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Revelaciones Celestiales (Santa Brigida)

Este documento presenta los primeros tres capítulos del Libro 1 de las Revelaciones Celestiales de Santa Brígida de Suecia. En el capítulo 1, Jesucristo habla sobre su encarnación, nacimiento virginal y pasión, lamentando ser olvidado y despreciado por la humanidad. Exhorta a Brígida a amarlo sobre todas las cosas. En el capítulo 2, Jesucristo describe los términos de la fe cristiana y las cualidades que debe tener Brígida como su esposa. En el capítulo 3, Jesucristo
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Revelaciones Celestiales (Santa Brigida)

Este documento presenta los primeros tres capítulos del Libro 1 de las Revelaciones Celestiales de Santa Brígida de Suecia. En el capítulo 1, Jesucristo habla sobre su encarnación, nacimiento virginal y pasión, lamentando ser olvidado y despreciado por la humanidad. Exhorta a Brígida a amarlo sobre todas las cosas. En el capítulo 2, Jesucristo describe los términos de la fe cristiana y las cualidades que debe tener Brígida como su esposa. En el capítulo 3, Jesucristo
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EL LIBRO DE LAS  REVELACIONES CELESTIALES

Santa Brígida de Suecia

LIBRO 1
Palabras de nuestro Señor Jesucristo a su elegida y muy querida
esposa, declarando su excelentísima encarnación, condenando la
violación profana y abuso de confianza de nuestra fe y bautismo, e
invitando a su querida esposa a que lo ame.

Capítulo 1
Yo soy el Creador del Cielo y de la tierra, uno en divinidad con el Padre y el Espíritu
Santo. Yo soy el que habló a los profetas y patriarcas, y a quien ellos esperaban.
Para cumplir sus deseos y de acuerdo con mi promesa, tomé carne sin pecado ni
concupiscencia, entrando en el cuerpo de la Virgen, como el brillo del sol a través de
un clarísimo cristal. Igual que el sol no daña al cristal entrando en él, tampoco se
perdió la virginidad de mi Madre cuando tomé la humana naturaleza. Tomé carne
pero sin abandonar mi divinidad. No fui menos Dios, todo lo gobernaba y abastecía
con el Padre y el Espíritu Santo, pese a que, con mi naturaleza humana, estuve en
el vientre de la Virgen. Igual que el resplandor nunca se separa el fuego, tampoco
mi divinidad se separó de mi humanidad, ni siquiera en la muerte. Lo siguiente que
deseé para mi cuerpo puro y sin mancha fue ser herido desde la planta de mis pies
hasta la coronilla de mi cabeza, por los pecados de todos los hombres, y ser colgado
en la Cruz.
Ahora mi cuerpo se ofrece cada día en el altar, para que las personas puedan
amarme más y recordar mis favores con más frecuencia. Ahora, sin embargo,
estoy totalmente olvidado, ignorado y despreciado, como un rey desterrado de su
reino en cuyo lugar ha sido elegido un perverso ladrón al que se colma de honores.
Yo quise que mi reino estuviera dentro del ser humano, y por derecho yo debería
ser Rey y Señor de él, dado que Yo lo creé y lo redimí. Ahora, sin embargo, él ha
roto y profanado la fe que me prometió en el bautismo. Ha violado y rechazado las
leyes que establecí para él. Ama su propia voluntad y despectivamente se niega a
escucharme. Encima, exalta al más malvado de los ladrones, el demonio, por
encima de mí y en él deposita su fe. El demonio es realmente un ladrón porque,
debido a sus perversas tentaciones y falsas promesas, roba para sí mismo al alma
humana que Yo redimí con mi propia sangre. Y aunque se lleva a las almas, esto no
se debe a que él sea más poderoso que Yo, pues Yo soy tan poderoso que puedo
hacer todo mediante una sola palabra, y soy
tan justo que no cometería la más mínima injusticia ni aunque me lo pidie
ran todos lossantos.Sin embargo, ya que el hombre, al que se ha dado libre
albedrío, desprecia voluntariamente mis mandamientos y consiente al demonio,
entonces es justo que también experimente la tiranía del demonio. El demonio fue
creado bueno, pero cayó debido a su perversa voluntad y ha quedado como un
1
verdugo para infligir su retribución a los pecadores. Pese a que ahora soy tan
menospreciado, aún soy tan misericordioso que perdonaré los pecados de
cualquiera que pida mi misericordia y se humille a sí mismo, y lo liberaré del
perverso ladrón. Pero aplicaré mi justicia sobre aquellos que perseveren en
menospreciarme, y los que la oigan temblarán, mientras que los que la
experimenten dirán: ‗¡Ay de nosotros, que fuimos nacidos o concebidos! ¡Ay, que
hemos provocado la ira del Señor de la majestad!‘.
 Pero tú, hija mía, a quien he elegido para mí y con quien hablo en el Espíritu,
¡ámame con todo tu corazón, no como amas a tu hijo o a tu hija o a tus
padres sino más que cualquier cosa en el mundo! Yo te creé y no evité que
ninguno de mis miembros sufriera por ti. Aún amo tanto a tu alma que, si fuera
posible, me dejaría ser de nuevo clavado en la cruz antes que perderte. Imita
mi humildad: Yo, que soy el Rey de la gloria y de los ángeles, fui vestido de
pobres harapos y estuve desnudo en el pilar mientras mis oídos oían todo tipo de
insultos y burlas. Antepón mi voluntad a la tuya porque mi Madre, tu Señora, desde
el principio hasta el final, nunca quiso nada más que lo que yo quise. Si haces esto,
entonces tu corazón estará con el mío y lo inflamaré con mi amor, dela misma
forma que lo árido y seco se inflama fácilmente ante el fuego. 
Tu alma estará llena de mí y Yo estaré en ti, todo lo temporal se volverá amargo
para ti, y el deseo carnal te será como el veneno. Descansarás en mis divinos
brazos, donde no hay deseo carnal sino sólo gozo y deleite espiritual. Ahí, el alma,
colmada tanto interior como exteriormente, está llena de gozo, no pensando en
nada ni deseando nada más que el gozo que posee. Por ello, ámame sólo a mí y
tendrás todo lo que desees en abundancia. ¿No está escrito que el aceite de la vida
no faltará hasta el día en que el Señor envíe lluvia sobre la tierra según las palabras
del profeta? Yo soy el verdadero profeta. Si crees en mis palabras y las cumples, ni
el aceite ni el gozo ni la alegría te faltarán jamás en toda la eternidad.
Palabras de nuestro Señor Jesucristo a la hija que ha tomado como
esposa, en relación con los términos de la verdadera fe, y sobre qué
adornos, muestras e intenciones debe tener la esposa en relación al
Esposo.

Capítulo 2
Yo soy el Creador de los Cielos, la tierra y el mar, y de todo lo que hay en ellos. Yo
soy uno con el Padre y el Espíritu Santo, no como los ídolos de piedra o de oro,
como en una ocasión se ha dicho, tampoco soy varios dioses, como la gente
acostumbraba a pensar, sino un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres
personas y una sustancia, Creador de todo pero no creado por nadie, inmutable y
omnipotente, sin principio ni fin. Yo soy el que nació de la Virgen, sin perder mi
divinidad pero uniéndola a mi humanidad, de modo que en una persona fuese
verdadero Hijo de Dios e Hijo de la Virgen. Yo soy el que fue colgado en la cruz,
muerto y sepultado y aún así mi divinidad permaneció intacta.

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Pese a que morí en la humana naturaleza y el cuerpo que Yo, el único Hijo, había
adoptado aún vivía en la naturaleza divina, en la que Yo era un Dios junto con el
Padre y el Espíritu Santo. Yo soy el mismo hombre que resucitó de la muerte y
ascendió al Cielo, y quien ahora habla contigo a través de mi Espíritu. Te he
elegido y tomado como esposa mía para mostrarte mis secretos, porque así
quiero hacerlo. Poseo cierto derecho sobre ti porque tú sometiste tu voluntad a la
mía cuando murió tu marido. Tras su muerte, tú pensaste y rogaste sobre cómo
hacerte pobre por mí, y deseaste dejarlo todo por mi bien. Por eso, tengo justo
derecho sobre ti y, por esa gran caridad tuya, yo tengo que proveerte. Por
ello, te tomo por esposa para mi propio beneplácito, el que conviene que tenga Dios
con un alma casta.

Es un deber de la esposa estar preparada para cuando el Esposo decida celebrar la


boda, de forma que pueda estar correctamente vestida y limpia. Estarás limpia si
tus pensamientos están siempre centrados en tus pecados, sobre cómo te purifiqué
del pecado de Adán por el bautismo y sobre cuán a menudo te he apoyado y
sostenido cuando has caído en el pecado. La esposa también ha de ponerse las
prendas del novio sobre el pecho, es decir, debes recordar los favores y beneficios
que te he hecho, como cuán noblemente Yo te creé dándote un cuerpo y un alma;
cuán noblemente te enriquecí dándote salud y bienes temporales; cuán
amorosamente te rescaté cuando morí por ti y restituí para ti tu herencia, por si
desearas tenerla. La novia debe también hacer la voluntad de su Esposo. ¿Cuál es
mi voluntad, sino que quieras amarme por encima de todas las cosas y que no
desees nada más que a mí?
Yo he creado todas las cosas por el bien de la humanidad y todo lo he puesto a su
disposición. Y aun así, los seres humanos aman todo menos a mí y no aborrecen
nada más que a mí. Les restituí la herencia que habían perdido por el pecado, pero
ellos se han enajenado tanto y se han alejado tanto de la razón que, en lugar de la
gloria eterna en la que están todos los bienes duraderos, prefieren la honra pasajera
que es como espuma de mar, que aumenta un momento, como una montaña, y
rápidamente se deshace en nada. Esposa mía, si no deseas nada más que a mí, si
desprecias todo por mi bien--tanto hijos como padres, lo mismo que las riquezas y
los honores Yo te daré el más precioso y dulce regalo.

No te daré ni oro ni plata como pago sino a mí mismo como Esposo tuyo, Yo, queso
y el Rey de la gloria. Si te avergonzases de ser pobre y despreciada, considera
cómo tu Dios lo ha sido antes que tú, cuando sus sirvientes y amigos le
abandonaron en la tierra, porque Yo no busqué amigos en la tierra sino en el Cielo.
Si estás preocupada y temerosa de verte cargada de trabajo y enferma, considera
qué grave es arder en el fuego. ¿Qué hubieras merecido si hubieras ofendido a un
maestro terreno, como has hecho conmigo?

Porque, aunque Yo te amo de todo corazón, nunca actúo contra la justicia, ni aúnen
un solo detalle. Igual que tú has pecado en todos tus miembros corporales, también
debes reparar en cada miembro. Sin embargo, debido a tu buena voluntad y a tu
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propósito de enmienda, Yo conmuto tu sentencia por una de misericordia y remito
el duro suplicio a cambio de una módica enmienda. Por esta razón, ¡abraza de
buena gana tus pequeñas cargas para que puedas quedar limpia y conseguir
cuanto antes tu gran premio! Es bueno que la esposa se canse y comparta las
fatigas del Esposo, de forma que descanse así más confiadamente con Él‖.
 
Palabras de nuestro Señor Jesucristo a su esposa sobre su formación en
el amor y honor a Él, su Esposo; sobre el odio de los malvados hacia
Dios, y sobre el amor del mundo

Capítulo 3
Yo soy tu Dios y Señor, a quien tú veneras. Soy Yo quien sostiene el Cielo y la tierra
mediante mi poder, sin que tengan estribos ni columnas para sostenerse. Soy Yo
quien cada día es ofrecido en el altar, verdadero Dios y hombre, bajo la apariencia
del pan. Yos oy quien te ha escogido. ¡Honra a mi Padre! ¡Ámame! ¡Obedece a mi
espíritu! ¡Ten a mi Madre por tu Señora! ¡Honra a todos mis santos! Mantén la
verdadera fe que te sea enseñada por alguien que ha experimentado en sí mismo
el conflicto entre los dos espíritus, el de la falsedad y el de la verdad, y que venció
con mi fe. ¡Preserva la verdadera humildad!
¿Qué es la verdadera humildad sino alabar a Dios por todo lo bueno que nos
hadado? Hoy en día, sin embargo, hay muchas personas que me odian y que
consideran mis obras y mis palabras como dolor y vanidad. Ellos le dan la
bienvenida al adulterador, el demonio, con los brazos abiertos, y le aman. Todo lo
que hacen por mí lo hacen quejándose y con resentimiento. Ellos ni siquiera
pronunciarían mi nombre si no fuera porque temen la opinión de los demás. Tienen
un amor tan sincero hacia el mundo que no se cansan de trabajar por él noche y
día, y siempre son fervientes en su amor hacia él. Pero su servicio es para mí tan
grato como si alguien pagara dinero a su enemigo para matar a su hijo.
Esto es lo que ellos hacen. Me dan alguna limosna y me honran con sus labios para
conseguir éxito en el mundo y permanecer en sus privilegios y en su pecado. El
buen espíritu está, en ellos, completamente impedido de progresar en la virtud. Si
quieres amarme con todo tu corazón y no deseas nada sino a mí, Yo te atraeré a mí
a través de la caridad, como un imán o magnetita atrae al hierro hacia sí. Te haré
descansar en mi brazo, que es tan fuerte que nadie lo puede extender y tan rígido
que nadie lo puede doblar cuando está extendido. Es tan dulce que sobrepasa a
todos los aromas y no se pude comparar con los deleites de este mundo.
EXPLICACIÓN
Este fue un santo, un doctor en teología, que se llamó Maestro Matías de Suecia,
canónico de Linköping, quien glosó toda la Biblia de manera excelente. Sufrió
tentaciones muy sutiles del demonio, incluidas una serie de herejías contra la fe
católica, todas las cuales superó con la ayuda de Cristo, y no pudo ser superado por
el demonio. Esto está todo escrito en la biografía de Doña Brígida. Fue este Maestro
Matías quien compuso el prólogo de estos libros, que comienza así: ―Stupor et
mirabilia, etc.‖ Él fue un hombre santo y muy poderoso en palabras y en obras.
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Cuando murió en Suecia, la esposa de Cristo, que entonces vivía en Roma, oyó en
su oración una voz que le decía a su espíritu―Feliz de ti, Maestro Matías, por la
corona que ha sido preparada para ti en el Cielo. ¡Vena hora a la sabiduría que no
tiene fin! ‖ También se puede leer sobre él en el Libro Revelación 52; Libro V, en
respuesta a la pregunta 3 en la última cuestión, y en el LibroVI, en las
revelaciones 75 y 89
Palabras de nuestro Señor Jesucristo a su esposa en las que le dice
que no se preocupe ni piense que lo que se le revela a ella procede de un
espíritu maligno, y sobre cómo distinguir a un Espíritu bueno de uno
malo.

Capitulo 4

Yo soy tu Creador y Redentor ¿Por qué has temido mis palabras? ¿Por qué te has
preguntado si proceden de un espíritu bueno o de uno malo? Dime, ¿has
encontrado algo en mis palabras que no te haya dictado tu propia conciencia? ¿Te
he ordenado algo contrario a la razón? ‖ A esto, la esposa respondió: ―No, al
contrario, tus palabras son verdaderas y yo estaba en un error‖. El Espíritu, su
Esposo agregó: ―Yo te ordené tres cosas. En ellas podrías reconocer al buen
Espíritu. Te ordené que honraras a tu Dios, quete creó y te ha dado todo lo que
tienes. Te ordené que te mantuvieras en la verdadera fe, es decir, que creyeras que
nada se ha creado ni se puede crear sin Dios. También te ordené que mantuvieras
una razonable continencia en todas las cosas, dado que el mundo se ha hecho para
uso del hombre, a fin de que las personas lo aprovechen para sus necesidades.

De la misma forma, también puedes reconocer al espíritu inmundo por las tres
cosas contrarias a éstas: Te tienta a que te alabes a ti misma y a que te
enorgullezcas delo que se te ha dado; te tienta a que traiciones tu propia fe;
también te tienta a la impureza en todo el cuerpo y en todas las cosas, y hace que
arda tu corazón por ello.
A veces también engaña a las personas bajo la forma de bien. Por esto te he
mandado que siempre examines tu conciencia y que se la expongas a prudentes
consejeros espirituales. Por ello, no dudes de que el buen Espíritu de Dios esté
contigo cuando no desees otra cosa que a Dios y de Él te inflames toda. Sólo Yo
puedo crear ese fervor y así al demonio le es imposible acercarse a ti. Tampoco les
es posible acercarse a las malas personas, a menos que yo lo permita, bien por los
pecados humanos o por alguno de mis ocultos designios, porque él es mi
criatura, como todas las demás, y fue creado bueno por mí, aunque se
pervirtió por su propia maldad. Por tanto, Yo soy Señor sobre él. Por esta razón, me
acusan falsamente quienes dicen que las personas que me rinden gran devoción
están locas o poseídas. Me hacen aparecer como un hombre que expone a su casta
y fiable mujer a un adúltero.

Yo soy tu Creador y Redentor ¿Por qué has temido mis palabras? ¿Por qué te has
preguntado si proceden de un espíritu bueno o de uno malo? Dime, ¿has

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encontrado algo en mis palabras que no te haya dictado tu propia conciencia? ¿Te
he ordenado algo contrario a la razón? ‖ A esto, la esposa respondió: ―No, al
contrario, tus palabras son verdaderas y yo estaba en un error‖. El Espíritu, su
Esposo agregó: ―Yo te ordené tres cosas. En ellas podrías reconocer al buen
Espíritu. Te ordené que honraras a tu Dios, quete creó y te ha dado todo lo que
tienes. Te ordené que te mantuvieras en la verdadera fe, es decir, que creyeras que
nada se ha creado ni se puede crear sin Dios. También te ordené que mantuvieras
una razonable continencia en todas las cosas, dado que el mundo se ha hecho para
uso del hombre, a fin de que las personas lo aprovechen para sus necesidades.

De la misma forma, también puedes reconocer al espíritu inmundo por las tres
cosas contrarias a éstas: Te tienta a que te alabes a ti misma y a que te
enorgullezcas delo que se te ha dado; te tienta a que traiciones tu propia fe;
también te tienta a la impureza en todo el cuerpo y en todas las cosas, y hace que
arda tu corazón por ello.
A veces también engaña a las personas bajo la forma de bien. Por esto te he
mandado que siempre examines tu conciencia y que se la expongas a prudentes
consejeros espirituales. Por ello, no dudes de que el buen Espíritu de Dios esté
contigo cuando no desees otra cosa que a Dios y de Él te inflames toda. Sólo Yo
puedo crear ese fervor y así al demonio le es imposible acercarse a ti. Tampoco les
es posible acercarse a las malas personas, a menos que yo lo permita, bien por los
pecados humanos o por alguno de mis ocultos designios, porque él es mi
criatura, como todas las demás, y fue creado bueno por mí, aunque se
pervirtió por su propia maldad. Por tanto, Yo soy Señor sobre él. Por esta razón, me
acusan falsamente quienes dicen que las personas que me rinden gran devoción
están locas o poseídas. Me hacen aparecer como un hombre que expone a su casta
y fiable mujer a un adúltero.

Palabras de Cristo a su esposa sobre cómo su Espíritu no puede morar en


los malvados; sobre la separación de los buenos y los perversos y el
envío de los buenos, armados con armas espirituales, a la guerra contra
el mundo.

Capítulo 6

Mis enemigos son como la más salvaje de las bestias, que nunca pueden estar
satisfechos ni permanecer en calma. Su corazón está tan vacío de mi amor que el
pensamiento de mi pasión nunca lo penetra. Ni siquiera una sola vez, desde lo más
íntimo de su corazón, ha escapado una palabra como ésta: ―Señor, tú nos has
redimido, ¡alabado seas por tu amarga pasión! ‖
¿Cómo puede vivir mi Espíritu en personas que no sienten el divino amor por mí,
personas que están deseando traicionar a otros por conseguir su propio beneficio?
Su corazón está lleno de viles gusanos, es decir, lleno de pasiones mundanas. El
demonio ha dejado sus excrementos en sus bocas y, por eso, no tienen gusto por
mis palabras. Por ello, con mi serrucho, los cortaré para apartarlos de mis amigos.

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No hay forma peor de morir que bajo la sierra. Igualmente, no habrá castigo que
ellos no compartan: serán serrados en dos por el demonio y apartados de mí. Los
encuentros tan odiosos que todos los que se adhieran a ellos se separarán de mí.
Por esta razón, estoy enviando a mis amigos para que ellos separen a los demonios
de mis miembros, ya que los demonios son mis verdaderos enemigos. Los envío
como nobles soldados a la batalla.

Todo el que mortifique su carne y se abstenga de lo ilícito es mi verdadero soldado.


Como lanza llevarán las palabras de mi boca y en sus manos esgrimirán la espada
de la fe; en sus pechos estará la coraza del amor, por lo que, pase lo que pase, no
dejarán de amarme. Deben tener el escudo de la paciencia en su costado, de forma
que soporten todo con paciencia. Los he atesorado como oro en un estuche: ahora
deben salir y andar por mis caminos. Según los designios de la justicia, Yo no podría
entrar en la gloria de mi majestad sin soportar tribulación en mi naturaleza
humana. Por tanto ¿cómo entrarán ellos? Si su Señor sufrió, no es de extrañar que
ellos también tengan que sufrir. Si su señor soportó latigazos, no será para ellos
gran cosa el soportar palabras. No han de temer porque nunca les abandonaré.
Igual que es imposible para el demonio entrar en el corazón de Dios y dividirlo, igual
de imposible le será separarlos de mí. Y como, ante mi vista, son como oro
purísimo, pues han sido testados con un poco de fuego, no les abandonaré: es para
su mayor recompensa.

Palabras de la gloriosa Virgen a su hija, sobre la forma de vestir y el tipo


de ropas y ornamentos con los que la hija debe adornarse y vestirse.
Capítulo 7

Yo soy María, que alumbró al Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre.
Soy la Reina de los ángeles. Mi Hijo te ama con todo su corazón ¡Ámale! Debes de
adornarte con muy honestos vestidos y yo te mostraré cómo y qué tipo de
ropas deben ser. Igual que antes tenías una enagua, una túnica, calzado, una
capa y un broche sobre tu pecho, ahora has de cubrirte de ropas espirituales. La
enagua es la contrición. Igual que la enagua se viste pegada al cuerpo, así la
contrición y la conversión son el primer camino de conversión a Dios.

A través de ello, la mente, que en su momento encontró gozo en el


pecado, se purifica, y la carne impura se mantiene bajo control. Los dos zapatos son
dos disposiciones, en concreto la intención de rectificar las transgresiones pasadas y
la intención de hacer el bien y mantenerse lejos del mal. Tu túnica es la esperanza
en Dios. Igual que la túnica tiene dos mangas, ha de haber justicia y misericordia
en tu esperanza. De esta forma, esperarás a la misericordia de Dios
porque no olvidarás su justicia. Piensa en su justicia y en su juicio, de forma que
no olvides su misericordia, porque Él no emplea la justicia sin misericordia ni la
misericordia sin justicia. La capa es la fe. Lo mismo que
la capa lo cubre todo y todo está contenido en ella, la naturaleza humana
puede igualmente abarcar y conseguir todo mediante la fe.

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Esta capa debe ir decorada con las insignias del amor de tu Esposo, o sea, de la
forma que te ha creado, de la forma que te ha redimido, de la forma que te
alimentó, te atrajo hacia su Espíritu y abrió tus ojos espirituales. El broche es la
consideración de su pasión. Fija firmemente en tu pecho el pensamiento de cómo Él
fue burlado y mortificado, cómo se mantuvo vivo en la cruz, ensangrentado y
perforado en todas sus fibras, cómo a su muerte su cuerpo entero se convulsionó
por el agudo dolor de la pasión, cómo encomendó su Espíritu en manos de su
Padre. ¡Que este broche permanezca siempre en tu pecho! Sobre tu cabeza,
póngase una corona, es decir, castidad en tus afectos, que prefieras resistir los
azotes antes que volver a mancharte. Se modesta y digna. No pienses ni desees
nada más que a tu Dios y Creador. Cuando le tienes a Él, lo tienes todo. Adornada
de esta forma, debes esperar a tu Esposo.

Palabras de la Reina de los Cielos a su querida hija, enseñándole que


debe amar y alabar a su Hijo junto a su Madre.

Capítulo 8
Yo soy la Reina de los Cielos. Estás preocupada sobre cómo tienes que
alabarme. Ten por seguro que toda alabanza a mi Hijo es alabanza a mí. Y 
aquellos que lodeshonran, me deshonran a mí, pues mi amor hacia él y el suyo
hacia mí es tan ardiente como si los dos fuéramos un solo corazón. Tanto me honró
a mí, que era un vaso de arcilla, que me ensalzó por encima de todos los ángeles.
Por ello, tú me has de alabar así―Bendito seas, Señor Dios, Creador de todas las
cosas, que te dignaste descender dentro del vientre de la Virgen María. Bendito
seas, Señor Dios, que quisiste habitar en las entrañas de la Virgen María, sin ser
una carga para Ella y te dignaste a recibir su carne inmaculada sin pecado.

Bendito seas, Señor Dios, que viniste a la Virgen, dándole gozo a su alma y a todos
sus miembros y que, con el gozo de todos los miembros de su cuerpo sin pecado,
de Ella naciste. Bendito seas, Señor Dios, que, después de tu ascensión alegraste a
la Virgen María con frecuentes consolaciones y con tu consolación la visitaste.
Bendito seas, Señor Dios, que ascendiste el cuerpo y el alma de la Virgen María, tu
Madre, a los Cielos y la honraste situándola junto a tu divinidad, sobre todos los
ángeles. Ten misericordia de mí, Señor, por sus ruegos e intercesión‖.
 
Palabras de la Reina de los Cielos a su querida hija sobre el hermoso
amor que el Hijo profesaba a su Madre Virgen; sobre cómo la Madre de
Cristo fue concebida en un matrimonio casto y santificada en el vientre
de su madre; sobre cómo ascendió en cuerpo y alma al Cielo; sobre el
poder de su nombre y sobre los ángeles asignados a los hombres para el
bien o para el mal.

Capítulo 9
Yo soy la Reina del Cielo. Ama a mi Hijo, porque él es el honestísimo y cuando lo
tienes a Él tienes todo lo que es honesto. Él es lo más deseable y cuando lo tienes a
Él tienes todo lo que es deseable. Ámalo, también, porque Él es virtuosísimo y
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cuando lo tienes a él tienes todas las virtudes. Te voy a contar lo hermoso que fue
su amor hacia mi cuerpo y mi alma y cuánto honor le dio a mi nombre. Él, mi hijo,
me amó antes de que yol o amara a Él, pues es mi Creador. Él unió a mi padre y a
mi madre en un matrimonio tan casto que no se puede encontrar a ninguna pareja
más casta.
Nunca desearon unirse excepto de acuerdo a la Ley, sólo para tener descendencia.
Cuando el ángel les anunció que tendrían una Virgen por la cual llegaría la salvación
del mundo, antes hubieran muerto que unirse en un amor carnal pues la lujuria
estaba extinguida en ellos. Te aseguro que, por la caridad divina y debido al
mensaje del ángel, ellos se unieron en la carne, no por concupiscencia sino contra
su voluntad y por su amor hacia Dios. De esta forma, mi carne fue engendrada de
su semilla a través del amor divino.
Cuando mi cuerpo se formó, Dios envió al alma creada dentro de Él desde su
divinidad. El alma fue inmediatamente santificada junto con el cuerpo y los ángeles
la vigilaban y custodiaban día y noche. Es imposible expresarte qué grandísimo
gozo sintió mi madre cuando mi alma fue santificada y se unió a su cuerpo.
Después, cuando el curso de mi vida estuvo cumplido, mi Hijo primero elevó mi
alma, por haber sido la dueña del cuerpo, a un lugar más eminente que los demás,
cerca de la gloria de su divinidad, y después mi cuerpo, de forma que ningún otro
cuerpo de criatura está tan cerca de Dios como el mío. ¡Mira cuánto amó mi Hijo a
mi alma y cuerpo! Hay personas, sin embargo, que maliciosamente niegan que yo
haya sido ascendida en cuerpo y alma, y hay otras que simplemente no tienen
mayor conocimiento. Pero la verdad de ello es cierta: Fui elevada hasta la Gloria de
Dios en cuerpo y alma. ¡Escucha ahora lo mucho mi Hijo honró mi nombre! Mi
nombre es María, como dice el Evangelio.
Cuando los ángeles oyen este nombre, se regocijan en su conciencia y dan gracias
a Dios por la grandísima gracia que obró en mí y conmigo, porque ellos ven la
humanidad de mi Hijo glorificada en su divinidad. Las almas del purgatorio se
regocijan de especial manera, como cuando un hombre enfermo que está en la
cama escucha alentadoras palabras de otros y esto agrada a su corazón haciéndole
sentir contento. Al oír mi nombre, los ángeles buenos se acercan inmediatamente a
las almas de los justos, a quienes han sido dados como guardianes, y se regocijan
en sus progresos. Los ángeles buenos han sido adjudicados a todos como
protección y los ángeles malos como prueba.
No es que los ángeles estén nunca separados de Dios, sino que, más bien, asisten
al alma sin dejar a Dios y permanecen constantemente en su presencia, mientras
siguen inflaman e incitando al alma a que haga el bien. Los demonios todos se
espantan y temen mi nombre. Al sonido del nombre de María, sueltan
inmediatamente a la presa que tengan en sus zarpas. Lo mismo que un ave rapaz,
cebada en su presa con sus garras, la deja en cuanto oye un ruido y vuelve
después cuando ve que no pasa nada, igualmente los demonios dejan al alma,
asustados, al oír mi nombre, pero vuelven de nuevo rápidos como una flecha a
menos que vean que después se ha producido una enmienda.

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Nadie está tan enfriado en el amor de Dios a menos que esté condenado que no se
aleje del él el demonio si invoca mi nombre con la intención de no volver más a sus
malos hábitos, y el demonio se mantiene lejos de él a menos que vuelva a consentir
en pecar mortalmente. Sin embargo, a veces se le permite al demonio que lo
inquiete por el bien de una mayor recompensa, pero nunca para que llegue a
poseerlo.
Palabras de la Virgen María a su hija, ofreciéndole una provechosa
enseñanza sobre cómo debe de vivir, y describiendo maravillosos detalles
de la pasión de Cristo.

Capítulo 10
Yo soy la Reina del Cielo, la Madre de Dios. Te dije que debías llevar un broche
sobre tu pecho. Ahora te mostraré con más detalle cómo, desde el principio, nada
más aprender y llegar a la comprensión de la existencia de Dios, estuve siempre
solícita Y temerosa de mi salvación y observancia religiosa. Cuando aprendí más
plenamente que el mismo Dios era mi Creador y el Juez de todas mis acciones,
llegué a amar lo profundamente y estuve constantemente alerta y observadora
para no ofenderlo de palabra ni de obra.
Cuando supe que Él había dado su Ley y mandamientos a su pueblo y obró tantos
milagros a través de ellos, hice la firme resolución en mi alma de no amar nada
más que a Él, y las cosas mundanas se volvieron muy amargas para mí. Entonces,
sabiendo que el mismo Dios redimiría al mundo y nacería de una Virgen, yo estaba
tan conmovida de amor por Él que no pensaba en nada más que en Dios ni quería
nada que no fuera Él. Me aparté, en lo posible, de la conversación y presencia de
parientes y amigos, y le di a los necesitados todo lo que había llegado a tener,
quedándome sólo con una moderada comida y vestido.
Nada me agradaba sino sólo Dios. Siempre esperé en mi corazón vivir hasta el
momento de su nacimiento y, quizá, aspirar a convertirme en una indigna servidora
de la Madre de Dios. También hice en mi corazón el voto de preservar mi virginidad,
si esto era aceptable para Él, y de no poseer nada en el mundo. Pero si Dios hubiera
querido otra cosa, mi deseo era que se cumpliera en mí su deseo y no el mío,
porque creí en que Él era capaz de todo y que Él sólo querría lo mejor para
mí. Por ello, sometí a Él toda mi voluntad. Cuando llegó el tiempo establecido
para la presentación de las vírgenes en el templo del Señor, estuve presente con
ellas gracias a la religiosa obediencia de mis padres.
Pensé para mí que nada era imposible para Dios y que, como Él sabía que yo no
deseaba ni quería nada más que a Él, Él podría preservar mi virginidad, si esto le
agradaba y, si no, que se hiciera su voluntad. Tras haber escuchado todos los
mandamientos en el templo, volví a casa aún ardiendo más que nunca en mi amor
hacia Dios, siendo inflamada con nuevos fuegos y deseos de amor cada día. Por
eso, me aparté aún más de todo lo demás y estuve sola noche y día, con gran
temor de que mi boca hablase o mis oídos oyesen algo contra Dios, o de que mis
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ojos mirasen algo en lo que se deleitaran. En mi silencio sentí también temor y
ansiedad por si estuviera callando en algo que debiera de hablar.

Con estas turbaciones en mi corazón, y a solas conmigo misma, encomendé todas


mis esperanzas a Dios. En aquel momento vino a mi pensamiento considerar el
gran poder de Dios, cómo los ángeles y todas las criaturas le sirven y cómo es su
gloria indescriptible y eterna. Mientras me preguntaba todo esto, tuve tres visiones
maravillosas. Vi una estrella, pero no como las que brillan en el Cielo. Vi una luz,
pero no como las que alumbran el mundo. Percibí un aroma, pero no de hierbas ni
de nada de eso, sino indescriptiblemente suave, que me llenó tanto que sentí como
si saltara de gozo. En ese momento, oí una voz, pero no de hablar humano. 

Tuve mucho miedo cuando la oí y me pregunté si sería una ilusión. Enton
ces, apareció ante mí un ángel de Dios en una bellísima forma humana, pero no
revestido de carne, y me dijo: ‗Ave, llena gracia… ‘Al oírlo, me pregunté qué
significaba aquello o porqué me había saludado de esa forma, pues sabía y creía
que yo era indigna de algo semejante, o de algo tan bueno, pero también sabía que
para Dios no era imposible hacer todo lo que quisiese. Acto seguido, el ángel
añadió: ‗El hijo que ha de nacer en ti es
santo y se llamará Hijo de Dios. Se hará como a Dios le place ‘. Aún
no me creí digna ni le pregunté al ángel ‗ ¿Por qué? ‘o ‗¿Cuándo se hará?‘,
pero le pregunté: ‗¿Cómo es que yo, tan indigna, he de ser la madre de Dios,
si ni siquiera conozco varón?‘ 

 El ángel me respondió, como dije, que nada es imposible para Dios, pero Todo lo
que él quiera se hará ‘. Cuando oí las palabras del ángel, sentí el más ferviente
deseo de convertirme en la Madre de Dios, y mi alma dijo con amor: ‗¡Aquí estoy,
hágase tu voluntad en mí!‘ Al decir aquello, en ese momento y lugar, fue concebido
mi Hijo en mi vientre con una inefable exultación de mi alma y de los miembros de
mi cuerpo. Cuando Él estaba en mi vientre, lo engendré sin dolor alguno, sin
pesadez ni cansancio en mi cuerpo. Me humillé en todo, sabiendo que portaba en
mí al Todopoderoso. Cuando lo alumbré, lo hice sin dolor ni pecado, igual que
cuando lo concebí, con tal exultación de alma y cuerpo que sentí como si caminara
sobre el aire, gozando de todo. Él entró en mis miembros, con gozo de toda mi
alma, y de esa forma, con gozo de todos mis miembros, salió de mí,
dejando mi alma exultante y mi virginidad intacta.

Cuando lo miré y contemplé su belleza, la alegría desbordó mi alma, sabiendo me


indigna de un Hijo así. Cuando consideré los lugares en los que, como sabía a
través de los profetas, sus manos y pies serían perforados en la crucifixión, mis ojos
se llenaron de lágrimas y se me partió el corazón de tristeza. Mi hijo miró a mis ojos
llorosos y se entristeció casi hasta morir. Pero al contemplar su divino poder, me
consolé de nuevo, dándome cuenta de que esto era lo que él quería y, por ello,
como era lo correcto, conformé toda mi voluntad a la suya. Así, mi alegría siempre
se mezclaba con el dolor. Cuando llegó el momento de la pasión de mi Hijo, sus
enemigos lo arrestaron. Lo golpearon en la mejilla y en el cuello, y lo escupieron
mofándose de él. Cuando fue llevado a la columna, él mismo se desnudó y colocó
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sus manos sobre el pilar, y sus enemigos se las ataron sin misericordia. Atado a la
columna, sin ningún tipo de ropa, como cuando vino al mundo, se mantuvo allí
sufriendo la vergüenza de su desnudez. Sus enemigos lo cercaron y, estando
huidos todos sus amigos, flagelaron su purísimo cuerpo, limpio de toda mancha y
pecado. Al primer latigazo yo, que estaba en las cercanías, caí casi muerta y, al
volver en mí, vi en mi espíritu su cuerpo azotado y llagado hasta
las costillas.
Lo más horrible fue que, cuando le retiraron el látigo, las correas engrosadas
habían surcado su carne. Estando ahí mi Hijo, tan ensangrentado y lacerado que no
le quedó ni una sola zona sana en la que azotar, alguien apareció en espíritu y
preguntó: ‗¿Lo vais amatar sin estar sentenciado?‘ Y directamente le cortó las
amarras. Entonces, mi Hijo se puso sus ropas y vi cómo quedó lleno de sangre el
lugar donde había estado y, por sus huellas, pude ver por dónde anduvo, pues el
suelo quedaba empapado de sangre allá donde Él iba. No tuvieron paciencia cuando
se vestía, lo empujaron y lo arrastraron a empellones y con prisa. Siendo tratado
como un ladrón, mi Hijo se secó la sangre de sus ojos. Nada más ser sentenciado,
le impusieron la cruz para que la cargara. La llevó un rato, pero después vino uno
que la cogió y la cargó por Él. Mientras mi Hijo iba hacia el lugar de su pasión,
algunos le golpearon el cuello y otros le abofetearon la cara. Le daban con tanta
fuerza que, aunque yo no veía quién le pegaba, oía claramente el sonido de la
bofetada.
Cuando llegué con Él al lugar de la pasión, vi todos los instrumentos de su muerte
allí preparados. Al llegar allí, Él solo se desnudó mientras que los verdugos se decían
entre sí: ‗Estas ropas son nuestras y Él no las recuperará porque está condenado a
muerte ‘. Mi Hijo estaba allí, desnudo como cuando nació y, en esto, alguien vino
corriendo y le ofreció un velo con el cuál el, contento, pudo cubrir su intimidad.
Después, sus crueles ejecutores lo agarraron y lo extendieron en la cruz, clavando
primero su mano derecha en el extremo de la cruz que tenía hecho el agujero para
el clavo. Perforaron su mano en el punto en el que el hueso era más sólido. Con una
cuerda, le estiraron la otra mano y se la clavaron en el otro extremo de la cruz de
igual manera
A continuación, cruzaron su pie derecho con el izquierdo por encima usando dos
clavos de forma que sus nervios y venas se le extendieron y desgarraron. Después
le pusieron la corona de espinas y se la apretaron tanto que la sangre que salía de
su reverenda cabeza le tapaba los ojos, le obstruía los oídos y le empapaba la barba
al caer. Estando así en la cruz, herido y sangriento, sintió compasión de mí, que
estaba allí sollozando, y, mirando con sus ojos ensangrentados en dirección a Juan,
mi sobrino, me encomendó a él. Al tiempo, pude oír a algunos diciendo que mi Hijo
era un ladrón, otros que era un mentiroso, y aún otros diciendo que nadie merecía
la muerte más que Él.
Al oír todo esto se renovaba mi dolor. Como dije antes, cuando le hincaron el primer
clavo, esa primera sangre me impresionó tanto que caí como muerta, mis ojos
cegado en la oscuridad, mis manos temblando, mis pies inestables. En el impacto
de tanto dolor no pude mirarlo hasta que lo terminaron de clavar. Cuando pude

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levantarme, vi a mi Hijo colgando allí miserablemente y, consternada de dolor, yo
Madre suya y triste, apenas me podía mantener en pie.
Viéndome a mí y a sus amigos llorando desconsoladamente, mi Hijo gritó en voz
altay desgarrada diciendo: ‗¿Padre por qué me has abandonado?‘ Era co
mo decir: ‗Nadie se compadece de mí sino tú, Padre‘. Entonces sus ojos
parecían medio muertos, sus mejillas estaban hundidas, su rostro lúgubre, su boca
abierta y su lengua ensangrentada. Su vientre se había absorbido hacia la espalda,
todos sus fluidos quedaron consumidos como si no tuviera órganos. Todo su cuerpo
estaba pálido y lánguido debido a la pérdida de sangre.
Sus manos y pies estaban muy rígidos y estirados al haber sido forzados para
adaptarlos a la cruz. Su barba y su cabello estaban completamente empapados en
sangre.
Estando así, lacerado y lívido, tan sólo su corazón se mantenía vigoroso, pues tenía
una buena y fuerte constitución. De mi carne, Él recibió un cuerpo purísimo y bien
proporcionado. Su cutis era tan fino y tierno que al menor arañazo inmediatamente
le salía sangre, que resaltaba sobre su piel tan pura. Precisamente por su buena
constitución, la vida luchó contra la muerte en su llagado cuerpo. En ciertos
momentos, el dolor en las extremidades y fibras de su lacerado cuerpo le subía
hasta el corazón, aún vigoroso y entero, y esto le suponía un sufrimiento
increíble. En otros momentos, el dolor bajaba desde su corazón hasta sus
miembros heridos y, al suceder esto, se prolongaba la amargura de su muerte.
Sumergido en la agonía, mi Hijo miró en derredor y vio a sus amigos que lloraban,
y que hubieran preferido soportar ellos mismos el dolor con su auxilio, o haber
ardido para siempre en el infierno, antes que verlo tan torturado. Su dolor por el
dolor de sus amigos excedía toda la amargura y tribulaciones que había soportado
en su cuerpo y en su corazón, por el amor que les tenía. Entonces, en la excesiva
angustia corporal de su naturaleza humana, clamó a su Padre: ‗Padre, en tus
manos encomiendo mi Espíritu ‘.
Cuando yo, Madre suya y triste, oí esas palabras, todo mi cuerpo se conmovió con
el dolor amargo de mi corazón, y todas las veces que las recuerdo lloro desde
entonces, pues han permanecido presentes y recientes en mis oídos. Cuando se le
acercaba la muerte, y su corazón se reventó con la violencia de los dolores, todo su
cuerpo se convulsionó y su cabeza se levantó un poco para después caérsele otra
vez. Su boca quedó abierta y su lengua podía ser vista toda sangrante. Sus manos
se retrajeron un poco del lugar de la perforación y sus pies cargaron más con el
peso de su cuerpo. Sus dedos y brazos parecieron extenderse y su espalda quedó
rígida contra la cruz.

Entonces, algunos me decían: ‗María, tu Hijo ha muerto‘. Otros decían: ‗Ha


muerto pero resucitará ‘. A medida que todos se iban marchando, vino un hombre,
y le clavó una lanza en el costado con tanta fuerza que casi se le salió por el otro
lado. Cuando le sacaron la espada, su punta estaba teñida de sangre roja y me
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pareció como si me hubieran perforado mi propio corazón cuando vi a mi querido
hijo traspasado. Después lo descolgaron de la cruz y yo tomé su cuerpo sobre mi
regazo. Parecía un leproso, completamente lívido. Sus ojos estaban muertos y
llenos de sangre, su boca tan fría como el hielo, su barba erizada y su cara
contraída.
Sus manos estaban tan descoyuntadas que no se sostenían siquiera encima de su
vientre. Le tuve sobre mis rodillas como había estado en la cruz, como un hombre
contraído en todos sus miembros. Tras esto le tendieron sobre una sábana limpia y,
con mi pañuelo, le sequé las heridas y sus miembros y cerré sus ojos y su boca,
que había estado abierta cuando murió. Así lo colocaron en el sepulcro. ¡De buena
gana me hubiera colocado allí, viva con mi Hijo, si esa hubiera sido su voluntad!
Terminado todo esto, vino el bondadoso Juan y me llevó a su casa. ¡Mira, hija mía,
cuánto ha soportado mi Hijo por ti!

Palabras de Cristo a su esposa sobre cómo Él mismo se entregó, por su


propia y libre voluntad, para ser crucificado por sus enemigos, y
sobre cómo controlar el cuerpo de movimientos ilícitos ante la
consideración de su pasión.

Capítulo 11

El Hijo de Dios se dirigió a su esposa, diciendo: ―Yo soy el Creador del Cielo y la
tierra, y el que se consagra en el altar es mi verdadero cuerpo. Ámame con todo tú
corazón, porque yo te amé y me entregué a mis enemigos por mi propia y libre
voluntad, mientras que mis amigos y mi Madre se quedaron en amargo dolor y
llanto. Cuando vi la lanza, los clavos, las correas y todos los demás instrumentos de
mi pasión allí preparados, aun así acudí a sufrir con alegría. Cuando mi cabeza
sangraba por todas las partes desde la corona de espinas, aún entonces, y aunque
mis enemigos se apoderasen de mi corazón, también, antes que perderte, dejaría
que lo hiriesen y lo despedazasen.
Por ello serías muy ingrata si, en correspondencia a tanta caridad, no me amases.
Si mi cabeza fue perforada y se inclinó en la cruz por ti, también tu cabeza debería
inclinarse hacia la humildad. Dado que mis ojos estaban ensangrentados y llenos de
lágrimas, tus ojos deberían apartarse de visiones placenteras. Si mis oídos se
obstruyeron de sangre y oí palabras de burla contra mí, tus oídos tendrían que
apartarse de las conversaciones frívolas e inoportunas.
Al habérsele dado a mi boca una bebida amarga y negársele una dulce, guarda tu
propia boca del mal y deja que se abra para el bien. Puesto que mis manos fueron
estiradas y clavadas, que las obras simbolizadas en tus manos se extiendan a los
pobres y a mis mandamientos. Que tus pies, o sea, tus afectos, con los
que debes caminar hacia mí, sean crucificados a los deleites de manera que,
igual que Yo sufrí en todos mis miembros, también todos tus miembros estén
dispuestos a obedecerme. Demando más servicios de ti que de otros porque te he
dado una mayor gracia‖.

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Acerca de cómo un ángel reza por la esposa y cómo Cristo le pregunta al
ángel qué es lo que pide para la esposa y qué es bueno para ella.

Capítulo 12
Un ángel bueno, el guardián de la esposa, apareció rogando a Cristo por ella. El
Señor le respondió y dijo: ―Una persona que reza por otra debe rogar por la
salvación de la otra. Tú eres como un fuego que nunca se extingue,
incesantemente ardiendo con mi amor. Tú ves y conoces todo cuando me ves y no
quieres nada más que lo que yo quiero. Por ello, dime ¿qué es lo que conviene a
esta esposa mía? Él contestó: ―Señor, tú lo sabes todo‖. El Señor le dijo:
―Todo lo que se ha creado o se creará existe eternamente en mí. Entiendo y
conozco todo en el Cielo y en la tierra, y no hay cambio en mí.
Pero, para que la esposa pueda reconocer mi voluntad, dime qué es bueno para
ella, ahora que está escuchando‖. Y el ángel dijo: ―Ella tiene un corazón altanero
y grande. Por ello, necesita palos para hacerse dócil‖. Entonces, el Señor dijo: ―
¿Qué pides para ella, mi amigo?‖ El ángel dijo: ―Señor, te pido que le garantices
la misericordia junto con los palos‖. Y el Señor agregó: ―Por tu bien, lo haré, pues
nunca empleo la justicia sin misericordia. Es por esto que la novia debe amarme
con todo su corazón‖.
 
Acerca de cómo un enemigo de Dios tenía tres demonios dentro de él y
acerca de la sentencia que Cristo le aplicó a la columna, él mismo se desnudó
y colocó sus manos sobre el pilar, y sus enemigos se las ataron sin misericordia.
Atado a la columna, sin ningún tipo de ropa, como cuando vino al mundo, se
mantuvo allí sufriendo la vergüenza de su desnudez. Sus enemigos lo cercaron y,
estando huidos todos sus amigos, flagelaron su purísimo cuerpo, limpio de toda
mancha y pecado. Al primer latigazo yo, que estaba en las cercanías, caí casi
muerta y, al volver en mí, vi en mi espíritu su cuerpo azotado y
llagado hasta las costillas. Lo más horrible fue que, cuando le retiraron el látigo,
las correas engrosadas habían surcado su carne. Estando ahí mi Hijo, tan
ensangrentado y lacerado que no le quedó ni una sola zona sana en la que azotar,
alguien apareció en espíritu y preguntó: ‗¿Lo vais amatar sin estar sentenciado?‘ Y
directamente le cortó las amarras. Entonces, mi Hijo se puso sus ropas y vi cómo
quedó lleno de sangre el lugar donde había estado y, por sus huellas, pude ver por
dónde anduvo, pues el suelo quedaba empapado de sangre allá donde Él iba. No
tuvieron paciencia cuando se vestía, lo empujaron y lo arrastraron a empellones y
con prisa. Siendo tratado como un ladrón, mi Hijo se secó la sangre de sus ojos.
Nada más ser sentenciado, le impusieron la cruz para que la cargara. La llevó un
rato, pero después vino uno que la cogió y la cargó por Él. Mientras mi Hijo iba
hacia el lugar de su pasión, algunos le golpearon el cuello y otros le abofetearon la
cara. Le daban con tanta fuerza que, aunque yo no veía quién le pegaba, oía
claramente el sonido de la bofetada. Cuando llegué con Él al lugar de la pasión, vi
todos los instrumentos de su muerte allí preparados. Al llegar allí, Él solo se
desnudó mientras que los verdugos se decían entre sí: ‗Estas ropas son nuestras y
Él no las recuperará porque está condenado a muerte‘. Mi Hijo estaba allí, desnudo
como cuando nació y, en esto, alguien vino corriendo y le ofreció un velo con el cuál
el, contento, pudo cubrir su intimidad. Después, sus crueles ejecutores lo agarraron
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y lo extendieron en la cruz, clavando primero su mano derecha en el extremo de la
cruz que tenía hecho el agujero para el clavo. Perforaron su mano en el punto en el
que el hueso era más sólido. Con una cuerda, le estiraron la otra mano y se la
clavaron en el otro extremo de la cruz de igual manera. A continuación, cruzaron su
pie derecho con el izquierdo por encima usando dos clavos de forma que sus
nervios y venas se le extendieron y desgarraron. Después le pusieron la corona de
espinas[1] y se la apretaron tanto que la sangre que salía de su reverenda cabeza
le tapaba los ojos, le obstruía los oídos y le empapaba la barba al caer. Estando así
en la cruz, herido y sangriento, sintió compasión de mí, que estaba allí sollozando,
y, mirando con sus ojos ensangrentados en dirección a Juan, mi sobrino, me
encomendó a él. Al tiempo, pude oír a algunos diciendo que mi Hijo era un ladrón,
otros que era un mentiroso, y aún otros diciendo que nadie merecía la muerte más
que Él.
Capítulo 13

Mi enemigo tiene tres demonios en su interior. El primero reside en sus genitales, el


segundo en su corazón, el tercero en su boca. El primero es como un barquero, que
deja que el agua le llegue a las rodillas, y el agua, al aumentar gradualmente,
termina llenando el barco. Entonces se produce una inundación y el barco se hunde.
Este barco representa a su cuerpo, que es asaltado por las tentaciones de
demonios, y por sus propias concupiscencias, como si fueran tormentas. La lujuria
entró primero hasta la rodilla, es decir, a través de su deleite en pensamientos
impuros. Al no resistir con la penitencia, ni tapar los agujeros mediante los parches
de la abstinencia, el agua de la lujuria creció día a día por su consentimiento.
Entonces, el barco repleto, o sea, lleno por la concupiscencia del vientre, se
inundó y hundió el barco en lujuria,de forma que no pudo llegar al puerto 
de la salvación. El segundo demonio, que residía en su corazón, es como un
gusano dentro de una manzana, que primero come la piel de la manzana y
después, tras dejar ahí sus excrementos, merodea por el interior de la manzana
hasta que todo el fruto se descompone. Esto es lo que hace el demonio. Primero
debilita la voluntad de la persona y sus buenos deseos, que son como la cáscara,
donde se encuentra toda la fuerza y bondad de la mente y, cuando el corazón se
vacía de estos bienes, pone en su lugar, dentro del corazón, los pensamientos
mundanos y las afecciones hacia los que la persona se haya inclinado más. Así,
impele al cuerpo hacia su propio placer y, por esta razón, el valor y entendimiento
del hombre disminuyen y su vida se vuelve aburrida.
Es, de hecho, una manzana sin piel, o sea, un hombre sin corazón, pues entra en
mi Iglesia sin corazón, porque no tiene caridad. El tercer demonio es
como un arquero que, mirando por la ventana, dispara a los incautos. ¿Cómo no
va a estar el demonio dentro de un hombre que siempre lo incluye en su
conversación? Aquél que amamos es a quien más mencionamos. Las duras
palabras con las que él hiere a otros son como flechas disparadas por tantas
ventanas como veces mencione al demonio o sus palabras hieran a personas
inocentes y escandalicen a la gente sencilla

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Yo, que soy la verdad, juro por mi verdad que lo condenaré como a una ramera, a
fuego y azufre; como a un traidor insidioso, a la mutilación de sus miembros; como
a un bufón del Señor, a la vergüenza eterna. Sin embargo, mientras su alma y su
cuerpo permanezcan unidos, mi misericordia está aún abierta para él. Lo que exijo
de él es que atienda con mayor frecuencia los divinos servicios, que no tenga miedo
de ningún reproche ni desee ningún honor y que nunca vuelva a tener ese siniestro
nombre en sus labios.

EXPLICACIÓN
Este hombre, un abad de la orden cisterciense, ha enterrado a una persona que
había estado excomulgada. Cuando estaba rezando la oración correspondiente
sobre él, Doña Brígida, en rapto espiritual, escuchó esto: ―Él utilizó su poder y lo
enterró. Puedes estar segura de que el próximo entierro después de éste será el
suyo, pues pecó contra el Padre, quien nos ha dicho que no mostremos parcialidad
ni honremos injustamente a los ricos. Por un favor propio, perecedero, este hombre
honró a una persona indigna y lo situó entre los dignos, cosa que no debió hacer.
Ha pecado contra mí también, el Hijo, porque Yo he dicho: ―Aquél que me rechace
será rechazado‖. Este hombre honró y exaltó a alguien que mi Iglesia y mi vicario
habían rechazado‖. El abad se arrepintió cuando oyó estas palabras y murió al
cuarto día.

Palabras de Cristo a su esposa sobre la manera y respeto con que


se debe conducir en la oración, y sobre tres clases de personas que
sirven a Dios en este mundo.

Capítulo 14
Yo soy tu Dios, el que fue crucificado en la cruz, verdadero Dios y hombre en una
persona, y el que está presente todos los días en las manos del sacerdote. Cuando
me ofrezcas una oración, termínala siempre con el deseo de que se haga mi
voluntad y no la tuya. Cuando rezas por alguien que ya está condenado no te
escucho. A veces tampoco te oigo si deseas algo que pueda ir contra tu salvación.
Es, por ello, necesario que sometas tu voluntad a la mía, porque como Yo sé todas
las cosas, no te proveo de nada más que de lo que es beneficioso. Hay muchos que
no rezan con la intención correcta y es por esto que no merecen ser atendidos. Hay
tres tipos de personas que me sirven en este mundo. Los primeros son los que
creen que soy Dios y el proveedor de todas las cosas, que tiene poder sobre todo.
Estos me sirven con la intención de conseguir bienes y honores temporales, pero las
cosas del Cielo no les importan y están hasta dispuestos a perderlas con tal de
obtener bienes presentes. El éxito mundano se ajusta completamente a su medida,
según sus deseos. Puesto que han perdido los bienes eternos, Yo les compenso con
consuelos temporales por cualquier buen servicio que me hagan, pagándoles hasta
el último cuadrante y hasta el último punto.

