NUESTRA PORTADA:
Reinado de Felipe 2ª
Tropas de Casa Real
Reproducción autorizada por la Real Academia de la Historia de la lámina 39 del
álbum El Ejército y la Armada, de Manuel Giménez González, obra editada por el
Servicio de Publicaciones del Estado Mayor del Ejército.
I N S T I T U T O D E H I S T O R I A
Y C U L T U R A M I L I T A R
Año LXIV 2020 Núm. 127
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Sumario
Páginas
Artículos:
− Pedro de Illanes, un hombre que quiso salvar a los soldados,
por don Zoltán Péter BAGI, Archivo Nacional Húngaro........ 13
− 13 de abril de 1922: Defensa del blokao Miskrela Nº 1, por
don Antonio GARCÍA MOYA, subteniente de Infantería en
situación de reserva.................................................................... 41
− La artillería de los Reinos de Nápoles y de Sicilia en los años
1575 y 1576, por don Ricardo GONZÁLEZ CASTRILLO,
Universidad Rey Juan Carlos..................................................... 83
− Sobre el reclutamiento para la guerra en los Reinos Ibéricos
Medievales: generalidades y formas de exención o restricción,
por don Pablo MARTÍN PRIETO, Departamento de Historia
de América y Medieval y Ciencias Historiográficas, Facultad
de Geografía e Historia, Universidad Complutense de Madrid. 115
− La prisión del rey de Francia: consideraciones sobre la cap-
tura de Francisco I y sus verdaderos protagonistas, por don
Gabriel PITA DA VEIGA GOYANES, Diplomado en Genea-
logía y don Joaquín PITA DA VEIGA SUBIRATS, teniente
de navío del Cuerpo General de la Armada............................... 143
− José Galbis Rodríguez. Siete instantáneas, por don Antonio
PRIETO BARRIO, capitán de Ingenieros............................... 193
Normas para la publicación de originales........................................ 233
Solicitud de impresión bajo demanda de publicaciones.................. 237
Boletín de suscripción...................................................................... 238
Summary
Pages
ARTICLES:
− Pedro de Illanes, a man that wanted to save the soldiers, by
Mr. Zoltán Péter BAGI, Hungarian National Archive............. 13
− April 13, 1922: Defense of the Blockhouse Miskrela Nr. 1, by
Mr. Antonio GARCÍA MOYA, Infantry Sergeant Mayor (R). 41
− The Artillery in the Kingdoms of Naples and Sicily in the years
1575 and 1576, by Mr. Ricardo GONZÁLEZ CASTRILLO,
King Juan Carlos University...................................................... 83
− On recruitment for War in the Middle Ages Iberian Kingdoms:
generalities and ways of exemption or restriction, by Mr. Pablo
MARTÍN PRIETO, Department of American and Medieval
History and Historiographic Sciences. Geographical and His-
torical Faculty, Complutense University of Madrid.................. 115
− The King of France´s prision: considerations on Francis I´s
capture and its real protagonists, by Mr. Gabriel PITA DA
VEIGA GOYANES, Bachelor in Genealogy, and by Mr.
Joaquín PITA DA VEIGA SUBIRATS, Lieutenant, Spanish
Navy........................................................................................... 143
− José Galbis Rodríguez. seven snapshots, by Mr. Antonio
PRIETO BARRIO, Engineers Captain.................................... 193
Norms for publishing originals........................................................ 233
On demand printing of publications................................................ 237
Subscription Bulletin....................................................................... 238
ARTÍCULOS
Pedro de Illanes, a man that wanted to save the soldiers, by Mr. Zoltán
Péter BAGI, Hungarian National Archive
Revista de Historia Militar
Número 127 (2020), pp. 13-40
ISSN: 0482-5748
RHM.01
Pedro de Illanes, un hombre que quiso salvar a los soldados, por don
Zoltán Péter BAGI, Archivo Nacional Húngaro
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE
QUE QUISO SALVAR A LOS SOLDADOS1
Zoltán Péter BAGI 2
RESUMEN
Las tropas mercenarias se enfrentaban a diversos peligros en las cam-
pañas militares. Lo más frecuente, naturalmente, eran las heridas recibidas
en las batallas y durante los asedios a castillos. Las heridas incisas, punzan-
tes y de bala, eran igualmente habituales y requerían la atención profesional
de los barberos, cirujanos y médicos que viajaban con la unidad o atendían
el campamento. Sin embargo, las enfermedades representaban una amenaza
aún más grave para la salud de las tropas. Éstas podían ser causadas por
diversos agentes y factores, tales como comidas o bebidas contaminadas,
clima desconocido, calor, heladas, falta de horas de descanso, peso adicional
de armas y armaduras, largas jornadas de guardia y humos nocivos de pól-
vora y mecha incandescente. Pero, aún más que cualquier enfermedad con-
tagiosa, los líderes militares temían a la epidemia de la sífilis, diseminada
mediante la práctica de la prostitución siempre presente en los campamen-
tos. Siguiendo la iniciativa de Illanes y teniendo en cuenta sus propuestas,
1 Este ensayo se ha realizado al amparo de la Beca de Investigaciones János Bolyai
(BO/00010/14/2).
2 Archivo Nacional Húngaro.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 13-40. ISSN: 0482-5748
14 ZOLTÁN PÉTER BAGI
la Corte intentaba crear un nuevo tipo de institución sanitaria en la primera
mitad de la guerra. Esta institución sanitaria sería distinta a los hospitales
urbanos y capaz de desempeñar sus funciones en el campo de batalla. No
obstante, la lucha del sacerdote español resultó quijotesca, ya que sus planes
se vieron frustrados por deficientes condiciones financieras y por omisiones
o errores humanos. Consecuentemente, la Corte se vió obligada a seguir
utilizando los hospitales urbanos también para la curación de los soldados.
PALABRAS CLAVE: Pedro de Illanes, la Larga Guerra Turca, hospital
de campaña, Zachrias Geizkofler, Rodolfo II, Tobias Coberus.
ABSTRACT
The hired soldiers had to face many perils during the campaign. Nat-
urally, injuries taken on the battlefields and in sieges were primary among
these. Slash, stab and bullet wounds all were commonplace and required
proper treatment by the barber surgeons, feldshers and doctors who trav-
elled with the unit or the camp. However, the various diseases posed an
even more severe problem. These could be caused by the poor nutrition,
unfamiliar food and drinks, by the different climate, by the heat or cold, the
lack of sleep, wearing of armor and gear, by prolonged guard duty, the filth
and garbage accumulated in the camp, and by the smoke and harmful fumes
from the gunpowder and fuses. But more than any other contagious diseas-
es, the military leadership most feared the nearly epidemical syphilis, spread
by the prostitution that was ever present in the camps. Following Illanes’ in-
ducements and paying attention to his advice, the Court made efforts in the
first half of the Long Turkish War to set up a healthcare facility independent
of the town hospitals and which could operate under field conditions as well.
But it was not successful, due to financial reasons on the one hand and be-
cause of human negligence on the other hand. Thus the Court was obliged
to continue using the urban hospitals to heal the soldiers.
KEY WORDS: Pedro de Illanes, Long Turkish War, field hospital,
Zacharias Geizkofler, Rudolf II, Tobias Coberus.
*****
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 14-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 15
L
a guerra no solo requería de los soldados competencia, destreza y
capacidad de acción. A partir de la segunda mitad del siglo XVI, las
condiciones de salud de las tropas mercenarias, empleadas por mo-
narcas y líderes militares ganaron importancia, ya que impactaban directa-
mente en su potencia militar. Como subrayaba Fronsperger, cada soldado
arriesgaba su salud y su vida por la persona que le pagaba.3 «Para mantener
las buenas condiciones de salud en un ejército contratado por sumas astro-
nómicas, es crucial el establecimiento de un hospital de campaña, donde sea
posible admitir a los heridos y enfermos»; razonaba el sacerdote español
Pedro de Illanes, durante sus negociaciones con los consejeros del Gobierno
y de la Cámara de Austria inferior. Más tarde, Illanes declaró que en el curso
de la campaña de 1595, sólo tres soldados murieron directamente a manos
del enemigo, mientras que trescientos mercenarios fallecieron a causa de
la falta de un lugar adecuado donde curarse en el campamento.4 En una
carta fechada el 2 de septiembre de 1594, el interventor militar del impe-
rio, Geizkofler, mencionó otra razón igualmente práctica, por la que debían
curar a los soldados: «... si los heridos vuelven al Imperio, causarán tanta
alarma entre la población por su aspecto que nadie querrá alistarse como
mercenario».5
Muchos peligros amenazaban a las tropas mercecenarias durante las
campañas militares. Los más frecuentes, naturalmente, eran las heridas re-
cibidas en las batallas y durante los asedios a castillos.6 Las heridas incisas,
punzantes y de bala, eran habituales y requerían atención profesional de
los barberos, cirujanos y médicos que viajaban con la unidad o atendían el
campamento.7
3 Dinges, Martin: Soldatenkörper in der Frühen Neuzeit. Erfahrungen mit einem unzureichenden
geschützten, formierten und verletzten Körper in Selbstzeugnissen. In: Körper-Geschichten.
Hg.: Dülmen, Richard van Dülmen. Ed. Fischer-Taschenbuch, Frankfurt am Main, 1996, pp.
71-98. p. 73.
4 Österreichisches Staatsarchiv (ÖStA) Allgemeines Verwaltungsarchiv (AVA) Finanz- und
Hofkammerarchiv (FHKA) Hofkammerarchiv (HKA) Hoffinanz (HF) rote Nummer (rN) 79
Konv. 2. August 1599. Fol.: 213r.-230r.; Coberus, Tobias: Observationum medicarum castren-
sium Hungaricarum decades tres. Ed. Heinrich Meibom, Helmstadt, 1685, p. 20.
5 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 201r-202v.
6 Un ejemplo de la situación de los heridos: Gianfrancesco Aldobrandini, en una carta a Giorgio
Blandrata fechada el 21 de agosto de 1597, en el campo cristiano del asedio de Pápa (Hun-
gría) decía que en el ataque liderado por Johann Friedrich von Mörsburg, muchos soldados
quedaron heridos debajo de los muros de las ciudad, incluyendo al propio Mörsburg. Pálffy,
Géza: A pápai vár felszabadításának négyszáz éves emlékezete 1597–1997 [El aniversario de
cuatrocientos años y la memoria de la liberación del castillo de Pápa, 1597–1997]. A bevezető
tanulmányt írta és az okmánytárat összeállította Pálffy Géza. Szerk. Hermann István. Ed.
Jókai Mór Városi Könyvtár, Pápa, 1997, p. 160.
7 GERSDORF, Hans von: Feldbuch der Wundarznei. Mit einem Vorwort zum Neudruck von
Johannes Steudel. Ed. Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 1967.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 15-40. ISSN: 0482-5748
16 ZOLTÁN PÉTER BAGI
Sin embargo, las enfermedades representaban una amenaza aún más
grave a la salud de las tropas. Éstas podían ser causadas por diversos agen-
tes y factores, como comidas o bebidas contaminadas, el clima diferente, el
calor, las heladas, la falta de horas de descanso y sueño, el peso adicional
de las armas y la armadura, las fatigas causadas por las largas jornadas de
guardia, y los humos nocivos de la pólvora y la mecha incandescente.8 Cabe
mencionar aquí que en 1599, en un informe al príncipe Alberto, Johann Eus-
tach von Westernach declaraba amargamente que las tropas de Schwarzen-
berg, previamente diezmadas por enfermedades y epidemias, eran incapaces
de realizar maniobras militares de gran escala, ya que los 15 ó 16 mil sol-
dados, cuyo estado de salud era apto para el combate, simplemente no eran
suficientes para enfrentarse con éxito a las tropas del Imperio Otomano.9
Entre los factores que más frecuentemente causaron enfermedades
cabe destacare el medio ambiente, las condiciones climáticas diferentes y
muchas veces extremas que ocasionaron una elevada tasa de mortandad en-
tre los soldados. El cambio climático europeo presente desde mediados del
siglo XVI también afectó a la cuenca de los Cárpatos. El período de frío
inusual llegó a su cumbre entre 1595 y 1602. En su informe del 7 de octubre
de 1598, Westernach notificó al Consejo de Guerra de la Corte Imperial
que a causa del gran frío, muchos soldados estaban guardando cama en sus
tiendas de campaña y en cabañas de circunstancias.10 El clima excepcio-
nalmente frío y húmedo causó problemas aún más graves durante el otoño
de 1601, cuando las tropas del archiduque Fernando asediaban Kanizsa. En
medio de las lluvias interminables, era casi imposible adaptar el terreno, ya
originalmente pantanoso, y llenar con tierra la zanja alrededor del castillo.
El ataque planeado como decisivo se lanzó el 28 de octubre, ya que las obras
de preparación sólo pudieron iniciarse ocho días antes. Luego, una gran ne-
vada frustró la continuación del asedio. Además, las condiciones climáticas
hostigaban a unos soldados que ya sufrían de hambrunas. Los mercenarios
provenientes de Italia (contratados principalmente en la parte central y sur
de la península y en Sicilia) eran los que más acusaban el clima inhóspito,
hasta entonces desconocido para ellos. Desmontaron sus tiendas de campa-
ña para improvisar sacos terreros que serían utilizados para rellenar las zan-
jas del castillo, de forma que los soldados se vieron obligados a dormir en
8 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 213r.-230r.; Coberus, 1685, p. 20.
9 Hatvani,Mihály: Magyar történelmi okmánytár a brüsseli országos levéltárból és a burgundi
könyvtárból. III. kötet (1553–1608) [Registro histórico de leyes húngaras del archivo nacional
de Bruselas y de la biblioteca de Borgoña. Tomo III. (1553–1608)]. Ed. Magyar Tudományos
Akadémia, Pest, 1859, p. 121.
10 ÖStA Kriegsarchiv (KA) Hofkriegsrat Akten (HKRA) Prag. No. 22.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 16-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 17
dichas zanjas a cielo abierto. No es de extrañar que muchos murieran de frío
o desertaran para escapar de las estas terribles condiciones.11 Aunque en el
Artikelbrief de Lazarus von Schwendi, publicado en 1570, el autor subrayó
la importancia de que los soldados de infantería fueran equipados, para pro-
tejerse de las armas de fuego y contra el frío, con abrigos o capas de buena
calidad, su petición quedó en el tintero si consideramos las circunstancias
reales de los soldados, provenientes de los estamentos pobres de la socie-
dad.12 Un buen ejemplo de la falta de vestimenta adecuada es el informe del
supervisor Kulner sobre las tropas de Hans Preiner zu Stübing en noviembre
de 1598, en el cual Kulner indicaba que una parte considerable de la infan-
tería cayó enferma por la llegada temprana del invierno y por la falta de ves-
timenta adecuada para protegerse contra el frío.13 En una obra publicada en
1685, Tobias Coberus,14 un médico que sirvió dos veces (en 1596 y en 1597)
en el campo de batalla húngaro durante la Gran Guerra Turca, indicaba que
los resfriados y catarros provocados por el clima frío y húmedo eran muy
comunes en Hungría, especialmente en los campamentos militares, donde
la mayoría de los soldados se contagiaban y sufrian dolores de garganta
y enfermedades de pulmón. Los males mencionados podían afectar, según
el autor, a todo el cuerpo, resultando en la llamada “languidez panónica”
(“languores Pannonicos”). Los soldados experimentados se protegían de es-
tas enfermedades tomando aguardiente (“vino sublimato”) por las mañanas.
Johann Friedrich von Mörsburg, al mando de la infantería alemana, llegó
a prohibir esta práctica a sus soldados, pero Coberus le convenció de que,
aunque nocivas en tiempo caluroso, las bebidas espirituosas podían ser be-
neficiosas en los meses de invierno. El médico indicaba que unos tragos de
aguardiente ayudaban a expulsar las flemas malignas de la garganta, pero,
11 Stauffer, Albrecht: Die Belagerung von Kanizsa durch die christlichen Truppen im Jahre
1601. Mitteilungen des Instituts für Österreichische Geschichtsforschung VII. Band, 1886,
pp. 265-313. passim.; Banfi, Florio: Gianfrancesco Aldobrandini magyarországi hadiválla-
latai [Las empresas de guerra de Gianfrancesco Aldobrandini en Hungría]. Hadtörténelmi
Közlemények t. 41, 1940, pp. 143–156, pp. 150-154.; Tóth, Sándor László: A mezőkeresztesi
csata és a tizenöt éves háború [La batalla de Mezőkeresztes y la Gran Guerra Turca]. Ed.
Belvedere, Szeged, 2000, p. 340–344. passim.; Ortelius, Hyeronimus Augustinus: Chrono-
logia oder Historische Beschreibung aller Kriegsempörungen und Belagerungen in Ungarn
auch in Siebenburgen von 1395. Nürnberg, 1602. Reprint. Ed. Pytheas, Győr, 2002, p. 207r-
212v. passim.; Sudár, Balázs: Kanizsa 1601. évi ostroma török szemmel [El asedio de Kanizsa
de 1601 desde una perspectiva otomana]. Hadtörténelmi Közlemények t. 118 v. 4, 2006, pp.
1025-1058. passim.; Istvánffy Miklós Magyarok dolgairól írt históriája Tállyai Pál XVII.
századi fordításában [Istvánffy Miklós Crónica de las hazañas de los húngaros traducción de
Pál Tállyai]. Reprint. Ed. Balassi, Budapest, 2009, p. 374-379, 384-387.
12 Janko, Wilhelm Edler von: Lazarus Freiherr von Schwendi oberster Feldhauptmann und Rath
Kaiser Maximilian’s II. Ed. Wilhelm Braumüller, Wien, 1871, p. 200.
13 ÖStA KA HKRA Prag. No. 25.
14 ÖStA KA Alte Feldakten (AFA) 1596/12/ad6f; Pálffy, 1997, p. 52.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 17-40. ISSN: 0482-5748
18 ZOLTÁN PÉTER BAGI
que si eran tomadas en periodos de calor aumentarían la secreción de bilis.
Por ello, su consumo debía, especialmente en los campamentos húngaros,
limitarse a la época adecuada.15
No obstante, aparte de las heladas y la lluvia, los períodos de calor
extremo también provocaron enfermedades. Según Ortelius, tanto en agosto
de 1596 como durante el verano de 1598, el calor contribuyó a que los sol-
dados cayeran enfermos y murieran de sed.16
Asimismo, la dieta inadecuada e insuficiente de los soldados también
debilitaba su salud. Los mandos de las tropas cristianas intentaron estabili-
zar y diversificar el abastecimiento de los campamentos militares, pero sus
esfuerzos se vieron frustrados la mayoría de las veces.17 El asedio de Ka-
nizsa de 1601 sirve otra vez de ejemplo para ilustrar estos problemas. Los
soldados pasaron una gran hambruna, ya que prácticamente no quedaban
alimentos, y las poquísimas raciones se vendían a precios prohibitivos para
unos mercenarios que ni siquiera habían recibido su paga.18 Sólo en una
ocasión, en su carta del 24 de septiembre, pudo Peter Casal comentar que las
tropas estaban bien abastecidas en alimentos; algunos opinaban que el pan
se volvería más barato que en la ciudad cercana de Graz.19 La razón de este
optimismo fue la tan esperada llegada de las carretas de carga; sin embargo,
los alimentos se acabaron muy rápidamente, marcando el inicio de otro pe-
ríodo de hambruna para los soldados.20 Como es natural, todos intentaron
improvisar soluciones para acabar con el hambre. Según los comentarios
de Casal, a comienzos de septiembre todos los que pudieron salieron del
campamento, armados con palos largos para recoger las frutas de los man-
zanos y ciruelos del campo cercano. Después del improvisado festín, y tras
una larga caminata, muchos cayeron enfermos, ya que, atormentados por
el hambre, comieron todo sin mesura.21 Con la llegada del otoño, el campo
dejó de ofrecer alimentos, y los soldados tenían que enfrentarse otra vez a la
hambruna con el consecuente debilitamiento físico y mental.
Las condiciones sanitarias también representaban un reto conside-
rable. El régimen interior del campamento (sin fecha) incluido en la obra
15 Coberus, 1685, p. 5-9.
16 Ortelius, 2002, p. 112, 153.
17 Bagi, Zoltán Péter: A császári-királyi mezei hadsereg a tizenöt éves háborúban. Hadszervezet,
érdekérvényesítés, reformkísérletek [El ejército de campaña imperial-real en la Gran Gue-
rra Turca. Organización, representación de intereses, intentos de reforma]. Ed. Historiaantik
Könyvesház, Budapest, 2011, p. 73-82.
18 Stauffer, 1886, passim.; Ortelius, 2002, p. 209r.; Istvánffy, 2009, p. 374-379, 384-387.
19 Stauffer, 1886, p. 299.
20 Stauffer, 1886, p. 291.
21 Stauffer, 1886, p. 285.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 18-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 19
de Fronsperger regulaba rigurosamente –entre otras medidas– la limpieza del
matadero y de las letrinas.22 Sin embargo, las plagas eran inevitables. Según Co-
berus, en el asedio de Hatvan de 1596, el médico que acompañaba a las tropas
de Austria Superior también cayó enfermo y murió. El campamento se había
desplazado a retaguardia fuera del alcamce de los los cañones de los defensores
del castillo; Leonhard Rauwolff se encontraba recogiendo los heridos tras la
retirada cuando bebió agua del río Zagyva („Hadwanensis aquae”). Aquellos
sorbos le resultaron mortales; en opinión de Coberus, las aguas del río estaban
contaminadas por materias fecales provenientes de las letrinas. Nadie cuidó del
viejo médico en el campamento y murió, en septiembre, debilitado por la dia-
rrea.23 Dos años más tarde, el campamento de las tropas cristianas, retiradas en
el Szigetköz (el territorio pantanoso entre varios afluentes del Danubio), fue
inundado por el Danubio. Las epidemias subsiguientes afectaron no sólo a los
soldados rasos, sino también a militares de mayor rango, como Schwarzenberg,
Bernhard Leo Gall y Geizkofler, pero, por suerte, pocos fallecieron.24
La mayor preocupación sanitaria de los Estados Mayores, sin embar-
go, como también indicaba Pál Héjja, era la sífilis casi endémica, generada
por la práctica extendida de la prostitución en los campamentos militares.25
No es casualidad que el artículo 68 del Artikelbrief de 1570, ya menciona-
do, prohibiera la presencia de prostitutas en los campamentos militares.26 A
pesar de los decretos estrictos, estaban presentes en los campamentos. En
junio de 1598, los inspectores designados para la revisión del regimiento de
infantería advirtieron a Russworm que no dejara que las mujeres de mala
vida se acercaran a su equipo; cinco años más tarde, el enviado a inspeccio-
nar la infantería de Ehrgott, Thomas Sichel, también recibió instrucciones
similares.27 Asimismo, seguían en los campamentos las esposas de algunos
22 Fronsperger, Leonhard: Kriegßbuch. Teil 3. Von Schanzen vnnd Befestigungen vmb die Feldt-
lager auffzuwerffen….Ed. Feyrabend, Frankfurt am Main, 1596, p. XXIIIv.; Takáts, László–
Szemkeő, Endre–Vámos, László: Magyarországi tábori kórház szervezési és működési elve
1692-ben [Los principios de organización y de funcionamiento de un hospital de campaña
húngara en 1692]. Orvostörténeti Közlemények/Communcationes de Historia Artis Medicine
t. 82, 1977, pp. 51-63, p. 58.
23 Coberus, 1685, p. 16-17.
24 Ortelius, 2002, p. 153.
25 Héjja, Pál: A tábori egészségügy Buda visszafoglalása korában [Las condiciones sanitarias de
los campamentos militares en la época de la liberación de Buda]. Ed. Királyi Magyar Egyete-
mi Nyomda, Budapest, 1936, p. 115-116.; Czigány, István: Reform vagy kudarc? Kísérletek a
magyarországi katonaság beillesztésére a Habsburg Birodalom haderejébe 1600–1700 [¿Re-
forma o fiasco? Intentos de integración del cuerpo militar de Hungría en las fuerzas aramadas
del Imperio de los Habsburgo. 1600–1700]. Ed. Balassi, Budapes, 2004, p. 46.
26 Lünig, Johann Christian: Corpvs jvris militaris Des Heil. Röm. Reichs… Leipzig, 1723, p. 46.
Janko, 1871, p. 208.
27 ÖStA KA HKRA Prag. No. 16.; ÖStA KA HKRA Wien Reg. 1603 Juli No. 140.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 19-40. ISSN: 0482-5748
20 ZOLTÁN PÉTER BAGI
soldados, aunque Rodolfo II condenó en un decreto a pena de muerte por
ahogamiento en agua a las mujeres que siguieran a sus maridos a la bata-
lla.28 La vida de las mujeres en el campamento era dura, ya que tenían que
participar en el sostenimiento de la familia, criar a los hijos y muchas veces
dar a luz a los nuevos miembros de la familia en el campamento.29 Según
una interesante noticia del Fuggerzeitung, uno de los soldados del regimien-
to Madruzzo durante la fase de preparación para desplegar en el campo de
batalla húngaro, un tal Daniel Burghammer, dió a luz a una niña en mayo
de 1601. El soldado, casado desde hacía siete años, confesó que nació como
hermafrodita pero sus padres le bautizaron como hijo. Más tarde, fue apren-
diz de un hererro, y luego se alistó como mercenario y luchó en los Países
Bajos y en el Reino Húngaro. Confesó que el año anterior había mantenido
relaciones carnales con un soldado español quedando embarazada. También
juró que nunca mantenía relaciones sexuales con su esposa.30
Tras revisar estos peligros sanitarios, no es sorprendente que los órga-
nos administrativos de las cortes de París y Viena, al ver la prolongación de
la guerra contra el Imperio Otomano, consideraran necesario asignar ciruja-
nos a las tropas,31 nombrar dos médicos y un farmaceútico residentes en los
campamentos,32 tolerar las actividades de cuidado no muy profesionales de
las mujeres de soldados,33 pero, sobre todo, fundar hospitales de campaña
para curar a los soldados.
En su carta ya citada del 2 de septiembre de 1594, Geizkofler aconsejó
a Rodolfo II emprender negociaciones para crear hospitales fuera de Viena,
dedicados a los heridos y enfermos que volvieran del campo de batalla, y po-
nerse de acuerdo sobre el proceso para su fundación y el número necesario de
estas instituciones. El interventor Imperial opinaba que era urgente designar
28 Héjja, 1936, p. 115.
29 Sobre las mujeres que vivían en los campamentos militares, véase: Bagi, 2011, p. 191-200.
Sobre las embarazadas en el campamento: Stauffer, 1886, p. 278-279, 291. La presencia de las
mujeres en los campamentos militares era cotidiano y aceptado para los contemporáneos en la
Gran Guerra Turca. En su carta al procurador principal de la provincia de Árva, György Thruzó
de Bethlenfalva, Ferenc Dersfyy no encontró nada de extrañar en este fenómeno, notando que
«Con los alemanes, que tampoco suele ser de otra manera, vienen muchas mujeres». No obstan-
te, su otra observación probablemente le escandalizó mucho más, ya que notaba que «... muchos
caballeros guapos de los italianos vivían uno con el otro, a su manera». Pálffy, 1997, p. 149.
30 Klarwill, Victor: Fugger-Zeitungen. Ungedruckte Briefe an das Haus aus den Jahren 1568-
1605. Ed. Rikola, Wien–Leipzig–München, 1923, p. 234-235.
31 Bagi, 2011, p. 71., 85., 145-146.
32 En 1596 y en 1597, dos médicos de campaña y un apotecario (Feldapotheker) fueron encar-
gados con la curación de los soldados heridos o enfermos por plagas. Del año de la batalla
de Mezőkeresztes, tenemos los datos de tres personas que curaban en la campaña: los médi-
cos Tobias Coberus y Paul Perghauer, y el apotecario Jakob Meckenhausen. ÖStA KA AFA
1596/12/ad6f; Pálffy, 1997, p. 52.
33 Dinges, 1996, 94-95.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 20-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 21
directores y subdirectores para los hospitales, quienes deberían encargarse de
la construcción del hospital (si fuera necesario), la compra de los equipos im-
prescindibles y la contratación de personal profesional bien capacitado. Gei-
zkofler también recopiló sus criterios de selección de la persona que fuera más
adecuada para dirigir un hospital. En su opinión, necesitarían a un hombre con
buenos conocimientos de medicina, pero también amable de carácter, fiel al
Emperador; un buen dirigente que pudiera mantener el orden y la moral en el
hospital, y no obrar por su propio beneficio. Para prevenir lo último, el inter-
ventor propuso auditar regularmente las cuentas del futuro director.34
Al año siguiente, Illanes expuso al Emperador los planes para la cons-
trucción de un hospital de campaña. En su respuesta dirigida al archiduque
Matías, del 26 de julio de 1595, el emperador opinaba que una iniciativa de tal
magnitud requeriría demasiado tiempo y trabajo. Por eso, Rodolfo II decretó
que prepararan uno o dos hospitales en Pozsony (Bratislava), situados cerca
del campamento del ejército cristiano, para evitar así nuevas construcciones.
El emperador también indicó que si no quedaban instituciones adecuadas en
Pozsony, se asignara otra ciudad y otros edificios para la misma función.35
A pesar del decreto imperial, Illanes se convirtió en el motor de la causa
del hospital de campaña. Aunque sus convicciones eran totalmente contrarias
al asunto, el Emperador simpatizaba con Illanes y dejó abierta la posibilidad
de cooperación. No obstante, en una carta fechada el 27 de noviembre de
1595, indicó que el cargo del administrador mayor de la futura institución se
asignara a una persona alemana, designada por el archiduque Matías. El Em-
perador ya tenía un candidato para el futuro puesto, Bartholomäus Pezzen.36
A finales de 1595 y comienzos de 1596, Illanes participó en negocia-
ciones con los representantes del gobierno y de la cámara de Austria Inferior;
tres de los consejeros designados para estas sesiones mandaron un informe al
Emperador, fechado el 26 de enero de 1596.37 El documento es de suma im-
portancia porque los consejeros no sólo expresaron su opinión sobre el asunto,
sino que también presentaron un resumen de las peticiones de Illanes. Durante
las negociaciones, Illanes les informó en detalle de las diversas causas de en-
fermedades durante las campañas militares, y sobre la falta de hospitales de
campaña donde los enfermos pudieran encontrar amparo y curación. Illanes
también subrayó que no había profesionales dedicados al cuidado de los solda-
dos, y que la falta de hospitales, a largo plazo, podría resultar en la disolución
de los ejércitos y en la desmotivación de los que estaban a punto de alistarse.
34 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 201r-202v.
35 ÖStA FHKA HKA Gedenkbücher Österreich 1595-1596 Bd. 157 Fol.: 568v-569v.
36 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 232r-233r.
37 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 234r-v.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 21-40. ISSN: 0482-5748
22 ZOLTÁN PÉTER BAGI
Además –siguió su razonamiento Illanes–, estas instituciones tenían preceden-
tes; el Imperio Romano, es más, el emperador Carlos V, ya los empleaba. El
sacerdote español era consciente de que sus planes podrían encontrar serias di-
ficultades, pero razonaba que nadie debería echarse atrás por similares preocu-
paciones, ya que «en cosas tan bien vistas a los ojos de Dios, el Todopoderoso
nos ayuda». Los tres consejeros designados, también formularon preguntas de
carácter práctico a Illanes: ¿Con qué procedimiento, dónde, y con qué gastos
sería posible fundar la institución? El sacerdote español les entregó cuatro pe-
ticiones como respuesta; los consejeros recopilaron brevemente el contenido
de estos documentos en el informe. Según Illanes, primero debían fundar un
hospital de campaña principal, en donde abastecerían a los demás hospitales
particulares con medicamentos, camas, personal de servicio y todo lo demás
que hiciera falta. Desde su punto de vista, Viena era la sede ideal para el hos-
pital principal, porque la ciudad ya contaba con un hospital imperial, utilizado
desde el asedio por las tropas de Solimán en 1529 para curar a los soldados
heridos y enfermos. Además, Illanes razonaba que el edificio estaba bien dise-
ñado, con suficientes habitaciones y sótanos, y no requeriría muchas reformas
para adaptarlo a las necesidades del plan. El sacerdote español proponía sim-
plemente trasladar a los enfermos y a los crónicos o terminales alojados en el
hospital. Illanes también subrayaba que, tanto el convento de Santa Ana como
la Corte de San Juan, ambos sin utilizar en aquellos tiempos, al igual que va-
rias casas privadas deshabitadas de la ciudad, estaban también disponibles para
albergar la institución. Finalmente, Illanes sugirió que si no optaban por este
hospital, entonces escogieran una ciudad grande y de considerable potencial
económico, donde hubiera muchos comerciantes y compañías comerciales. El
español creía que las ciudades insignificantes, pobres y con menor infraestruc-
tura arquitectónica no sólo no podían permitirse acoger un hospital, sino que
la posibilidad de epidemias era mucho mayor. Illanes tranquilizaba a sus lec-
tores que, en Viena u otro lugar adecuado, no correrían peligro semejante de
la peste y otras plagas, ya que el hospital de campaña no admitiría a ninguna
persona con una enfermedad infecciosa, sífilis o viruela, sino que enviaría a los
soldados que padecían de estos males fuera de la ciudad, a lugar previamente
determinado y aislado.
Illanes consideraba muy importante que el hospital estuviera prote-
gido de robos y saqueos, porque sabía que una institución bien abastecida
con alimentos, vino, colchones, camas y con dinero efectivo atraería a los
amantes de lo ajeno.
Como conclusión a la primera petición, el sacerdote español indicaba
que el hospital de campaña debería ser establecido en un edificio adecuado, que
no necesitaría posteriores modificaciones arquitectónicas. También subrayó la
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 22-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 23
importancia de que el edificio estuviera situado en una zona amplia, espaciosa
y saludable.
En su segunda y tercera petición, Illanes detallaba las posibilidades de
financiación del hospital. Durante las negociaciones con los representantes del
gobierno y los consejeros, indicaba que ya habían recaudado treinta mil flori-
nes renanos de limosnas. Illanes calculaba que, de este importe, dos mil flori-
nes mensuales podrían ser apartados para cubrir los gastos de la institución,38
pero tanto los tres consejeros participantes en las negociaciones,39 como el
sacerdote español, opinaban que estos fondos no serían suficientes para la
fundación y la financiación del hospital, ya que casi toda la infraestructura ma-
terial requerida debería ser comprada primero. Por esta razón, en su segunda
petición, aconsejaba considerar la inclusión de otras fuentes financieras. Pri-
mero planteó la posibilidad de que de Rodolfo II decretase un edicto imperial,
por el cual el Emperador ofrecería prestar su apoyo a la fundación y financia-
ción de un hospital de campaña para todas las naciones del Imperio.40 Aunque
Illanes no especificó de dónde vendrían los fondos necesarios para apoyar el
edicto, probablemente estaba familiarizado con algunas de las decisiones de
la Asamblea Imperial de Regensburg, de 1594. Una de estas decisiones man-
daba instalar cajas de limosna dedicadas al socorro de soldados enfermos en
las iglesias de todas las confesiones. Los párrocos y predicadores tenían que
animar a los feligreses en cada misa de domingo y festivo a dar limosnas para
socorrer a los soldados enfermos y heridos y para mejorar el abastecimiento
de los hospitales. Los presbíteros de ciudades y pueblos recolectaban este tipo
de limosna por separado, y tenían la obligación de transportarla y entregarla
en los puntos designados (Legstädte).41
En su tercera petición, Illanes solicitó al Emperador que el archiduque
Matías emitiera un edicto en el nombre de Rodolfo II para los sacerdotes y
predicadores de Austria Inferior (residentes en Viena y en otros lugares),
instruyéndoles a que animasen a los fieles a dar limosna para apoyar a los
38 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 263r-265r.; ÖStA AVA FHKA
HKA HF rN. 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 259r-262r.
39 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 263r-265r.
40 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 213r.-230r.
41 ÖStA Haus-, Hof- und Staatsarchiv Mainzer Erzkanzlerarchiv Reichstagakten Fasc. 91. Fol.:
7v.; ÖStA AVA FHKA HKA HF rN. 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 203r-204v.; Heischmann,
Eugen: Die Anfange des stehenden Heeres In Österreich. Ed. Österreichischer Bundesverlag
für Unterricht, Wissenschaft und Kunst, Wien, 1925, p. 216.; Stangler, Gottfried: Die nie-
derösterreichischen Landtage von 1593 bis 1607. Dissertation zur Erreichung des Doktor-
grades an der philosophischen Fakultät der Universität Wien. Wien, 1972, p. 144.; Wölfinger,
Ildikó: Az 1594-es birodalmi gyűlés határozatai a magyar háborút illetően [Las resoluciones
de la Asamblea Imperial de 1594 en relación con la guerra húngara]. Documenta Historica t.
15. Ed. JATE Press, Szeged, 1994, pp. 10–11.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 23-40. ISSN: 0482-5748
24 ZOLTÁN PÉTER BAGI
soldados enfermos.42 En realidad, un edicto similar ya estaba en vigencia
tras las decisiones de la Asamblea imperial de Regensburg, a partir de 1594.
Las investigaciones de Gottfried Stangler también indican que, a comienzos
de 1595, las órdenes religiosas respondieron a la sugerencia del archiduque
Matías sobre la recolección de limosna para los soldados enfermos, afirman-
do que ya habían implementado esta práctica e incluso habían distribuido
los fondos provenientes de tales donaciones.43
El Emperador contaba además con otros foros para alentar la causa de
la fundación de un hospital de campaña y el apoyo a los soldados enfermos y
heridos. Revisando la correspondencia de Rodolfo II y el archiduque Matías
entre el 30 de enero y el 22 de febrero de 1597, se pueden encontrar datos
referentes a que en el año anterior, la Corte de Praga solicitó directamente
a las diócesis imperiales una ayuda para estos fines.44 Similarmente, en el
Parlamento de 1596, de los estamentos húngaros, los nobles votaron crear
un impuesto destinado a ayudar a los soldados enfermos y heridos, y a la
creación de un hospital de campaña.45 Es importante resaltar que, en ambos
casos, las decisiones sobre la ayuda económica dedicada fueron fomentadas
por la insistencia de Illanes en este tema.
En su segunda petición, referida más arriba, el sacerdote español tam-
bién mencionaba otras fuentes potenciales de financiación de su plan y para
cubrir los gastos asociados. En el segundo punto del documento, proponía lo
siguiente: «Todos los Obrist, Hauptmann, Fähnrich, otros tenientes de cargo,
y todos los demás que participan en los asuntos de guerra y reciben una paga
deben dar uno o dos cruzados por cada florín que reciben a partir de marzo de
este año». En el punto quince de la misma petición, Illanes planeaba ampliar la
misma obligación a la infantería y la caballería mercenarias contratadas por el
Imperio.46 La propuesta de que los soldados contribuyeran con su propia paga
a la creación y financiación de un hospital de campaña tuvo buena acogida tan-
to en la Corte como entre los estamentos de Austria Inferior. El 8 de febrero de
1596, en una carta dirigida al archiduque Matías, los consejeros del gobierno y
42 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 213r.-230r.
43 Heischmann, 1925, p. 216.; Stangler, 1972, p. 144.
44 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 308r-v.; ÖStA AVA FHKA
HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 271r-272r.
45 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 210r-v.; ÖStA AVA FHKA
HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 308r-v.; ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv.
2. August 1599. Fol.: 271r-272r.; Corpus Juris Hungarici. Magyar Törvénytár. 1526–1608.
évi törvénycikkek [Corpus Juris Hungarici. Registro de Leyes Húngaras. Artículos de los años
1526-1608]. Fordították és utalásokkal ellátták: Kolozsvári Sándor és Óvári Kelemen. Ma-
gyarázó jegyzetekkel kíséri: Márkus Dezső. 2. kötet. Ed. Franklin-Társaság, Budapest, 1899,
pp. 792-795.; Heischmann, 1925, p. 217.
46 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 213r.-230r.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 24-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 25
de la cámara de Austria Inferior pidieron que durante la siguiente campaña, se
obligase a los soldados a pagar su contribución a la fundación y financiación
del hospital de campaña, o que ésta se dedujera de la paga en el momento de
percibirse.47 No es de sorprender que el archiduque Matías, también responsa-
ble de la dirección de los asuntos húngaros de la Corona, informara de estos
asuntos al Emperador en su carta del 22 de junio de 1596 que envió a Illanes a
Óvár, en delegación oficial al Archiduque Maximiliano. El sacerdote español,
junto con el Mariscal (Feldmarschall) Schwarzenberg, tenía que convencer a
los Coroneles (Obrist) y a los Capitanes (Hauptmann) de que contribuyeran
con la paga de cada soldado a la fundación del hospital de campaña.48
Al año siguiente, 1597, una propuesta semejante al concepto de fi-
nanciación de Illanes, detallado más arriba, fue recogida en el borrador de
preparación de la Asamblea de Austria Inferior. Según sus disposiciones,
los soldados debían dar un centavo o dos cruzados por cada florín de paga
que recibieran para financiar los cuidados a los heridos hasta que llegaran a
un hospital. Los estamentos respondieron positivamente a la propuesta, de
modo que cancelaron una votación sobre sus propias contribuciones para la
creación de un hospital de campaña, indicando que era más fácil recaudar
los fondos necesarios de los mercenarios.49 El tema de la deducción en la
paga de los soldados por motivos similares también figuraba en las agendas
de las asambleas de 1600, 1601, 1602 y 1603. Para 1602, este plan de fi-
nanciación proponía incluir a todas las unidades militares de mercenarios.50
Como hemos visto, el sacerdote español, en su segunda petición, iden-
tificó las dos principales fuentes de financiación para la creación de un futuro
hospital de campaña: las lismosnas y donaciones, y las sumas deducidas de la
paga de los soldados. No obstante, Illanes, en el mismo documento, enumeró
otros potenciales modos de financiación. Según el tercer punto de su petición,
los soldados deberían entregar una suma, determinada por una cuota prees-
tablecida, del botín obtenido en los saqueos o en otras acciones de guerra.
Para garantizar la debida entrega de los fondos de este tipo, y poder recaudar
más bienes de utilidad para el hospital, el sacerdote español opinaba que el
Empreador podría remitir una cédula ordenando que si el botín incluía objetos
susceptibles de ser de utilidad o necesidad para el hospital a criterio del admi-
nistrador de la institución, éste tuviera la primera opción de compra durante la
distribución y la venta de los bienes provenientes del botín (punto 4).51
47 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 263r-265r.
48 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 210r-v.
49 Heischmann, 1925, p. 217.; Stangler, 1972, p. 145.
50 Stangler, 1972, pp. 147-149.
51 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 213r.-230r.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 25-40. ISSN: 0482-5748
26 ZOLTÁN PÉTER BAGI
Además, Illanes subrayó la importancia de los testamentos como otra
fuente de financiación alternativa. Su opinión fue que era necesaria otra cé-
dula real que permitiera al testador disponer libremente de la mitad de los
bienes muebles obtenidos en la guerra, mientras que la otra mitad debería
ser heredada automáticamente por el hospital, incluso si el testamento no
contuviera ninguna disposicón explícita en este sentido (punto 7). El sacer-
dote español también consideraba los casos en los que un enfermo admitido
en el hospital muriera sin dejar testamento escrito, y proponía que los ob-
jetos de plata, dinero efectivo y otras cosas de valor que llevase el difunto
en el hospital pasaran a la propiedad de la institución, sin derecho a que sus
parientes reclamasen posteriormente esta herencia (punto 8). 52
Debido a la necesidad de una administración precisa de los fondos
provenientes de la paga, el registro de cada unidad de caballería o regimento
de infantería contenía registros exactos de acontecimientos como la muerte,
cautiverio o deserción de un soldado. Este fenómeno dió lugar a la práctica
del uso de las llamadas rúbricas de plazas vacantes (Vakante o vaciernde
Lucken en alemán). Illanes identificó este detalle de contabilidad como otra
fuente posible de financiación. Según sus propuestas, tanto la paga atrasada
de los soldados difuntos (punto 9) como los bienes abandonados por los
desertores, pasarían a ser propiedad del hospital de campaña (punto 10).53
Vale la pena destacar que este concepto de financiación resurgió cuando más
tarde, en 1603, la cuestión del establecimiento de un hospital de campaña
volvió a la agenda de los Consejos del Imperio.54 En resumen, podemos
establecer que Illanes planeaba la creación y la financiación del hospital con
los fondos provenientes de las limosnas autorizadas por el Emperador, de las
deducciones de la paga de los soldados y de las cuotas establecidas del botín
obtenido por ellos, de los testamentos de soldados difuntos y de las fuentes
provenientes de las llamadas plazas vacantes.
No obstante, la segunda petición de Illanes también contenía propuestas
para disposiciones no directamente relacionadas con la financiación de la institu-
ción. En el punto 12, el sacerdote español llamaba la atención a la importancia de
que, en el mismo lugar del hospital, también se creara otra institución dedicada
a la curación de la población local. Según su opinión, los empleados de ésta de-
bían trabajar bajo la protección del Emperador (punto 13), y los bienes del hos-
pital deberían estar libres de cualquier impuesto, sobretasa o arancel (punto 14).
Illanes dedicó su cuarta petición a los criterios de selección y comen-
tidos de los empleados del futuro hospital de campaña. En primer lugar,
52 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 213r.-230r.
53 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 213r.-230r.
54 ÖStA KA AFA 1603/4/1.; Heischmann, 1925, p. 218.; Stangler, 1972, p. 149.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 26-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 27
proponía a la Corte contratar al personal médico que servía con las tropas
papales de apoyo, ya que prestaron un excelente servicio el año anterior
(1595).55 Además, pidió que el archiduque Matías nombrara a una perso-
na de confianza como tesorero (Schatzmeister) y a otra como mayordomo
(Hof-, Hausmeister); además, a un asistente (Leutnant) para el administra-
dor principal. Según su propuesta, el administrador principal decidiría sobre
el demás personal, como médicos, cirujanos, barberos y sirvientes.
Los tres consejeros asignados para valorar la proposición de Illanes
estudiaron las cuatro peticiones y formularon cuatro preguntas, las cuales
sirvieron como fundamento para su informe detallado:
1. ¿Puede ser considerado, como acto misericordioso ante Dios y
necesario, la fundación y mantenimiento de un hospital militar?
2. ¿Es posible crear y financiar una institución en la forma y con
las condiciones sugeridas por el sacerdote español?
3. ¿Dónde debería fundarse el hospital de campaña?
4. ¿Quién y con qué reglamento dirigiría la institución?
De las respuestas a la primera pregunta, salta a la vista que los pro-
pios consejeros también consideraban importante la creación de un hospital
de campaña, una decisión importante que no debería aplazarse más. En el
segundo punto declararon que dicho hospital no podría estar en un lugar ale-
jado a la campaña y del propio campamento militar, para que el transporte
de los heridos fuera rápido y sencillo. Además, establecieron que la ciudad
designada para albergar la institución debía ser grande, bien poblada y rica en
bienes y con disponibilidad de dinero en efectivo, para poder colectar limos-
nas y adquirir todos los medicamentos necesarios. Igualmente, los consejeros
subrayaron que tanto el hospital de campaña como las demás instituciones
particulares tenían que contar con los diferentes administradores necesarios
(administrador principal y su intendente, tesorero, mayordomo, sacerdotes,
encargados de recoger limosna, escribanos, médicos, cirujanos, barberos, co-
cineros y bodegueros); y deberían disponer de todos los bienes necesarios
(medicamentos, carretas, caballos, vino, trigo, cientos de camas y colchones y
todos los demás equipamentos necesarios). También indicaron que la falta de
55 En 1595, sacerdotes jesuitas y capuchinos se encargaban del cuidado espiritual de las tropas
de auxilio del Vaticano; sus propios médicos y los hermanos de una orden religiosa también
llegaron al campo de batalla de Hungría para cuidar de sus enfermos y heridos. Según la
petición, el personal fue encargado desde Pozsony. Fraknói, Vilmos: Magyarország egyházi
összeköttetései a Szentszékkel. III. kötet. A Mohácsi vésztől Magyarországnak a török járom
alóli fölszabadításáig 1526-1689 [Las relaciones eclesiásticas de Hungría con la Santa Sede.
Tomo III. Desde el desastre de Mohács hasta la liberación de Hungría del yugo otomano.
1526-1689]. Ed. Szent-István-Társulat, Budapest, 1903, p. 237.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 27-40. ISSN: 0482-5748
28 ZOLTÁN PÉTER BAGI
estos bienes en las ciudades designadas perjudicaría tanto a la población local
como a los soldados enviados allí. Como conclusión, los consejeros opinaban
unánimanemente que no era aconsejable demorarse más en las obras de fun-
dación del hospital.
En cuanto a la pregunta relativa a la ubicación ideal del hospital, los
consejeros establecieron que estaban en contra de la opinión de Illanes acerca
de Viena como lugar ideal, ya que estimaron que la estructura de las calles de
la ciudad (con muchos callejones que impedían la ventilación y la circulación
adecuada de las corrientes de aire) y la cercanía de los lugares propuestos a la
residencia imperial lo estimaron inadecuado. Por su parte, los consejeros su-
gerían una ciudad donde fuera posible adquirir un edificio extramuros, en un
lugar adecuado y a un precio barato (!). Como vemos, los consejeros conside-
raron importante la fundación del hospital, pero también estimaron importante
proteger la sede le la Corte, Viena, y a las ciudades en general.
La cuarta pregunta se refería a la dirección del hospital. Los tres con-
sejeros estaban de acuerdo con las propuestas de Illanes y las repitieron en
su respuesta, junto con el resumen del edicto imperial de noviembre mencio-
nado anteriormente. Los consejeros proponían al administrador principal del
hospital de Viena, u otra persona relevante, con mucha experiencia en la vida
militar, para el puesto del administrador principal del futuro hospital. En rela-
ción con su segunda propuesta, también indicaron que sólo sería posible si el
encargado recibiera todo el personal y material requerido bajo su mandato.56
El 8 de febrero de 1596, los consejeros del gobierno y de la cámara
de Austria Inferior volvieron a concretar su opinión sobre la propuesta de
Illanes en un documento destinado a informar al archiduque Matías, además
añadieron dos puntos de crucial importancia. En primer lugar, mencionaban
ciudades concretas, que consideraban como las más aptas para la sede de la
institución: Pozsony, Sopron, Bruck an der Leitha o Hainburg. Por otra par-
te, como Illanes no dominaba el alemán y no conocía plenamente las con-
diciones locales del Imperio, aconsejaron nombrar al procurador de Corte,
Balthasar Fierrath, como administrador principal del hospital de campaña.57
Basándose en este documento, el Archiduque informó al Emperador:
aconsejó hospitalizar a los enfermos y heridos graves en el propio hospital de
campaña de los campamentos militares, y transportar a los heridos leves a Na-
gyszombat (Trnava), Pozsony, Hainburg o Bruck an der Leitha. El Archidu-
que también estimaba que no era necesario erigir edificios nuevos para estos
fines, sino que sería posible utilizar los hospitales existentes y pagar sumas
56 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 213r.-230r.
57 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 263r-265r.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 28-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 29
determinadas a las ciudades por su uso. El consejo de la ciudad seguiría super-
visando el hospital, pero también estaría obligado a rendir cuentas detalladas
en relación con la curación de los soldados. El Archiduque estaba en contra
de la construcción de un nuevo hospital en Viena. Asimismo, subrayaba que
Illanes se encargaría de la dirección de la nueva institución, pero que sería
prudente designar a otra persona que, junto a él, pudiera verificar y ratificar las
cuentas y los trabajos realizados.. Viena podría ser la sede del administrador
general del hospital de campaña, desde donde se podría abastecer y dirigir a
las instituciones particulares. Además, el Archiduque aconsejaba negociar el
asunto de la compra de las tiendas de campaña necesarias con Gianfrancesco
Aldobrandini, el director de las tropas de apoyo del Vaticano.58
En otra carta fechada del 22 de junio de 1596, el archiduque Matías
informaba al Emperador de que había mandado a los hospitales de Wiener
Neustadt, Bruck and der Leitha, Hainburg, Pozsony y Nagyszombat prepa-
rarse para asistir a los soldados enfermos.59 El 3 de julio, Pedro de Illanes
recibió el edicto oficial para la fundación de un hospital de campaña.60
A pesar de las buenas perspectivas y de la organización para el fun-
cionamiento conjunto de los hospitales de las ciudades y el futuro hospital
de campaña, la evolución de los acontecimientos no se correspondía con el
concepto de Illanes. En primer lugar, no se recibieron los fondos calculados
previamente.61 Como hemos indicdo, tanto la Corte Imperial como Illanes
esperaban mayor cantidad de fondos provenientes de limosnas y contribu-
ciones financieras de los estamentos imperiales y húngaros. En su carta di-
rigida al Emperador, del 2 de septiembre de 1594, Geizkofler le informaba
que estaba organizando la colecta de la limosna aprobada por el edicto co-
rrespondiente del Consejo Imperial, ordenando la colocación de las cajas
de limosna al efecto delante de las iglesias.62 Naturalmente, la Corte estaba
interesada en la cantidad de fondos provenientes de las donaciones. Como
consecuencia, el tesorero imperial Christoph von Loß recibió órdenes por
carta el 12 de julio de 1595 para que se informara de la cantidad y el destino
de la limosna recaudada en Leipzig. El funcionario envió su respuesta dos
semanas más tarde, el 26 de julio. Sus conclusiones eran que las órdenes
religiosas vinculadas con los lugares de recaudación no estaban nada mo-
tivadas para encargarse de la logística de estas limosnas; además, el propio
58 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 259r-262r.
59 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 210r-v.
60 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 205r-v.
61 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 273r.; ÖStA AVA FHKA HKA
HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 273v.
62 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 201r.-202v.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 29-40. ISSN: 0482-5748
30 ZOLTÁN PÉTER BAGI
consejo de la ciudad, involucrado ya en la organización de la colecta de
donaciones para la lucha contra el Imperio Otomano, también evitaba estas
responsabilidades. Considerando la situación, Loß aconsejaba al Empera-
dor que planteara medidas legales punitivas a través de los Kreisobrist para
reprender a las órdenes religiosas que no obedeciesen, y que mandara a los
concejales de Leipzig dar cuentas trimestrales de las limosnas recaudadas.63
Solamente dos semanas más tarde, en otra carta dirigida al empera-
dor, Geizkofler pintaba un cuadro aún más sombrío del estado de la cues-
tación de limosna. Geizkofler mencionaba que uno de sus subordinados,
Matthias Peugl, dirigía una circular a los lugares de recaudación para pedir
cuentas de las donaciones para los soldados heridos y enfermos, incentiva-
das por el edicto del Consejo Imperial de 1594 correspondiente. Giezkofler
consideraba importante resaltar que las órdenes religiosas estaban en contra
de esta decisión y muchas veces la saboteaban no colocando las cajas de
limosna, o negándose a dar la limosna recaudada en los puntos de entrega.
Como evidencia, el tesorero adjuntó a su carta un registro fechado el 27 de
julio de 1595, según el cual la ciudad de Augsburg recibió, hasta la fecha,
donaciones por valor de 137 florines, 40 cruzados y 3 denares.64 Debido a la
gravedad de la situación, Geizkofler solicitó al Emperador efectuar una ins-
pección rigurosa de las órdenes religiosas por parte de los Kreisobrist, tanto
durante la recaudación de la limosna como en el momento de su entrega a la
ciudad. Además, el tesorero insistía en la creación del hospital cuanto antes,
para que nadie pudiera llegar a la conclusión errónea de que los fondos re-
copilados pudieran ser utilizados para fines diferentes.65
El asunto de la creación y la financiación del hospital de campaña y las
negociaciones en curso con Illanes obligaron otra vez a la Corte a pedir cuentas
detalladas de las limosnas entregadas de los lugares de recolección. La ciudad
de Leipzig compiló una lista el 26 de julio de 1596 sobre las donaciones recibi-
das (y su origen) entre el 6 de octubre de 1595 y el 26 de julio de 1596. Según
los datos de los consejeros, hasta la fecha de la lista, recaudaron 4.114 florines,
12 cruzados, 6 denares y 1 centavo.66 El consejo de la ciudad preparó otra lista
con fecha 18 de febrero de 1597. Ésta detallaba que entre esa fecha y el 12 de
octubre de 1595, se recibieron pagos de tres lugares, por un valor total de 4.625
florines, 14 cruzados y 4 denares.67 Hasta el 3 de septiembre del mismo año,
contabilizaron como disponible una suma adicional de 117 florines, 18 cruzados
63 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 199r-200v.
64 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 198r.
65 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 197r-v.
66 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 286r-287r.
67 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 276r-v.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 30-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 31
y 3 ½ denares, dejando un total de 4.743 florines, 11 cruzados y 8 denares.68 El
25 de agosto de 1597, la ciudad de Regensburg informó al Emperador que en
las tres cajas de limosna colocadas delante de las tres iglesias evangélicas, se
recolectaron un total de 189 florines, 57 cruzados y 1 denar.69
No obstante, los documentos arriba citados también hacen evidente que
la mayoría de los fondos recaudados ya no estaban disponibles en el momento
de rendir cuentas. Del registro de la ciudad de Leipzig, fechado el 18 de fe-
brero de 1597, podemos ver que anteriormente a la creación del documento,
Loß había recibió el pago certificado de 4.114 florines.70 Es decir, el dinero
recolectado hasta el 26 de julio de 1596 ya había sido utilizado para fines
diferentes. Según las cuentas del consejo de la ciudad en una carta del 3 de
septiembre, del dinero proveniente de limosna solamente un total de 619 flori-
nes, 1 cruzado y 2 denares seguían a su disposición.71 Loß confirmó la misma
suma en su carta al Emperador el 18 de septiembre, pero también subrayaba
que la suma fue recolectada en diferentes monedas de distinta calidad, y pidió
instrucciones para determinar la futura utilización de los fondos.72
El consejo de Frankfurt, en una carta al Emperador, fechada el 27 de
agosto de 1597, afirmaba que no disponía ya de ninguna suma de dinero pro-
veniente de las limosnas. Argumentaba que en el otoño anterior y durante
los seis meses anteriores, funcionarios del tesorero imperial aportaron este
dinero como pago y ordenaron que se emplease para otros fines.73 En una
carta dirigida al presidente de la Cámara de la Corte, fechada el 4 de sep-
tiembre, Geizkofler incluyó algunos datos más sobre estos fondos. Gezko-
fler indicó que de la limosna recaudada en Frankfurt, se pagó una parte,
según se le ordenó, a Bartholomäus Castelli, uno de los acreedores más im-
portantes de la Corte Imperial, y mandó que el resto se emplease en financiar
otros gastos. En su carta mencionaba que había emitido un pago adelantado
de 2.500 florines para la causa del hospital de campaña, lo que entregó con
un certificado a Cornelius Propst zu Eisgarn. El tesorero también expresaba
su esperanza de que el Empreador asignara los fondos equivalentes a un mes
de gastos para apoyar una causa de tal merced cristiana.74
Los encargados de los asuntos financieros del Imperio no eran los
únicos que conocían el mal uso de la limosna recaudada y su utilización para
otros fines. El archiduque Maximiliano, mando de las tropas imperiales en
68 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 298r-304v.
69 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 295r-297v.
70 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 276r-v.
71 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 298r-304v.
72 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 289r-v.
73 ÖStA AVA FHKA HKA HF RN. 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 290r-v.
74 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 269r-v.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 31-40. ISSN: 0482-5748
32 ZOLTÁN PÉTER BAGI
1597, informó al emperador Rodolfo II por carta fechada el 23 de julio del
mismo año que la Cámara de Corte de Praga ya había empleado los fondos
provenientes de limosnas para saldar algunas deudas. Por la misma razón,
pidió al Emperador que reembolsasen aquella suma lo más rápido posible;
en caso contrario, indicaba el Archiduque, muchos soldados perecerían en
las campañas militares y masas de soldados enfermos y heridos amenaza-
rían a Viena y a las otras ciudades con plagas y otras enfermedades.75
Es de destacar aquí un procedimiento sumamente particular, del cual
la ciudad de Nuremberga, como depositaria de limosnas, informó al Em-
perador en una carta el 10 de septiembre de 1596. En un edicto del 24 de
abril de 1596, los estamentos de la región franca decidieron que los fondos
recaudados por decisión del Consejo Imperial en socorro de los soldados
enfermos y heridos no pudieran ser utilizados en ninguna otra región, sólo
para la curación de sus propios soldados. De esta manera, intentaron cubrir
los gastos del administrador del hospital, el barbero y demás personal mé-
dico asignados a la unidad negra de caballería de 1.000 soldados,76 creada y
financiada por la ciudad en 1597 con las limosnas recaudadas localmente. El
consejo también llevó un registro detallado y al día de fondos y gastos. Se-
gún este documento, entre el 21 de mayo de 1596 y el 6 de abril de 1597, se
recogieron un total de 1.294 florines, 4 cruzados y 8 centavos. Aparte de esta
suma, según las cuentas del tesorero regional, hasta la fecha del documento,
se pagaron un total de 2.373 florines y 21 cruzados; es decir, aparte de los
ingresos provenientes de las limosnas, tenían que gastar fondos significantes
en la curación y cuidado de los soldados.77
Asimismo, tenemos poca información disponible sobre el volumen de
las limosnas provenientes del edicto de los estamentos de Austria Inferior.
Lo que es cierto es que en 1598 se registró un ingreso de 1.000 florines,
provenientes de las cajas de limosna dedicadas en las iglesias a la ayuda a
la causa de los hospitales de campaña. Sin embargo, al año siguiente, los
estamentos ya estaban en contra de la práctica de tales contribuciones a la cu-
ración de los soldados, debido a la malversación de los fondos experimentada
previamente.78 El consejo estamental de Austria Inferior dedicó, del presu-
puesto regional y para la misma causa, 1.000 florines anuales entre 1601 y
1604. La respuesta del archiduque Matías detalla la situación de los pagos.
El consejo regional siempre ligaba el pago de este componente a algunas
condiciones; como respuesta, el hermano menor del Emperador en 1604
75 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 274r-v.
76 ÖStA KA Zentralstelle Sonderreihe Bestallungen 527/1597.
77 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 288r-v.
78 Heischmann, 1925, p. 217.; Stangler, 1972, pp. 145-146.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 32-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 33
declaraba que a pesar de que la suma de 1.000 florines fue aprobada cada
año, hasta aquella fecha no habían recibido ni un centavo.79
Como en muchos casos similares, el Emperador también confiaba en
el apoyo de los distritos imperiales. En su carta al archiduque Matías, del
30 de enero de 1597, escribió que esperaba el pago en mano al tesorero
militar principal en Viena de varios miles de florines de estos estamentos.80
El 8 de febrero, el propio tesorero militar informó al Archiduque no haber
recibido ni un centavo de los estamentos por este concepto.81 Dos semanas
más tarde, el propio Archiduque pasó la misma información al Emperador
y a la Cámara de Praga. Además, solicitó a Rodolfo II investigar la canti-
dad de fondos recaudados en los distritos imperiales y su uso posterior.82
Consecuentemente, si esta fuente de financiación existía, desconocemos sus
proporciones y uso.
En la misma carta del 30 de enero de 1597 de Rodolfo, el Emperador
también hizo mención del socorro votado por los estamentos húngaros a fa-
vor de la creación del hospital militar.83 La decisión de los nobles húngaros
era recaudar 10 denares húngaros por cada puerta (familia de sirvientes):
«Los que no cuenten con vasallos, que paguen, según la indicación concien-
zuda de los vicealcaldes, la suma establecida».84 Según la carta del Empe-
rador, anteriormente contaba con la posibilidad de no poder elevar la suma
total de estas contribuciones.85 El tesorero militar informó al Archiduque
Matías el 8 de febrero de que no había recibido nada de las contribuciones
de los estamentos húngaros.86 Dos semanas más tarde, ya informó al Em-
perador que esperaba 941 florines y 38 ⅓ denares húngaros a título del voto
de los estamentos húngaros de la Cámara Húngara, del cual habían recibido
un total de 830 florines y 72 ½ denares húngaros hasta la fecha. El tesorero
también indicó al Emperador que la Cámara de la Corte de Viena tenía infor-
mación más detallada sobre estos fondos.87 Sin embargo, la Corte de Viena
no era capaz de ingresar la totalidad de los impuestos de los estamentos
húngaros hasta 1599. Una prueba de la demora en el pago es el artículo 32
79 Stangler,
1972, pp. 147-149.
80 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 308r-v.; ÖStA AVA FHKA
HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 273r.
81 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 273v.
82 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 271r-272r.
83 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 308r-v.; ÖStA AVA FHKA
HKA HF RN. 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 273r.
84 Corpus Juris Hungarici, 1899, pp. 793-795.
85 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 308r-v.;ÖStA AVA FHKA
HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 273r.
86 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 273v.
87 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 271r-272r.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 33-40. ISSN: 0482-5748
34 ZOLTÁN PÉTER BAGI
del Consejo estamental húngaro del mismo año, que decidía sobre el atraso
de pago de la limosna.88
No contamos con ninguna documentación relacionada con la práctica
de la recaudación de fondos provenientes de las otras fuentes propuestas por
Illanes (los cobros de la paga de los soldados, las cuotas del botín obtenido, tes-
tamentos y las llamadas plazas vacantes). Lo más probable es que estas ideas
nunca llegaran a ser puestas en práctica. Un hecho que puede apoyar esta hipó-
tesis es que a pesar de que el borrador del documento de contratación usado por
el regimiento de Infantería Ehrgott incluía la causa de la fundación y la finan-
ciación del hospital de campaña, esta iniciativa fue eliminada de la versión final
del documento; es decir, nunca pudo haber sido implementada en la práctica.89
Por otro lado, la Corte de Viena nombró a Cornelius Propst zu Eisgarn,
en vez de Illanes, para la dirección de la futura institución.90 En julio de 1597,
el archiduque Maximiliano negociaba con el funcionario anteriormente men-
cionado y con un tal Cornelius Cauler los asuntos de un hospital de campaña,
para ser organizado en la próxima campaña militar.91 Unos días más tarde,
Cornelius Propst zu Eisgarn también recibió las instrucciones oficiales acerca
de su actividad del principal administrador; según este documento, la persona
nombrada por la Corte rendía cuentas a la Cámara de la Corte, era responsable
de la contratación y empleo de personal adecuado, de la organización del abas-
tecimiento del hospital y debía dar un parte diario puntual de dichas activida-
des. Debían llevar un registro con el nombre y apellido de todos los enfermos
tratados en la institución, indicando de qué regimiento provenían y levantar
inventario de sus bienes y ropa. Los médicos y los enfermeros tenían la obliga-
ción de informar los tipos y la gravedad de las heridas y las enfermedades que
trataban. El administrador principal del hospital y el personal médico estaban
obligados a hacer visita diaria de las tiendas de campaña del hospital, e infor-
mar con regularidad a Eisgarn sobre todos los asuntos arriba mencionados.92
A pesar de la reglamentación relativamente estricta, el funcionamiento
cotidiano del hospital de campaña estaba lejos de ser adecuado a su función,
como resalta una petición de Illanes fechada del 14 de abril de 1598. El do-
cumento es, a la vez, una denuncia apasionada de las prácticas reales, y un
conjunto de sugerencias de una futura institución similar, pero de mejores
prácticas financieras y organizativas. Sin embargo, esta vez, el sacerdote for-
mulaba sus 80 puntos basados en su propia experiencia. Varios de los puntos
Corpus
88 Juris Hungarici, 1899, pp. 866-867.
89 ÖStA KA AFA 1603/4/1; Heischmann, 1925, p. 218.; Stangler, 1972, p. 149.
