versión que de ese fragmento publicaron Jorge Luis
Borges y Adolfo Bioy Casares hace más de cuarenta años. Fue para mi deleite y
fue para mi instrucción. Fue para darme cuenta de que es tan hermosa como
inexacta.
XAVIER MARÍAS
1985
Ride si sapis
Lema del Reino de Redonda
Cronología
1605
El 19 de octubre nace Browne, tercer hijo y primer varón del caballero mercero
Thomas Browne, en la parroquia de St Michael, en Cheapside, Londres.
1613
Muere el padre de Browne. Su madre, tal vez en 1614, se casa en segundas
nupcias con Sir Thomas Dutton.
1616
Admitido en Winchester College.
1623
Se matricula en Broadgates Hall, Oxford (Pembroke College a partir de 1624).
1626
Obtiene el título de Bachelor of Arts en Oxford.
1629
Obtiene el título de Master of Arts en Oxford. Visita Irlanda.
1630
Sale de Inglaterra para estudiar en Montpellier, Padua y Leyden.
1633
Obtiene el título de Médico (doctor en Medicina, MD) en Leyden. Comienza su
aprendizaje en Oxfordshire.
1637
Doctor en Medicina por Oxford. Se establece en Norwich (Norfolk).
1641
Se casa con Dorothy Mileham.
1642
Primera y segunda ediciones no autorizadas de Religio Medici. Nace su
primogénito Edward, primero de doce hijos.
1643
Se publican, en respuesta a Religio Medici, Observations upon Religio Medici, de
Sir Kenelm Digby. Primera edición autorizada de dicho texto de Browne.
1645
Alexander Ross ataca Religio Medici en su texto Medicus Medicatus.
1646
Primera edición de la obra más extensa de Browne, Pseudodoxia
Epidemica (ediciones revisadas en 1650, 1658, 1659 y 1672).
1658
Publicación, en un solo volumen, de Hydriotaphia y The Garden of Cyrus.
1664
Elegido Miembro Honorario del Real Colegio de Médicos.
Testifica en un proceso por brujería contra dos muchachas, Amy Duny y Rose
Cullender, en Bury St Edmunds.
1667
Edward, el hijo mayor de Browne, inicia sus estudios de Medicina en Oxford.
1671
Nombrado Sir por el rey Charles II en Norwich.
1682
Muere el 19 de octubre, el día que cumplía setenta y siete años. Póstumamente su
publican sus obras Certain Miscellany Tracts (1684), A Letter to a
Friend (1690), Posthumous Works (1712), Christian Morals (1716) y algunos
opúsculos menores.
Al lector
Sin duda sería codicioso de vida el hombre que deseara vivir cuando el mundo
tocara a su fin, y muy poca entereza habría por fuerza de tener quien de la muerte
se lamentara en presencia de cuantas cosas la padecen. Si por culpa de la imprenta
no hubiera sufrido ya casi todo mortal, o si su tiranía no se hubiera hecho
universal, no me habrían faltado motivos de queja; pero en estos tiempos en que
yo he vivido para asistir a la más flagrante manipulación de ese invento excelente
-el nombre de Su Majestad difamado; el honor del Parlamento desvirtuado; los
escritos de ambos impresos de modo tergiversador, intempestivo, falseado- las
quejas personales pueden parecer ridículas, y ya pueden los hombres de mi
condición sentirse tan incapaces de cometer una afrenta como desesperanzados de
verla reparada. Y en verdad que si las obligaciones que tengo para con la
insistencia de los amigos, y la pleitesía que debo siempre rendirle a la verdad no
hubieran prevalecido en mi interior, mi talante inactivo podría haber hecho algo
perpetuo de tales sinsabores; y el tiempo, que va iluminando otros asuntos, me
habría aplacado con el remedio de su olvido. Pero como no sólo se imprimen
cosas evidentemente falsas, sino que muchas verdaderas se presentan falsamente,
en esto último no he podido por menos de considerarme involucrado y afectado;
pues aunque no está en nuestra mano enmedar lo primero, sin embargo, al
depender de nosotros mismos la reparación de lo segundo, ofrezco ahora al mundo
una versión completa y deliberada de esa pieza que con anterioridad se publicó de
la manera más inexacta y subrepticia que imaginarse pueda.
