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Doctrina Social y Nueva Evangelización

Este documento resume el discurso de Mons. Mario Toso en el IV Encuentro de la Red Latinoamericana y del Caribe de Pensamiento Social de la Iglesia en Buenos Aires. Mons. Toso destaca los desafíos que enfrenta la doctrina social de la Iglesia en este tiempo de cambio, e insta a los participantes a evangelizar lo social de manera eficaz y unida. También resalta la importancia de formar conciencias éticas y dar respuestas a las preguntas fundamentales del ser humano.

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Doctrina Social y Nueva Evangelización

Este documento resume el discurso de Mons. Mario Toso en el IV Encuentro de la Red Latinoamericana y del Caribe de Pensamiento Social de la Iglesia en Buenos Aires. Mons. Toso destaca los desafíos que enfrenta la doctrina social de la Iglesia en este tiempo de cambio, e insta a los participantes a evangelizar lo social de manera eficaz y unida. También resalta la importancia de formar conciencias éticas y dar respuestas a las preguntas fundamentales del ser humano.

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IV ENCUENTRO DE LA RED LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE

DE PENSAMIENTO SOCIAL DE LA IGLESIA (REDLAPSI)


Buenos Aires, Argentina.
4-6 Nov. 2012

La Doctrina Social de la Iglesia


y la Nueva Evangelización de lo Social
S.E.R. Mons. Mario Toso sdb.
Secretario del Pontificio Consejo «Justicia y Paz»

1. SOBRE EL CAMBIO DE ÉPOCA Y LA ESPERANZA CRISTIANA

El mensaje de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) se enfrenta con muchos y complejos


desafíos en esta época hipermoderna. Por doquier se habla del “cambio de época” al que
estamos asistiendo y que algunos han analizado de manera por demás interesante y atractiva.
Pero no es sólo la Doctrina Social de la Iglesia la que está emplazada a dar lo mejor de sí,
también la Iglesia y, por tanto, el testimonio cristiano en el mundo, en el que está llamado a
ser “fermento en la masa”. Pero siempre ha sido así, en todas las etapas de la historia el
cristianismo ha enfrentado situaciones de adversidad, de prueba, de acrisolamiento. Por
tanto, no debemos desanimarnos, sino por el contrario, debemos recordar la promesa del
Maestro, de estar siempre presente hasta el fin de los tiempos.

No cabe duda que el mundo que nos tocó vivir es fascinante. En nuestros días, hasta los
niños pueden constatar el progreso científico y tecnológico y su gran difusión social. El
avance tecnológico y científico asombrosamente va siendo perfeccionado cada vez más y
gracias a él, podemos intentar hacer más fácil y saludable la vida de las personas. A la vez,
poco a poco vamos venciendo ese binomio distancia-tiempo, ya que cada vez recorremos
más distancia en menos tiempo, viajamos y nos desplazamos a velocidades antes
inimaginadas, nos comunicamos en tiempo real a distancia de miles de kilómetros y a bajo
costo, mientras que la interdependencia entre pueblos y naciones es una realidad que
promete más de lo que ha dado hasta ahora, pues los grandes desajustes mundiales,
traducidos en injusticias y desequilibrios, están también a portada de mano. No es el peor de
los mundos el que nos tocó vivir, pero hay realidades ante las cuales un cristiano no puede
quedar inerme.

1
Las técnicas e instrumentos de comunicación que han facilitado la interconexión y las
llamadas “redes sociales” (facebook, twitter, etc.), están logrando cosas asombrosas para el
bien de la humanidad (la primavera árabe es sólo un ejemplo entre muchos otros). Y no
obstante todo, de la economía globalizada, de la red de mercados financieros globales, del
mundo de las telecomunicaciones y de la democracia misma, la humanidad parece esperar
aún más, y no estamos muy seguros que puedan dar más de sí. Muchas de estas realidades
han mostrado su caducidad, sus límites insalvables, sus aporías y desventajas. La humanidad
vive tiempos inciertos, complejos e interesantes, pero también llenos de oportunidades y
demandantes de esperanza.