90 Stangler, 1972, passim.
91 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 274 r-v.
92 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 278r-279v.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 34-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 35
son una acusación de incompetencia en el desempeño de su cargo contra Eis-
garn. Eisgarn seleccionaba el personal contratado sin el debido cuidado; de los
12 soldados contratados como sirvientes, tres desertaron poco después de salir
de Viena. Los restantes estaban más ocupados en el cuidado de los caballos
que en las labores del hospital; así entonces rendían servicios en el hospital,
pero maltrataban a los enfermos y no les daban nada de comer. Generalmente
estos sirvientes estaban a cargo de los funerales; en estos casos, estos indivi-
duos sin ningún escrúpulo robaban el saco, la ropa y todos los bienes de los
difuntos. Su avaricia llegó a tal punto que incluso enterraron vivos a algunos
soldados. En varias ocasiones también requerían pagos adicionales para los
entierros. Similarmente, de los clérigos designados al servicio del hospital de
campaña, Eisgarn sólo mantenía dos a su servicio. Uno era un laico de mala
vida que pasaba los días en la cocina comiendo y bebiendo, que murió en
poco tiempo cuando marchaba de Győr a Viena. Illanes también expresó sus
reproches en relación con el otro sacerdote, diciendo que ni entendía como tal
persona pudo llegar a ser sacerdote. Eisgarn también contrató a ocho mujeres;
siete de ellas se escaparon al poco tiempo. Pero no sólo eran las sirvientas
las que dejaron el hospital, sino el procurador, el secretario de Eisgarn, los
cocheros, los pajes de caballeriza, tres soldados, el boticario y el asistente del
médico. No obstante, nadie fue contratado en su lugar.
Además, según la denuncia, Eisgarn también incumplía con las obli-
gaciones de su cargo. Illanes menciona, por ejemplo, que muchos enfermos
y heridos murieron en el asedio de Pápa, ya que el hospital de campaña no
fue levantado a tiempo para atenderlos. Los soldados sirvientes arriba men-
cionados no ejecutaron los enterramientos con el debido cuidado, y así sur-
gieron varias plagas en el campamento, pero Esigarn no se ocupó del peligro
sanitario, a pesar de que varios miembros del personal del hospital también
murieron enfermos a causa de las plagas. Siguiendo la lista de acusaciones,
Illanes menciona que las 12 tiendas de campaña adquiridas para ser utilizadas
en el campo de batalla fueron todas dejadas atrás en Viena. Los demás bie-
nes del hospital también fueron echados a perder: tanto el equipamento del
hospital como la ropa de los enfermos fueron robados, saqueados y tomados
como botín. Eisgarn se negaba a transportar el equipamiento a Pozsony por el
Danubio, así que la travesía de las tropas de abastecimiento por tierra duró un
mes, atravesando terrenos despoblados y bosques.
Según la denuncia, Eisgarn tampoco era muy cuidadoso en el manejo
del dinero. En vez de comprar dos o tres carretas –como proponía Illanes–,
contrató nueve o doce carretas con sus correspondientes cocheros y cuarenta
caballos, representando un gasto exagerado. No obstante, la acusación más
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 35-40. ISSN: 0482-5748
36 ZOLTÁN PÉTER BAGI
grave de Illanes era que Eisgarn obraba por su propio interés en el cargo; es
decir, malversaba los fondos delegados a su cuidado.
Al mismo tiempo, el sacerdote español intentaba subrayar su actividad
beneficiosa en la misma petición. A final es de 1597, Illanes pidió el apoyo
de la Santa Sede a través del cardenal Madruzzo para su causa. Gracias a es-
tas conexiones, la Orden de las Minoritas prestó seis hermanas al servicio de
su causa, y los franciscanos también le ayudaron con seis clérigos. Además,
la Orden de las Hermanas de Juana también contribuyó con 12 personas al
cuidado de los soldados heridos y enfermos. La Orden de los Jesuitas, por su
parte, ofreció mandar a los campamentos sacerdotes que hablaran húngaro,
checo y alemán, para poder consolar a los enfermos en su lengua materna, y,
de ser necesario, administrar los sacramentos. Como vimos anteriormente,
Eisgarn rechazó los servicios de casi todos estos religiosos. Al mismo tiempo,
las doce sirvientas contratadas para el hospital y los demás sirvientes no que-
rían quedarse, ya que Esigarn casi siempre retenía su sueldo.
Con la petición anteriormente mencionada, Illanes también obtuvo
aprobación papal de que todos los bienes muebles dejados atrás por las tro-
pas del Vaticano en el Reino de Hungría después de 1595, pasaran a la pro-
piedad del hospital de campaña.
Finalmente, el Emperador designó Pozsony como sede del hospital
de campaña; de esta manera, sólo era necesario mantener cuatro o cinco
tiendas de campaña para la asistencia médica en el campo de batalla, desde
donde era posible transportar con rapidez a los soldados heridos por tierra
o agua. Illanes también negoció con los consejeros de la ciudad, quienes
prometieron donar una casa para la causa, y también un espacio vacío donde
fuera posible montar más tiendas de campaña. Además, ofrecieron, sin con-
traprestaciones, paja para la cama de los soldados, heno para la alimentación
de los caballos y leña. Pero resultó que los consejeros de Pozsony olvidaron
tramitar la ayuda prometida; quizá debido a que el mismo año, los soldados
valones también fueron asistidos en el hospital de la ciudad y su estancia
financiada con dinero de la comunidad local.93
Aparte de estas observaciones y acciones, Illanes también presentó
propuestas para organizar el nuevo hospital, esta vez sólo siguiendo sus
propias ideas. Para él, solamente se necesitaba la colaboración de doce sa-
cerdotes y la buena voluntad de los súbditos de la Monarquía de los Habs-
burgo para crear, en lugar del hospital clausurado, una institución nueva y
mejorada. El nuevo hospital requeriría una dirección firme y austera, dejan-
do los asuntos financieros en mano de una persona fiable y preparada. Los
93 ÖStA KA HKRA Prag 1597 No. 9.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 36-40. ISSN: 0482-5748
PEDRO DE ILLANES, UN HOMBRE QUE QUISO SALVAR A LOS ... 37
bienes necesarios para la fundación y mantenimiento del hospital deberían
ser adquiridos con tiempo. Aparte de estos conceptos organizativos, Illanes
enumeró otra vez una serie de razones que sustentaban la necesidad de un
hospital de campaña.94
El consejo de la ciudad de Viena sugería, en una instancia fechada el
3 de marzo de 1598, que la Corte nombrase un director laico y un sacerdo-
te para dirigir el futuro hospital de campaña. El sacerdote se ocuparía del
servicio espiritual y de la prestación de los sacramentos, mientras el admi-
nistrador laico obraría en la dirección de los asuntos de día a día. El consejo
también incluía a varias personas en la instancia, a quienes apoyaba para el
puesto.95 El Emperador aceptó la propuesta y encargó al ayuntamiento de
Viena la selección del administrador laico.
Paralelamente, Illanes intentaba lograr apoyo para la creación de un
hospital de campaña. En junio de 1598, el archiduque Matías informó a la
Cámara de la Corte que el sacerdote español planeaba montar una institu-
ción hospitalaria en las afueras de Pozsony, sin esperar ninguna contribu-
ción financiera del Emperador. Por ello, el Archiduque mandó a la Cámara
de Hungría prestar toda contribución necesaria para la realización de aque-
llos planes y emprender negociaciones con la ciudad de Pozsony sobre la
adquisición de un edificio adecuado.96
Lo que sabemos sobre el destino posterior del hospital de campaña es
que los estamentos de Austria Inferior, tanto en 1600 como en 1601 votaron
financiar su creación. De los planes del consejo regional de 1602 también
tenemos información de que estas decisiones no se cumplieron.97 El 19 de
mayo de 1603, la Cámara de la Corte emitió un comunicado escrito al Con-
sejo de Guerra de la Corte sobre el hospital de campaña, pero desconocemos
el resultado de estas órdenes.98
En conclusión, podemos afirmar que siguiendo la iniciativa de Illanes
y teniendo en cuenta sus propuestas, la Corte intentaba crear un nuevo tipo de
institución sanitaria en la primera mitad de la guerra. Esta institución sanitaria
sería distinta a los hospitales urbanos y capaz de desempeñar sus funciones en el
campo de batalla. No obstante, la lucha del sacerdote español resultó quijotesca,
ya que sus planes fueron frustrados por condiciones financieras inadecuadas y
omisiones o errores humanos. Por tanto, la Corte se vió obligada a seguir utili-
zando los hospitales urbanos también para la curación de los soldados.
94 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 313r-324v.
95 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 340 r-v.
96 ÖStA AVA FHKA HKA HF rN 79 Konv. 2. August 1599. Fol.: 338r-v.
97 Heischmann, 1925, p. 217-218.; Stangler, 1972, p. 147-148.
98 ÖStA AVA FHKA HKA Hoffinanz Ungarn rN. 78. Fol.: 377r-378v.
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Recibido: 30/11/2017
Aceptado: 12/12/2018
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April 13, 1922: Defense of the Blockhouse Miskrela Nr. 1, by Mr. Anto-
nio GARCÍA MOYA, Infantry Sergeant Mayor (R)
Revista de Historia Militar
Número 127 (2020), pp. 41-82
ISSN: 0482-5748
RHM.02
13 de abril de 1922: Defensa del blokao Miskrela Nº 1, por don Antonio
GARCÍA MOYA, subteniente de Infantería en situación de reserva
13 DE ABRIL DE 1922:
DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1
Antonio GARCÍA MOYA1
RESUMEN
El 13 de abril de 1922, en plena Campaña de Marruecos, la guar-
nición del blocao de Miskrela, trece legionarios y dos policías indígenas,
defendió el reducto de un violento ataque llevado a cabo por un enemigo
mucho más numeroso al sur de Xauen. Aquel logro, que se consideró una
victoria fue reconocido más adelante con la concesión de la Medalla militar
a cada uno de aquellos aguerridos defensores, siendo éste, uno de los esca-
sos casos en los que esta condecoración se concedió a todos los participantes
en una misma acción.
PALABRAS CLAVE: Xauen, Miskrela, Magán, Legionario, Medalla
militar, Bandera, Blocao, Expedicionario, Posición, Gallego.
1 Subtenientede Infantería en la Reserva. Ha escrito artículos relacionados con el Tercio de
Extranjeros y el Regimiento de Toledo en distintas revistas. Es autor de los siguientes libros:
Alférez Antonio Navarro Miegimolle, héroe de La Legión; Suboficial legionario Bartolomé
Munar, el héroe de Kala Bajo; Regimiento de Infantería Toledo nº 35, “El Profetizado”; Sol-
dado Manuel del Águila, el héroe de Peña de Plata. agarmoy@[Link]
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 41-82. ISSN: 0482-5748
42 ANTONIO GARCÍA MOYA
ABSTRACT
On April 13, 1922, in full Campaign of Morocco, the garrison of the
blockhouse of Miskrela, thirteen legionaries and two indigenous police, de-
fended the redoubt of a violent attack carried out by a much larger enemy
south of Chefchaouen. That achievement, which was considered a victory
was later recognized with the award of the Military Medal to each of those
brave defenders, this being one of the few cases in which this award was
granted to all participants in the same action.
KEY WORDS: Xauen, Miskrela, Magán, Legionnaire, Military Med-
al, Bandera, Blocao, Expeditionary, Position, Gallego.
*****
1871: TORRE DE COLÓN (CUBA), UNA DEFENSA ÉPICA
A
lo largo de la historia militar de España, han sido múltiples los casos
en los que un grupo de nuestros soldados se ha encontrado aislado y
ha tenido que defender una posición, un baluarte, una trinchera, ante
una fuerza muy superior. Y muchos son los ejemplos, de todos conocidos, en
los que los defensores, a pesar de encontrarse en abrumadora inferioridad,
estuvieron dispuestos a cumplir las órdenes de defender su puesto llegando
hasta las últimas consecuencias.
Dado que la mayoría de quienes protagonizan este artículo eran legio-
narios, sin salirnos del entorno del Tercio referiremos dos populares casos:
El 18 de diciembre de 1896, en Filipinas, tras el ataque a la cantera de Me-
ricanayoa, el segundo teniente del Batallón Expedicionario de Cazadores nº
4, José Millán Terreros,2 con solo diecisiete años, quedó junto a un sargento,
dos cabos y 20 soldados, guarneciendo el pueblo de San Rafael. Días des-
pués, cuando 2.000 insurrectos intentaron ocupar el lugar, Millán envió un
emisario informando al mando de la situación:
... tengo combate desde primeras horas de esta mañana. Los insu-
rrectos, en creciente número, han entrado en el pueblo, que está ardiendo.
2 Más adelante, en 1923 adoptaría los dos apellidos de su padre Millán Astray quedando como
José Millán Astray Terreros.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 42-82. ISSN: 0482-5748
13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 43
No necesito auxilio alguno y me encuentro contento de tener ocasión de
demostrar el valor de nuestros cazadores.
El destacamento logró resistir los ataques de los indígenas durante
seis horas. La llegada de la columna del comandante Sarthou a la población
resolvió la situación y el joven oficial sería recompensado con la Cruz de
María Cristina de 1ª clase por su determinación. El otro caso fue protago-
nizado por el suboficial legionario Bartolomé Munar Munar en la arrojada
defensa de la avanzadilla de Kala Bajo el 17 de septiembre de 1924. Tras
abastecer la posición al frente de un grupo de legionarios cargando mochilas
de agua, cuando fue precisa su colaboración en la defensa de la avanzadilla,
con tan solo dos legionarios, uno de ellos herido, resistió las acometidas del
enemigo impidiendo su entrada en el recinto.
Ciñéndonos a las especiales circunstancias de este caso de Miskrela
en el que sus defensores, todos, fueron recompensados con una condeco-
ración de prestigio, la Medalla militar, encontramos antecedentes, aunque
haya que remontarse unos cuantos años y tengamos que desplazarnos de
nuevo a Ultramar, a la isla de Cuba cuando todavía, a pesar de la guerra, era
una parte de España: la defensa de la torre óptica de Colón el 20 de febrero
de 1871. Se trataba de una estructura defensiva de madera dotada de un
heliógrafo ubicada sobre la elevación de Pinto, a cuatro leguas de Puerto
Príncipe. Su guarnición, que dirigía el alférez Cesáreo Sánchez estaba for-
mada por el sargento José Garabito, tres cabos, un corneta y 21 soldados del
Batallón de Chiclana, además de tres civiles. Al amanecer de aquel día, unos
500 insurrectos atacaron la instalación pero, a pesar del elevado número de
atacantes, los defensores no se dejaron amedrentar. Las certeras descargas
de los fusiles españoles causaron sensibles bajas en las líneas enemigas. Aun
así, los insurrectos alcanzaron el foso defensivo intentando llegar hasta la
misma estructura de madera con intención de incendiarla. Dada la proximi-
dad de atacantes y defensores, los rebeldes eran rechazados a punta de ba-
yoneta, pero en el combate también los españoles sufrieron bajas, entre estas
la del alférez Sánchez, que resultó herido en una pierna. Cuando la situación
estaba más comprometida, el corneta Garrido Andreu se ofreció voluntario
para atravesar las líneas enemigas e ir a buscar auxilio en un puesto cercano.
En aquellos momentos tan críticos, los defensores se conjuraron decidien-
do morir todos abrasados antes que rendirse. Pero no desfallecieron en la
defensa y, finalmente, los adversarios decidieron parar el ataque y retirarse
llevándose con ellos a sus heridos y muertos. En la guarnición española el
balance de bajas fue de cuatro muertos de tropa y heridos el oficial, doce de
tropa y un paisano.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 43-82. ISSN: 0482-5748
44 ANTONIO GARCÍA MOYA
Figura 1. Alférez D. Cesáreo Sánchez, un sargento y seis soldados
todos de Cazadores de Chiclana, que defendieron la famosa Torre Óptica,
llamada de “Colón”. (Museo de la Infantería Española. Libro de Honor,
Industrias gráficas Thomas, Barcelona, 1923, lámina 7)
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13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 45
El 16 de octubre de 1871 se concedió la Cruz laureada de San Fer-
nando al alférez Cesáreo Sánchez. La posterior reclamación del sargento
Garabito, que había quedado inútil durante la acción, motivó la apertura de
un juicio contradictorio a los demás defensores de la torre de Colón. Final-
mente se concedió la Laureada a todos los defensores y a los tres paisanos,
recibiendo cada uno la pensión anual de 400 pesetas.3
1921. PROTECTORADO ESPAÑOL DE MARRUECOS
En el mes de julio de 1921, Muley Ahmed Raisuni, el principal enemi-
go de España en la zona occidental del Protectorado, se encontraba abocado
a una sumisión impuesta por el general Berenguer mediante operaciones
armadas. Durante su juventud, Raisuni se había dedicado a los estudios re-
ligiosos, pero su anhelo de “justicia” le condujo a llevarla por la fuerza
llegando a ser una mezcla de bandido y de señor feudal.4 Como político
reunía unas condiciones excepcionales ya que era un profundo conocedor
de su pueblo y además tenía una clara visión de la política internacional y
del mundo del Islam. Raisuni anhelaba un Marruecos libre, sin la sumisión
al Majzen y sin una tutela extranjera.
La situación en la Comandancia General de Melilla con la retirada de
Annual aún latente, aconsejó detener las operaciones en las comandancias
generales de Ceuta y Larache y mantenerse a la expectativa. Gomara, la par-
te más al este de la Comandancia General de Ceuta, en contacto con el Rif,
se prestaba a que el éxito obtenido en las operaciones llevadas a cabo en la
parte oriental del Protectorado por Abd el Krim repercutiera directamente en
la zona occidental. De nuevo Raisuni hizo gala de su astucia logrando salir
airoso de su enfrentamiento con los españoles y, enterado de la situación
en el Rif y Kelaya, cesó su actitud sumisa al verse libre de las amenazas
españolas.
3 Real Orden del 20 de septiembre de 1880.
Formaban la guarnición, además del alférez y el sargento José Garabito Fernández; cabo 1º
José Suarez Cruz; cabos José Brias Vizcarri y Lucio Herrero Herranz; corneta Máximo Garri-
do Andreu; soldados Rafael Ariza Castellanos, Juan Capell Morales, Álvaro Cebriola Blanes,
Ángel García Rodríguez, José Gual Abril, Joaquín Izquierdo Villanueva, José López Cabello,
Juan López Sanz, Juan Murgui Murgui, Gregorio Oché Targa, Clemente Puig Casadems, Pe-
dro Puig Domenech, Pedro Ridao Martín, Andrés Rodríguez Chamizo, José Rodríguez Mo-
reno, Manuel Solá Galera, Miguel Tirado Casado, Eugenio del Valle Rico, Luis Ventura Vel,
Juan Vila Piñeiro y Mateo Vilella Llansas; paisanos Pedro Esquivel, Carlos Junco Gómez y
José Martínez Quesada.
4 ASENSI LÓPEZ BLANCO, José: 20 de septiembre de 1920. Fajardo el Bravo Editorial, Lorca
(Murcia), 2013, p. 62.
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46 ANTONIO GARCÍA MOYA
En agosto de 1921, una harca rifeña formada por guerreros de la cabi-
la de Beni Urriaguel y acaudillada por el hermano de Abd el Krim, el Jatabi,
tras haber tomado parte en las acciones contra los españoles en Igueriben y
Annual, se instaló en Gomara. Aquella intromisión suponía una seria ame-
naza para la Comandancia General de Ceuta, pero así transcurrió el mes de
agosto, con el rifeño esperando la evolución de los acontecimientos en Meli-
lla y dedicado a agredir a los indígenas afectos a España, llegando incluso a
llevar a cabo acciones contra las fuerzas españolas, hostigando posiciones y
atentando contra los servicios de aguadas, vigilancias de caminos, custodia
de obras y trabajos y ataques a convoyes, buscando extender la rebelión a lo
largo y ancho de la región.
Entrado septiembre se mantenía la intranquilidad siempre a la es-
pera de una inminente ofensiva procedente de Gomara. Durante este mes,
la hostilidad rebelde se enfocó contra los indígenas afines a los españoles.
Llegó octubre y el Jatabi vio llegado el momento propicio para lanzar una
agresión más directa. Los días 18 y 20 hostigó la posición de Tiguisas,
aunque no sería hasta el 21 cuando realizó la ofensiva más notable fijando
sus esfuerzos en el Zoco el Had, de la cabila de Beni Ziat. Desde allí, había
dos posibilidades: atacar la ciudad sagrada de Xauen o dirigirse hacia la
misma costa.
La respuesta española se encomendó al capitán Capaz que, al frente
de una columna con fuerzas de la Mehala, dos secciones del Tercio y una
de ametralladoras del Batallón de Cazadores de Llerena, se desplazó hasta
Uad Lau donde quedó a la expectativa. La acción no tardó en llegar. En la
madrugada del día 23 los rebeldes atacaron Kaseres y se apoderaron del
poblado. Después, extendieron la ofensiva hasta las posiciones de Magán,
Tiguisas y Targa. A pesar de la valiente reacción de la columna de Capaz, no
se pudo impedir que al final del día Targa estuviese incomunicada y todos
los puestos bloqueados por el enemigo. El saldo de bajas por parte española
fue de siete muertos y 19 heridos.
El mismo día 23, el general Marzo, segundo jefe de la Comandancia
General de Ceuta, tomó el mando incrementando la columna con un tabor de
Regulares y una batería. Al siguiente día, el 24, la reforzó con otro tabor más
y fuerzas de sanidad. Más tarde se organizó una segunda columna formada
por el Batallón de Saboya, la compañía de ametralladoras de Cazadores de
Llerena, la cuarta Bandera del Tercio, una batería de montaña, un tabor y
un escuadrón de Regulares de Ceuta y fuerzas de la Mehala y de la Policía
Indígena. Tras un agotador combate de ocho horas, Marzo consiguió que el
convoy entrara en Magán, además, reforzó la posición con una sección de
Regulares y la abasteció de municiones, víveres y agua. El recuento de las
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 46-82. ISSN: 0482-5748
13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 47
bajas ascendió a 23 muertos y 160 heridos.5 Aquel día se distinguieron en
los combates las fuerzas legionarias del comandante Emilio Villegas Bueno,
jefe de la cuarta Bandera. La obra Historia de las Campañas de Marruecos
destaca en sus páginas la firmeza en la lucha de las fuerzas del Tercio de
Extranjeros:
… tuvieron necesidad de luchar absolutamente todas las unidades
que componían la Columna, siendo la que empeñó más dura pelea la
Bandera del Tercio, en la que todos sus oficiales fueron bajas.6
Prueba de la intensidad de aquella acción fue que varios componentes
de la 16ª Compañía de La Legión fueron más tarde ascendidos al empleo
superior por méritos de guerra por su comportamiento en los combates del
monte Magán: el cabo José Ceferino González, a cabo 1º; los cabos inte-
rinos Antonio García Rodríguez y Ramón Rico Pérez, a cabo efectivo y el
legionario de 1ª Rafael Puente García, a cabo.
Gomara se había convertido en una zona caliente, en aquel territorio
continuaba la actividad armada. El día 25 se condujeron convoyes hasta Ka-
seres y Cobba Darsa y el 27, el general Marzo ocupó la posición de Axasah
donde, con acierto, instaló artillería y armas automáticas que podrían prestar
apoyos a futuras acciones.7 Este mismo día se consiguió llevar el suministro
hasta Tiguisas y Gueldet.
El día 28, encontrándose el litoral protegido con la presencia de un
acorazado, un crucero y otras embarcaciones menores y con la artillería bien
asentada en Axasah, se preparó una nueva entrada en la altura de Magán.
Desde Uad Lau, la columna del general Marzo partió con los suministros. El
enemigo, que se había fortificado en trincheras y pozos de tirador, esperaba
frente a Magán. Mientras la columna se empeñaba en acceder a la posición,
el enemigo le provocó importantes bajas. Las acciones que desde el interior
de la posición se realizaron como apoyo, no fueron suficientes. Por la mente
de todos voló la sombra del caos de Annual. Se encontraba el combate en
un momento crítico cuando el comandante Villegas, al frente de su recién
Historia
5 de las Campañas de Marruecos. Tomo III. Servicio Histórico Militar, Imprenta Ideal,
Madrid, 1981, pp. 214 y siguientes.
6 Ibídem, p. 216.
Millán Astray en su obra La Legión cita las bajas de los oficiales de la cuarta Bandera en los
primeros combates: capitán Gascón Aquilue; otros Argüello Brage y García Fernández. Heri-
dos capitanes Pedro Jareño, Peñarredonda, Fernández y Pérez Tajueco; oficiales: Ruiz Casaus,
Dalías Charte, Fuentes Cascajares, Rubio Villanueva, Cejudo Belmonte, Menéndez Tolosa,
Compagny Fernández Bernal, Bennassar Vizquerra y Revuelta Franco.
7 Historia de las Campañas de Marruecos, pp. 219-220.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 47-82. ISSN: 0482-5748
48 ANTONIO GARCÍA MOYA
estrenada cuarta Bandera del Tercio de Extranjeros dio la orden de asalto. El
choque a la bayoneta fue violento, siempre lo es, y consiguió poner en fuga
al crecido enemigo. La bandera hubo de lamentar en esta intervención las
bajas de 36 muertos y 134 heridos. Entre las dos acciones sobre Magán, la
cuarta Bandera sumó una elevada cifra de bajas, casi el cincuenta por ciento
de sus efectivos.8 La gesta de aquel 28 de octubre no podía quedar en el
olvido. El mando quiso tener un reconocimiento hacia las tropas y para ello,
además de mencionar a diversos legionarios que se habían distinguido en los
combates de ese día, publicó en la Orden:
La 4ª Bandera por su glorioso bautismo de sangre en los combates
de Magán, usará en su Bandera la cinta con el nombre de este combate.9
Estas costosas acciones, que se habían sustentado con el levantamien-
to en armas de una parte importante de la cabilas de Gomara, supusieron el
restablecimiento de la situación en la zona.10 El periodo comprendido entre
diciembre de 1921 y julio de 1922 sirvió de impulso a las comandancias
generales de Larache y de Ceuta para retomar las campañas de Yebala. Las
operaciones quedaron divididas en tres fases: Durante la primera, entre el 19
y el 22 de diciembre, se unió Buharrax con Berbex, pudiendo así comunicar
el Zoco del Jemís de Beni Aros con las bases de Tetuán; con la segunda fase,
llevada a cabo entre el 6 y el 10 de enero, se estableció la línea fortificada
Xauen-Lucus; la parte final se alargó desde los últimos días de abril a los
meses de mayo y junio, finalizando en los primeros días de julio.11
8 La gesta de aquel 28 de octubre no podía quedar en el olvido. El teniente coronel Millán
Terreros, jefe de La Legión y buen conocedor de la mentalidad del soldado, quiso tener un
reconocimiento hacia sus soldados. Para ello, hacía mención en la Orden de la unidad del 8 de
diciembre de 1921 a los legionarios José Lafuente López y Carlos Sanguel, de la plana mayor
de la IV Bandera, como modelos de bravura e inteligencia en la acción; legionarios Nector
Borja, Rafael Baena y Benito Martínez Iglesias, de la 10ª Compañía, por su arrojo y bravura
al retirar los muertos y heridos exponiendo su vida; legionario Heladio Fernández Santos, de
la 11ª Compañía, por sus muestras de valor y sufrimiento, no diciendo que estaba herido para
no ser evacuado; legionario Francisco López González, de la 11ª Compañía, el primero que
llegó a la avanzadilla de Magán, defendiendo solo el puesto que se le había designado; cabo
1º Francisco Jiménez Santos, de la 11ª Compañía, acompañó a su oficial de sección cubriendo
un flanco con serenidad y espíritu durante cinco horas; cabo José Duarte Castaños, de la 12ª
Compañía, por su arrojo en combate como jefe de máquina; legionario Juan Lupi Bastuli, de
la 12ª Compañía, por su espíritu al regresar a su posición tras haber sido curado en una mano;
legionario Benigno Martín González, de la 12ª Compañía, mantuvo a distancia al enemigo que
quería llegar a las ametralladoras; legionario Juan Pérez Abreu, de la 12ª Compañía, al resultar
contusionado permaneció en su puesto hasta el final de los combates.
9 Orden de La Legión del 8 de diciembre de 1921.
10 Sólo se mantuvieron leales a España parte de la cabila Beni Ziat y la de Beni Zeyel.
11 Historia de las Campañas de Marruecos, pp. 226, 229 y 236.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 48-82. ISSN: 0482-5748
13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 49
En el mes de febrero de 1922 tuvo lugar en Málaga la Conferencia
de Pizarra, una reunión de alto nivel en la que altas figuras de la política,
del ejército y la armada trataron directamente de la situación en Marruecos.
Se habló acerca de la Comandancia General de Melilla, pero también hubo
tiempo para tener en cuenta a las comandancias generales de Ceuta-Tetuán
y Larache, amenazadas desde tiempo atrás por la figura del Raisuni y más
recientemente por la llegada de una harca desde el Rif. El Presidente del
Consejo manifestaba al respecto:
La oposición restante contra el Raisuni se efectuará tan luego como
las circunstancias meteorológicas lo permitan. Si para ello no son necesa-
rios todos los contingentes acumulados en esta región, se repatriará desde
luego el excedente. Otro tanto se hará con el que se estime que resulte
cuando desaparezcan los conatos del hermano de Abd el Krim por la par-
te de Gomara y cuando se haya concluido la presión sobre el Raisuni.12
1922: LA 18ª COMPAÑÍA DEL TERCIO DE EXTRANJEROS
De los quince militares que guarnecían el blocao de Miskrela nº 1,
dos pertenecían a la Policía Indígena, que además de sus funciones poli-
ciales y militares realizaban la de intérpretes, los otros trece eran un cabo
y doce legionarios de la 18ª Compañía de la quinta Bandera del Tercio de
Extranjeros.
La efectividad de las primeras banderas del Tercio de Extranjeros
aconsejó al mando el empleo de otras banderas. Las nuevas unidades ope-
rarían junto a la tercera en la zona occidental o, como refería la hoja de
filiación de los voluntarios: … para servir en África o donde se le destine.
La quinta Bandera comenzó a organizarse en el mes de julio de 1921
en Dar Riffien. Los sucesos de Annual levantaron el fervor patriótico en Es-
paña y condujo a muchos españoles de forma voluntaria a filas, acogiéndose
a un compromiso por la duración de la campaña, que en sólo tres meses con-
dujo a casi cuatro mil voluntarios a las filas del Tercio.13 El comandante José
de Liniers y Muguiro era un veterano que ya había combatido en la anterior
campaña de África en las filas del Batallón de Cazadores de Barbastro nº
4, donde le condecoraron con sendas cruces al mérito militar con distintivo
12 Nota informativa de la Conferencia dada por el Presidente del Consejo, en Historia de las
Campañas de Marruecos, p. 245.
13 Reales Órdenes Circulares de 8 y 31 de agosto de 1921.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 49-82. ISSN: 0482-5748
50 ANTONIO GARCÍA MOYA
rojo por las acciones de los Lavaderos de Mineral y Taxdir. Liniers fue des-
tinado al Tercio de Extranjeros el 31 de octubre. Se le otorgó el mando de la
quinta Bandera y cuando llegó a la unidad, hubo de finalizar su organización
ya que, hasta el 15 de noviembre no estuvo al completo de sus efectivos.
También el capitán Joaquín de Silva Rivera llegó en aquellos días, le dieron
el mando de la 18ª Compañía el 6 de noviembre. Establecida en la zona de
Tetuán, hasta los últimos días del año, la Bandera se dedicó esencialmente a
la escolta de convoyes. El 19 de diciembre intervino en la toma de la cabila
de Ayalía, donde, dirigidas por el comandante, la 18ª y la de Depósito, junto
a fuerzas Regulares asaltaron las defensas enemigas con un feliz estreno.14
En la acción, Liniers, conceptuado como muy distinguido, resultó herido en
una mano.15 Desde allí, al comenzar enero, la Bandera tomó camino hacia
el Zoco el Arbaa de Beni Hassan.
La columna del general Enrique Marzo inició el año 1922 al sur de
Xauen, encontrándose el día 5 de enero en Mura Tahar. Se trataba de una fuerza
considerable ya que estaba formada por los Batallones de Cazadores de Arapi-
les, Barbastro y Madrid, la cuarta y la quinta banderas del Tercio de Extranjeros,
dos tabores de Regulares de Tetuán, tres baterías del primer Grupo de Montaña
del Regimiento Mixto de Artillería y una expedicionaria de Montaña, dos com-
pañías de Zapadores de Ceuta y dos expedicionarias, dos estaciones ópticas a
lomo, una a caballo y otra de radio a caballo, dos ambulancias de montaña y una
del hospital de campaña, más una sección del Parque Móvil de Montaña. El
día 6, la columna llevó el peso de la acción para ocupar Haymma, Beni Bara y
Akarrat. Mediante violentos combates se consiguió ocupar la zona, permane-
ciendo en el terreno hasta que se consiguió levantar una posición. Dos secciones
de la 18ª Compañía del Tercio apoyaron a la 17ª y el 8 se incorporaron a las
órdenes del capitán De Silva, procedentes de Xauen.
El día 10, mientras la columna de Marzo se esforzaba en tomar Sidi
Mohamed Ben Sebaa, la 18ª Compañía formó en la columna del coronel
Castro Girona cuyo principal objetivo fue la toma de Dra el Asef, uno de los
puntos más al oeste al sur de Xauen; en la acción intervinieron la tercera,
cuarta y quinta banderas. Fortificada la posición, quedó en ella una compa-
ñía de la tercera Bandera, la compañía de ametralladoras del Batallón de Se-
gorbe y una batería de montaña. Entonces, la 18ª Compañía se retiró hasta el
vivac de Akarrat. Durante la operación sobre Dra el Asef se vivieron gestos
de heroísmo, como el que protagonizó el capitán Gómez de Arteche, de los
14 MILLAN ASTRAY, José. La Legión, Centro Geográfico del Ejército, Edición facsímil, mayo
2011, p. 200.
15 Orden General del Ejército de Operaciones del 20 de junio de 1922.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 50-82. ISSN: 0482-5748
13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 51
Regulares de Ceuta.16 También los legionarios lucharon con arrojo, prueba
de ello es que durante la jornada el Tercio de Extranjeros hubo de lamentar
la muerte de tres oficiales, un sargento y 35 de tropa, en su mayor parte de
la tercera Bandera.17 Hasta el mismo jefe de La Legión, el teniente coronel
Millán Astray, resultó aquel día herido de bala en una pierna.
El día 11, la columna de Castro Girona regresó a Sidi Mohamed Ben
Sebaa y allí organizó un convoy evacuando las bajas que no pudieron ser
retiradas el día anterior. La 18ª Compañía, ya habituada a combatir, parti-
cipó en la operación y protegió en retaguardia el repliegue hasta Akarrat,
sosteniendo fuego con el enemigo hasta el tramo final del recorrido.
Días más tarde, el 22 de enero, la 18ª Compañía intervino en la toma
de Miskrela. Una vez desalojada la posición se fortificaron sus defensas.
Las actividades fueron constantes en aquellas fechas de modo que, al día si-
guiente, la unidad partió hacia el blocao de Ureña protegiendo a un convoy.
El día 27, a las órdenes del capitán De Silva, la compañía de ametra-
lladoras y la 18ª, partieron hacia Akarrat. Allí relevaron a la cuarta Bandera
y se formó una columna móvil reforzada con dos compañías de Regulares
de Tetuán. Durante días, las acciones consistieron en escoltar a convoyes de
aprovisionamiento hasta las diferentes posiciones de la zona. Tras ser rele-
vada de este cometido, la compañía regresó a Xauen.
16 Así recuerdan este episodio GONZÁLEZ ROSADO y GARCÍA DEL RÍO FERNÁNDEZ:
«Fue tan violenta la lucha ese día que en uno de los choques en que se rechazó al arma blanca
al enemigo, y después de hallar gloriosa muerte, quedó con otros cadáveres momentánea-
mente en poder del adversario el teniente Francisco Araciel Carbayo, teniendo que acudir
en su rescate el capitán José Gómez de Arteche y Martínez de Velasco que mandando la 3ª
Compañía del primer Tabor, y por su exclusiva iniciativa, se lanzó al frente de una sección
en socorro de los hombres del teniente Araciel, logrando desalojar al enemigo y evitar que se
llevasen los cadáveres, normalizando así la situación tan comprometida en que se encontraba
ese sector en el flanco del dispositivo. Momentos más tarde, fruto de tan heroico y bello ejem-
plo de compañerismo, fallece de un disparo al adentrarse para observar el frente». (Grupo de
Fuerzas Regulares de Ceuta nº 3, Ed. Papel de Aguas, S.L. Ceuta, 2012, p. 153).
El capitán Gómez de Arteche ingresó en la Orden de San Fernando en 1924. Este blocao
recibió desde entonces el nombre de Arteche, en memoria del heroico oficial de Regulares
muerto en combate.
17 Los tres oficiales muertos fueron el teniente Horacio Pascual Lascuevas –uno de los primeros en
formar en el Tercio de Extranjeros pues ya lo hizo en octubre de 1920- y los alféreces Abelardo
Villar Álvarez y Manuel Salvador Claverías. De tropa los muertos fueron el sargento Eugenio
Sánchez Flores; cabo 1º Jacinto Gracia Martín, cabos Emilio Úbeda Gorostiaga, Fernando Mo-
reno, Calixto Ballesteros Cabrejas e Indalecio Peinado Díaz; legionarios Juan Guerrero Fernán-
dez, Juan Villardel, Method Wodoping, Emiliano Paños Villar, José Artigas Pelegrín, José Barbe
Pinol, Ramón Vidal Masip, Gonzalo Salomé Miranda, Miguel Alfonso Veiga, Manuel Garrido
Portero, Manuel Fernández Ávila, José Iglesias Carrera, Benito Núñez Ibea, José Moya León,
Antonio López Sánchez, José Rey Vázquez, Maximino Fernández Alonso, Juan Rodríguez Cor-
tés, Narciso Morato Fina, Francisco García, Manuel Rivera Uriarte, Eloy Vengler Gros, Ramón
Ventura de Silva, Francisco Rayas Pereira, Pedro López Soler, Juan Ramírez Martínez, Erundi-
no Serrano Martínez, Ignacio Lorenzo M., Severiano Calvino, José María Casanova.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 51-82. ISSN: 0482-5748
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Al final de enero, con las posiciones fortificadas y guarnecidas, el resto
de las tropas regresaron a sus bases. En aquel ínterin se produjo el licencia-
miento de un reemplazo de tropa que fue determinante para que las unidades
quedaran mermadas. Aquella circunstancia, que coincidió con el periodo de
lluvias, condujo a una obligada parada en las operaciones.
Desde agosto de 1921 hasta el mes de octubre, el hermano de Abd el
Krim, al frente de fuerzas de la cabila de Beni Urriaguel, procedentes del Rif,
se movió por la zona de Gomara. Su intención era promover el levantamiento
de las cabilas y llevar a cabo una ofensiva en la zona costera ocupada por los
españoles. A pesar de que diversas acciones armadas habían provocado su re-
tirada, la fuerza rebelde no regresó al Rif, sino que permaneció en zonas más
remotas, aguardando a que una situación favorable diera pie para retomar sus
objetivos, bien por la costa o bien por la escarpada zona de Xauen.
En aquellas fechas se produjo un relevo al frente de la harca rebel-
de. El nuevo cabecilla se llamaba Alfaki Aliel Tuzani, pero era más conocido
por Bulahia, uno de los guerreros emblemáticos de Abd el Krim, uno de sus
hombres de confianza. Natural de Beni Tuzin, era uno de los activistas más
notables de la cabila de Beni Urriaguel y había sido enviado por el líder rifeño
para sustituir a su hermano y conducir el levantamiento en Gomara. Según el
diario ABC, este cabecilla contaba con los tristes méritos de haber intervenido
durante el verano anterior en las sanguinarias matanzas de españoles en Nador
y Zeluán tras la luctuosa retirada del campamento de Annual.18 Bulahia fue
eficaz en su labor de captación, consiguió arrastrar hasta sus filas a naturales
de las cabilas de la zona de Gomara y además, había potenciado su fuerza con
apoyos procedentes de Ajmas y del Rif.19 Bulahia, que se caracterizaba por
su determinación, tras semanas de revolución agitando a los indígenas había
logrado reunir una harca de unos 1.500 guerreros.
Si bien durante los meses de febrero y marzo las acciones rebeldes se
limitaron a llevar a cabo atentados y hostigamientos de poca importancia, sus
órdenes no se reducían a pequeños ataques que mantuvieran alerta a las fuer-
zas españolas de primera línea. Así lo siguieron haciendo durante los primeros
días del mes de abril, con un menudeo de acciones aisladas como atentados
e intervenciones destinadas a interrumpir las comunicaciones entre Tetuán y
Xauen. Su objetivo era dar un importante golpe que, aparte del efecto militar,
fuera considerado como una gran victoria con la consiguiente repercusión en
el campo rebelde. Aunque las intenciones de Bulahia no contemplaban un
ataque en un corto espacio de tiempo, sus disertaciones, proclamando una
18 19 de abril de 1922.
ABC,
19 14 abril de 1922.
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13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 53
segura victoria, lograron enardecer a los miembros de la harca. A pesar del
enaltecimiento de sus adeptos, la falta de una actividad que hiciera tangibles
las promesas del jefe, llevaron a que se produjeran algunas deserciones que
alarmaron al líder rifeño; así, llegó a la conclusión de que era preciso actuar.20
Entre tanto, las guarniciones del entorno de Xauen ya estaban pre-
venidas. Eran muchos y conocidos los indicios de una amenaza real y de
importancia y las fuerzas españolas se encontraban alerta. Las unidades de
la plaza estaban advertidas para formar con celeridad una columna con la
que auxiliar a cualquier guarnición que lo necesitase.
No duró mucho tiempo la tranquilidad en la zona y, el día 10 de abril,
rebeldes de la cabila de Ajmas dieron el primer paso para propinar un golpe de
audacia: ocupar Xauen, la ciudad santa de los musulmanes. El éxito de aquella
aventurada acción, tomando la venerable plaza, supondría una inyección de
moral para las cabilas de la zona que aún se mostraban indecisas a la hora
de secundar la sublevación. De este modo, grupos de rebeldes, sumando unos
300 individuos, ocultando bajo sus ropajes cuchillos y gumías, entraron en la
ciudad haciéndose pasar por obreros en busca de trabajo. Su consigna era atacar
al servicio de guardia de los establecimientos militares en el momento en que
las columnas abandonaran la plaza para prestar apoyo a las posiciones atacadas.
SINIESTROS ANTECEDENTES: 16 DE SEPTIEMBRE DE 1921,
EL BLOCAO “DE LA MUERTE”
Poco más de siete meses habían transcurrido desde que el 16 de sep-
tiembre de 1921, el blocao de Dar Hamed, en la zona de Melilla, conoci-
do entre los soldados con el sobrenombre de El Malo, sucumbió ante un
tremendo ataque rebelde. Un legionario de primera, un veterano que an-
teriormente ya había servido a la Patria en las filas del Regimiento nº 13
de Artillería, había sido designado un día antes como jefe de otros quince
legionarios, con la misión de reforzar la defensa de uno de los puntos claves
en la línea defensiva de Melilla: Dar Hamed.
Dos días antes, el 14 de septiembre, aprovechando la oscuridad de la
noche, una sección reducida de la Brigada Disciplinaria partió desde la plaza
de Melilla. Su misión era relevar a los legionarios que defendían Dar Hamed,
a quienes la operatividad de sus banderas no permitía pasar mucho tiempo
en posiciones defensivas. Con las primeras horas, los de la Disciplinaria en-
traron en el blocao. El resto del día continuos disparos mantuvieron en jaque
a la guarnición del reducto. Al caer la noche, protegido por la oscuridad, el
20 Ibídem, 15 abril de 1922.
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54 ANTONIO GARCÍA MOYA
enemigo se hizo más audaz y los valerosos soldados que mandaba el tenien-
te Fernández Ferrer se vieron obligados a mantener el Mauser en las manos
defendiendo sus propias vidas, defendiendo el blocao. Cuando resultó herido
el oficial, la situación se complicó notablemente de modo que, el 15 de sep-
tiembre, a la posición defensiva no le quedó otra alternativa que informar de
la apurada situación a la Segunda Caseta.
Al conocer la noticia, el teniente Eduardo Agulla, que mandaba las
fuerzas del Tercio de Extranjeros destacadas en el Atalayón, solicitó au-
torización para acudir en socorro de Dar Hamed. La respuesta fue que se
enviase un pelotón en su auxilio. A las órdenes del legionario de primera
Suceso Terrero López, quince valerosos voluntarios del Tercio de Extranje-
ros partieron en socorro de El Malo. En el trayecto, dos resultaron heridos
graves, pero finalmente todos lograron salvar la línea de alambrada y entrar
en el reducto. El acoso continuó y los legionarios, junto a los soldados de
la Brigada Disciplinaria que quedaban en forma, se defendieron del ataque
como pudieron. Las bajas se acumularon a lo largo de la tarde y durante la
noche todo se complicó debido al reducido número de municiones disponi-
bles y a las muchas horas que llevaban defendiéndose.
Definitivamente, alrededor de las 3:30 de la mañana, el disparo directo
de una pieza de artillería impactó contra la defensa provocando el caos en el
reducto. El recuento de muertos fue de un oficial, un suboficial, un cabo y
catorce soldados en la Brigada disciplinaria (dos cayeron prisioneros y uno es-
capó); la Legión Extranjera tuvo un total de quince muertos. El soldado Mar-
celino Mediel Casanova y el legionario Ernesto Miralles Borrás se salvaron
al atravesar el cerco enemigo pudiendo llegar hasta la Segunda Caseta. Desde
aquella fecha el reducto sería identificado como el Blocao de la Muerte. Cuan-
do las tropas del Tercio llegaron para socorrer a los sitiados, en el blocao solo
encontraron como testimonio del holocausto la triste estampa de los cadáveres
de soldados españoles que se habían batido heroicamente hasta el final.21
13 DE ABRIL DE 1922: EL BLOCAO DE MISKRELA Nº 1
Muy lejos de Dar Hamed, en la zona occidental del Protectorado es-
pañol en Marruecos, el 13 de abril de 1922, al sur de Xauen, las fuerzas de
la quinta Bandera del Tercio de Extranjeros combatían en Miskrela. Tras
21 Los muertos del Tercio en el blocao El Malo fueron: legionario de 1ª Suceso Terrero y legiona-
rios Lorenzo Camps, José Toledano, Gumersindo Rodríguez, Francisco López, Ángel Lorinz,
Rafael Martínez, Félix de las Ajeras, Juan Vicente, Manuel Duarte, Juan Amorox, Enrique Gar-
cía, Francisco López, José Fuentes y Antonio Martínez. Sólo se salvó Ernesto Miralles Borras.
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13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 55
la limpieza de enemigos, los ingenieros trabajaron en la instalación de una
posición en la que quedó el capitán Luis Loño Acquaroni al frente de la 4ª
Compañía del Batallón Expedicionario de Murcia nº 37. La compañía, con
80 soldados, tenía como mandos de sección a los tenientes José Jiménez de
Sandoval, Guillermo Rivas y el alférez José Malas Echevarría. Además, el
teniente de artillería Fernando Pérez Fajardo quedó al frente de cuatro pie-
zas y los tenientes Jorge Fausto y Guillermo de Miguel mandaban las ame-
tralladoras Colt de posición, que complementaban la defensa de Miskrela.
Varios blocaos redondeaban el entramado defensivo del recinto. El de-
nominado Miskrela nº 1 era el más próximo, mantenía contacto visual di-
recto y se surtía de ella cuando era necesario. Estaba emplazado a unos dos
kilómetros hacia el sureste de la posición de Mura Tahar, sobre el extremo
de un espolón desde donde mirando al nordeste, se veía la altura de Magó.
Era preciso que no fuera ocupado por el enemigo pues desde él se podía batir
perfectamente la posición. El diario ABC del 19 de abril de 1992 publicó una
fotografía aérea del reducto defensivo. A pesar de su escasa calidad, en ella
distinguimos cinco tiendas cónicas instaladas en el centro del recinto, también
aparecen tres barracones y otra superficie que bien podría ser el asentamiento
de las piezas de artillería. Un parapeto marca el perímetro que se comple-
menta defensivamente con un par de líneas de alambrada a una veintena de
metros del recinto.22 La estructura del blocao Miskrela nº 1 era mucho más
modesta que la posición; el parapeto estaba levantado con piedras de la zona.
García del Río y González Rosado, citan en su obra Blocaos, vida y muerte
en Marruecos que para una guarnición de entidad pelotón los blocaos tenían
unas dimensiones de diez por cuatro metros. Una tienda cónica y un pequeño
barracón con techado de chapa constituían la protección contra el severo sol
africano durante muchos meses, y contra la lluvia y el frío invernales los otros,
sirviendo tanto de dormitorio como de almacén y cocina. Bajo la protección
del barracón se guardaba la munición, los víveres y una cuba con la reserva
de agua.
El capitán Joaquín de Silva Ribera, jefe de la 18ª Compañía del Ter-
cio de Extranjeros, ordenó que en el blocao nº 1 quedaran doce legiona-
rios acompañados por dos policías indígenas a las órdenes del cabo Gallego
Cuesta. Aquellos legionarios, aunque habían firmado su compromiso con
La Legión en el mes de octubre de 1921, apenas seis meses antes, ya eran
soldados fogueados pues habían intervenido en algunos combates.
22 Esta imagen contenía el siguiente pie: MELILLA, EL LUGAR DE UNA ACCIÓN NOTABLE.
La posición de Miskrella, atacada por los moros el 13 de abril y brillantemente defendida por
su guarnición. Fotografía obtenida a 500 metros de altura desde una aeroplano pilotado por
el teniente González Gallarza, que llevada de observador al teniente Masjuan.
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56 ANTONIO GARCÍA MOYA
El 13 de abril de 1922 fue el día elegido por los rebeldes para atacar Mis-
krela. El enemigo aguardó la caída de la noche y un grupo de unos 30 se instaló
al lado opuesto de la posición para distraer a la guarnición del blocao durante
el ataque. Mientras, otro grupo ocupó con cautela la loma del Miskrela nº 1, en
dirección a la posición principal, con intención de conducir el ataque desde allí.
Esperaron hasta la madrugada, hasta el momento en que los soldados españoles
estuvieron más desgastados de fuerzas. De Silva citaba que sobrepasadas las
4:30 un disparo de artillería rompió la noche. El proyectil hizo preciso blanco
en el parapeto de la posición Miskrela.23 La explosión despertó de repente a
las adormiladas guarniciones y sirvió de señal para que la harca de Bulahia
se lanzase en feroz ataque. Varias descargas de fusilería precedieron al asalto.
Hicieron blanco provocando tres muertos y dos heridos en la posición de Mis-
krela mientras los rebeldes, que se encontraban apostados muy próximos a las
alambradas, se lanzaron contra la posición y el blocao nº 1, acompañando su
carrera con el vocerío general con que secundaban sus ataques.24
Figura 2. Mapa del sur de Chauen, donde aparece el aduar Macheral la y otros puntos
donde se desarrollaron acciones citados en el texto. Lado de la cuadrícula, 5 km.
(Coordenadas de cuadrícula de Chauen 115-65. Mapa norte de Marruecos,
Hoja 4, Talleres SGE, 1944)
23 Ellegionario Arturo Casanueva, que antes de ingresar en el Tercio de Extranjeros había sido
periodista, cita en su relato sobre la acción, publicado días después, el 18 de abril de 1922 en
ABC, que el enemigo emplazó tres cañones.
ABC, 15 de abril de 1922.
24
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13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 57
En unos instantes, aquellas posiciones que a priori parecían fáciles de
conquistar, se convirtieron en unos objetivos complicados. Desde el interior
del reducto defensivo de Miskrela nº 1, ante lo abrumador del asalto, mientras
abrían fuego contra las siluetas de los enemigos, por la cabeza de los defenso-
res volaba la sombra del holocausto de los defensores del Blocao de la Muerte.
El cabo Gallego Cuesta era un veterano de 34 años que había servido
tres en Artillería de Montaña y otros ocho como guardia civil. Cuando Ga-
llego quedó al frente de aquel grupo de hombres supo muy bien lo que tenía
que hacer: tomó las medidas convenientes encargándose de que cada uno
conociese cuál era su puesto, qué sectores debía cubrir y la forma de proce-
der en caso de ser atacados. De que aquellos puntos estuvieran bien claros
iba a depender su supervivencia. Horas antes, en aquel recinto cuadrangular,
al caer la noche quedó establecido un estricto servicio de seguridad. Los
legionarios Eduvigis Hidalgo, Gil García, Hidalgo Manota y Calixto Gonzá-
lez se encontraban de guardia en el momento del ataque. El legionario Ma-
nota, recordaba que dio la voz de alarma y todos se aprestaron en la defensa
contestando al fuego y acatando las órdenes del cabo.25 En su declaración
para analizar los hechos, manifestó que el cañonazo inicial tiró una pared
matando a Calixto González, que también estaba de puesto.
El capitán De Silva citaba las secuencias de la defensa del blocao a lo
largo del parte que dirigió al Teniente Coronel Jefe de La Legión:
… el día 13 del actual y a las 4,30 de la madrugada fue atacado el
blockaus de Miskrela nº 1 por fuertes grupos enemigos…
La forma como se condujo el ataque queda aclarada en el documento:
… lo lanzaron en impetuosa carrera y protegidos por un nutrido fue-
go de fusilería desde las lomas inmediatas al referido blockau, todas las
cuales tenían ocupadas.
Tras una hora y media de combate, el legionario Olarra resultó heri-
do. Un proyectil de fusil le atravesó el brazo derecho y salió por la espalda.
A pesar de la fea herida, no eran momentos para remilgos de modo que se
mantuvo en su puesto haciendo fuego hasta que, a las 15 horas, fue relevado.
El capitán se refería a las bajas sufridas durante la defensa:
En los primeros momentos resultó muerto el legionario de segunda
Calixto González y heridos Miguel de los Santos, José Olarra Calzada y
Juan Arnedo Navas.
25 [Link] contradictorio para la concesión de la Medalla militar a los defensores del
Blocao nº 1. Declaración del legionario Eduvigis Hidalgo Manotas.
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58 ANTONIO GARCÍA MOYA
Además de los citados, uno de los policías indígenas también fue
alcanzado. El resto sufrió importantes contusiones y lesiones en la cara,
pecho y manos, producidas por las hirientes esquirlas de piedra que hacían
saltar los impactos de los disparos enemigos contra el parapeto. Por su parte,
los heridos con capacidad para manejar un fusil se mantuvieron en sus pues-
tos hasta el momento que fue relevada toda la guarnición.26
El blocao Miskrela nº 1 rebosaba de efervescencia defensiva. Cada le-
gionario, cada policía ocupaba su puesto y hacía fuego de forma continua mien-
tras que en el centro, los heridos colaboraban como podían, teniendo armas de
reserva preparadas, abriendo las cajas y paquetes de munición y preparando
los peines de cartuchos para los tiradores, o bien, actuando como observadores,
escrutando la noche en busca de nuevas amenazas, alertando de las nuevas ma-
niobras del enemigo. Otra vez nos apoyamos en el parte que escribió De Silva:
… habiendo necesidad por parte de la guarnición que la componía de
rechazar con un nutrido fuego a un enemigo cuyo efectivo aproximado
era de 1.500 hombres.
Isidro Gallego Cuesta como cabo experimentado que era, supo reac-
cionar con premura ante la envergadura del ataque. Cuando el enemigo, a
pesar de las numerosas bajas sufridas, insistía en apoderarse del blocao, se
encontraba con la enérgica respuesta de precisas descargas de fusilería que
mermaban las filas de los asaltantes.
A pesar del descalabro que sufrió en la primera acometida, Bulahia,
a lomos de un caballo, con gritos desesperados logró que se rehicieran sus
líneas. Viendo posibilidades de entrar en el reducto, el enemigo reforzó el
ataque incorporando nuevos grupos en el mismo. Bulahia sabía que en el
interior del blocao no podía haber muchos más defensores que los que for-
maban en un pelotón. La ofensiva, dirigida con decisión, condujo a los ata-
cantes hasta las mismas alambradas que protegían Miskrela nº 1 mientras
que, coordinados, otros grupos intentaban cortar los alambres de espino con
hoces y gumías para poder acceder al interior del recinto.
La relación que en el parte se hace de la defensa, es tan minuciosa que
en ella podemos leer las distintas acciones:
Para rechazarles hubo necesidad de ocupar el parapeto exterior cuan-
do el enemigo, a pesar de sus numerosas bajas, insistía en apoderarse de
él intentando salvar las alambradas y apedreando a sus defensores.
26 DE SILVA, parte cursado al teniente coronel Jefe de La Legión.
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13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 59
El enemigo, amparado en su número no cejaba en el empeño em-
pleando todos los medios a su alcance. En los paréntesis del combate, los
rebeldes gritaban propuestas incitando a la rendición del blocao. Pero aque-
llas invitaciones no entraban en el ideario de los legionarios. Así lo había
escrito el jefe de La Legión, el teniente coronel Millán Astray en el Credo
Legionario. Esta doctrina particular de la unidad es la guía espiritual del le-
gionario. Uno de sus apartados, conocidos como Espíritus, el de Disciplina,
reza: Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir. Y si era necesario, así lo
harían aquella noche. Mientras:
… manteniéndose en las lomas próximas al blockau volvían a inti-
midarles a la rendición a la par que les hostilizaban.
La defensa de aquel reducto llegó a convertirse en heroica. Todos los
defensores actuaron con eficiencia y los disparos de los legionarios y los dos
policías indígenas, hicieron ver al enemigo lo difícil que sería tomar aquel
blocao. Alrededor de las 11 de la mañana, tras ver como sus continuos ata-
ques eran rechazados, el enemigo disminuyó las acometidas. Fue entonces
cuando Gallego ordenó al ranchero Mariano Rodríguez que dejase su puesto
y preparase café y repartiese cigarros entre los legionarios. Como pudieron,
los legionarios fueron tomando la reconstituyente bebida que les ayudó a
combatir la gran fatiga acumulada tras más de seis horas continuas de lucha.
Al iniciar el ataque, los harqueños ignoraban que en el reducto defen-
sivo solo había siete cajas de munición, y que cuando finalizó, no quedaban
ni dos. Además, lo más grave, era que muchos fusiles estaban inutilizados
por el sobrecalentamiento sufrido por los tantos disparos realizados durante
la defensa. Los cartuchos de calibre 7 milímetros Máuser estaban engarza-
dos en cargadores de cinco unidades, denominados paquetes o peines; cada
tres paquetes se embalaban en una caja de cartón y el centenar de estas en un
cajón de madera atornillado. Así llegamos a la cifra de 1.500 cartuchos por
caja.27 En resumen, restaban menos de 3.000 cartuchos y en unas horas se
habían disparado 7.500. En cifras redondas, cada defensor había realizado
alrededor de 600 disparos, lo que es un elevado número cuando hablamos de
un arma con sistema Mauser, es decir, de repetición.28 Restaban poco más
de 200 por cabeza; muy pocos cuando no sabían cuánto se podía alargar la
27 MARTÍNEZ AÑIBARRO: Fabricación de cartuchos Mauser de 7 y 7´65 mm, Imprenta y
Librería Vda. e hijos de J. Peláez. Toledo, 1897.
28 El sistema de repetición del fusil Mauser exige accionar hacia atrás el cerrojo del arma a cada
disparo, con el retroceso se extrae la vaina del disparo anterior y la expulsa al llegar al punto
final. Al regresar hacia adelante impulsado por el tirador, arrastra un nuevo cartucho hacia la
recámara y se puede realizar el siguiente disparo.
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60 ANTONIO GARCÍA MOYA
defensa. Quizás ya era demasiado tarde cuando el cabo Isidro Gallego se dio
cuenta de que, a pesar de haber rechazado al enemigo, se había disparado
sin economizar munición. No sabía cuándo llegaría el relevo o como mal
menor, el aprovisionamiento. Las consecuencias de aquel tiroteo hasta en-
tonces exitoso, podían ser trágicas. Decidió tomar medidas tajantes. Así, or-
denó que no se abriese fuego hasta tener un blanco seguro.29 La opción era:
… cesar el fuego y no disparar un solo tiro hasta el momento de un
nuevo asalto, previniéndose toda la fuerza a repelerlo al arma blanca a
causa de las pocas municiones que quedaban.
Los legionarios, siguiendo las órdenes recibidas se dispusieron para
defenderse a punta de cuchillo. Arturo Casanueva describía cómo transcu-
rrieron aquellos instantes dentro del blocao:
… y dispuestos a morir por la Patria defendiéndose hasta el último
momento, calaron bayonetas.30
El fuego duró hasta las 11 de la mañana. A lo largo del combate, el
blocao recibió dos impactos de artillería, uno en la techumbre y el otro en un
lateral. A pesar de la presión, fueron capaces de cumplir la consigna de no ti-
rar más que sobre blanco seguro hasta que, a las 15:15 horas aparecieron las
fuerzas españolas. Los heridos se repartían por el interior del blocao y casi
todos con contusiones producidas por los rebotes de las piedras. Durante la
acción, algunos fusiles inutilizados se sustituyeron por los de los heridos.
Entre tanto, en la posición Miskrela también sufrieron importantes
daños: uno de los muros había ido al suelo, recibieron fuego desde diversos
puntos y en un principio tuvieron cinco bajas de las que tres eran muertos.
Desde la posición principal la respuesta también fue contundente: en un
primer momento, la artillería del teniente Pérez Fajardo abrió fuego contra
las cotas donde se encontraba el enemigo empleando granadas de metralla y
espoletas a cero; cuando el fuego enemigo se llevó a varios sirvientes, el ofi-
cial envió a los artilleros a defender el parapeto con fusiles, mientras tanto,
cargó, apuntó y disparó él solo.31 Las ametralladoras de posición, las má-
quinas Colt que mandaban los tenientes Jorge Fausto y De Miguel, abrieron
mortífero fuego sobre los barrancos que daban acceso a la posición, su pron-
ta interrupción limitó la efectividad de la defensa y cuando ambos oficiales
29 AGM. Juicio contradictorio, declaración de Olarra Calzada, 24 de agosto de 1923.
ABC,
30 18 de abril de 1922.
31 Fernando Pérez Fajardo fue propuesto para la Laureada pero no le fue concedida.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 60-82. ISSN: 0482-5748
13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 61
intentaron arreglar las máquinas en el mismo lugar donde estaban empla-
zadas, resultaron heridos.32 Los soldados del Batallón de Murcia, dirigidos
por el capitán Luis Loño, en su mayoría gallegos y valencianos, a pesar de
ser una tropa sin experiencia en combate, pelearon bien aquella madrugada
de modo que no tuvieron tiempo de mirar a los lados. Tuvieron tantos tiros
que, cuando al capitán le llegó el momento de declarar en el procedimiento
abierto acerca del ataque sufrido por el blocao Miskrela nº 1, manifestó: …
ni yo ni ningún ocupante de la posición vio asaltar dicho blocao.
Así destacaba el Comandante General de Ceuta aquella defensa:
La conducta del Capitán del Bon. de Murcia don Luis Loño, Jefe de
la posición de Miscre-la, la de todos los que tomaron parte en rechazar el
ataque enemigo merece las mayores alabanzas…33
La madrugada quedó marcada en la memoria de muchos de aquellos
soldados como una notable prueba de fuego. No muy lejos, desde los blocaos
auxiliares que apoyaban a la posición, sus defensores realizaron cerradas des-
cargas con sus Mauser contra las interminables oleadas de rebeldes atacando.
RESPUESTA DESDE XAUEN: LA COLUMNA DE SALIQUET
En el Campamento general de Xauen, a las 4:30 de la madrugada
llegó la alarma con el disparo de un cañón en plena noche. La posición de
Miskrela se encontraba a unos cuatro kilómetros al sur de la ciudad santa, en
las estribaciones del Yebel Magó, un promontorio de 2.124 metros de altura
donde se encontraba un puesto de la Policía Indígena y los blocaos del Puen-
te de Magó y Magó nº 1 y Magó nº 2, que fueron atacados aquella noche y
repelieron el ataque con un precio de tres policías muertos.
En Xauen, a las órdenes del coronel Saliquet, jefe del Batallón Expe-
dicionario de Asturias, se puso en marcha una columna que partió a las 5:45
hacia Miskrela. Formaban en ella un tabor de Regulares de Ceuta nº 3, cua-
tro compañías del Batallón de Cazadores de Arapiles, la 2ª batería de Mon-
taña del Regimiento Mixto de Artillería y una ambulancia. A la espera quedó
en el campamento otra columna formada por la 18ª Compañía del Tercio, el
Batallón Expedicionario de Asturias y una compañía de ingenieros.34
España
32 en sus Héroes. ORNIGRAF. Madrid, 1969, p. 910.
33 OrdenGeneral de la Comandancia General de Ceuta del viernes 14 de abril de 1922 en la
Orden de La Legión, Año II, Nº 104. Artículo 1º.
ABC, 15 de abril de 1922.
34
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 61-82. ISSN: 0482-5748
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El capitán De Silva recibió más tarde órdenes de dirigirse con urgen-
cia hacia Miskrela. Todavía se aproximaba a la zona cuando la 18ª Compa-
ñía se encontró con los harqueños en plena acción, tanto contra la posición
principal como contra el blocao nº 1.
