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Camino a Emaús: Decepción y Esperanza

El documento describe el viaje de dos discípulos desde Jerusalén a Emaús luego de la crucifixión de Jesús. Los discípulos iban desilusionados y sin entender lo sucedido, mientras Jesús se les acerca sin ser reconocido y les explica las Escrituras para darles esperanza. Al compartir la cena, Jesús se revela a ellos y sus corazones se encienden, regresando a Jerusalén con un nuevo fervor para contar a los demás lo ocurrido.

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Camino a Emaús: Decepción y Esperanza

El documento describe el viaje de dos discípulos desde Jerusalén a Emaús luego de la crucifixión de Jesús. Los discípulos iban desilusionados y sin entender lo sucedido, mientras Jesús se les acerca sin ser reconocido y les explica las Escrituras para darles esperanza. Al compartir la cena, Jesús se revela a ellos y sus corazones se encienden, regresando a Jerusalén con un nuevo fervor para contar a los demás lo ocurrido.

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DE CAMINO A EMAUS

Mateo24:13.

Que precioso es tener confianza en dios cuando las cosas van bien, nada nos
perturba, nada nos molesta, nada es difícil, es agradable pasar tiempo con los
demás, y pareciera que no puede haber nada ni nadie que pueda sacarnos de ese
éxtasis.
Los discípulos estaban con Jesús, de un lugar a otro viéndolo realizar milagros,
sanando a los enfermos, libertando cautivos…el listado es incontable.
Jesús conoce a sus discípulos y ha pensado en lo por venir, todo sucederá tan
repentinamente para los discípulos que escasamente comprenderán de que se
trata todo el alboroto.
Sera como un Tsunami de acontecimientos, Sanidades, confrontaciones,
milagros, rechazos, Traición, muerte y Resurrección.
Todo fue tan rápido que aun en camino a Emaús luego de tres días un par de
creyentes que estuvieron entre los acontecimientos iban hablando de tales cosas.
Frases como “Simón Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo. “El
que no tiene Espada venda su alforja y cómprese una”.
“Orad para que no entréis en tentación”.
“Con un beso entregas al Hijo del Hombre”?
“Padre si quieres pasa de mi esta copa”.
“Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios.”
Donde se hallaba el Trono que iba a ocupar.
Jesús estuvo en cada momento mostrando ternura, Divinidad, Poder, Humildad.
Nos Dibujó en todas las formas habidas y por haber, a que Reino Pertenecía,
Como era el Reino de su Padre.
Bien, es aquí donde nos ponemos al lado de dos caminantes, que van como
desaforados, como azarados, como
Confusos todavía y sin entender del todo las cosas.
Cuántas veces hemos escuchado por diferentes fuentes las grandes cosas que
nuestro hacedor ha hecho.
Estamos casi al hastió de escuchar por un lado y otro acerca de los grandes
milagros del Señor, apagamos el televisor, cambiamos el canal, claro, hoy vemos
abusos de parte de muchas personas, pero así están las cosas, como Camino a
Emaús.
¿De que hablaban? ¿Qué día era? ¿Que había entre ellos? Hch 2:42.
¿En qué estado se encontraban los Discípulos?
La ignorancia que había en ellos era notoria, el desaliento de ver que lo que ellos
esperaban según su visión era otro tipo de persona.
Estaban faltos de Visión de Dios.
Cleofás. “Jesús Profeta.” … ¿que hay en ellos respecto a Jesús? Total,
Ignorancia. Duda. Sin Fe. (21)
Profeta Poderoso en Obra y en Palabra.
Muerte Crucificado. Apariciones Angelicales.
Esperábamos…las cosas no han cambiado, sacerdotes corruptos, gobernantes
corruptos, Faltos de visión, e incrédulos, Torpeza en los discípulos,
desconocedores de la predestinación de Cristo. (Ver 26)
A partir de ese momento ña vida de estos cambios dramáticamente.
Ardían sus corazones. Comprendieron las escrituras. Fueron hospitalarios,
Compartieron el Pan. los ojos les fueron abiertos.
Desapareció de su vista(Luc4:30).
Efesios 5:15-20.
Regresaron a Jerusalén. Anhelaban contar a todos referente a su experiencia con
Cristo. Fueron Bienaventurados. Cristo paso tiempo a solas con ellos. Cristo les
abrió las Escrituras y les explico cómo enseñar acerca de Él.
Tuvieron conversaciones espirituales.
Tenían Prisa de comunicar lo aprendido. Tenían Entusiasmo.
Testificaron de las grandes cosas que el señor les enseño.
¿En qué Camino estas?
¿Con quién estas andando?
¿Qué conversaciones tienes? ¿compartes su Palabra con Pasión a los oyentes?
¿Lo dejas hablar? ¿Compartes hasta el Pan con él?
Conoces de las maravillas del Señor, has escuchado de un lado y de otro acerca
de su gran amor, ¿estamos practicando la hospitalidad?
ALGUNOS SIN SABERLO HOSPEDARON ANGELES.
Jesús se aparece a sus Discípulos., Cristo nos consuela y da ánimo, da gran gozo,
da alimento de vida, Fe. Produce Alabanza en nuestros corazones.