Pero nos enfrentamos con un problema radical de profunda envergadura: la ciencia y la


tecnología, la economía global y la democracia, las redes sociales lo mismo que las
instituciones de portada global no han logrado dar respuesta a las preguntas más profundas
del ser humano. Esas cuestiones más fundamentales que hace ya casi 50 años señaló la
Gaudium et spes, en el no. 10: “¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de
la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las
victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede
esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?”

Todo cristiano, en lo personal y en lo comunitario, desde su individualidad o trabajando en


red como ustedes, debe poder dar razón de su esperanza a un mundo que no la tiene o que
fácilmente la pierde. Esperanza que ha de ser sostenida por la fe en Cristo, actuante desde la
caridad, operante con obras concretas y teniendo como destinatario central y preferencia a
los pobres de este planeta, que no son pocos.

Hemos hecho mucho y de ello damos gracias a Dios, también somos conscientes de que todo
ello no ha bastado en proporción a los retos que tenemos de frente. Es totalmente
insuficiente y debemos buscar la manera de ser más eficaces, más efectivos, más prácticos y
concretos, más dinámicos y proyectuales, ya que el contenido de nuestra fe no puede
quedarse en una narrativa del pasado sin proyección, en un discurso quedado y obsoleto que
no ofrece respuestas a la Iglesia y a la humanidad, sino que ha de llegar a convertirse en una
propuesta coherente que parta e integre los principios y valores de la DSI.

Por ello, tengo mucha esperanza en este Encuentro de la llamada RedLapsi, fundada en el
2010 en la Ciudad de México, y cuyos retos y oportunidades son los que nos convocan a esta
Ciudad de Buenos Aires, en Argentina, para llevar a cabo dos días intensos de trabajo

2
analítico proyectual, propositivo y práctico para contribuir a Evangelizar lo social, con el
impulso del magisterio social pontificio, particularmente de la Caritas in veritate (CIV), y de
las reflexiones que se desarrollaron ahora en el Sínodo de Obispos que trató de la Nueva
Evangelización.

A este punto quiero decir, o recordar, que la Iglesia espera mucho de América Latina, pues a
pesar de todo, este continente en su mayoría de habla hispana y portuguesa, es una de las
principales reservas de la Iglesia, cuya dinámica hace palidecer a otras latitudes, en donde la
Iglesia se ha envejecido y ha perdido fuerza, impulso y vitalidad. Los problemas de la
Iglesias en América latina son otros, pero la Iglesia finca una buena parte de sus esperanzas
en lo que de estas tierras pueden aportar para el futuro de la evangelización. Así que los
animo a seguir, pues estoy consciente que no todo es fácil, que la misma RedLapsi ha
enfrentado problemas y que sus centros de Doctrina Social de la Iglesia no están exentos de
pruebas, de desgastes e incomprensiones, no sólo de la sociedad en la que están inmersos,
sino muchas veces también con otros miembros de la Iglesia, pues desafortunadamente la
evangelización de lo social es un concepto que en muchas comunidades eclesiales sigue
causando temor, dificultades serias de incorporación al plan de trabajo pastoral y, sobre
todo, que adolece de agentes preparados ser sus protagonistas. Aquí veo un enorme potencial
a la RedLapsi.

Así pues, en esta época de cambio, en esta vorágine post e hipermoderna debemos ser
fermento en la masa, ser estos facilitadores del Reinado de Dios en nuestra sociedad, en
nuestro continente Latinoamericano y en nuestra “aldea global”. La difusión eficaz de esta
propuesta cristiana, específica de la Doctrina Social de la Iglesia, la lograremos si
trabajamos eclesialmente unidos por una evangelización de lo social. La CIV nos exhorta e
impulsa a una evangelización de lo social y a hacernos promotores de una verdadera
revolución moral, fundada sobre una antropología cristiana integral y sobre una ética que
estén unificadas por el telos normativo.

