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Cambio Urbano: Hiperconcentración y Desarticulación

Este documento discute los procesos de cambio urbano, incluyendo la concentración, difusión descentralizada y desarticulación. Presenta tres perspectivas teóricas del cambio urbano: 1) la inviabilidad del sistema capitalista y la crisis de la organización espacial, 2) el rol de las tecnologías y la organización del capital, y 3) la tercera revolución urbana moderna impulsada por el transporte, comunicaciones y atributos humanos. También distingue entre las tendencias globales y los procesos propios

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Cambio Urbano: Hiperconcentración y Desarticulación

Este documento discute los procesos de cambio urbano, incluyendo la concentración, difusión descentralizada y desarticulación. Presenta tres perspectivas teóricas del cambio urbano: 1) la inviabilidad del sistema capitalista y la crisis de la organización espacial, 2) el rol de las tecnologías y la organización del capital, y 3) la tercera revolución urbana moderna impulsada por el transporte, comunicaciones y atributos humanos. También distingue entre las tendencias globales y los procesos propios

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Hoyos Castillo, Guadalupe, EL CAMBIO URBANO.

CONCENTRACIÓN, DIFUSIÓN DESCENTRADA Y


DESARTICULACIÓN. Quivera [en linea] 2009, 11 (Enero-Junio) : [Fecha de consulta: 2 de mayo de 2018]
Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=40113194008> ISSN 1405-8626

EL CAMBIO URBANO. CONCENTRACIÓN, DIFUSIÓN


DESCENTRADA Y DESARTICULACIÓN
Hoyos Castillo, Guadalupe
I. Introducción
El cambio urbano sostiene que la sociedad tiende a organizarse en red de asentamientos,
formando la “no ciudad” pues desaparece la relación centro-periferia que constituía a la
urbanización por aglomeración. Sostiene cambios estructurales que generalmente se
vinculan con las transformaciones del capitalismo y su continua búsqueda de la ganancia y
de ello deriva procesos sociales, culturales, tecnológicos y políticos mismos que se
expresan en una configuración propia con dos macro procesos. La hiperconcentración en el
nivel agregado y la desintegración en la escala próxima. Así surgen patrones con periferias
interminables, dispersión desarticulada y modalidades novedosas de ocupación del territorio.

Los procesos de Urbanización por los que atraviesan los distintos países parecen dejar atrás
o debilitan las explicaciones de la urbanización industrial –que inicia a finales del siglo XVIII
y declina en la segunda mitad del siglo XX, proceso documentado en la literatura
especializada desde los años setenta que a su vez arrancan años atrás. Ello ha sido
calificado como nueva fase también llamado cambio urbano.
El artículo tiene tres partes: la primera, aborda las distintas perspectivas de los procesos en
el territorio que sostienen el cambio urbano en contextos desarrollados; la segunda,
distingue aquellas tendencias globales de los procesos propios en América Latina, donde
dicha tendencia es una hipótesis en exploración y; la tercera, presenta reflexiones de cierre.

