Tesis Janet PDF
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INDICE
Pág.
RESUMEN II
INTRODUCCIÓN 1
Postura conceptual 7
Contextualización 19
Justificación 21
Metodología 23
Objetivos 25
La esclavitud en El Tocuyo 50
La Caficultura 80
Tiempos de crisis 82
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CAPITULO II: Reconstrucción histórica de las familias élites y las haciendas
tocuyanas 116
Testamentarias 123
Sistema de créditos (censos) e hipotecas 128
La cultura 235
La educación 236
La prensa 243
Concursos 264
3
La practica deportiva 295
La mujer tocuyana 298
El centro social y cultural de damas de El Tocuyo 304
Conclusiones 351
Bibliografía 359
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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACION
DOCTORADO EN HISTORIA
RESUMEN
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INTRODUCCION
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Osorio, Ordoñez, Ortega, Ortiz, Pacheco, Parada, Paredes, Pavón, La Peña,
Pérez, Piña, Ponce, Perdomo, Peraza, Porras, Quiroz, Ramírez, Ramos,
Reinosos, Rivas, Rivera, de Los Ríos, Rodríguez, Romero, Ruiz, Salas, Salazar,
Sánchez, San Juan, San Pablo, San Pedro, Santa Cruz, Sequera, Sevilla, Silva,
Soler, Sosa, Sotomayor, Suarez, Tejo, Tello, Torrellas, La Torre, Urbano, Urbina,
Valera, del Valle, Vargas, Vázquez, Velásquez, Valdivia, Vergara, Villalobos,
Villanueva, Villar, Villegas, Ximénez, Xuárez, Yánez, Yepés, Zamora.
De los apellidos que más se repiten- entre estos primeros pobladores- tenemos a:
Aguirre, Alonso, Alvarado, Báez, Carvajal, Castillo, Castellanos, Díaz, Escalona,
Escorcha, Fernández, García, Gómez, González, Gutiérrez, Hernández, Hurtado,
León, López, Losada, Martín, Martínez, Mateos, Peña, Pérez, Quiroz, Rodríguez,
Ruiz, San Juan, Sánchez, Sotomayor, Suarez, Vargas, Vásquez y Villegas.
También en estos apellidos destacan los de origen portugués: Aguilar, Alonso,
Barrientos, Brito, Fernández, Martín, Olivera, Pereira, Pérez, Quiroz, Sequera,
Silva y Suarez.
Hasta principio del siglo XIX, los apellidos más connotados eran: Yépez, Lucena,
Álvarez, Orellana, Alvarado, Silva, Escalona, Veracoechea, Hurtado, entre otros,
ocupando el papel de élites, pero luego, ya a mediado de ese siglo, son los
Tamayo, Anzola, Losada, Garmendia, García, entre otros, los que asumen esa
posición, hasta la tercera década del siglo XX, cuando otros apellidos como los
Colmenares y Saldivia, comparten el liderazgo de las elites tocuyanas, con una
nueva generación de las familias Tamayo, Anzola, Lozada, Garmendia,
principalmente.
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Todo esto cambia rotundamente después de la segunda mitad del siglo pasado,
cuando muchas de estas familias- a consecuencia del estancamiento económico
de El Tocuyo y más aún después del terremoto de 1950-deciden emigrar a otras
ciudades. Después de los años cincuenta del siglo XX, veremos como muchas
propiedades tradicionales pasan a manos de nuevas y poco conocidas familias
(Yépez, Pérez, Escalona, entre otras) y sobretodo de inmigrantes extranjeros
(canarios, italianos, árabes, principalmente).
De esta manera se van conformando las haciendas tocuyanas en el siglo XIX. Las
haciendas funcionaban como el soporte de una familia y de un linaje, otorgándole
brillo y autoridad a un apellido: “Desde la hacienda, el hacendado busca y realiza
alianzas con otros jefes de familia, constituyendo especies de federaciones
familísticas que se extienden por regiones enteras organizándolas de alguna
manera” (Villablanca, 2000, p. 84).
Comúnmente se hace referencia a estas familias como los “dueños del valle”, pero
en realidad su poder iba mucho mas allá de lo estrictamente económico (tierra y
comercio), ya que además este poder se trasladaba a las instancias políticas,
siendo los miembros de estas familias los principales ocupantes de los cargos
públicos y a su vez quienes dirigían las principales instituciones y agrupaciones
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culturales y, de una u otra forma, imponían al resto de la sociedad su modo de
vida.
Como veremos, las relaciones endogámicas entre estas familias élites van a ser
permanentes. Los Tamayo, Anzola, Losada, Garmendia, Yépez, entre otros,
buscaran vincularse entre ellos. Son los dueños de las principales haciendas:
Boro, Maracas, El Playón, Las Veritas, San Francisco, Santo Domingo, Cujisal,
Santa Teresa, El Arco, La Cachera, El Callao, San Rafael, Palmares, La
Concepción, Buenos Aires, La Estrella, San José, La Otra Banda, La Reforma,
San Pablo, El Molino, La Pandita, Santa Eduvigis, Santa Rita, Buena Vista,
Guajirita, Guajira, Bella Vista, Las Charcas, San José de Goajira (anteriormente
Santa Elena), Sabana Grande, Lamedero, Berlín, Villa Carmen, entre otras.
Eran ellos lo que tenían el poder de elegir y de ser elegidos para la administración
pública, fueron ellos los que tuvieron posibilidades de estudiar en el Colegio
Nacional (1833-1869) y en el Concordia (1863-1913) y quienes pudieron ir a
estudiar en las universidades de Caracas y Mérida, o a Europa, para culminar sus
estudios profesionales, principalmente en derecho, medicina e ingeniería.
Igualmente, fueron los que fundaron y dirigieron los clubs, y otras instituciones
culturales: cines, periódicos, teatros, orquestas, escuelas de arte, entre otras. Era
9
su pensamiento y su estilo de vida el que se divulgaba y el que servía como
referencia al resto de la sociedad.
Son los miembros de estas familias quienes se casan a conveniencia con los
miembros de su propia familia (los constantes matrimonios entre primos, o con las
cuñadas o cuñados de los viudos o viudas, sobrinos y tíos) de tal manera de
garantizar la perdurabilidad de la familia y por ello la repetición de los apellidos,
como veremos, el caso de los Tamayo Tamayo, Anzola Anzola, Losada Losada,
Gil Gil, Yépez Yépez, García García, Garmendia Garmendia. Las otras estrategias
endogámicas que conseguimos, en el caso de El Tocuyo, están relacionadas con
el espacio territorial que ocupaban las haciendas. Las familias propietarias de
fundos vecinos promovieron la vinculación matrimonial entre los miembros de
estas familias, para poder unificar las propiedades.
En el caso de El Tocuyo de finales del siglo XIX, nos encontramos con que las
familias Tamayo, Losada, Anzola, Garmendia, estaban entre las más importantes,
porque dominaban las principales haciendas de producción de caña, los cargos
públicos y las actividades culturales.
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Pero esta primera generación de élites tocuyanas, por cuestiones cronológicas-
generacionales (nacimientos, vejez, enfermedad y muerte) así como de la
dinámica de otras familias, va generando cambios. Es el caso de los hermanos
Anzola Tamayo- hacendados, pero más aún habilidosos comerciantes y
prestamistas- que lograron un emporio económico a partir de los años veinte del
siglo pasado y permanecieron hasta finales de ese siglo.
Los Tamayo, a pesar de que, entre 1920 a 1930, Heriberto Tamayo comienza a
vender sus propiedades, parte de éstas fueron a parar a los Anzola Tamayo, con
los cuales había vínculos endogámicos, la hija de Heriberto estaba casada con
Augusto Anzola Tamayo. Otras propiedades las traspasó a su hijo varón, Víctor
Tamayo.
En los años veinte del siglo pasado, surge una generación de familias de apellidos
desconocidos entre la élite tocuyana, que no tenían abolengo, ni el linaje, pero que
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hacen riqueza, es el caso de la familia Colmenares, y concretamente de José
Crispiniano Colmenares y luego de su hijo José Rafael, cuya vinculación política,
además de la capacidad de trabajo, hizo posible cambios en la dinámica de las
élites tocuyanas.
Todos estos cambios en las élites estuvieron condicionados por elementos del
contexto nacional e internacional, con lo que podemos diferenciar dos etapas en el
periodo en revisión: auge y crisis. El primero entre los años 1870 hasta 1920,
producto del auge de la cañicultura y el café, como consecuencia de una primera
etapa de tecnificación y la apertura al comercio internacional, así como a la
relativa pacificación política en el país. La segunda etapa, determinada por lo que
fue la crisis del café y del papelón, el aislamiento de El Tocuyo, por haber sido
excluido de la carretera trasandina en los años veinte del siglo pasado y desplazar
su transito histórico hacia los andes, los conflictos políticos que se escenificaron
en la región, y a la necesidad local de plantear nuevas formas de desarrollo
económico, pero también por los primeros impactos de la era petrolera, por los
cambios políticos después de la muerte de Gómez y las nuevas dinámicas de las
clases sociales en Venezuela.
Postura conceptual
La élite tocuyana está conformada por las principales familias que dominaban los
espectros económicos, políticos y cultural de esta ciudad en un tiempo
determinado. Después de la independencia, la familia fungió como modelo de la
nación en micro, constituyéndose en una de las figuras más insistentemente
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utilizadas en la segunda mitad del siglo XIX, para dar cuenta de un modo de
relación entre los ciudadanos de los países recientemente independizados que
han de configurar una identidad, un modo de ser que, a manera de rasgo
permanente, deberá constituir la definición de lo que “somos” y la diferencia con
aquello que “no somos”. (Costa y Mozejko, 2002: 59).
Entendemos por “élites”, una categoría dentro del campo de las investigaciones de
las teorías políticas y cuyos aportes iníciales para el debate de la misma fueron
realizadas fundamentalmente por Pareto (1984), para este autor, la élite debe
estar constituida por los mejores elementos de la sociedad, la élite no es
hereditaria y, por tanto habrá una circulación de élites. “La élite del poder se cierra
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frente a la nueva elite que surge de las masas, pero acaba siendo sustituida. En
un ciclo. Pueden suceder a través de una revolución o por sustitución gradual”.
(p.58)
Para Mosca (1986) la élite es una clase social de orden político pero organizada
para monopolizar el poder y controlar su acceso de forma burocrática y su
permanencia se mantiene aún cuando cambia el sistema político. Por otro lado;
Robert Michels y Wright Mills (1983) se refieren a las élites como el grupo social
minoritario que detenta la mayor parte del poder y su influencia sobre las
mayorías. Estos autores conciben las élites como un sector superior y separado
del resto de la sociedad y que logran tener movilidad entre los organismos
burocráticos, además se sociabilizan con otros miembros sólo si se identifican en
los principales aspectos o intereses.
Es por ello que puede señalarse que socialmente puede hablarse de élite, para
referirse a la forma de poder más estratégica, desde el punto de vista económico,
ideológico, político o cultural. No obstante, su legitimidad puede ser considerada
como representativa cuando muestra valores de una amplia vigencia social o, por
el contrario, puede ser considerada no representativa cuando su comportamiento
es diferente a los de la mayoría común, en esto caso es considerado como una
disfuncionalidad de la élite.
En la historia del pensamiento social, este tema de las élites ha sido estudiado
desde la antigüedad, siempre relacionada a otros conceptos como las de virtud y
sabiduría, no obstante, desde el punto de vista político, el término se relaciona o
simboliza la existencia de un grupo social que ha sido escogido por poseer estas
condiciones señaladas.
Pero es importante señalar que pueden coexistir varios tipos de élites, producto de
la complejización social, que hace posible el surgimiento de élites sectoriales en el
campo de lo económico, artístico, científico, entre otros. Lo común entre todas
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seria, la defensa de sus propios puntos de vista y la lucha permanente por el
dominio del poder.
Sin embargo, debe aclararse que a pesar de la carga peyorativa que tienen las
élites, no todas tienen un sentido egoísta y poco colectivista o poco humanitarias,
pues existen élites que pueden estar al servicio de un país o conglomerado en
especifico.
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Estudios de esta naturaleza, es decir, sobre teoría y filosofía de las élites, ahora
se encuentran más soportados, debido a los aportes metodológicos de la
prosopografía, la cual permite la realización de “biografías colectivas”, de acuerdo
a F. Langue (1992), facilitando la interpretación compleja de los aspectos
sociopolíticos, culturales, los “actores reales” y sus no menos complejos sistemas
de valores que lo vinculan de alguna manera a las “élites” de poder.
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artesanos y pequeños y medianos comerciantes. La clase social es un concepto
más amplio que el de élite.
Y agrega, que:
La élite está vinculada a las clases sociales, pero no es idéntica. Las élites forman
parte de las clases sociales, pero se refiere a aquellas familias y, particularmente,
miembros específicos de éstas, que en periodos históricos determinados asumen
el liderazgo económico, político y cultural. No basta con ser dueño de los medios
de producción para ser élite, no todo burgués es élite. Nos referimos a: “una élite
que fue caracterizada por su espíritu de fronda – es decir, por la capacidad de
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actuar mancomunadamente en el plano político, militar y social”. (Correa, 2005:
12).
Los cambios producidos en las élites (el desplazamiento de unas familias por
otras, por el mayor cúmulo de riqueza) casi siempre son el producto de un cambio
generacional y de nuevas vinculaciones intrafamiliares, que permiten el
crecimiento o disminución del poder de una familia en un momento histórico
determinado. Entendiendo por generación, según Reyber Parra (2004), citando a
Ortega y Gasset (1999) como:
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edad, pero no una edad cronológica sino una edad vital, en la cual
puede observarse un cierto modo de vivir…Cuando una sociedad
experimenta un cambio significativo, el mismo puede servir de punto de
partida para ubicar cronológicamente las generaciones que conviven en
ese momento. El cambio es impulsado por una generación decisiva,
aquella que finalmente expresa los valores de una época… (p.29)
El vocablo dejó de tener un significado
Desde esta perspectiva continuista de la historiografía romántica del siglo pasado,
historiadores y filósofos se plantearon la necesidad de obtener una unidad de
medida que les permitiese estudiar el curso del movimiento histórico. Las hasta
entonces válidas unidades de medida del tiempo físico: años, decenios y siglos, no
parecían adecuadas para sistematizar el curso del acontecer histórico. Se hacía
perentoria la búsqueda de una unidad de medida interna, es decir, enraizada en
dicho movimiento continuo. Esta idea condujo a los pensadores del siglo XIX a
proponer la duración media de la vida humana como la unidad de medida del
tiempo histórico, la cual cobró forma histórica ordenándose en un nuevo concepto:
el de generación.
Por más poderosa que haya sido una familia, y por más relaciones endogámicas
que se produzcan, ésta sola no tiene la capacidad ni el poder para decidir por el
resto de familias que conforman a la élite. La élite se transforma en razón de la
dinámica entre las familias (intereses económicos y políticos fundamentalmente).
Estas relaciones intrafamiliares la mayoría de las veces no son homogéneas ni
armónicas, ya que entre la familia existen diferencias y las mas poderosas son
apetecidas por alcanzar por los miembros de las otras familias.
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Por eso algunos autores (Langue: 1992) hablan de élite primaria y élite
secundaria, refiriéndose la primera a las familias que en un tiempo determinado
tienen el mayor poder económico y político o que teniendo el económico aspiran a
tener mayor poder político y viceversa. La élite secundaria son aquellos que
aunque teniendo poder económico y político no son las de mayor riqueza ni las
que ocupa los mejores cargos de decisión política y, tan importante como las
anteriores diferencias, tampoco son las que fungen como modelo en términos
culturales al resto de las familias élites y de la sociedad en general. En el caso de
El Tocuyo, para el período en estudio, tenemos entre las élites primarias a las
familias Tamayo, Anzola, Garmendia, Losada, Gil, García, Yépez, Giménez y
Colmenares. Entre las familias élites secundarias estuvieron: Lucena, Santana,
Sequera, Peraza, Tovar, Reinoso, Escalona, Cardot, Morles, Felice y Saldivia.
Por eso se establece una competencia por lograr vincular a los miembros de estas
familias de la élite secundaria con los de la elite principal, o entre miembros de la
élite secundaria que le permitan acrecentar sus riquezas y/o establecer acuerdos
políticos que le den acceso a mayores cuotas de poder y así convertirse en la
nueva élite principal o dominante.
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la prensa, es el dueño del fundo, pero al mismo tiempo el político importante, el
jefe civil, el militar, el del apellido de abolengo, el que hace gala de su tradición
familiar, de su árbol genealógico, de su relación con los primeros pobladores
españoles que llegan a esta ciudad (particularmente es el caso de la familia
Lozada y su relación con el colonizador Diego Lozada, fundador de Caracas).
El linaje forma parte del ego de estas familias, que ya no poseen títulos nobiliarios,
o la demostración de la pureza de sangre y ser miembro de los blancos criollos, ni
el uso del don o doña, que se seguirá usando por los miembros de esta élite. Si no
que, su reconocimiento es fundamentalmente saber que su estatus proviene de
siglos de tradición, de poder económico, político y cultural.
Así como existe unas élites principales y unas élites secundarias, en razón del
mayor poder económico y el espacio que ocupan en los ámbitos políticos y
culturales, existen también élites que tienen que ver estrictamente con estos
espacios, es decir, existen élites económicas (Thumala, 2007) y elites políticas
(Espinoza, 2010), los cuales a su vez pueden estar conformados por los de mayor
riqueza pero también por aquellos que aunque no sean partes de la élite
económica dominante tienen la capacidad de liderazgo para influir en decisiones a
favor del colectivo de esta élite.
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También, forman parte de estas élites económicas, familias o miembros de
familias de élites secundarias que han tenido la capacidad de intermediar entre las
élites principales (a veces en franca competencia y enfrentamiento). Así mismo,
hubo miembros de familias que no siendo de la élite dominante fueron
protagonistas del escenario político, de la élite política, gracias a su nivel
formativo, a su carácter extrovertido, a su dominio del dialogo y de la oratoria, que
le permitieron alcanzar los más altos cargos públicos, así no fueran miembros de
las familias de mayor poder económico. En el caso de El Tocuyo, tenemos el
ejemplo de Teolindo Giménez y su familia, que no siendo tocuyano de nacimiento
y haber sido un humilde farmaceuta (farmacia Comercio) logra ocupar espacios
importantes en el espacio político y cultural de la primera mitad del siglo XX y
relacionarse parentalmente con familias de las élites.
Para el caso de las élites económicas Scott señala que: “Una élite económica es
un grupo inter-organizacional de personas que ejercen posiciones de dominación
sobre los negocios y que, bajo determinadas circunstancias, disponen de cierto
poder adicional disponible para ellos” (Scott, 2008: 37). Vicente Espinoza, quien
adhiere a esta concepción de las élites, en su estudio sobre las élites políticas, lo
expresa de la siguiente manera: “Idealmente, la identificación empírica de la élite
política debe considerar tres criterios: el desempeño en posiciones formales de
autoridad, la reputación de poseer poder y la incidencia en procesos de toma de
decisiones” (Espinoza, 2010:5).
Pero mas especifico aún es el caso de la élite cultural, de cual formaron parte, por
la vía de la excepción, personas que muchas veces ni siquiera pertenecían a las
familias élites (principales y secundarias) de El Tocuyo, pero por sus dotes
personales y artísticos, su nivel cultural le permitieron acceder y compartir, en un
primer momento el espacio cultural de las elites: clubes, bandas musicales,
orquestas, periódicos, entre otros, a los cuales, en principio, le estaba negado
entrar sin ser miembros de la elite económica.
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Al respecto, dice Gramsci (1977): “Cada grupo social, al nacer sobre el terreno
originario de una función esencial dentro del mundo de la producción económica,
crea al mismo tiempo, orgánicamente, una o varias capas de intelectuales que le
dan su homogeneidad y la conciencia de su propia función, no sólo en la esfera
económica sino también en la social y política”. Los intelectuales son, pues (en
sentido no peyorativo), los “viajantes” del grupo dominante, ellos organizan “el
consentimiento espontáneo de las grandes masas de población a la dirección que
el grupo fundamental dominante imprime a la vida social” y, a la vez, permiten “el
funcionamiento del aparato coercitivo del Estado” (De Benoist: 2010).
Las formas de capital que se movilizan en este matrimonio era capital simbólico de
parte del individuo que accede, dado que es importante que dispusiera del
reconocimiento social de sus aptitudes personales, sumado a otra forma de
capital, como por ejemplo, el capital económico y cultural institucionalizado. De
parte de las familias de élite se ofrecía, en cambio, el prestigio y la seguridad a
través de capital social y económico, principalmente.
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una buena educación universitaria, la formación religiosa y el nivel cultural. Si bien
esta no fue una estrategia matrimonial predominante, sirve para describir la
existencia de incorporaciones matrimoniales a la élite por criterios meritocráticos.
Contextualización
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maquinarias permitieron un mayor crecimiento en la capacidad de producción de
la caña de azúcar a finales del siglo XIX, lo que motivaría a un mayor interés por el
espacio territorial de los fundos, sus límites geográficos y su necesidad de
expansión.
Con respecto a la cañicultura, los trapiches, que hasta esa época eran movidos
fundamentalmente por la fuerza animal, hidráulica y humana, comienzan a llegar
los primeros motores de vapor y luego de combustión interna y los eléctricos,
importados- fundamentalmente- de Inglaterra, Alemania y Francia y de esta forma
acrecentar la capacidad de producción de azúcar y alcohol y principalmente del
papelón.
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Desde entonces comenzará la crisis de la economía tocuyana, que se agravara
con la sobreproducción del mercado mundial del café y la construcción de la
carretera trasandina, que marginaba a El Tocuyo del transito histórico para llegar a
los andes venezolanos.
Justificación
Se considera en esta investigación, que muchos sucesos políticos que van a tener
como escenario a El Tocuyo (sublevaciones, apoyo o enfrentamientos a
26
movimientos políticos de carácter nacional, a favor o en contra del gobierno de
turno, o favor o en contra del gobierno local y regional), tuvieron como causa
enfrentamientos entre las élites tocuyanas, enfrentamientos políticos por intereses
económicos o enfrentamientos económicos que producían cambios políticos.
27
por ende de compromiso para emprender la transformación cultural y estructural
de su terruño.
Metodología
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En cuanto a las fuentes, la revisión de los protocolos del archivo del Registro Civil
de El Tocuyo, permitieron conocer las principales transacciones económicas,
deducir quienes fueron los principales propietarios de los fundos más grandes y de
mayor valor económico de la región. También aparecen registradas las casas
comerciales que hacían vida en la ciudad.
Así mismo se hizo uso de algunos archivos familiares de los miembros de estas
élites, como también se realizaron entrevistas (fuente oral) a personas de
avanzada edad, con conocimiento y oriundas de El Tocuyo. También se utilizaron
29
las fuentes secundarias que nos permitieron sustentar teóricamente este trabajo,
sobre antecedentes de otras investigaciones relacionadas, y nos permita precisar
el uso de conceptos y categorías. Así mismo, estas fuentes secundarias, nos
ayudaron a construir el contexto nacional y local de El Tocuyo en el período de
estudio, como reconstruir algunas biografías de miembros claves de las élites.
Objetivos
Objetivos específicos:
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cultural forman parte de la explicación y análisis secundario a la historia de las
familias y la propiedad de la tierra, que es el eje central.
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CAPÌTULO I: Contexto histórico de El Tocuyo
Región histórica
De la importancia histórica de El Tocuyo nadie duda, primera población que se
establece en el interior del territorio venezolano con propósitos de permanencia,
bajo la fundación agrícola y ganadera. De ella surgen las expediciones que darían
fundación a ciudades como Barquisimeto en 1552, Valencia en 1555, Trujillo en
1546, Caracas 1567, entre otras. La fundación de El Tocuyo también dio inicio a la
salida de los Welser, quienes habían dejado más perjuicios que beneficios en el
territorio venezolano.
32
Yacambú), municipio El Paraíso (Chabasquén estado Portuguesa) y Curarigua,
perteneciente al municipio Torres.
Así mismo, se debe tener en cuenta que la fundación colonial no hizo una
delimitación exhaustiva de los territorios. Esto tuvo como resultado que en el siglo
XVIII se produjeran varios litigios limítrofes entre las tres principales ciudades en
las que estaba dividido el territorio perteneciente al actual estado Lara, como lo
33
son: Barquisimeto, Carora y El Tocuyo, el resto de las poblaciones y territorios
pertenecían- hasta el siglo XIX- a una de estas ciudades. Esta fue la realidad de
todo el territorio que desde 1.777 pasó a llamarse Capitanía General de
Venezuela, y que aún después de este importante paso en la integración de lo
que hoy llamamos Venezuela, siguió definiendo su estructuración espacial.
Sin embargo, ya desde 1547, (dos años después de su fundación) según Perera
(1945), El Tocuyo estaba conformado por el territorio de los hoy municipios Morán,
Jiménez, Andrés Eloy Blanco y las poblaciones de Curarigua y Chabasquén. Para
el año 1620, el Gobernador y Capitán General Francisco de la Hoz Berríos funda
los pueblos de doctrina, como paso de transición de las encomiendas hacia
pueblos fundamentalmente poblados por indios.
Para 1777, según las informaciones suministradas por el Obispo Mariano Martí
(1969), en su visita pastoral, la jurisdicción de El Tocuyo estaba dividida en los
siguientes pueblos:
1.- Quíbor: limita por el este con la jurisdicción de Barquisimeto, cuyo lindero es la
quebrada o Zanjón de Guasduar. Por el oeste con la ciudad de El Tocuyo cuyo
límite es el Corral de los Toros (a cuatro leguas); norte jurisdicción de
Barquisimeto, cuyo lindero es el Zanjón de Quidure (que son las mismas de
Guasduar); sur con los pueblos de Cubiro y Sanare.
2.- Sanare: limita por el norte con Cubiro, cuyo lindero es la quebrada de El
Chorro, sur con Guarico cuyo lindero divisorio es la quebrada de Curumato, este
con la Aparición de La Corteza, cuyo lindero llaman Angostura y por el oeste con
el pueblo de Barbacoas por el sitio de La Laguna.
3.- Barbacoas: norte con Carora en Paso Real de Curarigua de Leal (la cual se
incluye). Sur con Humocaro Bajo, cuyo lindero es la montaña de Carora, este con
El Tocuyo, cuyo lindero son los sitios de Bano y Hato Viejo y al oeste con Carora,
pero incluyendo El Hato, Carrizal y Agua Dulce (hoy San Pedro).
34
4.- Guarico: norte con El Tocuyo, sur con la ciudad de Guanare, este con Ospino
y oeste con Humocaro bajo.
5.- El Tocuyo: norte con Curarigua del Leal (anexo al pueblo de Barbacoas), cuyo
lindero es el sitio de Tierra Blanca. Sur con Guarico, cuyo lindero son las
quebradas de Guarico y El Cercado, este con Quíbor, cuyo lindero es El Hato
(cinco leguas) y por el oeste con el pueblo de Barbacoas.
6.- Humocaro Alto: norte con Humocaro Bajo, sur con la ciudad de Guanare y
hasta con el lindero divisorio que es la quebrada de Las Cruces, este con el
pueblo de Guarico, cuyo lindero es La Palomera y por el oeste con el pueblo de
Carache, cuyo lindero es el páramo de Las Rosas.
7.- Humocaro Bajo: norte con Barbacoas, sur con Humocaro Alto, cuyo lindero es
la quebrada de Badillo, oeste con el pueblo de Carache cuyo lindero divisorio es el
sitio conocido con el nombre de Los Letreros y por el este con El Tocuyo, cuyo
lindero es la quebrada de Cycoinó (llamada Chirinó).
El territorio de los hoy estados Lara y Yaracuy (que habían estado unidos desde
1.777) formaron parte del cantón Caracas, hasta que en 1830 pasaron a formar
parte de la recién creada provincia de Carabobo.
35
también al territorio de Sanare. En este mismo año, aunque por poco tiempo, se
crearía el cantón que uniría a Humocaro Bajo y Chabasquén, pero en 1829 es
anulado integrándose nuevamente al cantón Tocuyo.
En 1879, los hoy estados Lara y Yaracuy pasan a formar parte del gran estado
norte de occidente, que en 1881 se llamaría estado Lara. En 1909, se separan
definitivamente Yaracuy y Lara, conformados desde entonces por el territorio que
36
hoy ocupan. El 26 de diciembre de 1925, el entonces distrito Tocuyo pasa a
denominarse distrito Morán en honor al General José de la Trinidad Morán.
Desde el periodo prehispánico, pasando por los tres siglos de colonización, esta
región estuvo interconectada con los Andes venezolanos, atravesando Colombia y
hasta llegar a Perú (Ver: Anexo IV. Mapa: redes de intercambio entre Venezuela y
Colombia. Siglo XIX). Se parte de la tesis que desde nuestras poblaciones
indígenas Gayonas, pertenecientes al tronco lingüístico macrochibchas, se
estableció una importante red de intercambio y vínculos económicos - sociales
entre la región que hemos llamado El Tocuyo con otras regiones,
fundamentalmente de los andes americanos. (Jahn, 1973, p.24)
Esta red fue luego reutilizada por los españoles. La colonización española no se
llevó a cabo en un territorio virgen, lo cierto es que utilizaron y dieron continuidad a
las redes espaciales propias de los indígenas y fueron estos mismos indígenas los
que por la fuerza sirvieron de guía para el dominio de estas vías por parte de los
colonizadores. De El Tocuyo salieron los fundadores de Trujillo, y de allí se paso a
Colombia llevando el primer ganado. Hasta el Perú llegó el producto de los telares
tocuyanos, siendo aun hoy conocido como lienzo Tocuyo, un tipo de tela de alto
37
consumo. De Tunja (Colombia) se trajeron hábitos culinarios, que hoy son
conocidos como el Pan de Tunja.
Luego, a finales el siglo XIX, con la expansión del cultivo y comercialización del
café se produjo una importante interconexión con el Lago de Maracaibo, pasando
por el Puerto de la Ceiba (Trujillo). Por esta vía era llevado el café, además de
Puerto Cabello, y de ambos puertos se trajo la mayoría de mercancías importadas
de la época. Por Chabasquén se mantuvo una vinculación permanente con los
llanos occidentales. En el triangulo montañoso de Portuguesa, Trujillo y Lara,
nacen los principales afluentes acuíferos de la región centro occidental a saber: El
Tocuyo, Chabasquén, Portuguesa, Boconó, Tucupido, Caño Colorado, entre otros.
En lo interno de esta región se dio una importante conexión, no sólo por la unidad
política administrativa, sino también cultural. Muchos ricos hacendados viviendo
en la capital: El Tocuyo, tenían su posesiones en los otros territorios. Así mismo se
fue dando una especie de división de la producción: Curarigua- que es un valle
similar a El Tocuyo- expandió también el cultivo de la caña, Sanare, y el resto de
las zonas montañosas de nuestro pie de monte andino, se dedicaron al cultivo del
algodón, maíz, trigo, hasta que son sustituido estos rubros por el predominio del
café a finales del siglo XIX. En el caso de Quíbor- por su condición de tierras
áridas- se dedico a la producción de telares y artesanía.
En lo cultural, hoy podemos ver como las principales manifestaciones, como lo son
el tamunangue, los santos inocentes, la cruz de mayo, se celebran y conmemoran
por igual en estas poblaciones. Recordamos que los principales centros religiosos
en la colonia y los educativos en la época republicana tenían como sede El
Tocuyo, allí iban a estudiar los hijos de las familias pudientes de las otras
poblaciones, acrecentándose estos rasgos culturales, y sentido de pertenecer a
una misma región histórica.
38
Barquisimeto existía una carretera que podía ser transitada en automóvil, para el
resto de las poblaciones solo existían pequeñas veredas peligrosas. Ya en 1915,
El Tocuyo anhelaba la prolongación de las líneas del ferrocarril Bolívar, que
transportaba mercancía entre Puerto Cabello y Barquisimeto, pasando por Aroa y
Duaca, lo cual significó un verdadero impulso a las economías de estas regiones,
pero como todos sabemos, este sueño de los tocuyanos nunca se hizo realidad.
39
mención, igualmente, que por la ruta de El Tocuyo-Tunja los tocuyanos
exportaban el renombrado “lienzo tocuyo” a Nueva Granada, Ecuador y Perú...”
(p.47)
Sobre este mismo asunto, Humboldt reconoce que es de El Tocuyo desde donde
se expande esta actividad:
40
Mach Pherson (1981), al referirse los caminos que a finales del siglo XIX
comunicaban al estado Lara con los otros habla de seis caminos:
1)al este sale el camino que conduce a los estados del centro y al
estado Zamora pasando por el distrito Cabudare.2) De este camino se
desprende hacia la izquierda en el sitio de tierra blanca, como a dos
Km de la ciudad, otro camino principal que conduce al estado
Carabobo, pasando por San Felipe a Puerto Cabello y por Nirgua a
Valencia) 3) Al occidente sale el camino que conduce al estado de
los Andes pasando por los distritos Quíbor y Tocuyo. 4) En el sitio
de Cerritos Blancos, distante de Barquisimeto, 11 kilómetros 146
metros, y hacia la derecha se desprende otro camino que conduce al
distrito Torres, cuyo limite es por esa vía el sitio denominado: “La
Entrada de Quíbor”, que dista de Barquisimeto como 67 kilómetros. 5)
Hacia el norte de Barquisimeto sale el camino principal que conduce a
Aroa, Municipio del distrito Sucre; donde esta la estación principal del
ferrocarril de Tucacas...Esta carretera pasa por Duaca,...al 6) Noreste,
sale otro camino principal que conduce al ,estado Falcón pasando por
el municipio Bobare del Distrito Barquisimeto y Siquisique y Baragua
distrito Urdaneta. (Destacado nuestro.p.102).
Para Briceño (2005) en este período también cumplieron una función importante
los puertos de Santa Rosa (1787), San Pedro (1762), Santa María (1682), Moporo
(1715), y Tomoporo (1774). Dichos puertos cumplían los requerimientos del
intercambio comercial no solamente con Mérida, sino con la ciudad de Trujillo, e
influían en los centros poblados del occidente de Venezuela, al funcionar como
plataforma de intercambio con El Tocuyo, Barquisimeto, Carora y Guama.
41
Esto fue expresado muy bien por el viajero alemán Christan Anton
Göering, durante su permanencia de 8 años en Venezuela de 1866 a
1874, quien explorará Maracaibo, de donde parte al sur del lago, llega
a Moporo y a través del río Escalante llega a San Carlos y Santa
Bárbara, donde comienza su ascenso a la sierra nevada, pasando por
una serie de caseríos y pueblos entre los que se destacan: Mucutíes,
Estanques, Lagunillas, Jají, El Moral, Ejido, La Punta hasta llegar a
Mérida. Estando en la meseta de Mérida organizó una expedición para
La Otra Banda, Loma de Los Ángeles, San Jacinto, El Valle, El Páramo
de Pan de Azúcar, El Encanto, Tabay, Mucurubá, Mucuchíes,
Mucumpate, Torondoy, Tovar, Bailadores, Portachuelos, El Cobre,
Táriba, San Cristóbal, Rubio, Capacho, San Antonio, hasta llegar a
Colombia y recorrer Rosario y Cúcuta. Ascendió a la Sierra
Nevada, partiendo definitivamente de Mérida por el Valle del
Chama, Mucuchíes, Apartaderos, Esnujaque, Valera, Trujillo y
Carache, donde se vio obligado en cambiar la ruta de su viaje, el
cual quería continuar por el Valle de Quíbor y Barquisimeto y no
pudo por la revolución azul que tenía presencia en El
Tocuyo.(destacado nuestro. p.18)
Blanca D Lima (2002) hace referencia a lo importante que eran, hasta principios
del siglo XX, las relaciones comerciales entre El Tocuyo, Carora y Coro y el papel
que ocupaban los comerciantes tocuyanos: “Hacia la depresión de Carora se
localizan de sur a norte El Tocuyo, Carora y Baragua. Estas tres poblaciones
formaban parte de la antigua ruta colonial hacia Coro, la estratégica ruta de la
sal (negocio monopolizado en buena medida por comerciantes tocuyanos-
que conectaba con el occidente falconiano)” (destacado nuestro. p.93). A través
de El Tocuyo las casas comerciales como la de los Senios y los Boulton
comercializaban el café de esta zona y de Trujillo. Pero la carretera que se inicia
42
entre Falcón y Lara en 1921, atravesando por Barquisimeto, desplazó a la Sierra
de Baragua, a Carora y por ende también a El Tocuyo.
Según Gil Gil (1945) “En el proceso evolutivo de las industrias tocuyanas se
advierte palpable la influencia primaria de la vialidad, desde la colonia hasta
nuestros días. Al comienzo de su vida solo existe la ruta entre el puerto coriano y
la naciente población tocuyana...” (p.266).
Así fue nuestra región, centro comercial de principal importancia,
después de los, puertos en el occidente de Venezuela. Coro y
Puerto Cabello se unían a El Tocuyo gracias a cadenas de recuas,
de burros y de mulas; así mismo la carrera arrieril llevaba nuestros
productos hasta Mérida por el occidente, a Nutrias por el sureste y
Valencia al oriente, trayendo en cambio los productos de cada región...
de aquí salían: Azúcar en panela, papelón, tabaco ambirado, manteca
de marrano, harina de trigo, aguardiente de caña, pulpa de tamarindo,
añil y el famoso lienzo...y le venían velas, jabón curao, maíz,
legumbres, ferrerías, fósforos (cocineros), plátanos y mijagues
pasados, pieles curtidas de Carora, sal de Coro... (Destacado nuestro.
p 263).
Hasta finales de la segunda década del siglo XX, la casi totalidad del transporte
comercial y de población entre El Tocuyo y las otras localidades se hacia a través
de bestias (mulas, asnos y caballos) o simplemente a pie. Esto representaba
que trasladarse a Barquisimeto, por citar solo un ejemplo, debían considerarse
dos días de ida y dos de vuelta, haciéndose obligatoria una parada en las
43
cercanías de Quíbor. Esta faena, además del agotamiento físico, representaba,
como es lógico, un encarecimiento en los precios de los productos.
44
La mayoría de los poblados fundados en el período colonial estaban ubicados
estratégicamente en las márgenes de los principales ríos y en las costas. Estos
núcleos de poblamiento, en sus inicios, no eran otra cosa que pequeños puertos o
puntos de resguardo. De allí se desarrollaría una importante red de comunicación
fluvial hasta llegar al Mar Caribe.
Uno de los primeros documentos que hace descripción del río Tocuyo pertenece
al florentino Galeoto Cey quien acompañó la expedición de Carvajal, según éste,
(Citado por Avellán, 1997):
...el único medio de transporte que tenían los aborígenes era la canoa,
que utilizaban para navegar los ríos... hacen algunas pequeñísimas
que sólo entra en ella el indio que va a pescar, luego hacen medianas y
grandes que llevan 250 quintales en mercancía y 10 o 12 personas...
navegan con ellas en el mar de costa a costa y alguna veces pasan
golfotes de 10 a 12 leguas. (Pp.44-45).
En las descripciones que hacían los visitadores y cronistas encomendados por las
Corona española, conocidas como Relaciones Geográficas, en la correspondiente
al año 1760 (citadas por Veracoechea, 1971) se dice:
45
…que a pesar de la distancia de El Tocuyo hasta el Mar, seria fácil su
conducción por medio del río, por ser grande y navegable, pues dentro
de el se construyó unos cuarenta años antes, ósea más o menos en
1720, una fragata que navegó hasta Veracruz (México), propiedad de
un tal señor Navarro. Dicha embarcación se llamó La Tocuyana. (p.17).
Mac Pherson (1981), hace el señalamiento de que ante la pronta llegada del
ferrocarril a Barquisimeto (1891) “El río Tocuyo es el camino puesto por la
naturaleza a disposición de estos pueblos para que a poco costo tenga vía fácil,
cómoda y barata para salir al mar los pueblos del estado Lara, y para penetrar al
interior de los de Falcón” (p.501).
Señala García, que este proyecto – cuyo costo alcanzaba unos 10 mil pesos- se
remonta a los últimos años de la colonia, pero las consecuencias de la guerra no
permitió su conclusión. En su visita de 1888, Manuel María Ponte hace referencia
“... al caudaloso río tocuyo, que no muy tarde hará de esta ciudad un magnifico
puerto, pues es fácilmente navegable hasta el mar.” Este visitante también hace
46
alusión al proyecto de García y a como las circunstancias políticas y económicas
del país lo hicieron imposible.
La ganadería
La primera actividad de los españoles fue la cría de ganado, así lo menciona
Agustín Gil (1970): “De la relación de Juan de Carvajal a tierras de El Tocuyo, se
desprende que la primera actividad industrial la dedicaron a la cría de ganado.
Trajeron con 175 hombres, 18 mujeres con hijos, 100 caballos y 200 yeguas, 300
vacas, 500 ovejas y puercos.”(p.261). Según Pherson (1981), Cristóbal Rodríguez
“Celebre industrial vecino de la ciudad del Tocuyo; fue el primero que introdujo a
los llanos y hasta Santa Fe (Bogotá) el ganado vacuno, fundando y propagando
esta importante industria en 1548”. (p.464). Según Agustín Gil (1970):
47
En sitios vecinos perduran nombres decidores a lo vivo del uso a que se
los destinó: “El Hato, Corral de Toros, El Hatico”, entre Quíbor y El
Tocuyo; al sur de esta población “La Cabrera”, al norte “Cimarrona”, al
oeste “El Hatillo”,”Hato Viejo, Hato Arriba, y Las Porqueras”, en la
Ciénaga, hoy Anzoátegui. De cómo prosperaron estos grupos pecuarios
da idea la noticia estadística de que once años mas tarde había en la
región 3.000 vacunos; 1.200 ovinos; mas de mil caballares, numerosos
marranos y muchos cabríos, introducidos posteriormente. (p.261).
El trigo
Sorprendentemente, el primer producto agrícola que descolló en Venezuela fue el
trigo. Comenzando por El Tocuyo, donde se producía en forma silvestre, el trigo se
fue ampliando a Trujillo y Mérida, así como al Valle de Caracas. Los primeros
cultivos al margen del río y de las quebradas de Sanare y Guajira se sembraron el
trigo y el arroz. Para el quinquenio de 1601 a 1605, el principal producto de
exportación de Venezuela fue el trigo, con un 63% del valor de todos los productos
exportados (Veloz, 1984).
Según Pherson (1883), en 1882 aún se cultiva trigo en Quíbor, El Tocuyo y sobre
todo en Sanare, pero fue siendo desplazado por el café. En El Tocuyo el sector
conocido como El Molino hace honor precisamente al funcionamiento de un rústico
molino. Pero en los documentos de registro nos hemos conseguido con varias
alusiones a este tipo de factoría. En 1875, en el Molino-conocido como la
encomienda de los Colmenares- en Humocaro Bajo, tenían un molino de trigo.
48
(RPT. Protocolo primero. Folio 7). En la compra venta, registrada en 1927, del
fundo Hato Arriba, señala que posee máquina de trillar, maíz y trigo. (RPT. Primer
trimestre. Folio 67). En este mismo año aparece un fundo en Humocaro Alto con
caña y trapiche y molino de trigo en el caserío El Arenal. (RPT. Primer trimestre.
Folio 107).
49
pobres especialmente los Indios y en servicios comunes de las casas.”. (p.188).
(Ortografía de la época).
Los telares no solo utilizaban el algodón, sino también la lana de las ovejas, que
desde la colonia es ganado abundante en la región. En 1835, en la herencia de
Juan Luís Gómez de Lucena, aparecen 88 ovejas, que valían alrededor de un
peso cada una. (RPT. Tercer trimestre. Folio 12). Según Agustín Gil (1970), se
llegaron a fabricar tres clases de telas: lienzo común o “liencillo”, otro denominado
“tarlatán” y el de mayor calidad “grano de oro”. Según el maestro Francisco Suárez
(1970), hasta finales del siglo XIX, se producían telas en El Tocuyo,
concretamente en el conocido barrio Los Hornos, como fueron los de “El Cercado”
de la familia Fernández y cuya muestra –según él- podía verse en la Galería
Ilustrada de Arte Colonial.
50
y Juan de Urdaneta fue nombrado administrador de la renta de tabaco de El
Tocuyo (RPT. Folio 95). En la herencia de Juan Luís Gómez de Lucena (RPT.
Tercer trimestre 1835. Folio 57) aparecen registradas en su fundo 1467 matas
pequeñas y 3000 grandes de cacao y un trapiche de mora. En este último año
Miguel Galeno es hecho preso por contrabando de chimó que fue encontrado en
su casa.