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Los segundos son los que creen que soy Dios omnipotente y Juez estricto, pero me
sirven por miedo al castigo y no por amor a la gloria celestial. Si no me temieran no
me servirían.
Los terceros son los que creen que soy el Creador de todas las cosas y Dios
verdadero y los que me creen justo y misericordioso. Estos no me sirven por miedo
al castigo sino por divino amor y caridad. Preferirían soportar cualquier castigo, por
duro que fuese, antes que provocar mi enfado. Éstos merecen verdaderamente ser
escuchad os cuando rezan, pues su voluntad coincide con mi voluntad. El primer
tipo de sirvientes nunca saldrá del castigo ni llegará a ver mi rostro. El segundo, no
será tan castigado, pero tampoco alcanzará a ver mi rostro, a menos que corrija su
temor mediante la penitencia.
Palabras de Cristo a la esposa describiéndose a sí mismo como un gran
Rey; sobre dos tesoros que simbolizan el amor de Dios y el amor del
mundo, y una lección sobre cómo mejorar en esta vida.
Capítulo 15
Yo soy como un gran Rey magno y potente. Cuatro cosas corresponden a un rey.
Primero, tiene que ser rico; segundo, generoso; tercero, sabio; y cuarto, caritativo.
Yo tengo esas cuatro cualidades que he mencionado. En primer lugar, Yo soy el
más rico de todos, pues abastezco las necesidades de todos y no tengo menos
después de haber dado. Segundo, soy el más generoso, pues estoy preparado para
dar a cualquiera que lo pida. Tercero, soy el más sabio, pues conozco
las deudas y las necesidades de cada persona. Cuarto, soy caritativo, pues
estoy más dispuesto a dar de lo que está cualquiera para pedir. Yo tengo,
digamos, dos tesoros.
En el primer tesoro guardo materiales pesados como el plomo y los
compartimentos donde se encuentran están cubiertos por afiladísimos clavos. Pero
estas cosas pesadas llegan a parecer tan ligeras como plumas para la persona que
empieza a cambiarlas y revolverlas y que, después, aprende a cargar con ellas. Lo
que antes parecía tan pesado se convierte en luz y las cosas que antes se veían
afiladas y cortantes se vuelven suaves. En el segundo tesoro, se ve oro
resplandeciente, piedras preciosas, y aromáticas y deliciosas bebidas. Pero el oro es
realmente barro y las bebidas son veneno.
Hay dos caminos hacia el interior de estos tesoros, pese a que antes solo había uno.
En el cruce, o sea, a la entrada de los dos caminos, hay un hombre que, gritando a
tres hombres que toman el segundo camino, les dice: ‗¡Escuchad, escuchad lo que
tengo que deciros! Si no queréis escuchar, al menos emplead vuestros ojos para
ver que lo que digo es cierto. Si no queréis usar ni vuestros oídos ni vuestros ojos,
al menos usad vuestras manos para tocar y daros cuenta de que no hablo en falso‘.
Entonces, el primero de ellos dice: ‗Vamos a atender y ver si lo que dice es cierto‘.
El segundo hombre dice: ‗Todo lo que dice es falso ‘. El tercero dice: ‗Sé que todo
lo que dice es cierto, pero no me importa ‘.
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 ¿Qué son estos dos tesoros sino amor por mí y amor por el mundo? Hay dos
senderos hacia estos dos tesoros. El rebajarse uno mismo y la completa auto
negación conduce a mi amor, mientras que el deseo carnal conduce al amor del
mundo. Para algunas personas, la carga que soportan en mi amor parece hecha de
plomo, porque cuando tienen que ayunar o mantener la vigilia, o practicar la
restricción, piensan que están acarreando una carga de plomo. Si tienen que oír
burlas e insultos porque emplean tiempo en la oración y en la práctica de la religión,
es como si se sentaran sobre clavos, siempre es una tortura para ellos.
La persona que desea estar en mi amor, primero tiene que revertir el plomo, o sea,
hacer un esfuerzo para hacer el bien anhelándolo con un deseo constante. Entonces
levantará un poquito, paulatinamente, o sea, hará lo que pueda, pensando: ‗Esto
lo puedo hacer bien si Dios me ayuda ‘. Entonces, perseverando en la tarea que ha
asumido, comenzará a cargar con todo lo que antes le parecía plomo, con una
disposición tan alegre que todos los trabajos o ayunos y vigilias, o cualquier otro
trabajo, será para él tan ligero como una pluma.
Mis amigos descansan en un lugar que, para los malvados y desidiosos, parece
estar cubierto de espinas y clavos, pero que a mis amigos les ofrece el mejor
reposo, suave como las rosas. El camino directo hacia este tesoro es desdeñar tu
propia voluntad. Esto sucede cuando un hombre, pensando en mi pasión y muerte,
no se preocupa de su voluntad, sino que resiste y lucha constantemente para
mejorarse. Pese a que este camino es algo difícil al principio, aún hay un montón de
placer en este proceso, tanto que todo lo que en un principio parecía imposible de
cargar se llega a volver muy ligero, de forma que uno puede decirse con toda razón
así mismo: ‗Leve es el yugo de Dios‘.
 El segundo tesoro es el mundo. Ahí hay oro, piedras preciosas y bebidas que
parecen deliciosas, pero que son amargas como veneno cuando se prueban. Lo que
ocurre a todos los que llevan el oro es que, cuando su cuerpo se debilita y sus
miembros fallan, cuando su médula se desgasta y su cuerpo cae en tierra debido a
la muerte, entonces dejan el oro y las joyas y no merecen más que barro. Las
bebidas del mundo, es decir, sus placeres, parecen deliciosos, pero cuando llegan al
estómago debilitan la cabeza y hacen pesado al corazón, arruinan el cuerpo y la
persona entonces se marchita como el heno. A medida que se aproxima el dolor de
la muerte, todas estas delicias se hacen tan amargas como el veneno. La propia
voluntad conduce a este deseo, cuando una persona no se preocupa de resistir sus
apetitos y no medita sobre lo que Yo he ordenado y sobre lo que he hecho, sino que
en todo momento hace lo que se le antoja, sea lícito o no lo sea. 

Tres hombres caminan por este sendero. Me refiero a todos los réprobos, 
todosaquellos que aman al mundo y a su propio deseo. Yo les grito desde el cruce
de caminos, a la entrada de los dos, porque al haber venido en carne humana he
mostrado dos caminos a la humanidad, en concreto uno para ser seguido y el otro
para ser evitado, osea, un camino que lleva a la vida y otro que conduce a la
muerte. Antes de mi venida encarne tan sólo había un camino.

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En él todas las personas, buenos y malos, iban al infierno. Yo soy el que clamé y mi
clamor fue este: ‗Gentes, escuchad mis palabras, que conducen al camino de la
vida, emplead vuestros sentidos para comprender que lo que digo es verdad. Si no
las escucháis o no podéis escucharlas, entonces al menos mirad, o sea, emplead la
fe y la razón
y ved que mis palabras son ciertas. De la misma forma que una cosa visib
lepuede ser percibida por los ojos del cuerpo, así también lo invisible se puede
percibir y creer mediante los ojos de la fe.

Hay muchas almas simples en la Iglesia que hacen pocos trabajos, pero que se
salvan gracias a su fe, por creer que soy el Creador y redentor del universo. Nadie
hay que no pueda comprender o llegar a la creencia de que Yo soy Dios, tan sólo
si considera cómo la tierra contiene frutos y los Cielos producen la lluvia; cómo se
hacen verdes los árboles; cómo subsisten los animales, cada uno en su especie;
cómo los astros son útiles al ser humano, y cómo ocurren cosas contrarias a la
voluntad del hombre.

Partiendo de todo esto, una persona puede ver que es mortal y que es Dios quien
dispone todas estas cosas. Si Dios no existiera todo estaría en desorden. Por
consiguiente, todo ha sido creado y dispuesto por Dios, todo se ha ordenado
racionalmente para la propia instrucción del ser humano. Ni siquiera la más mínima
cosa existe ni subsiste en el mundo sin razón. Por tanto, si una persona no puede
entender o comprender mis poderes debido a su debilidad, al menos puede ver y
creer por medio dela fe.

Pero si aún ¡oh hombres!--no queréis emplear vuestro intelecto para considerar mi
poder, podéis usar vuestras manos para tocar las obras que Yo y mis santos hemos
realizado. Son tan patentes que nadie puede dudar de que se trata de obras de
Dios ¿Quién, sino Dios, puede resucitar a los muertos o devolverle la vista a un
ciego? ¿Quién sino Dios expulsa a los demonios? ¿Qué he enseñado que no sirva
para la salvación del alma y del cuerpo, y sea fácil de llevar?

Sin embargo, el primer hombre o, más bien, algunas personas dicen:


‗¡Escuchemos y comprobemos si esto es cierto!‘ Estas personas están algún
tiempo a mi servicio, pero no por amor sino como experimentación y a imitación de
otros, sin renunciar a su propia voluntad sino tratando de conjugar su propia
voluntad junto con la mía. Éstos se encuentran en una peligrosa posición porque
quieren servir a dos maestros, aunque no pueden servir bien a ninguno de los dos.
Cuando se les llame, serán recompensados por el maestro que más amaron.

El segundo hombre, es decir algunas personas, dicen: ‗Lo que dice es falso y la
Escritura es falsa‘.
Yo soy Dios, el Creador de todas las cosas, nada se ha creado sin mí. Yo establecí
los testamentos nuevo y antiguo, ambos salieron de mi boca y no hay falsedad en
ellos porque Yo soy la verdad. Por ello, aquellos que digan que Yo soy falso y que
las Sagradas Escrituras son falsas, nunca verán mi rostro porque su conciencia les
dice que Yo soy Dios, pues todo ocurre según mi deseo y disposición
20
El Cielo les da luz, ellos no se pueden alumbrar a sí mismos; la tierra da frutos, el
aire hace que fecunde la tierra, todos los animales tienen ciertas disposiciones, los
demonios me confiesan, los justos sufren de manera increíble por su amor a mí.
Ellos ven todo esto y aún no me ven. Podrían verme en mi justicia, si considerasen
cómo la tierra se traga a los impíos o cómo el fuego consume a los malvados.
Igualmente, también podrían verme en mi misericordia, cuando el agua fluyó de la
roca para los rectos o las aguas se abrieron para que pasaran ellos; cuando el fuego
no les quemó, o los Cielos les dieron alimento como la tierra. Pues por ver todo esto
y aún decir que miento, éstos nunca verán mi rostro.
El tercer hombre, o sea, ciertas personas, dicen: ‗Sabemos muy bien que Él es
Dios en verdad, pero no nos importa‘. Estas personas serán atormentadas
eternamente, porque me desprecian a mí, que soy su Señor y su Dios. ¿No es un
grandísimo desprecio por su parte usar mis regalos y rehusar a servirme? Si al
menos hubieran adquirido todo eso por su cuenta y no enteramente por mí, su
desdén no sería tan grande. Pero Yo daré mi gracia a aquellos que comiencen
voluntariamente a revertir mi carga y luchen con un deseo ferviente de hacer lo que
puedan.

Yo trabajaré junto a esos que porten mi carga, o sea, los que progresen cada día
por amor a mí. Seré su fuerza y los inflamaré tanto que estarán deseosos de hacer
más. Los que perseveran en el lugar que parece pincharles pero que en verdad es
pacífico Son quienes se afanan día y noche sin descanso, haciéndose incluso más
ardientes, pensando que lo que hacen es poco. Estos son mis amigos más queridos
y son muy pocos, pues los demás encuentran más placenteras las bebidas del
segundo tesoro

Cómo la esposa vio a un santo hablando a Dios acerca de una mujer que
había sido terriblemente afligida por el demonio y que después
se convirtió gracias a las oraciones de la gloriosa Virgen.

Capítulo 16

La esposa vio que uno de los santos le decía a Dios: ― ¿Por qué está el demonio
afligiendo el alma de esta mujer que tú redimiste con tu sangre?‖. El demonio
contestó de inmediato diciendo
: ―Porque es mía por derecho‖. Y el Señor dijo: ― ¿Con qué derecho es tuya?‖. El
demonio le contestó: ―Hay – Dijo dos caminos. Uno que conduce al Cielo y otro al
infierno. Cuando ella se topó con estos dos caminos, su conciencia y razón le dijeron
que eligiera mi camino. Y como tenía libre voluntad para elegir el camino de su
agrado, pensó que sería más ventajoso dirigir su voluntad hacia el pecado, y así
comenzó a caminar por mi sendero. Después, la engañé con tres vicios: la gula, la
codicia de dinero y la lujuria.
Ahora habito en su vientre y en su naturaleza. La tengo asida por cinco manos. Con
una mano le cierro los ojos para que no vea cosas espirituales. Con la segunda,
sujeto sus manos, de forma que no pueda hacer ninguna obra buena. Con la
21
tercera le sostengo los pies, de manera que no camine hacia la bondad. Con la
cuarta, sujeto su intelecto para que no se avergüence de pecar y, con la quinta, le
sostengo el corazón para que no sienta contrición.

 La bendita Virgen María le dijo entonces a su Hijo:


―Hijo mío, haz que diga la verdad sobre lo que quiero preguntarle‖. El Hijo
contestó: ―Tú eres mi Madre, eres la Reina del Cielo, eres la Madre de la
misericordia, el consuelo de las almas del purgatorio, la alegría de los que
peregrinan por el mundo. Eres la Soberana de los ángeles, la criatura más
excelente ante Dios. También eres Soberana sobre el demonio Ordénale tú misma
a este demonio, Madre, y él te dirá lo que quieras‖. La bendita Virgen preguntó
entonces al demonio: ―Dime, Satanás, ¿qué intención tenía esta mujer antes de
entrar en la Iglesia?‖.Satanás le contestó: ―Tomó la resolución de no volver a
pecar.
 
Y la Virgen María le dijo: ―Aunque su intención anterior le conducía al infierno,
Dime, ¿en qué dirección apunta su actual intención de alejarse del pecado?‖ El
demonio le respondió con desgana: ―La intención de abstenerse de pecar la
conduce hacia el Cielo‖. La Virgen María dijo: ―Como tú aceptaste que era tu
derecho alejarla del camino de la Santa Iglesia debido a su anterior intención, ahora
es cuestión de justicia que debe ser conducida de vuelta a la Iglesia, dada su
presente intención. Ahora, demonio, te voy a hacer otra pregunta: Dime ¿qué
intención tiene en su actual estado de conciencia?‖. El demonio le contestó: ―En
su mente está terriblemente contrita y arrepentida, llora por todo lo que ha hecho.
Ha decidido no cometer semejantes pecados nunca más y enmendarse en todo lo
que pueda.
 La Virgen, entonces, preguntó a demonio: ¿Podrías decirme si los tres pecados de
lujuria, gula y codicia pueden existir en un corazón junto a sus tres buenas
resoluciones de contrición, arrepentimiento y propósito de enmienda?‖. El demonio
contestó: ―No‖. Y la bendita Virgen dijo: ― ¿Me dirás, entonces, cuáles tienen
que retroceder y huir de su corazón, las tres virtudes o los tres vicios que, según tú,
no pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo?‖. El demonio replicó: ―Digo
que los pecados‖. Y la Virgen agregó: ―El camino al infierno está entonces cerrado
para ella y el camino del Cielo le queda abierto

De nuevo, la bendita Virgen María inquirió al demonio: ―Dime, si un ladrón


acechara a las puertas de la esposa y quisiera violarla ¿qué tendría que hacer el
Esposo?‖ Satanás contestó: ―Si el Esposo es bueno y valiente, debe defenderla
arriesgando su vida por el bien de ella‖. Entonces, la Virgen dijo: ―Tú eres el
ladrón malvado. Esta alma es la esposa de mi Hijo, quien la redimió con su propia
sangre. Tú la corrompiste y la atacaste a la fuerza. Por lo tanto, y puesto que mi
Hijo es el Esposo de su alma y Señor sobre ti, retírate de su presencia.

22
EXPLICACIÓN
Esta mujer era una prostituta, que después de arrepentirse quiso volver al mundo
porque el demonio la molestaba día y noche, tanto que visiblemente presionaba sus
ojos y, delante de muchos, la arrastraba fuera de la cama. Entonces, en la 
presencia de testigos fiables, la santa doña Brígida dijo abiertamente: ―Márchate,
demonio, has vejado ya bastante a esta criatura de Dios‖. Después de dicho
esto, la mujer se quedó quieta por media hora, con los ojos fijos en el suelo
y, después, se levantó y dijo: ―En verdad he visto al demonio en una forma
abominable saliendo por la ventana y oí su voz que me decía:‗Mujer,
verdaderamente has quedado liberada‖. Desde ese momento, esta mujer, ha
vencido toda impaciencia, cesaron sus sórdidos pensamientos y ha venido a
descansar en una buena muerte.
Palabras de Cristo a su esposa, comparando a un pecador con tres cosas:
un águila, un cazador y un luchador.

Capítulo 17
Yo soy Jesucristo, que está hablando contigo. Soy el que estuvo en el
vientre de la Virgen, verdadero Dios y hombre. Pese a que estuve en la Virgen,
aún regía todo junto con el Padre. Ese hombre, que es un perverso enemigo mío,
se parece a tres cosas. Primero, es como un águila que vuela por los aires mientras
que otras aves vuelan por debajo; segundo, es como un cazador volatero que
entona dulces melodías con una fístula embadurnada de goma pegajosa, cuyos
tonos deleitan a las aves, de forma que vuelan hasta la fístula y se quedan pegadas
en la goma; tercero, es como un luchador que gana todos los combates.
Es como un águila porque, en su orgullo, no puede tolerar que haya nadie por
encima de él y hiere a cualquiera que esté a su alcance con las uñas de su malicia.
Cortaré las alas de su poder y de su orgullo y eliminaré su maldad de la tierra. Le
meteré en una olla inextinguible donde será eternamente atormentado, si no
enmienda su camino. Es también como un cazador que atrae a todos hacia sí con la
dulzura de sus palabras y promesas, pero quien se acerca a él queda atrapado en la
perdición sin poder escapar. Por esta razón, las aves del infierno le picotearán los
ojos para que nunca pueda ver mi gloria sino tan solo la oscuridad perpetua del
infierno. Le cortarán las orejas, para que no oiga las palabras de mi boca.
A cambio de sus dulces palabras, le darán amargos tormentos, desde la planta de
sus pies hasta la coronilla de su cabeza y resistirá tantas torturas cuantos fueron los
hombres que condujo a la perdición. Es también como un luchador pendenciero,
quien gusta de ser el primero en maldad, no queriendo ceder ante nadie y siempre

23
determinado a derrotar a cualquiera. Como luchador, pues, tendrá el primer lugar
en cada castigo; sus tormentos se renovarán constantemente y nunca terminarán.
Aún así, mientras su alma esté unida a su cuerpo, mi misericordia permanece
quieta, esperándole.
EXPLICACIÓN
Este fue un poderosísimo caballero que odiaba mucho al clero y acostumbraba
alanzarle insultos. La precedente revelación es sobre él, igual que la que sigue: El
Hijo de Dios dice: ―¡Oh, mundano caballero, pregunta a la sabiduría qué le ocurrió
al soberbio ¡Amán, que despreciaba a mi gente! ¿No fue la suya una muerte
ignominiosa y una grande gradación? De igual forma, este hombre se burla de mí y
de mis amigos. Por esto, lo mismo que Israel no lloró por la muerte de Amán, a mis
amigos no les dolerá la muerte de este hombre. Tendrá una muerte muy amarga,
si no enmienda su camino‖. Y eso fue lo que pasó.
Palabras de Cristo a su esposa sobre cómo tiene que haber humildad en
la casa de Dios; sobre cómo dicha casa denota la vida religiosa; sobre
cómo los edificios, las limosnas y demás deben ser donados por los
bienes rectamente adquiridos y sobre cómo hacer la restitución.

Capítulo 18
En mi casa tiene que haber tanta humildad como esa que ahora sólo recibe
desprecio. Tiene que haber una fuerte pared divisoria entre los hombres y las
mujeres, porque aunque Yo soy capaz de defender a cada uno y de apoyarlo, sin
necesidad de pared, por precaución, y debido al merodeo del demonio, quiero un
muro que separe las dos residencias. Tiene que ser una pared fuerte, pero modesta
y no demasiado alta. Las ventanas tienen que ser muy sencillas y transparentes, el
tejado moderadamente alto, de forma que no se vea allí nada que no indique
humildad.
Los hombres que, hoy día, edifican casas para mí son como constructores
magistrales que llevan por los pelos al Señor de la casa y, cuando entra, le pisotean
los pies. Elevan el barro muy alto y colocan el oro por debajo. Eso es lo
que hacen conmigo. Construyen barro, o sea, acumulan bienes temporales y
perecederos hasta el Cielo mientras que descuidan a las almas, que para mí son
más preciadas que el oro. Cuando intento ir hacia ellos a través de mis prédicas o
mediante buenos pensamientos, me agarran por los pelos y me pisotean, o sea,
me atacan con blasfemias y consideran mis trabajos y palabras tan despreciables
como el barro. Se creen así mucho más sabios.
Si quisieran construir algo para mí y para mi gloria, lo primero que harían sería
construir sus propias almas. Quien construya mi casa ha de tener máximo cuidado
de no dejar que entre un solo céntimo que no haya sido recta y justamente
adquirido para destinarlo al edificio. Hay muchas personas que saben que poseen
bienes conseguidos ilícitamente y no se apenan por ello, ni tienen intención de
restituir y satisfacer sus
robos y estafas, pese a que podrían hacerlo si quisieran. 

24
Sin embargo, como saben que no pueden mantener estas cosas para siempre,
le dan una parte de sus bienes mal adquiridos a las Iglesias, como si me pudieran
aplacar por su donación. Las posesiones legítimas se las reservan a sus
descendientes. Esto no me agrada nada.
Una persona que desee complacerme con sus donaciones tiene que tener, ante
todo, el deseo de enmendar su camino y después hacer todo el bien que pueda.
Debe lamentarse y llorar por el mal que haya hecho y restituirlo, si puede. Si no
puede, debe tener la intención de hacer restitución de sus bienes fraudulentamente
adquiridos. Entonces, tiene que cuidarse de no volver a cometer dichos pecados. Si
la persona a la que tiene que restituir sus bienes mal adquiridos ya no está viva,
entonces me puede hacer a mí la donación, que a todos puedo devolverles el pago.
Si no puede restituirlos, siempre que se humille ante mí con un propósito de
enmienda y un corazón contrito, tengo los medios de hacer la restitución y, bien
ahora o en el futuro, restaurar su propiedad a todos aquellos que hubieren sido
estafados. 
Te explicaré el significado de la casa que quiero construir. La casa es la vi
dareligiosa. Yo soy el Creador de todas las cosas, a través de quien todo se ha
hecho y existe, soy su fundamento. Hay cuatro paredes en esta casa. La primera es
la justicia por la cual juzgo a los que son hostiles a esta casa. La segunda pared es
la sabiduría, por la cual ilumino a sus habitantes con mi conocimiento y
comprensión. La tercera es el poder mediante el cual los fortalezco contra las
maquinaciones del demonio. La cuarta pared es mi misericordia, que acoge a
cualquiera que la pida. En esta pared está la puerta de la gracia, a través de la cual,
todos los buscadores son bienvenidos. El tejado de la casa es la caridad, mediante
la cual cubro los pecados de aquellos que me aman, de forma que no sean
sentenciados por sus faltas. El tragaluz del techo, por el que entra el sol, es la
consideración de mi gracia.

A través de él se introduce en los habitantes el candor de mi divinidad. Que la pared


sea grande y fuerte significa que nadie puede debilitar mis palabras ni destruirlas.
Que debería ser moderadamente alta significa que mi sabiduría puede ser
entendida y comprendida en parte, pero nunca completamente. Las ventanas
sencillas y transparentes refieren que mis palabras son simples y, aun así, llega al
mundo, a través de ellas, la luz del conocimiento divino. El tejado moderadamente
alto significa que mis palabras no deben manifestarse de manera incomprensible o
inalcanzable, sino en forma comprensible e inteligible.
 
Palabras del Creador a la esposa acerca del esplendor de su poder, la
sabiduría y la virtud, y sobre cómo aquellos que ahora se dicen que son
sabios son los que más pecan contra Él.

Capítulo 19

Yo soy el Creador del Cielo y la tierra. Tengo tres cualidades. Soy el más poderoso,
el más sabio y el más virtuoso. Soy tan poderoso que los ángeles me honran en el
Cielo, y en el infierno los demonios no se atreven a mirarme. Todos los elementos
responden a mis órdenes y llamada. Soy tan sabio que nadie consigue alcanzar mi
25
conocimiento. Mi sabiduría es tal que sé todo lo que ha sido y lo que será. Soy tan
racional que ni siquiera la más mínima cosa, ni un gusano ni ningún otro animal,
por deforme que parezca, se ha hecho sin causa. También soy tan virtuoso que
todo el bien emana de mí como de un manantial abundante, y toda la dulzura viene
de mí como de una buena viña.
Sin mí, nadie puede ser poderoso, nadie es sabio, nadie es virtuoso. Por esto, los
hombres poderosos del mundo pecan contra mí en exceso. Les he dado fuerza y
poder para que puedan honrarme, pero se atribuyen el honor a sí mismos, como si
lo hubieran obtenido por sí mismos. Los desgraciados no consideran su imbecilidad.
Si les enviara la más mínima enfermedad, ellos inmediatamente se derrumbarían y
todo para ellos perdería su valor. ¿Cómo, pues, van a ser capaces de soportar mi
poder y los castigos dela eternidad? Pero aquellos que ahora se dicen sabios, pecan
aún más contra mí. Porque les di el sentido, el entendimiento y la sabiduría, para
que me amaran, pero lo único que entienden es su propio provecho temporal.
Tienen ojos en su cara, pero tan sólo miran a sus propios placeres.

Están ciegos hasta para darme las gracias a mí, que les he dado todo, pues nadie,
ni bueno ni malo, puede percibir o comprender nada sin mí, aún cuando permita a
los malvados inclinar su voluntad hacia lo que desean. Tampoco nadie puede ser
virtuoso sin mí. Ahora podría usar un proverbio común: ‗Todos desprecian al
hombre paciente‘.
Debido a mi paciencia, todos creen que soy un pobre fatuo y es por esto que me
miran con desprecio. ¡Pero pobre de ellos cuando, después de tanta paciencia, les
haga su sentencia! Ante mí serán como fango que se desliza hacia las
profundidades sin parar, hasta llegar a la parte más baja del infierno.

Grato diálogo entre la Virgen Madre y el Hijo y entre ellos con la esposa,
y acerca de cómo la novia se tiene que preparar para la boda.
Capítulo 20

Apareció la Madre diciéndole al Hijo: ―Eres el Rey de la gloria, Hijo mío, eres el
Señor de todos los señores, tú creaste el Cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos.
¡Sean cumplidos todos tus deseos, hágase toda tu voluntad!‖. El Hijo respondió:
―Hay un antiguo proverbio que dice: ‗lo que se aprende en la juventud se retiene
hasta la vejez‘.
Madre, desde tu juventud aprendiste a seguir mi voluntad y a someter todos tus
deseos a mí. Tú has dicho correctamente: ‗¡Hágase tu voluntad!‘. Eres como oro
precioso que se extiende y machaca sobre el duro yunque, porque tú has sido
golpeada por todo tipo de tribulación y has sufrido en mi pasión más que todos los
demás.
Cuando, por la vehemencia de mi dolor en la cruz, mi corazón se partió, esto hirió
tu corazón como afiladísimo acero. Hubieras deseado ser cortada en dos, de haber
sido esa mi voluntad. Aún, si hubieras tenido la capacidad de oponerte a mi pasión
y hubieras demandado que me fuera permitido vivir, no habrías querido obtener
esto de ninguna manera que no fuera acorde con mi voluntad. Por esta razón, has
hecho bien al decir: ‗¡Hágase tu voluntad!‘‖.
26
 
Entonces María le dijo a la esposa: ―Esposa de mi Hijo, ámalo, porque Él te ama.
Honra a sus santos, que están en su presencia. Son como estrellas incontables,
cuya luz y esplendor no se puede comparar con ninguna luz temporal. Así
como la luz del mundo es distinta de la oscuridad, igual pero mucho más ocurre
con la luz de los santos, que difiere de la luz de este mundo. Te diré ciertamente
que, si los santos fueran vistos claramente, como son, ningún ojo humano lo podría
soportar sin verse privado de su vista corporal‖.
 Entonces, el Hijo de la Virgen habló con su esposa diciendo: ―Esposa mía, debes
Tener cuatro cualidades. Primero, tienes que estar preparada para la boda de mi
divinidad, donde no hay deseo carnal sino solo el más suave placer espiritual, de la
clase que es propio que Dios tenga con un alma casta. De esta forma, ni el amor
por tus hijos, ni los bienes temporales, ni el afecto de tus parientes te debe separar
de mi amor. No dejes que te pase lo que a aquellas vírgenes fatuas que no estaban
preparadas cuando el Señor quiso invitarlas a la boda y se quedaron fuera.
Segundo, has de tener fe en mis palabras.

Como soy la verdad, nada sino la verdad sale de mis labios, y nadie puede
encontraren mis palabras otra cosa que la verdad. A veces lo que digo tiene un
sentido espiritual y otras veces se ajusta a la letra de la palabra, en cuyo caso mis
palabras tienen que entenderse según su sentido literal. Por lo tanto, nadie me
puede acusar de mentir. En tercer lugar, has de ser obediente para que no haya ni
un solo miembro de tu cuerpo por el que hagas el mal, y para que no se someta a
la correspondiente penitencia y reparación. Aunque soy misericordioso, no dejo de
lado la justicia.

Por ello, obedece humildemente y con agrado a aquellos a los que estás sujeta a
obedecer, de forma que no hagas ni lo que te parecería útil y razonable, si es que
esto va contra la obediencia. Es mejor renunciar a tu propia voluntad por la
obediencia, aún si su objetivo es bueno, y ajustarte a la obediencia de tu director,
siempre y cuando no vaya contra la salvación de tu alma ni sea irracional. En cuarto
lugar, debes ser humilde porque estás unida en un matrimonio espiritual. Por ello,
tienes que ser humilde y modesta cuando llegue tu marido. Que tu sirviente sea
moderado y refrenado, o sea, que tu cuerpo practique la abstinencia y esté bien
disciplinado, porque vas a portar la semilla de un retoño espiritual para el bien de
muchos. De la misma forma que al insertar un brote en un tallo árido el tallo
comienza a florecer, tú debes portar frutos y florecer por mi gracia. Y mi gracia te
embriagará, y toda la corte celestial se regocijará por el dulce vino que te he de dar.

No desconfíes de mi bondad. Te aseguro que, al igual que Zacarías e Isabel se


regocijaron en sus corazones con un gozo indescriptible por la promesa de un futuro
hijo, tú también te regocijarás por la gracia que te quiero dar y, a la vez, otros se
alegrarán a través de ti. Fue un ángel quien habló con los dos, Zacarías e Isabel,
pero soy Yo, Dios Creador de los ángeles y de ti, quien te habla ahora. Por mi bien,
aquellos dieron nacimiento a mi más querido amigo, Juan. A través de ti, quiero
que me nazcan muchos niños, no de carne sino de espíritu. En verdad, Juan fue
como una caña llena
27
dedulzura y miel, pues nada impuro entró jamás en su boca ni jamás trasp
asó los límites de lanecesidad para obtener lo que necesitaba para vivir. Nunca
salió semen de su cuerpo, por lo que bien se puede llamar ángel y virgen‖.
 
Palabras del Esposo a su esposa recurriendo a una alegoría sobre un
hechicero, para ilustrar y explicar lo que es el demonio

Capítulo 21

El Esposo, Jesús, habló a su esposa en alegorías, empleando el ejemplo de un sapo.


Dijo: ―Cierto hechicero tenía un oro finísimo y reluciente. Un hombre sencillo y de
modestos modales vino a él y le quiso comprar el oro. El hechicero le dijo ‗No
conseguirás este oro a menos que me des un oro mejor y en mayor cantidad ‘. El
hombre contestó: ‗Deseo tanto tu oro que te daré lo que quieras antes que
quedarme sin él‘. Después de darle al hechicero un oro mejor y en mayor cantidad,
se llevó el oro reluciente que éste tenía y lo guardó en una maleta, planeando
hacerse un anillo para el dedo. Al poco tiempo, el hechicero fue a ver al hombre y le
dijo: ‗El oro que compraste y guardaste en tú maleta no es oro, como crees, sino
un sapo feo, que se ha alimentado a mis pechos y comido de mi alimento.

Y, para testar la verdad de la cuestión, abre la maleta y verás cómo el sapo saltará
a mi pecho, del que se alimentó ‘. Cuando el hombre trataba de abrir la maleta
para
averiguar, pudo ver a un sapo dentro de ésta, que ya tenía cuatro goznes a punto
de romperse. Al abrir la cerradura de la maleta, el sapo vio al hechicero y saltó a su
pecho. Los sirvientes y amigos del hombre vieron esto y le dijeron: ‗Maestro, su
oro está dentro del sapo y, si lo desea, fácilmente puede conseguir el oro‘.
‗¿Cómo?‘ – `preguntó-- ¿Cómo podré? Ellos dijeron: ‗Si alguien tomara un
bisturí afilado y calentado y lo insertara en el lomo del sapo, enseguida saldría el
oro de esa parte del lomo en la que hay un agujero. Sino pudiera encontrar el
agujero, entonces, tendrá que hacer todo lo posible para insertar el bisturí
firmemente en esa parte y así es como conseguirá recuperar lo que compró ‘.

 ¿Quién es el hechicero sino el demonio, persuadiendo a las personas hacia los


fatuos placeres y glorias? Él asegura que lo que es falso es verdad y hace que lo
verdadero parezca falso. Él posee ese oro precioso, es decir el alma, que mediante
mi divino poder hice más preciosa que todas las estrellas y planetas. Yo la hice
inmortal y estable y más deliciosa para mí que todo el resto de la creación. Preparé
para ella un eterno lugar de descanso y morada junto a mí. La arrebaté del poder
del demonio con un oro mejor y más caro, al darle mi propia carne inmune a todo
pecado, resistiendo una pasión tan amarga que ninguno de los miembros de mi
cuerpo quedó ileso.

Puse al alma redimida en una maleta hasta el momento en el que le diera un lugar
en la corte de mi divina presencia. Ahora, sin embargo, el alma humana redimida
se ha convertido en un sapo torpe y feo, brincando en su soberbia y viviendo en el
fango de su lujuria. El oro, es decir, mi propiedad por derecho, me ha sido
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arrebatado. Por ello el demonio aún me puede decir: ‗El oro que compraste no es
oro sino un sapo, alimentado a los pechos de mis placeres. Separa el cuerpo del
alma y verás como éste vuela derecho al pecho de mi deleite, donde se alimentó ‘

Mi respuesta a él es esta: ‗Puesto que el sapo el horrible para ser mirado, horrible
para ser oído, venenoso para ser tocado y en nada me agrada pero a ti sí,
a cuyos pechos se alimentó, entonces puedes quedártelo, pues tienes derecho a
ello. Así, cuando se ábrela cerradura, o sea, cuando el alma se separa del cuerpo,
ésta volará directamente a ti, para quedarse contigo eternamente ‘. Tal es el alma
de la persona que te estoy describiendo. Es como un sapo maligno, lleno de
inmundicia y lujuria, alimentado a los pechos del demonio.

.El sonido de su oración es, para mí, como la voz de un sapo, su aspecto me resulta
detestable. Sus oídos no escuchan mi gozo, su corrompido sentido del tacto nunca
sentirá mi divinidad. Sin embargo, como soy misericordioso, si alguien quisiera
tocar su alma, aunque sea impura, y examinarla para ver si hay alguna contrición o
algún bien en su voluntad, si alguien quisiera introducir en su mente un bisturí
afilado y caliente, es decir, el temor de mi estricto juicio, aún podría esta alma
obtener mi gracia, siempre y cuando él consintiera. Si no hubiera contrición ni
caridad en él, aún podría haber alguna esperanza, en el caso de que alguien lo
perforara con una afilada corrección y lo castigara fuertemente, porque, mientras el
alma vive en el cuerpo, mi misericordia está abierta a todos.

Date cuenta de que Yo morí por amor y nadie me compensa con amor, sino que se
apoderan de lo que, en justicia, es mío. Sería justo que la persona mejorase su vida
en proporción al esfuerzo que costó redimirla. Sin embargo, ahora la gente quiere
vivir lo peor, en proporción al dolor que sufrí redimiéndoles. Cuanto más les
muestro lo abominable de su pecado, más osadamente le lanzan a pecar. Mira,
pues, y considera que no sin motivo estoy enojado. Se las arreglan para cambiar
por sí mismos mi buena voluntad en enfado. Los redimí del pecado y ellos se
enredan cada vez más en el pecado. Por ello, esposa mía, dame lo que estás
obligada a darme, es decir, mantén tu alma limpia para mí porque yo morí por ella
para que tú pudieras mantenerte pura para mí‖.
 
La amable pregunta de la Madre a la esposa, humilde respuesta de la
esposa a la Madre, la útil réplica de la madre a la esposa y sobre el
progreso de las buenas personas entre los malvados.

Capítulo 22

La madre habló a la esposa de su Hijo diciéndole: ―Tú eres la esposa de mi Hijo.


Dime, ¿qué es lo que hay en tu mente y qué es lo que desearías? ‖ La esposa
respondió: ―Señora mía, tú lo sabes, porque tú lo sabes todo‖. La bendita Virgen
agregó: ―Aunque yo lo sepa todo, me gustaría que me lo dijeras en presencia de

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estas personas que te escuchan‖. La novia dijo: ―Señora mía, temo dos cosas.
Primero – dijo temo no lamentarme ni enmendarme por mis pecados tanto como
desearía. Segundo, estoy triste porque tu Hijo tiene muchos enemigos‖.
 
La Virgen María contestó: ―Te daré tres remedios para la primera preocupación. En
primer lugar, piensa en como todos los seres que tienen espíritu, como las ranas o
cualquier otro animal, de vez en cuando tienen problemas, incluso cuando sus
espíritus no son eternos, sino que mueren con sus cuerpos. Sin embargo, tu espíritu
y toda alma humana vive para siempre. Segundo, piensa en la misericordia de
Dios, porque no hay nadie que, por muchos pecados que tenga, no sea perdonado
si tan sólo reza con contrición y con la intención de mejorar. Tercero, piensa cuánta
gloria consigue el alma cuando vive con Dios y en Dios eternamente. 
Te voy a dar también tres remedios para tu segunda preocupación sobre l
o abundantes que son los enemigos de Dios. Primero, considera que tu Dios y
Creador y el de ellos es también su Juez, y que ellos nunca le volverán a sentenciar,
aunque soportó pacientemente su maldad durante un tiempo. Segundo, recuerda
que ellos son los hijos de la infamia, y piensa en lo duro e insoportable que será
para ellos arder eternamente. Son siervos tan pésimos que se quedarán sin
herencia, mientras que los buenos hijos sí la recibirán. Pero tal vez te
preguntes: ‗¿Nadie, entonces, ha de predicar para ellos?‘¡Claro que sí!
Recuerda que, muy a menudo, las buenas personas se mezclan con los perversos y
que los hijos adoptivos a veces se alejan de los buenos, como el hijo pródigo que se
marchó a una tierra lejana y llevó una vida de perdición. Pero, a veces lo predicado
revierte su conciencia y ellos vuelven al Padre, y yo les acepto como antes de pecar.
Así que se debe predicar especialmente para ellos porque, aunque un predicador
pueda encontrar sólo gente perversa a su alrededor, debe pensar en sus
adentros: ‗Tal vez haya algunos entre ellos que se volverán hijos de mi Señor.
Por ello, predicaré para ellos‘. Ese predicador será muy premiado.
En tercer lugar, considera que a los malvados se les permite continuar viviendo
como prueba para los malos, para que ellos, exasperados por lo hábitos de los
perversos, puedan conseguir su remuneración como fruto de su paciencia. Esto lo
podrás entender mejor por medio de un ejemplo. Una rosa desprende un agradable
aroma, es bella para la vista y suave para el tacto, pero crece entre espinas que
pinchan si las tocas, son feas ala vista y no desprenden ningún buen olor.
Igualmente, las personas buenas y rectas, pese a que pueden ser agradables por
su paciencia, bellas por su carácter y suaves por su buen ejemplo, aún no pueden
progresar ni ser puestas a prueba a menos que estén entre los malvados.
La espina es, a veces, la protección de la rosa, de forma que nadie la arranque en
plena floración. Igualmente, los malvados ofrecen a los buenos la ocasión de no
seguirles en el pecado, cuando debido a la maldad de otros, los justos se reprimen
ante la ruina a que les llevaría una inmoderada alegría o cualquier otro pecado. El
vino no mantiene su calidad excepto entre excrementos y tampoco las personas
buenas y Justas pueden mantenerse firmes en el avance hacia la virtud sin ser
puestas a prueba mediante tribulaciones y siendo perseguidas por injustos. Por
30
ello, soporta con alegría a los enemigos de mi hijo. Recuerda que el es su Juez y si
la justicia demandara que el los destruyera por completo, acabaría con ellos en un
instante. ¡Toléralos, pues, tanto como Él los toleró! ‖.
Palabras de Cristo a su esposa describiendo a un hombre que no es
sincero, sino enemigo de Dios, y especialmente sobre su hipocresía y sus
características
.
Capítulo 23
La gente lo ve como a un hombre bien vestido, fuerte y digno, activo en la batalla
del Señor. Sin embargo, cuando se quita el casco, es repugnante de mirar e inútil
para cualquier trabajo. Aparece su cerebro desnudo, tiene las orejas en la frente y
los ojos en la parte trasera de su cabeza. Su nariz está cortada. Sus mejillas están
hundidas, como las de un hombre muerto. En su lado derecho, su pómulo y la
mitad de sus labios han caído por completo, o sea, que no queda nada en la
derecha excepto su garganta descubierta. Su pecho está plagado de gusanos; sus
brazos son como un par de serpientes.
Un maligno escorpión se sienta en su corazón; su espalda parece carbón quemado.
Sus intestinos apestan a podrido, como la carne llena de pus, sus pies están
muertos y son inútiles para caminar. Ahora te diré lo que todo esto significa. Por
fuera es el tipo de hombre que parece ataviado de buenos hábitos y de sabiduría, y
activo en mi servicio, pero no es así realmente. Porque si se le quita el casco de la
cabeza, es decir, si la gente lo viera como es, sería el hombre más feo de todos. Su
cerebro está desnudo, tanto que la fatuidad y frivolidad de sus maneras son signos
suficientemente evidentes, para los hombres buenos, de que éste es indigno
de tanto honor.
Si se conociera mi sabiduría, se darían cuenta de que cuanto más se eleva él en su
honor sobre los demás, mucho más que los demás debiera él cubrirse de austeros
modales. Sus orejas están en su frente porque, en lugar de la humildad que debiera
tener por su alto rango y que debiera dejar brillar para otros, él tan solo quiere
recibir
halagos y gloria. En su lugar, él pone el orgullo y es por esto que quiere q
ue todos le llamengrande y bueno. Tiene ojos en el cogote, porque
todo su pensamiento está en el presente, y no en la eternidad. Él piensa
en cómo complacer a los hombres y en sobre lo que se requiere para las
necesidades del cuerpo, pero no en cómo complacerme a mí, ni en lo que es bueno
para las almas.
Su nariz está cortada, tanto que ha perdido la discreción mediante la cual podría
distinguir entre pecado y virtud, entre la gloria temporal y eterna, entre las riquezas
mundanas y eternas, entre los placeres breves y los eternos. Sus mejillas están
hundidas, o sea, todo su sentido de vergüenza en mi presencia, junto con la belleza
de las virtudes por las cuales podría complacerme, han muerto por completo al
menos en lo que a mí respecta. Tiene miedo de pecar por miedo de la vergüenza
humana, pero no por miedo de mí. Parte de su pómulo y labios han caído, sin que
le quede nada salvo la garganta, porque la imitación de mis trabajos y la
31
predicación de mis palabras, junto con la oración sentida desde el corazón, se
han derrumbado en él, por lo que no le queda nada salvo su garganta
glotona. Pero él encuentra, en la imitación de lo depravado y en el involucrarse en
asuntos mundanos, algo a la vez saludable y atractivo
Su pecho está plagado de gusanos porque, en él, donde debiera estar el recuerdo
de mi pasión y la memoria de mis obras y mandamientos, tan solo hay
preocupación por asuntos temporales y deseos mundanos. Los gusanos han
corroído su conciencia, de forma que ya no piensa en cosas espirituales. En su
corazón, donde a mí me gustaría morar y donde debería residir mi amor, reside un
maligno escorpión de cola venenosa y rostro insinuante. Esto es porque de su boca
salen palabras seductoras y aparentemente sensibles, pero su corazón está lleno de
injusticia y falsedad, porque no le importa si la Iglesia a la que representa se
destruye, mientras él pueda seguir adelante con su voluntad egoísta.

Sus brazos son como serpientes porque, en su perversidad, alcanza a los simples y
los atrae hacia sí con simplicidad, pero, cuando se acomodan a sus propósitos, los
desahucia como a pobres desgraciados. Lo mismo que una serpiente, se enrosca
sobre sí escondiendo su malicia e iniquidad, de tal forma que difícilmente se pueda
detectar su artificio. A mi vista él es como una vil serpiente porque, igual que la
serpiente es más odiosa que cualquier otro animal, él también es para mí el más
deforme de todos, en la medida en que reduce a nada mi justicia y me considera
como alguien reacio a infligir castigos.

Su espalda es como el carbón negro, aunque debiera ser como el marfil, pues sus
obras deberían ser más valientes y puras que las de otros, para apoyar a los débiles
con su paciencia y ejemplo de buena vida. Sin embargo, es como el carbón porque,
también él, es débil para resistir una sola palabra que me glorifique, a menos que le
beneficie a él. Aun así se cree valiente con respecto al mundo. En consecuencia,
aunque él crea que se mantiene recto caerá en la misma medida de su deformidad
y privado de vida, como el carbón, ante mí y mis santos.

Sus intestinos apestan porque, ante mí, sus pensamientos y afectos huelen a
carne podrida, cuyo hedor nadie puede soportar. Ninguno de los santos lo puede
soportar. Al contrario, todos alejan su cara de él y exigen que se le aplique una
sentencia. Sus pies están muertos, porque sus dos pies son sus dos disposiciones
en relación conmigo, o sea, el deseo de enmienda por sus pecados y el deseo de
hacer el bien. Sin embargo, estos pies están muertos en él porque la médula del
amor se ha consumido en él y no le queda nada más que los huesos endurecidos.
Es en esta condición que está ante mí. Sin embargo, mientras su alma permanezca
en su cuerpo podrá obtener mi misericordia.
EXPLICACIÓN
San Lorenzo se apareció diciendo: ―Cuando yo estuve en el mundo tenía tres
cosas: continencia conmigo mismo, misericordia con mi prójimo, caridad con Dios.
Por esto, prediqué la palabra de Dios celosamente, distribuí los bienes de la Iglesia
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conprudencia, y soporté azotes, fuego y muerte con alegría. Pero este obis
po resiste y camufla laincontinencia del clero, gasta liberalmente los bienes de la
Iglesia en los ricos, y muéstrala caridad hacia sí y hacia lo suyo. Por lo tanto, declaro
para él que una nube luminosa ha ascendido al Cielo, ensombrecida por llamas
oscuras, de tal forma que muchos no la pueden ver. Esta nube es el ruego de la
Madre de Dios para la Iglesia. Las llamas de la avaricia y de la ausencia de piedad y
de justicia la ensombrecen, de tal manera que la amable misericordia de la Madre
de Dios no puede entrar en los corazones de los oprimidos. Por ello, que el
arzobispo vuelva rápidamente a la caridad divina corrigiéndose, aconsejando a sus
subordinados de palabra y de obra, y animándolos a mejorar. Si no lo hace sentirá
la mano del Juez, y su Iglesia diocesana será purgada a fuego y espada, y afligida
por la rapiña y la tribulación, tanto que pasará mucho tiempo sin que nadie la
pueda consolar‖.
 
Palabras de Dios Padre a la Corte Celestial, y la respuesta del Hijo y la
Madre al Padre, solicitando gracia para su Hija, la Iglesia.

Capítulo 24

Habló el Padre, mientras atendía toda la Corte Celestial, y dijo: ―Ante vosotros
expongo mi queja porque he desposado a mi Hija con un hombre que la atormenta
terriblemente, ha atado sus pies a una estaca de madera y toda la médula se le
sale por abajo‖. El Hijo le respondió: ―Padre, Yo la redimí con mi sangre y la
acepté por Esposa, pero ahora me ha sido arrebatada a la fuerza‖. Entonces habló
la Madre, diciendo: ―Eres mi Dios y Señor. Mi cuerpo portó los miembros de tu
bendito Hijo, que es el verdadero Hijo tuyo y el verdadero Hijo mío. No le negué
nada en la tierra. Por mis súplicas, ¡ten misericordia de tu Hija!‖. Después de esto,
hablaron los ángeles, diciendo: ―Tú eres nuestro Señor.

En ti poseemos todo lo bueno y no necesitamos nada más que tú. Cuando tú


Esposa salió de ti, todos nos alegramos. Pero ahora tenemos razones para estar
tristes, porque ha sido arrojada en manos del peor de los hombres, quien la ofende
con todo tipo de insultos y abusos. Por ello, apiádate de ella por tu gran
misericordia, pues se encuentra en una extrema miseria, y no hay nadie que pueda
consolarla ni liberarla excepto tú, Señor, Dios todopoderoso‖. Entonces, el Padre
respondió al Hijo, diciendo: ―Hijo, tu angustia es la mía, tu palabra es la mía y tus
obras son las mías. Tú estás en mí y Yo estoy en ti, inseparablemente.
¡Hágase tu voluntad!‖. Después, le dijo a la Madre del Hijo: ―Por no
haberme negado nada en la tierra, tampoco yo te niego nada en el Cielo. Tu deseo
debe ser satisfecho‖. A los ángeles les dijo: ―Sois mis amigos y la llama de vuestro
amor arde en mi corazón. Por vuestras plegarias, tendré misericordia de mi Hija‖.
 
Palabras del Creador a la esposa sobre cómo su justicia mantiene a los
malvados en la existencia por una triple razón.
Capítulo 25

33
Yo soy el Creador del Cielo y la tierra. Te preguntabas, esposa mía, por qué soy tan
paciente con los malvados. Esto se debe a que soy misericordioso. Mi justicia los
aguanta por una razón triple y también por una razón triple mi misericordia los
mantiene. En primer lugar, mi justicia los aguanta de forma que su tiempo se
complete hasta el final. Podrías preguntar a un rey justo por qué tiene a algunos
prisioneros a quienes no condena a muerte, y su respuesta sería: ‗Porque aún no
ha llegado el tiempo de la asamblea general de la corte, en la que pueden ser oídos,
y donde aquellos que los oyen pueden tomar mayor conciencia‘.

 De forma parecida, Yo tolero a los malvados hasta que llega su tiempo, de manera
que su maldad pueda ser conocida por otros también ¿No previne ya la condena de
Saúl mucho antes de que se diera a conocer a los hombres? Lo toleré durante largo
tiempo para que su maldad pudiera ser mostrada a otros. La segunda razón es que
los malvados hacen algunos buenos trabajos, por los cuales han de ser
compensados hasta el último céntimo. De esta forma, ni el mínimo bien que hayan
hecho por mí quedará sin recompensa y, consiguientemente, recibirán su salario en
la tierra. En tercer lugar, losa guanto para que se manifieste así la gloria y la
paciencia de Dios. Es por esto que toleré a Pilatos, Herodes y Judas, pese a que iban
a ser condenados. Y si alguien preguntara por qué tolero a tal o cual persona, que
se acuerde de Judas y de Pilatos.
Mi misericordia mantiene a los malvados también por una triple razón. Primero,
porque mi amor es enorme y el castigo es eterno y muy largo. Por eso, debido a mi
gran amor, los tolero hasta el último momento para que se retrase su castigo lo
más posible en la extensa prolongación del tiempo. En segundo lugar, es para
permitir que su naturaleza sea consumida por los vicios, pues experimentarían una
muerte temporal más amarga si tuvieran una constitución joven. La juventud
padece una mayor y más amarga agonía en la hora de la muerte. En tercer
lugar, por la mejora de las buenas personas y la conversión de algunos de
los malvados. Cuando las personas buenas y rectas son atormentadas por los
perversos, esto beneficia a los buenos y justos, pues les permite resistirse a pecar o
conseguir un mayor mérito.
Igualmente, los malvados a veces tienen un efecto positivo en otras personas
perversas. Cuando éstos últimos reflexionan sobre la caída y maldad de los
primeros, se dicen a sí mismos: ‗ ¿De qué nos sirve seguir sus pasos?‘ Y: ‗Si el
Señor es tan paciente será mejor que nos arrepintamos‘. De esta forma, a veces
vuelven a mí porque se atemorizan de hacer lo que hacen los otros y, además, su
conciencia les dice que no deben hacer ese tipo de cosas. Se dice que, si una
persona ha sido picada por un escorpión, se puede curar cuando se le unte aceite
en el que haya muerto otro alacrán. De forma parecida, a veces una persona
malvada que ve a otro caer puede verse aguijoneado por el remordimiento, y
curado, al reflexionar sobre la maldad y vanidad del otro.
Palabras de alabanza a Dios de la Corte Celestial; sobre cómo habrían
nacido los niños si nuestros primeros padres no hubieran pecado; sobre
cómo Dios mostró sus milagrosa través de Moisés y, después, por sí
mismo a nosotros con su propia venida; sobre la perversión del
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matrimonio corporal en estos tiempos y sobre las condiciones del
matrimonio espiritual.

Capítulo 26

La corte celestial fue vista ante Dios. Toda la corte dijo; alabado y
honrado seas, señor Dios, tú que eres, eras y serás sin fin! Somos tus
servidores y te ofrecemos una triple alabanza y honor. Primero porque
nos creaste para que gozaremos contigo y nos diste una luz indescriptible
en la que regocijarnos eternamente. Segundo, porque todas las casas
permanecen a tu convivencia se someten a su palabra. Tercero, porque
creaste a la humanidad y adoptaste una naturaleza humana por su bien.

Nos regocijamos grandemente por esa razón, y también por tu castísima


Madre, que fue hallada digna de engendrarte a ti, a quien los Cielos no
pueden contener ni limitar. Por ello, por medio del rango angélico que tú
has exaltado en honor, ¡que tu gloria y bendiciones se viertan sobre todas
las cosas! ¡Que tu inagotable eternidad y constancia sea sobre todo lo
que pueda ser y permanecer constante! Sólo tú, Señor, has de ser temido
por tu gran poder, sólo tú has de ser deseado por tu gran caridad, sólo tú
has de ser amado por tu constancia. ¡Alabado seas sin fin,
incesantemente y para siempre!