II. Urbanización. Contexto y teoría de su difusión en el territorio


Aquí, en forma sintética y somera se presentan las líneas de argumentación más
recurrentes en contextos socioeconómicos nacionales evolucionados. Los argumentos del
cambio urbano que abarca la organización espacial del sistema capitalista apunta lo
siguiente: la inviabilidad del sistema capitalista y sometimiento al capital, el predominio de la
tecnología y las comunicaciones, todo lo cual va cuestionando el herramental teórico y
conceptual, pues se avanza hacia la urbanización generalizada, confronta sobre todo la
larga trayectoria de la configuración morfológica. Al respecto existen posturas críticas, otras
son perspectivas descriptivas de tendencias interrelacionadas entre el sistema económico y
el cambio territorial, otros más como una transformación de la historia y también quienes
sugieren partir por los fundamentos de partida, revisar el vocablo ciudad.
a) La inviabilidad del sistema capitalista y crisis de organización espacial En un orden de
mayor complejidad crítica e ideológica, Fernández (1996) expone una reflexión sobre el
modelo capitalista vigente en una relación modelo productivo – modelo territorial, mediante
tres tesis. En la primera, indica que el actual modelo productivo (de concentración e
interdependencia), económico y social, se basa en la lógica del crecimiento y la
acumulación, en su evolución genera un orden aparente sustentado en un aumento
constante del consumo energético, que engendra a su vez un desorden creciente de índole
interna (económica y social) y externa (ambiental), al disolver y absorber estructuras previas.
Éste contribuye a la creación de desorden, principalmente en los procesos entrópicos,
genera crisis económica, sociopolítica y ambiental, todo ello, se manifiesta en las principales
metrópolis por ser el lugar de acumulación y consumo.
En su segunda tesis, sostiene que el modelo requiere una proyección planetaria para seguir
creciendo y lo hace a costa de avanzar en los países de la periferia en los que genera
desigualdades. En ese marco, las tendencias de concentración urbana adoptan formas
distintas en los países, los del centro y los de la periferia, en estos últimos aumenta el
crecimiento demográfico, se incrementa la conflictividad difusa y puntual como expresión de
la ingobernabilidad de lo social. En la tercera tesis, sostiene que la transformación radical
del modelo, en el plano estatal y planetario, vendrá de fuera de las actuales estructuras
institucionales, proviene de lo político y básicamente desde la sociedad civil. En el caso de
las megaciudades de América Latina o países de la periferia, un ejemplo como otros, indica
a la conflictividad social, criminalidad, desintegración social y exclusión como hechos
comunes. En el orden mayor apunta el agotamiento de los recursos, el cambio climático y
los límites de la producción alimentaria. Para Fernández, el modelo es generador de
procesos que conllevan crisis, desorden e ingobernabilidad, por tanto no tiene viabilidad.
b) Las tecnologías y organización del capital. En la perspectiva descriptiva, el cambio urbano
ha sido fundamentado nuevamente por la revolución tecnológica (para unos como tercera
revolución industrial y para otros como tercera revolución urbana), se dice que ésta
transforma procesos, estructuras, métodos y acciones de toda índole, cuyo resultado es el
advenimiento de la flexibilidad y por extensión de procesos, la flexibilidad territorial.
Al respecto, Castells postuló hace dos décadas que las nuevas tecnologías devienen
cambios estructurales. “Los factores de cambio permiten una mayor flexibilidad territorial que
se expresa en nuevas formas de funcionamiento, de relación y de organización espacial.
Ello conduce a la flexibilización que constituye un rasgo importante del actual momento de la
dinámica territorial: la transición del espacio de lugares al espacio de flujos” (Castells, 1989).
En esta línea de reflexión, la flexibilidad, las comunicaciones electrónicas, así como la
comunicación terrestre y aérea, se ubican en la base de la explicación de la distribución de
los procesos, de manera que la incorporación o participación a dichos atributos tecnológicos
develará la presencia de los mismos procesos en ciudades, regiones y países.
La explicación de los efectos de la tercera revolución industrial con énfasis en la movilidad
geográfica del capital viene de Aguilar (2006: 128) quien sostiene que “En términos
territoriales, la tercera revolución industrial produce dos tendencias urbanas contradictorias:
la dispersión de la población y la aglomeración de funciones. En el primer caso, se estimula
la desurbanización y la dispersión de la población, ya que la tecnología y la consolidación de
líneas de producción promueven tanto el trabajo estandarizado como los sitios de
producción dispersos. Además, las estrategias económicas de las empresas y su nueva
organización las lleva a buscar localizaciones menos urbanas. De aquí que, en las áreas
manufactureras tradicionales se haya observado una disminución en la dinámica económica,
y una relativa y continua descentralización de empleo y población. Al mismo tiempo, la
tendencia opuesta da lugar a la concentración o aglomeración de funciones particularmente
de oficinas centrales de grandes corporaciones en unas pocas grandes ciudades. Estos
centros urbanos ejercen un control económico sobre grandes regiones mundiales”. Así, el
autor precisa que las nuevas formas de dispersión y de concentración geográfica, no son
otra cosa que los patrones de la movilidad del capital de una región hacia otra.
De manera que la anterior organización, donde el modelo de los lugares centrales de
Christaller había constituido por mucho tiempo la representación más aceptada, con un
conjunto de propiedades en términos de difusión territorial vertical o jerárquica de corta y
media distancia, ahora tiende a ser desplazada por una en que “la economía está
estructurada mucho más fuertemente por la red primaria metropolitana, que por las
relaciones verticales, con las zonas o las metrópolis secundarias” (Veltz, 1996: 65). Resulta
así, que “…la globalización deterritorializa el mundo, lo divide en fragmentos, a los que da
autonomía como sistemas locales para después someterlos a su reglas” (Dematteis,
2002:173).
La transformación económica es la base de la explicación, y es este cambio en la dinámica
territorial lo que sienta las bases para la formación de un nuevo patrón de urbanización, que
comienza a imponerse en forma generalizada, más allá de la especificidad de cada ciudad
(de Mattos, 2008). En una perspectiva histórica integral, cuyo trasfondo de observación es la
Europa Occidental, se dice que los cambios actuales son la evolución de la urbanización
cultural y espacial con tres aspectos interrelacionados: el transporte, las comunicaciones y
los atributos que poseen las personas, es decir los efectos combinados de las tecnologías
en sujetos y actores.
Tal planteamiento lo desarrolla Ascher (2004), quien sostiene la siguiente “hipótesis –ahora
que se inicia una nueva fase de la modernización- de que los cambios que se esbozan en el
urbanismo actual prefiguran una tercera revolución urbana moderna” y denomina
neourbanismo, quien no admite un proceso post moderno y tampoco acepta el new
urbanismo norteamericano1
Para este autor, Europa Occidental ya ha conocido dos revoluciones urbanas modernas (la
primera que constituyó la ciudad del Renacimiento y de la Edad Moderna, la segunda de la
revolución industrial y del desarrollo del capitalismo). A las dos primeras fases de la
modernización con sus revoluciones urbanas correspondió una mutación profunda en las
maneras de pensar, producir, utilizar y gestionar los territorios en general y las ciudades en
particular. Se dice que si bien la tercera revolución urbana dio inicio hace tiempo, pero ahora
sus procesos son nítidos.
Apunta cinco cambios: “la metapolización, la transformación de los sistemas urbanos de
movilidad, la formación de espacios - tiempos individuales, la redefinición de la
correspondencia entre intereses individuales, colectivos y generales, y las nuevas relaciones
de riesgo” (Ascher, 2004: 56). Por su parte, por metapolización, se refiere a que las
ciudades cambian de escala y de forma, es un doble proceso de metropolización y de
formación de nuevos tipos de territorios urbanos: las metápolis.
La metropolización, ocurrió con el crecimiento de las ciudades, y se apoya en el desarrollo
de los medios de transporte y de almacenamiento de bienes, información y personas (bip) y
en las tecnologías que mejoran su rendimiento. Estos medios de transporte y de
almacenamiento, rentables y cada vez más individualizados, confieren nuevas formas a las
aglomeraciones urbanas. Se constituyen las metápolis, es decir, grandes conurbaciones,
extensas y discontinuas, heterogéneas y multipolarizadas. Por tanto, el crecimiento inerme
de las aglomeraciones, por extensión a su periferia inmediata y por su densificación, da
paso a un crecimiento externo, es decir, por absorción de ciudades y pueblos cada vez más
alejados hacia su zona de funcionamiento cotidiano. Los límites y las diferencias físicas y
sociales entre campo y ciudad se vuelven menos precisos. Las estructuras de las redes de
transporte rápido (en nodos y arcos) influyen cada vez más en los sistemas y redes urbanos.
Las ciudades pequeñas y medianas procuran tener conexiones con las grandes
aglomeraciones para obtener el máximo beneficio de su urbanidad (de su potencial).
Según Ascher, la metapolización, como la globalización, induce un doble proceso de
homogeneización y diferenciación: homogeneización, el mismo tipo de actores económicos
se encuentran presentes con las mismas lógicas en todos los países y en todas las ciudades
y; diferenciación, porque la competencia interurbana es mayor y profunda, acentuando la
importancia de las diferencias. Esta doble dinámica constituye el marco de las políticas de
desarrollo local y abre un espacio para el debate, la transacción y la asociación entre
actores económicos móviles y locales.
En un ejercicio de extensión del razonamiento, se califica al fenómeno actual como de
urbanización global, el cual en parte deriva de los efectos de las tecnologías de la
información. Al respecto Baigorri (1996) dijo hace algunos años ya que “uno de los motores
del nuevo modo de producción informacional es justamente la propia producción y
reproducción de la ciudad, y de ahí los grandes conflictos que se desarrollan en torno a la
frontera física entre lo rural y lo urbano. .. El espíritu del capitalismo y la sociedad
informacional han penetrado hasta tal punto en esos supuestos espacios rurales que no es
fácil percibir hoy diferencias en hábitos, actitudes y valores, y menos aún en lo que se refiere
a las estructuras y relaciones de producción.
Vivimos en una urbe global ,…”. Tal dicotomía no sirve, sugiere hablar de graduaciones, de
un continuum que iría desde lo más rural o menos urbanizado a lo más urbano o menos
rural, analizando las formas de agrupación e interrelación social en el espacio se puede
matizar la graduación. Así el concepto francés, de rurbanización es útil, espacial y
estructural, más que el anglosajón, de conmuterización , aquel es imprescindible para
explicar los cambios estructurales que determinan la urbanización global del territorio, que
se refiere al proceso civilizatorio, es un estadio evolutivo en el proceso general de
civilización.
En dicho planteamiento, Baigorri, define la urbe global como: un continuum inacabable en el

