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1 Juan 4.7-12

El documento resume tres razones por las cuales debemos amar a otros creyentes. 1) Dios es amor. El amor proviene de Dios y es un atributo de su carácter. 2) Dios nos ama. Envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él. 3) Dios nos manda amarnos unos a otros.
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1 Juan 4.7-12

El documento resume tres razones por las cuales debemos amar a otros creyentes. 1) Dios es amor. El amor proviene de Dios y es un atributo de su carácter. 2) Dios nos ama. Envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él. 3) Dios nos manda amarnos unos a otros.
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Dios es amor, es de esta manera como en la reina Valera se ha

titulado esta sección del verso 7 al 21, y es precisamente el tema del


cual Juan ha venido tratando desde el verso 7 del capitulo 2, haciendo
un ligero paréntesis en los versos 1 al 6 del capitulo 4 en donde alerta
sobre las falsas doctrinas y nos llama a discernir los espíritus.

Recordemos, como precisamente en los versos 9 al 11 del capitulo 2


Juan mostro que el amor es un fruto o señal o evidencia de nuestra
comunión con Dios, el amor es una evidencia de que ud y yo, somos
hijos de Dios, de esto se hablo en el capitulo 3, versos 1 al 18,
haciendo fuerte énfasis en los versos 17 y 18 en donde se hablo del
amor en acción, el amor implica más que palabras.

Si tenemos riqueza y vemos la necesidad del hermano y cerramos


nuestro corazón: ¿Cómo mora el amor de Dios en nosotros?
El amor y la fe tienen esto en común: ambos necesitan hechos para
probar su carácter genuino. Las palabras de amor que nunca se
traducen en hechos carecen de valor.

Para ser genuino, el amor busca el bienestar de los demás: “Siempre


protege, siempre confía, siempre espera, siempre persevera” (1 Co.
13:7). Amar es el acto de dar de las posesiones, de los talentos y de
uno mismo a alguna otra persona.

Nótese que las palabras que decimos deben ser coherentes con
nuestras acciones, y que el uso de nuestra lengua debe concordar con
la verdad de la Palabra de Dios.
Aunque seguiremos tratando el mismo tema del amor, el apóstol Juan
ampliara mas el asunto en esta sección.

Por si acaso algún lector se llegase a preguntar: ¿Por qué debo amar
a mi hermano? La respuesta está en esta sección, 3 razones del
porque debemos de amar al hermano, razones que apuntan al
carácter de Dios.

He titulado este mensaje: Dios es amor

1. Dios es amor (v 7 – 8)

2. Dios nos ama (v 9 – 10)

3. Dios nos manda a que nos amemos unos a otros (v 11 – 12)

1. Dios es amor (v 7 – 8)

¿Por qué nos debemos amar? Respuesta: Porque el amor es de Dios,


el amor proviene de Dios, tiene su origen en Dios. El verdadero amor
gira en torno a quien es Dios, de Dios brota amor. Desde versos atrás
se ha venido tratando este tema del amor agape, el cual no tiene nada
que ver con un sentimiento superficial, sexual o social, hemos hablado
de un amor sobrenatural, es aquel amor que podemos conocer y
practicar precisamente por la obra de Cristo, un amor que nos es dado
por la obra del Espíritu Santo en nosotros. Es solo Dios quien nos
puede capacitar para poder amar de una manera real. Todo aquel que
ama conoce a Dios.
Los falsos maestros en aquel momento afirmaban que tenían visiones
místicas de Dios, pero de manera contradictoria, negaban que Cristo
había venido en CARNE. Decían conocer a Dios, pero no había amor
en sus corazones, no había amor por la comunidad. Mire, hoy día lo
vemos, muchos falsos maestros andan por las calles, y tienen
apariencia de piedad, tanto que parecieran tener un nivel espiritual
inalcanzable, su manera de hablar, parecen tan amables, tan
considerados, tan amorosos, parecieran ser el puente para poder
tener una comunicación especial con Dios, pero su doctrina los delata,
no aman conforme al amor de Dios, aman conforme a su corazón
pecaminoso lleno de vanidad, aman los elojios y reconocimientos de
otros, por esto Juan advierte contra estos falsos. Todo aquel que ama
es nacido de Dios y conoce a Dios. El que realmente ama, conforme a
la Palabra puede creer que conoce a Dios.

Todo el que ama es porque ha pasado de muerte a vida, todo aquel


que ama lo puede hacer porque ha experimentado un nuevo
nacimiento espiritual. El que no ama, y sabemos por sermones
anteriores que implica el amar, el que no ama, no ha conocido a Dios;
porque Dios es amor.

Es lamentable como el mundo que no conoce la Palabra de Dios,


piensa que el amor que practican en sus relaciones es aprobado por
Dios, déjeme decirle, el mundo también cree que Dios es amor, pocos
impíos lo refutaran, les encanta la idea de que Dios sea amor, por otro
lado, no les gusta la idea de que también Dios sea Ira. Algunos
quieren calmar sus conciencias creyendo que sus relaciones con
personas del mismo sexo por ejemplo son correctas porque como
entre ellos se aman, y como Dios es amor, entonces no hay ningún
problema. Este amor no tiene nada que ver con el amor revelado por
Dios. Dios es amor, no se trata de que el amor es Dios.