2. DESAFÍOS CULTURALES PARA PRESENTAR LA DOCTRINA SOCIAL DE


LA IGLESIA COMO RESPUESTA VÁLIDA

Teniendo presente que el cristiano lo es en razón de su encuentro con una persona viva que
es Jesucristo, el hijo único de Dios que vive a la derecha del Padre, pero que viene a nuestro
encuentro en la Palabra de Dios, en la oración, en la Eucaristía y en general en los

3
sacramentos, pero también y de manera significativa en el hermano pobre y necesitado1, en
base a ello, ser cristiano hoy significa, al menos tres cosas:

 Tener la capacidad de leer los signos de los tiempos y descubrir el paso del
Señor que está actuando (salvando) en la historia,
 Tener capacidad de dar testimonio de Cristo y de su evangelio en el entramado
de relaciones sociales cotidianas,
 Dar motivo de esperanza ayudando a ver a los hombres que, en Cristo Jesús, no
estamos condenados al mal, a la corrupción, a las injusticias, a la violencia, a la
guerra y en general al pecado, sea este individual o social.2

Los desafíos que hoy enfrentamos al momento de evangelizar lo social pasan necesariamente
por la parte del desarrollo de la cultura, y tres o cuatro de ellos que llaman poderosamente la
atención son:

2.1 Formar la conciencia responsable

El deporte favorito en la época actual, practicado por creyentes y no creyentes, por jóvenes y
viejos, mujeres y hombres, se llama: “Yo no soy responsable”. Es la actualización extendida
y cínica del relato de “Adán, Eva”. El juego consiste en que nadie se hace cargo del mal
introducido en la sociedad y hasta en la misma Iglesia.

Nadie parece tener una conciencia clara, verdadera y honesta para decir “yo soy en parte
culpable de esto”. Y de nada sirve identificar un problema (por ejemplo la explotación
irracional de los recursos naturales y sus efectos, la pobreza, la inmigración, el desequilibrio
social y económico, la desregulación de las finanzas mundiales, etc.), estudiarlo
científicamente, debatirlo, publicar, para terminar sin que cada uno asuma su propia
responsabilidad.

Es un horror social y cultural la carencia de conciencias formadas éticamente. Incluso, hay


quien, habiendo sido captado infraganti, se niega a reconocer su responsabilidad. Cuando se
llega a estos niveles nos queda muy poco por hacer. Por tanto, es necesario trabajar
preventivamente, formando conciencias éticas. Esta es una de las características de la
“emergencia educativa” que ha subrayado el Papa Benedicto XVI.

1
Juan Pablo II, Ecclesia in America, 12.
2
Vale la pena desempolvar, de vez en cuando, la Exhortación apostólica Reconciliatio et paenitentia, de Juan Pablo II, sobre
todo en el número 16, en donde explica la relación pecado personal – pecado social y cuál es el contenido de éste último.

4
Esta formación ética fundamental habilitará a las personas para llamar mal al mal y bien al
bien. En la Iglesia la formación religiosa y moral nos hace reconocer esto como un pecado
que atenta contra la imagen de Dios presente en el hombre y condiciona su salvación. La
Doctrina Social de la Iglesia a su vez nos ayudará a comprender que existen también los
“pecados sociales” o “estructuras de pecado social”, mismos que se vencen con la caridad en
la verdad mediante la creación de “estructuras solidarias y subsidiarias”.3

2.2 La juventud líquida

Una de las cosas más inquietantes hoy es, a mi juicio, la situación juvenil en general, los
nuevos tiempos de las jóvenes generaciones que viven en un mundo distinto al nuestro y con
el que pretendemos convivir sanamente a veces sin mucho éxito y otras con éxito aparente.

A lo largo de muchos años y de una extensa producción literaria, el sociólogo Zigmunt


Bauman nos ha explicado que vivimos en las postrimerías de la modernidad y que los
sólidos se están derritiendo en este momento. Hoy la sociedad es líquida, las relaciones y el
amor son líquidos, el mundo laboral es líquido, la comunicación es líquida, la vida espiritual
es líquida, el arte y la cultura se ha licuado. Todo pasa, todo fluye, nada es para siempre,
nada es eterno, todo es relativo, todo es pasajero y por ello efímero, todo lo que queda es
vivir de manera líquida.4

Nosotros y nuestros padres y abuelos pertenecieron a los tiempos “sólidos”, en donde las
cosas duraban, tenían una consistencia casi a prueba de todo, en donde se valoraba la
perseverancia y se premiaba la capacidad de sortear las dificultades. ¿Quién de los aquí
presentes que se han casado, no ha tenido problemas de pareja, y en ocasiones problemas
serios? Y piensen ahora, en la actualidad ¿cuántas jóvenes parejas se divorcian o separan al
menor disgusto?