El coronel Saliquet, que partió de Xauen por el camino del cementerio
hebreo, maniobró por la izquierda de la posición principal acometiendo con-
tra los rebeldes. En la acción resultaron heridos graves dos oficiales de Re-
gulares de Ceuta nº 3: el comandante Pedro Garrido, que mandaba el tabor
y el teniente Jesús Vidal; también resultó herido el alférez Andrés Saliquet,
de los Cazadores de Barbastro. Este movimiento alargó la línea de combate
cortando la retirada al enemigo, que quedó copado entre la posición de Mis-
krela, el blocao nº 1 y la sierra. A las 9 de la mañana, las fuerzas de la colum-
na de Saliquet entraron en la posición. Los Regulares se distribuyeron con la
3ª Compañía cerca de Miskrela nº 2; la 2ª Compañía y la de ametralladoras
entraron en la posición y la 1ª ocupó unas crestas donde recibió tan nutrido
fuego, que hubo de ser apoyada por una compañía de fusiles y la de ametra-
lladoras de Arapiles. El teniente César Guillén, de Regulares, emplazó dos
ametralladoras Hotchkiss en el interior de la posición batiendo el Magó. Las
piezas del Regimiento Mixto de Artillería de Ceuta, mandadas por el capitán
Antonio Quílez Sanz, desarrollaron una destacada labor aquel día batiendo
las barrancadas en dirección a Amegri, acallando a una pieza enemiga que
de vez en cuando castigaba la posición. A las 9:30 salió la segunda columna
de Xauen. El Batallón de Asturias progresó por el camino del cementerio
hebreo y el resto de su fuerza quedó de reserva. La compañía del Tercio, al
partir de Xauen escoltó a un convoy que portaba 96.000 cartuchos Mauser,
150 granadas de 7,5 cm. y 50 de 7 cm. con destino a Miskrela.
Con la consigna de no abrir fuego más que en el caso de tener blanco
seguro, Miskrela nº 1 se quedó encerrado en un silencio extraño. Miskrela
uno no daba señales de vida, recordaba el capitán Loño. Desde el exterior,
desde la posición principal se temían lo peor. El coronel Saliquet ordenó
que con precaución se llegase hasta el blocao para valorar la situación. Pro-
tegido por dos secciones de la 18ª Compañía, el capitán Quílez instaló unas
piezas de artillería en el exterior de la posición, con granada rompedora y
espoleta a cero, por si era necesario su apoyo. Una compañía de Regulares,
a las órdenes del teniente Sabas Navarro, y las otras dos secciones de la 18ª
Compañía, dirigidas por los tenientes Juan Cisneros y Carranza y Aureliano
Ródenas Oliver, se dirigieron con determinación hacia Miskrela nº 1. La
sección de Ródenas ocupó la loma intermedia entre la posición y el blocao.
El teniente Navarro fue el encargado de entrar en Miskrela nº 1. Desplegó en
el exterior y el oficial, acompañado de diez soldados se acercó al blocao pre-
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13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 63
viniendo a voces que iban a entrar. En aquel momento, el cabo Gallego, agi-
tando un capote manta desde la entrada le indicó por dónde podía acceder.
Ya dentro, el oficial recibió novedades. El teniente escribió un rápido infor-
me de la situación y se lo envió al jefe de su Tabor por medio del legionario
Enrique García, que logró pasar entre los disparos de los tiradores enemigos
que aún quedaban en la zona sin que lo alcanzaran. El teniente Cisneros era
el encargado de realizar el aprovisionamiento. A pesar de haber sufrido una
aparatosa caída del caballo, el capitán De Silva también logró entrar en el
blocao. Eran las 15 horas. Ante la incertidumbre de qué encontraría, recibió
una agradable sorpresa al descubrir que, a pesar de los heridos, el número de
muertos en el blocao se limitaba a uno. Como consecuencia de los combates
la instalación estaba en un lamentable estado: …completamente acribillada,
las alambradas cortadas en dos sitios y parte del parapeto destruido.35
A pesar de su animosidad, el estado físico de los defensores de Mis-
krela nº 1 forzó a su relevo:
… fue necesario relevar a toda la guarnición por las contusiones y
heridas que todos ellos presentaban, aunque manifestaron vehementes
deseos de continuar en él.36
Casanueva aportaba nuevos datos sobre las lesiones de los heroicos
defensores: Todos tenían las manos quemadas por el rojo ardiente de los
fusiles.37
Los formidables fusiles Mauser, aquella arma legendaria que acom-
pañó al infante español desde la Guerra de Cuba hasta la campaña de Ifni-
Sahara en todos sus conflictos, según De Silva habían quedado inutilizados
en su totalidad. Las armas tenían las abrazaderas sueltas, y la mayoría esta-
ban descalibradas debido al calentón que habían sufrido por el gran número
de disparos que de forma continua habían realizado.
El alférez Cisneros ubicó defensivamente a sus legionarios en las in-
mediaciones del blocao. Tenía orden de relevar a la guarnición con personal
de su sección, de evacuar las bajas habidas y de dejarlo provisto de agua,
víveres y municiones.
Cuando los defensores del blocao nº 1 se retiraban, sufrieron una
nueva acometida del enemigo en un intento de cortar su retirada. Aquel
ataque produjo la muerte de uno de los camilleros que transportaba el
cadáver de Calixto González y otro camillero resultó herido en un brazo.
35 DE SILVA, parte cursado al teniente coronel Jefe de La Legión.
36 Ibídem.
ABC,
37 18 de abril de 1922.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 63-82. ISSN: 0482-5748
64 ANTONIO GARCÍA MOYA
Ante la amenaza, se acordó mantener el cadáver en el blocao. Allí, escolta-
do por legionarios quedó pendiente de ser trasladado en ocasión más pro-
picia. Eran las 16 horas cuando los defensores de Miskrela nº 1 entraron
en la posición principal. Allí fueron atendidos de sus heridas por los dos
médicos que habían llegado con la columna.
Entre tanto, el coronel Saliquet envió una compañía de Regulares,
reforzada con fuerzas del Tercio, para que colaborasen en el castigo a los
rebeldes que en su huida habían quedado bloqueados. En un rápido mo-
vimiento, estas fuerzas ocuparon posiciones abriendo fuego y obligando
a los harqueños a escapar como podían por los riscos de las barrancadas
de la Sierra de Magó o a morir defendiéndose en sus quebradas. Los ae-
roplanos de la escuadrilla de Tetuán colaboraron en la operación sobrevo-
lando el lugar mientras hostigaban al enemigo.38 Las piezas de artillería
castigaron el aduar de Miskrela, donde pronto apareció la bandera blanca
y el eterno cuento de que nos obligaron a hacer armas.39 De esta manera,
cuando ya no se detectaba presencia enemiga en la zona, se dio por finali-
zada la operación.
En aquellos momentos se completó el aprovisionamiento de diversos
puntos. Los víveres también llegaron al blocao nº 2 y la posición principal,
que reforzada con la Compañía del Tercio y dos ametralladoras de Regu-
lares, quedó provista de agua para varios días. Se retiraron las bajas y la
columna inició el regreso al campamento general de Xauen.
El ataque de Miskrela le salió caro a Bulahia; el elevado número de
bajas varía dependiendo de las fuentes. Según lo publicado por ABC la harca
sufrió centenares de bajas: …baste decir que hasta esta mañana iban reco-
gidos más de 150 cadáveres del enemigo.40
Olarra recordaba que, a pesar de que durante el ataque retiraban a los
muertos hasta el barranco, donde eran transportados por las mujeres y los
niños hacia el poblado:
… en las alambradas quedaron quince enemigos muertos y más allá
vio caer a muchos más; y que en la parte que unía al Morabito en un
barranco profundo quedaron a juicio del declarante unos cuarenta mo-
ros. Como era el sitio predilecto de los atacantes, en cuanto asomaban
la cabeza con intención de cortar la alambrada les hacíamos fuego cuyos
blancos eran la cabeza o el cuello.41
ABC,
38 14 de abril de 1922.
España
39 en sus Héroes, p. 911.
40 ABC, 15 de abril de 1922.
41 Declaración juicio contradictorio del legionario Olarra Calzada.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 64-82. ISSN: 0482-5748
13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 65
El coronel Saliquet citó en su parte que frente a la posición se encon-
traron 31 cadáveres y frente al blocao nº 1, 53. Al amanecer del siguiente
día, al realizar la descubierta, se recogió un buen número de cadáveres de
enemigos.42 La Orden General de la Comandancia General de Ceuta del día
14 de abril hacía alusión a estas bajas:
Tengo la satisfacción de comunicaros que fue completamente derrota-
do haciéndoles 84 muertos, recogidos la mayor parte con armamento, estas
bajas en las inmediaciones de la posición, completando hasta 100 los muer-
tos que se le han recogido con los encontrados en los barrancos próximos.43
En el documento citaba a gente propia:
… como distinguidos al capitán Luis Loño, jefe de la compañía del
Batallón de Murcia y al cabo Isidro Gallego, comandante del Blokaus
Miskre-la nº 1, que rodeado por centenares de enemigos y habiendo su-
frido bajas, mantuvo su puesto hasta ser socorrido por la columna.
Se completaba la lista citando que las fuerzas de la columna cumplie-
ron las órdenes con precisión y bizarría y continuaba con la relación de los
distinguidos:
… al comandante de Regulares Pedro Garrido que escaló la cresta
que dominaba la posición bajo un intenso fuego resultando herido de
gravedad; al alférez Manuel Negrón que se sostuvo en las alturas a pesar
del tiroteo recibido; al teniente Sabas Navarro que entró en Miskrela nº 1
sin abrir fuego; al capitán Quílez, de la 3ª Batería, que a pesar de resultar
herido se mantuvo al frente de sus piezas.44
42 El número de bajas enemigas, así como el de los atacantes a la posición y el blocao no se han
podido concretar. Como ya hemos citado, las fuentes consultadas ni coinciden en el número de
atacantes: El ABC del 15 de abril de 1922 cita 1.500 atacantes. El periodista y legionario Arturo
Casanueva (ABC, 18 de abril de 1922), coincide en la cifra: 1.500 moros; así como el capitán
De Silva, jefe de la 18ª Compañía del Tercio de Extranjeros, que en el parte cursado sobre la
acción calcula la fuerza atacante en 1.500 hombres; pero la obra Historia de las Campañas de
Marruecos cita: … unos mil guerreros semiprofesionales, preparados y con ansia de revancha.
(p.250). La Orden General de la Comandancia de Ceuta del 15 de abril de 1922 cifra los atacan-
tes en 300 enemigos mientras que la del 29 de abril de 1923 cita a 500 atacantes contra el blocao
nº 1 –faltan los de la posición-. En relación a las bajas, tampoco coinciden los números: El ABC
del 14 de abril refiere la recogida de más de 80 cadáveres. El ABC de 15 de abril cifra las bajas
entre 700 y 800, habiéndose recogido 150 cadáveres enemigos. El ABC del 21 de abril, cifra
estas bajas en 600 y la Historia de las Campañas de Marruecos escribe: … dejaban en el campo
más de cien muertos. (p.251); otra referencia la publicó la Orden General de la Comandancia de
Ceuta del 15 de abril de 1922: … recogiéndose frente al blocao 53 cadáveres…
43 Orden del Tercio de Extranjeros del 14 de abril de 1922. Año II, número 10. Artículo 1º.
44 Parte firmado en Xauen el 16 de abril de 1922.
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Quílez, que como hemos leído resultó herido en una pierna, no qui-
so dejar las piezas y permaneció al frente de su batería hasta que llegó a
Xauen. Otros distinguidos fueron: el soldado Vicente Terga, del Batallón de
Murcia, muerto; los artilleros Pedro Martínez Bonilla y Antonio García Es-
paña de la Comandancia de Artillería, heridos, y el cabo Ahmed Mohamed
Ben Mohamed y los soldados Amar Ben Jalala, Amed Ben Mohamed Susi,
Ali Ben Josain Stuti, Abdel Ben Jamel Allat, Mogtar Ben Maimon Ygnase,
Mohamed Ben Hamet el Guali, Mohamed Ben Benjamit, Mohamed Ben
Mohamed Bajayaduy, Bohaza Ben Salag Bujalayuj, Hamed Ben Cabbdur
Uquili, Hamido Ben Dris Tahyauy, de Regulares de Ceuta nº 3, heridos.45
Durante las operaciones de la mañana, la 18ª Compañía sufrió diver-
sas bajas: resultó muerto el legionario de segunda Mario López Vega; An-
drés Hernández Molina estaba herido muy grave; Gregorio Martínez Viñas,
herido grave y Antonio de Acuña Gertrudis, herido.
De Silva concluía el informe dirigido al teniente coronel jefe de La
Legión, destacando las grandes pruebas de valor y elevado espíritu demos-
trado por toda la guarnición.
El balance final de la defensa de Miskrela nº 1 fue de un muerto -Ca-
lixto González Fernández-, cuatro heridos -Miguel de los Santos, José Ola-
rra Calzada y Juan Arnedo Navas y un policía indígena- y nueve contusos
-cabo Isidro Gallego Cuesta y legionarios Santiago Aparicio Santamaría,
Enrique García Pérez, Gil García Regueira, Ángel Cardona Costa, Jesús Pé-
rez Cantera, Antonio Anillo Marín, Eduvigis Hidalgo Manota y uno de los
policías -Alí Ben Silan Ben Lahsem o Abselam Ben Alí Guasani- entre sus
defensores. Tan solo resultó ileso el legionario Mariano Rodríguez Álamo.
A lo largo de la mañana se formó un convoy en el que se cargaron las
bajas enemigas de los notables que no se enterraron y las propias. La colum-
na se desplazó hasta Xauen donde los cuerpos de los destacados rebeldes
fueron entregados al capitán de la Policía Indígena.
Entre tanto, en Xauen, una vez descubierta la maniobra de infiltración
de rebeldes en la ciudad, las autoridades militares actuaron con celeridad
contra ellos. Las tropas localizaron, detuvieron y encarcelaron a los infil-
trados, sofocando así definitivamente la estratagema para tomar la ciudad.
Finalizadas las operaciones, el día 14, el general Bernardo Álvarez del
Manzano y Menéndez Valdés, Comandante General de Ceuta, realizó un lla-
mamiento a los poblados rebeldes conminándolos al sometimiento de la autori-
dad del Majzen. Tras la fallida revuelta del día anterior, las casas de los poblados
del entorno de Xauen exhibieron banderas blancas en señal de sumisión. Las
45 Orden General Comandancia General de Ceuta 15 de abril de 1922.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 66-82. ISSN: 0482-5748
13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 67
posteriores acciones desarrolladas en la zona condujeron a la detención de 80
rebeldes a quienes se intervino el armamento.46
En la Orden General de la Comandancia General de Ceuta, se publicó
el reconocimiento al valor demostrado en la defensa de Miskrela:
… todos los que tomaron parte en rechazar el ataque enemigo y muy es-
pecialmente la de cuantos han sido muertos y heridos, merecen las mayores
alabanzas, pues una vez más han demostrado todos con su comportamiento,
cuanto puede esperarse de un ejército que con tal valentía cumple en toda
ocasión con su sagrado deber dando así a la Patria nuevos días de gloria.47
MEDALLA MILITAR INDIVIDUAL PARA LOS DEFENSORES
DE MISKRELA Nº 1
El Alto Comisario de España en Marruecos, máxima autoridad en el
Protectorado, remitía un telegrama haciendo público su reconocimiento a
los combatientes del 13 de abril en el sector de Xauen:
Enterado duro castigo infligido ayer al enemigo por columna Xauen
y posición Miskre-la en su furioso ataque a esta últimas, felicito a cuan-
tos intervinieron en este brillante hecho que pone una vez más de mani-
fiesto la bizarría y pericia de nuestro ejército.48
El teniente coronel Millán Astray no quería que transcurriera mucho
tiempo sin que los defensores de Miskrela tuvieran un reconocimiento ante
sus compañeros. Lo hizo realidad firmando la orden de ascenso de algunos
de aquellos valientes:
Por su brillante comportamiento legionario en la defensa del blokao
de Miscrel-la n.º 1, quedan ascendidos a sargento por méritos de guerra
el cabo comandante de dicho blokao Isidro Gallego Cuesta; y a cabos
por méritos de guerra, los legionarios Miguel de los Santos, Juan Arnedo
Navas y José Olarra Calzada, que resultaron heridos, y cuando se reciba
la propuesta detalladamente de la conducta de los demás, que según to-
dos los informes fue gloriosa por el espíritu verdaderamente legionario,
procédese a la otorgación de las recompensas que se merezcan.49
ABC,
46 16 de abril de 1922.
47 Orden del Tercio de Extranjeros del 14 de abril de 1922. Año II, número 10. Artículo 1º.
48 Orden General de la Comandancia General de Ceuta del 14 de abril de 1922. Año II, NUM
104. Artículo 2º.
49 Orden de La Legión del día 16 de abril de 1922 en Ceuta.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 67-82. ISSN: 0482-5748
68 ANTONIO GARCÍA MOYA
Aquel informe con la conducta de los demás no se hizo esperar y en
consecuencia, solo unos días después, el teniente coronel firmó otros ascen-
sos que se publicaron en la Orden de La Legión:
Por su brillante comportamiento legionario en la defensa del blokao
Miscrel-la num.1, el día 13 del actual, quedan ascendidos por méritos de
guerra las clases e individuos que a continuación se relacionan:
18 compañía, legionario de 2ª Calixto Fernández Blanco (sic), cabo
efectivo, muerto gloriosamente; id. id. Santiago Aparicio Santamaría, id.
id. Manuel Rodríguez id. id. Eduvigis Hidalgo Manota, id. id. Ángel Car-
dona Costa, id. id. Jesús Pérez Cantera, a legionarios de 1ª.50
El 27 de abril, la tercera y la quinta banderas formaron en el Zoco
El Jemís de Beni-Aros en un acto militar. El Jefe del Tercio de Extranjeros
entregó los galones de sargento a Isidro Gallego Cuesta y los de cabo a los
otros ascendidos que se habían distinguido organizando y manteniendo la
defensa del blocao de Miskrela nº 1 el 13 de aquel mismo mes. Una recom-
pensa que como sabemos, precedía a otra de gran importancia. La decidida
defensa de Miskrela nº 1 supuso para los componentes de la guarnición, un
cabo y doce legionarios del Tercio de Extranjeros y dos policías indígenas,
otro premio: la concesión a cada uno de ellos de la Medalla militar.
La Medalla militar, que se instituyó en 1918 como exclusivamente
honorífica, es decir sin una pensión ni otras prerrogativas (que más adelan-
te sí recibirían sus poseedores), a partir de 1920 sería definida como una
recompensa ejemplar e inmediata a los hechos y servicios muy notorios y
distinguidos realizados al frente del enemigo. Esta condecoración premiaba
el valor distinguido y el Reglamento de Recompensas de 11 de abril de 1925
concretaba su concesión: 51
… cuando la abnegación, el valor, las virtudes militares, las condi-
ciones y aptitudes profesionales, aisladas o conjuntamente consideradas
hayan sido puestas de manifiesto de un modo indiscutible y muy sobre-
saliente en una hazaña o combate, en una operación de guerra o en una
fructífera labor de conjunto, sin que en ningún caso pueda otorgarse por
acumulación de méritos sucesivamente evidenciados en distintas opera-
ciones de guerra.52
50 25de abril de 1922.
51 Reglamento de Recompensas en tiempo de Guerra de 10 de marzo de 1920. Reglamento de la
Medalla militar (Apéndice nº 4).
52 Apéndice nº 14.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 68-82. ISSN: 0482-5748
13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 69
Un posterior Reglamento de Recompensas en Tiempo de Guerra, pre-
cisaba:
… servirá como recompensa ejemplar e inmediata para premiar he-
chos o servicios de valor muy distinguido realizados por individuos del
Ejército o unidades orgánicas del mismo al frente del enemigo.53
Esta condecoración muy rara vez se ha concedido a varios individuos
por la misma acción, pero tenemos conocimiento de, al menos, otro caso
de concesión de la Medalla militar a varios militares por un mismo hecho:
a cada uno de los defensores supervivientes de la guarnición del blocao de
Abada Alto. Su guarnición, formada por Cazadores de Madrid nº 2 e Inge-
nieros, permaneció sitiada entre el 7 de septiembre y el 25 de octubre de
1924. Durante semanas no pudo recibir ni alimentos ni agua debido al férreo
asedio a que estuvo sometida. Mientras duró el acoso sufrió continuas bajas,
pero sus defensores fueron capaces de mantener la posición a pesar de las
privaciones. El alférez López Neira, jefe de la sección, dos cabos y cuatro
soldados sobrevivieron defendiendo el blocao durante casi cincuenta días.
Por estos méritos recibieron la Cruz Laureada de San Fernando el oficial y
el cabo Blanco y todos los supervivientes, la Medalla militar.54
Volviendo a las recompensas de Miskrela, la Orden General de la
Comandancia General de Ceuta del 29 de abril de 1923 publicaba:
Del expediente instruido en averiguación de los méritos contraídos por
la guarnición del blokaus Miskrela nº 1 en el ataque a la posición de este
nombre, realizado por los moros en 13 de abril de 1922, se desprende que
dicha guarnición tomó precisamente las medidas convenientes para el mo-
mento de peligro que al presentarse éste en las primeras horas del día, cada
cual ocupó su puesto sin confusión ninguna; que resistió, rechazándolos, tres
asaltos de un enemigo 25 veces superior en número, causándole crecido nú-
mero de bajas, difícil de apreciar exactamente por ser retiradas por mujeres
y niños; quebrantando al enemigo por completo; incomunicados con la po-
sición principal y en previsión de que el socorro tardase en llegar o no lle-
gase, economizaron sus municiones, no contestando al fuego enemigo sino
cuando el blanco era seguro. Todos los que la componían resultaron heridos
o contusos y uno muerto; a pesar de lo cual se mantuvieron los primeros
53 14 de marzo de 1942. Apéndice nº 22.
54 Teniente Leopoldo López Neira; cabo de infantería Manuel Blanco Pardal; cabo de Ingenieros
José Quetglas Bañón; soldados de Infantería Enrique López Bernal, Domingo Redondo Arro-
yo, Casimiro Ballesteros Escobar, Pedro García Abad (o Garrido Abad).
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 69-82. ISSN: 0482-5748
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en su puesto como cuadra al soldado español bien instruido y sólidamente
disciplinado, acreditando así la sabiduría de las Reales Ordenanzas y bondad
de los reglamentos; por seguir todos los cuales consiguieron quince hombres
tan señalado triunfo sobre 500 y un día de gloria para su Cuerpo, el Ejército y
la Patria. Por todo ello he resuelto en uso de las atribuciones que me confiere
la R.O. de 21 del corriente para que sirva de estímulo y ejemplo que superar a
cuantos en el mismo caso pudieran encontrarse, conceder la Medalla militar
que se impondrá con la solemnidad reglamentaria a la guarnición, compuesta
de las siguientes clases e individuos. TERCIO DE EXTRANJEROS. Cabo,
Isidro Gallego Cuesta; Legionarios, Mariano Rodríguez Álamos; Enrique
García Pérez; Gil García Regueira; Jesús Pérez Cantera; Santiago Aparicio
Santamaría; Miguel de los Santos Baraudián; Juan Arnedo Navas; José Alar-
za Calzada; Antonio Anillo Martín; Eduvigis Hidalgo Manota; Ángel Cardo
Cuesta; Calixto González Fernández (muerto).
El juez instructor que realizó la investigación de los méritos durante
la acción, determinaba en su informe:
…la defensa del blokaus Miskrel la número 1 fue brillante por ex-
celencia y que a ello se debió en gran parte el clamoroso éxito obtenido
por nuestras tropas en dicho día, y el ruidosísimo fracaso del enemigo,
pues este posesionado de dicho blokaus, pondría en situación muy crítica
y peligrosa a la posición Miskre la, que está dominada por aquel y por
el Yebel Mago, y por consecuencia, hubiese sido inminente quizás un
ataque a la ciudad de Xauen.55
La Orden circular del 7 de junio de 1923 citaba:
El Comandante General de Ceuta, en 11 de mayo próximo pasado,
dio cuenta de haber concedido la Medalla militar a la guarnición del bloc-
kaus “Miskrel-la” nº. 1 como recompensa a su comportamiento y méritos
en la defensa del mismo el día 13 de abril de 1922; guarnición compuesta
del personal que figura en la siguiente relación, que da principio con el
cabo Isidro Gallego Cuesta y termina con el Policía núm. 7.051, Abse-
lam Ben Alí Guasaní; y en uso de las atribuciones que le confiere la Real
Orden Circular de 21 de abril último (D.O. nº. 89), en relación con las
consignadas en el artículo tercero del reglamento provisional de dicha
Medalla de 12 de marzo de 1920 y en su vista, el Rey (q.D.g.) ha tenido
a bien confirmar la referida concesión.56
55 18 de noviembre de 1922.
56 D.O. nº 125 de 9 de junio de 1924.
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La Circular del 2 de abril de 1924 contenía la revisión de las informa-
ciones instruidas en ese expediente y confirmaba la concesión de la Medalla
militar a la guarnición de Miskrela nº 1, dejando fuera de ésta al antiguo
legionario Antonio Anillo Martín, por haber desertado de su compañía el 21
de abril de 1922.57
Con intención de generalizar las recompensas entre todos los com-
ponentes de la quinta Bandera, el jefe de La Legión quiso recompensar sus
méritos en los últimos combates; de esta manera, el 27 de mayo de 1922
publicó en la Orden de La Legión la concesión de una corbata al guión de
la unidad:
… la 5ª como compendio de su intervención en los combates de
Ayalia, El Ajmás y Beni Aros, destacando muy señaladamente su actua-
ción en la toma de Tazarut, en la que cayeron gallardamente Oficiales y
legionarios, la hace acreedora a la alta distinción legionaria que adorne
su Bandera, que lleva las armas del Gran Capitán con una corbata en la
que se lea: Tazarut.
LAS BAJAS DEL COMBATE DE MISKRELA
Las operaciones de Miskrela, incluida la defensa de la posición prin-
cipal y de los blocaos, supusieron un importante número de bajas que se
repartieron entre las diferentes unidades que, de una manera o de otra, inter-
vinieron en la acción:
Los muertos fueron: comandante Pedro Garrido Mac Kormic y te-
niente Jesús Vidal Gómez, de Regulares de Ceuta nº 3; cabo Eladio Mante-
cón, de la Comandancia de Intendencia; soldados José Oriol Méndez, José
González Fernández, Benito Portela Fontán, Antonio Somoza Rodríguez,
Vicente Franga Chao, del Batallón Expedicionario de Murcia; artillero José
López Tabarco y Pedro Martínez Bonilla, de la Comandancia de Artillería;
legionarios Calixto González Fernández, Andrés Fernández Molina, Mario
López Vega, del Tercio de Extranjeros; soldado peninsular David Martínez,
de Regulares de Ceuta; soldado cazador Antonio Calahorra, del Batallón de
Cazadores de Arapiles; artilleros, José Rubio e Inocente Sánchez, del Regi-
miento Mixto de Artillería.
Heridos o contusos resultaron el capitán Antonio Quílez, del Regimien-
to Mixto de Artillería de Ceuta; teniente Luis Vaquera Álvarez y 22 de tropa
57 D.O. nº 78 de 3 de abril de 1924.
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del Grupo de Fuerzas Regulares de Ceuta nº 3; tenientes Jorge Fausto Ruiz y
Guillermo de Miguel Ibáñez y soldados Darío Fernández Rodríguez, José Li-
rola Yébanos, Antonio Viñuesa Sáenz, de Ametralladoras de Posición; alférez
Andrés Saliquet Navarro, del Batallón de Barbastro; soldados Daniel Adelai-
do López, Ramón Trillo, José Vicente Montesinos, Antonio Anta Anta, José
Camba Estévez, Jesús Peinado Fernández, Ramón Concepción Ugarín, Se-
cundino Prado, Baldomero Rana Martínez; Francisco Rodríguez, del Batallón
de Murcia; artillero Antonio García España, de la Comandancia de Artillería;
cabo Isidro Gallego y legionarios Santiago Aparicio Santamaría, Juan Arnedo
Navas, José Olano Calzado, Miguel de los Santos, Andrés Fernández Molina,
Gregorio Martínez Pina, Antonio Acuña Gertrudis, Mariano Rodríguez, An-
tonio Villamaría, Eduvigis Hidalgo, Enrique García Perea, Gil García Rodrí-
guez, Jesús Pérez y Antonio Anillo Marín, del Tercio de Extranjeros; soldado
Francisco Cortijo Martín y Máximo Sanz Gutiérrez de Batallón de Cazadores
de Arapiles; cabo José Nevot Robles y artilleros Antonio Danena, Francisco
Castel Castel y Francisco González Regalado, Martínez Viñas, José Rubín e
Inocente Sánchez, Miguel de los Santos, del Regimiento Mixto Artillería de
Ceuta; soldado Antonio Andrés Tomás, de Ingenieros de Ceuta; soldado Juan
Gómez Sola, de Caballería de Vitoria; soldado Pablo Guado Martín, de Telé-
grafos de Campaña.
LOS DEFENSORES DE MISKRELA Nº 1, HOMBRE A HOMBRE
¿Quiénes eran los defensores del blocao Miskrela nº 1? Todos los le-
gionarios firmaron su compromiso al principio de octubre de 1921, todos se
acogieron a lo marcado por las Órdenes circulares del 8 y el 31 de agosto de
ese año. Quizás dejándose llevar por un sentimiento patriótico que condujo
a miles de voluntarios a las filas del Tercio en solo tres meses. Sin aden-
trarnos mucho más de lo que reflejan las hojas de servicio, a continuación
presentamos unas breves semblanzas de los protagonistas de los defensores
de Miskrela nº 1. Lamentablemente no ha sido posible encontrar referencias
de los dos policías indígenas que completaban la guarnición.58 De los legio-
narios que completaban el pelotón que defendió el blocao tenemos:
Cabo Isidro Gallego Cuesta. Era segoviano, natural de Saldaña
donde había nacido en mayo de 1887. Con el pelo castaño, los ojos azules
58 Solicitados informes al Archivo General Militar de Segovia, Archivo General Militar de Gua-
dalajara, Archivo General Militar de Madrid, Pagaduría de Pensiones y Mutilados de Tetuán,
Archivo Intermedio Militar de Ceuta, Museo de Regulares de Ceuta y Subdelegación de De-
fensa de Ceuta, la respuesta fue en todos los casos negativa.
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13 DE ABRIL DE 1922: DEFENSA DEL BLOKAO MISKRELA Nº 1 73
y 1,72 metros de estatura, era vecino de Gijón y estaba casado. Se trataba
de un veterano de 34 años que sólo unos meses antes trabajaba como coci-
nero en Gijón. En octubre de 1921 firmó en el Banderín de Enganche por
el tiempo de duración de la campaña y citó que había servido tres años en
Artillería de Montaña y que durante ocho había sido Guardia Civil. Sus
amplios conocimientos militares como artillero y guardia civil le llevaron
a ser ascendido a cabo en las mismas fechas de la organización de la quinta
Bandera, en diciembre de 1921.
El 16 de abril de 1922 ascendió a sargento por los méritos de guerra
demostrados al frente de su pelotón en la defensa del blocao de Miskrela nº
1 el 13 de abril de 1922. En aquella defensa resultó contuso. El juez instruc-
tor que investigó esta acción dijo de él que supo ejercer el mando e infun-
dir a sus subordinados la moral necesaria para que tuviesen una ilimitada
confianza en que con sus órdenes, irían a la victoria. Por esta misma acción
se le concedió la Medalla militar. Fue uno de los legionarios agraciados con
un premio de 1.000 pesetas donado por el diario El Imparcial de Madrid a
los que protagonizaron una acción destacada, en su caso por su respuesta al
ataque del blocao.
Gallego intervino en las operaciones de Xauen de 1922 y en noviem-
bre de ese año fue licenciado por haber cumplido el compromiso que por
la duración de la campaña tenía firmado con el Tercio de Extranjeros. Fijó
su residencia en Gijón (Asturias) donde no permaneció mucho tiempo pues
poco después marchó a trabajar a Madrid.
Legionario de segunda Calixto González Fernández, fue el único
fallecido de los defensores del blocao Miskrela nº 1. Era originario de Poo,
ayuntamiento de Llanes (Asturias) y como mu-
chos compañeros había ingresado en el Tercio de
Extranjeros el 6 de octubre de 1921. González
resultó ser sobrino del teniente coronel Santiago
González Tablas, el insigne jefe de Regulares de
Ceuta nº 3 que caería un mes después, el 12 de
mayo de 1922, cuando dirigía a sus Regulares en
el asalto a Tazarut. Calixto, uno de los quince de-
fensores del blocao de Miskrela nº 1, se encontra-
ba de puesto en el momento preciso del ataque y
murió a causa de la explosión producida por un
proyectil de artillería. Más adelante se le conce-
dería la Medalla militar.
Legionario de segunda
Calixto González
Sus padres recibieron como efectos perso-
Fernández (muerto) nales: un reloj, una medalla y 100 pesetas que el
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Casino Africano de Ceuta había otorgado para las familias de diversos falle-
cidos del Tercio. Posteriormente se les remitieron 193,30 pesetas, producto
del ajuste de la masita y más tarde, 83,23 pesetas como importe de la tercera
parte de la segunda mitad de la prima de enganche.
Legionario de segunda Mariano Rodríguez Álamo. Había nacido
en Toledo en febrero de 1894. Soltero, residía en Madrid donde se dedicaba
a la albañilería cuando se dirigió al Banderín de Enganche de Madrid donde
pasó reconocimiento médico y, el 3 de octubre de
1921 firmó por cuatro años. Tenía la barba cerra-
da, los ojos azules, pelo castaño y medía 1,66 me-
tros. En el sorteo para ser llamado a filas resultó
excedente de cupo.
En el Tercio de Extranjeros se le destinó
a la 18ª Compañía de la quinta Bandera y el 16
de diciembre partió hacia Ben Karrich. En el mes
de abril de 1922 ascendió a legionario de primera
por su destacada acción en el blokao Miskrela,
en la que resultó ileso. Por esta misma defensa se
le concedió la Medalla militar. En noviembre de
1922 fue ascendido a cabo.
Legionario de segunda Encontrándose en la zona de Xauen, en las
Mariano Rodríguez operaciones del 17 de julio de 1924 en Empsa,
Álamo resultó herido y fue evacuado al Hospital Militar
de Ceuta. Durante el otoño de 1924 participó en las operaciones del replie-
gue de Xauen hasta Tetuán. Recibió la Cruz de Plata al mérito militar con
distintivo rojo por su actuación en el 5º Periodo de operaciones. El 6 de oc-
tubre de 1925 causó baja en el Tercio al haber
cumplido el compromiso de cuatro años. Fijó su
residencia en Toledo.
Legionario de segunda Enrique García
Pérez, había nacido en febrero de 1889 en San-
tander. Era soltero y residía en La Habana (Cuba)
donde se dedicaba al comercio. Precisó de una
autorización del Cónsul de España para trasladar-
se hasta la península donde firmó su compromiso
en el Banderín de Enganche de Ceuta. Tenía bar-
ba cerrada, era moreno con los ojos pardos y me-
día 1,69 metros. Alegó no haber servido en filas
Legionario de segunda
anteriormente y aquel 7 de octubre de 1921 se
Enrique García Pérez comprometió por cuatro años.
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En el mes de abril de 1922 ascendió a legionario de primera por su
destacada acción en el blokao Miskrela donde resultó contuso. Por la misma
acción se le concedió la Medalla militar.
Participando en las operaciones del repliegue de Xauen en el otoño de
1924; el 19 de diciembre de 1924 resultó herido en el Zoco el Arbaa. Ingre-
só en el Hospital de Tetuán donde permaneció hasta el 15 de enero. Por su
actuación en el 5º Periodo de operaciones recibió la Cruz de Plata al Mérito
militar con distintivo rojo.
En febrero de 1925 ascendió a cabo. El 10 de octubre de 1925 causó
baja en el Tercio por haber cumplido el compromiso firmado por cuatro
años. Fijó su residencia en Santander.
Legionario de segunda Gil García Regueira. Había nacido en febre-
ro de 1900 en Piñeira (Lugo). Residía en La Habana (Cuba) donde trabajaba
como chofer por lo que necesitó de una autorización del Cónsul para poder
trasladarse a España. Era soltero y tenía barba poblada, el pelo castaño, los
ojos pardos y medía 1,69 metros. Cuando aquel 7 de octubre de 1921 firmó
un compromiso por cuatro años en el Banderín de Enganche de Ceuta alegó
no haber servido en filas anteriormente.
En el mes de abril de 1921 ascendió a legionario de primera por su
destacada acción en el blokao Miskrela donde resultó contuso y por la cual
recibió la Medalla militar.
Manteniéndose en operaciones, el 3 de agosto de 1924 ingresó en el
Hospital Militar de Ceuta donde permaneció hasta el día 21. Incorporado
a la 17ª Compañía, el 10 de diciembre de ese año desapareció durante las
operaciones de la evacuación del Zoco el Arbaa.
Legionario de segunda Jesús Pérez Cantera, había nacido en febre-
ro de 1898 en Cuevas de Vera (Almería). Residía en La Habana donde tra-
bajaba como jornalero por lo que precisó de una
autorización del Cónsul para regresar a España y
el 7 de octubre de 1921 firmó un compromiso por
cinco años en el Banderín de Enganche de Ceuta.
Tenía la barba poblada, el cabello castaño claro,
los ojos grises y una cicatriz en la frente. Alegó
no haber servido en filas anteriormente.
En el mes de abril de 1921 ascendió a le-
gionario de primera por su destacada acción en el
blokao Miskrela donde resultó contuso y por la
misma acción se le concedió la Medalla militar.
Legionario de segunda
En diciembre de 1922 ascendió a cabo y en no-
Jesús Pérez Cantera viembre de 1925 a sargento. Decidido a continuar
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en el Tercio, en abril de 1928 ascendió a suboficial. El 23 de septiembre de
1924 resultó herido en los combates de Kudia Empsa, ingresando en el Hos-
pital Militar de Chafarinas donde permaneció hasta el 14 de enero de 1925.
Recibió la Cruz de Plata al Mérito militar con distintivo rojo su actua-
ción en el 2º Periodo de Operaciones; otra por el 5º Periodo de Operaciones
y una tercera, pensionada, en febrero de 1927. En septiembre de 1926 le fue
concedida la Medalla de Sufrimientos por la Patria y en 1929, una Cruz de
María Cristina. Pérez Cantera intervino en la evacuación de Xauen y más
tarde, con la séptima Bandera, en las operaciones de Alhucemas. En octubre
de 1928 causó baja en el Tercio por haberse cumplido su última ampliación
de compromiso. Fijó su residencia en Cuevas de Vera (Almería).
Legionario de segunda Santiago Aparicio Santamaría. Había naci-
do en julio de 1893 en Nuez de Abajo (Burgos). Residía en La Habana don-
de trabajaba como jornalero en el momento de firmar su compromiso con
el Tercio el 6 de octubre de 1921. Alegó no haber servido en filas anterior-
mente y se comprometió por cinco años. Era soltero y tenía barba poblada,
el cabello rubio y los ojos negros.
En el mes de abril de 1921 ascendió a legionario de primera por su des-
tacada acción en el blokao Miskrela donde resultó contuso. Por la misma ac-
ción se le concedió la Medalla militar. En diciembre de 1922 ascendió a cabo.
El 4 de julio de 1924 resultó herido en el reconocimiento ofensivo de
Tazza, siendo ingresado en el Hospital Militar de Ceuta. El 10 de octubre,
enfermó e ingresó de nuevo en el hospital donde permaneció hasta el 29.
Se le concedió la Cruz de Plata al Mérito militar con distintivo rojo su
actuación en el 5º Periodo de Operaciones y otra por el 9º Periodo y una ter-
cera, pensionada, en febrero de 1927. En octubre de 1926 recibió la Medalla
de Sufrimientos por la Patria.
Con la séptima Bandera intervino en el desembarco de Alhucemas. En
las operaciones del Monte Malmusi resultó alcanzado en el pecho. Trasladado
al hospital de la Cebadilla, desapareció. Se abrieron diligencias para dar con
su paradero pero resultaron infructuosas y el juez lo declaró desaparecido.
Legionario de segunda Miguel de los Santos Barandián. Había nacido
en julio de 1892 en Bilbao. Era soltero y ejercía el oficio de maletero cuando
firmó un compromiso en el Banderín de Enganche de Bilbao por cuatro años.
Medía 1,68 metros, tenía el pelo castaño, los ojos pardos y barba poblada. Como
muchos de sus compañeros no había servido con anterioridad en el ejército.
Se le concedió la Medalla militar por su actuación en el combate del
13 de abril de 1922 del blokao Miskrela nº 1 y en mayo de 1924 recibió la
Medalla de Sufrimientos por la Patria con una pensión vitalicia de 12,50
pesetas mensuales.
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Durante la acción de Miskrela resultó herido en una mano y el 16 de
abril de 1922 fue ascendió a cabo por méritos de guerra y evacuado al Hos-
pital de Ceuta. En el reconocimiento facultativo el Tribunal Médico detectó
la falta del dedo índice de la mano izquierda y la contractura de los músculos
extensores de la misma, siendo declarado inútil para el servicio de las armas.
A pesar de sus lesiones, la inexorable rueda administrativa determinó que
no llegaba a cumplir los requisitos exigidos para ingresar en el Cuerpo de
Inválidos y fue licenciado el 28 de octubre de 1922.
Legionario de segunda Juan Arnedo Navas. Había nacido en sep-
tiembre de 1895 en Bilbao. Era soltero y trabajaba como carpintero cuando
se comprometió con La Legión firmando un com-
promiso en el Banderín de Enganche de Vizcaya
por el tiempo de duración de la campaña. Tenía
una estatura de 1,69 metros, el pelo castaño, los
ojos pardos y barba poblada. En su día había rea-
lizado el servicio militar en el Regimiento de
Cuenca nº 27.
Tras el relevo en Miskrela fue ingresado en
el Hospital de Xauen de donde pasó al de Tetuán
hasta el 19 de abril. El 16 de abril de 1922 ascen-
dió a cabo por méritos de guerra por la acción de
Miskrela en la que resultó herido. Por esta acción
se le concedió la Medalla militar.
Legionario de segunda Intervino en las operaciones de Xauen en
Juan Arnedo Navas
1922 y en noviembre de ese año marchó licencia-
do por haber cumplido el compromiso que por la duración de la campaña
tenía firmado con el Tercio de Extranjeros.
Legionario de segunda José Olarra Calzada. Era natural de Mun-
daca (Vizcaya) donde había nacido en abril de 1893. Era soltero y trabajaba
como panadero en Madrid cuando firmó su compromiso en el Banderín de
Enganche de Madrid por el periodo de duración de la campaña. Olarra, que
sobresalía sobre sus compañeros con sus 1,74 metros de altura, tenía el pelo
castaño y no había realizado el servicio militar.
En la defensa del blocao de Miskrela resultó herido siendo ingresando
en el Hospital de Ceuta. El 16 de abril de 1922 ascendió a cabo por méritos
de guerra por los méritos de Miskrela. Por esta defensa se le concedió la
Medalla militar.
Intervino en las operaciones de Xauen en 1922 y firmó un nuevo com-
promiso por dos años pasando a la 16ª Compañía de la cuarta Bandera. Inter-
vino en las operaciones de Tizzi Azza, en el año 1923. El 7 de marzo de 1924,
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combatiendo en Loma Roja, resultó herido e ingresó en el Hospital Docker de
Melilla donde falleció el día 25 a consecuencia de las heridas recibidas.
Legionario de segunda Antonio Anillo Marín. Había nacido en di-
ciembre de 1891 en Ronda (Málaga). Era soltero y trabajaba en el comercio
cuando firmó un compromiso de cinco años en el Banderín de Enganche de
Madrid. Manifestó haber servido durante nueve años en intendencia. Medía
1,67 metros, tenía los ojos negros, la barba poblada y el pelo moreno.
Después de las acciones de Miskrela, el 21 de abril de 1922 desapreció
de su compañía. Como consecuencia fue declarado en rebeldía causando baja
en la unidad hasta que se presentase o fuese capturado. El 7 de junio de 1923
se le concedió la Medalla militar por su actuación en el combate del 13 de abril
de 1922 en el blokao Miskrela nº 1 en la que resultó contuso. Posteriormente
no le fue confirmada la condecoración debido a la deserción de su unidad.
Legionario de segunda Ángel Cardona Costa. Había nacido en julio
de 1896 en Barcelona. Era soltero y tenía el oficio de jornalero cuando firmó
su compromiso de cinco años en el Banderín de Enganche de Ceuta. Medía
1,69, tenía los ojos pardos y el pelo negro y mani-
festó haber realizado el servicio militar.
Durante la defensa del blocao de Miskrela
nº 1 resultó contuso. Por esta acción se le concedió
la Medalla militar. A lo largo de su permanencia
en el Tercio recibió tres cruces de Plata al Mérito
militar con distintivo rojo y fue citado cinco veces
en la Orden del Cuerpo como distinguido: por su
arrojo y espíritu en las operaciones de Miskrela
y el Zoco el Jemis de Beni Aros y por su valor y
Legionario de segunda
gran espíritu legionario en las de Kobba Darsa,
Ángel Cardona Costa Haffa el Duira y los Morabos.
El 13 de abril de 1922 ascendió a legiona-
rio de 1ª por méritos de guerra por la acción de Miskrela. Cardona promo-
cionó a cabo en octubre de 1922 y a sargento en agosto de 1924. Intervino
en la retirada de Xauen en el otoño de 1924 y en 1925 en las operaciones
de Kudia Tahar. Obtuvo el ascenso a sargento 1º en diciembre de 1933; en
enero de 1934 a brigada y en noviembre a subteniente; en noviembre de
1936 fue promovido a alférez, quedando en el negociado de apoderación
del 2º Tercio. El 22 de septiembre de 1942 rectificó sus apellidos por los
auténticos, Corbella Carol.
Legionario de segunda Eduvigis Hidalgo Manota. Había nacido en
abril de 1884 en Zalamea la Serena (Badajoz) donde residía. Era casado y
tenía el oficio de labrador cuando firmó en el Banderín de Enganche del
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 78-82. ISSN: 0482-5748
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Gobierno Militar de Badajoz un compromiso por cuatro años. Medía 1,69 y
tenía los ojos azules, el pelo cano y barba cerrada y manifestó haber servido
durante tres años en el Regimiento El Príncipe nº 3.
Fue uno de los defensores del blocao de Miskrela nº 1; el único que
salió ileso. Ascendió a legionario de 1ª por méritos de guerra por esta acción
por la cual se le concedió la Medalla militar.
Aquejado de paludismo, ingresó en la enfermería del Batallón Expe-
dicionario de Tarragona nº 78, establecida en Uad Lau, donde falleció el 10
de agosto de 1924.
Los Policías indígenas Abselam Ben Alí
Guasani nº 7051 y Ali Ben Silan Ben Lahsem nº
7058, que también recibieron la Medalla militar,
pertenecían a la Policía Indígena de Tetuán y en
mayo de 1923 estaban en la Mía de Xauen.
Las fotografías de personas correspon-
den todas a Galería Militar Contemporánea,
Tomo VII Medalla Militar, quinta parte, Ser-
Policía indígena Ali Ben
vicio Histórico Militar, Imprenta IDEAL, Ma-
Silan Ben Lahsem
(nº 7058) drid, 1980
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 79-82. ISSN: 0482-5748
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FUENTES DOCUMENTALES
Archivo de la Revista La Legión. (Viator, Almería)
Archivo de la Brigada de La Legión (Viator, Almería)
Archivo del Tercio “Gran Capitán” (Melilla)
Archivo Intermedio Militar de Ceuta
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Archivo General Militar (Madrid)
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PRENSA ESCRITA
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Recibido: 19/03/2018
Aceptado: 21/06/2018
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 81-82. ISSN: 0482-5748
The Artillery in the Kingdoms of Naples and Sicily in the years 1575
and 1576, by Mr. Ricardo GONZÁLEZ CASTRILLO, King Juan Carlos
University
Revista de Historia Militar
Número 127 (2020), pp. 83-114
ISSN: 0482-5748
RHM.03
La artillería de los Reinos de Nápoles y de Sicilia en los años 1575
y 1576, por don Ricardo GONZÁLEZ CASTRILLO, Universidad Rey
Juan Carlos
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES
Y DE SICILIA EN LOS AÑOS 1575 Y 1576
Ricardo GONZÁLEZ CASTRILLO1
RESUMEN
Este artículo analiza la artillería de los reinos de Nápoles y de
Sicilia en los años 1575 y 1576, a la luz de los documentos conservados
en el Archivo General de Simancas, que fueron redactados por los profe-
sionales de este Arma, como Pedro Díaz Carrillo de Quesada y Sánchez
de Torres y Bernardino de Velasco, capitanes generales de la artillería
en ambos territorios. En ese bienio seguía latente el temor a nuevas in-
cursiones otomanas en las costas napolitana y siciliana, lo que justifica
los preparativos militares realizados por sus virreyes. Conocer, pues, el
estado de las fortificaciones y del parque artillero resultaban asuntos de
la máxima importancia. Además de los datos que facilitan estos infor-
mes sobre el número de piezas existentes, se indica en ocasiones las
que serían deseables para garantizar una correcta defensa así como otros
pormenores de carácter técnico, como la tipología de estas bocas de fue-
go y el calibre de las balas que disparaban. La distribución de las piezas
en ambos reinos permite deducir que las zonas más artilladas, por ser
1 Universidad Rey Juan Carlos (c/ Tulipán, s/n, 28933 Móstoles, Madrid). [Link]@
[Link]; ricago01@[Link]; [Link]
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 83-114. ISSN: 0482-5748
84 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
las más expuestas, eran las del litoral jónico-adriático en Nápoles y su
capital, y el estrecho de Messina, en Sicilia. Asimismo se incluyen una
serie de tablas -ocho en total- que reflejan los datos facilitados en tales
relaciones.
PALABRAS CLAVE: Artillería; Nápoles; Sicilia; siglo XVI; capitán
general de artillería; Bernardino de Velasco; Pedro Díaz Carrillo de Quesada
y Sánchez de Torres.
ABSTRACT
This article analyzes the artillery of the kingdoms of Naples and
Sicily in the years 1575 and 1576, from the several sources preserved in
the General Archive of Simancas, which were written by the profession-
als of this weapon, such as Pedro Díaz Carrillo de Quesada y Sanchez
de Torres and Bernardino de Velasco, captains general of the artillery in
both territories. In that biennium, the fear of new Ottoman incursions on
the Neapolitan and Sicilian coasts was still latent. It justified the military
preparations carried out by its viceroys. To know the state of the fortifi-
cations and the artillery park were matters of the importance. In addition
to the data provided by these reports about the number of existing pieces,
it is sometimes indicated which would be desirable to ensure a correct
defense of the state, and other technical details, such as the typology of
these pieces and the caliber of the bullets. The simple distribution of the
pieces in both kingdoms allows us to affirm that the most armed areas,
being the most exposed, were those of the Ionian-Adriatic coast in Naples
and the Naples itself and the Strait of Messina in Sicily. Also included are
a series of tables - eight in total - that reflect the data provided by such
relationships.
KEY WORDS: Artillery; Naples; Sicily; sixteenth century; captain
general of the artillery; Bernardino de Velasco; Pedro Díaz Carrillo de Que-
sada y Sánchez de Torres.
*****
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 84-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 85
INTRODUCCIÓN
L
a guarda y defensa de nuestras costas ha constituido una preocupa-
ción constante para los monarcas españoles desde los Reyes Católicos,
ante la amenaza y hostilidad de los berberiscos norteafricanos y otros
corsarios de diferentes nacionalidades, franceses e ingleses principalmente. Y
en esta preocupación se incluían asimismo otros territorios mediterráneos de
fuera de nuestras fronteras que estaban bajo la soberanía de la Corona de Es-
paña. El peligro de incursiones agresoras fue particularmente acusado durante
el siglo XVI, época, por otra parte, del mayor poderío de los turcos otoma-
nos, bien secundados por sus aliados norteafricanos. Y sólo a finales de esta
centuria, hubo un cambio de tendencia en la posición dominante que habían
mantenido los turcos en aguas del Mediterráneo. Y así, en octubre del año
1571, la Santa Liga –coalición formada por España, Venecia y Roma-, obtuvo
una memorable victoria sobre la flota turca en el golfo de Lepanto, a la cual
siguieron otras acciones militares hasta su disolución formal en abril de 1573,
consecuencia de la firma del tratado de paz suscrito entre la Sublime Puerta y
la República de San Marcos el mes anterior. Por el lado otomano, su armada
lograba arrebatar a los españoles, en agosto de 1574, las fortalezas de Túnez
y la Goleta.2 Sólo la tregua entre Turquía y la Monarquía Hispánica, que se
acordó por vez primera en marzo de 1577, redujo la amenaza turca en el Me-
diterráneo occidental, si bien las incursiones corsarias fueron habituales en la
siguiente centuria, a las que se añadía la presencia cada vez más frecuente de
navíos comerciales ingleses en aguas del Mediterráneo.
En este contexto, los reinos de Nápoles y de Sicilia realizaban diver-
sos preparativos con el fin de avistar primero y contener luego los temidos
desembarcos en sus respectivos litorales. Como bien decía Bernardino de
Escalante en sus Diálogos del Arte Militar, “las marinas, aunque le hazen en
alguna manera fuerte [a un reino], tambien le facilitan à ser entrado con ar-
madas de mar”. Así lo esperaba, por ejemplo, el héroe de Lepanto, don Juan
de Austria, quien señala en una carta, escrita en octubre de 1574, a Carlos de
Aragón y Tagliavia, duque de Terranova y virrey de Sicilia, que “después de
la pérdida de la Goleta y fuerte de Túnez…se debe creer que el Turco enso-
perbecido de la victoria que su armada ha havido este año, procurará el que
viene salga temprano”, proponiendo a continuación un amplio conjunto de
medidas preventivas3. Meses más tarde, Íñigo López Hurtado de Mendoza,
2 GonzálezCastrillo, 1999: 247-286.
1987: 390-404. Reprod. literal del ms. con el título siguiente: Don Juan de Austria
3 Coniglio,
al duque de Terranova, virrey interino de Sicilia. Palermo, 28 de octubre de 1574. Archivo
General de Simancas [en adelante, AGS] Estado, 1068/5.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 85-114. ISSN: 0482-5748
86 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
marqués de Mondéjar y virrey de Nápoles, daba por seguro que la armada
turca “no vendrá este año a estas partes”,4 aunque otros avisos referían lo
contrario, y apuntaban como probables incursiones en Sicilia, Malta, Orán o
Calabria.5 Tradicionalmente, tales territorios habían protegido sus fronteras
mediante castillos y fortalezas, dotados de un número variable de bocas de
fuego y torres-vigía, con escasa artillería, las últimas de las cuales alertaban
de la llegada de enemigos. Siendo, pues, la fortificación un pilar esencial
para la defensa, aunque cuestionada su eficacia “tanto en la tratadística po-
lítica como entre los técnicos de este arte”,6 no resultaba extraño que los
virreyes napolitanos y sicilianos prestasen atención al estado de la misma y
a sus exigencias artilleras, que conocían gracias a las visitas de inspección,
y a los posteriores informes que se redactaban acerca de “los trabajos de
reparación y mejora que eran necesarios”7. Sin embargo, eran frecuentes las
protestas por el deficiente estado en que se encontraban las obras de acondi-
cionamiento y mejora, y debieron agudizarse más como consecuencia de la
tercera bancarrota de la Hacienda de Felipe II, decretada en septiembre de
ese año de 1575.8
Por lo demás, un tercio español de infantería en cada reino -columna
vertebral de la defensa terrestre-,9 y otras dotaciones, como compañías de
caballería y milicias locales reclutadas estas últimas en situaciones difíciles,
completaban los recursos humanos disponibles. Nápoles contaba, además,
con una escuadra de galeras cuyo número se estimaba a finales del siglo XVI
en “50 unidades activas, entre barcos del rey y particulares”,10 en tanto que
Sicilia tenía “una pequeña flota oscilante entre 10-20 galeras”.11 El gasto
que se hacía en un capítulo militar concreto iba en detrimento de los que
podían hacerse en otros, y la especial coyuntura económica que atravesaba
la Monarquía Hispánica impuso modificaciones en la manera de organizar
la seguridad de los dominios napolitano y siciliano, la cual ha sido puesta
de manifiesto por diferentes autores. Baste, como ejemplo, Giovanni Muto
cuando establece los conceptos de defensa estática/móvil para explicar el
cambio de tendencia en las inversiones, señalando dos momentos: el primero,
Carta
4 del virrey de Nápoles sobre diversos asuntos del reino. Nápoles, 19 de julio de 1575.
AGS, Estado, 1066/56.
5 Fray Domingo de Mallorca, cautivo en Constantinopla. 7 de febrero de 1575. AGS, Estado,
1144/210 y 212.
6 Muto, 2008: 33.
7 Colletta, 1981: 10.
8 Fenicia, 2003: 20.
9 Martínez Ruiz, 2008: 741-742.
10 Ribot García, 1995: 110; Martínez Ruiz, 2008: 737.
11 Ligestri, 1993: 649.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 86-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 87
hasta 1560, en el cual priorizan los gastos en fortificación, y el segundo a
partir de ese año, cuando se dió preferencia a la construcción de galeras. Y
ello comportaba estrategias diferentes a la hora de hacer frente al enemigo,
en función de los dos términos de ese binomio.12 La opción de llevar la
guerra al mar tenía como objetivo interceptar la flota otomana antes de que
tomase tierra y muchos fueron los gobernantes que prefirieron esta forma de
actuación. En este sentido, en 1576 Felipe II comunicaba al virrey napoli-
tano que la protección de la costa mediterránea en su conjunto requería “un
centinaio di galere”.13 Pero lo cierto es que, desde ese momento, el número
de galeras fue reduciéndose durante el último tercio del siglo XVI, y más
aún en los comienzos del siguiente.
Analizar la capacidad artillera de Nápoles y de Sicilia en el bienio
1575-1576 es el propósito primordial de este artículo, según la información
contenida diferentes documentos, conservados principalmente en el Archi-
vo General de Simancas.
LA ARTILLERÍA DEL REINO DE NÁPOLES EN 1575
En un memorial que Giovan Francesco di Sangro, duque de Torre Ma-
yor, dirigió al monarca Felipe II exponía que Nápoles contaba con una dila-
tada línea costera y estaba por ello “sugeto a las invasiones maritimas”, si
bien la accidentada orografía era un factor favorable ya que existían “muy
pocos puertos, los quales se pueden fácilmente guardar”.14 En consecuencia,
creía conveniente realizar obras de fortificación sólo cuando el sitio escogido
cumpliese determinadas condiciones, como la de ser un lugar seguro, de fácil
acceso para ser socorrido y cuyo coste de ejecución no fuese tan elevado que
“por falta de dinero tarde demasiado a reduzirse en su perfeçion”.15 Añade
además un último requisito relacionado con el tipo de enemigo a combatir.
Y así, afirma que contra los franceses veía “muy necesario fortificar” porque
su propósito era la conquista del reino, en tanto que contra los turcos bastaba
una fuerza terrestre que pudiese desplazarse con celeridad al lugar que hubiera
sido atacado. Por tanto, de acuerdo con este planteamiento general, aconseja
apuntalar únicamente la zona limítrofe con los Estados Pontificios ya que allí
podrían aprovecharse mejor las condiciones naturales y contener así “los exer-
citos, la artelleria y todo el aparato de guerra” que trajera el enemigo, siendo
12 Muto, 2008: 32 y 2006: 156.
13 Fenicia,2003: 20.
14 AGS, Estado, 1066/108. Nápoles, 10 de diciembre de 1575.
15 Ibidem.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 87-114. ISSN: 0482-5748
88 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
como era el espacio más idóneo para que “Franceses, y de los Pontifices que
fuesen enemigos, y de los señores libres de Italia, que no estuviesen debaxo
de su real deuoçion”, pudiesen invadir el reino.16 Finalmente, en el espinoso
asunto de qué puerto era más conveniente para albergar la flota de galeras que
operaba en el Mediterráneo, opina conveniente establecerla en Messina “para
difension del Reyno de Sicilia, y presentando socorro de lo de Napoles”,17
antes que en Taranto o Brindisi, que eran otras posibles localizaciones. En
todo caso, el duque se mostró siempre muy crítico con la hipótesis tarantina.18
La propuesta del duque de Torre Mayor parece que no fue aceptada
por el monarca español. Basta contemplar el elevado número de lugares
dotados de artillería que defendían las costas del reino napolitano. Cuando
el marqués de Mondéjar ocupó el cargo de virrey en 1575, en sustitución
de Antonio Perrenot, cardenal de Granvela, se interesó por el estado de las
fortificaciones del reino, “particularmente las de Brindez, Taranto, Otran-
to y Galipoli y otras desta calidad que estan a la marina”, y esperaba una
relación de su predecesor en este sentido19. Él mismo había podido visitar
las plazas de los presidios de Toscana, en concreto “las de Ponblin y Puerto
Ercules y…la de Orbitelo”, sobre las cuales aguardaba también un informe
de los ingenieros con sus propuestas de mejora. Téngase presente que estas
posiciones eran una pieza clave para proteger la navegación y asegurar la
presencia hegemónica española en suelo italiano20. Un mes más tarde, con-
cluía que “las plaças deste Reyno de importancia estan mal fortificadas”, lo
cual achacaba a que algunos predecesores suyos no las habían visitado en
persona y se habían fiado del “pareçer de los ingenieros”21. Arremetía contra
estos últimos porque, siguiendo sus propios criterios, derribaban construc-
ciones hechas por otros compañeros y gastaban “en la obra muchos ducados
como a suçedido en lo de Taranto” o incluso en Brindisi, cuya fortificación
se consideraba imprescindible reparar para que esta ciudad no fuese ocupa-
da por el enemigo otomano. No obstante, hacia estos profesionales, había
Ibidem.
16
Ibidem.
17
18 Fenicia, 2003: 21.
Carta
19 del virrey de Nápoles sobre diversos asuntos del reino. Nápoles, 19 de julio de 1575.
AGS, Estado, 1066/56. Un año antes, el cardenal Granvela había informado al monarca Feli-
pe II la buena marcha de las obras en Taranto, confiando en que “se porná de manera que de
l’armada del Turco no se recibirá en aquella parte”. También avanzaban las obras en Otranto,
Brindisi y Vieste y habían concluido las iniciadas en Gallipoli, con la misma finalidad que en
Taranto. Coniglio, 1987: 376. Reprod. literal del ms. titulado: El virrey cardenal Granvela a
Felipe II. AGS, Estado, 1064/24. Nápoles, 30 de mayo de 1574.
20 Angiolini, 2006: 174.
21 El virrey de Nápoles sobre diversos asuntos de guerra del reino. Nápoles, 19 de agosto de
1575. AGS, Estado, 1066/65.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 88-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 89
manifestado anteriormente al monarca la conveniencia de mantenerlos a
sueldo en el reino porque “todos ellos son aquí necesarios”, recogiendo en
otra parte sus nombres y retribuciones22. Y es que, en verdad, su deseo era
implantar en Nápoles un modelo similar al que se practicaba en las costas
de los reinos de Granada y de Valencia donde se había conseguido que los
“baxel[e]s de enemigos…no catiuen cristianos ni hagan otros daños desta
calidad en la marina”.23
En lo tocante a la artillería, Nápoles se hallaba provisto de las bocas
de fuego, consignadas en la relación que el maestre de campo Pedro Díaz
Carrillo de Quesada y Sánchez de Torres, natural de Baeza, había redactado
para Felipe II en febrero de 1575.24 Ocupaba allí el cargo de capitán general
de este Arma desde 1561 por la muerte de Bernardo Villena de Aldana,25 y
llegó a ser gobernador de la Goleta durante los años 1572-1573, en sustitu-
ción de Alonso Pimentel. En noviembre de 1575, se sospechó que había sido
apresado y hecho cautivo, y, por esta razón, no se incluye retribución alguna
para su persona en la previsión de gastos elaborada para el año siguiente.26
Pero tiempo después, en enero de 1577, aparece su nombre como beneficia-
rio de una partida de 60 ducados, la cual había sido satisfecha en diciembre
del año anterior.27
Los datos contenidos en este interesante manuscrito han sido utiliza-
dos, de forma parcial, por algunos [Link] sus aportaciones, elaboró
Fenicia un cuadro sinóptico que incluía el número de piezas, sus tipos y
calibres, sin tener en cuenta las situadas en las torres-vigía29, cuyo cómputo
total sí incorpora en otra obra30. González Castrillo, a su vez, aprovechó
también tales datos para contabilizar las que se hallaban situadas en la franja
litoral31. Pero el informe de Quesada incluye además las piezas existentes
Carta
22 del cardenal Granvela al rey. 3 de abril de 1574. AGS, Estado, 1064/18. Citada por
Brunetti, 1999: 234.
23 Ibidem.
24 Relacion que da…Pero diaz Carrillo de quesada del Artilleria que ay en el Reyno de Napoles
assi en las tierras Regias como de Barones y en las yslas del y presidios de Toscana. Nápoles,
24 de febrero de 1575. AGS, Estado, 1066/13.
25 Fue nombrado el 20 de abril de ese año. García-Menacho y Osset, 1990: 63. También en 1561,
el Consejo de Órdenes iniciaba los trámites para la concesión del título de Caballero de la Or-
den de Santiago, que concluían en 1568 sin la correspondiente aprobación. Archivo Histórico
Nacional, Órdenes Militares, caja 478, expte. 2455.
26 Coniglio, 1987: 463. Reprod. literal del ms. con el título siguiente: Balance de previsiones
para el 1576. AGS, Estado, 1066/92. Nápoles, 1 de noviembre de 1575.
27 Coniglio, 1987: 528. Reprod. literal del ms. titulado: Movimiento de la Tesorería en el periodo
enero-febrero 1577. AGS, Estado, 1073/18. Nápoles, 24 de enero de 1577.
28 Fenicia, 2003: 66-68; González Castrillo, 2014: 70.
29 Fenicia, 2003: 67. Número de piezas, 1.203.
30 Muto, 2008: 42.
31 González Castrillo, 2014: 83-85.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 89-114. ISSN: 0482-5748
90 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
en 77 castillos, ciudades o torres, anotando la cantidad, tipos y calibres,
expresados en libras y onzas, lo cual permite tener una visión más completa
de la artillería del reino napolitano. Solamente reconoce sus limitaciones
para el caso de la región calabresa, debido a que ésta no fue “reconoscida
por hombre platico y por esto ua notada confusamente”, a excepción de
la que tenía la ciudad y castillo de Crotone, que se basaba en una relación
anterior de 1563. Según parece, el potencial de esta plaza era menor del que
se pensaba, aunque se desconocía “la que falta ni donde a ydo a parar”. Y
era fundamental pues se trataba de la única marina fortificada en Calabria y
garantizaba por tanto una rápida intervención en otros lugares de la región
que hubiesen sido atacados por los turcos32.