Agustín dice que refiriéndose a la expresión Dios es amor: “Si no se


dijese nada en alabanza del amor en las páginas de esta epístola, si
nada se dijese en las páginas de toda la Escritura, y sólo esta frase
fuera todo lo que nos dijera la voz del Espíritu de Dios: “Porque Dios
es amor”; nada más haría falta.

1 Juan está repleta de pruebas para que nosotros podamos conocer si


somos de la verdad, una prueba que determina si uno es o no es un
hijo de Dios es lo que vemos aquí, si usted no ama conforme al amor
bíblico, usted no es de Dios. ¿amas a otros creyentes?

Usted podría pensar, uy, pero es que hay algunos hermanitos que son
bastante difíciles de amar, bueno si muchos conocieran lo que tu
esposo o esposa o familia cercana conocen de ti en esos momentos
cuando te pones pesado de ánimo, seguro que también otros
hermanos pensarían lo mismo de ti: “que difícil amar a este hermano”.

Bueno si aún crees que otros hermanos son difíciles de amar, puedes
pedir ayuda a Dios para que por su Espíritu derrame en tu corazón ese
amor sobrenatural que, desde un punto de vista humano, nosotros no
podemos lograr.

Dios es amor, el amor es uno de sus atributos que no contradice al


atributo de la Ira de Dios, Dios ama la justicia y el es bueno, por tanto,
debe de castigar al malo y dar su merecido al que ha quebrantado la
ley, la cual Dios ama. Realmente todos merecemos su ira, todos
nacemos en maldad, no como algunos creen, que nacemos como
lienzos en blanco y es la sociedad la que nos corrompe, es el estado
lamentable del ser humano, nace con maldad en su corazón, la cual
se va reflejando cada vez mas al crecer en edad.

Dios es amor, pero, ¿Cómo se ha mostrado su amor? ¿en que nos da


comida y sustento diario? ¿en que nos da un trabajo? ¿en que hace
salir el sol sobre justos e injustos? Es claro que todas estas cosas
provienen de la mano bondadosa de Dios. No hay nada que visite
nuestra vida que no este en el plan divino, pero fijémonos que en los
versos 9 al 10 Juan anuncia ese amor revelado por Dios, que supera
todos los beneficios antes mencionados. Dios nos ama, y este es la
segunda razón que Juan expone para que amemos a otros. Debemos
amar a otros, porque Dios nos ama.

2. Dios nos ama (v 9 – 10)

En esto se mostro el amor de Dios para con nosotros, para con la


iglesia mi hermano, en esto se mostro el amor de Dios para con su
pueblo escogido, para con su pueblo predestinado, Dios envió a su
Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

El amor de Dios brota de su ser y se dirige hacia nosotros, es Cristo la


prueba visible del amor de Dios hacia su pueblo. Dios nos ha dado a
su hijo único, quien estaba en eterna comunión con él. No se trata de
que Dios Padre enviara a uno de sus hijos, a un judío más, hizo más
que eso, el Padre envió a su Hijo unigénito, Jesús no es un hijo entre
muchos otros, Jesús de un modo único esta por encima de todos los
seres terrenales y celestiales. El puro, perfecto, sin mancha, sin
pecado, sin maldad en su corazón visito al mundo, el Señor de los
ejércitos dejando a un lado a su Padre, a su corte celestial toma el
cuerpo que le ha preparado su Padre y se entroniza en medio de
hombres pecadores. Esto es increíble mi hermano, Cristo dejo su
morada por amor a usted, se despojo a si mismo por amor a usted.

Dios envió a su Hijo unigénito a nuestro mundo pecador para darnos


vida. Si Dios Padre le hubiese dado el mundo a su Hijo como regalo,
por ser el heredero, Dios hubiese demostrado ampliamente su amor
hacia él. Y nosotros no hubiésemos tenido dificultad en entender este
acto de amor de Dios. Pero el texto dice que Dios “envió a su Hijo
unigénito para que vivamos por él”. Dios envió a su Hijo para que
muriese en la cruz con el objetivo de que nosotros pudiésemos tener
vida eterna. Él nos dio a su Hijo. Este mensaje es demasiado
profundo: somos incapaces de sondear las profundidades del amor de
Dios por nosotros.

Al leer en este versículo 9 de 1 Juan que Dios envió a Su Hijo


unigénito al mundo encontramos otro versículo apropiado para
responder a aquellos que pretenden privarnos de la deidad de Cristo.
Cuando Jesucristo fue llamado "el único Hijo", significó que él tenía
una relación única con el Padre. Él no fue creado. Dios llamó a los
ángeles creados sus "hijos", y dijo que aquellos que confían en Cristo,
son hijos de Dios. Pero, aun así, Él dijo que el Señor Jesús era el
único Hijo, el unigénito Hijo.
La posición del Señor Jesucristo en la Trinidad es la del Hijo eterno del
Padre eterno. Nosotros no podemos tener un Padre eterno, sin un Hijo
eterno. Dios no es un padre en el sentido en que un ser humano es un
padre. Como registró Juan en su Evangelio, capítulo 4:24, el Señor
Jesús dijo: Dios es Espíritu. "Su Hijo unigénito" es el único hijo del
Padre. Otros son hijos por creación, como Adán y los ángeles, o por el
nuevo nacimiento espiritual como son los creyentes, pero solo
Jesucristo es el Hijo único.