3
A este respecto es sumamente recomendable hacer una reflexión seria y pausada de la Exhortación apostólica de Juan Pablo
II, Reconciliatio et Paenitentia, del año 1984, sobre todo del número 16. Termina diciendo: «En el fondo de toda situación de
pecado hallamos siempre personas pecadoras. Esto es tan cierto que, si tal situación puede cambiar en sus aspectos
estructurales e institucionales por la fuerza de la ley o —como por desgracia sucede muy a menudo— por la ley de la fuerza, en
realidad el cambio se demuestra incompleto, de poca duración y, en definitiva, vano e ineficaz, por no decir contraproducente,
si no se convierten las personas directa o indirectamente responsables de tal situación».
4
La bibliografía de este autor es basta y está publicada en español por el Fondo de Cultura Económica. Aquí recomendamos sólo
algunos de sus textos: Modernidad líquida; Amor Líquido; La globalización y sus consecuencias en las personas; Trabajo,
consumismo y nuevos pobres; La sociedad de la incertidumbre; Arte ¿líquido?; Vida de consumo; La cultura como praxis, entre
muchos otros.

5
Pero el desafío para nosotros creo que es mayúsculo porque muchos de los contenidos de la
Doctrina Social de la Iglesia parecen ser “conceptos sólidos”, “claros y distintos” que
requieren una transformación a formas y lenguajes adecuados para esta nueva sensibilidad
líquida de los jóvenes. Es necesario empeñarse en hacer comprender a las nuevas
generaciones que lo que cambia se apoya sobre una realidad que permanece, que la realidad
virtual no puede tomar el puesto del mundo real; que los principios de la DSI no son una
realidad ajena respecto a nuestra existencia cotidiana, sino que son inmanentes en ella. En
definitiva es necesario ayudar a los jóvenes a leer en profundidad los sucesos y a saber
atender todas las dimensiones de la experiencia humana. Además de las redes virtuales
existen las redes de solidaridad que las personas, los grupos y los Estados ponen en acto para
ayudar a quienes tienen necesidad a fin de que todos puedan ser cada vez más libres y
responsables.

2.3 La orfandad en la que nos ha dejado el nihilismo

En un libro interesante de Mons. Bruno Forte, Arzobispo de Chieti-Vasto, Italia, de hace


algunos años, nos proporcionó la siguiente reflexión: “La enfermedad más profunda de la
época que llamamos posmoderna es la renuncia definitiva a un padre-madre hacia el que
tender los brazos de la espera y, como consecuencia, haber perdido esa voluntad o deseo de
buscar el sentido por lo que vale la pena vivir o morir”.5

El nihilismo, esa postura y concepción que nos dice que ya no queda nada, que todo ha
fracasado: ha fracasado Dios, el hombre, la razón, la ciencia, el socialismo científico, el
mercado, la religión, las instituciones, la familia, el amor…, y ya no tenemos nada ni a nadie
a quien seguir, nada ni nadie en quién fundar nuestra esperanza, nada ni a nadie en quien
confiar, nada ni a nadie que valga la pena creer y apostar, esa es la principal característica
del ambiente cultural en el que nos encontramos.

Dice Mons. Bruno Forte: “¿Cuántas veces el rechazo del padre nace de la necesidad de
librarse de una dependencia? ¿Cuántas veces la paternidad se convierte en posesión,
esclavitud, dominio? Es, entonces cuando empieza a incubarse la condición dramática
expresada con la metáfora del ´asesinato del padre´.”6

5
Bruno Forte, La esencia del Cristianismo, Sígueme, Salamanca 2008, p. 20 - 21.
6
Ibid, p. 28.

6
Quizás muchas veces nosotros, con nuestra propia Doctrina Social de la Iglesia,
absolutizándola más allá de sus reales posibilidades de fecundar la sociedad, hemos ofertado
una propuesta de manera impositiva, casi con obsesión posesiva y dominante. Así las cosas,
causamos también una voluntad de matar este mensaje o al menos de rechazarlo. Hoy día,
como desde hace ya mucho tiempo, tiene poco valor el argumento de autoridad. Desde luego
que existe un tipo de autoridad que solo impone el bien y otro que busca proponerlo
confiando en las personas libres y responsables, el cual evidentemente ha de ser privilegiado.