La estructura seguida por el autor de la relación consiste en distribuir
las bocas de fuego en cuatro zonas. Comienza con las situadas en las mari-
nas (56); continúa con las que se hallan en tierras del interior (10); prosigue
con las de las islas del reino (4); y termina con las de los presidios de Tosca-
na (7). El cómputo global de piezas asciende a 1.367, de las cuales 1.101 es-
taban en el litoral, 176 en el interior, 31 en las islas y 59 en los presidios. No
obstante, cabría hacer una objeción a este resultado puesto que indica que
determinadas marinas -como Ostuni, en Otranto; y las de Rossano, Catan-
zano, Roccella, Geraci y Santa Ágata, en Calabria- se encuentran alejadas
de la costa entre 3 y 8 millas, y, por lo tanto, quizá las 90 piezas que poseían
debieran añadirse a las del interior, lo cual reduciría las primeras a 1.011 e
incrementaría las segundas hasta un total de 266. De este modo, habría una
mayor coherencia con las observaciones de Quesada, a quien le parecía rele-
vante reseñar el alejamiento de las marinas como elemento destacado. Y de
igual forma procede en el caso de algunas localidades del interior, próximas
a la costa, como Conversano, en la región de Bari, y Nardó y Lecce, en la de
Otranto, situadas a 4 y 8 millas. En todo caso, la distribución de la tabla nº 1
recoge la información facilitada por nuestro autor, sin rectificar sus cálculos.
Tabla nº 1. Artillería del reino de Nápoles (Quesada, 1575)
CIUDAD/FORTIFICACIÓN/CASTILLO ARTILLERÍA
Ciudad de Nápoles 28
62 piezas,
Castillo de Castel Nuovo 36 arcabuces de posta,
75 piezas para ser distribuidas
Torre de San Vincenzo 3 piezas, 4 arcabuces de posta
Arsenal de Nápoles 1
32 Fenicia, 2003: 63.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 90-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 91
CIUDAD/FORTIFICACIÓN/CASTILLO ARTILLERÍA
Castillo de Sant’Elmo 23
Castillo del Ovo 11
Castillo de Baia 5
Pozzuoli 9
Gaeta 18
Castillo de Gaeta 11
Ciudad de Gaeta 6
Pescara 22
Castillo de Vieste 25
Manfredonia 12
Castillo de Manfredonia 24
Barletta 51
Castillo de Barletta 14
Trani 13
Castillo de Trani 21
Bisceglie 15
Molfetta 20
Giovinazzo 11
Bari 26
Castillo de Bari 23
Mola de Bari 3
Polignano a Mare 4
Monopoli 18
Castillo de Monopoli 6
Ostuni 9
Torre de Villanova 2
Brindisi 50
Castillo grande de Brindisi 25
Castillo de la isla de Brindisi 21
Fuerte de la isla de Brindisi 17
Torre de San Cataldo 4
Otranto 18
Castillo de Otranto 22
Gallipoli 42
Castillo de Gallipoli 33
Taranto 19
Castillo de Taranto 31
Ciudad de Taranto 7
Rossano 27
Catanzano 34
Crotone 35
Castillo de Crotone 34
Roccella 6
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 91-114. ISSN: 0482-5748
92 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
CIUDAD/FORTIFICACIÓN/CASTILLO ARTILLERÍA
Geraci 11
Santa Agata 3
Tropea 18
Amantea 12
Salerno 10
Vietri sul Mare 3
Amalfi 4
Sorrento 2
Castillo a Mare di Stabia 2
TOTAL DE PIEZAS EN LA COSTA 1.101
Capua 8
Castillo de Capua 9
Castillo de L’Aquila 48
Castillo de Civitella del Tronto 23
Santa Agata di Puglia 2
Conversano 8
Nardó 17
Castillo de Nardó 3
Lecce 32
Castillo de Lecce 26
TOTAL DE PIEZAS EN EL INTERIOR 176
Lipari 12
Castillo de Ischia 12
Castillo de Nisida 2
Procida 5
TOTAL DE PIEZAS EN LAS ISLAS 31
Porto Ercole 3
Roqueta (La Rocca, Porto Ercole) 8
Monte Filippo (Porto Ercole) 9
Orbetello 15
Talamone 2
Piombino 20
Scarlino 2
TOTAL DE PIEZAS EN LOS PRESIDIOS DE TOSCANA 59
El manuscrito contiene otras cuestiones de gran interés. Una de ellas
atañe a la diferenciación que realiza entre las piezas situadas en las tierras
regias, que eran mantenidas por la Corona -1.279 en total-, y las de barones,
-las 88 restantes-, nobleza territorial que contaba con una amplia jurisdicción
feudal en el reino. De hecho, su poder “unido a la autonomía de los magistra-
dos, impidió que la Corona tuviese mecanismos de control más directos”33.
33 Martínez Ruiz, 2008: 730. Rivero Rodríguez, 2004: 35.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 92-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 93
Las de Molfetta (20) y Giovinazzo (11) eran propiedad de Cesare Gonzaga;
las de Mola de Bari (3) y Polignano a Mare (4), pertenecían al marqués de
Polignano; y las de la isla de Nisida (2), al duque de Amalfi, cuya fortaleza
describió Mazzela34. Las restantes se hallaban situadas en Roccella (6), Geraci
(11), Santa Agata di Puglia (2), Conversano (8), Nardó (17) y Amalfi (4), y
sólo se menciona como ‘de barones’, sin indicar el nombre del propietario.
En ese año de 1575 en que Carrillo de Quesada escribía su Relacion,
parece que el gobierno de Nápoles no esperaba ataque alguno de los tur-
cos, aunque un fraile cautivo en Constantinopla, fray Domingo de Mallor-
ca, había comunicado la noticia facilitada por un primo suyo renegado, de
que la armada otomana “se auia propuesto las empresas de Sicilia, Malta y
Oran, y de camino lo de Mallorca y Menorca”. Pero al año siguiente Au-
chali Bajá, virrey de Argel, atacó con una flota de 50 galeras y 2 galeotas la
costa calabresa, como refiere el siciliano Pascual Velasco en la Relación de
su cautiverio, si bien fue rechazado por la rápida intervención del príncipe
de Bisignano que repelió el desembarco. Esta acción vino a demostrar lo
acertado de la propuesta, antes referida, del duque de Torre Mayor sobre la
conveniencia de constituir en el reino de Nápoles un retén de soldados que
pudieran acudir con rapidez allí donde fueran necesarios. Pascual Velasco al
final de su interesante relato previene sobre un posible ataque turco contra
Corfú o Malta en 1577, basándose en las órdenes que circulaban por Cons-
tantinopla para que en todas las marinas otomanas “se hiziesen vituallas, y
que la gente de remo para el año que viene la tienen pagada para todos 400
baxeles”. Como antes señalábamos, la red de torres-vigía era un elemen-
to importante para el avistamiento de la flota turco-berberisca, si bien no
consiguieron evitar los catorce asaltos que se produjeron durante los años
1543 a 159735. Su construcción había sido impulsada por Perafán de Ribera,
duque de Alcalá y virrey de Nápoles desde 1563, aunque la ejecución de las
obras progresó lentamente debido a problemas de financiación. Su diseño
obedece a “un claro criterio de control contra las incursiones”36. Se calcula
que, hacia 1590, el número de torres-vigía alcanzaba las 33937, aunque otros
las reducen a 29638. Hacia 1590, la mayoría de las torres eran administradas
por la Corona. El documento del archivo vallisoletano refiere la adquisición
de 131 piezas pequeñas realizada en la capital, que tenían como destino las
atalayas de las marinas comprendidas entre el río Tronto, en los Abruzzo,
34 1601: 20.
35 Spagnoletti, 2008: 25.
36 Ruiz-Checa, 2015: 161.
37 Ribot, 1995: 101.
38 Spagnoletti, 2008: 25.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 93-114. ISSN: 0482-5748
94 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
hasta la ciudad de Taranto, en Otranto, siendo éste como era el litoral más
expuesto a los ataques. Y anota que 56 de ellas se encontraban ya en esta
ciudad en tanto que las 75 restantes permanecían en Castel Nuovo, pen-
dientes de ser trasladadas. Acerca de estas últimas, Quesada las agrupa en
función del calibre de cada pieza, y consigna su cantidad. En verdad, no es
la única referencia que encontramos acerca de transferencias de cañones en-
tre localidades, si bien es la más significativa, por afectar a un gran número
de piezas. En este sentido, el informe también refiere que un cañón de 52
libras de bala procedía del castillo de Capua, y otro cañón más de idénticas
características, junto a una media culebrina de 14 libras fueron llevadas de
Nápoles a Crotone en el año 1574.
El arsenal del reino napolitano contaba asimismo con algunas piezas
-en concreto 25- que procedían de incautaciones hechas a los otomanos en
diferentes escaramuzas. Se las menciona con el nombre de turquescas y,
al decir de Luis Collado, eran “fea[s] y deffetuosa[s], aunque…de buena
liga”39. En el castillo de Manfredonia, había trece de este tipo, de diferente
tipología y calibres, que fueron tomadas en 1566; otras dos en el castillo de
la isla de Brindisi, cuyos detalles técnicos no facilita; siete más en la ciudad
de Gallipoli y tres en el castillo, de las cuales se limita a decir que son de
bronce. Además veinte bocas de fuego de Rossano pertenecían a “una naue
que se rompio a la marina”, pero no debía ser otomana pues en tal caso, se
hubiera empleado esa denominación genérica.
Fenicia ya había señalado que la amplia heterogeneidad de tipos y
calibres debieron provocar serias dificultades de abastecimiento de pro-
yectiles, para disponer de los adecuados a cada pieza40. Autores hubo en
el siglo XVI que sugirieron introducir una homologación en las piezas y
munición, esta última expresada indistintamente con los términos de ‘bala’
o ‘pelota’ en la documentación de la época. Como se observa en la siguien-
te tabla, las bocas de fuego con mayor diversidad de diámetros eran los
cañones, seguidos por culebrinas, sacres, medias culebrinas, medios caño-
nes, esmeriles, falconetes, cuartos de cañón, medios sacres y mosquetes.
Las restantes presentan una menor variedad, con una o dos opciones a lo
sumo. No obstante, pese a todo, puede observarse la repetición de ciertos
calibres más habituales para las piezas, como se muestra en la tabla nº 2.
En verdad, se trataba de una demanda común entre los profesionales de
este Arma solicitar esa homogeneización, la cual se plasmó en distintas
normativas reales. A finales del siglo XVI, puede constatarse la existencia
39 González Castrillo, 2014: 50.
40 Fenicia, 2003: 68.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 94-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 95
de seis tipos usuales para culebrinas y cañones, con cuatro calibres para
cada uno de ellos41. Luis Collado y Diego de Álava y Viamont habían dife-
renciado en sus obras las piezas en función de la utilización que se les daba
y, de este modo, decían que las culebrinas eran apropiadas “para ofender
al enemigo desde lo más lejos que se puede”, en tanto que los cañones se
empleaban “para atormentar y derribar las murallas de las ciudades y for-
talezas, y deshacer cualquier máquina”.
Tabla nº 2. Nº de piezas, por tipología y calibre (Quesada, 1575)
Nª Rango Nº Calibres
Tipología
de piezas de calibres calibres más comunes
Cañón 89 130-24 21 55, 50, 35
Medio cañón 26 29-16 10 25, 24, 22
Tercio cañón 3 28-20 2 28, 20
Cuarto cañón 18 35-10 7 15, 14
Medio cuarto cañón 1 11 1 11
Cañón pedrero 44 s/d s/d s/d
Medio cañón pedrero 25 s/d s/d s/d
Culebrina 27 85-14 15 25, 18, 12
Media culebrina 68 27-10 12 14, 12, 11
Sacre 174 14-0,5 13 8, 7, 5
Medio sacre 149 5-3 5 4, 3,5, 3
Falconete 181 3 libras-10 onzas 8 2,5, 2, 1
Medio falconete 17 1,5 libras- 6 onzas 2 1,5 libras, 6 onzas
Esmeril 275 5 libras-2 onzas 10 1 libras, 8 y 6 onzas
Moyana 1 s/d s/d s/d
Pasavolante 1 5 1 5
Cuártago (bala piedra) 3 40-6 2 40, 6
Lombarda de bronce 1 s/d s/d s/d
Morterete de bronce 4 s/d s/d s/d
Turquescas 25 s/d s/d s/d
Mosquete 76 1 libra-6 onzas 4 1 libra, 6 onzas
Mosquetón 13 1 1 1
Arcabuz de posta 40 s/d s/d s/d
41 Los seis tipos eran los siguientes: cañones (40 a 30 libras), medios cañones (20 a 15 libras),
tercios de cañón (10 a 7 libras), culebrinas (24 a 16 libras), medias culebrinas (12 a 7 libras) y
tercias culebrinas (5 a 2 libras). Vid. también Vigón, 1947: I, 246-249.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 95-114. ISSN: 0482-5748
96 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
Nª Rango Nº Calibres
Tipología
de piezas de calibres calibres más comunes
Pieza de campaña 3 s/d s/d s/d
Pieza de bronce 15 s/d s/d s/d
Pieza pedrera 15 s/d s/d s/d
Piezas pequeñas 75 8-1 6 3, 2, 1
Nota: Sólo se facilita el calibre de dos cañones pedreros, de 50 libras,
y de dos medios cañones pedreros, de 35 y 22 libras. Cuando no se tiene más
detalle, se hace constar s/d.
Tanto los tratados como la documentación de la época suelen re-
ferirse a la necesidad de contar con profesionales que supiesen manejar
estas piezas de forma adecuada, evitando que personas poco diestras o
con escaso conocimiento las utilizasen. Aunque el capitán general Que-
sada no refiere si eran o no suficientes para el reino napolitano –tampoco
lo había hecho para las piezas-, incorpora en su relación las localidades
que tenían artilleros, señalando su número y categoría. En total, había 138
que prestaban sus servicios principalmente en los castillos del reino y en
algunas ciudades destacadas.
Tabla nº 3. Número de artilleros en el reino de Nápoles (Quesada, 1575)
CIUDAD/FORTIFICACIÓN/CASTILLO ARTILLEROS
Ciudad de Nápoles 12
Castillo de Castel Nuovo 10
Castillo de Sant’Elmo 6
Castillo del Ovo 1
Castillo de Baia 2
10 artilleros,
Gaeta
4 ayudantes
Castillo de Gaeta 2
Pescara 5
Castillo de Vieste 2
Castillo de Manfredonia 2
Castillo de Barletta 2
Castillo de Trani 2
Castillo de Bari 3
Castillo de Monopoli 2
Brindisi 5
Castillo grande de Brindisi 4
Castillo de la isla de Brindisi 9
Fuerte de la isla de Brindisi 4
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 96-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 97
CIUDAD/FORTIFICACIÓN/CASTILLO ARTILLEROS
Otranto 4
Castillo de Otranto 3
Gallipoli 4
Castillo de Gallipoli 2
Taranto 2
Castillo de Taranto 2
Ciudad de Taranto 1
Castillo de Crotone 2
Castillo de Capua 2
Castillo de L’Aquila 4
Castillo de Civitella del Tronto 4
Castillo de Lecce 4
Lipari 1
Castillo de Ischia 2
Porto Ercole 5
Orbetello 3
Talamone 1
Piombino 5
TOTAL 138
Como resumen del contenido del manuscrito que venimos conside-
rando, si agrupamos las bocas de fuego por regiones históricas del reino na-
politano, podremos concluir afirmando que las plazas con mayor presencia
de piezas se ubicaban en las costas de los mares Adriático y Jónico, y en la
propia capital, como puede colegirse de los datos de la tabla nº 4.
Tabla nº 4.
Distribución de la artillería del reino de Nápoles, por regiones (Quesada, 1575)
Región Nº de piezas Porcentaje
Nápoles 264 19,31
Lavoro 66 4,82
Abruzzo 93 6,80
Capitanata 63 4,60
Bari 233 17,04
Otranto 378 27,65
Calabria 180 13,16
Islas 31 2,26
Presidios 59 4,31
Total 1.367 100%
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 97-114. ISSN: 0482-5748
98 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
Un manuscrito de autor desconocido, custodiado en la Biblioteca
Francisco de Zabálbaru y Basabe de Madrid, reduce a la mitad el parque
artillero de Nápoles y lo sitúa en 667 piezas, en contraposición a los cál-
culos de Quesada.42 Diferencia explicable por el mayor número de loca-
lidades que incluye la relación del capitán general: setenta y siete frente a
las treinta del manuscrito. Por otro lado, las plazas coincidentes de ambos
informes presentan cantidades similares, exceptuando tres casos: Castel
Nuovo, al que Quesada atribuía 62 piezas y el documento de la Biblioteca
Zabálbaru 39; Barletta, ciudad que pasa de 51 a 41 cañones; y el más sor-
prendente -y poco justificable, salvo que se trate de un error- de la Torre
de San Vicenzo, cuya artillería varía de 3 piezas hasta 105, en uno y otro
informe.
Castel Nuovo, castillo que junto a los de Sant’Elmo y el Ovo pro-
tegían la capital, poseía el cañón más imponente del reino, que disparaba
‘pelotas’ de 130 libras, además de otros siete, con calibres comprendidos
entre 80 y 50 libras. Dada la singularidad de aquel cañón, resulta curioso
que no se mencione en otro documento de Simancas, anónimo y sin fe-
cha, limitado a detallar los cañones de esa fortaleza, cuyo número eleva
a doce, con calibres comprendidos entre 80 y 50 libras43. Aunque señala
que sólo se hallaban operativos ocho de ellos ya que “dos que estan en la
fundicion que aun no se han prouado y mas otros dos vno de a 80 y otro
de a 60 libras de bala que es menester hazelles granos”44. Trata aquí, por
tanto, de un aspecto de especial importancia como era el de la adquisi-
ción de nuevas piezas. A propósito de este tema, el marqués de Mondéjar,
en ese año de 1575, escribía al cardenal Granvela informándole que era
conocedor de las intenciones del monarca de comprar piezas en Milán,
Génova y Alemania. Y deseaba saber si su predecesor había cumplido
este encargo para obrar en consecuencia a lo que el cardenal respondió
que no se había hecho por falta de dinero y por entender que “la artilleria
que para este Reino es menester, se fundiría aquí y a menos costa y se
ahorraria el trabajo y costa de traella”45. En verdad Granvela era cons-
ciente de la necesidad artillera “para proveer los puertos deste reyno” de
Nápoles, pero debían atenderse antes otras necesidades más perentorias46.
Artilleria
42 del Reyno de Napoles, 1574-1575. Biblioteca Francisco de Zabálburu y Basabe,
carpeta 185, doc. 99. Citado por García Hernán, 1999: 133.
43 Relaçion de las pieças de artilleria que hay en Castilnouo. AGS, Estado, 1079/177.
44 Ibidem.
45 Carta del virrey de Nápoles sobre diversos asuntos del reino. Nápoles, 19 de julio de 1575.
AGS, Estado, 1066/56.
46 Coniglio, 1987: 378. Reprod. literal del ms. titulado: El virrey cardenal Granvela a Felipe II.
AGS, Estado, 1064/24. Nápoles, 30 de mayo de 1574.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 98-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 99
En Nápoles debieron desempeñar también una función destacada las ‘ca-
sas de munición’, especialmente la de Castel Nuovo, en su cometido de
proveer de todo lo necesario a la Armada, tanto en lo referente a víveres
como a armas y pertrechos. A modo de ejemplo, podría citarse la armada
que empezó a prepararse en el reino de Nápoles en septiembre de 1578
con el fin de tenerla lista y operativa en la primavera siguiente, de cuyo
avituallamiento dio cuenta el virrey a Felipe II informándole de lo que
podría suministrar Castel Nuovo, como sacres y medios sacres para las
galeras. En cambio, no podía facilitar pólvora ‘de cañón’ por no fabricar-
se en Nápoles, ofreciendo, eso sí, la de ‘arcabuz’ que era “de menos costa,
y de más servicio”
LA ARTILLERÍA DEL REINO DE SICILIA EN LOS AÑOS 1575 Y 1576
La integración de Sicilia en el conjunto de territorios de la Monar-
quía Hispánica no fue consecuencia de una conquista militar, como Ná-
poles, sino producto de un ‘pacto’ establecido con Pedro III de Aragón47.
Debido a su posición privilegiada, la isla se había convertido en una pieza
clave tanto para los territorios italianos como africanos48. Sicilia, al igual
que Nápoles, fue otro punto estratégico para la seguridad del Mediterrá-
neo y, en consecuencia, su costa se hallaba fuertemente artillada. Y a se-
mejanza de lo que ocurría en el reino napolitano, contaba con idénticos
elementos defensivos, los cuales la convirtieron en “un baluarte contra
el expansionismo turco en el Mediterráneo occidental”49. Las obras de
fortificación que venimos considerando y la mayor parte de las torres cos-
teras se edificaron entre la segunda mitad de la decimosexta centuria y los
primeros decenios de la siguiente50. La guarnición de las torres consistía
en un caporal, un artillero y uno o dos soldados y, según su importancia,
tenían un mayor o menor número de bocas de fuego51. En sus inicios, el
sistema defensivo siciliano se había articulado en torno a las ciudades de
Siracusa, Trapani, Milazzo y Augusta, pero fue ampliado luego a Palermo
y Messina y a los núcleos de comercio del grano de Agrigento, Sciacca,
Licata y Termini.52 Sin embargo, Siracusa, por ejemplo, precisaba apuntalar
47 Rivero Rodríguez, 2004: 34.
48 Ligresti, 1993: 647.
49 Ligresti, 1993: 666.
50 Ribot García, 1995: 101. Martínez Ruiz, 2008: 741.
51 Ligestri, 1993: 671.
52 Ligestri, 1993: 666.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 99-114. ISSN: 0482-5748
100 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
la muralla e incrementar su artillería y munición, con un coste calculado
de 200.000 escudos.53
Conocemos bien la situación de la artillería en Sicilia por la docu-
mentación custodiada en el archivo de Simancas. Una de las relaciones,
la más exhaustiva, fue escrita por un autor desconocido en Palermo54. A
diferencia de la realizada por Quesada para Nápoles, no se limita a la mera
enumeración de las piezas sino que ofrece además una estimación de las
que serían convenientes para que el reino contase con suficientes bocas de
fuego. Según los datos facilitados, había 502 en las 21 plazas aunque eran
insuficientes ya que hacían falta 270 más (tabla nº 5). En resumen: era nece-
sario aumentar la artillería del reino siciliano hasta alcanzar las 772 piezas
deseables. Y en bastantes casos, se aducen, en apoyo de este incremento,
argumentos de carácter militar o estratégico. Así, afirma que en Palermo
hacían falta 68 nuevas piezas -de las cuales 31 habían sido adquiridas ya
en Génova-, para cubrir sus baluartes, tanto los que miraban al mar como
a tierra.55 También el castillo a Mare de esa ciudad necesitaba culebrinas
y medias culebrinas con las que proteger el puerto. Y el de la Colombara,
en Trapani, precisaba tener unos medios cañones para ubicarlos en la bo-
cana del puerto y conseguir con ellos un mayor alcance de los tiros. Por lo
que respecta al fuerte de Agrigento, le habían sido concedidos una media
culebrina procedente de Marsala y un sacre de Messina, para emplearlos
en la defensa de los barcos que acudían a transportar el grano, ya que el
trigo era una de las riquezas principales de la isla. Por último, las nuevas
piezas solicitadas para el castillo del Salvatore de Messina se situarían en
la parte donde solía avistarse la flota enemiga, mientras las de Castellazo,
también en esa ciudad, estaban destinadas a proteger los valles, y a evitar
el asedio de esta población. Caso aparte eran los baluartes de la ciudad de
Messina, donde sólo menciona que se precisaba mayor número de piezas,
sin concretar más. Y señala, de paso, que los traveses estaban sostenidos
por lombardas de hierro. Ahora bien, no todas las plazas se hallaban con
carencia de artillería. Como ejemplos, el castillo de Matagrifone, entonces
prisión, y las ciudades de Cefalú y Termini, poseían un adecuado número
de piezas. A semejanza de lo que sucedía en Nápoles, la corte siciliana
costeaba la artillería de algunas zonas como Milazzo, debido a su pobreza,
Siracusa, Trapani y, parcialmente, los baluartes de Messina.
Carta
53 del obispo de Siracusa sobre la fortificación de esta ciudad. Siracusa, 5 de febrero de
1575. AGS, Estado, 1144/155.
54 Memoria de la Artilleria que hay en los presidios del Reino de Sicilia, y de la que falta para
estar a buen recaudo. Palermo, 24 de marzo de 1575. AGS, Estado, 1144/25.
55 4 medias culebrinas, 24 pedreros, 2 sacres y 1 cañón.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 100-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 101
Tabla nº 5. Artillería del reino de Sicilia (1575)
Castillo / Ciudad /
Piezas existentes Total Piezas necesarias Total
Fortificación
3 cañones
2 culebrinas
1 culebrina
Castillo a Mare 4 cañones
1 media culebrina 17 12
(Palermo) 3 medias culebrinas
5 sacres
3 medios cañones
6 pedreros
2 culebrinas
12 cañones
5 medias culebrinas
4 culebrinas
4 cañones
10 medios cañones
Ciudad de Palermo 13 medios cañones 44 68
10 medias culebrinas
10 sacres
20 pedreros
9 falconetes
12 sacres
1 medio sacre
2 cañones
6 pedreros
4 cañones
1 culebrina
2 culebrinas
Castillo de Trapani 3 sacres 27 16
4 medios cañones
1 medio sacre
6 sacres o moyanas
6 falconetes
8 esmeriles
2 cañones pedreros
1 culebrina
1 culebrina
Castillo de la 2 medias culebrinas
12 2 cañones 5
Colombara (Trapani) 2 sacres
2 medios cañones
2 falconetes
3 esmeriles
7 cañones 2 culebrinas
1 pedrero 6 cañones
2 culebrinas 4 medias culebrinas
Ciudad de Trapani 24 36
4 medias culebrinas 4 medios cañones
6 sacres 20 pedreros para los
4 medios sacres traveses
1 medio cañón
2 culebrinas
4 medias culebrinas
8 cañones
7 sacres
Ciudad de Marsala 51 4 medias culebrinas 30
3 medios sacres
4 medios cañones
4 falconetes
12 pedreros
32 esmeriles
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 101-114. ISSN: 0482-5748
102 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
Castillo / Ciudad /
Piezas existentes Total Piezas necesarias Total
Fortificación
1 cañón
Fuerte del cargador 2 sacres
8 1 culebrina 1
de Agrigento 1 falconete
4 esmeriles
2 cañones
2 cañones
2 medias culebrinas
Castillo de Licata 5 sacres 12 10-12
6-8 pedreros para los
5 esmeriles
traveses
5 cañones
6 cañones
1 medio cañón
6 medias culebrinas o
4 culebrinas
Ciudad de Siracusa 36 medios cañones 32
3 medias culebrinas
20 pedreros para los
16 sacres
traveses
7 medios sacres
2 cañones
1 pedrero 4 cañones
Castillo Maniace
3 culebrinas 8 3 medias culebrinas 10
(Siracusa)
1 medio sacre 3 sacres
1 lombarda
Fuertes de Castro 6 cañones
5 cañones
García, Ávalos, la 6 medios cañones
2 medias culebrinas 18 24
Victoria y castillo 6 sacres
11 sacres
viejo (Augusta) 4 medias culebrinas
2 cañones
7 medias culebrinas
Castillo del Salvatore 3 cañones
3 medios cañones 25 4
(Messina) 1 culebrina
2 falconetes
11 esmeriles
Castillo de 2 cañones pedreros
8
Matagrifone (Messina) 6 esmeriles
2 cañones
Castillo de Gonzaga 3 medias culebrinas 2 cañones
16 3
(Messina) 1 moyana 1 culebrina
10 esmeriles
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 102-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 103
Castillo / Ciudad /
Piezas existentes Total Piezas necesarias Total
Fortificación
2 moyanas
3 sacres 2 cañones
Castellazo (Messina) 17 4
2 falconetes 2 medias culebrinas
10 esmeriles
16 cañones
17 medios cañones
4 culebrinas
5 medias culebrinas
29 sacres
Baluartes de Messina 82
2 cañones pedreros
2 medios cañones
pedreros
3 moyanas
4 medios sacres
1 culebrina
1 medio cañón 2 cañones
Castillo de Milazzo 2 sacres 44 1 culebrina 7
4 medios sacres 4 sacres
36 esmeriles
1 culebrina
4 medias culebrinas
2 cañones
Tierra de Milazzo 4 sacres 32 4
2 medios cañones
1 falconete
22 esmeriles
1 media culebrina
Castillo de Cefalú 3
2 medios sacres
1 sacre
Tierra de Cefalú 3
2 esmeriles
1 medio cañón
2 medias culebrinas
Castillo de Termini 2 sacres 12
3 medios sacres
4 esmeriles
Nº localidades: 21 502 270
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 103-114. ISSN: 0482-5748
104 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
Pasando ahora a considerar la tipología de piezas en su conjunto, las
más numerosas eran los esmeriles, seguidos por sacres y cañones. Y las más
demandadas, los cañones, culebrinas y sacres (tabla nº 6), que permitían
alcanzar mayor distancia de tiro.
Tabla nº 6. Artillería del reino de Sicilia, por tipología (1575)
Tipología Piezas existentes Piezas solicitadas Total teórico
Cañón 51 65 116
Cañón pedrero 20 80 100
Medio cañón 38 35 73
Medio cañón pedrero 2 0 2
Culebrina 20 19 39
Media culebrina 43 39 82
Sacre 108 32 150
Medio sacre 30 0 30
Falconete 27 0 27
Esmeril 156 0 156
Lombarda 1 0 1
Moyana 6 0 6
Total 502 270 772
Una segunda relación de análogas características, escrita por Bernar-
dino de Velasco al poco tiempo de haber sido nombrado capitán general de
la artillería del reino de Sicilia, cargo que había permanecido vacante duran-
te varios años56, ilustra también sobre la situación artillera de aquel reino. El
documento carece de datación aunque fue escrito con toda probabilidad en
1575.57 Su contenido es mayor en cantidad que el informe de autor anónimo
ya comentado, pues incluye la referencia a cinco plazas más, 26 en total. No
obstante, la calidad de la información que proporciona es más deficiente,
pues se limita únicamente a anotar el número de piezas para cada localiza-
ción, las cuales, sumadas todas, arrojan un total de 354 (tabla nº 7). Nada se
dice acerca de su tipología, ni tampoco especifica las que debían adquirirse,
si bien reconoce que serían necesarias “otras cien pieças de todas suertes
por lo menos para tener estas plaças razonablemente artilladas y aun no se si
bastarian”.58 En su opinión, pues, resultaban insuficientes las que había en
56 Ocupó este cargo el 21 de diciembre de 1574. García-Menacho y Osset, 1990: 167.
Lista
57 de las cibdades, plaças fuertes y castillos que ay en las costas y marinas del Reyno de
Siçilia que tienen al presente artilleria y de la cantidad della y de la que además aurian me-
nester para estar como deuen artilladas. AGS, Estado, 1144/76.
Ibidem.
58
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 104-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 105
aquel momento. Por otro lado, sus palabras traslucen un cierto malestar por
la poca colaboración que encontró en las autoridades locales para realizar
su trabajo, ya que no le facilitaron “copia de la menor cosa del mundo que
a la artilleria pertenezca”, cuando él sólo pretendía darles consejo y ayuda
para subsanar las deficiencias que observaba. Y aun hubo de hacer frente
Bernardino de Velasco a otra dificultad más: las inclemencias del tiempo,
que no le permitieron visitar la totalidad de las plazas previstas.59 Por todas
estas razones, reconoce que los cálculos pueden ser inexactos, y, de hecho,
se observan acusadas discrepancias con los facilitados por el anterior infor-
me, sobre todo en las estimaciones para las ciudades de Trapani, Marsala y
Messina y para el castillo de Milazzo, entre otras. Ello podría quizá aclarar
la diferencia de 148 piezas entre ambos informes.
Tabla nº 7. Artillería del reino de Sicilia (Bernardino de Velasco)
CIUDAD/FORTIFICACIÓN/CASTILLO Nº DE PIEZAS
Ciudad de Messina 68
Castillo del Salvatore (Messina) 11
Castillo de Gonzaga (Messina) 6
Castellazo (Messina) 7
Milazzo 8
Castillo de Milazzo 10
Ciudad de Cefalú 6
Termini 6
Ciudad de Catania 14
Castro Ursino o Svevo (Catania) 3
Castillos de Augusta 18
Ciudad de Siracusa 35
Castillo de Maniace (Siracusa) 7
Ciudad de Palermo 43
Castillo a Mare (Palermo) 10
Baluarte del muelle de Palermo 2
Ciudad de Trapani 34
Castillo de Trapani 18
Castillo de la Colombara (Trapani) 9
Ciudad de Marsala 11
Castillo de Marsala 6
Ibidem.
59
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 105-114. ISSN: 0482-5748
106 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
CIUDAD/FORTIFICACIÓN/CASTILLO Nº DE PIEZAS
Ciudad de Mazara 2
Castillo de Mazara 2
Sciacca 6
Torre del cargador de Agrigento 5
Castillo de Licata 7
TOTAL 354
Bernardino de Velasco critica también la deficiente calidad de parte
de este arsenal artillero, que califica como de “mal garbo, hechura y liga”60.
Las piezas de bronce salían “faltas de liga y proporción” porque los maes-
tros fundidores trabajaban según su criterio, sin ninguna supervisión o con-
trol. Las ruedas eran “baxas y gruesas de madera”, las cajas “o cureñas son
estrechas comunmente, los tablones hendidos la mayor parte dellos”, y las
guarniciones y herrajes son “del pior hierro que se puede hallar”. En cuanto
a la pólvora, acusa los usos fraudulentos que se daban en su fabricación,
para acabar con los cuales habría que emplear el llamado “ingenio y molino
del Rey”. E indica que se usaban algunas piezas procedentes de embarca-
ciones mercantiles, poco eficaces para su utilización en tierra. Esto apoya su
propuesta de elaborar otras nuevas a partir de las que estaban obsoletas. Y al
igual que el cardenal Granvela sugería para Nápoles, se inclinaba por fun-
dir las piezas in situ para ahorrar costes. En apoyo de su argumento, argüía
además que las traídas recientemente de Génova habían resultado ser de la
peor calidad, dada su deficiente composición, al no haberse supervisado la
aleación de los metales, como se hacía en las procedentes de Sicilia, y se
ofrecía él mismo a controlar el proceso de fabricación. Y opinaba asimismo
que el salitre, elemento indispensable para la elaboración de la pólvora, de-
bía obtenerse allí y no importarse de Nápoles, como era costumbre. En otro
documento suyo, vuelve a insistir en esos defectos de fabricación, afirman-
do que “las pieças de artilleria de bronçe salen faltas de liga y proporcion”
por la falta de vigilancia antes señalada durante el proceso, y añade además
otras consideraciones relativas a las cureñas, “estrechas [y] comumente los
tablones hendidos”; a las ruedas, “baxas y gruesas”; y a los herrajes, he-
chos con el “pior hierro que se puede hallar”.61 No alcanzaba a comprender
cómo habiendo materias primas para la elaboración de las piezas artilleras
se traían de otros lugares, y cita el caso del hierro vizcaíno.
Ibidem.
60
Relacion
61 de las hechuras de las ruedas y caxas o cureñas de la artilleria y de como estan guar-
necidas y herradas y de la raçon y proporción de las pieças que don Bernardino de Velasco a
hallado que se an hecho y fundido y labrado de poco aca en Sicilia. AGS, Estado, 1144/75.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 106-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 107
En el año 1576, se redactó un nuevo y detallado informe sobre el
parque artillero siciliano, que incluía además la pólvora y pelotas exis-
tentes en las dieciséis localidades analizadas.62 La suma arrojaba un total
de 363 piezas, dato más cercano a las estimaciones efectuadas por Ber-
nardino de Velasco. Los quintales de pólvora de que se disponían eran
1.534, diferenciando a veces si se trataban de la utilizada por cañones o
arcabuces. Las 77.954 balas que anota, bastantes de ellas antiguas e in-
servibles, completan la información sobre el estado del arsenal (tabla nº
8). El manuscrito menciona en su parte final algunos datos de interés con
relación a las bocas de fuego adquiridas en los últimos cinco años, bajo
el gobierno del duque de Terranova, a la sazón virrey de Sicilia. Señala
que, en dicho periodo, se fabricaron 61 nuevas, aunque este dato debe
ser corregido al alza, hasta los 67, cuando se suman los 45 cañones, 10
sacres, 6 medios cañones, 4 medias culebrinas y 2 pedreros, que destaca
como logro de este gobernante.63 Asimismo, indica la fabricación “de
dosçientos quintales de metal y de dos mill quintales de peloteria” para
los diferentes tipos de piezas.64 La Corona corría con los gastos de las
existentes en los castillos en tanto que las ciudades –como Palermo,65
Messina y Catania-costeaban las suyas propias, además de pagar el
sueldo de oficiales y artilleros. Sólo se exceptuaban Trapani, Siracusa
y Milazzo por escasez de recursos -señalada también en anteriores re-
laciones-, aunque reconoce que, en ocasiones, habían contribuido a su
mantenimiento, pese a sus limitados recursos.
Relaçion
62 de toda el artilleria, poluora y balas que ay en los presidios del Reyno de Siçilia,
assi en los castillos como en las çiudades y a cargo de quien esta proueer dellas, y asimis-
mo el artilleria que se ha hecho de çinco años a esta parte en las funderías deste Reyno, y
lo que se ha comprado de diuersas personas. Termini, 12 de abril de 1576. AGS, Estado,
1145/129.
63 Posteriormente, el propio duque de Terranova volvía a destacar la fabricación de estas 67
piezas, en una carta que escribió al monarca Felipe II. Y señalaba ahora las cualidades de esta
nueva artillería, “mas seguras y de mas peso”, al estilo de las que se hacían en Milán, con
calibres similares a las demás piezas del reino. Carta del duque de Terranova al rey acerca de
la artillería de Sicilia. Termini, 30 de abril de 1578. AGS, Estado, 1145/67.
64 Ibidem.
65 Llama la atención que Palermo -cuyo número de piezas se situaba entre 43 y 45, y para la
cual se solicita el mayor incremento, hasta un total de 68-, ve muy disminuido su parque
artillero en un documento anónimo, sin fecha, y escrito en italiano, que relaciona las
armas y munición de esta ciudad. Según el mismo, contaba tan solo con 4 medias cule-
brinas, 20 cañones pedreros, 2 sacres y 1 cañón, cifras bastante alejadas de las propor-
cionadas en los anteriores informes. Asimismo anota que este arsenal contaba con 2.600
balas para las medias culebrinas, 440 para cañones, 2.300 para medios cañones y 2.500
para sacres. 4.000 arcabuces y 500 mosquetes completaban el armamento de fuego allí
existente. Relacion de las armas y municion que existen en la ciudad de Palermo. AGS,
Estado, 1144/24.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 107-114. ISSN: 0482-5748
108 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
Tabla nº 8. Artillería del reino de Sicilia (1576)
Ciudad / Fortificación Pólvora Balas
Piezas existentes Total
/ Castillo (quintales) (unidades)
20 cañones
15.000
2 medias culebrinas 300
Castillo a Mare muy antigua
1 medio cañón 34 200 arcabuz,
(Palermo) y de poco
5 sacres 100 cañón
uso
6 pedreros
2 culebrinas
5 medias culebrinas
3 cañones
8 sacres
45 (con
1 medio sacre
Ciudad de Palermo errata, 150 6.450
9 falconetes
58)
Procedente de Génova
1 cañón
4 sacres
12 pedreros
1 cañón serpentino
1 culebrina
1 media culebrina
Castillo de Trapani 13 8 1.290
1 medio cañón
3 sacres
6 pedreros
7 cañones
2 culebrinas
1 medio cañón 51 4.700
Ciudad de Trapani 4 sacres 25 deben 1.000 en
3 medios sacres refinarse servicio
3 moyanas
5 piezas pequeñas
2 medias culebrinas
2 sacres
Castillo de la 2 pedreros
9 5 s/d
Colombara (Trapani) 1 moyana
1 falconete
1 medio sacre
3 medias culebrinas
4 sacres
3.000
3 medios sacres
Marsala 15 40 algunas
1 medio cañón
inservibles
1 moyana ochavada
3 falconetes
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 108-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 109
Ciudad / Fortificación Pólvora Balas
Piezas existentes Total
/ Castillo (quintales) (unidades)
2 cañones sutiles
Castillo de Licata 7 22 1.100
5 sacres
1 culebrina reforzada
1 culebrina sutil
2 cañones
1 media culebrina Incluidas Incluidas
Castillo Maniace 1 medio cañón en las de la en las de la
8
(Siracusa) 1 sacre ciudad de ciudad de
1 lombarda gruesa con Siracusa Siracusa
cámara de bronce
Otras lombardas de
hierro (no incluidas)
5 cañones 300
7 medias culebrinas 180 cañón,
Ciudad de Siracusa 2 medios cañones 36 120 arcabuz 10.000
17 sacres En parte debe
5 falconetes refinarse
5 cañones
Fuertes de Augusta 2 medias culebrinas
(Castro García, Ávalos, 11 sacres
18 104 1.101
la Victoria y castillo Procedente de Génova
viejo) 4 cañones (todavía no
recibidos)
4 medios cañones
Catania, castillo y 4 medias culebrinas
19 43 1.100
ciudad 9 sacres
2 falconetes
4 cañones
10 medias culebrinas
Castillos de Messina
3 medios cañones 20.000
(Salvatore, Gonzaga,
4 sacres 29 363 Muchas
Matagrifone y
3 falconetes inservibles
Castellazo)
2 cañones pedreros
3 moyanas
17 cañones
8 medias culebrinas
15 medios cañones
82 (con 10.000
24 sacres
Ciudad de Messina errata, 90 Muchas
3 moyanas
85) inservibles
3 cañones pedreros
4 medios sacres
8 falconetes
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 109-114. ISSN: 0482-5748
110 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
Ciudad / Fortificación Pólvora Balas
Piezas existentes Total
/ Castillo (quintales) (unidades)
1 media culebrina
53
1 medio cañón
Castillo de Milazzo 7 48 cañón, 5 3.897
2 sacres
arcabuz
3 falconetes
1 culebrina
2 medias culebrinas Se provee Se provee
Tierra de Milazzo 4 sacres 10 del castillo de del castillo
2 moyanas Milazzo de Milazzo
1 falconete
316 (con
errata, 216)
1 cañón de 35 libras
45 cañón,
Fuerte del cargador de 3 sacres
6 5 160 sacre,
Agrigento 1 media culebrina
71 media
1 falconete
culebrina,
40 falconete
Nº de lugares: 16 363 1.534 77.954
Por lo que respecta a los tipos de piezas, el informe de 1576 señala
los siguientes:
Tabla nº 9. Artillería del reino de Sicilia, por tipología (1576)
Tipología Nº de piezas
Cañones 68
Medios cañones 30
Culebrinas 8
Medias culebrinas 49
Sacres 103
Medios sacres 19
Falconetes 36
Pedreros 31
Moyanas 13
Lombardas 1
Piezas pequeñas 5
Total 363
Ahora bien, la artillería siciliana debió ser más numerosa que la
recogida en esta anónima relación si se hubiera computado los muchos
“esmeriles y lombardas ansi de hierro colado como de martillo que siruen
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 110-114. ISSN: 0482-5748
LA ARTILLERÍA DE LOS REINOS DE NÁPOLES Y DE SICILIA EN ... 111
en reuellines y traueses”, los cuales no se incluyen en el informe por pre-
tender indicar sólo la que era “de prouecho”.66 Y otro tanto ocurriría con
las diferencias de datos existentes en el informe anónimo de 1575, donde
a veces no se incluyen los esmeriles en las estimaciones parciales. De
contabilizarlos, sus datos estarían más próximos a los que facilitan otros
informes precedentes.
En los documentos anteriores, sus autores -conocidos o anónimos-,
reclaman para el litoral siciliano una situación de defensa suficiente ante
cualquier posible ataque enemigo, solicitando una mayor dotación artille-
ra. Pero en otros, es la propia vida de la milicia en la isla lo que tratan de
mejorar, reformando alguna de sus instituciones, como hizo el duque de
Terranova con sus ordenanzas acerca de la disciplina a observar por la in-
fantería española allí desplazada, escritas en italiano, y cuyo original posee
el Archivo de Simancas, acompañado de su traducción española.
CONCLUSIONES
El temor a que pudieran producirse incursiones de la flota turco-ber-
berisca en Nápoles y Sicilia continuaba latente en los años 1575 y 1576, so-
bre todo a partir de ser conquistada la Goleta. Por ello, todo lo concerniente
a la situación militar defensiva de esos reinos fue del máximo interés para
sus virreyes. De ahí los detallados informes acerca de los recursos artilleros
de ambos territorios, redactados por los capitanes generales de este Arma
Pedro Díaz Carrillo de Quesada y Bernardino de Velasco, los cuales y otros
anónimos, coetáneos a aquellas relaciones, se conservan, en su mayor parte,
en el Archivo General de Simancas. A la luz de todos ellos, podemos afir-
mar que, en Nápoles, las bocas de fuego existentes ascendían a 1.350 y, en
Sicilia, rondaban las 360, cuyo arsenal tenía además 1.580 quintales de pól-
vora de arcabuz y de cañón y 78.000 balas. Asimismo, dicha documentación
facilita información de interés sobre otras cuestiones: número de artilleros,
mantenimiento de las piezas –compartidas entre la Corona y la aristocracia
local o las ciudades-, procedencia de las mismas, necesidad de incrementar
el parque artillero en diferentes localidades, y otros datos técnicos sobre ca-
libres y aleación. Es de destacar que los dos capitanes generales se muestren
partidarios en sus informes de fabricar los cañones en sus respectivos reinos,
en lugar de importarlos de Milán o Génova, por el ahorro económico que
ello suponía.
Relaçion
66 de toda el artilleria... AGS, Estado, 1145/129.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 111-114. ISSN: 0482-5748
112 RICARDO GONZÁLEZ CASTRILLO
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Recibido: 14/05/2018
Aceptado: 12/12/2018
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 113-114. ISSN: 0482-5748
On recruitment for War in the Middle Ages Iberian Kingdoms: generali-
ties and ways of exemption or restriction, by Mr. Pablo MARTÍN PRIETO,
Department of American and Medieval History and Historiographic Scienc-
es. Geographical and Historical Faculty, Complutense University of Madrid
Revista de Historia Militar
Número 127 (2020), pp. 115-142
ISSN: 0482-5748
RHM.04
Sobre el reclutamiento para la guerra en los Reinos Ibéricos Medie-
vales: generalidades y formas de exención o restricción, por don Pablo
MARTÍN PRIETO, Departamento de Historia de América y Medieval y
Ciencias Historiográficas, Facultad de Geografía e Historia, Universidad
Complutense de Madrid
SOBRE EL RECLUTAMIENTO
PARA LA GUERRA EN LOS REINOS IBÉRICOS
MEDIEVALES: GENERALIDADES
Y FORMAS DE EXENCIÓN O RESTRICCIÓN
Pablo MARTÍN PRIETO1
RESUMEN
Se trata en este artículo de los distintos tipos de restricciones y exen-
ciones a los deberes militares generales de la población de los reinos cris-
tianos ibéricos de la Edad Media. Una vez establecido el marco general de
las obligaciones militares a las que la población estaba sujeta de manera
general, de acuerdo con la condición personal y social de cada cual, se ob-
tiene una visión más clara y una mejor comprensión de las distintas clases
de exenciones y restricciones a dichas obligaciones militares generales, de
acuerdo con el testimonio de los fueros, cartas de población y otras fuentes
medievales relacionadas. De esta forma, se examina el alcance de las restric-
ciones generales y privilegiadas a la regla general, gracias a una selección
de ejemplos interesantes.
1 PabloMartín Prieto, Departamento de Historia de América y Medieval y Ciencias Historio-
gráficas, Facultad de Geografía e Historia, Universidad Complutense de Madrid. C/ Profesor
Aranguren, s/n. 28040 Madrid. C. e.: pablomartinprieto@[Link]
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 115-142. ISSN: 0482-5748
116 PABLO MARTÍN PRIETO
PALABRAS CLAVE: Península Ibérica. Edad Media. Reclutamiento.
Hueste. Cabalgada. Exención. Restricción.
ABSTRACT
This paper is concerned with several kinds of restrictions and ex-
emptions to the general military obligations of the population of the Ibe-
rian Christian kingdoms in the Middle Ages. Once established the general
framework of the military obligations to which the people was generally
subject to, according to the personal and social condition of each one, we
can get a better view and understanding of the various kinds of exemptions
and restrictions to those general military obligations, as stated in the fueros,
population charters and other related medieval sources. Thus, the scope of
both general and privileged restrictions to the general rule is examined here
by means of a selection of interesting examples.
KEY WORDS: Iberian Peninsula. Middle Ages. Recruitment. Hueste.
Cabalgada. Exemption. Restriction.
*****
INTRODUCCIÓN
D
entro del marco general de las instituciones y formas de organiza-
ción social relacionadas con el hecho de la defensa y el esfuerzo
bélico de los reinos ibéricos cristianos medievales, durante el largo
periodo y proceso histórico que comúnmente se identifica con la Reconquis-
ta, reviste gran interés el tratamiento que se da a esa temática en las fuentes
escritas de la época. La fragmentación, la parquedad y el carácter proble-
mático de la documentación conservada (en relación con las circunstancias
en torno a su autenticidad, pero también en otros sentidos) hacen que dicho
marco general de las realidades que de forma más o menos amplia se rela-
cionan con la organización militar haya debido establecerse, en una variedad
de estudios, mediante el cruce y comparación de las informaciones dispo-
nibles en cada texto: fueros, cartas de población y de franquicia, privilegios
de diverso carácter. Siempre tiene algo de artificiosidad, en consecuencia, el
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 116-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 117
empeño de trazar un panorama que se pretende sea de validez general, sobre
este o aquel aspecto; y en todo caso, el valor de las conclusiones extraídas
de este modo, con el indispensable grado de simplificación de toda síntesis
histórica, siempre ha de contrastarse con la especificación más por menudo
de la casuística y las diferencias de detalle que los documentos permiten
conocer, de acuerdo con los diferentes lugares y momentos temporales.
El objetivo del presente trabajo es pasar revista a una selección,
que en modo alguno se acerca a ser exhaustiva, pero entendemos que su-
ficientemente ilustrativa y representativa, de textos medievales en los que
se documentan varios tipos de restricción y exención referidos a las obli-
gaciones militares generales de la población. Sobre la base de una sucinta
evocación del modelo tradicional de organización militar y reclutamien-
to vigente en los reinos ibéricos de la época, procederemos a ordenar de
acuerdo a un sencillo esquema esa colección de ejemplos (extraídos de
textos normativos de carácter foral en sentido amplio: fueros, cartas de po-
blación y de franquicia, y otros documentos semejantes). La intención es
que la selección resultante permita observar y extraer conclusiones sobre
la evolución y las diferencias de implementación concreta, en diferentes
momentos y lugares, del reclutamiento armado de los distintos colectivos
implicados en las tareas de la defensa, tal como las fuentes normativas de
la época permiten conocerlo. Se facilita así un enfoque analítico y com-
parativo que permite apreciar, como en negativo, por contraste con las
restricciones y exenciones recogidas aquí, el alcance del mismo marco
general al que las excepciones se refieren.
ORGANIZACIÓN MILITAR EN LOS REINOS IBÉRICOS
DURANTE LA EDAD MEDIA: CONSIDERACIONES GENERALES
Entrando a analizar y describir los principios generales y las líneas
maestras de ejecución de los modelos de organización de la actividad militar
en el conjunto de los reinos cristianos peninsulares durante los siglos de la
Edad Media, se impone en primer lugar atender a la procedencia y la calidad
de las fuentes y noticias que han de servir para procurar su conocimiento.
Consideradas en su conjunto, las fuentes útiles para obtener noticias de in-
terés militar en los siglos medievales son no solamente variadas y hetero-
géneas en su conformación, sino fundamentalmente diferentes por épocas.
Si se comparan los primeros con los últimos siglos de la Edad Media, se
impone por sí sola la evidencia de que con el paso del tiempo las fuentes
escritas van claramente a más.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 117-142. ISSN: 0482-5748
118 PABLO MARTÍN PRIETO
El primer Derecho es oral, hablado: largamente indocumentado, vive
en la memoria y sólo tardíamente se llega a poner por escrito en parte, con
la forma de distintas tipologías documentales, como las cartas y libros de
fuero, cartas de franquicia o de población, y privilegios de distintos tipos.
El fuero de un lugar recoge sobre todo las especialidades del Derecho local
y privilegios (concesiones privilegiadas) que afectan a dicho lugar; ello se
destaca, como la figura sobre el fondo, sobre el marco más general de los
usos y costumbres de la tierra (el Derecho territorial, del que también habrá
redacciones, tardías por lo general, como por ejemplo el Libro de los Fueros
de Castiella y el Fuero Viejo de Castilla). Todo esto define el marco jurí-
dico tradicional (forero) general, y dentro del mismo, las normas que rigen
el despliegue de la actividad militar. Así pues, dentro de las coordenadas
que definen con carácter general las obligaciones militares y demás normas
para la organización del esfuerzo bélico en los reinos cristianos ibéricos,
según este modelo que podemos denominar tradicional o forero, las costum-
bres y especialidades distintivas de cada lugar, de acuerdo con los fueros y
privilegios que le son propios, determinan algunas diferencias interesantes,
susceptibles de un estudio crítico pormenorizado para tratar de precisar las
formas y peculiaridades que reviste la organización militar en cada caso.
Con la necesaria simplificación de la síntesis histórica, podemos sen-
tar unos principios generales que definen en sus grandes coordenadas este
modelo de organización militar que venimos llamando tradicional, en el
contexto de la España medieval. No hay en la época lo que hoy llamaríamos
ejércitos permanentes, sino efectivos que se reclutaban o convocaban y reu-
nían para cada acción o empresa, según las necesidades del caso. La clave de
bóveda por referencia a la cual se comprende y explica toda la organización
militar es el mando supremo del rey, a quien compete decidir legítimamente
sobre la guerra y la paz, y en cuyo nombre se hace en cada momento el lla-
mamiento a las armas. Como delegados y subordinados suyos en lo militar,
los señores en sus señoríos (ya sean nobles laicos o eclesiásticos con juris-
dicción, sin olvidar el caso especial de las órdenes militares) y las autorida-
des locales en los municipios o concejos (dominus terrae, juez, alcaldes),
movilizan las mesnadas señoriales y milicias concejiles, que reúnen y ponen
a las órdenes del rey (o de quien en su nombre esté al frente de la campaña:
frecuentemente, el armiger regis o alférez real).
Con carácter general, la obligación de servir con las armas cuando es
necesario alcanza potencialmente a todos (los varones libres no impedidos
en edad militar). Se ha querido buscar en el Derecho germánico y primitivo
el origen de esa generalidad del deber militar, como afectando característi-
camente a la totalidad del pueblo en armas; la legislación militar de Wamba,
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 118-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 119
recogida en el Liber iudiciorum (libro 9, título 2, ley 9; en adelante: 9.2.9),
buscando impulsar la amplitud social del reclutamiento, lo hizo extensivo a
“godos y romanos”, incluyendo a los siervos (o esclavos), si bien regulacio-
nes posteriores también de época visigótica (Ervigio-Égica) especificarán
que los señores acudan al llamamiento únicamente con una décima parte
de los siervos a ellos sometidos2. Tras la ruina del reino visigótico, con la
instalación de los núcleos cristianos enfrentados a la dominación musul-
mana en el norte peninsular debió regir un criterio de colaboración general
de la población en las tareas relacionadas con la defensa, al menos en los
primeros tiempos de su historia. Con el tiempo, el aumento en extensión
(pronto significativo) de tales núcleos o reinos cristianos motivará el que,
según las distintas empresas o acciones y necesidades militares, se vaya res-
tringiendo en la práctica el alcance real de este deber militar potencialmente
general con exenciones de distinto tipo3. Por ejemplo: las acciones de guerra
defensiva requieren movilizar potencialmente a todos; para las de guerra
ofensiva, más susceptibles de planificación, se tenderá antes a prescindir
de los peones que de los caballeros, como en seguida veremos con mayor
detalle. Finalmente, a partir del siglo XIII, la misma evolución del sistema,
por la extensión de las exenciones que cada vez alcanzan a más sectores de
la población, determinará que este modelo militar tradicional o forero vaya
quedando en parte obsoleto o superado por la realidad, y de ahí se pasará,
ya sobre todo en el siglo XIV, al modelo de reclutamiento mercenario o
asoldado, cuyo desarrollo y madurez excede los límites de nuestro presente
estudio.
Dentro del modelo tradicional, el que sirve lo hace a su costa en prin-
cipio y con carácter general, recibiendo a cargo de la organización de la
empresa (el rey o señor, o el municipio en el caso de las milicias concejiles)
la necesaria manutención durante el tiempo de servicio y en su caso indem-
nizaciones por las pérdidas (de monturas o de armas y efectos) y heridas
sufridas (del mismo combatiente o de su montura), y con la esperanza de
poder participar, en su caso, en los beneficios materiales de la operación
(el reparto del botín, los repartimientos de las tierras conquistadas…). Los
caballeros, por su parte, están obligados en principio a servir por la tierra
2 Palomeque Torres, Antonio: “Contribución al estudio del Ejército en los Estados de la Recon-
quista”, en Anuario de Historia del Derecho Español, no. 15, 1944, pp. 205-351 [208-212].
3 “El deber de ir a la guerra […] incumbía a todos […]. En la práctica esta obligación general
resultaba inaplicable […]. En consecuencia, desde muy pronto se fueron introduciendo me-
canismos de corrección y de selección que ajustaban el principio teórico a las posibilidades
organizativas reales”: García Fitz, Francisco: “La Reconquista y la formación de la España
medieval (de mediados del s. XI a mediados del s. XIII)”, en Ladero Quesada, Miguel Ángel
(coord.): Historia militar de España. II. Edad Media, Madrid, 2010, pp. 141-215 [143].
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 119-142. ISSN: 0482-5748
120 PABLO MARTÍN PRIETO
(autoridad señorial y rentas, o cantidades dinerarias) que tienen del rey (pro-
pietario general y eminente del reino), según unas condiciones prefijadas y
por un tiempo de servicio determinado: más allá de ese tiempo el rey debe
procurarles medios extra de mantenimiento si quiere conservarlos a su ser-
vicio (acostamientos, caballerías, mesnaderías…).
EMPRESAS MILITARES: PRINCIPALES MODALIDADES
Por lo que toca a las distintas formas o modalidades de acciones mili-
tares, se impone considerar la riqueza de vocabulario asociado a las mismas,
con la constatación de que no en todos los textos estudiados significan los
diferentes términos exactamente lo mismo (pudiéndose observar, a este res-
pecto, diferencias locales y temporales). Las diferentes modalidades de que
se trata entrañan diferencias por lo que se refiere al alcance del llamamiento,
las obligaciones de servicio de los convocados, y concretamente a su regu-
lación y organización.
Relacionadas con la guerra ofensiva se citan términos como hues-
te, fonsado y cabalgada. Tradicionalmente muchos autores han distinguido
entre la empresa denominada hueste como la acción de guerra ofensiva de
máximo rango, preparación y envergadura, asociada típicamente a la lid o
batalla campal y a los cercos de villa o castillo, bajo la dirección del rey o
señor; y el fonsado como una acción semejante pero de alcance más limita-
do (en envergadura o de ámbito más corto). De acuerdo con esta distinción,
pertenecería a la acción de hueste la mayor generalidad o amplitud de efec-
tivos, y a la acción de fonsado le podrían afectar mayores exenciones (así,
cuando en algunos fueros se precisa que sólo los caballeros, y no los peones,
están obligados a acudir a fonsado – vid. infra). Otro punto de vista implica,
por el contrario, que hueste y fonsado son dos denominaciones alternativas
o equivalentes para una misma realidad, que por encima de esa distinción,
muchas veces convencional y desprovista de carácter sistemático, se podría
designar genéricamente como exercitum4. Más clara distinción tiene la de-
nominada cabalgada, acción rápida de guerra ofensiva (típicamente, “co-
rrer la tierra”, realizar incursiones audaces por sorpresa en terreno enemigo
para devastar y tomar botín): como su mismo nombre indica, la cabalgada
compromete el protagonismo de los caballeros (si bien algún fuero también
contempla la participación de peones en acciones de este tipo – vid. infra).
4 Jimeno Aranguren, Roldán: “Servicio de armas en los fueros medievales de Vasconia: fonsado/
hueste, cabalgada y apellido”, en Iura Vasconiae, no. 4, 2007, pp. 33-66 [37-39].
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 120-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 121
Con la guerra defensiva se relaciona el apellido5, acción de emergen-
cia ante un ataque enemigo, no planificada en detalle o cada vez, sino en
general (de acuerdo a unas previsiones de procedimiento regladas de ante-
mano), y que compromete con carácter local el esfuerzo de todos los efecti-
vos que sea posible movilizar con la rapidez exigida por las circunstancias,
en el lugar afectado.6
LOS EFECTIVOS
Al objeto de considerar las particularidades del reclutamiento o lla-
mamiento a las armas, conviene tener en cuenta primeramente la diferen-
ciación entre distintos tipos de efectivos, con las distintas condiciones de
servicio que les afectan.
Los caballeros son aquellos que combaten a caballo, pero no solos, sino
acompañados y asistidos usualmente de otros hombres de su casa (escuderos,
mozos). La especialización da lugar al oficio de caballero, con profundas im-
plicaciones en el terreno de la condición social7, vinculadas con el desarrollo
de una ética e ideología de la caballería; en España, reviste adicionalmente
notable protagonismo la caballería popular o villana (esto es, formada por no
nobles en origen, con los hombres libres capaces de acudir a la guerra a caba-
llo dentro de las milicias concejiles). La posesión de caballo y armas propias
del oficio es requisito para alcanzar y mantener la condición y oficio de caba-
llero; a cambio, dicha condición da derecho a exenciones fiscales y derechos
especiales de participación política en el seno de los concejos, junto con algu-
nas otras ventajas o compensaciones. En la 2ª Partida (2.21.12) se enumera
en negativo una serie de requisitos personales al recordar quiénes en ningún
caso pueden ser caballeros: mujeres, hombres de religión, locos, menores de
edad, pobres, mutilados o impedidos, mercaderes, traidores, condenados por
la justicia, o quienes buscan acceder al oficio por compra (como una suerte
de simonía laica): en realidad, las más de estas causas de exclusión se pueden
hacer extensivas a cualquier servicio de armas en general.
5 “Apellido tanto quiere dezir como boz de llamamiento que fazen los ombres para ayuntarse e
defender lo suyo quando resçiben danno o fuerça”: Partidas, 2.26.24.
6 [El apellido] “competía en primer lugar a los propios habitantes del enclave atacado”: Torres
Sevilla, Margarita: “La España del Norte (siglos VIII a XI)”, en Ladero Quesada: Historia
militar de España. II, op. cit., pp. 109-140 [114].
7 Es corriente en España traducir el estado de los bellatores o defensores, de la conocida imagen
social trifuncional, por caballeros (como los milites por excelencia). Así, por ejemplo, se los
considera “uno de los tres estados instituidos por Dios” en la introducción al título 21 de la 2ª
de las Partidas.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 121-142. ISSN: 0482-5748
122 PABLO MARTÍN PRIETO
Los caballeros son los más indispensables para las operaciones milita-
res ofensivas y planificadas (hueste, fonsado, cabalgada); por lo mismo, los
menos afectados en principio por causas de exención para tomar parte en ellas.
En algunos fueros (por ejemplo, en Castilla: Lara8, Uclés9; en Aragón: Calata-
yud10; en Navarra: Carcastillo11, Marañón12; en Portugal: Troncoso13) se obli-
ga a acudir a fonsado a una tercera parte de los caballeros (entendiéndose que
mediaría algún tipo de rotación y que los no llamados en cada ocasión realiza-
rían labores de guardia en sus lugares de origen); en otros fueros (en Castilla:
Peñafiel14, Guadalajara15; en Portugal: Covilha, Penamacor, Sortelha, Idhana,
Salvaterra16) son dos tercios los caballeros que acuden; en otros, en fin, no se
indican los porcentajes, pareciendo presuponerse la participación de todos los
caballeros en las empresas, o dejar abierto el asunto de determinar según las
necesidades quiénes han de acudir en cada caso (Toledo17, Escalona18).
Está muy extendido el principio de que los caballeros están obli-
gados por su oficio y condición a socorrer militarmente al rey (o señor)
convocante de la hueste, fonsado o cabalgada, a su costa “con pan de tres
días” (como se indica en los fueros de Aragón19, en el Fuero General de
8 Muñoz Romero, Tomás: Colección de fueros municipales y cartas pueblas de los reinos de
Castilla, León, Corona de Aragón y Navarra, Madrid, 1847, p. 522: “Et homines de Lara, si
fuerint ad fonsato, tercia parte de civitate ad fonsato de rege veniat”.
9 González, Julio: El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII, Madrid, 1960, t. II, p. 519:
“Quando fuerit fonsato de rege […] vadant de vobis tercia pars de militibus in fonsato”.
10 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 460: “Et si habuerit dominus noster rex lite
campale, vadat tertia parte de illos cavalleros”.
11 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 470: “Caballeros de Carocastello baiant illa
tercera parte in fosado cum rege aut cum seniore”.
12 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 497: “tercia parte de los caballeiros ut vadant
a fosado”.
13 Palomeque Torres: “Contribución al estudio”, op. cit., p. 305, nota 289: “et faciant fossado la
tercia de los cavaleiros, et las duas partes stent in Troncoso”.
14 Andrés Tovar, Alfonso: “Peñafiel y su carta puebla”, en Boletín de la Real Academia de la
Historia, no. 66, 1915, pp. 366-379 [373].
15 Martín Prieto, Pablo: Los fueros de Guadalajara, Guadalajara, 2010, p. 21: “los cavalleros
vayan en hueste con el rey las dos partes, et la terçera parte finque en la çibdad”.
16 Palomeque Torres: “Contribución al estudio”, op. cit., p. 305, nota 290.
17 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 364: “Ad huc autem; et milites illorum non
faciant abnubdam, nisi uno fossato in anno”.
18 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 486: “Adhuc et milites non faciatis anubda,
nisi uno fosado in anno”.
19 Gargallo Moya, Antonio: Los Fueros de Aragón [según el ms. del Archivo Municipal de Mirave-
te de la Sierra (Teruel)], Zaragoza, 1992, pp. 135-136: “Primerament, manda e dize el fuero que,
si por aventura el sennor rey avia de entrar en canpo por fer batalla canpal con otro rey o con otro
princep o si por aventura el rey queria asitiar algun castiello real que furtado o forçado [fuesse],
todos los infançones d’Aragon, altos e baxos, son tenudos de seguir al rey como sennor dentro el
regno d’Aragon por tres dias con lures proprias despensas e, passados los III dias, en voluntat es
de los infançones si quieren allí remanir a la mission del rey o si se quieren tornar a lures casas”.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 122-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 123
Navarra20 y en numerosos fueros aragoneses, navarros y castellanos21);
transcurridos esos tres primeros días, los caballeros podían despedirse legíti-
mamente de su señor cuando éste no se ofreciera a procurarles otro manteni-
miento. La obligación de servicio de los caballeros se extiende a un periodo
más prolongado que los famosos tres días, para el caso de aquellos que tuvie-
ran del rey beneficios, rentas de la corona transferidas o feudos de bolsa (tie-
rra en Castilla, caballerías o mesnadas en Navarra22, honores en Aragón23).
