Parroquia San Blas
Chichigalpa-Diócesis de León.
Pastoral de la Niñez
Semana del catequista 2020
¿Qué espera la comunidad cristiana de los catequistas?
En el documento de la catequesis en América Latina Nº 200. Afirma que “todo cristiano está llamado
a trabajar en la Iglesia, pero no todos están llamados a ser catequistas ” y ¿Qué es pues, lo que
caracteriza a los catequistas? ¿Qué rasgos permiten distinguirlo en medio de la comunidad
cristiana?
El fundamento de la personalidad del catequista, además de los sacramentos del Bautismo y de la
Confirmación, es, pues, un llamamiento específico del Espíritu, es decir, un "carisma particular
reconocido por la Iglesia" hecho explícito por el mandato del Obispo. Es importante que el candidato
a catequista capte el sentido sobrenatural y eclesial de ese llamamiento, para que pueda responder
con coherencia y decisión como el Verbo eterno: "He aquí que vengo" (Hb 10,7), o como el profeta:
"Heme aquí, envíame" (Is 6,8).
El catequista entonces requiere de ciertas cualidades humanas y espirituales, para cumplir la misión
encomendada en Nombre de la Iglesia, comunidad de creyentes. Miremos entonces algunos rasgos:
La comunidad cristiana espera que tenga un equilibrio psicológico necesario para poder relacionarse
normalmente tanto a nivel personal como grupal. Agregado a esto, la Capacidad para aprender a
escuchar a otros y aceptar sus puntos de vista. Capaz de trabajar en comunión con el grupo de
catequistas y otros evangelizadores para favorecer la pastoral de conjunto.
Que sea persona de espíritu evangélico que ha tenido un encuentro con Cristo y está dispuesta a
una continua conversión. Que participe activamente en la vida eclesial siendo persona de oración y
vida sacramental. Que comunique la fe de la Iglesia y no sus opiniones u opciones personales,
recordemos estas palabras “mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado” (Jn 7,16). Por su
puesto, que posea un conocimiento adecuado del material catequístico y de su aplicación a las
diversas realidades que se enfrenta y que se interese por su formación permanente. Y que viva en
espíritu de comunión con sus pastores. De ellos requiere recibir el envío eclesial que lo autoriza para
ejercer la misión de catequista. (Catequesis en América. Nº 201)
Pues, el catequista no sólo realiza su tarea en nombre de Dios y ofrece sus servicios a los hombres
movidos por su amor al Señor y por la inspiración que siente en lo profundo de su mente y de su
corazón. Se siente y se sabe miembro de la Comunidad de Jesús, que es la Iglesia.
Recordemos, la catequesis no es un «trabajo» o una tarea externa a la persona del catequista, sino
que se «es» catequista y toda la vida gira entorno a esta misión. De hecho, «ser» catequista es una
vocación de servicio en la Iglesia, lo que se ha recibido como don de parte del Señor debe a su vez
transmitirse, a tiempo y destiempo, sin horarios, sin reservaciones, sin adulaciones. De aquí que el
catequista deba volver constantemente a aquel primer anuncio o «kerygma» que es el don que le
cambió la vida. Es el anuncio fundamental que debe resonar una y otra vez en la vida del cristiano, y
más aún en aquel que está llamado a anunciar y enseñar la fe. «Nada hay más sólido, más
profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio» (Evangelii Gaudium, 165).
El catequista, pues, es un cristiano que lleva consigo la memoria de Dios, se deja guiar por la
memoria de Dios en toda su vida, y la sabe despertar en el corazón de los otros. Esto requiere
Parroquia San Blas
Chichigalpa-Diócesis de León.
Pastoral de la Niñez
Semana del catequista 2020
esfuerzo, sacrificio, dedicación y Compromete toda la vida, porque “nadie que pone
la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios” (Lc 9, 62) Por tanto, el
catequista es un hombre de la memoria de Dios si tiene una relación constante y vital con él y con el
prójimo; si es hombre de fe, que se fía verdaderamente de Dios y pone en él su seguridad; si es
hombre de caridad, de amor, que ve a todos como hermanos; si es hombre de paciencia y
perseverancia, que sabe hacer frente a las dificultades, las pruebas y los fracasos, con serenidad y
esperanza en el Señor; si es hombre amable, capaz de comprensión y misericordia. Si es
“compasivo y misericordioso” a ejemplo de su Maestro.