El Señor respondió: ―Me honráis dignamente por toda la creación. Pero,


decidme, ¿por qué me alabáis por la raza humana, que me ha provocado
más indignación que ninguna criatura? La hice superior a las criaturas
menores y por ninguna he sufrido tanta indignidad como por la
humanidad, ni he redimido a ninguna a tan alto precio. ¿Qué criatura,
aparte del ser humano, no se conduce por su orden natural? Me causa
más problemas que las demás criaturas. Igual que os creé a vosotros,
para alabarme y glorificarme, hice a Adán para que me honrara. Le di un
cuerpo para que fuera su templo espiritual, y coloqué en él un alma como
la de un bello ángel, porque el alma humana es de virtud y fuerza
angélica. En ese templo, Yo, su Dios y Creador, era el tercer
acompañante, para que él disfrutara y se deleitara en mí. Después le hice
un templo similar de su costilla.
Ahora, esposa mía, para quien hemos ordenado todo esto, puedes
preguntar: ‗¿Cómo hubieran tenido hijos si no hubieran pecado?‘ Te diré:
La sangre del amor hubiera sembrado su semilla en el cuerpo de la mujer
sin ninguna lujuria vergonzosa, mediante el amor divino, el afecto mutuo
y el intercambio sexual, en el que ambos habrían ardido, uno por el otro,
y así la mujer fecundaría. Una vez concebido el hijo, sin pecado ni placer
lujurioso, Yo habría enviado un alma de mi divinidad dentro de él y ella
habría engendrado al hijo y lo habría parido sin dolor. El niño habría
nacido inmediatamente perfecto, como Adán. Pero él despreció este

35
privilegio al consentir al demonio y codiciar una mayor gloria de la que yo
le hubiera proporcionado.
Tras su acto de desobediencia, mi ángel vino a ellos y ellos
se avergonzaron de su desnudez. En ese momento, experimentaron la
concupiscencia de la carne y sufrieron hambre y sed. También me
perdieron. Antes me tenían, no sentían hambre, ni deseo carnal, ni
vergüenza, y sólo Yo era todo su bien, su placer y perfecto deleite.
Cuando el demonio se alegró por su perdición y caída, me conmoví de
ellos con dolor y no los abandoné sino que les mostré una triple
misericordia. Vestí su desnudez, les di pan de la tierra y, a cambio de la
sensualidad que el demonio generó en ellos tras su acto de
desobediencia, infundí almas en su semilla a través de mi divino poder. 
También convertí todo lo que el demonio les sugirió en algo para su bien.
Después les mostré cómo vivir y cómo hacerse dignos de mí. Les di
permiso para tener relaciones lícitas y lo hubiera hecho antes, pero ellos
estaban paralizados de miedo y temerosos de unirse sexualmente.
Igualmente, cuando Abel fue muerto, y estuvieron condolidos largo
tiempo manteniendo abstinencia, fui movido a compasión y los conforté.
Cuando se les hizo saber mi voluntad, comenzaron de nuevo a tener
relaciones y a procrear hijos. Les prometí que Yo, el Creador, nacería de
entre su descendencia.
A medida que recio la maldad delos hijos de Adán, mostré la justicia a los
pecadores y la misericordia a mis elegidosAsí me complací, los preservé
de la perdición y los crié, porque mantuvieron mis mandamientos y
creyeron en mis promesas. Cuando se acercó el momento de mi
misericordia, permití que mis poderosas obras fueran conocidas a través
de Moisés y salvé a mi pueblo, según mi promesa. Los alimenté con maná
y caminé frente a ellos en una columna de nube y fuego. Les di mi Ley y
les revelé mis misterios y el futuro mediante mis profetas.
Después de esto, Yo, Creador de todas las cosas, elegí para mí a una
Virgen nacida de un padre y una madre. Con ella tomé carne humana y
acepté nacer de ella sin coito ni pecado. Lo mismo que aquellos primeros
hijos habrían nacido en el paraíso a través del misterio del amor divino y
del amor y afecto mutuo de sus padres, sin ninguna lujuria vergonzosa,
así mi divinidad adoptó una naturaleza humana de una Virgen,
engendrado sin coito ni daño a su virginidad. Al venir en carne Yo,
verdadero Dios y hombre, cumplí la Ley y todas las escrituras, tal como
antes se había profetizado sobre mí.
Introduje una nueva Ley, porque la antigua había sido estricta y difícil de
cumplir, y no fue más que un molde de lo que había de hacerse en el
futuro. En la vieja Ley había sido lícito para un hombre el tener varias
mujeres, de forma que las generaciones venideras no se quedaran sin
niños o tuvieran que unirse a los gentiles. En mi nueva Ley se ordena al
marido que tan sólo tenga una esposa y se le prohíbe, durante el tiempo
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que ella viva, el tener varias mujeres. Aquellos que se unen sexualmente
mediante el amor y temor divino, por el bien de la procreación, son un
templo espiritual donde deseo morar como tercer compañero.
Sin embargo, la gente de estos tiempos se une en matrimonio por siete
razones. Primero, por la belleza facial; segundo por la riqueza; tercero,
por el placer grosero y gozo indecente que experimenta en el coito;
cuarto, por las festividades y glotonería descontrolada; quinto, por que
aflora el orgullo en el vestir, en el comer, en las distracciones y en otras
vanidades; sexto, para tener retoños, pero no para Dios ni para las
buenas obras sino para el enriquecimiento y el honor; séptimo, se une por
la lujuria y el lujurioso apetito de las bestias. Estas personas se unen ante
la puerta de mi Iglesia con acuerdo y armonía, pero sus sentimientos y
pensamientos internos son completamente opuestos a mí.
En lugar de mi voluntad, prefieren su propia voluntad, que se inclina por
complacer al mundo. Si todos sus pensamientos se dirigiesen a mí, y si
confiaran su voluntad en mis manos y se casaran en temor divino,
entonces les daría mi aprobación y Yo sería un tercer compañero con
ellos. Pero ahora, pese a que Yo debería de estar a su cabeza, no
consiguen mi aprobación porque tienen más lujuria que amor por mí en
su corazón. Suben al altar y allí oyen que deberían ser un solo corazón y
una sola mente, pero mi corazón se aparta de ellos porque ellos no
poseen el calor de mi corazón y no conocen el sabor de mi cuerpo.
Ellos buscan un calor perecedero y una carne que será roída por los
gusanos. Así, estas personas se unen en matrimonio sin el lazo y unión
de Dios Padre, sin el amor del Hijo y sin el consuelo del Espíritu Santo.
Cuando la pareja llega a la cama, mi Espíritu les abandona, al tiempo que
se les acerca el espíritu de la impureza, porque tan sólo se unen en la
lujuria y no argumentan ni piensan en nada más. Pero aún mi
misericordia puede estar con ellos, si se convierten, porque Yo
amorosamente coloco un alma viviente, creada por mi poder, en su
semilla. A veces, permito que los malos padres tengan buenos hijos, pero
es más frecuente que nazcan malos hijos de los malos padres, pues estos
hijos imitan la iniquidad de sus padres tanto como pueden, y les imitarían
aún más si mi paciencia se lo permitiera. Una pareja así nunca verá mi
rostro, a menos que se arrepientan, porque no hay pecado tan grave que
no pueda ser limpiado por la penitencia.

Hablaré ahora del matrimonio espiritual, del que es apropiado que


contraiga Dios con un cuerpo casto y un alma casta. En él hay siete
beneficios, que son los opuestos delos males mencionados arriba. En él
no hay deseo de belleza de formas o hermosura corporal ni de vistas
placenteras, sino tan solo de la vista y el amor de Dios. Tampoco hay en
segundo lugar ningún deseo de poseer nada ni por encima ni más allá de
lo necesario que se requiere para vivir sin exceso. Tercero, los esposos
evitan las conversaciones frívolas y ociosas. Cuarto, no les preocupa el

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reunirse con amigos o parientes sino que Yo soy lo único que ellos aman
y desean.

Quinto, mantienen una humildad interior en su conciencia y también


externamente en su forma de vestir. Sexto, nunca tienen voluntad alguna
de conducirse por la lujuria. Séptimo, engendran hijos e hijas para Dios,
por medio de su buen comportamiento y buen ejemplo, y mediante la
prédica de palabras espirituales. Así, al preservar su fe intacta, se unen
ante la puerta de mi Iglesia, donde me dan su aprobación y Yo les doy
lamía. Suben a mi altar y disfrutan del deleite espiritual de mi cuerpo y de
mi sangre. Deleitándose en ello, desean ser un corazón, un cuerpo y una
voluntad y Yo, verdadero Dios y hombre, poderoso sobre el Cielo y la
tierra, seré su tercer compañero y llenaré su corazón.

Aquellas parejas mundanas dejan que su apetito por el matrimonio se


base en la lujuria de las bestias, ¡y peor que las bestias! Estos esposos
espirituales fundamentan su unión en el amor y temor de Dios, y no
desean complacer a nadie más que a mí. El espíritu del mal llena a los
primeros y les incita al deleite carnal, donde no hay nada más que
podredumbre apestosa. Los últimos se llenan de mi Espíritu y se inflaman
con el fuego de mi Espíritu que nunca les fallará. Yo soy un Dios en tres
personas. Yo soy una sustancia con el Padre y el Espíritu Santo.

Así como es imposible para el Padre estar separado del Hijo, y para el
Espíritu Santo estar separado de ambos, así como es imposible que el
calor esté separado del fuego, igual de imposible es para estos esposos
espirituales estar separados de mí. Yo estoy con ellos como su tercer
compañero. Mi cuerpo fue herido una vez y murió en la pasión, pero
nunca más será herido ni morirá. De igual forma, aquellos que se
incorporen a mí a través de una fe recta y una voluntad perfecta, nunca
morirán a mí. Donde quiera que estén, se sienten o caminen, estaré con
ellos como su tercer compañero‖.
 
Palabras de la Madre a la esposa sobre cómo hay tres cosas en una
danza, sobre cómo esta danza simboliza al mundo y sobre el sufrimiento
de la Madre en la muerte de Cristo.

Capítulo 27

La Madre de Dios habló a la esposa, diciendo: ―Hija mía, quiero que


sepas que donde hay danza hay tres cosas: alegría vacía, voces confusas
y trabajo sin sentido. Si alguien entra en la danza angustiado y triste,
entonces su amigo, que se encuentra en pleno disfrute de la danza pero
que ve a un amigo suyo entrando triste y melancólico, deja
inmediatamente su diversión, abandona la danza y se conduele con su
angustiado amigo. Esta danza es el mundo, que siempre se encuentra
atrapado por una ansiedad que a los vacuos les parece gozo. En este
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mundo hay tres cosas: alegría vacía, palabrería frívola y trabajo sin
sentido, porque un hombre ha de

Quién, en la plenitud de esta danza mundana, va a considerar mis fatigas


y angustias y se va a condoler conmigo – que abandoné todo gozo
mundano
 —  y va a apartarse del mundo! Cuando mi Hijo murió yo era como una
mujer con el corazón traspasado por cinco espadas. La primera fue su
vergonzosa y afrentosa desnudez. La segunda espada fue la acusación
contra Él, pues le acusaron de traición, de falsedad y de perfidia. Él, quien
yo sabía que era justo y honesto y que nunca ofendió ni quiso ofenderá
nadie. La tercera espada fue su corona de espinas, que perforó su
sagrada cabeza tan salvajemente que la sangre saltó hasta su boca, su
barba y sus oídos. La cuarta espada fue su voz mortecina en la cruz, con
la que gritó al Padre diciéndole: ‗Padre ¿por qué me has abandonado?
Era como si dijera: ‗Padre, nadie se apiada de mí, sólo tú‘. La quinta
lanza que cortó mi corazón fue su amarguísima muerte.
Su preciosísima sangre se le derramaba por tantas venas como espadas
traspasaron mi corazón. Las venas de sus manos y pies fueron
horadadas, y el dolor de sus nervios perforados le llegaba hasta el
corazón y desde su corazón volvía de nuevo a recorrer sus terminaciones
nerviosas. Su corazón era fuerte y vigoroso, al haber sido dotado de una
buena constitución, esto hacía que su vida resistiera luchando contra la
muerte y que su amargura se prolongara aún más en el colmo de su
dolor. A medida que su muerte se
Aproximaba y su corazón reventaba ante tan insoportable dolor, de
repente todo su cuerpo se convulsionó y su cabeza, que se le iba hacia
atrás, pareció erguirse de alguna manera.

Abrió levemente sus ojos semi cerrados y a la vez abrió su boca, de


forma que pudo verse su lengua ensangrentada. Sus dedos y brazos, que
habían estado muy contraídos, se le estiraron. Nada más entregar su
espíritu, su cabeza se abatió sobre su pecho. Sus manos se corrieron un
poco desde el lugar de las heridas y sus pies tuvieron que soportarla
mayor parte del peso. Entonces, mis manos se resecaron, mis ojos se
nublaron en oscuridad y mi rostro se quedó lívido como la muerte. Mis
oídos no oían nada, mis labios no podían articular palabra, mis pies no me
sostenían y mi cuerpo cayó al suelo.
Cuando me levanté y vi a mi hijo, con un aspecto peor que un leproso, le
entregué toda mi voluntad, sabiendo que todo había ocurrido según su
voluntad y no habría sucedido si él no lo hubiese permitido. Le di las
gracias por todo y cierto júbilo se entremezcló con mi tristeza, porque vi
que Él, quien nunca había pecado, por su grandísimo amor, quiso sufrirlo
todo por los pecadores. ¡Que esos que están en el mundo contemplen lo
que pasé cuando murió mi Hijo, y que siempre lo tengan en su memoria!
‖.
 
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Palabras del Señor a la esposa describiendo cómo fue juzgado un hombre
ante el tribunal de Dios, y sobre la horrible y terrible sentencia dictada
sobre él por Dios y por todos los santos.

Capítulo 28

La esposa vio que Dios estaba enojado y dijo: ―Yo soy sin principio ni fin.
No hay cambio en mí ni de años ni de días. Todo el tiempo del mundo es
como una sola hora o momento para mí. Todo el que me ve, contempla y
entiende todo lo que hay en mí en un instante. Sin embargo, esposa mía,
al estar tú en un cuerpo material no puedes percibir ni conocer igual que
un espíritu. Por ello, por tu bien, te explicaré lo que ha sucedido. Yo
estaba, por así decirlo, sentado en el tribunal para juzgar, porque todo
juicio me ha sido dado, y cierta persona vino a ser juzgada ante el
tribunal.

La voz del Padre resonó y le dijo: ‗Más te valiera no haber nacido‘. No


era porque Dios se arrepintiese de crearlo, sino como cualquiera que
sintiera preocupación por otra persona y se compadeciese de él. La voz
del Hijo intervino: ‗Yo derramé mi sangre por ti y acepté una durísima
penitencia, pero tú te has enajenado completamente y eso ya no tiene
nada que ver contigo‘. La voz del Espíritu dijo: ‗Yo busqué por todos los
rincones de su corazón para ver si podía encontrar algo de ternura y
caridad, pero es tan frío como el hielo y tan duro como una piedra. Este
hombre no me concierne‘.

 Estas tres voces no se oyeron como si fueran tres dioses, sino que han
sido hechas audibles para ti, esposa mía, porque de otra forma no habrías
podido comprender este misterio. Las tres voces del Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo se transformaron inmediatamente en una sola voz que
retumbó y dijo: ―¡De ninguna manera merece el reino de los Cielos! La
Madre de la misericordia permaneció en silencio y no desplegó su merced
pues el defendido no era digno de ello. Todos los santos clamaron a una
voz diciendo: ‗Es justicia divina para él el ser perpetuamente exiliado de
tu reino y de tu gozo‘. Todos en el purgatorio dijeron: ―No tenemos una
penitencia suficientemente dura para castigar tus pecados. Habrás de
soportar mayores tormentos y, por lo tanto, tienes que ser apartado de
nosotros‘

Entonces, el mismo defendido exclamó con una horrenda voz: ‗¡Ay, ay de


la semilla que fecundó en el vientre de mi madre y de la que yo me formé!‘.
Por segunda vez exclamó: ‗¡Maldita la hora en la que mi alma se unió a mi
cuerpo y maldito aquél que medio un cuerpo y un alma!‘. Volvió a clamar
una tercera vez: ‗¡Maldita la hora en la que salía vivir del vientre de mi
madre!‘ Entonces llegaron tres voces horribles del infierno, que le decían:
‗¡Ven con nosotros, alma maldita, como el líquido que se derrama hasta la
muerte perpetua y vive sin fin!‘ Por segunda vez, las voces lo volvieron a
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llamar: ‗¡Ven, alma maldita, vaciada por tu maldad! ¡Ninguno de nosotros
dejará de llenarte de su propio mal y dolor!‘. Por tercera vez, agregaron:
‗¡Ven, alma maldita, pesada como una piedra que se hunde y se hunde y
nunca alcanza fondo en el que descansar! Descenderás más bajo que
nosotros y no pararás hasta que no hayas llegado a lo más profundo del
abismo‘.
Entonces, el Señor dijo: ‗Como un hombre con varias esposas, que ve
caer a una y se aparta de ella y se vuelve hacia las otras, que
permanecen firmes, y se alegra con ellas, así Yo he apartado de él mi
rostro y mi merced y me he vuelto a los que me sirven y me obedecen y
me alegro con ellos. Por tanto, ahora que has sabido de su caída y
desdicha, ¡sírveme con mayor sinceridad que él, en proporción a la mayor
misericordia que te he dispensado! ¡Apártate del mundo y de sus deseos!
¿Acaso acepté yo tan acerba pasión por la gloria del mundo, o por que no
podía consumarla en menos tiempo y con más facilidad? ¡Claro que
podía! Sin embargo, la justicia exigía eso. Como la humanidad pecó en
todos y cada uno de sus miembros, se tuvo que hacer cumplida justicia
en todos y cada uno de los miembros.
Por esto, Dios, en su compasión por la humanidad y en su ardiente amor
hacia la Virgen, recibió de ella una naturaleza humana a través de la cual
pudo soportar todo el castigo al que estaba abocada la humanidad. Al
haber tomado Yo vuestro castigo sobre mí, por amor, permanece firme en
la verdadera humildad, como mis siervos ¡Así no tendrás nada de qué
avergonzarte ni nada que temer más que a mí! Guarda tus palabras de
tal forma que, si esa fuera mi voluntad, tú no hablarías. No te
entristezcas por las cosas temporales, que tan sólo son pasajeras. Yo
puedo hacer a quien yo quiera rico o pobre. ¡Así pues, esposa mía,
deposita toda tu esperanza en mí!‖.
 EXPLICACIÓN
Este hombre era un canónico de noble reputación y subdiácono, quien,
habiendo obtenido una falsa dispensación, se quiso casar con una rica
doncella. Sin embargo, fue sorprendido por una muerte repentina y no
consiguió su objetivo.
Palabras de la Virgen a la hija, sobre dos señoras, una que se llama
“soberbia “y la otra “humildad”, simbolizando esta última a la más dulce
de las Vírgenes, y sobre cómo la Virgen acude a reunirse con aquellos
que la aman a la hora de su muerte.

Capítulo 29

La Madre de Dios se dirigió a la esposa de su Hijo diciéndole: ―Hay dos


señoras. Una de ellas no tiene un nombre especial, pero no merece
nombre; la otra es la humildad, y se llama María. El demonio es el
maestro de la primera señora, porque tiene dominio sobre ella. Uno de
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sus caballeros le dijo a esta dama: ‗Señora mía, estoy dispuesto a hacer
lo que pueda por ti, si pudiera copular contigo al menos una vez. Al fin y
al cabo, soy poderoso, fuerte y tengo un corazón valiente, no temo nada
y estoy hasta dispuesto a morir por ti‘. Ella le contestó: ‗Sirviente mío, tu
amor es grande. Sin embargo, yo estoy sentada en un trono muy alto,
tan sólo tengo un asiento y hay tres puertas entre nosotros.

La primera puerta es tan estrecha que cualquier prenda que un hombre


lleve sobre su cuerpo se engancha y queda rota y arrancada. La segunda
puerta es tan aguda que corta hasta las fibras nerviosas. La tercera, arde
con un fuego tal que nadie escapa a su ardor sin quedar derretido como
el cobre. Además, estoy sentada tan en lo alto que cualquiera que quiera
sentarse conmigo al tener yo un solo trono caería en las grandes
profundidades del caos debajo de mí‘. El demonio le respondió: ‗Daré mi
vida por ti, pues una caída no representa nada para mí‘.

 Esta señora es la soberbia y cualquiera que quiera llegar a ella pasará


como por tres puertas. Por la primera puerta entran aquellos que dan
todo lo que tienen para recibir honores humanos, por su soberbia, y si no
tienen nada vuelcan toda su voluntad en vivir con orgullo y cosechar
alabanzas. Por la segunda puerta entra la persona que dedica todo su
trabajo y todo lo que hace, todo su tiempo, todos sus pensamientos y
toda su fuerza para satisfacer su soberbia. Y aun así, si tuviera que dejar
que hirieran su cuerpo, por conseguir honores y riquezas, lo haría
gustosa. Por la tercera puerta entra la persona que nunca se calla ni se
aquieta sino que arde como el fuego con el pensamiento de cómo
conseguir algún honor mundano o posición de soberbia, pero cuando
obtiene lo que desea no puede permanecer mucho tiempo en el mismo
estado sino que termina cayendo miserablemente. Pese a todo esto, la
soberbia aún permanece en el mundo.
―Yo soy – dijo María— la más humilde. Estoy sentada en un trono
espacioso. Sobre mí no hay sol, ni luna ni estrellas, ni siquiera nubes,
sino un brillo inconcebible y una calma maravillosa de la clara belleza de
la majestad de Dios. Por debajo de mí no hay ni tierra ni piedra sino un
incomparable descanso en la bondad de Dios. Cerca de mí no hay ni
barreras ni paredes sino la gloriosa corte de los ángeles y de las almas
santas. Aunque estoy sentada en un trono sublime, oigo a mis amigos
que viven en la tierra, entregándome diariamente sus suspiros y sus
lágrimas. Veo sus luchas y su eficacia, que es mayor que la de aquellos
que luchan por su dama, la soberbia. Por ello, los visitaré y los reuniré
conmigo en mi trono, porque éste es espacioso y hay sitio para todos.

Sin embargo, aún no pueden venir y sentarse conmigo porque hay aún
dos muros entre ellos y yo, mediante los cuales los conduciré
confiadamente para que puedan llegar hasta mi trono. El primer muro es
el mundo, y es estrecho. Así, mis servidores en el mundo recibirán
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consolación de mi parte. El segundo muro es la muerte. Por eso, yo, su
más querida Señora y Madre, acudiré a reunirme con ellos en la muerte,
de manera que aún en la misma muerte puedan sentir mi refrigerio y
consuelo. Los reuniré conmigo en el trono del gozo celestial de manera
que, en la alegría sin fin, puedan descansar eternamente en brazos del
amor perpetuo y de la gloria eterna‖.
 
Amorosas palabras del Señor a la esposa sobre cómo se multiplica el
número de falsos cristianos hasta el punto de que están volviendo
a crucificar a Cristo, y sobre cómo aún Él está dispuesto a aceptar la
muerte una vez más por la salvación de los pecadores, si fuera posible.

Capítulo 30
Yo soy Dios. Yo creé todas las cosas para beneficio de la humanidad, para
que todo le sirviera e instruyera. Pero, hasta su propia condenación, los
seres humanos abusan de todo lo que hice para su beneficio. Les importa
menos Dios y le aman menos que a las cosas creadas. Los judíos
prepararon tres tipos de castigo para mí, en mi pasión: primero, la
madera en la que, después de haber sido azotado y coronado de espinas,
fui colgado; segundo, el hierro, con el cual clavaron mis manos y mis
pies; tercero, la hiel que me dieron a beber. Además me lanzaron
blasfemias, como si Yo fuera un fatuo debido a la muerte que libremente
soporté, y me llamaron falso debido a mis enseñanzas.

El número de personas así se ha multiplicado ahora en el mundo y hay


muy pocos que me consuelen. Me cuelgan en el madero por su deseo de
pecar; me azotan con su impaciencia, pues nadie soporta ni una palabra
por mí, y me coronan con las espinas de su soberbia, que hace que
quieran llegar más alto que Yo. Clavan mis manos y pies con el hierro de
sus corazones endurecidos, puesto que se glorían de pecar, y se
endurecen tanto que no me temen. Por hiel me ofrecen tribulaciones y,
por haber sufrido mi pasión con alegría, me llaman falso y vanidoso.

Soy lo suficientemente poderoso como para hundirlos, y también al


mundo entero, si quisiera, por causa de sus pecados. Sin embargo, si les
hundiese, los que quedasen me servirían por temor y eso no sería
correcto, porque las personas deben servirme por amor. Si viniese
personalmente y me mezclase con ellos en una forma visible, sus ojos no
soportarían el verme ni sus oídos escucharme ¿Cómo podría un ser
mortal mirar a otro inmortal? Aun así, volvería a morir por la humanidad,
si fuera posible‖.

 Entonces apareció la bendita Virgen María y su Hijo le preguntó: ‗ ¿Qué


deseas, Madre mía, mi elegida?‘ Y ella contestó: ‗ ¡Ten misericordia de tu
creación, Hijo mío, por tú amor!‘ Él agregó: ‗Seré misericordioso una vez
más, por ti‘. Entonces, el Señor hablo a su esposa, diciéndole: ‗Yo soy tu
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Dios, el Señor de los ángeles. Soy Señor de la vida y de la muerte. Yo
mismo deseo habitar en tu corazón ¡Te amo tanto! Los Cielos, la tierra y
todo lo que hay en ella no me pueden contener, pero aún así deseo
habitar en tu corazón, que no es más que un pedazo de carne. ¿Qué has
de temer o qué te ha de faltar cuando tengas dentro de ti a Dios
todopoderoso, en quien se encuentra toda la bondad? 

Tiene que haber tres cosas en un corazón para que me sirva de morada:


una cama en la que podamos descansar, un asiento donde nos podamos
sentar y una lámpara que nos dé luz. Haya, pues, en tu corazón una
cama para un sereno reposo, donde puedas descansar de los bajos
pensamientos y deseos del mundo ¡Acuérdate siempre del gozo eterno! El
asiento ha de ser tu intención de permanecer conmigo, aún cuando a
veces tengas que salir. Iría contra la naturaleza que permanecieras
continuamente en pie. La persona que está siempre de pie es la que
siempre desea estar en el mundo y nunca viene a sentarse conmigo. La
luz de la lámpara ha de ser la fe, mediante la cual crees que Yo puedo
hacer cualquier cosa, que soy todopoderoso sobre todas las cosas‖.
 
Sobre cómo la esposa vio a la dulcísima Virgen María engalanada con una
corona y otros adornos de extraordinaria belleza, y sobre cómo San
Juan Bautista explicó a la esposa el significado de la corona y de las
demás cosas.

Capítulo 31
La esposa vio a la Reina de los Cielos, la Madre de Dios, luciendo una preciosa y
radiante corona sobre su cabeza, con su cabello extraordinariamente bello suelto
sobre sus hombros, una túnica dorada con destellos de un brillo indescriptible y un
manto del azul de un cielo claro y calmo. Estando la esposa colmada de maravilla
ante esta amorosa visión y manteniéndose en su encantamiento como sobrecogida
de gozo interior, se le apareció el bendito San Juan Bautista y le dijo: ―Presta
mucha atención a lo que todo esto significa. La corona representa que ella es la
Reina, Señora y Madre del Rey de los ángeles. Su cabello suelto indica que ella es
una virgen pura e inmaculada. El manto del color del cielo quiere decir que ella está
muerta a todo lo temporal. La túnica dorada significa que ella estuvo ardiente e
inflamada en el amor a Dios, tanto internamente como en el exterior.

Su Hijo le colocó siete lirios en su corona y, entre los lirios, siete piedras preciosas.
El primer lirio es su humildad; el segundo, el temor; el tercero, la obediencia; el
cuarto, la paciencia; el quinto, la firmeza; el sexto, la mansedumbre, pues Ella
amablemente da a todo el que le pide; el séptimo es su misericordia en las
necesidades, pues en cualquier necesidad que se encuentre un ser humano, si la
invoca con todo su corazón, será rescatado. Entre estos lirios resplandecientes, su
Hijo colocó siete piedras preciosas. La primera es su extraordinaria virtud,
pues no existe virtud en ningún otro espíritu ni en ningún otro cuerpo que
ella no posea con mayor excelencia.
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La segunda piedra preciosa es su perfecta pureza, pues la Reina de los Cielos es tan
pura que ni una sola mancha o pecado se ha encontrado nunca en ella desde el
principio, cuando vino al mundo por primera vez, hasta el día final de su muerte.
Todos los demonios no podrían encontrar en ella ni la mínima impureza que cupiese
en la cabeza de un alfiler. Ella fue verdaderamente pura, pues El Rey de la gloria no
podía haber estado sino en la más pura y limpia, en el vaso más selecto entre los
seres humanos. La tercera piedra preciosa fue su hermosura, para que Dios sea
constantemente alabado por la belleza de su Madre. Su hermosura llena de gozo a
los santos ángeles y a todas las almas santas.

La cuarta piedra preciosa de la corona de la Virgen Madre es su sabiduría, pues Ella


fue colmada con toda la divina sabiduría en Dios y, gracias a ella, toda la sabiduría
se completa y perfecciona. La quinta piedra es su poder, pues Ella es tan poderosa
ante Dios que puede aplastar cualquier cosa que haya sido hecha o creada. La
sexta piedra preciosa es su radiante claridad, pues ella resplandece tan clara que
aún arroja luz sobre los ángeles, cuyos ojos brillan más claros que la luz, y los
demonios no se atreven ni a mirar el brillo de su claridad.

La séptima piedra preciosa es la plenitud de todo deleite y dulzura espiritual, porque


su plenitud es tal que no hay gozo que ella no incremente ni deleite que no se haga
más pleno y perfecto por ella y por la bendita visión de ella, pues está llena y
repleta de gracia, más que todos los santos. Ella es el vaso puro en el que descansa
el pan de los ángeles yen el que se encuentra toda dulzura y belleza. Estas son las
siete piedras preciosas que colocó su Hijo entre los siete lirios de su corona. Por ello,
como esposa de su Hijo, dale honra y alábala con todo tu corazón ¡Ella es
verdaderamente digna de todo honor y alabanza!‖
 
Sobre cómo, tras el consejo de Dios, la esposa elige la pobreza para ella
y renuncia las riquezas y deseos carnales; sobre la verdad de las cosas a
ella reveladas sobre tres personas notables mostradas a ella por Cristo.

Capítulo 32

Has de ser como alguien que se desprende y, a la vez, cosecha. Tienes que
desprenderte de las riquezas y cosechar virtudes, deja estar aquello que pasará y
acumula bienes eternos, abandona las cosas visibles y hazte con lo invisible. A
cambio del placer del cuerpo, te daré la exultación de tu alma; a cambio de las
alegrías del mundo te daré las del Cielo; a cambio del honor mundano, el honor de
los ángeles; a cambio de la presencia de la familia, la presencia de Dios; a cambio
de la posesión de bienes, te me daré a mí mismo, dador y Creador de todas las
cosas. Responde, por favor, a las tres preguntas que te voy a formular: Primero
dime si quieres ser rica o pobre en este mundo‖.
 
Ella respondió: ―Señor, prefiero ser pobre, pues las riquezas me crean ansiedad y
me distraen de servirte‖. ―Dime – en segundo lugar--si has encontrado algo
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reprensible para tu mente o falso en las palabras que oyes de mi boca‖. Y ella dijo:
―No Señor, todo es razonable‖. ―Tercero, dime si el placer de los sentidos que tú
has experimentado antes te agrada más que los gozos espirituales que ahora
tienes‖. Y ella respondió: ―Me avergüenzo en mi corazón de pensar en mis
deleites anteriores y ahora me parecen como veneno, más amargo cuanto mayor
era mi deseo de ellos. Prefiero morir antes que volverá ellos; no se pueden
comparar con el deleite espiritual‖.
 
―Por lo tanto – dijo ÉL ―puedes comprobar que todas las cosas que te he dicho
son ciertas ¿Por qué, entonces, tienes miedo o estás preocupada de que yo retrase
todo lo que he dicho que se hará? ¡Ten en cuenta a los profetas, considera a los
apóstoles y a los santos doctores de la Iglesia! ¿Descubrieron ellos algo en mí
que no fuera la verdad? Es por esto que a ellos no les importó ni el mundo ni sus
deseos ¿O por qué crees que los profetas predijeron acontecimientos futuros con
tanta antelación si no hubiera sido porque Dios quiso que ellos dieran a conocer las
palabras antes que los hechos para que los ignorantes fueran instruidos en
la fe?

Todos los misterios de mi encarnación fueron dados a conocer con


antelación a los profetas, incluso la estrella que guio a los magos. Ellos creyeron
en las palabras del profeta y merecieron ver aquello en lo que habían creído, y se
les dio certeza en el momento en el que vieron la estrella. De la misma forma,
ahora mis palabras han de ser anunciadas, después vendrán los hechos y se creerá
en ellos con mayor evidencia. 
Te mostraré tres personas. Primero, la conciencia de un hombre
cuyo pecado hice manifiesto y demostré por signos evidentes ¿Por qué? ¿No
podría haberlo destruido personalmente? ¿No podría haberlo arrojado a las
profundidades en un segundo, si Yo hubiera querido? Claro que hubiera podido. Sin
embargo, lo soporto aún para la instrucción de otros y en prueba de mis palabras,
mostrando lo justo y paciente que soy y lo infeliz que es este hombre, a quien
gobierna el demonio.

El poder del demonio sobre él ha aumentado por su intención de permanecer en


pecado y por su deleite en él, con el resultado de que ni las palabras amables ni las
duras amenazas o el miedo del Gehenna (el infierno) lo pueden recuperar. Y
también en justicia, porque en tanto que él ha tenido una constante intención de
pecar, aún si no lo ha puesto en práctica, merece ser enviado al demonio por toda
la eternidad. El mínimo pecado es suficiente para condenar a quien se deleite en él
y no se arrepienta. 

Te mostraré a otros dos. El demonio atormentó el cuerpo de uno de ellos,


pero no llegó a entrar en su alma. Ensombreció su conciencia mediante sus
maquinaciones, pero no pudo entrar en su alma ni adquirir poder sobre él. Tú
puedes preguntar: ‗¿Acaso no Esla conciencia lo mismo que el alma? ¿No está él
en el alma cuando está en la conciencia?‘ Por supuesto que no. El cuerpo posee dos
ojos para ver, pero aun perdiendo el poder dela vista el cuerpo puede mantenerse

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sano. Pasa igual con el alma. Aunque el intelecto y la conciencia a veces se turban
en la confusión como medio de penitencia, aun así, el al mano siempre queda
dañada de manera que incurra en la culpa. Así pues, el demonio dominó la
conciencia de un hombre, pero no su alma. 

Te mostraré a un tercer hombre cuyo cuerpo y alma están


completamente sujetos al demonio. A menos que lo coaccione con mi poder y
gracia especial, nunca podrá ser expulsado ni salir de él. El demonio sale de algunas
personas por propia voluntad y disposición, pero de otros tan sólo sale resistiéndose
y bajo coacción. Aunque entra en algunas personas, bien debido al pecado de sus
padres o a algún oculto designio de Dios---como, por ejemplo, en niños o en los
que carecen de inteligencia---en otros entra por su infidelidad o por el pecado de
otro.

De estos últimos, el demonio sale voluntariamente cuando es expelido por


personas que conocen conjuros o el arte de expulsar demonios, siempre que no lo
hagan por vanagloria o por algún tipo de beneficio temporal, pues el demonio tiene
poder para entrar en uno que lo expulsa o para volver de nuevo a la misma
persona de la que ha sido sacado, si no hay amor de Dios en ninguno de ellos.
Nunca sale del cuerpo o el alma delos que posee completamente, excepto mediante
mi poder.

Como el vinagre, cuando se mezcla con el vino dulce, infecta la dulzura del vino y
ya no puede ser sacado de él, igualmente el demonio no sale del alma de ninguno a
quien posea, excepto mediante mi poder. ¿Qué es este vino sino el alma humana,
que fue más dulce para mí que ningún otro ser creado, y tan querida por mí que
incluso dejé que mis fibras fueran cortadas y mi cuerpo magullado hasta las costillas
por su salvación? Antes que perderla, acepté morir por ella.

Este vino fue conservado entre residuos, igual que coloqué al alma en un cuerpo
donde fue custodiado por mi voluntad como en una urna sellada. Sin embargo, el
peor vinagre se mezcló con este vino dulce, me refiero al demonio, cuya maldad es
más agria y abominable para mí que el vinagre. Por mi poder, este vinagre será
eliminado de la persona cuyo nombre te diré, de manera que pueda Yo revelar así
mi merced y sabiduría a través de él, pero mostraré mi juicio y mi justicia a través
del hombre anterior.

EXPLICACIÓN

El primer hombre fue un noble y soberbio cantante, quien acudió a Jerusalén sin el
permiso del Papa y fue atacado por el demonio (Se habla también algo de este
endemoniado en el Libro III revelación 31 y en el Libro IV, revelación 115). El
segundo endemoniado fue un monje cisterciense. El demonio lo atormentó tanto
que apenas podían sujetarlo entre cuatro hombres. Su lengua agrandada se parecía
a la de una vaca. Los grilletes de sus manos fueron hechos pedazos de forma
invisible. Este hombre fue salvado por las palabras del Espíritu Santo a través de
Doña Brígida al cabo de un mes y dos días. El tercer endemoniado era un concejal
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de Östergötland (Suecia). Cuando se le recomendó que hiciera penitencia, le dijo al
que le aconsejó: ―¿No puede el dueño de una casa sentarse donde quiera? Si el
demonio posee mi corazón y mi lengua ¿cómo puedo hacer penitencia?‖
Maldiciendo a los santos de Dios, murió esa misma noche sin los sacramentos ni la
confesión.

Advertencias del Señor a la esposa en relación con la verdadera y la falsa


sabiduría, y sobre cómo los buenos ángeles asisten a los buenos
aprendices, mientras que los demonios asisten a los malos aprendices.

Capítulo 33
Algunos de mis amigos son como estudiantes con tres características: una
inteligencia para discernir mayor de lo que es natural al cerebro; segunda, sabiduría
sin ayuda humana, tanta como yo les enseño interiormente; tercera, están llenos
de dulzura y amor divino, con los cuales derrotan al demonio.
Pero hoy en día la gente aborda sus estudios de otra manera. Primero, buscan
el conocimiento con arrogancia, para ser considerados buenos alumnos. Segundo,
buscan el conocimiento para mantener y obtener riquezas. Tercero, buscan el
conocimiento para alcanzar honores y privilegios. Por ello, cuando acudan a sus
escuelas y entren allí, me apartaré de ellos, pues estudian por orgullo, aunque Yo
les enseñé humildad.
Entran por codicia, cuando Yo no tuve ni donde reposar la cabeza. Entran para
obtener privilegios, envidiosos de que otros estén situados en lugares más altos que
ellos, mientras que Yo fui sentenciado por Pilatos y burlado por Herodes. Es por eso
que los abandono, porque no estudian mis enseñanzas. Sin embargo, como soy
bondadoso y amable, le doy a cada uno lo que pide. El que me pide pan, lo
consigue, pero al que me pide paja le doy paja.
Mis amigos piden pan, porque buscan y estudian la divina sabiduría, donde mi amor
se puede encontrar. Otros, en cambio, piden paja, es decir, sabiduría mundana.
Igual que la paja no sirve para nada y es el alimento de los animales irracionales,
igualmente no hay ningún uso en la sabiduría del mundo que persiga el alimento
del alma. No hay nada más que una pequeña reputación y esfuerzo sin sentido,
pues cuando un hombre muere, todo su conocimiento se borra de la existencia y
aquellos que la emplearon para ensalzarlo ya no lo pueden ver. Yo soy como un
gran señor con muchos sirvientes que, por mediación de su señor, distribuyen a las
personas lo que necesitan.
De esta forma, los ángeles buenos y los malos permanecen bajo mi autoridad. Los
ángeles buenos ayudan a las personas que estudian mi conocimiento, o sea, a
aquellos que me sirven, nutriéndoles de consolaciones y de disfrute en su trabajo.
Los ángeles malos asisten a los sabios del mundo. Les inspiran lo que ellos quieren
y les forman según sus deseos, inspirándoles especulaciones junto con gran
cantidad de trabajo. Aún así, si vuelven sus ojos hacia mí, podría darles el pan que
no tuvieron por su trabajo y bastante del mundo como para saciarles de lo que
nunca se pueden saciar, pues ellos mismos convierten lo dulce en amargo.

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Pero tú, esposa mía, has de ser como un queso y tu cuerpo como el molde en
donde el queso se moldea hasta que adopta la forma del molde. De esta forma, tu
alma, que es para mí tan deliciosa y sabrosa como el queso, debe ser probada y
purificada en el cuerpo el tiempo suficiente para que el cuerpo y el alma se pongan
de acuerdo y para que ambos mantengan la misma forma de continencia, de
manera que la carne obedezca al espíritu y el espíritu guíe a la carne hacia la virtud.
Instrucciones de Cristo a la esposa sobre la forma de vivir. También
sobre cómo el demonio admite ante Cristo que la esposa ama a Cristo
sobre todas las cosas; sobre la pregunta que el demonio le hace a Cristo
de por qué la ama tanto y sobre la caridad que Cristo tiene hacia la
esposa, como descubre el demonio.

Capítulo 34
Soy el Creador del Cielo y la tierra y, en las entrañas de la Virgen María, fui
verdadero Dios y hombre, que morí, resucité y ascendí a los cielos. Tú, mi nueva
esposa, has llegado a un lugar desconocido y, por ello, has de aprender cuatro
cosas: Primera, el idioma del lugar; segunda, cómo vestirte adecuadamente;
tercera, cómo organizar tundías y tu tiempo según los usos del lugar; cuarto,
acostumbrarte a una nueva alimentación. Igual que has venido de la inestabilidad
del mundo hasta la estabilidad, debes aprender un nuevo idioma, o sea, cómo
abstenerte de palabras inútiles y aún delas más legítimas, debido a la importancia
del silencio y la quietud que caiga tendrá su castigo. Pero antes que doblar mi
rodilla ante ti, me tragaría todos los castigos mientras mi boca se pudiera abrir y
cerrar en el castigo y se renovara eternamente para ser castigado de nuevo.
 
Entonces, el Señor le dijo a su esposa: ― ¡Mira qué endurecido está el príncipe del
Mundo y qué poderoso es contra mí gracias a mi oculta justicia! Ten certeza de que
podría destruirlo en un segundo por medio de mi poder, pero no le hago más daño
que aun buen ángel del cielo. Cuando llegue su tiempo, y ya se está acercando, lo
juzgaré a él ya sus seguidores. Por esto, esposa mía, ¡persevera en las buenas
obras! ¡Ámame con todo tú corazón! ¡No temas a nada más que a mí! Pues Yo soy
el Señor por encima del demonio de todo lo que existe‖.
 
Palabras de la Virgen a la esposa, explicándole su dolor en la pasión de
Cristo, y sobre cómo el mundo fue vendido por Adán y Eva y recuperado
mediante Cristo y su Madre la Virgen.

Capítulo 35

Habló María: ―Considera, hija, la pasión de mi Hijo. Sentí como si los miembros de
su cuerpo y su corazón fueran los míos. Lo mismo que los otros niños son
normalmente gestados en el útero de su madre, igual ocurrió en mí. Sin embargo,
Él fue concebido por la ferviente caridad del amor de Dios, mientras que otros son
concebidos por la concupiscencia de la carne. Así, su primo Juan dijo rectamente:
‗El Verbo se hizo carne‘. Él vino y estuvo en mí por el amor. El verbo y el amor lo
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crearon en mí. Él fue para mí como mi propio corazón y, por ello, cuando di a luz
sentí que la mitad de mi corazón había nacido y salido de mí.

Cuando Él sufría, sentía cómo sufría mi propio corazón. Cuando algo está mitad
fuera y mitad dentro, si la parte de fuera es dañada, la parte de adentro siente un
dolor parecido. De la misma manera, cuando mi Hijo fue azotado y herido, era
como si mi propio corazón estuviera siendo azotado y herido. Yo era la persona más
cercana a Él en su pasión, y nunca me separé de Él. Estuve al lado de su cruz y,
como quien está más cerca del dolor lo sufre más, así su dolor fue peor para mí que
para los demás. Cuando Él me miró desde la cruz y yo lo miré, mis lágrimas
brotaron de mis ojos como sangre de las venas.

Cuando Él me vio desbordada de dolor, se sintió tan angustiado por mi dolor que
todo el dolor de sus propias heridas se amainó al ver el dolor en mí. Por ello puedo
decir que su dolor era mi dolor y que su corazón era mi corazón. Igual que Adán y
Eva vendieron el mundo por una sola manzana, puedes decir que mi Hijo y Yo
recuperamos el mundo con un solo corazón. Así, hija mía, piensa en cómo estaba
yo cuando murió mi Hijo y así no te resultará difícil prescindir del mundo‖.
 
Respuesta del Señor a un ángel que estaba rezando, de que a la
esposase le darían padecimientos en el cuerpo y en el alma, y sobre
cómo las almas más perfectas se les dan mayores molestias.

Capítulo 36

El Señor dijo a un ángel que rezaba por la esposa de su Señor: ―Eres como un
Soldado del Señor, que nunca abandona su puesto por causa del tedio y que nunca
aparta sus ojos de la batalla por miedo. Eres tan firme como una montaña y ardes
como una llama. Eres tan limpio que no hay mancha en ti. Me pides que tenga
misericordia de mi esposa. Aunque conoces y ves todo en mí, dime, mientras ella
escucha, ¿qué tipo de misericordia estás pidiendo para ella? Al fin y al cabo la
misericordia es triple.
Está la misericordia por la cual el cuerpo es castigado y el alma apartada, como
ocurrió con mi siervo Job, cuya carne fue sujeta a todo tipo de dolores, pero cuya
alma se salvó. El segundo tipo de misericordia es aquella mediante la cual el cuerpo
y el alma son apartados, como fue el caso del rey que vivió con todo tipo de lujos, y
no sintió dolor ni en su cuerpo ni en su alma mientras estuvo en el mundo. El tercer
tipo de misericordia es la que hace que cuerpo y alma sean castigados, con el
resultado de que ambos experimentan angustias en su cuerpo y dolor en su
corazón, como es el caso de Pedro, Pablo y otros santos.
Hay tres estados para los seres humanos en el mundo. El primer estado es el de
aquellos que caen en pecado y se levantan de nuevo. Algunas veces permito que
estas personas experimenten angustia en su cuerpo para que se salven. El segundo
estado es el de aquellos que viven siempre con el objetivo de pecar siempre. Todos
sus deseos se dirigen al mundo. Si hacen algo por mí, muy de cuando en cuando, lo

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hacen con la esperanza de conseguir beneficios temporales de engrandecimiento y
prosperidad.
A estas personas no se les dan muchos dolores de cuerpo ni de corazón. Les dejo
que sigan con su poder y deseos, porque ellos recibirán aquí su recompensa hasta
por el mínimo bien que hayan hecho por mí, pues les espera un castigo eterno,
tanto como eterna es su voluntad de pecar. El tercer estado es el de aquellos que
tienen más miedo de pecar contra mí y de contrariar mi voluntad que del castigo en
sí. Antes elegirían el insoportable castigo eterno que provocar conscientemente mi
enojo. A estas personas se les dan tribulaciones en el cuerpo y en el corazón, como
es el caso de Pedro, de Pablo, y de otros santos, de forma que corrijan sus
transgresiones en este mundo. También son castigados durante cierto tiempo para
merecer una gloria mayor o como ejemplo para otros. He explicado esta triple
misericordia a tres personas de este reino cuyos nombres tú conoces.
Así pues, ángel y siervo mío, ¿qué tipo de misericordia pides para mi esposa?‖ Y él
dijo: ―Misericordia de cuerpo y alma, para que ella pueda enmendar sus
transgresiones en este mundo y ninguno de sus pecados se someta a tu juicio‖. El
Señor respondió: ― ¡Hágase según tu voluntad!‖. Entonces, se dirigió a la
esposa: ―Eres mía y haré contigo lo que yo quiera. ¡No ames a nada más que a
mí! Purifícate constantemente del pecado en todo momento, según el consejo de
aquellos a quienes te he encomendado. ¡No ocultes ningún pecado! No dejes que
quede nada sin examinar ¡No pienses que ningún pecado es leve o sin importancia!
Cualquier cosa que pases por alto Yo te la recordaré y juzgaré. Ningún pecado tuyo
será juzgado por mí sí ha sido expiado en esta vida mediante tu penitencia.
Aquellos pecados por los cuales no se haya hecho penitencia serán purgados, bien
en el purgatorio o por medio de alguno de mis juicios secretos, si aún no
se ha reparado aquí en la tierra‖.
 
Palabras de la Madre a la esposa describiendo la excelencia de su Hijo;
sobre cómo Cristo es ahora crucificado más duramente por sus enemigos,
los malos cristianos, que por los judíos, y sobre cómo, en consecuencia,
esas personas recibirán un castigo más duro y amargo.

Capítulo 37

La Madre dijo: ―Mi Hijo tuvo tres bondades. La primera fue que nadie tuvo jamás
un cuerpo tan refinado como Él, al tener Él dos naturalezas perfectas, una divina y
otra humana. Él fue tan puro que, igual que no se puede encontrar ni una mota en
un ojo cristalino, ni una sola deformidad podía hallarse en su cuerpo. La segunda
bondad fue que Él nunca pecó. Otros niños, a veces, cargan con los pecados de sus
padres, además de los suyos propios. Este niño, que nunca pecó, cargó con los
pecados de todos. La tercera bondad fue que, mientras que algunas personas
mueren por Dios y por una mayor recompensa, Él murió tanto por sus enemigos
como por mí y sus amigos.

Cuando sus enemigos lo crucificaron, le hicieron cuatro cosas. En primer lugar, lo


coronaron de espinas. En segundo lugar, clavaron sus manos y pies. Tercero, le
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dieron hiel para beber y, cuarto, traspasaron su costado. Pero mi dolor es que sus
enemigos, que ahora están en el mundo, crucifican a mi Hijo más duramente de lo
que lo hicieron los judíos. Aunque podrías decir que Él no puede sufrir y morir
ahora, aún lo crucifican a través de sus vicios. Un hombre puede lanzar insultos e
injurias sobre la imagen de un enemigo suyo y, aunque la imagen no sintiera el
daño, el perpetrador sería acusado y sentenciado por su maliciosa intención de
injuriar.

Igualmente, los vicios por los que crucifican a mi Hijo, en un sentido espiritual, son
más abominables y más serios para Él que los vicios de quienes lo crucificaron en el
Cuerpo. Pero puedes preguntar ‗ ¿Cómo lo crucifican?‘ Bien, primero lo colocan
sobre la cruz que han preparado para Él. Esto es, cuando no tienen en cuenta los
preceptos de su Creador y Señor. Después lo deshonran cuando Él les advierte, a
través de sus siervos, que han de servirle, y ellos desoyen las advertencias y hacen
lo que les apetece.
Crucifican su mano derecha confundiendo justicia e injusticia al decir: ‗El pecado no
es tan grave ni odioso para Dios como se dice, ni Dios castiga a nadie para siempre
sino que sus amenazas son para asustarnos.

¿Por qué habría de redimirnos si quisiera que muriésemos?‘ Ellos no consideran que
Hasta el más mínimo pecado, en el que una persona se deleite, es suficiente para
entregarle a él o a ella al castigo eterno. Puesto que Dios no deja ni que el más
mínimo delos pecados quede sin castigo, ni el mínimo bien sin recompensa, ellos
serán castigados siempre que mantengan la intención constante de pecar y mi Hijo,
que ve sus corazones, cuenta eso como un acto. Pues si mi Hijo se lo permitiera,
ellos obrarían según sus intenciones.

Crucifican su mano izquierda convirtiendo la virtud en vicio. Quieren continuar


pecando hasta el fin, diciendo: ‗Si, al final, una vez, decimos ―¡Dios, ten
misericordia de mí!‖, la misericordia de Dios es tan grande que el nos perdonará‘. El
querer pecar sin-enmendarse, querer la recompensa sin luchar por ella, no es
virtud, a menos que haya algo de contrición en su corazón o a menos que la
persona desee realmente enmendar su camino, siempre que no se lo impida una
enfermedad o cualquier otra condición.

Crucifican sus pies complaciéndose en el pecado, sin pensar ni una sola vez en el
amarguísimo castigo de mi Hijo, ni darle las gracias de corazón, diciendo: ‗¡Señor,
qué amargamente has sufrido! ¡Alabado seas por tu muerte!‘ Tales palabras nunca
sale de sus labios. Lo coronan con una corona de irrisión al burlarse de sus siervos y
considerar inútil su servicio. Le dan hiel a beber cuando se regodean y complacen
en pecar. Nunca sienten en el corazón lo serio y múltiple que es el pecado. Le
traspasan el costado cuando tienen la intención de perseverar en el pecado. 

Te digo en verdad, y se lo puedes decir a mis amigos, que para mi Hijo es
aspersonas son más injustas que aquellos que lo sentenciaron, peores enemigos
que aquellos que lo crucificaron, más faltos de vergüenza que quienes lo vendieron.
A ellos les espera mayor castigo que a los otros. De hecho, Pilatos supo muy bien
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que mi Hijo no había pecado y que no merecía la muerte. Sin embargo, por temor a
perder el poder temporalmente y por la insistencia de los judíos, aún reacio, tuvo
que sentenciar a muerte a mi Hijo. ¿Qué temerían estas personas si lo sirvieran? ¿O
qué honor o privilegio perderían si lo honrasen?

Ellos recibirán, pues, una más dura sentencia, por ser peores que Pilatos en la
consideración de mi Hijo. Pilatos lo sentenció por temor, sometiéndose a la petición
e intenciones de otros. Estas personas lo sentencian por su propio beneficio y sin
temor alguno, deshonrándolo por el pecado del que podrían abstenerse, si así lo
quisieran. Pero ellos no se abstienen de pecar ni se avergüenzan de haber cometido
pecados, pues no toman en consideración que no merecen ni la mínima
consideración de aquél a quien ellos no sirven. Son peores que Judas, pues Judas,
después de haber traicionado al Señor, reconoció que Jesús era el mismo Dios y
que él había pecado gravemente contra Él.

Se desesperó, sin embargo, y se precipitó hasta el infierno, pensando que ya no


merecía vivir. Pero estas personas reconocen su pecado y, aun así, perseveran en él
sin arrepentimiento en sus corazones. Más bien, desean arrebatarle a Dios el reino
de los cielos por una especie de fuerza y violencia, creyendo que lo pueden
conseguir, no por sus hechos sino por una vana esperanza, vana porque no se le
dará a nadie más que a los que trabajan y hacen algún sacrificio para el Señor. Son
peores que los que lo crucificaron. Cuando vieron las buenas obras de mi Hijo,
como la resurrección de la muerte o la curación de leprosos, pensaron en sus
adentros: ‗Este obra maravillas inauditas e inusitadas, superando a todos a
voluntad con sólo una palabra, conociendo nuestros pensamientos, haciendo todo lo
que desea.

Si continúa así, tendremos que someternos a su poder y hacernos siervos suyos‘.


Por ello, en lugar de someterse Él, lo crucifican con su envidia. Pero si supieran que
Él es el Rey de la Gloria nunca lo habrían crucificado. Por otro lado, estas personas
ven cada día sus grandes obras y milagros y se aprovechan de su bondad.
Escuchan cómo tienen que servirlo y se acercan a Él, pero en sus adentros piensan:
‗Sería duro e insoportable renunciar a nuestros bienes temporales para hacer su
voluntad y no la nuestra ‘Por ello, desprecian la voluntad de Él, colocan por encima
sus deseos egoístas y crucifican a mi Hijo por su terquedad, acumulando pecado
sobre pecado contra su propia conciencia.

Son peores que sus verdugos, pues los judíos actuaron por envidia y porque no
sabían que Él era Dios. Estos, sin embargo, saben que es Dios y, por maldad, por
presunción y codicia, lo crucifican en un sentido espiritual más duramente que los
que crucificaron físicamente su cuerpo, pues estas personas ya han sido redimidas y
aquellos aún no lo eran. ¡Así pues, esposa, obedece y teme a mi Hijo, pues todo lo
que tiene de Misericordioso lo tiene también de justo!‖

Agradable diálogo de Dios Padre con el Hijo; sobre cómo el Padre le dio al
Hijo una nueva esposa; acerca de cómo el Hijo la tomó gustosamente

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para sí y cómo el Esposo enseña a la esposa sobre la paciencia y
la simplicidad mediante una parábola.
Capítulo 38

El Padre le dijo al Hijo: ―Acudí con amor a la Virgen y recibí de Ella tu verdadero
Cuerpo. Tú, por tanto, estás en mí y Yo en ti. Igual que el fuego y el calor
nunca están separados, así de imposible es separar tus naturalezas divina y
humana‖. El Hijo respondió: ― ¡Gloria y honor para ti, Padre! ¡Hágase tu voluntad
en mí y la mía en ti!‖ El Padre, por su parte, agregó: ―Mira, Hijo mío, te confío
esta nueva esposa como un cordero que ha de ser guiado y alimentado. Como un
pastor, entonces, has de procurarle queso para comer, leche para beber y lana para
vestir. En cuanto a ti, esposa, tienes que obedecerle. Tienes tres deberes: has de
ser paciente, obediente y alegre‖.

 Entonces, el Hijo le dijo el Padre: ―Tu voluntad viene con poder, tu poder con
Humildad, tu humildad con sabiduría, tu sabiduría con misericordia ¡Que tu
voluntad, que es y siempre será sin principio ni fin, se haga en mí! A ella le abriré
las puertas de mi amor, en tu poder y en la guía del Espíritu Santo, al ser nosotros
no tres dioses sino un solo Dios‖. Entonces, el Hijo le dijo a su esposa: ―Has oído
cómo el Padre te ha confiado a mí como un cordero. Por ello, has de ser simple y
paciente como un cordero y producir alimento y vestido.

Hay tres grupos de personas en el mundo. El primero está completamente


desnudo, el segundo sediento y el tercero hambriento. Los primeros equivalen a la
fe de mi Iglesia, que está desnuda porque todos se avergüenzan de hablar sobre la
fe y mis mandamientos. Y si alguien habla, se le desprecia y se le llama mentiroso.
Mis palabras, procedentes de mi boca, han de vestir esta fe como la lana. Igual que
la lana crece en el cuerpo de la oveja mediante el calor, así mis palabras han de
entrar en tu corazón a través del calor de mis naturalezas divina y humana. Ellas
vestirán mi santa fe en, el testimonio de verdad y sabiduría, y demostrarán que lo
que ahora se considera insignificante es verdadero. Como resultado, las personas
que hasta ahora han sido tibias sobre el vestir su fe en obras de amor se
convertirán cuando oigan mis palabras de amor y serán reencendidas para
hablar con fe y actuar con coraje.

