ARQUITECTURA POSMODERNA
Las definiciones que se establecen incluyen distintos autores, desde un punto de
vista indirecto y filosófico, Jencks (1984).
Mitad moderna y mitad otra cosa, generalmente un lenguaje constructivo
tradicional y regional. La principal razón de este híbrido tiene claramente que
ver con las presiones contrarias ejercidas sobre el movimiento. Los arquitectos
que quisieron superar el impase moderno, o el fracaso de su comunicación con el
usuario, debían utilizar un lenguaje parcialmente comprensible, un simbolismo
local y tradicional. Pero también debían comunicarse con sus semejantes y
utilizar una tecnología actual. De ahí la definición de posmoderno como algo
doblemente codificado, como una serie de dualidades importantes. (p.6)
Jencks (1977)
Para decirlo con pocas palabras, un edificio posmoderno interpela
simultáneamente como mínimo a dos grupos: a los arquitectos y a una minoría
comprometida que se preocupa por problemas arquitectónicos específicos y al
público y a los visitantes in situ interesados por los problemas de confort, de la
arquitectura tradicional y de su manera de vivir. (p.1)
Jencks (1986) en un ideal filosófico se refiere: “Se trata de una diferencia de valores y
filosofía. Denominar Moderno Tardío a lo Postmoderno es igual que llamar Protestante
a un Católico porque ambos practican la religión cristiana. O criticar a un burro por ser
un mal caballo”. (p.38)
Del llamado pensamiento negativo suscitó la permanente temática de la crisis del sujeto
y la modernidad; y es que frente a la metáfora de la línea recta con que se nos representa
diagramáticamente la modernidad. “… lo posmoderno se entiende mejor en una especie
de retícula que entrelaza actitudes o estrategias formales bien dispares (Marchán, 1986,
p. 294).
Venturi (1972)
Venturi y Scott Brown basaron su influyente ensayo en este nuevo hábitat,
plagado de centros comerciales y grandes vías de comunicación. Las Vegas,
enclave dedicado al juego y al espectáculo, era denostado por muchos arquitectos
modernos ya que sus construcciones seguían una premisa kistch y artificial. Por el
contrario, la pareja de arquitectos defendió esa artificiosidad elevando lo cotidiano
a obra de arte. Si para Mies Van de Rohe –uno de los máximos exponentes del
corriente moderno- la arquitectura se regía por el menos es más (“less is more”),
para Venturi el menos era aburrido (“less is bore”). En este sentido, mientras los
edificios modernos eran simples y austeros, siguiendo la máxima “la forma sigue
a la función”, los posmodernos se caracterizaban por su riqueza en alusiones
históricas y el uso de columnas y ornamentos. Los arquitectos posmodernos
consideraban esencialmente monótono y simplista el funcionalismo y apostaban
por el urbanismo, por el acercamiento a los gustos de la población. La ciudad se
fijaba como objeto y se dotaba de importancia a los equipamientos y a la fusión de
los edificios con el entorno; localismo y revalorización del kitsch como saber y
expresión del pueblo.
Ésta es la filosa opinión de Rosa Montero, periodista y escritora española respecto de la
indetenible y, por momentos injustificable, competencia mundial de alturas:
Montero (2007) Creo que, más que aplastar al espectador, el rascacielos busca su
admiración y el regocijo egocéntrico de lo estupendos que somos. Mira qué
grande, qué moderna, qué tecnológica, qué competitiva es nuestra sociedad, mira
cuánto poder tenemos. Hay rascacielos de diseño bellísimo, pero cada día me
parecen más absurdos. Su lenguaje arquitectónico tiene algo de provocación
adolescente, el obvio empeño fálico de edirse con los demás y ver quién llega
más lejos. La dura realidad lleva años demostrando que estos enormes
rascacielos no son ni seguros ni útiles. Los incendios los aman, los bomberos los
odian, son perfectos objetivos para las bombas en época de guerra y los
terroristas, en fin, parecen tener debilidad por ellos, precisamente porque son
edificios débiles. Y, sin embargo, contra toda la sensatez y toda cautela,
seguimos haciendo torres y más torres.
Maldonado (1997)
Evidentemente la Arquitectura se ha transformado en un gran negocio; lo vemos,
por ejemplo, en las nuevas construcciones de los [Link]. que difícilmente
podrán responder a las nuevas exigencias del tercer milenio, con todos estos
problemas que se están planteando. Podemos entenderla como la nueva
expresión, emergente de la globalización (económica y cultural); pero si es
cierto que los problemas de tipo social, cultural y económico se van a agudizar
-como así lo parece-; es evidente que la Arquitectura debería asumir roles
diversos y no remitirse a hacer ‘el gran Luna Park de la globalización’, a ser los
constructores de él.
Touraine (1999)
El siglo XX no ha durado más que 75 años, de 1914 a 1989 (caída del Muro de
Berlín). Antes de 1914 el mundo estaba dominado todavía por “el
imperialismo”; después de 1989 triunfa de nuevo bajo el nombre de
globalización un capitalismo internacionalizado y se derrumban en todas partes
-a menudo incluso prematuramente- las barreras proteccionistas y
planificadoras... Parece, hacia el fin de este siglo o el principio del siglo XXI,
que el mundo pasa por un período de control político de la economía a otro
período definido, al contrario, por el dominio de la economía sobre la política.
Lyotard (1979)
Simplificando al máximo, se tiene por «postmoderna» la incredulidad con
respecto a los meta-relatos. Ésta es, sin duda, un efecto del progreso de las
ciencias; pero ese progreso, a su vez, la presupone. Al desuso del dispositivo
meta-narrativo de legitimación corresponde especialmente la crisis de la filosofía
metafísica, y la de la institución universitaria que dependía de ella. La función
narrativa pierde sus funciones, el gran héroe, los grandes peligros, los grandes
periplos y el gran propósito. Se dispersa en nubes de elementos lingüísticos
narrativos, etc., cada uno de ellos vehiculando consigo valencias pragmáticas sui
generis. Cada uno de nosotros vive en la encrucijada de muchas de ellas. No
formamos combinaciones lingüísticas necesariamente estables, y las propiedades
de las que formamos no son necesariamente comunicables. (p. 4)