Dios es amor. Al mismo tiempo, Dios nos ama a todos nosotros. Dios
me ama a mí. ¿Como puede una persona conocer que Dios realmente
le ama? Mirando a la cruz. La cruz es la manifestación más grande del
amor de Dios. Juan escribió, En esto se mostró el amor de Dios para
con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para
que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros
hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a
su Hijo en propiciación por nuestros pecados (4:7-8). En la cruz,
Jesucristo pagó el precio de nuestra salvación por medio de su sangre
preciosa. Esto es amor.

“Esto es amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él


nos amó.

Romanos 8.7: Por cuanto los designios de la carne son enemistad


contra Dios; porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco
pueden.
Es Dios quien nos ama inicialmente, en nuestro pecado no tenemos la
capacidad de amar a Dios, somos pecadores, pero Dios nos ha amado
primero, y al ver su amor manifestado, le podemos amar.

Juan afirma que el amor se origina con Dios, no con el hombre. Dios
ama al que no merece amor.

Hendriksen en su comentario cita a un poeta anónimo para hablar de


este asunto:

Yo te busqué, Señor, más descubrí que tu impulsabas mi alma en este


afán; que no era yo quien te encontraba a ti: tú me encontraste a mí.
Tu mano fuerte se extendió y así, tomado de ella sobre el mal crucé;
mas no era tanto que me asiera a ti: tú me alcanzaste a mí. Te hallé y
seguí, Señor, mi amor te di, mas sólo fue en respuesta a tanto amor;
pues desde antiguo mi alma estaba en ti: siempre, siempre me amaste
así.

¿Cómo le ama Dios a usted? Algunos buscan este amor en la


creación manchada de pecado, pero no podrá realmente llenar el
corazón del hombre. Usted encontrará el amor de Dios en el Calvario.
Allí es donde encontrará el amor de Dios manifestado. El entregó Su
vida por nosotros y esa fue la prueba de Su amor. El apóstol Pablo
escribió en Romanos 5:7, 7Ciertamente, apenas morirá alguno por un
justo; con todo, pudiera ser que alguien tuviera el valor de morir por el
bueno. Dios ha demostrado Su amor entregando a Su Hijo a morir por
usted. Y Dios no le amó a usted porque mereciera ser objeto de Su
amor, sino que le amó cuando usted era aún un pecador, cuando
estaba bien muerto en delitos y pecados. El apóstol Pablo también
escribió en este mismo capítulo de Romanos 5:6, 6Cristo, cuando aún
éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Bien, el hecho fue
que nos amó. Y, nuevamente, en el versículo 8 de ese mismo capítulo
de Romanos escribió Pablo: 8Pero Dios muestra su amor para con
nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. La
explicación de este amor se encuentra en El y no en nosotros - porque
nosotros no somos precisamente encantadores o merecedores de ese
amor.

"En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a


Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en
propiciación por nuestros pecados."

Juan ya había usado previamente la palabra propiciación. En el


capítulo 2:2, donde dijo, Y Él es la propiciación por nuestros pecados;
y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el
mundo.

Solo para recordar.

El pueblo judío sabia muy bien a que se refería esta expresión


propiciación. Por siglos, una y otra vez la misma escena, el sumo
sacerdote entrando al lugar santísimo, rociando la sangre del sacrificio
sobre la tapa (propiciatorio) que estaba encima del arca del pacto,
ofreciéndola como expiación por el pueblo, esto representaba que solo
de esta manera la ira de Dios seria satisfecha, alguien debía morir en
representación del pueblo que había quebrantado la santa Ley de
Dios.
La palabra en el griego usada para propiciación es ἱλασμός (hilasmos), y hace
referencia a la percepción de Dios sobre la satisfacción o buena disposición, la
propiciación es la satisfacción de la ira de Dios por medio de un sacrificio,
la propiciación es lo que produce la expiación en Dios, entonces debemos
tener claro que la única manera para que la ira de Dios se aplaque o se quite
hacia el pecador es por medio del sacrificio expiatorio para el perdón, y no
cualquier sacrificio, esta satisfacción solo se ha producido por la muerte del
único justo en su esencia, Jesucristo.

J. Stott da la siguiente definición de «propiciación»: «Es un apaciguamiento


de la ira de Dios, llevado a cabo por el amor de Dios mediante el don de Dios.
No es el hombre el que toma la iniciativa, ni siquiera Cristo, sino Dios mismo,
el TRINO DIOS, en puro, absoluto e inmerecido amor»1.

Jesús mismo es el propiciatorio porque El murió en la cruz por


nosotros. El realizó la expiación por nuestros pecados de manera que
usted y yo podamos presentarnos con confianza ante el trono de la
gracia de Dios. Ese trono es ahora un trono de gracia porque allí hay
misericordia para nosotros. Esto es lo que Cristo hizo, y esa fue la
forma en que Dios demostró Su amor por nosotros.