El Camino a Emaùs: De la frialdad de


corazòn a la pasiòn por Dios
 
 
 
 Siempre que me acerco a la narración de Lucas en capítulo 24 acerca de los
discípulos en el camino a Emaús, me llena de asombro pero a la vez de
esperanza. Varias veces he meditado sobre este pasaje. Lo he visto desde la
óptica pedagógica de Jesús, desde la óptica de la semana santa. Sin embargo
lo que quiero hacer hoy es tomar una serie de reflexiones tomando quizás la
mayoría de versículos entre los versículos 13 al 35. Me propongo sólo
apreciarlo  desde la cosmovisión  devocional, ponerme en los pies de los
viajeros en ese camino a Emaús. Quizás sólo serán una serie de principios
para mí y para mi propia experiencia. Sin embargo, quiero, que al
compartirlos  los lectores puedan también identificarse con ese transitar en
Emaús. La premisa básica de la reflexión parte de la necesidad de recuperar el
fuego en nuestro corazón por Cristo, su Palabra y su misión. Tres elementos
muy palpables en esta narración. ¿Cómo se cambia de la frialdad espiritual al
fuego espiritual? ¿Cómo regresamos del camino de la desilusión al camino de
la esperanza? Pueden ser preguntas fundamentales que se plantean a partir del
estudio de este pasaje. Es obvio que este mensaje es bastante pertinente hoy en
el evangelicalismo de América Latina y porque no, de todo el mundo. A cada
momento me topo con cierto grado de desesperanza y de desilusión entre los
muchos creyentes de nuestro continente. Miles de creyentes anhelan un nuevo
mensaje, una “resurrección” de su mensaje y de su Señor. Muchos se están
alejando de su “Jerusalén”, el centro del mover de Dios para su Emaús una
vida más normal y cotidiana. ¿Y por qué lo hacen? Porque Jerusalén para ellos
ya no representa un lugar de frescura o de esperanza. Y es que parece que
Jesús ha desaparecido de Jerusalén. Ellos lo percibieron, y por eso caminan
hacia afuera, hacia lo normal y cotidiano. ¿Cómo pasamos de un cristianismo
cotidiano a un cristianismo ardiente? Bueno el pasaje nos lo dirá. Esa es mi
intención “poner mi corazón en ascuas” o como Lucas lo dice mejor “arder su
corazón”. Esta serie de mensajes son para aquellos que están cansados de lo
mismo, de lo rutinario, de lo cotidiano de su Jerusalén y que se han alejado
porque no tienen en su agenda un Cristo vivo. Son para aquellos que ya se
cansaron de jugar a la religión oficial evangélica y quieren seguir a Jesucristo
ya no como un “forastero” o “extraño” sino como el mismo Jesús resucitado
que despierta un fuego intenso en nuestro corazón, capaz de hacernos caminar
y llevar el mensaje a pesar del cansancio y del peligro que representó regresar
a Jerusalén desde Emaús en la misma noche que Jesús les abrió el corazón.
Empezaré diciendo que el relato de los discípulos de Emaús es propio de
Lucas (Lucas 24:13-35). Marcos sólo ofrece una corta noticia de este
encuentro con el Resucitado (Marcos 16:12).  El relato de Lucas se ocupa de
lo medular de la fe cristiana, la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte,
explicando aquello que los ángeles comunicaron a las mujeres que fueron al
sepulcro: « ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí,
ha resucitado» (24:5-6; cfr. 1 Corintios  15:17). El mismo día en que
encuentran el sepulcro vacío y reciben la noticia de la resurrección de Jesús
sucede lo de Emaús (24:13). El “camino” de Jerusalén a Emaús tiene un
hondo significado. Dos discípulos de Jesús bajan de Jerusalén camino a
Emaús situada a unos 12 kilómetros de la capital (Lucas 24:13). Con tal
alejamiento se distancian de Jesucristo muerto y resucitado en Jerusalén y de
los hermanos que allí se reúnen a bendecir a Dios (24:52-53) y a esperar «la
fuerza que viene de lo alto» (24:49; ver Hechos 1:4). Alejarse de Jerusalén,
por tanto, es abandonar al Señor y sustraerse a la donación del Espíritu y, por
lo mismo, abortar la misión (cfr. Hechos 1,8). Jerusalén representa el ámbito