51
Alguno insinuarán que si no se gravaba al chimó se debía prohibir…
¿Con que derecho le vamos prohibir al pobre trabajador que use el
único vicio que está a su alcance, el que lo anima en su fatiga y lo
entretiene en sus ocios, mientras que el rico puede seguir
cómodamente saboreando el puro egipcio, el costoso habano, el
espumante champán? Sería injusto . (Francisco Octavio, El Impulso de
Barquisimeto, 22/03 1937).
52
Esta etnia fue perseguida durante toda la colonia, muchos huyeron hacia las
montañas y otros fueron aparentemente controlados a través de las encomiendas.
Lo cierto del caso es que estamos hablando de los antiguos pobladores del
territorio larense y concretamente del territorio tocuyano y gracias a los trabajos
antropológicos se ha podido demostrar la existencia de una cultura organizada,
que hizo del cultivo del maíz, el trigo, el algodón, junto a otros frutos, sus
principales actividades económicas, unos pobladores que defendieron
gallardamente lo que durante miles de años había sido su forma de vida.
53
pueblos de doctrina en 1620, se pasa de encomienda de servicio a encomienda
de tributos (1687) y se inicia la importación masiva de los negros esclavos para
trabajar en las plantaciones de caña en El Tocuyo.
54
Al final de la encomienda de servicio y su transición a la encomienda de tributo, a
partir de 1687, se hace un cierto reconocimiento de la propiedad de los indígenas
sobre el territorio ocupado ubicados en los ya mencionados pueblos de doctrina,
sin embargo, durante el siglo XIX- con el auge económico de la cañicultura en los
valles tocuyanos y del café en las serranías- estas tierras fueron siendo
usurpadas por los grupos dominantes, que luego gracias a mecanismos, como la
composición de tierras, la eliminación de los resguardo indígenas o la compra a
través del engaño, fueron apropiándose de estas tierras, hasta entonces
utilizadas para el cultivo de otros productos que abastecían a la ciudad de El
Tocuyo. Tal como lo plantea E. Veracoechea (1977): “Los pueblos y resguardos
indígenas van desapareciendo poco a poco y este proceso de intensifica en el
siglo XVIII. Esa apropiación fraudulenta de tierras realengas y de resguardos
indígenas se legaliza mediante la formula de la composición” (idem. 126).
La esclavitud en El Tocuyo
En Venezuela, según Brito Figueroa (1979), se calcula haber recibido unos 120 mil
esclavos, entrando unos 10 mil en el siglo XVI, otros 25 mil en el siglo XVII y unos
80 mil cuando se desarrolla el auge de las plantaciones de cacao, tabaco y caña
de azúcar en el siglo XVIII. La mayoría de ellos provenían del África Occidental, de
las actuales Angola, Congo, Gabón, Camerún, y Nigeria, donde predominaban las
culturas bantú y sudanés (p.172).
55
años hasta el 30 %. Según E. Veracoechea (1977) para 1758, de un total de 6.532
habitantes que tenía El Tocuyo, 1.163 eran esclavos, lo que representó un 18 %
de la población.
Esta población, como lo hemos dicho, no tenía ningún derecho, pero a pesar del
sometimiento lograron por la vía del sincretismo y la conformación de cofradías,
salvaguardar rasgos de su cultura (idioma, religión, hábitos) haciendo uso de los
símbolos de la religiosidad cristiana. Como ejemplo de esto podemos mencionar
la más representativa manifestación cultural del hoy estado Lara y una de las más
importantes del país, como es el tamunangue o sones de negro, o simplemente
“los negros”, como tradicionalmente se les denominaba.
Estos últimos eran los esclavos de las haciendas más cercanas a la población de
El Tocuyo, que producto del emparejamiento con los indígenas, o del abuso
sexual por parte de los colonizadores europeos, pudieron constituir una población
56
aparte, tal como lo es el reconocido Barrio Los Hornos, cuya capacidad de trabajo
artesanal dio pie no solamente a una verdadera economía pre industrial sino
también al desarrollo de grandes actividades culturales.
Libertad a medias, que se resume en el hecho de que sólo serían libres los hijos
de los esclavos que nacieran a partir de ese momento, pero con la condición de
trabajarles a los amos de sus madres durante 18 años, para compensar los gastos
de su manutención y educación. Con esto, la libertad de los nacidos no era
inmediata sino diferida, es decir, no serían libres en 1821 sino en 1839. Luego,
esta ley fue modificada en la Constitución de 1830 en perjuicio de los esclavos,
cuando la edad de liberación se llevó a los 21 años. Para tal fin:
Sin embargo, la esclavitud en El Tocuyo- igual que en todo el país- fue dando
paso a la mano de obra asalariada, debido entre otras razones: por los costos que
ya representaba la mano de obra esclava en comparación con la mano de obra
asalariada, por la imposibilidad de renovar esta mano de obra esclavizada por los
57
acuerdos que habían dado fin al comercio internacional de esclavos y además
luego de la independencia muchos de ellos huyeron en cumbes y cimarronas.
58
mecanismo al considerar como un jornalero y, por lo tanto, obligado a
trabajar en la propiedad de otro, a todo aquel que no contase con una
renta o producto en efectivo mayor de 100 pesos, así como todo
agricultor con cultivos menores de 2 fanegas, contando con el recurso a
la fuerza pública como garantía de su cumplimiento.(Hernao, 1996. 112)
Provincia de Barquisimeto
Santa Rosa 12 15 17
Bobare 5 7 12
Duaca 2 3 5
Cabudare Cabudare 31 38 69
Monagas 7 2 9
Sarare 5 11 16
Altar 1 - 1
Buría - - -
Yaritagua Yaritagua 26 28 54
Urachiche 15 25 40
59
Chivacoa 2 11 13
Tacarigua - 3 3
Ríoabajo 7 8 15
Cuara - - -
Independencia 4 3 7
Cocorote 3 10 13
Guama 3 11 14
San Pablo 1 5 6
Aroa 3 2 5
Alvarico 40 35 75
San Javier - - -
Quíbor Quíbor 9 26 35
San Miguel 8 4 12
Cubiro - 3 3
Guadalupe 1 - 1
Sanare 3 8 11
Guarico 4 8 12
Chavasquen 1 2 3
Humocaroalto 13 5 18
Humocarobajo 6 12 18
Barbacoas 15 11 26
Aregue 3 4 7
Arenales 9 3 12
Río Tocuyo 7 15 22
Baragua 2 5 7
60
Siquisique 5 4 9
61
partidarios de uno u otro bando, como las grandes mayoría de esclavos y peones
libres que vieron en la independencia su única posibilidad de ascenso, más aún en
el caso de los esclavos a los cuales, desde 1816, Bolívar había ofrecido la libertad
y propiedad de la tierra si se sumaban al bando patriota. Aunado a esta situación
nacional, tenemos a nivel mundial al desarrollarse la crisis cíclica del capitalismo,
la primera ocurrida en 1825, pero siendo más profunda la de 1837.
62
Las consecuencias se hicieron notar en el precio de los productos de exportación
y más aún en el contexto de las políticas económicas llevadas a cabo por los
gobiernos de la oligarquía conservadora y liberales (1830-1858). Toda esta
situación haría posible levantamientos campesinos, que bajo la bandera de
liberalismo y la federación se iniciarían desde finales de la década de los años
cuarenta del siglo XIX hasta llegar a la Guerra Federal iniciada en 1859.
63
en Estados Unidos. Asimismo, decayó el cultivo del añil al comenzar a imponerse
el uso de colorantes químicos desde la década de 1830, de tal manera que su
participación en el valor de las exportaciones, que en esos años había sido del 10
al 15%, descendió a 1 y 2% a mediados del siglo.
La Guerra Federal- que en sus 5 años fue más intensiva que la Guerra de
Independencia, produciendo peores daños al aparato productivo- produjo cambios
en los gobiernos sucesivos para articular medidas económicas que permitieran
aprovechar el auge de la economía mundial. A pesar de la crisis de sobre
producción mundial de 1873 y de 1882 nuestra economía vive un auge, sobre
todo en los precios obtenidos por las exportaciones de café, lo que llevaría a una
expansión de la producción de este rubro en el territorio nacional.
Los sucesos políticos del siglo XIX: los diez años de la Guerra de Independencia,
las revueltas campesinas, los cinco años de la Guerra Federal y los centenares de
movimientos o alzamientos que se produjeron a finales de ese siglo, destruyeron
la economía del país. El Tocuyo sufrió las consecuencias de estas contiendas
realizadas en otras regiones, tanto por la participación de algunos de sus hombres
en esos acontecimientos como por la debilidad que se produjo en el ámbito
comercial. Es a finales de la década del sesenta del siglo XIX cuando el entonces
distrito El Tocuyo comienza a transcurrir un período de importante auge
64
económico y sociocultural que alcanza hasta finales de la segunda década del
siglo XX.
Para Felipe Colmenter (1983) los cambios favorables a finales de este siglo se
debieron a una etapa de modernización en la administración y las finanzas
públicas, para lo cual fue necesaria previamente una parcial pacificación política
del país:
Guzmán Blanco instituyó que para poder lograr una eficiente estabilidad
política, era preciso establecer una alianza con los más significativos
representantes del caudillismo nacional. Por ello, llegó a granjearse el
respaldo, mediante componendas políticas, de quienes le adversaba.
Es así como logra aliarse con los oligarcas trujillanos Batista y Araujo;
en Lara, con Jacinto Lara; en Coro, con León Colina; en el Zulia, con
Venancio Pulgar; en Oriente, con José Ignacio Pulido, y así
sucesivamente. Esta conciliación le permitió lograr la tranquilidad y la
paz nacional necesaria para obtener acuerdos con la élite comercial y
financiera que le dio a su gobierno la seguridad económica que le había
faltado a sus antecesores. (p. 21)
65
Más adelante reconoce los aciertos económicos de Guzmán:
66
agropecuario favorece y refuerza a las actividades de construcción, de
comercio, transporte, finanza y a las de producción artesanal, el
desarrollo de las exportaciones permite que muchas de las necesidades
de la sociedad venezolana se satisfagan, no con la producción interna,
sino con productos de importación. (Aranda: 1984, 39).
Según Blanca De Lima (2002): “Para la época de referencia el negocio del café en
Venezuela estaba esencialmente en manos del capital Alemán, que controlaba las
más importantes zonas cafetaleras del país, monopolizando la exportación e
hipotecas de cosechas sobre este producto”. (p-98).
67
Según cifras suministradas por la Casa García Hermanos a M.M Ponte, publicada
en su descripción de El Tocuyo en 1888 (La Opinión Nacional, 18 de noviembre de
1888), la producción de este último año fue de 20.000 (veinte mil) quintales de
café en comparación con los 1.000 (mil) que producía en 1863. Para 1920 la
producción supera los sesenta mil quintales y a finales de esta década llegó a
cerca de los cien mil, Sin embargo, es necesario reconocer que, a igual como
sucedió en el valle tocuyano donde la caña de azúcar fue desplazando a otros
rubros, lo mismo sucedió con el café, que sustituyó a otros rubros que se
producían en las zonas montañosas, como el trigo y el maíz, siendo El Tocuyo
una de las de mayor producción en estas áreas en el país.
La riqueza del distrito Morán se esparcía por todo su territorio. Guaríco ha sido
uno de los más ricos, produciendo para los años veinte del siglo pasado de 60 a
65 mil sacos de café (5 % de la producción nacional), además de esto producía
2000 kg de maíz, papas y frutas como la manzana y durazno y existían unas 2.000
cabezas de ganado vacuno y 800 de cabra, vendiendo fuera de esta localidad
unas 500 pieles de chivo y 300 de reses.
A nivel nacional, en 1889 las exportaciones de café alcanzaron un nivel que, con
alzas ocasionales y poco sostenidas, se mantuvo hasta la década de 1930 y los
rendimientos por hectárea acentuaron su descenso iniciado a fines de la década
de 1870. Para 1875, la producción por hectárea era de 2.225 kg, según las
estimaciones realizadas por J.A. Barral, en su obra Porvenir de las grandes
explotaciones en Venezuela (citado por Fundación Polar, 1997: 322), publicada en
1881, mientras que en la década de 1890, Delgado Palacios la estimaba en 658
kg en la zona central. Esta tendencia decreciente era producto de la expansión
68
hacia terrenos poco aptos para el cultivo y fundamentalmente, de los sistemas de
trabajo basados en un escaso laboreo, adecuándose a la carencia de capitales y a
la escasez de mano de obra.
69
En un artículo aparecido en El Impulso, titulado “Datos acerca del Comercio del
Estado Lara”, señala que para 1924 en todo el Estado Lara había un movimiento
de capitales en comercio de unos 50 millones de bolívares.
En este mismo orden, en El Impulso del 1º de enero de 1924 (P 11. Nº. 5.687)
aparece los principales índices económicos del distrito Tocuyo, en la cual se
señala que se producen: 3.600 cargas de azúcar, 43.200 cargas de papelón, 750
70
pieles de chivos, 500 pieles de res, 3000 fanegas de maíz, 200 fanegas de
caraotas, 500 carga de aguardiente, 80 docenas de sacos de fibras. Tiene 2.145
cabezas de ganado vacuno y 3.000 de ganado cabrío.
Para esta fecha Morán, entre otros rubros, produce: café, maíz, papelón, azúcar,
aguardiente, cocuy, trigo, semillas de tártago, arvejas, cebada, linaza, corteza de
turrilla, mostaza, fruta de caote, tacamajaca, cobalomba, espadilla, almidón, aceite
de ricino sin refinar, corteza de quina y de cupí, partes plásticas, abonos químicos,
avena, caraota, papas, queso, mantequilla, minerales, cobre en Guarico.
71
pintores, músicos, también una diversidad de centros culturales, bandas
musicales, decenas de periódicos irían a dar luz al “período de oro” de la cultura
tocuyana.
Todo este auge económico y cultural mantuvo a El Tocuyo, entre las principales
ciudades del país, no sólo por su peso histórico, sino por su nivel de producción
cafetalera, papelonera, comercial y como camino principal hacia los estados
andinos y otras localidades de occidente como Maracaibo, principal centro de
acopio de café del país.
72
Nueva de Arturo y Miguel Tamayo, Tienda de Marcos Perdomo, Botiquín de
Manuel Morales, Botiquín de la Planta de Hielo de Miguel y Arturo Tamayo,
Restaurante El Disco Rojo, La Sirena de Pérez Liscano, Tipografía Comercial
donde se publicaba el periódico El Comercial de la tienda La Realidad, dada la
inexistencia de librerías esta tipografía vendía libros, La Victoria de Rafael
Reinoso. Para los años cuarenta se suman otros negocios como la sastrería de
Ramulfo Peralta, Farmacia La Vencedora del farmaceuta Garmendia, quien la
compra en 1938 al finado Manuel José García por Bs.50 mil, Víveres de Cesar
Mendoza. Desde finales del siglo XIX se conoce de la destilería de cocuy en los
alambiques de Crispín Silva, entre otros.
Las ordenanzas de rentas municipales, del distrito Tocuyo, de 1925, nos ofrecen
otros datos de su riqueza comercial. En ella aparece la siguiente clasificación para
el pago de impuestos: patentes comerciales, mataderos públicos, beneficios de
ganado vacuno Bs 32 y caprinos Bs 0.75, impuestos de frentes de casas 6% de
alquiler mensual, talleres fabriles y de arte y de oficios de Bs 8 a 60, vendedores
ambulantes Bs. 15 mensual, comerciantes transitorios de Bs 10 a 60, consumo de
tabaco Bs. 15, construcción y reconstrucción Bs 15, terrenos ejidos, locales de
espectáculo de Bs 15 a 20 por función. Patente de fabricas industriales: jabonería,
hielo, velerías Bs. 20, pastas de harina, alpargaterías, molinos de trigo y maíz Bs
20, billares de 20 a 100 bolívares, galleras de 10 a 40 bolívares, bolos Bs 10,
patentes de automóviles Bs 8, boticas y droguerías Bs. 125, loterías 20 % del total
de su emisión, mercado público, talabarterías Bs 10, zapatería de Bs. 8 a 40,
latonería Bs. 6, platerías de 5 a 15 bolívares, agencias funerarias de 15 a 25
bolívares, carrocerías y herreras Bs. 4 a 8, compañía anónima, compañías de
seguros, tornearías, casas de empeños de 10 a 40 bolívares mensuales, hoteles
de 8 a 15 bolívares, curtiembres, joyerías de 15 a 100 bolívares mensuales,
restaurantes Bs 8, panaderías, de 15 a 25 bolívares, botillerías de 10 a 60
bolívares, alambiques de 5 a 40 bolívares, lavanderías Bs. 12, fábricas de bebidas
gaseosas de 16 a 20 bolívares, servicios de sepultura de 5 a 10 bolívares. Los
73
especuladores o evasores de impuestos debían pagar el doble de lo previamente
establecido. Las casas de comercio que tenían ventas entre 100 a 400 bolívares
pagaban Bs. 4, los que debían de 10 a 15 bolívares pagaban Bs.50, las casas
comerciales grandes que vendían de 150 mil a [Link] bolívares pagaban Bs.160.
Los más grandes comerciantes que practicaban operaciones comerciales en la
localidad o que traficaban con ellas pagaban de mil a 4 mil bolívares.
74
nuestros vecinos Colombia y Brasil. Pero para 1950 el promedio cae a veinte mil
quintales. Tan violenta fue la caída de los precios que a finales de los años veinte
se vendía entre 50 y 60 bolívares el quintal y a mediados de los años treinta el
gobierno de López Contreras tuvo que subsidiar a los productores con una prima
ya que el precio no pasaba de treinta bolívares (El Impulso 16-10-1936).
4. Las consecuencias de la crisis capitalista mundial de los años treinta, que afectó
ambos rubros pero fundamentalmente al café, por ser un bien no básico de
consumo.
75
sucedió con el ferrocarril Bolívar, el cual comunicaba a Puerto Cabello con
Barquisimeto, recorriendo los valles yaracuyano y los de Duaca.
Todo esto va a llevar en la década de los treinta, pero más aún después de 1945-
48 cuando se abren las libertades políticas, a un clima de tensión tanto entre
campesinos y terratenientes como entre las propias organizaciones obreras, cuyo
liderazgo se disputaban, a veces hasta por la fuerza física, entre el partido Acción
Democrática y el Partido Comunista de Venezuela. Todo este ambiente, aunado a
la crisis de los precios de los rubros, producirá una casi paralización de las
actividades económicas.
7. - Todo lo señalado hizo posible que desde los años treinta se produjera en la
región un proceso de emigración, sobre todo de la élite tocuyana, hacia otras
localidades, fundamentalmente a los valles de Cabudare, Barquisimeto, Duaca y
Carora. En 1950, la población de Morán es de 55.195 personas, es decir, un
evidente estancamiento poblacional, si sólo tomamos el crecimiento de las
capitales de distritos, El Tocuyo solo cuenta con 5.500 habitantes, mientras Carora
pasaba los 12.000 y Barquisimeto los 100.000.
76
Este ambiente desolador se percibe fácilmente en el decaimiento cultural
manifestado por el cierre de periódicos, centros culturales, los debates en la
prensa que reflejan la preocupación sobre el futuro de El Tocuyo, la preocupación
por la caída económica, la tensión política y el auge de la emigración. Estos van a
ser los temas más tratados en los años treinta y cuarenta, pero va a tener su auge
en el contexto del cuatricentenario de la fundación colonial de la ciudad en 1945,
cuando propios y extraños comienzan a pronunciarse sobre el futuro de El Tocuyo,
desde quienes claman por convertirla en monumento histórico o centro turístico o
por quienes “exigen” su reactivación económica.
Aunque fuera del tiempo de investigación, se debe señalar que hasta los años de
1950 el distrito Morán dependía de su producción de café y fundamentalmente de
papelón. El café es el rubro predominante hasta los años veinte del siglo XX,
cuando la competencia internacional, principalmente de Colombia y Brasil, hizo
que esta cayera violentamente. Posterior a estos años, hay una tendencia a la
concentración hacia la producción de papelón. El café por ser un producto
fundamentalmente exportable depende de la estabilidad del mercado mundial, por
eso las consecuencias de la crisis económica de los años treinta agudizó esta
tendencia a la baja de los precios del producto.
77
(caña de azúcar), ni la propiedad territorial, por el contrario, tiende a concentrarse
en menor número de personas y desplazar otras áreas del cultivo. Esta
“modernización” y el terremoto de 1950 traerían como primera consecuencia la
desaparición arquitectónica de la vieja ciudad, el surgimiento de un “Nuevo
Tocuyo”, en términos urbanísticos. Pero no es sólo la apariencia de la ciudad lo
que cambia, ya que con la arquitectura también se fue parte de la conciencia
histórica y del sentimiento de “Tocuyanidad”.
Desde el primer informe del cabildo tocuyano de 1579 y las crónicas de Cisneros
(1764), se hace mención a la expansión del cultivo de caña de azúcar, según la
relación del gobernador Diego Hurtado de Mendoza, en 1768, existían 28
haciendas de caña. Para 1771, según el informe de Juan de Salas, existían en El
78
Tocuyo 58 trapiches, lo que demuestra la importancia que había cobrado el cultivo
de este rubro.
Según Banko (2004), para 1836 la producción de caña en El Tocuyo era superado
solo por los valles aragüeños:
Alrededor de 1836, la extensión de los cultivos de caña en el territorio
venezolano puede apreciarse a través de los siguientes datos, que nos
indican la cantidad de tablones existente en cada provincia: Caracas:
3.046¼; Barquisimeto: 1.164; Carabobo: 615; Barinas: 567; Trujillo:
427; Cumaná: 348½; Mérida: 330; Coro: 305; Barcelona: 149; Guayana:
136; Maracaibo: 130; Margarita: 90. La totalidad de tablones de caña
cultivados en el país alcanzaba a 7.307¾. En la provincia de Caracas,
que concentraba casi el 50% de la producción, destacaban los cantones
de La Victoria con 908¾ tablones y Guarenas con 528. Asimismo, en la
provincia de Barquisimeto, que ocupaba el segundo lugar en la
extensión de los cañamelares, sobresalían dos centros productores: El
Tocuyo con 529 tablones y el cantón Barquisimeto con 469. (p.157)
79
año, Pacífico y Egidio Yépez (que vivían en Sanare) compran El Molino e Ira en
Boro “La primera con sus respectivas maquinas de moler trigo en pleno uso y
plantación de trigo. Todo desde la Quebrada de Atarigua que va a Quíbor y que
mueve las máquinas y los membrillares.” (RPT. Folio 14).
Pero esta concentración también se hizo mayor por otras vías como la ocupación
de terrenos ejidos y de resguardos indígenas, compra-ventas, hipotecas, entre
otras, permitiendo que antiguos propietarios y otros nuevos expandieran la
propiedad territorial sobre el valle tocuyano, así como en las regiones aledañas, la
cual en términos generales sigue siendo la misma que existe en la actualidad.
Según el censo agrario de 1950 el municipio Morán lo componían unas 250 mil
hectáreas, de las cuales la mitad son cultivables, todas ellas repartidas en 3.412
explotaciones, de los cuales 2.156 eran propietarios, para 1960, según Elsa Lejter
(1966) casi todas las tierras eran propiedad privada y solo unas dos mil eran
publicas. Pero cuando estudiamos la realidad del valle nos encontramos en que
este se distribuye entre unos cuarenta propietarios.
Según lo plantea Banko (2005), hasta finales del siglo XIX es muy poco tecnificado
el trabajo en la cañicultura venezolana:
80
La incorporación de avances técnicos se desarrolló con un ritmo muy
lento, por lo que el rendimiento de la producción fue bajo durante el
siglo XIX y, por tanto, no tenía capacidad de competencia en el
mercado exterior. El objetivo de modernizar los procedimientos
productivos comenzó a tomar cuerpo en las últimas décadas de la
centuria. Con tal fin se proyectó la aplicación del sistema de "ingenios
centrales", que implicaba la separación de las tareas agrícolas y las de
fabricación del azúcar. Sin embargo, la propuesta no pudo
materializarse en ese entonces por la resistencia de muchos
agricultores a adoptar estos cambios ante el temor de que el aumento
de la producción significara la caída de los precios y la ruina de las
haciendas. A fines del siglo XIX predominaban todavía los tradicionales
métodos que utilizaban la tracción animal y la energía hidráulica, siendo
relativamente poco numerosas las haciendas que poseían máquinas de
vapor. (p.341)
Hasta 1890, los trapiches rudimentarios apenas daban rendimiento para elaborar
al año una o dos fanegas de caña, pero además se mantenía el cultivo de rubros
menores y ganado, Tal como lo refiere Gil Gil (1970): “Esta situación se prolongó
hasta bien entrado los años de 1890 y tantos, cuando por ser posible la traída de
maquinarias superiores para trituración de la caña, aumentaron correlativamente
los sembradíos de esta gramínea hasta hacerse casi exclusivo hasta los actuales
días.” (P.263).
81
Entonces habría que preguntarse: ¿se producía más de lo que se estaba en
capacidad de procesar? .Por lo que habría que considerar la tesis de que la
producción intensiva de la caña en El Tocuyo y por consecuencia la delimitación
de los fundos data de finales del siglo XIX.
82
produjo alcohol, harina de trigo e importó las primeras cabezas de ganado Holstein
y yersey.
Hasta principios de siglo XX son pocos los fundos donde se refleja la existencia de
trapiches a motor, siendo movidos por fuerza animal y fundamentalmente
hidráulicos. En 1900, en las haciendas Buenos Aires y La Palma de Nicolasa
Febres Cordero, aparece que cuenta con una máquina de trapiche hidráulica y
otra a motor (RPT. F. 22). En 1929, en la venta que hace Rafael Colmenares
Escalona a José Crispiniano Colmenares de la Hacienda San José en El Palmar,
aparece contentivos de “una casa de habitación y otra destinada al comercio, otros
edificios cubiertos con tejas, una maquina para el beneficio de la caña de azúcar,
compuesta por un trapiche movido por vapor, parrilla, centrífuga y alambique para
la elaboración del papelón, azúcar y aguardiente, con sus correspondientes
accesorios…” (RPT, F.131, S.118. T.1).
83
otros factores estructurales externos de orden económicos-políticos, se
arruina y es reemplazada por la hacienda cafetalera, cuyo renglón tiene
asegurado mercado internacional y es el eje de la economía
venezolana hasta 1927. A partir de 1930, la hacienda trapiche, se
reanima, por efecto de la ampliación del mercado interno del papelón y
la formación del mercado interno para el azúcar, comenzando el
proceso de reconstitución territorial. (P. 45)
Según el censo agrícola de 1937, el estado Lara fue el primer productor nacional
de papelón con un 13%, siendo el distrito Morán el de mayor porcentaje con más
del 30% seguido por Iribarren y Palavecino con un 29 % y 15% respectivamente.
De unos 3.858 fundos reconocidos y registrados en el municipio Morán las
propiedades oscilaban en unas 50 dedicadas a la caña de azúcar, lo que
representaba cerca de la mitad de todos los fundos cañeros del estado Lara y
comprendían fincas entre 100 a 1.000 hectáreas la más grande en promedio.
Para 1950, de las 6 mil hectáreas aproximadas del valle tocuyano la mitad estaban
dedicadas al cultivo de la caña, con una producción promedio de 190 mil
toneladas de caña molida. Si bien, según J.R Colmenares Peraza, en los primeros
diez años del Central Tocuyo se aumentó en casi mil hectáreas el cultivo de la
caña en el municipio Morán y se llegó a producir más de 300 mil toneladas de
84
caña molida y 30 mil de azúcar, también es cierto que con la construcción de la
represa Dos Cerritos, en los años setenta, se perdieron para el agro tocuyano
unas mil hectáreas y además se limitó el uso del agua para el riego.
La Caficultura
Según las Memorias del Ministerio de Fomento de 1925, se desprende que para el
año 1.924 el estado Táchira era el primer productor nacional de café, con un
veintiocho punto setenta y tres por ciento (28.73%) del total, seguido por el estado
Lara con trece punto noventa y cuatro por ciento (13,94) y por el estado Mérida
con un doce punto veintiocho por ciento (12,28%). El estado Trujillo, también
andino, producía un cero punto veintiséis por ciento (0,26%), situación que superó
por el año 1.937, llegando a alcanzar un trece punto ochenta y seis por ciento
(13,86%), de la producción nacional de café.
85
El distrito Tocuyo (hoy municipio Morán) por reunir las condiciones físico-
geográficas (relieve, clima, altitud, entre otros), desarrolló una intensa actividad
cafetalera (cultivo y comercio), la cual, a pesar de las constantes fluctuaciones de
los precios, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta los años 30 del siglo XX,
ocupó en dicho distrito, así como en la región andina, una supremacía en los
territorios vecinos de Guarico, Anzoátegui y los Humocaros. Convirtiendo desde
entonces y hasta hoy al municipio Morán en el principal productor de este rubro
agrícola en el estado Lara y en uno de los más importantes en Venezuela.
Si bien el café venía tomando auge importante desde la década de los 70 del siglo
XIX, es a finales de ese siglo- con la abolición de los resguardos indígenas, que
estas tierras (por compras, permutas, hipotecas o simple invasión) fueron
apropiadas por parte de los terratenientes de El Tocuyo- cuando la actividad
86
cafetalera toma mayor auge en la región. Recordemos que en el caso de El
Tocuyo los resguardos indígenas estuvieron ubicados fundamentalmente en las
zonas montañosas, donde luego se cultivaría el café. Esta consideración no puede
llevarnos al extremo de considerar que los pequeños propietarios y los pobladores
indígenas dejaron de existir, pues aun se encuentran en la actualidad haciendo
vida en esta región, ni mucho menos pensar que los rasgos culturales de nuestros
indígenas, principalmente el Gayón, fueron eliminados de nuestra región, pero su
debilitamiento es indiscutible.
Tal como lo plantea Pérez (2006), al describir como se formaron algunas fincas
cafetaleras al ser abolidos los resguardos indígenas y el nacimiento del poblado
de Villanueva en 1895, como la hacienda que fuera de Eduardo Hernández
(actualmente de FUDECO), quien era conocido como “el Rey del Café”, ya que
también tenía fincas en la zona conocida como Marilionza, en la misma parroquia,
así como también en Terepaima, municipio Palavecino, del mismo estado Lara,
era comercializador de café y llegó a exportarlo por Maracaibo.
87
Barquisimeto, estableciendo un promedio de producción tomando como base la
tasa de exportación. Sin embargo, en El Tocuyo continuaban los enfrentamientos
entre los Cañicultores. Para muchos estos atrasos se debían en parte a la poca
propensión asociativa de los tocuyanos.
Ya desde inicio de los años veinte el bardo y luchador Pío Tamayo hizo referencia
a esta actitud del habitante de la ciudad: “... El espíritu de asociación y confianza
no se estabiliza con facilidad en ánimos tan conservadores y reaccionarios e
individualistas como los del agricultor tocuyano ¨. (Obras Completas Tomo I. Pág.
211). ¨ El tocuyano ha vivido siempre muy para sí mismo: ama mucho a su tierra
natal pero no conoce ese sentimiento de amor colectivo que es el que procura la
unión de las voluntades en favor del pueblo. ¨ (Tomo III Pág. 166)
Pío Tamayo fue pionero del conocimiento sobre la actividad cañera, si bien su
salida de El Tocuyo, en 1922, se debió más a motivaciones políticas que
económicas, este último no dejó de ser centro de su atención, llegando a
desempeñarse en factorías azucareras, la más importante fue en “La Plazuela” en
Puerto Rico. Demostración de ello la encontramos en las cartas intercambiadas
con su hermano José Antonio, quién quedó encargado de la hacienda El Callao,
conocida como “La Reina” de las haciendas en El Tocuyo. José Antonio fue una
de las más importantes figuras de la actividad cañera, llegando a ser presidente de
la Asociación no sólo en El Tocuyo sino a nivel regional e inclusive se hizo
propietario de varias haciendas en los valles del Turbio en Barquisimeto.
88
cuentas, menos la densidad de guarapos, producción por toneladas, etc.” (Obras
Rescatadas. Tomo III. P. 67).
Sin embargo, José Antonio un poca más realista sobre la situación tocuyana le
responde lo siguiente:
89
emprenderían después de iniciación extranjera y en vista de resultados
obtenidos, usted retardara su regreso hasta que sea oportuno pues
siempre es clave del éxito la oportunidad ( El Tocuyo 26-12-1922. Ídem
67)
90
Mas adelante, para referirse a las limitadas capacidades de la producción y
diversificación agrícola de El Tocuyo señala: “En cambio dicha región es altamente
deficitaria en producción agropecuaria, teniendo inclusive que abastecerse de
regiones inmediatas, como por ejemplo Quíbor y Sanare (también Carora), las que
suministran las tres cuartas partes de la necesidad de carne, leche y queso de
consumo en distrito Morán”. (Idem. P.319).
En 1932, el precio del papelón era de Bs.20 por carga de 80 unidades, lo cual
significa que cada papelón sale a Bs.0, 25. La Cooperativa de Caña de Lara y
Yaracuy estaba en poco funcionamiento, la cual había sido fundada en 1922, y a
pesar de su debilidad, para 1936 es la única cooperativa existente en el ámbito
nacional. También para este último año (1936) hay saturación en el mercado de
azúcar y papelón. Solicitan al gobierno salida para exportar y este le otorga Bs. 6
91
de prima por Kg. exportado, pero los agricultores de caña estaban pidiendo no 6
sino Bs. 10. El precio era de Bs.65 por cada 100 Kg. es decir a 0,65 por cada Kg.
Con respecto al papelón se estaba vendiendo a Bs.40 por cada 100 Kg., es decir,
Bs 0,40 por Kg de papelón.
Pero la alta potencialidad del suelo tocuyano (que resalta en reiterados estudios
agrologicos del Ministerio de Agricultura y Cría) no es exclusiva para el cultivo de
la caña de azúcar. La explicación de esta dependencia o monocultivo debemos
buscarla en la utilización intensiva y extensiva de las mejores tierras de la
localidad por un reducido número de propietarios vinculados a la industria
azucarera. Con respecto a esto, debemos señalar que según los censos
agropecuarios de 1950 y 1961, el territorio del distrito Morán era de 2.150
kilómetros cuadrados, de los cuales 122.358 hectáreas estaban siendo explotadas
y concretamente en el municipio Bolívar (El Tocuyo), estaban siendo explotadas
unas 9.077,5 hectáreas de terreno.
Así mismo, para el año 1954, llegaron a explotarse 2.807 hectáreas con el cultivo
de caña de azúcar, lo cual experimentó un crecimiento vertiginoso y para el año
1964 llegaron a explotarse 4.109 hectáreas, lo que representa que se incrementó
en un 40 % en apenas diez años. Esto nos conduce a señalar que, según los
datos encontrados, el 50 % de las tierras cultivables en El Tocuyo estaban
destinadas para la producción de caña de azúcar. Así mismo según los
mencionados censos agropecuarios, los otros rubros producidos en el distrito
Morán y el municipio Bolívar eran el tomate, del cual se producían el 30 % del total
nacional ya que ésta alcanzaba unas 49.667 toneladas y Morán proporcionaba
15.505,8 toneladas. Además es importante señalar que el Estado Lara aportaba el
50 % de ese producto a nivel nacional.
La crisis de la caficultura
Hasta 1920, Venezuela ocupó el tercer puesto como productor de café a escala
mundial luego de Brasil y Colombia. La producción nacional alcanzó un promedio
92
de un millón doscientos mil quintales anuales, producto de unas 300 millones de
plantas de cafeto esparcidas por el territorio nacional, con un promedio unitario de
producción de 250 gramos. El precio, para 1930, del café descerezado era de Bs
60 y el trillado entre 40 y 50 bolívares.
93
países productores y exportadores de bienes primarios, también devaluaron. Las
autoridades venezolanas contando con el respaldo petrolero, decidieron no
devaluar, estableciendo así, una valorización automática.
Durante el periodo de gobierno del general Juan Vicente Gómez, se creó uno de
los primeros métodos conocidos, de atención oficial al sector cafetalero nacional,
como una forma de capear la crisis de los años 30, se implementó un subsidio
entre 5 y 10 bolívares por quintal, así como otros incentivos en insumos, para
proteger al caficultor afectado en esos momentos de recesión mundial.
94
presidencia de la república y durante su periodo de gobierno crea al “Instituto
Nacional del Café” .
95
15 bolívares, representaba un total de 29 bolívares. Fue tan alta esta prima
(subsidio) que ese mismo año el presidente llegó a otorgar 30 millones de
bolívares para comprar el café a 50 bolívares el quintal, operación que se realizó
a través del Banco de Venezuela.
Ya para 1936, existe una oficina del Banco Agrícola y Pecuario (B.A.P) en El
Tocuyo para otorgar créditos blandos a los agricultores. Esta agencia estuvo
presidida en los primeros años por los hermanos Arturo y Miguel José Tamayo. En
este mismo año Antonio Tamayo, Agustín Gil Gil, Juan de Jesús Colmenares,
Santiago Suárez, y Manuel Guédez Cordero, se han constituido como Junta de
Fomento Agrícola con el fin de servir como intermediario de los pequeños
Agricultores ante el B.A.P. (RPT. Tercer tomo. Folio 77). Hasta 1936 se habían
entregado en el distrito 49.120 bolívares en créditos.
A pesar de este aumento el precio no superaba aún los de los años veinte. Hemos
dicho que esta crisis del café produjo cambios en la distribución de la propiedad
territorial, el desplazamiento del cultivo del café por otros rubros, pero las
consecuencias fueron mucho más allá, las más importantes casas comerciales de
la localidad (como la García Hermanos) se vieron seriamente afectadas y debieron
cerrar sus puertas en los años treinta. La Torcaz de Miguel Tamayo, la segunda
casa comercial en importancia pudo resistir- a pesar de algunas hipotecas y ver
96
reducido su mercado-hasta cerrar sus puertas definitivamente después del
terremoto de 1950.
En 1931, se divide la firma Daviá y Saldivia, Clemente Daviá quedó debiendo Bs.
52.000 a Saldivia. En 1933, Enrique García Guédez, en vista de que está rota la
relación comercial que tenían en El Tocuyo, Barquisimeto, Puerto Cabello y
Caracas y dado a que le queda debiendo a Miguel Saldivia, le paga con derecho
que tenia en la posesión comunera Potreritos de Los Hoyos de Guarico, y con una
casa. Todo esto valorado para la época en 22.000 Bolívares. (RPT. Segundo
trimestre, folio 125).
Los cada vez más crecientes y abundantes ingresos petroleros (por lo insustituible
de este producto) hicieron que Venezuela no pasará por la crisis coyunturales
(cuellos de botella) por las que pasaron el resto de los países de América Latina,
que obligó a estos a tener que generar nuevas fuentes de riqueza y hacerse
menos dependiente de la monoproducción. La renta petrolera subsidió algunos
sectores económicos pero sobre todo al naciente aparato industrial. Así mismo se
dio profundo auge de las importaciones que aumentaban progresivamente en la
medida en que cambiaban los patrones de consumo de los venezolanos.
97
iniciado con el crac norteamericano, sobre todo en el caso del café que a pesar
de la comprobada calidad del mismo es un bien sustituible. Esto, como hemos
señalado, permitió el desplazamiento de los pequeños fundos del café por los
grandes, o la sustitución de estos cultivos por los de caña en algunas regiones,
como fue el caso de Los Humocaros.
Esto no fue un caso único en El Tocuyo, por ejemplo en el distrito Torres la caída
de los precios de las pieles de chivo, que era uno de sus principales rubros
económicos, comienza a producir el desplazamiento de esta actividad por la
explotación de ganado vacuno, lo que luego daría origen a la ya reconocida raza
Carora.
98
mote) el dilecto señor Don Caralampio A. Garráte, hacendado que esta
como pa que se lo lleven al manicomio a causa de la depresión del
café. [Link] esta ultimando resoluciones para salvarse de las
angustias que lo aflige; ya tiene un rollo de mecate y continuamente
hace viaje hasta debajo de un enorme árbol que esta cerca de su
residencia y ve hacia arriba… no sabemos que decidirá don
Caralampio”.
La casa comercial García Hermanos transcurrió por el mismo auge que tuvo el
café hasta principios del siglo XX, pero al comenzar la sobreproducción mundial
del café, y por ende la caída de sus precios, comenzó un período de debilidad del
mercado que iría a agudizarse con las repercusiones producto de la crisis de los
años 30, pasando el café a ser fundamentalmente un producto de subsistencia
económica para los productores regionales, en un período donde los grandes
propietarios venden sus tierras y se dedican a otras áreas productivas. Esto
conlleva a que la Casa García Hermanos cierre sus puertas de manera definitiva
en esos años, sin dejar de mencionar su debilitamiento como consecuencia de la
muerte de algunos de sus fundadores y principales accionistas.
99
sobrepasaban el precio de 20 mil pesos. Las utilidades sobrepasaban los 70 mil
pesos, distribuidos entre sus principales accionistas; Pablo García Yánez, Rafael
Suárez, E. Garmendia, Jesús García Yánez, Juvenal Escalona, Manuel García
Yánez y otros accionistas menores como Nicanor Linares, José Manuel Herrera y
Francisco Rodríguez López.
En 1933, José Gregorio Silva declara, que “No habiendo sido posible efectuar el
cumplimiento de la obligación, tanto por las malas cosechas de las plantaciones
100
como por la depresión del café, tanto por el recargo de intereses y la escasez del
numerario, entrego a los señores Campins Hermanos lote de terreno en Las
Quebraditas...” (RPT. Cuarto trimestre de 1933. Folio 49)
A partir de 1928, con el surgimiento del Banco Agrícola y Pecuario este permitió
que los mas importantes dueños de tierras y comerciantes recibieran prestamos,
algunos de los cuales fueron refinanciados por la Corporación Venezolana de
Fomento creada en 1947 y que después del golpe de 1948 estaría bajo la directiva
de los hermanos Tamayo, oriundos de El Tocuyo y altos personeros del gobiernos
de Pérez Jiménez, muchas de estas deudas fueron luego perdonadas en 1975, en
el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, lo que se conoció como el perdón de
las deudas agrícolas.
101
Crisis comercial
Como señalamos anteriormente, hasta los años veinte el siglo pasado, eran pocas
las carreteras transitables, sin embargo estas inexistencias de carreteras que
hacia difícil la comunicación, convirtió a El Tocuyo en “puente comercial”,
fundamentalmente para los andes y Maracaibo pasando por el puerto de la Ceiba,
precisamente el auge de las carreteras y la expansión de los tramos de los
ferrocarriles debilitaron esta condición.
102
(…) Es Ley Universal. Estas dos fases del desenvolvimiento comercial
lo estamos palpando de bulto i dolorosamente actualmente en El
Tocuyo mercantil. Las casas mayoristas de Caracas, Puerto Cabello,
Barquisimeto i Maracaibo, desde que existen facilidades viales, invaden
nuestro municipio y se atraen la clientela mejor de ellos mediante
favorables condiciones, iguales a las conseguidas al comercio de esta
plaza. Por otro parte, si los agentes viajeros no se desparramaran por
los ámbitos distritales en persecución de marchantes, habrían sido los
mercaderes del interior los salientes en solicitud de relaciones con los
centros mayores. El comercio no tiene en cuenta sentimentalismos.
…En nuestra historia regional se ve el mismo fenómeno. La línea férrea
de Tucacas a Barquisimeto capacitó esta plaza para ser asiento de
grandes almacenes. Sufrieron las consecuencias Coro, Valencia y El
Tocuyo: Vieron mermar su comercio. Llega la época de las carreteras.
Valencia readquiere sus relaciones con los Llanos. Barquisimeto se
sostiene bien por cierto tiempo por su admirable posición. Mas una
legislación recia de papel sellado, corta en gran parte sus relaciones
con el Estado Portuguesa, el cual teniendo expedita la vía hacia
Valencia, donde los impuestos sobre sus productos no existen o son
menores, traslada allí sus frutos. Primer golpe. Luego se inicia i
desarrolla en grande el transporte por camión. Como no siempre hay
cargas a fletes suficientes para todos los carros en actividad, se crea
una nueva forma de comercio ambulante. Los almacenes de Puerto
Cabello lo fomentan con perjuicios de los mayoristas de las poblaciones
del interior, inclusive los de Barquisimeto. Pero esta plaza se mueve a
su vez sobre los Andes hasta la frontera con Colombia y sustrae a la
influencia de Maracaibo mucho tiempo: Repone en mucho.
Así están las cosas. Los ejemplares presentados con ilustración de
nuestro tema bastan. Se ve como circunstancia nueva favorecen a
estos o aquellos pueblos: como los que no reaccionan en algún sentido
con actividad, inteligentemente se quedan atrasados.
Mas adelante agrega:
103
para hacer exportaciones o importaciones, o conformarse con lo que
sucede… (El Arado. 19 de diciembre de 1933. No. 179-180.)