1
El New Urbanism norteamericano remite a tres tipos de prácticas: estilo estético, diseño urbano y forma de
urbanización (Ascher, 2004: 88).
que se suceden espacios con formas y funciones diversas, con mayores y menores
densidades habitacionales, cohesionados por diversos nodos o centralidades, pero que en
su totalidad participan de una u otra forma y a todos los efectos de la civilización y la cultura
urbanas. Todo lo cual no contradice la crisis de las grandes ciudades, los fenómenos de
dispersión, fragmentación, glocalización, más bien son los procesos que permiten explicar la
ya efectiva urbanización de todos los espacios sociales. Por tanto, lo que corresponde ahora
es la lectura global del territorio, analizar la ciudad en el campo y el campo en las ciudades.
c) Configuración morfológica descentrada. Un aspecto suficientemente documentado es el
cambio en la configuración morfológica que conlleva el aumento de escala y forma, pues las
principales transformaciones se reportan en las periferias urbanas pero a la vez más allá.
Según Capel (2003) uno de los rasgos más frecuentemente citados con referencia a la
urbanización actual es el que se refiere a la aparición de la “ciudad difusa”. Desde luego,
todo depende de la escala a que situemos la observación. A la escala pequeña, la de los
países y los continentes o el conjunto del mundo, puede decirse que la concentración
urbana continúa, y que actúan procesos circulares y acumulativos de reforzamiento de las
áreas urbanas ya existentes, los cuales desde hace medio milenio están obrando a favor de
las grandes ciudades, primero, y de las áreas metropolitanas más tarde. Pero si nos
situamos a otra escala las cosas cambian. A la escala municipal, metropolitana o regional es
evidente que existe una dispersión de la urbanización y la aparición de lo que podemos
coincidir en calificar como “ciudad difusa” y en la que ya se cuenta con documentación
especializada.
Las raíces de esta difusión o dispersión son varias, según Capel, hay elementos de
continuidad con los procesos de descentralización que se iniciaron en el siglo XIX, y a veces
incluso en el XVIII, reforzados por innovaciones técnicas (ferrocarril, telégrafo, teléfono,
tranvía, autobús) que permiten la localización periférica de unas actividades que
normalmente se situaban en el casco urbano. Se explica por la evolución de los
desplazamientos de población y de la industria del centro de la ciudad, posteriormente se
agrega el desplazamiento de la terciarización. Más reciente es el negocio de la construcción
de autopistas para el automóvil privado. A lo cual se han unido los cambios introducidos por
la transformación de los procesos productivos y las modificaciones en las formas de vida y
en los gustos, que valoran las localizaciones periféricas, en un momento en que los medios
de transporte lo permiten.
Ahora bien, cuando el crecimiento de las áreas periurbanas fue mayor que en las ciudades
centrales, se dijo que iniciaba otro aspecto del proceso de urbanización. Ello se empieza a
registrar en la década de los cuarenta primero en Estados Unidos y en ciudades de Europa,
hacia los años setenta el cambio urbano ya era un proceso en marcha. A finales de 1960 los
mapas de la extensión de las áreas de movimientos pendulares diarios en torno a las
grandes ciudades norteamericanas resultaban ya espectaculares, a la vez que se observaba
la difusión de la urbanización sobre los espacios intermetropolitanos, que hasta entonces
habían estado perdiendo población, lo que llevó a Berry a proponer el término de
“contraurbanización”. El mismo autor reconocía que “la escala y el patrón de crecimiento
urbano está siendo transformado continuamente y con creciente rapidez”, y que por ello era
preciso redefinir las áreas metropolitanas. Poco después en Europa se registró el mismo
proceso, que se llamó “la rurbanisation ou la ville éparpillée”. Ambos procesos fueron
paulatinamente documentados como nueva expresión en la realidad urbana. Luego de una
extensa documentación, Capel dice “Si algo esta claro es que se ha producido un profundo
cambio en la estructura urbana, que conduce a lo que simplificadamente podemos seguir
llamando ciudad difusa y a la aparición de formas de policentrismo (Capel 2000: 204).
En otra cuidadosa revisión bibliográfica, por su parte Ferrás (2007) escribe sobre la
aparición del un nuevo modelo de asentamiento humano, identificado por Berry. La
contraurbanización implica el movimiento demográfico y la desconcentración en las áreas
urbanas, el cual parece conformar un nuevo proceso de distribución espacial de la población
y la definición de un nuevo modelo de asentamiento de la población en el espacio. Esta tesis
es un paso adelante a la Teoría del Lugar Central, y del Rango- Tamaño, que se basaba en
una organización jerárquica de los asentamientos y la preeminencia demográfica y
económica, tanto absoluta como de flujos, de los asentamientos mayores. Lo que ahora se
tiene resulta en una diversidad social e incluso la aparición de nuevas clases sociales en el
campo y nuevas relaciones urbano-rurales. Con el examen a la bibliografía especializada en
contraurbanización, se afirma que dicho proceso se encuentra presente en la mayoría de las
sociedades del mundo occidental, tanto el Europa como en América, en países más
desarrollados, beneficiándose de ello determinadas áreas rurales que conocen un nuevo
período de desarrollo económico y de crecimiento demográfico luego de una fase obscura
de declive.
Para Ferrás, el nuevo proceso urbano-rural se encuentra relacionado con las nuevas formas
de urbanización difusa y representa la superación de la urbanización industrial. De manera
que la contraurbanización puede considerarse como una fase de evolución de las ciudades,
aunque no se sabe si es proceso transitorio o irreversible, por el momento contribuye a la
difusión de la urbanización del territorio y de la sociedad, pues implica difusión de valores,
hábitos, cultura, actividades económicas, entre otros, por el espacio, siendo los flujos de
toda naturaleza los agentes urbanizadores. La ciudad que emana de la contraurbanización
es la ciudad descentrada, dispersa y abierta. De manera específica, para algunas ciudades
de la Europa mediterránea, Indovina (1990 y 1998) propuso el concepto de “ciudad difusa”
para destacar la constatación de que han surgido importantes transformaciones del
fenómeno del asentamiento humano y que es necesario interpretar tales transformaciones
porque no se presentan como especie de prolongación de la fenomenología precedente,
sino porque lo hacen como una mutación de estado.
En esa línea de argumentación, Dematteis (1998) afirma que “con la periurbanización y la
„ciudad difusa" los modelos de suburbanización de tipo latino- mediterráneo y de tipo
anglosajón, que durante mucho tiempo han seguido caminos diferentes, tienden ahora a
converger en un modelo único común a toda Europa de „ciudad sin centro y de estructura
reticular, cuyos nodos (sistemas urbanos singulares) conservan y acentúan su identidad a
través de procesos innovadores de competición y cooperación”. Esto es, las ciudades ya no
se organizan nucleadas por una primacía nacional sino por la multiplicidad de pequeños y
grandes núcleos con organización abierta en el territorio.
Sin embargo, a contrapelo de la nostalgia por la historia urbana en algunos países de
Europa, Secchi (2001) manifiesta lo siguiente: “A diferencia de lo que habitualmente se
piensa, que los Estados Unidos son nuestro futuro y que Europa es el pasado de Estados
Unidos, las grandes estructuras comerciales de nuestros países no se están desarrollando
con grandes centros comerciales como los de Orlando o Minneapolis, esos grandes
shopping-hall americanos, sino que se está desarrollando con la formación de larguísimas
carretera - mercado”. Este autor apunta algunos componentes singulares: sobre las
carreteras se localizan grandes aparadores expositivos y espacios de venta; también es muy
evidente la urbanización continua a lo largo de las carreteras (strada - corredor
aproximadamente del siglo XIX ), es una urbanización a modo de filamento que da lugar a
un modo de habitar, a un modo de vida completamente diferente; y la aparición de
“enclaves” o ”ciudad fortaleza”, se trata de pequeños barrios reservados, con policía privada
en las puertas, a los que se accede únicamente con una tarjeta magnética, son reserva de
ricos –“una minoría”.
El resultado es una ciudad muy extraña, en la cual el uso del territorio es eminentemente
extensivo. En el caso particular de Italia, Secchi sostiene que la ciudad del Siglo XIX ha
sufrido una racionalización, una transformación hacia un proyecto adaptado a los cambios
generados por la modernidad, y se ha convertido en algo completamente diferente a lo que
era. En la “ciudad difusa”, el modo de utilizar las infraestructuras (carreteras, servicios e
instalaciones) poco tiene que ver con las viejas formas de mirar la ciudad. Para cerrar con la
ciudad mediterránea de Europa, donde el argumento principal es que se pasa del
“aglomerado a la red”, Font (2001) indica que la “ciudad dispersa” o “difusa”, o el “campo
urbanizado”, es una ciudad que nace producto de la crisis de la precedente y hay que
analizarla con nuevos argumentos.
En el tránsito de la urbanización con centro a la urbanización sin centro, es la periferia la
base de la explicación, así como antaño lo fue el centro. En la configuración de las áreas
metropolitanas, sus procesos y tendencias principales sucedían como consecuencia de los
efectos favorables para el centro y los negativos para la periferia, sin embargo ello cambia
de significado y valoración conforme el proceso social y territorial invierte al proceso de
urbanización sin centro. En la periferia metropolitana y
en la no-metropolitana, si bien permanece la vieja concepción y argumentación de sus
procesos, también tiene nueva imagen y contenido. Básicamente lo que allí sucede explica
la nueva realidad urbana, la periferia pasa de su vocación metropolitana a la urbanización
abierta, e incluso se desprende del viejo dominio.
De acuerdo con Dematteis (1998), la fase fordista, identifico el centro para la clase burguesa
y la periferia para las clases proletarias y subproletarias, en cambio en la fase posfordista
más reciente, al hacer más compleja la composición y la geografía social de la ciudad, ha
reducido mucho la eficacia de la metonimia social centro- periferia. La periferia de la ciudad
postfordista se define de un modo positivo respecto al centro. Para los sujetos que las
escogen y las habitan, presentan cualidades medioambientales que el centro no tiene
(entonces los gradientes negativos van ahora también de la periferia al centro) y en los
espacios reticulares de la “ciudad difusa” se reduce mucho la vieja dependencia del centro
metropolitano como lugar de trabajo y de los servicios cualificados con la difusión de unos y
otros en el territorio periurbano y en la “ciudad difusa”, y convertidos en sistemas urbanos
reticulares autónomos, se presentan ahora como “periferias sin centro”.
Es la “ciudad sin centro” que aparece en toda Europa en las décadas de 1980 y 1990. Las
periferias postfordistas, sirven de “laboratorios” sociales y territoriales en los que se
experimentan innovaciones y cambios importantes en la forma de habitar, en los estilos de
vida, en las relaciones sociales y asimismo en los movimientos políticos2. Es más, durante
los últimos años la periferia ha sido metrópolis, en el sentido etimológico de ciudad-madre (
métér-polis), generadora de nuevos modelos culturales, sociales y políticos. Así la
globalización, entendía como acceso directo a las redes globales de los intercambios y de la
información, no es una prerrogativa de los grandes centros urbanos, sino que está ahora al
alcance de los sistemas territoriales periféricos y de sus actores locales.
Siguiendo con los procesos en la franja externa metropolitanas, y más allá de las periferias
reorganizadas, resurgen estudios en “lo urbano y lo rural” para criticar su capacidad
explicativa, pues es cada vez menos nítida y menos aceptable como base de examen, allí
surgen múltiples formas de hibridación y conlleva la construcción de nuevos soportes
conceptuales para esa interfase, intersticios o porciones intermedias.
Para Simon y sus colegas (2006), quienes tienen como marco de análisis el caso de
Inglaterra, el término rural-urbano generalmente se ha usado como mutuamente excluyente,
ahora es otro aspecto que cambia. Ello se debe al rápido crecimiento demográfico y
expansión del área construida, cambios tecnológicos, reestructuración de la economía
global y el impacto de las políticas de ajuste económico dirigidas desde el exterior que
tienden alterar la interfase entre lo urbano y lo rural en muchos lugares en forma profunda.
Cuando la ciudad se encuentra con su entorno inmediato la línea ya no es nítida, la ciudad
tiende a diseminarse rápidamente pero no uniformemente.
Como resultado existen diferentes zonas de transición entre la ciudad y el campo –entre lo
que es ambiguamente urbano y supuestamente típicamente rural. Algunas zonas pueden
adquirir forma de dispersión relativamente uniforme, otras parecen estructuras de enjambre
de abeja o bien dirigen el crecimiento a lo largo de corredores específicos. Estas zonas de
transición generalmente conocidas como áreas peri-urbanas en Inglaterra –varía en
amplitud y naturaleza, y son sujetas de rápidos cambios con el incremento de la presión
urbana. Muchos pueblos indígenas, previamente localizados en áreas rurales a considerable
distancia de la ciudad, han experimentado inmigración, crecimiento y cambios en
composición de población, uso del suelo y base económica.
Como una generalización registrada, Simón y otros (2006) indican que mientras más
próximo a la ciudad, es más pronunciada la transición de lo rural hacia las características
urbanas. Eventualmente estos asentamientos forman parte del área urbana construida, las
cuales se componen de una mezcla compleja de viviendas formales, pueblos pobres,
cobertizos rurales y otros tipos de casas provisionales. Subsecuentemente, la frontera refleja
cambios, resultados de un rápido crecimiento que puede incluso cambiar su estatus
administrativo.