teológico de encuentro con Jesucristo vivo, razón de la esperanza, fuente de
inteligencia espiritual y fuerza para el testimonio. Emaús, en cambio,
representa en el relato de Lucas lo cotidiano, lo de antes y lo de siempre, es
decir, la muerte de la ilusión que Jesús había sembrado en ellos, el sin sentido,
refugio a la desesperanza por la lejanía con el Resucitado y su comunidad
pascual. Allí, en Emaús, sólo es posible la tristeza y el vacío por la falta de fe
en la obra de Dios por su Mesías.  Hacer el camino de Jerusalén a Emaús
(Lucas 24:13) es deshacer el itinerario divino, hundiéndose en la derrota al
creer que Dios no pudo vencer el pecado y la muerte. En el camino a Emaús,
Jesús invita a sus dos discípulos, que no lo reconocen, a rehacer el itinerario
divino  gracias al cual comprenderán el plan salvador del Padre llevado a cabo
por su Ungido. Volverán inmediatamente de Emaús a Jerusalén (24,33),
porque nada tienen que hacer en la aldea que representa la derrota cuando en
realidad el Mesías de Dios está vivo en medio de los suyos en Jerusalén.
Recuerdo aquel viaje con un decepcionado de la vida, de Cristo, de su Iglesia.
Aquellos decepcionados de Emaús, que representan a todos los decepcionados
de Cristo y de su Iglesia, siempre repiten el mismo esquema. Primero, su
profunda decepción es el encuentro con la cruz y con el sufrimiento, que no
han digerido. Al vivir atragantados, se repiten como la cebolla mal digerida y
se hacen monotemáticos con la palabra que es siempre la misma en todos los
decepcionados: Nosotros esperábamos… ¿Esperaban otra cosa distinta de
Cristo, de la Iglesia, de su matrimonio, de su vida? Me he convencido de que
todos los decepcionados de Cristo se instalan en la queja, porque así siempre
tienen motivos para no hacer nada.  En el fondo, decepcionados se vive más
cómodo; y sobre todo se instalan en el corazón farisaico que todos llevamos
dentro, echando en cara a los otros lo que nosotros no vivimos. Es increíble
cómo Jesús busca a los que huyen de Él. Sale al encuentro de los que no
quieren encontrarse con nadie. Les ayuda a salir de sus decepciones
demasiado humanas (en el fondo, para no vivir en el gozo y la alegría del
Resucitado). Al Nosotros esperábamos de todos los encantados con sus
decepciones, porque así no hacen nada por cambiar, Jesús les responde
que era necesario todo lo sucedido. Era necesario significa lo que nos
recuerda  Pablo: «A los que aman a Dios todo les sirve para su bien». Cristo
resucitado es la respuesta a todas nuestras decepciones.
Cuando no se digiere la cruz, nace en las entrañas un corazón amargado. Sólo
se puede salir de esta situación queriendo salir. Las decepciones prueban que
el problema está en nosotros, porque el Señor nada les había prometido que no
estuviese en el programa, a la hora de seguirle. Los decepcionados, como los
de Emaús, no han descubierto que nada se les ha prometido que no sea: Carga
con tu cruz, y sígueme. Solamente curarán de sus decepciones cuando hablen
tranquilamente con el Señor, en una profunda vida interior (los decepcionados
nunca oran, sólo se contemplan a sí mismos). Mirar al Resucitado hará que el
Espíritu Santo estalle en todas sus amarguras y le reconozcan al partir el Pan.
La Cena del Señor, Cristo vivo y resucitado, es antídoto contra todos nuestros
desánimos y decepciones.  Es curioso, pero los de Emaús están siempre en
crisis, porque su decepción brota de haber salido del Cenáculo y haber dejado
la comunión con la Iglesia. Cuando se encuentran con el Resucitado en el
camino de Emaús, vuelven al Cenáculo, a vivir con gozo la comunión con la
Iglesia; una por una se disipan todas sus quejas y decepciones. La clave es que
han cambiado el Nosotros esperábamos, de todos los decepcionados, por
el Era necesario de la afirmación de su fe en el Resucitado.  El camino de
Emaús podría decirse que es un camino de desesperanza, lo recorren dos