Ahora, dos veces en este capítulo Juan nos dio la definición "Dios es
amor", en los versículos 8 y en el 16. Pero aquí tenemos que hacer
una observación. Dios no nos salva por amor dejando a un lado su
justicia Él nos ama, y no quiero perder de vista esa gran realidad.
Pero, figurativamente hablando, Dios no puede abrir la puerta de atrás

1
Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bíblico de Matthew Henry (p. 1879). 08224 TERRASSA
(Barcelona): Editorial CLIE.
del cielo y hacernos entrar de forma oculta porque Él nos ame. Y Dios
no puede abrir las puertas del cielo y hacernos entrar por la puerta
principal. Dios no puede hacer esto y no lo va a hacer porque Él es un
Dios santo y justo.

En todas partes se han visto errores y engaños en la ejecución de la


justicia. Incluso muchos piensan que la justicia se puede comprar por
parte de aquellos que tengan dinero o influencia. Aunque Dios nos
ame a nosotros, no puede salvarnos por amor, déjeme explicar esto,
Dios tiene que hacer algo acerca del hecho del pecado, porque Él es
santo y justo, y todo lo que El hace es justo. Así que El entregó a Su
Hijo a morir en la cruz por usted y por mí, para pagar el castigo de
nuestro pecado. De manera que Cristo es el propiciatorio y allí es
donde Dios revela Su amor. La justicia debía ser cumplida, debíamos
morir, pero Dios dio a su único único, el amado, el perfecto por
nosotros, ¿entiende la magnitud de este amor?

Como dijo Juan en su Evangelio, 3:16, De tal manera amó Dios al


mundo, que ha dado a Su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en
Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Cristo murió por nosotros. Dios lo hizo entonces, y Dios nos amó en
ese tiempo, y preparó un camino para nosotros, para que lo
aceptemos. En Juan 14:6, leemos: Yo soy el camino, la verdad y la
vida; nadie viene al Padre sino por mí. Estimado hermano, oyente,
usted viene por Su camino, o entonces no puede venir. No tiene
sentido el pensar que, porque Dios es amor, y que todo va a resultar
bien y, finalmente, todos irán al cielo. Todo va a resultar de forma
justa, porque los perdidos irán a una perdición eterna, y los salvados
irán a una salvación eterna - esa es la razón por la cual todo va a
resultar bien. ¿Le resultarán bien las cosas a usted, estimado oyente?
Bien, así sucederá si usted viene por el camino de Dios, y esta
cuestión tiene una importancia trascendental.

Y el versículo finaliza diciendo: para que vivamos por El. ¿Y cómo


vamos a vivir por Él? Vamos a vivir por Él porque Él murió. Su muerte
nos da vida. Ahora terminamos al ultimo punto de este sermón, y es la
tercera razón del porque debemos amar a los hermanos. Recordemos,
la primera razón es que Dios es amor, si Dios es amor y hemos nacido
de Él, entonces el amar va a ser un fruto que brote de nosotros y así
será una evidencia de la conversión, segundo, debemos amar a otros,
porque Dios nos ha amado, tan grande su amor, ¿como no amar al
resto? Tercero, debemos amar, porque Dios nos manda a hacerlo.

3. Dios nos manda a que nos amemos unos a otros (v 11 – 12)

Dios quiere que nos amemos unos a otros. Amados, si Dios nos ha
amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie
ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece
en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. Jesucristo ya
no está presente físicamente en el mundo para manifestar el amor de
Dios. La única manifestación del amor de Dios ahora se encuentra en
la iglesia. El verdadero amor se originó en Dios y fue manifestado en
su Hijo. Este amor debe ser exhibido por su pueblo. Si nos amamos
unos a otros, Dios mora en nosotros y Su amor se está perfeccionado
en nosotros.

El eco de Juan 3:16 resuena en toda la primera parte del versículo 11,
excepto que aquí Juan es mucho más personal: “Puesto que Dios nos
amó así”. El emplea el tiempo pasado amó para indicar el elemento
histórico en el ministerio y muerte de Jesús: el don supremo del amor.
Dios nos amó hasta el punto de enviar a su propio Hijo a morir por
nosotros en la cruz del Calvario. En un rapto de asombro Pablo
expresa su gratitud cuando escribe: “¡Gracias sean dadas a Dios por
su don indescriptible!” (2 Co. 9:15).

La segunda parte del versículo 11—“nosotros debemos también


amarnos unos a otros”—transmite el resumen de la ley (Mt. 22:39).
Dios nos da un mandamiento (Lev. 19:18) con una obligación moral.
Somos receptores del amor de Dios y debemos, por nuestra parte,
amarnos unos a otros. Juan no da a entender que debiéramos
descuidar el amar a Dios, sino que él, como Pablo y Santiago, pone el
énfasis en el mandamiento de amar a nuestro prójimo como a
nosotros mismos.

Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a


tu prójimo como a ti mismo (galatas 5.14)

Si nuestro amor por Dios debe manifestarse en nuestro amor por el


prójimo, entonces cumplimos el mandamiento de amar a Dios y a
nuestro prójimo, y nuestro amor mutuo es genuino
Dios ha demostrado Su amor por nosotros; por lo tanto, usted y yo
debemos amar en ese mismo nivel. Juan dijo: Amados, si Dios así nos
ha amado. Y esto nos hace recordar el versículo 10 que dice: En esto
consiste el amor. . . en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo. El
nos amó hasta el punto de entregar a Su Hijo para que fuera ofrecido
como sacrificio por el perdón de nuestros pecados.