El segundo grupo equivale a aquellos amigos míos que poseen un sediento deseo
de ver mi honor repuesto y se apenan cuando soy deshonrado. La dulzura que
sienten con mis palabras los embriagará con un mayor amor por mí y, junto a ellos,
otros, que ahora están muertos, se reencenderán en mi amor, cuando oigan sobre
la misericordia que he demostrado con los pecadores. El tercer grupo de personas
son aquellos que, en su corazón, piensan así: ‗Si al menos supiéramos – Dicen---
la voluntad de Dios y de qué manera hemos de vivir y si al menos se nos enseñara
la forma correcta de vivir, con mucho gusto haríamos lo que pudiéramos‘. Estas
personas están hambrientas de conocer mi camino, pero nadie los satisface, pues
nadie les muestra exactamente lo que han de hacer. Aún si alguien se lo muestra,
nadie vive de acuerdo a ello. Por tanto, las palabras parecen estar como muertas
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para ellos, pues nadie vive de acuerdo a ellas. Por eso, Yo directamente les
mostraré lo que han de hacer y los colmaré de mi dulzura.

Las cosas temporales, que parecen las más ansiadas por todos ahora, no pueden
satisfacer a la naturaleza humana sino más bien avivar el deseo de buscar más y
más cosas. Mis palabras y mi amor, sin embargo, satisfacen a los hombres y los
colman de abundante consolación. Por eso tú, esposa mía, que eres una de mis
ovejas, cuídate de mantener la paciencia y la obediencia. Eres mía por derecho y,
por ello, has de seguir mi voluntad. Una persona que desea seguir la voluntad de
otro hace tres cosas: primero, tiene el mismo pensamiento que el otro; segundo,
actúa de forma similar; tercero, se mantiene alejada de los enemigos del otro.
¿Quiénes son mis enemigos sino el orgullo y cada uno de los pecados? Por ello,
mantente alejada de ellos si deseas seguir mi voluntad.
 
Sobre cómo la fe, la esperanza y la caridad se hallaron perfectamente en
Cristo en el momento de su muerte y deficientemente en nosotros.

Capítulo 39

Yo tuve tres virtudes en mi muerte. Primero, fe, cuando doblé mis rodillas y recé,
sabiendo que el padre podía librarme de mi sufrimiento. Segundo, esperanza,
cuando perseveré resueltamente diciendo: ‗No se haga mi voluntad‘. Tercero,
caridad, cuando dije: ‗¡Hágase tu voluntad!‘ También padecí agonía física debido al
temor natural a sufrir, y un sudor de sangre emanó de mi cuerpo. Por ello,
para que mis amigos no teman ser abandonados cuando les llegue el momento
de la prueba, Yo les demostré en mí que la débil carne siempre trata de escapar del
dolor. Podrías preguntar, quizá, cómo fue que mi cuerpo segregó un sudor de
sangre.

Bien, de la misma forma en que la sangre de una persona enferme se reseca y se


consume en sus venas, mi sangre se consumió por la angustia natural de la
muerte. Queriendo mostrar la manera en la que el Cielo se abriría y cómo las
personas podrían entrar en él después de su exilio, el Padre amorosamente me
entregó a mi pasión para que mi cuerpo fuera glorificado una vez que la pasión se
hubiera consumado. Porque mi naturaleza humana no podía simplemente entrar en
su gloria sin sufrir, pese a que Yo fui capaz de hacerlo mediante el poder de mi
naturaleza divina.
 
¿Por qué, entonces, las personas con poca fe, vanas esperanzas y sin amor
merecerían entrar en mi gloria? Si tuvieran fe en el gozo eterno y en el
terrible castigo, no desearían nada más que a mí. Si ellos realmente creyeran
que yo veo todas las cosas y tengo poder sobre todas las cosas, y que Yo exijo un
juicio para cada uno, el mundo les resultaría repugnante, y no osarían pecar en mi
presencia, por temor a mí y no a la opinión humana. Si tuvieran una firme
esperanza, todo su pensamiento y entendimientos dirigiría hacia mí. Si tuvieran
amor divino, sus mentes pensarían al menos sobre lo que hice por ellos, los

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esfuerzos que hice al predicar, el dolor que padecí en mi pasión, el gran amor que
tuve al morir, tanto que preferí morir antes que perderlos.

Pero su fe es débil y vacilante, apuntando a una caída fulminante, porque están


dispuestos a creer cuando están ausentes los impulsos de la tentación, pero pierden
confianza cuando se topan con la adversidad. Su esperanza es vana, porque
esperan que su pecado sea perdonado sin un juicio y sin una correcta sentencia.
Confían en que pueden conseguir el Reino de los Cielos gratuitamente. Desean
recibir mi misericordia sin la moderación de la justicia. Su amor hacia mí es frío,
pues nunca se ponen a buscarme ardientemente a menos que se sientan forzados
por la tribulación.

¿Cómo me voy a compadecer de las personas que ni sostienen una fe recta ni una
firme esperanza ni una ferviente caridad hacia mí? Por ello, cuando me imploren y
digan‗¡Señor, ten piedad de mí!‘ no merecerán ser oídos ni entrar en mi gloria.
Si no quieren acompañar a su Señor en el sufrimiento no lo acompañarán en la
gloria. Ningún soldado puede complacer a su señor y ser bien recibido de nuevo
después de un desliz, a menos que primero se humille para reparar su ofensa.

Palabras en las que el Creador plantea tres preguntas de Gracia a


su esposa: la primera sobre la servidumbre del marido y la dominación
de la mujer; la segunda sobre el trabajo del esposo y el gasto de la
esposa; la tercera sobre el Señor despreciado y el sirviente ensalzado
.
Capítulo 40

Yo soy tu Creador y Señor. Respóndeme a tres preguntas que te voy a plantear.


¿Cuál es la situación en una casa en la que la esposa está vestida como una gran
señora y el esposo como un sirviente? ¿Es eso correcto? Ella respondió int
eriormente en su conciencia: ―No, mi Señor, eso no está bien‖ Y el Señor dijo:
―Yo soy el Señor de todas las cosas y el Rey de los ángeles. Yo he vestido a mi
servidor, es decir, a mi naturaleza humana, tan solo con vistas a la utilidad y a la
necesidad. No he deseado nada del mundo, aparte del somero alimento y vestido.
Tú, sin embargo, que eres mi esposa, quieres igualarte a una gran señora, con
riquezas y honores, ser ensalzada. ¿Cuál es el beneficio de todo ello? Todas las
cosas son vanidad y todas las cosas tienen que ser abandonadas. La humanidad no
ha sido creada para esa frivolidad sino para poseer lo que necesita la naturaleza.

El orgullo ha inventado lo superfluo, que ahora se mantiene y se desea como lo


normal. En segundo lugar, dime, ¿es correcto que el marido trabaje desde la
mañana hasta la noche mientras su mujer se gasta en una hora todo lo que él ha
conseguido con su esfuerzo? Ella contestó: ―No es correcto. Al contrario, la esposa
debe vivir y actuar siguiendo la voluntad de su esposo‖. Y el Señor dijo: ―He
obrado como el hombre que trabaja de la mañana a la noche. He trabajado desde
mi juventud hasta el momento de mi sufrimiento, mostrando el camino hacia el
Cielo, predicando y poniendo en práctica lo que predicaba.

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La esposa, o sea, el alma humana, que debería ser como mi mujer, se gasta todo
mi salario en vivir lujosamente. Como resultado, de nada de lo que he hecho se
puede beneficiar, ni encuentro en ella virtud alguna en la que recrearme. Tercero,
dime, ¿no es erróneo y detestable para el señor del hogar ser despreciado y para el
sirviente ser ensalzado? Y ella dijo: ―Sí, así es, bien cierto‖. El Señor dijo: ―Yo soy
el Señor de todas las cosas. Mi hogar es el mundo. Todos los miembros de la
humanidad deberían estar a mi servicio. Sin embargo, Yo, el Señor, ahora soy
despreciado en el mundo, mientras que la humanidad es ensalzada. Por lo tanto,
tú, a quien Yo he elegido, cuídate de cumplir mi voluntad, porque ¡todo en el
mundo no es más que una brisa marina y un falso sueño!‖.
 
Palabras del Creador, en presencia de la Corte Celestial y de su esposa,
en las que se queja de los cinco hombres que representan al papa y a
sus clérigos, los laicos corruptos, los judíos y los paganos. También sobre
la ayuda enviada a sus amigos, que representan a toda la humanidad y
sobre la dura condena de sus enemigos.

Capítulo 41
Yo soy el Creador de todas las cosas. Nací del Padre antes de que existiera Lucifer.
Existo inseparablemente en el Padre y el Padre en mí y hay un Espíritu en ambos.
Por consiguiente, hay un Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y no tres dioses. Yo
soy el que le hizo la promesa de la herencia eterna a Abraham y conduje a mi
pueblo fuera de Egipto a través de Moisés. Yo soy el que habló a través de los
profetas. El padre me puso en el vientre de la Virgen, sin separarse de mí,
permaneciendo conmigo inseparablemente para que la humanidad, que ha
abandonado a Dios, pueda retornar a Dios a través de mi amor.

Ahora, sin embargo, en vuestra presencia, Corte Celestial, pese a que veis y sabéis
todo de mí, por el bien del conocimiento y la instrucción de esta desposada mía,
que no puede percibir lo espiritual sino es por medio de lo físico, yo declaro mi pesar
ante vosotros en relación de los cinco hombres aquí presentes, por ser ellos
ofensivos para mí de muchas maneras.

De la misma forma que yo, en una ocasión, incluí a todo el pueblo israelita en el
nombre de Israel en la Ley, ahora mediante estos cinco hombres me refiero a todos
en el mundo. El primer hombre representa al líder de la Iglesia y sus sacerdotes; el
segundo, a los laicos corruptos, el tercero a los judíos, el cuarto a los paganos y el
quinto a mis amigos. En lo que a ti respecta, judío, he hecho una excepción con
todos los judíos que son cristianos en secreto y que me sirven en caridad sincera,
conforme a la fe y en sus trabajos perfectos en secreto. En relación a ti, pagano, he
hecho una excepción con todos aquellos que con gusto caminarían por la senda de
mis mandamientos si tan solo supieran cómo y si fueran instruidos, los que tratan
de poner en práctica todo lo que pueden y de lo que son capaces. Éstos, no serán
de ninguna manera sentenciados con vosotros.

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Ahora declaro mi disgusto contigo, cabeza de mi Iglesia, tú que te sientas en mi
asiento. Le concedí este asiento a Pedro y a sus sucesores para que se sentaran con
una triple dignidad y autoridad: primero, para que pudieran tener el poder de atar y
desatar a las almas del pecado; segundo, para que pudieran abrirle el Cielo a los
penitentes; tercero, para que cerraran el Cielo a los condenados y a aquellos que
me desprecian. Pero tú, que deberías estar absolviendo almas y presentándomelas,
eres realmente un asesino de almas. Designé a Pedro como el pastor y el sirviente
de mis ovejas, pero tú las disipas y las hieres, eres peor que Lucifer.

Él tenía envidia de mí y no persiguió matar a nadie más que a mí, de forma que
pudiera él gobernar en mi lugar. Pero tú eres lo peor en que, no sólo me matas al
apartarme de ti por tu mal trabajo sino que, también, matas a las almas debido a tu
mal ejemplo. Yo redimí almas con mi sangre y te las encomendé como a un amigo
fiable. Pero tú se las devuelvas al enemigo del que yo las redimí. Eres más injusto
que Pilatos. Él tan sólo me condenó a muerte. Pero tú no sólo me condenas como si
yo fuese un pobre hombre indigno, sino que también condenas a las almas de mis
elegidos y dejas libres a los culpables. Mereces menos misericordia que Judas. Él
tan solo me vendió. Pero tú, no solo me vendes a mí, sino que también vendes a
las almas de mis elegidos en base a tu propio provecho y vana reputación. Tú eres
más abominable que los judíos. Ellos tan sólo crucificaron mi cuerpo, pero tú
crucificaste y castigaste a las almas de mis elegidos para quienes tu maldad y
trasgresión son más afiladas que una espada.

Así, puesto que eres como Lucifer, más injusto que Pilatos, menos digno de
misericordia que Judas y más abominable que los judíos, mi enfado contigo
está justificado. El Señor dijo al segundo hombre, es decir, al que
representa a los laicos: ―Yo creé todas las cosas para tu uso. Tú me diste tu
consentimiento a mí y Yo a ti. Tú me prometiste tu fe y me juraste que me
servirías. Ahora, sin embargo, te has apartado de mí como alguien que no conoce a
Dios. Te refieres a mis palabras como mentiras y a mis trabajos como carentes de
sentido. Tú dices que mi voluntad y mis mandamientos son muy duros. Has violado
la fe que prometiste. Has roto tu juramento y has abandonado mi Nombre. 

Te has disociado a ti mismo de la compañía de mis santos y te


has integrado en la compañía de los demonios, haciéndote socio suyo. Tú no
crees que ninguno merezca alabanza y honor salvo tú mismo. Consideras difícil
todo lo que tiene que ver conmigo y lo que estás obligado a hacer por mí, mientras
que las cosas que te gusta hacer son fáciles para ti. Es por esto que mi enfado
contigo está justificado, porque tú has quebrado la fe que me prometiste en el
bautismo y en adelante. Encima, me acusas de mentir sobre el amor que te he
mostrado de palabra y de hecho. Dices que yo era un loco por sufrir‖.
 
Al tercer hombre, es decir al representante de los judíos, le dijo: ―Yo comencé mi
amoroso idilio contigo. Te elegí como mi pueblo, te libré de la esclavitud, te di Mi
Ley, te conduje hasta la Tierra que les había prometido a tus padres y te envié
profetas que te consolarán. Después, elegí una Virgen de entre vosotros y tomé de

58
ella naturaleza humana. Mi disgusto contigo es que aun rehúsas creer en mí,
diciendo: Cristo no ha venido todavía sino que tiene que venir. 
El Señor dijo al cuarto hombre, es decir a los paganos: ―Yo te creé y te redimí para
que fueras cristiano. Hice contigo todo el bien. Pero tú eres como alguien que está
fuera de sus sentidos, porque no sabes lo que haces. Eres como un ciego, porque
no sabes hacia dónde te diriges. Adoras a las criaturas en lugar de al Creador, a la
falsedad en lugar de a la verdad. Te arrodillas ante las cosas que son inferiores a ti.
Esta es la causa de mi disgusto en relación a ti‖. Al quinto hombre le dijo: ―
¡Acércate más, amigo!‖ Y se dirigió directamente a la Corte Celestial: ―Queridos
amigos, este amigo mío representa a mis muchos amigos. Él es como un hombre
cercado entre los corruptos y mantenido en un duro cautiverio. Cuando dice la
verdad le arrojan piedras en la boca. Cuando hace algo bueno, le clavan una lanza
en el pecho. ¡Ay, mis amigos y santos! ¿Cómo puedo soportar a esas personas y
cuánto tiempo me mantendré con semejante desprecio?‖.
 
San Juan Bautista respondió: ―Eres como un espejo inmaculado. Vemos y
sabemos todas las cosas en ti como en un espejo, sin necesidad de palabras. Eres
la dulzura incomparable en la que saboreamos todo lo bueno. Eres como la más
afilada de las espadas y un Juez justo‖. El Señor le respondió: ―Amigo mío, lo que
has dicho es cierto. Mis elegidos ven toda la bondad y justicia en mí. Aún los
espíritus diabólicos lo hacen, aunque no en la luz sino en su propia conciencia.
Como un hombre en prisión, que se aprendió las letras y aún las conoce cuando se
encuentra en la oscuridad y no las ve, los demonios, pese a que no ven mi justicia a
la luz de mi claridad, aun así, conocen y ven en su conciencia. Yo soy como una
espada que corta en dos. Le doy a cada persona lo que él o ella merecen.
Entonces, el Señor agregó, hablando al Bienaventurado Pedro: ―Tú eres
el fundador de la fe y de mi Iglesia. Mientras lo escucha mi Ejército, ¡declara la
sentencia de estos cinco hombres!‖.
 
Pedro contestó: ―¡Gloria y honor para Ti, Señor, por el amor que has demostrado a
la tierra! ¡Que toda tu Corte te bendiga, porque Tú nos haces ver y saber en Ti todo
lo que es y lo que será! Vemos y sabemos todo en Ti. Es verdaderamente justo que
el primer hombre, el que se sienta en tu asiento mientras que realiza los hechos de
Lucifer, vergonzosamente deba renunciar a ese asiento en el que presumió
sentarse y compartir el castigo de Lucifer. La sentencia del segundo hombre es que
aquél que haya abandonado la fe debe descender al infierno con la cabeza abajo y
los pies arriba, por haberte despreciado a Ti, que deberías ser su cabeza y por
haberse amado a sí mismo. La sentencia del tercero es que no verá Tu rostro y será
condenado por su perversidad y avaricia, puesto que los que no creen no merecen
contemplar la visión de Ti. 

La sentencia del cuarto es que debería ser encerrado y confinado en la os
curidad, como un hombre fuera de sus sentidos. La sentencia del quinto es que
deberá serle enviada ayuda‖ Cuando el Señor oyó esto, respondió: ―Prometo por
Dios, el Padre, cuya voz oyó Juan el Bautista en el Jordán, que haré justicia a
estos cinco.
 
59
Después, el Señor continuó, diciendo al primero de los cinco hombres: ―La espada
de mi severidad atravesará tu cuerpo, entrando desde lo alto de tu cabeza y
penetrando tan profunda y firmemente que nunca podrá ser sacada. Tu asiento se
hundirá como una piedra pesada y no cesará hasta que alcance la parte más baja
de las profundidades. Tus dedos, es decir, tus consejeros, arderán en un fuego
sulfuroso e inextinguible. 

Tus brazos, es decir, tus vicarios, que debieran de haber conseguido


el beneficio delas almas, pero que en su lugar consiguieron provechos mundanos
y honores, serán sentenciados al castigo del que habla David: ‗Que sus hijos
queden huérfanos y su mujer viuda, que los extraños le arrebaten su propiedad‘.
¿Qué significa ‗su mujer ‘sino el alma que ha sido separada de la gloria del Cielo y
que quedará viuda de Dios? ‗Sus hijos‘, es decir, las virtudes que aparentaron
poseer y mi gente sencilla, aquellos que se les sometieron, serán apartados de
ellos. Su rango y propiedad caerá en manos de otros, y ellos heredarán la
eterna vergüenza en lugar de su rango privilegiado.

Sus mitras se hundirán en el barro del infierno y ellos mismos nunca se levantarán
de él. Por ello, lo mismo que el honor y el orgullo que alcanzaron sobre otros aquí
en la tierra, se hundirán en el infierno tan profundamente, más que los demás, que
les será imposible levantarse. Sus extremidades, o sea, todos los sacerdotes
aduladores que les secunden, serán separados de ellos y aislados, igual que una
pared que se derrumba, en la que no quedará piedra sobre piedra y el cemento ya
no se adherirá a las piedras. La misericordia nunca les llegará, porque mi amor
nunca les calentará ni les repondrá en la eterna Mansión Celestial. En su lugar,
despojados de todo bien, serán eternamente atormentados junto a sus líderes.

Al segundo hombre, Yo le digo: Dado que tú no quieres mantenerte en la


fe que me prometiste ni manifestar amor hacia mí, te enviare un animal
que procederá del torrente impetuoso para devorarte. Y, lo mismo que
un torrente siempre corre hacia abajo, así el animal te llevara a las partes
más bajas del infierno. Tan imposible como es para ti viajar corriente
arriba contra un torrente impetuoso, igual de difícil será para ti ascender
desde el infierno.

Al tercer hombre, le digo: ‗Ya que tú, judío, no quieres creer que Yo ya he venido,
por ello, cuando vuelva para el segundo juicio, no me verás en mi gloria sino en tú
conciencia, y comprobarás que todo lo que te dije era verdad. Entonces ahí quedará
que seas castigado como mereces‘. Al cuarto hombre, le digo: ‗Como no te has
ocupado de creer ni has querido saber, tu propia oscuridad será tu luz y tu corazón
será iluminado para que comprendas que mis juicios son verdaderos pero, sin
embargo, tú no alcanzarás la luz‘.
 
Al quinto hombre, le digo: ‗Haré tres cosas por ti. Primero, te llenaré internamente
De mi calor. Segundo, haré que tu boca sea más fuerte y más firme que cualquier
piedra, de modo que las piedras que te arrojen serán rebotadas. Tercero, te armaré
60
con mis armas, de forma que ninguna lanza te dañará sino que todo cederá ante ti
como la cera frente al fuego.

Por tanto, ¡hazte fuerte y resiste como un hombre! Como un soldado que,
en la guerra, espera la ayuda de su Señor y lucha mientras le quedan fluidos de
vida, así también tú, ¡mantente firme y lucha! El Señor, tu Dios, aquél a quien nadie
puede resistir, te ayudará. Y, como vosotros sois pocos en número, os daré honor y
os convertiré en muchos. Mirad, amigos míos, veis estas cosas y las reconocéis en
Mí y, por ello, se mantienen ante mí‘. Las palabras que ahora he pronunciado se
cumplirán. Aquellos hombres nunca entrarán en mi Reino mientras yo sea el Rey, a
menos que enmienden sus caminos. Porque el Cielo no será sino para aquellos que
se humillan a sí mismos y hacen penitencia‖. Entonces, toda la corte respondió:
―¡Gloria a Ti, Señor Dios, que no tienes principio ni fin!‖.
 
Palabras de la Virgen aconsejando a la esposa cómo tiene que amar a su
Hijo sobre todas las cosas, y sobre cómo cada virtud y gracia está
contenida en la Virgen gloriosa.

Capítulo 42
La Madre habló: ―Yo tenía tres virtudes por las cuales agradé a mi Hijo. Tenía tanta
Humildad que ninguna criatura, ni ángel ni ser humano, era más humilde que yo.
En segundo lugar, yo tenía obediencia, por la cual me esforcé en obedecer a mi Hijo
en todas las cosas. En tercer lugar, tenía una gran caridad. Por esta razón he
recibido un triple honor de mi Hijo. Primero, se me dio más honor que a los ángeles
y los hombres, de forma que no hay virtud en Dios que no irradie de mí, pese a que
Él es la fuente y el Creador de todas las cosas. Pero yo soy la criatura a la que Él ha
garantizado la Gracia principal en comparación con las demás.

Segundo, en razón de mi obediencia he adquirido tal poder que no hay


pecador, por manchado que esté, que no reciba el perdón si se vuelve a mí con
propósito de enmienda y corazón contrito. Tercero, en razón de mi caridad,
Dios se ha acercado tanto a mí que cualquiera que vea a Dios me ve a mí, y
cualquiera que me vea puede ver la naturaleza divina y humana en mí y a mí en
Dios, como si fuera un espejo. Porque quien vea a Dios ve tres personas en Él, y
quien me vea a mí me ve como si fuera tres personas. Porque Dios me ha asido
en alma y cuerpo a Sí Mismo y me ha colmado de toda virtud, de manera
que no hay virtud en Dios que no brille en mí, pese a que Dios es el Padre y el
dador de todas las virtudes. Como si se tratara de dos cuerpos conjuntados --uno
recíbelo que recibe el otro--así ha hecho Dios conmigo. No existe dulzura que no
esté en mí.
Es como alguien que tiene una nuez y comparte un trozo con otra persona. Mi
alma y cuerpo son más puros que el sol y más limpios que un espejo.
Por ello, igual que las Tres Personas se verían en un espejo si se situaran
frente a él, así el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo pueden verse en mi
pureza. Una vez tuve a mi Hijo en el vientre junto a su Naturaleza Divina. Ahora Él
ha de verse en mí con sus dos naturalezas, Divina y Humana, como en un espejo,
61
porque yo he sido glorificada. Por ello, esposa de mi Hijo, procura imitar mi
humildad y no ames a nada más que a mi Hijo‖.
 
Palabras del Hijo a la esposa sobre cómo las personas se elevan de
un pequeño bienal bien perfecto y se hunden de un pequeño mal al
mayor castigo.

Capítulo 43

El Hijo dijo: ―A veces surge un gran beneficio a partir de un pequeño bien. La


Palmera posee un olor maravilloso y dentro de su fruto, el dátil, hay como una
piedra. Siesta semilla se planta en un suelo fértil, brotará y florecerá, creciendo
hasta convertirse en un altísimo árbol. Pero si se planta en suelo estéril, se secará.
El suelo que se deleita el pecado es absolutamente estéril, carente de beneficios. Si
se siembra ahí la semilla de las virtudes no podrá brotar. Rico es el suelo de la
mente que conoce su pecado y se lamenta de haberlo cometido. Si la ‗piedra ‘del
dátil, o sea, el pensamiento de mi severo juicio y poder, se siembra ahí,
echará tres raíces en la mente.
La primera raíz es el darse cuenta de que una persona no puede hacer nada sin mi
ayuda. Esto le hará abrir la boca en acción de pedirme. La segunda raíz es
comenzar a encomendarme a algunas almas pequeñas por el bien de mi Nombre.
La tercera raíz es retirarse de los propios asuntos para servirme. La persona,
entonces, empieza a practicarla abstinencia, el ayuno y la negación de sí misma:
este es el tronco del árbol. Después, van creciendo las ramas de la caridad a
medida que uno conduce hacia el bien a todos los que puede. Posteriormente, crece
el fruto cuando instruye a otros según su conocimiento y, piadosamente, trata de
hallar maneras de darme una mayor gloria. Este tipo de fruto es el más placentero
para mí. De esta forma, a partir de un pequeño comienzo uno se eleva hasta la
perfección. Mientras que la semilla forma raíz al principio mediante la piedad, el
cuerpo crece por medio de la abstinencia, las ramas se multiplican por mediación de
la caridad y el fruto crece a través de la predicación.
De igual manera, una persona se hunde a partir de un ligero mal hacia la máxima
condena y castigo. ¿Sabes cuál es la carga más pesada que impide que las cosas
crezcan? Con certeza es la carga de un niño que está a punto de nacer, pero que no
puede salir y muere en el vientre de la madre, y a la madre se le hace una
hernia de la que muere, y el padre la lleva a la tumba, con el niño dentro, y la
entierra con la materia putrefacta. Esto es lo que hace el demonio con el alma. El
alma inmoral es como la esposa del demonio que se somete a su voluntad en todo.
Ella concibe al hijo por el demonio, al obtener placer en el pecado y regocijarse en
él. Igual que una madre concibe y engendra el fruto mediante una pequeña semilla
que es casi insignificante, igualmente, deleitándose en el pecado, el alma da mucho
fruto al demonio.
Posteriormente la fuerza y los miembros del cuerpo se van formando a medida que
se añade pecado sobre pecado y aumenta cada día. La madre se hincha con el
aumento de los pecados. Quiere dar a luz pero no puede porque su naturaleza se
62
ha consumido con el pecado y se ha cansado de la vida. Ella hubiera preferido
continuar pecando, pero no puede, y Dios no se lo permite. Entonces el miedo se
hace presente porque ella no puede realizar su deseo. La fuerza y la alegría se le
acaban y se ve rodeada de preocupaciones y pesares. Entonces su vientre revienta
y ella pierde la esperanza de hacer el bien. Muere mientras blasfema y reniega de la
justicia divina. Y, así, es conducida por el padre, el demonio hacia el sepulcro del
infierno, donde ella queda enterrada para siempre con la podredumbre de su
pecado y con el hijo de su depravado deleite. Ves así como un pecado, pequeño al
principio, llega a aumentar y crecer hasta la condenación‖.
Palabras del Creador a la esposa sobre cómo Él es ahora despreciado y
ultrajado por personas que no prestan atención a lo que hizo por amor, al
aconsejarles mediante los profetas y mediante su propio sufrimiento para
su salvación. También sobre cómo ignoran el enfado que Él dirigió a los
obstinados corrigiéndolos severamente.
Capítulo 44
Yo soy el Creador y Señor de todas las cosas. Yo hice el mundo y el mundo me
evita. Oigo en el mundo un ruido parecido al de las abejas que acumulan miel sobre
la tierra. Cuando la abeja está volando y comienza a aterrizar emite un zumbido.
Ahora oigo como una voz que zumba en el mundo y que dice: ‗¡No me importa!‘.
De hecho, la humanidad no presta atención ni se preocupa de lo que hice por amor,
aconsejándoles mediante los profetas, por mi propia predicación y mediante mi
sufrimiento por ellos. No les importa lo que hice en mi enojo, al corregir a los
malvados y desobedientes. Sólo ven que son mortales y se sienten inseguros sobre
la muerte, pero no les preocupa. Oyen y ven la justicia que infligí al Faraón y a
Sodoma, debido al pecado, y la que aplico sobre otros reyes y princesas,
permitiéndola diariamente mediante la espada y otras desgracias, pero parece que
están ciegos ante todo esto. Igual que las abejas, vuelan por donde quieren. De
hecho, a veces vuelan como si se disparasen hacia lo alto, cuando se exaltan a sí
mismos por el orgullo, pero enseguida caen de nuevo rápidamente cuando vuelven
a su lujuria y a su gula. Reúnen miel de la tierra para sí mismos, fatigándose y
acumulando por si apremia la necesidad del cuerpo, pero no para el alma. Buscan
lo terreno más que el honor eterno. Convierten lo pasajero en un auto castigo, lo
inútil en tormento eterno. Sin embargo, por los ruegos de mi Madre, enviaré mi voz
clara a esas abejas, excepto sobre mis amigos, que se encuentran en el mundo tan
sólo en cuerpo, y predicaré misericordia. Si me atienden se salvarán.

Respuesta de la Madre y de los ángeles, los profetas, los apóstoles y los


demonios Dios, en presencia de la esposa, testimoniando su Grandeza en
la Creación, Encarnación, Redención y demás; sobre cómo la gente
contradice hoy todas estas cosas, y acerca de su severo juicio sobre ellos
.
Capítulo 45

La Madre de Dios dijo: ―Esposa de mi Hijo, vístete y permanece firme porque mi


Hijo se acerca a ti. Has de saber que su carne fue estrujada como la uva en un
63
lagar; pues debido a que el hombre pecó con todos los miembros de su cuerpo, mi
Hijo realizó la expiación en todos los miembros de su Cuerpo. Los cabellos de mi
Hijo fueron arrancados, sus tendones distendidos, sus articulaciones desencajadas,
sus huesos dislocados, sus manos y pies completamente perforados. Su mente fue
agitada, su corazón afligido por el dolor, su estómago absorbido hacia su espalda, y
todo esto porque la humanidad había pecado con cada miembro de su cuerpo.

Entonces, el Hijo habló en presencia de la Corte Celestial y dijo: ―Aunque todo lo


sabéis en mí, hablo para esta esposa mía que está aquí. A vosotros me dirijo,
ángeles, decidme: ¿Quién es el que no tuvo principio ni tendrá fin? ¿Y quién es el
que creó todas las cosas y no fue creado por nadie? Hablad y dad testimonio.
Respondieron los ángeles todos a una voz: ―Señor, ése eres Tú, y damos
testimonio de tres cosas: Primero, de que eres nuestro Creador y de todo lo que
hay en el cielo y en la tierra. Segundo, de que eras y serás
sin principio, tu dominio es sin fin y tu poder eterno. Nada se ha
hecho sin ti y sin ti nada puede existir. En tercer lugar, testimoniamos que vemos
en ti toda justicia además de todo lo que ha sido y será. Todas las cosas son
presentes para ti, sin principio ni fin.

 Después, dijo a los profetas y patriarcas: ¿Quién os condujo de la esclavitud a la


libertad? ¿Quién dividió las aguas ante vosotros? ¿Quién os dio la Ley? Profetas,
¿quién os dio inspiración para hablar? Ellos respondieron: ―Tú,
Señor. Tú nos sacaste de la esclavitud. Tú nos diste le Ley. Tú inspiraste nuestro
espíritu para hablar‖.
 
Posteriormente, le dijo a su Madre: ―¡Da verdadero testimonio de todo lo que
sabes de mí! Ella respondió: ―Antes de que el ángel que me enviaste viniera a mí,
yo estaba sola en cuerpo y alma. Cuando fueron pronunciadas las palabras del
ángel, tu Cuerpo estuvo dentro de mí en sus naturalezas divina y humana, y sentí
tu Cuerpo en mi cuerpo. Te engendré sin dolor. Te parí sin angustia. Te envolví en
pañales y te alimenté con mi leche. Estuve contigo desde tu nacimiento hasta tu
muerte.
Entonces, dijo el Señor a los apóstoles: ―¡Decid a quién visteis, oísteis y percibisteis
con vuestros sentidos! Ellos le respondieron: ―Oímos tus palabras y las escribimos.
Oímos tus palabras prodigiosas cuando nos diste la Nueva Ley, cuando con una
palabra Tú diste la orden a los demonios y ellos salieron, cuando con una palabra
resucitaste a los muertos y sanaste a los enfermos. Te vimos en un cuerpo
humano. Vimos tus milagros en la gloria divina de tu naturaleza humana. Te vimos
apresado por tus enemigos y colgado en una Cruz. 

Te vimos sufrir de la manera más amarga y, después, ser enterrado en


un sepulcro. Te percibimos con nuestros sentidos cuando resucitaste.
Tocamos tu cabello y
tu rostro. Tocamos tus miembros y tus partes llagadas. Tú comiste con no
sotros y compartistenuestra conversación. Tú eres verdaderamente el Hijo de
Dios y el Hijo de la

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Virgen. También te percibimos con nuestros sentidos cuando ascendiste, e
n tu naturaleza humana, a la derecha del Padre, donde estás eternamente‖.
 
Después, le dijo Dios a los espíritus inmundos: ―Aunque en vuestra conciencia
ocultáis la verdad, os ordeno que digáis quién fue el que menguó vuestro poder‖.
Ellos le respondieron: ―Como ladrones que no dicen la verdad, a menos que
tengan los pies atrapados en un durísimo madero, nosotros no diríamos la verdad si
no fuéramos forzados por tu tremendo y divino poder. Tú eres quien descendió al
infierno con toda tú fuerza. Tú menguaste nuestro poder en el mundo. Tú te
llevaste del infierno lo que te correspondía por propio derecho. Entonces el Señor
dijo: ―Date cuenta, todos los que tienen un espíritu y no están arropados por un
cuerpo declaran su testimonio de la verdad ante mí. Pero aquellos que tienen un
espíritu y un cuerpo, en concreto los seres humanos, me contradicen. Algunos de
ellos conocen la Verdad, pero no les importa. Otros no la conocen y por ello dicen
que no les importa, pero afirman que todo es falso‖.

 Él le dijo, de nuevo, a los ángeles: ―Los seres humanos dicen que vuestro
testimonio es falso, que yo no soy el Creador y que no todas las cosas se conocen
en mí. Por tanto, aman más a lo creado que a mí‖. Él dijo a los profetas: ―Los
hombres os contradicen y dicen que la Ley no tiene sentido, que vosotros os
liberasteis gracias a vuestro propio valor y capacidad, que el Espíritu era falso y que
vosotros hablasteis por propia voluntad. A su Madre le dijo: ―Algunos dicen que tú
no eres Virgen, otros que Yo no me encarné de ti, otros conocen la Verdad pero
no les importa‖.
 
A los apóstoles les dijo: ―Os contradicen diciendo que sois mentirosos, que la
Nueva
Ley es inútil e irracional. Hay otros que creen que es verdadera pero no les importa.
Ahora, pues, Yo os pregunto: ¿Quién será su juez? Todos ellos le contestaron: ―Tú,
Dios, que eres sin principio ni fin. Tú, Jesucristo, que eres uno con el Padre. El Padre
te ha otorgado todo el poder de juzgar, Tú eres su Juez‖. El Señor contestó: ―Yo
fui su acusador y ahora soy su Juez. Sin embargo, pese a que todo lo sé
y todo lo puedo, ¡dadme vuestro veredicto sobre ellos!

Ellos respondieron: ―Lo mismo que el mundo entero pereció en sus comienzos por
las aguas del diluvio, igual ahora el mundo merece consumirse en fuego, pues la
iniquidad y la injusticia son ahora más abundantes que entonces‖. El Señor
respondió:―Como soy justo y misericordioso y no hago juicio sin misericordia ni
misericordia sin justicia, una vez más enviaré mi misericordia al mundo
por los ruegos de mi Madre y de mis santos. Si los seres humanos no quieren
escuchar, les seguirá una justicia que será, con mucho, la más severa‖.
 
Mutuas palabras de alabanza que, en presencia de santa Brígida, se dan
Jesús y María, y sobre cómo las personas ven ahora a Cristo como
innoble, desgraciado e indigno, le dicen que Él es así, y sobre la eterna
condena de estas personas.

65
Capítulo 46
María habló a su hijo, diciendo: ― ¡Bendito seas tú, que eres sin principio ni fin! Tú
Tuviste el cuerpo más noble y bello; tú fuiste el más valiente y virtuoso de los
hombres. Tú fuiste la más digna de las criaturas‖. El Hijo respondió: ―Las
palabras que salen de tus labios me resultan dulces y deleitan lo más profundo
de mi corazón como la más dulce delas bebidas. Tú eres para mí la más dulce de
las criaturas. De la manera en que una persona puede ver distintos rostros en un
espejo pero ninguno le agrada más que el suyo propio, así, aunque Yo ame a mis
santos, a ti te amo con un particular amor, porque Yo nací de tu carne. 

Tú eres como un incienso selecto, cuyo olor subió hasta la divinidad y la


atrajo a tú cuerpo. Esta misma fragancia elevó tu cuerpo y tu alma hasta Dios,
donde tú estás ahora en cuerpo y alma. Bendita seas, porque los ángeles se
regocijan en tu hermosura y todos los que te invocan con un corazón sincero
quedan liberados gracias a tu poder. Todos los demonios tiemblan ante tu luz y no
se atreven a permanecer en tu esplendor porque ellos siempre quieren estar en las
tinieblas. 
Tú me has alabado por tres cualidades. Has dicho que Yo tenía el cuerpo
más noble, después has afirmado que Yo era el más valiente de los hombres y,
tercero, has dicho que Yo era la más digna de las criaturas. Estas cualidades son
contradichas, ahora, tan sólo por aquellos que poseen un cuerpo y un alma. Dicen
que Yo poseo un cuerpo innoble, que soy el hombre más desgraciado y la más
indigna de las criaturas. ¿Qué es más innoble que arrastrar a otros al pecado? Esto
es lo que dicen de mi cuerpo: que conduce al pecado. Dicen, literalmente, que el
pecado no es tan repugnante ni disgusta a Dios tanto como lo que Yo he dicho.
‗Porque – según ellos nada existe a menos que Dios quiera y nada ha sido
creado sin Él. ¿Por qué, entonces, no podríamos usar todo lo creado como nosotros
queramos? Nuestra natural fragilidad así lo exige y esta es la forma en que todos
hemos vivido antes y aún vivimos‘.
 Así es como, ahora, las personas se dirigen a Mí. Mi naturaleza humana, con la que
aparecí entre los hombres como Dios verdadero, es efectivamente considerada por
ellos como innoble, a pesar de lo mucho que Yo aparté a la humanidad del pecado y
les mostré lo grave que esto era, como si Yo les hubiera alentado a hacer algo inútil
y torpe. Dicen, literalmente, que nada es noble excepto el pecado y todo aquello
que satisfaga sus caprichos. También dicen que Yo soy el más desgraciado de los
hombres. ¿Quién es más desgraciado que alguien que, cuando dice la verdad, ve su
boca magullada por las piedras que le arrojan y es golpeado en la cara y, encima de
todo eso, escucha los reproches de la gente diciéndole: ‗si fuera un hombre se
vengaría‘?. Esto es lo que hacen conmigo.
 
Hablo con ellos a través de sabios doctores y de la Sagrada Escritura, pero ellos
dicen que Yo miento. Hieren mi boca con piedras y con puñetazos cometiendo
adulterio, matando y mintiendo. Dicen: ‗Si fuera un hombretón, si fuera el más
poderoso de Dios, se vengaría de estas transgresiones‘. Sin embargo, Yo sufro en
mi paciencia. Cada día, les oigo afirmar que el castigo ni es eterno ni tan severo
como se ha dicho, y mis palabras se consideran mentiras.
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Por último, me ven como la más indigna de las criaturas. ¿Qué es más despreciable
en la casa que un perro o un gato que alguno estaría más que contento en cambiar
por un caballo, si pudiera? Pero la gente sostiene que Yo soy peor que un perro. No
me tomarían si para ello tuvieran que desprenderse del perro, y antes me
rechazarían y me negarían que quedarse sin la caseta del perro. ¿Hay algo tan
insignificante para la mente que no sea considerado de más valor o más deseado
que yo? Si me tuvieran en mayor estima que a las demás criaturas me amarían
más que los demás. Pero no poseen nada tan insignificante que no lo amen más
que a mí.
Se apenan de cualquier cosa más que de mí. Se disgustan por sus propias
pérdidas y por las de sus amigos. 

Se apenan por una sola palabra ofensiva. Se entristecen porofender a
personas de mayor rango que ellos, pero no les importa ofenderme a Mí, el Creador
de todas las cosas. ¿Quién hay que sea tan despreciado que no sea escuchado
cuando pide algo o que no sea compensado cuando ha dado algo? Yo soy
rematadamente indigno y despreciable a sus ojos, tanto que no me consideran
merecedor de ningún bien, pese a que Yo les he dado todo lo bueno.

Madre mía, tú has saboreado más de mi sabiduría que los demás y nada más que
la verdad ha salido de tus labios. Tampoco de mis labios puede salir otra cosa más
que la verdad. En presencia de todos los santos Yo me exculparé a mí mismo ante
el primer hombre, el que dijo que Yo tenía un cuerpo indigno. Demostraré que, de
hecho, poseo el cuerpo más noble, sin deformidad ni pecado, y ese hombre caerá
en el eterno reproche para que todos lo vean. Al que dijo que mis palabras eran
mentira y que no sabía si Yo era o no era Dios, le demostraré que Yo
verdaderamente soy Dios y él se deslizará como el barro hasta el infierno. Y al
tercero, al que sostuvo que Yo era indigno, lo condenaré al castigo eterno, de
manera que nunca vea mi gloria ni mi gozo.
 
Entonces, le dijo a la esposa: ― ¡Mantente firme a mi servicio! Tú has resultado
verte rodeada por un muro, como si dijéramos, del cual no puedes escapar ni
excavar sus fundamentos. ¡Asume voluntariamente esta pequeña tribulación, y
llegarás a experimentar el eterno descanso en mis brazos! Tú conoces la voluntad
del Padre, escuchas las palabras del Hijo y conoces mi Espíritu. Obtienes deleite y
consuelo en conversación con mi Madre y mis santos. Por ello ¡mantente firme! De
lo contrario, llegarás a conocer esa justicia mía por la cual te verás forzada a hacer
lo que, ahora amablemente, Yo te estoy alentando a que hagas.

Palabras del Señor a la esposa sobre la adhesión a la Nueva Ley; sobre


cómo esa misma Ley es ahora rechazada y desestimada por el
mundo; sobre cómo los malos sacerdotes no son sacerdotes de Dios sino
traidores de Dios, y acerca de su maldición y condena.

Capítulo 47

67
Yo soy el Dios que, en un tiempo, fui llamado el Dios de Abraham, el Dios de Isaac
y el Dios de Jacob. Yo soy el Dios que di la Ley a Moisés. Esta Ley era como una
vestidura. Igual que una madre embarazada prepara los vestidos para su niño, así
Dios preparó la Ley, que era como la ropa, sombra y señal de los tiempos
venideros. Yo me vestí y me envolví a mí mismo con las vestiduras de la nueva Ley.
Cuando un niño crece, sus ropas son cambiadas por otras nuevas.
De igual manera, cuando las vestiduras de la Vieja Ley estaban a punto de será
abandonadas, Yo me vestí con la nueva ropa, o sea, con la Nueva Ley, y se la di a
todos lo que quisieron tenerme a mí y a mi ropaje. Esta ropa no es ni muy apretada
ni difícil de llevar sino que está bien proporcionada por todas partes. No obliga a las
personas a ayunar o a trabajar demasiado, ni a matarse, ni a hacer nada que esté
más allá de los límites de sus posibilidades, sino que es provechosa para el alma y
conducente a la moderación y castigo del cuerpo.
Porque, cuando el cuerpo se adhiere demasiado al pecado, este pecado consume al
cuerpo. Dos cosas pueden hallarse en la Nueva Ley. Primera, una prudente
templanza y el recto uso de todos los bienes espirituales y físicos. Segunda, una
gran facilidad para mantenerse en la Ley por el hecho de que, una persona que no
puede mantenerse en un estado, puede quedarse en el otro. Aquí uno puede ver
que una persona que no podía vivir celibato, todavía puede vivir en un matrimonio
con honor, podía levantar otra vez y seguir. Pero, ahora Mi ley esta rechazada y
despreciada.
La gente dice que la Ley es demasiado estrecha, pesada y nada atractiva. La llaman
estrecha porque nos obliga a contentarnos con lo que es necesario y a abandonar lo
que es superfluo. Pero ellos quieren tener de todo más allá de la razón y más de lo
que el cuerpo puede acarrear, como si fueran reses. Es por esto que les parece muy
apretada o estricta. En segundo lugar, dicen que es pesada porque la Ley dice que
uno debe ser indulgente con los deseos de placer ateniéndose a la razón y en
momentos determinados. Pero ellos quieren ser indulgentes con el placer más de lo
que les conviene y más allá delo delimitado. Tercero, dicen que no es atractiva
porque la Ley les ordena que amen la humildad y que atribuyan a Dios todo lo
bueno. Quieren ser orgullosos y ensalzarse a sí mismos por los buenos regalos que
Dios les ha dado, y es por esto que la Ley no es atractiva para ellos.
¡Mira cómo desprecian ellos las vestiduras que Yo les di! Yo terminé con las formas
antiguas e introduje las nuevas para que duraran hasta el día en que Yo volviera
parael Juicio, porque los viejos caminos eran demasiado difíciles. Pero ello
s, afrentosamente, han descartado las ropas con las que Yo cubrí el alma, es
decir, una fe ortodoxa. Encima de todo eso, añaden pecado a pecado porque
también quieren traicionarme. ¿No dice David en el Salmo ‗Aquel que comió de mi
pan planeó la traición contra mí‘? Yo quiero que anotes dos cosas en estas palabras.
Primero, él no dice ―planea‖ sino ―planeó‖, como si fuera algo ya pasado.
Segundo, él apunta sólo a un hombre como el traidor. Sin embargo, Yo digo que
son todos aquellos que en el presente me traicionan, no los que han sido ni los que
serán, sino aquellos que aún están vivos. Digo también que no es sólo una persona
sino mucha gente. Pero tú me puedes preguntar: ‗ ¿No hay dos tipos de pan, uno
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invisible y espiritual en el que viven los ángeles y los santos y otro que pertenece a
la tierra, mediante el cual se alimentan los hombres? ¿Pero, si ángeles y santos no
desean nada que no esté de acuerdo con tu voluntad, y los hombres no pueden
hacer nada que tú no aceptes, cómo pueden traicionarte?‘ 
 En presencia de mi Corte Celestial, que sabe y ve todo en mí, respondo por tu
bien, de forma que puedas comprender: Hay, de hecho, dos tipos de pan. Uno que
es de los ángeles, que comen mi pan en mi Reino y están colmados de mi gloria
indescriptible. Ellos no me traicionan porque no quieren nada más que lo que yo
quiero. Pero aquellos que toman mi pan en el altar me traicionan. Yo soy
verdaderamente ese pan. Tres cosas se pueden percibir en ese pan: la forma,
el sabor y la redondez. Yo soy, de hecho, ese pan y al igual que el pan---
tengo tres cosas en mí: sabor, forma y redondez. Sabor, porque todo es
insípido, insustancial y carente de sentido sin mí, lo mismo que una comida sin pan
no tiene sabor y no es nutritiva. Yo también tengo la forma del pan, en cuanto que
Yo soy de la tierra.
Soy de la Madre Virgen, mi Madre es la de Adán, Adán es de la tierra. También
tengo redondez en cuanto que no existe principio ni fin, porque yo no tengo ni
principio ni fin. Nadie puede encontrarle un fin o un principio a mi sabiduría, a mi
poder o caridad. Yo estoy en todas las cosas, sobre todas las cosas y más allá de
todas las cosas. Aún si alguien volara perpetuamente como una flecha, sin parar,
nunca encontraría un final o un límite a mi poder y a mi fuerza. A través de esas
cosas, sabor, forma y redondez, Yo soy el pan que parece y sabe a pan en el altar,
pero que se transforma en mi cuerpo que fue crucificado. Igual que cualquier
materia fácilmente inflamable es rápidamente consumida cuando se coloca en el
fuego, y no queda nada de la forma de la madera sino que todo se convierte en
fuego, así también sucede cuando se dicen estas palabras:
‗Éste es mi Cuerpo‘, lo que antes era pan se convierte inmediatamente en mi
cuerpo.
Se hace una llama, no mediante el fuego como con la madera sino mediante mi
divinidad. Por ello, aquellos que comen mi pan me traicionan ¿Qué clase de
asesinato puede ser más aborrecible que cuando alguien se mata a sí mismo? ¿O
qué traición podría ser porque cuando, entre dos personas unidas por un vínculo
indisoluble, como una pareja de casados, una traiciona a la otra? ¿Qué hace uno de
los esposos para traicionar al otro? Él le dice a ella, a modo de engaño: ‗ ¡Vamos a
tal y tal sitio, de forma que yo pueda hacer mi porvenir contigo!‘ 

 Ella va con él en toda la simplicidad, preparada para satisfacer cualquier deseo de


su marido. Pero, cuando él encuentra la oportunidad y el lugar, arroja contra ella
tres armas traicioneras. O bien emplea algo lo suficientemente pesado como para
matarla de un golpe, o lo suficientemente afilado como para rebanar exactamente
sus órganos vitales, o algo tan asfixiante que sofoca directamente en ella el espíritu
de vida. Entonces, cuando ella ha muerto, el traidor piensa para sus adentros:
‗Ahora he obrado mal. Si mi crimen sale a la luz y se hace público, seré condenado
a muerte‘. Entonces él se lleva el cuerpo de la mujer a algún lugar escondido,
de forma que su pecado no sea descubierto.

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Esta es la forma en la que soy tratado por los sacerdotes que me traicionan.
Porque ellos y yo estamos unidos mediante un solo vínculo cuando ellos toman el
pan y, pronunciando las palabras, lo transforman en mi verdadero Cuerpo, que yo
recibí de la Virgen. Ninguno de los ángeles puede hacer esto. Yo les he dado sólo a
los sacerdotes esa dignidad y les he seleccionado de entre las más altas órdenes.
Pero ellos me tratan como traidores. Ponen una cara feliz y complaciente para mí y
me llevan a un lugar escondido en el que puedan traicionarme. Estos sacerdotes
ponen cara de felicidad, aparentando ser buenos y simples. Me llevan a la cámara
escondida cuando se acercan al altar. Allí Yo soy como la novia o la recién casada,
dispuesta a complacer todos sus deseos y, en lugar de eso, me traicionan.

Primero me golpean con algo pesado, cuando el Oficio Divino, que ellos recitan para
mí, se vuelve pesaroso y cargante para ellos. De buena gana dirían cien palabras
para el bien del mundo que una sola en mi honor. Antes darían cien lingotes de oro
por el bien del mundo que un solo céntimo en mi honor. Trabajarían cien veces por
su propio beneficio antes que una sola vez en mi honor. Ellos me presionan con
este pesado fardo, tanto que es como si estuviese muerto en sus corazones. En
segundo lugar, me atraviesan como con una afilada cuchilla que penetra mis
órganos vitales cada vez que un sacerdote sube al altar, sabiendo que ha pecado y
se arrepiente, pero está firmemente decidido a volver a pecar una vez que ha
terminado su oficio. Éste dice para sus Adentros: ‗Yo, de hecho, me arrepiento de
mi pecado, pero no pienso dejar a la mujer con la que he pecado hasta que ya no
pueda pecar más‘. Esto me perfora como la más afilada de las cuchillas.

Tercero, es como si asfixiaran mi Espíritu cuando piensan
para sus adentros: ‗Es bueno y agradable estar en el mundo, es bueno ser
indulgente con los deseos y no me puedo contener. Haré eso mientras sea joven y,
cuando me haga mayor ya me abstendré y enmendaré mis caminos. Por este
perverso pensamiento ellos sofocan el espíritu de la vida. ¿Pero cómo
sucede esto? Pues bien, el corazón de éstos se vuelve tan frío y tibio hacia mí y
hacia cada virtud que nunca más puede ser calentado o renacer a mi amor.

Igual que el hielo no coge fuego ni aunque se sostenga encima de una llama sino
que tan solo se derrite, de la misma manera, aún si Yo les di mi gracia y ellos
escuchan palabras de advertencia, no vuelven a levantarse a la forma de la vida,
sino que apenas crecen estériles y flojos respecto de cada una de las virtudes. Y así
me traicionan en que aparentan ser simples cuando, en realidad, no lo son, y están
deprimidos y disgustados a la hora de darme la gloria, en lugar de regocijarse en
ello, y también en que intentan pecar y continúan pecando hasta el final. 

También me ocultan, por decirlo de alguna manera, y me colocan en un l
ugarescondido, cuando piensan en sus adentros: ‗Sé que he pecado, pero si me
abstengo de realizar el Oficio, seré avergonzado y todos me van a condenar‘. Así
que, imprudentemente, suben al altar y me manejan a mí, verdadero Dios y
verdadero hombre. Estoy como si me hallara con ellos en un lugar escondido,
puesto que nadie sabe ni se da cuenta de lo corruptos y sinvergüenzas que son.

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Yo, Dios, estoy ahí tendido frente a ellos como en un encubrimiento, porque, aún
Cuando el sacerdote es el peor de los pecadores y pronuncia estas palabras ―Este
es mi Cuerpo, él aún consagra mi Verdadero Cuerpo, y Yo, Verdadero Dios y
Hombre, metiendo ahí ante él. Cuando me pone en su boca, sin embargo, Yo ya no
estoy presente para él en la gracia de mis naturalezas divina y humana--sólo queda
para él la forma y el sabor del pan---no porque yo no esté realmente presente para
los perversos igual que para los buenos, debido a la institución del Sacramento,
sino porque los buenos y los perversos no lo reciben con el mismo efecto.

Mira, ¡esos sacerdotes no son mis sacerdotes sino, en realidad, mis traidores! Ellos
también me venden y me traicionan, como Judas. Yo miro a los paganos y a los
judíos pero no veo a nadie peor que estos sacerdotes, dado que han caído en el
pecado de Lucifer. Ahora, déjame decirte su sentencia y a quién se asemejan. Su
sentencia es la condena. David condenó a aquellos que desobedecían a Dios, no por
ira o por mala voluntad ni por impaciencia sino debido a la divina justicia, porque él
era un honrado profeta y rey. Yo, también, que soy mayor que David,
condeno a estos sacerdotes, no por la ira ni la mala voluntad sino por la
justicia.

Maldito sea todo lo que toman de la tierra para su propio provecho, porque no
alaban a su Dios y Creador que les dio esas cosas. Maldito sea el alimento y la
bebida que entra por sus bocas y que alimenta sus cuerpos para que se conviertan
en alimento delos gusanos y destinen sus almas al infierno. Malditos sean sus
cuerpos, que se levantarán de nuevo en el infierno para ser abrasados sin fin.
Malditos sean los años de sus vidas inútiles. Maldita sea su primera hora en el
infierno, que nunca terminará. Malditos sean por sus ojos, que vieron la luz del
Cielo.

Malditos sean por sus oídos que oyeron mis palabras y permanecieron indiferentes.
Malditos sean por su sentido del gusto, por el cual paladearon mis manjares.
Malditos sean por su sentido del tacto, mediante el cual me manejaron. Malditos
sean por su sentido del olfato, por el cual olieron exquisitos aromas y me
descuidaron a Mí, que soy el más exquisito de todos.

Ahora, ¿Cómo son exactamente malditos? Pues bien, su visión está maldita porque
no disfrutarán de la visión de Dios en sí sino que tan solo verán sombras y castigos
del infierno. Sus oídos están malditos porque ellos no oirán mis palabras sino tan
sólo el clamor y los horrores del infierno. Su sentido del gusto está maldito, porque
no degustarán los bienes y el gozo eternos sino la eterna amargura. Su sentido del
tacto está maldito, porque no conseguirán tocarme sino tan sólo al fuego perpetuo.

Su sentido del olfato está maldito, porque no olerán ese dulce aroma de mi Reino,
que sobrepasa a todas las esencias, sino que sólo tendrán el hedor del infierno, que
es más amargo que la bilis y peor que sulfuro. Sean malditos por la tierra y el cielo
y por todas las bestias. Esas criaturas obedecen y glorifican a Dios, mientras que
ellos le han rehuido. Por ello, Yo prometo por la verdad, Yo que soy la Verdad, que

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si ellos mueren así, con esa disposición, ni mi amor ni mi virtud les cubrirá. Por el
contrario, serán condenados para siempre.

Sobre cómo, en presencia de la Corte Celestial y de la esposa, la divina


naturaleza habla a la naturaleza humana contra los cristianos, igual que
Dios habló a Moisés contra el pueblo; sobre los sacerdotes condenables,
que aman el mundo y desprecian a Cristo, y sobre su castigo y maldición.