Los peones24 están sujetos a participar en acciones guerreras en vir-
tud del deber general de servicio militar que alcanza potencialmente a todo
varón capaz (apto y en edad); sin embargo, en comparación con la presencia
en las empresas militares de los caballeros, a los peones les afectan más
comúnmente distintas causas de exención en fueros y privilegios: no es que
los peones sean menos necesarios que los caballeros (cuanto menos, a cada
caballero le acompañan algunos hombres a pie), sino mucho más abundan-
tes, razón por la que no se requiere tanto la participación de todos. Resulta
interesante comprobar en las fuentes medievales diferencias substanciales
de valoración del esfuerzo y capacidad de los peones: así, por ejemplo, si
en el Libro de los doze sabios (de época de Fernando III) se menosprecia
la aportación de las milicias concejiles y en general de gentes no acostum-
bradas ni expertas en la guerra25, en las Partidas se considera a los peones
20 Utrilla Utrilla, Juan: El Fuero General de Navarra. Estudio y edición de las redacciones pro-
tosistemáticas (series A y B), Pamplona, 1987, t. I, p. 182: “Si al rey de Nauarra huest le entri-
diere en so tierra, e si passare la huest Ebro o Aragon contra Nauarra, si el pregon fuere por la
tierra, deuen yssir caueros et infançones de Nauarra, por fuero, et eir al rey et ser con conduito
de III dias. Empero si fuere el rey d’aquent Ebro o d’aquent Aragon, al tercero dia pueden
demandar conduyto al rey, e si el rey no los quisiere dar conduyto […] deue ser con eyl hata III
dias; de III dias ena suso si fuere a su casa non deue auer quereylla el rey”, y p. 268: “si huest
entridiere en Nauarra, et fuere pregonada la huest que uayan cauaylleros e yfançones, deuen
yr con pan de III dias, et de III dias arriba deue pensar el rey d’eyllos”.
21 Muñoz Romero, Colección de fueros, op. cit., p. 236: “Dono et concedo vobis […] ut non
eatis in hostem nisi cum pane dierum trium” (fuero de Jaca); p. 330: “Et mando a vos que no
vayades en huest sino con pan de tres dies” (fuero de Arguedas); p. 418: “Et omnis […] quod
sint ibi mecum cum pane trium dierum” (fueros de Tudela); p. 449: “Quod vadat ad lite cam-
pale, et a sitio de castellum cum pane de tres dies” (fuero de Zaragoza); p. 470: “Pedon non
baiat in fonsado, nisi in cerca de rege, cum pane de III dies” (fuero de Carcastillo).
22 Fernández de Larrea Rojas, Jon Andoni: Guerra y sociedad en Navarra durante la Edad
Media, Bilbao, 1992, pp. 42-43.
23 Lacarra De Miguel, José María: “Honores y tenencias en Aragón, siglo XI”, en Cuadernos de
Historia de España, no. 45-46, 1967, pp. 151-190.
24 Sólo se los llamará infantes ya en época moderna (desde 1503, al parecer): Martínez Ruiz,
Enrique: “El ejército de los Austrias y sus ordenanzas”, en Revista de Historia Militar, no.
extraordinario, 2017, pp. 101-134 [107].
25 “Non deves fazer cuenta de la gente que […] non sabe que es tomar lança para ferir. Que
quando pensares que tienes algo, non tienes nada. Que de las gentes que van a pelear, los
flacos enbargan a los fuertes, e los cobardes fazen fuir a los buenos”: Libro de los doze sabios,
capítulo 33.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 123-142. ISSN: 0482-5748
124 PABLO MARTÍN PRIETO
“muy provechosos en las guerras”.26 Siempre hay lugar para ellos, aunque
tengan menor consideración social (lo que se ve en el reparto del botín) que
los caballeros. Con el tiempo, irán ganando protagonismo formas de com-
bate a pie, e importancia para la guerra ciertos combatientes que son peones
(arqueros, ballesteros)27. Típicamente, los peones informan el grueso de los
apellidos (a los que debe acudir todo hombre capaz) y son la excepción en
las cabalgadas (si bien algunos fueros atestiguan la participación de peones
en estas: así, por ejemplo, el de Zorita28 o los Fueros de Aragón29). En mu-
chos fueros y privilegios, los peones están exentos de fonsado (Carcastillo30,
Uclés31, Zorita32, Guadalajara33) o no se menciona su participación (Toledo,
Escalona).
EL RECLUTAMIENTO: PRINCIPIOS GENERALES
Como es sabido, en los tiempos medievales la iniciativa para la
convocatoria de efectivos militares pertenece al rey, primer miles y señor
de la guerra por antonomasia, máximo titular del mando y coordinación
de las operaciones militares, a quien pertenece la última decisión legíti-
ma sobre hacer la guerra y la paz. La decisión de movilizar más o menos
efectivos, de acuerdo con las características de la operación, se difunde
a través de cartas y pregones con el llamamiento a las armas. De acuerdo
con la obligación general de prestar servicio armado que potencialmente
alcanza a todos los varones aptos y en edad, lo propio es que acuda un
hombre por hogar (peón o caballero): ya sea el propio vecino o cabeza
26 “[Los peones] son muy provechosos en las guerras, ca en lugar pueden entrar los peones e
cosas cometer que non lo podrian fazer de cavallo”: Partidas, 2.22.5.
27 Es revelador el testimonio de una carta de Pedro IV de Aragón dirigida en 1369 al goberna-
dor de Valencia para que convocase huestes de los lugares entre Játiva y Valencia, en la que
se precisa que nadie pudiera alegar la falta de caballo para dejar de acudir al llamamiento,
porque previsiblemente, llegado el caso, el combate sería a pie: Ferrer Mallol, María Teresa:
“La organización militar en Cataluña en la Edad Media”, en Ladero Quesada, Miguel Ángel
(coord.): Conquistar y defender. Los recursos militares en la Edad Media hispánica. Revista
de Historia Militar, no. extraordinario, 2001, pp. 119-222 [206].
28 Ureña Smenjaud, Rafael: El fuero de Zorita de los Canes, Madrid, 1911, p. 299: “Los caualle-
ros olos peones que fueren exidos en caualgada […]”.
29 Gargallo Moya: Los fueros de Aragón, op. cit., p. 144: “Manda el fuero nuevo que omne
mesquino […] tenido es de yr en hueste e en cavalgada”.
30 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 470: “Pedon non baiat in fosado nisi in cerca
de rege”.
31 González: El reino de Castilla, op. cit., t. II, p. 519: “Pedones nullum fonsatum faciant”.
32 Ureña Smenjaud: El fuero de Zorita, op. cit., p. 419: “mas los peones no fagan fonsado ninguno”.
33 Martín Prieto: Los fueros de Guadalajara, op. cit., p. 20: “Aquellos peones de Guadalfaiara
non fagan fonsado”.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 124-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 125
de familia propietario de la casa34, u otro hombre por él, precisándose en
muchos textos que sea de casa y no alguien contratado al efecto: así, en
fueros como los de Cuenca y Teruel, donde se contempla que cuando el
señor de la casa sea viejo o enfermo, lo substituya un pariente suyo ca-
paz, hijo o sobrino, pero no hombre alquilado o mercenario35. También se
contempla en algún caso que la substitución tenga lugar simplemente si el
señor de la casa no quiere ir: así, en el fuero de Jaca36. Y en una carta de
franquicia concedida por Alfonso I de Aragón en 1110 a los habitantes de
Ejea, se dispone que cada cabeza de hogar tenga dispuesto en toda hora
un caballero o peón (según el estatuto personal del vecino en cuestión)
para combatir por él.37
En particular, la necesidad de asegurar la estabilidad del esfuerzo mi-
litar que cabe exigir y se obtiene de un lugar determinado, de acuerdo con el
reparto de efectivos entre peones y caballeros, hace que, como en esta carta
de franquicia de Ejea recién citada, en algunos fueros se atienda a imponer
que cuando un vecino se ausente de la población, deje en su lugar peón o ca-
ballero, según fuera él, para que llegado el caso pueda combatir reemplazán-
dolo, sin que por causa de dicha ausencia reciba merma el servicio esperado
(así, por ejemplo, en los fueros de Toledo y Guadalajara38).
34 Sánchez, Galo: Fueros castellanos de Soria y Alcalá de Henares, Madrid, 1919, p. 287: “In
fonsado real vaya dueno de su casa” (fuero de Alcalá).
35 Aznar Navarro, Francisco: Forum Turolii, Zaragoza, 1905, p. 229: “Dominus itaque domus
uadat in exercitu si compos fuerit, et pro nullo alio se excuset. Set si forte dominus domus
senex uel infirmus fuerit, mitat loco suo suum filium uel sobrinum potentem qui non sit mer-
cenarius”.
Ureña Smenjaud, Rafael: Fuero de Cuenca, Madrid, 1935, p. 636: “Dominus domus uadat in
exercitum et nullus alius pro eo. Set si dominus domus senex fuerit, mittat loco suo filium aut
sobrinum potentem de domo sua, qui non sit mercenarius”.
Ureña Smenjaud: El fuero de Zorita, op. cit., p. 282: “El sennor de casa uaya en hueste, et
no otro ninguno por el; et si por auentura el sennor de casa uieio fuere, enbie en su lugar su
fijo o su sobrino, que sea omne pora ello et de su casa, que non sea loguero. Los logadizos non
pueden escusar sus sennores dela yda dela hueste”.
Benavides Checa, José: El fuero de Plasencia, Roma, 1896, pp. 118-119: “El sennor de la
casa vaya en fonssado et ningun soldadero non vaya por el”.
36 Ledesma Rubio, María Luisa: Cartas de población del reino de Aragón en los siglos me-
dievales, Zaragoza, 1991, p. 27: “Et si domnus domum illuc non volet ire, mitat pro se uno
pedone armato”.
37 Ledesma Rubio: Cartas de población, op. cit., p. 51: “Et ilos qui estis caualleros quod tota ora
in tempus de guerra quod teneatis ibi singulos caualleros armatos, et illos qui estis pedones
singulos pedones armatos”.
38 García-Gallo, Alfonso: “Los fueros de Toledo”, en Anuario de Historia del Derecho Español,
no. 45, 1975, pp. 341-488 [475]: “Si quis vero […] quamcumque terram ire voluerit, relinquat
caballerum in domo sua, qui pro eo serviat intra tantum, et vadat cum Dei benedictione”.
Martín Prieto: Los fueros de Guadalajara, p. 20: “Otrosi, a todos los pobladores de Guadal-
faiara, et reçibieren alli casas […], si se quisieren yr […] a otras tierras […]: si fuere cavallero,
sirva por el otro cavallero; et si fuere peon, assi misma mientre faga”.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 125-142. ISSN: 0482-5748
126 PABLO MARTÍN PRIETO
EXCUSADOS DE SERVICIO MILITAR
Los ejemplos mencionados en el apartado anterior, relacionados con
la posibilidad de reemplazar en el llamamiento a las armas al señor de la
casa cuando éste estuviera incapacitado para el servicio por razón de edad
o enfermedad, nos conducen directamente a considerar aquellas razones de
carácter general que, como la citada, podían legítimamente excusar de acu-
dir a prestar el servicio de armas. Es necesario distinguir entre las causas ge-
nerales que excusan de prestar servicio militar y las exenciones particulares
de las que disfrutan concretamente los hombres de algunos lugares por vir-
tud de alguna concesión privilegiada recogida en fuero, carta de población o
de franquicia, u otro documento análogo.
La edad (y el sexo)
Como se ha visto, la edad avanzada era una dispensa habitual; la cues-
tión al respecto sería precisar un límite concreto: una edad a partir de la cual
un hombre quedaba exento de servicio militar para lo sucesivo. Podían ser
los sesenta años39, si bien para el caso de los caballeros las obligaciones mi-
litares podían prolongarse hasta edades más avanzadas: así, por ejemplo, en
Villanueva del Arzobispo, en 1423, se eximirá de mantener caballo, pero no
armas, a los mayores de setenta y cinco años40; a los mayores de sesenta y
cinco años, en 1444, de mantener caballo y armas en Cazorla y La Iruela, y en
el mismo año, de hacer alarde, a los de Iznatoraf41. En las Cortes castellanas
de Zamora de 1432 se fijará el límite de edad de los setenta años para cumplir
personalmente con la obligación de acudir al servicio tradicional de hueste
con caballo y armas42. Con todo, una corriente de opinión muy extendida en
la época, aconseja no dejar por ello de llevar a la guerra a los ancianos,43 cuyo
39 “El deber de servicio militar era general, alcanzaba a todos los vecinos varones de 16 a 60
años de edad”: Ladero Quesada, Miguel Ángel: “Baja Edad Media. 1250-1504”, en Ladero
Quesada: Historia militar de España. II, op. cit., pp. 217-377 [248].
40 García Guzmán, María del Mar: Colección diplomática del Ayuntamiento de Cazorla (1231-
1495), Cádiz, 1991, pp. 157-158.
41 García Guzmán: Colección, op. cit., pp. 236, 241-244.
42 Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla, t. III, Madrid, 1866, p. 144: “Los que fue-
ren de setenta annos arriba, non sean tenudos de yr por sus personas ala guerra, aun que toda
via sean tenudos de mantener cauallo e armas, e que enbien quien sirua por ellos ala guerra”.
43 “[Excusar de servicio militar a los viejos] no se entiende de aquellos que fuesen tan sabidores
que pudiesen ayudar por su seso a los de la hueste. Ca una de las cosas del mundo en que
mas son menester estos es en fecho de armas. E por esta razon los antiguos fazian engennos e
maestrias para levar consigo en las huestes los viejos que non podian cabalgar: para poderse
ayudar de su seso e de su consejo”: Partidas, 2.19.3.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 126-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 127
consejo experto puede ser de gran ayuda,44 y en todo caso debe preferirse al
parecer de los jóvenes (por la imprudencia de estos últimos45).
La exención por causa de edad también rige para los menores, a quie-
nes se menciona en numerosos textos forales, junto con las mujeres, como
colectivos al margen del llamamiento a las armas: así, por ejemplo, en los
fueros de Cuenca, Zorita de los Canes, Plasencia, y otros46. La edad mínima
para acudir se deduce (por relación con los exentos) en el fuero de Ledesma,
en los quince años47; en el de Usagre, en los veinte48. Aunque mencionar
a la mujer como no combatiente y nunca convocada entre los llamados a
las armas puede parecer una precaución innecesaria, se explica tanto por la
conveniencia de evitar cualquier duda a la hora de proceder al reparto del
botín, como en relación con las viudas: en muchos lugares se precisa que,
si bien la mujer viuda está exenta tanto de ir a fonsado como de pagar la
redención substitutoria (la fonsadera), no así lo está aquel hijo varón que
pueda tener y que, por ser de edad para ello, quede comprendido entre los
sujetos al llamamiento49.
44 “Fijo, quando ovieres tus huestes a sacar, / los viejos por los ninnos non dexes de llevar, / ca
dan firmes consejos que valen en lidiar” (consejo de Aristóteles a Alejandro Magno): Libro de
Alexandre, n. 61 (ed. Cañas Murillo, Jesús; Madrid, 1978, p. 106).
45 Rosell, Cayetano (ed.), Crónicas de los reyes de Castilla, t. II, Madrid, 1877; Crónica de Juan II,
año 1410, capítulo 12, p. 321: “De donde todos los que estan en guerra deben mucho mirar de no
tomar consejo de los mancebos, los quales con el ardideza e poca experiencia que tienen de los
hechos de armas, a las veces por se mostrar muy valientes ponen a si e a los otros en gran peligro”.
46 Ureña Smenjaud: Fuero de Cuenca, op. cit., p. 638: “Mulieres et pueri nequaquam eant in
exercitum, neque habeant portionem”.
Ureña Smenjaud: El fuero de Zorita, op. cit., p. 283: “Las mujeres et los moços non uayan
en hueste nin reçiban racion”.
Benavides Checa: El fuero de Plasencia, op. cit., p. 119: “Mujeres e ninnos non uayan en
fonsado ni prendan racion”.
47 Castro, Américo – Onís, Federico de: Fueros leoneses de Zamora, Salamanca, Ledesma y
Alba de Tormes, Madrid, 1916, p. 264: “Estos omes deuen escusar parientes de fonsado e de
apellido e de todo seruicio de conceyo: fijo de XV annos arriba o sobrino”.
48 Ureña Smenjaud, Rafael – Bonilla San Martín, Adolfo: Fuero de Usagre, Madrid, 1907, p.
105: “Tod omme que sobrino oviere en su casa sin soldar de medio anno a arriba que XX
annos aya, vaya en fonsado”.
49 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 290: “Vidua de Nagara que non habet filium
non debet uliam fossaderam, et si habet filium qui possit ire in apellido vel in fonsado, et non
fuerit ille, aut homo suus pro illo, pectet fonssaderam” (fuero de Nájera).
Sánchez: Fueros castellanos, op. cit., p. 319: “Vibda non vaia en fonsado nin peche fonsadera
si filio non oviere en su casa de edat; et fijo aviendo de edat, baia in fonsado” (fuero de Alcalá).
García López, Juan Catalina: El fuero de Brihuega, Madrid, 1887, p. 183: “Bibda no vaya
en fonsado, ni peche fonsaderas, si non oviere fijo en su casa que sea de edad; et fijo aviendo
de edad, vaya en fonsado”.
Hergueta, Narciso: “Fueros inéditos de Viguera y de Val de Funes, otorgados por don Alfon-
so el Batallador”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, no. 37, 1900, pp. 368-430 y
449-458 [402]: “Otrosi la viuda fara toda vezindat en la villa, fueras que no yra en la huest ni
en cavalgada, mas si dos oviere en su casa de heredat enviara el uno”.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 127-142. ISSN: 0482-5748
128 PABLO MARTÍN PRIETO
La enfermedad (propia y ajena)
Puesto que prestar el servicio armado requiere ser varón en edad y
apto (valiente, válido), esta última circunstancia, la salud, juega un papel
importante: los enfermos o impedidos quedan legítimamente exentos de
acudir al llamamiento. Por ejemplo, en el fuero de Llanes se excusa, sen-
cillamente, al enfermo de sus obligaciones militares50; en la familia de los
fueros de Cuenca se asimila como dispensa el estar enfermo y fuera del tér-
mino51; en el fuero de Béjar se excusa por enfermedad incluso al caballero
de acudir a apellido52.
Infortunios familiares
También se dispensa en muchos fueros a quienes tienen parientes
directos de casa enfermos: los padres, la esposa, o esta última encinta o en
trance de parto. Al respecto se observan algunas diferencias en los textos,
que ante todo pueden responder a formas de expresión: en los fueros de
Viguera y Val de Funes se excusa a quien tiene la mujer de parto o a los
padres moribundos53; en los fueros de Usagre y Coria, a quien tiene a su
esposa enferma guardando cama y al viudo durante los primeros quince
días tras el óbito de su mujer si tiene a su cargo hijos menores54; la viudez
reciente (de primer año) exime de acudir a fonsado en el fuero de Lla-
nes.55 Otro infortunio familiar que puede presentarse como excusa para no
50 Bonilla San Martín, Adolfo: “El fuero de Llanes”, en Revista de Ciencias Jurídicas y So-
ciales, no. 1, 1918, pp. 97-149 [117: “el que fuere enfermo non vaya en fonsado nin peche
fonsadera”].
51 Ureña Smenjaud: Fuero de Cuenca, op. cit., p. 636: “Omnes pedites similiter qui remanserint
pectent unum aureum, nisi fuerit infirmus, siue extra terminum”.
Ureña Smenjaud: El fuero de Zorita, op. cit., p. 282: “Todo peon que fincare peche I maraue-
di, si no fincare enfermo o fuera de termino”.
52 “Enfermo ni caballero non vaya en apellido”: Martín Lázaro, Antonio: “Fuero castellano de
Béjar”, en Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales, no. 8, 1925, pp. 107-244 [235].
53 Hergueta: “Fueros inéditos de Viguera y de Val de Funes”, op. cit., p. 403: “Et qualquiera
que toviere […] enfermos a muger, e los que tovieren sus mugeres en parto, o su padre o
su madre en ora de muert, por fuero escusados son de huest e de cavalgada”.
54 Ureña Smenjaud – Bonilla San Martín: Fuero de Usagre, op. cit., p. 105: “Tod omme a
qui su mugier le muriere XV dias ante del fonsado, si fijo o fija non oviere de edat, non
vaya en fonsado. Et si tovier la mugier lechigada non vaya en fonsado, fata que sane o
muera”. Redacción casi idéntica en Maldonado, José: El fuero de Coria, Madrid, 1949,
p. 81.
55 Bonilla San Martín: “El fuero de Llanes”, op. cit., p.117: “El que perdio la muger ese anno
non vaya en fonsado nin peche fonsadera”.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 128-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 129
prestar servicio militar es ser huérfano, como se indica, por ejemplo, en el
fuero de Brihuega56.
La pérdida del caballo
Se excusa asimismo en muchos textos a quienes tienen el caballo en-
fermo (Cuenca57, Zorita58) o en sentido más general, indispuesto, por no
tenerlo en el lugar59 o habérseles muerto recientemente60. En algunos fue-
ros, por economía de redacción, se cita en la misma frase (lo que hoy pare-
ce chocante) la enfermedad de la esposa y la del caballo como causas que
igualmente dispensan de prestar el servicio de armas61.
Clérigos
Precepto comunísimo es el que excusa a los clérigos de servir con
las armas: así se ilustra en diferentes textos, como los fueros de Molina62,
de Toledo63, el de Nájera64, o el de Daroca65, por ejemplo. Por lo demás,
es asunto complejo porque sobre las previsiones generales que vedan a los
56 García López: El fuero de Brihuega, op. cit., p. 188: “Vibda et huerphano […] non vayan en
fonsado ni peche fonsadera”.
57 Ureña Smenjaud, Fuero de Cuenca, op. cit., p. 674: “Miles etiam qui […] equm linentiosum
habuerit, non uadat in apellitum”.
58 Ureña Smenjaud: El fuero de Zorita, op. cit., p. 302: “El cavallero que su cavallo en alcaçer
toviere, o su cavallo toviere lenençiado o matado, non vaya en apellido”.
59 Ibidem, p. 274: “qui equm suum in uilla non habuerit, nichil pectet”.
60 Maldonado: El fuero de Coria, op. cit., p. 59: “A qui morier cavallo, sea escusado por un
anno”.
61 Ureña Smenjaud – Bonilla San Martín: Fuero de Usagre, op. cit., p. 125: “Tod omme que su
mulier oviere enferma o su caballo, non vaya en fonsado nin en apellido”.
Maldonado: El fuero de Coria, op. cit., p. 113: “Totus homo qui sua mulier habuerit infirma
aud suo cavallo non vadat in fonsado”.
Asimismo, en algunos fueros portugueses: Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., p.
289, nota 245.
62 Sancho Izquierdo, Miguel: El fuero de Molina de Aragón, Madrid, 1916, p. 74: “Todo clerigo
que en Molina morare non uaya en apellido nin en caualgada”.
63 García-Gallo: “Los fueros de Toledo”, op. cit., p. 463: “Deo tantum militent et serviant secun-
dum quod decet suum ordinem, et aliam militiam non cogantur exercere”.
64 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 290: “Clericus de Nagara non debent ire in
fonsado nec fonssadera pectare”.
65 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 535: “Clerici Darocae et aldearum suarum
non cogantur ire in exercitum, nec in apellitum”.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 129-142. ISSN: 0482-5748
130 PABLO MARTÍN PRIETO
hombres de Iglesia el servicio armado, se dibujan excepciones consolida-
das en contrario, en la tradición de los reinos hispánicos66.
Colectivos especiales
Por privilegio, algunos colectivos sociales diferenciados quedaban
exentos de servicio militar: por ejemplo, los collazos de la iglesia toleda-
na67; los de Alcalá68; los colonos y criados de Padrón69; los dependientes
(“vasallos”) de los canónigos de Santa María de Castrojeriz70. Caracterís-
ticamente, los mozárabes aragoneses fueron dispensados por Alfonso I el
Batallador de la obligación de combatir contra otros cristianos71.
Cometidos especiales
En el fuero de Teruel y la carta puebla de Albarracín se explicita que
los porteros de estas poblaciones quedan dispensados de todo servicio mi-
litar, sin duda por razón de la utilidad para la defensa del cometido que rea-
lizaban en las puertas de la muralla72. En los de Viguera y Val de Funes se
excusa de prestar el servicio de hueste y cabalgada por razón de desempeño
de oficio o cargo por cuenta del señor o del concejo73; el fuero de Estella
66 Hernández Orozco, Joaquín: “La exención del servicio militar de clérigos y religiosos”, en
Revista Española de Derecho Militar, no. 10, 1960, pp. 37-111. Sánchez Prieto, Ana Belén:
Guerra y guerreros en España según las fuentes canónicas de la Edad Media, Madrid,
1990.
67 Muñoz Romero, Colección de fueros, op. cit., p. 386: “Absolvo itaque omnes habitatores
[…] et expeditione, et fossado, excepto regio exercitu in quo regem in propia persona ire
contigerit”.
68 Sánchez: Fueros castellanos, op. cit., p. 62: “Nullus omne non embie su colazo en fonsado”
(fuero de Alcalá).
69 López Ferreiro, Antonio: Fueros municipales de Santiago y de su tierra, Santiago de Compos-
tela, 1895, t. I, p. 156: “Todos vuestros colonos […] no den fonsadera ni vayan en fonsado”.
70 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 37: “los vasallos de los canónigos de Santa
Maria de Castro non vayan en fonsado nin pechen fonsada ninguna”.
71 Ledesma Rubio: Cartas de población, op. cit., p. 66: “Et quod non faciatis mihi hoste nec ca-
valcada super christianos” (carta de franquicia de Alfonso I a mozárabes, 1126); p. 81: “quod
non faciatis mihi hostes, nec cabalcatas super christianos” (carta de franquicia de Alfonso I a
mozárabes, 1132).
72 Aznar Navarro: Forum Turolii, op. cit., p. 60: “Quod omnes ianitores huius uille sint […]
solutus itaque ab omni apellito uel exercitu”.
Riba García, Carlos: Carta de población de la ciudad de Albarracín, Zaragoza, 1915, p. 45:
“Mando encara que todos los porteros de la villa […] sea suelto de todo apellido et caualgada”.
73 Hergueta: “Fueros inéditos de Viguera y de Val de Funes”, op. cit., p. 403: “Et qualquiera que
toviere officio por seynnor o por consejo […] por fuero escusados son huest e de cavalgada”.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 130-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 131
libera de servicio militar a los doce jurados del concejo durante el tiempo de
su desempeño74; y en el fuero de Avilés se exime de servicio a los guardas
del haber del concejo75.
Circunstancias especiales
En algunos textos se disculpa la incomparecencia de quien por estar
ausente u otra circunstancia no hubiera oído pregonar el llamamiento a las
armas: ya llanamente, sin otro requisito o averiguación alguna, como en los
fueros de Viguera y Val de Funes,76 ya acreditando haber sido ello así me-
diante juramento (basta el simple del interesado, sin cojuradores), como en
el fuero de Cuenca o el de Zorita.77
Exención a todos los de un lugar
En ocasiones, por privilegio, son todos los vecinos de un lugar quie-
nes quedan excusados de prestar servicio militar; así, por ejemplo: los co-
lonos y habitantes de los dominios de los monasterios de Cardeña y Santa
Juliana por concesión de Fernando I (entre 1039 y 1045); los vecinos de
Miranda de Ebro, colonos del monasterio de Cillaperil y trabajadores en
la obra de la catedral compostelana, por Alfonso VII78; los habitantes de
Salvaleón, según convenio de 1253 con la orden de Alcántara79; y otros
muchos ejemplos de tales exenciones generales en los que sería prolijo
extendernos.
74 Lacarra De Miguel, José María: “Fuero de Estella”, en Anuario de Historia del Derecho
Español, no. 4, 1927, pp. 404-451 [451]: “Forum est quod XIIcim iurati dum sunt in seruicio
uille non debent ire in ixercitum”.
75 Fernández-Guerra Orbe, Aureliano: El fuero de Avilés, Madrid, 1865, nota 5.
76 Hergueta: “Fueros inéditos de Viguera y de Val de Funes”, op. cit., p. 402: “Et si alguno fuere
en tal lugar que no oya el pregon de la huest, que no fue pregonado en todo el termino de la
villa, no es tenido de yr aquella vegada si non quisiere”.
77 Ureña Smenjaud, Fuero de Cuenca, op. cit., p. 273: “Si aliquis dixerit quod preconium apelliti
non audivit, iuret solus et credatur ei”.
Ureña Smenjaud: El fuero de Zorita, op. cit., p. 301: “Si por aventura alguno dixiere que la
boz del apellido no oyo, iure otroquesi et sea creydo”.
78 Tales y otros ejemplos en Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., pp. 312-313, notas
315-328.
79 Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., p. 238, nota 113.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 131-142. ISSN: 0482-5748
132 PABLO MARTÍN PRIETO
Exentos temporalmente
En algunos casos la exención es general para todos los habitantes
de un lugar, pero referida a sus primeros años de residencia en el mis-
mo, como medida que se entiende destinada a incentivar la repoblación
ofreciendo ventajas y condiciones favorables para la instalación de nue-
vos pobladores. Puesto que es una medida privilegiada, el tiempo de la
exención a los nuevos pobladores varía considerablemente: el primer año
de poblador en Usagre80; los dos primeros años en La Cuba81; los tres
primeros años en Belver82; los cuatro primeros años en las alquerías de
Beniayxó y Tahalfazar83; los cinco primeros años en Prats de Molló84; los
seis primeros años en Cabanes85; los siete primeros años en Asín, Caseda y
Marañón86; los diez primeros años en Oriemo87; los quince primeros años
en La Muela de Garrapinillos88; llegando hasta los veinte primeros años en
El Espinar.89
En relación con esta medida, también se observa en algunos textos la
exención, muy tradicional (aparece en el AT: Deut. 24, 5), al esposo durante
su primer año de matrimonio, como en León.90
El reverso de la situación de estar exento o excusado de prestar el
servicio de armas se evidencia en algunos textos, como en el fuero de Coria,
80 Ureña Smenjaud – Bonilla San Martín: Fuero de Usagre, op. cit., p. 105: “Primo iuntero nin
poblador non pectet fata un anno nec vaya en fonssado”.
81 Ledesma Rubio: Cartas de población, op. cit., p. 227: “de ista proxima festa Sanct Iohannis
Babtiste prima veniente usque ad duos annos non faziatis hostenec cavalgata” (carta de pobla-
ción de La Cuba, lugar de la orden del Temple, 1241).
82 Ledesma Rubio: Cartas de población, op. cit., p. 226: “per tres annos continuos […] nec
eciam hostem caualcatam” (carta de población de Belver, lugar del Temple, 1240).
83 Font Rius, José María: Cartas de población y franquicia de Cataluña. I. Textos, Madrid-
Barcelona, 1969, p. 426: “vos ab omni exercito vel cavalcata absolvimus ab hoc festo venturo
Pasche usque ad quatuor annos” (carta de población a dichas alquerías, por el obispo de
Tortosa, 1250).
84 Font Rius: Cartas de población, op. cit., p. 414: “a die qua ibi populati fuerint ad V annos sint
franchi et liberi […] ab omni questia, alberga, exercitu et cavalcata et eorum redemptione”.
85 Font Rius: Cartas de población, op. cit., p. 409: “vos ab omni exercitu vel cavalcata absolvi-
mus ab hoc preterito festo Pasche usque ad sex annos”.
86 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 475: “Vicinos de Casseda non vadant ad
fonsado usque ad VII annos” (Caseda); p. 497: “per VII annos quod non habiamus fosadera”
(Marañón); p. 505: “non vadatis in nulla honsata ad septem annos completos” (Asín).
87 Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., p. 308, nota 300.
88 Ledesma Rubio: Cartas de población, op. cit., p. 249: “a proximo mense januarii venturo usque
ad quindecim annos continue completos sitis liberi et inmunes ad omni exercitu et redemptione
ipsius et qualibet cavalgada” (Zaragoza da a poblar La Muela de Garrapinillos, 1259).
89 Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., p. 308, nota 301.
90 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 96: “Et caballeiro in ipso anno quod mulier
accepit et vota fecerit, usque annum completum ad fossatum non vadat neque fossateira non
pectet”.
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SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 133
suponiendo la restricción en los derechos de participación política del afec-
tado dentro del concejo91.
Como recapitulación no estará de más citar aquí el siguiente texto de
la compilación de Los fueros de Aragón, que constituye un resumen razona-
blemente completo de las principales causas generales de exención a las que
hemos pasado revista en este apartado:
“Todos los casos en que omne del rey pueda ni deva seer escusado
de huest ni de cavalgada declaramos e dezimos: el primero, si es enfermo;
el segundo, si la muller iaze en parto e no a de que ni a qui la faga custodir;
el tercero, si es fuera del regno; el quarto, si sedia en otra villa e no odio el
pregon menos de barata ninguna; el quinto, si tiene su padre o su madre o su
muller en obitu de muert; el VI, si a licencia del rey o de la iusticia del logar
de romanir por alguna buena razon”92.
RESTRICCIONES PRIVILEGIADAS AL SERVICIO
Una vez analizadas las causas de exención más o menos extendidas
que, con carácter general o por privilegio, dispensaban de acudir a prestar el
servicio de armas, conviene centrar la atención en las restricciones especia-
les que, por costumbre o privilegio, afectaban a las condiciones en las que
dicho servicio efectivamente se prestaba. Suponiendo el servicio incondi-
cionado o irrestricto como el caso general, estas restricciones de diverso tipo
pueden considerarse como excepciones locales cuyo origen cabe buscarlo
en la costumbre de la tierra (sancionada al fin documentalmente en la for-
ma que ha llegado a nuestro conocimiento) o en concesiones privilegiadas
del rey o señor (también documentadas, pues nuestro estudio se apoya en
textos).
Por distintas ocasiones históricas, y sobre la realidad de que el princi-
pio general que impone a todos el deber de ayudar con las armas se modula
y limita en función de necesidades concretas, en muchos lugares se consig-
narán en el fuero, la carta de población o de franquicia, u otros documen-
tos de análogo efecto, formas diversas de restricción, que pueden afectar a
los casos en que los habitantes vienen efectivamente obligados a prestar el
servicio armado, la frecuencia, la duración y el ámbito regional de dicho
servicio.
91 Maldonado: El fuero de Coria, op. cit., p. 97: “Todo ome que escusado fuere de fonsado e de
apellido, no eche suerte en alcaldia, ni en vozeria, ni en julgado”.
92 Gargallo Moya: Los fueros de Aragón, op. cit., p. 145.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 133-142. ISSN: 0482-5748
134 PABLO MARTÍN PRIETO
Servicio condicionado a ciertos casos
Por privilegio reflejado en alguno de los tipos de documento mencio-
nados, los habitantes de un lugar pueden verse obligados a prestar el servicio
de armas únicamente en ciertos casos determinados. Con frecuencia, esta
restricción atañe a la autoridad que encabeza la expedición en concreto, ya
sea con el rey, como por ejemplo en Teruel93, Plasencia94, Béjar95, y en
algunos fueros portugueses96; ya con otro señor o maestre de una orden
militar, como por ejemplo en el fuero de Usagre97. Otras veces la restricción
se refiere al tipo de expedición o empresa militar al que son llamados: así,
por ejemplo, a batalla campal, como en los fueros de Nájera98, Monzón99,
Arguedas100, Burgos101; a cerco de rey (auxilio al rey cercado), caso que
normalmente obliga a los peones, como en los fueros de Carcastillo102, Sa-
hagún103, San Emeterio104, Villavicencio de Rioseco105, por ejemplo106. En
otros fueros se añade alguna otra condición para obligar a la participación de
los vecinos: en el de Ocaña, por ejemplo, que la hueste la haga el rey y sea
una empresa dirigida contra musulmanes107.
93 Aznar Navarro: Forum Turolii, op. cit., p. 4: “populatores et uicini Turolii non uadant in exer-
citum uel fonsatum nisi cum me rege”.
94 Benavides Checa: El fuero de Plasencia, op. cit., p. 25: “conceio de plazencia non vaya en
hueste, si non fuere en su frontera o con el rey”.
95 Martín Lázaro: “Fuero castellano de Béjar”, op. cit., p. 116: “conceio de Beiar non uaia en
hueste si non en su frontera et con el rey et non con otro”.
96 Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., p. 281.
97 Ureña Smenjaud – Bonilla San Martín: Fuero de Usagre, op. cit., p. 145: “et esto con el cuer-
po del maestre, et non con otri”.
98 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 289: “Plebs de Nagara no debent ire in fon-
sado, nisi una vice in anno ad litem campalem”.
99 Ledesma Rubio: Cartas de población, op. cit., p. 33: “non uadatis in hoste neque in caualcata
si uestra uoluntate non fuerit, nisi necesse fuerit ad batallam campal”.
100 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 330: “Et mando a vos que non vayades en
huest sino con pan de tres dias a lit campal”.
101 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 266: “non eatis in fonsado, nisi ad bellum
campale” (adición al fuero de Burgos, 1124).
102 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 470: “Pedon non baiat in fosado, nisi in
cerca de rege”.
103 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 311: “Homines Santi Facundi ville non eant
in expeditione, nisi pro rege obsesso”.
104 Fernández Llera, Víctor: “El fuero de la villa de San Emeterio (Santander)”, en Boletín de la
Real Academia de la Historia, no. 76, 1920, pp. 220-242 [239]: “Los omnes de la villa non
vayan en fonsado, si non por el rey cercado”.
105 Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., p. 322, nota 355.
106 También Barbastro, Tudela, Zaragoza; véase Martín Prieto, Pablo: “Fuentes normativas so-
bre organización militar en la España medieval: la Corona de Aragón y Navarra”, en Revista
de Historia Militar, no. extraordinario, 2017, pp. 59-84 [67].
107 Gutiérrez del Arroyo, Consuelo: “Fueros de Oreja y Ocaña”, en Anuario de Historia del
Derecho Español, no. 17, 1946, pp. 651-662 [660].
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 134-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 135
Frecuencia
En muchas ocasiones se atiende a consignar la frecuencia (número
de veces al año) con que los de un lugar en concreto vienen obligados a
acudir al llamamiento a las armas. Es muy extendida la restricción de que
únicamente exista la obligación de participar en expedición armada una vez
al año: así, como se ha visto, en el fuero de Nájera108, en los fueros de To-
ledo y Escalona109, Guadalajara110, entre otros. En el fuero de Alfambra se
especifica la obligación de acudir al llamamiento del comendador hasta dos
veces al año, pero sin límite en caso de que la autoridad convocante sea el
maestre o el rey111.
Duración del servicio
Un tipo de restricción habitual concierne el tiempo máximo durante
el que los de un lugar están obligados a prestar el servicio armado; hasta
tres meses en total, en el fuero de Plasencia112; no más de treinta días en el
fuero de Usagre113; y por supuesto, también se relaciona con esta categoría
el precepto famoso de ir “con pan de tres días” que hallamos en muchos fue-
ros aragoneses y navarros, y en las compilaciones de los fueros de Aragón y
Navarra, al que nos hemos referido con anterioridad114.
Un caso extremo que se encuentra bastantes veces es el que concede
que la participación de los de un lugar se limite a aquellas expediciones que
les permitan acudir y regresar en el mismo día (Riba de Sil115, Santiago de
108 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 289: “Plebs de Nagara no debent ire in fon-
sado, nisi una vice in anno ad litem campalem”.
109 García-Gallo: “Los fueros de Toledo”, op. cit., p. 474: “Adhuc autem et milites illorum non
faciatis/faciant anubda, nisi uno fosado in anno” (en cursivas, las diferencias del texto de los
fueros refundidos de Toledo respecto del de Escalona).
110 Martín Prieto: Los fueros de Guadalajara, op. cit., p. 21: “este serviçio fagan al rey una vez
en el anno, cada anno”.
111 Albareda Herrera, Manuel: “Fuero de Alfambra”, en Revista de Ciencias Jurídicas y So-
ciales, no. 8, 1925, pp. 424-462 [439]: “que lo sigan dos uegadas en el anno en caualgada
o en uest al comendador mayor de Alframbra […]. E si el cuerpo del rey mandare huest
o el cuerpo del maestro, que lo sigan et non sean escusados por estas dos vegadas del
comendador”.
112 Benavides Checa: El fuero de Plasencia, op. cit., p. 25: “tres meses et non mas”.
113 Ureña Smenjaud – Bonilla San Martín: Fuero de Usagre, op. cit., p. 145: “Mando et otorgo
al conceio de Osagre que non uayan en huest mas de XXX dias”.
114 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 449: “Quod vadat ad lite campale, et a sitio
de castellum cum pane de tres dies” (fuero de Zaragoza); véase más arriba, notas 20 y 21.
115 Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., p. 237.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 135-142. ISSN: 0482-5748
136 PABLO MARTÍN PRIETO
Compostela116, diversos fueros portugueses117, las cartas de población de
Pobla de Lillet y la cellera de Santa Pau118, por ejemplo), o regresar al día
siguiente (en otros fueros portugueses119). Semejante restricción resulta tan
estrecha que en la práctica viene a suponer en la mayor parte de los casos
una auténtica exención encubierta del servicio militar, salvo por lo que toca
a la eventualidad del apellido, acción de emergencia y proximidad que po-
día en efecto lanzarse con operatividad y regresar en el mismo día o al día
siguiente, sin dejar de tener sentido como tal120. Por lo demás, aunque este
tipo de restricción se expresa en términos temporales (ir y volver en el día,
o al día siguiente), es obvio que igualmente comporta una restricción del
ámbito espacial (no se puede llegar muy lejos si se ha de regresar en el día),
como las que se examinan en el siguiente apartado.
Ámbito espacial
También es objeto de regulación y constituye una causa de restric-
ción en la prestación del servicio la especificación en los fueros y textos
de similar efecto de un área o región fuera de la cual cesa la obligación de
los llamados cuando son de un lugar con este privilegio; por ejemplo, en la
estela del fuero de Cuenca y los relacionados con él, se indica la restricción
del llamamiento al área fronteriza próxima y propia a cada lugar: “en su
frontera”121. En otros casos, los límites espaciales están fijados con mayor
precisión: así, en Sahagún llegando sólo hasta Valcárcel122; en algunos lu-
gares portugueses, quedando a su lado del Duero123; y en varias cartas de
116 López Ferreiro: Fueros municipales de Santiago y de su tierra, op. cit., p. 61: “In fossatum
non eant, nisi ut eant una die et revertantur”.
117 Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., pp. 281, 285-286, 306.
118 Font Rius: Cartas de población, op. cit., pp. 532-533: “non teneamini nos vel nostri sequi,
nec nos possimus vos ducere vel menare in exercitu sive host vel cavalcata aut aliquo sequito
in aliquo loco nisi illa eadem dia qua recedemus a dicta populatione seu bastida possitis in
hospitiis vestris reducere sive tornare” (Pobla de Lillet, 1297); p. 541: “franchs e inmunes
[…] de tota host e cavalcada salva de exir a fer armes si empero aquell dia foren a la habitacio
pera tornar” (Santa Pau, 1300).
119 Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., p. 286.
120 Albareda Herrera: “Fuero de Alfambra”, op. cit., p. 139: “Ningun omne soldadero no vaya en
apellido sino quanto al dia pudiera tornar a su servicio”.
121 Benavides Checa: El fuero de Plasencia, op. cit., p. 25: “conceio de plazencia non vaya en
hueste, si non fuere en su frontera o con el rey”.
Ureña Smenjaud – Bonilla San Martín: Fuero de Usagre, op. cit., p. 145: “et en su frontera”.
Martín Lázaro: “Fuero castellano de Béjar”, op. cit., p. 116: “conceio de Beiar non uaia en
hueste si non en su frontera et con el rey et non con otro”.
122 Muñoz Romero: Colección de fueros, op. cit., p. 311: “transeant eos usque ad Valcarcer”.
123 Palomeque Torres: “Contribución”, op. cit., p. 306, nota 296.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 136-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 137
población catalanas, llegando incluso al extremo (en Cadaqués) de no tener
obligación de prestar servicio militar si ello supusiera la necesidad de salir
del propio término.124
CONCLUSIONES
No es necesario encarecer la utilidad de fuentes practicables tan in-
teresantes como fueros, cartas de población y de franquicia, y otras tipo-
logías documentales relacionadas, en punto a dibujar el panorama de las
obligaciones militares que en época medieval afectaban a la población
de los reinos cristianos de nuestra península. Por medio de estas fuentes
se puede comprender cuáles eran las condiciones concretas y como se
substanciaban en cada caso, lugar por lugar, el deber general de asistir
a la defensa que ideal y potencialmente se extendía a toda la población,
descontadas las causas generales de exención de servicio que pueden apre-
ciarse y hemos entendido resumir e ilustrar más arriba. A esos motivos
generales de exención al servicio armado hay que sumar la variedad de
modalidades de restricción que por privilegio se observan en los distintos
lugares, a las que también hemos pasado revista. La imagen resultante es
la de un modelo tradicional general matizado por numerosas excepciones
y que, a medida que avanza el tiempo, va dejando lugar a nuevas formas de
organización y reclutamiento de los efectivos, apuntando en la dirección
del servicio asoldado, de la “profesionalización”.
Como se aprecia por la anterior selección de ejemplos, las cate-
gorías y distinciones de varias clases de exenciones y restricciones al
servicio militar conforme a las que hemos ordenado el presente trabajo
pueden resultar esclarecedoras y operativas en general, pero en relación
con algunos casos concretos introducen una diferenciación secundum
rationem sobre una realidad que en verdad no difiere secundum natu-
ram; dicho de otro modo, parece una distinción de grano demasiado fino
cuando se trata de comprender la realidad de unos habitantes que por
124 Font Rius: Cartas de población, op. cit., p. 234: “Retineo […] ut sequamini me in cavalca-
tam et hostem, quando vobis mandavero, de Terrenera usque ad sedem Urgelli” (Puigcerdá,
1182); p. 309: “Item constituo et concedo vobis in perpetuum, quod non faciatis michi vel
meis successoribus exercitum vel cavalcatam per terram nisi tantum per comitatum Ros-
silionis, et per mare nisi a Barchinona usque ad Montempessulanum” (Colliure, 1207); p.
496: “Item quod aliquis vestrum predictorum non teneamini ire in host vel exercitus nec in
cavalcata extra episcopatum Gerunde per mare neque per terram” (Palamós, 1279); p. 499:
“Item que los susodichos hombres no sean obligados a entrar o salir del término de Cadaqués
so pretexto de formar parte de algún exercito o cabalgata” (Cadaqués, 1180).
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 137-142. ISSN: 0482-5748
138 PABLO MARTÍN PRIETO
privilegio únicamente estaban obligados a prestar el servicio de hueste
y cabalgada dentro de su propio término, o saliendo y regresando en el
mismo día: a la vista de casos de este tipo, ¿qué utilidad práctica tendría
distinguir entre exención y restricción (toda vez que, aunque formalmen-
te no estén exentos de servicio, la estrechez suma de las restricciones que
afectan a las condiciones en que han de prestarlo puede haber derivado,
en la práctica, en una suerte de exención de facto)?
Con esa y otras salvedades semejantes debe tomarse el esquema
intentado, que en todo caso es necesario acomodar con flexibilidad a la ca-
suística variable de una realidad extraordinariamente rica y diversa, como
es la que se dibuja en la documentación de interés para asuntos militares
de nuestra historia ibérica.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 138-142. ISSN: 0482-5748
SOBRE EL RECLUTAMIENTO PARA LA GUERRA EN LOS REINOS ... 139
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Recibido: 13/03/2018
Aceptado: 21/06/2018
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 141-142. ISSN: 0482-5748
The King of France´s prision: considerations on Francis I´s capture
and its real protagonists, by Mr. Gabriel PITA DA VEIGA GOYANES,
Bachelor in Genealogy, and by Mr. Joaquín PITA DA VEIGA SUBIRATS,
Lieutenant, Spanish Navy
Revista de Historia Militar
Número 127 (2020), pp. 143-192
ISSN: 0482-5748
RHM.05
La prisión del rey de Francia: consideraciones sobre la captura de
Francisco I y sus verdaderos protagonistas, por don Gabriel PITA DA
VEIGA GOYANES, Diplomado en Genealogía y don Joaquín PITA DA
VEIGA SUBIRATS, teniente de navío del Cuerpo General de la Armada
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA:
CONSIDERACIONES SOBRE LA CAPTURA
DE FRANCISCO I Y SUS VERDADEROS
PROTAGONISTAS
Gabriel PITA DA VEIGA GOYANES1
Joaquín PITA DA VEIGA SUBIRATS2
RESUMEN
En relación a la captura del rey Francisco I de Francia en la batalla de
Pavía, se han publicado a lo largo de los años diferentes versiones, en general
inexactas e incluso contradictorias, lo que ha provocado una cierta confusión
respecto a: cómo sucedió el hecho en sí, cuáles fueron sus principales prota-
gonistas y cuál fue su grado de participación en la captura. Todo ello ha sido
debido, principalmente, a falta de información e incluso, en algunos casos, a
intereses ajenos al rigor histórico. El objeto de este trabajo es tratar de escla-
recer este acontecimiento con la máxima información disponible actualmente.
Para ello, se lleva a cabo un análisis de las crónicas y versiones más difundidas,
contrastándolas con la información recabada en cédulas, privilegios y cartas.
Y, además, se da la importancia que corresponde al único relato existente de
uno de los protagonistas de los hechos, que narra en primera persona. El resul-
tado de todo ello, es que se puede establecer, con una aceptable seguridad, de
1 Diplomado en Genealogía. Correo electrónico: inforher@[Link]
2 Capitán de Corbeta del Cuerpo General de la Armada. Correo electrónico: jpitsub@[Link]
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 143-192. ISSN: 0482-5748
144 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
qué manera se llevó a cabo la captura del rey de Francia, si fue por azar o no,
quiénes participaron realmente y cuáles fueron las prendas y el reconocimiento
que obtuvo cada uno de ellos. De este modo, se concluye fundamentalmente
que los protagonistas de los hechos debidamente documentados son sólo tres:
Alonso Pita da Veiga, Diego de Ávila y Juan de Urbieta; que no eran soldados
de infantería ni arcabuceros como se ha dicho; que eran hombres de armas, de
caballería pesada; que la captura no fue pie a tierra ni fue algo fortuito, lo hi-
cieron a caballo y fueron intencionadamente a por él; que fueron ellos quienes
lo derribaron matándole el caballo; y que no se debe de otorgar a ninguno de
los tres mayor protagonismo que a sus compañeros en el hecho de la captura.
PALABRAS CLAVE: Batalla de Pavía, Pavía, prisión, captura, Fran-
cisco I, Pita da Veiga, de Ávila, Urbieta.
ABSTRACT
Regarding the capture of King Francis I of France at the Battle of
Pavia, different versions have been published over the years, generally inac-
curate and even contradictory, which has caused some confusion regarding:
how the event happened in itself, what were its main protagonists and what
was their degree of participation in the capture. All this has been due mainly
to a lack of information and even, in some cases, to interests unrelated to
historical rigour. The purpose of this paper is to try to clarify this event with
the maximum information currently available. For this purpose, an analysis
of the most widespread chronicles and versions is carried out, contrasting
them with the information obtained in decrees, charters and letters. Moreo-
ver, it is given the importance that corresponds to the only existing account
of one of the protagonists of the facts, which narrates in the first person. The
result of all this is that it can be established, with acceptable certainty, how
the capture of the King of France was carried out, whether by chance or not,
who actually participated, and what were the objects and the recognition got
by each of them. Thus, it is fundamentally concluded that the protagonists
of the events duly documented are only three: Alonso Pita da Veiga, Diego
de Avila and Juan de Urbieta; that they were not infantrymen or arquebusi-
ers, as it has been said; that they were gendarmes (heavy cavalry); that the
capture was not on foot, nor was it fortuitous, they did it on horseback and
intentionally went for him; that it was they who brought him down by kill-
ing his horse; and that none of the three should be given more prominence
than their companions in the fact of the capture.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 144-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 145
KEY WORDS: Battle of Pavía, Pavía, prison, Francis I, Pita da Veiga,
de Ávila, Urbieta.
*****
INTRODUCCIÓN
E
n el amanecer del viernes 24 de febrero de 1525, tiene lugar la batalla
de Pavía en la que tropas españolas e imperiales liberan la ciudad del
asedio francés al que estaba siendo sometida desde hacía meses. En el
campo de Pavía, se encuentra el rey de Francia acompañado de gran parte de
la nobleza más destacada de su reino con la que, meses antes, había iniciado
una importante campaña para tomar el Milanesado. La batalla se produce
dentro del Parque de Mirabello donde las tropas francesas habían acampado
aprovechando la protección que les ofrecía el grosor de sus muros. Dado el
desánimo que iba creciendo entre sus tropas, entre otras cosas por la falta de
pan y de salario, los mandos hispano-imperiales deciden3 atacar de noche4 y
por sorpresa para ganar la iniciativa. Así, pese a la superioridad numérica de
los franceses, al maniobrar las tropas con agilidad e inteligencia dentro del
campo, se alcanzó la victoria. Además de liberar la plaza, consiguen para su
emperador el mejor botín: capturar al rey Francisco I.
La reciente obra del pintor de batallas, Augusto Ferrer-Dalmau, titu-
lada “Pita da Veiga en Pavía”5, no solo despertó la curiosidad por conocer a
este personaje histórico, sino que, tanto en las redes sociales como en webs,
revistas y prensa, se hicieron comentarios y se publicaron artículos que sa-
caron de nuevo a la luz graves errores sobre la batalla. En concreto, sobre
uno de los hechos de armas más destacados de la historia militar de España:
la prisión del rey Francisco I de Francia. Esos errores perennes se han pro-
ducido al tomar ciertas crónicas o artículos como verdades indiscutibles en
detrimento de otras publicaciones más serias y, lo que es peor, de la docu-
mentación. Ese es el motivo de este artículo, cuyo espíritu no es otro que el
de intentar acercarse a la verdad histórica sobre la prisión del rey, recuperan-
do la memoria de los verdaderos protagonistas. Para ello, se contrastará la
3 Por iniciativa del marqués de Pescara.
4 Como veremos, eso no fue posible dada la dificultad de romper el muro, no pudiendo entrar
hasta el amanecer.
5
h ttp://[Link]/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-ejercito-del-pin-
tor/4038661/
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 145-192. ISSN: 0482-5748
146 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
documentación con las referidas crónicas y artículos, señalando los errores
e intentando aclarar este episodio de nuestra historia antes de cumplirse el
quinto centenario de la batalla.
Hemos creído necesario legitimar y poner en valor lo contenido en la
única crónica que se conserva de uno de los protagonistas, hasta ahora no
tenida suficientemente en cuenta. Intentaremos demostrar si es posible o no
dar preeminencia a alguno de los aprehensores sobre los demás. Para ello,
se señalarán los errores más frecuentes sobre la prisión y sus protagonistas.
Expondremos en qué se basan los diferentes partidarios de cada uno de los
tres captores. Se tratará de explicar el caso de Juan de Aldana y su posible
participación en la captura. Finalizaremos este artículo con unas breves con-
clusiones y con una aclaración necesaria sobre la figura de Alonso Pita da
Veiga que, en algún caso, ha sido perjudicada por la desinformación. Pero
por encima de todo, lo que se demostrará es que, por la documentación co-
nocida, no por crónicas o publicaciones, solo son tres los captores posibles
de Francisco I: Alonso Pita da Veiga, Diego de Ávila y Juan de Urbieta.
LAS VERSIONES DE LOS CRONISTAS
Antes de tratar la documentación, analizaremos de manera sencilla
las crónicas en las que se han basado la mayor parte de los autores. Veremos
que las que consideramos más relevantes no coinciden al narrar los hechos.
La primera, la atribuida a Juan de Oznaya, participante en la batalla,
es la más difundida y dice: Iba casi solo, cuando un arcabucero le mató el
caballo, y yendo a caer con él, llega un hombre darmas de la compañía de
D. Diego de Mendoza, llamado Joanes de Urbieta, natural de la provincia de
Guipúzcoa, y como le vio tan señalado, va sobre él al tiempo que el caballo
caía; y poniéndole el estoque al un costado por las escotaduras del arnés, le
dijo que se rindiese. Él viéndose en peligro de muerte, dijo: “La vida, que soy
el rey.” El guipuzcuano lo entendió, aunque era dicho en francés; y diciéndo-
le que se rindiese, él dijo: “Yo me rindo al emperador.” Y como esto dijo, el
guipuzcuano alzó los ojos y vio allí cerca al alférez de su compañía que cer-
cado de franceses estaba en peligro; porque le querían quitar el estandarte.
El guipuzcoano, como buen soldado, por socorrer su bandera, sin acuerdo
de pedir gaje o señal de rendido al rey, dijo: “Si vos sois el rey de Francia,
hacedme una merced.” Él le dijo, que él se lo prometía. Entonces el guipuz-
coano alzando la visera del almete, le mostró ser mellado, que le faltaban dos
dientes delanteros de la parte de arriba, y le dijo: “En esto me conoceréis;”
y dejándole en tierra la una pierna debajo del caballo, se fue a socorrer a su
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 146-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 147
alférez, y hízolo tan bien, que con su llegada dejó el estandarte de ir a manos
de los franceses. Luego llegó a donde el rey estaba otro hombre de darmas
de Granada, llamado Diego de Ávila, el cual como al rey viese en tierra con
tales atavíos, fue a él a que se rindiese, el rey le dijo quien era y que él estaba
rendido al emperador: y preguntándole si había dado gaje, él le dijo que no.
El Diego de Ávila se le pidió, y él le dio el estoque que bien sangriento traía y
una manopla; y apeado Diego de Ávila trabajaba sacarle debajo del caballo.
Y en esto llegó allí otro hombre darmas, gallego de nación, llamado Pita, el
cual le ayudó a levantar y tomó al rey la insignia que de Sant Miguel al cuello
traía en una cadenilla, que es la orden de la caballería de Francia, y tráenla
como los del emperador el Tusón. Por ésta le ofresció en rey darle seis mil
ducados; pero él no quiso sino traerla al emperador (…)6.
Otro soldado presente en aquella batalla fue Martín García Cereze-
da, quien escribió: y como el Rey quisiese salir por el portillo, el capitán
Quesada se puso a defendelle la salida, donde porfiando el uno con el otro,
finalmente el capitán le defendió la salida. Viendo el Rey que no podía salir
por allí, tórnase a ver si podía salvarse por otra parte. A esta vuelta que
el Rey daba, llegaron a él Diego de Ávila y Juanes y Sandoval y un infante
llamado Córdoba; y este infante se estimó haberle tomado el San Miguel,
ques un joyel que traen los reyes de Francia, como el Emperador el Tusón.
Diego de Ávila é Juanes hobieron las manoplas y estoque e yelmo / Aquí
le demandó Juanes la persona de D. Hugo, sin ninguna lisión ni daño de
su persona, e el Rey se lo prometió, y le daba un rico anillo que traía en la
mano, en señal. Ansi fué preso este alto Rey y el Príncipe de Navarra (…)7.
Siempre se ha tomado como más veraz la crónica de Oznaya8, aunque
ambos, sin ser ni protagonistas ni testigos de la captura, se hallaron en dicha
batalla. Por eso, conviene destacar ciertos detalles en ambas narraciones que
muestran ser hasta cierto punto incompatibles e incapaces de establecer un
relato veraz de los hechos.
Por la crónica de Oznaya, podemos decir que Juan de Urbieta encuentra
al rey caído en tierra con una pierna atrapada debajo del caballo que había
sido muerto por un arcabucero. Francisco I se niega a rendirse a Urbieta y sí al
6 OZNAYA, Juan de: Historia de la guerra de Lombardía, batalla de Pavía y prisión del rey Fran-
cisco de Francia. Manuscrito sin fecha. Biblioteca Nacional de España Ms/1606. En la Bibliote-
ca Nacional de España se conservan varias copias manuscritas de la crónica y ha sido publicada
en varias ocasiones. Según parece, Fr. Juan de Oznaya era paje de lanza del Marqués del Vasto.
7 GARCÍA CEREZEDA, Martín: Tratado de las campañas y otros acontecimientos de los ejér-
citos del emperador Carlos V en Italia, Francia, Austria, Berbería y Grecia. Publicado por la
Sociedad de Bibliófilos españoles, Tomo I. Madrid 1873.
8 Probablemente gracias a Fray Prudencio de Sandoval que la copia literalmente en: SANDOVAL,
Fray Prudencio de: Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V, 1604-1606.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 147-192. ISSN: 0482-5748
148 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
emperador. Urbieta ni lo desarma ni pide gaje y se va a recuperar el estandarte,
llegando entonces Ávila, a quien el rey, reconociendo estar rendido al empe-
rador, le da el estoque y una manopla como gaje. Más tarde, llegaría Pita da
Veiga y le tomaría la insignia de la Orden de San Miguel. Por su parte, Martín
García elimina a Pita da Veiga del relato, incluyendo a Sandoval y a Córdoba.
Son Ávila, Urbieta y Sandoval los que apresan al rey, no hay recuperación del
estandarte y entre los tres reciben las manoplas, estoque y yelmo. La cadena
de la Orden de San Miguel la obtiene Córdoba. Solo García Cerezeda relata la
petición de Urbieta de liberar a Hugo de Moncada9.
Más tarde, otros autores que no están presentes en la batalla narran los
hechos de otra manera. El doctor Juan de Quiñones, recopilando diferentes
versiones, escribe: Cayó su caballo muerto de un arcabuzazo; algunos dicen
que herido en el rostro, y en una mano; otros que quitándose el almete por
limpiarse el sudor, se ensangrentó con un poco de sangre que en la mano tenía,
por donde algunos pensaron que estaba herido, pero que no fue así. Cargaron
sobre el Rey algunos soldados, y los primeros que llegaron a rendir ánimo tan
valeroso, fueron Diego de Ávila, vezino de Granada, hombre de armas, y otro
llamado Iuan de Urbieta Bascongado, natural de Hernani en Guipuzcoa, que
fue de grandísimas fuerças, y Alonso de Pita de Aveyga, de nación Gallego,
que viendo no se rendía, le pusieron las espadas al pecho, no conociéndole.
Pita ayudando a Diego de Avila a levantar al Rey, que estaba caído debaxo del
cavallo, le quito una cadenilla de oro que traía al cuello con la insignia de la
Orden de san Miguel, que los caballeros de Francia traen, como los del Empe-
rador el Tusón. Por esta le ofreció el Rey seis mil ducados, pero no quiso sino
traerla al Emperador. Otros autores dizen, que huvo de aquel famoso despojo
una manopla, y que el Rey le dio después un pedazito de Lignum Crucis, y una
cédula Real, en que confesó haberse hallado Pita entre los principales que lo
prendieron, y que en premio desto le dio el Emperador seiscientos ducados en
dineros, y treinta mil maravedis de por vida, y un privilegio para que pusiese
por armas en su escudo una Cruz, y una manopla con un Rey preso. Algunos
Historiadores dizen, que el primero que hizo prenda de la manopla fue Diego
de Avila, que preguntándole al Rey, si avia dado gage, y diziendo que no, se
le pidió, y dio el estoque que traía, y una manopla (…)10. En este caso, los
9 Dice el Abad de Nájera en su carta al emperador: el Rey ha sido contento que don Ugo de
Moncada que está en Salucio venga a estar aquy sobre su palabra. Véase nota 75.
10 QUIÑONES, Juan de: Suceso de la batalla memorable que se dio en tre los exércitos del
invictísimo Emperador Carlos V, nuestro señor, y del Christianísimo Rey Francisco I de Fran-
cia, en el parque de Pavía año de 1525 a 24 de febrero, día consagrado al Apostol Santo
Matías. Viuda de Juan González. Madrid 1634. El doctor Juan de Quiñones era del Consejo
de su majestad y alcalde de su casa y corte. Empieza su obra criticando a un autor francés que
negaba la captura del rey.
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LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 149
tres apresan al rey. Ávila y Pita da Veiga lo liberan del caballo. Pita da Veiga
obtiene la cadena de la Orden de San Miguel y un pedazo de Lignum Crucis.
Dejamos para el final lo que escribe Pedro Mexía, cronista oficial del
Emperador: Cayó y fue derribado su caballo con él y fue preso por dos es-
pañoles. El un soldado llamado Joanes vizcaino y el otro hombre de armas
llamado diego de ávila natural de granada. Entre los cuales hubo compe-
tencia sobre ello dícese que el vizcaino llegó primero al rey pero el diego
de avila hubo el estoque por do probaba haberse rendido a él finalmente
fue preso por ello11. Elimina a Pita da Veiga del relato y deja ver que entre
Urbieta y De Ávila se disputaban la preeminencia, bien por haber llegado
primero, bien por haber recibido el estoque como prueba de rendición. Este
último punto es importante por lo que veremos más adelante.
EL RELATO DE ALONSO PITA DA VEIGA
Para cualquier investigador debería ser excepcional el contar con un
relato de los hechos por parte de uno de sus protagonistas, sobre todo tenien-
do en cuenta las fechas de las que hablamos. Antes de hablar de la documen-
tación, hemos creído conveniente tratar el único relato existente donde uno
de los captores narra lo sucedido: el atribuido12 a Alonso Pita da Veiga13.
Algunos investigadores, muy alegremente, han desestimado este escrito por
considerarlo como mínimo parcial e interesado. Podemos asegurar, por su
referencia al Infante don Fernando como Rey de Romanos, que el relato es
posterior a 1531 y a todos los privilegios obtenidos por Pita da Veiga, por lo
que el interés que pudiera tener en escribirlo no debió de ser buscando el re-
conocimiento, aunque se desconoce a quién y por qué lo escribió. Creemos
que, para establecer un juicio justo sobre la validez del relato, se debería
partir de un cotejo con la documentación existente. Esto no se ha hecho.
Aunque no es ni nuestra intención ni nuestro objetivo tratar aquí la ba-
talla y su desarrollo, sí creemos conveniente comentar, además del relato de
la captura, otras partes del texto de Alonso Pita da Veiga que corrigen ciertas
obras y artículos periodísticos recientemente publicados, así como alguna
representación de la batalla. Conviene aclarar que la batalla no sucedió de
11 MEXÍA, Pedro: Historia del emperador Carlos V. Manuscrito Mss/1926 de la Biblioteca
Nacional.
12 Se considera atribuido por no ir firmado, aunque lo escribe en primera persona y se identifica
en el texto.
13 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993. Fue publicado por VALES VILLAMARÍN, Francisco: El verdadero bla-
són de Alonso Pita da Veiga. Instituto de Estudios Coruñeses José Cornide. La Coruña 1967.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 149-192. ISSN: 0482-5748
150 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
noche14. En su crónica, dice Pita da Veiga: Y a media noche llegamos a la
muralla del parque y con unas vigas hizimos dos portillos grandes y como los
françeses esto sentieron dieron ala arma y fueron avisar a su Rey y él mandó
tirar çiertas pieças de artillería hazia donde rompíamos el parque.