Confieso que esta pieza la había yo compuesto hace unos siete años, junto con
algunas otras que le son afines, para ejercicio y satisfacción personales en mis
ratos libres; por serle comunicada a una persona, acabó siendo del dominio de
muchas, y en sucesivas transcripciones se la fue corrompiendo hasta que llegó a la
imprenta en una versión enormemente alterada. Quien examine esa obra
atentamente, y advierta en ella diversas peculiaridades y expresiones muy
personales, se percatará con facilidad de que sus miras no eran públicas; y de que,
tratándose de un ejercicio de carácter privado destinado a mí mismo, lo que en él
se expone era más una memoria para mi propio uso que una pauta o una regla para
los demás; y de que si hay en él, por tanto, alguna singularidad que se corresponda
con las ideas concretas de cualquier hombre, no las supera; o si la hay que disienta
de ellas, en modo alguno las desautoriza y echa por tierra. Dicha obra fue escrita
en un lugar tal, y en condiciones tan desventajosas y precarias, que, lo aseguro
solemnemente, desde que la pluma se puso a rasgar el papel hasta que cesó de
hacerlo no dispuse de la ayuda de ningún buen libro con el que estimular mi
inventiva o aliviar mi memoria; y en consecuencia podría contener numerosos y
auténticos deslices que quizá otros ya advirtieron, y desde luego más de los que yo
mismo sospechaba. Fue redactada hace muchos años, y manifestaba mis ideas de
entonces, que no constituyen ley inmutable para mi juicio en general, el cual sigue
desarrollándose en todo momento; y, por tanto, podría haber, en dicha pieza,
muchas cosas plausibles según mis antiguas convicciones que ya no resulten
conformes con mi yo actual. Hay muchas cosas expuestas de manera retórica,
muchas expresiones meramente trópicas que sin embargo ilustraban del modo más
justo mis ideas; y en consecuencia hay también muchas cosas que deben tomarse
en un sentido laxo y flexible y no ser sometidas al rígido examen de la razón.
Finalmente, cuanto se halla contenido en dicha obra está sujeto a la opinión de
discernimientos más maduros, y, como ya he declarado, sólo seguiré
suscribiéndolo en la medida en que los juicios más respetables e ilustrados lo
sancionen con su autoridad; en favor de cuyas consideraciones he hecho público
su secreto y puesto su verdad a disposición de los lectores generosos y
magnánimos.
THOMAS BROWNE
LA RELIGIóN DE UN MéDICO | EL ENTERRAMIENTO EN URNAS (LOS MEJORES
CLáSICOS)
Sir Thomas Browne
0
Fragmento
Nota del traductor
El caso de Sir Thomas Browne es singular y no muy fácil de comprender si no se lo
ha leído y saboreado: su vida, lejos de resultar llamativa, fue de una sobriedad
exasperante, y sin embargo el célebre Doctor Johnson le dedicó una biografía
apasionada (Life of Sir Thomas Browne, 1756); su pensamiento era asistemático,
irregular, intuitivo, fluctuante, endeble en algunos aspectos, y sin embargo su obra
ha suscitado violentas disputas y controversias —amén de constantes citas— entre
los escritores ingleses a lo largo de trescientos años; sus temas fueron tan amplios
como vacilantes y dispersos, nunca tratados con método ni exhaustivamente,
enfocados siempre con cierta solemnidad excesiva, algo ingenua incluso para su
época, y sin embargo nadie niega que a él se deben algunos de los párrafos e ideas
más sobresalientes y profundas que jamás se hayan escrito sobre la muerte y la
inmortalidad, Dios y la religión, el tiempo, la antigüedad, la perduración en la
memoria de los hombres y el olvido; finalmente —y en lo que respecta a nuestra
lengua—, nadie se ha ocupado de traducir sus escritos al castellano hasta hoy, y sin
embargo, en 1944 apareció en la revista Sur el quinto capítulo de su Hydriotaphia: la
molestia se la habían tomado dos escritores notables, Jorge Luis Borges y Adolfo
Bioy Casares, quienes consideraban ese fragmento una de las cumbres de la
literatura inglesa (véase nota 264 de la presente edición de Hydriotaphia), (Sur, núm.
111, enero de 1944).
Browne vive desde hace tres siglos en un terreno difuso, oscilando entre la presencia
—más que el recuerdo— y el olvido. ¿Qué tuvo esta figura para merecer tan extraña
y limítrofe suerte? El mérito y la culpa de Browne son una cuestión de estilo. Walter
Pater lo calificó de «inigualable»; Lytton Strachey lo llamó «la inspiración de la
técnica pura» y lo comparó con los de Shakespeare y Pope, «los más grandes
maestros del arte perfeccionado»; Cyril Connolly lo juzgó creador del ornamento en
la hasta entonces plana prosa británica. Y, en efecto, si leemos su confesión sobre la
religión del hombre de ciencia (Religio Medici), o su reflexión sobre las urnas
funerarias de los antiguos (Hydriotaphia), o i