PAMPAMARCA, PUEBLO COLONIAL OLVIDADO
En la ruta entre Nazca y Cusco, dos horas antes de llegar a Abancay se encuentra la ciudad
de Chalhuanca, capital de Aymaraes, y un poco antes de llegar a ésta ciudad se ubica el
distrito alpaquero de Cotarusi.
Poblado por sociedades Pocras, luego Chancas hasta ser parte del imperio Inca, la historia
colonial de Pampamarca se remonta a la fundación del pueblo español de Santo Hironino de
Pampamarca en 1575 por los padres agustinos, convertido en el siglo XVI en uno de los
centros de dominación política, religiosa y poblacional más importantes de la Colonia,
como cabecera de Curato o Parroquia. La razón económica fue su ubicación estratégica de
acceso a varios yacimientos de extracción de oro, plata y plomo (Charquihuacho, Auquiato,
Quilca, Piste), constituyendo una de las poblaciones tributarias importantes de la zona sur
este. Se resalta como recurso al azogue, usado para purificar el oro, descubierto en estas
pampas altoandinas, conocido como Ichma- Llimpi.
En1583 se empieza la construcción de una de las primeras iglesias de la región llamada
Santiago Apóstol Mayor de Pampamarca, destruida con el terremoto de 1650, erigiéndose
luego el Templo Nuestra Señora de las Mercedes, empezado en 1780 y terminado en 1814
por la congregación Mercedaria que reemplazó a la Orden de San Agustín. Un atractivo de
este templo es la torre de la campana mayor, uno de los mayores símbolos culturales
coloniales de Apurímac, muy similar a la campana María Angola del Cusco. Entre los años
1640 a 1645 se funda la ciudad de San Juan de Cotarusi como segundo pueblo español en
esta región también relacionado con el interés de los colonizadores de extraer y explotar el
mercurio o azogue.
A pesar del abandono actual de Pampamarca no ha dejado de mostrar lo que fue un pueblo
de ordenadas calles y acequias empedradas en una combinación de ciudad española con
influencia inca. Igualmente su tradición alpaquera sigue vigente no solo por el
aprovechamiento de la fibra y carne, sino por las iniciativas de mujeres artesanas que
mejoran sus técnicas de tejido para la venta local como en otros mercados, incluyendo
Lima.
Pampamarca no es el único atractivo por visitar en esta ruta. La Iglesia de Chuquinga, en
Chalhuanca, que alberga al Señor de Animas constituye otra construcción colonial edificada
en el siglo XVII y ahora muy bien rehabilitada, resaltando su particular decoración con
hermosas tejas pintadas colocadas en los aleros del techo, resultado de una tradición
catalana heredada en el siglo XVI. Su construcción data del auge extractivo minero, de la
entonces mina de Huayllaripa. Muy cerca se encuentran los baños termales de Pincahuacho,
administrados por la comunidad. Las evidencias también muestran la ocupación muy
antigua de estas zonas por sociedades agropastoriles preincas quedando como testimonio
terrazas de cultivo, muros de contención, sitios arqueológicos, restos funerarios y diversos
utensilios. Demás está decir que esta riqueza cultural tiene como escenario bellos paisajes
naturales y clima acogedor. Las iglesias de Pampamarca y Chuquinga han sido declaradas
patrimonio cultural de la Nación.
Otra manifestación del sincretismo cultural en esta región es la leyenda que da origen al
culto del Señor de las Ánimas, afín a la tradición oral del Taki Onkoy, describiendo el
hallazgo de la cabeza del Cristo en plena faena campesina, semejante a la profecía del
descubrimiento de la cabeza de Atahualpa que, al unirse a su cuerpo, resucitará el esplendor
del Tahuantinsuyo.
Pampamarca es un ejemplo más de patrimonio cultural que requiere que la puesta en valor
no se quede en simple frase. Una vez más hay que crear políticas que conviertan estos
bienes en componentes tanto de nuestra identidad cultural como del desarrollo territorial.
Mercedes de Pampamarca (Iglesias)
La Iglesia de la Virgen de las Mercedes de Pampamarca, es una construcción religiosa de origen
Colonial, que se encuentra localizada en el distrito de Cotaruse, en la provincia de Aymaraes, en el
departamento de Apurímac.
No se sabe la fecha exacta de la fundación e inauguración del templo, más se tiene constancia de que el
templo que ha llegado hasta nosotros, pudo haber sido iniciado y concluido entre los años 1781 y 1814, y
que la obra estuvo a cargo del Sacerdote Agustín Pio. Se cree que la obra estuvo concluida en el año
1814, por ser esta la fecha más avanzada que se encuentra registrada en uno de los muros del templo.
El templo, a nivel arquitectónico, se caracteriza por presentar un marcado estilo barroco mestizo.
Estructuralmente, el templo en sí, se encuentra edificado en base a piedras y adobe, y techado gracias al
uso de tejas que, en la nave central, se encuentran instaladas a dos aguas. Acompañan a la nave central,
dos torres, también con cubierta de tejas. Del edificio, llama la atención especialmente la portada, misma
que se encuentra hecha con sillar.
Como pate del cerco que rodea el edificio, se encuentra también una torre de veinte metros de altura,
elaborada con piedra, en contraste con los muros de adobe del perímetro que acompaña. Las torres
laterales del templo, son también campanarios que presentan aún las campanas de sus primeros
tiempos. Llama la atención de las torres, la campana mayor, en la que se puede observar la fecha 1586,
además de una inscripción en latín; el año que presenta la inscripción de esta pieza del templo, harían
pensar que el proceso de fundación del mismo, debió haber provenido de un proyecto que se iniciara
desde el siglo XVI, periodo en el que los agustinos llegaron a la zona, con intenciones de expandir su
misión evangelizadora al lugar; aunque la reconstrucción que podemos hallar en la actualidad es un
templo que es atribuido a la orden de los mercedarios.
Como parte del ornamento interno de este templo, se encuentran destacadas piezas como son: el Altar
Mayor, que presenta el cuerpo de un retablo, en el que es notoria la influencia del barroco-mestizo
también presente en la arquitectura del edificio. En los nichos de este retablo, es posible apreciar, del
mismo modo, una valiosa colección, de piezas de arte religioso, que son fruto de trabajo de artesanos de
la respetada escuela cusqueña.
Quien quiera visitar este templo, que hoy en día es considerado Patrimonio Cultural de la Nación, tiene
que dirigirse hasta la Plaza de Armas de Pampamarca. Se recomienda que si se visita este pueblo, con
intenciones de pernoctar en el lugar, es necesario saber que aquel no cuenta con la infraestructura
adecuada para recibir a un alto número de turistas, por lo que se recomienda hospedarse en alojamientos
dentro de la ciudad de Abancay, que se encuentra a aproximadamente dos hora y media de este poblado.