El otro día al alba quera XXIIII de hebrero entramos la gente de armas
y caballos ligeros dentro y luego nuestros caballos ligeros enpeçaron a escara-
muçar con los suyos y fueron a myrabel donde era el aposiento de el Rey (...)15.
Su intención era realizar la “encamisada” nocturna16, así la crónica de
Valdés: antes del día el marqués de Pescara fue a romper un muro del parque
de Pavía que estaba entre los dos exércitos en que los franceses mucho fiaban
pensando entrar por allí / y con la noche tomar los enemigos de sobresalto
(…)17. Pero cuando consiguieron abrir hueco en el muro del parque ya rompía
el día y tuvieron que hacer de día lo que querían hacer de noche. Así lo expre-
sa el marqués de Pescara en su carta al emperador: Y como el rey de Francia
tenía su fuerza toda dentro del parque, fuera de donde nosotros estábamos, é
á lo que nos parecía, confiaba mucho en la fuerza del muro del parque, la cual
yo muchas veces había reconocido, fue mi parecer que entrásemos por allí,
lo cual pareció muy buena todos: y así se ordenaron algunos vaivenes para
romper la muralla, y fue tan recia que nos detuvo mucho mas que pensába-
mos. Todavía hobimos de romper á la punta del día; aunque nuestra voluntad
era de hacer nuestro hecho de noche, y nos hubiera de echar á perder hacerlo
de día. Quísolo Dios por lo mejor, y creo que fue causa de nuestra victoria,
por lo que diré (...)18. La crónica de Valdés: Pero como el muro quel marqués
14 Según las cartas que el abad de Nájera envió al emperador, la batalla duró una hora: La batalla
duró espacio de una hora, Véase nota al pie 75.
15 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
16 La situación del ejército hispano-imperial, debido al retraso de los salarios y otras carencias, era
de penuria y así lo escribe el marqués de Pescara al emperador: porque los de Pavía no querían
mas sufrir, y todo el ejército moría de hambre, los españoles se desmandaban á buscar de co-
mer; los alemanes se comenzaban á ir, la gente de caballo se había de sacar á ruegos; visto que
ningún cabo nuestra necesidad tenía remedio, y que dehacer el ejército á ojo del enemigo, era
tan malo como perderlo en batalla, y que ella V.M. Alcalzaría la deseada victoria, ó que nues-
tras vidas pagarían la deuda en que somos de servirle, el duque y visorrey quisieron el parecer
de nosotros, y todos fuimos á buscar á los enemigos (...). Al parecer, esa situación era conocida
por el monarca francés que esperaba que el ejército imperial se deshiciese sin ser necesario en-
trar en batalla. Quedaba pues la iniciativa en manos de los imperiales. Ver nota 18.
17 CABALLERO, Fermín: Conquenses ilustres. Tomo IV, apéndice LXXXIV. Oficina tipográ-
fica del hospicio. Madrid 1875. Alonso de Valdés era secretario del gran canciller Mercurino
de Gattinara y fue el encargado de relatar la “versión oficial” de la batalla según los informes
y cartas al emperador.
18 PIDAL, Marqués de, MIRAFLORES, Marqués de, SALVÁ, Miguel: Colección de documen-
tos inéditos para la Historia de España, Tomo XXXVIII. Imprenta de la viuda de Calero.
Madrid. 1861
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LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 151
de Pescara avía de derribar fuese muy rezio: aunque en ello pasó mucho
trabajo: no lo pudo derribar hasta que fue de día: de manera que el deseño
que llevava de combatir de noche no pudo aver efecto (...)19. Pedro Mexía,
cronista del emperador, lo relata de la siguiente manera: Llegan al parque con
muchos y grandes baibenes que para ello llevaban comiençan su obra que fue
más dificultosa de la que pensavan de manera que ya hera de día claro quan-
do se acabó de hacer portillo o entrada de sesenta pasos en largo e ovieron
de hazer de día lo que havían pensado hazer de noche (...)20.
Pero, como hemos dicho, no es solo esta parte de la crónica de Alonso
Pita da Veiga la que coincide con otros documentos oficiales de la batalla.
En otros casos, los complementa por estar situado en lugar diferente al autor
de esos documentos. Sirva también de ejemplo lo siguiente:
Dice Pita da Veiga: y el esquadrón de la gente de armas nos posimos
detrás de una casa y la artellería de los françeses la derribaron y nosotros
nos retiramos un poco a un vallezico y esperamos nuestra ynfatería espano-
lla y tudescos que pasasen y quedó atrás quatro mil ytalianos con nuestra
artillería y vinieron los caballos ligeros de los françeses y les tomaron nues-
tra artillería y los degollaron a los más de ellos (…)21
El marqués de Pescara22: trayendo ante sí infinita artillería y muy
bien traída; y la nuestra con la prisa embarrancada y de manera que de so-
las tres piezas nos podimos servir. Andando en esta furia, yo hallé un bajico
donde recogí la infantería tudesca y española (…)23
Llega el marqués de Pescara a donde estaba Alonso Pita da Veiga y
la gente de armas, así lo contienen también las crónicas. La de Valdés: el
marqués de Pescara recogió toda la infantería alemana y española en un
baxuelo donde la artillería no le podía hacer daño (…)24 Pedro Mexía: los
ytalianos ymperiales que haviéndose quedado trabajando en sacar la arti-
llería como dixe quedaron tan apartados del exército que acudiendo allí un
gran escuadrón de gente de armas franceses fueron rompidos e deshechos.25
En lo referente a la captura, dice Pita da Veiga: y allegado yo por el lado
yzquierdo le tomé la manopla y la banda de brocado con quatro cruces de tela
19 CABALLERO, Fermín: [Link].
20 MEXÍA, Pedro: [Link].
21 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
22 Todos estos movimientos de las tropas españolas, tanto hombres de armas como infantería,
como refiere la documentación, hicieron creer a los franceses que huían o que estaban desba-
ratados, precipitando su ataque.
23 PIDAL, Marqués de, MIRAFLORES, Marqués de, SALVÁ, Miguel: [Link].
24 CABALLERO, Fermín: [Link].
25 MEXÍA, Pedro: [Link].
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 151-192. ISSN: 0482-5748
152 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
de plata y en medio el cruçifixo de la veracruz que fue de carlomanno y por el
lado derecho llegó luego Joanes de orbieta y le tomó del braço derecho y die-
go de ávila le tomó el estoque y la manopla derecha y le matamos el caballo y
nos apeamos Joanes e yo y allegó entonces Juan de Sandobal y dixo a diego de
ávila que se apease e yo le dixe que donde ellos e yo estábamos no eran menes-
ter otro alguno y preguntamos por el marqués de pescara para se lo entregar
y estando el Rey en tierra caydo so el caballo le alçamos la vista y él dixo que
era el Rey que no le matásemos y de allí a media ora o más llegó el viso rey que
supo que le teníamos preso y dixo que el era viso Rey y que él avía de tener en
guarda al Rey e yo le dixe que el Rey era nuestro prisionero y que él lo tubiese
en guarda para dar quenta del a su magestad y entonçes el viso Rey lo llebantó
y llegó allí monsiur de borbón y dixo al Rey en francés aquí está vuestra alteza
y el Rey le Respondió vos soys causa que yo esté aquí y mosiur de borbón res-
pondió vos mereçeys vien estar aquí y peor de los que estays y el viso Rey Rogó
a borbón que callase y no halase más al Rey/ y el Rey cabalgó en un quartago
Ruçio y lo querían llebar a pavía y el dixo al viso rey que le Rogaba que pues
por fuerça no entrara en pavía que aora lo llebasen al monesterio donde él
abía salido y así lo llebaron al monesterio de Santo Domingo (…)26.
El relato de Alonso Pita da Veiga nombra a los tres protagonistas, na-
rra cómo intentan derribar al rey agarrándolo por los brazos y cómo Ávila lo
desarma. Le matan el caballo y Urbieta y Pita da Veiga se encargan de él en
tierra. Se nombran y describen las prendas conseguidas del rey27. Aparece
la figura de Juan de Sandoval de quien rechazan la ayuda y a quien también
nombra Martín García Cerezeda28. Veremos más adelante cómo este relato
es el que nos permite establecer con más claridad lo que pudo suceder.
En el archivo del pazo de Mandiá y señorío de Vilacornelle, del que
fue señor Alonso Pita da Veiga, se encuentra el traslado de una carta del
emperador dirigida al corregidor y juez de residencia del Principado de As-
turias, otorgada en Ocaña el 21 de marzo de 1531: Sepades que por parte
de Alonso Pita e Juan de Sandoval fue fecha relación diciendo que a ellos
les fueron librados en el nuestro recaudador o receptor del partido de dicha
villa de Avilés, los años pasados de quinientos e veinte e seis, e quinientos
e veinte e siete e quinientos e veinte e ocho, en las rentas de las alcabalas
del dicho partido treinta mil maravedís a cada uno (…)29. En esta carta, el
26 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
27 Contradiciendo las crónicas y siendo avaladas por la documentación.
28 GARCÍA CEREZEDA, Martín: [Link].
29 Este documento pertenece a un trabajo que están realizando Gabriel Pita da Veiga Goyanes y
Fernando Dopico Blanco sobre el Archivo de la Casa de Mandiá (dividido en la actualidad).
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LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 153
emperador manda que se le devuelvan 30 ducados que se los cohecharon los
recaudadores por les pagar dichas libranzas. Visto el documento, y si se tra-
tase de la misma persona, que creemos que sí, debería existir un privilegio a
favor de Juan de Sandoval30 por esos 30.000 maravedís. Otra cosa comple-
tamente diferente es saber el grado de participación que consideramos que
fue como dijo Pita da Veiga.
Como dijimos, el rechazo del relato de Alonso Pita da Veiga obedece a
ser considerado parcial e interesado por ser él uno de los protagonistas de la
captura. Un ejemplo es el de Fausto Arocena Arregui31, el cual lo descarta. Pero
para un mejor análisis, trataremos sus argumentos uno a uno por separado:
El relato de Alonso Pita tiene un grave achaque inicial: el de mani-
fiesta parcialidad. Resulta panegirista de sí mismo32.
Según este criterio, el contar con el relato de un protagonista de un
hecho heroico sería inútil pues debería narrar los hechos de tal manera que
pierdan su calidad de heroicos. En ningún momento de su relato se pone Pita
da Veiga por encima de sus otros dos compañeros otorgándose un protago-
nismo destacado.
y, al llegar al momento culminante de la narración, vuelve sobre
su primitiva redacción con mengua de la espontaneidad de la reseña33.
Olvida que está escrito en el siglo XVI, más de un lustro después de
la batalla. Es signo de todo lo contrario. No es un texto preparado, corregido,
sino producto de la memoria espontánea, con sus errores de redacción y sin
borrador previo, lo que, al contrario de lo que opina Arocena, le otorga más
veracidad y espontaneidad. Conviene leer el texto con y sin tachado: y yo me
fuy derecho aella y allegado llegó Joanes de orbieta y el asió al rey del braço
derecho y luego diego de avila (…) Corregido el texto, sin tachado: y allega-
do yo por el lado yzquierdo le tomé la manopla y la banda de brocado (…)34
Es decir, la única corrección es añadir las prendas capturadas, perfectamente
30 Suponemos que más participantes recibieron mercedes por la batalla de Pavía, pero volve-
mos a recalcar que solo a tres les concede Francisco I una cédula reconociéndolos como sus
captores.
31 Quien coincide con el Marqués de Laurencín en su juicio sobre el texto. En su obra, Vales
Villamarín clasifica la transcripción del marqués de Laurencín de errónea.
32 AROCENA ARREGUI, Fausto: “Juan de Urbieta y la prisión de Francisco I” en Revista in-
ternacional de estudios vascos. París, 1934.
33 Ibídem.
34 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
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Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 153-192. ISSN: 0482-5748
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documentadas, lo que no varía en absoluto ni el orden ni la posición de los
protagonistas en la captura.
Separándose de otras fuentes afirma que el prisionero fue llevado in-
mediatamente al monasterio de Santo Domingo, donde supone ocurridas
algunas escenas que narra con detalles, entre ellas, un desbordamiento
de gratitud del augusto prisionero hacia su persona con el remate de un
abrazo, poco protocolario, desde luego, y tal vez grotesco, dada la dis-
tancia jerárquica que mediaba entre abrazante y abrazado35.
Cierto es que Pita da Veiga dice que lo llevaron al monasterio de
Santo Domingo, cuando el verdadero nombre era San Pablo. Pero nada dice
de que los acontecimientos posteriores se diesen en ese mismo lugar. Es
evidente que, por ese error o desconocimiento que se da en otras crónicas,
no debe descartarse todo su contenido. Y en cuanto al abrazo tan grotesco
que dice que le dio el rey cuando Alonso Pita da Veiga le pide que recuerde
que le salvó la vida y le muestra la manopla y la banda de brocado, dice: y
echándome los braços al cuello. Lejos nos parece este gesto del abrazo. Y
no es lo mismo echar los brazos al cuello del rey que el rey te los eche a ti.
Pita da Veiga finaliza su relato diciendo: Y otro día sábado que fue a
XXV del dicho mes estando el Rey y Borbón y el marqués del gasto y otros
señores entre yo y mis conpañeros y mostré al Rey la manopla que le tomara
y la vanda de brocado con el cruçifixo y él dixo que aquella era su manopla
y aquella banda con el crocifixo de la vera cruz avia sido de carlomagno y el
primero don que le avia dado en françia quando le hizieron Rey de françia
avia sido aquel cruçifixo de la vitoria y el viso Rey le pesó de aver oydo estas
palabras porque él dezía que él lo avía prendido/ y el viso Rey me dixo que me
saliese fuera e yo dixe al Re que su magestad se acordase que yo era el que el
día pasado le avía salbado la vida y el dixo delante el viso rey y los otros seño-
res que estaban al presente que yo era el que le avía salbado la vida una vez y
echándome los braços al cuello dixo que prometía su fee de darme con que yo
pudiese vibir siete vidas y tan bien conplió lo que me prometió como al enpera-
dor nuestro señor lo que con el capítulo36. En el texto podemos leer el nombre
de varios testigos, algunos de ellos protagonistas de un gesto poco honroso que
Alonso Pita da Veiga no omite, incluyendo el del rey que incumple su palabra.
Pero, vista la conclusión de Arocena donde toma por más cierta y ve-
raz la crónica de Oznaya, crónica de la que hemos demostrado sus errores,
35 AROCENA ARREGUI, Fausto: [Link].
36 España.
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 154-192. ISSN: 0482-5748
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para otorgar preeminencia a su paisano Urbieta, nos hace dejar aquí esta
crítica, no sin antes repetir que cualquier opinión sobre la crónica de Pita da
Veiga debe basarse en la comparación con las crónicas oficiales y las cartas,
y así cotejarla con la verdad, y no se deben suponer sus intenciones. La de
Alonso Pita da Veiga es coincidente con los relatos e incluso complemen-
taria. Da nombres, describe situaciones en las que personajes de elevada
posición no salen bien parados y, sin embargo, Pita da Veiga lo dice. En lo
referente a la captura, es la única que permite justificar el contenido de su
privilegio y el de Urbieta, así como puntualizar el de Ávila para que todo
sea coherente.
DOCUMENTACIÓN CONOCIDA
A continuación, trataremos los documentos acreditativos de la captura
que, en muchos casos, han sido ignorados por los cronistas o por los autores
que actuaron como eco de ciertas versiones. Es documentación actualmente
existente o de la que tenemos constancia de haber existido. A continuación,
se expone la que conocemos de cada uno de ellos:
De Alonso Pita da Veiga es del que más documentación existe. Se
conservan el original del privilegio de armas del 24 de julio de 1529 y el
original de la real cédula de Francisco I37, otorgada el 4 de marzo de 1525,
que han sido publicados por Gándara38, el Marqués de Rafal39 y otros tan-
tos40. En el archivo de la Casa de Mandiá, existe un traslado del privilegio
de 30.000 maravedíes otorgado en 1526 y en otro traslado, en este caso de
una reclamación del propio Pita da Veiga, se menciona la existencia de un
privilegio de 600 ducados de oro41. También ha sido publicada la carta del
Conde de Salm42, participante en la batalla, en la que reconoce los hechos
protagonizados por Alonso Pita da Veiga43.
37 También se conserva la traducción que de dicha cédula hizo Adrián Pelegrín, cónsul de Fran-
cia en La Coruña en el año 1632.
38 DE LA GÁNDARA, Fray Felipe: Nobiliario, armas y triunfos de Galicia, hechos heroicos
de su nobleza, y de la mayor de España y Europa. Impreso por Julián Paredes. Madrid 1677.
39 MARQUÉS DE RAFAL: “Un privilegio del Emperador Carlos V y una cédula firmada por
Francisco I” en Boletín de la Real Academia de la Historia Tomo 104. Madrid año 1934.
40 Los originales se conservan en poder de la familia.
41 Trabajo inédito de G. Pita da Veiga y F. Dopico. Véase nota 29.
42 Quien defendió el sitio de Viena de 1529. Consejero y Chambelán de Fernando de Austria, de
quien Alonso recupera el estandarte.
43 PEINADO, Narciso: “El heroísmo gallego en la batalla de Pavía”, en Boletín de la Comisión
de Monumentos de Lugo, nº 27-28, año 1948.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 155-192. ISSN: 0482-5748
156 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
Ilustración 1. Privilegio de armas concedido a Alonso Pita da Veiga por Carlos V en
1529 junto con la cédula firmada por Francisco I en 1525 (abajo derecha). Ambos
documentos originales continúan en poder de la familia.
Por parte de Diego de Ávila se han publicado dos privilegios y una
confirmación. El primero44 con fecha de 26 de julio de 1526, el segundo y
el tercero con fecha de 15 de enero de 1529, cuyos originales se conservan
en la Real Armería de Madrid y fueron publicados por Fernández Duro45..
De Juan de Urbieta se desconoce el paradero de los originales. Se
han publicado los traslados o se han comentado los siguientes documentos:
44 PIDAL, Marqués de, MIRAFLORES, Marqués de, SALVÁ, Miguel. [Link].
45 FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo: “Carta de privilegio y confirmación dada por el emperador
Carlos V a Diego de Ávila, hombre de armas de la capitanía de D. Carlos de Lannoy, hacién-
dole hidalgo de solar conocido por haber derrocado del caballo y rendido prisionero al rey de
Francia Francisco I en la batalla de Pavía, año 1525”, en Boletín de la Real Academia de la
Historia. Tomo XIV año 1889.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 156-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 157
privilegio del 20 de marzo de 1530, únicamente el comentado por Lopo de
Isasi46, pues lo había visto de manos de Marta de Alzariaga, viuda del capi-
tán Sebastián de Urbieta; la real cédula47 de Francisco I del 4 de marzo de
1525; y la carta del Señor Alarcón de 18 de agosto de 1525.48
Si bien todos los documentos acreditan a estos tres hombres de armas
como verdaderos protagonistas de la captura, hemos considerado como im-
prescindible el reconocimiento del propio rey francés para poder afianzar
el hecho. De Alonso Pita da Veiga se conserva el original y de Urbieta ha
sido publicado el traslado, pero se desconoce el paradero del original. De
Ávila, en cambio, no se conserva ni uno ni otro y no existe publicación de
su contenido. En el privilegio de 1526 no se menciona su existencia49, sin
embargo, es en el de 1529 donde sí se hace mención a él: una certificación
que de ello os dió el dicho Rey de Francia, firmada de su mano, que ante nos
presentasteis (…)50. No se conoce la existencia de otra cédula concedida por
Francisco I ni original ni traslado ni referencia alguna.
PREEMINENCIA EN LA CAPTURA
Llegados a este punto: ¿se puede dar preeminencia a alguno en la cap-
tura? Atendiendo a la documentación: no. Así, en los extractos contenidos
en cada documento relativos al hecho de la prisión, se lee:
De Alonso Pita da Veiga, en el privilegio del 24 de julio de 1529: y en
la misma batalla hizistes tanto que allegastes a la misma persona del dicho
Rey y fuystes en prenderle juntamente con las otras personas que le pren-
dieron (...)51. En la cédula de Francisco I, de 4 de marzo de 1525: Alonso
Pita fue de los primeros que fueron a nuestra prisión cuando fuimos hechos
prisioneros delante de Pavía. Y de su ayuda y poder nos ayudó a salvarnos
la vida de que le somos atendidos (…)52. De la carta, sin fecha, de Nicolás,
Conde de Salm: llegó a la persona del Rey de francia y fue el dicho Alonso
Pita con la dicha enseña en tomar a la persona del rey en prisión y por ques
46 ISASI, Lopo de. Compendio Historial de la muy noble y muy leal provincia de Guipuzcoa.
Año de 1625. Impreso en San Sebastián por Ignacio Ramón Baroja año de 1850.
47 PIDAL, Marqués de, MIRAFLORES, Marqués de, SALVÁ, Miguel. [Link].
48 SUÁREZ DE ALARCÓN, Antonio. “Comentarios de los hechos del Señor Alarcón, marqués
de la Valle Siciliana, y de renda; y de las guerras en que se halló por espacio de cincuenta y
ocho años”, publicados por don Alonso de Alarcón, Canónigo de la Santa Iglesia de Ciudad
Rodrigo. Madrid, año 1665.
49 Como tampoco el de Alonso Pita da Veiga de esa fecha.
50 FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo. [Link].
51 Transcripción del original en poder de la familia.
52 De la traducción del cónsul de Francia, también en poder de la familia.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 157-192. ISSN: 0482-5748
158 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
verdad esto le hago fe para que Vra alteza le haga mercedes y de mi parte
umill mente le suplico a Vra alteza que se las haga por quel servicio muy
bien enesto y en lo demás y esta es la verdad.- Macolas Conte de Salmo.53
De Juan de Urbieta, en el privilegio del 20 de marzo de 1530 conce-
dido por Carlos V que, según Lopo de Isasi, única fuente existente, dice así:
fue uno de los que fueron a hacer rendir y prender al dicho Rey de Fran-
cia54. En la cédula de Francisco I, del 4 de marzo de 1525: Hacemos saber
a todos aquellos a quienes tocare, que Joan de Urbieta del Señor D. Hugo
de Moncada fue de los primeros que se hallaron en mi riesgo cuando fuimos
presos delante de Pavía, y nos ayudó con todo su poder a salvar la vida en
que le estamos en obligación (...)55. Carta del Señor Alarcón: Y ahora en la
prisión del Christianísimo Rey de Francia se ha hallado, y lo ha hecho muy
bien (…)56.
De Diego de Ávila, como dijimos, la merced de 50.000 maravedís del
26 de julio de 1526 no habla de la cédula de Francisco I, como tampoco lo
hace la de Pita da Veiga de ese año; pero sí en el privilegio del 15 de enero de
1529. Conviene leer lo contenido en dicho privilegio: peleando esforzada-
mente e señalando vuestra persona, no con poco peligro e afruenta llegastes
donde el dicho Rey de Francia estava peleando e le derrocastes del cavallo
e se os rendió por prisionero e os dio en señal de dárseos por tal la manopla
derecha y el estoque con que peleava, de lo qual estamos bien ciertos e cer-
tificados por Relación de los dichos nuestros capitanes generales del dicho
nuestro exército, e de otras personas que en la dicha batalla se hallaron, e
por una certificación que dello os dio el dicho Rey de francia, firmada de su
mano, que ante nos presentastes. E por mayor certificación dello traxistes la
dicha manopla y estoque a estos nuestros Reynos, e lo distes e entregastes a
mi el Rey en mis manos en la cibdad de toledo el año pasado de quinientos
e veynte e çinco e quedaron e están en mi cámara (…)57. Desgraciadamente,
desconocemos el contenido de la cédula de Francisco I concedida a Diego
de Ávila, pero, por lo expresado en el privilegio, podríamos entender que no
hubo más captores, que él solo derribó al rey del caballo y que el rey se le
rindió dándole en prenda la manopla y el estoque.
De todos, el privilegio de Diego de Ávila es sin duda el que descon-
cierta por no estar en sintonía con ningún otro. Por ello, merece un especial
análisis. De no tratarlo debidamente junto con los otros dos, negaría cualquier
53 PEINADO, Narciso. [Link].
Lopo de. [Link].
54 ISASI,
55 PIDAL, Marqués de, MIRAFLORES, Marqués de, SALVÁ, Miguel. [Link].
56 BENITO RUANO, Eloy. [Link].
57 FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo. [Link].
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 158-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 159
participación de Urbieta que hubiese llegado primero o con él, como sostie-
nen las crónicas. Negaría la presencia y el relato de Pita da Veiga, y de igual
manera, negaría lo contenido en los privilegios de sus compañeros de captura
que son incompatibles con un rey desarmado y rendido a Ávila. No parece
creíble que el rey en su huida lo hiciese desarmado, con el estoque envainado,
y que en el intento de derribo no se defendiese. Tampoco consideramos lógico
la entrega de una manopla como gaje de la rendición, entregando otra a Pita
da Veiga, quien, según algunas crónicas, llegó más tarde o no llegó. Además,
Alonso Pita da Veiga reconoce en su relato que las prendas del rey las obtuvo
en el lógico forcejeo para reducirlo y derribarlo, y no que él se las haya entre-
gado. Hubiese sido más fácil y beneficioso para Pita da Veiga decir que el rey
se las entregó como señal. Pero el no hacerlo da veracidad a su narración de
los hechos, además de coherencia con la documentación. El relato de Alonso
Pita da Veiga parece a todas luces más lógico: que el rey vaya armado, es de-
cir, con el estoque desenvainado, y que en el intento de prenderle se le arrebate
este junto con la manopla. Ya vimos que Pedro Mexía escribía sobre Ávila y
Urbieta: entre los cuales hubo competencia sobre ello dicese que elo vizcaino
llegó primero al rey pero el diego de avila hubo el estoque por do probaba
haberse rendido a él58.
Que Ávila participó derribando al rey del caballo y tomando el esto-
que, no lo dudamos. Pero para mayor coherencia de los otros privilegios,
la captura debió ocurrir tal y como narra Alonso Pita da Veiga. Añadamos
que Pita da Veiga no otorga a Urbieta prenda alguna y no consta en ningún
documento que este la tomara.59 A Ávila sí le concede el estoque y la ma-
nopla que están corroborados por la documentación. Y añade que él le tomó
la banda de brocado y la otra manopla, como bien expresa el privilegio, y
el escudo de armas que se le concede. Que la entrega del estoque, no del
estoque y la manopla, suceda en las rendiciones puede ser cierto, sobre todo
en una ceremonia o cuando se ha visto incapaz antes de pelear, pero la po-
sesión del estoque no implica haberse rendido el dueño. Así pues, dudamos
mucho que Francisco I se rindiese a Ávila o a ningún otro de los captores
entregando el estoque, pues es diferente la prisión que el acto de rendición60.
58 MEXÍA, Pedro. [Link].
59 Salvo el anillo citado por García Cerezeda.
60 Pero podríamos añadir algo más que no es de nuestro gusto pues es suponer intenciones, pero
que vistos los juicios de otros autores, añadimos: En su relato, Alonso Pita da Veiga explica
cómo sucedió la captura. Hasta el derribo del caballo, los tres tienen protagonismo pero solo
Pita da Veiga y Urbieta descabalgan. Ávila puede reclamar un papel relevante pues es el que
tiene el estoque y esto se puede interpretar como rendición. Por último, recordemos que Ávila
era granadino y es en esa localidad donde el 6 de julio de 1526 se firma su primer privilegio.
No abundaremos más en esta idea pero se adivina la dirección que sigue.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 159-192. ISSN: 0482-5748
160 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
Este es el único de los privilegios que necesita puntualizarse, pues por los
otros, por mucho que se empeñen los que defienden a uno u otro, no existe
preeminencia alguna en la captura.
LA RECUPERACIÓN DEL ESTANDARTE
La versión de que Urbieta hubiese llegado primero al rey y lo aban-
donase para rescatar un estandarte es la establecida por la crónica de Juan de
Oznaya años después de la batalla y de la que hablamos al principio.
No hay referencia documental a esa recuperación del estandarte ni
ninguna de las otras crónicas principales lo relata61. Esto puede deberse a
una confusión del redactor con la recuperación del estandarte por parte de
Alonso Pita da Veiga, en este caso documentado de manera más que sufi-
ciente. Pero, según las crónicas, serían dos estandartes distintos: el de Pita
da Veiga es el del infante don Fernando, hermano del emperador, y el de
Urbieta es el de la compañía de Hugo de Moncada. Según el hijo de Urbie-
ta, el estandarte recuperado por su padre tenía las armas imperiales. Por lo
tanto, no sabemos si se recuperaron dos estandartes o uno. Solo tenemos el
privilegio de la recuperación del estandarte por Alonso Pita da Veiga.
En la explicación del contenido del privilegio de armas de Juan de Ur-
bieta por el doctor Lopo de Isasi en 1625, lo único de lo que disponemos es que
fue uno de los que fueron a hacer rendir y prender al dicho Rey de Francia62,
no se dice que en dicho privilegio se haga referencia a la recuperación del es-
tandarte. De la descripción de las armas de Urbieta tampoco se puede deducir
este hecho: El privilegio del escudo de armas le concedió el Emperador en
Boloña en 20 de Marzo de 1530 como aparece en pergamino, en el cual dice
que por haberle servido Joanes de Urbieta en Italia y Reino de Nápoles en las
guerras, poniendo y aventurando su persona a todo peligro, especialmente
en la batalla que su egército ovo en el Reino de Francia nel año de 1525, de
Pavía que es en Lombardía: en la cual plugo a Nuestro Señor dar victoria a
su egército, quedando preso el Rey de Francia, y muertos y presos muchos
Príncipes, y siendo a la sazón hombre de armas de la compañía de D. Hugo
de Moncada su capitán, y del su consejo ya difunto: fue uno de los que fueron
a hacer rendir y prender al dicho Rey de Francia: lo cual dice que le constó
ser así por certificación firmada de su mano, que ante dicho Emperador pre-
sentó, y por cartas y relación de los capitanes que fueron de su egército, y de
ello estaba bien informado y certificado: y por semejantes servicios le daba
61 Nos referimos a aquellas que no son deudoras o copias de la de Oznaya.
62 ISASI, Lopo de. op. cit.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 160-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 161
por armas un escudo partido en dos partes, y en él figurado de medio abajo
un medio caballo de medio adelante en campo verde con una corona metida
por el pescuezo, y una flor de lis en los pechos: y de medio arriba un brazo
armado con una espada en la mano en orilla de un rio: y encima del escudo
un almete con sus plumajes: y por timbre un águila imperial63.
El mismo Urbieta en su testamento describe así sus armas: Un escudo
y dentro del escudo un campo verde, y junto al campo el río Tesín, pintado
con las ondas de la mar; y por encima del río un campo blanco, y en el
campo verde, debajo un medio caballo blanco, en el pecho una flor de lis
con su corona, y el freno y riendas coloradas, y la rienda caída a suelo; y
más un brazo armado con su estoque alzado arriba. Todo esto está dentro
el escudo. Y encima del yelmo, por timbre la águila imperial, partida en dos
cabezas, todo pintado, como parece por el previlegio y merced que de ellas
me hizo Su Majestad por la prisión del rey de Francia, y otros servicios64
Bien es cierto que, en el año 1583, el hijo natural de Urbieta, Fr. Juan
Esteban de Urbieta, escribe una carta a Mateo Vázquez, secretario de Felipe
II, en la que le dice: Desta manera pensar aquí el que hizo mi padre el día
de la batalla de Pavía en prender al Rey Francisco, libertar a Don Hugo de
Moncada, Capitán General, gratis, cobrar el estandarte imperial de poder
de franceses, que todas tres cosas hizo (…)65. Esta carta fue escrita 58 años
después de la batalla y aproximadamente 30 después de la crónica de Ozna-
ya, con lo cual bien pudo aceptar lo narrado en esta.
Sobre la recuperación que hizo Alonso Pita da Veiga, tenemos sobrada
documentación. Así lo narra él en su relato: en que allí mataron el alférez que
llebaba el estandarte Real del Rey de los Romanos e yo alonso pita da veyga
vecino de ferrol del Reyno de galizia arremetí con un estoque en la mano en
medio de su esquadrón y Recobré el dicho estandarte que ya lo tenían los
enemigos en su poder/ y lo bolbí a en arbolar (…) y entonçes llegaron allí
çiertos caballeros del Rey de ungría espanoles y úngaros entrelos quales yban
un caballero que se llamada quintanylla y otro don pero Laso y me pedieron el
dicho estandarte deziendo quera suyo de ellos y que ellos lo avían de llebar e
yo les Respondí que donde ellos lo avían perdido lo avía yo cobrado y que no
se lo daría porque si ellos lo querían seguir yo lo pondría donde ellos oviesen
menester las manos como yo havía hecho pacobrarlo donde me mataran el
Ibídem.
63 Desgraciadamente no transcribe el privilegio, solo da noticia de su contenido. Al-
guien podría suponer que el águila imperial hace referencia al estandarte. Nosotros creemos
que no. Iría reflejado en el privilegio como en el de Alonso Pita da Veiga donde además se
pinta de manera evidente (el escudo de Pita da Veiga lleva como timbre un brazo armado
de estoque).
64 PIDAL, Marqués de, MIRAFLORES, Marqués de, SALVÁ, Miguel. [Link].
65 BENITO RUANO, Eloy. [Link].
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162 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
caballo e yo ya avía tomado otro de Refresco, de un paje mío (…)66. La carta
del Conde de Salm, que dice: fue muerto en medio de la vatalla el Alférez que
traía la enseña de los Gentiles hombres servidores del serenísimo Príncipe
Don Fernando, y muerto que fue el dicho Alférez tomaron los enemigos la
dicha enseña, y viendo esto Alonso Pita, Hombre darmas, de la compañía del
Señor Don Hugo de Moncada arremetió en medio de los enemigos, y cobró la
dicha enseña (…)67. El privilegio de armas de 1529: peleastes como valiente
hombre y cobrastes de poder de franceses el estandarte del serenísimo ynfan-
te don fernando que agora es Rey de ungría nuestro muy caro y muy amado
hijo y hermano en el qual yva la ynsinja del nuestro ducado de borgoña y lo
tomaron los dichos franceses aviendo muerto al alférez que lo traya en premio
de la qual hazaña os hizimos merced de seyscientos ducados de oro (…)68. Al
describir las armas que le concede: y el campo de quarto siniestro asi mismo
colorado y en el el dicho estandarte del dicho serenísimo Rey de ungría con
las armas del nuestro ducado de borgoña (…)69.
¿FUE SUERTE?
Algunos autores tachan el hecho de la prisión como algo fortuito,
un golpe de suerte. Tras el estudio de la documentación, creemos que no
se puede afirmar tal cosa. No podemos asegurarlo, pero sí trataremos de
razonarlo.
Alonso, en su crónica, dice: e yo encontré con un caballero françés
que se vino a mi deziendo que le salbase la vida e él me daría diez mil duca-
dos de rescate70 e yo le pregunté donde yba la persona del Rey y él me dixo
que yba adelante cabe una enseña blanca e yo me fuy derecho aella (…)71.
Por el texto, sabemos que Alonso buscaba a la persona del rey, reconocible
por ir con una enseña blanca.
Sin embargo, Fausto Arocena Arregui dice sobre la captura del rey
de Francia: Vaya por adelantado que el heroísmo de los aprehensores de
Francisco I se nos antoja un heroísmo ocasional, ya que la acción fue alea-
toria y ajena a la intención premeditada del agente. El aprehensor no buscó
66 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
67 PEINADO, Francisco. [Link].
68 Tomado del Original.
69 Ibídem.
70 Pavía fue una batalla sin cuartel.
71 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 162-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 163
deliberadamente al rey, sino que el rey se le vino a las manos. La suerte, fa-
voreció a un determinado personaje. Fuere Diego de Ávila, Mr. Pomperant,
Alonso Pita, don Juan de Aldana o Juan de Urbieta, su gloria fue gloria de
lotería (…)72. Este juicio, sin duda personal, esta devaluación del hecho ha
sido repetida en diferentes ocasiones y por diferentes autores. El texto en
solitario puede ser insuficiente para entender los motivos para tal aprecia-
ción, pero quizás queda esclarecido en el que le sigue, en el que añade que,
por ello, por ser heroísmo ocasional, no atrae mucho volumen de gloria73
sobre el aprehensor y su patria. Puede tratarse de una manera de desvestirse
de parcialidad, localismo, etc. para emitir un juicio que parezca justo y que
este no señale nada más que un hecho histórico sin consecuencias que pu-
dieran pervertir las intenciones. Conviene recordar que Arocena y Urbieta
son vascos y curiosamente finaliza su artículo dando a este preeminencia por
considerar la crónica de Oznaya como la más veraz74.
Es evidente que el hecho tiene el valor del prisionero capturado. De
no ser así, no sería más que un momento de la batalla. Para que sea heroico,
debe existir la voluntad, pero no así para la gloria, ya que esta se define
como la reputación, fama y honor que resultan de las buenas acciones.
Como hemos dicho, Alonso pregunta por la persona del rey y va hacia
él. Si no tomamos en consideración el relato de Alonso, lo que para noso-
tros no debe hacerse a la ligera, debemos preguntarnos si era reconocible la
figura del rey.
En las cartas del Abad de Nájera, al tratar de los fallecidos dice: El
Marqués de Civita Sant angelo ha parescido oy entre los muertos con mu-
chas heridas pequeñas y una grande de estoque en la cara deviose de ol-
vidar de lacar la vista al tiempo de afrontar (…)75. Alonso de Santa Cruz,
en su Crónica del Emperador, dice: D. Fernando de Castrioto, Marqués de
Civita Sant Angelo, yendo hacia el rey de Francia para cometerlo, el mismo
Rey le dio una estocada por la vista que llevaba alzada y cargaron sobre él
todos los caballeros que con el Rey estaban y le dieron tantas heridas que
luego murió (…)76.
Por lo tanto, todo hace indicar que el rey sí era reconocible. Además,
la vestimenta y la cabalgadura también lo eran. Recordemos que en el escudo
72 AROCENA ARREGUI, Fausto. [Link].
Ibídem.
73
74 De la que ya señalamos sus incoherencias e imprecisiones.
75
De las cartas del Abad de Nájera al emperador se encuentran varias copias manuscri-
tas en la Biblioteca Nacional de España. Hemos utilizado las del año 1525 con signatura
Mss/20213/21/60-67
76 BELTRÁN, Ricardo y BLÁZQUEZ, Antonio. Crónica del emperador Carlos V compuesta
por Alonso de Santa Cruz, su cosmógrafo mayor. Madrid, 1920.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 163-192. ISSN: 0482-5748
164 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
de armas de Urbieta, el caballo representado lleva la flor de Lis coronada en
el arnés. Además, en diferentes representaciones, incluyendo la tumba del rey,
aparece su cabalgadura con elementos reconocibles que se repiten, entre ellos
la F coronada, la salamandra, la flor de Lis, la cruz blanca de Francia, etc.
En esa línea y en relación con el modo en que se produjo la prisión, nos
surge otra pregunta: ¿por qué tres hombres de armas van contra un francés y
lo derriban del caballo? De ser un lance de la batalla como otro cualquiera que
enfrenta a un caballero francés con las tropas imperiales, no se explica que tres
hombres de armas lo derriben, matándole el caballo. Creemos que eso solo lo
harían si tuviesen intención de apresarlo y no de matarlo, y esto no hubiese su-
cedido de no tratarse del rey. Bien es cierto que la versión de un arcabucero ma-
tando el caballo, no al jinete, versión que no compartimos, puede dar a entender
que, cuando se apearon para rematarlo, el rey se diese a conocer. Eso mismo
relata Alonso Pita da Veiga: le alçamos la vista y él dixo que era el Rey que no
le matásemos (...)77. Como es lógico, el rey sí que desconocía las intenciones
de sus aprehensores y por lo tanto se identifica para salvar la vida. Este gesto y
expresión de Francisco I que, repetimos, obedecía a desconocer las intenciones
de sus captores, se ha tomado como prueba de la ignorancia de estos.
Añadimos que en el relato de Pita da Veiga, antes de que el rey se
identificase, preguntan por el marqués de pescara para se lo entregar78.
Sabían de quién se trataba79.
ACLARACIONES A LOS ERRORES MÁS FRECUENTES
Eran hombres de armas
Incomprensiblemente, dentro del cúmulo de errores arrastrados, hoy
en día está muy difundida la versión de que los aprehensores eran soldados
de infantería, arcabuceros, etc. En este punto poco nos pararemos, pues la
documentación no deja lugar a dudas: los tres, Alonso Pita da Veiga, Diego
de Ávila y Juan de Urbieta eran hombres de armas. Pita da Veiga y Urbieta,
de la compañía de Hugo de Moncada y Ávila, de la del virrey de Nápoles.
Así lo dice la documentación. En el privilegio a Pita da Veiga del 13
de enero de 1526: Alonso Pita da Veiga hombre darmas de la compañía de
77 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
78 Ibídem.
79 Evidentemente, se puede suponer que Pita da Veiga tiene intención de que así parezca. Pero
visto lo expuesto, nos parece mucho suponer.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 164-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 165
Don Hugo de Moncada (…)80. En el privilegio a Diego de Ávila del 22 de
abril de 1528: seyendo vos hombre darmas de la capitanía del dicho nues-
tro visorrey de Nápoles (…)81. En el privilegio a Juan de Urbieta del 20 de
marzo de 1530: y siendo a la sazón hombre de armas de la compañía de D.
Hugo de Moncada (…)82.
Por aquel entonces, las compañías de caballería podían ser de hom-
bres de armas o de caballos ligeros. La de hombres de armas correspondía a
lo que podemos entender como caballería pesada. Solían ser de cien lanzas
y cada lanza en España podía estar constituida por un hombre de armas
sencillo, de una sola cabalgadura, o doblado, que mantenía dos caballos,
el segundo llamado “dobladura” o “de refresco”. El hombre de armas solía
disponer también de un “paje de lanza”. En el caso de Alonso Pita da Veiga,
sabemos por su relato que disponía de dobladura y paje de lanza, y que pre-
cisamente en Pavía le mataron el caballo y tuvo que requerir del de refresco
para continuar la batalla83.
Esta condición de nuestros protagonistas no debe obviarse si se quiere
entender bien la captura del rey. Sabiendo que no uno, sino que los tres eran
hombres de armas, es decir, de caballería, no parece muy creíble que captu-
raran al rey en tierra como dicen algunas crónicas.
La muerte del caballo del rey
Tanto el marqués de Pescara como el abad de Nájera cuando, en sus
cartas, informan al emperador de la captura del rey, nada dicen de cómo mu-
rió el caballo. Así, Pescara dice simplemente: fue preso el Rey de Francia84.
El abad de Nájera: fuele muerto el cabayo y en cayendo en tierra85. Valdés:
80 Trabajo inédito de G. Pita da Veiga y F. Dopico. Véase nota 29.
81 FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo. [Link].
82 ISASI, Lopo de. [Link].
83 Los hombres de armas debían ser personas de cierto nivel económico, dados los gastos que
suponían las armas y armaduras, cabalgaduras, así como el sueldo y mantenimiento del paje,
y se les exigía cierta condición, bien de hidalgo, bien cristiano viejo, o bien no haber desem-
peñado oficios de los considerados viles. Iban pesadamente armados provistos de armadura
completa. Entre sus armas, contaban con la lanza de ristre como pieza más característica, un
estoque colgado del arzón, una espada de armas de gran envergadura para combatir en tierra
en caso de ser derribado y una daga. (O’DONNELL Y DUQUE DE ESTRADA, Hugo. Los
hombres de armas de las Guardas de Castilla, elemento básico en la estructura militar de la
España de Felipe II. La organización militar en los siglos XV y XVI en Actas de las II Jorna-
das Nacionales de Historia Militar. Sevilla, 1993. QUATREFAGES, René. La organización
militar en los siglos XV y XVI. La organización militar en los siglos XV y XVI. Actas de las
II Jornadas Nacionales de Historia Militar. Sevilla, 1993).
84 CABALLERO, Fermín. [Link].
85 NÁJERA, véase nota 75.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 165-192. ISSN: 0482-5748
166 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
mataron el caballo al rey de francia86. Pedro Mexía: cayó y fue derribado
su caballo con él87.
Ilustración 2. Apresamiento del rey de Francia Francisco I en la batalla de Pavía. Se
diferencia esta versión de las demás, en incluir el estandarte con las armas de Borgoña
recuperado por Alonso Pita da Veiga. Representación 1/8 de las Victorias de Carlos V,
1570-1580. Museo de Historia del Arte de Viena.
García Cerezeda no da ningún dato sobre la muerte del caballo, pero
Oznaya sí: un arcabucero le mató el caballo88. El doctor Quiñones: cayó
su caballo muerto de un arcabuzazo89. A partir de aquí, el arcabucero será
imperial, español o, en el caso más relevante, italiano. Entre estos últimos,
86 CABALLERO, Fermín. [Link].
87 MEXÍA,Pedro. [Link].
88 OZNAYA, Juan de. [Link].
89 QUIÑONES, Juan de. [Link].
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 166-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 167
destaca Cesare Hercolani, un condotiero italiano al que apodaron el “Ven-
cedor de Pavía”. Pero como siempre, lo que diferencia la tradición de la
historia es la documentación.
En “Il Saggiatore”, en su volumen V del año de 1846, se publica el
texto del privilegio del emperador Carlos V a Cesare Hercolani por su parti-
cipación en Pavía. En dicho texto, no dice que fuese su captor ni el que mató
al caballo, lo que debería ir reflejado. Solo testimonia su valor en la batalla
en la que fue hecho prisionero el rey y otros: quod non solumexercitum
predictum regis Francorum debellatum fuit verum enimvero persone dictis
regis Francorum aliorumque principum ducum et militum illum famulanti
capte ad nosque devecte fuere (…)90. El mismo autor de la transcripción
reconoce no ser admisible lo atribuido a Hercolani. Añade que hay otro di-
ploma del 29 de marzo de 1699, 174 años después, del Emperador Leopoldo
al conde Filippo Hercolani donde atribuye a su antepasado la muerte del
caballo. Reconoce que dicho diploma no tiene valor histórico. También le
sorprende al autor que en las armas de Hercolani no existe ningún elemento
que haga referencia al hecho.
Marco Galandra, uno de los mayores especialistas en la batalla de
Pavía, asegura que Cesare Hercolani no es citado en las crónicas de la ba-
talla de los contemporáneos o de los que participaron en dicha batalla. Que
el título de “Vencedor de Pavía” es exagerado e inexacto para quien, dicen,
fue el primero en herir al caballo. Añade que no existe documento que pueda
probar tales afirmaciones.
Por todo lo cual, la muerte del caballo del rey a manos de Herco-
lani no tiene ninguna evidencia documental. En nuestra opinión, no hubo
arcabucero que matase al caballo. Nos basamos para esta afirmación en la
crónica de Alonso Pita da Veiga quien dice: y le matamos el caballo y nos
apeamos Joanes e yo (...)91; en lo que expresa el privilegio de Diego de
Ávila: le derrocasteis del caballo92; y en las armas concedidas a Urbieta:
un medio caballo de medio adelante en campo verde con una corona me-
tida por el pescuezo, y una flor de lis en los pechos (...)93. O como él las
describe en su testamento: debajo un medio caballo blanco, en el pecho
una flor de lis con su corona, y el freno y riendas coloradas, y la rienda
caída a suelo (…)94.
90 GENNARELLY, Anchille y MAZIO, Paolo. Il Saggiatore, giornale romano di Stroia, Belle
Arti e Letteratura. Volumen V, año III, Roma, 1846.
91 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
92 FERNÁNDEZ DURO, Cesareo. [Link].
93 ISASI, Lopo de. [Link].
94 PIDAL, Marqués de, MIRAFLORES, Marqués de, SALVÁ, Miguel. [Link].
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 167-192. ISSN: 0482-5748
168 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
¿Privilegios de hidalguía?
También es importante señalar que se han confundido los privilegios
de armas concedidos a Urbieta y a Pita da Veiga con privilegios de hidal-
guía, pero en este punto tampoco nos vamos a detener en exceso ya que
basta leer la documentación.
En el privilegio de Diego de Ávila sí se dice expresamente que se le
hace hidalgo de casa y solar conocido, con lo cual no existe duda. En los
privilegios de Pita da Veiga y Urbieta, sin embargo, nada se dice al respecto.
El motivo no es otro que el que ambos ya eran hidalgos.
En el caso de Urbieta, se documenta por las probanzas para la orden
de Santiago en 1542. Así se lee en la provisión de S.M. del 26 de septiembre
de ese mismo año: a vos don sancho de Leyba cavallero de la dicha orden
salud e gracia sepades que el capitán Juanes de Urbieta me hizo relación
que su propósito e voluntad es de ser en la dicha orden y vivir en la obser-
vancia y sola regla y disciplina della por deboción que tiene al buenaven-
turado apostol Santiago suplicando que lo mandase admitir y dar el ábito
e ynsignea de la dicha orden como la mi merced fuese y por que la persona
que se a de recibir a la dicha orden e dar el dicho ávito a de ser hijo dalgo
al modo e fuero de españa e tal que concurran en él las cualidades que los
establecimientos de la dicha orden disponen (…)95. En las pruebas de hidal-
guía de Urbieta, en ningún momento se habla de privilegio. Los testigos que
deponen certifican la hidalguía de la familia del capitán96.
El caso de Pita da Veiga es más fácil de documentar, pues hablamos
de documentos “oficiales” anteriores a la batalla de Pavía; así, ya aparece
empadronado como Hidalgo Notorio en los padrones de Santa Uxía de Man-
diá en 1514, entre otros97.
La cadena de la Orden de San Miguel
Uno de los adornos que no suele faltar en los retratos de Francisco I es
la cadena de la Orden de San Miguel, de la misma manera que no falta el co-
llar del Toisón de Oro en los de Carlos V. Probablemente por su relevancia,
muchas crónicas lo han incluido entre las prendas de las que se apropiaron
sus captores. En concreto, este objeto se le ha atribuido erróneamente a los
95 A.H.N., Consejo de Órdenes, Caballeros de Santiago, Exp. 8307.
96 MUNÁRRIZ URTASUN, Eufrasio de. El capitán Urbieta. Revista internacional de estudios
vascos. París, 1924.
97 Contenidos en Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Sala de Hijosdalgo caja 560, 17.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 168-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 169
conseguidos por Alonso Pita da Veiga. Pero para conocer que Pita da Veiga
no lo tuvo, en contra de las crónicas como la de Oznaya, recurrimos de nue-
vo a la documentación.
El Abad de Nájera, presente en la batalla, nos cuenta en sus cartas al
emperador el estado del rey cuando fue preso. En la carta del 24 de febrero de
1525: ha plazido a dios nuestro señor dar a V. M. la más gloriosa victoria del
mundo. El Rey ha sido preso y algo herido en el rostro en dos partes cosa muy
poca, fuele muerto el cavallo y en cayendo en tera que no se podía bolver el
cavallo y teníale la pierna debaxo en la qual tiene una muy pequeña herida
que le dio un ynfante español (...)98. En la del 25 de febrero: Ayer avisé a V.M.
de la victoria que dios le avia dado y como el rey de más de ser preso avía
avido dos pequeñas heridas en la cara y así se juzgará por todos los que le
veyan la sangre que traya en ella más la verdad no traya herida ninguna sino
en la pierna y entre los dedos de la mano y todo es muy poca cosa (...)99.
La crónica de Valdés añade el posterior despojo: fue herido en la ca-
beça aunque no peligroso: y despojado hasta el jubo. El viso rey de Nápoles
le hizo vestir el sayo darmas quel traya vestido (…)100.
También cuentan las crónicas que Francisco I fue desprovisto de prácti-
camente todo cuanto traía, así, el doctor Juan de Quiñones: Todos los soldados
que se hallaron cerca, lisongeando al Rey, y honrándose a si, le cortaran y
rompían pedaços del vestido; unos le quitaron los penachos y vandereta que
en el yelmo traía, otros las espuelas, pretendiendo con esto poder mostrar
cada uno parte de tan señalado despojo y gloriarse con él (…)101.
Si bien parece que ninguna prenda o adorno del rey quedó sin nuevo
propietario y que, de llevar el collar de la Orden de San Miguel, sufriría igual
suerte que las demás, no existe documento que acredite que Alonso Pita da
Veiga obtuviera en prenda la cadena con la Orden de San Miguel, como han
mantenido ciertos autores, entre ellos, como dijimos, Juan de Oznaya y su
crónica: Y en esto llegó allí otro hombre darmas, gallego de nación, llama-
do Pita, el cual le ayudó a levantar y tomó al rey la insignia que de Santa
Miguel al cuello traía en una cadenilla, que es la órden de la caballería de
Francia, y tráenla como los del emperador el Tusón102.
Para conocer las prendas que obtuvo Alonso Pita da Veiga basta con
leer el privilegio, donde no aparece por ningún lado la cadena. Así, se lee en
su privilegio de 1526: y tomó al dicho rei de Francia la manopla yzquierda
98 Véase nota 75.
Ibídem.
99
100 CABALLERO, Fermín. [Link].
101 QUIÑONES, Juan de. [Link].
102 OZNAYA, Juan de. [Link].
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 169-192. ISSN: 0482-5748
170 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
de su arnes, y una banda de brocado con el crucifixo de la vera cruz, de lo
qual estamos bien ynformados y certificados.103 En el privilegio de armas
de 1529: y vos le qiytastes la manopla yrquierda de su arnés y una banda
de brocado que traya sobre sus armas con cuatro cruces de tela de plata
y un crucifijo de la vera cruz de lo cual el mismo Rey de francia hizo fee y
testimonio por una cédula firmada de su propia mano (…)104. Concuerda
lo contenido en ambos privilegios con lo expresado en la crónica de Pita da
Veiga: y allegado yo por el lado yzquierdo le tomé la manopla y la banda
de brocado con quatro cruces de tela de plata y en medio el cruçifixo de la
vera cruz que fue de carlomanno105.
Añadimos un texto inédito. Una solicitud de Alonso Pita da Veiga di-
rigida al emperador en el año de 1536: que fue el que recobró el estandarte
del rei de Ungría que estava en poder de los franceses que con él executó la
vistoria, y que fue uno de los que predió al dicho Rei de Francia y le tomó
la manopla y la banda de brocado con el crucifixo de la vera cruz, y la cinta
con la vaina del estoque, que traía en la batalla (…)106.
A la vista de la documentación, Alonso Pita da Veiga nunca tuvo el
collar de la Orden de San Miguel. Como veremos más adelante, es una de
las prendas que el Coronel Juan de Aldana, muy probablemente, consiguió
del saqueo del campamento francés.
Lignum Crucis y la banda con el crucifijo de la Vera Cruz
De igual manera que con el collar de la Orden de San Miguel, hay
autores que mencionan que Pita da Veiga, de una u otra forma, recibió de
Francisco I un trozo de Lignum Crucis. Esta afirmación requiere mayor pru-
dencia, ya que podría tratarse de cierta confusión al relacionar el crucifijo de
la Vera Cruz que traía en la banda con la entrega de esa reliquia.
El doctor Quiñones, al hablar de las prendas conseguidas por Alonso
Pita da Veiga, menciona el Lignum Crucis: Otros autores dizen, que huvo
de aquel famoso despojo una manopla, y que el Rey le dio después un peda-
zito de Lignum Crucis (...)107. Al hablar del estado de Francisco I, describe
cómo, supuestamente, lo llevaba: Tenía el coselete todo tan abollado de
arcabuzazos, y golpes que él avía recebido, que todos atribuyeron a milagro
103 Trabajo inédito de G. Pita da Veiga y F. Dopico. Véase nota 29.
104 Tomado del original, propiedad de la familia.
105 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
106 Trabajo inédito de G. Pita da Veiga y F. Dopico. Véase nota 29.
107 QUIÑONES, Juan de. [Link].
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 170-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 171
no haberle ofendido las balas, por traer un pedazito de Lignum Crucis al
cuello engastado en ricas y preciosas piedras (…)108.
Gonzalo de Illescas escribe: los primeros que llegaron a él, dizen que
fueron Diego de Ávila, y Juan de Urbieta vizcayno. Y señaladamente Alonso
Pita de Aveyga de nación gallego criado de la casa del Marqués de Sarria,
el qual huvo de aquel famoso despojo una manopla. Y el mesmo Rey des-
pués le dio un pedaçito del Lignum Crucis, y una cédula Real, por la qual
confesó averse hallado Pita entre los principales que le prendieron. En pre-
mio de lo qual el Emperador le dio seyscientos ducados en dineros, y treinta
mil maravedis de por vida, y un privilegio para que pusiese por armas en su
escudo una Cruz, y una manopla con un Rey preso (…)109.
En sus obras, Benito Ruano110 y Vales Villamarín111 tratan de lo que el
enviado de la República de Siena relata en lo referente a las prendas consegui-
das de Francisco I: otro obtuvo una banda que el cristianísimo llevaba cruzada
sobre el pecho, la cual es de brocado de oro, semejante a una estola de sacer-
dote, en la que había varias cruces de seda blanca112 y entre ellas había una
de oro macizo, que tenía en uno de sus extremos una esmeralda, en el otro un
diamante, en el otro una perla y en el otro el engaste sólo, sin piedra; en me-
dio de la cruz había un crucifijo todo él de oro113, en relieve, en cuyo interior
dicen que hay un fragmento de madera de la cruz de Cristo; estímase esta cruz
en mil ducados más o menos, sin la reliquia, la cual me fue mostrada. Dijo el
señor Jerónimo Moron 114que dicha cruz era ya del rey Luis y que él la había
tenido en sus manos y que era de no sé qué iglesia115. En este caso, el trozo de
Lignum Crucis iría en el interior del crucifijo de la banda de brocado que, por
la documentación, sí sabemos que Alonso Pita da Veiga obtuvo del rey.
La documentación de Pita da Veiga al tratar de la prenda en el privile-
gio de 30.000 maravedíes: una banda de brocado con el crucifixo de la vera
cruz116; en el privilegio de armas de 1529: una banda de brocado que traía
sobre sus armas, con cuatro cruces de tela de plata, y un crucifijo de la vera
Ibídem.
108
109 ILLESCAS, Gonzalo de. Historia Pontifical y Católica. Volumen II, 1613.
110 RUANO, Benito. op. cit. En este caso en el italiano.
111 VALES VILLAMARÍN, Francisco. [Link].
112 Son cuatro las cruces representadas en las armas de Alonso Pita da Veiga, de plata, como dice
el privilegio: con quatro cruces de tela de plata. Sin embargo, El enviado de Siena dice que
son blancas y conocemos la “Cruz Blanca de Francia”, que usó el mismo Francisco I.
113 La representación heráldica en el privilegio, lo que el original nos permite ver, es una cruz al
natural, quizás el Cristo de oro, pero ninguna piedra preciosa en sus extremos. En un traslado del
privilegio se dice que el Cristo es “al natural”(véase VALES VILLAMARÍN, Francisco. op. cit.).
114 Gerolamo Morone fue consejero del duque de Milán, Francisco II Sforza.
115 VALES VILLAMARÍN, Francisco. [Link].
116 Trabajo inédito de G. Pita da Veiga y F. Dopico. Véase nota 29.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 171-192. ISSN: 0482-5748
172 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
cruz117; y en la petición de Alonso Pita da Veiga al emperador en 1536: la ban-
da de brocado con el crucifixo de la vera cruz118. Es en su relato donde añade
algo más a la descripción: e tomé la manopla y la banda de brocado con quatro
cruces de tela de plata y en medio el cruçifixo de la Veracruz que fue de Car-
lomanno (…) y mostré al Rey la manopla que le tomara y la vanda de brocado
con el croçifixo de la Veracruz avia sido de Carlomagnno, y el primero don que
le avían dado en Françia quando le hizieron Rey de Françia avia sido aquel
cruçifixo de la vitoria (…)119.
Desgraciadamente, desconocemos la suerte que corrió la banda y hasta
ahora solo disponemos de la información expuesta, lo que nos permite aportar
conjeturas, pero no una solución. Tratando de ahondar en la descripción que
hace Pita da Veiga en lo referente al primer don que le habían dado cuando le
hicieron rey de Francia, cabe destacar que el Papa León X, en diciembre de
1515, tras la reciente victoria de Marignano120, obsequió a Francisco I con una
preciosa cruz que había adornado en Florencia, en la cual, entre las perlas y
piedras preciosas, se incluyó un fragmento de la Vera Cruz, tal y como describe
Novello, el biógrafo de León X: Papa regi Franciae dono dedit pretiosissimam
illam crucem quam Florentiae, ut novimus, exornari jusserat, in qua inter mar-
garitas et pretiosos lapides inclusa erat magna Verae Crucis particula: aum
porrigens papa regi hortatus est eum ut bellum crucis susciperet. 121
Paris de Grassis, maestro de ceremonias de León X, estimaba el valor
de la cruz en unos 15.000 ducados122. Otras descripciones hablan de un gran
relicario de oro en forma de cruz que contenía un fragmento de Lignum Cru-
cis123; o una cruz enriquecida con piedras preciosas que contenía un trozo de
madera de la Vera Cruz, tan grande como una gran avellana124. Estas descrip-
ciones coinciden en darle el valor de 15.000 ducados. Otras fuentes la citan
como un crucifijo.125 Es por tanto conocido que el rey francés había recibido
117 Tomado del original.
118 Trabajo inédito de G. Pita da Veiga y F. Dopico. Véase nota 29.
119 España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
120 El 14 de septiembre, viernes, día de la victoria de Marignano, se celebraba la Exaltación de la
Santa Cruz, dato cargado de simbolismo para lo que tratamos a continuación. Véase LECOQ,
Anne-Marie. François Ier imaginaire: Symbolique et politique à l´aube de la Renaissance
française. Macula, París, 1987, pág. 312.
121 LECOQ, Anne-Marie. François Ier imaginaire: Symbolique et politique à l´aube de la Re-
naissance française. Macula, París, 1987, pp 263-264.
122 Ibídem.
123 FERRAND, Franck. François 1er, roi de chimères. Flammarion, 2014.
124 AUDIN, Jean Marie Vincent. Histoire de Léon X et de son siècle. L. Maison, Libraire-Edi-
teur, París, 1850. Tomo segundo, pág. 142.
125 TEWES, Götz-Rüdiger, ROHLMANN, Michael. Der Medic-Papst Leo X. und Frankreich.
Spätmittelalter und Reformation, Mohr Siebeck, pág. 405.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 172-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 173
el año de su coronación un relicario en forma de una cruz o un crucifijo. Las
intenciones del Papa eran sacudirse parte del poder de Francia (consiguió la
adhesión de Francia al 5º concilio de Letrán), crear una cruzada contra el turco
y mostrar su favoritismo inicial por Francisco I para la corona imperial. De
ahí su interés en identificar a Francisco I como heredero de Constantino126,
acentuando la importancia de la Cruz (In hoc signo vinces)127, así como here-
dero de Carlomagno. Inexplicablemente, pero tal y como ocurre con la banda,
no se tiene certeza del paradero actual de este excepcional relicario, aunque
Anne-Marie Lecoq afirma que: Elle fut sans doute ajoutée aux reliques de la
Passion vénérées á la Sainte Chapelle de Paris,128 donde ya estaban las reli-
quias de la pasión que el rey San Luis compró en 1241 a Balduino, emperador
de Constantinopla129. Por otro lado, de ser la cruz o crucifijo con el que Papa
León X obsequió a Francisco I, la descripción del enviado de Siena yerra en la
parte que afirma que ya pertenecía al rey Luis, de la misma manera que lo ha-
ría Alonso Pita da Veiga en su relato al referir que perteneció a Carlomagno y
que fue donado en Francia. Debemos recordar que el enviado de Siena valora
la cruz sin reliquia en 1.000 ducados y, en algunas fuentes, el regalo del Papa
se ha estimado en 15.000. Una cifra muy importante si consideramos que Pita
da Veiga recibió 600 ducados de oro por la recuperación del estandarte.
Por otro lado, conocemos el Lignum Crucis de Carlomagno, su talis-
mán, engastado en piedras preciosas y en un colgante, lo cual concordaría
perfectamente con la descripción del doctor Quiñones referida anteriormen-
te. El talismán de Carlomagno se ha conservado en Reims donde precisa-
mente fue coronado Francisco I. Sin embargo, analizando la información,
126 En alguna representación, aparece Francisco I llevando como signo la cruz blanca de Francia
en recuerdo de la cruz de Constantino, signo de la victoria. Según Santiago de la Vorágine,
refiriéndose al contenido de la Historia Tripartita, no solo los estandartes de Constantino
llevarían el signo de la Cruz, sino que él mismo hizo construir una cruz de oro para llevarla
él personalmente en su mano derecha durante los combates (así se representa a Francisco I
en alguna ocasión). Constantino mandó a su madre Santa Elena a recuperar la Cruz de Cristo.
Cuando lo hizo, envió parte a su hijo y otra la dejó en Jerusalén en un cofre de plata (que
robaría Cosroas, rey de los Persas y que recuperó el emperador Heraclio, según de la Vorági-
ne). Santa Elena recuperó los clavos que, según algunas versiones, Constantino fundió para
hacer un freno para el caballo que utilizaba en las batallas y un refuerzo para el casco de su
armadura, evidentemente todo provisto de un carácter de protección. VORÁGINE, Francisco
de. La leyenda dorada, Alianza Editorial, Madrid, 1995, Tomo I, pág. 289.
127 El sello del concordato entre el Papa y Francisco I contenía dicha leyenda, la imagen de la
cruz y, a los lados, los escudos de ambos.
128 LECOQ, Anne-Marie. [Link].
129 Un gran trozo de Lignum Crucis. Santiago de la Vorágine, al tratar la figura de San Luis,
dice: En el palacio real de París hizo construir una hermosísima capilla en la que colocó
la Sacrosanta Corona de Espinas del Señor, la mayor parte de la Santa Cruz, el hierro de
la lanza con que fue atravesado el Corazón del Salvador... VORÁGINE, Francisco de. La
leyenda dorada, Alianza Editorial, Madrid, 1995, Tomo II, pág. 927.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 173-192. ISSN: 0482-5748
174 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
debemos decir que, de ser el colgante de Carlomagno, primero, tuvo que
ser devuelto, ya que se encuentra actualmente en Reims, y segundo, tuvo
que ser modificado, al no ir en ninguna cruz o crucifijo. Evidentemente, eso
no sucedió. Sería por lo tanto ajeno a la banda, y desde luego Alonso Pita
da Veiga no recibió ese presente130. Con lo cual, dicha descripción y dicho
Lignum Crucis quedarían descartados. Lo que no queda descartado es que el
crucifijo en la banda aludiera a esa reliquia, aún sin contenerla, como ocurre
en otros casos.