2.4 El relativismo en todas sus formas

Para terminar, la expresión más aguda y angustiante del humus cultural en el que nos
movemos es el de relativismo, es decir, esa manía de afirmar que no existe la verdad, que no
la podemos conocer si existiera, pero además, que no interesa, que no vale, y al final todo
queda en que cada quién actúe sobre la base de la propia visión parcial y quizás errónea que
tiene de las cosas, amparado por sus habilidades y buscando sus intereses por egoístas que
sean.

Ese relativismo se manifiesta a muchos niveles y en varios ámbitos. Está el relativismo


antropológico, el relativismo gnoseológico, el relativismo moral y hasta el relativismo
metafísico. Desde estos escenarios relativistas, encontramos el campo propicio para dejar de
ser escuchados en cuanto nosotros hablamos a veces en tono solemne, de forma definitiva, a
través de conceptos sólidos y rígidos, de concepciones acabadas sin más, con esquemas
cerrados que no aceptan. Entonces la era líquida nos manda a la sacristía, al púlpito, al
confesionario, al fuero interno de la conciencia, o nos impone el silencio.

La imaginación que se necesita para superar este escenario es bárbara, por lo pronto, es
indispensable practicar la humildad y atreverse a dialogar con ellos, aunque parezca que no
se avanza. Diálogo que es «imbricación de tu visión con la mía hasta generar juntos una
verdad superior a la de cada quién, una verdad en la que nos reconocemos y nos viene bien a
los dos», pero sin parar, más bien con una permanente actitud de búsqueda, de seguir
dialogando.7 Esta actitud de humildad me hace recordar al Concilio Vaticano II que,
atreviéndose a ver y juzgar las cosas del mundo, no las condenó, sino que con reverencia las
miró, las aceptó, las analizó, las valoró, las abrazó, las meditó y las amó. Todos participamos
a una búsqueda común de la verdad porque Dios nos ha dado la capacidad. Es

7
Cfr. Encíclica programática de Pablo VI, Ecclesiam suam.

7
permaneciendo dentro de esta común búsqueda y analizando la experiencia de nuestra vida
que podemos encontrar los puntos de convergencia.

El verdadero discernimiento de acuerdo a la lógica del Concilio nos ayuda a reconocer que
nuestra comprension de la verdad es siempre limitada, pero ello no significa que nosotros no
poseamos verdades que son ciertas y fundamentadas.

3. LA EVANGELIZACIÓN DE LO SOCIAL Y EL DESARROLLO

El milieu existencial de la CIV, sobre la base de aquella sabiduría que alimenta y de la


recuperación del telos humano que propicia, estimula la evangelización de lo social para
proponer una visión global del desarrollo, si bien incluyendo los aspectos económicos,
financieros, ecológicos, sociales, políticos, buscará ante todo la consideración de aquellos
éticos, espirituales y religiosos.

Según la CIV, y como por otra parte han subrayado varios estudiosos, la más adecuada
concepción del desarrollo y del welfare no está ligada sólo a indicadores prevalentemente
materiales o cognitivos, como el rédito, la garantía de habitación, la salud o la educación.
Ella depende sin duda, como sostiene Amartya Sen, de la universalización de capabilities,
de la «capacidad de actuar» (agency) de los ciudadanos, es decir de las diferentes
posibilidades de convertir los mencionados bienes primarios en un bienestar adquirido, en
una cualidad de vida satisfactoria.8

La promoción de un desarrollo humano, global y social, como hace entender el Papa


Benedicto XVI, depende especialmente de la posibilidad de consumar buenas elecciones.
Verdadera democracia y verdadero desarrollo se tienen allí donde se incrementa la gama de
elecciones disponibles, allí donde hay un ambiente natural y social satisfactorio, pero ante
todo ahí donde aumentan las opciones humanamente buenas y justas, las instituciones que
salvaguardan y promueven los bienes colectivos o relacionales. Poner a disposición de los
ciudadanos mayores recursos materiales y culturales multiplicando las adquisiciones, no
equivale aun a acrecentar su bienestar. Éste crece al momento de que las personas disponen,
sí, de posibilidades y de capacidad de elegir, es decir cuando el ambiente social ofrece
mejores condiciones al ejercicio de su libertad, pero ante todo cuando acceden a una noción
de bien humano integral, a un telos. A cuya luz, las capacidades de elección, pueden

8
Cfr A. SEN, La diseguaglianza. Un riesame critico, Il Mulino, Bologna 1994, p. 47. (En español Nuevo examen de la desigualdad,
Alianza Editorial, 1997, 2004)

8
entrelazarse en acciones buenas, productoras de bienes materiales y de bienes relacionales,
de servicios sociales en grado de responder además a las demandas de sentido y de acogida
incondicionada connatural a toda persona.

