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Inmaculada Concepción

El dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, definido por el Papa Pío IX en 1854, establece que María fue concebida sin pecado original, siendo esencial para la salvación. Este dogma se apoya en la Escritura y la Tradición, destacando la importancia de María en la historia de la salvación como la 'llena de gracia'. Además, se menciona la aparición de la Virgen a Bernadette en 1858, donde se identificó como la Inmaculada Concepción, confirmando la veracidad del dogma.
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Inmaculada Concepción

El dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, definido por el Papa Pío IX en 1854, establece que María fue concebida sin pecado original, siendo esencial para la salvación. Este dogma se apoya en la Escritura y la Tradición, destacando la importancia de María en la historia de la salvación como la 'llena de gracia'. Además, se menciona la aparición de la Virgen a Bernadette en 1858, donde se identificó como la Inmaculada Concepción, confirmando la veracidad del dogma.
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INMACULADA CONCEPCIÓN

Entre los privilegios que Dios ha otorgado a la Virgen María está el dogma de su Inmaculada
Concepción, reconocido por la Iglesia desde los inicios y definido como dogma de fe el 8 de
diciembre de 1854 por el Papa Pío IX en la Bula Ineffabilis Deus. En esta Carta Apostólica, el Romano
Pontífice, «no hizo sino recoger con diligencia y sancionar con su autoridad la voz de los Santos
Padres y de toda la Iglesia, que siempre se había dejado oír desde los tiempos antiguos hasta
nuestros días.»1 Esta doctrina ha sido revelada por Dios, de modo, que creerla es necesario para
alcanzar la salvación.
Puede parecer a primera vista que el apoyo escriturístico de las definiciones dogmáticas es escaso.
Pero la importancia de María en la historia de la salvación no se mide por el número de versículos que
la Escritura le consagra, sino por el alcance de cada uno de ellos. Así, -afirma Benedicto XVI- «el
fundamento bíblico de este dogma se encuentra en las palabras que el Ángel dirigió a la muchacha
de Nazaret: ''Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lucas 1, 28). "Llena de gracia'', en el
original griego "kecharitoméne', es el nombre más bello de María, que le dio el mismo Dios para
indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más
precioso, Jesús, "el amor encarnado de Dios".2
Además del relato lucano de la Anunciación, la Tradición y el Magisterio han considerado el
llamado Protoevangelio (Gn 3, 15) como una fuente escriturística de la verdad de la Inmaculada
Concepción de María. El Hijo de María obtuvo la victoria definitiva sobre Satanás e hizo beneficiaria
anticipadamente a su Madre, preservándola del pecado. Como consecuencia, el Hijo le concedió el
poder de resistir al demonio, realizando así en el misterio de la Inmaculada Concepción el más
notable efecto de su obra redentora. El Nuevo Adán nace de la nueva Eva. Adán y Eva introducen con
el pecado de origen la muerte en la humanidad. Cristo y María hacen lo contrario: obedecen al Padre
celestial en todo, hasta la muerte. Con esto borran lo hecho por Adán y Eva, como si el tiempo y la
historia empezasen de nuevo.
Además, de esto, cuatro años más tarde, el 11 de febrero de 1858, la Virgen María se aparece a una
joven llamada Bernadette, de catorce años, que se encontraba recogiendo leña. La muchacha no sabía
de qué se trataba aquello. La Virgen le pidió que siguiera visitándola y las apariciones se repitieron 18
veces. Durante este tiempo, la noticia corrió por toda la comarca. El 25 de marzo, a pedido del
párroco del lugar, la niña le preguntó a la Señora: ¿Quién eres?, a lo que ella le respondió: "Yo soy la
Inmaculada Concepción". Luego Bernadette fue a contarle al sacerdote, y él quedo asombrado, pues
era casi imposible que una jovencita analfabeta pudiese saber sobre el dogma de la Inmaculada
Concepción, declarado por el Papa en 1854.
Para terminar, viene como anillo al dedo lo dicho por el papa Pío XII: «no hay para los sagrados
pastores y para los fieles nada 'más dulce ni más grato que honrar, venerar, invocar y predicar con
fervor y afecto en todas partes a la Virgen Madre de Dios, concebida sin pecado original’» 3

¡Oh, María, sin pecado concebida!

1
Pío XII, FuC I, párr. 2.
2
Benedicto XVI, Intervención en el Angelus de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, [Link].2006.
3
FuC, 1, párr. 10; lnD, Le.

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