Ahora, si nosotros amamos a los que nos aman, o si hay un motivo


egoísta para que los amemos, ese amor no tiene valor. En Mateo 5:46,
46Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No
hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos?

Y continúa el versículo 11 diciendo también debemos amarnos unos a


otros. Él apóstol no estaba hablando de un sentimiento superficial que
hoy muchas personas albergan en su corazón. Como dijo Jesús en
Juan 14:15, Si me amáis, guardad mis mandamientos. Si usted
realmente le ama, obedezca sus mandamientos. Y en Juan 15:12
añadió: 12»Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros,
como yo os he amado.

¿Qué le parece, amigo que me escucha a esta hora? ¿Quiere usted


decirnos que aborrece a los creyentes y que aun así ama a Dios? Si
usted no puede demostrar en su vida que tiene amor por otros
creyentes, hay serias dudas sobre si usted es o no un hijo de Dios. Y
no estoy hablando de los saludos aparentemente cordiales, de llamar
a otros "hermanos" ni de un comportamiento afectuoso o amable en la
iglesia. Más bien interesa saber si siente usted una cierta
preocupación por los demás creyentes. ¿Le preocupa a usted el
difundir la Palabra de Dios? ¿Siente usted un genuino interés por
servirle?

El Señor Jesucristo pudo decir aun desde la cruz: Padre, perdónalos


porque no saben lo que hacen. (Lucas 23:34). Esteban, el primer
mártir de la iglesia, en el momento de su muerte dijo lo mismo. ¿Puede
usted perdonar de esa misma forma? ¿Puede usted perdonar a
aquellos que le han herido, que le han hecho daño, y que profesan ser
hijos de Dios? Esa es la verdadera prueba, la prueba de fuego, y duele
un poco, ¿no es cierto? Juan nos dio la base fundamental de todo este
asunto: ¿Ama usted a Dios? Y, ¿ama usted a otros creyentes?

“Nadie ha visto nunca a Dios”

Éxodo 33.20: Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá


hombre, y vivirá.

Deut 4.20:

y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de


sus palabras, mas a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis.

Juan 1.18:

A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del
Padre, él le ha dado a conocer.

Al Padre nadie jamás lo ha visto, su Hijo le ha dado a


conocer.

Juan explica lo que quiere decir, en el contexto más amplio cuando


escribe: “El que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede
amar a Dios a quien no ha visto” (v. 20). Podemos ver a nuestro
prójimo, pero no podemos ver a Dios. Aunque digamos que amamos a
Dios nuestras palabras carecen de significado a menos que les demos
expresión visible mostrando nuestro amor los unos por los otros.
Debemos ver y amar a Dios por medio de nuestro prójimo.

Si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor se ha


cumplido en nosotros”. Juan reafirma su enseñanza de que, si
obedecemos los mandamientos de Dios, él vive en nosotros y
nosotros en él (3:24). Vamos a orar

En esto
conocemos
que permanecemos en él,
y él en nosotros,
en que nos ha dado de su Espíritu.
Y nosotros hemos visto
y testificamos
que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.
Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios,
Dios permanece en él,
y él en Dios.
Y nosotros hemos conocido
y creído
el amor
que Dios tiene para con nosotros.
Dios es amor;
y el que permanece en amor,
permanece en Dios,
y Dios en él.
En esto
se ha perfeccionado el amor en nosotros,
para que tengamos confianza en el día del juicio;
pues
como él es,
así somos nosotros en este mundo.
En el amor no hay temor,
sino que el perfecto amor
echa fuera el temor;
porque el temor lleva en sí castigo.
De donde el que teme,
no ha sido perfeccionado en el amor.
Nosotros le amamos a él,
porque él nos amó primero.
Si alguno dice:
Yo amo a Dios,
y aborrece a su hermano,
es mentiroso.
Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto,
¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?
Y nosotros tenemos este mandamiento de él:
El que ama a Dios,
ame también a su hermano.

Doctrina del amor y el sonido (vv. 13-16)

En el último verso de la sección anterior, John ha concluido que si nos amamos unos a
otros, se puede decir que siguen dos cosas: primero, que Dios permanece en nosotros, y
segundo, que el amor de Dios se perfecciona en nosotros. Estas dos conclusiones dan el
bosquejo de las siguientes dos secciones de este capítulo. En la primera sección (vv. 13-
16), la residencia de Dios en el cristiano se discute en mayor detalle; en el segundo (vv. 17-
21) se analiza la perfección del amor. Que la morada del cristiano por Dios es el tema de la
primera sección es evidente por la triple repetición de la idea: una vez en el versículo 13
("vivimos en él y él en nosotros"), una vez en el versículo 15 ("Dios vive en él y él en Dios
"), y una vez en el versículo 16 (" el que vive en el amor vive en Dios y Dios en él ").
Sin embargo, no es fácil dar un bosquejo simple a esta sección del capítulo, como lo fue,
por ejemplo, para los versículos 7–12 sobre la base de la triple repetición de la frase
“amarse unos a otros”. Aún así, las ideas principales son obvias. Primero, sabemos que
moramos en Dios y Dios en nosotros por el Espíritu, que nos ha dado (v. 13). Luego,
segundo, sabemos que nos ha dado el Espíritu porque hemos llegado a creer en Cristo y
amar a los hermanos (vv. 14-16).