¿Pero de dónde llega a las personas la percepción del telos humano, tan decisivo para la
realización de un desarrollo social cualitativo, más conforme a la dignidad de las personas y
de los pueblos?

Precisamente en relación a estos aspectos y a la superación de la crisis epocal de las éticas


seculares se revela imprescindible la aportación de la evangelización de lo social.

Viviendo en la Caridad y en la Verdad de Cristo, el telos humano permanece accesible a


todos. En Él, la capacidad innata de lo verdadero, del bien y de Dios, presente en toda
persona —independientemente de la raza, de la cultura, de la misma elección de religión—
es reforzada, sanada de su fragilidad. Viviendo en Cristo una existencia de plena comunión
con Dios, toda persona es estabilizada en mayor grado en su relación con la Suma Verdad y
el Sumo Bien, sobre cuya base se estructura el propio telos normativo, como conjunto de
bienes ordenados entre sí por el amor a Dios. Gracias a un telos humano, hecho por
Jesucristo más accesible en el plano universal y más cierto, gracias a la recuperación de la
moral natural, que consiste precisamente en ordenar y regular el deseo humano en vistas del
telos personal y común, aumenta la motivación —motus ad actionem— a la benevolencia
recíproca, a la fraternidad, a la colaboración en la consecución del bien común. Los propios
deseos e intereses no prevalecen, sino que pueden ser guiados y regulados según las
exigencias del bien humano universal. El desarrollo social es procurado como conjunto de
condiciones que favorecen la plenitud del ser humano y de la familia de los pueblos.

4. LA EVANGELIZACIÓN DE LO SOCIAL Y LA PROMOCIÓN DE UNA


NUEVA MORAL ANCLADA EN EL FUNDAMENTO ÚLTIMO: DIOS

Las modernas éticas seculares —considérese por ejemplo, a las éticas neoutilitaristas,
neocontractualistas, dialógicas—9 presuponen que la mejor vida humana y social no tenga ya
como punto de referencia fundamental una existencia ordenada de acuerdo al amor a Dios.
Según la enseñanza derivante de Grozio,10 la ética debe ser reflexionada etsi Deus non

9
Sobre la articulación de las éticas modernas y sobre los límites de una experiencia moral sin Dios véase G. ABBÁ, Costituzione epistemica
della filosofia morale. Ricerche di filosofia morale-2, LAS, Roma 2009, pp. 121-135 e pp.84-86
10
Hugo de Groot (Hugo Grotius), Teoría del contrato social, de iure belli ac pacis, (1625), considerado el padre del derecho
natural, junto a Francisco de Vitoria.

9
daretur. Lo que implica que la realización humana y el desarrollo social conexo vendrán
definidos dentro de un cuadro de valores de tipo inmanentista y relativista, expuesto a
connotaciones materialísticas y nihilistas como la experiencia contemporánea está
ampliamente demostrando.

Las éticas seculares, siendo escépticas respecto de la capacidad humana de conocer lo


verdadero, el bien y a Dios, dado que están desprovistas de una adecuada concepción de la
dignidad de las personas y de su libertad, han dado lugar al individualismo utilitarista y al
neoliberalismo, haciéndonos llegar hasta algunos aspectos negativos de la financiarización
de la economía,11 a la mercantilización de las empresas y del trabajo, al unidimensionamento
mercantil de las relaciones humanas, al empobrecimiento de los valores en el tejido social,
que se ha visto desposeído de potentes recursos, como la gratuidad —expresión de la
fraternidad— y la confianza reciproca, entrambas esenciales también al mercado para
desempeñar al modo mejor la propia función económica (cfr. CIV, 35).