Claro esta, no son estas las únicas razones que justifican el estancamiento
económico tocuyano, a esto hay que aunar la depresión en el mercado de sus dos
principales productos, el café y la caña de azúcar, que no solamente eran causa
de la saturación del comercio nacional y mundial de este rubro sino de las propias
deficiencias en la producción y comercialización interna.
Pero más aun se debía a las pocas alternativas que la región podría ofrecer a las
nuevas generaciones, dado no solamente a la concentración de estos dos rubros
agrícolas señalados, sino también a la propiedad de la tierra en manos de pocos
propietarios. Esta doble concentración es causa estructural de un doble fenómeno,
ya que por un lado ha hecho posible su auge como productor de café y azúcar
pero por otro lado esta poca diversidad a hecho dependiente a esta región de los
productores foráneos y además esta riqueza solo ha beneficiado a minorías.
“El hombre del cañamelar es mestizo con más de negro y blanco que
de indio. En cambio el hombre del cafetal, o sea de la montaña, de las
montañas que circundan el valle, es un mestizo de blanco e indio.
Porque el esclavo negro lo asentaron en la cálida plantación de caña,
donde la había, o en su defecto, en la plantación de cacao”. (p. 46).
104
Uno de los mecanismos que ataban a los trabajadores en las haciendas eran las
conocidas tiendas de rayas, bodegas que existían en las haciendas que vendían
a precios superiores a los existentes en la lejana ciudad y hacían que los peones
se endeudaran con cuentas que eran heredadas por sus descendientes y que
obligaban al trabajador a permanecer en los fundos hasta que cancelaran. Se
llamaban tiendas de rayas porque el bodeguero anotaba en las paredes al deudor
con unas rayas que eran entendibles por quienes no sabían leer y escribir.
Brito Figueroa (1980) define estas relaciones de trabajo como de carácter feudal:
“La fuerza-trabajo, jurídicamente libre, en realidad encadenada a la tierra por lazos
de servidumbre, y el monopolio de la propiedad territorial constituían la base
material de la formación económico-social, que en principio, por considerar que no
hay otra denominación más exacta, llamamos régimen feudal venezolano”. (P.
339).
A finales del siglo XIX y principios del XX, con “el proceso de tecnificación y
modernización”, el trabajo de los campesinos tocuyanos, tanto en la parcela
como en la hacienda, deja de ser una acción que interrelaciona a todos los
miembros del grupo familiar en forma directa en las actividades productivas, pues,
por un lado se diversifica y se complejiza el trabajo en las haciendas y se requiere
más mano de obra debido a la inyección de capitales. Es conveniente señalar que
este fenómeno no es típico de El Tocuyo, pues sus manifestaciones también
105
ocurrieron en el ámbito nacional. María Victoria López (1984) expone la situación
de la siguiente manera:
Según nos narra el señor Manuel Angulo, nacido en 1919, con más de setenta
años trabajando en las haciendas de caña de azúcar, “éste era un trabajo
realmente fuerte, matador”, “se comenzaba a las 3 de la mañana a prender las
caldera para el papelón…muchos a un dormidos se quemaban o perdían los
dedos o la mano completa en las trituradoras de la caña”…”nadie se hacia
106
[Link] sin mano y sin trabajo”. “muchos trabajadores eran
menores de edad, casi niños, eran mas barato pal patrón…mi primer sueldo, como
a los diez año fue un real, luego, cuando era hombrecito me pagaron un bolívar
diario”. “Yo trabaje durante setenta años en la Hacienda San Pedro y no recibí ni
arreglo ni nada y siempre he vivido en el caserío de la hacienda, en mi casa con
mi mujer y 7 hijos, criando unos chivitos me he podido sostener” (Entrevista a
Manuel Angulo.13-08-2007).
107
Para graficar el tipo de trabajo al que estaba sometido el obrero cañamelar,
citamos las palabras de Francisco Tamayo (1968):
108
Las humildes casas tenían una dimensión promedio de 20 a 30 metros cuadrados,
la mayoría en un solo espacio, a veces con separaciones con tela o tabla. La
mayoría tenían pequeños conucos que eran atendidos por la mujer y los niños
para sembrar maíz y frijoles y criar chivo y algunas gallinas y cerdos, para la poca
carne que consumían en época de fiestas. El chimo ha sido un estimulante
permanente para aguantar el hambre y dar brío en las duras horas de faena. Así
mismo el cocuy ha sido históricamente el acompañante de las fiestas y
celebraciones de los pobres.
Por el contrario el rico viajaba, se alimentaba mejor, solo por mencionar y tomando
como referencia los productos que se ofrecían en la prensa, tenemos una breve
lista del consumo: aguardiente de uvas, agua divina legitima, agua florida
imitación, agua florida legitima, aceite de castor y de almendras, aceituna
sevillana, zapatos Moliere, copas de cristal, ciruelas pasas, licores como la
ginebra, vinos, brandis legítimos. La clase pudiente asistía a los clubes, cines,
estudiaba en los colegios privados como El Concordia, sus hijos estudiaban y se
graduaban, en cambio, como dice Francisco Tamayo, “el hijo del peón nacía para
ser peón”: “Así es como la mayoría de los niños tocuyanos, tanto de las haciendas
como de la ciudad, no tienen para sí otra alternativa que no sea aquella de ser
peones. Nacen pues condenados y desarrollan sus vidas como tales” (1968,
P.28).
109
ciudad y sus hábitos de consumo, y en general vivían en condiciones similares-
nunca iguales – al del obrero.
Lo sitios de encuentros eran las propias casas, los domingos en misa, las fiestas
religiosas, o en las pulperías- los clubes de los humiles- donde compartían un palo
de cocuy y la conversa. Las mujeres compartían ratos en su trabajo de lavanderas
alrededor del rio o en las quebradas. Los niños tenían una infancia corta, jugando
en la tierra, o en el rio, pero ya antes de los diez años estaban trabajando
ayudando los padres.
110
Así como hemos descrito una marcada diferencia en el modo de vida de los
pobladores tocuyanos en lo económico, político y cultural, es necesario reconocer
que algunas manifestaciones culturales, como el tamunangue- máxima expresión
cultural del estado Lara, de origen tocuyano- han sido asimiladas por toda la
población, inclusive por las elites. A pesar que la mayoría de exponentes de estas
tradiciones provienen de los sectores mas humildes, sobretodo de los
afrodescendientes, mucho de ellos lograron gozar de la simpatía y cierto
acercamiento con los sectores dominantes, quienes los utilizaban para amenizar
sus fiestas, pagar promesas, recibir y honrar a visitantes, y, a partir de los años
cuarenta del siglo XX, como representación de la cultura tocuyana a nivel nacional
y hasta fuera del país.
El trabajo en el Café
Históricamente el cultivo del café ha sido una actividad familiar. Así lo fue en la
producción comunal de los indígenas y en las tierras de resguardo. Las pocas
hectáreas promedios (2 a 6 por persona) hacían que la familia se dedicara por
entero a estas labores. Con el fin de los resguardos indígenas y la subsiguiente
acumulación de la tierra por terratenientes y comerciantes tocuyanos, se observa
que al tiempo que aun perduras algunas pequeñas plantaciones en manos de
campesinos- muchos descendientes de indígenas- desde principio del siglo XX,
111
dominan los medianos y grandes fundos, entre veinte a cien hectáreas promedio,
que es trabajada por unos 5 a 20 hombres, respectivamente, pero en épocas de
cosecha (octubre –enero) requieren entre 20 a 100 recogedores. Esta mano de
obra a destajo proviene del campesino sin tierra, o el pequeño productor que no le
es suficiente con la producción de su predio o pobladores de otras regiones: El
Tocuyo, Portuguesa, los Andes y de Colombia.
112
Aun hoy la producción de café requiere mucha mano de obra. Desde la siembra
de los arbustos, su cuido, riego, deshierbe, poda, abono, solo puede hacerse con
trabajadores. Lo delicado del proceso aunado a que se encuentra en laderas
empinadas imposibilita el uso de maquinarias. Es en el beneficio (procesamiento)
donde desde los años cincuenta se han introducido nuevas tecnologías.
La efervescencia política
Hasta 1936, la relación entre poder económico y poder político en El Tocuyo es
abierta, no hay ninguna diferenciación. Esto sin duda, comienza a cambiar a la
muerte de Gómez, pero más aún con el gobierno cívico- militar en 1945, cuando
por primera vez participan en la vida política sectores no relacionados a la
oligarquía de la tierra, sectores de estratos medios y humildes. Esta afirmación
no nos puede llevar a pensar que esta democratización de la vida política
trastocó o represento una democratización igual en el nivel económico. A nuestro
modo de ver hubo redefiniciones en esta estructura de poder pero sin romper su
naturaleza. Así mismo es necesario también reconocer que esta democratización
inicial del movimiento político tocuyano cayó luego, a igual que el resto del país,
en la consolidación de oligarquías políticas, que a través de un círculo vicioso se
perpetuaron en la historia democrática, y originalmente hombres humildes formen
hoy parte también del poder económico. Estos cambios, junto al proceso de
sindicalización del movimiento campesino, agudizaron la aversión de estos
sectores predominantes de la sociedad tocuyana, que vieron siempre en estos
avances democráticos una afectación a sus intereses.
113
treinta, dueño de las haciendas: Buenos Aires, la Estrella, el Arco y la Santísima
Trinidad de Boro, Hato Arriba, El Cerrito, entre otras) fue vicepresidente, los
concejales: F. García Yánez, Juvenal Escalona (ambos accionistas del comercio
García Hermanos). Secretario José. A. Montesinos.
Para 1929, Heriberto Tamayo fue presidente, y entre los diputados tenemos a:
José Gregorio Limardo (farmaceuta), Pompeyo Morillo (medico y dueño de fundo
en Guarico), Anzola Tamayo (comerciante, prestamista, dueño de fundos San
Pablo en El Tocuyo, El Danubio en Duaca, entre otros), Reyes Reinoso (dueño-
junto a sus hermanos Rafael y León-, de los fundos Berlín, Quebrada de Oro, La
Victoria, Monte Cristo en Anzoátegui), Rafael Ángel Torrealba (comerciante).
114
espontáneo de los peones de las haciendas de El Tocuyo abajo,
quienes se vinieron a la ciudad machete en mano, a reclamar salarios
que los hacendados se resistían a pagarles; fueron a poner sus quejas
ante la primera autoridad del distrito y se estacionaron frente a la casa
de gobierno hasta que se les oyó. (p. 75)
En El Tocuyo, como en casi todo el país, después de la muerte de Gómez se
desarrolla una fuerte organización gremial. Desde los obreros de las haciendas,
pasando por los artesanos, albañiles, alpargateros, bodegueros, mujeres, jóvenes
estudiantes crean gremios y sindicatos exigiendo reivindicaciones económicas y
libertades políticas. Los sindicalistas organizan sus propias escuelas para formar a
los nuevos gremialistas. Entre la asociaciones constituidas tenemos: Asociación
Obrera Campesina de Los Palmares: Presidente: José del Carmen Flores,
Secretario Félix Silva Castillo, tesorero Fidel Flores, vocal Eleuterio Tona.
Asociación de Albañiles: Francisco Mendoza, Sastres: P.J. Briceño. Choferes:
Fortunato Dum, Empleados: Gregorio González. Comercio: Arturo Tamayo.
Alfareros: Domingo Silva.
Así lo manifiesta el viejo luchador comunista Bernabé Quintero, quien señala “que
desde entonces se constituyó la célula del PCV tocuyano, en la clandestinidad y
enseñaban a los obreros sus derechos y como eran explotados por los patronos”.
“Allí hablábamos de lo que había pasado con la revolución rusa y en México con
los hombres de Zapata, que paleaban por la tierra.” (Entrevista a Bernabé
Quintero.12 -05-2008). Bernabé quintero (1904-2009) fue uno de los fundadores
del P.C.V, seccional Tocuyo y en los años sesenta guerrillero del frente Simón
Bolívar al mando de Argimiro Gabaldon.
Es en el Caserío “El Molino” donde se forma la célula “José Stalin” del PCV, con
Melicio Aguilar, Olinto Alvarado, Juan Lucena, José Felipe Alvarado y con otros
campesinos más. El hacendado Carlos Sequera Cardot, hijo de Juancho Sequera
Cardot, fue uno de los miembros del movimiento de Gabaldon y junto a Briceño
García Maldonado, entre otros, fundan el PCV en Morán a principios de los años
115
30, emulando lo que habían hecho los hermanos Machado y la historia del PCV en
Caracas.
Pionero de las ideas marxistas había sido Pío Tamayo, aunque hijo de acaudalado
hacendado, desde muy joven se había inclinado por las ideas políticas y las luchas
y el progreso social de El Tocuyo, lo que lo hizo salir exiliado durante cinco años-
1922 a 1926- viajando y formándose políticamente en países como Cuba, Puerto
Rico, Panamá, EEUU, entre otros. Estas ideas las trae consigo a su regreso y en
1928 es uno de los protagonistas del movimiento estudiantil, hecho prisionero en
la cárcel mantiene una escuela de formación marxista y es liberado sólo para morir
entre sus familiares en 1935.
116
sumo a la crisis económica de los años treinta con la caída de los precios de
papelón y el café” (Entrevista realizada al Sr. Juan Bautista Colmenares
(23/02/2007).
Sin embargo fueron pocas las reivindicaciones alcanzadas en estos años por los
trabajadores, muchos de estos gremios fueron prohibidos y perseguidos sus
miembros desde 1937. Tal como lo plantea Lameda Acosta (1977):
En cuanto a El Tocuyo, los problemas surgidos allí fueron más que todo
de tipo reivindicativo y de amenazas y coacciones, de constantes
obstruccionismos al trabajo y de continuada acusación contra los
grandes hacendados, manteniéndolos en jaque y en permanentes
aprietos, no sabemos si con suficientes razones, aunque no podemos
dudar de que muchos hacendados no querían reconocer a los obreros a
gozar de los fueros que la nueva Ley del Trabajo les concedía y se
negaban a mejorar las condiciones de trabajo. Por cierto que una vez
se dio el caso de ser maltratados dos líderes comunistas en El Tocuyo,
como consecuencia de una manifestación antipatronal, y luego, algunas
personas muy representativas, estudiantes, y elementos de la juventud
que se distinguía allá, dirigieron una comunicación al jefe civil de la
localidad, solidarizándose con los dirigentes comunistas. (p. 49)
117
Según Ramírez Valero (citado por Linares: 2000 ), en El Tocuyo, en las décadas
del 30 y 40, se desarrolló una oleada de luchadoras sociales entre las que
estuvieron: Carmen de Rodríguez, Romelia y Aura Peralta, de El Calvario; Petra
Pérez, en Los Palmares y Dos Ccaminos, Cecilia Pérez y su hija Aurita
(Arremichus), en Santa Rita; María de Alvarado, en Buena Vista y El Lamedero;
Las Principales en Humocaro Bajo; Agustina Pérez y sus hijas Mariana Pérez, en
el Mamonal de Las Goajiras y Las Adjuntas, Micaela Rodríguez, en El Cardonal y
Los Patios; Gregoria (Goya) Prado, Fidelina y Blanca López, en Goajirita; Balbina
Arroyo Arroyo, en El Molino y Anzoátegui; Fidelina Alvarado y Susana Colmenares
en Las Animas y El Molino; Bárbara Peraza, Renata García, Carolina Yépez
Pérez, en Los Ejidos y María Luisa Yépez, “..todas ellas y otras que ahora no
recordamos, fueron factores decisivos en la fundación de decenas de células y 20
sindicatos cañeros, y de una aguerrida juventud comunista, que eran liderizadas
por el P.C.V, lo que motivó a los hacendados de valle de El Tocuyo en llamarla
“Zona Roja””.
118
Este mitin había sido convocado por los dirigentes Ramulfo Peralta
(sastre), Antonio Alvarado (Albañil), José Alvarado (zapatero), Antonio
Arévalo (carpintero), Armando Castillo (carpintero), Rafael Rodríguez
(sastre y panadero), Melicio Aguilar (pailero en Boro), Carlitos Ortiz
(albañil), Bartolo Colmenares (comerciante y machetero), Cirilo Pérez
(buquero) y el profesor, poeta y novelista, Andrés Castillo Vázquez,
pertenecientes al PRP, que para entonces era la cara legal del P.C.V.
119
donde se calculaban iban a participar unos 3.000 personas. Entre los
organizadores estaban: Ramulfo Peralta y Pedro Pablo Piña. En noviembre son
destituidos los profesores Roberto Montesinos y Argimiro Gabaldón, del Colegio
Federal, protestando los estudiantes y miembros del P.C.V.
120
CAPITULO II: LAS ÉLITES Y LAS HACIENDAS TOCUYANAS
Para 1545, en El Tocuyo, las primeras tierras fueron divididas en razón de las
encomiendas, las cuales fueron las siguientes:
HUMOCARO
121
Total 708 indios
GUARICO
El Tocuyo Cristóbal Suárez Brito Pedro de Losada (cuñado) Dejación 18 pesos de oro
El Tocuyo Pedro Rodríguez Moreno Jerónimo Alemán Muerte (No aparece)
El Tocuyo Feo. de San Juan Domingo de Ocampo Dejación (No aparece)
El Tocuyo Antonio de Vargas Bartolomé Gómez de Espinosa Dejación Ir a Nirgua por 2 años
El Tocuyo Baltazar de Aranda Feo. Carvajal. 60 pesos oro, recomposición, ir Nirgua por 2 años.
122
EI Tocuyo Martín Matamoros Dejación 45 pesos de oro
Humocaro Diego de Betancor (sic) Feo. de San Juan Dejación Ir Nirgua y Ciénaga 2 años.
Guarico Pedro Rodríguez Moreno Diego de Betancor Dejación (No aparece)
Cacarigudo Alonso Martín Camacho Antonia de Paredes Dejación Ir a Nirgua
El Tocuyo Tomás de Quirós Cap. Gonzalo de Pina Dejación 72 pesos de oro
A pesar de la campaña por la mejor distribución de la tierra, llevada a cabo por los
federalistas, poco se modificó y por el contrario los latifundios se vieron
aumentados, sobre todo con la práctica recurrente de la venta de los ejidos
nacionales (por la vía jurídica de la enajenación en el siglo XIX y la adjudicación
en el siglo XX).
123
situación se produjo con los cambios de propietarios como consecuencia de la
agitada dinámica sociopolítica del período (Brito: 1972, 210).
124
Los ejidos de El Tocuyo
Como antecedente, podemos citar como en 1849, Juan Colmenares, Juan Venero
(viudo de Concepción Lucena y casado con Lorenza Ana Lucena) y Ramón
Ciriaco Yépez, eran dueños de los fundos: Lamedero, San Pablo, El Molino, y
Ramón Yépez era arrendatario de la posesión La Vega, “correspondientes a los
ejidos, habiendo demandado Colmenares a Venero por la parte del terreno que
125
ocupaba el Río antes de mudarse al lugar por donde hoy corre”. (RPT. No. 11,
Folio 1).
126
desprende de lo acordado por el ilustre concejo municipal del este
distrito en su sesión del 4 de octubre último, doy en venta al señor
Heriberto Tamayo, del propio vecindario, mayor de edad, agricultor y en
capacidad para contratar, la posesión de terreno perteneciente a la
municipalidad, que a dicho señor Tamayo le cedió la corporación para
la abertura de una cauce que pasando por ejidos que poseen los
hermanos Juan Luís y Juan Antonio González , herederos de Vicente
Rodríguez en el extremo 0este del área de esta ciudad, sigue
atravesando ejidos que ocupan José Manuel Rodríguez a términos
hacia lo que posee Natalio Pérez, ubicados en el caserío Palmar,
municipio Bolívar, distrito Tocuyo, Estado Lara. La posesión de terreno
materia de este contrato consta de 920 y 3 metros de largo y 7 metros
de ancho, o sea 6.480 y 2 metros cuadrados, equivalentes de un medio
y un cuartillo de tierra, siendo el precio de este prelado del terreno la
suma de Bs.156 con 25 centavos, que el señor comprador Tamayo
consignó en la Administración de Rentas Municipales de este Distrito,
como consta del correspondiente recibo que me ha presentado. En
nombre del ilustre concejo municipal en que trabajo, transfiero al
comprador el dominio y propiedad del terreno a objeto de este contrato.
Así lo otorgo ante ciudadano Registrador y testigos de Ley. Tocuyo 3 de
noviembre de 1900” (Firman Virgilio Arráez, José Osio y Víctor Peraza)
(RPT. Cuarto trimestre, folio 29 y 30 Nº 52).
127
Solo por mencionar, podemos nombrar como algunas personas, como Juan de
Jesús Colmenares poseía cerca de 70 hectáreas en la Balvanera, Julio Alvarado
Silva 7 hectáreas en pleno Cuartel San Juan, 36 hectáreas ocupaba Heriberto
Tamayo en la Balvanera y 6 en Belén, Maximiliano Pérez Rojas ocupaba 12
hectáreas en la Balvanera, 11 en Belén y 2 en San Juan, Pacifico Sequera 19
hectáreas en Belén, Rafael Elías Garmendia tenía 14 hectáreas en La Pandita, 41
hectáreas ocupaba Reyes Reinoso en Agua Clara, 132 hectáreas tenía Ramón
Rodríguez, Francisco y Carlos Gil García, Napoleón y León Reinoso en El Molino.
(RPT, Libro de Arrendamiento de ejidos, 1922 – 1930).
Dichos bienes componen 16 potreros sembrados de paja. Todo lo que hay vendió
a Anzola Tamayo y le corresponde por compra que realizó a Pacífico Sequera. El
precio de venta fue 26.000 bolívares. En ese mismo documento Luís Tovar
Lozada vende a Augusto Anzola Tamayo, por 7.000 bolívares, las bienhechurías
ubicadas en terrenos del Cuartel La Valbanera, constante de 17 potreros,
cultivados de pastos, que Luís Tovar había heredado de Rafael E Tovar en 1932.
Luís Tovar Lozada vendió a José Pío Anzola los terrenos ejidos conocidos como
Natalio Pérez a 10.000 bolívares.
Testamentarias
128
En 1825 (RPT, Folio 5), en la testamentaria de María del Pilar Yépez sobre la
hacienda El Palmar, aparecen los siguientes bienes:
En 1836 (RPT, folio 4), en la testamentaria del padre Idelfonso Arráez, aparecen
registrados los siguientes bienes: esclavos: Juan de Jesús, María Francisca, María
del Carmen, María Petra, Isabel María, a los cuales le da la libertad. Otros
esclavos: Celedonio, al cual pide que se le de la libertad “pero que se mantenga
con Juan, apreciado zapatero, para que no de en vicio o mendigo hasta que
aprenda el oficio”. Otros esclavos: Eluterio, y Juan, que no puede vender porque
tiene esposa y tres hijos y al cual deja parte de una casa, herramientas, mesas y
un burro, más vestimentas y una cuñeta de plata de Veracruz. A Juan de Jesús le
dejo una cama y escaparate y una propiedad en la Ciénaga con 200 amodevas
de algodón, 2 cargas de anís, 65 cordobanes. Este padre fue cura en Curarigua
durante 3 años, mayordomo de San Juan Bautista y del Santísimo Sacramento de
la Inmaculada Concepción. Al morir dejó una deuda de 2.700 pesos y
lamentablemente su albacea tuvo que vender al esclavo Juan, su esposa y tres
hijos.
129
En 1835 (RPT, cuarto trimestre, folio 8), en la herencia de Luís Estaban Yánez y
María Francisca Arroyo de Guarico, aparecen las siguientes propiedades:
La Loma de Helechal
60 Caballos
130
Caballo de montar. 125 pesos
29 esclavos
Casa de La Niguita
30 cabezas de ganados
Trapiche de mora.
En 1836, se reparten los bienes de José Nicolás Luna, muerto en 1814, deja como
herencia hacienda El Playón. En 1854, se produjo la partición de la hacienda San
Pedro herencia de Felipa Oropeza. Terreno valorado en 2.100 pesos y la casa
131
1.471 pesos. Total herencia de 13.313 pesos. Tenía café y cacao, quedando a
Juan Antonio León el fundo San Pedro.
132
Hacienda El Palmar: 5.700 Pesos
Otro elemento, que nos permite identificar las familias económicamente más
pudientes de El Tocuyo, fue el relacionado al reconocimiento de censos
eclesiásticos y los mecanismos de préstamos e hipotecas.
No es sino hasta finales del siglo XIX cuando comienza en el país un sistema
bancario. Desde 1839, cuando nace el Banco Británico, hasta 1882, los bancos
tuvieron una duración efímera y sólo concedía préstamos al sector gubernamental
y participaban como ente de recaudación aduanera. A muchos de estos bancos se
les permitía la acuñación y puesta en circulación de monedas y billetes. Es en
1882 cuando nace la banca moderna, con el Banco de Maracaibo y en 1890
Banco de Venezuela y Caracas. Es en 1928, con el Banco Agrícola y Pecuario y el
Banco Obrero, cuando surgirían los primeros bancos del gobierno para incentivar
el sector agrícola y de construcción de viviendas populares. En 1937, es creado el
Banco Industrial de Venezuela con el objetivo de financiar e impulsar el desarrollo
industrial del país.
133
Durante la colonia fue la iglesia, mediante los Censos, la principal fuente crediticia,
ya que como estaba prohibida la usura, los ricos hacendados y comerciantes no
veían interés en convertirse en prestamistas.
Los censos “es el crédito hipotecario dado por una institución o particular
(conventos, cofradías, iglesias parroquial, colegios, universidad, etc.) la cual
entregaba cierta suma de dinero en efectivo a un solicitante con la garantía de un
bien hipotecado: hacienda, hato, vivienda, etc., a veces se fundaban censos para
ofrecer una pensión caducable o perpetua “(Ídem. 20).
Los censos hay que entenderlos dentro de la función financiera que ocupó la
iglesia en Venezuela hasta finales de los años setenta del siglo pasado, cuando
por un lado el gobierno de Guzmán Blanco eliminó estos poderes a la iglesia y por
otro surge la banca privada moderna. Aunque en Venezuela la iglesia no tuvo la
riqueza como de las regiones donde hubo virreinato no por ello es despreciable el
papel financiero que ocupó estas instituciones.
134
Los censos o el sistema de crédito eclesiástico se valían de los ingresos varios
que tenía la iglesia, entre ellos: Obras Pías, recursos de las cofradías (sobre todo
de aquellas conformadas por los ricos), los ingresos de los conventos, como eran
por ejemplo los dotes que debían entregar todas las aspirantes a monjas y por los
diezmos que hasta 1810 pagaban los pobladores. Las cofradías eran
organizaciones religiosas cuya finalidad fundamental era rendir culto a un santo y
prestar un servicio social, pero que además aquellas conformadas por las élites
económicas se convertían en prestadoras de dinero. Las Obras Pías eran
instituciones de una o varias personas que cumplían funciones de caridad y labor
social y cuyo objetivo era lograr “la gracia divina de la salvación del alma”. Es
necesario dejar claro que las instituciones religiosas o civiles acreedoras de los
censos cumplían una función fundamentalmente administrativa y pocas veces
fueron propietarias de estos bienes.
Todo legado para una Obra Pía debía ser mantenido a perpetuidad. La
iglesia vigilaba el cumplimiento de esta condición en cualquier
circunstancia, pudiendo utilizar los intereses pero nunca el capital. El
usufructo de estos bienes era colocarlos a censos, con el fin de ir
aumentando el capital que nunca podía ser desviado de la intención
inicial del legatario. (Ídem. 20).
Existían censos redimibles con un tiempo determinado y censos no redimibles,
que no cesaban y pasaban de una generación a otra. Podemos resumir las
características de los censos en la forma siguiente: 1.- Eran contratos de
préstamos a un máximo de un 5% anual. 2.- Eran vigilados y administrados por la
iglesia. 3.- Están respaldados por hipotecas sobre bienes. 4.- El deudor tenía que
contar con un fiador. 5.- Salvo en caso de excepciones solo se hacia uso de los
intereses y nunca del capital.
135
como usura los intereses cobrados por los prestamistas, mas aun después de la
ley de 1834, quedando los deudores a manos de los pocos financistas disponibles.
136
principales deudores, en el periodo 1822-1854, tenemos al alcalde Hipólito
Casiano, Mariano Yépez, José María Pérez y su esposa Victoria Limardo, Antonio
Losada e Irene Yépez, Juan Pablo Yánez, Francisco Yánez, Gabriel Gil y Casimira
Garmendia, José María Lucena, entre otros. También se colocaban
reconocimientos a censos a nombre de personas que estuvieran estudiando el
sacerdocio, como es el caso de José María Pérez Limardo, cuyos padres José
María Pérez González y su esposa Victoria Limardo colocaron a censo por 2.000
pesos e hipotecaron una casa en el Cuartel Santo Domingo en 1835 (RPT, SP,
Folio 6).
En 1836, Calixto Peraza traspasa a Jesús Cordero una propiedad y reconoce 500
pesos de censo a favor del Aula de Latinidad administrada por José Luís Pérez.
Así mismo hubo propiedades o hacendados que tenían varios censos, como el
caso del Lic. José María Lucena, que al venderle a Gabriel Gil la finca San José
de Goajira, reconoce los siguientes censos: Presbítero Teófilo Lucena 600 pesos,
Capellanía vacante a favor del reverendo José Ramón Agüero 530 pesos, Virgen
del Carmen de la Iglesia Parroquial 200 pesos, a favor del joven Justo Antonio
Márquez 800 pesos, a favor del Colegio Nacional 417 pesos, Cofradía Santa Ana
100 pesos, a favor del padre Pedro Ibáñez 200 pesos, a favor del padre Cosme
Yépez 500 pesos, a favor del padre Yépez 500 pesos, a favor del Colegio
Nacional 400 pesos, para un total de 4.147 pesos, quedando hipotecada dicha
finca que estaba valorada en 15.000 pesos.
Los montos de préstamos que nos hemos conseguido en este período varían
desde los 50 pesos hasta los 4.507 pesos en que se encuentra hipotecado a
censos el fundo San José de Goajira y por 8.000 pesos sobre un derecho en El
Palmar que Pablo Yépez le había traspasado a Francisco Guédez, o también por
5.600 pesos que sobre el fundo La Montaña en Curarigua Josefa Antonia y su hijo
Luís Oropeza traspasan a Gudelio Álvarez y Filadelfio Oropeza. El interés
promedio era del 5% anual, aunque nos hemos conseguido con algunos que
llegan al 9%, como pasó en el traspaso del la hacienda El Cerrito, que Justo
137
Hurtado traspasó al Dr. José del Carmen Montesinos en 1823, reconociendo este
ultimo un censo de 2.200 pesos a 10 años (RPT, SP, Folio 32). O el caso de la
venta de una parte de El Palmar en la que Francisco Guédez traspasa a Petronila
Oropeza y reconoce censo por 3.000 pesos a pagar en 5 años a 20 pesos
mensuales. Igualmente en la venta que Juan de la Cruz Rivero le hace a Petronila
Oropeza sobre el fundo El Naranjal, reconoce censo de 1.000 pesos para pagar a
6 años al 9%.
Igualmente, nos hemos conseguido con préstamos que van desde los 500
bolívares, como ejemplo la deuda que asume Cirilo Cortez con Demetrio Saldivia
sobre su plantación de café en terrenos arrendados (RPT. Cuarto trimestre. Folio
3) y tenemos otros montos de hipoteca que llegan a 60.000 bolívares, como los
que adeuda en 1927 Víctor Manuel Tamayo y Ricardo Suarez a Juan Tomás
Santana, hipotecando los fundos: Viravira, Hato Arriba, El Potrero de María y El
Parchal (RPT. Primer trimestre. Folio 42). Los 56.000 bolívares que en 1931 le
adeuda Maximiliano Pérez a Nayil Saldivia, Ricardo Torres, Juan Saldivia y José
Manzur, hipotecándole trescientos mil árboles de café en sus fincas Santa Marta,
138
Las Cruces, La Cuchilla, La Puerta, San Antonio y San Lorenzo (RPT. Primer
trimestre. Folio 155).
Para este periodo, nos conseguimos que los principales acreedores eran: la Casa
Comercial García Hermanos, Crispiniano Colmenares, José Garmendia, José
Ramos García (uno de los socios fundamentales de García Hermanos), los
hermanos Leónidas y Augusto Anzola y el grupo de comerciantes y prestamistas
árabes, entre los que se encuentran León Saldivia, Nayil y Juan Saldivia, José
Manzur, Miguel Saldivia.
139
sobre sus fundos La Pandita y Santa Rita, Sofía Rodríguez de Tamayo sobre su
fundo El Callao, Víctor Manuel Tamayo sobre su fundo Hato Arriba, Virginia
Anzola de Orellana sobre su fundo La Goajira, Juan Ramos García sobre su fundo
Bella Vista, Heriberto Tamayo sobre su fundo La Estrella y El Palmar, Demetrio
Saldivia sobre su fundo Las Quebraditas en Guarico, Juan Ramos García sobre su
fundo en Los Cocos, Ramón Castejón en El Potrerito de Avispero en Guarico.
Demostrando lo que representó la crisis económica- de los años treinta del siglo
pasado- para El Tocuyo, vemos como Heriberto Tamayo- hasta entonces el más
rico hacendado del valle tocuyano- hipoteca sus más importantes fundos a partir
de 1930, como fue el caso de La Estrella que hipotecó en primer grado a Sofía
Tamayo de Herrera por 28.000 bolívares, desde 1924 y luego en segundo grado a
Juana Yépez de Bujanda por un monto de 20.000 bolívares. (RPT. Segundo
trimestre, folio 223, No. 186) y en 1931 hipoteca en tercer y cuarto grado a
Leónidas Anzola Tamayo por 30.000 bolívares y a Crispiniano Colmenares por
15.998 bolívares. (RPT. Folio 58 y 69, cuarto trimestre). En ese mismo año
Heriberto Tamayo vende dichas fincas a Crispiniano Colmenares.
En 1932, Ezequiel Aguilar entrega su fundo a los hermanos Saldivia por 12.000
bolívares de deuda (RPT. Cuarto trimestre. Folio 73) y Aurelio y Rafael Espinoza a
Nayil Saldivia por monto de 3.739 bolívares. (RPT. Cuarto trimestre. Folio 26) y
Cantalier Escalona por 1.738 bolívares le entrega también a los hermanos Saldivia
una casa y terreno en Guarico (RPT. Cuarto trimestre. Folio 65), Amis Elcure
entrega a Miguel Saldivia su fundo La Florida en Guarico por deuda de 15.900
bolívares. Esto sólo para dar algunos ejemplos y en demostración de que la crisis
no afectó a todos por igual, ya que si es verdad el comercio también decayó, los
comerciantes que se habían convertido en prestamistas en los años anteriores
salieron beneficiados al obtener bienes a muy bajo costo.
Sólo como referencia, de algunos de los montos de créditos, para 1920, pero
fundamentalmente los correspondientes a los primeros tres años de la década de
los 30, se consigue con un monto de 2.324.169 bolívares en hipotecas, lo que si lo
140
comparamos con los capitales de las primeras firmas de comercio o el precio de
los fundos de mayor valor- como parte de El Palmar que Irene Yépez Lozada
vende a Carlos Cardot por 112.000 bolívares en 1900 (RPT. Segundo trimestre.
Folio 14) o La Vega que los herederos de Ezequiel Bujanda venden a Manuel
Anzola Tamayo por 101.200 bolívares en 1920 (RPT. Primer Trimestre. Folio 2), y
que luego Jorge Saldivia en 1927 vende a José Garmendia Rodríguez por 180.000
bolívares (RPT. Tomo 1. Folio 108 al 114. No. 65) o la venta de Villa Carmen por
140.000 bolívares que Ramón Castejón hace a Pérez Soto, Diego Lozada y al Dr.
Gualberto Garmendia en 1930, o aún mas la venta que en 1930 hace Antonio
Saldivia a José Crispiniano Colmenares por 150.000 bolívares por las haciendas
La Concepción y La Estrella (RPT. Folio 86 No. 69)- se observara que los montos
de los principales fundos de El Tocuyo representan apenas una pequeña parte de
los montos totales que estaban sometidos a hipotecas en todo el distrito.
141
este último es la compra de José C
Colmenares en la Hacienda la
Concepción en El Palmar
139 ventas de las cuales 100 fueron 27 hipotecas, 4 de casas, 3er trimestre del año
de terreno 21 de fincas de café, y 2 1932
fincas de caña
53 ventas de las cuales 37 de café y 19 hipotecas doce de las 3er trimestre de 1933
una de caña cuales es sobre café
142
26 ventas de las cuales 10 fueron de 15 hipotecas, 3 sobre 4to tt. Del año 1933
café haciendas de café
TOTAL
Hasta finales del siglo XIX, no están claramente definidos los fundos tocuyanos,
sus limites no son muy precisos, debido a que hasta esa fecha era imposible- con
las pocas técnicas utilizadas hacer uso de todas las tierras, al final como lo señala
Veracoechea (1977), la posesión de grandes extensiones de tierra era mas un
signo de estatus que realmente de riqueza (producción), eso comienza a cambiar
a partir de este tiempo.
En 1834, El Tocuyo, como parroquia capital, estaba compuesta por siete partidos
(correspondientes a lo que en nuestros días serían los caseríos), los cuales eran:
El Tocuyo (capital) con 3.037 habitantes, Boro con 1.178, Buenavista con 1.160, El
Palmar con 1.830, El Molino con 1.820, La Otra Banda con 1.076 y Maraca con
100 habitantes. Al revisar los protocolos de compra-venta, testamentarias, ejidos,
entre otros movimientos relacionados con la propiedad de la tierra, se observa que
sus limites son siempre esta distribución espacial dentro de los caseríos. Algunos
fundo ni siquiera aparecen con un nombre, sino como parte de uno de estos
espacios.
143
Boro
En 1860, Ramón Yépez, era dueño de los fundos: El Arco, nombrada Santísima
Trinidad de Boro, San Gerónimo, El Cujisal, Santo Domingo y Curariguita en
Boro. En ese mismo año, Juan Rodríguez vende a Julián Sequera hijo y Juan
Pérez, parte en Boro. Así mimo, Braulio Pérez vende a Juan de Dios Ponte y
Francisco García el fundo Boro Viejo. Juan de la Cruz Rivero vende a Petronila
Oropeza el fundo El Naranjal, que había comprado a Juan Andrés Carrillo.
Filadelfo Oropeza y Luisana Álvarez, Justo Oropeza y Asencia Álvarez, cónyuges
del distrito Curarigua, compran en posesión de Boro a María Oropeza (viuda de
José Manuel Álvarez), que linda con el río, Curariguita y camino Real a Carora. En
1860 (RPT, SP, Folio 3), el padre Cosme Damián Yépez, de Humocaro Bajo:
“Habiendo los señores Cipriano Rodríguez y María de la Paz Bravo pagado censo
que desde 1849 habían hecho los señores Manuel Escalona y Amalia Piñero
sobre los fundos Santísima Trinidad de Boro y Agua Viva en Cabudare”. Como
144
se puede observar, algunos de estos fundos- en el camino hacia Curarigua y
Carora- se encontraban en manos de apellidos caroreños (Oropeza y Álvarez) y
también de Cabudare (Patiño y Ponte).
En 1860, Pacífico y Egidio Yépez (que vivían en Sanare) compran El Molino e Ira
en Boro “La primera con sus respectivas maquinas de moler trigo en pleno uso y
plantación de trigo. Todo desde la Quebrada de Atarigua que va a Quíbor y que
mueve las máquinas y los membrillares. Ira limita donde está una lagunita que va
al Molino”.
Así mismo, Lucrecia Yépez de Silva, Melacia Silva -esposa de Rubén Alvarado - y
otros, han vendido a Juan Bautista Giménez Garmendia el fundo Boro El Cujisal,
que poseen por herencia de sus padres Catalina Garmendia y Pablo Yépez, que a
su vez la habían comprado al General Toribio Silva. (RPT. Tercer trimestre, Folio
44, N 25).
En 1890, Ezequiel Garmendia vende a Heriberto Tamayo dos derechos que tenía
en El Arco de la Santísima Trinidad de Boro, perteneciente a su esposa menor de
edad Rita Anzola, por herencia de sus padres Pompeyo Anzola y Rita Yépez. En
145
1900, José Manuel Álvarez y Rafael Arístides Álvarez venden a Tomás Cruz
Santana (padre e hijo) hacienda Boro, de su propiedad por herencia de Rosario
Yépez de Álvarez, esposa del primero, desde 12 de noviembre de 1898. Estos
compraron a Gregorio Yépez hacienda San José, antes Naranjal, el 1º de enero de
1899. En este año, Heriberto Tamayo vende a Ezequiel y Juan Bautista Giménez
parte de El Arco y la Santísima Trinidad de Boro. El fundo Santa Teresa
era de Nicolás Lozada.
Buena Vista
La hacienda Buena Vista, en 1822, era propiedad de Pedro Peraza, era de caña
y cacao, donde, entre sus bienes, tenia 43 esclavos, lo que manifiesta su enorme
riqueza. A finales del Siglo XIX, Irene Yépez le vende a Carlos Cardot los fundos
Buena Vista, Apure y San Antonio en el Palmar (lo que produce cierta
confusión y deja claro que no hay precisión entre los limites de El Palmar y Buena
Vista).
146
hermano Fortunato Garmendia. Y el otro cuarto le corresponde a Jesús María y
Petra Garmendia. Alberto Garmendia Rivero (farmaceuta) vende a J.B y Rafael
Enrique Colmenares París fundo de caña El Olivo, cuyos límites hacia el norte:
hacienda Buena Vista, que fue de Jesús M. Garmendia y de sucesores de
Fortunato Garmendia. Por el sur: quebrada El Jobo, por el este: río Tocuyo, oeste:
antigua carretera que conducía a los Humocaros
El Palmar
El Palmar, fue uno de los más grandes espacios y de los más apetecidos por los
terratenientes, y así mismo de los que menos claridad se tiene entre los fundos
que lo conformaban, ya que la mayoría de negociaciones solo dicen: “parte de El
Palmar”, como si hubiese sido una sola propiedad. Para los años veinte del siglo
XIX, se encuentra con que tienen parte en El Palmar: el alcalde, Hipólito Casiano
Lucena, Isabel Mendoza, María del Pilar Yépez, entre otros. En 1854, en la
repartición de herencia de Tomás Veracochea, aparecen entre los bienes:
hacienda El Palmar. Para esta fecha también aparece como copropietario
Francisco Guédez.
Ya con más precisión, en 1854, Antonio Lozada e Irene Yépez aparecen como
dueños del fundo San Antonio en El Palmar, con cultivos de cacao, café y caña.
Basta ver los limites para saber lo extenso que era: por el oriente: con camino real
que va a Quíbor, por el poniente: camino a Carora, por el norte: quebrada Onda.
En este mismo año, Petronila Oropeza (esposa de Nicolás Guédez) vende a Juan
Pablo Yépez parte en El Palmar (este fundo fue dividido entre los hijos y el
agrimensor fue Egidio Montesinos). Poseía trapiche, siembra de caña, cría de
ganados y café. Parte en El Palmar, perteneciente por permuta con Pablo Yépez
por derecho en Los Castillos de la Otra Banda. Límites: oriente: ejidos
municipales, poniente: el río, sur: posesión de Juan Pablo Tamayo y por el norte:
posesiones de Julián Sequera y Plácido Giménez. Luego, Pablo Yépez vende a
Francisco Guédez (hijo de Petronila Oropeza) derecho en El Palmar, se las
cambia por 4/5 parte que le pertenece a Guédez en Los Castillos de la Otra Banda
147
En 1849, Bartolomé Lozada vende a su hermano José Antonio Lozada (hijos de
Manuel Yépez Lozada) parte en El Palmar. En 1890, Pablo García Yánez vende a
Ezequiel Garmendia una parte en El Palmar. En 1890, Heriberto Tamayo le vende
a Ezequiel Garmendia parte en El Palmar, por herencia de su padre Pablo
Tamayo y por haber comprado a los herederos de Pablo García Yánez. Linderos:
sur: ejidos, norte: Manuel García Yánez, oeste: camino público a Quíbor y Carora.
En 1900, Nicolasa Febres Cordero, viuda de Lucena, dueña de Buenos Aires en
El Palmar, tiene 746 Hectáreas.
El molino
148
Yépez también ocupaba de condición de arrendatario los ejidos de La Vega, en el
mismo sector. En 1854, La diputación de la provincia dio en venta y enajenación a
Ramón Yépez (que para entonces era diputado) en forma perpetua el terreno
ejido en la banda opuesta del rio de esta ciudad. Luego, Juan José Venero (por
herencia de María Concepción de Lucena) vende a Pablo Yépez derecho en El
Molino.