El corazón del catequista vive siempre este movimiento de “sístole – diástole”: unión con Jesús-
encuentro con el otro. Son las dos cosas: yo me uno a Jesús y salgo al encuentro con los demás. Si
falta uno de estos dos movimientos el corazón no late más, no puede vivir, deja de funcionar
(Francisco P.P).
De aquí nace la importancia de la catequesis «mistagógica» que es el encuentro constante con la
Palabra y con los sacramentos y no algo meramente ocasional previo a la celebración de los
sacramentos de iniciación cristiana. La vida cristiana es un proceso de crecimiento y de integración
de todas las dimensiones de la persona en un camino comunitario de escucha y de respuesta (cf.
Evangelii Gaudium, 166).
“Ser” catequistas requiere amor, amor a Cristo cada vez más fuerte, amor a su pueblo santo. El
catequista debe amar a Jesucristo y a su Iglesia. Debe amar, pues, a sus catequizandos. El
catequista ha de vivir y mostrar la doctrina cristiana en su totalidad. Sin quitar ni agregar. Y por ello el
catequista ha de evitar y alertar del riesgo de tumbarse, de la comodidad, de la mundanidad en la
vida y en el corazón, de concentrarnos en nuestro bienestar, en su propio yo y en nuestro propio
grupo.
La catequesis es lo que es el catequista. Es fruto de lo que el catequista vive y siente, de lo que cree
y de lo que ama, de lo que busca y de lo que en su actuación encuentra. La catequesis es lo que
bulle en la mente y en el corazón del catequista.
Pero surge en medio de todo, estas interrogante: ¿qué catequesis estamos aplicando?, ¿reducimos
la fe a una mera transmisión de conocimientos?, ¿o provocamos la conversión, y una vez despertado
el interés por el conocimiento de la fe revelada, educamos en ella? ¿Degradamos la importancia de
los sacramentos ante la demanda de éstos y reducimos muchas veces todo un proceso a una rápida
preparación para las celebraciones, en vez de ser una evolución que dure toda la vida?, jalonada en
sus momentos importantes con los sacramentos? ¿No estamos haciendo o intentando hacer
cristianos de baja calidad, cuando lo que hace falta son cristianos auténticos y de verdad?
Tenemos que pasar de una pastoral sacramentalista a una pastoral que enamore y suscite la
necesidad del sacramento, para vivir desde él, una pastoral que transforme al hombre y lo haga un
hombre nuevo.
Necesitamos invertir tiempo y personas enamoradas y embarcadas en esta tarea, es necesario que
las catequesis sean un verdadero proceso de maduración en la fe, que inicie a la vida cristiana; una
formación orgánica y sistemática, esencial y básica, que los lleve al seguimiento de Jesucristo, a un
Parroquia San Blas
Chichigalpa-Diócesis de León.
Pastoral de la Niñez
Semana del catequista 2020
enamorarse de él y de su forma de vivir, y que los incorpore a la comunidad que
vive y celebra esa misma fe.
El catequista debe ser creativo; buscar diferentes medios y formas para anunciar a Cristo. Hay que
saber «cambiar», adaptarse, para hacer el mensaje más cercano, aun cuando es siempre el mismo,
porque Dios no cambia sino que renueva todas las cosas en él. En la búsqueda creativa de dar a
conocer a Jesús no debemos sentir miedo porque él nos precede en esa tarea. Él ya está en el
hombre de hoy, y allí nos espera.
Queridos hermanos, la Iglesia, como Pueblo de Dios y Cuerpo Místico de Cristo, exige del
catequista, como hemos reiterado, un sentido profundo de pertenencia y de responsabilidad por ser
miembro vivo y activo de ella; como sacramento universal de salvación, ella le pide que se empeñe
en vivir su ministerio y gracia multiforme para enriquecerse con ellos y llegar a ser signo visible en la
comunidad de los hermanos. El servicio del catequista no es nunca un acto individual o aislado, sino
siempre profundamente eclesial.