El don del espíritu de Dios

El primer punto de Juan es que los creyentes saben que moran en Dios y Dios en ellos por
el Espíritu Santo que Dios les ha dado. Con esto, Juan enfatiza que Dios siempre es el
primero en las cosas espirituales y que, aparte de su graciosa actividad del Espíritu Santo,
abrir los ojos ciegos para percibir la verdad y mover las voluntades rebeldes para volverse
del pecado al Salvador, nadie creería en Cristo o amar a los hermanos En los próximos
versículos, Juan hablará de la creencia en Cristo y el amor de los hermanos, pero no
debemos pensar, como algunos comentaristas, que estas son condiciones por las cuales
podemos morar en Dios o permanecer en él. Creer en Cristo y amar a los hermanos no son
condiciones por las cuales podamos morar en Dios, sino evidencias del hecho de que Dios
ya ha tomado posesión de nuestras vidas para hacer esto posible.

Los dones del Espíritu Santo

Esto lleva directamente al siguiente punto de Juan, ya que, habiendo dicho que siempre es
Dios el primero en las cosas espirituales, la pregunta con la que luego quiere tratar es
esta: ¿Está Dios trabajando espiritualmente en mí? En respuesta a esta pregunta, por lo
tanto, ahora argumenta que si Dios está trabajando, las evidencias de ello se verán en una
combinación de amor y sana doctrina. En otras palabras, podemos saber que tenemos el
Espíritu porque hemos venido a confesar a Cristo y a morar en el amor.
La confesión de Cristo se menciona primero porque es en el momento de la confesión que
se puede decir que la vida cristiana debe comenzar correctamente.4 “Y hemos visto y
testificamos que el Padre ha enviado a su Hijo para ser el Salvador del mundo. Si alguien
reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, Dios vive en él y él en Dios ”(vv. 14-15). Una vez
más, como en numerosos puntos a lo largo de la carta, John expresa su confesión de
Cristo en palabras que serían especialmente desafiantes para aquellos que enfrentan las
herejías gnósticas. Él enfatiza que Dios el Padre envió al Hijo eterno para ser el Salvador y
que el Jesús histórico es ese Hijo eterno.
Sin embargo, esto no debería ocultar el hecho de que hay riquezas teológicas adicionales
en los versículos. Por un lado, existe la doctrina de un mundo perdido que necesita un
Salvador. Este "mundo", como se señaló en la discusión anterior de 2: 15–17, significa el
mundo de los hombres, ya que está en rebelión contra Dios. Una segunda doctrina es la
completa deidad de Jesucristo. Un tercero es el punto focal de su misión, que debía ser el
"Salvador del mundo". Fue por esto que Dios lo "envió", dice John. Un cuarto es el asunto
de la propia motivación de Dios en la obra de salvación, que es "el amor que Dios tiene
por nosotros" (v. 16).
La segunda evidencia de la actividad del Espíritu es el amor a Dios y a los demás, porque
Juan concluye diciendo: "Dios es amor. Quien vive en el amor vive en Dios, y Dios en él ".
En otras palabras, ahora se dice que el amor al que se exhortó a los cristianos en los
versículos 7–12 no solo es un deber muy solemne, sino también una evidencia
sorprendente de la actividad del Espíritu.
Aquí ciertamente, en una combinación de las ideas del trabajo interno del Espíritu Santo,
la creencia en Cristo como el Hijo de Dios y Salvador, y el punto supremo de la ética
cristiana, que es un amor doble por Dios y el hombre, es Un punto alto de la epístola. John
está lidiando con el tema de la seguridad (como lo ha estado durante todo el tiempo) y lo
ha expresado bajo varios aspectos. Hay un lado subjetivo, pero no tiene esas llamadas
experiencias espirituales poco confiables de las que muchos dependen: lenguas, milagros,
sentimientos, etc. También hay un lado objetivo, pero no sin esas tiernas expresiones de
amor que moderan la simple ortodoxia y la validan. Dodd escribe de estos versos:
Aquí ciertamente, en una combinación de las ideas del trabajo interno del Espíritu Santo,
la creencia en Cristo como el Hijo de Dios y Salvador, y el punto supremo de la ética
cristiana, que es un amor doble por Dios y el hombre, es Un punto alto de la epístola. John
está lidiando con el tema de la seguridad (como lo ha estado durante todo el tiempo) y lo
ha expresado bajo varios aspectos. Hay un lado subjetivo, pero no tiene esas llamadas
experiencias espirituales poco confiables de las que muchos dependen: lenguas, milagros,
sentimientos, etc. También hay un lado objetivo, pero no sin esas tiernas expresiones de
amor que moderan la simple ortodoxia y la validan. Dodd escribe de estos versos:

Por lo tanto, esta declaración estrechamente unida coloca la realidad de la experiencia


cristiana de Dios más allá de toda duda, evitando los peligros del subjetivismo por un lado,
y del mero tradicionalismo por el otro; Poner un énfasis igual y coordinado en el amor a
Dios, que es el corazón de la religión, y el amor al hombre, que es la base de la moralidad,
sin permitir que la religión se hunda al nivel del mero moralismo, o que la moral se
disuelva en el misticismo. . El pasaje es la marca máxima del pensamiento de la epístola.