En 1890, Juan Bautista Ramos (cuñado de Pablo García Yánez) vende a Gregorio
Orellana el fundo San José de la Guajira en El Molino, que tenía caña, rebaños
de ovejas, 10 burros, trapiche, y es comunera con Santa Elena de José Agustín
Gil González. La había comprado en 1888 a su cuñado Pablo García Yánez.
Linderos: norte: quebrada Guajira, desde el camino público hacia Guarico hasta
Santa Elena y Los Patios, por el oeste: camino real hasta el paso a la entrada de
Los Dos Cerritos, por el sur: con terrenos de José Agustín Gil González (que
compró al general Francisco Veracochea) y que están fuera de la Guajira.
A principios de los años veinte del siglo pasado, Rafael Elías Garmendia tenía 14
hectáreas de terreno ejidos en La Pandita, 41 hectáreas ocupaba Reyes Reinoso
en Agua Clara y 132 hectáreas ocupaban Ramón Rodríguez, Francisco y Carlos
Gil García, Napoleón y León Reinoso en El Molino. (RPT, Libro de Arrendamiento
de ejidos, 1922 – 1930). En 1927, Carmen Gil de Gil y Rafael Ramón Guillen,
primera tutora de Miriam Magdalena Garmendia, el segundo de su esposa
Carmen Josefa Garmendia, le venden a José Garmendia Rodríguez fundo Santa
María en El Molino (RPT. Primer trimestre. Folio 155).
149
En este mismo año, José Garmendia Rodríguez le compra a Jorge Saldivia fundo
La Vega, ubicada al norte de hacienda Santa Rita y por el sur con El Molino. Este
fundo había sido de sus abuelos Rafael Garmendia y Teresa Rodríguez de
Garmendia quienes habían comprados a los herederos de Francisco Peraza, al
Dr. Ezequiel Bujanda y a la señora Concepción Venero de Lucena en las fechas
siguientes: 18 de diciembre de 1903, 5 de junio de 1909 y 18 de diciembre de
1911 y 25 de febrero de 1907. Luego, José Garmendia Rodríguez y Carolina
Giménez de Garmendia vende a la Compañía Anónima La Rural, el 23 de mayo
de 1952 (RPT, folio 79).
La Garrapatera o Santa Rita, como la mayoría de fundos ubicados al este del río,
son producto de ocupaciones de antiguos ejidos, en este caso tan remotos como
12 de noviembre de 1714, que es la primera modificación que se le hace a los
ejidos otorgados a El Tocuyo en 1596. Entregados a Elena, Matías, Alonso
Antonio González Yépez y Pedro del Hoyo (yerno del último), que obtuvieron por
la vía de la composición y fueron otorgadas por el juez de tierras Francisco Alonso
Gil, el alcalde era Juan Pérez Hurtado. Para 1853, Calixto Peraza, propietario de
este fundo, se dirige a la administración local exigiendo el uso exclusivo de las
aguas “del río La Guajira” (segundo afluente mas importante de agua después del
río Tocuyo y junto a la quebrada de Sanare), justificando que había derechos
adquiridos. Por suerte, no se le da ningún derecho:
150
En 1932, José Ramos García les compra a Rafael José Yépez y a Pablo Yépez,
novena parte a cada uno de su herencia sobre el fundo La Goajira. En 1936,
Virginia Anzola de Orellana viuda de Fortunato Orellana le vende a Víctor Manuel
Briceño fundo San José de Goajira (anteriormente Santa Elena). En 1951, lo
vende a Francisco Suarez García. (RPT. Primer trimestre. Folio 42). Luego, en
1968, Luisa Ramos de Ramos García vendió todas estas propiedades a Sulpicio
Garmendia, J.B. Colmenares y Rafael Ángel Álvarez.
La hacienda Sabana Grande, hasta 1893 era de Isaías Pérez, ya que la vende a
Ezequiel Giménez y este la traspasa, en 1930, a Juan Bautista Colmenares. En
1945, J.B Colmenares le vendió a su hijo J.B. Colmenares y éste la hipotecó ante
la C.V.F. En los años setenta la venden al gobierno para poder hacer la represa.
En 1924, Ramón Castejón compra a Gabriel Gil Garmendia y a los señores Fausto
Fernández, Ramón Figueredo, Luís Felipe Briceño, Mercedes Flores, Juan
151
Bautista Yépez, Isabel y Rosa Colmenares Carreño, Francisco y Petra Salas de
Briceño, terrenos que constituirían el fundo Villa Carmen, con préstamo que le
hiciera el General Vicencio Pérez Soto, al cual hipoteca la finca, hasta que en
1929, la traspasa a Pérez Soto, Diego Lozada y Gualberto Garmendia. Luego
Diego Losada y Gualberto Garmendia cancelaron deuda a Pérez Soto (RPT.
Cuarto trimestre. Folio 57).
La Otra Banda
En 1760, Teresa Silva y Peña y su marido Félix Hurtado, venden a Juan José
Garmendia (primer Garmendia en El Tocuyo) el fundo La Otra Banda. En1819,
María del Rosario del Castillo, viuda de Juan José Garmendia, (con el que no tuvo
hijos) vende a Paulino Garmendia, hijo natural de su marido con María Pérez,
mulata libre.
Esta parte de la posesión de La Otra Banda era denominada de los Silva, por ser
de ellos desde 1596. Esta hacienda era limítrofe con El Hatillo y San Pedro. En el
sector La Otra Banda, para 1860, nos encontramos con los fundos: Los Castillos
de Francisco Guédez y Petronila Oropeza, El Cerrito de José Manuel Tamayo.
Desde 1896, Carlos Yépez Borges es dueño de un fundo en La Otra Banda (hoy
San Pablo), por herencia de su padre Pablo Yépez. En 1910, Leónidas Anzola
vende a Rafael Tovar parte del fundo Otra Banda, que le compró a José María
Pérez González y Victoria Limardo en Otra Banda Abajo. En 1932, Sofía Trankle
de Cardot (viuda) vende a su nuero, José Ramos García, parte en la Otra Banda.
152
Federal. En 1959, Magdalena Colmenares Peraza de Ramos Suarez cancela la
hipoteca. En 1960, Carlos Cardot le vende la finca al Central Tocuyo y en 1969
Consuelo Cardot también vende La Reforma a este Central azucarero. Luego en
1968 (RPT. Protocolo Primero, Tomo II, No. 32) Luisa Ramos de Ramos García,
vendió propiedad a Sulpicio Garmendia, J.B. Colmenares y Rafael Ángel Álvarez
La hacienda Bella Vista, era- desde finales del siglo XIX- de Juan Ramos García y
Margarita Suarez de Ramos García y de parte de otras haciendas vecinas: El
Cerrito, Ospinal, Los Guédez, El Potrerito, Las Delicias que forman parte de la
posesión Las Charcas. En1900, Rafael Garmendia vende a Leopoldo Paris el
fundo Las Charcas, teniendo como limites: por el este río Tocuyo, sur quebrada El
Hatillo y San Pablo de Juan París y al oeste San Pedro de Manuel Guédez
Cordero.
Los hacendados y las propiedades tocuyanas de mediados del siglo XX eran los
siguientes: San Francisco propiedad de la familia Yépez Garmendia – Cujisal y
Santa Teresa, de Rafael Ángel Álvarez – el Arco, de Plácido Giménez – San
Rafael, de la familia Tovar Lozada, representada por Francisco Tovar – Las
Cruces, de Sixto Yépez Yépez – El Callao, de los hermanos Juan de la Cruz y
Gualberto Giménez – La Concepción, San José, La Estrella, La Estrellita, Buenos
Aires, conformaban Los Palmares, propiedad de la familia Colmenares Peraza,
representada por José Rafael Colmenares – La Otrabanda, de Carlos Cardot
Trankle – Las Charcas, de Humberto Felice – La Reforma, de la familia Troconis-
Bella Vista, de la familia Ramos Suárez, representada por Germán Ramos Suárez-
La Pandita, de los hermanos Anzola Tamayo- La Garrapatera, llamada también
Santa Rita, de la familia Garmendia Yépez, representada por Sulpicio Garmendia
– San Pablo, de Don Chelo Anzola, representada por José Pío Anzola – el Molino,
de José Garmendia-San José de Guajira, de Francisco Suárez- Sábana Grande
de la familia Colmenares París, representada por Juan Bautista Colmenares-
Lamedero, de Tertuliano Rodríguez- Buena Vista, de José Rafael Garmendia- San
Benito, de Genaro Garmendia- El Olivo, de Jesús María. La Mejor, de Juan María
153
Yépez- Guajira Arriba y Guajira Abajo, de la sucesión Ramos, representada por
Abigail Ramos- Buenos Aires, de Carlos Sequera Cardot – Villa Carmen, de Diego
Lozada. Continuando río arriba, para llegar a Berlín en Humocaro Bajo, de Rafael
García- La Estancia, de Tomás Lozada- El Cucharo, de Cornelio Gil – más hacia
arriba, están las fincas Humocareñas: El Molino, Andalucía, Puerto Rico y
Sabaneta pertenecientes a Simón Gil, José Antonio Lozada y Víctor Gil.(ver
anexo: mapa V).
154
Los apellidos de Venezuela tienen en la mayoría de los casos un origen hispano, y
proceden de las distintas regiones de España, predominando los de origen
castellano, vasco y gallego, siguiéndoles -en menor escala- los catalanes y
valencianos. Pero también es necesario puntualizar, que muchas de las familias –
en el período de estudio- aunque tienen apellidos hispánicos, son en realidad
descendientes de indígenas o esclavos, que tomaron los apellidos de los
encomenderos o esclavistas. En El Tocuyo, apellidos como: Tovar, Garmendia,
Alvarado, Lucena, Pérez, Reinosos, Colmenares, Luna, Escalona, Peraza,
Giménez, entre otros, tienen este origen.
Esta situación es lógica, por la misma proporción entre los distintos grupos de
poblaciones. Como ya señalamos, al comienzo de la colonización son unos cien
hombres blancos los que llegan a El Tocuyo, luego llegarían las primeras mujeres,
y se calculaba unos veinte mil indígenas, aunque los primeros registros de
encomiendas dan una cifra de tres mil. Ya para mediados del siglo XVIII, existían
unos seiscientos blancos, dos mil quinientos mestizos e indígenas, unos dos mil
trescientos pardos libres, y más de mil doscientos esclavos, y por el tipo de trabajo
y condiciones a los que estaban sometidos los hombres de estos últimos grupos,
era mayor el número de mujeres. Lo otro, fue el proceso violento de dominación,
donde el hombre blanco sintió de su propiedad a las mujeres indígenas y
sobretodo a las esclavas, y lamentablemente muchas de ellas vieron en este
parentesco la única forma de surgir socialmente, sobre todo para su
descendencia. (Ghersi, 2010).
155
llevaron el apellido Tamayo a diversas regiones de España y América. El capitán
Rodrigo Tamayo, marchó a la isla de Cuba, siendo uno de los conquistadores de
aquel país. Pasó también a Nueva España (Méjico), para ayudar a Hernán Cortez
en su empresa de colonización. Por real cédula, del 13 de Agosto de 1570, fue
autorizado el gobernador de la isla para que concediera a los hijos de Tamayo,
repartimientos de tierras y otras mercedes incluidos los cargos públicos por lo que
fueron desde un principio regidores, alcaldes y alguaciles mayores. Una rama de
esta línea pasó a Nueva Granada (Colombia), en donde enlazaron con nobles
familias de aquel país. Posiblemente de allí pasaron a Venezuela, entre finales del
siglo XVII y principios del XVIII.
Heriberto Tamayo (1852- 1936) fue el más rico hacendado del valle tocuyano a
finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. Dueño de las haciendas:
Buenos Aires, la Estrella, el Arco y la Santísima Trinidad de Boro, El Cerrito, Hato
Arriba, entre otras. Fue quien primero en la hacienda Buenos Aires y luego en la
Estrella, comienza a implementar los primeros adelantos tecnológicos de la época.
En 1896, viaja a Europa, de donde trae una centrífuga y produce la azúcar “La
Estrella”, además produjo alcohol, harina de trigo e importó las primeras cabezas
de ganado holtin y yérsey. Para 1929, Heriberto Tamayo fue presidente del
concejo municipal de Morán. En 1914, es quien adquiere el primer automóvil de
motor en El Tocuyo. Su casa en pleno centro de la ciudad era conocida como “El
Palacio Amarillo”.
Heriberto Tamayo era hijo de Juan Pablo Tamayo y Sacramento León Oropeza
(hija de José Nicolás León - de Guanare- y Felipa Oropeza, hija ésta del caroreño
Ignacio Vicente Oropeza y de la tocuyana María Josefa del Castillo). Juan Pablo
era hijo de Tomas Tamayo y Sacramento Yépez (hija de Juan José Yépez de
Lozada y Josefa Escalona). Juan Pablo tuvo una hermana: Asiscla Tamayo
Yépez, casada con un primo, Pedro Pablo Yépez. Tomas Tamayo fue hijo de José
Manuel Rodríguez Tamayo (nacido el 23 de abril de 1752) y María de la Soledad
Correro, hija ésta de Domingo Correro y Paula de Celis. José Manuel Rodríguez
156
Tamayo era hijo del Teniente de justicia Mayor Juan José Rodríguez Tamayo
(Corregidor de Sanare y Guarico) y Luisa María Escalona y Reinoso, casados
éstos en El Tocuyo, el 21 de julio de 1733 (Archivo Arzobispal de Barquisimeto.
(AAB). Libro matrimoniales. 1724-1735. Folio17). Juan José era hijo del Capitán
Manuel Rodríguez Tamayo- primer Tamayo que llega a la ciudad en 1708, natural
de Salamanca, España- y de Lucía de Oviedo, natural de El Tocuyo. (Tamayo:
1996, 143-148).
2. Octavia Tamayo, que casó con Leopoldo Silva Andueza, padres de: Cándida,
Mercedes, Leopoldo y de Pura Silva, que no casaron, y de Emma, que casó con
José Nicolás Peraza, con hijos, de Octavia Segunda, que casó con Pacífico
Yépez, con hijos, de Angelina, que casó con Segundo Yépez, de Carmen, que
casó con Jesús Silva, con muchos hijos (Idem. P. 150).
157
de Adelina Soto Tamayo, casó con Francisco Durán, del general Carlos Soto
Tamayo, de Otilio Soto Tamayo, casado con Carmen Teresa García Corrales, de
Sócrates Soto Tamayo, casado, de Abigail Soto Tamayo, casada, de Abelardo
Soto Tamayo, de Edmundo Soto Tamayo, casado y de Teresa Soto Tamayo,
casada; e) Abigail Tamayo Yépez, que casó en primeras nupcias con Nelson
Leivas y fueron padres de Nelson Leiva Tamayo y en segundas nupcias con un
señor Ramos y fueron padres de Roger y de Edgardo Ramos Tamayo; f) Profesor
Francisco Tamayo Yépez, valiosísima cifra del mundo científico venezolano.
158
4. Juan Bautista Tamayo, médico que se radicó en Carora, donde casó con
Lastenia Silva Andueza,.- 5.- Adolfo Tamayo, abogado que casó con Carmen
Saumer . 6. Juan Pablo Tamayo, médico, en Caracas casó con Adelina Villasmil,
la cual casó en otras nupcias con Miguel Oropeza Blanco. El doctor Juan Pablo
nació en El Tocuyo en 1857 y recibió el grado en medicina en la Universidad de
Caracas en 1878; fue profesor de Patología Quirúrgica en dicha universidad y jefe
del servicio de cirugía en el Hospital Vargas y fue de los fundadores de la
Academia Nacional de Medicina; practicó numerosas operaciones y publicó
importantes trabajos en el boletín de los hospitales y en la Gaceta Médica de
Caracas, murió en El Tocuyo el 10 de abril de 1919.
7. Josefa Tamayo, casó con don José Pío Anzola Oropeza (ver Anzola). (Perera:
1967, 101-102).
Heriberto Tamayo León se caso en 1879 con Wenceslaa Anzola Yépez (nació en
1862) hija de Isaías Anzola Oropeza y Dominga Yépez Santana (hija de Ramón
Ciriaco Yépez y Manuela Santana). Este Isaías era a su vez hijo de Miguel Anzola
y Wenceslaa Oropeza, hija de Vicente Ignacio Oropeza y María Josefa del
Castillo, es decir Heriberto y Wenceslaa, son primos terceros ya que tienen los
mismo tatarabuelos. Ambos tuvieron los siguientes hijos:
1. Josefina Tamayo Anzola, casó con José Manuel Tamayo Pérez, (dueños de la
hacienda El Callao, ver Tamayo Pérez), padres de Humberto, Heriberto, casado
con Carmen Pura Martínez, de Berta, casada en primeras nupcias con Manuel
José García Yépez (casa comercial García Hermanos, ver García Yánez), y en
segundas nupcias con el doctor Pedro Castro, Amanda, casada con el general
Carlos Soto Tamayo ( hijo de Rubén Soto Godoy y Ana Teresa Tamayo) y de
Luisa Elena, que casó con Juan de la Cruz Jiménez.
159
3. Víctor Manuel Tamayo Anzola (nacido el 15 de abril de 1883. AAB. Libro de
nacimientos 1890 -1915. Folio 31), quien es el continuador de la labor económica
de su padre, dueño del fundo Hato Arriba, entre otros), casó con Josefina Suárez
García (hija de Rafael Suárez y Clara García, ver Suarez García) padres de:
Armando Tamayo, abogado, casado, con hijos; del teniente Coronel Oscar
Tamayo Suárez, casado con María Ripepi; de Lulú, casada con Gilberto Gil: de
Gladys, casada con Juan Rossi; y de Alicia Tamayo Suárez. Armando, se graduó
de Economista Agrícola en Wistonsin, fue director del Instituto Técnico de
Inmigración y Colonización y Ministro de Agricultura durante la dictadura de Pérez
Jiménez. Oscar, fue el primer comandante de las Fuerzas Armadas, jefe de la
Guarda Nacional (1948-56), el brazo armado mas importante en el periodo, estuvo
involucrado en la reconstrucción de El Tocuyo y luego por intento de golpe en el
año 1956 fue echo preso, pero, para no levantar los ánimos de las fuerzas
armadas, fue acusado por corrupción en el hipódromo (Rodríguez Campos: 1991,
211).
5. Lila Tamayo Anzola, casó con Francisco Tovar (dueños del fundo San Rafael,
ver familia Tovar), padres del doctor Orlando y del ingeniero Alexis Tovar, que
casó con María Josefina Vizcarrondo.
6. Angelina Tamayo Anzola, casó con su primo hermano, Leonidas Anzola (junto a
su hermano Augusto, de los más importantes comerciantes y prestamistas de El
Tocuyo, entre 1920 a 1970, Ver familia Anzola).
160
7. Blanca Tamayo Anzola, casó con Rodolfo Ortega, padres de Carlos Ortega,
médico, casado con Alba, y de Iván Ortega, casó con Yolanda Araujo.
161
Cardot (ver familia Cardot) el fundo El Cerrito, que le pertenecía desde 1902 (RPT.
Primer trimestre No. 10, Folio 8).
La crisis de los años treinta del siglo pasado, afecto a las mas importantes
familias, muchas perdieron su papel como élites, otras sufrieron cambios
generacionales. Heriberto Tamayo, hasta los años veinte del siglo pasado, uno de
los hombres más rico del valle tocuyano, hipoteca sus más importantes fundos a
partir de 1930. Como fue el caso de La Estrella, que hipotecó en primer grado a
Sofía Tamayo de Herrera (su hija menor) por 28.000 bolívares, y luego, en
segundo grado, a Juana Yépez de Bujanda, por un monto de 20.000 bolívares.
(RPT. Segundo trimestre, folio 223, No. 186) y en 1931 hipoteca en tercer y
cuarto grado a Leónidas Anzola Tamayo (sobrino y nuero, casado con su hija
Angélica) por 30.000 bolívares y a Crispiniano Colmenares por 15.998 bolívares.
(RPT. Cuarto trimestre. Folio 58 y 69).
En ese mismo año, Heriberto Tamayo vende esta finca a Crispiniano Colmenares
(quien dese estos años pasa a convertirse en uno de los mas ricos hacendados,
ver familia Colmenares). En 1932, Heriberto Tamayo le vende a Angelina Tamayo
de Anzola y a su esposo Leónidas Anzola Tamayo, por 24.000 bolívares, 42
hectáreas con agua en El Cerrito. Esta finca la había comprado Heriberto Tamayo
en 1900, a los señores Liborio Montes, Concepción Torres y otros (Folio 56, 4to
trimestre). En 1936, Heriberto Tamayo le vende por 92.861 bolívares la hacienda
162
Buenos Aires a su primo José Anzola Tamayo, por deuda que le tenía desde
1934.
Nueva generación
En 1932, (RPT. Cuarto trimestre. Folio 104), Víctor M. Tamayo y Ricardo Suárez
García, rompen relaciones comerciales, y queda el primero con: Viravira, La
Porquera, con potreros y crías, molino de maíz en San Antonio, El Potrero de
María y de Giménez y la Montaña. A Suárez García le queda Hato Arriba de San
Luís, integrado por los fundos: La Becerra, Chao, la posesión denominada Santa
Bárbara, Los Yépez, Santo Domingo, El Rodeo, La Escuadra, Hoyo de la Plata, El
Parchal, el ganado se dividirá entre ambos. Todas estas posesiones están
hipotecadas desde 1927, con Juan Tomás Santana. Estiman un valor de 170.000
bolívares para estas propiedades. En este mismo año, Suárez García vende a
Víctor Manuel Tamayo el fundo Hato Arriba (que era propiedad de Gil Fortoul y
vendió en 1887 a la familia Silva), el fundo Santa Bárbara y Los Yepés, la
posesión Santo Domingo, una porción del fundo Santa María, fundo El Parchal, El
Hoyo de Plata, El Rodeo y la Romelia.
163
Esta compañía Anónima, Agro-láctea, aparece en el Registro en 1955,
residenciada en Caracas, haciendo varias transacciones en el municipio Morán,
entre esos, compró terreno a Juan Bautista Oropeza Colmenares en Barbacoa,
con los nombres de: La Laguna, El Pampero, El Algarrobo y El Potrerito por
12.000 bolívares. (RPT. N. 22, F.37, P.1. T.1). También compró derecho de agua
a Alejandro de La Cruz Cordero Oropeza, también en Barbacoa. (RPT. N.6, F.10,
P.1. T.1.). Compró fundo La Victoria a Lisandro Gil Graterol en Barbacoa (RPT.
N.20, F.36, P.1. T.1).
164
1-Arturo Tamayo quien se casó con Mercedes Escalona y no tuvieron hijos.
2-Miguel José Tamayo, casó con prima segunda, Luisa Sofía Tamayo (hermana
del poeta Pío Tamayo), hija de José Antonio Tamayo Pérez (dueño de la hacienda
El Callao) y doña Sofía Rodríguez (ver familia Tamayo Pérez).
4-María Tamayo, casó con Carlos Suárez, hijo de Rafael Suárez y Clara García
(miembro de la casa de comercio García Hermanos), padres aquellos de a)
Enrique Suárez Tamayo, farmacéutico b) Carlos Suárez Tamayo, médico
especializado en gastroenterología, casó con Josefina Isea; c) Carmen Consuelo
Suárez Tamayo, casó con su primo, el médico Juan Tamayo, especializado en
pediatría e hijo de don José Antonio Tamayo Pérez y doña Sofía Rodríguez.
5-Berenice Tamayo, casó con el general Efraín Pulido, hijo del general don Manuel
Pulido Briceño y doña Jacinta Santander, padres aquellos de: a) José Rafael
Pulido Tamayo, que casó con Luisa García Delgado; b) Blanca Pulido Tamayo,
que casó con Rafael Elías Rodríguez; c) Ernesto Pulido Tamayo, militar.
6-Ermila Tamayo, casó con Carlos Troconis, natural de Maracaibo e hijo de don
Gorgonio Troconis y doña María Josefa Añez, padres aquellos de a) Eduardo
Troconis Tamayo, casó con Violeta Acosta, hija de Pablo Acosta y Mercedes
Garrido; b) Luis Troconis Tamayo, médico c) Ermila Troconis Tamayo, historiadora
que casó con el doctor Rafael Veracoechea Tamayo; d) Cecilia Troconis Tamayo.
7-Romelia Tamayo, casó con Rafael Ferro Orta, padres de Alicia Ferro Tamayo,
casó con Rubén Osorio Canales, con hijos.
165
Nueva Generación
El 21 de abril de 1927 (RPT. Protocolo primero, Serie 49, Folios 59 y 60) Miguel
Tamayo vende a sus hijos, Miguel José y Arturo Tamayo, la casa comercial La
Torcaz. En 1938, hipotecaron el negocio al Banco de Venezuela (RPT. Protocolo
Primero, No. 4, Folio 4). Esta Hipoteca venció en 1951, ya cerrado este comercio
y muerto Arturo Tamayo. Luego, el 30 de diciembre de 1951, (RPT. No. 35 Folio
45 Protocolo Primero. Tomo 5to) venden derechos de terreno a Mercedes
Escalona de Tamayo. El 24-3-1987, (RPT. Folio 87. No. 37, Protocolo Primero,
Tomo I) José Miguel Tamayo Tamayo, vendió derechos- por herencia de Luisa
Sofía Tamayo de Tamayo- a Oscar Miguel Tamayo. Ubicación 18 metros por la
Junín, por el oeste: Calle Fraternidad, por el sur: casa de la propiedad, llamada Mi
Reina.
166
existe una oficina del Banco Agrícola y Pecuario (B.A.P) en El Tocuyo para otorgar
créditos blandos a los agricultores. Esta agencia estuvo presidida en los primeros
años por los hermanos Arturo y Miguel José Tamayo. (RPT. Tercer, folio 77). Fue
diputado a la Asamblea Legislativa y dos veces presidente del concejo municipal.
Murió en un accidente automovilístico, en la vía a Barquisimeto, el 3 de mayo de
1950.
Desde finales del siglo XIX, los hermanos José Antonio y José Manuel Tamayo
Pérez, habían comprado las haciendas San José, La India, y El Palmar y forman
una sola con el nombre de El Callao, siendo una de las más ricas de El Tocuyo
que contaba con una centrífuga, importada de Francia, para moler caña y hacer
azúcar. Registraron una casa comercial: Tamayo Pérez Hermanos.
En 1910, los hermanos Tamayo Pérez dividen la asociación que tenían sobre El
Callao, que quedó en posesión de José Antonio y la hacienda San José quedaba
a José Manuel. El Callao lo habían comprado al Dr. José María Lucena, General
Crispín Yépez, García Hermanos, Juan de los Reyes Yépez, Jesús María y
Dolores Sánchez. San José lo había comprado a Carlos Cardot. En esta misma
fecha, José Antonio compra el fundo El Caimán y lo une al Callao. Se valoró en
160 y 140 mil bolívares respectivamente ambos fundos (RPT. Tercer trimestre,
F.9. N.13).
José Antonio y José Manuel Tamayo eran hijos de José Pío Tamayo y Avelina
Pérez Orellana, casados en El Tocuyo el 23 de abril de 1849. José Antonio se
casa en 1895 con Sofía Rodríguez, era hija de Fabriciano Rodríguez y María
Josefa Pérez, ambos de Humocaro Bajo y casados el 9 de noviembre de 1871
(AAB. Libro matrimoniales. 1870 -1885. Folio 49). José Pío, nació el 4 de mayo de
1809 y era hijo de José Manuel Tamayo- Corregidor de El Tocuyo a principios del
167
siglo XIX- y doña Ana María Canelón, casados estos el 16 de julio de 1803 (AAB.
Libro matrimoniales. 1786 -1805. Folio 51).
Nueva generación
168
vende la cuarta parte que posee en Yogore, que tiene en común con Heriberto
Tamayo. En 1932, José Antonio Tamayo Pérez vende un derecho, que poseía su
familia, en el fundo San José de Guajira a Virginia Anzola, viuda de Gregorio
Orellana (RPT. Tercer trimestre. Folio 27).
Pio Tamayo forma parte de esa trilogía de tocuyanos, junto a Lisandro Alvarado y
José Gil Fortoul, de los cuales es difícil decir algo que ya no se haya dicho. Pío
Tamayo fue poeta, político y escritor de alta talla. Quizás su temprana muerte no
permitió conocer la extensa capacidad de Pío. La mayoría de personas relacionan
al poeta con la generación del 28, que le costó la prisión y la muerte, pero sería
ingenuo pensar que las estrofas de aquel verso en honor a Beatriz I, reina de los
estudiantes y en los que evoca la búsqueda de la libertad, fueron a traer tales
consecuencias. Basta con decir que en 1928 fueron más de 200 los estudiantes
detenidos y que todos a los pocos días o meses fueron puestos en libertad, entre
ellos Jovito Villalba, Rómulo Betancourt, y solo Pío permaneció en prisión.
169
político-literaria: Alcides y Hedilio Losada. Junto a Roberto Montesinos, funda en
1913 la imprenta Gil - Blas.
Desde estos años, Pío Tamayo incursiona en casi todas las actividades sociales
de su ciudad, en 1915 lleva a ésta una de las primeras empresas de
cinematografía, además de su propia condición natural, esta vocación social
quizás fue transmitida por su madre Sofía, la cual hasta su muerte hizo de su casa
centro de reuniones, donde no solamente asistía la aristocracia de la época, sino
que fue centro de promoción de obras benéficas y en más de una oportunidad
donde los mismos miembros de la familia organizaban obras teatrales o
musicales, fungiendo, en la mayoría de los casos, Pío como el director.
Todas estas inquietudes intelectuales llevaron a Pío, los hermanos Losada, Rafael
Elias Rodríguez, Agustín Gil y al curazoleño Ernesto Nordohof a crear, a finales de
1917, un centro literario conocido como ¨El Tonel de Diógenes¨, donde además de
leer a los poetas vanguardistas de la época, como Rubén Dario, Baudelaire, entre
otros, los conocidos “poetas malditos¨, cuyo estilo era contrario al puritanismo de
la Venezuela de la época. Pero no tenemos duda que el tema político fue parte
fundamental de las discusiones del ¨Tonel¨, la revolución soviética, la revolución
nacionalista mexicana, en el contexto de la férrea dictadura gomecista no han
podido haber escapado de estas discusiones. La mayoría de los textos de lectura
fueron llevados desde Barquisimeto por el propio Pío Tamayo quién visitaba con
frecuencia esta ciudad.
170
Pío fue promotor de la primera línea de transporte entre El Tocuyo y Barquisimeto,
así como de la creación de la Cruz Roja del municipio. En 1919 dirige el periódico
¨El Cosmopolita¨ y escribe en otros de la región. Su activa participación en los
centros literarios -no solo de El Tocuyo sino también de Barquisimeto- lo hace ser
mal visto por los gobiernos de la época, quienes lo presionaron a salir del país. El
peso de su apellido hizo que las medidas gubernamentales no fueran más
violentas, así, en 1922, sale rumbo a Puerto Rico, con la justificación de
perfeccionarse en el negocio del azúcar.
171
antigua sinusitis, afectando gravemente sus vías respiratorias. Sin embargo, la
cárcel no aplaca sus ímpetus y hace de ésta una escuela política para sus
compañeros de celda.
Los hermanos Leónidas, Augusto, Manuel y José Anzola Tamayo, fueron de los
más ricos comerciantes de El Tocuyo, pertenecen a la generación élite de la
primera mitad del siglo XX.
El primer Anzola de esta rama, proviene de Miguel Anzola, quien nació en San
Felipe en 1802, abogado en Caracas y en 1829 se vino a El Tocuyo y cuando
Monagas fue presidente de la Corte Suprema. En marzo de 1843, por la muerte de
Bernabé Planas, se encarga del gobierno del estado Barquisimeto, hasta
diciembre cuando le entrega al Gral. Jacinto Lara. Fue rector del Colegio Nacional
de El Tocuyo. Contrajo matrimonio con Wencesláa Oropeza, teniendo 12 hijos,
entre ellos: Amador, Wencesláa, quien se casa con su primo Juan Bautista
172
Álvarez Oropeza, Fortunato, Isaías, quien casó con Dominga Yépez (hija de
Ramón Ciriaco Yépez y Manuela Santana).
Entre los hijos de Isaías y Dominga tenemos a: Wencesláa Anzola Yépez, quien
se casa con Heriberto Tamayo León, dando origen a la familia Tamayo Anzola (ver
familia Tamayo). Otros hermanos Anzola Oropeza fueron: José Pío, casó con
Josefa Tamayo León (hermana de Heriberto Tamayo), dando origen a los Anzola
Tamayo, Pompeyo casó con Rita Yépez, dando continuidad a los Anzola Yépez y
Miguel Anzola se casa con Emilia Rodríguez, dando inicio a los Anzola Rodríguez
(Perera: 1967, 109).
Entre los hijos de José Pio Anzola y de Josefa Tamayo León están:
Manuel Anzola Tamayo, quien se casó con su prima Matilde Anzola Yépez; José,
quien casó con Sara Yépez, padres del ingeniero José Pío Anzola Yépez, quien
casó con la artista María Teresa Rodríguez Tamayo, hija de los músicos José
Ángel Rodríguez López y Rita Tamayo Rodríguez (hermana de Pío Tamayo);
Leonidas Anzola, casó con su prima hermana, Angelina Tamayo Anzola (hija de
Heriberto Tamayo); Augusto Anzola, casó con Vicencina La Peruta (hija de Blas
La Peruta, inmigrante italiano) (Idem. P. 110).
En 1885, José Pío Anzola vende a su hermano Ignacio Vicente parte en el fundo
La Calera, perteneciente por herencia de su padre Miguel Anzola (RPT. Primer
Trimestre. Folio 5). En 1910, Emilia Rodríguez de Anzola (viuda desde 1909 de
173
Ignacio Vicente), le vende a Juan Bautista Giménez fundo La Calera, en El
Palmar, por 50.000 bolívares (RPT. Primer trimestre. Folio 3).
174
concejo municipal) vende terrenos y bienhechurías a Leónidas Anzola Tamayo, un
lote de terreno ejido que tienen como lindero por el norte: La quebrada Barrera,
sur: potrero de José Ramos García y por el oeste: el río Tocuyo. Dichos bienes
componen 16 potreros sembrados de paja. Todo lo que hay vendió a Anzola
Tamayo y le corresponde por compra que realizó a Pacífico Sequera (cuñado). El
precio de venta fue 26.000 bolívares. En ese mismo documento, Luís Tovar
Lozada vende a Augusto Anzola Tamayo, por 7.000 bolívares, las bienhechurías
ubicadas en terrenos del Cuartel La Valbanera, constante de 17 potreros,
cultivados de pastos, que Luís Tovar había heredado de su padre Rafael E Tovar
en 1932. Luís Tovar Lozada vendió a José Pío Anzola los terrenos ejidos
conocidos como Natalio Pérez a 10.000 bolívares.
Los hermanos Anzola Tamayo fueron promotores del central azucarero y dueños
de los fundos La Pandita, Buenos Aires, La Vega, Yogore, San Pablo, parte en El
Cerrito, La Calera. Augusto Anzola Tamayo fue propietario del comercio la Casa
de Todos, Gabriel Anzola lo fue de La Libertad. 1929, (RPT.F.3, 2do t.) Augusto
Anzola Tamayo fue concejal y Leónidas diputado suplente para la asamblea
legislativa. En 1971 muere Leonidas y en 1976 Augusto Anzola Tamayo.
Familia Garmendia
175
Guipuzcoana (1728-1775), empezaron a abundar los apellidos vascos, este es el
caso del apellido Garmendia en El Tocuyo. La familia Garmendia toma su nombre
del lugar donde se realizó la fundación de la villa de Azpeitia, municipio de la
provincia de Guipúzcoa, país Vasco. Fundada en 1310 por el rey de Castilla, bajo
el nombre de Garmendia de Iraurgui, hace referencia al río y valle en el que se
ubica la población.
Juan José Garmendia fue el primer Garmendia en El Tocuyo, casado con María
del Rosario del Castillo, con la que no tuvo hijos, pero si lo hace con María Pérez,
mulata libre, ex esclava de su esposa, con la que tuvo varios hijos, a los que les
donó la hacienda Los Cocos. En 1819, su esposa vendería La Otra Banda a su
hijo Paulino Garmendia.
Como es evidente, los varones salen favorecidos con la mayor parte de los fundos
y a las hembras le corresponde las casas y dinero. Ya que, primeramente, será a
sus maridos a los que le corresponda aportar las propiedades, pero más aún, era
una forma de proteger los bienes de la familia y no entregarlos tan fácil a los
nuevos miembros.
176
Paulino Garmendia era hijo de Juana Pérez y su esposa Susana Giménez de
Pascual Giménez y Catalina Falcón, mulatos libres. Su hijo Ezequiel, médico, casó
en primeras nupcias con Ana Rodríguez, teniendo como hijos a: Isabel, Herminia,
Ana Josefina, Amelia y Daniel Garmendia y en segunda nupcias, el 2 de marzo de
1862 (AAB. Libro de matrimoniales. 1845-1869. F.24), con Petra García León,
teniendo como hijos a: Mercedes Garmendia García, que casó con su primo David
Arapé García, y Ezequiel Garmendia García, que casó con Rita Anzola.
177
Rita Garmendia Giménez, se casó con Pedro París. Daniel Garmendia, nació en
1820, estudió en el Colegio Nacional de El Tocuyo, y en 1840 va a estudiar
derecho en Caracas, regresando a El Tocuyo. Fue representante al Congreso en
1848, tomo parte de la revolución de la restauración de 1854, luchó en la celebre
acción del Chaparral, en Cojedes, bajos las ordenes del Gral. Juan Bautista
Rodríguez, contra las fuerzas del gobierno, dos días después fue asesinado, murió
soltero, quedando Ezequiel Garmendia como único propietario de los fundos antes
mencionados. (Rodríguez López, 1945: 200-201).
Casimira Garmendia casó con el doctor Gabriel Gil (ver familia Gil). En
demostración del poder económico que sustentaba este matrimonio, tenemos un
reconocimiento de censo en 1860- tras la compra al Lic. José María Lucena- de
4.147 pesos, sobre su fundo San José de Guajirita, valorado en 15.000 pesos
(RPT. Folio 5 1860). Ricardo Gil Garmendia, hijo de Gabriel y Casimira, fue
además de poeta, un luchador, quien acompaño al movimiento encabezado por el
general Rafael Montilla, “El tigre de Guaitó” (1900-1907).
El general tocuyano Toribio Silva fue jefe del Partido Liberal. En las elecciones
para presidente del estado en 1874, ganó:
...pero las circunstancias de haberse presentado durante su
administración, la lucha eleccionaria que dio por resultado el triunfo del
general Alcántara, que fue reñidísima en Barquisimeto, en competencia
con la candidatura del General Zavarse, y de haber tomado parte activa
en el proceso eleccionario la mayoría de los empleados de su
178
administración a favor de Alcántara, los contrarios se vieron en el caso
de hacerle una revolución que dio por resultado su separación del
gobierno, remplazándole en representación del ejecutivo nacional el Dr.
Fernando Arvelo (Rodríguez López, 1945: 284).
179
De las Nuevas generaciones
En 1900, Rafael Garmendia vende el fundo las Charcas a Leopoldo París (RPT.
Cuarto trimestre. Folio 28). En 1930, Rafael Elías Garmendia era dueño de los
fundos La Pandita y Santa Rita y tenía 14 hectáreas de terrenos ejidos en La
Pandita, herencia de su padre Sulpicio Garmendia y Rafael Peraza. En 1912
compra parte a sus hermanos Rita Elena y José Garmendia (RPT. protocolo1,
segundo trimestre, folios 68-69 Nº 74. 1920).
180
concejal, y en ese mismo año es electo suplente a la Asamblea Legislativa del Edo
Lara. Como diputado al Congreso Nacional por el Edo Lara fue elegido Rafael
Garmendia Rodríguez (Lameda Acosta: 1953, 126). En 1929, entre los tocuyanos
que formaron parte del movimiento conspirativo del general Rafael Gabaldón se
encontraron: Julio Alvarado Silva y Sulpicio Garmendia.
En 1927, Carmen Gil de Gil y Rafael Ramón Guillen, primera tutora de Miriam
Magdalena Garmendia, el segundo de su esposa Carmen Josefa Garmendia, le
venden a José Garmendia Rodríguez fundo Santa María en El Molino (RPT. Folio
155, primer trimestre). En este mismo año José Garmendia Rodríguez le compra a
Jorge Saldivia por 180.000 bolívares fundo La Vega, ubicada al norte de hacienda
Santa Rita y por el sur con El Molino. Este fundo había sido de sus abuelos Rafael
Garmendia y Teresa Rodríguez de Garmendia, quienes habían comprados a los
herederos de Francisco Peraza, al Dr. Ezequiel Bujanda y a la señora Concepción
Venero de Lucena en las fechas siguientes: 18 de diciembre de 1903, 5 de junio
de 1909 y 18 de diciembre de 1911 y 25 de febrero de 1907. Luego José
Garmendia Rodríguez y Catalina Giménez de Garmendia vende a la Compañía
Anónima La Rural, el 23 de mayo de 1952 (RPT, folio 79).
En 1930, Ramón Castejón le vende por 140.000 bolívares, a Pérez Soto, Diego
Losada y Dr. Gualberto Garmendia hacienda Villa Carmen, una de las más
grandes de El Tocuyo (RPT. Cuarto trimestre. Folio 57). La hacienda Villa Carmen,
181
fue comprada por Castejón al señor Gabriel Gil Garmendia (hijo de Gabriel Gil y
Casimira Garmendia) y a los señores Fausto Fernández, Ramón Figueredo, Luís
Felipe Briceño, Mercedes Flores, Juan Bautista Yépez, Isabel y Rosa Colmenares
Carreño, Francisco Salas y Petra Salas de Briceño.
182
conducía a los Humocaros. En total 76 Hectáreas, que había comprado al Dr.
Gualberto Garmendia en 1953. Este último a su vez, había comprado a Jesús M.
Garmendia en 1914, y a otros heredados en 1926, sobre terreno del fundo El
Chorro. Luego Juan Bautista le vende a su hermano Rafael Colmenares y éste
hipotecó en 1983 ante el Banco de Desarrollo Agrícola (B.D.A).
Familia Losada
Los Losada son una de las familias mas antiguas de El Tocuyo, su origen nos
remonta a los inicios de la colonización y al nombre de Diego de Losada, fundador
de Caracas y encomendero en las tierras de Cubiro. Losada se casa en El Tocuyo
con Ginesa Núñez. Entre sus hijos estuvieron Inés, Tomás, Diego, que se casa
con Catalina de Pantigoso. Otro hijo fue el Capitán Francisco de Losada, quien fue
Alcalde Ordinario y Procurador de la Santa Hermandad en El Tocuyo y casó con
Ana Vásquez y fueron padres del Capitán Juan Vásquez de Losada, encomendero
de Indios de Guarico, y quien casó con Ana Manriques de Lomas, y fueron padres
de Andrea Vázquez de Losada, quien casó con Manuel Pérez del Castillo y fueron
padres de José Tomás Pérez del Castillo y Lozada, quien casó en primeras
nupcias con su prima Josefa Pérez del Castillo y en segundas Francisca González
Yépez Balconete.
183
José Tomás nació en 1681, fue alcalde ordinario de El Tocuyo en dos
oportunidades, Procurador General también por dos veces, Alcalde de la Santa
Hermandad, alférez de la compañía de caballos y coraza; levantó información de
nobleza el 8 de marzo de 1712. José Tomás y su segunda esposa Francisca,
fueron padres de Rosalía Pérez del Castillo y Losada, quien casó con Matías
Antonio González Yépez, y son padres de Juan José Yépez de Losada, quien se
casó el 23 de mayo de 1782 (AAB. Libro matrimoniales. 1786 -1805. Folio 109)
con Lorenza Ana Escalona, en la propia hacienda La Goajira, propiedad de los
Yépez.
José Antonio Yépez de Losada, casó con su prima, Clara Margarita Pérez de
Losada, hija de José Cayetano Pérez del Castillo (hijo de José Tomás Pérez del
Castillo- hijo de Manuel y Andrea, citados- y de su primera esposa Josefa Pérez
del Castillo) y de Clara Margarita de Escalona y Lozada, hija ésta de Antonio
Escalona y Reinoso y Isabel María Yépez Balconete. José Antonio y Clara
Margarita, fueron padres de Matías Yépez de Losada, asesinado en 1814, quien
casó con Encarnación Pérez Hurtado, hija de Juan Félix Pérez Hurtado y María
Teresa Pérez del Castillo, hija ésta de Pedro Pérez del Castillo, (hijo del Regidor
José Felipe Pérez de Castillo y María Gregoria de Soto) y Simona Pérez Hurtado
(hija del maestro de campo Juan Félix Pérez Hurtado y Luisa María Alvarado).