Capítulo 48

La Corte Celestial fue vista en el Cielo y Dios les dijo: ―Mirad, por el bien de esta
Esposa mía, aquí presente, que me dirijo a vosotros, amigos míos que me estáis
escuchando, vosotros que sabéis, comprendéis y veis todo en mí. Como si alguien
hablase consigo mismo, mi naturaleza humana le va a hablar a mi naturaleza
divina. Moisés estuvo con el Señor en la montaña cuarenta días y cuarenta noches.
Cuando el pueblo vio que él se había marchado por largo tiempo, tomaron
oro, lo fundieron en el fuego y crearon con él un becerro al que llamaron su
dios. Entonces, Dios le dijo a Moisés: ‗El pueblo ha pecado. Los eliminaré, igual que
se borran las letras de un libro‘.
 
Moisés respondió: ‗ ¡No lo hagas Señor! Recuerda cómo los guiaste desde el Mar
Rojo y obraste maravillas por ellos. ¿Si los eliminas, dónde quedará
entonces tu promesa? No lo hagas, te lo ruego, pues tus enemigos dirán: El Dios
de Israel es malvado, condujo a la gente desde el mar y los mató en el desierto‘.
Y Dios se aplacó con estas palabras.

Yo soy Moisés, figuradamente hablando. Mi naturaleza divina habla a mi naturaleza


Humana, igual que lo hizo con Moisés, diciéndole: ‗ ¡Mira lo que ha hecho tu
pueblo, mira cómo me han despreciado! Todos los cristianos morirán y su fe
quedará borrada‘. Mi naturaleza humana responde: ‗No, Señor. ¡Recuerda cómo
dirigí al pueblo a través del mar por mi sangre, cuando fui apaleado desde la planta
de mis pies hasta la coronilla de mi cabeza! Yo les prometí la vida eterna. ¡Ten
misericordia de ellos, por mi pasión!
Cuando la naturaleza divina oyó esto, se apiadó de él y le dijo: ‗ ¡Así sea, pues se
te hadado todo el juicio!‘. ¡Fijaos cuánto amor, amigos míos!

 Pero ahora, en vuestra presencia, mis amigos espirituales, mis ángeles y santos, y
en presencia de mis amigos corpóreos, que están en el mundo aunque sólo lo están
en su cuerpo, me lamento de que mi gente esté acumulando leña, encendiendo
una hoguera y arrojando oro en ella de la que emerge un becerro para que ellos lo
adoren como a un dios. Como un becerro, se sostienen a cuatro patas y tienen una
cabeza, una garganta y un rabo.

Cuando Moisés se retrasaba en la montaña, la gente decía: ‗No sabemos qué ha


podido ocurrirle‘. Se lamentaron de que les hubiese guiado para salir de su
cautiverio y dijeron: ‗ ¡Vamos a hacer otro dios que nos dirija!‘. Así es como estos
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malditos sacerdotes me están tratando ahora. Ellos dicen: ¿Por qué vivimos una
vida más austera que los demás? ¿Cuál es nuestra compensación? Estaríamos
mejor si viviéramos sin preocupaciones, en la abundancia. ¡Vamos, pues, a amar
al mundo del cual tenemos certeza! Al fin y al cabo, no estamos seguros de su
promesa‘. Así, reúnen leña, o sea, aplican todos sus sentidos a amar al mundo.
Encienden una hoguera cuando todo su deseo es para el mundo, y arden a medida
que crece su codicia en su mente y terminar resultando en obras.

Después, le arrojan oro, que significa que todo el amor y respeto que me deberían
profesar lo dedican a obtener el respeto del mundo. Entonces, emerge el becerro,
es decir, el amor total del mundo, con sus cuatro patas de indolencia, impaciencia,
alegría superflua y avaricia. Estos sacerdotes, que deberían ser míos, sienten pereza
a la hora de honrarme, impaciencia ante el sufrimiento, se exceden en vanas
alegrías y nunca se conforman con lo que consiguen. Este becerro también tiene
una cabeza y una garganta es decir, un deseo de glotonería que nunca se aplaca, ni
aunque se tragara el mar entero.

El rabo del becerro es su malicia, pues no dejan que nadie mantenga su propiedad,
extorsionan siempre que pueden. Por su ejemplo inmoral y su desprecio, hieren y
pervierten a los que me sirven. Así es el amor al becerro que hay en sus corazones,
y en él se regocijan y deleitan. Piensan en mí igual que aquellos hicieron con
Moisés: ‗Se ha ido por mucho tiempo--dicen--. Sus palabras parecen sin sentido
y trabajar para él es muy pesado. ¡Hagamos lo que nos dé la gana, dejemos que
nuestras fuerzas y placeres sean nuestro dios! ¡No se contentan, tampoco,
quedándose ahí y olvidándome por completo sino que, encima, me tratan como a
un ídolo!

Los gentiles acostumbraban a adorar pedazos de madera, piedras y personas


muertas. Entre otros, adoraban a un dios cuyo nombre era Belcebú. Sus sacerdotes
le ofrecían incienso, genuflexiones y gritos de alabanza. Todo lo que era inútil en su
ofrenda de sacrificios se arrojaba al suelo y las aves y moscas se lo comían. Pero los
sacerdotes solían quedarse con todo aquello que pudiera resultarles útil. Entonces,
echaban un cerrojo a la puerta de su ídolo y guardaban la llave personalmente, de
forma que nadie pudiese entrar.
Así es como los sacerdotes me tratan en estos tiempos. Me ofrecen incienso, o sea,
hablan y predican bellas palabras a la gente para conseguir respecto hacia sí
mismos y provechos temporales, pero no por amor a mí. Y lo mismo que no se
puede sujetar el aroma del incienso, aunque lo huelas y lo veas, tampoco sus
palabras tienen efecto alguno en las almas como para echar raíces y mantenerse en
sus corazones, sino que son palabras que sólo se oyen y complacen pasajeramente.

Ofrecen oraciones, pero no todas son de mi agrado. Como quien grita alabanzas
con sus labios pero mantiene su corazón callado, se mantienen cerca de mí rezando
con los labios pero en el corazón merodean por el mundo. Sin embargo, cuando
hablan con una persona de rango, mantienen su mente en lo que dicen para no
cometer errores que podrían ser observados por otros. En mi presencia, sin
embargo, los sacerdotes son como hombres atontados que dicen una cosa con la
73
boca y tienen otra en el corazón. La persona que los escuche no puede tener
certeza sobre ellos. Doblan sus rodillas ante mí, es decir, me prometen humildad y
obediencia, pero en realidad son tan humildes como Lucifer. Obedecen a sus
propios deseos, no a mí. 

También me encierran y se guardan la llave personalmente. Se abren a m
í y me ofrecen alabanzas cuando dicen ‗¡Hágase tu voluntad en la tierra como
en el cielo!‘ Pero Después me vuelven a encerrar al poner en práctica sus propios
deseos, mientras que los míos se vuelven como los de un hombre preso e
impotente porque no puedo ser visto ni oído. Ellos guardan la llave personalmente
en el sentido de que, por su ejemplo, también conducen al extravío a los que
quieren seguir mi voluntad y, si pudieran, evitarían que saliera mi voluntad y se
cumpliese, excepto cuando ésta se ajustase a su propio deseo.

Se quedan con todo lo que, en las ofrendas de sacrificios, es útil para ellos y exigen
todos sus derechos y privilegios. Sin embargo, parecen considerar inútiles los
cuerpos delas personas que caen al suelo y mueren. Para ellos están obligados a
ofrecer el sacrificio más importante, pero los dejan ahí para las moscas, o sea, para
los gusanos. No se preocupan ni se molestan por los derechos de esas personas ni
por la salvación de las almas.

¿Qué fue lo que se dijo a Moisés? ‗¡Mata a los que hicieron este ídolo!‘ Algunos
fueron eliminados, pero no todos. Así pues, mis palabras vendrán ahora y los
matarán, a algunos en cuerpo y en alma a través de la condenación eterna; a otros
en vida, para que se conviertan y vivan; otros aún mediante una muerte
repentina, al tratarse de sacerdotes que me son totalmente odiosos ¿Con qué los
voy a comparar? De hecho son como los frutos del brezo, que por fuera son bonitos
y rojos pero por dentro están llenos de impurezas y de espinas.

Igualmente, estos hombres acuden a mí como rojos de caridad y a la gente le


parecen puros, pero por dentro están llenos de porquería. Si estos frutos
se colocan en el suelo, de ellos salen y crecen más brotes de brezo. Así, estos
hombres esconden su pecado y su maldad de corazón como en el suelo, y se
vuelven tan arraigados en la maldad que ni siquiera se avergüenzan de mostrarse
en público y alardear de su pecado. Por ellos, otras personas no sólo hallan ocasión
de pecar sino que quedan seriamente dañadas en su alma, pensando para sus
adentros: ‗Si los sacerdotes hacen esto, más lícito será que lo hagamos nosotros‘.

 Ocurre, así, que no sólo se parecen a la fruta del bierzo sino también a sus espinas,
en el sentido de que éstos desdeñan ser movidos por la corrección y la advertencia.
Piensan que no hay nadie más sabio que ellos y que pueden hacer lo que les
parezca. Por lo tanto, juro por mis naturalezas divina y humana, en la audiencia de
todos los ángeles, que atravesaré la puerta que ellos han cerrado de mi voluntad.
Mi voluntad se cumplirá y la suya será aniquilada y encerrada en un castigo sin fin.
Entonces, como se dijo antiguamente, mi juicio comenzará con mi clero y desde mi
propio altar‖.
 
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Palabras de Cristo a la esposa sobre cómo Cristo es figuradamente
comparado con Moisés, dirigiendo al pueblo fuera de Egipto, y
sobre cómo los condenables sacerdotes, que Él ha elegido en lugar de
los profetas como sus mejores amigos, gritan ahora:“¡Aléjate de
nosotros!” 
 
Capítulo 49
El Hijo habló: ―Antes me he comparado figuradamente con Moisés. Cuando él
guiaba al pueblo, el agua se sujetó como una pared, a la izquierda y a la derecha.
De hecho Yo soy Moisés, figuradamente hablando. Yo guie al pueblo cristiano, es
decir, abrí el Cielo para ellos y les mostré el camino. Pero ahora he elegido a otros
amigos para mí, más especiales e íntimos que los profetas, en concreto, mis
sacerdotes. Éstos no solo oyen y ven mis palabras, cuando me ven a mí, sino que
hasta me tocan con sus manos, cosa que ni los profetas ni los ángeles pudieron
hacer.
Estos sacerdotes, que Yo escogí como amigos en lugar de los profetas, me
aclaman, pero no con deseo y amor como hicieron los profetas, sino que me
aclaman con dos voces opuestas. No me aclaman con hicieron los profetas: ‗¡Ven,
Señor, porque eres bueno!‘ En lugar de esto, los sacerdotes me gritan: ‗¡Apártate
de nosotros, pues tus palabras son amargas y tus obras son pesadas y nos
resultan escandalosas!‘ ¡Fíjate lo que dicen estos condenables sacerdotes!

Estoy ante ellos como la más mansa de las ovejas, ellos obtienen de mí lana para
sus vestidos y leche para su refresco, y aún así me aborrecen por amarles tanto.
Estoy ante ellos como un visitante que dice: ‗¡Amigo, dame lo necesario, que no lo
tengo, y recibirás la máxima recompensa de Dios!‘ Pero, a cambio de mi mansa
simplicidad, me arrojan afuera, como si fuera un lobo mentiroso en espera de la
oveja principal. En lugar de darme su acogida me tratan como a un traidor indigno
de hospitalidad y se niegan a alojarme

¿Qué hará entonces el visitante rechazado? ¿Se armará contra el anfitrión, que lo
echa fuera de su casa? De ninguna manera. Eso no sería justo, pues el propietario
puede dar o negar su propiedad a quien él quiera. ¿Qué hará, pues, el visitante?
Ciertamente, habrá de decirle a quien lo rechaza: ‗Amigo, sí tú no quieres
alojarme, me iré a otro que se apiade de mí‘. Y, yéndose a otro lugar, podrá oír de
un nuevo anfitrión: ‗Bienvenido, señor, todo lo que tengo es tuyo. ¡Sé tú ahora el
amo! Yo seré tu siervo y tu invitado‘.

 Esos son los tipos de casa en los que me gusta estar, donde oigo esas palabras. Yo
soy como el visitante rechazado por los hombres. Aunque puedo entrar en cualquier
lugar, en virtud de mi poder, aun así, bajo el mandato de la justicia, tan sólo entro
allí donde las personas me reciben de buena voluntad como a su verdadero Señor,
no como aun huésped, y confían su propia voluntad en mis manos‖.
 

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Palabras de mutua alabanza de la Madre y el Hijo, sobre la gracia
concedida por el Hijo a su Madre para las almas del purgatorio y los que
aún están en este mundo.

Capítulo 50

María habló a su Hijo diciéndole: ―¡Bendito sea tu nombre, Hijo mío, bendita y
eterna sea tu divina naturaleza, que no tiene principio ni fin! En tu naturaleza divina
hay tres atributos maravillosos de poder, sabiduría y virtud. Tu poder es como la
más ardiente de las llamas ante la cual cualquier cosa firme y fuerte, así como la
paja seca, pasará por el fuego. Tu sabiduría es como el mar, que nunca se puede
vaciar debido a su abundancia, y que cubre valles y montañas cuando aumenta y
las inunda. Es igualmente imposible comprender y penetrar tu sabiduría. ¡Qué
sabiamente has creado a la humanidad y la has establecido sobre toda tu creación!

¡Qué sabiamente ordenaste a las aves en el aire, a las bestias en la tierra, a los
peces en el mar, dando a cada uno su propio tiempo y lugar! ¡Qué
maravillosamente a todo das la vida y se la quitas! ¡Qué sabiamente das
conocimiento a los incipientes y se loquitas a los soberbios! Tu virtud es como la luz
del sol, que brilla en el cielo y llena la tierra con su resplandor. Tu virtud, de esa
manera, satisface lo alto y lo bajo y llena todas las cosas. ¡Por eso, bendito seas Hijo
mío, que eres mi Dios y mi Señor!‖.
 
El Hijo respondió: ―Mi querida Madre, tus palabras me resultan dulces, pues
proceden de tu alma. Eres como la aurora que avanza en clima sereno. Tú iluminas
los Cielos; tu luz y tu serenidad sobrepasan a todos los ángeles. Por tu serenidad
atrajiste a ti al verdadero sol, es decir, a mi naturaleza divina, tanto que el sol de mi
divinidad vino hasta ti y se asentó en ti. Por su candor, tú recibiste el candor de mi
amor más que todos los demás y, por su esplendor, fuiste iluminada en mi
sabiduría más que todos los demás. Las tinieblas fueron arrojadas de la tierra y
todos los cielos se alumbraron a través de ti.
En verdad Yo digo que tu pureza, más agradable para mí que todos los ángeles,
atrajo tanto a mi divinidad hasta ti que fuiste inflamada por el calor del Espíritu. En
Él tú engendraste al verdadero Dios y hombre, resguardado en tu vientre, por el
que la humanidad ha sido iluminada y los ángeles colmados de alegría. ¡Así, bendita
seas por tu bendito Hijo! Y por ello, ninguna petición tuya llegará a mí sin ser
escuchada. Cualquiera que pida misericordia a través de ti y tenga intención de
enmendar sus caminos conseguirá gracia. Como el calor viene del sol, igualmente
toda la misericordia será dada a través de ti. Eres como un abundante manantial
del que mana toda la misericordia para los desdichados‖.
 
A su vez, la Madre respondió al Hijo: ― ¡Tuyos sean todo el poder y la gloria, Hijo
mío!
Eres mi Dios y mi merced. Todo lo bueno que tengo viene de ti. Eres como una
semilla que, aún sin ser sembrada, creció y dio cientos y miles de frutos. Toda
misericordia emana de ti y aún, siendo incontable e indecible, puede simbolizarse
por el número cien, que representa la perfección, pues todo lo perfecto y la
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perfección se deben a ti. El Hijo respondió a la Madre: ―Madre, me has comparado
correctamente a una semilla que nunca fue sembrada y aun así creció, pues en mi
divina naturaleza Yo acudí a ti y mi naturaleza humana no fue sembrada por
inseminación alguna y aún así crecí en ti, y la misericordia emanó desde ti para
todos. Has hablado correctamente. Ahora, pues, porque extraes de mí misericordia
por la dulzura de tus palabras, pídeme lo que desees y se te
dará‖.
 
La madre agregó: ―Hijo mío, por haber conseguido de ti la misericordia, te pido
que tengas misericordia de los desgraciados y los ayudes. Al fin y al cabo hay cuatro
lugares. El primero es el cielo, donde los ángeles y las almas de los santos no
necesitan nada más que a ti y te tienen, pues ellos poseen todo bien en ti.
El segundo lugar es el infierno, y aquellos que viven allí están llenos de maldad,
por lo que están excluidos de cualquier piedad. Así, nada bueno puede entrar en
ellos nunca más. El tercero es el lugar de los que son purgados. Éstos necesitan una
triple merced, pues están triplemente afligidos. Sufren en su audición, pues no oyen
nada más que lamentos, dolor y miseria. Son afligidos en su vista, pues no ven más
que su propia miseria. Son afligidos en su tacto, pues tan sólo sienten el calor del
fuego insoportable de su angustioso sufrimiento ¡Asegúrales tu misericordia, Señor
mío, Hijo mío, por mis ruegos!‖.
 
El Hijo contestó: ―Con gusto les garantizaré una triple misericordia, por ti. En
primer lugar, su audición será aliviada, su vista será mitigada y su castigo será
reducido y suavizado. Además, desde este momento, aquellos que se encuentren
en el mayor de los castigos del purgatorio pasarán a la fase intermedia, y los que
estén en la fase intermedia avanzarán a la condena más leve. Los que estén en la
condena más leve cruzarán hacia el descanso. La madre respondió: ― ¡Alabanzas y
honor a ti, mi Señor!‖ Y, de inmediato, añadió: ―El cuarto lugar es el mundo. Sus
habitantes necesitan tres cosas: primera, contrición por sus pecados; segunda,
reparación; tercera, fuerza para obrar el bien‖.
 
El Hijo respondió: ―A todo el que invoque mi nombre y tenga esperanza en ti junto
con el propósito de enmienda por sus pecados, esas tres cosas se les darán,
además del Reino de los Cielos. Tus palabras son tan dulces para mí que no puedo
negarte nada delo que me pidas, pues tú no quieres nada más que lo que Yo
quiero. Eres como una llama brillante y ardiente por la que las antorchas apagadas
se reencienden y, una vez reencendidas, crecen en fuerza. Gracias a tu amor, que
subió hasta mi corazón y me atrajo a ti, aquellos que han muerto por el pecado
revivirán y los que estén tibios, y oscuros como el humo negro, se fortalecerán en
mi amor‖.
 
Palabras de la Madre de alabanza al Hijo y sobre cómo el Hijo glorioso compara a su
dulce Madre con un lirio del campo.

Capítulo 51
La Madre habló a su Hijo diciéndole: ―¡Bendito sea tu nombre, Hijo mío, Jesucristo!

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¡Alabada sea tu naturaleza humana que sobrepasa a toda la creación! ¡Gloria a tu
naturaleza divina sobre todas las bondades! Tus naturalezas divina y humana son
un solo Dios‖. El Hijo respondió: ―Madre mía, eres como una flor que ha crecido en
un valle a cuyo alrededor hay cinco montañas. La flor ha crecido de tres raíces y
tiene un tallo muy derecho, sin nudos. Esta flor tiene cinco pétalos suavísimos. El
valle y su flor sobrepasaron a las cinco montañas y los pétalos de la flor se
extienden sobre cada altura del cielo y sobre todos los coros de ángeles. 

Tú, mi querida Madre, eres ese valle en virtud de la gran humildad que posees


en comparación con los demás. Éste sobrepasa a las cinco montañas. La primera
montaña fue Moisés, debido a su poder. Porque mantuvo el poder sobre mi pueblo
por medio de la Ley, como si lo sostuviera firme en su puño. Pero tú mantuviste al
Señor de toda Ley en tu vientre y, por ello, eres más alta que esa montaña. La
segunda montaña fue Elías, quien fue tan santo que su cuerpo y su alma
ascendieron al lugar sagrado. Tú, sin embargo, querida Madre, fuiste asunta en
alma al trono de Dios sobre todos los coros delos ángeles y tu más puro cuerpo está
allí junto a tu alma. Tú, por tanto, mi querida Madre, eres más alta que Elías.

La tercera montaña fue la gran fuerza que poseía Sansón en comparación con otros
hombres. Aún así, el demonio lo venció con argucias. Pero tú venciste al demonio
por tu fuerza. Así pues, tú eres más fuerte que Sansón. La cuarta montaña fue
David, un hombre acorde con mi corazón y deseos, que sin embargo cayó en el
pecado. Pero tú, Madre mía, te sometiste completamente a mi voluntad y nunca
pecaste. La quinta montaña era Salomón, quien estaba lleno de sabiduría, pero
pese a ello se hizo fatuo. Tú, en cambio, Madre, estabas llena de toda la sabiduría y
nunca fuiste ignorante ni engañada. Eres, pues, más alta que Salomón.

La flor brotó de tres raíces en el sentido de que tú poseíste tres cualidades:


obediencia, caridad y entendimiento divino. De estas tres raíces creció el más
derecho delos tallos, sin un solo nudo, es decir, tu voluntad no se inclinó a nada
más que a mi deseo. La flor también tenía cinco pétalos más altos que todos los
coros de los ángeles. Tú, Madre mía, eres en efecto la flor de esos cinco pétalos. El
primer pétalo es tu nobleza, que es tan grande que mis ángeles, que son nobles en
mi presencia, al observar tu nobleza la vieron por encima de ellos y más exaltada
que su propia santidad y nobleza. 

Tú eres, por tanto, más alta que los ángeles. El segundo


pétalo es tu misericordia, que fue tan grande que, cuando viste la miseria de las
almas, te compadeciste de ellas y sufriste enormemente el dolor de mi muerte. Los
ángeles están llenos de misericordia, aún así, nunca sufren dolor. Tú, sin embargo,
amada Madre, tuviste piedad de los miserables a la vez que experimentaste todo el
dolor de mi muerte y, por esta merced, preferiste sufrir el dolor que librarte de él.
Es por esto que tu misericordia sobrepasó a la de todos los ángeles.

El tercer pétalo es tu dulce amabilidad. Los ángeles son dulces y amables, desean el
bien para todos, pero tú, mi queridísima Madre, tuviste tan buena voluntad como
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un ángel, en tu alma y en tu cuerpo antes de tu muerte, e hiciste el bien a todos. Y
ahora no rehúsas atender a nadie que rece razonablemente por su propio bien. Así,
tus amabilidades más excelentes que la de los ángeles. El cuarto pétalo es tu
pulcritud. Cada uno de los ángeles admira la pureza de los demás y ellos admiran la
pulcritud de todas las almas y de todos los cuerpos. Sin embargo, ven que la pureza
de tu alma está por encima del resto de la creación y que la nobleza de tu cuerpo
excede a la de todos los seres humanos que han sido creados.

Así, tu pulcritud sobrepasa a la de todos los ángeles y toda la creación. El quinto


pétalo fue tu gozo divino, pues nada te deleitó más que Dios, lo mismo que nada
deleita a los ángeles más que Dios. Cada uno de ellos conoce y conoció su propio
gozo dentro de sí. Pero cuando vieron tu gozo en Dios dentro de ti, les pareció a
cada uno en su conciencia que su propia alegría resplandecía en ellos como una luz
en el amor de Dios. Percibieron tu gozo como una grandísima hoguera, ardiendo
con el más encendido de los fuegos, con llamaradas tan altas que se acercaban a
mi divinidad. Por ello, dulcísimo Madre, tu divina alegría ardió muy por encima de la
de los coros de los ángeles.
Esta flor, con estos cinco pétalos de nobleza, misericordia, amabilidad, pulcritud y
sumo gozo, era dulcísima en todas sus facetas. Quien quiera que desee probar su
dulzura debe acercarse a ella y recibirla dentro de sí. Esto fue lo que tú hiciste,
buena Madre. Porque tú fuiste tan dulce para mi Padre que él recibió todo tu ser en
su Espíritu y tu dulzura le deleitó más que ninguna. Por el calor y energía del sol, la
flor también engendra una semilla y, de ella, crece un fruto. ¡Bendito sea ese sol, o
sea, mi divina naturaleza, que adoptó la naturaleza humana de tu vientre virginal!
Igual que una semilla hace brotar las mismas flores donde sea que se siembre, así
los miembros de mi cuerpo son como los tuyos en forma y aspecto, pese a que yo
fui hombre y tú mujer virgen. Este valle, con su flor, fue elevado sobre todas las
montañas cuando tu cuerpo, junto a tu santísima alma, fue elevado sobre todos los
coros de los ángeles‖.
 
Palabras de alabanza y oraciones de la Madre a su Hijo, para que sus palabras se
difundan por todo el mundo y echen raíces en los corazones de sus amigos. Sobre
cómo la propia Virgen es maravillosamente comparada a una flor que crece en un
jardín, y sobre las palabras de Cristo, dirigidas a través de la Esposa al Papa y a
otros prelados de la Iglesia.

Capítulo 52
La bendita Virgen habló al Hijo diciéndole: ― ¡Bendito seas, Hijo mío y Dios mío,
Señor de los ángeles y Rey de la gloria! Ruego que las palabras que has
pronunciado echen raíces en los corazones de tus amigos y se fijen en sus mentes
como la brea con la que fue untada el arca de Noé, que ni las tormentas ni los
vientos pudieron disolver. Que se extiendan por el mundo como ramas y dulces
flores cuya esencia se impregna a lo largo y a lo ancho. Que también den frutos y
crezcan dulces como el dátil cuya dulzura deleita el alma sin medida‖.
 
79
El Hijo respondió: ― ¡Bendita seas tú, mi queridísima Madre! Mi ángel Gabriel te
dijo: ‗ ¡Bendita seas, María, sobre todas las mujeres!‘ Yo te doy testimonio de que
eres bendita y más santa que todos los coros de los ángeles. Eres como una flor de
jardín rodeada de otras flores fragantes, pero que a todas sobrepasa en fragancia,
pureza y virtud. Estas flores representan a todos los elegidos desde Adán hasta el
fin del mundo.

Fueron plantadas en el jardín del mundo y florecieron en diversas virtudes, pero,


entre todos los que fueron y los que luego serán, tú fuiste la más excelente en
fragancia de una vida buena y humilde, en la pureza de una gratísima virginidad y
en la virtud dela abstinencia. Doy testimonio de que tú fuiste más que un mártir en
mi pasión, más que un confesor en tu abstinencia, más que un ángel en tu
misericordia y buena voluntad. Por ti Yo fijaré mis palabras como la más fuerte de
las breas en los corazones de mis amigos. Ellos se esparcirán como flores fragantes
y portarán frutos como la más dulce y Deliciosa de las palmeras‖.
 
Entonces, el Señor habló a la esposa: ―Dile a tu amigo que debe procurar remitir
estas palabras cuando escriba a su padre, cuyo corazón está de acuerdo con el mío,
y él las dirigirá al arzobispo y, después a otro obispo. Cuando éstos hayan sido
ampliamente informados, él ha de enviarlas a un tercer obispo. Dile, de mi parte:
‗Yo soy tu Creador y el Redentor de almas. Yo soy Dios, a quien tú amas y honras
sobre todos los demás. Observa y considera cómo las almas que redimí con mi
sangre son como las almas de aquellos que no conocen a Dios, cómo fueron
cautivas del demonio en forma tan espantosa que él las castiga en cada miembro
de su cuerpo, como si las pasara por una prensadora de uvas.

Por tanto, si en algo sientes mis heridas en tu alma, si mis azotes y sufrimientos
significan algo para ti, entonces demuestra con obras cuánto me amas. Haz que las
palabras de mi boca se conozcan públicamente y tráelas personalmente hasta la
cabeza de la Iglesia. Yo te daré mi Espíritu de forma que, donde sea que haya
diferencias entre dos personas, tú las puedas unir en mi nombre y mediante el
poder que se te da, si ellas creyesen. Como ulterior evidencia de mis palabras,
presentarás al pontífice los testimonios de aquellas personas que prueban mis
palabras y se deleitan con ellas. Pues mis palabras son como manteca que se
deshace más rápidamente cuanto más caliente esté uno en su interior. Allí donde
no hay calor, son rechazadas y no llegan a las partes más internas.

Mis palabras son así, porque cuanto más las come y las mastica una persona con
caridad ferviente por mí, más se alimenta con la dulzura del deseo del cielo y de
amor interior, y más arde por mi amor. Pero aquellos que no gustan de mis
palabras es como si tuvieran manteca en su boca, cuando la prueban, la escupen y
la postean en el suelo Algunas personas desprecian así mis palabras porque no
poseen gusto aluno de dulzura de lo espiritual. El dueño de la tierra, a quien he
escogido como uno de mis miembros y he hecho verdaderamente mío, te auxiliara
caballerosamente y te abastecerá de las provisiones necearías para tu camino, con
medios correctamente adquiridos.

80
Palabras de un ángel a la esposa sobre si el espíritu de sus pensamientos es bueno
o malo; sobre cómo hay dos espíritus, uno increado y uno creado, y sobre sus
características.

Capítulo 54

Un ángel habló a la esposa, diciendo: ―Hay dos espíritus uno increado y uno
creado.
El increado tiene tres características. En primer lugar, es caliente, en segundo lugar
es dulce y en tercer lugar es limpio. Primero, emite calor, no de las cosas creadas
sino de sí mismo, pues, junto con el Padre y el Hijo, el es Creador de todas las cosas
y todopoderoso. Él emana calor cuando toda el alma se inflama de amor por Dios.
Segundo, es dulce, cuando nada complace ni deleita al alma más que Dios y la
acumulación de sus obras. Tercero, es limpio y en Él no se puede hallar pecado ni
deformidad, ni corrupción o mutabilidad.
Él no emana calor, como el fuego material o como el sol visible, haciendo que las
cosas se derritan. Su calor es más bien el amor interno y el deseo del alma, que la
llena y la agranda en Dios. Él es dulce para el alma, no de la misma forma en que lo
es el vino o el placer sensual o algo que sea dulce en el mundo. La dulzura del
Espíritu no se puede comparar con ninguna dulzura temporal y es inimaginable
para aquellos que no la han experimentado. Tercero, el Espíritu es tan limpio como
los rayos del sol, en los que no se puede encontrar mancha alguna.
El segundo, es decir, el espíritu creado también tiene tres características. Es
ardiente, amargo e inmundo. Primero, quema y consume como el fuego, pues
encandila al alma que posee con el fuego de la lujuria y el deseo depravado, de
forma que el alma no puede ni pensar ni desear otra cosa que en satisfacer su
deseo, hasta el punto de que, como resultado de ello, su vida temporal a veces se
pierde con todo su honor y consolación. Segundo, es tan amargo como la hiel, pues
al inflamar el alma con su lujuria los demás gozos se le hacen insulsos y los gozos
eternos le parecen fatuos. 
Todo lo que tiene que ver con Dios, y que el alma habría de hacer por Él, se le
vuelve amargo y tan abominable como un vómito de bilis. Tercero, es inmundo,
pues hace al alma tan vil y propensa al pecado que no se avergüenza de pecar ni
desistiría de hacerlo si no fuera porque teme verse avergonzada ante otras
personas, más que ante Dios. Es por esto que este espíritu arde como el fuego,
porque quema por la iniquidad y encandila a los otros junto con él. También es por
esto que este espíritu es amargo, porque todo lo bueno se le hace amargo y desea
tornar lo bueno en amargo para los demás igual que hace consigo mismo. También
es por esto que es inmundo, porque se deleita en la corrupción y busca hacer a los
demás como a sí mismo.
Ahora bien, tú me puedes preguntar y decir: ‗¿Acaso no eres también tú
un espíritu
Creado como ese? ¿Por qué no eres igual?‘ Yo te respondo: Por supuesto que estoy
creado por el mismo Dios que también creó al otro espíritu, pues tan sólo hay un
Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y estos no son tres dioses sino un solo Dios.
Ambos fuimos bien hechos y creados por Dios, porque Dios tan sólo ha creado lo
bueno. Pero Yo soy como una estrella, pues me he mantenido fiel en la bondad y en
81
el amor de Dios, en quien fui creado, y él es como el carbón, porque ha
abandonado el amor de Dios. Por ello, igual que una estrella tiene brillo y esplendor
y el carbón es negro, un buen ángel, que es como una estrella, tiene su esplendor,
o sea, el Espíritu Santo.

Pues todo lo que tiene lo tiene de Dios, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Crece inflamado en el amor de Dios, brilla en su esplendor, se adhiere a él y se
conforma a sí mismo con su voluntad sin querer nunca nada más que lo que Dios
quiere. Es por esto que arde y es por esto que está limpio. El demonio es como feo
carbón y es más feo que ninguna otra criatura, porque, igual que era más hermoso
que los demás, tuvo que volverse más feo que los demás porque se opuso a su
Creador. Igual que el ángel de Dios brilla con la luz de Dios y arde incesantemente
en su amor, así el demonio está siempre quemándose en la angustia de su maldad.
Su maldad es insaciable, como la gracia y la bondad del Espíritu Santo es
indescriptible. No hay nadie en el mundo tan enraizado en el demonio que el buen
Espíritu no lo visite alguna vez y mueva su corazón. Igualmente, tampoco hay
nadie tan bueno que el demonio no trate de tocarlo con la tentación. Muchas
personas buenas y justas son tentadas por el demonio con el permiso de Dios. Esto
no es por maldad alguna de su parte sino para su mayor gloria.

El Hijo de Dios, uno en divinidad con el Padre y el Espíritu Santo, fue tentado en la
naturaleza humana que tomó. ¡Cuánto más son sus elegidos puestos a prueba para
una mayor recompensa! De nuevo, muchas buenas personas caen a veces en
pecado y su conciencia se oscurece por la falsedad del demonio, pero ellos se
vuelven a levantar robustecidos y se mantienen más fuertes que antes mediante el
poder del Espíritu Santo. Sin embargo, no hay nadie que no se dé cuenta de esto
en su conciencia, tanto si la sugestión del demonio conduce a la deformidad del
pecado como a la bondad, sólo compensar en ello y examinarlo cuidadosamente. Y
así, esposa de mi Señor, tú no has de dudar sobre si el espíritu de tus pensamientos
es bueno o malo. Pues tu conciencia te dice qué cosas has de ignorar y cuáles
escoger.

¿Qué ha de hacer una persona que está llena del demonio si, por esta razón, el
Espíritu bueno no puede entrar en ella? Tiene que hacer tres cosas. Ha de hacer
una pura e íntegra confesión de sus pecados, la cual, aun cuando no pueda estar
profundamente arrepentida, debido a la dureza de su corazón, aún le puede
beneficiar en la medida en que debido a su confesión el demonio le de cierta tregua
y se aparte del camino del Espíritu bueno. Segundo, ha de ser humilde, decidir
reparar los pecados cometidos y hacer todo el bien que pueda, y entonces el
demonio empezará a abandonarla. Tercero, para conseguir que vuelva a ella de
nuevo el buen Espíritu tiene que suplicar a Dios en humilde oración y, con el
verdadero amor, arrepentirse de los pecados cometidos, ya que el amor a Dios
mata al demonio. El demonio es tan envidioso y malicioso que antes muere cien
veces que ver a alguien hacer con Dios un mínimo bien por amor‖.

 Entonces, la bendita Virgen habló a la esposa, diciendo: ― ¡Nueva esposa de mi


Hijo, vístete, ponte el broche, es decir, la pasión de mi Hijo!‖ Ella le respondió: ―
82
¡Señora mía, pónmelo tú misma!‖ Y Ella dijo: ―Claro que lo haré. También quiero
que sepas cómo fue dispuesto mi Hijo y por qué los padres lo desearon tanto. Él
estuvo, como si dijéramos, entre dos ciudades. Una voz de la primera ciudad le
llamó diciendo: ‗Tú, que estás ahí entre las ciudades, eres un hombre sabio, pues
sabes cómo protegerte de los peligros inminentes. También eres lo bastante fuerte
como para resistir los males que amenazan. Además eres valiente, pues nada
temes. Hemos estado deseándote y esperándote ¡Abre nuestra puerta! ¡Los
enemigos la están bloqueando para que no se pueda abrir!‘ 

 Una voz de la segunda ciudad se oyó diciendo: ‗¡Tú hombre humanísimo y


fortísimo,
Escucha nuestras quejas y gemidos! ¡Considera nuestra miseria y nuestra
miserable penuria! Estamos siendo trillados como hierba cortada por una guadaña.
Estamos languideciendo, apartados de toda bondad y toda nuestra fuerza nos ha
abandonado ¡Vena nosotros y sálvanos, pues solo a ti hemos esperado, hemos
puesto nuestra esperanza en ti como libertador nuestro! ¡Ven y termina con nuestra
penuria, transforma en gozo nuestros lamentos! ¡Sé nuestra ayuda y nuestra
salvación! ¡Ven, dignísimo y benditísimo cuerpo, que procede de la purísima
Virgen!‘ 

 Mi Hijo escuchó estas dos voces de las dos ciudades, es decir, del Cielo y del
infierno. Por ello, en su misericordia, abrió las puertas del infierno mediante su
amarga pasión y el derramamiento de su sangre, y rescató de allí a sus amigos.
También abrió el Cielo, y dio gozo a los ángeles, al conducir hasta allí a los amigos
que había rescatado del infierno ¡Hija mía, piensa en estas cosas y mantenlas
siempre ante ti!‖
 
Sobre cómo Cristo es equiparado a un poderoso señor que construye una gran
ciudad y un magno palacio, que equivale al mundo y a la Iglesia, y sobre cómo los
jueces y trabajadores de la Iglesia de Dios se han convertido en un arco inútil

Capítulo 55
Yo soy como un poderoso señor que construyó una ciudad y le puso su nombre. En
la ciudad construyó un palacio donde había varias habitaciones pequeñas para
almacenar lo que se necesitara. Tras haber construido el palacio y organizado todos
sus asuntos, dividió a su pueblo en tres grupos, diciendo: ‗Me dirijo a ciudades
remotas ¡Manteneos firmes y trabajad con valor por mi gloria! He organizado
vuestra comida y necesidades. Tenéis jueces para que os juzguen, defensores para
que os defiendan de vuestros enemigos, y he encargado a unos empleados que os
alimenten. Ellos han depararme el diezmo de su trabajo, reservándolo para mi uso
y en mi honor‘.

Sin embargo, pasado cierto tiempo, el nombre de la ciudad cayó en el olvido.


Entonces, los jueces dijeron: ‗Nuestro señor se ha marchado a regiones remotas.
Vamos a juzgar correctamente y a hacer justicia de modo que, cuando vuelva, no
seamos acusados sino elogiados y bendecidos‘. Entonces, los defensores dijeron:
‗Nuestro señor confía en nosotros y nos ha encargado la custodia de esta casa.
83
¡Vamos a abstenernos de alimentos y bebidas superfluas, para no hacernos
ineptos en caso de batalla! ¡Abstengámonos del sueño inmoderado, para no ser
capturados de improviso!

¡Estemos también bien armados y constantemente alerta, para no ser sorprendidos


con la guardia baja por un ataque enemigo! El honor de nuestro señor y la
seguridad de su pueblo depende mucho de nosotros‘. Después, los empleados
dijeron: ‗La gloria de nuestro señor es grande y su recompensa gloriosa. ¡Vamos a
trabajar fuerte y démosle no sólo un diezmo de nuestro trabajo sino todo lo que nos
sobre de lo que nos gastemos en vivir! Nuestros salarios serán todos más gloriosos
cuanto más amor vea nuestro señor en nosotros‘.
  Tras esto, pasó algo más de tiempo y el señor de la ciudad y su palacio fueron
quedando olvidados. Entonces, los jueces se dijeron a sí mismos: ‗Nuestro señor se
Retrasa mucho. No sabemos si volverá o no ¡Juzguemos como queramos y
hagamos lo que nos apetezca!‘ Los defensores dijeron: ‗Somos unos tontos
porque  trabajamos y no sabemos cuál será nuestra recompensa ¡Aliémonos con
nuestros enemigos y durmamos y bebamos con ellos! Pues no es asunto nuestro
de quién hayan sido enemigos‘. Tras esto, los empleados dijeron: ‗¿Por qué
reservamos nuestro oro para otro? No sabemos quién selo llevará después de
nosotros.

Es mejor, pues, que lo usemos y dispongamos de ello a nuestro antojo. Demos los
Diezmos a los jueces y, teniéndolos de nuestra parte, podremos hacer lo que
queramos‘. En verdad, Yo soy como ese poderoso señor. Construí Yo mismo una
ciudad, es decir, el mundo y allí coloqué un palacio, o sea, la Iglesia. El nombre
dado al mundo era sabiduría divina, pues el mundo tuvo este nombre desde el
principio, al haber sido hecho en divina sabiduría. Este nombre era venerado por
todos y Dios era alabado por su conocimiento y maravillosamente aclamado por sus
criaturas. Ahora, el nombre de la ciudad ha sido deshonrado y cambiado, y la
sabiduría mundana es el nuevo nombre que se usa.

Los jueces, que en el pasado emitían sentencias justas, en el temor del Señor,
ahora se vuelcan en soberbia y son la ruina de la gente sencilla. Aparentan ser
elocuentes para ganarse los elogios humanos; hablan complacientemente para
conseguir favores. Soportan cualquier palabra ligera para ser llamados buenos y
mansos, pero permiten ser sobornados para dictar sentencias injustas. Son sabios
en lo que respecta a su propio beneficio mundano y a sus propios deseos, pero
mudos en mi alabanza. Menosprecian a la gente sencilla y los mantienen quietos.
Extienden a todos su codicia y convierten lo correcto en erróneo.

Este es el tipo de sabiduría que hoy en día se tiene en más estima, mientras que
lamía ha caído en el olvido. Los defensores de la Iglesia, que son los nobles y los
caballeros, ven a mis enemigos, a los asaltantes de mi Iglesia, y disimulan.
Escuchan sus
reproches y no les importa. Conocen y comprenden las obras de aquellos que vi
olan mismandamientos y, sin embargo, los soportan pacientemente.

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Los observan diariamente perpetrando todo tipo de pecado mortal con impunidad y
no sienten compunción sino que duermen junto a ellos e intercambian tratos y
favores, uniéndose a su compañía mediante juramento. Los empleados, que
representan a toda la ciudadanía, rechazan mis mandamientos y se quedan con mis
regalos y diezmos. Sobornan a sus jueces y les muestran reverencia para conseguir
su favor y beneplácito. Me atrevo a decir, de hecho, que la espada del temor hacia
mí y hacia mi Iglesia en la tierra ha sido envilecida y que se ha aceptado un saco de
dinero a cambio de ella.

Palabras en las que Dios explica la revelación precedente; sobre la sentencia


emitida contra estas personas y sobre cómo Dios, en algún momento, aguanta a
los malvados por el bien de los justo

Capítulo 56
Ya te dije antes que la espada de la Iglesia había sido envilecida y un saco de dinero
había sido aceptado a cambio. Este saco está abierto por un extremo. En el otro
extremo es tan profundo que todo lo que entra nunca alcanza el fondo, por lo que el
saco nunca se llena. Este saco representa la codicia. Ésta ha excedido todos los
límites y medidas y se ha hecho tan fuerte que el Señor es despreciado y nada se
desea más que el dinero y el egoísmo. Sin embargo, Yo soy como un señor que a la
vez es padre y juez.

Cuando su hijo llega a la audiencia, los allí presentes dicen: ‗¡Señor, procede
rápidamente y emite tu veredicto!‘ El Señor les responde: ‗Esperad un poco hasta
mañana, porque puede que mi hijo se reforme mientras tanto‘. Cuando llega el día
Siguiente, la gente le dice: ‗¡Procede y da tu veredicto, Señor! ¿Cuánto tiempo vas
a retrasar la sentencia y no vas a condenar a culpable?‘ El Señor responde:
‗¡Esperad un poco más, a ver si mi hijo se reforma! Y luego, si no se arrepiente,
haré lo que sea justo‘. De esta manera, soporto pacientemente a las personas hasta
el último momento, pues ala vez soy Padre y Juez. Sin embargo, como mi
sentencia es inconmutable, pese a que emitirla lleva mucho tiempo, castigaré a los
pecadores que no se reformen o, si se convierten, les mostraré mi misericordia.

Ya te dije antes que he clasificado a las personas en tres grupos: jueces,


defensores y empleados. ¿Qué simbolizan los jueces sino a los clérigos que han
convertido mi divina sabiduría en corrupción y vano conocimiento? Como
estudiantes avanzados, que recomponen un texto de muchas palabras en otro más
breve, y con pocas palabras dicen lo mismo que se decía con muchas, los clérigos
de hoy en día han tomado mis diez mandamientos y los han recompuesto en una
sola frase. ¿Y cuál es esa sola frase?: ‗¡Saca tu mano y danos dinero!‘ Esta es su
sabiduría: hablar elegantemente y actuar Maliciosamente, fingir que son míos y
actuar con iniquidad contra mí.

A cambio de sobornos, amablemente soportan a los pecadores en sus pecados y,


con su ejemplo, provocan la caída de la gente sencilla. Además, odian a aquellos
que siguen mis caminos. Segundo, los defensores de la Iglesia, los nobles, son
desleales. Han roto su promesa y su juramento y toleran con gusto a aquellos que
85
pecan contra la fe y la Ley de mi Santa Iglesia. En tercer lugar, los empleados, o la
ciudadanía, son como toros salvajes, porque hacen tres cosas: Primero, marcan el
suelo con sus pisadas; segundo, se llenan hasta saciarse; tercero, satisfacen sus
propios deseos tan sólo de acuerdo con su voluntad individual. Ahora los
ciudadanos ansían apasionadamente los bienes temporales. Se reafirman a sí
mismos en la glotonería inmoderada y en la vanidad mundana. Satisfacen sus
deleites carnales de manera irracional.
Pero, aunque mis enemigos son muchos, aún tengo muchos amigos en medio de
ellos, algunos ocultos. A Elías, quien pensaba que no quedaba ya ningún amigo mío
más que él, se le dijo: ‗Tengo a siete mil hombres que no han doblado sus rodillas
ante Baal‘. Del mismo modo, aunque los enemigos son muchos, aún tengo amigos
escondidos entre ellos que lloran diariamente porque mis enemigos han prevalecido
y porque mi nombre es despreciado. Como un rey bueno y caritativo, que conoce
los hechos perversos de la ciudad, pero soporta pacientemente a sus habitantes y
envía cartas a sus amigos alertándolos del peligro que corren, igualmente, en
atención a sus oraciones, Yo envío mis palabras a mis amigos.

Estos no son tan ocultos como aquellos del Apocalipsis que revelé a Juan bajo un
velo de oscuridad para que, a su tiempo, pudieran ser explicados por mi Espíritu
cuando yo lo decidiera. Tampoco son tan enigmáticos que no puedan ser manife
stados como cuando Pablo vio algunos de mis misterios que sobre los que no le fue
permitido hablar sino que son tan evidentes que todos, cortos o agudos de
inteligencia, pueden entenderlos, tan fáciles que todo el que quiera los puede
captar. Por tanto, que mis amigos vean cómo mis palabras alcanzan a mis
enemigos, de forma que quizá sean convertidos ¡Que se les den a conocer sus
peligros y juicio para que se arrepientan de sus obras! De lo contrario, la ciudad
será juzgada y, como sucede con un muro derrumbado en el que no queda piedra
sobre piedra, ni siquiera dos piedras unidas en sus fundamentos, así ocurrirá con la
ciudad, es decir, con el mundo.

Los jueces, seguramente, arderán en el fuego más vehemente. No hay fuego más
ardiente que el que se alimenta con grasa. Estos jueces estaban grasientos, pues
tuvieron más ocasiones de satisfacer su egoísmo que los demás, sobrepasaron a los
demás en honores y abundancia mundana, y abundaron más que los demás en
maldad y crueldad. Por ello, arderán en la más caliente de las sartenes.

Los defensores serán colgados en el más alto de los patíbulos. Un patíbulo


consisten dos piezas verticales de madera con una tercera colocada arriba de forma
transversal. Este patíbulo con dos postes de madera representa su cruel castigo
que, por decirlo de alguna forma, está hecho con dos piezas de madera. La primera
pieza significa que ni tuvieron esperanza en mi recompense eternal ni trabajaron
para merecerla por sus obras. La segunda pieza de madera indica que ellos no
confiaron en mi poder y bondad, creyendo que Yo no era capaz de hacer todo o que
no les quise proveer suficientemente.
La pieza transversal representa su torcida conciencia torcida porque ellos
entendieron bien lo que estaban haciendo, pero hicieron el mal y no sintieron
vergüenza de ir contra su conciencia. La cuerda del patíbulo representa el fuego
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inextinguible, que no puede ser apagado por el agua, ni cortado por tijeras ni
quebrado y caduco por la vejez. En este patíbulo de castigo cruel y fuego
inextinguible, ellos colgarán avergonzados como traidores. Sentirán angustia pues
fueron desleales. Oirán burlas, porque mis palabras les eran desagradables.

En sus gargantas habrá gritos de dolor porque se deleitaron en su propia alabanza y


gloria. Cuervos vivientes, es decir, demonios que nunca se sacian, les picotearán en
este patíbulo pero, a pesar de quedar heridos, nunca serán consumidos: vivirán en
tormento sin fin y sus verdugos vivirán para siempre. Sufrirán un duelo que nunca
acabará y una desgracia que nunca se mitigará. ¡Hubiera sido mejor para ellos no
haber nacido, que su vida no se hubiera prolongado.

La sentencia de los empleados será la misma que para los toros. Los toros tienen
una piel y una carne muy gruesas. Por ello, su sentencia es afiladísimo acero. Este
afiladísimo acero significa la muerte infernal que atormentara a aquellos que me
hayan despreciado y que hayan amado sus deseos egoístas más que mis
mandamientos.
 
La carta, es decir, mis palabras han sido escritas. Que mis amigos trabajen para
hacerlas llegar a mis enemigos con sabiduría y discreción, en la esperanza de que
atiendan y se arrepientan. Si, habiendo oído mis palabras, alguno dijera:
‗Esperemos un poco, aún no llega el momento, aún no es su hora‘… Entonces, por
mi divina naturaleza, que arrojó a Adán del paraíso y envió diez plagas al faraón,
juro que vendré antes de lo que piensan. Por mi humana naturaleza --que asumí
sin pecado de la Virgen por la salvación de la humanidad y en la que sufrí aflicción
en mi corazón, experimenté dolor en mi cuerpo y morí para que los hombres
vivieran, y en ella resucité de nuevo y ascendí, y estoy sentado a la derecha del
Padre, verdadero Dios y hombre en una persona--, Yo juro que llevaré a cabo mis
palabras.

Por mi Espíritu --que descendió sobre los apóstoles en el día de Pentecostés y les
inflamó tanto que hablaron los idiomas de todos los pueblos--, juro que, a menos
que enmienden sus caminos y vuelvan a mí como humildes siervos, me vengaré de
ellos en mi enojo. Entonces, se lamentarán en cuerpo y alma. Se lamentarán de
haber venido a vivir al mundo y de haber vivido en él. Se lamentarán de que
el placer que experimentaron fue muy pequeño y ahora es nulo y, sin embargo, su
tortura será para siempre. Entonces sedarán cuenta de lo que ahora se niegan a
creer, o sea, de que mis palabras eran palabras de amor. Entonces comprenderán
que Yo les advertí como un padre, pero ellos no quisieron escucharme. En verdad,
si no creen en las palabras de benevolencia, tendrán que creer en las obras que
están por venir.

Palabras del Señor a la esposa sobre cómo Él es abominable y despreciable


nutrición en las almas de los cristianos, mientras que el mundo es deleitable y
amable para ellos, y sobre la terrible sentencia que recaerá en tales personas.

Capítulo 57
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El Hijo dijo a la esposa: ―Los cristianos me tratan ahora de la misma forma que me
Trataron los judíos. Los judíos me echaron del templo y estaban enteramente
resueltos amatarme, pero como aún no había llegado mi hora, escapé de sus
manos. Los cristianos me tratan así ahora. Me echan de su templo, es decir, de su
alma, que debería ser mi templo, y si pudieran me matarían enseguida. En sus
labios, Yo soy como carne podrida y apestosa, creen que estoy mintiendo y no
se preocupan de mí en absoluto. Me vuelven sus espaldas, pero Yo apartaré mi
rostro de ellos, pues no hay nada más que codicia en sus bocas y sólo lujuria bestial
en su carne. Sólo la soberbia les complace, sólo los placeres mundanos deleitan su
vista.
Mi pasión y mi amor les resultan odiosos, y mi vida una carga. Por consiguiente,
actuaré como el animal que tiene muchas cuevas: cuando los cazadores lo acosan
en una cueva, escapa a otra. Haré esto, porque estoy siendo perseguido por los
cristianos, con sus malas obras, y arrojado de la cueva de sus corazones. Por ello,
me iré a los paganos en cuyas bocas ahora soy amargo e insípido pero llegaré a
serles más dulce que la miel. Sin embargo, aún soy tan misericordioso que con
gusto abriré mis brazos a quien me pida perdón y diga: ‗Señor, sé que he pecado
gravemente, y libremente quiero mejorar mi vida por tu gracia. ¡Ten piedad de mí,
por tu amarga pasión!
 Pero a aquellos que persistan en el mal, les llegaré como un gigante con tres
cualidades: terrible, muy fuerte y muy áspero. Llegaré inspirando tanto miedo a los
cristianos que no se atreverán ni a levantar el dedo meñique contra mí. También
vendré con tanta fuerza que serán como mosquitos ante mí. Tercero, vendré en tal
aspereza que sentirán dolor en el presente y se lamentarán sin fin‖.
 
Palabras de la Madre a la esposa; dulce diálogo de la Madre y el Hijo y sobre cómo
Cristo es amargo, muy amargo, amarguísimo para los malvados, pero dulce, muy
dulce, dulcísimo para los buenos.

Capítulo 58

La Madre dijo a la esposa: ―Considera, esposa nueva, la pasión de mi Hijo. Su


pasión sobrepasó en amargura a la pasión de todos los santos. Igual que una
madre quedaría amargamente destrozada si tuviera que presenciar cómo cortan en
pedazos a su propio hijo vivo, así fui yo destrozada en la pasión de mi Hijo, cuando
vi la crueldad de todo aquello‖. Entonces, le dijo a su Hijo: ―Bendito seas, Hijo mío,
pues eres san
to, como dice la canción: ‗Santo, santo, santo es el Señor, Dios del Universo‘.
¡Bendito seas, pues eres dulce, muy dulce y el más dulce! Eras santo antes de la
encarnación, santo en mi vientre y santo después de la encarnación. Fuiste dulce
antes de la creación del mundo, más dulce que los ángeles y el más dulce para mí
en tu encarnación‖.
 
El Hijo respondió: ― ¡Bendita seas, Madre, sobre todos los ángeles! Igual que Yo fui
el más dulce para ti, como decías ahora, también soy amargo, muy amargo, el más
amargo para los malvados. Soy amargo para aquellos que dicen que Yo creé
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muchas cosas sinrazón, que blasfeman y dicen que creé a las personas para morir y
no para vivir. ¡Qué idea tan miserable y sin sentido! ¿Acaso Yo, que soy el más
justo y virtuoso, creé a los ángeles sin una razón? ¿Habría Yo dotado a la naturaleza
humana de tantas bondades si la hubiera creado para condenarse? ¡De ninguna
manera! Yo lo hice todo bien y, por amor, a la humanidad le di todo lo bueno. Sin
embargo, la humanidad convierte todo lo bueno en malo para sí.
 