La perfección del amor (vv. 17–21)

En los versículos 13-16, Juan ha desarrollado la primera de las dos ideas introducidas por
primera vez en el versículo 12, la residencia del cristiano por Dios. Ahora vuelve a la
segunda de esas dos ideas, la perfección del amor, y explica lo que quiere decir
prácticamente. Anteriormente, cuando dijo: "Si nos amamos, Dios vive en nosotros y su
amor se completa en nosotros", el lector podría haberse quedado con la pregunta de
cómo podría ser posible tal cosa. Los atributos de Dios son la perfección; El es la
perfección. En consecuencia, podríamos preguntarnos cómo podría perfeccionarse el
amor de Dios en nosotros o en cualquier otro lugar. Ahora, John explica su significado,
mostrando que su énfasis no estaba tanto en ese amor que Dios tiene en sí mismo (que
obviamente ya es perfecto) sino en nuestro amor tanto por Dios como por los demás. Esto
tiene su origen en Dios y él lo completa. "Hecho completo" aquí no significa totalmente
sin defecto en un sentido moral o de otro tipo. Significa "completo" o "maduro", y se
refiere a ese estado mental y actividad en el que el cristiano debe encontrarse cuando el
amor de Dios dentro de él, expresándose en el propio amor del creyente, ha logrado lo
que Dios ha logrado plenamente. tiene la intención de lograrlo.
Sin duda, hay muchos aspectos de la perfección del amor, pero de este mayor número,
John destaca dos. Primero, hay confianza en vista del juicio venidero de Dios (vv. 17-18).
Segundo, hay amor por los hermanos (vv. 19–21).

Confianza

Esta es la tercera vez en la carta que aparece la palabra "confianza" (parrēsia), y ocurrirá
una vez más. En dos de los cuatro casos se refiere a la confianza ante Dios en referencia a
la oración (3:21; 5:14). En los otros dos casos, uno de los cuales es este texto, se refiere a
la confianza ante Dios en vista del regreso de Cristo y la ejecución de su justo juicio contra
el pecado (2:28; 4:17).
La idea del juicio de Dios es impopular hoy en día, pero no es necesariamente menos
popular de lo que era en la época de Juan. El problema es simplemente que a los hombres
y mujeres no les gusta la idea de tener que rendir cuentas a Dios por sus acciones. Así que
tienden a descartar la idea, esperando que el día del juicio simplemente desaparezca.
Pero el juicio es la única idea lógica de las tres ideas generalmente asociadas con los
últimos tiempos. En la mayoría de los sistemas de teología, los eventos finales se centran
en tres cosas: el regreso de Cristo, la resurrección y el juicio. Pero ni el regreso de Cristo ni
la resurrección son lógicos. Jesús vino una vez y fue rechazado. El fue crucificado. Si él
nunca regresara, esto sería lógico; y nadie, y menos nosotros, podíamos culparlo. Sin
embargo, contra la lógica, está regresando. La resurrección tampoco es lógica, porque
incluso la Biblia declara de nuestros cuerpos: "Polvo eres y al polvo volverás" (Génesis
3:19). Lógicamente, nadie podría esperar más. Pero el juicio? Ese es el evento más lógico
que el futuro tiene para cualquier hombre o mujer.

Además, el día del juicio está tan fijo en el calendario eterno de Dios como cualquier otro
día en la historia mundial. Este es el significado de la palabra "día". Técnicamente
hablando, el día del juicio no es necesariamente un período de veinticuatro horas. En
cualquier caso, ciertamente incluye una serie de juicios sobre la tierra (Apocalipsis 6–16),
la bestia y el falso profeta (Apocalipsis 19:20), las naciones gentiles (Joel 3:14; Mateo 25:
31– 46), Israel (Ezequiel 20: 33–44), y todos los individuos en el juicio del gran trono
blanco (Apocalipsis 20: 11–15). La razón por la que se llama un "día" es porque está fijado
en el horario de Dios y seguramente vendrá.6

En vista de este día lógico e inalterable en el que se deben juzgar los pensamientos y las
acciones de hombres y mujeres, un individuo podría temer. Pero Juan dice que en el caso
de los cristianos, el amor perfecto arroja el terror. Esto no significa que el amor a Dios sea
la base de nuestra aceptación ante él. El único motivo posible es la muerte de Cristo por
nosotros y la fe en él. Significa más bien que, por amor a Dios, cualquier temor irrazonable
se calma y llegamos a descansar en el hecho de que quien estuvo por nosotros en Cristo
no permitirá que nada destruya la relación eterna que la muerte de Cristo estableció
(Rom. 8:31 –39).
Es posible ser cristiano y aún estar lleno de temor en vista del juicio de Dios. Algunas
ramas de la iglesia cristiana incluso alientan tal temor por parte de sus adherentes. Pero el
miedo es innecesario, y el amor maduro lo vence. Bengel, en una de sus excelentes
expresiones latinas, da el curso apropiado de progreso en la vida cristiana: "ni amor ni
miedo, miedo sin amor, miedo y amor, amor sin miedo". El pecador debe comenzar
temiendo al Dios contra quien ha pecado; pero, habiendo creído en Cristo que ha expiado
el pecado, puede alejar el miedo y crecer en confianza ante él.