Matías Yépez Losada y encarnación Pérez Hurtado, fueron padres de José
Antonio y Bartolomé Losada, siendo estos los primeros en suprimir el Yépez.
184
son padres de los intelectuales Alcides y Hedilio, nacidos en 1894 y a quien les da
el apellido (Tamayo, 1996: 156).
1- Tomas, quien caso primero con Rafaela Briceño y segundo matrimonio con
Libia Perdomo, con la que tuvo hijos: a) Dulce María Losada, casó con el ingeniero
agrónomo Crispiniano Colmenares Peraza (ver familia Colmenares); b) Luz María
Losada, casó con el ingeniero agrónomo Pedro Elías Sequera Tamayo.
3- José Antonio Losada, casado con josefina Rivero Carrasco, padres de Antonio
José- abogado, y fue Fiscal General de la República- y Humberto, quien se casó
con Carmen Teresa Rivero.
8- Mercedes, casó con Eduardo García, padres de Luis Enrique Losada, ingeniero
agrónomo, que casó con Salomé Power, y de Ángel Eduardo García Losada,
médico.
185
casó con José Antonio Saldivia; e) Mercedes Losada, casó con Eloy Febres
Cordero, abogado que ejerce en Barquisimeto; f) Alicia Losada, casó con Félix
Pineda Galavis, hijo de Antonio Pineda Castillo y Consuelo Galavis; g) Gisela
Losada. (Perera, 1967: 430).
Hasta mediados del siglo XVIII, se encuentra -en la mayoría de documentos- con
el apellido Losada escrito con s, fue común luego que el apellido Losada se
escribiera luego con z, y más importante aún, que aunque estuviera de segundo
fuera colocado como primer apellido. (Idem. 397-398).
186
fundadores junto a Pío Tamayo, Roberto Montesinos, Ernesto Nordohof y Rafael
Guédez de aquel centro literario denominado; "El Tonel de Diógenes", en 1917.
Todos compartieron la efervescencia juvenil que los hizo destacar en los años 20
del siglo pasado.
Sin duda el mayor aporte que los hermanos Losada dejaron a su ciudad natal fue
la creación del periódico "El Tocuyo", que ha sido uno de los de mayor duración y
regularidad de los que se hayan publicado en esta ciudad. Allí fungiendo como
directores y redactores, y dieron cabida a la más amplia y diversidad de escritores
dentro y fuera de El Tocuyo. "El Tocuyo" representó, sin la menor duda, en sus
casi ocho años de permanencia (1921 - 29), la expresión escrita más importante
de la región.
Luego vendría "El Tocuyo" pero las labores de este periódico no imposibilitaría
continuar con el trabajo por otros medios: en la revista "Juventud", en el "Diario de
Carora", "El Impulso" de Barquisimeto, entre otros. Junto a "El Tocuyo", "La
Quincena Literaria" serían las obras de mayor trascendencia de los Losada. "La
Quincena Literaria", cuya primera etapa nace en 1925, expuso lo más exquisito de
la poesía tocuyana y de la región.
187
satíricos. Además escribió varias obras de teatro. Lamentablemente desde muy
joven la debilidad de su corazón venía produciéndole profundos quebrantos de
salud, que lo llevaron a la muerte el 17 de Octubre de 1926. Apenas tenía 31 años
de edad, pues había nacido en diciembre de 1894.
Alcides Losada se convirtió en el cronista de El Tocuyo en los años 20, no solo por
sus escritos en los que analizaba y diagnosticaba la situación de la ciudad de la
época sino por el tratamiento de la historia, vertidas en sus ensayos y poemas.
De los contemporáneos de Pío Tamayo, sin duda Alcides es el más parecido, fue
un hombre vibrante, audaz, inquieto, extrovertido, difícilmente se producía algún
acto público en cualquier orden, desde una reunión social en las más distinguidas
casas de familias de la época, en los clubes sociales, en las actividades benéficas
y hasta en una pelea de gallos, donde no estuviera presente. Por ello, al igual que
Pío, no pudo soportar las injusticias de la época, lo que lo hizo ponerse en
rebeldía en la revolución de Gabaldón en 1929. Sobre la personalidad de Alcides,
nuestro más grande poeta, Andrés Eloy Blanco, dijo lo siguiente:
188
decisión tomada de participar activamente en la rebelión encabezada por el
General Gabaldón, desde las tierras de Portuguesa, en abril de ese mismo año,
pretendiendo tomar El Tocuyo para luego seguir a Barquisimeto. Esta no triunfó,
pero luego lo harían en Guanare y durante meses fueron perseguidos en las
montañas de Biscucuy. Allí, su inspiración creativa no dejó de funcionar pues en
los albores del combate crea el periódico "La Libertad en Marcha". En dicho
órgano, expresa las razones de la rebelión:
189
Ermita), de las más grandes de los Humocaros. Y que eran de su propiedad por
varias compras efectuadas entre 1889 y 1896, la primera a Manuel Oropeza, y la
segunda a Estanislao Tomas Bravo, Ceferino Fernández, Hortelio Giménez y
Concepción Fernández, por un monto de 20.000 y 16.000 bolívares
respectivamente (RPT. Segundo trimestre Folio 10, No. 18). Así mismo Rafael
Veracoechea le vende a Irene Yépez de Losada (y a sus hijos Nicolás, Ana,
Sacramento y Jimena) parte de el Palmar por 22.000 bolívares, que eran herencia
de su esposa Felipa Losada, quien a su vez había recibido como herencia de su
padre José Antonio Losada (RPT. Segundo trimestre, folio 13 ).
En este mismo libro aparece una copia autentica de la escritura de venta que
otorga José de Montesinos- como albacea testamentario del licenciado Leonardo
de Reinoso- a los indígenas de la encomienda. Este documente de 20 de octubre
de 1729, refleja que dicha encomienda fue dividida en los fundos la Ermita y la
Palomera. Reinoso fue cura rector de la iglesia parroquial del Espíritu Santo de
Guanaguanare y su padre fue el capellán Leonardo Reinoso, y estas posesiones
la obtuvo como herencia de su hermano el capitán Alonso Reinoso. La Ermita fue
vendida en mil pesos y la Palomera en doscientos diez pesos.
190
Nueva Generación
Una nueva generación de los Losada, seria liderizada por Diego Losada, hijo de
Tomas Losada. En 1930, Ramón Castejón le vende por 140.000 bolívares, a
Pérez Soto, Diego Losada y Dr. Gualberto Garmendia hacienda Villa Carmen
(RPT. 4to trimestre, folio 57). Después esta finca, de las más rica de El Tocuyo,
queda en manos exclusiva de Diego Losada, quien cancela parte a su suegro
Gualberto Garmendia y paga préstamo al poderosos general tocuyano, Vicencio
Pérez Soto, gobernador del rico estado Zulia y de quien no dudamos fue el
financista de esta operación económica (negociaciones parecidas hará con
Crispiniano Colmenares. Ver familia Colmenares).
Diego Losada fue uno de los más importantes impulsores del gremio de
cañicultores, constituidos el 18 de noviembre de 1932, junto a José Garmendia,
Reyes Reinoso, Juan de la Cruz Giménez, José Crispiniano Colmenares, entre
otros. Igual iniciativa tomara en 1945, en el contexto del cuatricentenario de la
ciudad, cuando se propusieron-sin éxito- instalar un central azucarero. Pero en
esta oportunidad no aparecerían los Colmenares, los cuales tomarían la iniciativa
en los años cincuenta aliados con los hermanos Oscar y Armando Tamayo, con
alto peso en el gobierno de Pérez Jiménez, y ahora con resultado positivo,
asumiendo los Colmenares Peraza el nuevo liderazgo de la élite tocuyana, ya que
los Tamayo, después de la dictadura, perderían poder en El Tocuyo.
Si bien esta fuera del periodo de investigación, se puede mencionar que después
de los años cuarenta del siglo XX, surge una nueva generación de los Losada,
pero ahora liderizada por los Tovar. Los Hnos. Tovar Losada fueron dueños de los
fundos El Molino y San Rafael. Entre las transacciones mas importantes a
destacar en los años posteriores, podemos nombrar que en 1965 Sulpicio
Garmendia, José Pío Anzola, Juan Bautista Colmenares, Francisco Tovar Losada
y Rafael Ángel Álvarez, compran por Bs. 1.012.000 las haciendas El Molino y
Santa María a la Compañía Agrícola “La Rural”, registrada en Caracas, a través de
191
un préstamo que le hizo la Compañía Norteamericana, radicada en N.Y “Mir-Ad
corporatión”, préstamo de $ 94.080. Francisco Tovar Losada vende a Agrícola
San Rafael terreno en El Molino por Bs.402.000. En 1973 ésta vende a Compañía
Vinkler y luego pasa al Instituto Nacional de Obras para construcción de la represa
y otra parte a Ricardo Jesús Pérez Vargas y otra a José Pío Anzola (RPT. N8,
F18, T1). Emigdio Lozada Briceño, en Barquisimeto Director General de Sociedad
Civil Tomás Lozada sucesores, constituida en 1958, vende a J.B. Colmenares
fundo La Estancia de San Juan en Humocaro Bajo, por Bs. 2.800.000, en efectivo
700.000, 635.000 con créditos al B.D.A y el resto con el Banco de Lara. En 1988,
éste traspasa a Agropecuaria La Estancia. (RPT. F106, N.35)
Familia Yépez
Fue Juan de Yepes (los primeros aparecen con ¨s¨ y sin acento, luego usarían la z
y acentuado), natural de Villa de Chinchón, Toledo, España, el primer Yépez que
llega a El Tocuyo a principios del Siglo XVII (Avellán, 1997, p.74). Los Yépez han
sido de las familias más tradicionales de El Tocuyo desde su fundación. Sin
embargo, se nota como- en el período de estudio de esta investigación- pasan a
ser marginados y colocados en segundo plano. Caso muy particular el de los
Yépez Losada, que desde mediado del siglo XIX suprimieron el apellido Yépez, o
invirtieron el orden de los apellidos. También se ha percibido en la búsqueda, que
en esta familia existió un mayor número de nacimientos de hembras que de
varones, los que también tienen una propensión a que mueren jóvenes y solteros.
Sin embargo, haremos alusión a algunas ramificaciones de familias con este
apellido y sus relaciones de poder.
192
Félix Paulino Yépez, Narciso Yépez Losada, Gracia Yépez, José Antonio Yépez
Losada, Guadalupe Yépez (esposa de José Ignacio Yépez), Tomás José Yépez
(herencia de su tío Félix Paulino Yépez), Ramón Yépez Tamayo, María Ana Yépez
(esposa de Idelfonso Yépez y curadora de nietos e hijos del segundo matrimonio
de Idelfonso Yépez con Rafaela Falcón), María Concepción Yépez Losada (padre
José Antonio Yépez Losada).
193
Crispín Yépez vende a Natalio Pérez por 4 mil bolívares 10 hectáreas de derechos
de posesión pertenecientes a Los ejidos. (RPT. Tercer trimestre. Folio 4).
En 1860, Petronila Oropeza -esposa de Nicolás Guédez- vende parte del Palmar a
Juan Pablo Yépez, donde existía además de caña, ganado y café (RPT. Folio 12).
Juan Pablo Yépez era dueño del fundo La Cantera o San Antonio y poseía
derechos en Los Castillos de la Otra Banda y en El Molino. En 1888, Melquíades y
Juan Guillermo Yépez son dueños del fundo La Porquera, en La Ciénaga de
Guarico. Parte de El Callao pertenecía al General Crispín Yépez. En 1920, Carlos
Yépez Borges era dueño de los fundos San Isidro, Villanuevita y La Otra Banda
(hoy San Pablo), y junto a sus hermanos, Jesús y Rafael, dueños de El Hatillo. El
fundo San Carlos era de Melanio Yépez Yépez. El fundo Buenos Aires era de
Elena Yépez de García.
Heriberto Tamayo compró fundo Viravira a Juan Bautista Yépez Piñero en 1887 y
Hato Arriba a Elena Yépez de Suárez y Hortensia de Yépez Borges en 1906 (RPT.
Primer trimestre de 1927. Folio 48). En 1890, Ezequiel Garmendia, vende dos
derechos que tenía en El Arco de la Santísima Trinidad de Boro, perteneciente a
su esposa menor de edad Rita Anzola, por herencia de sus padres Pompeyo
Anzola y Rita Yépez. En 1900, Rafael Veracoechea le vende a Irene Yépez de
Losada (y a sus hijos Nicolás, Ana, Sacramento y Jimena) parte de el Palmar por
22.000 bolívares, que eran herencia de su esposa Felipa Losada, quien a su vez
había recibido como herencia de su padre José Antonio Losada (RPT, folio 13,
segundo trimestre). En este mismo año Irene Yépez le vende a Carlos Cardot por
112.000 bolívares los fundos Buena Vista, Apure y San Antonio en el Palmar
(RPT. Segundo trimestre. Folio 14).
En 1900, José Manuel Álvarez y Rafael Álvarez le venden a Tomas Cruz Santana
hacienda en Boro, de su propiedad desde noviembre de 1898, por herencia de
Rosario Yépez de Álvarez, esposa del primero. Estos habían comprado a Gregorio
Yépez hacienda San José, antes conocida como El Naranjal, el 1 de enero de
194
1899. En 1910, Leónidas Agüero Mosquera (médico) vende herencia de su
esposa Engracia Yépez Peraza a Ramón Yépez Peraza (hermano de su esposa)
parte de la hacienda Garrapatera (RPT. Primer trimestre. Folio 2).
Para 1920, nos encontramos con que el fundo San Francisco era de Ángel Yépez,
Las Cruces de Sixto Yépez Yépez y La Mejor de Juan M. Yépez. En febrero de
1937, Yépez Lucena formó parte de la Junta Cafetalera de El Tocuyo, y en 1950,
Sixto Yépez, Sulpicio Yépez y Juan María Yépez, forman parte de la junta pro
central azucarero de El Tocuyo.
195
Si bien se nota un decaimiento en la propiedad de la tierra por parte de los
miembros de la familia Yépez, en estos años existieron algunas casas comerciales
en su poder: Industrias La Carmelita (cocuy) de Crispín Silva Yépez, La Italiana de
Juan Bautista Yépez, El Mercadito de Arnaldo Yépez, Botiquín Caracas de David
Yépez, La Barbería de José María Yépez, Carpintería Central de Lesner y Yépez,
Carpintería la Moderna de Antonio Yépez Castillo. Hotel Continental- antes Club
Cosmopolita- de Yépez Hermanos, La Americana de Max Rodríguez Yépez. Entre
los profesionales con este apellido se encuentran: Carlos Yépez Borges, Crispín
Yépez, (Abogados) y Manuel Yépez Peraza (farmaceuta).
Tenemos a Pacifico Yépez (hijo de Mariano Yépez y Gracia Arangú, Mariano era
hijo de Juan José Yépez de Losada y su hermana Sacramento casó con Tomas
Tamayo, dando inicio a la familia Tamayo Yépez) y Abigail Piñero, de
Barquisimeto, hija de Juan Bautista Piñero, de Coro, casados en 1849 (AAB.
Libro matrimoniales 1845-1869. F.64), dueños de los fundos La Guajira, tuvieron
entre sus hijos a:
3- Elena, casó en primeras nupcias con Manuel García, hijo de Manuel García y
Francisca (Pancha) Yánez (ver familia García Yánez). Su segundo esposo fue
Rafael Suárez.
4-Juan Bautista Yépez, casó con Josefa Antonia Gil Fortoul, hermana del
historiador José Gil Fortoul (ver familia Gil), que fueron padres de: Daniel Yépez
Gil, casó con Nelly Arévalo, hija del periodista Rafael Arévalo González y doña
Elisa Bernal, padres de Dilcia Yépez, murió trágicamente en un accidente de
aviación y estuvo casada con Julián Sequera Cardot (Ver familia Sequera Cardot),
de Irma Yépez, quien casó con el viudo de su hermana Julián Sequera Cardot, de
196
Gilda Yépez, murió soltera y de Elsy Yépez, casó con el abogado Saulo Bujanda
Yépez.
Fernando Yépez (hijo de Mariano Yépez y Gracia Arangú, hermano del antes
citado Pacifico Yépez) casó con Petronila Peraza y entre sus hijos tuvieron a
María Yépez Peraza, quien casó con Rafael Elías Garmendia (ver familia
Garmendia), y fueron padres de Sulpicio Garmendia Yépez, del medico Fernando
Garmendia Yépez, quien casó con Blanca Rosa Suárez, hija del educador
Francisco Suárez y de Francisca Yánez (Perera, 1967: 447- 452).
Familia García
La mayoría de los miembros de esta familia no provenían del linaje de las familias
tocuyanas, pero si lo eran de los Humocaros. La casa comercial García Hermanos
(1863- 1933) llegó a tener buena parte del control del comercio del café, no sólo
de El Tocuyo sino de estados vecinos, como Trujillo y Portuguesa, exportando
directamente por el Puerto del Lago de Maracaibo o por Puerto Cabello.
Solamente en 1880, las utilidades sobrepasaban los 70 mil pesos, distribuidos
entre sus principales accionistas; Pablo García Yánez, Rafael Suárez, E.
Garmendia, Jesús García Yánez, Juvenal Escalona, Manuel García Yánez y otros
accionistas menores como Nicanor Linares y José Manuel Herrera.
Manuel García y Pancha Yánez fueron padres de: Manuel, Clara, Elvira García
Yánez, que casó con Juan Bautista Ramos (padres éstos de José Ramos García,
casado en segundas nupcias con Luisa Ramos Tamayo), de Carmen García
Yánez, que casó con Rafael Cortés, de Pablo García Yánez, casó con su sobrina
Sara García Ramos y de Jesús García Yánez, quien también se casó con su
197
sobrina Josefa Cortés García. Manuel García era hijo natural del célebre héroe de
la independencia, coronel José de los Reyes González y Ramona García.
En 1891, a la muerte de Manuel García, se reparten sus bienes entre sus hijos.
Manuel García era dueño de San José de Guajira y parte de El Palmar. (RPT.
Folio 13-15). El citado Juan Bautista Ramos era hijo de Miguel Felipe Ramos, de
Barbacoas, y de Dolores Gil, hija de Juan Antonio Gil e Ilaria Román, y fue padre
natural de José Antonio Oropeza, militar nacionalista.
Manuel García Yánez (hijo de Manuel García y Francisca Yánez) se casó con
Elena Yépez (hija de Pacifico Yépez y Abigail Piñero, nacida en Barquisimeto, hija
de Juan Bautista Piñero, de Coro, casados en 1849). Elena Yépez casó en
segunda nupcias con Rafael Suárez (quien era viudo de Clara García e hijo de
Saturnina Suárez y del licenciado José María Lucena, ilustre jurisconsulto
tocuyano, quien a su vez fue hijo del alcalde Hipólito Casiano Lucena, asesinado
en 1825 por Reyes González).
Nueva generación
En el sector conocido como la Goajira, Juan Bautista Ramos, quien era cuñado de
Manuel García Yánez, vende por 98.000 bolívares a Gregorio Orellana, la parte
del fundo Santa José de la Goajira, correspondiente a su esposa Elvira García
Yánez (RPT, folio 4 y 5).
En 1927, Juan y José Ramos García, otorgan poder a los abogados Carlos
Giménez Garmendia y Félix José Giménez, uno en Caracas el otro en
Barquisimeto, para que los representen en la petición de la herencia de sus
padres: Juan Bautista Ramos y Elvira García de Ramos y piden embargo o
secuestro sobre la hacienda La Primavera en Guarico (RPT, Libro de Poderes y
Asuntos Comerciales, Protocolo 3ero, primer trimestre, folio 4). Juan Ramos
García fue dueño de los fundos Bella Vista y Los Cocos, que había comprado al
198
Dr. Egidio Montesinos Agüero en 1919. En 1927, fue secretario del concejo
municipal.
Esta familia vivió el auge y la crisis de la casa comercial García Hermanos, lo que
es decir, el auge y la crisis del la caficultura. Mientras, en los años veinte del siglo
pasado se observa el papel de prestamista de José Ramos García, por ejemplo
los préstamos concedidos a Josefina Tamayo Pérez por Bs 16.000 (RPT.
Segundo trimestre. Nº 186 Folio 97. 1920) y a Sofía Rodríguez de Tamayo Pérez
por Bs. 24.000, sobre el fundo El Callao (RPT. Tercer trimestre. Protocolo 1. Folio
14-17. 1920), a Virginia Anzola de Orellana por Bs. 7.998 (RPT. Primer trimestre.
Folio 16. 1927), a su propio hermano Juan por Bs. 20.000 (RPT. Primer Trimestre,
Folio 92.1927). Luego, partir de 1930, se observa como deudor, ante el Banco
Agrícola y Pecuario, por Bs. 80.000, colocando como garantía su fundo Bella Vista
(RPT. Segundo trimestre, F. 171 Nº 146.1930), o el de Juan Ramos con Leónidas
Anzola, por Bs 15.995, sobre el fundo Los Cocos (RPT. Cuarto trimestre. F. 56.
1931).
199
José Ramos García, estuvo casado con Teresa García, nieta de Sofía Trankle
(viuda primero de Francisco Lucena y luego de Carlos Cardot). Realizaron varias
negociaciones juntos. En 1932, Ramos García le compra a Trankle, derechos que
tenían en la Goajira, El Potrero y El Cercado, por 104.000 bolívares (RPT. Folio
65). En este mismo año Ramos García les compra a Rafael José Yépez y a Pablo
Yépez, novena parte a cada uno de su herencia sobre el fundo La Goajira.
Familia Gil
Los primeros miembros de la familia Gil son de origen neogranadino. De Trujillo
se trasladan a Barbacoa y Humocaro. Agustín Gil, era trujillano quien se casó con
María de los Reyes Saavedra, cuyo hijo Juan Antonio, nacido en Carache, se casó
en segunda nupcias con Dominga García Cortés (hija de Juan García Elías,
natural de Tenerife, Canarias, y Chiquinquirá Cortés de la Puerta, hija ésta de
Antonio Cortés de la Puerta y Teresa Rosaura Guédez) en El Tocuyo, el 21 de
Agosto de 1820, teniendo como primogénitos a José Espiritusanto, quien nació el
9 de Junio de 1821. Juan Antonio se desempeñó como teniente corregidor y juez
de paz en Barbacoas. (AAB. Libro de nacimientos 1820 -1835. Folio 41).
El segundo hijo fue Gabriel Gil, quien nació en 1832, estudio en el Colegio
Nacional de El Tocuyo, prestó colaboración a la Revolución de Abril de Guzmán
Blanco, fue miembro de la asamblea legislativa (El Tocuyano Nº. 17 Mes 5 del 7
de febrero de 1888), diputado al congreso nacional, dos veces jefe civil de El
Tocuyo, vicerrector del Colegio Nacional y en 1882 del Colegio la Concordia. Casó
con Casimira Garmendia, hija de Paulino Garmendia y Susana Giménez (ver
familia Garmendia).
200
Su hermano mayor, conocido como “El Pelón Gil”, toma parte activa de la
Revolución de Marzo, que derrocó el gobierno de los Monagas. En 1858 es
nombrado gobernador de la provincia de Barquisimeto. “... puede decirse que era
la espada mas fuerte que tenia en Barquisimeto el Partido Centrista”. Fue uno de
los hombres más importantes de la Guerra Federal (1859 – 1863). Obteniendo el
título de bachiller en 1838, En 1839 se encontraba en Caracas cursando Derecho
Civil obteniendo el título en 1844.
El Pelón Gil se casó con Adelaida Fortoul en 1860, quien era viuda del
comandante caraqueño León Vivas, con quien no pudo consumar su matrimonio
por haber muerto éste el mismo día de la boda, producto de un ataque de cólera.
Del matrimonio Gil Fortoul nacieron cinco hijos: Adelaida, José (connotado
historiador), Josefa Antonia, Juan Antonio y Dominga. Espiritusanto Gil muere el
29 de septiembre de 1891. (Rodríguez López, 1945: 114).
201
familias, entre los que podemos mencionar a José Asunción Gil, que le
correspondió 9 y ¼ de derecho, y a sucesores de Gil Escorche. (RPT. Folio 14 Nº
22. 1885).
En 1927, Carmen Gil de Gil vende a José Garmendia Rodríguez fundo Santa
María en El Molino (RPT. Primer Trimestre Folio 155). Para la fecha, los fundos
San José de Goajira (anteriormente Santa Elena) era de José Agustín Gil
González y Santa María de Agustín Gil. En 1932, Julio García Gil es propietario
del fundo Santa Lucia, en Humocaro Alto, lo tiene hipotecado a Bremer Meyer
sucesores de Maracaibo (RPT. Tercer trimestre. Folio 200).Para esta fecha, 132
hectáreas de ejidos municipales tenían en sociedad Ramón Rodríguez, Francisco
y Carlos Gil García, Napoleón y León Reinoso en El Molino (RPT, Libro de
Arrendamiento de ejidos, 1922 – 1930).
202
Agustín Gil Gil, hijo de María Ramona del Carmen Gil Garmendia (hija de Gabriel
Gil y Casimira Garmendia Giménez) y Agustín Gil González. Estuvo casado con
Olimpia Gil Gutiérrez y tuvo como hijos a Sol Agustín y Carmen Olimpia Gil Gil.
Fue además de hacendado, hombre culto, historiador y periodista dedicado al
tema económico, en su periódico “El Arado”, se dedicó a analizar la realidad la
situación de la agricultura de su tiempo. En 1917, formó parte del grupo intelectual
"Tonel de Diógenes". En 1929 estuvo involucrado en la sublevación del general
Rafael Gabaldon. En 1936, Agustín Gil Gil, forma parte de la junta de fomento
agrícola de El Tocuyo, con el fin de servir como intermediario de los pequeños
agricultores ante el B.A.P. (RPT. Tercer tomo. Folio 77). Fue jefe civil, inspector
general de aguas y bosques del estado Lara.
Familia Giménez
Los hermanos Giménez: Ezequiel, Juan y Rafael fueron de los más ricos de El
Tocuyo, encabezados por Ezequiel Giménez, quien luego se asociaría con sus
sobrinos, hijos de Juan. Juan Giménez estuvo casado con Carolina Anzola (hija de
Miguel Anzola y Elisa Acuña), y fueron padres, entre otros de: José, abogado,
casado con su prima Manuela Anzola, Placido, casado, Juan de la Cruz, casó con
Luisa Elena Tamayo, Gualberto, María, casó con Rafael Álvarez (ver familia
Álvarez), Trina, Carolina, casó con Rafael Garmendia, padres de Matilde
Garmendia, que casó con Martin Rueda, de Rafael José Garmendia, casado, de
Carmen Garmendia, quien se casó con Carlos Suárez. (Perera, 1967: 118).
203
En 1910, Cornelia Dugarte vende a José María Giménez, por Bs.2.000, fundo en
Barbacoa (RPT. Primer Trimestre. No. 42, Folio 26). Alcibíades Olavarrieta vende
a Hermanos Giménez, por Bs.9.000, El Guamal, en Anzoátegui (RPT. Primer
trimestre. Folio 79). La compró a los Hermanos Giménez en 1914, pero por no
pagar cuota la devolvió sin reclamar ninguna indemnización, vende plantación y
bienhechurías a Víctor Guédez, quien luego compraría el terreno a Hermanos
Giménez.
204
Giménez Vende a Derecho hacienda 50.000 N. 56, F.
Anzola Trina Giménez de caña El Arco que 71, T.I
Anzola Plácido era herencia de
Juan B. Yánez.
Bolívar
Familia Colmenares
A pesar de que el apellido Colmenares es de los mas antiguos y comunes de El
Tocuyo, no es hasta los años veinte del siglo pasado cuando aparece como parte
de las familias élites tocuyanas. Crispiniano Colmenares fue hasta comienzo de
los años veinte un humilde comerciante. Estudio la primera escuela con don Juan
Bautista Peraza, padre de su futura esposa María Magdalena Peraza, con la que
se casa el 19 de mayo de 1915 (Archivo Arzobispal de Barquisimeto. Libro
matrimoniales. 1890 -1915. Folio 210). Fue amante del teatro, la opera y zarzuela,
pero también era apasionado del tamunangue, los gallos, los toros coleados y el
juego de baraja (La Hermandad. Año Nº. II, Octubre de 1963 Nº. 15).
205
Colmenares tiene su primera experiencia como hacendado cuando compra una
hacienda de café, junto a su hermano, en 1920. Estos hermanos constituyen
Comercial La Colombina. Sus padres fueron Rosaura Escalona y Juan Pablo
Colmenares, este último fue hijo natural de José Pío Tamayo Canelón (padre de
los Tamayo Pérez). Los hermanos de Crispiniano eran Juan de Jesús y Rafael
Colmenares. En 1922, José Crispiniano rompe la unión comercial que tenía con
sus hermanos tanto en la Colombina como en el negocio La Sirena. Luego
acompaña al poderoso general tocuyano Vicencio Pérez Soto en funciones
públicas en el estado Bolívar y en el Zulia. En 1929 compra su primera hacienda
de caña: San José, en 1930 hacienda La Concepción, en 1933 La Estrella y en
1947 Buenos Aires.
206
poderoso gobernador del rico estado petrolero y quien además era compadre de
Crispiniano Colmenares, simplemente le financió a este último la compra del
fundo. Algo similar nos conseguiremos en 1930, con la venta de Villa Carmen que
Ramón Castejón hace a Pérez Soto, Diego Lozada y al Dr. Gualberto Garmendia.
Luego Diego Lozada y Gualberto Garmendia cancelaron deuda a Pérez Soto, tal
como había ocurrido anteriormente con Crispiniano Colmenares, Pérez Soto se
convertía en el financiador (Folio 57, cuarto trimestre):
El General Pérez Soto ha sido uno de los tocuyanos que más ha ocupado
instancias de poder político a nivel nacional, llegando a ser presidente de varios
estados del país y uno de los hombres que más firmemente a la muerte de Gómez
pudo haber ocupado la Presidencia de la República, sin embargo sobre su vida es
muy poco lo que se conoce, ya que al igual que otros hombres fieles al
gomecismo la historia oficial escrita en los períodos democráticos los han borrado,
etiquetándolos a todos como “lacayos de la dictadura”. Vicencio Pérez Soto ha
207
sido acusado de amasar- junto a su entorno íntimo- una fortuna económica,
asimismo, hay quienes lo señalan como un hombre extremadamente fuerte y
malvado.
Pérez Soto nació accidentalmente en Barquisimeto, en el año 1883, pero tanto sus
padres, José Vicencio Pérez como Rosa Herminia Soto, eran oriundos de El
Tocuyo y en esta ciudad viviría su infancia y juventud y con ella mantuvo un
contacto permanente hasta el día de su muerte. Pérez Soto comenzó sus primeros
estudios bajo la dirección de Juan Bautista Peraza y para 1897 estaba inscrito en
el Colegio La Concordia, estudios que no culminó por iniciarse en la actividad
militar bajo las órdenes del general Juan Evangelista Bravo y Juan Gregorio
Guédez, ambos viejos combatientes de la Guerra Federal, de la cual su propio
padre formó parte.
Para 1907, ante el alzamiento del valeroso y temido General Rafael Montilla en las
montañas de Guaitó, Pérez Soto se encontraba como jefe civil en El Tocuyo y por
su contribución en la derrota del “León Trujillano”, Cipriano Castro le otorga el
titulo de general. Esta acción contra Montilla, para cuya derrota fue necesario un
gran contingente dirigido por el propio presidente del estado, la llevaría Pérez Soto
por siempre como una de las mayores credenciales de su carrera militar. Sobre
Montilla, el propio Pérez Soto reconoce se astucia y valentía.
208
En 1911, Pérez Soto se desempeñó como jefe civil en el municipio Tovar, en
Mérida, luego fue presidente de ese estado, en 1913 es jefe civil de Puerto
Cabello y este mismo año es comisionado por el general Gómez para trasladarse
a El Tocuyo en vista de estarse suscitando en esta ciudad acontecimientos lesivos
al “orden público”. En 1912, fue asesinado en una emboscada el jefe civil de esa
localidad, general Juan Evangelista Bravo, con quien lo unía lazos de amistad,
igual le sucede al General José Antonio Oropeza (acusado de la muerte del
primero).
Para 1915, se desempeña Pérez Soto como presidente del estado Apure, allí le
toca enfrentarse a los primeros movimientos organizados por Arévalo Cedeño y el
temible Funes en “Río Negro”. A principios de los años veinte es presidente del
estado Bolívar, luego en 1924 de Trujillo hasta que en los últimos nueve años de
la dictadura gomecista es presidente del estado Zulia, allí, junto a la violencia y
represión, hizo frente a las desmedidas ambiciones de las compañías petroleras.
209
Años después regresaría nuevamente a su suelo nativo, si bien no volvió a ocupar
cargos públicos si ocupó importante papel en los acontecimientos de la región
larense, como los fueron los relacionados con el Cuatricentenario de El Tocuyo.
Allí se compromete a financiar la reconstrucción del Templo Santa Ana, además
dio en donación la casa que más tarde funcionaría como comedor escolar. Su
muerte se produce el año de 1955.
Demostrando lo que era la crisis, Heriberto Tamayo hasta entonces el más rico
hacendado del valle tocuyano, hipoteca sus más importantes fundos a partir de
1930, como fue el caso de La Estrella. En ese mismo año Heriberto Tamayo
vende dichas fincas a Crispiniano Colmenares. En el siguiente cuadro hacemos
referencia a algunas de las transacciones de préstamos en la que tuvo involucrado
Crispiniano Colmenares.
210
Deudor Acreedor Monto Fianza Folio Observación
José Bs.2.000
Crispiniano
Colmenares
211
Herederos Rafael E. Bs 5.000. Las 321 3er Esta deuda se
de Juan Tovar Quebraditas tt. 1932 la traspasó
Bautista Bs.3.400 José C.
Mendoza Colmenares.
212
de la Asamblea Legislativa del estado Lara. Fundador del Central Los Palmares en
1937. Este Central tuvo entre sus presidentes a: José Manuel Colmenares,
Federico Ramos, Carlos Ruiz, Rafael Mendoza, Carlos Garmendia y el Ing.
Agrónomo Crispiniano Colmenares (su hijo). En 1951, se produce una explosión
en las calderas que los destruyó totalmente, pero es reconstruido en dos meses,
hasta que es clausurado en febrero de 1954, cuando se da inicio al Central
Tocuyo. Sus hijos fueron: José Rafael, Reina María, Magdalena, Crispiniano
(ingeniero agrónomo), Vicencio (general del ejército) y Teresita. Muere el 25 de
octubre de 1948.
Nueva generación
Familia Tovar
Familia Reinoso
213
indígenas de Humocaro Alto, en 1887, aparece una copia autentica de la escritura
de venta que otorga José de Montesinos, como albacea testamentario del
licenciado Leonardo de Reinoso, a los indígenas de la encomienda. Este
documento, del 20 de Octubre de 1729, refleja que dicha encomienda fue dividida
en los fundos la Ermita y la Palomera. Reinoso fue cura rector de la iglesia
parroquial del Espíritu Santo de Guanaguanare y su padre fue el capellán
Leonardo Reinoso, y estas posesiones la obtuvo como herencia de su hermano el
capitán Alonso Reinoso.
A igual que pasó con los esclavos que luego de liberados tomaron el apellido de
sus ex dueños, lo mismo había sucedido anteriormente con los indígenas, que al
terminar las encomiendas firmaban con el apellido de los encomenderos. Ya
desde 1838, a partir de la disposición legal (Ley de 1838) que les otorga a las
comunidades libertad para la venta de los resguardos indígenas, se encuentran
los primeros documentos de venta, como uno de 1849, donde aparece la venta
que hace Manuel Pérez Reinosos, quien se reconoce como indígena:
214
hectáreas tenía Ramón Rodríguez, Francisco y Carlos Gil García, Napoleón y
León Reinoso en El Molino. (RPT, Libro de Arrendamiento de ejidos, 1922 –
1930). En 1936, Reyes, Sara y Hermelinda Reinoso le venden a Napoleón
Reinoso hacienda Berlín en Anzoátegui, por 120.000 bolívares. Esta finca, desde
1875, pertenecía a los Reinoso y en 1943 se la vendieron a Rafael García (RPT,
folio 55, primer trimestre).
Familia Veracoechea
215
Félix estuvo casado con Adelina Tamayo Anzola (hija de Heriberto Tamayo) y sus
hijos fueron José Rafael, Ligia y Luisa. José Rafael Veracoechea, médico que
casó con la historiadora Ermila Troconis Tamayo, hija de Carlos Troconis Añez y
Ermila Tamayo Yépez. Dolores se casó con Pablo Yépez Garmendia y fueron
padre de Pablo Yépez Veracoechea.
Familia Escalona
Este es otro de los apellidos importantes hasta mediados del siglo XIX, que va
perdiendo importancia entre las familias élites de El Tocuyo. En 1777, en la
célebre visita del Obispo Mariano Martí al pueblo de Barbacoas (jurisdicción de El
216
Tocuyo), dice que el Corregidor Ildefonso Escalona cobra a los indios el tributo en
dinero o en especies y es dueño de las tierras inmediatas al poblado indígena.
En 1849, los fundos Santísima Trinidad de Boro y Agua Viva (este último en
Cabudare) eran de Manuel Escalona y Amalia Piñero. Para 1870, uno de los
accionistas principales de la importante casa comercial García Hermanos fue
Juvenal Escalona. Para 1932, existía varios negocios comerciales propiedad de
Escalonas: Botiquín New York era de Nicanor Escalona y Juan Bautista Escalona
y Rufino Escalona tenían posadas (RPT. Folio 21).
Familia Lucena
217
Gabriel Gil parte de la finca San José de Goajira y reconoce censos, uno de ellos
al presbítero Teófilo Lucena. José María Lucena fue hijo de Hipólito Casiano
Lucena y con Saturnina Suarez, tuvo a Rafael como hijo natural, este se casa con
Clara García. Fue gobernador del estado Lara en 1872.
La Palma tenia 789 hectáreas y 5 áreas, 129 en riego y 666 y 25 áreas secano
(poco agua) valorada a Bs 800 la hectárea para un total de 87.580 bolívares.
Total las dos fincas: 359.224 bolívares. Más derechos en Curumato por Bs 2.800
y Sabana de la Guajira Arriba por Bs.14.000. Deuda de los peones de Buenos
Aires, aparecen 37 empleados. La finca la Palma se la vende Lucena a Ezequiel y
Juan Bautista Giménez.
218
Familia Álvarez
A igual que los Oropeza y Santana, eran de origen caroreño y forman profundos
nexos parentales entre ellos, como se muestra a continuación.
José Manuel Álvarez, nació el 6 de enero de 1796, casó con María Antonia
Oropeza, y fueron padres de Luisa Ana Álvarez, quien casó con su primo Filadelfo
Oropeza, de Teresa Álvarez, casó con su primo Gabriel Oropeza, de Asunción
Álvarez, casó con su primo Grato Oropeza, de Emilia, casó con su primo Ananías
Oropeza, de Gudelio, de Juan, que casó en Tocuyo el 4 de noviembre de 1861
con su prima Adela Oropeza, de Manuela, casó con su primo Gral. Eduardo
Oropeza, de Francisco, casó con Leónidas García Meléndez, de María Antonia
que casó con su cuñado, el viudo general de la Federación D. Eduardo Oropeza y
no tuvieron hijos.
José Manuel Álvarez, casó en El Tocuyo, el 24 de mayo de 1866, con María del
Rosario Yépez, hija de Ramón Ciriaco Yépez y Manuela Santana. Padres de: 1-
Rafael Álvarez, casó con María Jiménez Anzola, padres de Rafael Ángel, de
Antonio, de Carmen María, de Juan y de Antonia Álvarez Jiménez. 2-Ramón
Álvarez Yépez, casó con Dolores Anzola, padres de Isabel Álvarez Anzola, que
casó con Rafael Ángel Torrealba, (padres éstos de Rafael, abogado, de Raúl, de
Reina Torrealba Álvarez y de otros), de Trina Álvarez Anzola. 3- Arístides Álvarez,
casó con Josefa Yusti, padres de Arístides, de Rafael, de Rosario y de Julio Pastor
Álvarez Yusti. 4- Trina Álvarez, casó con Pablo Anzola Cazorla, padres de Pablo
Segundo Anzola. 5- Arístides Álvarez, casó en El Tocuyo el 12 de febrero de 1861,
con Críspula González Álvarez, hija de Manuel María González y de María del
Rosario Álvarez (Perera, 1967: 82 – 83).
219
le hicieran a José Manuel Álvarez y en posesión La Montaña, en Curarigua (RPT.
Folios 11-12).
En 1900, José Manuel Álvarez y Rafael Álvarez le venden a Tomas Cruz Santana
hacienda en Boro, de su propiedad desde noviembre de 1898, por herencia de
Rosario Yépez de Álvarez, esposa del primero. Estos habían comprado a Gregorio
Yépez hacienda San José, antes conocida como El Naranjal, el 1 de enero de
1899.
Familia Santana
Juan Tomás Santana, hijo de Juan Tomás Santana y Ramona Yépez, hija ésta de
Ramón Ciriaco Yépez y Manuela Santana, casó con Sofía Anzola Cazorla y
tuvieron como hijos a Ana, Carmelo, José Tomás, Manuel, María y Rafael. En
1890, Isaías Lucena vende Juan Tomás Santana fundo de café La Concepción, en
Guarico, por Bs. 10.000 (RPT. Tercer Trimestre. Folio 23, Nº. 44). Heriberto
Tamayo, José Tomás Peñuela y el General Santana le venden a Tomás Antonio
Losada, por 24.000 bolívares fundo en Humocaro Bajo, el cual se lo había vendido
Losada a Heriberto Tamayo en 1895 (RPT. Segundo trimestre. Folio 7). En 1932,
Juan Tomás Santana es acreedor de hipoteca sobre fundos de Víctor M. Tamayo
y Ricardo Suarez García en Hato Arriba (RPT. Cuarto trimestre. Folio 104).
Familia Peraza
220
Manuel Yépez Peraza casó con Zoila Rosa Yépez Tamayo, padres de Manuel
José Yépez Yépez y de Rosa María Yépez Yépez, que casó con José Antonio
Peraza, hijo de Francisco Peraza y Mercedes Giménez Cazorla, padres aquellos
del sargento técnico de la Guardia Nacional Jesús Peraza Yépez, de Federico
escritor, muerto muy joven, de Antonio, pedagogo, y de Francisco, que casó con
Elba Labrador, natural del Estado Táchira.
221
En 1920, Manuel Yépez Peraza (farmaceuta) -tutor de Teodoro Yépez Peraza-
vende parte de la propiedad de la hacienda Guajira. En 1931, en el libro de
Poderes y Asuntos de Comercio (RPT. Cuarto trimestre. Folio 2) José María
Peraza, residenciado en Maracaibo, otorga Poder a J.C. Colmenares para negocio
de comercio. En 1959, Magdalena Colmenares Peraza de Ramos Suarez hipoteca
la hacienda La Otra Banda.
Familias Sequera-Cardot-Morles-Felice
222
Para 1910, entre los fundos en propiedad de esta familia tenemos: Buena Vista de
Juan Sequera Cardot, San Rafael de Enrique Cardot, Buenos Aires de Sequera
Cardot.
Carlos Cardot era natural de París e hijo de Alejandro Cardot y Luisa Lirie.
(Perera, 1967: 241-242) En 1900, Irene Yépez Losada e hijos venden a Carlos
Cardot- por Bs. 112.000- parte en El Palmar, antiguo predios Buena Vista, Apure y
San Antonio (RPT. Segundo trimestre. Folio 14). En 1909, Carlos Cardot le vende
a Heriberto Tamayo fundo El Cerrito, que le pertenecía desde 1902 (RPT. Primer
trimestre. No. 10, Folio 8).
En 1910, Carlos Cardot vende a los hermanos José Antonio y José Manuel
Tamayo Pérez fundo San José (en El Palmar). En 1915, Enrique Cardot, es uno
de los pioneros en el servicio de autos de alquiler y de la empresa de telefonía.
223
Lucena. Tuvo tres hijos: Carlota, Ana Ignacia y Sofía, la primera casada con
Jesús López y la segunda con Rafael Yépez González, la tercera murió y dejó
hijas Elvira Sofía, Sara María, Rosa Elena y María Teresa Ramos, casada con
José Ramos García. Del segundo matrimonio: Consuelo Albertina, Carlos Luís
Cardot, la primera casada con el Dr. Juan de Dios Troconis.
