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Décima Muerte

El poema describe la presencia constante de la muerte en la vida del poeta. La muerte está en todas partes - en el agua, tierra, aire y fuego. Incluso cuando está ausente, el poeta puede encontrarla en los huecos y ecos. A pesar de la amenaza de la muerte de poner fin a su vida, el poeta dice que él muere constantemente en la espera de verla. La muerte es parte integral de su existencia.
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El poema describe la presencia constante de la muerte en la vida del poeta. La muerte está en todas partes - en el agua, tierra, aire y fuego. Incluso cuando está ausente, el poeta puede encontrarla en los huecos y ecos. A pesar de la amenaza de la muerte de poner fin a su vida, el poeta dice que él muere constantemente en la espera de verla. La muerte es parte integral de su existencia.
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Décima Muerte

¡Qué prueba de la existencia que envuelve tu cuerpo yerto,


habrá mayor que la suerte para que a tu olor desierto
de estar viviendo sin verte pueda, sin sombra de sueño,
y muriendo en tu presencia! saber quede ti me adueño,
Esta lúcida conciencia sentir que muero despierto.
de amar a lo nunca visto
y de esperar lo imprevisto; La aguja del instantero
este caer sin llegar recorrerá su cuadrante,
es la angustia de pensar todo cabrá en un instante
que puesto que muero existo. del espacio verdadero
que, ancho, profundo y señero,
Si en todas partes estás, será clásico a tu paso
en el agua y en la tierra, de modo que el tiempo cierto
en el aire que me encierra prolongará nuestro abrazo
y en el incendio voraz; y será posible acaso,
y si a todas partes vas vivir después de haber muerto.
conmigo en el pensamiento,
en el soplo de mi aliento En el roce, en el contacto,
y en mi sangre confundida en la inefable delicia
¿no serás, Muerte, en mi vida, de la suprema caricia
agua, fuego, polvo y viento? que desemboca en el acto,
hay el misterioso pacto
Si tienes manos, que sean del espasmo delirante
de un tacto sutil y blando en que un cielo alucinante
apenas sensible cuando y un infierno de agonía
anestesiado me crean; se funden cuando eres mía
y que tus ojos me vean y soy tuyo en un instante.
sin mirarme, de tal suerte
que nada me desconcierte Hasta en la ausencia estás viva:
ni tu vista ni tu roce, porque te encuentro en el hueco
para no sentir un goce de una forma y en el eco
ni un dolor contigo, Muerte. de una nota fugitiva;
porque en mi propia saliva
Por caminos ignorados, fundes tu sabor sombrío,
por hendiduras secretas, y a cambio de lo que es mío
por las misteriosas vetas me dejas sólo el temor
de troncos recién cortados de hallar hasta en el sabor
te ven mis ojos cerrados la presencia del vacío.
entrar en mi alcoba oscura
a convertir mi envoltura Si te llevo en mí prendida
opaca, febril, cambiante, y te acaricio y escondo;
luminosa, eterna y pura, si te alimento en el fondo
en materia de diamante. de mi más secreta herida;
si mi muerte te da vida
No duermo para que al verte y goce mi frenesí
llegar lenta y apagada, ¡qué será, Muerte, de ti
para que al oír pausada cuando al salir yo del mundo,
tu voz que silencios vierte, deshecho el nudo profundo,
para que al tocar la nada tengas que salir de mí?
En vano amenazas, Muerte, si en mi angustia verdadera
cerrar la boca a mi herida tuve que violar la espera;
y poner fin a mi vida si en la vista de tu tardanza
con una palabra inerte. para llenar mi esperanza
¡Qué puedo pensar al verte, no hay hora en que yo no muera!

Xavier Villaurrutia

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