No es que Yo haya hecho nada malo sino que son ellos quienes lo hacen, dirigiendo
su voluntad a todo menos a lo que deberían de acuerdo a la ley divina. Eso es lo
que es malo. Yo soy más amargo para aquellos que dicen que les di libre albedrío
para pecar y no para hacer el bien, que dicen que soy injusto porque condeno a
algunas personas mientras que a otras las justifico, que me culpan de su propia
maldad porque aparto de ellos mi gracia. Yo soy muy amargo para aquellos que
dicen que mi ley y mis mandamientos son demasiado difíciles y que nadie los puede
cumplir, que dicen que mi pasión es indigna para ellos y que es por eso que no la
tienen en cuenta. Por tanto, juro sobre mi vida, como juré una vez por los profetas,
que defenderé mi causa ante los ángeles y todos mis santos. Aquellos para quienes
Yo soy amargo comprobarán por sí mismos que Yo creé todo racionalmente y bien,
para utilidad e instrucción de la humanidad, y que ni el más pequeño de los
gusanos existe sin razón. Aquellos que me encuentran más amargo comprobarán
por sí mismos que Yo, sabiamente, le di al ser humano libre albedrío con respecto a
lo bueno. Descubrirán también que Yo soy justo, dando el reino eterno a las buenas
personas y castigando a los malvados.
No sería correcto que el demoño, a quien cree bueno pero quien cayó por su propia
maldad, estuviera en compañía de los buenos. Los malvados también
comprobaran que no es culpa mía que ellos sean perversos, sino suya. De hecho,
si fuera posible, con gusto me sometería, por todos y cada uno de los seres
humanos, al mismo castigo que acepte una vez en la cruz por todos, para
restituirles su herencia prometida. Pero la humanidad está siempre oponiendo su
voluntad a la mía. Les di libertada para que me sirvieran, si quisieran y mereciesen
así el premio eterno. Pero si ellos no quisieran, tendrían que compartir el castigo del
demonio, por cuya maldad y sus consecuencias fue creado el infierno.
Como estoy lleno de caridad, no quise que la humanidad me sirviera por miedo ni
que fuese obligada a hacerlo como los animales irracionales, sino por amor a Dios
porque nadie que me sirva contra su voluntad o por temor de mis castigos podrá
ver mi rostro. Aquellos para quienes soy muy amargo se darán cuenta en su
conciencia de que mi ley era leve y mi yugo suave. Estarán inconsolablemente
tristes de haber menospreciado mi ley y de haber amado al mundo en su lugar,
cuyo yugo es más pesado y mucho más difícil que el mío.
Entonces, su madre agrego, Bendito sea, hijo mío, mi DIOS Y SEÑOR! Porque tú
eras mi dulce delicia, ruego que lo demás puedan hacerse anticipes de esta dulzura.
El hijo respondió; Bendita ere tu mi queridísima madre! Tus palabras son dulces y
llenas de amor. Por ello, buenamente acudiré a quien reciba tu dulzura en su b oca
y la conserve perfectamente. Pero quien la reciba y la rechace será castigado de la
forma más amarga. La virgen respondió: Bendito seas, Hijo mío por todo tu amor!
89
Palabras de cristo, en presencia de la esposa, conteniendo símiles en los que cristo
se compara con un labriego; los buenos sacerdotes con un buen pastor; los malos
sacerdotes con un mal pastor y los buenos cristianos con una esposa. Estos símiles
ayudan de muchas maneras.
Capítulo 59.
Yo soy el que nunca ha pronunciado mentira alguna. E mundo me toma por un
labriego cuyo mero nombre les resulta despreciable. Mis palabras se toman por
fatuas y mi casa se considera un vil tugurio. Ahora bien, este labriego tenía una
esposa que no quería más que lo que él quería, que poseía todo en común con su
marido y lo acepto como a su maestro, obedeciéndoles en todo como a su maestro.
Este campesino también tenía un montón de ovejas y contrato a un pastor para
que las cuidara por cinco piezas de oro y por la provisión de sus necesidades diarias.
Este era un buen pastor que hizo un buen uso del oro y del alimento, en la medida
de sus necesidades.
A medida que paso el tiempo, este pastor fue sucedido por otro pastor, uno inferior,
quien empleo el oro para comprarse una esposa y darle su alimento, que
descansaba con ella constantemente y no cuidaba delos pobres ovejas, que fueron
acosadas y dispersadas por bestias feroces. Cuando el labriego vio su rebaño
disperso, grito diciendo: mi pastor no me es fiel. Mi rebaño sea dispersado y
algunas ovejas han sido devoradas indefensas, por bestias feroces, mientas que
otras han muerto aunque sus cuerpos no han sido destrozados. Entonces, la mujer
del campesino le dijo a su marido; señor, es cierto que no recuperaremos los
cuerpos que han sido devorados. Pero vamos a llevarnos a casa y a usar aquellos
cuerpos que han quedado intactos, aunque ya no hay respiro vida en ellos.
No podríamos soportar el quedarnos sin nada. Su marido le respondió Que
podemos hacer¨? Al tener los animales veneno en sus dientes, la carne delas
ovejas está infectada de veneno mortal, su piel esta corrompida, la lana esta
amazacotada. Su mujer agrego; si todo se ha desperdiciado y todo se ha perdido
entonces, de que vamos a vivir? El marido dijo Veo que hay algunas ovejas aun
vivas en tres lugares. Algunas de ellas parecen muertas y no se atreven a respirar,
por temor. Otras están enterradas ene l barro y no pueden levantarse. Aun otras
están escondidas y no se atreven a salir. Ven esposa, vamos a levantar a las
ovejas que están tratando de ponerse de pie pero no pueden sin ayuda y vamos a
usarlas.
Observa, yo el señor, soy el campesino. Los hombres me ven como si fuera el
trasero de un burro criado en un establo, según su naturaleza y hábitos. Mi nombre
es la menta de la santa iglesia. Ella es considerada como despreciable en la medida
en que los sacramentos de la iglesia, bautismo, crisma, unción, penitencia y
matrimonio, son de alguna forma, recibidos con irrisión y administrados a algunos
con codicia. Mis palabras se tienen fatuas, pues las palabras de mi boca,
pronunciadas en parábolas, han pasado de un entendimiento espiritual a ser
convertidas en entretenimiento para los sentidos. Mi casa es vista como
despreciable en cuanto que las cosas de la tierra son amadas más que las del cielo.

90
El primer pastor que tuve simboliza a mis amigos, o sea, a los sacerdotes que
acostumbraba a tener en la Santa Iglesia (por uno quiero decir muchos). A ellos les
confié mi rebaño, es decir mi venerabilísimo cuerpo, para que lo consagraran, y las
almas de mis elegidos para que las gobernaran y protegieran. También les di cinco
cosas buenas, más preciosas que el oro, en concreto, una captación inteligente de
todos los temas enigmáticos para que distinguieran entre el bien y el mal, entre la
verdad y la falsedad. Segundo, les di penetración y sabiduría de temas espirituales.
Esto se ha olvidado
ahora y, en su lugar, se ama el conocimiento del mundo. Tercero, les di castida
d; cuarto, templanza y abstinencia en todo para un autocontrol de su cuerpo;
quinto, estabilidad en los buenos hábitos, palabras y obras. 

Tras este primer pastor, o sea, después de estos amigos míos que solía haber en
mi Iglesia en tiempos pasados, ahora han entrado otros pastores malvados. Ellos
han comprado una esposa para sí mismos a cambio del oro, o sea, a cambio de su
castidad, y, por esas cinco cosas buenas, tomaron para sí el cuerpo de una mujer,
es decir, la incontinencia. Por ello mi Espíritu se ha apartado de ellos. Cuando tienen
total voluntad de pecar y de satisfacer a su esposa, es decir, a su lujuria, según su
sentido del placer, mi Espíritu está ausente de ellos, pues no se preocupan de la
pérdida del ganado mientras puedan seguir su propia voluntad.

Las ovejas que fueron completamente devoradas representan a aquellos cuyas


almas están en el infierno y cuyos cuerpos están enterrados en tumbas a la
espera de la resurrección del eterno castigo. Las ovejas cuyos cuerpos están
intactos, pero cuyo espíritu de vida ya no está en ellos, representan a las personas
que ni me aman ni me temen, no sienten devoción alguna ni les importo. Mi
Espíritu está lejos de ellos, pues los dientes envenenados de las bestias han
contaminado su carne. En otras palabras, sus pensamientos y espíritu, como lo
simbolizan la carne y entrañas de la oveja, son para mí tan repugnantes como lo
escomer carne envenenada. Su piel, es decir, su cuerpo, está desprovisto de toda
bondad y caridad y no vale para servir en mi Reino. Al contrario, será enviado al
fuego sempiterno del infierno después del juicio. Su lana, o sea, sus obras, son tan
inútiles que no hay nada en ellos que les haga merecer mi amor y mi gracia.

Entonces, buenos cristianos--es decir, esposa mía-- ¿qué podemos hacer? Veo que
aún hay ovejas vivas en tres lugares. Algunas se parecen a la oveja muerta y no se
atreven a respirar por miedo. Estos son los gentiles que de buena gana adoptarían
la verdadera fe si la conocieran. Sin embargo, no se atreven a respirar, o sea, no se
atreven a perder la fe que ya tienen y no se atreven a aceptar la verdadera fe. El
segundo grupo de ovejas es el de aquellas que están escondidas y no se atreven a
salir. Estas representan a los judíos que, por decirlo de alguna manera, están como
detrás de un velo. Con gusto saldrían, si tuvieran certeza de que yo nací. Se
esconden tras el velo en la medida en que su esperanza de salvación está en las
figuras y signos que acostumbraban a simbolizarme en la antigua Ley, pero que
fueron verdaderamente realizados en mí, cuando me encarné.

91
Por su vana esperanza tienen miedo de salir a la verdadera fe. En tercer lugar, las
ovejas que quedaron atrapadas en el barro son los cristianos en estado de pecado
mortal. Por su miedo al castigo, están deseosos de levantarse de nuevo, pero no
pueden debido a lo grave de sus pecados y porque les falta caridad. Por eso, esposa
mía, o sea mis buenos cristianos, ¡ayudadme! Igual que la mujer y el hombre son
considerados una sola carne y un solo miembro, así el cristiano es mi miembro y Yo
soy de él, pues estoy en él y él está en mí. Así pues, esposa mía, mis buenos
cristianos, ¡acudid conmigo a las ovejas que aún respiran un poco y vamos a
levantarlas y revivirlas! ¡Sostened sus lomos mientras yo les sostengo la cabeza! Me
regocija el llevarlas en mis brazos. Una vez las cargué todas sobre mi espalda,
cuando ésta estaba toda herida y pegada a la cruz.

¡Oh, amigos míos! Amo tan tiernamente a estas ovejas que, si me fuese posible
sufrir, por cualquiera de estas ovejas individualmente, la muerte que sufrí una vez
en la cruz por todas ellas, antes que perderlas, así las redimiría. Por ello, con todo
mi corazón, es ruego a mis amigos que no escatimen esfuerzos ni bienes por mí. Si
Yo no escatimé reproches cuando estuve en el mundo, que no se achiquen ellos a la
hora de decir la verdad sobre mí. Yo no me avergoncé de morir una muerte
despreciable por ellos, sino que me mantuve ahí igual que cuando vine al mundo,
desnudo ante los ojos de mis enemigos.

Fui golpeado en los dientes por sus puños; fui arrastrado por el pelo de sus dedos;
fui azotado por sus azotes; fui clavado en la madera con sus herramientas, y
colgado en la cruz junto a maleantes y ladrones. ¡Por tanto, amigos míos, no
escatiméis esfuerzos por mí, que resistí todo esto por mi amor hacia vosotros!
¡Trabajad valientemente y ayudad a mi necesitado rebaño! Por mi naturaleza
humana --que es el Padre porque el Padre está en mí-- y por mi naturaleza divina
--que es mi Espíritu porque el Espíritu está en ella y porque el mismo Espíritu está
en mí y en Él, siendo estos tres un solo Dios entres Personas--, juro que acudiré a
aquellos que se esfuercen en cargar mis ovejas conmigo, los ayudaré mientras
caminan y les daré un precioso estipendio: Yo mismo, en su gozo sempiterno.

Palabras del Hijo a la esposa sobre tres tipos de cristianos, simbolizados por los
judíos que vivían en Egipto, y sobre cómo éstas revelaciones fueron dadas a la
esposa para que fueran transmitidas, publicadas y predicadas por los amigos de
Dios.

Capítulo 60
El Hijo habló a la esposa, diciéndole: ―Yo soy Dios de Israel, el que habló con
Moisés. Cuando fue enviado a mi pueblo, Moisés pidió un signo, diciendo: ‗El
pueblo no me creerá de otra manera‘. Si el pueblo, al que Moisés fue enviado,
pertenecía al Señor ¿por qué carecía de confianza? Has de saber que había tres
tipos de personas entre los judíos. Algunos creían en Dios y en Moisés. Otros creían
en Dios, pero carecían de confianza en Moisés, preguntándose si, tal vez, no estaría
él diciendo y haciendo todo por propia invención y presunción. El tercer tipo eran
aquellos que no creían ni en Dios ni en Moisés.

92
Igualmente, hay ahora tres tipos de personas entre los cristianos, como lo
simbolizan los hebreos. Hay algunos que realmente creen en Dios y en mis
palabras. Hay otros que creen en Dios, pero que carecen de confianza en mis
palabras, porque no saben cómo distinguir entre un espíritu bueno y otro malo. Los
terceros son los que no creen en mí ni en ti, esposa mía, a quien he hablado mis
palabras. Pero, como dije, pese a que algunos de los hebreos carecían de confianza
en Moisés, todos sin embargo cruzaron el Mar Rojo con él hacia el interior del
desierto, donde los que no tenían confianza adoraron ídolos y provocaron el enfado
de Dios, que es por lo que su fin fue una muerte miserable, aunque todo no lo
hicieron sólo los que obraron de mala fe.

Por esta razón, como el espíritu humano es lento para creer, mi amigo debe
transmitir mis palabras a aquellos que crean en él. Después, ellos las divulgarán a
otros que no saben cómo distinguir a un espíritu bueno de otro malo. Si los oyentes
le piden un signo, que muestre a esas personas una vara, como lo hizo Moisés, es
decir, que les explique mis palabras. La vara de Moisés era recta y, por su
transformación en una serpiente, también fue temible para ellos. Igualmente, mis
palabras son rectas y no hay falsedad en ellas. Son temibles, también, porque
emiten un juicio verdadero. Que expliquen y declaren que, por las palabras y sonido
de una sola boca, el demonio se apartó de criaturas de Dios, ése mismo demonio
que podría mover montañas si no estuviera restringido por mi poder. ¿Qué clase de
poder le correspondió, con el permiso de Dios, cuando fue hecho para huir ante el
sonido de una sola palabra? Según esto, de la misma forma que aquellos hebreos
que no creían en Dios ni en Moisés también dejaron Egipto hacia la tierra
prometida, siendo, de alguna forma, forzados junto con los demás, de igual
manera, muchos cristianos irán ahora, sin desearlo, junto con mis elegidos, sin
creer en mi poder para salvarlos. No creen en mis palabras de ninguna manera, tan
sólo tienen una falsa confianza en mi poder. Sin embargo, mis palabras se
cumplirán sin que ellos lo deseen y, en cierto modo, serán forzados a caminar hasta
la perfección hasta que lleguen donde a mí me conviene‖.

EL LIBRO DE LAS  REVELACIONES CELESTIALES

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Santa Brígida de Suecia

LIBRO 2
Las instrucciones del Hijo a la novia acerca del Demonio; la respuesta del Hijo a la
novia acerca del por qué ÉL no aparta a quienes hacen el mal antes de que caigan
en el pecado; y sobre cómo el reino del cielo es dado a las personas bautizadas
que mueren antes de alcanzar la edad de la discreción.

Capítulo 1

El Hijo habló a la novia, diciendo: ―Cuando te tiente el Demonio, dile estas tres
cosas: ‗Las palabras de Dios no pueden ser nada más que la verdad.‘ Segundo:
‗Nada es
Imposible para Dios, porque Él puede hacer todas las cosas.‘ Tercero: ‗Tú demonio,
no me puedes dar un fervor de amor tan grande como el que Dios me da.‘
Nuevamente el Señor le habló a la novia, diciendo: ―Veo a la gente de tres
maneras: primero, su cuerpo externo para ver en qué condición se encuentra;
segundo, su conciencia interna, a qué se inclina y de qué manera; tercero,
su corazón, y qué es lo que desea. Como un pájaro que ve un pez en el mar y
calcula la profundidad del agua y también tiene en cuenta los vientos de tormenta,
Yo, también, conozco y evalúo la manera de ser de cada persona y tomo nota de
qué es lo que le toca a cada una, ya que tengo una vista fina y perspicaz y puedo
evaluar la situación humana mejor de lo que una persona se conoce a sí misma.

Por lo tanto, porque veo y sé todas las cosas, pueden preguntarme por qué no me
llevo a quienes hacen el mal antes que caigan en las profundidades del pecado. Yo
mismo formulé la pregunta y Yo mismo te la responderé: Yo soy el Creador de
todas las cosas, y todas las cosas me son conocidas de antemano. Yo conozco y
veo todo lo que ha sido y lo que será. Pero, aunque conozco y puedo hacer todas
las cosas, aun así, por razones de justicia, no interfiero con la constitución natural
del cuerpo como tampoco lo hago con la inclinación del alma. Cada ser humano
continúa existiendo de acuerdo a la constitución natural del cuerpo tal cual es y fue
desde toda la eternidad en mi conocimiento previo. El hecho que una persona tenga
una vida más larga y otra más corta tiene que ver con la fuerza o debilidad
naturales y está relacionada con su constitución física. No es debido a mi
conocimiento previo que una persona pierde su vista u otra se vuelve coja o algo
parecido, ya que mi conocimiento previo de todas las cosas es de tal forma que por
él nadie ha empeorado, ni tampoco le ha hecho daño a alguien.

Es más, estas cosas no ocurren por el curso y la posición de los elementos


celestiales, sino por algún principio oculto de justicia en la constitución y
conservación de la naturaleza. Porque el pecado y el desorden natural conllevan a la
deformidad del cuerpo de muchas maneras. Esto no sucede porque es mi voluntad
directa, sino porque permito que ocurra para que haya justicia. A pesar de que Yo
puedo hacer todas las cosas, aun así no obstruyo a la justicia. Como corresponde, la
94
longevidad o brevedad dela vida de una persona, está relacionada con la fuerza o
debilidad de su constitución física, tal como estaba en mi conocimiento previo el cual
nadie puede contravenir.

Puedes entender esto a través de un símil. Imagínate que había dos caminos con
un camino que conduce a ellos. Había muchas tumbas en ambos caminos,
cruzándose y empalmándose una sobre otra. El final de uno de los dos caminos se
pronunciaba directamente hacia abajo; el final del otro hacia arriba. En el cruce
estaba escrito: ‗Quien viaje por este camino lo empezará con placer y deleite físicos
y lo terminará en miseria y vergüenza. Quien tome el otro camino lo comenzará
con un esfuerzo moderado y soportable, pero alcanza el final con un gran gozo y
consolación.‘ Una persona que caminaba sola sobre el camino solitario se hallaba
completamente ciega. Sin embargo, cuando llegó al cruce de caminos sus ojos se
abrieron y vio lo que estaba escrito acerca de cómo terminaban ambos caminos.

Mientras estaba estudiando el letrero y pensándolo consigo misma, repentinamente


se aparecieron junto a esta persona dos hombres a quienes se les había confiado el
cuidado de ambos caminos. A medida que observaban al caminante en el cruce de
caminos, se dijeron el uno al otro: 'Observemos cuidadosamente cuál de los
caminos decide tomar y entonces él pertenecerá a aquél de nosotros cuyo camino
seleccione.' El caminante, sin embargo, estaba considerando consigo mismo el fin y
las ventajas de cada camino. Tomó la prudente decisión de seleccionar el camino
cuyo principio involucraba algo de dolor pero al final tenía gozo, en vez del camino
que empezaba con alegría y terminaba con dolor. Decidió que era más sensato y
tolerable cansarse al hacer un poco de esfuerzo al principio pero descansar con
seguridad al final.

¿Entiendes lo que significa todo esto? Te lo diré. Estos dos caminos son el bien y el
mal al alcance humano. Está dentro del libre albedrío y poder de la persona el
escoger lo que él o ella deseen al llegar a la edad de la discreción. Un camino
solitario lleva a los dos caminos de elección entre el bien y el mal; en otras palabras,
la época de la niñez lleva a la edad de la discreción. El hombre al caminar sobre este
primer camino como un ciego porque lo está, ciego desde su niñez hasta que llega
a la edad de la discreción, sin saber cómo distinguir entre el bien y el mal, entre el
pecado y la virtud, entre lo que se ordena y lo que está prohibido.

El hombre caminando en este primer camino, es decir, en su época juvenil, es


como si estuviera ciego. Sin embargo, cuando llega al cruce de caminos, es decir, la
edad de la discreción, se abren los ojos de su entendimiento. Entonces sabe cómo
decidir si es mejor experimentar un poco de dolor pero el gozo eterno o un poco de
gozo y el dolor eterno. Cualquier camino que escoja, no le faltarán quienes le
cuenten cuidadosamente sus pasos. Hay muchas tumbas en estos caminos, una
seguida de otra, y una encima contra la otra, porque tanto en durante la juventud
como en la vejez, una persona puede morir antes, otra después, una en la
juventud, otra en la vejez. El final de esta vida está simbolizado adecuadamente
con tumbas: le llegará a todos, a uno de esta forma, a otro en aquélla, de acuerdo a

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la constitución natural de cada quien y exactamente como Yo lo he sabido con
anticipación.

Si Yo tomase alguno, yendo en contra de la constitución natural del cuerpo, el


demonio tendría fundamento para acusarme. Consecuentemente, para que el
demonio no pueda encontrar nada en mí que en lo más mínimo vaya en contra la
justicia, no interfiero con la constitución natural del cuerpo como tampoco interfiero
con la constitución del alma. ¡Pero consideren mi bondad y misericordia! Porque,
como dice el maestro, doy virtud a aquellos que no tienen virtud alguna. Debido a
mi gran amor les doy el reino del cielo a todos los bautizados que mueren antes de
llegar a la edad de la discreción. Como está escrito: Ha complacido a mi Padre el
dar el reino del cielo apersonas como estas. Debido a mi tierno amor, muestro
piedad hasta por los niños de los paganos.

Si alguno de ellos muere antes de la edad de la discreción, dado que no pueden


conocerme cara a cara, en lugar de esto van a un lugar que no te está permitido
saber pero en el que vivirán sin sufrimiento. Aquellos que hayan avanzado en el
primer camino alcanzarán esos dos caminos, es decir, la edad de la discreción entre
el bien y el mal. Entonces tienen la facultad de escoger lo que más les guste. La
recompensa seguirá a la inclinación de su voluntad, puesto que para entonces, ya
saben cómo leer el letrero escrito en el cruce de caminos, el cual les dice que es
mejor experimentar un poco de dolor al comienzo y que el gozo los esté esperando,
que experimentar gozo al principio y dolor al final. Algunas veces ocurre que
algunas personas son llevadas más temprano delo que su constitución física natural
normalmente lo permitiría, por ejemplo, a través del homicidio, borrachera y cosas
de esa naturaleza.

Esto es porque la maldad del demonio es tal que el pecador en este caso recibiría
un castigo extremadamente largo si llegase a continuar en el mundo por más
tiempo. Por lo tanto, algunas personas son llevadas más temprano de lo que su
condición física natural lo permitiría, debido a las demandas de justicia y por sus
pecados. He sabido de su remoción de este mundo desde toda la eternidad y es
imposible para alguien contravenir mi conocimiento previo. A veces las personas
buenas son llevadas también antes de lo que su constitución física natural lo
permitiría. Debido al amor tan grande que les tengo, y por su ardiente amor y sus
esfuerzos para disciplinar su cuerpo por Mí, algunas veces la justicia requiere que
sean llevados, como lo He sabido desde toda la eternidad. Por lo tanto, no interfiero
con la constitución natural del cuerpo como tampoco interfiero con la constitución
del alma.‖

La acusación del Hijo sobre cierta alma que se iba a condenar ante la presencia de
la novia, y la respuesta de Cristo al demonio acerca de por qué permitió a esta
alma y a otros malhechores tocar o recibir su verdadero cuerpo.

Capítulo 2
Dios se mostró enojado y dijo: ―Esta obra de Mis manos, la cual destiné para gran

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Gloria, me desprecia mucho. Esta alma, a quien le ofrecí todo mi amoroso cuidado,
me hizo tres cosas: Desvió sus ojos de Mí y los volvió hacia el enemigo. Fijó su
voluntad en el mundo. Puso su confianza en sí mismo, porque tenía la libertad de
pecar contra mí. Por esta razón, porque no se molestó en tener ninguna
consideración por mí, ejercí mi repentina justicia sobre él. Porque había fijado su
voluntad contra Mí y había depositado una falsa confianza en sí mismo, le arrebaté
el objeto que anhelaba.‖ Entonces un demonio gritó, diciendo: ―Juez, esta alma es
mía.‖ El Juez contestó: ― ¿Qué argumentos tienes contra ella?‖ Respondió: ―Mi
acusación es la declaración en tu propia denuncia, que él te despreció, su Creador, y
debido a eso su alma se ha vuelto mi sirviente. Además, puesto que fue llevado
repentinamente, ¿cómo podría empezar repentinamente a agradarte? Ya que,
cuando tenía cuerpo sano y vivía en el mundo, no te sirvió con un corazón sincero,
puesto que amaba las cosas creadas más fervientemente, y tampoco soportó con
paciencia la enfermedad ni se reflejó en tus obras como debió haberlo hecho. Al
final no ardía con el fuego de caridad. Él es mío porque te lo llevaste
repentinamente.‖
 
El Juez contestó: ―Un final repentino no condena a un alma, a menos que haya
inconsistencia en sus acciones. La voluntad de una persona no es condenada para
siempre sin una cuidadosa deliberación.‖ Entonces la Madre de Dios vino y dijo:
―Hijo
Mío, ¿si un sirviente flojo tiene un amigo quien tiene relación íntima con su amo, no
debería venir su amigo íntimo en su ayuda? ¿No debería ser salvado si lo está
pidiendo, por el bien del otro?‖. El Juez respondió: ―Todo acto de justicia debe de ir
acompañado de misericordia y sabiduría misericordia con respecto a perdonar la
severidad, sabiduría para asegurar que se mantenga la equidad. Pero si la
transgresión es de tal tipo que no merezca remisión, la sentencia aún puede ser
mitigada por la amistad sin infringir la justicia. Entonces su madre dijo: ―Mi bendito
Hijo, esta alma me tuvo constantemente en su mente y me mostró reverencia y
frecuentemente estaba movida a celebrar la gran solemnidad en mi honor, a pesar
que haya sido fría hacia Ti. Así es que, ¡ten piedad de ella!‖
 
El Hijo respondió: ― Madre Bendita, tú ves y sabes todas las cosas en Mí. Aunque
esta alma te haya tenido en la mente, lo hizo más por su bienestar temporal que
por el espiritual. No trató Mi purísimo cuerpo como debió. Su malhablada boca lo
privó de
Disfrutar Mi caridad. El amor mundano y la descomposición le escondieron mi
sufrimiento. El dar por hecho Mi perdón y el no pensar en su fin aceleraron su
muerte. Aunque Me recibía constantemente, esto no lo mejoró mucho, porque no
se preparaba adecuadamente. Una persona que desea recibir a su noble Señor e
invitado no sólo debe de preparar la habitación sino todos los utensilios. Este
hombre no lo hizo así, puesto que, aunque limpiaba la casa, no la barría
reverentemente con cuidado. No esparció el piso con las flores de sus virtudes o
llenó los utensilios de sus extremidades con abstinencia. Por lo tanto, ves
suficientemente bien que lo que se le debe hacer es lo que merece.

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Aunque Yo sea invulnerable y esté por encima de la comprensión y estoy en todo
lugar por Mi divinidad, mi deleite está en lo puro, aun cuando entro tanto en los
buenos como en los malditos. Los buenos reciben mi cuerpo, el cual fue crucificado
y ascendido al cielo, el cual fue prefigurado por el maná y por la harina de la viuda.
Los malvados también lo hacen así, pero, mientras que para el bueno lo conduce a
una mayor fortaleza y consolación, a los malvados los conduce a una condenación
más justa, en tanto que, en su falta de méritos, no temen acercarse a tan digno
sacramento.‖ El demonio contestó:―Si se acercó indignamente a Ti y su sentencia
se hizo más estricta por esto, ¿por qué permitiste que se acercara a Ti y Te tocara a
pesar de ser tan indigno?‖
 
El Juez contestó: ―No preguntas esto por amor, ya que no tienes ninguno, pero Mí
Poder te obliga a preguntarlo por el bien de mi novia quien escucha. De la misma
manera en tanto el bueno como el malo me manejaron en Mi naturaleza humana
para probar la realidad de Mi naturaleza humana así como mi paciente humildad,
así también los buenos y los malvados me comen en el altar-- los buenos hacia su
mayor perfección, los malos para que no crean ellos mismos que ya están
condenados de tal forma que, habiendo recibido mi cuerpo pueden ser convertidos,
siempre que decidan reformar su intención. ¿Qué amor más grande les puedo
mostrar que Yo, el más puro, entraré hasta en los recipientes más impuros (aunque
como el sol material no puedo ser profanado por nada)? Tú y vuestros camaradas
desprecian este amor, puesto que se han endurecido en contra del amor.‖ Entonces
la Madre habló de nuevo: ―Mi buen Hijo, cada vez que se acercaba a Ti, él aun te
tenía reverencia, aunque no como debía habértela tenido. También
se arrepiente de haberte ofendido, aunque no perfectamente. Hijo Mío, por mi
bien, considera esto en provecho de él.‖ El Hijo respondió: ―Como dijo el profeta,
Yo soy el verdadero sol, a pesar de ser mucho mejor que el sol material. El sol
material no penetra montañas o mentes, pero yo puedo hacer ambas cosas.

Una montaña puede obstruir al sol material teniendo como resultado que la luz
solar no llega a la tierra cercana, pero ¿qué puede ponerse en Mi camino excepto la
pecaminosidad que previene que esta alma sea afectada por Mi amor? Aun si se
retirara una parte de la montaña, la tierra en las cercanías no recibiría la calidez del
sol. Y si yo entrara dentro de una parte de una mente pura, ¿qué consuelo tendría
si pudiese oler la fetidez de alguna otra parte? Por lo tanto, uno debe de deshacerse
de todo lo que esté sucio, y entonces el dulce gozo seguirá a la hermosa limpieza.‖
Su Madre respondió: ― ¡Que se haga Tu voluntad con toda misericordia!‖

EXPLICACIÓN
Éste fue un sacerdote quien frecuentemente había recibido amonestaciones
concernientes a su comportamiento incontinente y que no quería atender razones.
Un día cuando salió a la pradera a cepillar a su caballo, vinieron truenos y un rayo
que le cayó y lo mató. Su cuerpo quedó totalmente ileso excepto por sus partes
privadas, las cuales se podían ver totalmente quemadas. Entonces el Espíritu de
Dios dijo: ―Hija, aquellos que se dejan enredar en tales placeres despreciables,
merecen sufrir en sus almas lo que este hombre sufrió en su cuerpo.‖
 
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Palabras de asombro de la Madre de Dios a la novia, y sobre cinco casas en el
mundo cuyos habitantes representan cinco estados de personas, a
saber Cristianos infieles, Judíos y paganos obstinados separadamente, Judíos y
paganos juntos, y los amigos de Dios. Este capítulo contiene muchas observaciones
útiles.

Capítulo 3
María dijo: ―Es una cosa horrible que el Señor de todas las cosas y Rey de la Gloria
Sea despreciado. Él fue como peregrino en la tierra, deambulando de lugar en
lugar, tocando en muchas puertas, como un caminante buscando acogida. El
mundo fue como una propiedad que tenía cinco casas. Cuando mi Hijo llegó a la
primera casa vestido como peregrino, tocó a la puerta y dijo: ‗Amigo, ábreme y
déjame entrar para descansar ya quedarme contigo, ¡para que los animales
salvajes no me hagan daño, para que las lluvias torrenciales y aguaceros no me
caigan encima! ¡Dame algo de tu ropa para calentarme del frío, para cubrir mi
desnudez! ¡Dame algo de tu comida para refrescarme en mi hambre y algo de
beber para revivirme! ¡Recibirás una recompensa de tu Dios!
La persona que estaba dentro respondió: ‗Eres demasiado impaciente, de manera
que no puedes vivir pacíficamente con nosotros. Eres demasiado alto. Por tal razón
no te podemos arropar. ¡Eres demasiado codicioso y glotón, de manera que no te
podemos satisfacer, ya que no tiene fin tu apetito avaro! Cristo el peregrino
responde desde afuera: Amigo, déjame entrar alegre y voluntariamente. No
necesito mucho espacio. ¡Dame algo de tu ropa, ya que no hay ropa tan pequeña
en tu casa que no pueda ofrecerme al menos algo de calor! Dame algo de tu
comida, ya que aun un diminuto bocado me puede satisfacer y una simple gota de
agua me refrescará y fortalecerá.‘ La persona que estaba dentro replicó: ‗Te
conocemos bastante bien.

Eres humilde al hablar pero inoportuno en tus solicitudes. Haces ver que te
contentas fácilmente con poco pero, de hecho, eres insaciable cuando deseas
llenarte. Estás demasiado frío y difícil de arropar. ¡Vete de aquí, no te recibiré!‘
Entonces fue a la segunda casa y dijo: ¡Amigo, ábreme y mírame! Te daré lo que
necesitas. Te defenderé de tus enemigos.‘ La persona que estaba dentro respondió:
‗Mis ojos están débiles. Les dolería el verte. De todo tengo suficiente y no necesito
nada de lo tuyo. Soy fuerte y poderoso, ¿quién podrá hacerme daño?‘ Llegando,
entonces, a la tercera casa, dijo: ‗ ¡Amigo, préstame tus oídos y escúchame! ¡Estira
hacia adelante tus manos y abrázame! ¡Abre tu boca y pruébame!‘
 
 El habitante de la casa respondió: ‗¡Grítame más fuerte para que te pueda oír
mejor! Si eres amable, te atraeré hacia mí. Si eres agradable, te dejaré entrar.‘
Entonces Él fue ala cuarta casa cuya puerta estaba entre abierta. Dijo: ‗Amigo, si te
pusieras a considerar que tu tiempo ha sido inútilmente usado, me permitirías
entrar. Si pudieras
comprender y escuchar lo que he hecho por ti, tendrías compasión de mí. Si pu
sieras atención a cuánto me has ofendido, suspirarías y rogarías perdón.‘ El
hombre contestó: ‗Estamos casi muertos de estar esperándote y añorando tu
presencia. Ten compasión de nuestra desgracia y estaremos más que listos para
99
entregarnos a ti. Contempla nuestra miseria y ve la congoja de nuestro cuerpo, y
estaremos listos para lo que desees. Entonces llegó a la quinta casa, la cual estaba
completamente abierta. Dijo: ‗Amigo, con gusto entraría aquí, pero debes saber
que busco un lugar para descansar más suave que el que provee una cama con
plumas, un calor mayor que el que se obtiene de la lana, una comida más fresca de
la que la carne fresca de un animal puede ofrecer.‘ 
 
Quienes estaban adentro respondieron: ‗Tenemos martillos tendidos aquí cerca de
nuestros pies. Gustosamente los usaremos para hacer añicos nuestros pies y
piernas, y te daremos la médula que fluya de ellos para que sean tu lugar de
descanso. Con gusto abriremos nuestras partes más internas y entrañas por ti.
¡Pasa adentro! No hay nada más suave que nuestra médula para que en ella
descanses, y nada mejor que nuestras partes más internas para calentarte. Nuestro
corazón es más fresco que la carne fresca de animales. Estaremos felices de partirlo
para que sirva de tu alimento. ¡Tan sólo entra!
¡Porque eres dulce al gusto y maravilloso de disfrutar!‘ Los habitantes de estas cinco
casas representan cinco estados diferentes de personas en el mundo. Los primeros
son los infieles cristianos quienes llaman injustas las sentencias dadas por mi Hijo,
sus promesas falsas, y sus mandamientos insoportables

Éstos son aquellos que en sus pensamientos y en sus mentes y en sus blasfemias
Les dicen a los predicadores de mi Hijo: ‗Muy bien puede ser Todopoderoso, pero
está lejos y es inalcanzable. Es alto y ancho y no puede ser arropado. Es insaciable
y no puede ser alimentado. Es impacientísimo y no te puedes llevar bien con él.‘
Ellos dicen que está lejos porque son endebles en buenas acciones y caridad y no
tratan de elevarse a su bondad. Dicen que es ancho, porque su propia codicia no
conoce límites: ellos siempre están fingiendo que les falta o que necesitan algo y
siempre se están imaginando problemas antes de que éstos lleguen. También lo
acusan de ser insaciable, porque el cielo y la tierra le son insuficientes, y demanda
regalos aún mayores de la humanidad.

Piensan que es insensato renunciar a todo por el bien de su alma, de acuerdo con
el precepto, y dañino darle al cuerpo menos. Ellos dicen que es impaciente porque
odia el vicio y les envía cosas contra sus voluntades. Piensan que nada está bien o
útil con excepción de aquello que los placeres del cuerpo les sugieren. Por supuesto,
mi Hijo es verdaderamente Todopoderoso en el cielo y en la tierra, el Creador de
todas las cosas y creado por nadie, que existió antes que todo, después de quien
nadie ha de venir. Él está verdaderamente lejano y es el más ancho y el más alto,
dentro y fuera y sobre todas las cosas.

Aunque Él es tan poderoso, hasta en su amor quiere ser arropado con ayuda
humana--Él, que no tiene necesidad de vestirse, quien viste a todas las cosas y está
Él mismo vestido eterna e incambiable mente en perpetuo honor y gloria. Él, quien
es el pan de ángeles y de hombres, quien alimenta todas las cosas y Él mismo no
necesita nada, quiere ser alimentado con el amor humano. Él quien es restaurador
y autor de paz pide paz de los hombres. Por lo tanto, quien quiera darle la
bienvenida en una mente jovial puede satisfacerlo aun con un bocado de pan,
100
siempre y cuando sea buena su intención. Lo puede arropar con un solo hilo,
mientras su amor esté ardiendo. Una sola gota puede apagar su sed, siempre y
cuando la persona tenga la disposición correcta.
Siempre que la devoción de una persona sea ferviente y firme, puede darle la
bienvenida a mi Hijo dentro de su corazón y hablar con Él. Dios es espíritu, y por
esa razón, ha deseado transformar criaturas de carne en seres espirituales y seres
efímeros en eternos. Él piensa que lo que le pase a los miembros de su cuerpo
también le pasa a Él mismo. No sólo tiene en cuenta el trabajo o las habilidades de
una persona, sino también el fervor de su voluntad y la intención con la que se lleva
a cabo un trabajo. En verdad, cuanto más les grita mi Hijo a esta gente con
inspiraciones ocultas, y cuanto más les advierte a través de sus predicadores, más
endurecen su voluntad contra Él.
Ellos no escuchan ni le abren la puerta de su voluntad ni le permiten entrar con
actos caritativos. Por consiguiente, cuando llegue su hora, la falsedad en que
confían será aniquilada, la verdad será exaltada, y la Gloria de Dios se manifestará.
Los segundos son los judíos obstinados. Estas personas se ven a ellos mismos
como razonables en todos los sentidos y consideran la sabiduría como justicia legal.
Ellos hacen valer sus propias acciones y declaran que son más honorables que el
trabajo de otros. Si oyen las cosas que mi Hijo ha hecho, las desprecian. Si
escuchan sus palabras y mandamientos, reaccionan con desdén.

Peor aún, se consideran ellos mismos como pecadores e impuros si lo fueran a


escuchar y reflexionar en cualquier cosa que tenga que ver con mi Hijo, y sería aún
más despreciable y miserable si fueran a imitar sus obras. Pero mientras los vientos
de fortuna mundana todavía soplan sobre ellos, piensan que son muy afortunados.
Mientras se sientan fuertes en su fortaleza física, ellos se creen los más fuertes. Por
esa razón, sus esperanzas se volverán nada y su honor se tornará vergüenza.
Los terceros son los paganos. Algunos de ellos gritan burlonamente todos los
días:‗¿Quién es Cristo? Si es gentil al dar bienes presentes, gustosamente lo
recibiremos. Si es gentil en condonar pecados, aún más gustosamente lo
honraremos.‘ Pero estas personas han cerrado los ojos de su mente para no
percibir la justicia y piedad de Dios. Taponan sus oídos y no escuchan lo que mi Hijo
ha hecho por ellos y por todos. Callan sus bocas y no se informan de cómo será su
futuro o qué es lo que está a su favor. Cruzan sus brazos y rehúsan hacer un
esfuerzo en buscar la manera en que puedan escapar a las
mentiras y encontrar la verdad. Por lo tanto, ya que no quieren entender o tom
ar precauciones, aunque ellos pueden y tienen el tiempo para hacerlo, ellos y su
casa caerán y serán envueltos por la tempestad.
Los cuartos son aquellos judíos y paganos que quisieran ser cristianos, si tan sólo
supieran cómo y en qué forma complacer a mi Hijo y si tan sólo tuvieran quien los
ayudara. Ellos oyen de gente en regiones vecinas todos los días, y también saben
de las súplicas de amor dentro de ellos mismos, así como de otras señales, cuánto
mi Hijo ha hecho y sufrido por todos. Es por esto que claman a Él en su conciencia y
dicen: ‗Oh Dios, hemos oído que prometiste darte a nosotros. Así es que te
estamos esperando. ¡Ven y cumple tu promesa! Vemos y entendemos que no hay
poder divino en aquellos que son adorados como dioses, sin amor por las almas, sin
apreciar la castidad. Sólo encontramos en ellos motivos carnales, un amor por los
101
honores del mundo actual. Sabemos acerca de la Ley y oímos sobre las grandes
obras que has hecho en piedad y justicia, escuchamos lo dicho por tus profetas
que están esperándote a Ti, a quien han predicho. Así es que, ¡ven amable Dios!
Queremos entregarnos a Ti, porque entendemos que en Ti hay amor por las almas,
el uso correcto de todas las cosas, pureza perfecta, y vida eterna. ¡Ven sin demora
e ilumínanos, pues estamos casi muertos de esperarte!‘ Así es como claman a mi
Hijo. Esto explica por qué su puerta está medio abierta, porque su intención es
completa con respecto al bien, pero aún no han alcanzado su cumplimiento. Éstas
son personas que merecen tener la gracia y consuelo de mi Hijo.

En la quinta casa hay amigos de mi Hijo y míos. La puerta de su mente está


totalmente abierta para mi Hijo. A ellos les da gusto que Él los llame. Ellos no sólo le
abren cuando les toca sino que alegremente corren a su encuentro cuando entra.
Con los martillos de los divinos preceptos destrozan lo que encuentran distorsionado
en ellos mismos. Preparan un lugar de descanso para mi Hijo, no de plumas de
pájaros sino de la armonía de sus virtudes y el refreno de afectos diabólicos, el cual
es la misma médula de todas las virtudes. Ellos ofrecen a mi Hijo una clase de calor
que no viene de la lana sino de un amor tan ferviente que no sólo le brindan sus
pertenencias sino también se brindan ellos mismos. También le preparan comida
más fresca que cualquier carne: es su corazón perfecto el cual no desea ni ama
nada sino a su Dios
El Señor del Cielo mora en sus corazones, y Dios quien nutre todas las cosas es
dulcemente nutrido por su caridad. Ellos mantienen continuamente sus ojos en la
puerta no sea que entre el enemigo, ellos mantienen sus oídos vueltos hacia el
Señor, y sus manos dispuestas a dar batalla al enemigo. Imítalos, hija mía, tanto
como puedas, porque sus cimientos están fundados en roca sólida. Las otras casas
tienen sus cimientos en el lodo, por lo cual serán agitados cuando llegue el viento.‖
 
Las palabras de la Madre de Dios a su Hijo de parte de su novia, y acerca de cómo
Cristo es comparado a Salomón, y sobre la severa sentencia contra los falsos
cristianos.

Capítulo 4
La Madre de Dios habló a su Hijo, diciendo: ―Hijo mío, mira cómo está llorando tú
novia porque tienes pocos amigos y muchos enemigos.‖ El Hijo respondió: ―Está
escrito que los hijos del reino serán arrojados fuera y no heredarán el reino.
También está escrito que cierta reina vino de lejos a ver la riqueza de Salomón y a
escuchar su sabiduría. Cuando ella vio todo, se quedó sin aliento del puro asombro.
Sin embargo, las personas de su reino no prestaron atención a su sabiduría ni
admiraron su riqueza. Yo soy prenunciado por Salomón, aunque soy mucho más
sabio y rico que lo que Salomón lo fue, tanto como que toda la sabiduría viene de
mí y cualquiera que es sabio, de mí obtiene su sabiduría. Mis riquezas son la vida
eterna y gloria indescriptible. Yo prometí y ofrecí estos bienes a los cristianos como
a mis propios hijos, para que puedan poseerlos para siempre, si me imitan y creen
en mis palabras. Pero no prestan atención a mi sabiduría.
Toman mis escrituras y promesas con desdén y respecto a mi riqueza, co
modespreciable. Entonces, ¿qué debo hacer con ellos? Con seguridad, si
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los hijos no quieren su herencia, entonces los extraños, es decir, los
paganos, la recibirán. Como esa reina extranjera, a quien tomo para que
represente a las almas fieles, vendrán y admirarán las riquezas de mi
gloria y caridad, tanto que se apartarán de su espíritu de infidelidad y
serán llenados de mi Espíritu. ¿Entonces, qué debo hacer con los hijos del
reino? Los manejaré en la forma en que lo hace un hábil alfarero quien,
cuando observa que el primer objeto que hizo de arcilla no es ni hermoso
ni utilizable, lo tira a la tierra y lo despedaza. Manejaré a los cristianos de
la misma forma. A pesar que deberían ser míos, puesto que los hice a mi
imagen y los redimí con mi sangre, resultaron estar lamentablemente
deformes. Por lo tanto, serán pisoteados como la tierra y arrojados al
infierno.‖
 
La palabra del Señor en presencia de la novia concerniente a su propia
majestad, y una maravillosa parábola que compara a Cristo con David,
mientras que los judíos, malos cristianos, y paganos son comparados con
los tres hijos de David, y cómo la iglesia subsiste en los siete
sacramentos.

Capítulo 5
Yo soy Dios, no hecho de piedra o madera ni creado por otro sino el
Creador del universo, permanente sin principio ni fin. Soy aquel que vino
dentro de la Virgen y estuvo con la Virgen sin perder mi divinidad. A
través de mi naturaleza humana estuve en la Virgen mientras que aún
retenía mi propia naturaleza divina, y soy la misma persona que, a través
de mi naturaleza divina, continúa mandando sobre cielos y tierra junto
con el Padre y el Espíritu Santo. A través de mi Espíritu encendí el fuego
en la Virgen-- no en el sentido que el Espíritu que le encendió en fuego
fuese algo separado de mí, ya que el Espíritu que le prendió fuego fue el
mismo que estaba en el Padre y en Mí, el Hijo, tanto como el Padre y el
Hijo estaban en Él, estos tres siendo un solo Dios, no tres dioses.

Yo soy como el Rey David que tuvo tres hijos. Uno de ellos se llamó
Absalón y buscó la vida de su padre. El segundo, Adonías, buscó el reino
de su padre. El tercer hijo, Salomón, obtuvo el reino. El primer hijo
denota a los judíos. Ellos son las gentes que buscaron mi vida y muerte y
desdeñaron mi consejo. Consecuentemente, ahora que su retribución es
conocida, puedo decir lo que dijo David con la muerte de su hijo: ‗ ¡Hijo
mío, Absalón! ‘Es decir: Oh judíos hijos míos, y ahora ¿en dónde están
vuestras añoranzas y expectativas ahora? Oh hijos míos, ¿ahora cual será
vuestro fin? Sentí compasión por vosotros porque anhelabais que
viniera porque Yo, quien ustedes supieron por las muchas señales, que
había venido –y porque ustedes anhelaron gloria que rápidamente se
desvanecía, toda lo cual ya ha desaparecido. Pero ahora siento mayor
compasión por ustedes, como David repitiendo esas primeras palabras
una y otra vez, porque veo que terminarán en una muerte desdichada.

103
Por lo tanto como David, digo con todo mi amor, Hijo mío, quien me
dejara morir en tu lugar? David sabía bien que no podía traer de regreso
s su hijo muerto si muriera por él, pero para mostrar su profundo afecto
paternal y ansioso anhelo de su voluntad, aunque sabía que era
imposible, estaba preparando para morir en lugar de su hijo. De la
misma manera ahora digo: oh mis hijos judíos, aunque tuvisteis una mala
voluntad hacia mí, e hicisteis todo lo que pudisteis en mi contra, si fuera
posible y mi padre lo permitiera, voluntariamente moriría de nuevo por
vosotros, ya que me da lástima la miseria que vosotros mismos os
habéis acarreado como requiere mi justicia. Os dije lo que debíais haber
hecho a través de mis palabras y os lo mostré con mi ejemplo. Fui por
delante de vosotros como una gallina protegiéndonos con sus alas de
amor, pero vosotros lo rechazasteis todo. Por lo tanto, todas las cosas
que anhelabais han desaparecido. Vuestro fin es la desgracia y todo
vuestro trabajo desperdiciado.

Los malos cristianos son simbolizados por el segundo hijo de David quien
pecó contra su padre a avanzada edad. Razonó consigo mismo de esta
manera:‗Mi padre es un hombre anciano y le fallan sus fuerzas. Si le digo
algo equivocado, él no me responde. Si hago algo en su contra no se
venga. Si acometo contra él, lo soporta pacientemente. Por
Consiguiente, haré lo que yo quiero.‘ Con algunos de los sirvientes de su
padre David, se fue a una arboleda de pocos árboles para jugar a ser rey.
Pero cuando la sabiduría e intención de su padre se hicieron evidentes,
cambió su plan y los que estaban con él cayeron en descrédito.

Esto es lo que los cristianos me Están haciendo ahora. Piensan dentro de


ellos: ‗Las decisiones y señales de Dios no se manifiestan tanto ahora
como lo hacían antes. Podemos decir lo que queramos, ya que Él es
misericordioso y no presta atención. ¡Hagamos lo que nos plazca, ya que
cede fácilmente! Ellos no tienen fe en mi poder, como si fuera más débil
ahora de lo que era antes en hacer mi voluntad. Ellos se imaginan que mi
amor es menor, como si ya no estuviera dispuesto a tenerles piedad
como a sus padres. 

También piensan que mi juicio es cosa de risa y que mi justicia no tiene


sentido. Por lo tanto, ellos también van a una arboleda con algunos de los
sirvientes de David para jugar al rey con presunción. ¿Qué es lo
que significa esta arboleda con algunos árboles, sino la Santa Iglesia
subsistiendo a través de los siete sacramentos como si fuesen algunos
árboles? Ellos entran dentro de esta iglesia junto con algunos sirvientes
de David, es decir, con algunas buenas obras, para ganar el reino de Dios
con presunción.

Hacen un modesto número de obras buenas, confiando que por éstas, sin
importaren qué estado de pecado se encuentren o qué pecados hayan
cometido, aún pueden ganar el reino del cielo como por derecho de
104
herencia. El hijo de David quería obtener el reino en contra de la voluntad
de David pero fue sacado en desgracia, ya que tanto él como su ambición
eran injustos, y el reino le fue dado a un mejor hombre y más sabio. De
la misma manera, estas personas serán expulsadas de mi reino. Les será
dado a quienes hagan la voluntad de David, puesto que sólo una persona
que tiene caridad puede obtener mi reino. Sólo una persona que es pura
y es conducida por mi corazón puede acercarse a mí que soy el más puro
de todos. Salomón fue el tercer hijo de David. Él representa a los
paganos. Cuando Betsabé oyó que otro que no era Salomón– a quien
David le había prometido sería rey después de él–  había sido elegido por
ciertas personas, ella fue a David y le dijo: ¿Señor mío, me juraste que
Salomón sería rey después de ti. Ahora, sin embargo, otro ha sido electo.

Si éste es el caso y continúa así, terminaré siendo sentenciada al fuego


como adúltera y mi hijo señalado como ilegítimo.‘ Cuando David oyó esto,
se puso en pie y dijo: ‗Juro por Dios que Salomón se sentará en mi trono
y será rey después de mí. ‘Enseguida ordenó a sus sirvientes que
pusieran a Salomón en el trono y lo proclamaran como el rey que David
había elegido. Llevaron a cabo las órdenes de su amo y encumbraron a
Salomón otorgándole gran poder, y todos aquellos que habían dado su
voto a su hermano fueron dispersados y reducidos a servidumbre. Esta
Betsabé, que había sido tomada como adúltera si se hubiese elegido a
otro rey, no simboliza otra cosa que la fe de los paganos.

Ninguna clase de adulterio es peor que venderse uno mismo en


prostitución lejos de Dios y de la fe verdadera y creer en otro dios distinto
al Creador del universo. Justo como hizo Betsabé, algunos de los gentiles
vienen a mí con humildad y con corazones contritos, diciendo: ‗Señor,
nos prometiste que en el futuro seríamos cristianos. ¡Cumple tu promesa!
Si otro rey, si otra fe que distinta a la tuya ganase nuestra ascendencia,
si te retiraras de nosotros, arderíamos en la miseria y moriríamos como
una adúltera que ha tomado un adúltero en vez de un esposo legítimo.
Además de que, aunque Tú vives por siempre, aún así, estarás muerto
para nosotros y nosotros para ti en el sentido que retirarías tu gracia de
nuestros corazones y nos pondríamos en tu contra por nuestra falta de fe.
Por lo tanto, ¡cumple tu promesa y fortifica nuestras debilidades e ilumina
nuestra oscuridad! ¡Si tardas, si te retiras de nosotros, pereceremos!
Habiendo oído esto, me enfrentaré resueltamente como David a través de
mi gracia y piedad. 

Juro por mi divina naturaleza, la cual está unida a mi humanidad, y por m
inaturaleza humana, que está en mi Espíritu, y por mi Espíritu, el cual
está en mis naturalezas divina y humana, estas tres no siendo tres dioses
sino un solo Dios, que cumpliré mi promesa. Enviaré a mis amigos para
que traigan a mi hijo Salomón, es decir, los paganos, dentro de la
arboleda, es decir, dentro de la iglesia, la cual subsiste a través de los
siete sacramentos como siete árboles (a saber bautismo, penitencia, la
105
unción de la confirmación, el sacramento del altar y del sacerdocio,
matrimonio, y extremaunción).Ellos estarán apoyados en mi trono, es
decir, en la fe verdadera de la Santa Iglesia.

Además, los malos cristianos serán sus sirvientes. Los primeros


encontrarán su gozo en una herencia imperecedera y en el dulce alimento
que Yo les prepararé. Los segundos, sin embargo, gemirán en la miseria
que para ellos dará principio en el presente y perdurará por siempre.
Y por tanto, ya que aún es el tiempo de estar vigilantes, ¡que mis amigos
no se duerman, que no desfallezcan, ya que una gloriosa recompensa les
Aguarda a su duro trabajo!‖

Las palabras del Hijo en presencia de la novia concernientes a un rey


parado en un campo de batalla con amigos a su derecha y enemigos a su
izquierda, y acerca de cómo el rey representa a Cristo quien tiene
cristianos a la derecha y paganos a la izquierda, y acerca de cómo los
cristianos son rechazados y Él envía sus predicadores a los paganos.

Capítulo 6
El Hijo dijo: ―Soy como un rey parado en un campo de batalla con
amigos a su derecha y enemigos a su izquierda. La voz de alguien
gritando llegó a aquellos que estaban parados a la derecha donde todos
estaban bien armados. Sus yelmos estaban ceñidos y sus rostros vueltos
hacia su señor. La voz les gritó: ‗ ¡Vuélvanse a mí y confíen en mí! Tengo
oro para darles. ‘Cuando oyeron esto, se volvieron hacia él. La voz habló
por segunda vez a aquellos que se habían volteado: ‗Si quieren ver el
oro, desabróchense
sus yelmos, y si desean conservarlo, yo se los abrocharé nuevamente cua
ndo yo lo desee. ‘Cuando asintieron, les abrochó los yelmos con la parte
delantera hacia atrás. El resultado fue que la parte delantera con las
rendijas para ver estaba en la parte trasera de sus cabezas mientras que
la parte trasera de sus yelmos cubría sus ojos de manera que no podían
ver. Gritando de esta manera, los condujo a él como hombres ciegos.

Cuando había hecho esto, algunos de los amigos del rey informaron a su
amo de que sus enemigos habían engañado a sus hombres. Él le dijo a
sus amigos: ‗Vayan entre ellos y griten: ¡Desabróchense sus yelmos y
vean cómo han sido engañados! ¡Regresen a mí y les daré la bienvenida
en paz!‘ Ellos no quisieron escuchar, y pensaron que era burla. Los
sirvientes oyeron esto y se lo comunicaron a su señor. Él dijo: ‗Bien,
entonces, puesto que me han desdeñado, vayan rápido hacia el lado
izquierdo y díganle a todos aquellos que están parados a la izquierda
estas tres cosas: El camino que los conduce a la vida ha sido preparado
para ustedes. La puerta está abierta. Y el señor mismo desea venir a
encontrarlos con paz. ¡Por lo tanto crean firmemente que el camino ha
sido preparado! ¡Tengan una inquebrantable esperanza en que la puerta
está abierta y sus palabras son verdaderas! ¡Vayan a encontrar al señor
106
con amor, y él les dará la bienvenida con amor y paz y los conducirá a
una paz imperecedera! Cuando oyeron las palabras del mensajero,
creyeron en ellas y fueron recibidos en paz.