Amor de los hermanos


La segunda área en la que el amor encuentra la perfección es en referencia a nuestro
amor por los hermanos; porque es allí, según John, que el verdadero amor debe ser visto y
medido.
John comienza esta sección con una declaración amplia: "Amamos porque él nos amó
primero". Pero no sea que una persona aplique esto a un amor por Dios exclusivo de un
amor por los seres humanos, John inmediatamente demuestra que cualquiera que intente
separarlos es un mentiroso, porque el amor no puede ser tan diferenciado. El
razonamiento de John en este punto es interesante. Argumenta que es más fácil amar a
los hombres que a Dios; por lo tanto, si no hay amor por los hombres, el amor por Dios
también está ausente, independientemente de lo que la persona que profesa amar a Dios
pueda decir verbalmente. ¿Cuántos cristianos realmente creen que es más fácil amar a los
hombres que a Dios? Posiblemente sea un número muy pequeño, ya que nuestra
inclinación natural es pensar que es más fácil amar a Dios simplemente porque él es digno
de nuestro amor y que es difícil amar a los hombres porque no son amables o adorables.
Sin embargo, este pasaje dice exactamente lo contrario, lo que implica, sin duda, que a
menos que realmente estemos amando a nuestros hermanos y hermanas cristianos en el
nivel horizontal, nos estamos engañando con respecto a lo que consideramos nuestro
amor por Dios en la vertical. A menos que podamos amar a hombres y mujeres, no
podemos amar a Dios. A menos que realmente los amemos, no amamos a quien los creó y
en cuya imagen fueron y son creados.
Podemos poner esto en otros términos. Anteriormente en este libro consideramos la
diferencia entre philia-love y agapē-love; philia-love es un fuerte afecto fraternal. Podría
describirse como el amor más elevado del que el hombre en sí mismo es capaz. Agapē-
amor es amor divino. Podría describirse como el amor del cual solo Dios y aquellos que
son habitados por Dios son capaces. Estos versículos equivalen a decir que una persona no
puede practicar agapē-amor a menos que primero pueda practicar philia-love. Sin el amor
de los hombres, el amor de Dios es imposible.
Es posible, además, que se pueda sacar otra conclusión de este texto. Es la conclusión de
que es al aprender a amar a los hombres que aprendemos a amar a Dios. Por un lado, hay
indudablemente aquellos que profesan en voz alta amar a Dios pero que no aman a sus
hermanos y hermanas cristianos. John llama acertadamente a tales mentirosos. Pero, por
otro lado, también es posible que haya muchos que reconocen que realmente no aman a
Dios (al menos no tanto como les gustaría) y que se preguntan cómo podrían aprender a
amarlo mejor. "No puedo verlo", podrían argumentar. “A veces parece tan lejano y tan
irreal. ¿Cómo puedo aprender a amarlo? ¿Cómo puedo progresar en esto que sé que es
mi privilegio y mi deber cristiano? Sobre la base de estos versículos, tenemos justificación
para argumentar que Juan bien podría responder a tal que un cristiano aprenda a amar a
Dios amando a los que realmente puede ver. Por supuesto, esto no reemplaza la
revelación del amor de Dios en la cruz de Jesucristo. Es allí donde aprendemos qué es el
amor. Sin embargo, lo complementa prácticamente, ya que es practicando un amor real y
sacrificado el uno por el otro que aprendemos a amar a quien se sacrificó por nosotros.

Conclusión
Al comienzo de este capítulo se hizo la pregunta: ¿Cuál es la más importante de las tres
pruebas de Juan: rectitud, amor o verdad? Respondimos que el amor era lo más
importante, pero en este punto tenemos varias ideas adicionales para saber por qué.

Obviamente, la primera razón es que necesitamos más amor, particularmente en las


llamadas iglesias evangélicas. Estos tienen una sana doctrina, al menos hasta cierto punto.
Hay una medida de justicia. Pero a menudo, lamentablemente, hay muy poco amor. Sin
ella, sin embargo, no hay una verdadera demostración de la vida de Cristo en el interior o
una verdadera adoración al Padre. La segunda razón es que Jesús mismo hizo el amor el
primero y el segundo de los mandamientos. El primer mandamiento es el amor a Dios
(Deut. 6: 4). El segundo es el amor mutuo (Lev. 19:18). Los dos pertenecen correctamente.
Como Jesús dijo: "Toda la ley y los profetas dependen de estos dos mandamientos"
(Mateo 22:40). La tercera razón es que fue la realización de este doble amor en nosotros,
tanto por Dios como por el hombre, lo que fue el objeto de la venida de Cristo. Esto es de
lo que John parece hablar en los primeros versos de la carta cuando dice: “Te
proclamamos lo que hemos visto y oído, para que también puedas tener comunión con
nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo ”(1: 3). Es decir, se
proclama la venida de Cristo para que aquellos que escuchan de su encarnación y muerte
puedan creer en él y de ese modo aprender a amar a Dios y a los demás.
El diablo es el que interrumpe. El Señor Jesucristo es quien se une. Además, en la unión de
la comunidad, el amor es el factor clave. No sorprende entonces que tengamos este
mandamiento de él: "Quien ama a Dios también debe amar a su hermano".

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