No sólo actúa, sino que anuncia el mensaje en nombre de la Iglesia. Está inserto en la comunidad
cristiana y se convierte en portavoz de la misma. Su palabra es eco del mensaje que las Iglesia debe
llevar a todos los hombres. Se siente enviado por una comunidad de hermanos para hacer a los
demás participantes de la riqueza de familia, que proviene de Jesús. Por eso mira con amor fraterno
a todos los hombres, en especial a quienes con él comparten la búsqueda y la clarificación.
El sentido eclesial, propio de la espiritualidad del catequista se expresa, pues, mediante un amor
sincero a la Iglesia, a imitación de Cristo que "amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella" (Ef
5,25). Se trata de un amor activo y totalizante que llega a ser participación en su misión de salvación
hasta dar, si es necesario, la propia vida por ella.
Además, el catequista ha de procurar mantener la convicción interior del pastor que "va tras la oveja
descarriada hasta que la encuentra" (Lc 15.4); o de la mujer que "busca con cuidado la dracma
perdida hasta que la encuentra" (Lc 15,8). Es una convicción que engendra celo apostólico: "Me he
hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio" (1Co
9,22-23; cf. 2Co 12,15); "¡ay de mí si no predicara el Evangelio!" (1Co 9,16). Estos apremios
interiores de Pablo podrán ayudar al catequista a acrecentar en sí mismo el celo como corresponde
a su vocación especial, y también a su voluntad de responder a ella y le impulsarán a colaborar
activamente en el anuncio de Cristo y en la construcción y al crecimiento de la comunidad eclesial.
(Francisco P.P)
A la catequesis se le comprende dentro de una comunidad, no se puede separar de ella, cuya
principal tarea es el anuncio gozoso del Evangelio. Ella se pone a su servicio como ministerio que
inicia en la fe y en la vida cristiana. Es una diaconía que se caracteriza por la fidelidad a Dios, al
hombre y a su entorno, y a la comunidad. La catequesis, tiene, sin embargo, su estilo, sus tiempos,
sus lugares y modalidades, su pedagogía y métodos propios.
Una educación en la fe que no tenga en cuenta las situaciones de los interlocutores no es catequesis
en el sentido estricto del término. Una educación en la fe que sea mera exposición de un orador, no
es catequesis. Una educación en la fe que no consuele, ilumine y oriente la vida, tampoco es
catequesis.
Parroquia San Blas
Chichigalpa-Diócesis de León.
Pastoral de la Niñez
Semana del catequista 2020
Es importante, asimismo, que el catequista crezca interiormente en la paz y en la
alegría de Cristo, para ser el hombre de la esperanza, del valor, que tiende hacia lo esencial (cf. Rm
12,12). Cristo, en efecto, "es nuestro gozo" (Ef 2,14), y lo comunica a los apóstoles para que su
"alegría llegue a plenitud" (Jn 15,11).
Para finalizar les animo a que sean alegres mensajeros, custodios del bien y la belleza que
resplandecen en la vida fiel del discípulo misionero, “no echemos en saco roto la gracia de Dios”
(2Co 6,1), sigamos adelante, la Iglesia ha confiado esta misión a quiénes hemos confiado en el
Señor y como la Virgen María, hemos dado un sí. Y de igual forma como la beata Sor María Romero,
decir “pon tu mano Madre mía, ponla antes que la Mía”. Que, nuestra Madre, nos haga perseverar en
nuestra respuesta y podamos vivir la alegría del Evangelio en nuestra Vida y así, al final de nuestra
misión en esta tierra podamos decir: solamente fuimos “siervos inútiles; hemos hecho lo que
debíamos hacer” (Lc 17,10).
Así sea.
Fiesta de Sor María Romero, 07 de julio del 2020.
Juan Francisco Alvarado Rodríguez.
Responsable General de la Pastoral de la Niñez.
Parroquia San Blas Chichigalpa.