EL MUNDO ANTES DEL DILUVIO.
Cuando leemos el primer libro de la biblia, una de las primeras
preguntas que podríamos hacernos es ¿Cómo era el mundo antes
del diluvio universal? ¿Cómo era ese mundo físico y como era ese
mundo espiritual?
En lo que respecta al mundo físico, se debe indicar que el presente
informe no busca dar una clase de geología antigua, por el
contrario, sólo se hace referencia superficial al mundo desde el
punto de vista geológico. El mayor énfasis se hace sobre el mundo
espiritual, desde Adán hasta los tiempos de Noé, pero hasta el
diluvio.
En consecuencia, se tocara aspectos como el bien y el mal, el
pecado, la desobediencia, los motivos de su decisión de destrucción
parcial la tierra a través del diluvio, y finalmente su doble
arrepentimiento.
En relación al mundo físico, el Antiguo Testamento nos dice que
hubo un tiempo en que no existía el cielo, la tierra, ni astros, ni
plantas ni animales, ni seres humanos, ni nada de lo que hoy
podemos ver. Todo estaba desordenado y vacio.
Fue Dios, en su Omnipotencia, quien sacó de la nada la materia y
todas las plantas, y seres vivos del universo. La biblia en el Antiguo
Testamento, en el libro de Génesis, nos dice que Dios sólo necesitó
de seis días para crear esta gran obra. El primer día creó la luz y
separó a esta de las tiniebla Al segundo día hizo el firmamento, que
llamó cielo. Al tercer día reunió las aguas y formó el mar, creó la
tierra, los árboles y las plantas. Al cuarto día Dios creó los astros y
las estrellas. Al quinto día creó los monstros marinos y las aves. Al
sexto día creó los animales de la tierra y al hombre. (Génesis 1 1-
31)
En relación al mundo espiritual, el designio de Dios fue crear un
hombre con espíritu de dulzura, y humanidad; pero de humanidad
sin pecado, y lo colocó en el huerto del Edén, (Génesis 1.15), que
creó con todo su amor para la joya de su creación. Un lugar donde
no existía la tentación, la desobediencia, el pecado, la vergüenza ni
el miedo. (Génesis 1.25), sin embargo, sólo le impuso una
condición. “mas de árbol de la ciencia y de la vida no comeréis,
porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis
1.17)
La historia bíblica nos cuenta que , a pesar de esa advertencia,
Satanás, tan sólo con una pregunta - ¿ Con qué Dios ha dicho?,
( Génesis 3.1), logró hallar el punto débil del hombre y le hizo
tropezar, haciéndole caer en el pecado original, y en una de sus
consecuencia, el no reconocer o asumir nuestra responsabilidad y
echarle la culpa a los demás.( Adán a Eva y esta a la serpiente).
(Génesis 3.12-14), alterándose desde entonces, generación tras
generación, el justo y recto orden establecido sabiamente por el
Creador, .por el mal uso del libre albedrío, naciendo esta serie de
calamidades ( y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba
llena de violencia…y, miró Dios a la tierra, y he aquí que estaba
corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre
la tierra ( Génesis 6:11-12), que, en un eslabonamiento de
desdichas, condujeron a ese género humano antiguo hasta la
destrucción a través del diluvio y seguirán conduciendo al actual
género humano, a la muerte segunda (la condenación eterna).
Es así como el pecado original dio lugar, a una división interna en el
hombre y entre los hombres. El pecado original causó un
desequilibrio o división interna entre los dos componentes: el alma
y el cuerpo; y La vida del hombre, en consecuencia, se ha
convertido en una “carrera hacia la muerte” al conducirnos a dos
formas posibles de vida: “vivir según la carne”, que equivale a vivir
según el hombre; y “vivir según el espíritu”, que es sinónimo de vivir
según Dios. Y “la realidad es que el hombre ha sido creado recto no
para vivir según él mismo, sino según el que lo creó. Es decir, para
hacer la voluntad de Aquél con preferencia a la suya.” Cuando vive
según Dios, vive según la verdad; cuando vive según él mismo, vive
según la mentira.