discípulos que van para su aldea. A pesar de que les han dicho que Jesús ha
resucitado ese mismo día ellos permanecen incrédulos y caminan con tristeza.
Pero Jesús sale a su encuentro, camina con ellos y les ayuda a conocer la
verdad, la promesa. Cuando alguien quiere caminar contigo ese simple hecho
ya te produce seguridad, te conmueve. Y Emaús es un camino de ida y de
vuelta. De ida hacia la desesperanza y de vuelta hacia la promesa hecha, hacia
Jesús y el prójimo.  Mi Emaús cotidiano nace con la esperanza de cruzarme
con él, cada día, en el camino. Con la ilusión de quien se siente acompañado
en la vida, y esa compañía ha nacido de un encuentro, de una conversación.
Quizá de una señal que te cuesta comprender pero que a medida que la
digieres te das cuenta que a lo mejor Él quiso que así fuera. Es complicado,
hay que abrir no solo las puertas sino también las ventanas. A veces uno ansía
tener luz pero solo alberga oscuridad, y no pone de su parte para abrir esas
ventanas. Para los discípulos de Emaús ese camino era un camino real, para
mí es un camino personal y de encuentro conmigo mismo, con los demás, con
Jesús.  Necesito ir hacia Emaús y encontrarme con Él, necesito volver y
contártelo. ¿Me acompañas en el camino? Los dos discípulos que caminaban a
Emaús arrastraban sus sandalias en el polvo, la tristeza se dibujaba en sus
rostros mientras se preguntaban: Qué clase de Dios es ese, que nos ha dejado
acá solos sin esperanza. Y estaban tan absortos en sus tristes pensamientos
que no se daban cuenta de aquel que caminaba cerca de ellos. Pero, hoy no les
puedo culpar a ellos, porque muchas veces yo también he caminado rumbo a
Emaús con mis pies arrastrándose y mi mirada perdiéndose en el vacío y en
mi estado no me he percatado de la presencia del Señor a mi lado. En ese
camino me he encontrado carente de fe y carente de visión.  Los discípulos de
Emaús  esperaban un reino de terrenal y perdieron de vista el  reino espiritual. 
Yo no quiero hoy ir rumbo a Emaús en busca de un reino terrenal, porque
podría perder  de vista el reino espiritual. Soy yo diferente a los viajeros
cargados y tristes de Emaús?  No, muchas veces me he enrollado en el lodo de
la lástima estando aún en la sombra misma de la cruz.  El problema  es que
dejo de soñar y de mirar los secretos escondidos en cada detalle de Dios y
circunstancia de la vida. Hoy necesito aprender a esperar en las promesas de
Dios.  La esperanza no es un deseo otorgado o un favor que me llega, es
mucho más que eso.  La esperanza es una dependencia total de Dios quien a
veces nos sorprende fuera de nuestros calcetines para ver nuestra reacción. El
Señor pacientemente hablo con ellos y no se les revelo sino hasta cuando
llegaran a casa y allí sentado con ellos en la mesa, tomó el pan y cuando lo
partió sus ojos se abrieron.  Si, muchas veces cuando voy camino a Emaús, el
Señor camina a mi lado y no se me revela sino hasta cuando llego a mi
destino.  Por eso es que hoy no quiero ir camino a Emaús, porque Emaús era
sitio de pocas esperanzas y cero visión. Hoy quiero quedarme a los pies del
Maestro y aprender a confiar y a esperar quietamente ante su amor.  Su amor
todo lo llena y todo lo transforma. Este es el día para ver brillar el sol por
encima de mis dudas y de mis temores y entonces levantar mi mirada al
infinito mientras digo: Gracias Señor porque eres todo para mí. Señor. Gracias
por tomar mi vida y enseñarme tus verdades.  Gracias porque el  camino a
Emaús me trae dudas y desesperanzas, pero  el camino a ti, me arrojas luz y
gozo.  Mi vida en tus manos está muy segura. Señor clarifica mi visión para
poder ver más allá de lo que mis ojos naturales ven.  Quiero ver tu propósito
en mi vida y aún cuando no vea ese propósito quiero caminar por fe tomado
de la mano contigo.  Tu presencia me llena de luz y de esperanza.  Amén.

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