Yo soy ese rey. Tuve cristianos a mi derecha, ya que les había preparado
una recompensa eterna. Sus yelmos estaban abrochados y sus caras
estaban vueltas hacia mí en tanto tuviesen la intención total de hacer mi
voluntad, de obedecer mis mandamientos, y siempre que todo su deseo
apuntase al cielo. Con el tiempo la voz del diablo, es decir, el orgullo,
sonó en el mundo y les mostró riquezas mundanas y placer carnal. Se
volvieron hacia cediendo su consentimiento y deseos al orgullo. Debido al
orgullo, se quitaron los yelmos llevando a cabo sus deseos y prefiriendo
bienes temporales a los espirituales. Ahora que ya hicieron a un lado sus
yelmos de la voluntad de Dios y las armas de la virtud, el orgullo los ha
dominado de tal forma y se han ligado tanto al mismo, que se sienten
demasiado felices de seguir pecando hasta el fin y les gustaría vivir para
siempre, con la condición de que pudieran pecar por siempre.
El orgullo los ha cegado tanto que las aberturas de los yelmos por las
cuales deberían de ver están en la parte trasera de sus cabezas y en
frente a ellos hay oscuridad. ¿Qué otra cosa representan estas aberturas
en los yelmos sino la consideración del futuro y la circunspección
providente de realidades presentes? A través de esta primera apertura,
deberían de ver las delicias de las futuras recompensas y los horrores de
castigos futuros, como también la terrible sentencia de Dios. A través de
la segunda apertura, deberían de ver los mandamientos y prohibiciones
de Dios, también cuánto pudiesen haber transgredido los mandamientos
de Dios y cómo deben mejorar. Pero estas aberturas están en la parte de
atrás de la cabeza donde nada puede verse, lo que significa que la
consideración de realidades celestiales ha caído en la indiferencia.
Su amor a Dios se ha enfriado, mientras que su amor por el mundo es
considerado con deleite y abrazado de tal forma que los conduce como
una rueda bien lubricada adonde vaya a dar. Sin embargo, viéndome
deshonrado y las almas alejándose y el diablo ganando control, mis
amigos me suplican diariamente por ellos en sus oraciones. Sus oraciones
han alcanzado el cielo y llegado a mi oído. Conmovido por sus oraciones,
he enviado mis predicadores diariamente a estas personas y les he
mostrado señales y les he incrementado mis gracias. Pero, en su desdén
por todo, han acumulado pecado sobre pecado.
Por lo tanto, le diré ahora a mis sirvientes y haré que mis palabras con
toda certeza entren en vigor: Sirvientes Míos, vayan al lado izquierdo, es
decir, a los paganos, y digan:‗El Señor del cielo y el Creador del universo
tiene que decirles a ustedes lo siguiente: El camino del cielo está abierto
para ustedes. ¡Tengan la voluntad de entrar en él con una fe firme! La
puerta del cielo se mantiene abierta para ustedes. ¡Tengan firme
esperanza y entrarán por ella! El Rey del cielo y Señor de los ángeles
107
vendrá personalmente encontrarlos y a darles paz y bendiciones
imperecederas. ¡Vayan a encontrarlo y recíbanlo con la fe que les ha
revelado a ustedes y que ya ha preparado como camino al cielo!
Recíbanlo con la esperanza con la que ustedes esperan, ya que él mismo
tiene la intención de darles el reino.
Ámenlo con todo su corazón y pongan su amor en práctica y entrarán
por las puertas de Dios, de las que fueron arrojados aquellos cristianos
que no quisieron entrar y quienes se hicieron indignos por sus propios
actos. ‘Por mi verdad les declaro que pondré mis palabras en práctica y
no las olvidaré. Los recibiré como hijos míos y seré su padre, Yo, a
quienes los cristianos han mantenido desdeñoso desprecio.
Entonces ustedes, amigos míos, quienes están en el mundo, vayan
adelante sin temor y griten fuerte, anúncienles mi voluntad y ayúdenlos a
llevarla a cabo. Yo estaré en sus corazones y en sus palabras. Yo seré su
guía en la vida y su salvador en la muerte. Yo no los abandonaré. ¡Vayan
audazmente –  cuanto más duro sea, mayor la gloria!
Yo puedo hacer todas las cosas en un instante y con una sola palabra,
pero quiero que crezca su recompensa a través de sus propios esfuerzos
y que mi gloria crezca con su valentía. No se sorprendan con lo que digo.
Si el hombre más sabio del mundo pudiera contar cuantas almas caen en
el infierno cada día, sobrepasarían el número de granos de arena del mar
y de guijarros en la orilla. Esto es un asunto de justicia, porque estas
almas se han separado ellas mismas de su Señor y Dios. Estoy diciendo
esto para que los números del diablo puedan disminuir, y se conozca el
peligro, y se llene mi ejército. ¡Si tan sólo escucharan y entraran en
razón!‖
Jesucristo habla a la novia y compara su divina naturaleza a una corona y
usa a Pedro y a Pablo para simbolizar los estados de clérigo y laico, y
sobre las maneras de lidia con los enemigos, y sobre las cualidades que
los caballeros en el mundo deberían tener.

Capítulo 7
El hijo habla a la novia diciendo “yo soy el Rey de la corona. Sabes
porque dije rey dela corona? Porque mi naturaleza divina fue y será y es
sin principio o fin. Mi naturaleza divina es aptamente comparada a una
corona, porque una corona no tiene punto de principio ni de fin.
Justamente como una corona está reservada para el futuro rey en un
reino, así también en mi naturaleza divina fue reservada para ser la
corona de mi naturaleza humana. Tuve dos sirvientes. Uno era un
sacerdote, el otro un laico. El primero era pedro quien tuve un oficio de
sacerdocio, mientras que pablo fue como era un laico. ¨Pedro estaba
vinculado en matrimonio pero cuando vio que su matrimonio no era
consistente con su ministerio sacerdotal y considerando que su recta
intención podría ser puesta en peligro por falta de continencia, se separó
108
del por lo demás lícito matrimonio y se divorció del lecho conyugal y se
dedicó a mí de todo corazón.
Pablo, sin embargo observo el celibato y se mantuvo sin mancha del
lecho conyugal. Ve que gran amor tuve por estos dos, le di las llaves del
cielo a pedro de manera que lo que atara o desatara en la tierra pudiera
quedar atado o desatado en el cielo. Le permití a pablo ser como pedro
en gloria y honor. Como fueron iguales juntos a la tierra, ahora están
unidos en gloria impere cera en el cielo y glorificados conjuntamente. Sin
embargo, aunque mencione y expresamente a estos dos por nombre, por
y a través de ellos deseo también mencionar a todos amigos míos. En
una forma similar, bajo el anterior pacto, Yo solía hablarle a Israel con
ese único nombre. De la misma manera, ahora utilizando a estos dos
hombres, me refiero a la multitud de aquellos a quienes he llenado a mi
gloria y amor.
Con el paso del tiempo, la maldad empezó a multiplicarse ay la carne se
hizo más débil y más propensa al mal que lo usual. Por lo tanto, establecí
normas por cada uno de los dos, es decir, para los clérigos y los laicos,
representados aquí por pedro y pablo. En piedad decidí permitir al clero
poseer una moderada cantidad de propiedad de la iglesia para las
necesidades corporales para que pudieran crecer más fervientes y
constantes al servirme-. También le permitía al laicado el unirse en
matrimonio conforme a los ritos de la iglesia. Entre los sacerdote había
cierto buen hombre quien pensó para sí mismo, la carne me arrastra por
el placer carnal, observar y moderación en todos mis actos. Ser
moderado en mi descanso y esparcimiento.

Le dedicare el tiempo apropiado al trabajo y la oración y refrenar en mis


apetitos carnales a través del ayuno. Segundo para que el mundo no me
arrastre alejándome del amor de Dios, renunciar e a todas las cosas
mundanas, ya que todas ellas son perecederas. Es más seguro seguir a
Dios en la pobreza. Tercero, para que no ser engañado por el diablo
quien siempre nos estamos mostrando falsedades en vez de la verdad,
me someteré a la regla y obediencia de otro y rechazare todo egoísmo y
demostrare que estoy listo para tomar cualquier cosas que me ordene la
otra persona, Este hombre fue el primero en establecer una regla
monástica. El perseveró en ella de forma elogiable y dejo su vida como
un ejemplo a seguir por lo demás.

Por un tiempo la clase de los laicos estuvo bien organizada. Algunos de


ellos cultivaron la tierra y valientemente perseveraron trabajando la
tierra. Otros zarparon en navíos y llevaron mercancía a otras regiones
para que los recursos de una región a bastecieran las necesidades de
otra. Otros fueron hábiles artesanos y artífices. Entre estos estaban los
defensores de mi iglesia a quienes ahora se les llama caballeros.

109
Tomaron las armas como vengadores de la santa iglesia para poder
combatir a sus enemigos. Ahí entre ellos apareció un buen hombre
amigo mío quien pensó en sí mismo: yo no cultivo la tierra como un
granjero. No trabajo los mares como un mercader. No trabajo con mis
manos como un hábil artesano.
Entonces qué puedo hacer o con que trabajo puedo agradar a mi Dios’ No
tengo la energía suficiente para servir a la iglesia. Mi cuerpo es muy
blanco y débil para soportar daños físicos, a mis años les faltan fuerzas
para derribar enemigos y mi mente se inquieta considerando las cosas del
cielo. Entonces qué puedo hacer?

Ya sé lo que puedo hacer. Iré y me sujetare con un juramento estable a


un príncipe secular, jurando defender la fe de la santa iglesia con mi
fuerza y con mi sangre. Ese amigo fue el príncipe y le dijo: Mi señor soy
uno de los defensores de la iglesia. Mi cuerpo es muy débil para soportar
daños físicos mis años, carecen la fuerza a derribar a otros, mi mente es
inestable cuando se refiera a hacer lo que es bueno: mi libre voluntad es
lo que me complace y mi necesidad de descanso no me permite una
postura firme por la casa de Dios. Me vinculo por lo tanto con un
juramento público de obediencia a la santa iglesia y a ti o príncipe,
jurando defenderla todos los días de mí vida para que aunque mi mente
y mi voluntad sean a bias con respecto a la lucha, pueda yo ser obligado
a trabajar debido a mi juramento y tu promesa. Ambos vinieron a mi
altar y mi amigo hizo la genuflexión y dijo: tengo demasiado mis manos
son muy tibias cuando se refiere a dar golpes.
Por lo tanto, ahora les prometo obediencia a Dios y a ti jefe mío,
vinculándome por un juramento a defender la santa iglesia contra sus
enemigos, confortar a los amigos de Dios, hacerle el bien a viudas,
huérfanos y a los fieles de Dios y nunca hacer nada que esté en contra de
la iglesia de Dios o de la fe. Además me someto a tu corrección, si
llegara a cometer algún error, para que obligado por obediencia pueda
temer aún más al pecado y egoísmo y aplicarme más fervientemente y de
buena gana a llevar a cabo la voluntad de Dios y tu propia voluntad,
sabiéndome más merecedor de condenación y desacato si yo me atrevo a
violar la obediencia y trasgredir tus mandamientos. Después de haber
hecho esta profesión en mi altar, el príncipe sabiamente decidió que el
hombre debería vestir en forma distintas a los otros laicos como símbolo
de su autor renuncia y como un recordatorio que tenía un superior a
quien debía someterse.

El príncipe también puso una espada en su mano, diciendo: Esta espada


es para que la uses para amenazar y dar muerte a los enemigos de Dios.
Él puso un escudo en su brazo y le dijo: Defiéndete con este escudo
contra los proyectiles del enemigo y pacientemente aguanta lo que se
arroje con el mismo. Que primero lo puedas ver a bolado que haber
huido de la batalla. En presencia de mi sacerdote quien que estaba
escuchando mi amigo hizo la firme promesa de cumplir todo esto.
110
Cuando hizo su promesa al sacerdote le dio mi cuerpo para
proporcionarle fuerza y fortaleza para que, ya unido conmigo a través de
mi cuerpo, nunca pueda mi amigo separarse de mí. Ese fue mi amigo
Jorge, como también muchos otros. Así también deben ser los caballeros.
Se les deberá permitir mantener su título como resultado del mérito y
usar su atuendo de caballeros como resultado de sus acciones en defensa
de la santa fe. Escuchen como mis enemigos van en contra de las
primeras acciones de mis amigos. Mis amigos solían entrar al monasterio
por su sabia reverencia y amor a Dios, pero aquellos quienes ahora están
en los monasterios salen al mundo debido al orgullo y la codicia,
siguiendo su propia voluntad, satisfaciendo el placer de sus cuerpos. La
justicia exige que la gente que muere con tal disposición no debe
experimentar el gozo del cielo sino por contrario obtener el castigo sin fin
del infierno. Sepan también y que los monjes enclaustrados que son
forzados en contra de su voluntad ase prelados por amor a Dios, no
deben ser contados entre su número. Los caballeros que solían portar
mis armas estaban listos para dar sus vidas por la justicia y derramar su
sangre por la causa de la santa fe, llevando la justicia al necesitado,
derribando y humillando a quienes hacían el mal.

Pero ahora oigan como se han corrompido. Ahora prefieren morir en la


batalla por el bien del orgullo, la avaricia y la envidia a las incitaciones del
diablo en vez de vivir de acuerdo a mis mandamientos y obtener el gozo
eterno. Pagas justas, por lo tanto, serán otorgadas en el juicio a todas
las personas que mueran en tal disposición, y sus almas serán enyugadas
al diablo para siempre. Pero los caballeros que me sirvan recibirán su
debida paga en la hueste celestial para siempre. Yo Jesucristo, verdadero
Dios y hombre, uno con el padre y el espíritu santo, un Dios desde
siempre y para siempre he dicho esto.

Palabra de cristo a la novia sobre la deserción de cierto caballero del


verdadero ejército, es decir de la humildad, obediencia, fe, etc., al falso,
es decir, a los vicios opuestos, orgullo, etc., y la descripción de su
condenación y sobre como uno puede encontrarse con la condenación
debido a una voluntad maligna, tanto como a actos malignos.

Capítulo 8.
Yo soy el señor verdadero. NO hay otro señor más grande que yo. No hubo señor
antes que yo y no habrá otro después de mí. Todos los señoríos vienen de mí y a
traces de mí. Es por esto que yo soy verdadero y por lo que nadie sino solo yo
puede ser verdaderamente ente llamado Señor, ya que todos los poderes
provienen de mí. Yo te estaba diciendo antes que tenía dos sirvientes, uno quien
valientemente tomo un camino de vida digno de elogio y lo mantuvo valientemente
hasta el fin. Otros incontables lo siguieron en ese mismo camino de servicio
caballeroso. Ahora te hablare sobre el primer hombre que desertó de la profesión
de caballería, tal como fue instituida por mi amigo. No te diré su nombre, porque
no lo conoces por nombre, pero descubriré su objetico deseo.
111
Un hombre que sería ser caballero vino a mi santuario. Cuando entro oyó una voz:
tres cosas se necesitan si desea ser caballero: Primero debes creer que el pan que
ves en el altar es verdadero Dios y verdadero hombre, el creador del cielo y la
tierra. Segundo, una vez tomas tu servicio de caballería, debes ejercitar más auto-
restricción de la que estabas acostumbrado a ejercitar antes. Tercero, no te debe
importar el honor mundano. Más bien daré gozo divino y honor imperecedero.

Escuchando esto y considerando consigo mismo estas tres cosas, oyó una voz
maligna en su mente haciendo tres propuestas contrarias a las tres primeras. Dijo:
si me sirves, te hare tres propuestas. Te permitiré tomar lo que ves, oír lo que
quieres y que obtengas lo que desees. Cuando escucho esto, pensó dentro de sí
mismo: El primer señor me ofreció tener fe en algo que no veo y me prometió
cosas desconocidas para mí. Él me dijo que me abstuviera de los placeres que
puedo ver, y que anhelo y que esperase cosas de las cuales no tengo certeza. El
otro señor me prometió el honor mundano que puedo ver y el placer que deseo sin
prohibirme oír o ver las cosas que me gustan.

Con seguridad es mejor para mí seguirlo y obtener las cosas que veo y disfrutar las
cosas que son seguras en vez de esperar cosas de las que no estoy seguro. Con
pensamiento como este, -este fue el primer hombre en comenzar la deserción de
servicio de un verdadero caballero. El rechazo la verdadera profesión y rompió su
promesa. Arrojo el escudo de la paciencia a mis pies y dejo caer de sus manos la
espada para la defensa de la fe del santuario. La voz maligna le dijo: Si, como dije
serias mío, deberás entonces caminar orgullosamente en los campos y calles. El
toro señor ordena a sus hombres ser consta mente humildes. Por lo tanto,
_Asegúrate de no evitar cualquier signo de orgullo y ostentación. Mientras que e
otro señor hacia su entrada en obediencia y sujetándose el mismo a la obediencia
en todo sentido, no debe permitir que nadie sea tu superior. No dobles tu cuello en
humildad ante otro. Toma tu espada para derramar la sangres de tu vecino y
hermano para poder adquirir su propiedad.

Sujeta el escudo en tu brazo y arriesga tu vida para obtener reconocimiento, en


lugar de la fe que el da, da tu amor al templo de tu propio cuerpo sin abstenerte de
ninguno de los placeres que te deleitan. Mientras el hombre se decida y fortalecía
su resolución con tales pensamientos, su príncipe puso su mano sobre el cuello del
hombre en el lugar indicado. Ningún lugar en absoluto puede hacer daño a alguien
que tiene buena voluntad o ayudar a alguien que tiene una mala intención.
Después de la confirmación del nombramiento de caballero, el desagraciado
traiciono su servicio de caballería, ejercitándolo solamente con una visión o de
orgullo mundano, aclarando el hecho de que él ahora está bajo una mayor
obligación de vivir una vida más austera que antes. Innumerables ejércitos de
caballeros imitaron y aun imitan a este caballero en su orgullo, y él se ha hundido
más hondo en el abismo debido a sus votos de caballero. Pero, dado que hay
muchas gentes que desea ascender en el mundo y obtener reconocimiento pero no
lo ha logrado, podrías preguntar. Deben estas personas ser castigadas por la
maldad de sus intenciones tanto como aquellos que lograron alcanzar sus deseos?
112
A esto te respondo: TE aseguro que cualquier que intente completamente elevarse
en el mundo y hace todo lo que puede para obtener un vacío título de honor
mundano, aunque su intención nunca logra su efecto debido a alguna decisión
secreta mía, tal hombre será castigado por la maldad de su intención tanto como
aquel que logra alcanzarla, es decir a menos que rectifique su intención por medio
de penitencia.
Mira te pondré el ejemplo de dos personas bien conocidas para mucha gente. Una
de ellas prosperó de acuerdo a sus deseos y obtuvo casi todo lo que deseaba. La
otra tenía la misma intención, pero no las mismas posibilidades. La primera obtuvo
el reconocimiento mundial, el amaba el templo de su cuerpo en su completa lujuria;
tenía el poder que quería en todo lo que ponía su mano prosperaba. El otro era
idéntico a el en intención pero recibió menos reconocimiento. El voluntariamente
habría derramado cien veces la sangre de su vecino para poder llevar a cabo sus
planes de avaricia.

Hizo lo que pudo y llevo a cabo su voluntad de acuerdo a su anhelo. Estos dos
fueron iguales en su horrible castigo. Aunque no murieron exactamente al mismo
tiempo, aun puedo hablar de un alma en vez de dos, ya que su condenación fue
una la misma. Ambos tuvieron lo mismo o que decir cuando su cuerpo y alma
fueron separados y el alma partió. Una vez abandonó el cuerpo, el alma dijo Dime
donde están las vistas para deleitar mis los que me prometiste, donde está el placer
que me mostraste, donde están las placenteras palabras que me pediste usar? El
diablo estaba ahí y contesto: Las vistas prometidas no son más que polvo, las
palabras solo aire, el placer es tan solo lodo y podredumbre. Esas cosas no tienen
valor para ti ahora. El alma entonces exclamo, Ay de mi ay de mi he sido
desgraciadamente engañado. Veo tres cosas.
Veo aquel el que fue prometido bajo la semblanza de pan. Él es el mismo rey de
reyes y señor de señores. Veo lo que me prometió, y es indescriptible e
inconcebible. Escucha hora que la abstinencia que recomendó fue verdaderamente
muy útil. Entonces con una voz aún más fuerte, el alma grito ay de mi tres veces;
por haber nacido, Ay de mí que mi vida en la tierra fue tan larga, Ay de mí que
viviré en una muerte perpetua e interminable.

Contempla que desdicha tendrá el desdichado a cambio de su desprecio por Dios y


su fugaz gozo. Por lo tanto debes agradecerme, novia mía, Por haberte llamado
alejándote de tal desdicha, Se obediente a mí. Espíritu y a mis elegidos.

Palabra de Cristo a la novia dando una explicación del capítulo procedente, y sobre
el ataque del diablo al antes mencionado caballero y sobre su terrible y justa
condena.

Capítulo 9.
La duración total de su vida es como si fuera una sola hora para mí. Por lo tanto, lo
que ahora te estoy diciendo siempre, ha sido de mi conocimiento. Te conté
anteriormente acerca de un hombre que inicio la verdadera hid al guía y sobre otro
que la deserto como un canalla. El hombre que deserto de los rangos de la

113
verdadera caballería arrojo su escudo a mis pies y su espada junto a mí al romper
sus
La duración total de su vida es como si fuera una sola hora para mí. Por lo tanto, lo
que ahora te estoy diciendo siempre ha sido de mi conocimiento. Te conté
anteriormente acerca de un hombre que inició la verdadera hidalguía, y sobre otro
que la desertó como un canalla. El hombre que desertó de los rangos de la
verdadera caballería arrojó su escudo a mis pies y su espada junto a mí al romper
sus sagradas promesas y votos. El escudo que arrojó no simboliza otra cosa que la
honrada fe con la cual se iba a defender de los enemigos de la fe y de su alma. Los
pies, sobre los cuales camino hacia la humanidad, no simbolizan otra cosa más que
el deleite divino por el cual atraigo a mí a una persona y la paciencia por la cual yo
lo tolero pacientemente. Arrojó este escudo cuando entró en mi santuario,
pensando dentro de sí: quiero obedecer al señor que me aconsejó no practicar
abstinencia, el que me da lo que deseo y me deja oír cosas placenteras a mis oídos.
Así fue como arrojó el escudo de mi fe por querer seguir su propio deseo egoísta en
vez de a mí, amando más a la criatura que al Creador.

Si hubiera tenido una verdadera fe, si hubiera creído que yo era todopoderoso y un
juez justo y el dador de la gloria eterna, no hubiera deseado otra cosa más que a
mí, no le hubiera temido a nada sino a mí. Pero arrojó mi fe a mis pies,
despreciándola y tomándola como nada, porque no buscó complacerme y mi
paciencia no le importó. Entonces él tiró a mi lado su espada. La espada no denota
otra cosa sino el temor de Dios, la cual los verdaderos caballeros de Dios
continuamente deben tener en sus manos, es decir, en sus acciones. Mi lado no
simboliza otra cosa que el cuidado y la protección con la que yo cobijo y defiendo
mis hijos, como una gallina cobija sus polluelos, para que el diablo no les haga daño
y no les lleguen pruebas insoportables. Pero el hombre arrojó la espada de mi
temor al no molestarse en pensar acerca de mi poder y sin tener consideración por
mi amor y paciencia.

Lo arrojó a mi lado como si dijera: ‘No le tengo temor de tu defensa y la misma no


me importa. Obtuve lo que tengo por mis propios actos y por mi noble cuna.’
Rompió la promesa que me había hecho. ¿Cuál es la verdadera promesa a la que
un hombre está obligado a jurar a Dios? Sin duda, son actos de amor: lo que haga
una persona, lo debe de hacer por amor a Dios. Pero esto lo hizo a un lado al
convertir su amor por Dios en amor a sí mismo; él prefirió su egoísmo al futuro y al
gozo eterno.

De esta manera él se separó de mí y dejó el santuario de mi humildad. El cuerpo de


cualquier cristiano regido por la humildad es mi santuario. Aquellos regidos por el
orgullo no son mi santuario sino el santuario del diablo quien los conduce hacia los
deseos mundanos para sus propios propósitos. Habiendo salido del templo de mi
humildad, y habiendo rechazado el escudo de fe santa y la espada del temor, él
caminó orgullosamente hacia los campos, cultivando toda lujuria y deseo egoístas,
desdeñando el temerme y creciendo en pecado y lujuria.

Cuando llegó la parte final de su vida y su alma había abandonado su cuerpo, los
114
demonios corrieron a su encuentro. Podían escucharse tres voces del infierno
hablando en su contra. La primera dijo: ‘¿No es este el hombre quien desertó de la
humildad y nos siguió en el orgullo? Si sus dos pies lo pudieran poner aún más alto
en el orgullo para sobrepasarnos y obtener la primacía en orgullo, lo haría
rápidamente.’ El alma le contestó: ´’Yo soy ése.’ La justicia le respondió: ‘Ésta es la
recompensa a tu orgullo: descenderás llevado por un demonio y entregado a otro
más abajo, hasta que llegues a la parte más baja del infierno. Y dado que no hubo
demonio que no conociera su propio castigo en particular y el tormento a ser
inflingido por cada pensamiento y acción inútiles, tampoco escaparás al castigo por
parte de cualquiera de ellos, más bien compartirás la malicia y la maldad de todos
ellos.’ La segunda voz gritó diciendo: ‘¿No es éste el hombre que se separó a sí
mismo de su profesado servicio a Dios y en vez de esto se unió a nuestras filas?’

El alma contestó: ‘Yo soy ése.’ Y la justicia dijo: ‘Ésta es tu recompensa adjudicada:
que todo el que imite tu conducta como caballero lo añada a tu castigo y pena por
su propia corrupción y dolor y te golpeará a su llegada como con una herida mortal.
Serás como un hombre afligido por una grave herida, ciertamente sufriendo por
una herida sobre otra herida hasta que todo el cuerpo esté totalmente lleno de
llagas, que soporta intolerable sufrimiento y lamenta su destino constantemente.
Aun así, experimentarás miseria sobre miseria. En la cúspide de tu dolor, el mismo
será renovado y tu castigo nunca terminará y tus aflicciones nunca decrecerán.’ La
tercera voz clamó: ‘¿No es éste el hombre que cambió al Creador por criaturas, el
amor de su Creador por su propio egoísmo?’ La justicia le respondió: ‘Ciertamente
lo es.

Por lo tanto, se le abrirán dos hoyos. Por el primero entrará todo castigo obtenido
por su menor pecado hasta el más grande, por cuanto cambió a su Creador por su
propia lujuria. A través del segundo, entrará en él toda clase de dolor y vergüenza,
y nunca vendrá a él ninguna consolación divina o caridad, por cuanto se amó a sí
mismo en lugar de a su Creador. Su vida durará por siempre y su castigo durará
para siempre, ya que todos los santos se han alejado de él.’ Novia mía, ¡ve cuán
miserables serán esas personas que me desprecian y cuán grande será el dolor que
compran al precio de tan poco placer!”

Así como Dios le habló a Moisés desde el arbusto ardiente, Cristo le habla a la novia
sobre cómo el demonio es simbolizado por el Faraón, los caballeros de hoy en día
por el pueblo de Israel, y el cuerpo de la Virgen por el arbusto, y sobre cómo
actualmente están preparando los caballeros y obispos de hoy un hogar para el
demonio.

Capítulo-10
“Está escrito en la ley de Moisés que Moisés cuidaba los rebaños en el desierto
cuando vio un arbusto que se incendiaba, sin quemarse, y le dio temor y se cubrió
el rostro. Una voz le habló desde el arbusto: ‘He oído del sufrimiento de mi pueblo y
siento piedad por ellos, porque están oprimidos en una cruel esclavitud.’ Yo, quien
ahora hablo contigo, soy esa voz que escuchas del arbusto. He oído de la miseria de
mi pueblo. ¿Quiénes formaban mi pueblo si no el pueblo de Israel? Usando este
115
mismo nombre ahora designo a los caballeros del mundo que han hecho los votos
de mis caballeros y que deberían ser míos pero están siendo atacados por el
demonio.

¿Qué le hizo el Faraón a mi pueblo Israel en Egipto? Tres cosas. Primero, cuando
estaban construyendo sus paredes, no podían ser ayudados por los recogedores de
paja que anteriormente los habían ayudado a hacer ladrillos. En vez. Tenían que ir
ellos mismos y recolectar la paja en donde pudiesen a lo largo de todo el país.
Segundo, los constructores no eran agradecidos por su trabajo, a pesar que
producir el número de ladrillos que se les había impuesto como meta. Tercero, los
capataces les pagaban cruelmente cuando no llegaban a la producción normal. En
medio de su gran aflicción, es mi pueblo construyó dos ciudades para el faraón.

Este faraón no es otro que el demonio que ataca a mi pueblo, es decir, a los
caballeros, que deberían ser mi pueblo. Realmente te digo que si los caballeros
hubiesen cumplido con el arreglo y con el reglamento que fueron establecidos por
mi primer amigo, hubiesen estado entre mis amigos más queridos. Así como
Abraham, quien fue el primero a quien se le dio el mandamiento de la circuncisión y
me fue obediente, se convirtió en mi amado amigo, y cualquier que imitó la fe y las
obras de Abraham compartió en su amor y gloria, así también los caballeros fueron
especialmente de mi agrado entre todas las demás órdenes, ya que prometieron
derramar por mí lo que les era más querido, su propia sangre. Con este voto se
hicieron muy de mi agrado, así como lo hizo Abraham en cuanto a la circuncisión, y
ellos se purificaron diariamente viviendo de acuerdo a su profesión y practicando la
santa caridad.

Estos caballeros ahora están tan oprimidos por su detestable esclavitud bajo el
demonio, quien los hiere con una herida mortal y los arroja al dolor y al sufrimiento.
Los obispos de la iglesia están construyendo dos ciudades para él, así como los hijos
de Israel. La primera ciudad simboliza el trabajo físico y la ansiedad sin sentido por
la adquisición de los bienes mundanos. La segunda ciudad simboliza la inquietud y
la congoja espirituales, por cuanto nunca se les permite descansar del deseo
mundano. Hay trabajo en la parte externa e inquietud y ansiedad en la parte
interna, las cosas espirituales considerando como una carga.

Así como el Faraón no le proporcionó a mi pueblo las cosas necesarias para hacer
los ladrillos, ni le dio los campos llenos de grano ni el vino u otras cosas útiles, y las
personas tenían que ir con tristeza y tribulación en el corazón a buscar por sí
mismas las cosas, así mismo el demonio los trata ahora igual. A pesar que trabajan
y codician el mundo con lo más profundo de sus corazones, aún así no pueden
satisfacer su deseo ni calmar la sed de su avaricia. Son consumidos por dentro por
la tristeza y por fuera por el trabajo. Por esa razón, los compadezco por sus
sufrimientos ya que mis caballeros, mi pueblo, están construyendo casas para el
demonio y están trabajando sin cesar, porque no pueden obtener lo que desean y
porque se afligen por bienes sin sentido, a pesar que el fruto de su ansiedad no es
una bendición sino más bien la recompensa de la vergüenza.

116
Cuando Moisés fue enviado al pueblo, Dios le dio una señal milagrosa por tres
razones. Primero, porque cada persona en Egipto adoraba a su propio dios
individual y porque había innumerables seres que decían ser dioses. Por lo tanto,
era apropiado que hubiese una señal milagrosa para que, a través de la misma y
por el poder de Dios, las personas creyeran que había un solo Dios y un solo
Creador de todas las cosas debido a las señales, y para que todos los ídolos
demostrasen no tener valor alguno. Segundo, también se le dio a Moisés una señal
como símbolo que preanunciara mi futuro cuerpo. ¿Qué simbolizaba el arbusto en
llamas que no se consumía sino a la Virgen que concibió por el Espíritu Santo y dio
a luz sin corrupción alguna? Yo provine de este arbusto, asumiendo una naturaleza
humana del cuerpo virginal de María. Similarmente, la serpiente dada a Moisés
como una señal simbolizó mi cuerpo. En tercer lugar, se le dio a Moisés una señal
para confirmar la verdad de los eventos venideros y para preanunciar las señales
milagrosas que habían de realizarse en el futuro, demostrando que la verdad de
Dios era mucho más verdadera, y más segura cuanto más claramente se cumplían
aquellas cosas simbolizadas por las señales.

Ahora envío mis palabras a los hijos de Israel, es decir, a los caballeros. Ellos no
necesitan tres señales milagrosas por tres razones. Esto es porque, en primer lugar,
el único Dios y Creador de todas las cosas ya es adorado y conocido a través de las
Santas Escrituras, así como a través de muchos signos. En segundo lugar, ahora no
están esperando que yo nazca porque saben que realmente nací y me encarné sin
corrupción alguna, por cuanto las escrituras se han cumplido en su totalidad. Y no
existe una fe mejor y más certera que deba tenerse y creerse que la que ya ha sido
predicada por mí y por mis santos predicadores. No obstante, he hecho tres cosas a
través tuyo por las cuales podrá creerse. Primero, estas son mis verdaderas
palabras y no difieren de la verdadera fe.

Segundo, con mi palabra un demonio fue expulsado de un hombre poseído.


Tercero, le di a cierto hombre el poder de unir a los corazones desconfiados en
caridad mutua. Por lo tanto, no tengas duda alguna sobre aquellos que creerán en
mí. Aquellos que creen en mí también creen en mis palabras. Aquellos que me
aprecian también aprecian con deleite mis palabras. Está escrito que Moisés cubrió
su rostro después de hablar con Dios.

Tú, sin embargo, no necesitas cubrir tu rostro. Abrí tus ojos espirituales para que
pudieses ver las cosas espirituales. Abrí tus oídos para que pudieras escuchar las
cosas que son del Espíritu. Te mostraré una semejanza de mi cuerpo como era
durante y antes de mi pasión y como era después de la resurrección, tal como lo
vieron Magdalena y Pedro y otros. También escucharás mi voz tal como le habló a
Moisés desde adentro del arbusto. Esta misma voz habla ahora dentro de tu alma.”

Las palabras encantadoras de Cristo a la novia sobre la gloria y el honor del


caballero bueno y verdadero y sobre cómo los ángeles salen a encontrarlo, y sobre
cómo la gloriosa Trinidad le la bienvenida con afecto y lo lleva a un lugar de
descanso indescriptible como recompensa por un esfuerzo casi pequeño.

117
Capítulo-11
“Te conté anteriormente sobre el fin y el castigo de ese caballero que fue el primero
en desertar del servicio de caballeros que él me había prometido. Ahora te
describiré por medio de metáforas (porque de lo contrario no podrás comprender
las cosas espirituales) la gloria y el honor de él, quien fue el primero en tomar
varonilmente el verdadero servicio de caballero y se mantuvo valientemente en eso
hasta el final. Cuando este amigo mío llegó al final de su vida y su alma dejó su
cuerpo, se enviaron cinco legiones de ángeles para darle la bienvenida. Junto con
ellos también llegó una multitud de demonios para averiguar si podían reclamarle
algo, porque están llenos de malicia y nunca descansan de la malicia.

Entonces se escuchó una vez alegre y clara en el cielo que decía: ‘Mi Señor y Padre,
¿no es este el hombre quien se ciñó a tu voluntad y la cumplió a la perfección?’ El
mismo hombre entonces respondió con su propia conciencia: ‘Ciertamente yo soy.’
Se escucharon tres voces. La primera era la voz de la naturaleza divina que dijo:
‘¿No te creé y te di un cuerpo y una alma? Tu eres mi hijo y habéis hecho la
voluntad de tu Padre. ¡Ven a mi, tu Creador todopoderoso y querido Padre! Te has
ganado una herencia eterna porque eres un hijo. Te corresponde la herencia de tu
Padre, porque habéis sido obediente con el.

Por lo tanto, querido hijo, ¡ven a mí! Te daré la bienvenida con alegría y honor.’ La
segunda voz fue la voz de la naturaleza humana, que dijo: ‘Hermano, ¡ven a tu
hermano! Me ofrecí por ti en batalla y derramé mi sangre por ti. Tu, quien
obedeciste mi voluntad, ¡ven a mí! Tu, quien pagó sangre por sangre y que estabas
preparado para ofrecer muerte por muerte y vida por vida, ¡ven a mí! Tu, que me
imitaste en tu vida, ¡entra ahora en mi vida y en mi alegría sin fin! ‘Te reconozco
como mi hermano.’ La tercera voz fue aquella del Espíritu (pero las tres son un solo
Dios, no tres dioses) que dijo: ‘¡Ven, mi caballero, tu, cuya vida interior fue tan
atractiva que yo ansiaba morar en ti!

En tu conducta exterior eras tan varonil que mereciste mi protección. ¡Entra,


entonces, en el descanso en recompensa por todos tus problemas físicos! En
recompensa por tu sufrimiento mental, ¡entra en un consuelo sin descripción
alguna! En recompensa por tu caridad y tus múltiples luchas, ven a mi y moraré en
ti y tu en mí! Ven a mí, entonces, mi caballero excelente, ¡quien nunca añoró nada
más que a mí! ¡Ven y serás llenado de santo placer!’ Después se escucharon cinco
voces de cada una de las cinco legiones de ángeles.

La primera habló, diciendo: ‘Marchemos enfrente de este excelente caballero y


llevemos sus armas delante de él, es decir, presentemos a nuestro Dios la fe que él
conservó inmutable y que defendió de los enemigos de la justicia.’ La segunda voz
dijo: ‘Carguemos su escudo delante de él, es decir, mostrémosle a nuestro Dios su
paciencia la cual, a pesar que Dios ya la conoce, será aún más gloriosa debido a
nuestro testimonio. Por medio de su paciencia no solo toleró pacientemente las
adversidades sino también le agradeció a Dios por esas mismas adversidades.’

La tercera voz dijo: ‘Marchemos delante de él y presentémosle a Dios su espada, es


118
decir, mostrémosle la obediencia por medio de la cual permaneció obediente, tanto
en momentos difíciles como fáciles de acuerdo a su juramento.’ La cuarta voz dijo:
‘Vengan y mostrémosle a Dios su caballo, es decir, ofrezcamos el testimonio de su
humildad. Así como un caballo carga el cuerpo de un hombre, así también su
humildad lo precedió y lo siguió, llevándolo hacia delante para desempeñar toda
buena obra. El orgullo no tuvo que ver con él, razón por la cual el cabalgó seguro.’
La quinta voz dijo: ‘Vengan y presentémosle a Dios su casco, es decir, ¡seamos
testigos de la divina añoranza que él sintió por Dios!

El meditó sobre Dios en su corazón en todo momento. Lo tenía en sus labios, en


sus obras y lo añoró sobre todas las cosas. Por su amor y veneración se hizo morir
para la mundo. De tal manera, presentémosle estas cosas a nuestro Dios para que,
en recompensa por una pequeña lucha, este hombre ha merecido el descanso y la
alegría eternos con su Dios por quien él tanto añoró tan a menudo!’ Acompañado
por los sonidos de estas voces así como de un maravilloso coro de ángeles, mi
amigo fue llevado al descanso eterno.

Su alma lo vio todo y se dijo a sí misma en alborozo: ‘¡Feliz soy por haber sido
creado! ¡Feliz de haber servido a mi Dios a quien ahora contemplo! Feliz soy,
porque tengo la alegría y la gloria que nunca finalizarán ¡’ De tal manera vino mi
amigo a mí y recibió tal recompensa. A pesar que no todos derraman su sangre por
amor a mi nombre, no obstante, todos recibirán la misma recompensa, siempre y
cuando tengan la intención de entregar sus vidas por mí si llega a presentarse la
ocasión y las necesidades de la fe lo demandan. ¡Vean cuán importante es la buena
intención!”

Las palabras de Cristo a la novia sobre la naturaleza sin cambio alguno y a la


duración eterna de su justicia, y sobre cómo, después de tomar la naturaleza
humana, reveló su justicia a través de su amor en una nueva luz, y sobre cómo
ejerce con ternura la misericordia hacia los condenados y les enseña suavemente la
misericordia a sus caballeros.

Capítulo-12
“Yo soy el verdadero Rey. Nadie merece ser llamado rey excepto yo, porque todo el
honor y todo el poder provienen de mí. Yo soy aquel quien rindió juicio sobre le
primer ángel que cayó por orgullo, la avaricia y la envidia. Soy aquel quien rindió
juicio sobre Adán y Caín, así como sobre todo el mundo, enviando el diluvio debido
a los pecados de la raza humana. Soy el mismo que permitió que el pueblo de
Israel llegase a ser cautivo y milagrosamente lo guie fuera del cautiverio con signos
milagrosos. Toda la justicia ha de encontrarse en mí. La justicia siempre estuvo y
está en mí sin principio ni fin. En ningún momento disminuye en mí sino permanece
en mí fiel y sin cambio alguno. A pesar que en el tiempo actual mi justicia parece
estar un poco más benigna y Dios parece ser ahora un juez más paciente, esto no
representa cambio en mi justicia, la cual nunca cambia, sino únicamente muestra
aún más mi amor. Ahora juzgo al mundo con esa misma justicia y ese mismo juicio
que con los que permití que mi pueblo se convirtiera en esclavo en Egipto y que
sufriera en el desierto.
119
Mi amor estuvo escondido antes de mi encarnación. Lo mantuve escondido en mi
justicia como la luz oscurecida por una nube. Una vez ya había tomado una
naturaleza humana, a pesar que había cambiado la ley dada anteriormente, la
justicia en sí no cambió sino estuvo mucho más claramente visible y se mostró bajo
una luz mucho más abundante en el amor a través del Hijo de Dios. Esto sucedió
de tres maneras. Primero, se mitigó la ley, ya que había sido severa por culpa de
los pecadores desobedientes y endurecidos y era difícil poder amaestrar a los
orgullosos. Segundo, el Hijo de Dios sufrió y murió. Tercero, ahora mi juicio parece
estar más alejado y parece haberse pospuesto por la misericordia y, al mismo
tiempo, ser más benigno hacia los pecadores que antes. Ciertamente, los actos de
justicia relacionados a los primeros padres o al diluvio o a aquellos que murieron en
el desierto, parecen ser rígidos y estrictos. Pero la misma justicia todavía está
conmigo y siempre ha estado. Sin embargo, ahora la misericordia y el amor son
más aparentes. Anteriormente, por razones sabias, el amor estaba escondido en la
justicia y se exhibía con misericordia, aunque de una manera más escondida,
porque nunca hice justicia y nunca la hago sin tener misericordia, ni tengo bondad
sin justicia. Ahora, sin embargo, puedes preguntarte: si muestro misericordia en
toda mi justicia, ¿de qué manera soy misericordioso con los condenados? Te
responderé por medio de una parábola.

Es como si un juez estuviese en un juicio y su hermano llegase a ser sentenciado. El


juez le dice: ‘Tu eres mi hermano y yo soy tu juez y, a pesar que te amo
sinceramente, no puedo actuar en contra de la justicia y tampoco sería correcto que
lo hiciera. En tu conciencia ves lo que es justo en relación a lo que mereces. Es
necesario sentenciarse acordemente. Si fuese posible ir en contra de la justicia,
gustosamente tomaría la sentencia para mí.’ Yo soy como ese juez. Esta persona es
mi hermano debido a mi naturaleza humana. Cuando él viene a ser juzgado por mí,
su conciencia le informa de su culpa y él comprende lo que debería de ser su
sentencia. Debido a que soy justo, le respondo al alma – hablando en forma
figurada – y le digo: ‘Tu ves en tu conciencia todo lo que es justo para ti. Dime lo
que mereces.’ Entonces el alma me responde: ‘Mi conciencia me informa sobre mi
sentencia. Es el castigo que me merezco porque no te obedecí.’ Yo respondo: ‘Yo,
tu juez, tomé sobre mí todos tus castigos y te hice saber del peligro, así como de la
forma para escapar al castigo. Era una justicia simple el hecho que tu no pudieses
entrar al cielo antes de expiar tu culpa. Yo tomé tu expiación porque eras incapaz
de soportarla tu solo.

A través de los profetas yo te enseñé lo que me pasaría y no omití detalle alguno de


lo que predijeron los profetas. Te mostré todo el amor que pude para hacer que
regresaras a mí. Sin embargo, debido a que te has alejado de mí, mereces ser
sentenciado, porque despreciaste la misericordia. Sin embargo, aún así soy todavía
tan misericordioso que si fuese posible morir nuevamente, por tu bien yo
nuevamente soportaría el mismo tormento que una vez soporté en la cruz, en vez
de verte sentenciado a tal sentencia. Sin embargo, la justicia dice que es imposible
para mí morir nuevamente, aunque la misericordia me diga que quiero morir por tu
bien nuevamente, si fuese posible. Así es lo misericordioso y amoroso soy, aún
120
hacia los condenados. Yo amo a la humanidad desde el inicio, aún cuando yo
parecía estar enojado, pero a nadie le importó ni le puso atención a mi amor.

Debido a que soy justo y misericordioso, les advierto a los llamados caballeros que
deberían buscar mi misericordia, no sea que mi justicia los encuentre. Mi justicia es
tan inamovible como una montaña, quema como el fuego, es tan aterradora como
el trueno y tan repentina como un arco con una flecha. Mi advertencia es triple.
Primero, les advierto como lo hace un padre a sus hijos, para hacer que regresen a
mí, porque soy su Padre y Creador. Deja que regresen y les daré el patrimonio que
les corresponde por derecho. Deja que regresen porque, a pesar que he sido
desdeñado, aún así les daré la bienvenida con alegría y saldré a recibirlos con amor.
Segundo, les pido como hermano que recuerden mis llagas y mis obras. Deja que
regresen y los recibiré como a un hermano. Tercero, como su Señor les pido que
regresen al Señor a quien le han prometido su fe, a quien le deben su alianza y a
quien se han jurado a sí mismos por juramento.

Por lo tanto, o caballeros, regresen a mí, su padre, quien los crió con amor. Piensen
en mí, su hermano, quien se hizo uno de ustedes por su propio bien. Regresen a
mí, su Señor amable. Es altamente deshonesto prometer su fe y alianza a otro
señor. Me prometieron que defenderían mi iglesia y que ayudarían a los
necesitados. ¡Vean ahora cómo le prometen alianza a mi enemigo y tiran mi
bandera e izan la bandera de mi enemigo!

Por lo tanto, oh caballeros, regresen a mí en verdadera humildad, ya que me


desertaron por medio del orgullo. Si algo parece ser difícil de soportar por mí,
¡tomen en cuenta lo que yo sufrí por ustedes! Por sus bienes, fui a la cruz con mi
pies sangrando; mi manos y mis pies fueron perforados por ustedes; no escatimé
extremidad alguna por ustedes. Y sin embargo, ignoraron todo esto alejándose de
mí. Regresen, y les daré tres clases de ayuda. Primero, fortaleza, para que puedan
soportar a sus enemigos físicos y espirituales. Segundo, una generosidad valiente,
para que no teman a nada más que a mí y que consideren una alegría el esforzarse
por mí. Tercero, les daré sabiduría para que puedan comprender la verdadera fe y
la voluntad de Dios. Por lo tanto, ¡regresen y pronúnciense como hombres! Porque
yo, que les doy esta advertencia, soy el mismo a quien sirven los ángeles, el que
liberó a sus primeros padres que eran obedientes pero que sentenciaban al
desobediente y humillaban a los orgullosos. Fui el primero en la guerra, el primero
en el sufrimiento. Síganme, entonces, para que no sean derretidos como la cera por
el fuego. ¿Por qué están rompiendo sus promesas? ¿Por qué desdeñan su
juramento? ¿Soy de menor valor o más indigno que algún amigo mundano de
ustedes a quien, una vez le prometen su fe, lo cumplen? A mí, sin embargo, el
dador de la vida y del honor, el conservador de la salud, no le rinden lo que han
prometido.

Por esta razón, buenos caballeros, cumplan su promesa y, si son demasiado débiles
para hacerlo por medio de obras, ¡por lo menos tengan la voluntad de hacerlo!
Siento compasión por la esclavitud que el demonio ha impuesto sobre ustedes, así
que aceptaré su intención como una obra. Si regresan a mí en amor, entonces
121
afánense en la fe de mi iglesia y saldré a encontrarlos como un padre amoroso
junto con todo mi ejército. Les daré como recompensa cinco cosas buenas. Primero,
en sus oídos sonará siempre una alabanza sin fin. Segundo, el rostro y la gloria de
Dios siempre estarán delante de sus ojos. Tercero, la alabanza a Dios nunca dejará
sus labios. Cuarto, tendrán todo lo que sus almas puedan desear, y no desearán
nada más de lo que tienen. Quinto, nunca serán separados de su Dios, pero su
alegría perdurará sin fin alguno y vivirán sus vidas en alegría sin final.

Así serán sus recompensas, mis caballeros, si defienden mi fe y se esfuerzan, más


por el bien de mi honor que por su propio honor. Si tienen algún sentido, recuerden
que he sido paciente con ustedes y que ustedes me han insultado de tal manera
que ustedes mismos no tolerarían. Sin embargo, a pesar que puedo hacer todas las
cosas por razón de mi omnipotencia, y a pesar que mi justicia clama vengarse en
ustedes, aún así mi misericordia, la cual está en mi sabiduría y bondad, los
perdona. Por lo tanto, ¡pidan misericordia! En mi amor otorgo lo que una persona
me pide en humildad.”

Las palabras fuertes de Cristo a la novia en contra de los caballeros de hoy y sobre
la manera apropiada de crear caballeros y sobre cómo Dios da y confiere fortaleza y
ayuda en sus acciones.

Capítulo-13
“Yo soy un Dios junto con el Padre y el Espíritu Santo en una trinidad de personas.
Ninguna de las tres puede separarse o dividirse de las otras, pero el Padre está
tanto en el Hijo como en el Espíritu y el Hijo está tanto en el Padre como en el
Espíritu y el Espíritu está en ambos. La Divinidad le envió su Palabra a la Virgen
María a través del ángel Gabriel. Sin embargo, el mismo Dios, tanto el que enviaba
como el enviado por sí mismo, estaba con el ángel y él estaba en Gabriel y él
estaba en la Virgen antes de Gabriel. Después que el ángel entregó su mensaje, el
verbo se hizo carne en la Virgen. Yo, que hablo contigo, soy esa Palabra.

El Padre me envió a través de sí mismo, junto con el Espíritu Santo, al vientre de la


Virgen, a pesar que no de tal manera que los ángeles quedasen sin la visión y la
presencia de Dios. En vez, yo, el Hijo, quien estaba con el Padre y con el Espíritu
Santo en el vientre virginal, permanecí siendo el mismo Dios ante la vista de los
ángeles en el cielo, junto con el Padre y el Espíritu, rigiendo y sosteniendo todas las
cosas. Sin embargo, la naturaleza humana asumida por el único Hijo estuvo en el
vientre de María. Yo, que soy un Dios en mis naturalezas divina y humana, no
menosprecio hablar contigo y manifestarte mi amor y fortalecer la santa fe.

A pesar que mi forma humana parece estar acá ante ti, habla contigo, no obstante
es más verdadero decir que tu alma y tu conciencia están conmigo y en mí. Nada
en el cielo o en la tierra es imposible o difícil para mí. Soy como un rey poderoso
que llega a una ciudad con su tropa y toma todo el lugar, ocupándolo todo. De igual
manera, mi gracia llena todas tus extremidades y las fortalece todas. Estoy dentro
de ti y sin ti. A pesar que puedo estar hablando contigo, permanezco igual en mi
gloria. ¿Qué podría ser difícil para mí que sostengo todas las cosas con mi poder y
122
arreglo todas las cosas en mi sabiduría, sobrepasando todo en excelencia? Yo, que
soy un único Dios junto con el Padre y el Espíritu Santo, sin principio ni fin, que
asumió una naturaleza humana por el bien de la salvación de la humanidad,
permaneciendo intacta la naturaleza divina, quien sufrió, resucitó y ascendió al
cielo, ahora realmente hablo contigo.

Te conté previamente sobre los caballeros que una vez me fueron de mucho agrado
porque estaban comprometidos a mí por el vínculo de la caridad. Ellos se obligaron
por medio de su juramento a ofrecer su cuerpo por mi cuerpo, su sangre por mi
sangre. Es por esto que les di mi consentimiento, el por qué los uní a mí en un único
vínculo y una única compañía. Ahora, sin embargo, mi agravio es que estos
caballeros, que deberían ser míos, se han alejado de mí. Yo soy su Creador y
redentor, así como quien los ayuda. Hice un cuerpo con todas sus extremidades
para ellos. Hice todo en el mundo para que lo usaran. Los redimí con mi sangre.
Traje una herencia eterna para ellos con mi pasión. Los protejo en todo peligro.

Ahora, sin embargo, se han alejado de mí. A ellos nada le vale mi pasión,
desatienden mis palabras que deberían de deleitar y nutrir sus almas. Ellos me
desprecian, prefiriendo con todo su corazón y alma ofrecer sus cuerpos y dejar que
los hieran a cambio de la alabanza humana, derramar su sangre por satisfacer su
avaricia, felices de morir por una locución mundana, demoníaca y vacía. Pero aún
así, a pesar que se han alejado, mi misericordia y mi justicia están sobre ellos. Los
vigilo misericordiosamente para que no sean entregados al demonio. En justicia
soporto con ellos pacientemente y si llegaran a regresar, les daría la bienvenida
felizmente y gozosamente saldría a su encuentro.

Dile a ese hombre que desea poner a mi servicio su ser caballero que me puede
agradar una vez a través de la siguiente ceremonia. Cualquier que desee hacerse
un caballero deberá proceder con su caballo y armadura hacia el patio de la iglesia,
dejar su caballo allí, ya que no se hizo para el orgullo humano sino para que sea útil
en la vida y en la defensa y para pelear contra los enemigos de Dios. Entonces, que
se ponga su capa, colocando su broche en su frente, similar a lo que hace un
diácono cuando se pone su capa como señal de obediencia y santa paciencia. De
igual manera, así deberá ponerse su capa y colocar el broche en su furente como
señal, tanto de sus votos militares como de la obediencia tomada para la defensa
de la cruz de Cristo.

Delante de él deberán cargar una bandera del gobierno secular, recordándole que
deberá obedecer su gobierno mundano en todas las cosas que no estén en contra
de Dios. Una vez ha ingresado al patio de la iglesia, los sacerdotes deberán salir a
encontrarlo con la bandera de la iglesia. En ella deberán estar representadas la
pasión y las heridas de Cristo, como un signo que él está obligado a defender la
iglesia de Dios y cumplir con sus prelados. Cuando él entra en la iglesia, la bandera
del gobierno temporal deberá permanecer afuera de la iglesia mientras que la
bandera de Dios deberá ir delante de él, dentro de la iglesia, como un signo que la
autoridad divina precede a la autoridad secular y que uno debe de preocuparse más
por las cosas espirituales que por las cosas temporales.
123
Cuando se celebra la Misa y se ha llegado hasta el Agnus Dei, el oficiante que
preside, es decir, el rey o alguien más, deberá llegar hasta el caballero en el altar y
decir: ‘¿Quieres que se te haga caballero?’ Cuando el candidato responde, sí,’ el otro
deberá agregar las palabras: ‘Prométele a Dios y a mí que defenderás la fe de la
Santa Iglesia y obedecerás a sus líderes en todas las cosas que pertenezcan a Dios!’

Cuando el candidato responde ‘Sí, quiero’ el otro deberá colocar una espada en sus
manos diciendo: ‘Contempla, coloco una espada en tus manos para que no
escatimes ni tu propia vida por el bien de la iglesia de Dios, para que puedas
aplastar a los enemigos de Dios y proteger a los amigos de Dios.’ Entonces deberá
darle el escudo y decir: ‘ Contempla, te doy un escudo para que puedas defenderte
en contra de los enemigos de Dios, para que puedas ofrecer ayuda a las viudas y
los huérfanos, para que puedas añadirle a la gloria de Dios de todas las maneras
posibles.’ Entonces deberá colocar su mano sobre el cuello del otro, diciendo:
‘Contempla, ahora estás sujeto a obediencia y a la autoridad. Ahora, entonces,
¡debes de realizar en la práctica a lo que te has obligado con tus compromisos!’
Después de esto, deberán colocarse la capa y sus broches sobre él para recordarle
diariamente tanto de sus votos a Dios como que, por su profesión ante la iglesia, se
ha comprometido a hacer más que los demás para defender a la iglesia de Dios.