2
Aunque la periferia fordista, fue el lugar del conflicto capital-trabajo, que han producido su mediación, en el
“pacto social” del welfare state . Incluso más atrás, la revolución industrial ha sido, en Inglaterra del siglo XVIII, un
hecho esencialmente “periférico” y sustancialmente antiurbano, en conflicto con el orden corporativo de tenía en
las ciudades sus centros de poder (Dematteis, 1998).
d) La “post-ciudad” en una dimensión subjetiva Frente al conjunto de interpretaciones sobre
los cambios en las ciudades, se dice que ellas históricamente han abarcado la explicación y
construcción racional material no la dimensión subjetiva. Hiernaux (2006), sugiere repensar
la ciudad desde una dimensión ontológica, lanza la pregunta si ¿estamos todavía frente a lo
que tradicionalmente se ha llamado “ciudad”?, se sigue usando la voz “ciudad” para calificar
las urbanizaciones extensas, “ciudad difusa”, que buscan entender las interminables
periferias de las metrópolis mundiales, a las formas innovadoras de ocupación del espacio
que impactan el intelecto y los sentidos, como si nada hubiera cambiado desde la “polis”
griega, desde el nacimiento del burgo feudal en el Medioevo europeo o desde la ciudad
industrial decimonónica.
En este afán de abordar tales cambios, el autor, prefiere una metarreflexión cercana a la
filosofía más que a los estudios tradicionales que consideran las dimensiones demográficas,
morfológicas o económicas. Más aún, si las fronteras entre lo urbano y lo rural se antojan
cada vez más endebles a la luz de la creciente “urbanización del campo”. Hiernaux,
construye su razonamiento, para la definición de lo urbano tomando en cuenta tres
categorías fundamentales: lo laberíntico, lo fugaz y lo fortuito, dicha triada no es una simple
yuxtaposición de “ocurrencias”, permite una redefinición de lo que la ciudad es en su
esencia, lo que hace que una ciudad sea. Lo laberíntico remite a lo espacial desde lo
geográfico, o bien la organización del espacio mental. En tanto que lo fugaz refiere a lo
temporal y, lo fortuito a la innovación social. Se considera así una complementariedad,
articulados y difícilmente separados, de una característica que es la marca de referencia que
define la ciudad.
En buena medida se habla de la no linealidad del espacio, del tiempo y de las acciones
sociales. De aceptar la ausencia de un trazado fiable, permanente, seguro para nuestras
acciones en el tiempo y en el espacio – como lo hacen los pretendidos modelos científicos
de la ciudad. Por tanto las características fundamentales de la ciudad no remiten a la
morfología sino a los modos de vida. La cuestión es reconocer que quizá estamos entrando
en una fase de “post-ciudad” en donde reina la urbanización sin ciudad.
En los argumentos que hemos ubicado en el cambio morfológico, tanto el centro
metropolitano, la periferia metropolitana extendida, como las transformaciones de las franjas
más externas de las ciudades, cada una de dichas porciones al momento reportan procesos
que constatan una nueva realidad y confrontan tanto patrones conocidos como marcos
conceptuales construidos. También se ha agregado la visión subjetiva que sugiere la
eliminación del vocablo ciudad.
e) Las teorías de la urbanización, en la mirilla. Durante muchas décadas, los procesos de
urbanización y distribución de la población han sido sustentados desde la Teoría del Lugar
Central, la jerarquía urbana y la relación centro-periferia. Los supuestos clásicos de la
urbanización sostienen, un sucesivo movimiento de concentración de población, y por tanto
cualquier cambio en dicha linealidad significa un nuevo status. Así la contraurbanización
rompía con la urbanización, y actualmente el cambio urbano , pretende eliminar los
elementos constitutivos de la evolución sociocultural y su emplazamiento, como ya se ha
expuesto arriba.
Cuando Berry, en 1976 propone la contraurbanización, como un proceso de ruptura con lo
anteriormente conocido, significaba volver a poner a prueba las nociones de jerarquía
urbana y de centro - periferia, muy enraizadas en la fase metropolitana.
Dichas nociones deberían ser sustituidas por el concepto de multipolaridad, vinculado a una
estructura urbana menos jerarquizada, propia de una nueva organización territorial basada
en sistemas de ciudades (Arroyo, 2001).
En una lectura que realiza Arroyo (2001) a este cambio sita el proceso precedente: la
urbanización. El fenómeno de urbanización se identifica como el proceso de concentración
constante de población en áreas urbanas que implica dos tipos de movimientos: unos de
carácter centrípeto y otros de carácter centrífugo. Como había señalado Hawley en 1950,
los movimientos de carácter centrífugo se habían iniciado ya en el siglo XIX con la atracción
de poblaciones rurales a los centros fabriles de las ciudades industrializadas, suponía que
las ciudades en crecimiento absorben paulatinamente territorios vecinos y núcleos de
población adyacentes, eliminando la autonomía y heterogeneidad de pueblos circundantes
en una organización territorial y económica única, el área metropolitana.
En su evolución, más adelante, estos núcleos conformarían una organización económica
más amplia, la comunidad metropolitana o región metropolitana, cuya formación se vio
favorecida por la aparición de medios de comunicación gradualmente más avanzados y
progresivamente capaces de alcanzar mayores distancias. Los movimientos centrípetos
hacen posible un desarrollo suficiente del centro para que se mantenga la integración y la
coordinación del complejo de relaciones en expansión, en cambio, los movimientos
centrífugos son el proceso por el que nuevos territorios y nuevos grupos de población se
incorporan en una organización única.
Teniendo como mecanismo ambas fuerzas -centrípeta y centrífuga- los centros
metropolitanos resultan de la progresiva concentración y que ejercen un papel centralizador
de sus regiones circundantes. Las áreas periféricas de esos centros metropolitanos, por su
parte, sólo pueden crecer según los requerimientos de los centros metropolitanos. Esta
definición implica el proceso de metropolización y su paralelo de suburbanización.
Berry, en 1976, partiría precisamente de estas consideraciones sobre el proceso de
urbanización para señalar que las diferencias observadas entre el número de habitantes de
las áreas metropolitanas y de las áreas no metropolitanas suponían un cambio de tendencia
de carácter estructural: no obedecían a una simple perturbación causada por la crisis
económica de los años setenta, sino que implicaban un cambio de modelo en los procesos
de poblamiento de las grandes áreas urbanas. Para Berry, la "desconcentración acelerada"
de las poblaciones residentes en los centros metropolitanos habría dado lugar a la
"emergencia de una potente fuerza de contraurbanización" que por sus mismas
características se distinguiría de la concentración progresiva, propia de los procesos de
urbanización.
Como era de esperar se inicia el debate sobre la contraurbanización, surgen posiciones que
lo estiman como un proceso que debe inscribirse en el mismo desarrollo del capitalismo,
como una más de las condiciones de su propia lógica espacial, es decir, como la simple
continuación de la suburbanización -la salida definitiva de poblaciones sobrantes[overspill]
desde las grandes áreas metropolitanas-, a las posiciones desde las que se considera la
contraurbanización como algo completamente nuevo, como una ruptura [clean break] con el
pasado (Arroyo, 2001).
Luego se diría que la urbanización constante de menor a mayor grado no asegura un
proceso infinito, así surge el planteamiento que sostiene un “ciclo de urbanización” que
registra un sistema urbano (Cuadro 1). Un gran número de países con niveles avanzados de
urbanización actuales decrecieron entre 1965 y 1990, esto es ahora reconocido como
procesos que indican la redistribución de población lo cual implica, el rápido crecimiento
relativo de lugares urbanos pequeños o el decline absoluto de las grandes ciudades. El
cambio en la incidencia del fuerte crecimiento de población fuera de las grandes ciudades
en un sistema urbano nacional ha sido denominado “polarización inversa” (polarization
reversal ) o, más comúnmente “contraurbanización” (Pacione, 2005).
Siguiendo el planteamiento de la evolución de la urbanización, la extensión de las formas de
vida sobre todo el territorio en Europa occidental, ya reporta alrededor de cuarenta años, y
diversas fases han sido descritas, mismas que reconstruye Nel-lo (1998:39): de “crecimiento
de la ciudad ´en mancha de aceite´ (por simple agregación sin solución de continuidad con
el espacio construido preexistente) a la suburbanización (la aparición de periferias
metropolitanas más o menos densas, a menudo sin solución de continuidad, como la ciudad
central); de la suburbanización a la periurbanización (la integración en las dinámicas
metropolitanas de los antiguos núcleos rurales); de la periurbanización a la rururbanización
(la difusión de las dinámicas metropolitanas hasta los antiguos espacios rurales más
alejados de los núcleos primigenios)”. Son procesos que han sido calificados según
postulados teóricos que han surgido de mediados del siglo XX en adelante, que a su vez se
basaron en las que dieron inicios a finales del siglo XIX, las teorías clásicas de localización.
En particular, el proceso de suburbanización de las ciudades europeas occidentales (del
noroccidente al mediterráneo) sufre un cambio considerable a partir de finales de los años
sesenta. No sólo los núcleos centrales de las grandes ciudades comienzan a perder
población, sino que también las “coronas” suburbanas comienzan a ralentizar su crecimiento
hasta el extremo de que, hacia los años setenta, en muchos grandes sistemas urbanos tanto
los núcleos como las coronas entran en una fase de desurbanización, presentando pérdidas
conjuntas de población (Dematteis, 1998). Es una fase que teóricamente se espera.
Geyer y Kontuly (1993) han incorporado estos conceptos en la teoría de la urbanización
diferencial la cual postula que ciudades grandes, intermedias y pequeñas van atravesando
periodos sucesivos de lento y rápido crecimiento en un ciclo de urbanización
.
La fase de la ciudad primada, rápido crecimiento en la ciudad primada dentro de un país,
proporción creciente de actividad económica y de población en forma concentrada (a su vez
pasa por tres etapas de evolución);
Fase de la ciudad intermedia, el lento crecimiento de la ciudad primada y la
desconcentración espacial de la población urbana está frecuentemente acompañado por el
crecimiento de las ciudades intermedias próximas a la ciudad primada. Este regreso de la
población, ha sido calificado como polarización invertida (polarisation reversal) (presenta dos
etapas de evolución) y:
La fase de la ciudad pequeña, representa una continuación de las etapas previas durante
las cuales la descentralización de la ciudad primada y de la cuidad intermedia toma en los
centros urbanos menores los cuales pueden eventualmente crecer más rápido que las otras
ciudades. Al final de las fases sucesivas de los tres tamaños de ciudades, el sistema urbano
se ha enriquecido hasta un “punto de saturación” donde la población rural no puede estar ya
más reducida y la migración rural-urbana cesa de ser el principal contribuidor en el ciclo de
urbanización. A su vez el crecimiento de la población a través del incremento natural puede
ser también muy lento.
El concepto de “un ciclo de urbanización” ha sido empleado por Klaassen y otros (1981) y
Van den Berg y otros (1982) para estudiar los patrones de crecimiento dentro de una
aglomeración individual.
Se han distinguido cuatro etapas del desarrollo urbano:
• Urbanización : cuando ciertos asentamientos crecen a costa de sus entornos rurales;
• Suburbanización o exurbanización : cuando el anillo urbano (el cinturón del commuting)
crece a costa del centro urbano (ciudad físicamente construida);
• Desurbanización o contraurbanización: cuando la pérdida de población del centro urbano
excede las ganancias en población del anillo, resultando una pérdida de población en la
aglomeración en conjunto y;
• Reurbanización: cuando la tasa de pérdida de población del centro disminuye
gradualmente [la caída es menos grave], o el corazón comienza a recuperar población
cuando el anillo todavía sigue perdiendo población. El modelo se basa en cambios en la
dirección y tasa de movimiento de la población entre el centro urbano (core) y el anillo
urbano (ring), las cuales juntos comprimen el funcionamiento relativo de un sistema
urbano diario. Dos tipos de cambios, el absoluto cuando la dirección del cambio de
población en las dos zonas (centro y anillo) difiere, y cambios relativos cuando el cambio
ocurre en la misma dirección pero a tasas diferentes.