En otros términos, las éticas seculares han contribuido a reducir el vivir social y el desarrollo
a partir de criterios tecnocráticos, ya que no se han preocupado de promover de manera
adecuada la dimensión de trascendencia de las personas, sea en sentido horizontal que
vertical, más aún se han desinteresado de la relación de los hombres y de los pueblos con
Dios. Lo ha elocuentemente demostrado la reciente crisis financiera, conexa a otras crisis,
como la energética, la alimentaria, la ecológica; fruto de otras causas: la búsqueda
desordenada del poder, la ausencia de escrúpulos de parte de empresas agentes del área
inmobiliaria, el comportamiento imprudente de los consumidores propensos a gastar el
dinero que no poseían…, con su absolutización de la ganancia a breve plazo: esta última ha
sido colocada, en cierto modo, en el puesto de Dios.

El proceso social, animado de las éticas seculares, que para la salvaguardia de la paz se
apoyan en el presupuesto de un laicismo que se hace cada vez más metódico, termina por
obtener un resultado contrario al esperado. Deriva, así, en la erosión de los lazos de
solidaridad, del sentido de pertenencia común. Se pierde la visión de una existencia
entendida como don, no se aprecia ya la reciprocidad fraterna, que propicia y alimenta la
responsabilidad por la justicia y el bien común. Aumentan las cerrazones egoístas, las
opresiones, las injusticias, los motivos de conflicto. Y no sólo eso. Debilitándose las

11
La financiarización de la economía no es sólo una realidad negativa. Ella, con sus instrumentos, ha traído grandes beneficios
económicos, como por ejemplo, la accesibilidad de considerables capitales para Países como China e India que, de otro modo,
no habrían podido despegar.

10
prácticas de la «vida buena», deteriorándose el ambiente social y creciendo la extrañeza
respecto de los otros, no obstante la multiplicación de las relaciones y de las interconexiones
de la globalización, se hacen cada vez más arduas la comunión y la participación de los
mismos bienes–valores al interior de aquellas instituciones que deberían ser sostenidas por
una común corresponsabilidad social y así contribuir a reforzar los contactos entre todos,
permitiendo el realizar libremente los actos religiosos, actos supremos de todo ser humano.

Respecto de todo ello, la CIV impulsa la evangelización de lo social a hacerse promotora de


una verdadera y propia revolución moral, fundada sobre una antropología y sobre una ética
que están unificadas por el telos normativo. Gracias a eso la conducta de los ciudadanos es
pensada y actuada como un todo interdependiente, en el cual no se dan separaciones o
contraposiciones entre los múltiples bienes humanos, si bien con su correcta jerarquización
respecto al Sumo Bien.

La síntesis cultural y el telos puestos a disposición por la «caridad en la verdad» permiten


considerar la persona en la total extensión de sus dimensiones constitutivas, como ser único,
en el cual lo corpóreo no está aislado de lo espiritual, lo individual de lo relacional, la
libertad de la verdad, lo político de lo religioso. A la luz de una visión global del ser humano
la conducta está constituida como continuum, es decir sin pausas entre la ética personal y la
ética pública, como teorizan en cambio las éticas neocontractualísticas y neoutilitaristas,
prefiguradas según una ética de tercera persona, es decir a partir del punto de vista no del
sujeto agente, si no de un espectador imparcial.

Es con relación a estos ejes culturales que la evangelización de lo social, presupuesta y


prevista por la CIV, puede operar un viraje epocal para la ética postmoderna, construida
sobre el presupuesto groziano del etsi Deus non daretur.

Para darse cuenta de la grande empresa cultural de renovación ética que la evangelización de
lo social debe propiciar es suficiente acentuar, recogiéndolas aquí, las paradojas y las
contradicciones de la ética actual, heredera de la moral moderna, que en especial para el
campo social, tiene a Thomas Hobbes entre sus precursores. Se trata de separaciones, todas
consideradas en la CIV, que es necesario superar en vistas de la realización de una
globalización más humana sobre bases de comunión y de participación. Están, por ejemplo
las dicotomías:

11
 entre ética y verdad, con la pretensión de prefigurar la ética pública prescindiendo de
la verdad sobre el hombre, sobre su bien global, privilegiando la “verdad” ofrecida
por los sondeos y las estadísticas;
 entre ética personal (del individuo) y ética política (de la comunidad política), según
la cual ciudadanos asociales y egoístas pueden vivir éticamente sólo en la
comunidad política, gracias a una autoridad que impone por la fuerza un orden
social justo (es ésta la herencia cultural derivante del ya citado Thomas Hobbes).
Sobre la base de una semejante separación se hace la ilusión de poder vivir
rectamente en la vida pública prescindiendo de la vida virtuosa tanto de los
ciudadanos como de los representantes;
 entre ética y consenso civil, dado que las teorías dialógicas y neocontractualistas
contemporáneas fundan la ética social exclusivamente sobre el diálogo público y
sobre la convención. De acuerdo a esta posición los derechos del hombre
encuentran el propio fundamento solo en las deliberaciones de una asamblea de
ciudadanos, olvidando su objetividad y su fundamental «no disponibilidad» (cfr.
CIV, 43);
 entre familia y justicia social, como si la vida pública no dependiera estrictamente
del bienestar de las familias, de la apertura moralmente responsable a la vida. «La
disminución de los nacimientos, a veces por debajo del llamado “índice de
reemplazo generacional”, pone en crisis incluso a los sistemas de asistencia social,
aumenta los costes, contrae la reserva para el ahorro y, consiguientemente, los
recursos financieros necesarios para las inversiones, reduce la disponibilidad de
trabajadores cualificados y disminuye la reserva de “cerebros” a los que recurrir
para las necesidades de la nación» (CIV, 44);
 entre ética de la vida y ética social, casi al grado de que una sociedad pudiera tener
bases sólidas aceptando y tolerando las más diversas formas de desestima y
violación de la vida humana (cfr. CIV, 15);
 entre ética ecológica y ética ambiental, que exigen de las nuevas generaciones el
respeto del ambiente natural, mientras la educación y las leyes no las ayudan a
respetarse a sí mismas, ignorando la ecología humana, según la cual los deberes que
tenemos hacia el ambiente se conectan con nuestros deberes hacia la persona (cfr.
CIV, 51);
 entre ética y técnica, según lo cual todo lo que es técnicamente posible es verdadero
bien y por tanto se convierte en lícito (cfr. CIV, 70–71);

12
 entre esfera económica y esfera de la sociedad: la primera sería siempre y
necesariamente «mala» absolutizando la maximización de la ganancia sin atender
los derechos de los trabajadores y del bien común, contraponiéndose a la segunda,
cuyo fin sería únicamente intervenir para poner remedio a las descompensaciones y
redistribuir una riqueza injustamente concentrada en las manos de unos pocos (cfr.
CIV, 36);
 entre economía, fraternidad, gratuidad y justicia social: solidaridad, fraternidad y
gratuidad no encontrarían espacio en la esfera de la economía, más aún deberían
permanecer excluidas, pues causarían la ineficiencia del sistema económico de un
país (cfr. CIV, 34);
 entre cultura y naturaleza humana, luego que la identidad de la persona estaría dada
sólo por la imagen elaborada y propuesta por una determinada cultura, no podría
existir una estructura ontológica y ética básica del ser humano que trasciende el
tiempo y los diversos contextos socioculturales en los cuales está históricamente
inserto (cfr. CIV, 26).

El sólo elenco de estas graves dicotomías hace resaltar la relevancia cultural y pastoral de la
CIV, su significado epocal desde el punto de vista de la refundación o resemantización del
discurso moral, hoy fuertemente comprometido en sus bases a causa de premisas secularistas
y relativistas. Que por otro lado, evidencia con claridad «lugares» culturales en los cuales la
evangelización de lo social, con la fuerza imponente e innovadora ofrecida a ella por la
«caridad en la verdad», debe portar «redención» y humanización.12

5. CONCLUSIÓN

Sin duda pienso que la RedLapsi puede hacer una valiosa contribución al respecto, siempre y
cuando sea capaz de asumir con seriedad académica el reto, con rigor logístico su
organización y con absoluta responsabilidad el rol que puede estar llamada a tomar en estas
tierras cobijadas bajo la protección maternal de Santa María de Guadalupe. Que ella
interceda por Ustedes para que así sea.

12
Texto completo en: Mario Toso, La nueva evangelización de lo social, Colección Doctrina Social Cristiana, no. 62, IMDOSOC,
México 2012.

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