Sofía Trankle fue propietaria de la hacienda la Otra Banda, que su esposo Carlos
Cardot había comprado en 1906, la hacienda poseía ganados y estaba valorada
en 120.000 bolívares. Ella compró otra finca en 1923 con su nuero, José Ramos
García. Sofía Trankle de Cardot, dejó una herencia estimada en 404.000
bolívares, distribuyéndolos en una cantidad de créditos hipotecarios a Consuelo de
Troconis -esposa de Juan de Dios Troconis -y mitad de la Otra Banda Arriba. A
Carlos Luís Cardot le entregó la otra mitad de la Otra Banda Arriba. Y la Otra
Banda Abajo se la dejó a sus primeros hijos.
En 1932, Sofía Trankle de Cardot le vende a su nuero, José Ramos García, por
104.000 bolívares, derechos que tenían en la Goajira, El Potrero y El Cercado
(RPT. Folio 65). En este mismo año, José Ramos García les compra a Rafael
José Yépez y a Pablo Yépez, novena parte a cada uno de su herencia sobre el
fundo La Goajira. La Goajira era una sucesión de Pacífico Yépez Piñero y de su
señora Rosa Tamayo. Luego en 1968 Luisa Ramos de Ramos García vendió
todas estas propiedades a Sulpicio Garmendia, J.B. Colmenares y Rafael Ángel
Álvarez.
224
Colmenares Peraza de Ramos Suárez cancela la hipoteca. En 1960, Carlos
Cardot le vende la finca al Central Tocuyo y en 1969 Consuelo Cardot también
vende La Reforma a este Central azucarero.
Rafael Felice era hijo del italiano José Felice y de Emigdia Hurtado, hija ésta de
Hermenegilda Hurtado. José Felice era natural de la isla de Elba e hijo de
Pangracio Felice y Carolina Pionvini. José y María Emigdia casaron en El Tocuyo
el 27 de junio de 1861. Rafael Felice se casa con Luisa Cardot, hija ésta del
francés Carlos Cardot y de Braulia García, hija ésta de Hilarión García y Asunción
Godoy. Son padres de Carlos Felice Cardot, farmacéutico graduado en la
Universidad de Los andes y abogado de la Universidad Central. Individuo de
Número de la Academia Nacional de la Historia, quien se casa con Mercedes
Elena Castillo.
Ana Ignacia Cardot estuvo casada con Rafael Yépez González. En 1960, L.A.
Tamayo traspasa a Luisa Cardot de Felice (viuda), residente en Barquisimeto, dos
créditos que tiene a herederos de Humberto Felice, sobre hipoteca de hacienda
Las Charcas por Bs. 40.000 (RPT. N55, F134, T1). Luisa Emilia Felice de Sequera
(viuda) vende derechos a Rosa Yépez de Sequera Cardot en Yogore, Bueno
Aires, y parte de Curumato. En 1973, éstos venden a Pérez Pérez, a Pérez
Sánchez y a Carlos Sequera Yépez (RPT. N59, F114, T1). Yolanda Ruiz de Felice
(viuda de Humberto Felice Yánez, muerto en 1957) vende al Central Tocuyo
hacienda Las Charcas y Las Manzanitas (compradas en 1952) por Bs. 800.000
(RPT. F140, N57, T1).
Familia Saldivia
Según el señor Samuel Saldivia (entrevistado el 20 de enero del 2000), el primero
de los Saldivia que llegó a Guarico -a finales del siglo XIX-fue Antonio Saldivia,
quien trajo a don Juan Saldivia, tío de Samuel Saldivia, cuyo verdadero apellido
era El Cure. Miguel Esmeja llegó a principio del siglo XX, fue padre de Carlos
225
Moor. El verdadero apellido de Antonio Saldivia era Esliba. Antonio Saldivia vino
con su esposa Blanca, pero esta se regresó porque no le gustó el pueblo, tuvo 6
hijos 3 varones y 3 hembras, de los cuales uno solo quedó en Guarico: Miguel
Saldivia.
En 1927, Jorge Saldivia vende fundo La Vega a José Garmendia Rodríguez por
180.000 bolívares (RPT. Tomo 1. No. 65. Folio 108 al 114). En 1930, José
Crispiniano Colmenares, quien aparece en el Registro como comerciante
residenciado en Maracaibo, compra a Antonio Saldivia, por 150.000 bolívares, el
fundo La Concepción, que había sido de Sara Ramos García hasta 1924 (RPT,
226
folio 86, Serie 69). En 1932, Mayil Saldivia compra a José A. Pérez Limardo
Rancho o Potrero del Tigre (antiguo resguardo indígena) por Bs. 300 (RPT. Primer
trimestre. Folio 148). En 1950, Las Veritas eran de sucesión Marcos Saldivia.
227
Dr. Carlos
Pérez
1932 Aurelio y Rafael Nayil Saldivia 3.739 Terreno con Folio 26,
Espinoza 8.000 matas de Cuarto
café en Valle Trimestre
Hondo, por
deuda que le
tenían a
228
Saldivia desde
1929
229
devolver a
Saldivia por no
poder pagar
1933 Felipe García Dr. Simón 840 21 hectáreas en 122 2do tt.
Linares, Rafael Santa Lucia
Pérez Arango y García se
Juan Miguel quedo con una
Saldivia parte que le
había comprado
a Linares en
1925
1950
230
Hermanos
1960
231
Es solo a partir de los años 30 cuando aparecen los bancos privados y los de
gobierno como prestamistas. Préstamos que van desde los 500 bolívares, como
ejemplo la deuda que asume Cirilo Cortez con Demetrio Saldivia sobre su
plantación de café en terrenos arrendados (RPT, SP, Folio 3, cuarto trimestre), los
56.000 bolívares que, en 1931, le adeuda Maximiliano Pérez a Nayil Saldivia,
Ricardo Torres, Juan Saldivia y José Manzur, hipotecándole 300.000 árboles de
café en sus fincas Santa Marta, Las Cruces, La Cuchilla, La Puerta, San Antonio y
San Lorenzo (RPT, SP, primer trimestre, Folio 155).
En 1932, Ezequiel Aguilar entrega su fundo a los hermanos Saldivia por 12.000
bolívares de deuda (RPT. Cuarto trimestre. Folio 73) y Aurelio y Rafael Espinoza a
Nayil Saldivia por monto de 3.739 bolívares (Folio 26, cuarto trimestre) y Cantalier
Escalona por 1.738 bolívares le entrega también a los hermanos Saldivia una casa
y terreno en Guarico (RPT, SP, Folio 65, cuarto trimestre), Amis Elcure entrega a
Miguel Saldivia su fundo La Florida en Guarico por deuda de 15.900 bolívares.
Esto solo para dar algunos ejemplos y en demostración de que la crisis no afectó a
todos por igual, ya que si es verdad el comercio también decayó, los comerciantes
que se habían convertido en prestamistas en los años anteriores salieron
beneficiados al obtener bienes a muy bajo costo. A continuación, solo con carácter
demostrativo, se presentan algunas transacciones de préstamos -entre 1910-
1933- donde aparecen los Saldivia.
232
Hipotecas de Fincas 1910-1933
José Antonio León Saldivia Bs. 3.000 Fundo La 4-5 3tt. Esta finca
Oropeza Palmita en Prot. 1 perteneció a
Guarico 1920 su padre
General José
Antonio
Oropeza
Aurelio y Nayil Saldivia 3.739 Bs. Terreno de 26 4to tt. Tuvieron que
Rafael café en Valle De 1932 entregar terreno
Espinosa Hondo con hipoteca
desde 1929 con
8.000 matas de
café.
233
Hurtado matas de café habían
y otro derecho comprado
comunero en Carlos Yépez
el Avispero. Borgen y el del
Avispero a
Altagracia
Corrales de
Pérez
234
indicado veían
pagar con
café.
235
José Eulogio Hermanos Bs 9.000. Finca de 28 2do tt Entregan la
Pérez, Saldivia café de 9 1933 finca a los
Segundo y hectáreas Saldivias y en
Estanislao 1975 Luís
Fernández Saldivia vende
a Maximina
León de
Linares
236
Saldivia sobre tierra 1933
café
Según Lameda Acosta (1977), los hermanos Jorge y Félix Saldivia Gil fueron
dirigentes principales del Partido Republicano Progresista (P.R.P) de tendencia
comunista. Cuando en febrero de 1937, el presidente de la República, López
Contreras, acordó ordenar la disolución de los partidos políticos, en Lara los
únicos detenidos fueron Epifanio Pérez Pérez, Jorge Saldivia Gil y Heriberto
González Méndez, médico el primero e ingenieros los otros dos, y los tres
graduados en París y recién ingresados al país.
Jorge Saldivia nació en Humocaro Alto, el 2 de enero de 1.912. Sus padres fueron
Félix Miguel Saldivia, de origen libanés e Isabel Gil Sánchez. Sus primeros años
de educación los realizó en El Tocuyo y posteriormente se fue a vivir a
Barquisimeto para estudiar la secundaria en el Colegio La Salle. En 1.929, a raíz
del alzamiento del general José Rafael Gabaldón con el cual simpatizó, como
237
muchos de los tocuyanos de su época, su familia lo envía a Europa. Allí estuvo
hasta 1.934, año en el que concluye los requisitos académicos para ser ingeniero
arquitecto, graduado en la Escuela Especial de Trabajadores de París.
A lo largo del año 1.936, es llamado por el presidente del estado Lara, el general
José Rafael Gabaldón, para ejercer el cargo de arquitecto municipal. El Matadero
de Barquisimeto, la Casa de Gobierno de Quíbor y algunas viviendas familiares,
serían algunas de las obras que dirigió y que actualidad se mantienen.
Al año siguiente, Jorge Saldivia Gil, forma parte del grupo de dirigentes políticos
expulsados de Venezuela, por actividades ilegales e ideas comunistas. Después
de unos meses regresa a nuestro país, llamado por el partido rojo y es en 1.938
cuando es designado secretario general interino del mismo bajo el seudónimo de
Roy. Una carta suya dirigida a Carlos Irazábal en México, la cual fue interceptada
por la policía y publicada por el diario La Esfera, hizo que la Corte Suprema de
Justicia decidiera negar la legalización del Partido Democrático Venezolano. Este
hecho le costó a Saldivia Gil la destitución de su alta jerarquía dentro del Partido
Comunista de Venezuela.
238
TERCER CAPITULO: La élite tocuyana y la cultura
239
Tunja, cuyos orígenes demuestran una profunda relación entre El Tocuyo y esta
región colombiana.
La cultura en El Tocuyo
Como se ha planteado en los capítulos anteriores, El Tocuyo de fínales del siglo
XIX y principios del XX, transcurre por un cierto auge económico, producto de la
expansión de la cañicultura y la actividad cafetalera, que hace posible el acceso
pleno al mercado nacional e internacional por el ferrocarril Bolívar y los puertos
marítimos, exportando café e importando maquinarias y diversos bienes de
consumo, que irán a transformar esta cuidad tradicional. Ese auge, claro esta,
benefició principalmente a las élites, que dominaban desde la colonia no solo las
tierras y el comercio, sino también los cargos gubernamentales.
240
Este crecimiento económico trajo consecuencias en la vida cultural y política. El
Tocuyo, desde finales del siglo XIX, cuenta con el Colegio La Concordia del
“Maestro de Occidente” Egidio Montesinos, que dio luz a la mas brillante gama de
científicos e intelectuales que hicieron gala a nivel nacional. En esta misma época
surgen periódicos, clubes, teatros, cines, que dan luz a las “décadas de Oro” de la
cultura de las élites tocuyanas. Mientras esto ocurre, la situación de las grandes
mayorías es muy distinta, ya desde principio del siglo XX, los campesinos
deprimidos y explotados han manifestado su apoyo al movimiento de el general
Rafael Montilla, “El Tigre de Guaitó” y al de los hermanos Vargas, entre otros.
Hoy quizás El Tocuyo solo sea conocido a nivel nacional por su música y su
tradicional pan (acemitas tocuyanas) y quienes algo conocen de su historia sabrán
de su importancia en el pasado y por lo tanto, de algunas de sus personalidades a
las que hemos hecho mención. Pero hasta los años 30 del siglo pasado, hablar de
El Tocuyo era referirse a una de las principales ciudades del país. Tanto el arraigo
histórico como la importancia económica establecían en El Tocuyo un compromiso
por destacar en los otros escenarios.
La educación tocuyana
241
Nacionales en 1821. El Colegio Nacional de El Tocuyo (1833) era la única
institución que estaba funcionando con relativa regularidad en todo el territorio
nacional y aun así cierra sus puertas en 1869, por disposición de la Legislatura de
Barquisimeto. Con el cierre de este Colegio se transferirían sus rentas a otro con el
nombre de “Bolívar” en la ciudad de Barquisimeto, el cual nunca llego a
constituirse.
242
entre otros tantos. Quienes provenientes de diversas partes del país irían a formar
en su mayoría puestos relevantes en el acontecer nacional.
Cuando se hace referencia a los tocuyanos ilustres siempre repetimos los nombres
de los más conocidos a nivel nacional: Lisandro Alvarado, Gil Fortoul y Pío
Tamayo. Sin embargo al hacerse una pregunta ¿Quién ha sido el tocuyano más
importante?, dar respuesta no resulta fácil, ni es tampoco el papel del historiador.
Pero cuando se revisa los luminosos años de finales del siglo XIX y las primeras
tres décadas del siglo XX y se encuentra con la riqueza intelectual y científica de
esta pequeña y aislada ciudad, en todos esos años existen denominadores
comunes: la riqueza agrícola, la histórica ciudad madre de otras ciudades, pero lo
más evidente, la labor del Colegio Nacional, pero más aún del Concordia de don
Egidio Montesinos Canelón.
243
Yépez los tuvo como maestros y amigos, quienes le sembraron su amor a la
docencia.
Egidio Montesinos también dejó una obra escrita, siempre relacionada con el centro
de su vida: La enseñanza, entre ellas las: Reglas de ortografía (1.872), Tratado
elemental de aritmética práctica (1.873), Tratado de las propiedades de los cuerpos
(1.896). En 1.880, son recopilados en un libro artículos suyos, publicados en los
periódicos ¨La Caridad¨ y ¨El Ateneo¨, con el título de ¨Consejo de un padre a sus
hijos¨. Una obra que encierra la esencia del pensamiento de don Egidio y que se
convierte en lectura obligatoria en las escuelas de la región. Otros trabajos en la
244
categoría de ensayo serían: El Tiempo y la envidia, en homenaje al centenario de
José María Vargas en 1.901, igualmente otro titulado: Don Andrés Bello, también
en su centenario.
En 1.880, escribe el prólogo del primer libro de su alumno José Gil Fortoul, La
Infancia de mis musas. Uno de los primeros homenajes públicos se lo hace- en
1.898- la Sociedad Recreativa y Progresiva de El Tocuyo. Años después Lisandro
Alvarado, uno de sus más brillantes discípulos, se refiere a él de la siguiente
manera: ¨Foco de virtudes, ya públicas, ya privadas, luz del saber dechado de
benevolencia, austero sensor de la corrupción... he aquí el compendio, el hombre a
quien se le debe la moral que aún conserva este suelo... ¨
Su otro pupilo, Gil Fortoul dijo de él lo siguiente: ¨Veo su rostro todo lleno de
generosa bondad; su frente ancha y tersa donde no hubo nunca ni arruga de bajos
pensamientos ni rasgos de bajas pasiones... Si con mayor atención nos
ocupásemos de las cosas que honran verdaderamente la patria, el nombre de Don
Egidio Montesinos anduviera de boca en boca en elogios y bendiciones. ¨
245
1.925, a los doce años de su muerte, la asociación de los discípulos y admiradores
de don Egidio Montesinos (creada en 1.919), coloca una estatua en el Parque la
Concordia, frente a su antigua casa, realizada por el artista Larense Julio Arce y
fundida en bronce en Italia por el escultor Garibaldi.
Desde este último año, hasta 1924, El Tocuyo permanece sin educación
secundaria, mas no sin educación formal, pues ya desde 1908 el maestro
Francisco Suárez había logrado la instauración del Liceo Bolívar. Este gran hombre
es sin duda el continuador de la obra educativa de Egidio Montesinos. Don Pancho
Suárez, como cariñosamente fue llamado por sus contemporáneos, nació en El
Tocuyo el 10 de octubre de 1876, siendo hijo de Jesús María Suárez y Engracia
Aguilar, los cuales murieron estando éste en muy corta edad. Sus primeros años de
educación estuvieron a cargo de su tía Rosa Suárez y del Sacerdote Dr. José
Antonio Lucena Morles, quien lo inscribió en el Colegio La Concordia, del cual
egresó en 1897.
246
otros. Sin haber sido nunca un activista político, llegó a ser dos veces presidente
del concejo municipal, administrador de rentas y del registro subalterno, síndico y
juez del municipio Bolívar. Francisco Suarez estuvo casado con francisca Yánez,
de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos: Ester María, Carmen Luisa, Carlos
Ernesto, y Blanca Rosa.
Este auge educativo iba acompañado del auge cultural, que hizo posible que en
los primeros veinte años del siglo XX llegaran a existir cuarenta periódicos, que en
la calle Comercio existieran más de veinte casas con pianos, que fuera
asiduamente visitada por intelectuales y artistas nacionales e internacionales. De
El Tocuyo es el primer abogado civil de Venezuela, Tomás Gil Yépez, también el
primer profesor de música de la hoy Universidad Central de Venezuela, Francisco
Pérez Camacho, allí nace una de las primeras escuelas de pintura, conocida
gracias a la obra del artista anónimo conocido como: “El Pintor de El Tocuyo” y
que tuvo en Ezequiel Giménez, Octavio Alvarado, Trino Orozco, Che María
Giménez y Ángel Hurtado, una continuidad histórica. Músicos como Saturnino
Rodríguez, José Ángel Rodríguez López, los hermanos Napoleón y Juancho
Lucena, Pablo Canela, son solo algunos de los que mas han destacados. Así
como innumerables representantes de nuestra música folklórica (el golpe tocuyano
y el tamunangue) hoy reconocida a nivel nacional.
Lamentablemente, la crisis de los años 30, la caída de los precios del café y la
caña de azúcar y la dependencia de estos productos, el castigo por el
protagonismo político manifiesto en los continuos movimientos y sublevaciones, el
aislamiento de El Tocuyo luego que se construyó la carretera transandina por
247
Carora, produjeron una profunda parálisis económica y cultural, que llega a su
clímax con el terremoto del año 1950.
La prensa tocuyana
La prensa fue para los tocuyanos, de finales del siglo XIX y primeras décadas del
XX, una especie de “vía alternativa” para el desarrollo de las letras, la literatura y
la forma de dejar constancia de una vida urbana. Los principales periódicos
existentes podían tener una cierta tendencia (económica como la de El Arado, o
La Torcaz, literaria-cultural como “El Tocuyo”, o diversos tópicos como El Radical)
sin embargo, toda reflejan la vida de una parte de la población asentada en el
casco urbano, por cuanto que la vida del campo, no aparece sino de forma
marginal, aún cuando el piso económico-social de este conglomerado es la
actividad agrícola.
248
Pueblo que no lee, es pueblo abyecto y mísero… estancado como agua
fangosa de las ciénagas...”. “La prensa hace la vida de los pueblo,
llevando a su alma la sagrada comunión de la idea y tejiendo en su
espíritu, un maridaje artístico, amor, ideales y esperanzas que alientan
para la vida y sirven de incentivo formidable para la lucha. (El Radical.
15 de junio de 1905).
En una época donde, por un lado, existían grandes dificultades para expresar el
pensamiento individual o colectivo, debido a la situación de supresión de derechos
civiles políticos y por el otro, existían severas restricciones en la adquisición
bibliográfica y de acceso a la educación formal. En tal sentido, la prensa fue la
única forma de poder mostrar, aunque fuera de manera parcial, la existencia y la
vida de una sociedad, las de las élites.
249
Existen algunas manifestaciones que nos permiten afirmar que a partir de los años
70 del siglo XIX, hay una maduración cultural en El Tocuyo, que se evidencia con
el surgimiento de asociaciones culturales, clubes, peñas y periódicos. Sin lugar a
dudas la actividad periodística en El Tocuyo es reflejo de una época donde las
manifestaciones de las inquietudes intelectuales cobraron vida y las ideologías
comenzaron a ser definidas y manifestadas a través del medio impreso. En ese
sentido, El Tocuyo tuvo una importancia sin precedente en la región por sus
publicaciones periódicas.
Siempre se pensó que el primer periódico tocuyano fue el “Aura Juvenil”, en 1878,
con la llegada de la primera imprenta a la ciudad, sin embargo, a pesar de tenerse
poco conocimiento, si era dudoso suponer que habiendo aparecido el primer
periódico larense (El Barquisimetano) en , y siendo El Tocuyo la segunda ciudad
en importancia del estado Lara no hubiese surgido ningún órgano periodístico en
dicho período, por ello Carlos Felice Cardot y Silva Uzcátegui señalan que en
Valencia, en el año 1839, se edita el primer periódico tocuyano titulado Boletín de
El Tocuyo, redactado por Andrés Oropeza. También se conoce que en 1877, se
publicó en Barquisimeto otro periódico tocuyano llamado “La Concordia”,
redactado por José Jiménez y Lisandro Alvarado, en honor al Colegio del maestro
Egidio Montesinos.
250
miembros destacaron el general José Espiritusantos Gil (Pelón Gil; padre de Gil
Fortoul) y el intelectual Carlos Liscano. Este club trae la primera imprenta a El
Tocuyo, y publica el periódico “El Aura Juvenil”, redactado por los aun estudiantes
del Colegio La Concordia: José Gil Fortoul y Lisandro Alvarado, dedicado a la
literatura pero también a los problemas sociales y políticos.
En esta misma imprenta, se publicó “El Progreso”, dirigido por el Pelón Gil, cuyo
fin era atacar a sus enemigos políticos. Debido a que las publicaciones molestaron
a los jefes políticos de la época, la imprenta fue robada y lanzada a una quebrada,
de donde fue rescatada por los hermanos Colmenares. Luego vendría “El
Ciudadano”, redactado por José Gil Fortoul, “El Tocuyano” (1882) de José Benito
Hurtado, quien era un profundo conocedor de los asuntos jurídicos. La
presentación de este periódico se hizo con la siguiente nota editorial.
En 1881, el sacerdote José M Pérez Limardo publica ”El Año Nuevo“; luego
vendrían “El Antruejo”, “El Caracol”, “La Idea” (1883), éste último fue el primer
diario publicado en el estado Lara, redactado por el poeta tocuyano Hilario Luna y
Luna (hijo de ex esclavos, fue abogado, político y poeta) y Leandro Colmenarez;
”El Eco”(1885) de Rafael Chirinos. En 1889, J.A. Pérez Limardo dirige “El Rayo
Azul”; “El Tiempo” (1891) de Carlos Cardot; ”La Cartera”, (1893), publicada por
José Ángel y Rafael Rodríguez López, J. A. Pérez Limardo y Antonio Crespo
251
Gutiérrez; Gelacio Rivero, emulando lo que fue el periódico de Antonio Leocadio
Guzmán, edita “El Venezolano” (1891). Luego vendría “El Escenógrafo”, publicado
por Virgilio Arráez en 1894; “El Ideal” de la Sociedad de Amigos, fundada en 1892.
Muchos de estos periódicos tenían un claro sentido político, entre los liberales y
los conservadores, como se evidencia en la “Divisa Liberal“, de J. Pérez
Veracoechea, a fínales del siglo XIX. Otros de la misma época y de carácter
humanístico fueron: “El Grillo”, “El Murciélago”, “El Pigmeo”, “La Pulga”. En 1895,
Eutropio Vidal publica “El Andino”, un año después Manuel Pérez Aranguibel
publica “Travesuras”.
252
país, hemos pedido ya al exterior todo cuanto es necesario para lograr
nuestro objeto. Mientras tanto, trabajamos con los elementos de que
actualmente disponemos, garantizando, eso sí, la nitidez i perfección en
los encargos que se confían a nuestra dirección. El nombre del
establecimiento es: TIPOGRAFÍA DE LA TORCAZ i está al servicio del
público desde esta fecha.
Más adelante agrega:
Nuestra empresa cuenta además, con todo lo necesario en el ramo,
como papeles finos para cartas, sobres de todos tamaños, tarjetas
surtidas, cromos para bautizo, materiales para talonarios, etc, Tan
pronto como recibamos los efectos encargados al exterior,
publicaremos un catálogo que haremos circular profusamente entre
nuestros relacionados a quienes mui particularmente ofrecemos nuestro
taller tipográfico contándolos de antemano, entre los favorecedores de
la nueva empresa. Con nuestros votos por su prosperidad nos es grato
suscribirnos. Sus atentos servidores i amigos, Miguel Tamayo é hijos.
(La Torcaz. Julio 1° de 1915. No. 219)
253
Luchador”, posteriormente aparecería ”El Tocuyo” de los hermanos Losada (1921-
1929), que fue uno de los mejores periódicos que ha tenido la ciudad, publicado
en la tipografía “El Comercio”, contando con una moderna máquina, cuyos
propietarios fueron los propios Losada, Napoleón Reinoso, Agustín Gil, Carlos
Sequera Cardot y Antonio Tovar Pérez. “Eco Juvenil”, periódico literario dominical,
publicado también en la tipografía “El Comercio”. La Sociedad Patriótica General
Trinidad Morán creó un órgano llamado “Ayacucho”, cuyo objetivo
fundamentalmente fue defender la figura del héroe. Así mismo, el centro de
estudiantes del Colegio Federal creó, en 1929, la revista “Luz”, para divulgar la
cultura tocuyana.
En las décadas de los cuarenta y los cincuenta aparecen otros periódicos como
“El Cardón” de Pablo Rivero Rojas y José Asuaje;”Idea”, redactado por Marco
254
Tulio Bruni Celli; “El Tamunangue” de Federico Peraza Yépez y Beltrán Bravo.
Anteriormente, en 1926, aparece la revista Quincena Literaria de gran renombre a
nivel nacional pero que tuvo varias etapas, en una primera dirigida por Alcides
Losada y Roberto Montesinos y luego, una segunda, encabezada por Virgilio
Crespo González y Antonio Crespo Meléndez, en los años cuarenta la dirige
Roberto Montesinos y Federico Peraza Yépez. Pocos años después la edita el
poeta Montesinos y Hernán Garmendia y en la década de los setenta es relanzada
por Rafael Montes de Oca Martínez.
255
aquí, han engrosado las filas de nuestros lectores para este mes los
señores Cnel. Pedro Gutiérrez P., Luís González O., Antonio
Colmenares, Rafael Lucena, Agapito Pérez Cordero, Ventura Aguilar,
Jorge Linares, Gregorio González, Antonio Yépes Cantillo, Pedro
Márquez y Fortunato Yépes Yépes. (El Tocuyo 2 de abril de 1922. nº.
49. año: i)
“El Tocuyo”, se convirtió en una referencia obligatoria en el mundo de las letras,
impulsada por una élite social, y se dedicó amplios espacios a la defensa de la
actividad periodística en el ámbito nacional. Se celebraba o se repudiaba con
fuerza la apertura o el cierre de cualquier empresa de esta índole, pues el
periodismo era considerado como el “orientador en las actividades mundiales”
símbolo del progreso y las letras, manifestación de “civilización”. Desde esta
localidad se defendía la actividad periodística, no solo como profesión –tal como lo
hemos visto anteriormente- sino como ejercicio en las otras regiones, tal como
ocurrió en el contexto del cierre del Diario de Carora.
256
de los lectores que pagan la suscripción – después con los avisos y
reclamos del comercio y de la industria. Por varios años, mejor, varios
lustros, la empresa de El Diario – a cuyo frente se ha encontrado
valientemente el señor José Herrera- parecían vivir vida segura.
Todos creíamos en la minoría analfabeta del distrito Torres y en su
prosperidad industrial. Pensábamos: desde luego que El Diario se
sostiene y pelecha es porque en Carora hay un núcleo numeroso que
lee y lo paga y un comercio que avisa porque hace buenos negocios, en
fin, en Carora, hay vida espiritual y material.
Esas, claro está, son las consideraciones que hacemos de la localidad
donde se edita un diario, una revista, un libro.
257
Estos productos (modas, alimentos, vestidos, cine, entre otros), que se
promocionaban en la prensa, y los traídos por los viajeros o los inmigrantes
europeos y luego norteamericanos, transformarían parte de la cultura agraria,
vinculada directamente a la producción de la tierra, en una cultura urbana
cosmopolita, de un significativo consumo mercantil, que pretende modelar e imitar
las culturas, modos de vida y el pensamiento de las grandes urbes mundiales.
La literatura y la poesía
258
Todas estas inquietudes intelectuales llevaron a personas como Pío Tamayo,
Robeto Montesinos, los hermanos Losada, Rafael Elías Rodríguez, Agustín Gil y
al curazoleño Ernesto Nordohof, a crear a finales de 1917, un centro literario
conocido como “El Tonel de Diógenes¨, donde además de leer a los poetas
vanguardistas de la época, como Baudelaire, Rubén Darío, entre otros, los
conocidos poetas ¨malditos¨, cuyo estilo era contrario al puritanismo de la
Venezuela de la época.
259
abogado y hacendado Gabriel Gil) y Rafael Elías Rodríguez, quien
lamentablemente muere joven.
La mayoría de los textos de lectura fueron llevados desde Barquisimeto por Pío
Tamayo, quién visitaba con frecuencia esta ciudad. Constantemente llegaban a la
ciudad libros de diversos títulos, sobretodo los de literatura latinoamericana, de
Colombia, Cuba y Europa, destacando Rubén Darío, Neruda y Cervantes. Es así
como en el mismo año de 1917, los inquietos poetas Roberto Montesinos, Pío
Tamayo y Alcides Losada, los tres con reconocido pensamiento político vinculado
a la izquierda, (estos dos últimos encarcelados y luego muertos por el régimen
gomecista) crean una revista literaria con el sugestivo nombre de “Renacimiento”.
Sin embargo, las otras manifestaciones artísticas como la música (aun siendo
nuestra características culturales predominantes) y pintura –exceptuando el cine y
el teatro- sólo contaban con algunos espacios temporales en clubes y
espectáculos públicos, pero no fue obstáculo para el desarrollo de esos géneros,
aportando hasta hoy la mayoría de ellos al acervo cultural del estado Lara. No
obstante, debe reiterarse que la totalidad de las manifestaciones culturales, que
aparecen reflejadas en la prensa, son los de un sector de la población que por sus
condiciones sociales e históricas tenían acceso a ésta.
Algunos de estos artistas eran parte de las élites económicas, pero habían otros
que no tenían riquezas, y vivían de sus habilidades o se dedicaban a asuntos
260
disimiles (pequeños comerciantes, empleados, docentes, entre otros).La inquietud
sobre la situación artística de El Tocuyo fue sintetizada en un artículo en el
periódico de este mismo nombre de la siguiente manera:
261
que acompañar sus actividades musicales con el trabajo en la Casa Comercial
Calderón e hijos. Desde entonces conoce y hace entrañable amistad con Miguel
Antonio Guerra, comerciante y músico yaracuyano, fundador de la Orquesta
Mavare en 1898, ésta sería su escuela y éste su maestro. Con apenas 25 años
(1915) se encargó de la dirección de esta orquesta hasta la fecha de su muerte en
1971. Además del director era el clarinetista principal, sus jóvenes hermanos,
Belisario y Juancho, tocaban el bajo, el primero; y el violín y el contrabajo el
segundo. Fue también subdirector y profesor de la Escuela de Música del estado
Lara y entre sus composiciones más destacadas se encuentran el bambuco
¨Endrina ¨, el vals ¨Alma que gime¨, entre otras.
Con apenas ocho años, Hildebrando debe dejar los estudios escolares y
comienza a trabajar la tipografía junto a su padrino el sacerdote Leandro
Colmenares. En 1.911, estudia telegrafía en la cual se desempeña hasta 1.914,
cuando sirve como subteniente en Tovar - Edo. Mérida. De regreso nuevamente a
El Tocuyo, en 1.915, se desempeña como chofer profesional, siendo de los
primeros dedicados a esta faena en la ciudad. En 1.925 es maquinista de la
planta eléctrica de El Tocuyo y de Guarico, en 1.938 se desempeña como
segundo escribiente de la jefatura civil. Desde 1.941 a 1947 fue Inspector del
262
acueducto de la ciudad y desde 1.947 hasta 1.964 se desempeña como tesorero
municipal hasta que al fin, a los 71 años es jubilado con 400 bolívares de pensión,
las cuales poco le alcanzaron para sobrevivir, hasta el día de su muerte el 5 de
Junio de 1.967. Tan difícil fue su existencia que como él mismo lo expresó tuvo
que vender todos sus instrumentos musicales; lo último fue el piano, del cual le
dolió mucho desprenderse.
Desde 1.915 y hasta 1.957, fue corista de las Iglesias San Francisco y
Concepción. Entre sus composiciones más importantes están sus valses
¨Romelia¨, ¨Sueño de Amor¨, ¨Rosarito¨, ¨Adiós¨, ¨Fiesta en mi Barrio¨, ¨Triste
Ausencia¨, con letra de Pablo Villegas, ¨Páginas de Álbum¨, ¨Sombras¨, ¨Vivir
Llorando¨, ¨Un Amor que se va¨, letra de Alcides Lozada, entre otras tantas.
Grabó el tango ¨Antonieta¨ del compositor trujillano M. Mejias, a solicitud de
Vicencio Pérez Soto, el entonces presidente de ese estado. Se sabe que
Hildebrando grabó el mismo con instrumentos rudimentarios varios rollos para
pianola, otra habilidad que evidenció las cualidades de este músico tocuyano.
263
del Colegio “San José de Tarbes” de Caracas, donde aprendería sobre la cultura
greco-latina y de los más destacados escritores del siglo XIX y principios del XX,
además de los idiomas francés y español. Junto a los conocimientos de bordado,
música, literatura, pintura, artes culinarias, organizaba con frecuencia las llamadas
“veladas literarias”, en donde hacía de libretista, directora, coreógrafa, y hasta de
actriz, si el caso lo ameritaba.
Según el profesor Yépez:” físicamente era una mujer normal de tez blanca, cabello
negro, cara ovalada, con una melancolía en su mirar. De gran calor humano, trato
delicado y una sensibilidad manifiesta para las artes”.
264
Pero a la par de la compositora existía la escritora, que publicaba sus artículos en
el semanario que dirigía el bachiller Agustín Gil Gil, con el seudónimo de “Diana”.
Al respecto opina Francisco Tamayo: “en sus artículos de elegante prosa atacaba
los convencionalismos y las trabas que mantenían estancado el cabal
desenvolvimiento intelectual y social de la mujer en nuestro ambiente, y
propugnaba el incremento de la cultura, el deporte y el arte como vehículo de
superación”. (Idem).
Ezequiel Giménez, desde la segunda década del siglo XX hasta llegado los años
cuarenta, es el artista que más destaca, hasta que surgen los representantes de lo
que hemos llamado la “generación del cuatricentenario” (1945): Octavio Alvarado,
José María Giménez, Trino Orozco y Ángel Hurtado. Sin embargo, le tocó
desarrollar su actividad en un contexto en el que aún no se valoraba el arte
pictórico.
Ezequiel Giménez fue además de pintor, escultor, usó el yeso, la madera, el vidrio,
mosaico, entre otros elementos. En donde, además, ofrecía los servicios como
265
decorador de interiores y fabricante de los primeros avisos luminosos, de lápidas
mortuorias, así como uno de los iniciadores del grabado en vidrio. Compartió estas
décadas iníciales del siglo XX con Octavio Alvarado, Jesús Galeno y Pablo
Vielma. Sobre estos dos últimos, a pesar de los esfuerzos realizados, es muy poco
lo que hemos podido conseguir y que nos de pista sobre sus desempeños
posteriores, sólo sabemos que eran ya pintores destacados en los años 20.
“Mano –quiel”, era hijo de María de los Ángeles Giménez y tuvo entre sus
hermanos al conocido músico Altidoro Giménez, quien, además, también
incursionó en los trabajos de la escultura y la pintura y fue un renombrado
comerciante de Quíbor y El Tocuyo. Don Ezequiel muere el 27 de mayo de 1952,
dejando como viuda a Sofía de Giménez y como hijos a José María (Che María),
Marcial y a Dilia.
266
Octavio Alvarado forma parte de los pintores de la “década del cuarenta” o de la
generación del “Cuatricentenario”, ya que igual que Che María Jiménez y Ángel
Hurtado, presenta su primera exposición en el contexto de los 400 años de la
fundación de El Tocuyo, a pesar de que por su edad pertenecía a otra generación.
Fueron sus padres, Justo Alvarado y Juana Goyo, familia humilde de El Tocuyo,
donde nació en 1899, por lo que las dificultades económicas no le permitieron
dedicarse por completo a su vocación pictórica. Esta vocación que nace en él
desde muy temprano tuvo que compartirla con otras actividades,
fundamentalmente con la fotografía, que era la que más se acercaba al difícil arte
de plasmar las imágenes. Desde los 17 años trabajó como fotógrafo y vende
postales pintadas por él mismo.
267
José Ángel Rodríguez López nació en El Tocuyo, el 13 de Diciembre de 1880,
estudia sus primeras letras en la escuela privada de Félix Modesto Aranguibel,
luego sería inscrito en 1893 en el Colegio La Concordia de Egidio Montesinos. Su
condición económica no le permitió seguir los estudios y desde muy temprana edad
se encuentra trabajando como cajero y contabilista en varias casas comerciales,
entre ellas la de los hermanos Tamayo Pérez (1899) y García Hermanos (1903) y
luego por muchos años fue gerente de la compañía de luz y fuerza eléctrica. En
1916, se casa con Mercedes Suárez, de la cual enviuda en 1923 y de cuyo
matrimonio nacen Ligia y Carmen Cecilia. En 1927, contrae sus segundas nupcias
con la que sería su compañera hasta la muerte: doña Rita Tamayo Rodríguez,
hermana del poeta Pío Tamayo. De este matrimonio nacieron Antonio, María
Teresa, Luisa Cristina, Elena y Juan. Anterior a sus dos matrimonios había tenido a
Romelia Mesa, José, Pablo y Carmen Teresa Yépez.
268
en el género romántico ¨El Beso Casto¨, letra de Alcides Lozada, ¨Los Recuerdos¨,
escrita por Ezequiel Bujanda. También creó varios himnos, entre ellos el de El
Tocuyo en su cuatricentenario, letra de Roberto Montesinos. Muere el 10 de
Septiembre de 1966.
Concursos
En 1915, se inician una serie de concursos públicos, propiciados por un grupo de
entusiastas jóvenes. La organización de un concurso de bellezas tocuyanas se
verificó en el local del Club Ideal, luego que se realizara una reunión con los
caballeros miembros de dicho club, con el propósito de tratar sobre este simpático
proyecto y establecer seguidamente las bases de su organización. Esta idea fue
acogida con entusiasmo por lo que se procedió a estudiar y nombrar una junta
organizadora, la cual quedó constituida del modo siguiente: presidente: Arturo
Tamayo, vicepresidente: José Pío Tamayo, secretario: Bartolomé Losada y
tesorero: Enrique Cardot.
Las bases del concurso fueron elaboradas por el poeta José Pío Tamayo.
269
2. La Junta Directiva del Club Ideal tiene proyectado para el domingo once
del corriente un obsequio especial que corresponda a su simpatía i
admiración por la agraciada.
3. La juventud tocuyana dará el obsequio de un magnífico sarao para la
noche del 24 del corriente.
4. La intelectualidad de El Tocuyo i Barquisimeto ofrecerá a la Reina un
hermoso álbum, el cual se le entregará luego que los obsequiantes
hayan escrito en el varias composiciones en su honor.
5. La Tipografía de La Torcaz regalará a la elegida cien finísimas tarjetas
timbradas en su taller con el nombre de la Reina i cincuenta a cada
una…
6. La Agencia Gil Blas ofrece dos magnificas obras de recreo para la
Reina i una para cada una de las dos señoritas que la sigan en número
de votos. (La Torcaz. Diciembre 1º de 1915. No. 230).
270
Tomarán parte de ellas todas las damas que quieran hacerlo. Una
pregunta curiosa. Habrá tres premios especiales, otorgados por un
Jurado que se constituirá al efecto.
Consecuentes con nuestro propósito de estimular el ingenio femenino,
aún inédito en nuestro medio, pero que sabemos es bastante rico, nos
hemos propuesto organizar una encuesta, desde el próximo número de
este periódico, especialmente para las damas de esta ciudad. Una
pregunta curiosa, a la que bondadosamente se servirán contestar ellas
de acuerdo con su modo de sentir y pensar, será el motivo de la
encuesta. Tres premios se otorgarán luego a las tres contestaciones
que, a juicio de un jurado especial compuesto por caballeros de
insospechable responsabilidad, resulten ser las mejores. Apréstense,
pues las graciosas tocuyanas a disputarse estos galardones, en franca y
gallarda lid de pensamientos e ideas. (El Tocuyo 13 de noviembre de
1921. Nº. 9. Año: I)
271
SEÑORES DIRECTORES DE EL TOCUYO: Tres cosas me encantaría
de mi novio: exquisita educación, porque ella es el freno que no doma la
violencia de las pasiones; el valor porque es una de las cualidades que
aprecia mas una mujer en su amado; y por ultimo que no sea muy adicto
a BACO, pues ese dios nefasto es casi siempre la causa de la
infelicidad de mucho matrimonios. El Tocuyo.
Djveana
272
Finalmente, el concurso representó todo un éxito en la participación de las damas
con el dominio de la escritura y lectura. Fue escogido el jurado que se encargaría
de llevar a cabo las premiaciones, lo cual paradójicamente estuvo constituido solo
por caballeros.
Los suscritos, miembros del Jurado nombrado para conocer del mérito
de las contestaciones de las señoritas Tocuyanas a la ENCUESTA
promovida para ella en EL TOCUYO por sus ilustrados directores,
redactores, reunidos hoy 22 de diciembre de 1921, han estudiado
cuidadosa y detenidamente cada una de esas contestaciones y luego de
conocer imparcialmente el justo valor de su exquisito conjunto,
resuelven unánimemente adjudicar a las tres siguientes, los premios
creados para ellas:
PRIMER PREMIO:
Lo que debe un novio hacer para complacer a su novia, es darle
pruebas de un amor puro y desinteresado, amarla por sus virtudes, y
que si ésta llega a ser la compañera de su vida, tener así conseguida la
paz del hogar. PAULINA.
SEGUNDO PREMIO:
El obsequio más valioso que un novio puede ofrecer a su novia es, a mí
entender: la elevación de su alma, su educación completa y el amor al
trabajo. Si la novia posee iguales cualidades y forman un hogar, éste
será un Edén sobre la tierra. ROSINA.
TERCER PREMIO:
Preguntan Uds, que cual de las cosas que pueda hacer un novio para
complacerme, me agradaría más? No es difícil la respuesta, porque de
las cosas que él podría hacer para complacerme, ninguna me agradaría
273
tanto como la de que dejara de ser novio para pasar a ser esposo. LEA.
(El Tocuyo 22 de diciembre de 1921. Nº. 20. Año: I).
Finalmente señala:
De aquí que la importancia de la prensa, o su influencia favorable o
funesta en la vida de los pueblos, se diafaniza en esta lógica inflexible:
274
la entidad moral del periodista. (El Tocuyo 17 de noviembre de 1921. Nº.
10. Año: I).
Si, por otra parte, retiran las suscripciones porque los revisteros no
ofrecen y calumnian , el periódico necesariamente se acabará, y seria
altamente doloroso, triste y vergonzoso para un pueblo que el periodista
al ver terminado el periódico se despida en el editorial del último
numero y diga que el periódico se acaba porque el público de ese lugar
no quiere pagar dos reales mensuales por un periódico que ha
merecido fuera el calificativo de serio, tendencioso y útil sino que exige,
ofrece pagarlo, un libelo, un pasquín difamante y ofensivo. (El Radical
20 de octubre de [Link] VI.Nº 20).
Una particularidad de las personas en ciudades pequeñas es la tendencia cultural
de prestar “excesiva atención a la vida privada” de la gente, lo cual forma parte del
entretenimiento cotidiano, por lo que la columna de Chismografía Local, dirigida
por Elías Silva, llegaba a su fin en agosto de 1905 y vino a ser sustituida por la
crónica de “Zoilo Bello”.
Los concursos realizados por los diferentes medios, sólo buscaban revitalizar la,
acción cultural, el entretenimiento y el fortalecimiento de la actividad periodística
en la región.
275
escenarios donde la élite tocuyana- y quienes sin serlo pero por sus dones
intelectuales tenían acceso a estos- convergían, no sólo para importantes
actividades sociales en pro del desarrollo de la ciudad, sino también para disfrutar
de los placeres de la conversación nocturna, acompañado del licor, la poesía y la
música.