Hasta aquí, se explíca la diferencia entre el fenómeno de suburbanización en tanto fase que
cambia de forma y escala por el avance de la urbanización y, el cambio urbano que se
refiere a la urbanización de la sociedad y su territorio. En los argumentos presentados existe
distinción entre las relaciones del capitalismo y su espacio y, las relaciones de la sociedad y
su territorio, ambos fenómenos interrelacionados se encuentran en la base de explicación de
la urbanización contemporánea. Ahora corresponde, realizar el recorrido analítico para los
países periféricos o en desarrollo de América Latina.

III. ¿Cambio urbano en América Latina?


Situarnos en la urbanización contemporánea de los países de América Latina, implica
considerar las influencias teóricas explicativas que vienen del continente europeo y las que
derivan del nortemaericano. Además, la explosión demográfica corresponde a la mitad del
siglo XX. Dicho esto, el paradigma explicativo del cambio urbano tendrá que ser
necesariamente cauteloso. Si bien se reportan cambios de forma y escala pero ello tiene
particularidades de la mano con la situación estructural y política nacionales.
La característica más destacada de la sociedad latinoamericana es su acelerada
urbanización -concentración de población y actividad económica en contadas áreas
metropolitanas-, misma que ha sido objeto de importantes retos para la política demográfica,
de salud, en los sectores de actividad, para la gobernabilidad y democracia, de manera que
existe un sentir que tal fenómeno explica varios de los problemas en estos países. En las
últimas décadas la literatura coincide en identificar importantes procesos negativos en
aumento, cuya base de explicación son la política neoliberal y la globalización, y desde
luego la incapacidad de los estados nacionales y los gobernantes de las ciudades para
enfrentar el sector externo y para mejorar sus acciones.
a) De la urbanización como freno a la oportunidad del capitalismo actual Almandoz (2008)
realiza una revisión histórica y panorámica del desarrollo de América Latina, a partir de
algunas fases de la teoría de Rostow que explora la relación entre industrialización,
urbanización y desarrollo, con la cual ilustra el desbalance de la urbanización con respecto
al aparato productivo y ello explica el despegue sin madurez en el siglo XX.
Si bien este planteamiento del desarrollo económico supone un proceso en ascenso, por el
cual pasan los países (países industrializados y urbanizados del siglo XIX y primera mitad
del XX ) ha sido altamente criticado, aunque también muy citado por las revisiones históricas
y sobre todo comparativas. A mediados de los sesenta según Rostow, los países
latinoamericanos, habían iniciado el despegue al desarrollo, teniendo como indicador de
este más de 25% por ciento del PIB destinado a inversión, aunque algunos países ya habían
registrado dicha fase una década anterior3
Según dicho planteamiento el desarrollo irreversible viene dado por un largo proceso de al
menos dos generaciones de sostenido bienestar, y profundos cambios económicos, sociales
y políticos, lo cual es indispensable para el empuje hacia la madurez y finalmente hacia la
madurez completa. Luego de varias décadas, cuando el proceso no se completa, bajo este
supuesto teórico empírico, se acuñó la expresión de “países en desarrollo”, esto es, que se
encuentran en fase de despegue. Que en el caso de América Latina, al final del siglo XX,
todavía no alcanza el cambio de fase. Según Almondoz, la urbanización y el desbalance con
el aparato productivo explican en parte la cuestión del despegue sin madurez. Este autor
hace un desarrollo de todo el siglo XX, pasando por los modelos y políticas aplicadas en
este continente pero aquí sólo tomaremos los años sesenta y setenta, que corresponde a la
explicación de urbanización como freno del crecimiento.
La acelerada urbanización latinoamericana de comienzos del siglo XX acentúo las
concentraciones metropolitanas dentro de un mapa en que éstas contrastaban con la
dispersión y el atraso rurales. El crecimiento de las ciudades capitales fue en parte
impulsada por el incipiente proceso de industrialización, (la economía seguía siendo
principalmente agraria y mineras), con bajos porcentajes de participación dentro del PIB.
Esta situación fue insuficiente para el despegue, la agenda urbana sentó las bases sociales
de un incipiente Estado de Bienestar que era necesario, cuyas demandas más sentidas ya
no venían de la burguesía sino más bien de las masas.
El desfase entre industrialización y urbanización tiene el siguiente contexto explicativo.
Según Almondoz, en los años cincuenta el promedio de urbanización en América latina era
de 41.6 por ciento, desde el final de Segunda Guerra Mundial hasta 1960, las economías
importantes del continente mostraban relativa prosperidad, marcada por un significativo
crecimiento industrial por sustitución de importaciones, impulsada por los crecientes
mercados urbanos y el sector primario quedaba rezagado y desplazado. Este contexto hizo
ver las realidades nacionales como prometedoras de un desarrollo y se las calificó como
“países en desarrollo” pues parecían estar en el camino hacia la industrialización, aunque