No existe privilegio ni constancia de otro tipo por el que se justi-
fique la entrega de la reliquia y su continente por parte de Pita da Veiga.
La documentación familiar conocida no menciona en absoluto que dicha
banda y reliquia permaneciesen en posesión de Alonso Pita da Veiga o sus
descendientes, y dado el valor de las piezas, se nos antoja una omisión casi
imposible. Tampoco existe constancia de que Pita da Veiga recibiera algún
privilegio a cambio de la banda, objeto indubitablemente capturado por él.
Por lo que, de la misma manera, no parece que quedara en poder del em-
perador. De ser así, debería haber quedado constancia documental como
quedó de la manopla y del estoque entregado por Ávila, como se relata en
su privilegio de hidalguía. Sin embargo, nada de esto se conoce en el caso
de Pita da Veiga. Otra opción que queda es que, dado su significado, pudiera
haber sido devuelta al rey francés y este haber prometido, como cuenta la
crónica de Pita da Veiga, darle para vivir siete vidas, lo que, añade la cróni-
ca, no cumplió, como tampoco lo hizo en el tratado de Madrid. Aunque, en
su relato posterior a 1531, solo menciona que se la mostró.
LOS DIFERENTES PARTIDISMOS
A lo largo de estos siglos, varios han sido los autores que han defendi-
do a uno u otro protagonista destacándolo sobre los demás, pero casi siem-
pre basándose en un conocimiento parcial de la documentación. Podría ser
un ejemplo de ello, en lo que respecta a Alonso Pita da Veiga, lo publicado
por Fray Felipe de la Gándara, quien, trasladando la cédula de Francisco I
y el privilegio del Emperador131, afirma: Que aia autores españoles, que an
escrito, que el primer soldado que echo mano a prender al rei Francisco,
130 Ni ningún otro participante en la batalla.
131 En ese momento, en poder del Relator Alonso Pita da Veiga, biznieto del de Pavía como hijo
del capitán Juan Piñeiro da Veiga y nieto del capitán Juan Pita da Veiga Piñeiro. Véase PITA
DA VEIGA GOYANES, Gabriel. Capillas de la Concepción: Maldonado – Pita da Veiga.
Revista Cátedra, nº 13, año 2006.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 174-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 175
aia sido estrangero, me espanta, pero que aia autor español, que quiera
quitar esta gloria a Alonso Pita da Veiga, es lo que me admira (…)132. Pro-
bablemente, como sostiene Manuel de Saralegui133, no conocía los docu-
mentos sobre Urbieta y Ávila.
Pero desde el XIX primaron otros intereses: los intereses locales. Los
defensores de Urbieta se justifican al considerar la versión de la captura de
Juan de Oznaya como veraz. Cierto es que, aún hoy, en pleno siglo XXI,
sigue considerándose por el público como verdad indiscutible134, siendo re-
petida hasta la saciedad con el consiguiente ensalzamiento de Urbieta. Un
ejemplo claro de esos intereses locales es el caso que critica Manuel de Sara-
legui. En su obra, acusa a Joaquín Alcaide de Zafra de publicar en la revista
universal “La Esfera” del 4 de febrero de 1919, un texto sobre la batalla de
Pavía plagiando el texto de Lafuente en su “Historia General de España” y
que, al hablar de los aprehensores del rey, omite deliberadamente a Pita da
Veiga, cosa que no hace Lafuente.
En ese mismo siglo, la figura de Alonso Pita da Veiga fue utilizada
por el Regionalismo gallego, siendo uno de los casos más llamativos el de
Benito Vicetto135 en su obra “El último Roade”. En dicha obra, el autor
describe los amores de Atenodoro, hijo del Capitán de Fragata y dueño de
la casa solar de Roade, con Aurea, hija del maestro de escuela de Resemil
Santiago Pita. A dichos amores se negaba no solo el padre, sino la marquesa
de Quirós, que pretende casar a Atenodoro con su hija Marquina. Santia-
go Pita es un personaje que utiliza el autor para hacerlo depositario de sus
propias ideas regionalistas. Pero lo que justifica el traerlo aquí es el curioso
enfrentamiento entre la marquesa y Santiago Pita. Reproducimos parte de
esa escena, justo después de la exhibición por parte de Santiago Pita del pri-
vilegio, cédula de Francisco I y traducción del cónsul de Francia.136
Al concluir de leerse este privilegio concedido por Carlos V a uno de
los abuelos de Aurea, la marquesa continuaba aun estupefacta, pero, so-
breponiéndose a la impresión de la lectura de aquella carta de Francisco I
132 DE LA GÁNDARA, Fray Felipe. [Link].
133 DE SARALEGUI Y MEDINA, Manuel. Menudencias Históricas IV. Dos incidentes de la
batalla de Pavía. Imprenta de los hijos de M.G. Hernández. Madrid, 1919.
134 Ya el Dr. Conrado Haebler al escribir “Die Schlacht bei Pavia”, la considera de poco valor
como fuente e incapaz de inspirar completo crédito por estar escrita unos veinte años después
de la batalla y por la imposibilidad, dada su posición, de conocer todos los hechos que narra.
Véase el estudio crítico OLIVER Y ESTELLER, Bienvenido. La batalla de Pavía. Boletín de
la Real Academia de la Historia nº 15, 1889.
135 VICETTO, Benito. El último Roade. Establecimiento tipográfico de Pita, Ferrol, 1867.
136 Curiosamente portaba los documentos en un escapulario lo que es, a todas luces, imposible.
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176 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
y aquel privilegio de Carlos V, que pertenecían a los lauros mas brillantes
de la gloria de Galicia, se sonrió despectivamente, y dijo al anciano:
- y bien... ¿qué vale esa carta y ese privilegio? ¿Son acaso ejecutoria
de nobleza de esa desgraciada? ¡pues está lucida! ¡já!...¡já!¡já!
- Señora - estas cartas no solo son la ejecutoria de nobleza de una
mujer, de una familia, de una provincia, sino de un reino entero, porque
son de las más bellísimas páginas de su historia (…).
En el siglo XX, han aparecido publicaciones que tratan este tema a
la luz de nuevas aportaciones documentales y que son citadas en su lugar.
Conviene declarar que es la figura de Urbieta, por la crónica de Oznaya,
tantas veces referida, la que mantiene su preeminencia tanto en artículos,
páginas web u otro tipo de publicaciones, cuando la documentación, a veces
enemiga de la costumbre y de la tradición, impide semejante juicio.
Pero ¿en qué se basan los autores para defender a uno u a otro? Los
defensores de Pita da Veiga se han basado en la existencia de sus originales,
ignorando el resto. Los defensores de Urbieta se han basado en la crónica de
Oznaya, ignorando la documentación e incluso la existencia de otro relato
de un soldado presente en la batalla como Martín García o declarando la
crónica de Pita da Veiga como parcial e interesada.
Esto resulta curioso: ¿por qué motivo es válida la crónica de Oznaya
y no la de Martín García? Algunos autores aducen que por lo detallista del
relato del primero frente al del segundo. Para nosotros, eso puede ser un
síntoma de lo contrario, pues reproduce conversaciones y da detalles que,
o bien los inventa, o bien se basa en testimonios, o bien tiene el don de la
ubicuidad. Baste un ejemplo: ¿cómo reproduce el diálogo entre el rey y
Urbieta? Es imposible que fuese testigo. Solo caben tres posibilidades: que
fuese el propio Urbieta quien se la contase, que se la contase alguien al que
se la contó Urbieta o, por último, que se la inventase. De ser la primera, que
se la contase Urbieta, tendría como máximo la misma validez que el relato
de Pita da Veiga, poseyendo las mismas cualidades que los detractores le
dan a este. Pero al ser incompatible con él y no ir en primera persona, como
el de Alonso Pita da Veiga, sospechamos que se trata de la tercera opción.
Además, no acierta al decir que un arcabucero le mató el caballo ni al decir
que Pita da Veiga se llevó la cadena con la Orden de San Miguel ni la captu-
ra del estandarte y, por último, nada dice de la petición de Urbieta de liberar
a Hugo de Moncada137. La crónica fue escrita 20 años después de la batalla
y era un dato conocido y relevante. Urbieta, de haber dado información a
137 Avalado en el traslado de la cédula de Francisco I.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 176-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 177
Oznaya, lo hubiese mencionado. Ninguno de los dos que participaron en la
batalla y escribieron sendas crónicas fue testigo de la captura y, desde luego,
tienen mucha más credibilidad el relato de Pita da Veiga, las cartas de Salm,
Alarcón y los privilegios.
Últimamente hemos leído que incluso la concesión del hábito de San-
tiago a Urbieta es considerada como prueba de su preeminencia, si bien esta
concesión fue a petición del propio Urbieta, 17 años después. Ante esto,
de igual manera, podemos decir que, en el año de 1700, en la cédula Real
de Concesión del Título de Castilla de Conde o Marqués de los Casares a
Gaspar Maldonado y Ponce de León, casado con Mª Antonia Pita da Vei-
ga, heredera del mayorazgo de su apellido138, entre los méritos y causas de
la concesión está la real promesa hecha a los herederos de Alonso Pita da
Veiga, cuyos derechos habían recaído en Mª Antonia Pita da Veiga139. No
estamos de acuerdo en ninguno de los dos razonamientos.
JUAN DE ALDANA
Un caso digno de destacar es el del Coronel Juan de Aldana140. Algún
autor ha reclamado para él la captura del rey, quejándose de que la gloria
fuese para otro: Que fue Aldana quien hizo prisionero al monarca francés,
no cabe duda alguna. Consta así en los privilegios, el uno de Carlos V con-
cedido al mismo Aldana, dado en el campo de Túñez a 20 de julio de 1535
y otro de Felipe II concedido a Marco Antonio de Aldana, hijo, el 1 de julio
de 1589 (...).141
Las prendas que avalan a Aldana son la espada, el puñal de Francisco
I, unas Horas de Oficio de la Virgen y la cadena de la Orden de San Miguel.
Dicha famosa espada fue entregada a Napoleón a través de Murat en 1808,
138 PITA DA VEIGA GOYANES, Gabriel. Capillas de la Concepción: Maldonado – Pita da
Veiga. Revista Cátedra nº 13, Puentedeume, 2003.
139 Ibídem.
140 Según su privilegio, el coronel Juan de Aldana fue de los primeros en entrar en el Parque de
Mirabello una vez abierto el muro, en el amanecer del día de la batalla. Te audaciter irrum-
pente, dicta pars muri cecidit & Primus cum reliqua cohorte indeterrimo impetu ingressum
fecisti ubi tadem omnes egredientes priman aciem catafractorum in qua ipse Rex aderat, (...)
Precisamente, una de la primeras acciones en las que pudieron participar estos hombres tam-
bién la recuerda el propio Alonso Pita da Veiga en su relato, lo que permite sospechar dónde
pudo conseguir Aldana los preciados objetos y en qué momento: El otro día al alba que era
XXIIII de hebrero entramos la gente de armas y caballos ligeros dentro y luego nuestros
caballos ligeros enpeçaron a escaramuçar con los suyos y fueron a Mirabel donde era el
aposiento del Rey y lo quemaron y saquearon lo que hallaron, (...).
141 BALAGUER, Víctor. Las calles de Barcelona. Editorial de Salvador Manero. Barcelona,
1865
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178 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
tras haberla reclamado el primero, y hoy se puede ver en el Museo de los In-
válidos de París. Pero, lejos de ser prueba de la captura, no dudamos que lo sea
del saqueo. Francisco R. de Uhagon, marqués de Laurencín, decía al respecto
en 1902: pero las perseverantes y afortunadas buscas del Sr. Crooke en los
archivos del reino, han evidenciado por modo incontestable que esta lujosa
espada de corte ó de ceremonia, impropia para trance de batalla, con su daga
compañera, el collar de la Orden de San Miguel y unas Horas del Oficio de la
Virgen, las compró Felipe II, sesenta años después de este glorioso suceso, á
un hijo de Juan Aldana, quien de ello se apoderó en la tienda de campaña del
Monarca francés mientras que duró el saqueo (…)142.
En 1919, Manuel de Saralegui y Medina lo trata en su obra143. Sa-
ralegui refiere lo contenido en el Catálogo de la Real Armería de Antonio
Martínez Romero escrito en 1854. Según el privilegio del 20 de julio de
1535: Peleando el Rey, cayó en tus manos y en la de otros soldados y tú
recibiste del mismo Rey su espada y puñal muy excelentes y cual corres-
pondía a un rey, y un rico collar con la insignia de la orden del toisón de
oro144, el cual collar, habiendo casado a Leonor, nuestra hermana, con el
mismo Rey, procuramos que se le restituyera (…). Esta transcripción que
Saralegui incluye en su obra ya la publicó Manuel Marcillo en el latín ori-
ginal con la misma fecha145 del 20 de julio de 1535: & Rege dimicante, ad
manus tuas & aliorum militum ipse succubuit. Tuque illius ensem, & pu-
gionem perquam eximium, qualis Regem decuerat, & torquem insignem,
cum ordine velleris Aurei ex ipso Rege recepisti: quem torquem, qui Tuy-
sonus146 vulgo dicitur (…)147. Marcillo, además, transcribe el privilegio
de Felipe II a Marco Antonio de Aldana, hijo de Juan de Aldana, el 1 de
julio de 1589: quo tempore Rex ipse victus, ad manus patris tui, succubuit,
deditionemque fecit (…).
Saralegui llega a considerar falso el privilegio, argumentando que el
lugar de la firma, el campamento imperial cerca de Túnez, y los objetivos
142 LAURENCÍN, Marqués de. Armas y tapices de la corona de España: discursos leídos ante
la Real Academia de la Historia en la recepción pública del Excmo. señor conde viudo de
Valencia de don Juan, el día 6 de abril de 1902. Tipografía Viuda e Hijos de Tello. Madrid,
1902.
143 DE SARALEGUI Y MEDINA, Manuel. Menudencias Históricas IV. Dos incidentes de la
batalla de Pavía. Imprenta de los hijos de M.G. Hernández. Madrid, 1919.
144 Debería ser el collar de la Orden de San Miguel.
145 Otros autores dan como fecha, evidentemente errónea, el 20 de julio de 1525. Véase PI-
CATOSTE, Felipe. Estudios sobre la grandeza y decadencia de España, Los Españoles en
Italia. Imprenta viuda de Hernando. Madrid, 1887.
146 Vuelve a figurar la Orden del Vellocillo de oro, comúnmente llamada del Toisón.
147 MARCILLO, Manuel. Crisi de Cataluña hecha por las naciones estrangeras. Imprenta de
Materad. Barcelona, 1685.
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LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 179
del emperador para esas jornadas hacen difícil que se dedicase a firmar
ese privilegio. Añade que pone Orden del Toisón y no Orden de San Mi-
guel. Si bien estos argumentos parecen comprometer su veracidad, aun no
pudiendo negarla, sí parece posible afirmar que su contenido no se ajusta
a la verdad. No parece sensato que Aldana haya tenido participación en
la captura. Basamos este juicio en lo siguiente: la fecha del privilegio es
bastante tardía frente a la de los otros tres, no existe cédula de Francisco
I ni se menciona; tampoco se habla de cartas de generales u otros mandos
que pudiesen informar al emperador de los hechos, no se le nombra en
el relato de Alonso Pita da Veiga ni en la crónica de Oznaya ni en la de
Martín García148, protagonista el primero, presentes en la batalla los otros
dos. Tampoco el doctor Juan de Quiñones lo menciona ni Pedro Mexía149.
Parece que la prueba es la espada, el puñal, el libro de Horas y la Orden
de San Miguel que, como hemos dicho, se trata de objetos sustraídos del
campamento del rey, pues no cabe en una batalla llevar objetos de tal ca-
lidad. Añadimos que, dada su graduación superior a la de los otros tres,
nos resulta difícil creer que fuese Ávila el que recibiese el estoque como
gaje.150 Que con posterioridad se hayan ampliado los hechos y servicios
en el privilegio de Aldana con la captura del rey no debe extrañar, ya que
es algo que también hemos visto de manera más explícita en los diplomas
de Cesare Hercolani.
CONCLUSIONES
Francisco I de Francia fue capturado por tres hombres de armas es-
pañoles: el gallego Alonso Pita da Veiga, el vasco Juan de Urbieta y el gra-
nadino Diego de Ávila. Sólo a ellos Francisco I reconoció y agradeció tales
hechos en una cédula firmada de su nombre.
148 Aunque sí se dice que al rey se le cogió la cadena con la Orden de San Miguel. Pudiera
pensarse que primero cogió la Orden al rey preso y, más tarde, otros objetos del campa-
mento. Pero, como dijimos, no existe cédula de Francisco I ni carta de ningún mando,
ni se le nombra en ninguna crónica. Bien pudiera ser que, conocedores del hecho de la
consecución de la Orden, se incluyese entre las prendas del despojo. Nada podemos
afirmar al respecto.
149 Bien es cierto que algunos autores como Ortiz de la Vega, seudónimo de Fernando Patxoty
Ferrer, en sus “Anales de España” de 1859, introducen a Aldana en la escena de la captura: y
Urbieta se lanza á la defensa de su alférez que en aquel momento peligraba; otros soldados
rodean al monarca; el catalán Juan de Aldana le quita la espada y el puñal, Diego de Ávila
la manopla, y Juan de Pita el collar de San Miguel (...).
150 Este comentario sobre el estoque obedece a enfrentar diferentes versiones pues no conside-
ramos que haya sido entregado voluntariamente por el rey.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 179-192. ISSN: 0482-5748
180 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
Atendiendo a la crónica de Pita da Veiga, al privilegio de Ávila y a la
heráldica de Urbieta, fueron ellos tres quienes mataron al caballo de Fran-
cisco I para derrocarlo y poder hacerlo prisionero. Si, como narra la crónica
de Alonso Pita da Veiga, hay un forcejeo previo en el que consiguen las
prendas, no es lógico ni cabe un arcabucero matando al caballo. Lo agarra-
ron, lo desarmaron y lo derribaron a tierra, matándole el caballo.
Sobre si fue un hecho fortuito que capturaran al rey, tenemos tres
razones para considerar que, en contra de lo que se ha podido afirmar, sí
reconocieron al rey y por ello fueron a prenderlo: el relato de Pita da Veiga;
el hecho de que matasen el caballo y lo derribasen para hacerlo prisionero; y
que la figura y montura de Francisco I eran reconocibles, lo que permitió al
Marqués de Civita Sant Angelo acometerlo.
Respecto a la recuperación del estandarte, llama la atención que nin-
guna de las crónicas principales que hemos tratado digan que fue Pita da
Veiga, quizás debido al equívoco señalado. Pero a la luz de la documen-
tación es un hecho irrefutable, todo lo contrario que sucede en el caso de
Urbieta.
Basta comprobar la documentación para aclarar que los privilegios
concedidos por Carlos V a Urbieta y a Pita da Veiga son privilegios de ar-
mas. El único que recibió un privilegio de hidalguía fue Diego de Ávila.
Alonso Pita da Veiga y Juan de Urbieta ya eran hidalgos.
En relación a las prendas, Pita da Veiga no le tomó la cadena de la
Orden de San Miguel, como algunas crónicas afirman. Hemos visto que
de este objeto se apoderó Juan de Aldana. Alonso Pita da Veiga le tomó la
manopla izquierda y una banda de brocado con el crucifijo de la Vera Cruz
que llevaba sobre sus armas. Sobre el posible Lignum Crucis, como dijimos,
pudo tratarse de un crucifijo que, sin contener la reliquia, simplemente hicie-
se referencia a la que poseía Francisco I por haber guardado alguna relación
con ella, la regalada por el Papa o la del propio Carlomagno. Desgraciada-
mente, el hecho de desconocer la suerte que corrió la banda y la falta de más
documentación no nos permiten afirmar nada en este punto, salvo que el rey
no le dio el trozo de Lignum Crucis. Este, de existir, lo tomó Pita da Veiga
al coger la banda de brocado que llevaba sobre sus armas.
Las crónicas, sobre todo la de Oznaya, la más reproducida y divul-
gada de cuantas existen, no pueden considerarse en absoluto fiables. Son
contradictorias unas de otras en muchos puntos, cometiendo errores demos-
trados. Ni los privilegios concedidos por Carlos V ni las cédulas firmadas
por Francisco I dan preeminencia a Pita da Veiga o a Urbieta sobre los de-
más. El contenido del privilegio de Ávila, desconociendo por desgracia el de
su cédula, parece darle a él, y sólo a él, el mérito de la captura y rendición,
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 180-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 181
negando validez a los privilegios de sus compañeros. Cualquier persona aje-
na a los hechos, viendo en manos de Ávila el estoque, podría sacar la con-
clusión de que a él se le rindió de la misma manera que él podría exhibirlo
para que así se creyese. Baste recordar lo que decía Pedro Mexía. Pero ante
los privilegios de sus compañeros y el relato de Pita da Veiga, eso no pudo
suceder. No cabe duda pues de que, con la documentación que hoy en día
conocemos, a ninguno de los tres captores, únicos debidamente documenta-
dos, se le puede dar preeminencia sobre los otros dos.
También podemos concluir que Juan de Aldana no participó en ningún
grado en la captura del rey y que los objetos entregados a la Real Armería son
producto del saqueo del campamento francés y la tienda de Francisco I151, y
en absoluto prueba de su participación en ese hecho.
Estas han sido las conclusiones más importantes que hemos podido
extraer de la información que disponemos a día de hoy y que hemos tratado
de recopilar en este artículo. Sirva este trabajo para recuperar la memoria
de estos héroes y de aquellos hechos reconocidos, y para que quede de ellos
perpetua memoria, y otros, a ejemplo de ellos se esfuercen y animen a bien
servir.152
*****
151 La tienda de campaña del rey quedó en poder de don Fernando de Ávalos, Marqués de Pes-
cara. Uno de sus descendientes, Francisco de Ávalos, Príncipe de Pescara, se la regaló al rey
de Alfonso XII en 1881, quien, en agradecimiento, le correspondió concediéndole la Gran
Cruz de la Orden de Carlos III. (VALENCIA DE DON JUAN, Conde Viudo de. Catálogo
Histórico-Descriptivo de la Real Armería de Madrid”. Madrid, 1898).
152 Expresión contenida en los privilegios concedidos.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 181-192. ISSN: 0482-5748
182 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
BREVES NOTAS SOBRE LA FIGURA DE ALONSO PITA DA VEIGA
Algunos trabajos de genealogía de reciente publicación,153 así como
lo contenido en la Wikipedia, cometen serios errores al trazar el perfil de
Alonso Pita da Veiga. No es algo nuevo, pero sí que es incomprensible a día
de hoy, dada la información de la que se dispone.
Nos ha resultado curiosa la manera en la que el duque de Rivas, en
su romance sobre la batalla, describe la figura de Pita da Veiga, aunque no
acierte ni a conocer su nombre:
Hita, soldado gallego,
Tosco, y de toscos modales,
Con su sangrienta alabarda
y desharrapado traje,
llega, y con poco respeto,
ya resuelto a despojarle,
de la insignia se apodera
del más elevado arcángel.
De San Miguel el collar
Échase al cuello el salvaje.
Con su tosquedad y harapos
haciendo extraño contraste (...)154
Alonso Pita da Veiga, vasallo del emperador155, fue Señor de Vi-
lacornelle y hombre de armas del emperador al que sirvió en las Guar-
das. Nació probablemente en Ferrol156 a finales del siglo XV y falleció en
Puentedeume en 1554, siendo enterrado en la antigua iglesia conventual
de San Francisco de Ferrol en medio de las gradas del altar mayor. Único
hijo varón157 del escudero y regidor de Ferrol Pedro (Yáñez) Morado158
153 De ser cierto lo que se escribe en algunos, poco afortunados, no existirían los autores de la
presente obra.
154 RIVAS, Ángel de Saavedra, duque de. La victoria de Pavía. Romances históricos. Tip. De la
Correspondencia de España, V2. Madrid, 1886.
155 Y no al servicio del Conde de Andrade como se dice.
156 PITA DA VEIGA GOYANES, Gabriel. Capillas de la Concepción: Maldonado – Pita da
Veiga. Revista Cátedra nº 13, Puentedeume, 2003.
157 Algunos autores dicen que tuvo un hermano mayor, que, al heredar los bienes de sus padres,
obliga a Alonso al servicio de las armas. Evidentemente es un error, basta leer el testamento
de su madre, es decir, la documentación.
158 La ascendencia de estos personajes se trata en el trabajo inédito de Gabriel Pita da Veiga
Goyanes y Fernando Dopico Blanco.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 182-192. ISSN: 0482-5748
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 183
y de su mujer María Fernández da Veiga.159 Descendiente de los linajes
Yáñez ¿de Leiro?, Pita da Veiga, Mandiá, Lago, etc. De estos últimos, a
través de su madre, heredaría el señorío de Vilacornelle, uno de los que
poseyeron los Lago, como el de Santa María de Loureda que, en 1205, fue
dado en donación por el rey Fernando a Fernán Eans, antecesor de Alonso
Pita da Veiga, en agradecimiento por los servicios prestados. Siguiendo la
tradición de las armas, pues varios de sus ascendientes fueron caballeros y
otros escuderos de la casa de Andrade, Alonso Pita da Veiga marchó muy
joven a Italia donde ya había servido su tío Fray Juan Piñeiro, Comenda-
dor de Trevejo y Portomarín160, cuyos hechos de armas se contienen en
la Crónica del Gran Capitán al que hizo pleito homenaje161 del Castillo y
fortaleza de Cotrona el 28 de agosto de 1497.
Alonso Pita da Veiga se destacó en las guerras tanto de España
como en Italia, especialmente en la batalla de Vicenza (o La Motta) en
1513, Bicoca en 1522, Gatinara (o Sesia) en 1524 y Pavía en 1525. A su
regreso, casó con María García de Vilousaz162, del linaje de los Piñei-
ro, Vilouzas, Pardo, etc. Su mujer heredaría la conocida como “casa del
puente” en Puentedeume, donde probablemente testó don Alonso pues, en
dicho testamento163, se declara vecino de dicha villa y por ello supusieron
algunos autores ser Alonso Pita da Veiga de naturaleza eumesa. Pero la
más que probable naturaleza ferrolana viene avalada en la documenta-
ción. Su padre era vecino y regidor de Ferrol y también fue vecino su
abuelo. En Ferrol es donde Alonso Pita da Veiga se manda enterrar donde
estaban enterrados sus ascendientes. En su relación sobre la batalla dice:
e yo, Alonso Pita da Veyga, veçino de Ferrol (...)164. En un documento
159 Era hija de Juan Pita da Veiga y Milia López de Lago. Véase: PITA DA VEIGA GO-
YANES, Gabriel. op. cit. DOPICO BLANCO, Fernando. Prolegómenos, fundación e
transmisión dos morgados de Baltar e San Sadurniño na comarca de Ferrol (séculos XVI
ao XVIII)”. Revista Cátedra nº 13, Puentedeume, 2003. DOPICO BLANCO, Fernando.
Historia xenealóxica dos Lago de Obaño e Barallobre nos séculos XV e XVI”. Revista
Cátedra nº 14. Puentedeume, 2007.
160 En el trabajo de Dopico y Pita da Veiga, se documenta cómo el Comendador era medio
hermano del padre de Alonso (por parte de madre). Hermano, además, del suegro de
Alonso, Juan Piñeiro de Narahío, escudero, Señor de las torres de Franza y tenente del
Castillo de Trevejo. Dicha relación entre el Comendador y Juan Piñeiro de Narahío la
establece Fernando Dopico Blanco en base a documentación que publicó en diferentes
foros.
161 ARCHIVO HISTÓRICO DE LA NOBLEZA, Duques de Baena, C.23, D.2.
162 Hija del escudero y merino del castillo de Trebejo Juan Piñeiro de Narahío y de su segunda
mujer Sancha Núñez de Vilouzás.
163 Trabajo inédito de G. Pita da Veiga y F. Dopico. Véase nota 29.
164 VALES VILLAMARÍN, Francisco. [Link].
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 183-192. ISSN: 0482-5748
184 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
inédito del Emperador en 1536, se dice: Alonso Pita de la Vega vezino de
la villa de Ferrol165.
El 31 de marzo de 1535, Alonso de Ayllón, visitador general en el
obispado de Mondoñedo, les dio permiso a Pedro de Morado y a su hijo
Alonso Pita da Veiga para poner un banco en el altar de Santa Lucía, en la
iglesia de San Julián de la villa de Ferrol, por cuanto es informado que ahí
lo tenían de antiguo166.
Sus descendientes seguirían el servicio de las armas, empezando
por su hijo Juan Pita da Veiga Piñeiro, Señor de Vilacornelle y Palacio
de Mandiá, Capitán de Ferrol, Serantes, San Martiño de Andrade, etc.,
Regidor de Ferrol y La Coruña. De manera destacada lo harían en la
Armada167 en la cual hoy, 500 años después, siguen sirviendo descen-
dientes de Alonso Pita da Veiga168.
165 Trabajo inédito de G. Pita da Veiga y F. Dopico. Véase nota 29.
166 DOPICO BLANCO, Fernando. A relixiosidade ferrolá dos séculos XV ó XVII expresada a
través de testamentos” en Ecce Homo, revista oficial de la Semana Santa de Ferrol. Ferrol,
2016
167 Quizás unos de los primeros fue Alonso Pita da Veiga, del que a pesar de su evidente
relación, no hemos podido posicionar en la genealogía. Alonso fue nombrado entretenido
(Guardiamarina de hoy) en 1637, en la escuadra del reino de Galicia. Podría ser el mismo
de quien Fray Felipe de la Gándara dice: Al mando de una flotilla fluvial, acometió en el
río Miño a los portugueses que intentaban introducir socorro a los sitiados en Monzón,
echando a pique una nave, apresando a la capitana, cargada de pertrechos y municiones
de guerra y boca, y poniendo en huída a las demás (…). DE LA GÁNDARA, Fray Felipe.
Nobiliario, armas y triunfos de Galicia, hechos heróicos de su nobleza, y de la mayor
de España y Europa. Impreso por Julián Paredes. Madrid, 1677. Para dicha escuadra fue
nombrado también Lázaro Pita da Veiga.
168 Entre sus descendientes directos, podríamos destacar al almirante D. Gabriel Pita da Veiga
y Sanz, ministro de Marina, padre del almirante D. Joaquín Pita da Veiga y Jáudenes y
del capitán de navío D. Juan Pita da Veiga y Jáudenes y hermano del almirante D. Felipe
Pita da Veiga y Sanz y del coronel de Infantería Juan Pita da Veiga y Sanz. En el arma de
Caballería, al general D. Álvaro Pita da Veiga y Morgado, quien fuera héroe de la guerra
de África y director de la Academia de Caballería. Al contralmirante D. Gabriel Pita da
Veiga y Solloso, quien se distinguió en el Callao y las Cantonales de Cartagena, o a su
padre el capitán de navío Andrés Pita da Veiga y Romero de Caamaño, quien fue herido
en Trafalgar y se halló en Puente Sampayo, quien había ingresado en la Armada con sus
hermanos Bartolomé, Gabriel y Manuel. Entre otros descendientes, por citar algunos de
una larga nómina, el contralmirante D. Alonso Morgado y Pita da Veiga, Cruz Laureada
de San Fernando. También podríamos citar al Almirante D. Guillermo Díaz del Río y Pita
da Veiga, Medalla Militar individual. Pero después de quinientos años de servicio desde el
héroe de Pavía, se nos antoja difícil hacer una nómina justa. Basten estos breves ejemplos
de los siglos de servicio ininterrumpido.
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LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 185
Ilustración 3. “Pita da Veiga en Pavía” por Augusto Ferrer-Dalmau Nieto.
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186 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
APÉNDICE DOCUMENTAL
JORNADA DE PAVÍA Y PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA169
169 España,
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico de la Nobleza,
OSUNA, C. 2993.
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LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA: CONSIDERACIONES SOBRE ... 187
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188 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
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190 GABRIEL PITA DA VEIGA y JOAQUÍN PITA DA VEIGA
BIBLIOGRAFÍA
AROCENA ARREGUI, Fausto: “Juan de Urbieta y la prisión de Francisco I”,
en Revista internacional de estudios vascos. París 1934.
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Recibido: 13/04/2018
Aceptado: 12/12/2018
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José Galbis Rodríguez. seven snapshots, by Mr. Antonio PRIETO
BARRIO, Engineers Captain
Revista de Historia Militar
Número 127 (2020), pp. 193-232
ISSN: 0482-5748
RHM.06
José Galbis Rodríguez. Siete instantáneas, por don Antonio PRIETO
BARRIO, capitán de Ingenieros
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ.
SIETE INSTANTÁNEAS
Antonio PRIETO BARRIO1
RESUMEN
Se pretende dar a conocer algunas de las vicisitudes militares del per-
sonaje, inmerso en la transformación de la enseñanza militar, con el naci-
miento de la Academia General Militar y las Academias de Transformación,
sus primeros años en unidades de Artillería, sometidas igualmente a cam-
bios orgánicos, su pertenencia al primer curso de Estado Mayor, hechos de
campaña en la fase final de la guerra de Cuba, todo ello previo a su faceta
más reseñable del trabajo civil que desempeñó durante años y por el que
es más conocido. Las siete instantáneas corresponden al mismo número de
fotografías a lo largo de su vida, que igualmente sirven de excusa para co-
mentar la uniformidad, los distintivos y las condecoraciones de este amplio
periodo.
PALABRAS CLAVE: Artillería, Estado Mayor, Cuba, Orden militar de
María Cristina, Orden del Mérito Militar, ingeniero geógrafo. Uniformidad,
distintivos, condecoraciones.
1 Capitán de Ingenieros. Correo electrónico: apribar@[Link]; aprietob@[Link]
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 193-232. ISSN: 0482-5748
194 ANTONIO PRIETO BARRIO
ABSTRACT
It is intended to make known some of the character military vicissi-
tudes, immersed in the transformation of military education, with the birth of
the Academia General Militar and the Transformation Schools, his first years
in Artillery units, equally under organic changes, his membership to the first
General Staff course, acts of war in the final steps of the Cuban war, all this
preceded by his most remarkable aspect of the civil work that he executed for
years and the reason why he is best known. The seven snapshots correspond
to the same number of photographs throughout his life, which also serve as an
excuse to comment about uniformity, emblems and decorations.
KEY WORDS: Artillery, General Staff, Cuba, Military Order of Maria
Cristina, Order of Military Merit, geographic engineer. Uniforms, emblems,
decorations.
*****
«Considero un deber de ciudadanía al abandonar este mundo, no sólo hacer
un examen de conciencia referente a las actividades desarrolladas en mi vida
laboral, sino el dejar consignadas las consecuencias que puedo deducir de ellas,
según mi leal saber y entender, sometiendo unas y otras al juicio humano»2
L
a adquisición de un pequeño álbum con trece fotografías, datadas
pero sin identificación del personaje da inicio a una investigación
cruzando los elementos visibles en las mismas: fechas, empleos mi-
litares, uniformes y condecoraciones, especialmente la medalla de geodesta,
dando como resultado el reconocimiento de su protagonista: José Galbis
Rodríguez. Las fechas manuscritas que se indican son las de 1869, 1871,
1875, 1879, 1881, 1885, 1891, 1893, 1897, 1906, 1913, 1925 y 19363.
2 GALBIS RODRÍGUEZ, José. Testamento laboral del ingeniero geógrafo José Galbis Rodríguez.
1950, p. 1.
3 Gran parte de los datos provienen de su hoja de servicios, que se conserva en el Archivo Gene-
ral Militar de Segovia (AGMS) y de su “testamento”, obra mecanografiada terminada en 1950,
incluyéndose lo anotado en ambas fuentes, de forma que pueda compararse las dos versiones.
Todo ello debidamente contrastado, actualizado y puesto al día con la incorporación de notas,
comentarios y disposiciones oficiales. Es preciso reseñar que ocasionalmente su primer ape-
llido aparece como Galvis en algunos textos. Por su interés para el seguimiento de los aconte-
cimientos se transcriben algunos párrafos del citado “testamento” como anexo a este trabajo.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 194-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 195
Mientras que es posible encontrar algunas referencias sobre su faceta
civil, las de su vertiente militar son escasas o nulas, descontando su inclu-
sión en boletines o escalafones4.
Nacido en Madrid el 3 de octubre de 1868, era hijo del mariscal de campo
José Galbis y Abella y de Gabina Rodríguez Lagunilla5. Su vida «transcurrió,
durante los 21 primeros años, entre la infancia y la obtención de conocimientos
generales y militares, hasta alcanzar el empleo de teniente de Artillería».6
La carrera militar se hacía ingresando en la Academia General Mili-
tar, donde se estudiaban dos años, y luego otro más, llamado preparatorio,
los que aspiraban a los cuerpos de Artillería e Ingenieros. Superado éste, los
de Artillería pasaban a la Escuela de Aplicación, en Segovia, con el empleo
de alféreces alumnos, donde cursaban otros tres años; caso de aprobar, in-
gresaban en el cuerpo, con el empleo de teniente.
La Academia General Militar, creada en 1882, empieza a funcionar
en Toledo en 1883, rigiéndose por el reglamento aprobado en marzo de este
año, siendo el «centro de la instrucción común a todos los oficiales del Ejér-
cito, y escuela preparatoria para ingresar, sin examen, en las de aplicación
o especiales de cada cuerpo o arma»7.
En marzo de 1884 se abre concurso de oposición para cubrir 155 plazas
de alumnos en la Academia General Militar, cuyos exámenes debían comenzar
el 15 de julio. Las pruebas de ingreso comprendían varias materias repartidas
en dos grupos. En el primero: aritmética, traducción del francés y dibujo na-
tural. En el segundo: historia general, historia de España, geografía universal
4 ÁLVAREZ, Rebeca y ROA ALONSO, Alejandro. “El ingeniero geógrafo José Galbis, segundo
director de la meteorología española”, en Tiempo y Clima (Boletín de la AME, 5ª etapa), nº 54
(octubre 2016); pp. 52-55. GALBIS RODRÍGUEZ, José (1950): “Testamento laboral del in-
geniero geógrafo José Galbis Rodríguez”, en Mario Ruiz Morales (ed.): El ingeniero geógrafo
José Galbis al servicio de la Meteorología. Madrid. Instituto Geográfico Nacional, 2005, pp.
1-121. MARTÍN PEÑA. Mariano. Historia del cuerpo de Ingenieros Geógrafos. 1900-2010
(Colección Estudios). Número 271. Cultiva Libros SL. Septiembre de 2011. ORY AJAMIL,
Fernando de. “José Galbis Rodríguez y el observatorio aerológico de Izaña (1910-1932)”, en
Tiempo y Clima (Boletín de la AME, 5ª etapa), nº 54 (octubre 2016).
5 Nació en Madrid en 1841, ingresando en 1857 como alumno de la Escuela de Estado Mayor.
Participó en las guerras carlistas y en Cuba en las campañas de 1872 y 1876. Alcanzó el em-
pleo de mariscal de campo en 1880 y el de teniente general en 1890 por méritos de guerra. Fue
el primer director de la Academia General Militar de Toledo entre 1883 y 1887, gobernador
militar de Barcelona y capitán general de Castilla la Vieja, puesto que desempeñaba cuando
falleció el 20 de marzo de 1891.
6 GALBIS, Testamento laboral, op. cit., p. 1.
7 Reales decretos de 20 de febrero de 1882 (CL núm. 80) y de 5 de marzo de 1883 (CL núm. 71).
Todo lo relativo a los alumnos se regula en capítulo III del reglamento (artículos 66 a 146),
que además organiza como academias de aplicación las de Caballería, Administración Militar,
Estado Mayor, Artillería e Ingenieros, para los oficiales de la general que pasen a hacer sus
estudios en dichos cuerpos. Como queda dicho, su padre, el general Galbis y Abella, fue el
director de la Academia General Militar mientras cursaba los estudios en ella.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 195-232. ISSN: 0482-5748
196 ANTONIO PRIETO BARRIO
y gramática castellana. Los exámenes de las materias del primer grupo eran
obligatorios para todos los aspirantes y podía dispensarse de los del segundo a
los que acreditaran tener el grado de bachiller o a quienes presentaran certifi-
cados de haber superado en los institutos de segunda enseñanza dichas mate-
rias, siempre que hubiesen obtenido en cada asignatura la nota de aprobado. El
examen se dividía en tres ejercicios, siendo el primero el de dibujo, el segundo
el de traducción del francés y aritmética y el tercero el de las materias, ya indi-
cadas, del segundo grupo8.
Procedente de paisano, y superado el examen de ingreso, el 26 de
agosto de 1884, Galbis con 16 años, se incorpora como alumno en la Aca-
demia General Militar, prestando juramento a la bandera el 1 de septiembre.
Pertenecía a la segunda promoción formada por 191 alumnos, con números
de filiación entre el 275 y el 465, siendo el de nuestro protagonista el 2949.
Los alumnos tenían que presentarse con las prendas indicadas en el
reglamento, que debían ser en hechura y calidad al modelo de uniforme que
existía en el almacén de la academia. Entre otras eran: ros con pompón para
gala, levita negra con tahalí, dos pares de pantalones encarnados, capote de
abrigo, dos polacas, ambas grises, una de paño y otra de lanilla, gorra y es-
padín. A todo ello había que sumar camisas blancas, calcetines, calzoncillos,
ropa de cama, aseo, cubiertos, etc. Recibían además otros efectos con cargo
al alumno: catre de hierro, colchón, almohadas, correaje completo, etc.
Durante su estancia en esta academia «ocurrió como suceso extraordi-
nario, el incendio del Alcázar de Toledo en la noche del 9 al 10 de Enero del
1887, durante el cual, fui uno de los 25 que trabajaron en el salvamento de
objetos, entre los que, personalmente, saqué la bandera de la Academia, y con
otros cajas de pólvora, siendo por ello citado en la Orden de la Academia»10.
Una vez iniciado el fuego, el corneta de guardia tocó “generala”, y los
alumnos formaron en el centro del patio. «Se dispuso, para evitar desgracias,
que abandonaran todos el Alcázar, llevándolos a Santa Cruz. La mayoría de
ellos se escaparon de filas, dedicándose a los trabajos de extinción del incen-
dio, dando notable ejemplo de constancia, y muchos de ellos de heroísmo,
como los que desalojaron el polvorín». El general Galbis era consciente de
que algunos alumnos —incluido su hijo— no habían cumplido su orden aun
cuando fuera para realizar actos dignos de elogio. La orden de la Academia
8 Real orden circular de 7 de marzo de 1884 (CL núm. 84). El plan de enseñanza se trataba en el
artículo 105 y el sistema de ingreso en las academias de aplicación en el 106. Adicionalmente
se incluían programas detallados de las materias del examen de ingreso.
9 GISTAU FERRANDO, Miguel. La Academia General Militar, Toledo, 1883 a 1893. Apuntes
de su historial recopilados y ordenados por M. Gistau. Talleres Tip. de El Imparcial. Madrid,
1919.
10 GALBIS, Testamento laboral, op. cit., p. 1.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 196-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 197
decía: «No pudieron los alumnos, por prohibición expresa mía, dirigida a
evitar desgracias, prestar servicios. Si algunos los prestaron fué porque no
supieron la orden mía, o porque encontraron el medio de separarse de sus
compañías con pretextos más o menos atendibles. Me parece justo hacer pú-
blico su comportamiento, digno de todo elogio, aun cuando demostraron que
podían arrostrar mi enojo. […]».11
Galbis cursa los estudios correspondientes en la Academia General
Militar hasta el 31 de julio de 1887, causando baja al haber sido promovido
al empleo de alférez por real orden de 8 del mismo, continuando los estudios
en la Academia de Aplicación de Artillería, donde causa alta el 1 de agosto,
obteniendo el nombramiento honorífico de sargento segundo por su mayor
aprovechamiento y carácter para el mando.
Esta academia era el centro de enseñanza destinado a dar la instruc-
ción necesaria a los que desearan ser oficiales del cuerpo12. Galbis perma-
nece en ella hasta finales de noviembre de 1889, cuando se le concede el
empleo de teniente de Artillería, obteniendo el número 20 de los 49 que
formaban su promoción.13
La nueva organización de las tropas de Artillería se establece a finales
de 1884 con cinco regimientos divisionarios, cinco regimientos de cuerpo
de ejército, dos regimientos de montaña, un regimiento de sitio, nueve ba-
tallones de artillería de plaza y siete depósitos de reclutamiento y reserva14.
11 GISTAU. La Academia, op. cit., pp. 97-100. Sigue la relación de alumnos: alférez Francisco
Franco Cuadros; alumnos: Ramón Morales, Isidro González, Amable Escalante, Cristóbal
Castañeda, Martín Acha, José Brujeda, Eduardo Hernán Gómez, José Valero Barragán, San-
tiago Basols, Nicolás Campaner, José Galbis, Rafael Carbonell, Ricardo Ballenilla, Vicente
García Cabrelles, Nicolás Díaz Saavedra, José Selgas, Julio Suso, Esteban Rovira, José Armi-
ñán, Fernando Rich, Emilio Villaralbo, Joaquín Hidalgo y Antonio Esteban.
12 Su reglamento orgánico fue aprobado por real orden de 26 de junio de 1886 (CL núm. 367).
Las materias de enseñanza, distribuidas en tres cursos, eran las siguientes: Trigonometría
esférica, sombras, perspectiva, elementos de stereotomía, topografía y elementos de geodesia,
cálculo infinitesimal y sus aplicaciones a los de variaciones y probabilidades, mecánica racio-
nal. Física y elementos de termodinámica, química inorgánica y orgánica, elementos de mi-
neralogía y geología. Mecánica aplicada a las máquinas, motores y resistencia de materiales,
fortificación de campaña y permanente, minas y puentes militares, nociones de arquitectura
aplicadas a la industria militar. Química industrial y fabricación de pólvora y artificios, indus-
tria militar en todos sus ramos, mecánica aplicada a la artillería, descripción del material de
artillería y armamento, servicios, empleo y ordenanzas de artillería, reglamentos, ejercicios y
prácticas de artillería, dibujo. Constitución del estado, literatura militar, jurisprudencia, do-
cumentación y contabilidad militar. Inglés, alemán o árabe. Equitación e hipología, esgrima.
13 Real orden de 28 de noviembre de 1889 (DO núm. 264, del 29). Libro de las promociones de
oficiales de Artillería procedentes del Colegio desde su fundación en 1764 hasta el día con
una breve reseña histórica del colegio y con apuntes para el historial del personal del cuerpo.
Academia del Cuerpo. Segovia, 1894. Cuarta época, p. 62. Su número en la escala general y
el procedente del colegio eran el 3115 y el 2962 respectivamente.
14 Real decreto de 26 de diciembre de 1884 (CL núm. 424).
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 197-232. ISSN: 0482-5748
198 ANTONIO PRIETO BARRIO
Los regimientos divisionarios, con numeración correlativa de 1 a 5,
tenían su plana mayor en Valladolid, Zaragoza, Valencia, Segovia y Alcalá y
estaban formados por una plana mayor y seis baterías. Los de cuerpo de ejér-
cito, con numeración también de 1 a 5, en Sevilla, Madrid, Burgos, Madrid y
Alcalá, por una plana mayor y cuatro baterías. Los de montaña en Barcelona
y Vitoria, y el de sitio en Madrid. Los batallones de plaza, con numeración de
1 a 9 tenían su plana mayor en Barcelona, Cádiz, Ceuta, El Ferrol, Pamplona,
Cartagena, Santoña, Mahón y Canarias. Y los depósitos eran los de Madrid,
Barcelona, Sevilla, La Coruña, Zaragoza, Valladolid y Granada.
La fuerza de las baterías divisionarias era de 6 capitanes, 12 tenientes,
6 alféreces, 16 contratados (6 obreros herradores de segunda clase, 1 obrero
forjador, 6 obreros aventajados y 3 silleros guarnicioneros) y 560 de tropa
(6 sargentos primeros, 18 sargentos segundos, 12 trompetas, 42 cabos pri-
meros, 36 cabos segundos, 24 artilleros primeros, 408 artilleros segundos, 6
aprendices de herradores, 2 aprendices forjadores y 6 obreros).
La de las baterías de cuerpo de ejército era de 4 capitanes, 8 tenien-
tes, 4 alféreces, 11 contratados (4 obreros herradores, 1 obrero forjador, 4
obreros aventajados y 2 silleros guarnicioneros) y 442 de tropa (4 sargentos
primeros, 12 sargentos segundos, 8 trompetas, 28 cabos primeros, 24 cabos
segundos, 24 artilleros primeros, 332 artilleros segundos, 4 aprendices de
herradores, 2 aprendices forjadores y 2 obreros).
El uniforme de los jefes y oficiales de Artillería en este periodo es el
establecido en el reglamento aprobado en 1861. Siempre con carácter gene-
ral, para los regimientos a pie: ros o gorra, levita de paño azul tina, abrigo,
pantalón de paño azul como el de la levita, con franja grana en el costado,
polainas, bota negra, guantes blancos, espada. Los de las secciones monta-
das, ros, gorra, levita, abrigo y guantes, iguales a los que usan los de a pie.
Forrajera, pantalón con medias botas, espuelas y sable15.
El primer destino de Galbis es, en concepto de agregado, el 4º Regi-
miento de Cuerpo de Ejército, de guarnición en Madrid, donde se incorpora
en diciembre16.
15 Real orden de 12 de julio de 1861, modificada por resoluciones posteriores como las de 24 de
septiembre de 1866, 16 de junio de 1868, 28 de mayo de 1869, 9 y 23 de julio de 1870, etc.
16 Orden de 29 de noviembre de 1889 (DO núm. 265, del 30). GALBIS, Testamento laboral, op.
cit., p. 1-1v: «Empecé mis servicios en Artillería, en la primera batería a caballo organizada
en España, que mandaba el extraordinario capitán Don José Hevia, que logró despertar gran
admiración en el mundo militar, por las condiciones maniobreras de esa entidad, en términos,
de que eran frecuentes las visitas, en el campo, de destacados jefes españoles y de agregados
extranjeros. Con ello se afianzó mi espíritu militar, creado en la citada academia, aumentó
mi entusiasmo artillero, y adquirí también aptitudes para el mando de tropas en guarnición
y en maniobra. Año y medio permanecí en ese destino, hasta que, por razón de haber sido
destinado mi padre, sucesivamente, de Capitán General de Burgos y Valladolid, serví en las
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 198-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 199
A finales de abril de 1890 causa baja en el regimiento, al ser destinado
al 3º de Cuerpo de Ejército, primero como agregado y posteriormente en
plantilla prestando servicios de su clase hasta finales de febrero de 1891,
cuando pasa al 1º Divisionario, donde permanece apenas unos meses pues
a finales de abril es destinado, primero como agregado y posteriormente en
plantilla, al 2º Regimiento de Cuerpo de Ejército17.
Este último regimiento cambiaría de nombre por el de 2º Montado,
debido a la reorganización que tiene lugar a finales de 1891, de forma que
la artillería de campaña pasa de 12 a 16 regimientos —14 montados y 2 de
montaña— que se establecieron sobre la base de los cinco regimientos de
Cuerpo de Ejército, que mantuvieron la numeración, los cinco divisionarios,
numerados del 6 al 10 por el orden que tenían, los dos de Montaña, que
igualmente conservaron la numeración, y el regimiento de Sitio. Los regi-
mientos de nueva creación fueron numerados del 11 al 14. Los diez bata-
llones de Artillería de Plaza y las cuatro compañías de obreros de Artillería,
conservaron su denominación y numeración18.
El 4 de julio de 1892 Galbis contrajo matrimonio con Ana Astier
Balboa, en la iglesia parroquial de Santa Bárbara de Madrid. Tuvieron seis
hijos: Ernesto, Carmen, José, Fernando, Ana María y Narciso, los dos pri-
meros fallecidos a los pocos meses de su nacimiento. Este mismo año hizo
uso de dos meses de licencia por enfermo, en julio y agosto, que pasó en
Barcelona y San Sebastián, incorporándose de nuevo a la unidad, el 31 de
agosto19.
A finales de enero de 1893 es destinado al 4º Batallón de Plaza, for-
mado por una plana mayor y cuatro compañías, cuya fuerza era 4 capitanes,
12 tenientes —uno de ellos Galbis— y 424 de tropa (12 sargentos, 44 cabos,
regimientos montados de tracción mular, Tercero de Cuerpo de Ejército y primero Divisio-
nario, de guarnición respectivamente en esas ciudades. En ambos tuve muy buenos caballos,
lo que mantuvo mis aficiones hípicas. El 20 de marzo de 1891 murió mi adorado padre, a los
50 años de edad, cuando yo tenía 23, perdiendo con ello mi guía y protector. Al pedir, con
ese triste motivo, volver a Madrid, tuvo el Ministro de la Guerra, la atención de destinarme
a la segunda batería a caballo, que había sido organizada hacía poco tiempo, al mando del
capitán Conde de Esclafani».
17 Reales órdenes de 19 de abril (DO núm. 90, del 23) y de 22 de septiembre de 1890 (DO núm.
212, del 24). Reales órdenes de 19 de febrero (DO núm. 39, del 21), de 21 de abril (DO núm.
88, del 24) y de 7 de agosto de 1891 (DO núm. 170, del 8). Destinos que coinciden con aque-
llos en que su padre ejercía algún puesto o cargo.
18 Real decreto de 16 de diciembre de 1891 (CL núm. 476) y real orden circular de 22 de junio
de 1892 (CL núm. 178).
19 GALBIS, Testamento laboral, op. cit., p. 1v: «A mediados de 1892 contraje matrimonio.
Pocos meses después enfermó mi mujer de los nervios, y habiéndola recomendado vivir en
puerto de mar, tuve que pedir destino a un batallón de plaza, que tenía destacada una batería
en Gijón. Con esto sufrieron un rudo golpe mi espíritu militar y mi actividad».
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200 ANTONIO PRIETO BARRIO
8 cornetas, 16 artilleros primeros y 344 artilleros segundos). Se organizaba
en destacamentos de forma que la plana mayor y dos compañías y media
estaban en Ferrol, otra media en La Coruña, y otra compañía repartida entre
Vigo y Gijón. Pasó a prestar servicio ordinario en el destacamento de Gijón
hasta el 25 de octubre, en que sería enviado a Badajoz con el mismo, donde
permanecería hasta finales de noviembre20.
El 20 de noviembre de este año, tras haber quedado sin plaza en la
convocatoria ordinaria, se incorpora a la Escuela Superior de Guerra de Ma-
drid, en la que finalmente había sido admitido como alumno, formando parte
de la Promoción 1 de Estado Mayor21.
Durante el primer semestre de 1894 realiza los estudios del primer
curso, siendo destinado, como agregado, primero al 4º Batallón de Plaza
y posteriormente al 8º Batallón de Plaza. Entre el 19 y el 25 de septiembre
participó con la Comisión de la Escuela Superior de Guerra para asistir a las
maniobras del primer Cuerpo de Ejército, realizadas en los altos del Gua-
darrama. Entre septiembre de 1894 y junio de 1896 realiza los estudios de
20 Real orden de 20 de enero de 1893 (DO núm. 16, del 22). Según lo dispuesto en la real orden
de 14 de octubre (DO núm. 227, del 15), a fin de que estuvieran dispuestas para emprender la
marcha a Melilla, en caso necesario, cuatro compañías del segundo batallón de Artillería de
Plaza, y que al propio tiempo pudieran quedar en Cádiz las dos restantes, el tercer batallón de
Plaza cubriría los destacamentos de Tarifa y Algeciras, y el cuarto el de Badajoz. GALBIS,
Testamento laboral, op. cit., p. 1v: «Al poco tiempo me convencí de que mi traslado no mejo-
raba la salud de mi mujer, y habiendo además, sido trasladada la batería a Badajoz, decidí
volver a Madrid, presentándome a concurso para seguir los estudios de Estado Mayor en la
primera promoción convocada por la Escuela Superior de Guerra. Obtuve plaza».
21 Según propuesta aprobada por real orden de 11 de noviembre (DO núm. 251, del 14), con
el fin de cubrir las vacantes de la Escuela Superior de Guerra. Siendo muchos los oficiales
aspirantes a la Escuela Superior de Guerra que quedaron sin obtener plaza en la convocatoria
decretada por real orden de 5 de agosto (DO núm. 169, del 8), se sirvió disponer por real
orden de 2 de noviembre (DO núm. 243, del 4) se reemplazaran las vacantes ocurridas en la
misma durante este mes, con los aspirantes que, a juicio de la junta clasificadora, reunieran
las mejores condiciones entre los que anteriormente lo tenían solicitado, no cubriéndose las
bajas que ocurrieran en el resto del curso. Durante su permanencia en la escuela y mientras
realizaran las prácticas, seguirían figurando en las plantillas de su cuerpo y obteniendo los
ascensos que reglamentariamente les correspondieran. Los estudios duraban tres años y una
vez terminados con aprovechamiento debían pasar por otros tres a practicar en las armas y
cuerpos, distintos del de procedencia. Terminadas las prácticas serían nombrados capitanes
de Estado Mayor. En 1897, el director de la Escuela Superior era el general de división Ángel
Aznar y Butigieg y su jefe de estudios, el coronel Leopoldo Cano Masas. Esta primera pro-
moción estaba formada por 27 oficiales: Luis G. de Villoría y Avaria, Joaquín Nieves Coso,
Emilio Figuera Fernández, Manuel Sanjuán Bello, Emilio Barrera Luyando, José Galvis Ro-
dríguez, Heliodoro Moreno Petit, Cándido Pardo González, Eduardo Curiel Miarons, José J.
de la Serna Damas, Jorge F. Heredia Adalid, Francisco F. Heredia Adalid, Enrique González
Jurado, Fernando Álvarez Arumi, Rafael Torres Marvá, Gonzalo Calvo Conejo, Juan Sáez de
Retana, Ramón Cueva Álvarez, Luis Moreno Alcántara, Sebastián de la Torre García, Lino
Sánchez Hernández, Fernando Mestre Font, Manuel Abad Enríquez, Cristóbal Cueto Ávila,
Manuel García Morales, Felipe Navarro Ceballos y José Bonal Lorenzo.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 200-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 201
segundo y tercer curso, siendo destinado en septiembre de 1895 al 6º Bata-
llón de Artillería de Plaza y en julio de 1896 al 6º Cuerpo de Ejército, donde
comienza a realizar las prácticas de Estado Mayor, que continuaría en el
Depósito de la Guerra y comisiones topográficas a partir de enero de 189722.
La uniformidad del Cuerpo de Estado Mayor era, a pie, un traje de
gala formado por ros con llorón o gorra, levita, pantalón, faja, sable, espue-
las, guantes y capote; el de diario por ros o gorra, guerrera o levita, y resto
igual. A caballo se usaban las mismas prendas, pero el pantalón iba con me-
dia bota de charol. El traje de marcha y campaña se componía de ros, gue-
rrera, pantalón con media bota, faja, sable, espuelas, guantes de ante blanco,
revólver, capote, anteojos y portapliegos (para campaña). La característica
faja era de seda azul celeste, de punto, de cinco centímetros de ancha, borlas
de la misma seda en los extremos y canelones de cordón, con el pasador y
calabazuela de cabeza de la borla, de oro para los capitanes y jefes23.
Una vez finalizados sus estudios y prácticas, en mayo de 1897 se le
confiere el empleo de capitán del Cuerpo de Estado Mayor, siendo destinado
días después al Depósito de la Guerra donde prestaría sus servicios hasta
que en octubre pasa destinado a las órdenes del capitán general de la isla
de Cuba a fin de que le emplee en aquel ejército en la forma que crea más
conveniente al servicio24.
22
Reales órdenes de 18 de mayo (DO núm. 107, del 19), de 17 de julio de 1894 (DO núm.
156, del 19), de 26 de septiembre de 1895 (DO núm. 213, del 27) y de 24 de julio de 1896
(DO núm. 165, del 28). Real orden de 28 de enero de 1897 (DO núm. 21, del 29), según lo
dispuesto en otra de 8 de enero (DO núm. 6, del 10), por la que, atendiendo a la escasez de
personal que existía en el Cuerpo de Estado Mayor del Ejército para el desempeño de los dife-
rentes servicios que le estaban encomendados, los oficiales alumnos de la Escuela Superior de
Guerra que se hallaran en prácticas, pudieran hacerlas, no solamente en los estados mayores
regionales, sino también en el Depósito de la Guerra y comisiones topográficas dependientes
del mismo.
23 Real orden de 30 de diciembre de 1884. Cartilla de uniformidad del Cuerpo de Estado Mayor.
Vigente con varias modificaciones hasta 1908.
24 Reales órdenes de 25 de mayo (DO núm. 115, del 26), de 29 de mayo (DO núm. 119, de 1 de
junio) y de 14 de octubre de 1897 (DO núm. 231, del 15). GALBIS, Testamento laboral, op.
cit., p. 1v: de Galbis: «Terminados los estudios teóricos, y empezadas las prácticas, se inicia-
ron las guerras en Cuba y Filipinas, lo que me dió opción de conocer el servicio del Cuerpo
de Estado Mayor en Movilización y Transporte de Tropas. Después serví en Depósito de la
Guerra. Despertado, con esos acontecimientos guerreros, mi deseo de prosperidad militar,
intenté marchar a Filipinas, antes de terminar las prácticas, y suspendidas estas un mes des-
pués de ese intento, tuve que decidir, si volvía a Artillería con un diploma, o pasaba al Cuerpo
de Estado Mayor como Capitán, decidiéndome por lo segundo, porque con ello salvaba el
obstáculo que me impediría todo progreso, representado por mi compromiso, adquirido vo-
luntariamente, en el Cuerpo de Artillería, de renunciar a todo empleo alcanzado por méritos.
Ya en Estado Mayor, al ver que los sorteos no favorecían mis deseos de pasar a Cuba o Fili-
pinas, decidí marchar a la primera de estas islas, voluntariamente, a las órdenes del Capitán
General D. Ramón Blanco, recientemente nombrado General en Jefe de la guerra cubana».
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 201-232. ISSN: 0482-5748
202 ANTONIO PRIETO BARRIO
El 19 de octubre de 1897 embarcan en el puerto de La Coruña a bordo
del vapor correo Alfonso XIII, 9 generales, 18 jefes, 17 oficiales y 431 solda-
dos (cupo de Cuba y marineros), desembarcando en La Habana el día 3025.
El distrito militar de Cuba, formado por la isla de este nombre y las
adyacentes, estaba dividido en seis provincias: Pinar del Río, Habana, Ma-
tanzas, Santa Clara, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba. Independiente-
mente de esta división territorial, la organización militar de la isla sufrió
varias modificaciones, como consecuencia de las operaciones militares a
que dio lugar esta insurrección.
Por orden general del Ejército de 31 de octubre, Galbis fue destinado
como ayudante a las órdenes del general de división Juan Salcedo y Mantilla
de los Ríos, comandante general de la División Sancti Spiritus, empezando
este mismo día a prestar el servicio para el que fue nombrado.
En noviembre de 1897, la organización de esta división, cuyo cuartel
general estaba en la localidad del mismo nombre, era de tres brigadas de-
nominadas Spiritus, de la Trocha y Jatibónico del Norte, aunque posterior-
mente pasó a tener cuatro: la de la zona Sur, la oriental de la zona Norte y
la occidental de la zona Norte, al mando de los generales de brigada Ignacio
Estruch y Llaseras, Calixto Ruiz Ortega y del coronel Joaquín Osés Rodrí-
guez, respectivamente, además de la de la Trocha, cuyo jefe interino era el
coronel Arturo Alsina Netto. Otras tropas afectas y agregadas como el Regi-
miento de Caballería de Camajuaní, completaban su despliegue26.
En las operaciones, que bajo la dirección del general Calixto Ruiz,
tienen lugar entre el 26 de noviembre y el 5 de diciembre, Galbis asiste al
encuentro ocurrido en Trilladeras y posteriormente al de La Reforma, por
cuyas actuaciones fue propuesto para recompensa, volviendo el día 5 junto
al general Salcedo y desempeñando el servicio del Cuerpo de Estado Mayor.
25 GALBIS, Testamento laboral, op. cit., p. 2: «Embarqué con el General Blanco el 19 de oc-
tubre de 1897, llegando a Cuba doce días después. Empecé a prestar servicio, a los dos días
de llegar, como primer jefe de Estado Mayor (interino) de la División de avance, cuyo mando
fué concedido al General de división don Juan Salcedo y Mantilla de los Ríos, a quien conocí
durante mi viaje por mar, obedeciendo mi interinidad a no haberse incorporado el propieta-
rio, Teniente coronel de Estado Mayor D. Sebastián Ramos, que se encontraba en Oriente,
y que no pudo tomar posesión de dicho destino hasta quince días después. Terminado este
servicio, excepcional para un capitán recién ascendido, pasé a segundo jefe de Estado Mayor
de dicha División».
Destino y marcha a la isla de Cuba. En este manuscrito, se indica con todo detalle la organiza-
26
ción de la división, los límites de las unidades, distribución de fuerzas, plazas, destacamentos
y fuerzas afectas, líneas telefónicas, telegráficas y heliográficas, partidas rebeldes, guerrillas
insurrectas, operaciones, etc. Anuario Militar de España. Imprenta y Litografía del Depósi-
to de la Guerra. Madrid, 1898, pp. 804-808. Había dependencias y destacamentos en Santi
Spiritus, Cabaiguan, Arroyo Blanco, Tunas de Zaza, Jíbaro, Camajuaní, Placetas, Caibarien,
Yaguajay, Vueltas, Ciego de Ávila, Morón, Júcaro, Jicotea y San Nicolás.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 202-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 203
Continuó en comisión hasta el 19 de diciembre, en que pasó agregado al
Regimiento de Caballería de Camajuaní, asistiendo a los encuentros soste-
nidos los días 19 en Alonso Sánchez y 20 en las lomas de Yguará, y al fuego
sostenido la noche del 22 en todos los fuertes, rechazando al enemigo al
amanecer del 23. Posteriormente tarde al reconocimiento practicado el 26 a
vanguardia de la Trocha del Júcaro a Morón, teniendo dos encuentros con el
enemigo y al reconocimiento practicado el 28 a retaguardia de dicha trocha
en Tres Ceibas donde se encontró con el enemigo. El día 31, siempre con el
expresado regimiento, emprendió las operaciones en dirección de Pelayo27.