Además, debe acotarse que el primer profesor de música del Seminario Santa
Rosa en Caracas, fue el tocuyano presbítero Francisco Pérez Camacho, quien por
más de cuarenta años, hasta su muerte en 1.725, estuvo impartiendo clases.
Para 1.874, Saturnino Rodríguez, un humilde hombre carente del sentido de la
visión, crea el primer colegio de música en El Tocuyo y luego lleva sus
enseñanzas a Quíbor y Curarigua, y tal como lo plantea Silva Uzcátegui (1.981)
este junto al maestro Torrealba de Barquisimeto fueron “... los creadores de lo
que podríamos llamar la edad de oro de la Cultura Musical de nuestra región”. (p.
184).
276
En el siglo XX, destaca la figura de José Ángel Rodríguez López. Son tantos los
músicos que han destacado en El Tocuyo, que mencionarlos a todos resulta difícil,
pero no puede dejar de mencionarse a Simón Castejón, a la Familia Bujanda,
herederos de la estirpe poética de Ezequiel Bujanda (1865-1919) y que aún siguen
destacando, Aniceto Pérez, reconocido como mejor ejecutor del cuatro que se
tenga conocimiento, Trino Gómez, Hildebrando Rodríguez, el famoso y popular “El
Gavilán Tocuyano”, Pablo Canela, entre muchos otros.
En la prensa, de principios del siglo XX, son numerosas las referencias que hacen
propios y visitantes sobre la riqueza cultural de la localidad, pero
fundamentalmente impresionaba como en esa población reducida, existían en
muchos hogares tocuyanos el piano, como un instrumento de uso cotidiano,
varias orquestas y grupos musicales que realizaban continuamente retretas en las
plazas públicas.
277
biógrafo), Daniel Canelón, Jesús Rodríguez, Rafael Colmenares, Vicente
Rodríguez hijo, Juan Bautista Gil, Juan Vega y Eladio Mendoza, total catorce
miembros, cada uno dueño de sus instrumentos. Luego se agregaron los señores
Juan Bautista Colmenares y Luís Yépez hijo. Más tarde se incorporó en la tropa
filarmónica Rafael Rodríguez, que alcanzó fama merecida como clarinetista de
ejecución perfecta y delicada y Candelario Hernández en el bombardillo. (El
Arado, 22 de junio de 1933, No. 132).
Se debe señalar que la música, la poesía y las artes plásticas fueron expuestas
por muchas personalidades de orígenes humildes, económicamente, pero esta
cualidad les permitió tener trato y ser aceptados en los círculos sociales de las
élites.
Los socios de la Sociedad Recreativa y Progresista, para el año 1895, eran los
siguientes: presidente: José Tomás Peñuela, vice-presidente: Carlos A Pérez,
secretario de Actas: J de J Veracochea, secretario de correspondencias: Carlos
Heyden, tesorero: Juan Sequera. (El Propulsor. Año 1. Mes VI Julio de 1895. No.
7). La ascensión de la nueva directiva fue realizada en fiesta privada, en casa de
la acaudalada familia Yánez, acompañada de un recital por Pedro Montesinos,
Juan José de Veracochea, Juan de la Cruz Sequera, Hilario Luna y Luna y Tomás
Peñuela.
Entre los miembros de la Sociedad Recreativa y Progresista estaban los más ricos
y poderosos hombres de negocios, haciendas y de la política tocuyana, pero
278
también hombres, que aunque sin riqueza económica, sus cualidades intelectuales
y artísticas le permitieron este privilegio. Entre los miembros estuvieron: Jesús
León Oropeza, Rafael García León, Rafael Rodríguez López, J.C. Sequera,
Gral Rafael Veracochea González, J. de J. Veracochea, Manuel A. Veracochea,
Carlos Heydem, Juan Luis Lucena Febres, Rafael Vidoza, N. Yépes Pineda, Pedro
Montesinos, Bartolomé Losada, José Antonio Montesinos, M. Rodríguez
Garmendia, Juvenal Escalona, Segundo R. García González, José Tomás Peñuela,
Clemente Echegaray, Jesús M. Canelón, Francisco Veracoechea, Dr. J. Pérez
Veracoechea, Dr. Carlos Giménez Garmendia, Pablo García Yánez, Jesús García
Yánez, Dr. Juan M. Veracoechea Briceño, José Yépes Coronado, Dr. Antonio
Zuñiga, Eduardo Cáceres, Dr. E.A Montesinos Agüero, Eugenio Halawyer, José
Vicente Osorio, José Santo Silva, Julio Montesinos, Juan B. Ramos García, José
M. Sequera, José D´Pablo Fontana, José Torres Lináres, Rafael Suarez, Marcos P.
Agüero, José Antonio Tamayo Pérez, José Manuel Tamayo Pérez, José María
Rodríguez, Dr. Ezequiel Bujanda, Dr. Carlos A. Pérez, Dr. Hipólito Lucena Morles,
Dr. Francisco María Lucena, Dr. Rafael Garmendia, Coronel E. Flores García,
Gregorio Orellana, Constantino Fuentes. (El Propulsor. Agosto 1895. Mes VI. Año
1 No. 9).
En 1921, también se crea la Sociedad Patriótica General Trinidad Morán, con el fin
de exaltar la figura de nuestro héroe epónimo. Para recabar fondos se llevaron a
cabo una serie de actividades entre ellas la realización de veladas artísticas en el
teatro municipal y de manera gratuita también realizaba retretas públicas:
279
concurrida, y en la noche se llevó a cabo un improvisado pero lucido
baile en el hogar de la Señora Doña Sofía de Tamayo Pérez. (El
Tocuyo 22 de diciembre de 1921. Nº. 20. Año: I)
En el Tocuyo, a fines del siglo XIX y primeras décadas del XX, eran múltiples las
formas de entretenimiento que se inventaba la población, a fin de hacer la vida
pueblerina menos monótona, y también como una forma de imitar las grandes
urbes europeas. Esto se reflejó no sólo en las actividades tales como: operas,
saraos, retretas, intercambios literarios, carnavales, clubes, sino también en los
tipos de consumo.
280
Tamayo manifiesta, que en esa época El Tocuyo vivía su época de esplendor y,
que lejos habían quedado los días de tristeza y de aburrimiento de los jóvenes
bajo los árboles escuchando los valses en la pintoresca Alameda Lara, los días
del año 1915, ya no eran aquellos donde privaba el “alejamiento social de increíble
neurastenia, en que parecía que una atmósfera de plomo pesaba sobre la pobre
ciudad desierta y también sobre nuestros corazones.”. (La Torcaz 15 de enero
1915 Nº 210).
281
vecinos en una palabra, de vida social, exquisita i agradable. (La
Torcaz, julio 1º de 1916 No. 244).
Las noches bohemias vivieron cambios a comienzos del siglo XX, cuando el
fonógrafo, la victrola y luego la radio con la luz eléctrica dieron vida a noches
mucho más ruidosas pero quizás menos atractivas para el amante de los misterios
de la noche. Bajo la luz de los faroles mortecinos, cuántos cuentos, historias y
leyendas se tejieron y más aun ante la ausencia de luz eléctrica, en una población
que- hasta 1925- no gozó de este servicio.
En las revisiones hemerográficas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX,
la élite de la población disfrutaban del vino Fron Sac, Brandy Hennesy, Vino
Glorias, Ron Glorias, de los cigarros marca Legitimidad, Marinos, Good Luck,
Elegante, Fama de Cuba, Golfero, Venezuela, Combate, cuyos precios estaban
alrededor de los cuatro reales la docena. Existía la Cerveza Nacional cuya caja de
treinta y seis unidades tenía un valor de 32 bolívares, Cervezas Turborg,
282
Centenaria, Maracaibo, Caracas; en los años treinta aparece Cerveza El Águila y
la Cerveza La Princesa.
Entre los bares y botiquines más frecuentados tenemos: El Caracas, del señor
David Yépez, Zeppelín de Manuel Ramos García, El Payaso de Juan Pablo
Rivera. Estos dos últimos de 1915. Botiquín Morán de Pedro Ramos Ruiz, La Flor
de Lara, Nueva York, mudado en los años 20 para el sector de Santa Ana,
propiedad de Nicanor Escalona, luego fue de Pedro Antonio Losada y este lo
vende a Víctor Manuel Colmenares. Botiquín y Bodega Chocolate, frente a la
Plaza la Concepción. En 1920 se inauguró el Bar Júpiter de Pío Tamayo. Entre
283
los restaurantes tenemos: La India, La Estrella Fija y El Caballo Blanco de Ángel
María Giménez, en la calle Junín frente a la casa del señor Manuel García. Para
los más acaudalados existió el Tearrum América de Ramón Lucena, ubicado
primeramente al lado del cine Carvajal y después del terremoto de 1950, frente a
la iglesia San Francisco.
Quienes hicieron vida en El Tocuyo antes de los años cincuenta, recordarán el Bar
Continental, donde estuvo hasta hace poco tiempo la reconocida bodega de
Pacífico Yépez. Los Caracas de José Báez, Los Curarigueños frente al puente
Barrera, El Siempre Igual de Wensa Perez. Estos tres últimos son de los
establecimientos más antiguos aun existentes en El Tocuyo.
“A fin de dar cabida al enorme surtido que esta al recibir para las
pascuas, ofrece a su clientela, a precios de quemazón, los siguientes
artículos: vinos de todas clases, pastillas perfumadas para la boca,
especialidad para los enamorados y para que se entretengan las viejas
mientras los novios conversan, mantequilla de Bs. 4 a 3, brandy en litros
medio litros y octavos, Ponche Crema en litros y medios litros, ginebra
legítima de la misma Holanda, donde está el Kaiser, tabacos Fortaleza y
panetelas , dulces aciruelados; mermeladas en frascos de Bs. 10 a 8,
vinos “Gloria” de Bs. 8 a 6, jugo de uvas, especialidad para las señoras
que no sean celosas, de Bs. 8 a 4, cigarrillos “Combate” a real y cuartillo
y “Patria” a medio real, Cerveza Maracaibo para los maracaiberos,
Caracas para los caraqueños y Brandi Génesis, por lo fuerte y lo bueno,
especial para los tocuyanos. Al “Caracas” pueden muy bien concurrir
familias, pues su dueño garantiza la corrección, moralidad y orden de su
personal. Y en tanto el mamón abanica con sus ramas a los dichosos
clientes del “Caracas”, que bajo su sombra gozan de largas horas de
grato esparcimiento. (El Tocuyo 6 de Noviembre de 1921. Nº. 7 Año: 1.)
284
movimientos. En una carta fechada el 13 de junio de 1923, dirigida al señor
general José Domínguez, presidente de la junta de sanidad, firmada por parte de
Pompeyo Morillo, se señala que la medida contra el baile del Mabil:
285
El año 1933, fue, sin lugar a dudas un año difícil para la población en general, se
sentían no sólo los rigores de la crisis económica, sino también la crisis sanitaria,
la decaída vida cultural. Ante la situación, grupos de las élites intentaban animar
un poco y propusieron la realización de algunas veladas artístico culturales y
sobretodo al cierre de este año, en la navidad, fueron traídos grupos de música y
realizadas algunas fiestas para levantar el optimismo en el año 1934.
286
abatir las penurias que, sin lugar a dudas, lógicamente debieron ser más severas
en la clase popular.
Los pobres acompañaban la musa creadora con el licor regional por excelencia,
como es el cocuy, que era elaborado por personajes como Crispín Silva,
producido hacia finales del siglo XIX, el centenario Carmelita , herencia de Crispín
continuado por su hijo Miguel, producido en la cuesta de la quebrada de Sanare,
así como el San Antonio de los Tovar y Compañía, Otros alambiques fueron La
287
Estrella, El Carmen, de León Reinoso, La Coqueta, ubicado en el barrio con ese
nombre, el Berlín, en Humocaro Bajo, Cocuy Santa Fé, Cocuy La Unión.
Debe mencionarse que dado el crecimiento acelerado del negocio del cocuy y el
aguardiente, en 1927, se crea la Sociedad Anónima Industrial Destiladora del
Distrito Morán, con un capital social de 40 mil bolívares en 80 acciones a Bs.500
cada una, no se permitían más de cuatro acciones por personas, es decir existían
unos 20 miembros. La carga de cocuy se vendía a Bs.48, posiblemente de 12
botellas. El trago de cocuy se vendía a 0,25 bolívares. El gobierno, en 1915,
impone un impuesto a los licores y al tabaco del 35 %, lo que generaba para el
municipio el 20 % de su situado constitucional. Esta industria fue de una alta
producción destilera, y también era del goce del paladar no solamente de gente
de escasos recursos económicos sino también del rico, que a pesar de las
apariencias poco podía soportar la tentación de beber un trago. (El Tocuyo. 20 de
mayo de 1927).
El cine y el teatro
En El Tocuyo, la actividad teatral y cinematográfica fue una de las que mayor
aceptación tuvo a comienzo del siglo XX. Uno de los pioneros en esta materia fue
el adelantado de su época José Pío Tamayo y cuyas funciones eran realizadas en
288
la sede de la Sociedad Recreativa y Progresista. Pero no sólo cintas eran
proyectadas desde esta sede sino que también organizaba otro tipo de eventos
culturales.
289
que subyuga, i que con su mirada, lleva a los corazones soñadores el
bálsamo de la consolación i la esperanza... i partió, como lo dijo ella,
triste i llevando en las páginas del álbum del recuerdo el nombre del
Tocuyo.( La Torcaz, Noviembre 7 de 1915 No. 228)
En 1917, se llevó a cabo con muy buen éxito y concurrencia del público la
presentación de la Compañía Lírico – Dramática, con la puesta en escena de los
dramas La Mal Querida y Tierra Baja piezas afamadas para la época en el teatro
español.
Los citadinos sólo comenzaron a disfrutar de los primeros cines, que de forma
improvisada se montaban en la ciudad, desde la segunda década del siglo XX, del
teatro municipal, creado en 1920, las plazas como La Alameda, luego Plaza
Bolívar, al otro extremo la Plaza Sucre, inaugurada en 1922. Pero ya disfrutaban,
desde mucho antes, de los toros coleados, los circos improvisados, las galleras,
los juegos de béisbol, el juego del garrote, los baños en el río, los paseos en
autos, los carnavales, semana santa, las iglesias, concursos de belleza, bailes,
corridas de toros, del hipódromo reinaugurado por Dionisio Borges en 1925, las
loterías, como la Lotería Española, los personajes populares, los chismes y
cuentos, entre otros.
En El Tocuyo también existieron los cines: Júpiter de 1915, Cine Sucre que
funcionaba en el Teatro Municipal, creado en 1928, Cine Morán, El Tocuyo,
inaugurado en 1929 propiedad de Juan de Dios Troconis. El cine parlante llega a
El Tocuyo en 1929 y el cine a color en 1945. La primera radio llega al Club
Concordia en 1932 y la primera estación de radio data de 1953, Estación de Radio
El Tocuyo, luego vendría Radio Colonial en 1966.
290
En 1916, el Cine Júpiter organiza una temporada de películas novedosas, así
como una empresa de drama y comedia con el nombre de Man-Bar, dirigida por el
señor Manuel Barraza, el cual ya había concurrido a la ciudad en años anteriores.
Por motivos de salud no hemos podido asistir a las dos veladas que en
su nueva temporada, ha dado el Cine Júpiter, pero se nos informa que
las películas pasadas son de las mejores que por aquí se ha visto. El
publico debiera tomar en cuenta todos los esfuerzos que hace la
empresa para conseguirse los últimos adelantos de la cinematografía, i
corresponder a ellos con asistir a las veladas; porque de otro modo no
les es posible a la empresa traer películas interesantes por ser el
alquiler de éstas mui costoso. (La Torcaz. octubre 15 DE 1916. N° 251).
Sin embargo, lo que si parece ser una constante, cuando no se asistía al teatro,
es la rutina de la población y ciertas costumbre para discurrir el tiempo, en tal
sentido, al final de la tarde era rutina –y aún lo es hasta hoy- que las personas se
arreglaran con atuendos limpios para “salir a la calle”, lo cual consistía en movilizar
algunas sillas y sentarse en las respectivas entradas a sus casas y ver pasar a los
transeúntes; conversar sobre los diversos temas, y por supuesto ”poner a correr
chismes y comentarios”. Y al llegar la noche comenzaban la actividad teatral como
una manifestación de cultura y civilidad. Esta situación podríamos ubicarla en el
contexto de finales del siglo XIX y se extiende hasta la primera década del siglo
XX. En el contexto de que el Presidente Guzmán Blanco denominó “La Nueva
Venezuela”, para referirse no sólo a los hechos políticos sino también a la
291
modernidad, la cual estaba fuertemente influenciada por los modales y formas de
vida europea.
Esta compañía de teatro permaneció en la ciudad por dos meses, es decir desde
el primero de agosto hasta el 28 de septiembre, lo cual es un tiempo bastante
considerable, para una empresa de esta naturaleza.
292
El domingo se verificó la última función de la temporada, ofrecida por la
empresa a beneficio de la Sociedad Recreativa i Progresista i llevada a
cabo con una mui importante concurrencia de damas i de caballeros.
Fue una velada de las más sugestivas que hemos tenido en estos días
en que la simpática compañía nos ha hecho olvidar las cosas feas de la
vida para llevar al espíritu hasta el encanto incomparable del arte
escénico. Mui buenas impresiones deja en la sociedad tocuyana esta
caravana de artistas que va por todas partes apartando espinas i
deshojando la alegría como si fuera una flor inmensa de pétalos
interminables. Al presentarles nuestra cariñosa despedida les
deseamos muchos triunfos en los lugares que van a recorrer i que no
olviden El Tocuyo que tendrá siempre para ellos sus más cariñosos
aplausos. (La Torcaz, 28 de Septiembre de 1915 No. 224)
Otras de las compañías que visitó a El Tocuyo, fue la “Compañía lírico dramático”,
de Mari “Lulú” González; y la cupletista infantil “Carmencita”, quien puso en
escena piezas como La Emperatriz, “…es una bellísima cinta francesa, tan fina y
artística que ya quisiera una parte de nuestro público ver siquiera tres o cuatro
mas por el estilo” otro número presentado fue “La Chulona”. A nuestro juicio la
293
simpática chiquilla hace muchísimo mas de lo que podría esperar de su edad (7
años apenas). (El Tocuyo 27 de julio de 1923 No. 333).
El elenco de esta compañía estaba constituido por la primera actriz señora Mary
Lulú González (cupletista), señora Olimpia Ramírez (La Quijanito), Isabel
Landaeta primera característica, señora Josefina Reina y señores José Ramírez,
Miguel A. Díaz, Augusto Cristian, A. Vera Arroyo, Alirio Giménez, A. Monasterio, L.
Elisalde, Roberto Infante, maestro Francisco Tamayo, A. Martínez (tramoyista). (El
Tocuyo 7 de agosto de 1923 No. 342)
Otras notas como “…Ahora que esta aquí la compañía “Mary Lulú”, regálele a su
novia una cajita de las sabrosas galletas en lata que hay en La Estrella Fija, el
restaurant de las salchichas y la champaña…” (El Tocuyo, 8 de agosto de 1923.
Nº 343).
294
Prepárese usted. Para asistir a la temporada Mary Lulú González y a la
salida compre en La Estrella Fija, salchichas en latas, salchichón al
detal, tabacos finos, para todos los precios, cigarrillos egipcios,
chocolatines finos en cajas grandes, pequeñas y al detal e infinidad de
artículos que son indispensables en su casa. (El Tocuyo 1º de agosto
de 1923 No. 337).
Unas de las últimas grandes festividades fueron sin duda en 1945, a raíz del
cuatricentenario de la ciudad. Sin embargo, son ya una tradición, una de las
fiestas carnestolendas mas vieja y reconocida de la región centro occidental. Sólo
como ejemplo tenemos que en 1915, cuatro carros acompañaron las carrozas en
los carnavales, recordemos que el automóvil llega al Tocuyo en 1914, esto eran lo
que existían y por primera vez las carrozas serán en automóvil. El presidente fue
el señor Arturo Tamayo. Posteriormente el presidente de los carnavales- en 1916-
fue Manuel José García y la reina fue la señorita Adelina Tamayo (hija de
Heriberto Tamayo).
Como queda de manifiesto, tanto la junta directiva como las candidatas a reinas
solo eran escogidas entre las élites tocuyanas. En 1917, Hortensia Yépez Borges,
dedica un vals a la reina, titulado: “Rosas para la Reina”, estrenado luego en las
295
fiestas del Palacio Amarillo (nombre que se le daba a la casa de Heriberto
Tamayo).
Para los carnavales de 1.926, la junta directiva fue: presidente: Manuel José
García, vice-presidente: Plácido Jiménez, segundo vicepresidente: Roberto
Falcón, tesorero: José Arráez, secretario: Hedilio Losada (en una de sus últimas
presentaciones, ya que pocos meses después moriría), la reina fue Josefa
“Chepita” María Tamayo Pérez (hermana de Pío Tamayo).
Las fiestas eran compuestas por carrozas, retretas, fiestas en los clubes. El paseo
lo inicia el carruajes de la novia, luego el carruaje del jefe civil, seguido por el de la
junta directiva del carnaval, así como también participaban caballos, serpentinas,
papelillos, fuegos artificiales, luces de colores, bailes de máscaras, piñatas,
juguetes para niños. La música de moda era el Fox, One Stet y el Paso Doble. Los
comerciantes obsequiaban sus productos a las reinas. Los frentes de las casas
adornados con bambalinas.
Los carnavales a igual que las diversiones del teatro, el cine, la opera y las
veladas artísticas en general, también eran consideradas como signos de
“civilidad”, y de manifestación de ”progreso” de la sociedad.
296
contribuir a mantener vivo el culto de la sociabilidad i la galantería para
merecer (página rota)... (La Torcaz. Febrero 4 de 1915. no. 211).
297
retretas, bailes nocturnos, elección de la reina y damas de honor, y veladas
artísticas.
Si bien la fiestas de carnaval se reseñan en la prensa local desde finales del siglo
XIX (1882), a ninguna se le puso tanta atención como la realizada durante los
años 1915, 1916 y 1917, la posteriores a estos años son de mucho menos
importancia, debido, quizás, a que, a partir de esa fecha, los mas importantes
impulsores de estas fiestas como lo fueron Pío Tamayo, Alcides y Hedilio Losada,
y los miembros del Club Ideal, tenían otros intereses o inquietudes: para los
primeros, las inquietudes políticas contra el régimen gomecista, y los segundo a
los avatares de la economía. Es importante acotar que para esos años existió una
preocupación debido a la expansión de la epidemia de la fiebre amarilla, lo cual le
imprimió un cierto sello de melancolía a la ciudad por los constantes
fallecimientos.
298
domingo y del lunes el baile nocturno, resultando este último baile, homenaje de la
juventud tocuyana a su reina carnestolenda. Además, era allí donde también se
realizaban las premiaciones ofrecidas por la junta del carnaval, lo cual constituía la
entrega de cuarenta bolívares a cada una y la premiación al niño mejor ataviado
en su disfraz, así como también a la carroza más llamativa.
299
Tocuyo 10 de febrero de 1926, el recorrido del desfile era por las hoy inexistentes
calles en el sentido siguiente:
Después de 1929, no son muchas las noticias que se tienen de esta celebración,
sólo se encuentran notas breves que hacen pensar sobre la continuidad en el
tiempo de las mismas. Pero la poca pomposidad de los años posteriores pudiera
ser atribuible a que en ese contexto la sociedad tocuyana, en general, esta
inmersa en otros problemas, y por tanto, los periódicos locales resaltan
situaciones difíciles, no sólo en materia económica sino en el ámbito de la salud y
la evidente descomposición social.
La practica deportiva
300
esgrima, y la equitación (como forma de defensa personal), el toreo y el coleo. En
el caso de las grandes mayorías, es decir el campesinado, es lógico suponer que
ante las duras jornadas de trabajo era limitado el tiempo y las ganas para
practicar deportes.
Lógicamente, esto no nos puede llevar a desconocer las actividades físicas que
fuera del trabajo eran realizadas por este sector de la población, como el juego
del garrote, que si bien era ante que todo un mecanismo de defensa personal, su
ejercitación representaba una actividad deportiva. Lo mismo podríamos decir de
la práctica de natación realizada en el río Tocuyo.
A principios del siglo XX, eran común la realización de tardes de toros (toreo y
coleo) en patios acondicionados espontáneamente para esto, uno de ellos estaba
en el sitio donde hoy se ubica el paseo homenaje a Morán, frente a la antigua
plaza Santa Ana, llegando a tener toreros famosos como Miguel Ortiz, “El Zorrillo”,
quien en la primera década de este siglo se destacó en el ámbito nacional, así
como en las plazas de Colombia, México, Perú y en la propia España. Luego en
los años veinte destacaría un torero tocuyano apodado “Chicuelo”.
301
haciendas más importantes de la localidad para un grupo restringido de personas
invitadas. De igual forma, se tiene conocimiento de la realización de carreras de
caballos en hipódromos improvisados en las planicies frente al Cementerio.
Con respecto a las primeras prácticas de béisbol, cabe señalar que estas eran
realizadas en la Plaza Concordia, sobre todo por los alumnos del Colegio Federal
a partir de 1925, imitando lo que ya eran clubes deportivos en otras ciudades del
país. De esta manera es como llegan a solicitar al entonces presidente del estado,
General Lizárraga, el equipo necesario, constituyéndose así el Club de Béisbol
Lizárraga. Para 1929, se encuentra conformado el Club Carvajal, creado por
Eustoquio Gómez, integrado por estudiantes del Colegio Federal y cuyo pitcher
estelar fue “Catire” Gregorio Orellana.
Este club lo cerró, en 1936, el jefe civil, coronel Mendoza. Buscaron en Caracas el
manager Juan Solórzano y el general Pérez Soto dio el dinero para el uniforme.
Entre los jugadores se encontraban: J.R Colmenares Peraza, Pablo José Rivero
Rojas, Jesús Colmenares Guédez, Guillermo Rivero Rojas, Alberto Ramos,
Alberto Garmendia, Ramulfo Peralta. Miembros del club: Juan de Dios Troconis
(presidente), Crispiniano Colmenares, Rafael Elías Rodríguez.
Con respecto a la Escuela de los Boys Scouts en El Tocuyo, esta fue creada por
un instructor español, el Capitán Eugenio Pérez Brihuega, utilizando para la
ejercitación de ese cuerpo los espacios de la plaza Concordia, y entre las
actividades realizadas se encontraba las caminatas hasta la zona de El Molino.
Este Capitán, junto al profesor Luis Herize Ponte, fue instructor de gimnasia en las
instituciones educativas de la época. Debemos mencionar que Pérez Brihuega fue
llevado a El Tocuyo por solicitud del entonces presidente del estado Trujillo, el
tocuyano General Vicencio Pérez Soto, para el entrenamiento y reorganización
de la Brigada del Cuartel Trinidad Morán.
302
El boxeo también era un deporte practicado en aquella época, teniendo algunos
boxeadores de reconocimiento nacional, como José Antonio Rodríguez, Efraín
Veracoechea Losada, pero uno de los más reconocidos fue el apodado como “El
Ostión”. Es así como algunos tocuyanos llegaron a formar parte de los clubes
deportivos más importantes de la época en Barquisimeto y a nivel nacional.
La mujer tocuyana
La historiografía tocuyana padece del mismo tinte machista de la historia nacional,
por no decir mundial. Nuestras mujeres poco parecen señaladas en las páginas de
nuestra historia. Basta observar en la actualidad que solo dos mujeres ocupan
espacio en el Salón de los Tocuyanos Ilustres, la mayoría de nombres son en
homenajes a hombres. En efecto, al realizar una revisión de nuestra historia,
podría pensar que muy pocas mujeres tuvieron una participación destacada, pero
esto sólo en forma singular, ya que como colectivo es imposible entender nuestra
historia sin el papel de la mujer.
303
de nuestra historia, asumir roles en la economía familiar y muchas veces levantar
sola una familia, en vista de que los hombres ocupaban cargos políticos, o
estaban en la guerra o simplemente habían muerto. Por eso en nuestra historia
observamos mujeres comerciantes, hacendadas, y a pesar de su demostrada
capacidad, no podían- por la legislación de la época- hacer negociaciones o
contratos individualmente sin el permiso de un hombre, ni mucho menos participar
en los avatares de la vida política.
La mujer tocuyana también fue victima de la dominación, las que conformaban las
familias élites obligadas a casarse solo por interés, sometida al estilo de vida que
se le imponía, poco consultadas y valoradas sus opiniones. La mujer humilde
doblemente explotada, en su condición de excluida social, teniendo que ser, en
muchos casos, padre y madre a la vez, pero además muchas veces impulsadas a
satisfacer las necesidades carnales de los hombres de la élite para poder subsistir
o procrear hijos con mayores posibilidades de superación.
304
Un marido muestra intolerancia con la ignorancia de su mujer. Es muy
notoria la diversa educación que reciben los dos sexos y por
consiguiente no debe tomarse las diferencias enormes que se advierte
en sus opiniones. Más por ridículas y necias que puedan parecer ciertas
ideas de las mujeres, jamás deben atacarse abiertamente y de una
manera cierta y decisiva. Si una madre, por ejemplo, juzga que su hijo
enfermo no recobra la salud hasta que haya cocido 4 ceras delante de
la imagen de su santo favorito… si una joven piensa que deriva
tempestad quemando algunas hojas de ramo bendito… recomienda al
hombre tener paciencia y tolerancia y piedad porque son pocas
ilustradas y no hay error que un hombre prudente no puedan arrancar
del cerebro de una mujer enseñándoles a pensar.
(…) “La mujer, por naturaleza común arman sus opiniones por
debilidad y sin tomarse el trabajo de examinar sus fundamentos…No
porque su talento y capacidad la hayan incapaces de recibir mayores
luces, sino porque así las enseñaron desde su infancia y por que
habiéndose convenido tácitamente en hacerlas esclavas, era necesario
empezar por embrutecerlas. En los asuntos políticos ellas parecen
también grandes equivocaciones, mezclan confusamente el gobierno, la
patria y los intereses de la sociedad con sus intereses individuales ya
que no son capaces de profundizar ni prestar una atención seria al
examinar lo que los hombres hacen de las graves cuestiones en que se
cifra el interés del estado”. …Pero según esta autora: Basta que ella lo
ame, para que él esté seguro de que sacrificará su vida por defender y
servirle y que jamás lo venderá a sus enemigos.
305
capacidad, no es menos cierto que desde el principio del siglo XX, la mujeres
comienzan a manifestarse en diversas áreas del acontecer humano. En el caso
concreto de El Tocuyo basta con revisar la prensa de la época para conseguirnos
junto con la mujer comerciante y hacendada, la luchadora social, enfermeras,
oficinistas, la poeta, la educadora, y desde años 30, la luchadora política sin aún
tener permiso legal para hacerlo.
Tampoc podemos olvidar los personajes populares a los cuales se debe parte la
conservación de nuestro patrimonio cultural, han sido ellas las bailarinas de
tamunangue, las hacedoras de acemitas y dulces tradicionales, donde destaca sin
la menor duda la familia Pérez, la mayoría conformada por mujeres.
Sólo para hacer una breve referencia al papel e la mujer tocuyana, debemos
manifestar que el 29 de Junio de 1906, llegan provenientes de Maiquetía Las
Hermanitas de Los Pobres, para dar funcionamiento a lo que desde entonces se
conoce como El Asilo “San Antonio”. Papel sobresaliente jugaron en esta
inauguración junto a los padres José Antonio y José María Lucena Morles, Antonio
Leña y Mellado y José Cupertino Crespo, las damas Petra Garmendia, Petra
Peraza Yépez, María Luisa Yépez, Elena de Suárez, Susana Jiménez, entre otras
tantas. Las primeras hermanas que integraron este asilo fueron Petronila, Clara,
Josefa, Celia, Prudencia y Viviana.
En los años veinte del silo pasado, en el área literaria destacan las poetas Elisa
García y Hortensia García de Yépez Borges, esta ultima además de madre de
306
crianza del sabio Fráncico Tamayo y mujer benevolente por las causas sociales,
es reconocida por su capacidad creativa, siendo permanente colaboradora de las
páginas literarias de la prensa de la época, utilizando el seudónimo de Diana.
Sobre esta última debe hacerse notar que es poco común reseñar la producción
poética proveniente del género femenino. Esta posible omisión quizás sea debido
al rol que en tiempos pasados se le negaba a la mujer en muchos campos, no
obstante al revisar la prensa tocuyana del siglo XX encontramos algunas poetisas
que llegaron a escribir importantes composiciones artístico-literarias, a la altura -
desde nuestro punto de vista – de los más connotados en la región.
Entre las reconocidas docentes de principio el siglo XX, se encuentran las maestra
Eloísa de Hurtado y Eva Dolores Sánchez, madre de los hermanos Losadas. Poco
después fue creada la escuela de Señoritas Sagrado Corazón de Jesús, teniendo
como directora a la señorita Carlota Fontana. La maestra Mercedes de Mújica
contaba con más de cuarenta años de servicio. Además, debemos nombrar las
maestras Emilia Rosa Rodríguez e Isabel de Peraza, directora de la Escuela
Padre Pérez Limardo y la primera era directora -en 1923 -de la Escuela Mixta San
José del Ávila.
En otros quehaceres también están las mujeres tocuyanas, en estos años son
conocidos los dulces caseros de las García. En 1925, sólo dos señoritas
oficinistas: Blanquita Pulido, cajera del Banco de Venezuela y Luisa Abreu en una
agencia comercial. Pero en 1926 se suman las telefonistas Rosa Blanca
Colmenares, María de Lourdes García y Avelinda Riera. La señorita Josefina
Lozada fue una de las pocas choferesas del automovilismo de la época, que
apenas había comenzado en 1914 y alcanzaba a una veintena de vehículos.
307
Una moda original. Pues señores ¿Dónde vamos o mejor dicho donde
van las mujeres en esto de moda? ¿Saben ustedes en que consiste la
última, la ultimita, llegada no hace mucho de Caracas, procedente de
Paris?. La cosa es muy sencilla, y como el catarro, se maneja con
pañuelo, pañuelos y pañuelos. Si, señores, lindos pañuelitos guardando
contraste con el traje atado por todas partes: pañuelos en el cuello,
pañuelos en el talle, pañuelos cruzados en bandas sobre el pecho,
pañuelos en la muñeca de la mano, pañuelos en la caña de la pierna,
pañuelos en … sin, luciendo sus lindos colores y prendidos como lazos
sobre las colas cabecitas pobladoras de desvelos de tantas muchachas
bonitas. En fin, que guardando siempre la línea como el duque de Roca
Negras, la cosa resulta bien, y a muchas le lucen. Lo malo seria una
combinación con la moda gran capricho, pues entonces veríamos por
estas calles de Dios graciosas niñas con la cabeza amarrada con un
pañuelo, y fácilmente podríamos preguntarles: ¿No ha tomado usted
nada para esa jaqueca? ¡Oh, las modas! (El Tocuyo 3 de agosto de
1923 No. 339).
Tal como lo describe Ramírez Valero (citado por Linares, 2000), en El Tocuyo, en
las décadas del 30 y 40 del siglo XX, se desarrolló en los sectores populares una
oleada de luchadoras sociales, entre las que estaban Carmen de Rodríguez,
Romelia y Aura Peralta, de El Calvario; Petra Pérez, en Los Palmares y Dos
Caminos, Cecilia Pérez y su hija Aurita (Arremichus), en Santa Rita; María de
Alvarado, en Buena Vista y El Lamedero; Las Principales en Humocaro Bajo;
Agustina Pérez y sus hijas Mariana Pérez, en el Mamonal de Las Goajiras y Las
Adjuntas; Micaela Rodríguez, en El Cardonal y Los Patios; Gregoria (Goya) Prado,
308
Fidelina y Blanca López, en Guajirita; Balbina Arroyo Arroyo, en El Molino y
Anzoátegui; Fidelina Alvarado y Susana Colmenares en Las Animas y El Molino;
Bárbara Peraza, Renata García, Carolina Yépez Pérez, en Los Ejidos y María
Luisa Yépez, en Los Ejidos, entre otras, que fueron factores decisivos en la
fundación de decenas de células y 20 sindicatos cañeros, y de una aguerrida
Juventud Comunista, que eran liderizadas por el PCV, lo que motivó a los
hacendados de valle de El Tocuyo en llamarla “Zona Roja”.
309
sociedad tocuyana. Fue fundado por Isabel de Torrealba, y funcionó hasta los
años cincuenta, convirtiéndose en uno de los más importantes centros de
beneficencia y de acción social de la localidad, conformados por las damas de las
familias mas acaudalas de la sociedad tocuyana. Primera presidenta: Adelaida
Orellana, vice-presidente Romelia Lozada, otras miembros: Carmen Oberto,
Magdalena Garmendia, Romelia Felice, María Rodríguez, Flor de Mesa Tamayo,
Isabel Teresa Sequera. En 1936, el Centro Social de Damas era presidido por
Emilia de León, primera vicepresidente Blanca de Rodríguez, segunda
vicepresidente Mercedes Tamayo, secretaria de actas Lola Morles de Sequera,
secretaria de correspondencias Alcira Guédez, tesorera Chavel Carrillo,
bibliotecaria Rita Guédez.
Entre las múltiples actividades llevadas a cabo por esta asociación estaba la
organización de peñas literarias, conciertos, festivales, ferias culturales, donde se
resaltaban –fundamentalmente- las destrezas de la mujer morandina.
No cabe la menor duda de que el centro Social de Damas se convirtió por algunos
años en uno de los medios más importantes de la cultura de la mujer de la élite y
el único capaz de organizar actividades para tales fines. De esa manera, el 25 de
septiembre de 1932, Agustín Gil Gil en el periódico “El Arado, escribió un articulo
titulado “SEMBRANDO IDEAS”, donde le propone al Centro Social organizan una
feria de industrias femeninas regionales.
310
“...en el cual puedan concurrir todas las mujeres del distrito que
elaboren algún producto de posible aprovechamiento comercial tales
como amasijos, pastelería, confitería, frutas en conserva, flores
naturales, de papel, tela y cera, tejidos, bordados, camisas, corbatas,
etc. Conviene que todo se ofrezca en venta a precios regulares para
poder conseguir fines prácticos...” (El Arado N.64.Año 1932)
Agustín Gil Gil, pensaba que la región tenía suficientes productos que podían ser
aprovechadas para la comercialización en otras latitudes nacionales, y que dicho
productos podían explotarse mediante compañías anónimas o con otros nombres.
Pensaba además que, este tipo de mercancías podían llevarse a la capital o al
Táchira por el sur con bastantes posibilidades de éxito. Todas estas ideas fueron
acogidas por el Centro Social de Damas y en dicho proyecto fueron
comprometidos a diversos sectores de la sociedad morandina, pero muy
especialmente a la población femenina.
311
cráneos sin ideales y corazones sin nobles sentimientos...el hijo;
misteriosa interrogación que contada por Guillermo Valencia, en un
nido de amor será paloma y en un hueco de dolor serás serpiente...y
para vosotros, oh niño!, el cuento de hadas, la canción de cuna y el
beso de vuestra madre en la frente como lucero en el agua dormida.(El
Arado 5 de enero de 1933).
312
El agua nuestra que viene de Sanare se ha mermado hasta el punto
que la arena del cauce se la absorbe íntegramente como a cuatro
kilómetros más arriba de la toma del acueducto, o se hace un dique
impermeable que atraviese el cauce (...) o lo que es superior: Se trae
el agua por tubos desde la cuesta.... (El Tocuyo 30-03-26).
Agustín Gil, consideraba, como muchos, que esta era una medida urgente que
debía hacerla en conjunto el municipio con los privados. Era tanta la sequía que el
río Siquisique estaba siendo también profundamente mermado, producto de que
los tocuyanos no soltaban el agua de los bucos, esto generó reclamo por parte de
la población afectada.
313
garantizar el derecho de agua a quien corresponda (El Radical 28 de
julio de 1905.Nº 9).
El juez de agua debía comenzar la distribución “desde la primera cañería del sur,
que es la de “El Bucare “, hasta la última del norte, que es “La Tapita de la Piedra”
(El Radical 18 de Agosto de 1905). La distribución del agua se hacia de forma
planificada y tratando de satisfacer a todos los barrios de la localidad, llegando a
aplicar sanciones a quienes incurrieran en violaciones del reglamento.
Las acequias fueron motivo constante de preocupación entre los vecinos de las
comunidades, debido a que constantemente se inundaban o sobrepasaban sus
capacidades, produciendo inundaciones que afectaba las viviendas aledañas.
Pero como hemos señalado al principio, el goce de estos servicios como el agua,
la electricidad, entre otros, estaba marcado por la estratificación social de la
época, siendo primero y fundamentalmente beneficio de las élites. A continuación
transcribiremos parte de un largo texto de dos cartas (inéditas) enviadas por el
músico tocuyano, maestro Hildebrando Rodríguez, al profesor Francisco Tamayo
Yépez en Marzo de 1.963, que ilustra la situación de los servicios eléctricos y de
agua en la población tocuyana, en los primeros años del siglo XX.
314
Con respecto al encargo que me hace de averiguar a mi amigo Don José Ángel
Rodríguez la fecha en que se instaló en ésta ciudad el alumbrado eléctrico, le diré
que dicho encargo lo cumplí seguidamente después del recibo de su atenta carta,
obteniendo la repuesta de que la luz eléctrica fue inaugurada el 5 de Julio de
1.925. También yo lo confirmo, pues yo estaba en la Planta, sirviendo como
segundo maquinista, al lado del Sr. Luís Reina Nodal (El Cubano), quien era el
primer maquinista.
Además de este interesante dato, me tomo el permiso de enviarle otros, referentes
a los sistemas de alumbrado que hubo en esta ciudad en épocas anteriores, hasta
la fecha en que se instaló el alumbrado eléctrico. Estos datos los he tomado del
archivo del Concejo Municipal y deseo le sean útiles. Son carteles de licitación,
proposiciones de contrato, aceptación de éstos, condiciones y cantidad de faroles
para alumbrar, a más de algunas cosas que puede ser que no le interesen, pero
me atrevo a contárselas por lo casi humorístico de ellas.
La persona que contrataba el alumbrado tenía dos empleados que los distinguían
con el nombre de faroleros. El trabajo que desempeñaban era el siguiente: en las
horas de la mañana se ocupaban en llenar de combustible los depósitos de las
lámparas y arreglar las mechas; trabajo éste que duraba hasta las 11 o las doce
del día. Por la tarde, a las 6 Pm se ocupaban en encender, portando cada farolero
una escalera de las llamadas de tijera.
Este sistema de alumbrado creo se acostumbraba desde años muy anteriores;
pues cuando yo tenía ocho años, en 1.900, recuerdo que ya existía este sistema y
recuerdo hasta los nombres de los faroleros: Andrés Puerta, Laureano Soto, otros
que hacían suplencias cuando fallaba alguno y Félix Yépez. Este último gozaba de
una regular posición económica; era dueño de una casa bautizada con el nombre
de “La Copa de Oro”, sita en el cruce de las calles “Libertad” y “Limardo”, cerca del
río por el “paso” de “La Coqueta”; le gustaban mucho las fiestas y poseía un
caballo alazán muy brioso. Dicho señor, cuando tenía una fiesta, (que casi
siempre era en sábado o en domingo) se envitolaba bien con un flux de casimir y
se colocaba una enorme corbata colorada; ensillaba el alazán y montaba en él,
“chaciando” el animal en cada esquina donde había un farol, lo encendía desde la
bestia, haciendo ésta las veces de la escalera. Causaba risa cuando el pasitrotar
del caballo hacía que el viento le tirara la corbata por sobre uno de los hombros. El
último farolero de ésta ciudad fue Luis Lozada, a quien apodaban “Farolón” y
estuvo desempeñando el puesto, hasta que se estableció definitivamente el
alumbrado eléctrico, pasando a desempeñar el cargo de Celador de la Plaza
“Bolívar”.
No se si ud, tenga algún capítulo referente al sistema de acueducto; pero de todos
modos me permito enviarle algunos datos: Hubo en esta ciudad un acueducto
particular, propiedad de Don Miguel Tamayo y otros, (según creo). La caja de
agua era en el sitio “Belisa”, desde donde empezaba la tubería y llegaba a la casa
de habitación de Don Heriberto Tamayo y luego a la de Don Miguel. Estas casas
315
tenían agua a toda hora del día y de la noche. Estaba yo muy niño, cuando mi aya
me llevaba a estas casas; pero sin embargo recuerdo que en casa de Don Miguel
había un “negrito” semejante al que había en la Plaza o Alameda Lara para aquél
tiempo. No sé por qué en esa edad se retiene tanto lo que se ve. Imagínese que
cuando el terremoto anterior al del 50 en 1894, tenía yo 3 años y recuerdo que al
siguiente día del terremoto (que no lo sentí) me cargaba de la mano, viendo las
ruinas, el maestro Anastasio Luna, padre del Dr. Hilario Luna y Luna.