3
Para Rostow, los estadios de desarrollo, se distinguen una vez que una sociedad tradicional comienza su
modernización, ellos son: el período transicional cuando las precondiciones para el despegue son creadas,
generalmente en respuesta a la intrusión de un poder extranjero convergiendo con fuerzas internas que
contribuyen a la modernización; el despegue ; luego el empuje hacia la madurez , que generalmente abarca las
vidas de dos generaciones más y; entonces finalmente, si la elevación del ingreso ha igualado la difusión del
virtuosismo tecnológico … la desviación de la economía completamente madura hacia la provisión de bienes de
consumo duraderos y servicios (así como el Estado de Bienestar) para su población crecientemente urbana, y
después suburbana (Rostow 1990 citado en Almandoz, 2008).
padecían profundas distorsiones en comparación con experiencias de modernización
exitosas de otros continentes donde se probó la teoría de Rostow.
No obstante, la industrialización ha seguido a la urbanización, y ello tuvo como correlato que
los contingentes urbanos no fueran absorbidos por la industria y sectores productivos. La
mayor parte de la migración del campo, había sido empujada por un sector primario con
reformas agrarias demoradas o inexistentes, así como por políticas de énfasis urbano
llevadas adelante por los Estados corporativos. Los niveles de urbanización duplicaban la
participación industrial de las economías, ello se calificó como “inflación urbana” o
“superurbanizaicón” y a su vez las tasas de crecimiento urbano eran seis veces mayores
que las rurales. Buena parte del excedente de población improductiva acabaría viviendo en
barriadas y dependiendo del sector informal. En los años setenta, la sobreurbanización,
reportaba la hipertrofia del sector terciario y de la economía informal que ocultaba el
excedente de la fuerza de trabajo en las ciudades complementada con la proliferación de
asentamientos no controlados y en pobreza, esta masa fue descrita como “marginal”. De
manera que debido al contexto de las ciudades y su industrialización truncada, el cambio
hacia otra fase de desarrollo quedaría cancelado.
Más recientemente al examinar algunos procesos en las principales áreas urbanas de
América Latina, de Mattos (2008) sostiene que las tendencias descritas del cambio urbano
se encuentran presentes, pues se derivan de la modernización del capitalismo imperante.
“Lo que significa que estas tendencias son las que modelan su evolución actual, imponiendo
una forma urbana que puede considerarse como inherente a esta fase…”. Argumenta de
Mattos, que la transformación morfológica de las principales ciudades latinoamericanas,
parece evolucionar desde un modelo de ciudad que tenía básicamente como referente a la
ciudad compacta de corte europeo, hacia la ciudad difusa que muestra una mayor afinidad
con el patrón que caracteriza a las grandes aglomeraciones norteamericanas (el urban
sprawl ). En dicho trabajo sostiene la presencia del cambio urbano cuyo sustrato explicativo
son las estrategias del capitalismo.
En otro trabajo, de Mattos, (2006) identifica cinco tendencias que solamente pueden
explicarse como componentes estructurales del paradigma tecno–económico actualmente
vigente. Esas tendencias definen una nueva forma urbana y pueden considerarse como
constitutivas de la modernización capitalista. Durante las últimas tres décadas, bajo los
efectos combinados de la formación de un nuevo sistema tecnológico y de la aplicación de
un nuevo enfoque de política económica, comenzó a ganar impulso en casi todo el mundo
un proceso de reestructuración productiva que ha desembocado en lo que estricto sentido
puede considerarse como una nueva fase de modernización capitalista, de la que
constituyen aspectos medulares la globalización y la informacionalización de la economía
mundial, calificado como paradigma tecno- económico. De manera que las ciudades se
encuentran impactadas por el nuevo modelo, y ello es observable en las ciudades grandes
latinoamericanas de los países más globalizados, veamos las tendencias.
Primera tendencia, indica que a nuevas estructuras productivas le corresponde una nueva
dinámica urbana. La evolución respectiva dio un impulso al proceso de urbanización de la
economía, donde las grandes ciudades se transformaron en los focos dominantes en la
atracción de los nodos y los flujos transnacionales. En la configuración urbana policéntrica
emergente se identifica una diversidad de promontorios territoriales o centralidades donde
se cristalizan las conexiones intermodales entre distintos tipos de flujos reticulados como
expresión de una evolución todavía inconclusa de este nuevo fenómeno territorial.
Segunda tendencia, se refiere a la desregulación, mercados de trabajo y ciudad desigual. La
persistencia y acentuación de las desigualdades constituye un rasgo inseparable del
escenario urbano resultante de esta metamorfosis, en el cual riqueza, pobreza y exclusión
social aparecen como componentes inseparables. Por una parte, se observa una tendencia
a la acentuación de la homogeneidad social en barrios ricos, producto de la preferencia de
sus habitantes. Lo que Bauman (2003: 61 citado por de Mattos) caracteriza como “la
secesión de los triunfadores” que tiene como manifestación culminante la tendencia a la
guetización voluntaria, materializada en la explosión de los condominios y barrios cerrados.
Habría que agregar las peculiaridades de las áreas ocupadas por los sectores medios,
donde la periurbanización y la gentrificación, aparecen como dos modalidades residenciales
que influyen de manera importante en la nueva morfología urbana. Por otra parte, en
contraposición a estos mundos de la riqueza, el panorama se completa con la ciudad de los
tugurios, que se explica, por la reestructuración de los mercados de trabajo, evolución de las
categorías socio-ocupacionales y transformación socio-territorial metropolitana.
Tercera tendencia, marcada por los negocios inmobiliarios. La plusvalía urbana ha ganado
importancia como criterio urbanístico, pues las inversiones privadas inmobiliarias juegan un
papel crucial en la transformación urbana. Ello se explica por el abandono de la concepción
de la planificación urbana racionalista y su reemplazo por un enfoque en el que priman los
criterios de neutralidad y subsidiaridad del Estado en la gestión pública, lo que ha
contribuido a consolidar un escenario más favorable para las decisiones privadas en la vida
urbana. Así mismo, la financierización de la economía mundial cobra significado para la
oferta de capital inmobiliario. A las que se han agregado las estrategias de competitividad
urbana y city marketing , impulsadas en las ciudades con el deliberado propósito de atraer
inversión externa, que han ocasionado un aumento significativo de la importancia de la
inversión inmobiliaria privada.
Cuarta tendencia, la explosión de la movilidad. Un explosivo aumento de la movilidad,
impulsó la ampliación territorial del campo metropolitano de externalidades, así como
cambios en el comportamiento locacional tanto de las familias como de las empresas,
provocando una radical mutación de la morfología urbana, marcada por incontrolables
procesos de periurbanización y policentralización.
Estas tendencias se pueden comprobar no solamente en las metrópolis de mayor dimensión
sino también en algunas más pequeñas. La periurbanización, por su parte, se explica por el
aumento en el ingreso medio de las familias y su consecuente aumento en la demanda de
espacio residencial que se expresan en tipologías generalmente cerradas que han
alcanzado una magnitud desconocida bajo el estímulo del automóvil y las TIC y como
respuesta a la agudización de fenómenos como la delincuencia, la conflictividad, la violencia