El 1 de enero de 1898 se encuentra operando con la columna del
coronel Carlos Palanca y Cañas —formada por el Regimiento de Caballe-
ría movilizado de Camajuaní, el Batallón de Cazadores de Arapiles y dos
piezas de artillería— asistiendo al combate de La Majagua y tiroteos en
Pelayo y Covadonga llegando el día 4 a Sancti Spiritus, y continuando el
5 las operaciones con dicha columna hasta Placetas donde llegaron el día
7. Del 8 al 11 acompañó al comandante general de la división en su revis-
ta a las fuerzas de la Brigada Jatibónico del Norte y destacamentos de la
Sierra de Matahambre. Parte el día 12 con la columna del coronel Palanca,
asistiendo a una acción el 14 en Lajitas y el 15 con las partidas de Carrillo
y Nápoles28, así como a los hechos de armas de Biajaca y Pedro Barba,
27 Para esta campaña pueden señalarse cuatro períodos. Primero en el que estalló la insurrección,
el 25 de febrero de 1895, el del mando del general Calleja. El segundo, desde el 18 de abril de
1895, el del mando del general Martínez Campos. El tercero, entre el 10 de febrero de 1896
y el 31 de octubre de 1897, el del mando del general Weyler. El cuarto, en el que participa
Galbis, fue el del mando del general Blanco. Declarada la guerra por los Estados Unidos,
después de capitular Santiago de Cuba, el general Blanco fue reemplazado por el general
Jiménez Castellanos. La prensa no es ajena a todos estos acontecimientos y se hace eco de las
crónicas y despachos telegrafiados de sus corresponsales en La Habana. En La Opinión. Año
XXIII. Núm. 284. Tarragona, 30 de noviembre de 1897, p. 3: «Convencido el general Blanco
de la necesidad de emprender activas operaciones contra Máximo Gómez, que halla al frente
de sus fuerzas en Jatibónico (trocha de Júcaro), ha dispuesto que salgan pronto para dicho
punto trescientos soldados de caballería y los batallones del Príncipe, Mérida, Málaga y
Rey, a fin de combatir al generalísimo que en la actualidad manda un ejército minado por la
desmoralización y abatido por la falta de víveres y armamento. Al frente de la expedición van
los generales Pando, Salcedo, Segura y Ruiz, y los coroneles Landa, Martínez, Tejera y Ruiz».
Heraldo de Zamora. Año II. Núm. 297. 3 de diciembre de 1897, p. 2: «En operaciones que
dirige personalmente en Spíritus general Pando con general Salcedo, fuerzas de la brigada
Jatibónico con las de Camajuani alcanzaron en Boyeros al negro González, causándole nu-
merosas bajas […]». El Eco de Navarra. Año XXIII. Núm. 6272. Pamplona, 19 de diciembre
de 1897, p. 2: «En la provincia de Sancti-Spiritu, sabiendo el general Salcedo que el cabecilla
Nápoles estaba en la orilla del río Zaza con intención de cruzar dicho río, envió al batallón
de cazadores de Arapiles que batió a dicha partida en Banguito, causándola muchas bajas».
28 Se trata de las partidas del mayor general Francisco Carrillo Morales y de los tenientes co-
roneles Luis Manuel Nápoles Sorí y Nicasio Mirabal Morales, todos del Ejército libertador
cubano.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 203-232. ISSN: 0482-5748
204 ANTONIO PRIETO BARRIO
regresando el día 19 a Placetas y continuando el 20 las operaciones en el
río Zaza hasta Sancti Spiritus donde llegó el 23. En dicha plaza permanece
dedicado a los trabajos del estado mayor de la división hasta el 8 de febre-
ro, cuando sale con la columna Palanca, asistiendo el día 12 al combate
en las lomas de Canoa y a los hechos de armas de Pedro Barba y Lajitas.
El día 13 llega a Yaguajay, desde donde, al día siguiente, emprende nue-
vamente las operaciones asistiendo a la acción de Las Vueltas y lomas del
Purgatorio con las partidas de Carrillo y Mirabal, siendo propuesto como
distinguido con juicio de votación. Posteriormente participa en otros com-
bates, regresando a Sancti Spiritus el 2629.
Los juicios de votación se establecieron como mecanismo para la
obtención del empleo inmediato dentro del arma o cuerpo, y debían abrir-
se abierto dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes al hecho que lo
motivara. En el parte del hecho de armas debía nombrarse a los que se
hubieran distinguido, bien por su valor en el combate o por su pericia y
dotes de mando, haciendo constar taxativamente si alguno de ellos hubie-
ra realizado acciones notables que en su concepto les hiciera acreedores
al empleo inmediato, y proponiéndolos, por lo tanto, para ser sometidos al
juicio de votación. En el caso de Galbis, entendemos que no pasó de la
propuesta, y caso de celebrarse hubieran debido asistir todos los corone-
les y generales que pertenecieran a la misma brigada, presididos por el
jefe de ésta30.
Al ascender Salcedo a teniente general, Galbis fue confirmado en el
cargo de ayudante de campo, quedando en comisión de servicio como oficial
de Estado Mayor de la División Sancti Spiritus. El 11 de marzo marchó con
todo el cuartel general a Ciego de Ávila, tomando parte en la organización
de la columna que saliendo el día 18 de esta localidad, asistió a los combates
29 GALBIS, Testamento laboral, op. cit., p. 2: «Empezaron a nombrarme, sucesivamente, pri-
mer jefe de Estado Mayor de pequeñas columnas, mandadas por varios jefes, entre ellos, el
famoso general D. Calixto Ruiz y por último, con el no menos famoso coronel de caballería D.
Carlos Palanca, que tenía una columna formada por: el extraordinario regimiento de caba-
llería irregular de Camajuaní, que había sido organizado por dicho coronel, dos batallones
de infantería, una sección de artillería de montaña y varias tropas auxiliares. Con todas estas
columnas, operé en la zona central de la Isla, comprendida, entre la línea que forman los ríos
Jatibónicos que corren de norte a sur, hacia el Este; hasta la Trocha del Júcaro a Morón,
que también está trazada de Norte a Sur. Esa zona era la favorita de las tropas insurrectas,
al mando directo del cabecilla y Jefe de la insurrección, Máximo Gómez, que solía tener su
cuartel general en el centro potrero “La Reforma”».
30 Real orden de 19 de julio de 1889 (GM núm. 201, del 20). Ley constitutiva del Ejército. Rea-
les órdenes circulares de 25 de octubre de 1894 (CL núm. 297), publicando el reglamento de
recompensas en tiempo de guerra, para los generales, jefes y oficiales y sus asimilados, y de
28 mayo de 1895 (CL núm. 152), concediendo autorización al general en jefe del ejército de
la isla de Cuba, para otorgar determinadas recompensas.
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JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 205
de Las Yeguas y San Blas. Del 28 al 31 de abril tomó parte en los reconoci-
mientos de la Sierra de Najasa (Camagüey)31.
Suspendidas las hostilidades con los insurgentes cubanos, fue llama-
do a La Habana para el despacho de asuntos con el general en jefe, pero
declarada la guerra a los Estados Unidos el 22 de mayo, y establecido el blo-
queo, no pudo incorporarse a su cuartel general hasta el 24. El día 29 fue co-
misionado por su general para establecer una línea de comunicación marina,
por los cayos, entre Caibarien y Nuevitas; por otra línea debía abastecerse
las divisiones de Puerto Príncipe y de Holguín y la Brigada de la trocha del
Júcaro a San Fernando; y por una tercera, la División de Manzanillo.
El día 3 de junio salió custodiando el primer convoy de víveres para
Puerto Príncipe, estableciendo destacamentos y obras de defensa, protegien-
do convoyes de artillería, municiones y raciones; permaneció en constante
servicio por mar hasta el 5 de julio en que marchó a La Habana con la
comisión de presentar al general en jefe el proyecto del general Salcedo de
marchar en auxilio de Santiago de Cuba con las divisiones de Puerto Prín-
cipe y Holguín.
Rendido Santiago de Cuba, Galbis regresa a Puerto Príncipe con ór-
denes del general en jefe, referentes a la concentración del Cuerpo Hol-
guín-Príncipe y la evacuación de Nuevitas, que se le encomienda al general
Salcedo. A partir del 21 de julio permanece en este puerto en frecuentes
trabajos de fortificación y reconocimientos por mar y tierra. El 12 de agosto
se declara el cese de las hostilidades entre España y Estados Unidos, por
lo que, acompañando al general Salcedo, marchó el día 24 de agosto a La
Habana.
31 Real orden de 20 de abril de 1898 (DO núm. 87, del 22). En vista del escrito dirigido por el
capitán general de la isla de Cuba al ministerio el 16 de marzo, dando cuenta de haber confir-
mado en el cargo de ayudante de campo del teniente general Salcedo, al capitán de Infantería
José Capapé Romero, y nombrado para el expresado cargo al capitán de Estado Mayor José
Galbis Rodríguez y primer teniente de Caballería Adolfo Artalejo Ortega, dejando sin efecto
el del comandante Francisco Guajardo y Fajardo, en atención de corresponderle sólo tres
ayudantes por el destino de jefe de división que, en comisión, desempeña, el rey aprobó lo
resuelto, en el concepto que capitán Galbis continuaría desempeñando el servicio propio de
su cuerpo. GALBIS, Testamento laboral, op. cit., pp. 2-2v: «Después formé parte del Estado
Mayor del Cuerpo de Ejército que al mando del general Pando, jefe de Estado Mayor de todo
el ejército de Cuba, que con unos 20.000 hombres avanzó combatiendo desde la trocha del
Júcaro a Morón, hasta Puerto Príncipe, centro del Camagüey. En todas estas operaciones
asistí a combates de diferentes intensidades, con variados incidentes, sobre todo los provoca-
dos por las tropas irregulares de Camajuaní, que no cesaban de combatir ni aun durante los
campamentos. Por mis actuaciones, fui recompensado con mención honorífica, tres cruces
rojas, dos de ellas pensionadas, cruz de María Cristina y Juicio de votación para el ascenso,
con motivo de un combate personal de vanguardia que, acompañado por dos camajuaníes,
sostuve con el enemigo, cogiendo prisioneros e interesante documentación, que indicaban
que los batidos pertenecían a un cuartel general.»
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En esta plaza se le concede licencia de cuatro meses, por enfermo,
para la Península hacia donde emprende la marcha, cesando en el cargo de
ayudante. Embarca el día 31 de agosto en el vapor Notre Dame de Salut,
llegando a La Coruña el 20 de septiembre, pero no sería hasta mediados de
octubre cuando se dispone que cause alta definitiva en la Península32.
Habiendo fijado su residencia en Madrid, a finales de enero de 1899
es destinado al Cuartel General del 6º Cuerpo de Ejército, al que no llegaría
a incorporarse pues a mediados de febrero, por haber sido nombrado geo-
desta cuarto del Instituto Geográfico y Estadístico, se le concede el pase de
situación a supernumerario sin sueldo33.
El reglamento del Instituto Geográfico establecía que su personal se
componía, entre otros y con carácter permanente, de jefes y oficiales de los
cuerpos de Artillería, Ingenieros y Estado Mayor, ingenieros civiles, Cuerpo
de Topógrafos —que se crea por esta disposición— auxiliares de geodesia
y portamiras. Además de personal auxiliar de sargentos, cabos y soldados
que fueran necesarios, en forma de destacamentos que proporcionaría el
Ministerio de la Guerra34.
En la situación de supernumerario permanece los siguientes años, con
diversas vicisitudes de carácter militar: en junio de 1906 se le concede el
empleo de comandante, en octubre de 1915 el de teniente coronel y en julio
de 1926 el de coronel, todos ellos del Cuerpo de Estado Mayor35.
32 Real orden de 19 de octubre de 1898 (DO núm. 234, del 32), como comprendido en la real
orden de 26 de agosto anterior (DO núm. 189), debiendo el capitán general de la primera re-
gión, darle la colocación prevenida en la de 6 de noviembre último (CL núm. 303), ampliada
por la de 29 julio de este año (CL núm. 266), percibiendo el sueldo entero de su empleo hasta
que termine los referidos cuatro meses de licencia por enfermo.
33 Reales órdenes de 31 de enero (DO núm. 25) y de 18 de febrero de 1899 (DO núm. 39).
GALBIS, Testamento laboral, op. cit., p. 6: «No es de extrañar por lo tanto que, poco
después de mi regreso, con cuatro meses de licencia por enfermo, como todos los repatria-
dos, al ver que se me negaba el ocupar el destino en el Depósito de la guerra, que dejé al
marchar voluntariamente a Cuba, a la sazón vacante, y que le pedí renunciado a la licen-
cia, decidiera presentarme al concurso para ocupar una plaza de geodesta en el Instituto
Geográfico, correspondiente al Cuerpo de Estado Mayor. Esta plaza tenía el aliciente de
que no se perdía totalmente el carácter militar, porque era considerada como de servicio
activo, hasta el límite, de tener en aquella época, derecho a caballo y asistente; y hasta
nuestros días a los ascensos que correspondieran por antigüedad, sin necesidad de trabajo
alguno en filas».
34 Real orden de 27 de septiembre de 1870 (GM núm. 274, del 1 de octubre).
35 Real orden de 11 de junio de 1906 (DO núm. 122), con efectividad de 20 de mayo anterior.
Por otra de 22 de junio (DO núm. 131) se dispone continúe en la situación anterior. Real orden
de 5 de octubre de 1915 (DO núm. 223), por antigüedad, con efectividad de 7 de septiembre.
Por otra de 13 del mismo mes (DO núm. 230), se le confirma en la misma situación de super-
numerario sin sueldo que venía disfrutando en la 1ª Región y confirmado en su destino como
ingeniero geógrafo de primera clase en el Instituto Geográfico. Real orden circular de 7 de
julio de 1926 (DO núm. 150), con efectividad de 5 de junio de 1926.
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En enero de 1928, se le concede el pase a la situación de reserva y en
noviembre de 1932 el empleo de general de brigada honorario que en pala-
bras de Galbis «si no dá dinero, es útil para las consideraciones oficiales y
privadas»36.
El 31 de mayo de 1942, en un acto celebrado en la Academia General
de Zaragoza, su director, el general Francisco Hidalgo de Cisneros y Man-
so de Zúñiga, le haría entrega del fajín y el bastón, símbolos de su empleo
honorario.
Paralelamente, en 1910 es nombrado, en ascenso de escala, para ocu-
par la plaza de ingeniero jefe de segunda clase, jefe de administración de
cuarta, que ocuparía hasta abril de 1913. En noviembre de este año, también
en ascenso de escala, es nombrado para ocupar una plaza de ingeniero jefe
de segunda clase, jefe de administración civil de segunda. En 1910 se hizo
cargo de la dirección del Instituto Central Meteorológico, ejerciendo este
cargo hasta 1921. En octubre de 1919 se crean en el Cuerpo de Ingenieros
Geógrafos dos plazas de inspectores generales, jefes de administración de
primera clase, ocupando Galbis una de ellas, en ascenso de escala, nombrán-
dosele unos días después vocal del Servicio Geográfico37.
También sería nombrado para cargos de diversas entidades: en 1919
vocal técnico del Consejo de la Mutualidad Nacional del Seguro agropecua-
rio, en 1922, vocal de la Junta Consultiva de Seguros, en concepto de mutua-
lista, en 1924 vocal de la Comisión permanente de Pesas y Medidas, etc.38.
En 1924 sería nombrado subdirector general del Instituto Geográfico
y en 1931, en ascenso de escala, inspector general del Cuerpo de Ingenieros
Geógrafos, jefe superior de la administración civil, cargo que ocuparía hasta
julio de 1939, al ser jubilado, una vez cumplida la edad reglamentaria el 3
de octubre de 193839.
Galbis cultivó diversas disciplinas científicas como la astronomía,
la geodesia, la cartografía, la meteorología, la topografía, la fotogrametría
36 Real orden de 25 de enero de 1928 (DO núm. 21) y decreto de 4 de noviembre de 1932 (GM
núm. 311, del 6), por reunir las condiciones exigidas en la ley de 4 de noviembre de 1931.
GALBIS, Testamento laboral, op. cit., p. 65.
37 Reales decretos de 6 de mayo de 1910 (GM núm. 127, del 7), de 25 de abril de 1913 (GM
núm. 116, del 26), de 19 de diciembre de 1913 (GM núm. 357, del 23) y de 14 de noviembre
de 1919 (GM núm. 322, del 18). Las plazas se crean por real decreto de 6 de octubre de 1919.
Real decreto de 21 de noviembre de 1919 (GM núm. 326, del 22).
38 Reales decretos de 16 de septiembre de 1919 (GM núm. 261, del 18), de 5 de diciembre de
1922 (GM núm. 340, del 6) y de 8 de julio de 1925 (GM núm. 191, del 10).
39 Real orden de 30 de enero de 1924 (GM núm. 34, del 3 de febrero). Se le nombra con las
atribuciones y deberes que le confieren el real decreto de 24 de enero del mismo año. Real
decreto de 4 de febrero de 1931 (GM núm. 39, del 8), con antigüedad de 13 de enero y sueldo
anual de 18.000 pesetas. Decreto de 6 de julio de 1939 (BOE núm. 189, del 8).
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 207-232. ISSN: 0482-5748
208 ANTONIO PRIETO BARRIO
y la geofísica, siendo autor de varias publicaciones sobre estas materias,
especialmente las relacionadas con estudios sismológicos, asistiendo a nu-
merosas reuniones y congresos internacionales, entre los que cabe desta-
car en 1919 en París a la Conferencia Internacional sobre Meteorología,
en 1925 en El Cairo al Congreso Internacional de Geografía y en 1930 en
Estocolmo a la Asamblea General de la Unión Internacional de Geodesia
y Geofísica.
En el desempeño de estas jefaturas, inspecciones, subdirecciones y
direcciones, Galbis declaró que «siempre les serví con completa lealtad;
condición que aprendí en el Cuerpo de Estado Mayor»40.
Falleció en Madrid el 28 de diciembre de 1952.
A finales de agosto de 1932, se cierra su hoja de servicios, sumando
47 años, 11 meses y 19 días de servicios efectivos, sin abonos de tiempo.
La valoración de los conceptos que constan en sus antecedentes eran valor,
acreditado; aplicación, mucha; capacidad, mucha; conducta, buena; puntua-
lidad en el servicio, mucha y salud, buena. Idiomas, posee de francés. Su
estatura 1,65 metros.
Se hallaba en posesión de las condecoraciones siguientes:
− Cruz de primera clase de la Orden del Mérito Militar, con distinti-
vo blanco, con motivo del natalicio del rey Alfonso XIII41.
− Cruz de segunda clase de la Orden del Mérito Militar, con distin-
tivo blanco.
− Tres cruces de primera clase de la Orden del Mérito Militar, con
distintivo rojo, dos de ellas pensionadas.
− Cruz de primera clase de la Orden militar de María Cristina, por
el establecimiento de la vía de comunicación entre los cayos de
Caibarien (Nuevitas), el 31 de agosto de 189842.
− Medalla conmemorativa de la campaña de la isla de Cuba43.
− Cruz, Placa y Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Her-
menegildo44.
− Comendador de número de la Orden civil de Alfonso XII, según
título fechado el 20 de diciembre de 1920.
40 GALBIS, Testamento laboral, op. cit., p. 7.
41 Real orden de 11 de octubre de 1886, como comprendido en el real decreto de 27 de junio.
42 Real orden de 2 de enero de 1899 (DO núm. 2, del 4).
43 Creada por real decreto de 1 de febrero de 1899 (GM núm. 33, del 2).
44 Reales órdenes de 4 de noviembre de 1909 (DO núm. 250, del 6), con antigüedad de 28 de
octubre de 1908 y de 13 de junio de 1919 (DO núm. 132, del 15), con antigüedad de 28 de
octubre de 1918. Decreto de 19 de febrero de 1943 (DO núm. 45, del 24), con antigüedad de
4 de noviembre de 1932.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 208-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 209
− Cruz de segunda clase de la Orden del Mérito Naval, con distinti-
vo blanco, pensionada45.
− Medalla de Alfonso XIII.
− Oficial de la Orden de la Legión de Honor de Francia46.
− Comendador de la Orden del Nilo de Egipto47.
Se ha intentado dar unas pinceladas de la vida militar de José Galbis.
Tras su paso por las academias militares y la realización del curso de Estado
Mayor participa en la fase final de la guerra de Cuba, la llamada Campaña
de la Reforma que se desarrolló entre enero de 1897 y principios de 1898,
donde tras la autonomía propuesta para la isla y el relevo del general Vale-
riano Weyler y Nicolau por el general Ramón Blanco Erenas, los insurrectos
no depusieron las armas, a la vez que se producía la intervención norteame-
ricana. La mayor parte de los servicios prestados lo fueron en las provincias
de Santa Clara y de Puerto Príncipe, ambas en la zona central de la isla. Al
poco tiempo de su vuelta a la península es nombrado geodesta, pasando a
prestar sus servicios en el Instituto Geográfico, donde ocuparía plazas y car-
gos de importancia. Las fotografías que se incluyen nos permiten visualizar
su paso por los Cuerpos de Artillería y Estado Mayor, viendo la evolución
de la uniformidad, incluso en campaña. De igual manera se comentan sus
condecoraciones y distintivos.
45 Real orden de 14 de noviembre de 1921 (DOMM núm. 262, del 25), en primera instancia,
sin pensión, por la labor realizada por Galbis y por el capitán de corbeta Manuel Sánchez
Barcáiztegui y Gereda, «cada uno en su parte competente y el celo y entusiasmo con que
desempeñaron la misión a ellos conferida referente al estudio y presentación de un Pro-
yecto de unificación de señales de temporal y de puerto y Reglamento del mismo para su
implantación en las costas de España de ese importante servicio recientemente creado
por real decreto». Galbis presentó una instancia de súplica de revisión del expediente, así
que por real orden de 15 de julio de 1922 (DOMM núm. 170, del 1 de agosto), se declara
pensionada la citada cruz.
46 GALBIS, Testamento laboral, op. cit., p. 57v: «Por último tuve el honor de que me fuera otor-
gada, por Francia, a indicación del presidente de la U.G. y G.I. profesor Carlos Lallemann,
la Cruz de Oficial de la Legión de Honor». Se cita en el anuario de la Légión d’Honneur
de 1929: «Officier LH: lieutenant-colonel GALBIS de l’armée espagnole, sous-directeur de
l’institut géographique. Nommé le 19 février 1925».
47 Ibidem, p. 58v: «Siendo Subdirector del Instituto Geográfico, fui designado por R.O. de 26
de febrero de 1925, para presidir la Delegación Española, en el Congreso de Geografía ce-
lebrado en El Cairo dicho año 1925. En él me hicieron el honor internacional de nombrarme
Presidente de todas las reuniones que celebró la Sección de Geografía Humana, y sin duda
por esa intervención fui premiado por el Gobierno de Egipto con la Encomienda de la Orden
del Nilo».
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 209-232. ISSN: 0482-5748
210 ANTONIO PRIETO BARRIO
Fotografías de JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ
Tabla 1. Resumen y compendio de sus años de servicio con el número de escalafón
entre los de su clase siguiente48
Arma o Nº Nº
Empleo Año Destino o situación
Cuerpo escalafón página
Primer 3º Regimiento de
Art. 1891 401 448 y 655
teniente Cuerpo de Ejército
Primer 2º Regimiento de
Art. 1892 359 438 y 444
teniente Cuerpo de Ejército
Primer
Art. 1893-1894 307 489 y 493 4º Batallón de Plaza
teniente
Primer 8º Batallón de Plaza
Art. 1895 260 485 y 490
teniente (ESG)
Primer 50, 455 y 6º Batallón de Plaza
Art. 1896 186
teniente 459 (ESG)
Primer 50, 249, 6º Batallón de Plaza
Art. 1897 83
teniente 482 y 921 (ESG prácticas VI CE)
Capitán EM 1898 56 351 Cuba
Capitán EM 1899 43 359 y 854 Regresado de Cuba
Supernumerario.
Capitán EM 1900 33 390
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Capitán EM 1901 32 388
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Capitán EM 1902 30 382
Instituto Geográfico
Anuario
48 Militar de España. Imprenta y Litografía del Depósito de la Guerra. Madrid.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 210-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 211
Arma o Nº Nº
Empleo Año Destino o situación
Cuerpo escalafón página
Supernumerario.
Capitán EM 1903 29 354
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Capitán EM 1904 24 354
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Capitán EM 1905 23 366
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Capitán EM 1906 11 338
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Comandante EM 1907 76 278
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Comandante EM 1908 70 277
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Comandante EM 1909 68 272
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Comandante EM 1910 60 293
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Comandante EM 1911 39 298
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Comandante EM 1912 31 310
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Comandante EM 1913 17 313
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Comandante EM 1914 10 324
Instituto Geográfico
Supernumerario.
Comandante EM 1915 6 332
Instituto Geográfico
Teniente Supernumerario.
EM 1916 89 344
coronel Instituto Geográfico
Teniente Supernumerario.
EM 1917 83 340
coronel Instituto Geográfico
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 211-232. ISSN: 0482-5748
212 ANTONIO PRIETO BARRIO
Arma o Nº Nº
Empleo Año Destino o situación
Cuerpo escalafón página
Teniente Supernumerario.
EM 1918 73 335
coronel Instituto Geográfico
Teniente Supernumerario.
EM 1919 45 319
coronel Instituto Geográfico
Teniente Supernumerario.
EM 1920 38 328
coronel Instituto Geográfico
Teniente Supernumerario.
EM 1921 33 368
coronel Instituto Geográfico
Teniente Supernumerario.
EM 1922 25 380
coronel Instituto Geográfico
Teniente Supernumerario.
EM 1923 20 380
coronel Instituto Geográfico
Teniente Supernumerario.
EM 1924 12 232
coronel Instituto Geográfico
Teniente Excedencia. Instituto
EM 1925 1 232
coronel Geográfico
Teniente Supernumerario.
EM 1926 1 234
coronel Instituto Geográfico
Supernumerario.
Coronel EM 1927 9 220 y 223
Instituto Geográfico
Coronel EM 1928 18 558 Reserva. 1ª Región
Coronel EM 1929 13 545 Reserva. 1ª Región
Coronel EM 1930 8 587 Reserva. 1ª Región
Coronel EM 1931 9 565 Reserva. 1ª Región
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 212-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 213
Serie de fotografías correspondientes a diferentes años
1869 1871
1875
1879 1881 1913
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 213-232. ISSN: 0482-5748
214 ANTONIO PRIETO BARRIO
1885. Alumno de la Academia General Militar
Los alumnos debían incorporarse a la Academia General Militar con
numerosas prendas: ros con pompón para gala, guerrera de paño azul turquí,
dos pares de pantalones encarnados con doble franja azul, esclavina, dos
guerreras, una de paño gris y otra de lanilla, gorra, sable, cinturón. En el
cuello de la guerrera lleva el distintivo de alumno de segundo curso, que
son dos cordoncillos de oro, de 2
milímetros de diámetro; de igual
manera lleva en la bocamanga tres
galones de 13 milímetros de an-
cho del llamado de panecillo, de
oro, divisa de empleo de sargento
primero efectivo o graduado. El
sargento segundo, nombramien-
to honorífico que obtuvo en 1885,
llevaría sólo dos galones. Botones
dorados con las iniciales AG entre-
lazadas bajo corona real. La gorra
—aprobada y declarada reglamen-
taria por reales órdenes de 24 de
septiembre de 1883 (CL núm. 320)
y de 1 de agosto de 1884 (CL núm.
262)— es azul y en la parte anterior
lleva una escarapela circular, de los
colores nacionales de tres centíme-
tros de diámetro, que tiene sobre-
puesta una presilla formada con
seis cordoncillos de oro y un botón
pequeño igual a los de sujeción del
barboquejo de charol y a los de las
bocamangas de la guerrera.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 214-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 215
1891. Teniente de Artillería
Lleva una guerrera de paño azul turquí,
con cuello del mismo color abierto en redon-
do por delante y cerrándose por un corchete
colocado en la unión con el cuerpo; a los la-
dos se coloca el emblema, que es una bomba
de hilo de oro. Se abrocha con siete botones
grandes repartidos de manera que el más bajo
queda sobre la cintura. La bocamanga sin
cartera lleva solo un botón pequeño en la in-
mediación de la parte superior de la misma.
Como divisa usa dos trencillas de oro de seis
milímetros de ancho y cinco hilos y dos es-
trellas de seis puntas y de 25 milímetros de
diámetro, bordadas con canutillo mate separadas entre sí 70 milímetros. Las
trencillas en la bocamanga y las estrellas por encima de ésta. Hombrera de
paño del mismo color que la prenda, de forma recta, de lados paralelos y
achaflanados los ángulos de su parte superior. En las superficies exteriores la
cifra A. XIII y corona real encima, bordadas en oro; un doble cordoncillo de
oro en todo su contorno excepto en su base; dicha hombrera se abrocha por
medio de un ojal a un botón pequeño que está colocado en el hombro de la
prenda y a 15 milímetros de la costura del cuello. Los botones son dorados,
con el trofeo del cuerpo en el centro, compuesto de dos cañones cruzados,
corona real encima y una pila de seis -o diez- balas.
Lleva la Cruz de primera clase de la Orden del Mérito Militar, con
distintivo blanco, que le fue concedida en 1886.
La orden se crea por real decreto de 3 de agosto de 1864 «como re-
compensa especial de los servicios militares prestados por los generales, je-
fes y oficiales de las diferentes armas e institutos del ejército» y constaba de
cuatro clases. La de primera era una cruz sencilla de cuatro brazos iguales,
con el escudo de armas reales en el centro y la corona sobre el brazo supe-
rior, descansando en un rectángulo de oro que debía llevar inscrito el título
de la campaña, la fecha del hecho de armas o la de la concesión. La cruz
iba esmaltada de rojo cuando se concedía por mérito de guerra y de blanco
cuando fuese otorgada por otros servicios y se llevaba al pecho pendiente
de una cinta de seda roja con lista blanca en el centro para la cruz roja y con
los mismos colores invertidos para la cruz blanca. Las cruces pensionadas se
distinguen por llevar en los brazos de la cruz pasadores de esmalte, blanco
en las rojas, y rojo en las blancas.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 215-232. ISSN: 0482-5748
216 ANTONIO PRIETO BARRIO
1893. Teniente de Artillería
Quizás al ser admitido en
la Escuela Superior de Guerra
como alumno del curso de Esta-
do Mayor, viste guerrera de paño
azul tina con el cuello del mismo
color; la hombrera está constitui-
da por doble cordoncillo de oro,
sujeto por un pasador. En la línea
del centro de su parte anterior una
hilera de siete botones, de modo
que el último coincide con la cin-
tura. Dos bolsillos rectos de tre-
ce centímetros de longitud, uno a
cada lado del pecho y a la altura
del tercer botón; dichos bolsillos
llevan carteras rectas de 4 centí-
metros de ancho. Cinta de pelo de
cabra, de 17 milímetros de ancho
en todo su contorno, excepto en
el cuello y donde están coloca-
dos los botones de la parte ante-
rior. Como divisa de su empleo,
las trencillas y estrellas descritas.
Los botones, ya descritos. Para la
suspensión de la espada lleva un tahalí de paño azul tina. Pantalón del mis-
mo paño que la guerrera con franja roja, partida en dos, teniendo de ancho
cada media franja 22 milímetros y 6 de distancia de una a otra. En la mano
izquierda, guantes blancos de algodón fino, hilo de escocia, castor o ante.
En la derecha sujeta una gorra teresiana, de paño azul tina que en la parte
anterior lleva una escarapela circular, de los colores nacionales y de 3 cen-
tímetros de diámetro, que tiene sobrepuesta una presilla formada con seis
cordoncillos do oro y un botón pequeño en su parte inferior; barboquejo de
charol y sujeto en sus extremos por otros dos botones como el anterior. Las
divisas van en la parte cilíndrica y son de esterilla. La espada es recta, lisa la
hoja y de dos filos hasta el primer tercio y éste de 77 centímetros de largo y
2 centímetros de ancho; vaina de cuero negro con boquilla y contera de me-
tal liso dorado; la empuñadura es toda de metal dorado y el puño formando
cordoncillo.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 216-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 217
1897. Capitán del Cuerpo de Estado Mayor. Cuba
La cartilla de uniformidad
para la sección del Cuerpo de
Estado Mayor del Ejército de la
isla de Cuba, se aprueba por real
orden de 30 de marzo de 1881
(CL núm. 152) y la del Cuerpo
de Estado Mayor del Ejército
por otra de 30 de diciembre de
1884. El uniforme es el llamado
de “rayadillo”, por su diseño de
rayas azul y blanco que le daba
un aspecto gris azulado. Lleva
una levita abierta de hilo azul y
blanco, abrochada con siete bo-
tones dorados de reglamento,
con cuello vuelto y emblemas de
metal del cuerpo -una estrella de
cinco puntas y dos ramos de ro-
ble liados en punta- Dos bolsillos
con cartera a la altura del tercer
botón uno a cada lado. La hom-
brera está constituida por doble
cordoncillo de oro, sujeto por un
pasador. Pantalón de la misma tela que la levita. Divisas de capitán, tres
trencillas de oro de 6 milímetros de ancho y cinco hilos, además de tres es-
trellas de seis puntas de 25 milímetros bordadas con canutillo de oro mate.
Las trencillas van colocadas en la bocamanga y forman al costado exterior
el mismo ángulo que resulta en la unión de aquel con la costura de la manga.
Las estrellas por encima de la bocamanga distando los centros de las mismas
entre sí 50 milímetros. Corbata negra. Gorra con plato, nesgas y cinturón
blancos y visera y barboquejo negros; alrededor del cinturón los galones de
su empleo, sin emblema. Botones dorados con el emblema del cuerpo.
En esta instantánea se aprecian varias curiosidades en la uniformidad,
fruto quizás de no existir una rigurosa observancia de los reglamentos, de
la libre interpretación de los mismos, o quizás del desarrollo de normativas
en Ultramar, que las que desgraciadamente no tenemos referencia. Lo ex-
tendido de estas “licencias” tanto en Cuba como en Filipinas, podría hacer
pensar en la adaptación del vestuario a las condiciones climatológicas y del
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 217-232. ISSN: 0482-5748
218 ANTONIO PRIETO BARRIO
terreno de aquellas tierras, o simplemente a motivos prácticos, eliminando
partes susceptibles de engancharse en la vegetación de la manigua, lo que
sería el caso del lazo y borlas de la faja o de los cordones del distintivo de
ayudante. Según la cartilla de uniformidad para los cuerpos de voluntarios
de la isla de Cuba de 18 de agosto de 1880, la levita «sólo en paseo, fuera de
formación, procesiones y actos por este estilo se podrá usar abierta, con sólo
el primer botón de arriba prendido en su ojal, llevando entonces chaleco de
cierre alto, que será de rayadillo para diario y campaña, y piqué blanco de
obra menuda para gala, con siete botones iguales a los del frente de la levita,
pero pequeños» . Sobre el chaleco lleva un fajín azul celeste con las divisas
del empleo, en un uso que recuerda al que se daba a las fajas (fajines) de
los generales vistiendo de paisano. Pendiente del segundo botón lleva un
modelo reducido de distintivo de ayudante, como si fueran sólo las caidas de
los reglamentarios: un cordón doble de oro, con dos esferas, que denotaría
estar a la inmediación de un teniente general. Además de las esferas, donde
irían grabadas las hojas de acanto y las barras que constituyen el entorchado
de los generales, lleva una corona real y un herrete, grabado con castillos,
leones, lises y ramos de laurel.
La fotografía está dedicada a su madre, firmándola como «Pepe»
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 218-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 219
1906. Capitán del Cuerpo de Estado Mayor
Lleva una guerrera de paño
azul turquí, con cuello del mismo
color abierto en redondo por de-
lante cerrándose por un corche-
te colocado en la unión con el
cuerpo; a los lados se coloca el
emblema del cuerpo bordado con
canutillo de oro. Se abrocha con
nueve botones grandes reparti-
dos de manera que el más bajo
queda sobre la cintura. La boca-
manga lleva un botón pequeño
en la inmediación de la parte su-
perior de la misma. Como divisa
usa tres trencillas de oro de seis
milímetros de ancho y cinco hi-
los y tres estrellas de seis puntas
y de 25 milímetros de diámetro,
bordadas con canutillo mate, se-
paradas entre sí 50 milímetros.
Las trencillas en la bocamanga, y
las estrellas por encima de ésta.
Hombrera de paño del mismo co-
lor que la prenda, de forma recta,
de lados paralelos y achaflanados
los ángulos de su parte superior.
En las superficies exteriores la
cifra A. XIII y corona real enci-
ma, bordadas en oro; un doble
cordoncillo de oro en todo su contorno excepto en su base; dicha hombrera
se abrocha por medio de un ojal a un botón pequeño que está colocado en el
hombro de la prenda y a 15 milímetros de la costura del cuello. Pantalón de
color igual al de la levita, con franja azul celeste de 5 centímetros de anchu-
ra. La faja es de seda azul celeste, de punto, de 5 centímetros de ancha, bor-
las a los extremos, de la misma seda, y canelones de cordón, con el pasador
y calabazuela de cabeza de la borla, de oro. Los botones son dorados, conve-
xos, con el emblema del cuerpo y corona, de 24 milímetros de diámetro los
mayores, y 12 los requeños. Calzado de una pieza, de becerro y con brillo.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 219-232. ISSN: 0482-5748
220 ANTONIO PRIETO BARRIO
Sobre el pecho, la Placa de primera clase de la Orden militar de María
Cristina, tres cruces de primera clase de la Orden del Mérito Militar, una
con distintivo blanco y dos con distintivo rojo, una de ellas pensionada, así
como la Medalla conmemorativa de la Campaña de Cuba. Pendiente del
cuello, usa la medalla con el emblema de la Tierra, como distintivo de los
geodestas.
Por real decreto de 30 de enero de 1890, y con arreglo a lo estable-
cido en el artículo 10 de la ley adicional a la constitutiva del Ejército de 19
de julio de 1889, se creó la Orden militar de María Cristina, «para premiar
las grandes hazañas, los hechos heroicos, los méritos distinguidos y los
peligros y sufrimientos de las campañas, por los que se hagan acreedores a
ser recompensados, los oficiales generales y particulares y sus asimilados
de las armas, cuerpos e institutos del Ejército». La placa de primera cla-
se consistía en un escudo de esmalte con la inscripción AL MÉRITO EN
CAMPAÑA de oro, cruz, corona de laurel y espadas de bronce mate, flores
de lis y corona real de oro brillante y ráfagas de plata abrillantada. Por real
decreto de 1 de febrero de 1899 se creó una medalla conmemorativa de la
campaña de la isla de Cuba, para los generales, jefes, oficiales, clases e in-
dividuos de tropa del Ejército y de la Armada y sus asimilados que habieran
tomado parte en aquella, reuniendo alguna de las condiciones siguientes:
seis meses de operaciones de campaña y haber asistido a un hecho de armas
o tres meses de operaciones y tres hechos de armas. La medalla era de bron-
ce e igual para todas las clases. Iba rodeada de laurel, teniendo en el anverso
los bustos de la reina regente y del rey niño y la inscripción CAMPAÑA DE
CUBA 1895-1898; en el reverso, entrelazadas, las iniciales de Alfonso XIII
con la inscripción AL / EJÉRCITO DE OPERACIONES, y estaba unida por
la corona real a una anilla por la cual pasa la cinta, de seda con nueve listas
del mismo ancho, cinco de color morado y cuatro encarnadas.
Emblema para el cuello, 1908
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 220-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 221
1925. Teniente coronel del Cuerpo de Estado Mayor
La uniformidad según dispone la real
orden circular de 10 de octubre de 1908 (CL
núm. 198). La guerrera es de paño azul turquí,
ligeramente entallada, cerrada por delante con
una hilera de siete botones; el cuello, las boca-
mangas y los vivos son de paño azul celeste,
llevando el primero el emblema del cuerpo
bordado en oro y un vivo azul turquí en su bor-
de superior; los botones son planos, dorados,
brillantes y llevan estampado dicho emblema
sin leyenda alguna. Las hombreras están cons-
tituidas por dos cordones de oro, dobles, sepa-
rados por uno de seda azul celeste.
A las condecoraciones citadas en la fotografía de 1906, adiciona la
Cruz y la Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, la Cruz de
segunda clase de la Orden del Mérito Naval, con distintivo blanco, pensio-
nada, la Placa de Comendador de número de la Orden civil de Alfonso XII
y la Medalla de Alfonso XIII, de plata.
Perfectamente identificables, pendiente del cuello y en el pecho, la
medalla y la placa del Cuerpo de Topógrafos o distintivo de geodesta.
La Real y Militar Orden de San Hermenegildo fue creada por real de-
creto de 28 de noviembre de 1814 para premiar la constancia en el servicio
militar, a los oficiales del Ejército y de la Armada. En esta época constaba de
tres categorías: cruz sencilla, placa y gran cruz, para los que hubieran prestado
respectivamente 25, 35 y 40 años de servicio activo. La insignia es una cruz
con los brazos de esmalte blanco, en el superior la corona real y en el centro un
círculo en que está esmaltada la efigie del santo a caballo, con una palma en la
mano derecha y alrededor un letrero que dice: PREMIO A LA CONSTANCIA
MILITAR, y al reverso la cifra del fundador, FERNANDO VII; se lleva pen-
diente de cinta dividida en tres partes iguales en sentido longitudinal, siendo
la del centro de color carmesí, y las otras dos blancas con filetes carmesíes.
La placa es también de oro, con escamas abrillantadas del mismo metal en sus
brazos, y entre éstos lleva cinco rayos unidos de plata, también abrillantados;
cada brazo tiene dos puntas rematadas en pequeños globos de oro; el centro
lleva un círculo de este metal, con una corona de laurel de esmalte verde, que
rodea un campo azul con la efigie del santo, con inclusión del lema, que se
coloca sobre esmalte blanco con letras de oro entre aquél y la corona de laurel.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 221-232. ISSN: 0482-5748
222 ANTONIO PRIETO BARRIO
Por real decreto de 23 de mayo de 1902 se crea la Orden civil de
Alfonso XII «en premio de eminentes servicios prestados a la instrucción
del país, creando, dotando o mejorando establecimientos de enseñanza; para
recompensar a quienes se distingan en estudios diversos y en sus aplicacio-
nes; a los que publiquen obras científicas, literarias o artísticas de reconoci-
do valor, y a los que se señalen por haber contribuido al fomento de cuanto
concierne al engrandecimiento y difusión de las ciencias, de las letras, de
las artes y de sus aplicaciones prácticas». Tenía tres categorías: gran cruz,
encomienda y caballero. Los comendadores de número llevan una placa que
representa un sol cuyos rayos se van perdiendo, por un lado bajo una palma,
y por el otro bajo una rama de laurel; en su centro un águila se remonta sobre
las nubes, y debajo del disco solar se lee la inscripción ALTIORA PETO. En
la parte superior de la placa y formando el extremo de la cruz, que diseñan
cuatro haces de rayos más prolongados que los restantes, se ve la corona real
con la cifra A. XII, y en el extremo inferior, que sirve de punto de unión a la
palma y a la rama de laurel, va el escudo de España. El tono de sol, de oro
encendido, cambia paulatinamente de color hasta aparecer en sus extremos
con el de violeta. Las letras de la inscripción son blancas; la corona real y la
cifra A. XII, de oro.
Por real decreto de 3 de agosto de 1866 se instituye la Orden del Mérito
naval como «recompensa especial de los servicios prestados por los generales,
jefes, oficiales, guardias marinas y demás clases de los distintos cuerpos de
la Armada» y constaba de cuatro clases. La de segunda clase es una placa de
plata abrillantada, con una cruz sencilla de cuatro brazos rectos desiguales, y
sobre ellos un ancla; sobre el brazo superior descansa un rectángulo de oro,
que lleva inscrita la fecha y motivo de la concesión. Dicha cruz es esmaltada
de rojo con el ancla de oro, cuando se concede por mérito de guerra o hechos
de mar distinguidos, y esmaltada de blanco con el ancla azul, cuando se otorga
por otros servicios. Las pensionadas se distinguen por llevar en los brazos de
la cruz pasadores de oro en las rojas y de esmalte azul en las blancas.
Por real decreto de 19 de junio de 1902, para conmemorar el acto de
la jura del rey se crea una medalla, de oro, plata o cobre, denominada de Al-
fonso XIII, usándose siempre con pasador dorado y cinta roja. Es redonda,
y en el anverso lleva el busto del rey y alrededor la inscripción ALPHOSUS
XIII D. G. HISP. REX. En el reverso, dentro de una corona de olivo y encina
y bajo corona real, la inscripción en dos líneas 17 MAII / 1902.
En marzo de 1893 se autoriza a los jefes y oficiales del Ejército que
desempeñaran el cargo de geodesta de la Dirección del Instituto Geográ-
fico y Estadístico, en uso con el uniforme de la medalla adoptada por el
Ministerio de Fomento, a finales de 1892, que llevaba el emblema de la
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 222-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 223
tierra, como distintivo de los geodestas de la Dirección General del Insti-
tuto Geográfico y Estadístico.49
Dicha medalla lleva en el anverso las armas reales cargada con el es-
cusón redondo descrito para la placa, todo ello sobre una rama de laurel y
otra de roble que cierran por la parte superior con una cinta con la inscripción
CUERPO DE TOPOGRAFOS y una corona real solidaria a una anilla por la
que pasaría el cordón para ser llevada pendiente del cuello.
La placa consiste en un rafagado de 40 rayos, de los cuales cuatro son
dorados y más prolongados que el resto, que son de color violeta. Sobre ella,
una cartela dorada con elementos vegetales, cargada con una mira topográfica
de esmalte blanco con marcas rojas y negras, que en su centro deja a la vista un
escusón redondo de color azul cielo, con un globo terráqueo sobre unas nubes
y las constelaciones Osa Mayor, Osa Menor y la Estrella Polar. Apoyada en la
parte superior de la cartela y en el brazo superior de la cruz, lleva una corona
real, y en la parte inferior, que sirve de punto de unión de los ramos de laurel y
roble, va el escudo de España.
Catálogo reformado e ilustrado de condecoraciones.
Nietos de Juan Medina, 1930
49 Real orden circular de 22 de marzo de 1893 (CLE número 97) y real orden de 19 de noviembre
de 1892.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 223-232. ISSN: 0482-5748
224 ANTONIO PRIETO BARRIO
1936. Coronel del Cuerpo de Estado Mayor
Habiendo ascendido a finales de 1932 al
empleo de general de brigada honorario, lleva
la guerrera descrita en 1925, donde se aprecia
parcialmente la bocamanga de paño azul celes-
te con las divisas del empleo de coronel, ade-
más de la faja azul. De nuevo es visible la placa
y medalla del Cuerpo de Topógrafos.
Además de las condecoraciones españo-
las citadas, de las que ninguna parece haber sido
adaptada o modificada como se dispuso en abril
y noviembre de 1931 al instaurarse la República,
lleva la Cruz de oficial de la Orden de la Legión de Honor de Francia -en la
parte derecha del pecho- y la de Comendador de la Orden del Nilo de Egipto
-al cuello-.
La Legión de Honor, creada por ley de 19 de mayo de 1802, se componía
originalmente de cuatro grados: gran oficial, comandante, oficial y legionario,
pasando posteriormente a cinco: gran cruz, gran oficial, comendador, oficial y
caballero. La insignia es una estrella con cinco rayos dobles esmaltados de blan-
co, con las diez puntas terminadas en un globillo. Los rayos se unen por una
corona, de hojas de roble (a la derecha) y laurel (a la izquierda) esmaltada de
verde, cuyas extremidades inferiores se unen con un nudo. El centro de la estrella
presenta un medallón de oro con la efigie de la República, rodeada con un círculo
azul, con la inscripción RÉPUBLIQUE FRANÇAISE. Pende de una corona de
hojas de roble y laurel esmaltada de verde. En el reverso, el medallón de oro lleva
dos banderas tricolores, con las astas entrecruzadas y en el exergo HONNEUR
ET PATRIE y la fecha de creación de la orden 29 FLORÉAL AN X. La cinta es
de seda roja, llevando los oficiales una roseta del mismo color.
La Orden del Nilo fue creada por el sultán Husain Kamil el 14 de
abril de 1915 para premiar los servicios distinguidos y meritorios al estado,
y tenía cinco categorías: gran cordón, gran oficial, comendador, oficial y
caballero. Es una estrella de diez puntas, alternando rayos de oro y de plata,
que en su centro lleva otra de cinco puntas esmaltada en blanco con una
corona dorada entre los dos rayos superiores. El centro es dorado y lleva en
azul una inscripción en árabe cuya traducción podría ser: “Qué beneficios
Egipto debe al Nilo, su fuente de prosperidad y felicidad”. La cinta es azul
con dos listas amarillas cercanas a los bordes.
Esta fotografía es del estudio Walken, en el número 117 de la madri-
leña calle de Alcalá
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 224-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 225
Entrega de la faja y del bastón al general Galbis el 31 de mayo de 1943. En el centro
de la imagen, con el general Hidalgo de Cisneros (AGMAV, F. 364, 2, 198)
Placa del Cuerpo de Topógrafos
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 225-232. ISSN: 0482-5748
226 ANTONIO PRIETO BARRIO
ANEXOS
Transcripciones relativas a las operaciones en Cuba50
«Al iniciarse la guerra con los Estados Unidos, el Capitán general de
la isla, por conducto de Salcedo, me encomendó el reconocimiento, organi-
zación y jefatura de una línea marítima de comunicación entre los puertos
de Caibarien y Nuevitas, trazada entre la línea de los grandes y pequeños
cayos que bordeaban la parte norte de la isla, y la costa correspondiente
de ésta, produciendo, bahías, esteros, y largos, tortuosos y estrechos ca-
nales, todo lo cual aumentaba la longitud de 300 kilómetros que había en
línea recta, entre los dos puertos citados, a cerca de 400; y obligaba, a no
poder utilizar más elementos de transporte que lanchas chalanas, con un
desplazamiento máximo de 6 toneladas, y con tres metros de manga, movi-
das, exclusivamente a vela, remo o palanca, según los trozos de recorrido,
lo que elevaba la duración de este, de tres a cinco días según la dirección
de los vientos reinantes. Como el bloqueo norteamericano impedía toda
comunicación marítima por el exterior de los cayos y por alta mar, y ter-
minaba en Caibarien, el único ferrocarril que desde La Habana se dirigía
hacia oriente, la línea de comunicación proyectada, era el único medio de
llevar víveres y material de guerra en esa dirección. Naturalmente, tan com-
plicada empresa, obligó al alto mando a conferirme grandes atribuciones,
desusadas en mi categoría de Capitán, tanto para requisar elementos de
transporte marítimo, civil con sus dotaciones de personal, como para so-
licitar, directamente, de las autoridades militares, terrestres o marítimas,
grandes o pequeñas, locales o comarcales, todo lo necesario; primero para
establecer fortines en las bolcanas abiertas entre los cayos, con objeto de
dificultar o impedir la entrada a las bahías, de fuerzas marítimas ligeras
norteamericanas; segundo, para poder disponer, en las bahías, de barcos
de guerra que, llegado el caso de que aquellas fuerzas enemigas hubiesen
logrado entrar, combatirlas; tercero para situar igualmente fortines en las
orillas de los canales, para batir los insurrectos que intentasen impedir
el paso de los convoyes; y cuarto para proporcionarme escoltas para las
lanchas. Como las necesidades de todo orden, en los ejércitos de Oriente,
eran cada día más apremiantes, y frecuentes las reclamaciones dirigidas al
Capitán general, al serme comunicada, una de ellas, con carácter urgentí-
simo: al día siguiente de mi llegada a Caibarien para empezar el trabajo,
tuve que decidir el preparar inmediatamente mi primer convoy, sin esperar
50 GALBIS, Testamento laboral, op. cit., pp. 2v-3, 4-4v, 5-5v, 6.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 226-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 227
a reconocer personalmente las líneas, ni organizar su defensa, limitándome
a recoger informes de los pescadores de aquellas zonas. Por ello, solicité
de las autoridades marítimas la defensa en las bahías por medio de los
barcos de guerra de que disponían, que, desgraciadamente, se reducían a
un pequeño cañonero y una lancha cañonera. Con tan pobre defensa, a los
cinco días emprendí la marcha de un convoy de 40 lanchas (acompañado
por el capitán de ingenieros Don Miguel Manella, que había sido puesto a
mis órdenes para dirigir las obras de ingeniería que fueran necesarias), y
una escolta de cuatro soldados en cada lancha, para rechazar los posibles
ataques de los insurrectos desde las orillas, sobre todo en los canales, que
según informes, tenían algunos kilómetros de longitud, con trozos en que su
anchura no pasaba de cinco metros. En solo cinco días, llevamos el convoy
a Nuevitas, cargado con gran cantidad de víveres, sin haber sufrido ataque
alguno de los enemigos, tal vez, porque no tuvieran tiempo de percatarse de
nuestro propósito. Por esta operación fui felicitado telegráficamente por el
general Salcedo».
«Sitiado Santiago de Cuba, se realizó una reunión en Puerto Prínci-
pe, a la que concurrieron todos los generales y oficiales de Estado Mayor
del ejército de Camagüey, que entonces mandaba (ya de Teniente general)
Salcedo y como consecuencia éste me designó para llevar a La Habana una
propuesta, formulada, de acuerdo con dicha junta (a la que asistí), ofrecien-
do al Capitán General marchar con ese ejército hacia Santiago para atacar
por la espalda a los sitiadores de aquella plaza. Esta comisión me obligó a
realizar un arriesgado viaje, sin descanso que comprendió, marchar desde
Puerto Príncipe a Nuevitas en el ferrocarril de vía estrecha existente; con-
tinuar por la vía marítima Nuevitas Caibarien, en la mejor lancha de que
disponía, con la escolta exclusiva de los cuatro soldados alojados en ella;
desde este último puerto, en locomotora hasta La Habana. Felizmente tuve,
en la parte marítima, viento muy favorable, lo que redujo ese recorrido a
tres días y el total a menos de cuatro. Llegué a Capitanía General a las tres
de la madrugada, y por razón de la urgencia de la propuesta, obligué a le-
vantar al general Blanco; este leyó con detenimiento la comunicación, me
obligó a razonársela y detallarla; convocó a los generales residentes en La
Habana para las 8 de la mañana siguiente. Examinaron estos la propuesta y
la juzgaron irrealizable. No satisfecho Blanco con ese informe, heliografió a
Linares pidiendo su colaboración simultánea con el proyectado ataque a los
norteamericanos. Este general contestó que sus tropas no podían realizarlo
por estar agotadas, y entonces Blanco, agradecido a las tropas del Cama-
güey, negó la autorización pedida, y me ordenó regresar inmediatamente,
Así lo hice, aunque más despacio (cinco días) que la otra vez, por encontrar
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 227-232. ISSN: 0482-5748
228 ANTONIO PRIETO BARRIO
vientos desfavorables. Este suceso no ha sido divulgado, pero consta en los
archivos y en mi hoja de servicios».
«A mi llegada a Nuevitas, el General Salcedo, enterado por mí, he-
liográficamente de lo ocurrido en La Habana y de la próxima rendición de
Santiago de Cuba, supuso que los americanos marcharían sobre las tropas
del Camagüey y desembarcarían en Nuevitas, que tomarían sin dificultad,
por estar indefensa para los ataques marítimos. En vista de ello me ordenó
que me quedase en este puerto, a las órdenes del Coronel de Infantería
Saro, que era su Gobernador Militar, con objeto de evacuarla rápidamente
[…] Durante esa evacuación realicé los servicios siguientes. Enviamos por
ferrocarril a Puerto Príncipe tres batallones y otros servicios. Destruimos
los fortines de madera que rodeaban la plaza por la parte terrestre. Reti-
ramos los puestos de Heliografía que a lo largo de los cayos constituían el
principal enlace con La Habana y podían quedar aislados. Previa consulta
al general Salcedo, con el que yo tenía siempre comunicación diaria directa
heliográfica o telegráfica cifrada, evacuamos hacia La Habana, cerca de
200 enfermos y heridos graves que había en los hospitales de Puerto Prín-
cipe y Nuevitas; para ello tuve que requisar y habilitar las bodegas de tres
goletas pintándolas en sus costados la Cruz Roja, confiando en que serían
respetadas por los americanos (a pesar del acuerdo, en tiempo de paz, de
que los barcos debían figurar ya en ese tiempo como pertenecientes a esa
institución) así ocurrió».
«Dadas las características especiales de esta guerra, tanto en su
parte contra los insurrectos cubanos, como en las sostenidas contra los
norteamericanos, no adquirí, con mi trabajo, enseñanzas de orden téc-
nico militar, utilizables posteriormente […] La derrota que sufrimos en
Cuba, quebrantó hondamente mi espíritu militar y después sufrí grandes
desengaños respecto a la injusticia con que se apreciaron mis servicios,
porque, a pesar de que me consideré suficientemente recompensados por
mis trabajos durante los combates contra los insurrectos, que he mencio-
nado; como el juicio de votación que me fue concedido, quedó archivado
al llegar a España, y no merecieron recompensas mis últimos servicios
prestados durante la guerra americana, ni la mereció ninguno de mis co-
laboradores de los ejércitos de tierra y mar, mi desencanto fue enorme
[…] Tengo fundadas sospechas de que la indiferencia con que en España
fueron apreciados mis servicios, era debido a la sorda campaña que el
Cuerpo de Estado Mayor, de la antigua procedencia, desarrolló con los
de la nueva, procedencia que naturalmente, en este caso, alcanzó a mis
colaboradores».
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 228-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 229
Transcripción relativa a su ascenso a coronel:51
«Mi amistad, desde la juventud, con el General Primo de Rivera,
era entrañable, en términos de que él me llamaba familiarmente Pepón, y
yo a él Miguelito. Pero yo, fiel a las enseñanzas de mi padre, que conde-
naba todo acto militar subversivo contra el Gobierno constituído, cuando
se sublevó, yo no le felicité, pero asistí al banquete con el que sus compa-
ñeros de la Academia General Militar, festejaron su triunfo […] Empezó
Primo de Rivera a desarrollar sus planes militares y entre ellos figuraba
el que no ascendiera quien no servía en filas del Ejército activo. En esto
me correspondió el ascenso a Coronel, y enterado de que mi destino era
considerado como activo, pero a su juicio no lo era, ordenó que mi expe-
diente quedase pendiente, archivándolo en el negociado de personal, y
ascendió al que me seguía en el escalafón. Al ver yo este hecho, hice una
instancia a S. M. pidiendo explicaciones, dado el derecho que a mi juicio
me asistía el ascenso. Mi instancia, después de algunos meses, la remi-
tió, el Directorio, a informe del Consejo Supremo de Guerra y Marina,
por lo visto, con recomendación de realizar un estudio detenido, puesto
que permaneció en ese organismo, bastantes meses. Pero al fin resolvió
“el derecho del Teniente Coronel D. José Galbis a su ascenso a Coronel
es inatacable y debe por lo tanto ser ascendido con la fecha que le co-
rrespondió”. Recibida esta resolución por el Gobierno, y considerando
contrariados sus planes, ordenó que mi expediente volviese al cajón del
Jefe del Negociado de Personal de E.M. Unos meses después, me llamó
el Dictador y me dijo: “Tú que eres mi amigo y conoces mis planes ¿por
qué no te retiras, como han hecho otros, como por ejemplo el Marqués
de Viana?” Yo, valido de la confianza con que siempre nos tratamos le
contesté: “No debo hacerlo porque a pesar de que tengo, al parecer, más
porvenir en ingenieros geógrafos que en Estado Mayor, aquel Cuerpo
tiene siempre su existencia en el aire y cualquier día puedes suprimirlo”.
El protestó de este supuesto, yo seguí exponiéndole las razones que me
impedían complacerle, y después de larga discusión, mantuve mi nega-
tiva, y naturalmente él ordenó que volviese mi expediente al menciona-
do cajón. Así llevaba algunos meses más, cuando fue nombrado Jefe de
nuestro personal de E. M. el Gral. de ese cuerpo D. Juan Cantón, hombre
de gran rectitud; y al encontrar dicho expediente en su cajón, me llamó
dijo: “Estoy resuelto a no arrostrar la responsabilidad de tener este ex-
pediente en el cajón, y como estoy convencido de que tiene Vd. razón, le
Ibídem.,
51 pp. 64-64v-65.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 229-232. ISSN: 0482-5748
230 ANTONIO PRIETO BARRIO
manifiesto que con mi criterio voy a plantear el asunto a Primo de Rivera,
y como puede ocurrir que éste se niegue a ascenderle a Vd. y promulgue
el correspondiente Decreto, se lo digo para que conozca mi actitud”. Le
di las gracias, y a los pocos días, me vi sorprendido con el ascenso, con le
fecha en que debí obtenerlo, pasando por razón del tiempo transcurrido,
del nº 1 de los Tenientes Coroneles a número 1 de los Coroneles».
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 230-232. ISSN: 0482-5748
JOSÉ GALBIS RODRÍGUEZ. SIETE INSTANTÁNEAS 231
ABREVIATURAS
AGMAV: Archivo General Militar de Ávila.
AGMS: Archivo General Militar de Segovia.
BOE: Boletín Oficial del Estado.
CL: Colección Legislativa.
DO: Diario Oficial (del Ministerio de la Guerra o del Ministerio del Ejército).
DOMM: Diario Oficial del Ministerio de Marina.
EM: Estado Mayor.
ESG: Escuela Superior de Guerra.
GM: Gaceta de Madrid.
AGRADECIMIENTOS
A Juan José Erce Montilla, José Manuel Guerrero Acosta y José Luis
Calvo Pérez por sus comentarios respecto a aspectos dudosos en la unifor-
midad de esta época.
A María Paz Vellón Serrano por las facilidades para la consulta de
fondos de la biblioteca del Instituto Geográfico Nacional.
BIBLIOGRAFÍA
Anuario Militar de España. Imprenta y Litografía del Depósito de la Guerra.
Madrid. Varios años.
Destino y marcha a la Isla de Cuba. [1898?]. Manuscrito.
GALBIS RODRÍGUEZ, José (1950): “Testamento laboral del ingeniero
geógrafo José Galbis Rodríguez”, en Mario Ruiz Morales (ed.): El in-
geniero geógrafo José Galbis al servicio de la Meteorología. Madrid.
Instituto Geográfico Nacional, 2005, pp. 1-121.
GISTAU FERRANDO, Miguel. La Academia General Militar, Toledo, 1883
a 1893. Apuntes de su historial recopilados y ordenados por M. Gistau.
Talleres Tip. de El Imparcial. Madrid, 1919.
Libro de las promociones de oficiales de Artillería procedentes del Colegio
desde su fundación en 1764 hasta el día con una breve reseña históri-
ca del colegio y con apuntes para el historial del personal del cuerpo.
Academia del Cuerpo. Establecimiento Tip. de S. Rueda. Segovia, 1894.
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 231-232. ISSN: 0482-5748
232 ANTONIO PRIETO BARRIO
WEYLER Y NICOLAU, Valeriano. Mi mando en Cuba. Historia militar
y política de la última guerra separatista durante dicho mando. Tomo
quinto. Imprenta de Felipe González Rojas. Madrid, 1911.
Recibido: 05/10/2018
Aceptado: 12/12/2018
Revista de Historia Militar, 127 (2020), pp. 232-232. ISSN: 0482-5748
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vol. I, pp. 67-69.
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nombre de la publicación en cursiva, número de volumen o tomo, año y
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Castillo Cáceres, Fernando: “La Segunda Guerra Mundial en Siria y
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c) Una vez citado un libro o artículo, puede emplearse en posteriores
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d) Cuando la nota siguiente hace referencia al mismo autor y libro
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e) Las fuentes documentales deben ser citadas de la siguiente manera:
archivo, organismo o institución donde se encuentra el documento, sección,
legajo o manuscrito, título del documento entrecomillado y fecha. Por ejem-
plo: A.H.N., Estado, leg. 4381. «Carta del Conde de Aranda a Grimaldi» de
fecha 12 de diciembre de 1774.
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contener texto adicional. Normalmente las citas, si son breves se incluirán
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Recomendaciones de estilo.
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buque o aeronave fragata, Cristóbal Colón. También para las pal-
abras escritas en cualquier idioma distinto al castellano y para los
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qués, ministro, etc., excepto en el caso del rey reinante en cuyo caso
será S.M. el Rey D. Felipe VI. Los organismos e instituciones van
con mayuscula inicial: Monarquía, Ministerio, Región Militar, etc.
− De la misma manera, se escriben con mayúscula todas las palabras
significativas que componen la denominación completa de enti-
dades, instituciones, etc.
− Los términos “fuerzas armadas” y “ejército” se escribirán con
minúscula cuando se haga referencia genérica a ellos. Si se habla de
“Ejército” o “Fuerzas Armadas” como institución debe emplearse
la mayúscula inicial. Otro tanto viene a ocurrir con las especiali-
dades fundamentales, las antiguas Armas y Cuerpos de los Ejércitos
y con las Unidades Militares; por ejemplo tropas de infantería y
Especialidad Fundamental, Arma de Infantería, un regimiento y el
Regimiento Alcántara.
− Las siglas y acrónimos más conocidos se escriben sin intercalar
puntos y conviene relacionarlos entre paréntesis inmediatamente
después de utilizarlos por primera vez, Centro Superior de Estu-
dios de la Defensa Nacional (CESEDEN).
− Se utilizarán siglas para referirse a archivos y publicaciones
periódicas que vayan a aparecer con frecuencia en el texto, Archivo
General Militar (AGM).
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demanda será el siguiente:
Enviar un correo electrónico a
[Link]@[Link]
especificando los siguientes datos: ISBN (si se conoce): N.º de ejemplares:
Nombre y apellidos
NIF
Teléfono de contacto
Apellidos y nombre:
Dirección postal donde desea
recibir los ejemplares impresos
N.I.F.: Teléfono
Dirección de facturación
(si diferente a la dirección de envío)
Dirección
Título y autor de la obra que desea
en impresión bajo demanda Población:
Número de ejemplares que desea
Código Postal: Provincia:
Recibirá en su correo electrónico
un presupuesto detallado
del pedido solicitado, así E-mail:
como, instrucciones para
realizar el pago del mismo.
Si acepta el presupuesto, deberá Dirección de envio:
realizar el abono y enviar por (sólo si es distinta a la anterior)
correo electrónico a: Apellidos y nombre: N.I.F.:
[Link]@[Link]
el justificante de pago.
Dirección Población:
En breve plazo recibirá en la
dirección especificada el pedido, Código Postal: Provincia:
así como la factura definitiva.
SECRETARÍA
GENERAL
Publicaciones de Defensa
TÉCNICA
Camino de los Ingenieros, 6 • 28047 Madrid
SUBDIRECCIÓN GENERAL
DE PUBLICACIONES
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Y PATRIMONIO CULTURAL
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materias: disciplinas científicas, técnicas, históricas o aquellas referidas al patrimonio mueble e inmueble custodiado por el
Ministerio de Defensa.
REVISTAS
El Ministerio de Defensa edita una serie de publicaciones periódicas. Se dirigen tanto al conjunto de la sociedad, como a los
propios integrantes de las Fuerzas Armadas. Asimismo se publican otro grupo de revistas con una larga trayectoria y calidad:
como la historia, el derecho o la medicina.
CARTOGRAFÍA Y LÁMINAS
Una gran variedad de productos de información geográfica en papel y nuevos soportes informáticos, que están también
a disposición de todo aquel que desee adquirirlos. Así mismo existe un atractivo fondo compuesto por más de trescientas
reproducciones de láminas y de cartografía histórica.
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