Ya más tarde, - teniendo como diez años- ayudaba en la Central de una empresa
de teléfonos que hubo aquí, siendo Gerente el Sr. Eduardo Fiol; y a pesar de tanto
tiempo recuerdo algunos de los números que le correspondían a los suscriptores.
Esta empresa (a mi parecer) fue mejor que la que hoy existe. Se extendía más.
Claro que los aparatos no eran tan modernos como los de hoy; pero había
teléfonos en casi todos los municipios y las haciendas. Recuerdo que el Nº de
Guarico era el 41; San Pablo el 38; “La Estrella” Nº. 40; El Callao Nº. 44 y así mi
memoria y mi retentiva eran muy buenas, lo que hoy me falta, pues para recordar
alguna cosa, por insignificante que sea, tengo que anotar para poder recordar.
Perdone que me haya salido del tema; y volviendo a los acueductos: el de Don
Miguel, pasó después a la municipalidad y se denominó Acueducto Sur. El que
había antes aquí, quedó denominado Acueducto Norte, hasta que en 1.941 se
inauguró el que hoy existe. En el terreno donde estaba la Caja de Agua antigua o
sea el Acueducto Norte, fabricó casas el Banco Obrero; y el terreno donde había
la caja de agua del Acueducto Sur, fue vendido por la municipalidad al Sr. José
Encarnación Yépes (Chon). Estos dos acueductos se abastecía con agua de la
llamada acequia del cerro, que hace mucho tiempo no corre agua por ella, debido
a que la poco agua que viene por la quebrada de Sanare es interceptada por
bucos y bombas, instaladas con fines de riego. Hoy el cauce de la acequia solo se
utiliza para desagüe del acueducto.
Con respecto al alumbrado público con aceite y velas de sebo no recuerdo que lo
haya habido. Puede ser que en años muy atrás si lo hubo. En las casas, -así como
ud dice- si lo hubo con lámparas de aceite y velas de sebo; y hasta alcancé a ver
en casas muy pobres que ensartaban en un cordoncito acompañado de un palito
largo varias pepitas de tártago y se alumbraban con esto. El palito o vasillita muy
delgada, que casi siempre era una vena de rama de coco, daba consistencia a las
pepitas; y el cordoncito que iba al lado de la vasillita servía de mecha. En los
velorios de la cruz todavía usan el aceite. Alumbrado de carburo, solo recuerdo
que Benjamín Posadas, que fue contratista del alumbrado en época de
316
Domínguez (1915 o 16) colocaba en la Plaza “Bolívar”, en las noches de retreta,
un enorme tambor de los que venían llenos de gasolina y que era adaptado para
lámpara de carburo que, colocado sobre la cabeza del “negrito de la pila”,
iluminaba toda la plaza.
Le decía en mi carta anterior que el acueducto particular de que le hablé era de
Don Miguel Tamayo y de otros (según creía); pero era de él solo, según una
petición de Don Miguel, de fecha 22 de septiembre de 1.900, pidiendo al concejo
municipal “permiso para traer una pluma de agua desde el sitio Belisa a su casa
de familia”.
Lo de la donación del agua de la quebrada de Sanare a la ciudad de El Tocuyo, es
cierto y esto data de muchos años atrás, pues también lo oía decir cuando era
muchacho. Ahora, documento no los hay, porque se extraviaron (o los
extraviaron…). Solo haya una anotación que hace saber que Juana de Escorche,
dueña de tierras colindantes con las comunidades indígenas de Yacambú, donó a
la ciudad de El Tocuyo las aguas de la quebrada de Sanare. No ha sido posible
conseguir estos documentos, ni en el Archivo Principal, pero esto es cierto.- Estas
aguas son de El Tocuyo, exclusivamente. Hasta hace pocos años había un Juez
de Aguas que se ocupaba de la distribución de dichas aguas. - Se compraba una
“Teja de agua” para regar algún solar o para llenar un pozo que casi todas las
casas de familia lo tenían- Las mas pudientes familias tenían un estanque de
mampostería, de la superficie para abajo y se llenaba con la acequia.
Esa acequia del cerro tenía ramificaciones para todos los barrios de la ciudad,
como Ud. dice en su apreciable carta. Hoy, hasta un Capítulo que había en el
Presupuesto de Rentas y Gastos Públicos, que se llamaba “Aguas del Municipio”,
desapareció, pues éste se refería a las entradas por esas aguas y ya no hay esas
acequias internas, ni, como le dije en mi carta anterior, -volvió a correr el agua por
la acequia del cerro y solo sirve para desagüe del acueducto.
317
6.00 am, comenzando desde el tercer día de luna creciente. El contratista recibía
la suma de Bs 472 con 50 céntimos y debía además hacer mantenimiento y
reparar daños mayores.
Fueron varios los proyectos e iniciativas, a finales del siglo XIX, para la creación
de un servicio de alumbrado más eficiente, la municipalidad era la responsable de
nombrar las respectivas comisiones e incluso para estudiar los proyectos que
fueran presentados por las empresas prestadoras del servicio a la colectividad. Sin
embargo los antecedentes de la electricidad remontaban a 1915, cuando el señor
F. López León propuso un proyecto para iluminar a la ciudad desde la 5:30 pm a
5: 30 am, utilizando bombillos de 16 bujías, de un precio aproximado de 10
céntimos la noche por cada casa. Este proyecto pionero como otros no tuvieron
resultados generales, sino escuálidos, como los fue la compañía organizada por el
poeta Ezequiel Bujanda para iluminar la zona del Molino- Guajirita.
318
En 1921, el señor Carlos Gil, llego a informar en la prensa local, que el proyecto
de la luz eléctrica para la ciudad estaba bien encaminado y que solo faltaban la
cantidad de veinte mil bolívares para cubrir el capital de bolívares doscientos mil,
el cual constituía la base económica de la empresa, anunciando además que ya
en Caracas le tenían ofrecida esa cantidad faltante pero que era preferible hacer el
intento de cubrir ese monto con aportes venidos de la localidad.
La noche deja los misterios tradicionales del encierro hogareño, merman las
leyendas de fantasmas que formaban parte de la cultura de la población, la luz
eléctrica daba inicio a un nuevo modo de vida: las visitas nocturnas, las reuniones
en clubes, y en restaurantes y las funciones de cine se hacen permanentes.
Recordemos que la radio solo llega en los años 30 y la televisión en los años 50.
319
fue pasado a 24 bolívares por hora y 200 bolívares el pasaje de ida y vuelta a
Barquisimeto.
Comparando con el precio de los automóviles que variaba entre los 3000 y 3500
bolívares (los de último modelos), el costo del alquiler era realmente oneroso, pero
recordemos que un viaje a Barquisimeto duraba cuatro horas, transitando por una
carretera de tierra donde abundaban los huecos, las piedras, sin puentes en las
quebradas, lo que representaba un paso riesgoso en los días de inviernos. Como
esa lógico entender, estos paseos eran disfrutados por la élite económica de la
ciudad.
Este aumento es mui justo si se considera que hasta hoy las dos
empresas no han hecho utilidades de ningún género pues todo se va en
repuestos para las piezas destruidas continuamente en nuestros malos
caminos y calles. (La Torcaz. 1 de agosto de 1915. Nº 221).
A finales de la segunda década del siglo XX, Venezuela posee una población de
2.411.952 habitantes – según el primer censo oficial de la centuria – diseminados
por todo el territorio nacional; casi las tres cuartas partes de su población (71,6 por
ciento) se ocupaba de las labores del campo, su economía dependía
320
esencialmente de las exportaciones de rubros agropecuarios con la
preponderancia del café.
En fin, puede afirmarse que existió en Venezuela, durante el siglo XIX y parte del
XX, una indiferencia en los sectores gubernamentales ante el daño que el
paludismo causaba en nuestro territorio. Lo único con lo que se contaba, desde el
321
siglo XIX, fue con las Juntas de Sanidad que funcionaron en las capitales de las
provincias y otras de jurisdicción local que actuaban en los cantones y parroquias;
sus tareas se concretaban a actividades de poco alcance y muy puntuales como
limpieza de acequias, drenaje de lagunas o en el caso de un brote grave de las
epidemias.
No es hasta cuando hubo una relativa “paz interna”, por el control absoluto del
poder en manos de Gómez, que se pudo entonces proponer y llevar a cabo
tímidamente un boceto jurídico que crea, en 1909, la Comisión de Higiene Pública,
mediante un decreto presidencial. A partir de entonces, son ya medidas sanitarias
con carácter legal por parte del Estado venezolano, pues hasta entonces la
ausencia de acciones eficaces por parte de éste, quizás por el poco conocimiento
que se tenía sobre el problema, agravaban aún más la situación. Se limitaban
entonces las acciones al reparto gratuito de quinina (medicamento antimalárico), a
desanegar pantanos o a tareas de prevención como la publicación de
recomendaciones contenidas en la cartilla antipalúdica de 1912:
322
de paños tibios que en nada contribuían a la erradicación de la enfermedad” (Díaz,
1966, 43).
Con el abordaje del siguiente punto no se pretende hacer una historia de la salud
pública en El Tocuyo, sino intentar mostrar uno de los hecho de mayor
323
preocupación en esta localidad, como fue la epidemia de fiebre amarilla que la
azotó en diversos momentos, pero que tiene sus puntos mas álgidos en las
primeros años del siglo XX, momentos en que la situación de precariedad en
materia de salud se hacia sentir a nivel nacional, y mucho más en aquellas zonas
donde existían no solo las condiciones sociológicas –ignorancia, pobreza, entre
otros- sino también las condiciones geográficas y naturales propicias para la
expansión de la enfermedad.
En tal sentido, uno de los temas de preocupación de los tocuyanos de finales del
siglo XIX y primeras décadas del siglo XX es, sin lugar a dudas, la salud, y
concretamente el caso de la fiebre amarilla, lo cual originó importantes bajas como
consecuencia de este mal.
En 1906, se crea el Asilo San Antonio, lo cual sirvió de refugio a los ancianos y
dispensadores de algunos servicios en materia de salud, de esa manera se crea
324
en 1917 la enfermería de dicho asilo. En 1928, se habló de un proyecto de mudar
el Asilo San Antonio a Belén ya que estaba en reconstrucción. Para esta noble
causa se realizaron varias veladas pro-fondos, debido a la inexistencia de los
recursos económicos necesarios en materia de salud, situación que vino a
agravarse en 1923, cuando se produjo un brote de viruela y disentería en la
población.
Debe hacerse mención, que desde 1910 se contaba con los médicos Víctor
Montesinos, Lucena Morles, Benito Hurtado, Carlos Yépez Borges, Jesús M.
Garmendia, Egidio Montesinos Agüero, Carlos Alberto Pérez, Plácido Daniel
Rodríguez, Gualberto Garmendia, Diego Meza, José Jiménez, Pablo Gil García.
Debemos hacer notar que durante esos años la misma población de El Tocuyo
comenzó a denunciar, como forma de control, a los constantes brotes de
enfermedades, la existencia de pozos de agua en muchas viviendas, lo cual no
contribuía en lo absoluto al control sanitario. Manifestaban que “…para que
nombraran comisiones, o bien se ordene a la policía revisar todas las casas de la
población siquiera una vez por mes y se impongan las multas de las disposiciones
higiénicas”. (El Radical 06 de octubre de 1905. Mes VI Nº 17). La situación
sanitaria se convertía en asunto de prioridad pública y se llamó a la aplicación de
ciertas leyes por parte de la Junta de Sanidad existente.
325
Otra de las enfermedades que preocupaban a la población de principios del siglo
XX era la tuberculosis, “…enemigo común, monstruo horrendo de cien cabezas,
que, como la creación infernal del Dante con un diente de cada boca destroza un
ser…” (Idem). Se proponía el barrido de las calles con todas las precauciones y
reglas higiénicas necesarias o de no cumplirse con esta proponían la suspensión
del servicio debido a las inhalaciones de tierra que se producían y la posibilidad de
contraer el mal. “…De modo que si no se barre a la hora de menos tráfico y con
todas las reglas que deben seguirse, es mas humanitario, mas cristiano, evitar el
barrido”..” (idem) .
326
quebradas, es decir, lodo, agua, y deficientes condiciones sanitarias, fueron el
caldo de cultivo para la profundización de una situación epidémica. Los tocuyanos,
tenían la creencia que los brotes de la enfermedad venían con los vientos que
soplan de norte a sur, es decir, los que venían de las poblaciones de Boro,
fundamentalmente, población ésta que se encuentra inserta entre grandes
haciendas de caña de azúcar y a los márgenes del río.
327
respectivos vecindarios; pero ya en el presente están en peores
condiciones económicas, con el año corrido vendiendo sus frutos a
precios ruinosos. En estos días nos dijo un hombre de esos lugares: “La
mayor parte de los que se mueren por aquí es por falta de recursos. No
se hacen ningún remedio”. En la misma ocasión, tuvimos oportunidad
de observar, que los individuos mejor acomodados de la clase pobre,
que podrían denominarse semi pobres, que siembran conucos, tienen
chivitos, i hasta ciertos individuos poseen pequeños lotes de terrenos
regadizos, en la ocasión flaquean por que lo que producen vale casi
nada, i algunos perdieron sus siembras de maíz por el exceso de agua
llovediza.
De modo que la situación para los habitantes de la zona empaluidada
es angustiosa, terrible, mayormente para la clase paupérrima.
¿No habrá medios de contribuir en algo a disminuir la gravedad de
ella?. ¿No podría intentarse la formación de juntas de socorro, así como
se constituyen con fines menos urgentes i humanitarios?...
Algo que se hiciere, valdría por mucho. Siquiera comestibles que se
repartieran a las personas paupérrimas, imposibilitadas para trabajar.
(El Arado 10 de diciembre de 1933 No. 177.)
Invisibles en si misma, palpable en su huella, sube valle arriba la ola
palúdica, la epidemia febril días atrás denunciada al norte del valle.
Ahora esta en los caseríos de Sabana Grande, Buena Vista, El Olivo i
El Jobo. Da en diversas formas; quizás tifomalárica. Cuánta pobre
gente enferma i sin recursos para apagar el fuego ni fortalecer el
organismo a la resistencia. (El Arado 1 de enero de 1934. Nos. 182-
183.)
328
una población de tres millones de habitantes, de las cuales aproximadamente un
millón enfermaba anualmente de malaria. Se calculaba que cada dos horas moría
un venezolano de paludismo. No obstante, hubo que esperar hasta la fundación
de la Oficina de Sanidad Nacional, en 1911, para comenzar a palear la situación y
cuyas acciones se profundizarían con a la creación del Ministerio de Sanidad y
Asistencia Social y de la Dirección Especial de Malariología, en 1936.
329
zancudo es escaso. Más se consigue en los bosques vegueros, en los
zarzales de las faldas bajas de los cerros, i en los mismos plantíos de
caña i maíz, en los cuales pica a toda hora el que entra en ello…
En tales condiciones económicas i culturales no es posible que de
resultados satisfactorios una propaganda verbal i escrita hecha en las
capitales i en las poblaciones secundarias i aún en los pueblos. Precisa
que con tenacidad i frecuencia salgan a los caseríos hombres versados
a decir en lenguaje comprensible por el labriego las enseñanzas de la
higiene…
En virtud de la fuerte epidemia palúdica que estaba azotando a varios caseríos del
municipio Bolívar: Boro, Maraca, El Playón, Cimarrona, Buga, Buena Vista y otros,
como también, algunos de los barrios de la población, la autoridad civil del distrito
se dirigió a su superior en la comunicación de los informes referentes al flagelo. El
gobernador correspondió, inmediatamente enviando una gran cantidad de quinina
para que fuese repartida entre los afectados, dando preferencia al proletariado.
330
Para el envío de los medicamentos fue implementada cuidadosamente una
logística por parte de las autoridades civiles y municipales, en colaboración con el
Centro Cultural Dr. Egidio Montesinos. Para tales fines se convocaron a una
reunión en dicho Centro con el objeto de cruzar ideas conducentes al mejor
reparto de la medicina señalada.
331
prueba de zancudos, siendo estos los mas fácil de realizar por las
personas de mediadas posibilidades económicas?
Regiones populosas hay desde apenas si existen tal y cual instrumento
para filtrar el agua, en poquísimas casas.
Todavía se ve empozadas y botiquines el trapo sucísimo para secar los
platos y vasos, en ciertas bodegas se amontonan promiscuamente toda
clase de cosas junto con artículos comestible: queso, dulce, amasijos,
expuestos al mordisco del ratón, de la cucaracha, al paseo de miras de
moscas… pero que puede esperarse donde a una persona de las
llamadas cultas propaga catarro, gripe, etc. tosiendo sobre las personas
o sobre los objetos del servicio común en su casa o en los
establecimientos públicos. Egoísta, parece que se complacen en
propagar el mal que llevan.
Sobre asunto de higiene casi nadie busca de leer. Meses atrás
insertamos una conferencia interesante tomada de un folleto de la
sanidad, i supimos que entre los escritores tenidos cultos causó fastidio
la continuidad de inserción durante varios números… en cambio se
busca lo chismoso, lo insustancial, lo escandaloso, sobre todo lo
malévolo.. (El Arado de diciembre de 1933. No. 181.)
Faltas y crímenes
Resulta difícil pensar que hace unos cien años en la población de El Tocuyo,
pudiera existir la crónica roja que revela los índices delictivos acaecidos en la
población. Esto, además de sorprendente es comprensible, pues, El Tocuyo de
principios del siglo XX era una pujante ciudad donde podía notarse una gran
diferencia entre la vida limitada del campo y la cosmopolita ciudad, con todas las
332
implicaciones socioculturales del caso. Uno de los años críticos, según la prensa
regional de la época, es 1905, y así lo deja ver el periódico tocuyano El Radical.
333
situación considerada de agravio podía fácilmente afectar la honorabilidad, la cual
era defendida no por las vías jurídicas si no por la del enfrentamiento personal.
Para tener una idea mayor fundamentada sobre los antecedentes remotos de
esta afirmación, es importante mencionar al primer informe que sobre El Tocuyo,
se envía a la Corona española, fechado en 1579, donde se hace mención a la
tendencia al suicidio de nuestros pasados aborígenes quienes “...dándoles
cualquier mal y en diziendo morirme quiero y el corazón me duele se dejan morir
y otros hombres y mujeres que por pequeñas ocasiones se Horcan.”(Silva
Uzcátegui, 1941,173)(Escritura de la época.). Así mismo, Alejandro de Humboldt,
en su visita a principios del siglo XIX, y sin haber visitado la ciudad, hace una
descripción sobre este mal: “El Tocuyo goza de un gran frescor y sorprende oír
decir que bajo un tan hermosos cielo tengan los habitantes una gran propensión
al suicidio”. (1985. [Link].p.181).
334
El estudio de las genealogías de aquel reducido grupo de familias,
me permitió establecer de modo concluyente, que hubo una
intensa conjugación entre ellas, repetida durante cuatro siglos; que
las psicopatías han sido muy frecuentes en las distintas familias a
lo largo del tiempo, y que no es rara la circunstancia de que en
cada generación familiar hubiese cuando menos un loco o
epiléptico, dos o tres “chiflados” y algunos suicidios (p. 108).
335
Se registran además hurtos en casas particulares, de donde extraían ciertos
objetos de uso domestico para luego ser comercializados, también eran comunes
los asaltos de camino, como el ocurrido en ese mismo año, a un arriero que traía
un cargamento de legumbres, las cuales fueron recuperadas debido a que los
malhechores fueron a vender la mercancía en el mercado local.
En líneas generales, hasta las primeras décadas del siglo XX, los casos policiales
o de violencia se suscribían a las riñas constantes, solo que partir del año 1930,
comenzaron a ser mas recurrentes los robos a causa de la difícil situación
económica que atravesaba la población, siendo las más afectadas las bodegas
(ventas al menudeo), y hasta la propia iglesia, tal como ocurrió en 1933, tras el
robo de los objetos de la iglesia o el despojo de sus pertenencias a los cadáveres,
pues es costumbre aun en los pueblos colocarlos dentro de la urna mortuoria.
336
Vías de penetración y transporte
337
Debe considerase que referirse al tema de las vías de comunicación terrestre,
durante la Venezuela agropecuaria, y desde una perspectiva local, significa tratar
con mayor precisión la línea evolutiva de los pueblos en relación con su progreso
económico, y debe señalarse que, gran parte de los estudios históricos que hasta
el momento se han realizado parten de una visión generalizada acerca de los
orígenes de la red de carreteras nacionales, que aún sirven de efectivo lazo
comunicante entre los distintos pueblos y ciudades esparcidos a lo largo y ancho
de la geografía venezolana. Pero cabe preguntarse, por qué el gobierno gomecista
le dio prioridad a ciertas poblaciones para la construcción de proyectos terrestres
en materia de comunicación?.
338
clase de trabajos, en no lejano tiempo veremos coronada tan importante
como simpática obra. (La Torcaz. 15 de agosto de 1916. Nº 247).
Más adelante se señala.
339
En este mismo año de 1882, se realizan obras como el enlosado de las calles
Comercio, pavimentada luego en 1915, Abundancia y Las Ciencias, con 1 metro y
medio de ancho por 0,35 centímetros de espesor. Igualmente se lleva a cabo el
techado del mercado municipal, la construcción del Puente Bolívar, el cual años
después, en 1925, es remodelado sustituyendo el de madera, que se encontraba
en mal estado, por uno de mampostería y piso de cemento, con las mismas
dimensiones.
340
Caracas, de Puerto Cabello, de Maracaibo, de Barquisimeto y aun del
exterior) El Tocuyo es una de las mejores poblaciones del país, tanto
por su situación topográfica y arquitectura, como por su escogida (sic)
sociedad, por los elementos de vida que posee, por la severidad de sus
costumbres y por su asombrosa producción de café, de papelón,, de
azúcar, de harina, de aguardiente, de chimó, de ganados y de frutos
menores. No obstante que de El Tocuyo se han trasladado a
Barquisimeto mas de treinta familias, la mayor parte de ellas
acomodadas, hoy están escazas las casa de alquiler y subiendo éstos
en la población. El Tocuyo sostiene tres boticas bien montadas; en el
funcionan tres clubs (sic) de recreo con bibliotecas: circulan con
regularidad varios periódicos locales; hay en actividad cinco templos
bien ornamentados y tiene un comercio fuerte y desahogado que de
todas partes recibe a diario ofrecimientos por lo bien cimentado de su
crédito.
341
Después, en los años treinta, la prensa comienza a reflejar, en diversos artículos
de opinión, entorno a la necesidad de crear proyectos agrícolas, cooperativos a
fin de buscarle un paliativo a los rigores de la crisis local y producto del crack de
los años treinta en Norte América y el resto del mundo. También refleja la
preocupación por las condiciones sanitarias de la localidad y por el estado
evidente de pobreza de buena parte de la población. Pero más interesante aún, es
ver la opinión y el comportamiento que tuvo ese sector social, históricamente
privilegiado. Pues, se intento brindar cierto apoyo a “los otros”, a través de la
filantropía, de la educación y capacitación para el trabajo doméstico –en el caso
de la mujer- y de formación de la masa campesina, tal como lo tenia planteado el
Comité de Damas Católica y el Centro Cultural Dr. Egidio Montesinos en el año
1933.
No obstante, esa visión de los otros, para referirnos con esta a los sectores
sociales menos favorecidos económicamente, también dejó claro la “visión de si
mismos”, reflejado en una especie de autocrítica social por parte de algunos, pero
intentando parecer o querer demostrar que eran los únicos llamados (o con la
posibilidad para hacerlo) a la tarea de “ilustrar” a esa masa de población, sin
ningún tipo de formación, educación o “buenas costumbres”. Se inicio una
campaña de sensibilización en la que participaron fundamentalmente las mujeres
tocuyanas que ya sabían leer y escribir o que habían tenido la oportunidad de
cursar estudios de educación primaria, y por supuesto, tenían destrezas en
algunas labores manuales como corte y costura, bordados, cerámica, cocina,
entre otras. Por su parte, la Iglesia no podía dejar de cumplir con el llamado de
su feligresía a sumar esfuerzos en ese sentido:
342
medios de remediar en lo posible tal graves necesidades. Acogimos de
una vez la importante insinuación del bondadoso Levita, amigo con el
propósito de hacer del dominio público junto con la proposición de que
se formen juntas en cada caserío de la jurisdicción subordinadas a una
mayor que se formen i funcionen en la ciudad, bajo la protección y
dirección de las autoridades civiles y eclesiásticas, para que así puedan
rendir mejor i de modo eficaz su altruista cometido en la urgencia del
caso.
No creemos posible que se mire con indiferencia el proyecto de que
trabajamos. La mayoría de nuestros coterráneos es generosa y sabrá
encontrar los medios adecuados a multiplicar con la organización
económica los escasos recursos de posible consecución en días
penuriosos para la generalidad. Por el contrario estamos seguros de
encontrar eco simpáticos en la sociedad tocuyana, mayormente en el
corazón de la mujer, braza ardiente de amor que solo aguarda el mas
leve soplo de inspiración para irradiar calor i luz en torno, i de que el
personal gubernativo sabrá apersonarse de la situación i coadyuvar en
la medida de sus potencias al logro de la humanitaria empresa. Del
Clero no hay que decir: de él parte la caritativa iniciativa.
343
algo a la mayor brevedad. Hoy algo sería mucho. (El Arado. 18 de Mayo
de 1933. No. 123).
Con la crisis se inicia también una especie de crítica social con respecto al sector
pudiente, quienes comenzaron a ser señalados como un sector que sólo se
encargo de acumular y despilfarrar y no prever la situaciones de caos económico y
social. Se les acusó de entregarse en lo absoluto al utilitarismo, la banalidad y de
vivir nada más que la vida material de los negocios.
Podría afirmarse que, después del periodo de expansión cultural, que tiene lugar
durante los años setenta del siglo XIX, y con el surgimiento de la crisis económica,
las élites sociales en El Tocuyo, comenzaron a autopercibirse de distintas
maneras: por una parte, como un pueblo joven, laborioso, y en franco proceso de
transformación, pero, paradójicamente, también se autopercibían como un pueblo
que había desaprovechado el tiempo para invertir y progresar social, económica y
culturalmente, y por el contrario solo se sumió, desde el punto de vista de la
opinión publica, en las cuestiones superficiales.
344
descubierto, y se denotaba una gran mayoría de la población con bajos niveles de
formación educativa, poca capacitación técnica para el trabajo en sus distintos
niveles, mucha pobreza y graves problemas de salud. Surgen entonces
propuestas como las de crear las “Juntas de Socorro “, centros de orientación
educativa como el del Centro de Damas Católicas, centros culturales como el Dr.
Egidio Montesinos Agüero, ambos con una misión social pero con una filosofía
diferente: las primeras, representaban la actitud filantrópica de las mujeres de la
élite económica y los segundos, con una actitud – subliminal o encubierta-
tendiente a concientizar social y políticamente a las masas de campesinos y
obreros.
345
los efectos; esos otros pueblos, en decadencia van terminando sus
energías i hay hambre de todos esos mecánicos apoyos, nosotros, que
vamos hacer la reposición de ellos. (El Arado 28 de mayo de 1933. no.
126.)
346
La vida intelectual de Venezuela-hasta el año de 1920- se mantuvo con
una indolencia aterradora pero como el “ideal tiende a la perfección”,
según el decir de Ingenieros un grupo de talentos intencionados
encabezados por la idealidad fraterna de Leoncio Martínez inició
fundando a “Fantoches” a ser el nuevo ambiente venezolano. El
humorismo de Leo y de sus compañeros, no tuvo otro propósito sino el
de conseguir encariñarse con el pueblo venezolano y de esta manera
mostrar el alma de la democracia… Colaborar con el Centro Cultural Dr.
Egidio Montesinos es hacer trabajo de patria. Ya es tiempo de abolir los
aristocratismos ridículos. Hay que sembrar al pueblo para que nos
pueda dar buena cosechas, pero sembrarlo bien. Con amor. Y situados
dentro de esta tribuna ir cada día rompiendo con muchos prejuicios que
obstaculizan hasta las clases sociales de Hispanoamérica, formar una
sociedad bien definida.
347
Las Damas Católicas hacen por el bien de las clases pobres e
ignorantes, pensamos y lo decimos que se va ganando terreno en el
sentido de la superación moral, pese a la grita asustadiza de cuantos
creen constatar perversiones en las reivindicaciones feministas… (El
Arado 29 de junio de 1933 No. 134)
NOBLE TAREA. Siempre la mujer tocuyana, por buena i virtuosa, a
dado pruebas de su espontanea colaboración en toda obra de actividad
cultural para su pueblo.
Ayer nomas veíamos a nuestras gentiles damas trabajando hasta
avanzadas horas de la noche, confeccionando vestidos, camisas,
gorros, escarpines, etc., para repartir a los niños pobres de la ciudad y
de su campo, en el importante acto de caridad y de cariño organizado
por el Centro Social de Damas, celebrando en sus salones la tarde de
pascuas de navidad, acto que vivirá siempre en el recuerdo de todo
buen tocuyano por la esplendidez que revistió, i por el sentido que lo
inspiró i hoy, ese mismo grupo de mujeres-abejas que sin bulla fabrican
la miel para endulzar los dolores, silenciosamente, como se debe
practicar la caridad, han organizado una escuela nocturna para damas
pobres, que desde el lunes pasado viene funcionando, cada noche en
mayor aumento de discípulas.
La noble tarea de enseñanza se las han repartido 10 distinguidas
señoritas de nuestra buena sociedad: Lunes, Josefa Isabel Carrillo y
Carlota León, Martes, Magdalena Tamayo y Luisa Emilia Felice,
Miércoles, Flor Tamayo y Adelaida Orellana, Jueves, Sara Reinoso y
Rebeca Montesinos, Viernes, Clementina Tamayo y Rosa Eloísa
Rodríguez, el Sábado no hay clase.
…Saldrán muchachas educadas de sana costumbres y de otros ideales
que las harán cambiar completamente el estrecho radio en que han
venido actuando. (El Arado julio 2 de 1933 No. 135)
Sin embargo, a pesar de los reiterados llamados a través de la prensa local para
sumar esfuerzos a favor de la clase desposeída, no fueron muchos los que
acudieron al mismo, existía una especie de “despreocupación general”, apatía,
que fue señalada como manifestaciones de indolencia y falta de solidaridad. En
1929, el presbítero Leña y Mellado, recurrió a las instancias gubernamentales,
concretamente al jefe civil del distrito, el coronel Méndez, para obtener su
apoyo y participación en la creación de la junta de socorro y de lograr espacio
348
para la reclusión de los mendigos que deambulaban por las principales calles de
la ciudad. Según el periódico El Tocuyo, el mencionado presbítero propuso a la
primera autoridad lo siguiente:
349
Llevose a efecto anoche, con lujo de concurrencia en el Teatro
Municipal la velada benéfica dispuesta por la honorable Comisión de
Damas Católicas presidida por la respetable señora Doña Rita de
Rodríguez López i encargada de socorrer a los pobres vergonzantes de
la localidad, oportunamente bajo los auspicios de los hijos del Tocuyo,
quienes siempre se han distinguido por sus sentimientos caritativos”.
(Bartolomé Lozada)
En dicha actividad se exhibió la película de Ronald Colman titulada Su
Primer Idilio, hubo interpretación de coupletes igualmente hubo
interpretación de la Banda Armonía “actos de filantropía como éste no
debieran escasear en nuestro suelo, en que la clase pobre está
agobiada por la presente terrible crisis.
Hermosa noche de imborrable recuerdos puesta bajo la auspicio de
cuanto asistimos al teatro, prestando así pequeños contingentes
destinados indudablemente a calmar un dolor.. a curar una herida… a
vestir al desnudo… y es que la mujer tocuyana, noble de corazón y de
abolengo, no se hace esperar cuando de sus labios se necesita una
sonrisa para mitigar una pena. (El Arado 3 de agosto de 1933. No. 143).
350
no podemos olvidar que esta postura obedece a la visión un tanto salvadora o
mesiánica que tenían los sectores dominante de si mismo sobre los otros, como
ellos llegaron a definirlos: los vergonzantes, pobres e iletrados que necesitaban
ser salvados y ayudados a salir del oscurantismo:
351
Estudiando la instrucción pastoral del episcopado venezolano, en lo
relativo a sagradas procesiones, en el Capitulo II, Articulo IV, No. 834,
dice así:
Reprobamos y condenamos ciertas precesiones que se hacen todavía
en algunos lugares o pueblos, sosteniendo una pésima costumbre en
que la imagen del santo va acompañada de bailes y cantos ridículos y
de otras manifestaciones plenamente irreverentes, no tolerable ni como
actos de una piedad sencilla e ignorante. Apóyense los párrocos, donde
aún se conservan esa supersticiosa práctica en esta prohibición, para
no permitirla.
Esta prohibición me escuda, ciertamente, al no permitir procesiones,
similares a las anotadas, en los límites jurisdiccionales de mis
actuaciones.
Quedan terminantemente prohibidos los tamunangues y velorios, según
se ve, de orden del episcopado.
Ahora falta que los campesinos acaten la orden, pues sucedió años
atrás que a nuestro campesinos les negaron el permiso para
tamunanguear, y entonces ellos se negaron a contribuir para las puras
misas: “quieren fiestas finas, pues que las paguen”. Dijeron. (El Arado
20 de agosto de 1933. No. 148. )
352
Troconis de Veracoechea (1977) señala la simpatía de los tocuyanos humildes
por los grandes movimientos de insurrección ocurridos en el país, como el de Juan
F de León 1749, los comuneros de Mérida en 1770, que hicieron a las más altas
autoridades- fundamentalmente las de localidad- tomar medidas al respecto. Pero
no tememos en afirmar que las principales manifestaciones de rebeldía de la
población tocuyana estuvieron en la conformación de una organización cultural
que se manifiesta tanto en la rica y extensas expresiones artísticas tocuyanas,
como también en su sentido religioso. Estas manifestaciones culturales como
religiosas permitieron al indígena, al negro, al mestizo y al blanco de orilla
tocuyanos dar cabida y canalización a sus sentimientos de angustia, resentimiento
y dolor.
353
hacia el Rey y por una responsabilidad de mantener las estructuras
heredadas.
El Tocuyo, Como toda población con profundas raíces históricas, cuenta con
personalidades, hechos, momentos, que son ampliamente conocidos, pero
también éstas grandes ciudades cuentan con personajes quizás no tan ilustres
(carentes de un apellido o abolengo, propiedades o títulos académicos) cuya
condición económica muchas veces no les permitió ni su formación ni las
posibilidades de vivir en otras tierras, pero cuya devoción al trabajo y amor a El
Tocuyo hicieron posible el desarrollo de esta ciudad.
354
El Tocuyo llegó a tener la importancia que ha tenido en su historia, no sólo por
quienes figuraron como grandes científicos, artistas o intelectuales, sino también
por quienes lograron desarrollar su economía y quienes compartieron su labor
productiva con el progreso de la cultura. Son muchos los personajes, leyendas y
tradiciones que nacieron en barrios humildes donde habitaban el trabajador, el
peón campesino o artesano heredero del legado aborigen o africano. Ellos han
sustentado el trabajo que ha hecho posible la riqueza de las élites, y han sido ellos
los creadores y albaceas de las más importantes manifestaciones culturales de
esta ciudad.
355
CONCLUSIONES
Hasta finales del siglo XIX, no están claramente definidos los fundos tocuyanos,
sus limites no son muy precisos, debido a que hasta esa fecha era imposible- con
las pocas técnicas utilizadas- hacer uso de todas las tierras, al final la posesión de
grandes extensiones de tierra era mas un signo de estatus que realmente de
riqueza (producción), eso comienza a cambiar a partir de este tiempo. Las
principales haciendas eran partes no muy delimitadas de los grandes partidos o
caseríos que conformaban a El Tocuyo: Boro, Buenavista, El Palmar, El Molino, La
Otra Banda y Maraca.
356
por las autoridades entre los primeros colonizadores efectivos y las
composiciones de aquellos que habiendo ocupado durante mas de 20 años un
terreno, solicitaban luego la legalización como propietarios. La encomienda, si bien
no otorgo la propiedad de la tierra, muchos de lo encomenderos al ser abolidas, en
1718, exigieron su propiedad vía composición.
Los sucesos políticos del siglo XIX: los diez años de la Guerra de Independencia,
las revueltas campesinas, los cinco años de la Guerra Federal y los centenares de
movimientos o alzamientos que se produjeron a finales de ese siglo, destruyeron
la economía del país. El Tocuyo sufrió las consecuencias de estas contiendas
realizadas en otras regiones, tanto por la participación de algunos de sus hombres
en esos acontecimientos como por la debilidad que se produjo en el ámbito
comercial.
Es a finales de la década del sesenta del siglo XIX, cuando el entonces distrito El
Tocuyo, comienza a transcurrir un período de importante auge económico y
357
sociocultural, que alcanza hasta finales de la tercera década del siglo XX. En este
contexto- de lo que se ha llamado el capitalismo monopólico y la segunda
revolución tecnológica- las naciones económicamente atrasadas se insertan en la
política de inversión capitalista de las grandes potencias en las actividades
comerciales y en algunas industrias como la del ferrocarril, naviera, telegráfica,
eléctrica, es decir una inversión de infraestructura para consolidar el mercado
interno nacional, requisito indispensable en el desarrollo capitalista. Estas
actividades económicas se concentran en las principales ciudades del país, en El
Tocuyo importantes casas comerciales tenían presencia significativa.
358
solamente con las principales ciudades del país sino con el exterior. Si bien el
café venia tomando auge importante desde la década de los 70 del siglo XIX, es a
finales de ese siglo- con la abolición de los resguardos indígenas, y que estas
tierras (por compras, permutas, hipotecas o simple invasión) fueron apropiadas
por parte de los terratenientes de El Tocuyo- cuando la actividad cafetalera toma
mayor auge en la región
Todo este auge económico y cultural mantuvo a El Tocuyo, entre las principales
ciudades del país, no sólo por su peso histórico, sino por su nivel de producción
cafetalera, papelonera, comercial y como camino principal hacia los estados
andinos y otras localidades de occidente como Maracaibo, principal centro de
acopio de café del país.
Pero ya desde lo años veinte del siglo pasado, se inicia el periodo de crisis, que
tenia entre sus causas los siguiente elementos: 1- la sobreproducción en los
mercados mundiales de café, no olvidemos que los principales productores del
mundo eran nuestros vecinos: Colombia y Brasil. 2- la sobreproducción de
papelón, paradójicamente, causada por la tecnificación ya señalada. 3- la carencia
o debilidad de organismos de regulación y cooperación que organizaran a los
productores de ambos rubros. 4- las consecuencias de la crisis capitalista mundial
de los años treinta, que afectó ambos rubros pero fundamentalmente al café por
359
ser un bien no básico de consumo. 5- la construcción de la carretera transandina
hacia el occidente del país, que rompió con él tránsito histórico hacia El Tocuyo y
lo aisló geográfica y comercialmente.
Eran ellos lo que tenían el poder de elegir y de ser elegidos para la administración
publica, fueron ellos los que tuvieron posibilidades de estudiar en el Colegio
Nacional (1833-1869) y en el Concordia (1863-1913) y quienes pudieron ir a
estudiar en la Universidad de Caracas o la de Mérida, o a Europa, para culminar
sus estudios profesionales, principalmente en derecho, medicina e ingeniería.
Igualmente, fueron los que fundaron y dirigieron los clubs, y otras instituciones
culturales: cines, periódicos, teatros, orquestas, escuelas de arte, entre otras. Era
360
su pensamiento y su estilo de vida el que se divulgaba y el que servía como
referencia al resto de la sociedad.
Junto a las élites económicas y políticas, existió una élite cultural, de cual formaron
parte, por la vía de la excepción, personas que muchas veces ni siquiera
pertenecían a las familias élites (principales y secundarias) de El Tocuyo, pero por
sus dotes personales y artísticos, su nivel cultural le permitieron acceder y
compartir, en un primer momento el espacio cultural de las elites: clubes, bandas
musicales, orquestas, periódicos, entre otros, a los cuales, en principio, le estaba
negado entrar sin ser miembros de la elite económica.
Pero en este trabajo, también aparece reflejados parte de los sectores sociales
que no formaban parte de la élite: el trabajador campesino, el descendiente de
esclavo que hizo posible con su trabajo la riqueza de la élite. Pero también se
menciona el papel de la mujer tocuyana, que a pesar de ser victima del machismo,
361
fueron quienes dirigieron no solamente los asuntos domésticos sino también
claramente vinculadas a las actividades productivas, mientras que el hombre
ocupaba los espacios de jerarquía política y espirituales. Pero también nuestra
acomodada mujer blanca le tocó en muchas oportunidades, de nuestra historia,
asumir roles en la economía familiar y muchas veces levantar sola una familia, en
vista de que los hombres ocupaban cargos políticos, o estaban en la guerra o
simplemente habían muerto.
La mujer tocuyana también fue victima de la dominación, las que conformaban las
familias élites obligadas a casarse solo por interés, sometida al estilo de vida que
se le imponía, poco consultadas y valoradas sus opiniones. La mujer humilde
doblemente explotada, en su condición de excluida social, teniendo que ser, en
muchos casos, padre y madre a la vez, pero además muchas veces impulsadas a
satisfacer las necesidades carnales de los hombres de la élite para poder subsistir
o procrear hijos con mayores posibilidades de superación.
No obstante, esa visión de los otros, para referirnos con esta a los sectores
sociales menos favorecidos económicamente, también dejó claro la “visión de si
mismos”, reflejado en una especie de auto critica social por parte de algunos, pero
intentando parecer o querer demostrar que eran los únicos llamados (o con la
posibilidad para hacerlo) a la tarea de “ilustrar” a esa masa de población sin
ningún tipo de formación, educación o “buenas costumbres”.
362
Con la crisis se inicia también una especie de critica social con respecto al sector
pudiente, quienes comenzaron a ser señalados como un sector que solo se
encargo de acumular y despilfarrar y no prever la situaciones de caos económico y
social. Se les acuso de entregarse en lo absoluto al utilitarismo, la banalidad y de
vivir nada más que la vida material de los negocios.
363
BIBLIOGRAFÍA
DOCUMENTALES
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364
FUENTES HEMEROGRAFICAS
365
FUENTE ORAL
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376
ANEXO I. Mapa del estado Lara
377
ANEXO II. Mapa de estado Lara
378
ANEXO III. Mapa Hoya del Río Tocuyo
379
Anexo IV. Redes de intercambio entre Venezuela y Colombia. Siglo XIX
380
381
Anexo V: Haciendas de la Región de El Tocuyo. 1950
*Leyenda II:
1. Hda. Berlín
2. Hda. Los Patios
3. Hda. El Cercado
4. Hda La Mejor
5. Hda. El Cardonal
6. Hda. El Lamedero
7. Hda. Santa Elena
8. Hda. Sabana Grande
9. Hda. Villa Carmen
10. Hda. La Peña
11. Hda. El Olivo
12. Hda. Buena Vista
13. Hda. Las Palmas
14. Hda. Las Cocuizas
15. Hda. El Limoncito
16. Hda. Guajirita
17. Hda. El Molino
18. Hda. Monte Carmelo
19. Hda. Sta. María El Molino
20. Hda. Santa Rita
21. Hda. La Pandita
22. Hda. Santa Eduviges
23. Hda. Beliza
24. Hda. La Cuesta
25. Hda. El Hatillo
26. Hda. San Pablo
27. Hda. La Vega
28. Hda. Los Cocos
29. Hda. Bella Vista
30. Hda. San Pedro
31. Hda. La Reforma
32. Hda. La Charca
33. Hda. La Otra Banda
34. Hda. Falcón
35. Hda. Nubia
36. Hda. Central Tocuyo
382
37. Hda. La Valvanera
38. Hda. La Alcabala
39. Hda. Buenos Aires
40. Hda. La Estrella
41. Hda. El Cerrito
42. Hda. El Callao
43. Hda. San José
44. Hda. Las Cruces
45. Hda. Sta. Teresa
46. Hda. Boro Cujizal
47. Hda. Boro Sto. Domingo
48. Hda. Boro Mamonal
49. Hda. Boro San Francisco
50. Hda. Las Veritas
51. Hda. San Jerónimo
52. Hda. Ira
53. Hda. Boro Cimarrona
54. Hda. El Playon
55. Hda. Maracas
383