Finalmente, la división interna que el pecado original causó en el
hombre, es la misma que causa la división entre los hombres,
motivando la tensión entre el espíritu y la carne, la razón y la
voluntad, la racionalidad y la pasión del instinto. En efecto, Dios
creó al hombre en unidad armoniosa entre sus elementos, del
mismo modo que creó la creación con unidad armoniosa de los
seres. Pero el pecado original, nacido del libre albedrío humano,
introdujo el desorden en la creación y en la interioridad del propio
hombre. En consecuencia, la armonía que debía existir entre todos
los hombres conforme a los planes divinos, también ha sido
alterada y ha tenido lugar la aparición de la división y de las
tensiones entre nosotros los hombres. No en balde, la soberbia es
la raíz del pecado, y otros pecados capitales como la envidia, la
avaricia, la ira, etc., no dejan de ser manifestaciones nuestras que
llevan al hombre a faltar al respeto y al amor hacia sus propios
congéneres
Es por todas estas razones que Dios, al ver que en la máxima
expresión de creación y su descendencia, e incluso en los hijos
Dios, (los ángeles) habían crecido en demasía la maldad, se
arrepintió de haber hecho al hombre y sintió dolor en su corazón,
(Génesis 6.5-6), y decidió raer de la fax de la tierra al hombre, a la
bestia, al reptil, las aves, arrepentido también de la creación de
todos estos (Génesis 6.7)
Pero Dios, a pesar que su reciente creación estaba tan corrupta en
su corazón; a pesar de ver que el mundo se había corrompido
espiritualmente; y a pesar de arrepentirse de haberlo creado, un
hombre llamó la atención del Señor para sí, porque era íntegro y
justo. Se llamaba Noé.
Como Dios también es justo, deseó salvarlo, por eso le pidió que él
construya un barco enorme, el arca, y ampare a múltiples especies
de animales y a su propia familia en esa embarcación.
El Creador le explicó con detalles como debía construir el arca.
Pidió compartimientos y le pidió a Noé que pase brea por dentro y
por fuera, para que la embarcación fuese impermeable y no se
hundiera.
Entonces, aclaró el motivo de todo eso: “ Y he aquí que yo traigo un
diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que
haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra
morirá. Más estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú,
tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo lo
que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca,
para que tengan vida contigo; macho y hembra serán. De las aves
según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil
de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo,
para que tengan vida.” Génesis 6:17-20
Así hizo Noé, conforme con lo que Dios le ordenó, y le llevó cerca
de 100 años para concluir la construcción del barco. Noé y toda su
familia fueron salvos por causa de la fe y de la alianza que él tenía
con el Señor. Así es con nosotros en los días de hoy. Si nosotros
estamos en la presencia de Dios, nuestros familiares también
pueden ser bendecidos por medio de nuestra fe.
Noé presentó una cualidad que Dios espera en Sus hijos: la
determinación en servirlo. Eso solamente es posible para aquellos
que firmaron su creencia en Él y conducen la vida haciendo lo que
es correcto.
Pero la lección principal que podemos aprender del mundo de Noé,
fue presentada por el propio Señor Jesús, cuando Él estuvo en Su
jornada:
“Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del
Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban
comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el
día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el
diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del
Hombre. (…) Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir
vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese
a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su
casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo
del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el
siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que
les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual,
cuando Su señor venga, le halle haciendo así.” Mateo 24: 37-46
Eso nos lleva a la conclusión de la importancia de que guardemos
nuestra Salvación, que viene cuando obedecemos la Palabra de
Dios.
Noé obedeció a Dios no solamente porque conocía a Dios de
manera personal, sino también porque su fe estaba actuando de
acuerdo a Su palabra sin importar cuán tonto le hubiera podido
parecer al resto del mundo cercano a él. Las “cosas aún no vistas”
también sacan a relucir una dinámica de la vida cristiana ya que
“por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7).
Como conclusión del relato del mundo antes de Noé, se nos
demuestra tanto juicio como salvación. Dios es un Dios de juicio
justo quien debe castigar el pecado, pero más maravillosamente Él
es un Dios que ha proveído un camino para escapar Su juicio. Lo
hizo por Noé, por medio del arca, destruyendo a ese mundo
pervertido de aquel tiempo.
Hoy, sin embargo, Jesucristo es el camino de Dios para escapar. Su
juicio; Él es el “arca” de nuestra salvación, la puerta por la que la
humanidad tiene que entrar para ser salva (Juan 10:9; cf. 14:6), y el
único que puede darnos descanso en un mundo perverso. (Mateo
11:28–29). El mundo antes del diluvio, y el diluvio como tal, son un
relato horripilante de juicio pero también es uno de redención
glorificadora. Nuestras vidas serán caracterizadas por alguno de
estos dos. O confiamos en Jesús y somos redimidos, o
enfrentaremos el juicio de Dios por nuestro pecado (Romanos 3:21–
26; Hechos 17:31).