urbana, la contaminación y la congestión.
Quinta tendencia, se refiere a los nuevos artefactos del paisaje urbano. Se registró la
aparición y proliferación de artefactos arquitectónicos emblemáticos, que son indicativos de
que las grandes ciudades registran proceso de globalización y ahora caracterizan un tipo de
paisaje urbano, aunque coexiste con extensas áreas tugurizadas, donde la miseria, el
desorden y la fealdad alcanzan niveles indescriptibles, consecuencia de la persistencia de
una estructura social extremadamente desigual. Hoy en día no hay ciudad latinoamericana
que carezca de este paisaje de la miseria y de la fealdad.
Aunque según Capel (2003) los reportes de América Latina insisten en la mirada pesimista,
sostienen el discurso del miedo y del temor. Es una visión negativa que no propio de ellas,
se encuentran presentes en áreas metropolitanas de otros continentes elaboradas en
relación con el proceso de globalización. Si bien es una realidad existente, pero no es una
realidad completa de aquellas ciudades, sobre todo si allí se encuentran los recursos para el
dinamismo y capacidad para seguir funcionando. “Las ciudades siguen siendo el lugar del
cambio social, de la mejora de las condiciones de vida, incluyendo las favelas y barrios de
autoconstrucción, donde la población va mejorando sus condiciones de vida. Es también en
las ciudades donde los inmigrantes de origen rural se incorporan a la sociedad de consumo
en la que antes no participaban, lo que tiene aspectos positivos, además de los negativos”
(Capel, 2003:227). Sigue siendo indispensable la demanda y el consumo locales en el
funcionamiento de las áreas metropolitanas. El papel de la ciudad es estimular la actividad
económica, que con la fuerza del proceso de globalización y el énfasis en la competencia
de escala internacional parecía haberse olvidado. Hoy el papel del consumo local vuelve a
ser considerado como algo importante.
b) Saldos de la globalización. A más de dos décadas de globalización económica
contemporánea, con la cual se levantaron expectativas y desconfianzas respecto a lo
impactos favorables y negativos, en las ciudades y la urbanización ya se cuenta con un
diagnóstico preliminar de los resultados. De acuerdo con Borja (2007) en un ejercicio que se
auto impone como reflexión dialéctica, indica dos posturas. De un lado, aquella de la
adecuación de la ciudad a la globalización, su inserción en redes macroregionales, para
ganar posiciones competitivas y conseguir funciones nodales y atraer flujos.
Es la ideología naturalizadora del actual capitalismo que sirve de señuelo para orientar las
políticas urbanas y que se traduce en la arquitectura de autor, la oferta de áreas para la
nueva economía, la gentrificación (o museificación) de la ciudad consolidada, la
mercantilización del valor simbólico del patrimonio, el miedo justificador de los barrios
cerrados, el crecimiento periférico por piezas y funciones especializadas, etcétera. El otro
polo es el de la resistencia a la globalización, o a sus efectos perversos, que se manifiesta
cuando se comprueba: la dificultad de promover un desarrollo sometido a lo global y que sea
compatible con la cohesión social y la sostenibilidad ambiental, la creciente marginación de
poblaciones sacrificadas en aras de la competitividad global, la banalización y pérdida de
identidad de los territorios, etcétera. Reaparece entonces el discurso sobre la ciudad, el
espacio público, la calle, la mezcla social, el perfil de identidad y el patrimonio como
memoria urbana.
Los modelos de desarrollo urbano que Borja (2007) deriva son: el “urbanismo ciudadano” al
que se contrapone el ”urbanismo globalizado”. El modelo de desarrollo urbano característico
de la era de la globalización es el de la urbanización difusa y discontinua mediante
productos urbanos constitutivos de enclaves o parques temáticos mercantilizados y áreas
degradadas o marginales. La urbanización del suelo que puede darse sin crecimiento
económico, en América Latina por ejemplo, o sin crecimiento demográfico en Europa. Por su
parte el “urbanismo ciudadano” es partidario del espacio público y de la ciudad densa, de
construcción de centralidades, de la mezcla social y de funciones. En la realidad los dos
modelos actúan casi siempre a la vez, o más exactamente, ayudan a interpretar tanto las
políticas urbanas y el desarrollo contradictorio de la ciudad. Ambas tendencias pueden
encontrarse en el mismo período y en las mismas ciudades pero conviene conocer qué
fuerzas y qué actores empujan cada una y cuál tiende a imponer su lógica.
El efecto “político” de esta confrontación de modelos es incierto, aunque no cabe duda que
con independencia de las voluntades políticas locales en el marco de la economía
globalizada capitalista, de la propiedad privada del suelo y de la mercantilización de la
vivienda, la tendencia dominante es la “urbanización difusa” y la producción de enclaves o
parques temáticos de ocio. Es el urbanismo de la privatización, de la distinción y del miedo.
Todavía se registra la necesidad de integrar ambos polos. Por una parte las ciudades deben
mejorar su inserción de flujos globales para recuperar la brecha tecnológica, financiera y
económica del último tercio del siglo XX. Por otra parte, los déficits sociales, culturales y de
gobernabilidad democrática deben reducirse si se quiere evitar una crisis urbana
generalizada.
c) Morfología. En Latinoamérica, el estudio de la contraurbanización es escasa, según
Ferrás (2007), aunque entre ellas se dice que aparecían cambios importantes en el
desarrollo urbano (de Mattos, 2000), se habla de la metropolización expandida y los
impactos de la globalización (Parnreiter, 2005) e, incluso de urbanización campesina
(Armijo, 2000). Se observan tendencias de desconcentración demográfica que se traducen
en una expansión mayor de la periferia con respecto al centro, y de flujos migratorios desde
los asentamientos mayores a los menores. Ello se relaciona con el desarrollo en las
ciudades de las deseconomías de aglomeración, la descentralización político-administrativa,
el interés por el medio ambiente, los movimientos pendulares de población (commuting), la
segunda residencia, los cambios tecnológicos en telecomunicaciones y en la percepción
urbano-rural y en los movimientos migratorios. También la contaminación y el crimen o la
segregación social están actuando de factores de expulsión demográfica en las grandes
ciudades, las cuales comienzan a conocer movimientos migratorios hacia su periferia o
hacia asentamientos urbanos menores como las ciudades medias.
Propiamente en los cambios entre la relación ciudad y su región y el modelo territorial
resultante en países en desarrollo, Sassen (1994) identifica tres aspectos. Hacia finales de
los años ochenta se registra mayor concentración (empresas por kilómetro cuadrado) en el
centro urbano tradicional asociada con el crecimiento de los sectores más importantes y de
las industrias secundarias en los distintos niveles de desarrollo. A la par, se formaron
grandes redes de centros comerciales y núcleos de actividad económica densa en una
región urbana más amplia, pauta que también la registraron los polos de crecimiento de los
países en desarrollo orientados hacia la exportación (Bangkok, Taipei, Sao Paulo, México,
D.F. y Buenos Aires). En dichas ciudades subdesarrolladas la característica ha sido la
dispersión urbana con una metropolización tentacular de la región que circunda a las
ciudades. Otro aspecto, es la intensificación del carácter local o marginal de las zonas y
sectores que operan fuera de este subsistema orientado al mercado mundial, lo que incluye
el aumento de la pobreza y las desventajas.

IV. Desprendimiento de la sociedad en el territorio, hipótesis en exploración.


Existe un cambio de escala que reporta nuevas realidades pero principalmente fomentado
por el patrón de ocupación del territorio de parte de la población y tardía o escasa
descentralización económica en la región. Se tiene población desperdigada y economía
metropolitana. La urbanización actual latinoamericana se caracteriza por la extendida
interrelación funcional de centros económicos que se ubican en la conurbación
metropolitana principal, son los mecanismos generadores de la extensión en la región.
Los traslados residencia-trabajo de larga duración determinados por la estructura vial
preexistente -generalmente rezagada por la falta de visión e inversión en entramado de vías
regionales- que configuran el modelo de crecimiento tentacular (en el caso mexicano sobre
infraestructura vial o filamentos). Se registra una suburbanización heterogénea sobre ejes
metropolitano-regionales difusores que no estructuradores, definido por infraestructura de
telecomunicaciones (construcción física y, accesibilidad y portabilidad individuales) que
tienen una naturaleza articulada y desarticulada a la vez.
La policentralidad deriva de la competencia espacial de la inversión que genera acumulación
en áreas que se congestionan. En ciertos sectores urbanos aparecen concentraciones de
funciones económicas, generalmente del sector servicios y comercio generador de núcleos
propio de la decisión de la lógica del mercado que atiende la demanda local-regional, por su
parte la manufactura se encuentra conducida por la política macroeconómica del Estado y
tiene una localización regional nacional.
De manera que la política urbana liberal se “adhiere” a la tendencia de la lógica del mercado
y la competencia espacial de actividades. Los procesos de localización o desplazamientos
de las empresas tienen temporalidades y potencialidades distintas en la franja periférica
salpicada, no se trata propiamente de la difusión del desarrollo, el relativo desprendimiento
económico avanza conforme el potencial de consumo de los mercados extra-urbanos, de
manera que la segmentación o descentralización residencial y habitacional no contiene
economía y los ejes no integran el tejido urbano ni espacial, ni socialmente. Los sectores
pudientes resuelven lo que culturalmente consideran calidad de vida, mientras los sectores
con menores posibilidades viven en un tejido desprendido y sin atención del desarrollo
urbano que cuando mucho alcanza el área urbana que ha “quedado distante”.
El proceso de suburbanización, la ampliación de la periferia tentacular, el posterior
desprendimiento del tejido habitacional y la llegada de actividades de perfil urbano, se
vienen estudiando con grados diversos de comprobación empírica social y económica.
Aunque se suele confundir el marco teórico que acompaña a cada proceso: urbanización
con su mecanismo centro-periferia donde se sitúa la metropolización hasta el proceso
megalopolitano; la contraurbanización y se acompaña del ciclo urbano o clean break que
reporta difusión del desarrollo en el territorio y; recientemente, la “ciudad difusa” que refiere
a la urbanización de la sociedad bajo lógicas descentradas con auto organización que ya no
es propiamente una ciudad.

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