Una vez se han hecho estas cosas y se ha dicho el Agnus Dei, el sacerdote que
celebra la Misa deberá darle mi cuerpo para que pueda defender la fe de la Santa
Iglesia. Yo estaré en él y él en mí. Le proporcionaré ayuda y fuerza y lo haré
quemarse con el fuego de mi amor para que no desee otra cosa sino a mí y que no
le tema a nada sino a mí, su Dios. Si llegase a estar en una campaña cuando
emprenda este servicio para mi gloria y para la defensa de mi fe, aún así le
beneficiará, siempre y cuando su intención sea justa.

Estoy en todos lados por virtud de mi poder, y todas las personas pueden
complacerme con una intención justa y una buena voluntad. Yo soy amor y nadie
puede venir a mí más que una persona que tenga amor. Por lo tanto, no ordeno a
nadie a que haga esto, ya que en ese caso me estarían sirviendo por temor. Pero
aquellos que desean emprender esta forma de servicio de caballero serán de mi
agrado. Sería apropiado que ellos mostraran a través de la humildad que ellos
desean regresar al verdadero ejercicio de la caballería, en tanto la deserción de la
profesión de un verdadero caballero ocurre por el orgullo.”

EXPLICACIÓN
Se cree que este caballero fue Sir Karl, el hijo de Santa Brígida.
Sobre Cristo simbolizado por un orfebre y las palabras de Dios como oro, y sobre
cómo deberán transmitirse estas palabras a las personas con el amor de Dios, una
conciencia justa y sus cinco sentidos bajo control, y sobre cómo los predicadores de
Dios deberían ser diligentes en vez de perezosos al vender el oro, es decir, en
transmitir la palabra de Dios.

Capítulo-14
124
“Yo soy como un orfebre habilidoso que envía a su sirviente a vender su oro por
todo el país, diciéndole: ‘Debes de hacer tres cosas. En primer lugar, no debes de
confiar mi oro a nadie excepto a aquellos que tienen ojos calmados y límpidos. En
segundo lugar, no lo confíes a personas que no tienen conciencia. En tercer lugar,
¡pon mi oro a la venta por diez talentos pesados dos veces! Una persona que
rechaza pesar mi oro dos veces no lo obtendrá. Debes tener cuidado de tres armas
que usan mis enemigos en tu contra. Primero, él quiere volverte lento en poner mi
oro en exhibición. Segundo, desea mezclar un metal inferior con mi oro para que
aquellas personas que lo vean y lo prueben piensen que mi oro es tan solo arcilla
podrida. Tercero, instruye a sus amigos a que te contradigan y que reclamen
constantemente que mi oro no es bueno.’ Yo soy como ese orfebre. Yo forjé todo lo
que está en el cielo y en la tierra, no con martillos y herramientas sino con mi poder
y fuerza. Todo lo que es y que era y que será me es previamente conocido. Ni
siquiera la lombriz más pequeña o el grano más pequeño puede existir o continuar
existiendo sin mí. Ni la cosa más pequeña escapa a mi presciencia. Entre todas las
cosas que he hecho, sin embargo, las palabras que he dicho con mis propios labios
son lo de más valor, así como el oro es más valioso que los otros metales.

Es por eso que mis sirvientes, a quien despaché con mi oro por todo el mundo,
deben de hacer tres cosas. Primero, no deben de confiar mi oro a personas que no
tiene ojos calmados y claros. Se pueden preguntar: ‘¿Qué significa tener una vista
clara?’ Bueno, una persona con visión clara es aquella que tiene sabiduría divina
junto con la caridad divina. Pero, ¿cómo has de saber esto? Es obvio. Una persona
es de visión clara y se le puede confiar mi oro si vive de acuerdo a la razón, quien se
remueve de la vanidad y la curiosidad mundanas, quien busca nada más que a su
Dios. Pero una persona es ciega si tiene el conocimiento pero no pone en práctica la
caridad cristiana que comprende. Parece tener sus ojos puestos en Dios pero no,
porque sus ojos están en el mundo y le ha dado su espalda a Dios.

Segundo, mi oro no ha de confiarse a alguien que no tiene conciencia. ¿Quién tiene


conciencia si no la persona que maneja sus bienes temporales y perecederos con
vista a la eternidad, quien tiene su alma en el cielo y su cuerpo en la tierra, quien
sopesa diariamente cómo va a dejar el mundo y le responderá a Dios por sus
actos? Mi oro deberá confiársele a tal persona. Tercero, deberá poner mi oro a la
venta por diez talentos pesados dos veces. ¿Qué simboliza la balanza con la cual se
pesa el oro sino la conciencia? ¿Qué simbolizan las manos que pesan el oro si no
una buena voluntad y un buen deseo? ¿Para qué han de usarse los contrapesos
sino para las obras espirituales y corporales?

Una persona que desea comprar y guardar mi oro, es decir, mis palabras, deberá
examinarse correctamente en las balanzas de su conciencia y considerar cómo ha
de pagarlo con diez talentos pesados cuidadosamente de acuerdo a mis deseos. El
primer talento es la visión disciplinada de la persona. Esto lo hace considerar la
diferencia entre la visión corporal y la visión espiritual, qué uso hay en la belleza
física y la apariencia, cuánta excelencia hay en la belleza y la gloria de los ángeles y
de los poderes celestiales que sobrepasan a todas las estrellas del cielo en cuanto a
esplendor, y qué deleite gozoso posee un alma en los mandamientos de Dios y en
125
su gloria.

Este talento, quiero decir, la visión física y la visión espiritual, que se encuentra en
los mandamientos de Dios y en la castidad, no han de medirse con la misma
balanza. La visión espiritual vale más que la clase corporal y pesa más, en tanto que
los ojos de una persona deben de estar abiertos a lo que es benéfico para el alma y
necesario para el cuerpo, pero cerrados a las tonteras y a la indecencia.

El segundo talento es escuchar bien. Una persona debería considerarse digna de un


lenguaje indecente, tonto y burlón. Ciertamente, no vale más que un soplo vacío de
aire. Es por esto que una persona debería escuchar las alabanzas e himnos de Dios.
Debería escuchar las obras y los dichos de mis santos. Debería escuchar lo que
necesita para poder educar su alma y cuerpo en virtud. Esta clase de escucha pesa
más en las balanzas que el escuchar indecencias. Esta buena clase de escucha,
cuando se pesa en las balanzas en contra de la otra clase, hundirá las balanzas
hasta abajo, mientras que la otra clase vacía de escuchas será levantada y no
pesará nada.

El tercer talento es de la lengua. Una persona deberá pesar la excelencia y la


utilidad de un diálogo edificante y medido en las balanzas de su conciencia.
También deberá tomar nota del daño e inutilidad del diálogo vano e indolente.
Entonces deberá guardar el diálogo vano y amar el diálogo bueno.

El cuarto talento es el gusto. ¿Qué es el gusto del mundo si no la miseria? Trabajar


al inicio de una empresa, penar a medida que continúa, y sentir amargura al final.
Acordemente, una persona debería pesar cuidadosamente el gusto espiritual en
contra del tipo mundano y el espiritual sobrepasará al gusto mundano. Nunca se
pierde el gusto espiritual, nunca es aburrido, nunca disminuye. Esta clase de gusto
comienza en el presente a través de la restricción de la lujuria y a través de una
vida de moderación y dura para siempre en el cielo a través del disfrute y dulce
deleite de Dios.

El quinto talento es el del sentido del tacto. Una persona deberá pesar cuánto
cuidado y cuánta miseria siente debido al cuerpo, a todas las preocupaciones
mundanas, a todos los muchos problemas con su prójimo. Entonces él experimenta
miseria en todos lados. Que también sopese qué gran paz la del alma y de una
mente bien disciplinada, cuánto bien hay en no preocuparse sobre posesiones
vanas y superfluas. Entonces experimentará consuelo en todos lados. Quien quiera
medirlo bien deberá poner en la balanza los sentidos espirituales y físicos del tacto y
el resultado será que lo espiritual sobrepasa a lo corporal. Este sentido espiritual del
tacto comienza y se desarrolla a través de resistencia paciente a los contratiempos
y a través de la perseverancia en los mandamientos de Dios, y dura para siempre y
felicidad y un descanso pacífico. Una persona que le da más peso al descanso físico
y a los sentimientos mundanos de felicidad que a aquellos de eternidad, no es digno
de tocar mi oro ni de disfrutar mi felicidad.

El sexto talento es el trabajo humano. Una persona deberá pesar cuidadosamente


126
en su conciencia tanto el trabajo espiritual como el trabajo material. El primero lleva
al cielo y el segundo al mundo; el primero a una vida eterna sin sufrimiento y el
segundo a un dolor y un sufrimiento tremendos. Quien desea mi oro deberá darle
más peso al trabajo espiritual, el cual se hace en mi amor y por mi gloria, en vez de
al trabajo material, ya que las cosas espirituales perduran mientras que las cosas
materiales pasan.

El séptimo talento es el uso ordenado del tiempo. A una persona se le da cierto


tiempo para que se dedique únicamente a las cosas espirituales, otro tiempo para
las funciones corporales, sin las cuales es imposible la vida (si se usa
razonablemente, se cuenta como un uso espiritual del tiempo), y otro tiempo para
una actividad física útil. Debido a que una persona debe rendir cuentas de su
tiempo así como de sus acciones, por lo tanto debe de darle prioridad al uso
espiritual del tiempo antes de recurrir al trabajo material, y manejar su tiempo de
tal manera que se les dé más prioridad a las cosas espirituales que a las cosas
temporales para que no se permita que tiempo alguno pase sin el examen y la
balanza correcta requeridos por la justicia.

El octavo talento es la administración justa de los bienes temporales que se dan, lo


que significa que una persona rica, en tanto lo permitan sus medios, deberá darle a
los pobres con caridad divina. Pero puedes preguntarte: ‘¿Qué debe de dar una
persona pobre que no posee nada?’ Deberá tener la intención correcta y tener los
siguientes pensamientos: ‘Si tuviese algo, gustosamente lo daría generosamente.’
Tal intención le vale como una obra. Si la intención del hombre pobre es tal que
quisiera tener posesiones temporales como los demás pero tiene la intención de
sólo dar una pequeña suma y meras bagatelas a los pobres, esta intención le es
reconocida como una obra pequeña. Por lo tanto, una persona rica con posesiones
deberá practicar la caridad. Una persona necesitada deberá tener la intención de
dar y le ganará méritos. Quien quiera que le dé más peso a lo temporal que a lo
espiritual, quien quiera que me dé un chelín a mí y al mundo cien y para sí mismo
mil, no usa un estándar justo de medición. Una persona que usa un estándar de
medición como eso, no merece tener mi oro. Yo, dador de todas las cosas, quien
también puede quitar todas las cosas, merezco la porción más valiosa. Los bienes
temporales fueron creados para uso y necesidad humanos, no para la superfluidad.

El noveno talento es el examen cuidadoso de los tiempos que ya pasaron. Una


persona deberá examinar sus obras, qué clase de obras fueron, su número, cómo
las ha corregido y con qué mérito. También deberá tomar en cuenta si sus buenas
obras fueron menos que sus obras malas. Si encuentra que sus actos malos fueron
más numerosos que sus buenos, entonces deberá tener un propósito perfecto de
enmienda y estar realmente contrito por sus obras malas. Esta intención, si fuese
verdadera y firme, pesará más a los ojos de Dios que todos su pecados.

El décimo talento es tomar en cuenta el tiempo venidero y la planificación del


mismo. Si una persona tiene la intención de no querer amar nada más que las
cosas de Dios, de no desear nada más que lo que sabe es agradable a Dios, de
abrazar voluntaria y pacientemente las dificultades, aún los dolores del infierno, si
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eso le diera a Dios cualquier consuelo y fuese la voluntad de Dios, entonces este
talento excede a todos los demás. A través de este talento, todos los peligros se
evitan fácilmente. Quien quiera que pague estos diez talentos obtendrá mi oro.

Sin embargo, como lo dije, el enemigo quiere impedir de tres maneras que las
personas entreguen mi oro. Primero, desea hacerlos lentos y perezosos. Existe una
pereza física y una espiritual. La física es cuando un cuerpo se cansa de trabajar, de
levantarse y así sucesivamente. La pereza espiritual es cuando una persona
enfocado en lo espiritual, conociendo el dulce deleite y gracia de mi Espíritu, prefiere
descansar en ese deleite en vez de ir a ayudar a que los demás participen de ello
con el. ¿No experimentaron Pedro y Pablo el dulce deleite desbordante de mi
Espíritu? Si hubiese sido mi voluntad, hubiesen preferido mantenerse ocultos en la
parte más baja de la tierra con el deleite interior que tenían, en vez de salir al
mundo.

Sin embargo, para que los demás pudieran ser partícipes de su dulce deleite y para
poder instruir a los demás junto con ellos, prefirieron salir por el bien de las demás
personas así como por su propia mayor gloria, y no permanecer solos sin fortalecer
a los demás con la gracias que les fue dada. De igualmente, mis amigos, a pesar
que quisieran estar solos y disfrutar ese dulce deleite que ya tienen, ahora deben ir
adelante para que los demás también puedan ser partícipes de su alegría. Así como
alguien con posesiones abundantes no las usa para sí mismo sino las confía a los
demás, así también mis palabras y mi gracia no deberán mantenerse ocultas sino
deberán transmitirse a los demás, para que ellos también puedan edificarse.

Mis amigos pueden darle ayuda a tres clases de personas. Primero, a los
condenados; segundo, a los pecadores, es decir, aquellos que caen en pecados y se
levantan nuevamente; tercero a los buenos que se mantienen firmes. Pero puedes
preguntar: ‘¿Cómo puede una persona darle ayuda a los condenados, viendo que
no son dignos de gracia y que es imposible que ellos regresen a la gracia?’ Te
contestaré por medio de un símil. Es como si hubiesen incontables agujeros en el
fondo de cierto precipicio y cualquiera que cayese en ellos necesariamente se
hundiría en las profundidades. Sin embargo, si alguien fuese a taponar uno de los
agujeros, la persona que cae no se hundiría tan profundamente como si ninguno de
los agujeros hubiese sido taponado. Esto es lo que le pasa a los condenados. A
pesar que por razón de mi justicia y su propia malicia endurecida tienen que ser
condenados a un tiempo definido y conocido de antemano, aún así su castigo será
más leve si son retenidos por otros de hacer ciertas maldades y en vez urgidos a
hacer algo bueno. Así es cuán misericordioso soy aún con los condenados. A pesar
que la misericordia clama por indulgencia, la justicia y su propia maldad la contra-
demandan.

En segundo lugar, ellos pueden darle ayuda a aquellos que caen pero se levantan
nuevamente, enseñándoles a cómo levantarse, haciendo que tengan cuidado de no
caer, e instruyéndoles sobre cómo mejorar y resistir sus pasiones.

En tercer lugar, pueden ser de beneficio para los justos y perfectos. ¿No se caen
128
ellos mismos también? Claro que sí, pero es por su mayor gloria y la vergüenza del
demonio. Así como un soldado que está levemente herido en la batalla se agita
debido a su herida y se vuelve mucho más perspicaz para la batalla, así también la
tentación diabólica de la adversidad agita a mis escogidos, más por la lucha
espiritual y por la humildad, y hacen el progreso más ferviente hacia obtener la
corona de la gloria. Por lo tanto, mis palabras deberán mantenerse escondidas de
mis amigos, porque habiendo escuchado sobre mi gracia, se agitarán más en
cuanto a la devoción hacia mí.

El segundo método de mi enemigo es usar el engaño para que mi oro parezca


barro. Por esta razón, cuando se transcriben cuales quiera de mis palabras, el que
transcribe deberá traer a dos testigos confiables o un hombre de conciencia
demostrada para que certifique que ha examinado el documento. Solo entonces
podrá ser transmitido a quien quiera, para que no llegue a ser no-certificado en
manos del enemigo, quien pudiese agregar algo falso, lo que conllevaría a que las
palabras de la verdad fuesen denigradas entre las personas sencillas.

El tercer método de mi enemigo es hacer que sus propios amigos prediquen la


resistencia a mi oro. Entonces mis amigos deben de decirle a aquellos que los
contradicen: ‘El oro de estas palabras contiene, por decirlo así, únicamente tres
enseñanzas. Ellas te enseñan a temer correctamente, a amar piadosamente, a
desear el cielo inteligentemente. Prueben las palabras y vean por ustedes mismos
y, si encuentran otra cosa allí, contradíganlo’”

Las palabras de Cristo a la novia sobre cómo el camino al paraíso se abrió con su
venida y sobre el amor ardiente que él nos mostró al soportar tantos sufrimientos
por nosotros, desde su nacimiento hasta su muerte, y sobre cómo el camino al
infierno se ha vuelto ancho ahora y el camino al paraíso, estrecho.

Capítulo-15
“Estarás preguntándote por qué te digo estas cosas y por qué te revelo tales
maravillas. ¿Será únicamente por tu propio bien? Claro que no, es para la
edificación y la salvación de otros. Ves, el mundo era como una especie de selva o
desierto en donde había un camino que llevaba hacia abajo, al gran abismo. En el
abismo había dos cámaras. Una era tan profunda que no tenía fondo y las personas
que bajaban a ella nunca subían de vuelta. La segunda no era tan profunda ni tan
aterradora como la primera. Aquellas personas que bajaban en ella tenían un poco
de esperanza de recibir ayuda; ellas experimentaban ansiedad y retraso pero no
miseria, la oscuridad pero no el tormento. Las personas que vivían en esta segunda
cámara enviaban diariamente sus lamentos a una ciudad magnífica que estaba
cerca y que estaba llena de toda cosa buena y todo deleite.

Ellas clamaban audazmente porque conocían el camino a la ciudad. Sin embargo, el


bosque salvaje era tan espeso y tan denso que no lo podían cruzar ni hacer avance
algún debido a su densidad y no tenían la fuerza para hacer un camino a través del
mismo. ¿Cuál era su clamor? Su clamor era el siguiente: ‘Oh, Dios, ven y ayúdanos,
muéstranos el camino e ilumínanos, ¡te estamos esperando! No podemos ser
129
salvados por nadie más que por ti.’ Este lamento llegó a mi en el cielo y me
conmovió a la misericordia. Aplacado por sus lamentos, vine a la selva como un
peregrino.

Pero antes de comenzar a trabajar y hacer mi camino, una voz habló delante de mí,
diciendo: ‘El hacha ha sido puesta en el árbol’ Esta voz no era otra más que la de
Juan Bautista. Fue enviado antes que yo y clamó en el desierto: ‘El hecha ha sido
puesta en el árbol,’ es decir: ‘Que la raza humana se prepare porque ahora el hacha
está lista, y ha venido a preparar el camino a la ciudad y está arrancando todos los
obstáculos.’ Cuando vine, trabajé de sol a sombra, es decir, me dediqué a la
salvación de la humanidad, desde mi encarnación hasta mi muerte en la cruz. Al
inicio de mi empresa, me fui a la selva, lejos de mis enemigos, más precisamente,
de Herodes quien me perseguía; fui probado por el demonio y sufrí persecución por
parte de los hombres. Más tarde, mientras soportaba mucho trabajo, comí y bebí y
sin cometer pecado alguno cumplí con las demás necesidades para poder formar la
fe y mostrar que realmente yo había tomado la naturaleza humana.

Mientras preparaba el camino a la ciudad, es decir, al cielo, y arrancaba todos los


obstáculos que habían surgido, zarzas y espinas rasguñaban mi costado y clavos
ásperos herían mis manos y mis pies. Mis dientes y mis mejillas fueron maltratados.
Lo soporté con paciencia y no di la vuelta, sino fue hacia delante con más celo,
como un animal que es llevado por la inanición que, cuando ve a un hombre que le
apunta con una lanza, se deja ir contra la lanza en su deseo que atacar al hombre.
Y entre más empuja el hombre la lanza en las entrañas del animal, más se tira el
animal en contra de la lanza en su deseo que llegar al hombre, hasta que al fin sus
entrañas y todo su cuerpo han sido perforados. De igual manera, ardía con tal amor
por el alma que, cuando observé y experimenté todos estos ásperos tormentos,
entre más ávidos estaban los hombres de matarme, más ardiente me volví por
sufrir para la salvación de las almas.

Así, hice mi camino en la selva de este mundo y preparé un camino a través de mi


sangre y mi sudor. El mundo podría muy bien llamarse una selva, ya que carecía de
toda virtud y continuaba siendo una selva de vicio. Tenía tan solo un camino sobre
el cual todos descendían al infierno, los condenados hacia la condenación, los
buenos hacia la oscuridad. Escuché misericordiosamente su deseo de largos años
de una salvación futura y vine como un peregrino para poder trabajar. Desconocido
para ellos en mi divinidad y mi poder, preparé el camino que lleva al cielo. Mis
amigos vieron este camino y observaron las dificultades de mi trabajo y mi avidez
de corazón, y muchos de ellos me siguieron por mucho tiempo en alegría.

Pero ahora ha habido un cambio en la voz que clamaba: ‘¡Prepárense!’ Mi camino


ha sido alterado, y han crecido arbustos espinosos y maleza, y aquellos que
avanzaban en ese camino se han detenido. El camino al infierno se ha abierto. Es
un camino ancho y muchas personas viajan sobre él. Sin embargo, para que no se
olvide del todo mi camino ni se abandone, mis pocos amigos todavía viajan sobre el
mismo en su ansias por su hogar celestial, como los pájaros que se mueven de
arbusto en arbusto, por decirlo así, y me sirven por temor, ya que todos hoy en día
130
piensan que el viajar por el camino del mundo conlleva a felicidad y alegría. Por esta
razón, debido a que mi camino se ha vuelto estrecho mientras que el camino del
mundo se ha vuelto ancho, ahora grito a mis amigos en la selva, es decir, en el
mundo, que ellos deberán eliminar los arbustos espinosos y las zarzas del camino
que lleva la cielo y que recomienden mi camino a aquellos que hacen su camino.

Como está escrito: ‘Benditos aquellos que no me han visto y que han creído’. Así
mismo, felices aquellos que ahora creen en mis palabras y las ponen en práctica.
Como puedes ver, soy como una madre que sale corriendo a encontrar a su hijo
vagante. Ella le sostiene una luz en el camino para que él pueda ver el camino. En
su amor, ella va a encontrarlo en el camino y acorta su viaje. Llega a él y lo abraza
y le da la bienvenida. Con un amor como ese saldré corriendo a darle la bienvenida
a mis amigos y a todas las personas que regresan a mí, y les daré a sus corazones
y a sus almas la luz de la sabiduría divina. Los abrazaré con gloria y los rodearé con
la corte celestial en donde no hay cielo arriba ni tierra abajo, sino únicamente la
visión de Dios; en donde no hay alimentos ni bebidas, sino únicamente el disfrute
de Dios.

El camino al infierno está abierto para los malvados. Una vez entran en él, nunca
subirán nuevamente. Estarán sin gloria ni arrobamiento y estarán llenos de miseria
y de reproche sin fin. Es por esto que digo estas palabras y revelo este mi amor,
para que aquellos que se han alejado puedan regresar a mí y me puedan
reconocer, su Creador, a quien ellos han olvidado.”

Las palabras de Cristo a la novia sobre por qué habla con ella en vez de con los
demás que son mejores que ella y sobre tres cosas que se mandan, tres que se
prohíben, tres que se permiten y tres recomendadas a la novia por Cristo; una
lección sumamente excelente.

Capítulo-16
“Muchas personas se preguntan por qué hablo contigo y no con otros que viven una
mejor vida y que me han servido durante más tiempo. Les respondo con una
parábola: Cierto señor es dueño de varios viñedos en varias regiones distintas. El
vino de cada uno de los viñedos tiene el sabor específico de la región de donde
proviene. Una vez ha sido prensado el vino, el dueño del viñedo a veces bebe el
vino mediocre y más débil y no el mejor. Si cualquiera de los presentes lo ven y le
preguntan a su señor por qué lo hace, él les responderá que este vino específico le
supo bien y dulce en ese momento. Esto no significa que el señor se deshaga de los
mejores vinos o los contemple en desdén, sino que los reserva para su uso y
privilegio en una ocasión apropiada, cada uno de ellos en la ocasión en que son
adecuados. De esta manera trato contigo.

Tengo muchos amigos cuya vida es más dulce para mí que la miel, más deliciosa
que cualquier vino, más brillante a mi vista que el sol. Sin embargo, me complació
escogerte en mi Espíritu, no porque seas mejor que ellos o igual a ellos o que estés
mejor calificada, sino porque yo quise – yo, que puedo hacer sabios de tontos y
santos de pecadores. No te concedí una gracia tan grande porque tenga a los
131
demás en desdén. En vez, los estoy reservando para otro uso y privilegio tal como
lo demanda la justicia. Humíllate entonces en todo y no dejes que nada te aflija más
que tus pecados. Ama a todos, aún a aquellos que parecen odiarte y calumniarte,
¡porque ellos solo te están proporcionando una mayor oportunidad para que ganes
tu corona! Te ordeno que hagas tres cosas. Te ordeno a que no hagas tres cosas.
Te permito que hagas tres cosas. Te recomiendo que hagas tres cosas.

Te ordeno que hagas tres cosas, entonces. Primero, desear a nadie ni nada más
que a tu Dios; segundo, que arrojes todo orgullo y arrogancia; tercero, que siempre
odies la lujuria de la carne. Tres cosas te ordeno no hacer. Primero, no amar el
lenguaje vano e indecente, segundo, no comer excesivamente ni ser superfluo en
otras cosas y, tercero, huir del regocijo y la frivolidad mundanos. Te permito hacer
tres cosas. Primero, dormir moderadamente por el bien de una buena salud;
segundo, realizar vigilias templadas para entrenar al cuerpo; tercero, comer
moderadamente para la fortaleza y mantenimiento de tu cuerpo.

Te recomiendo tres cosas. Primero, afanarte en ayunar y realizar buenas obras que
ganen la promesa del reino del cielo; segundo, deshacerte de tus posesiones para la
gloria de Dios; tercero, piensa en todo lo que he hecho por ti, sufriendo y muriendo
por ti. Tal pensamiento agita el amor a Dios. Segundo, considera mi justicia y el
juicio venidero. Esto inculca temor en tu mente. Finalmente, hay una cuarta cosa
que ordeno y mando y recomiendo y permito. Esto es obedecer como debes
hacerlo. Ordeno esto en vista que soy tu Señor. Te permito esto en vista que soy tu
novio. También lo recomiendo en vista que soy tu amigo.”

Las palabras de Cristo a la novia sobre cómo la divinidad de Dios realmente puede
llamarse virtud y sobre la caída múltiple de la humanidad instigada por el demonio,
y sobre el remedio múltiple para ayudar a la humanidad que fue dado y
proporcionado a través de Cristo.

Capítulo-17
El hijo de Dios la habló a la novia diciendo: “¿Crees firmemente que lo que el
sacerdote sostiene en sus manos es el cuerpo de Dios?” Ella respondió: “Creo
firmemente que, así como la palabra enviada a María se hizo carne y sangre en su
vientre, así también lo que veo en las manos del sacerdote es el verdadero Dios y
hombre.” El Señor le respondió: “Soy el mismo que habla contigo, permaneciendo
eternamente en la naturaleza divina, habiéndose hecho humano en el vientre de la
Virgen, pero sin perder mi divinidad. Mi divinidad puede ser nombrada
correctamente virtud, ya que hay dos cosas en ella: el poder más poderoso, la
fuente de todo poder, y la sabiduría más sabia, la fuente y la sede de toda
sabiduría. En esta naturaleza divina todas las cosas que existen están ordenadas
sabia y racionalmente.

No existe ni un pequeño ápice en el cielo que no esté en ella y que no haya sido
establecido y previsto por ella. Ni un solo átomo en la tierra, ni una sola chispa en el
infierno está afuera de su reglamento y no puede esconderse de su conocimiento
previo. ¿Te preguntas por qué yo digo ‘ni un solo ápice en el cielo’? Bien, un ápice
132
es el último trazo en una palabra acotada. Ciertamente la palabra de Dios es el
trazo final en todas las cosas y fue ordenada para la glorificación de todas las cosas.
¿Por qué digo ‘ni un solo átomo en la tierra’, si no es porque todas las cosas
mundanas son transitorias? Ni siquiera los átomos, sin importar cuán pequeños
son, están fuera del plan y la providencia de Dios. ¿Por qué dije ‘ni una chispa en el
infierno,’ si no porque no hay nada en el infierno excepto envidia? Así como una
chispa proviene del fuego, así toda clase maldad y enviada proviene de los espíritus
inmundos, con el resultado que ellos y sus seguidores siempre tienen envidia pero
nunca amor de clase alguna.

Por lo tanto, el conocimiento y el poder perfectos están en Dios, razón por la cual
cada cosa está arreglada de tal manera que nada es más grande que le poder de
Dios, ni nada puede causarse a estar en contra de la razón, pero todas las cosas
han sido hechas racionalmente, adecuadas a la naturaleza de cada cosa. Entonces,
la naturaleza divina, en vista que puede ser llamada correctamente una virtud,
mostró su mayor virtud en la creación de los ángeles. Los creó para su propia gloria
y para su deleite, para que pudieran tener caridad y obediencia: caridad por la cual
aman a nadie más que a Dios; obediencia por la cual obedecen a Dios en todas las
cosas. Algunos ángeles se fueron por mal camino en forma malvada y
malvadamente pusieron su voluntad en contra de estas dos cosas. Volvieron su
voluntad directamente en contra de Dios, tanto así que la virtud se les hizo odiosa
y, por lo tanto, lo que estaba opuesto a Dios les era amado. Debido a esta dirección
desordenada de su voluntad, merecieron caer. No fue que Dios causara su caída,
sino ellos mismos se la causaron a través del abuso de su propio conocimiento.

Cuando Dios vio la reducción en los números de huéspedes celestiales que había
sido causada por pecado, nuevamente mostró el poder de su divinidad. Porque él
creo a los seres humanos en cuerpo y alma. Les dio dos bienes, específicamente la
libertad de hacer el bien y la libertad de evitar el mal, porque, dado que ya no iban
a ser creados más ángeles, fue apropiado que los seres humanos tuviesen la
libertad de elevarse, si así lo deseaban, al rango angelical. Dios también le dio al
alma humana dos bienes, específicamente una mente racional para poder distinguir
lo opuesto de lo opuesto y lo mejor de lo superior; y fortaleza para poder
perseverar en el bien. Cuando el demonio vio este amor de Dios por la humanidad,
consideró así en su envidia: ‘¡De manera que Dios ha hecho una cosa nueva que
puede elevarse a nuestro lugar y por sus propios esfuerzos que nosotros perdimos
a través de la negligencia!

Si lo podemos engañar y causar su caída, cesará en sus esfuerzos y entonces no se


elevará a dicho rango.’ Entonces, habiendo pensado un plan de engaño, engañaron
al primer hombre y prevalecieron sobre él con mi justo permiso. Pero ¿cómo y
cuándo fue derrotado el hombre? Con seguridad, cuando dejó la virtud e hizo lo que
estaba prohibido, cuando la promesa de la serpiente lo complació más que la
obediencia a mí. Debido a esta desobediencia, no pudo vivir en el cielo, ya que
había odiado a Dios y tampoco en el infierno, ya que su alma, usando la razón,
examinó cuidadosamente lo que había hecho y tuvo contrición por su crimen.

133
Por esa razón, el Dios de la virtud, considerando la bajeza y desgracia humanas,
arregló una clase de encarcelamiento o lugar de cautiverio, en donde las personas
pudiesen llegar a reconocer su debilidad y expiarse por su desobediencia hasta que
pudiesen merecer elevarse al rango que habían perdido. Para mientras, el demonio,
tomando esto en cuenta, quería matar el alma humana por medio de ingratitud.
Inyectando su escoria en el alma, oscureció tanto su intelecto que ya no tenía ni
amor ni temor a Dios. Fue olvidada la justicia de Dios y su juicio fue despreciado.
Por esa razón, la bondad y los dones de Dios ya no fueron apreciados y cayeron en
el olvido.

Por lo tanto, Dios no fue amado y la conciencia humana estuvo en un estado


miserable y cayó en mayor vileza. A pesar que la humanidad estaba en dicho
estado, aún así no faltaba la virtud de Dios; en vez, reveló su misericordia y su
justicia. Reveló su misericordia cuando le reveló a Adán y a otras buenas personas
que obtendrían ayuda en un momento predeterminado. Esto agitó su fervor y amor
a Dios. También reveló su justicia a través del diluvio en la época de Noé, lo cual
llenó los corazones humanos con temor a Dios. Aún después de eso, el demonio no
dejó de molestar a la humanidad, sino que la atacó por medio de otras dos
maldades. Primero, inspiró falta de fe en las personas; segundo, falta de esperanza.
Inspiró falta de fe para que las personas pudieran no creer en la palabra de Dios
sino atribuir sus maravillas al destino. Inspiró falta de esperanza por si esperaban
ser salvados y obtener la gloria que habían perdido.

El Dios de la virtud proporcionó dos remedios para luchar contra estas dos
maldades. En contra de la falta de esperanza ofreció esperanza, dándole a Abraham
un nuevo nombre y prometiéndole que de su semilla nacería aquel que lo guiaría a
él y a los imitadores de su fe a la herencia perdida. También nombró a los profetas
a quienes les reveló la manera de la redención y los momentos y los lugares de su
sufrimiento. En relación a la segunda maldad de falta de fe, Dios le habló a Moisés y
le reveló su voluntad y la Ley y respaldó sus palabras con portentos y obras. A
pesar que se hizo todo eso, aún así el demonio no desistió de su maldad. Urgiendo
constantemente a la humanidad a peores pecados, inspiró otras dos actitudes en el
corazón humano: primero, haciendo que la ley se considerara insoportable y
perdiendo la paz mental al tratar de vivir según la misma; segundo, inspiró el
pensamiento que la decisión de Dios de morir y sufrir por caridad era demasiado
increíble y dificilísimo de creer.

Nuevamente, Dios proporcionó dos remedios adicionales para estos dos males.
Primero, envió a su propio Hijo al vientre de la Virgen para que nadie perdiera su
paz mental sobre cuán difícil era cumplir la Ley, ya que habiendo asumido la
naturaleza humana su Hijo cumplió con los requerimientos de la Ley y luego la hizo
menos estricta. En relación al segundo mal, Dios exhibió el ápice de la virtud. El
Creador murió por la creación, la justa por los pecadores. Siendo inocente, sufrió
hasta la última gota, así como había sido predicho por los profetas. Aún entonces, la
maldad del demonio no cesó, sino nuevamente se elevó en contra de la
humanidad, inspirando dos males adicionales. Primero, inspiró al corazón humano a
despreciar mis palabras y, segundo, a dejar que mis obras cayeran en el olvido.
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Nuevamente se inició la virtud de Dios para indicar dos nuevos remedios en contra
de esos dos males. El primero es regresar a mis palabras y honrar y esforzarse por
imitar mis obras. Es por esto que Dios te ha guiado en su Espíritu. También ha
revelado su voluntad sobre la tierra a sus amigos, a través tuyo, por dos razones en
particular. La primera es que para poder revelar la misericordia de Dios, para que
las personas pudiesen aprender a recordar la memoria del amor y el sufrimiento de
Dios. La segunda es recordarles sobre la justicia de Dios y hacerlos temer la
severidad de mi juicio.

Por lo tanto, dile a este hombre que, dado que mi misericordia ya ha llegado,
debería sacarla a luz para que las personas puedan aprender a buscar la
misericordia y precaverse del juicio sobre ellos mismos. Más aún, decirle que, a
pesar que mis palabras han sido escritas, tienen que ser predicadas y puestas en
práctica primero. Puedes comprender esto por medio de una metáfora. Cuando
Moisés estaba por recibir la Ley, se hizo una vara y se labraron dos planchas de
piedra. No obstante, no hizo milagros con la vara hasta que hubo necesidad de
hacerlo y lo demandó la ocasión. Cuando llegó el momento aceptable, entonces
hubo una muestra de milagros y se demostraron mis palabras con obras.

Así mismo, cuando arribó la Nueva Ley, primero mi cuerpo creció y se desarrolló
hasta el momento adecuado y de allí en adelante se escucharon mis palabras. Sin
embargo, a pesar que se escucharon mis palabras, aún así no tenían la fuerza y la
fortaleza en ellas mismas hasta que fueron acompañadas por mis obras. Y no se
cumplieron hasta que yo cumplí todas las cosas que habían sido predichas sobre mí
a través de mi pasión. Ahora es lo mismo. A pesar que mis palabras amorosas han
sido escritas y debieran trasladarse al mundo, no pueden tener fuerza alguna hasta
que hayan sido sacadas completamente a la luz.”

Sobre tres cosas maravillosas que Cristo ha hecho por la novia y sobre cómo la
visión de los ángeles es demasiado bella y la de los demonios demasiado horrible
para que lo pueda soportar la naturaleza humana, y sobre por qué Cristo ha
condescendido a venir como huésped a una viuda como ella.

Capítulo-18
“He hecho tres cosas maravillosas por ti. Tú ves con ojos espirituales. Escuchas con
oídos espirituales. Con el toque físico de tu mano sientes mi espíritu en su pecho
viviente. No ves lo que tienes delante de ti como es en realidad. Porque si vieras la
belleza espiritual de los ángeles y de las almas santas, tu cuerpo no soportaría verla
sino que se rompería como un recipiente, roto y descompuesto debido a la felicidad
del alma con esa visión. Si vieras los demonios como son, continuarías viviendo con
un gran pesar o te tendrías una muerte súbita con la vista terrible de ellos. Es por
esto que los seres espirituales se te aparecen como si tuviesen cuerpo.

Los ángeles y las almas se te aparecen a semejanza de los seres humanos que
tienen alma y vida, porque los ángeles viven por su espíritu. Los demonios se te
aparecen en forma mortal y que pertenece a la mortalidad, como en forma de
135
animales u otras criaturas. Dichas criaturas tienen un espíritu mortal, ya que
cuando muere su cuerpo también mueren sus espíritus. Sin embargo, los demonios
no mueren en el espíritu sino están muriéndose por siempre. Las palabras
espirituales se te dicen por medio de analogías, ya que contrariamente no puedes
asirlas. La cosa más maravillosa de todo es que sientes que mi espíritu se mueve en
tu corazón.”

Entonces ella respondió: “Oh, mi Señor, Hijo de la Virgen, por qué has
condescendido a venir como un huésped de una viuda tan ruin, quien es pobre en
cuanto a buenas obras y tan débil en comprensión y discernimiento y que ha
cabalgado con el pecado durante tanto tiempo?” El le respondió: “Yo puedo hacer
tres cosas. Primero, puedo hacer que una persona pobre sea rica y que una
persona tonta de poca inteligencia sea capaz e inteligente. También soy capaz de
restaurar a una persona de edad a una con juventud. Es como el fénix que junta las
ramitas secas. Entre ellas está la ramita de cierto árbol que por naturaleza es seco
por fuera y cálido por dentro. La calidez de los rayos solares llega primero a él y lo
enciende, entonces todas las ramitas prenden fuego. De la misma manera deberías
reunir las virtudes por medio de las cuales puedes ser restaurada de tus pecados.

Entre ellas deberías tener un pedazo de madera que es cálida por dentro y seca por
fuera; quiero decir tu corazón, que deberá estar seco y puro de toda la sensualidad
mundana por fuera y tan lleno de amor por dentro que no quieres nada y no ansías
nada más que a mí. Entonces el fuego de mi amor vendrá primero dentro del
corazón y, de esa manera, serás encendida con todas las virtudes. Totalmente
quemada por ellas y purgada de tus pecados, surgirás como el pájaro rejuvenecido,
habiéndote quitado la piel de la sensualidad.”

Las palabras de Cristo a la novia sobre cómo Dios le habla a sus amigos a través de
sus predicadores y a través de los sufrimientos, y sobre Cristo que está simbolizado
por un dueño de abejas y de la iglesia por una colmena y los cristianos por las
abejas, y por qué se permite que los malos cristianos vivan entre los buenos.

Capítulo-19
“Yo soy tu Dios. Mi Espíritu te ha guiado a escuchar y a ver y a sentir: escuchar mis
palabras, tener visiones, sentir mi Espíritu con la alegría y devoción de tu alma.
Toda la misericordia se encuentra en mí junto con la justicia y hay misericordia en
mi justicia. Soy como un hombre que ve a sus amigos muy alejados de él, sobre un
camino en donde hay una horrible brecha profunda de la cual es imposible escalar.
Les hablo a estos amigos a través de aquellas personas que tienen comprensión
sobre las escrituras. Hablo con brusquedad, les advierto de su peligro. Pero
simplemente actúan contrariamente. Se dirigen hacia la dificultad insuperable y no
les interesa lo que yo digo.

Tengo una sola cosa que decir: ‘¡Pecador, regresa a mí! Te diriges al peligro; hay
trampas por todo el camino, de la clase que te está escondida debido a la oscuridad
de tu corazón.’ Ellos desdeñan lo que digo. Ignoran mi misericordia. Sin embargo, a
pesar que mi misericordia es tal que le advierto a los pecadores, mi justicia es tal
136
que, aunque todos los ángeles los arrastraran de regreso, no podrían convertirse a
menos que ellos mismos dirijan su propia voluntad hacia el bien. Si ellos giraran su
voluntad hacia mí y me dieran el consentimiento de su corazón, ni todos los
demonios juntos podrían retenerlos.

Existe un insecto llamado abeja el cual es mantenido por su señor y maestro. Las
abejas muestran respeto a su gobernante, la abeja reina, de tres maneras, y
derivan beneficio de ella de tres maneras. Primero, las abejas llevan a su reina todo
el néctar que encuentran. Segundo, se quedan o se van a su entera disposición, y a
donde quiera que vuelan y en donde quiera que aparecen, su amor y caridad
siempre están para la reina. Tercero, la siguen y la sirven, quedándose
uniformemente cerca de su lado. En recompensa por estas tres cosas, las abejas
reciben un triple beneficio por parte de su reina.

Primero, su señal les da un tiempo determinado para que salgan y trabajen.


Segundo, ella les da dirección y amor mutuo. Debido a su presencia y gobierno y
debido al amor que ella tiene hacia ellos y ellos hacia ella, todas las abejas están
unidas entre sí por amor, y cada una se regocija por los demás y por su adelanto.
Tercero, se hacen fructíferas a través de su mutuo amor y de la felicidad de su líder.
Así como los peces descargan sus huevos mientras juegan juntos en el mar, y sus
huevos caen en el mar y rinden fruto, así también las abejas se vuelven fructíferas a
través de su mutuo amor y el efecto y felicidad de su líder. Por mi maravilloso
poder, una semilla que parece sin vida brota de su amor y recibirá vida a través de
mi bondad.

El maestro, es decir, el dueño de las abejas, le habla a su siervo porque está


preocupado por ellas: ‘Mi siervo,’ le dice, ‘me parece que mis abejas están enfermas
y ya no vuelan del todo.’ El siervo le responde: ‘No comprendo esta enfermedad,
pero si es así, te pregunto cómo puedo aprender sobre la misma.’ El maestro
responde: ‘Puedes inferir su enfermedad o problema por medio de tres signos. El
primer signo es que están débiles y lentos en el vuelo, lo que significa que han
perdido a la reina de quien recibían fuerza y consuelo. El segundo signo es que
salen en horas al azar y no planificadas, lo que significa que no están obteniendo la
señal de la llamada de su líder.

El tercer signo es que no muestran amor por la colmena y, por lo tanto, regresan a
casa llevando nada, saciándose a sí mismas pero no trayendo néctar alguno para
poder vivir en el futuro. Las abejas saludables y aptas son firmes y fuertes en su
vuelo. Mantienen horas regulares para salir y regresar, trayendo cera para construir
sus moradas y miel para su nutrición.’ El siervo le responde a su maestro: ‘Si son
inútiles y están enfermas, ¿por qué les permites que sigan y no te deshaces de
ellas?’ El maestro responde: ‘Les permito vivir por tres razones, en vista que
proporcionan tres beneficios, a pesar que no por su propio poder.

Primero, porque ocupan las moradas que les fueron preparadas, los tábanos no
vienen a ocupar las moradas vacías ni molestan a las abejas buenas que quedan.
Segundo, otras abejas vienen más fructíferas y diligentes en su trabajo debido a lo
137
malo de las abejas malas. Las abejas fructíferas ven que las abejas malas y no
fructíferas trabajan únicamente para satisfacer sus propios deseos y se vuelven más
diligentes en su trabajo de juntar para su reina entre más prestas se ven las abejas
malas recolectando para sus propios deseos. En tercer lugar, las abejas malas son
útiles para las abejas buenas cuando se trata de su defensa mutua. Porque existe
un insecto volador que está acostumbrado a comer abejas. Cuando las abejas
perciben que se acerca este insecto, todas lo odian en común.

A pesar que las abejas malas pelean y lo odian por envidia y auto-defensa, mientras
que las buenas lo hacer por amor y justicia, tanto las abejas buenas como las malas
trabajan juntas para atacar a estos insectos. Si todas las abejas malas fuesen
llevadas y quedaran solo las buenas, este insecto rápidamente prevalecería sobre
ellas, ya que serían menos. Es por esto,’ dijo el maestro, ‘que aguanto a las abejas
inútiles. Sin embargo, cuando llega el otoño, les proveeré a las abejas buenas y las
separaré de las malas, las cuales si se dejan fuera de la colmena morirán de frío.

Pero si permanecen adentro y no se reúnen, estarán en peligro de inanición, en


vista que han desatendido recolectar comida cuando pudieron.’ Yo soy Dios, el
Creador de todas las cosas; soy el dueño y señor de las abejas. Por mi ardiente
amor y con mi sangre fundé mi colmena, es decir, la Santa Iglesia, en la cual
deberían reunirse los cristianos y habitar en unidad de fe y amor mutuos. Sus
moradas están en sus corazones y la miel de los buenos pensamientos y afectos
deberían habitar en ellos. Esta miel debe llevarse ahí tomando en cuenta mi amor
en la creación y mi trabajo afanoso en la redención y mi respaldo y misericordia
pacientes para llamar de vuelta y la restauración.

En esta colmena, es decir, en la Santa Iglesia, existen dos clases de personas, así
como había dos clases de abejas. Las primeras son aquellos malos cristianos que no
recolectan el néctar para mí sino para sí mismos. Ellos regresan sin traer nada y no
reconocen a su líder. Ellos tienen un aguijón en vez de miel y lujuria en vez de
amor. Las abejas buenas representan a los buenos cristianos. Ellos me muestran
respeto de tres maneras. Primero, me tienen como su líder y señor, ofreciéndome
miel dulce, es decir, las obras de caridad, que me son agradables y son útiles para
ellos. Segundo, me atienden según mi voluntad. Su voluntad está de acuerdo a mi
voluntad, todo su pensamiento está en mi pasión, todas sus acciones son para mi
gloria. Tercero, me siguen, es decir, me obedecen en todo.

Donde quiera que estén, ya sea afuera o adentro, ya sea en pena o alegría, su
corazón siempre está unido a mi corazón. Es por esto que derivan beneficio de mí
de tres maneras. Primero, a través del llamado de la virtud y mi inspiración, ellos
tienen tiempos fijos y certeros, noche durante la noche y día durante el día.
Ciertamente, ellos cambian la noche a día, es decir, la felicidad mundana en
felicidad eterna, y la felicidad perecedera en una estabilidad sin fin. Ellos son
sensibles en todo aspecto, en vista que hacen uso de sus bienes actuales para sus
necesidades; son firmes en la adversidad, cautelosos en el éxito, moderados en el
cuidado del cuerpo, cuidadoso y circunspecto en sus acciones. Segundo, como las
abejas buenas, tienen amor mutuo, de tal manear que todos son un solo corazón
138
hacia mí, amando a su prójimo como a sí mismos pero a mí sobre todas las cosas,
aún por encima de ellos mismos.

Tercero, se hacen fructíferos a través de mí. ¿Qué es ser fructífero sino el tener mi
Santo Espíritu y estar lleno de él? El que no lo tiene y carece de su miel no es
fructífero y es inútil; se cae y perece. Sin embargo, el Santo Espíritu enciende a la
persona en la cual habita el fuego con amor divino; abre los sentidos de su mente;
arranca el orgullo y la incontinencia; estimula al alma a la gloria de Dios y al
desprecio por el mundo.

Las abejas no fructíferas no conocen este Espíritu y, por lo tanto, desdeñan la


disciplina, huyendo de la unidad y el compañerismo del amor. Están vacíos de obras
buenas; cambian la luz del día a la oscuridad, el consuelo a la aflicción, felicidad al
pesar. No obstante, los dejo vivir por tres razones. Primero, para que los tábanos,
es decir, los infieles, no se metan a las moradas que han sido preparadas. Si los
malvados fuesen removidos de una vez, quedarían muy pocos cristianos y, debido
a su pequeño número, los infieles, siendo mayor en número, vendrían y vivirían
lado a lado con ellos, causándoles mucho disturbio. Segundo, son tolerados para
probar a los buenos cristianos, porque como sabes, la perseverancia de las buenas
personas se pone a prueba con la maldad de los malvados.

La adversidad revela cuán paciente es una persona, mientras que la prosperidad


hace simple cuán perseverante y templado es. Debido a que los vicios se insinúan a
sí mismos de vez en cuando en los buenos caracteres, y las virtudes a menudo
pueden volver orgullosas a las personas, se les permite a los malos que vivan a la
par de los buenos para que éstos no se enerven por demasiada felicidad o se
duerman por pereza y, además, para que puedan fijar frecuentemente su mirada
en Dios. En donde hay pequeña lucha también hay una recompensa pequeña. En
tercer lugar, son tolerados por su ayuda para que ni los gentiles ni otros infieles
hostiles puedan hacerles daño a aquellos que parecen ser buenos cristianos, sino en
vez que los puedan temer porque son más en número. El bueno le ofrece
resistencia al malo por justicia y amor a Dios, mientras que los malos lo hacen
únicamente por auto-defensa y para evitar la ira de Dios. De esta manera,
entonces, los buenos y los malos se ayudan mutuamente, con el resultado que los
malos son tolerados por el bien de los buenos y los buenos reciben una corona más
alta por la maldad de los malvados.

Los cuidadores de las abejas son los prelados de la iglesia y los príncipes de la tierra,
ya sean buenos o malos. Les hablo a los cuidadores buenos y yo, su Dios y
guardián, los amonesto para que mantenga seguras a mis abejas. ¡Qué ellos tomen
en cuenta las venidas e idas de las abejas! ¡Qué ellos tomen nota si están enfermas
o saludables! Si por casualidad no saben cómo discernir esto, a continuación
expongo tres signos que les di para que lo reconozcan. Aquellas abejas que son
lentas en el vuelo, erráticas en sus horas y contribuyen con nada para traer la miel
son las inútiles. Las que son lentas en el vuelo son aquellas que muestran más
preocupación por los bienes temporales que por los eternos, quienes le temen más
a la muerte del cuerpo que a la del alma, quienes se dicen esto a sí mismas: ‘¿Por
139
qué estar lleno de inquietud cuando puedo tener paz y quietud? ¿Por qué me debo
de morir cuando puedo vivir?’

Estos malvados no reflexionan sobre cómo yo, el poderoso Rey de la gloria escogí
no tener poder. Yo conozco la mayor paz y quietud y, ciertamente, yo soy la paz en
sí, y sin embargo escogí entregar la paz y la quietud por su bien y librarlos a través
de mi propia muerte. Ellas son erráticas en sus horas ya que sus afectos tienden
hacia lo mundano, su conversación hacia la indecencia, su trabajo hacia el egoísmo
y arreglan su tiempo de acuerdo a los antojos de su cuerpo. Las que no tienen
amor alguno por la colmena y no reúnen el néctar son aquellas que hacen algo de
buenas obras por mi pero únicamente por temor al castigo. Aunque realizan
algunas obras de piedad, aún así no entregan su egoísmo ni pecado. Ellos quieren
tener a Dios pero sin abandonar al mundo ni soportar privaciones o penurias.

Estas abejas son de la clase que se apresura a casa con los pies vacíos, pero su
prisa no es sabia, ya que no vuelan con el tipo de amor correcto. Acordemente,
cuando llega el otoño, es decir, cuando llega el momento de la separación, las
abejas inútiles serán separadas de las buenas y sufrirán hambre eterna como
recompensa por su amor y deseos egoístas. Por haber despreciado a Dios y por su
disgusto hacia la virtud, serán destruidas con frío excesivo pero sin ser consumidas.

Sin embargo, mis amigos deberían estar en guardia en contra de tres males
provenientes de las abejas malas. Primero, en contra de dejar que su podredumbre
entre en los oídos de mis amigos, ya que las abejas malas son venenosas. Una vez
se les ha acabado su miel, no queda nada dulce en ellas; en vez están llenas de
amargura venenosa. Segundo, deberían cuidar las pupilas de sus ojos en contra de
las alas de las abejas malas, las cuales son tan puntiagudas como las agujas.
Tercero, deberán tener cuidado de no exponer sus cuerpos a las colas de las abejas,
porque tienen púas que aguijonean agudamente. Los eruditos que estudian sus
hábitos y sus temperamentos pueden explicar el significado de estas cosas.
Aquellos que no pueden comprenderlo deben de estar cautelosos sobre los riesgos
y evitar su compañía y ejemplo.

De lo contrario, aprenderán por experiencia lo que no pudieron aprender con solo


escuchar.” Entonces su Madre dijo: “Bendito eres, mi Hijo, ¡tú que eras, eres y
siempre serás! Tu misericordia es dulce y tu justicia grande. Pareces recordarme,
Hijo mío – hablando figurativamente – de una nube que se eleva en el cielo
precedida por una leve brisa. Una mancha oscura apareció en la nube y una
persona que estaba afuera, sintiendo la leve brisa, elevó sus ojos y vio la nube
negra y pensó para sí: ‘Esta nube oscura me parece que indica lluvia.’ Y
prudentemente se apresuró a un refugio y se resguardó de la lluvia.

Otros, sin embargo, que estaba ciegos o quizá que no les importaba, no le dieron
importancia a la leve brisa y no le tuvieron miedo a la nube oscura, pero
aprendieron por experiencia lo que significaba la nube. La nube, cubriendo todo el
cielo, llegó con una conmoción violenta y un fuego tan furioso y poderoso que las
cosas vivas expiraban con la conmoción. El fuego consumía todas las partes
140
internas y externas del hombre, de tal manera que nada quedó.

Hijo mío, esta nube es tu palabra, que parece oscura e increíble para muchas
personas ya que no ha sido escuchada mucho y ya que le fue dada a las personas
ignorantes y no ha sido confirmada por portentos. Estas palabras fueron precedidas
por mi oración y por la misericordia con la cual tu tienes misericordia por todos y,
como una madre, atraes a todos hacia ti.

Esta misericordia es tan leve como una suave brisa por tu paciencia y sufrimiento.
Es cálida con el amor con el cual tu enseñas la misericordia a aquellos que te
provocan a ira y ofreces bondad a aquellos que te desprecian. Por lo tanto, que
todos aquellos que escuchan estas palabras eleven sus ojos y vean y conozcan su
fuente. Ellos deberían considerar si estas palabras significan misericordia y
humildad. Ellos deberían reflexionar sobre si las palabras significan cosas presentes
o futuras, la verdad o la falsedad. Si encuentran que las palabras son ciertas, que se
apresuren a un refugio, es decir, a la verdadera humildad y amor a Dios. Porque,
cuando venga la justicia, entonces el alma será separada del cuerpo y será envuelta
por el fuego y se quemará, tanto por fuera como por dentro. Se quemará, con
seguridad, pero no será consumida. Por esta razón, Yo, la Reina de la misericordia,
clamo a los habitantes del mundo: ¡que eleven sus ojos y contemplen la
misericordia! Yo amonesto e imploro como una madre, aconsejo como una dama
soberana.

Cuando llegue la justicia, será imposible soportarla. Por lo tanto, ¡ten una fe firme y
se considerada, prueba la verdad en tu conciencia, cambia tu voluntad, y entonces
el que te ha enseñado las palabras de amor también mostrará las obras y prueba
de amor!” Entonces el Hijo me habló, diciendo: “Sobre todo, en relación a las
abejas, te mostré que ellas reciben tres beneficios de su reina. Ahora te digo que
esos cruzados a quienes he colocado en las fronteras de las tierras cristianas
deberán ser como esas abejas. Pero ahora están batallando en mi contra, porque
no les importan las almas y no tienen compasión de los cuerpos de aquellos que
han sido convertidos del error a la fe católica y a mí.

Ellos los oprimen con penurias y los privan de sus libertades. Ellos no los instruyen
en la fe, sino los privan de los sacramentos y los envían al infierno con un mayor
castigo que si se hubiesen quedado en su paganismo tradicional.

Además, ellos pelean únicamente para incrementar su propio orgullo y aumentar su


avaricia. Por lo tanto, el tiempo vendrá para ellos cuando rechinen sus dientes, se
mutile su mano derecha, se desuna su pie derecho, para que puedan vivir y puedan
conocerse.”

La queja de Dios concerniente a tres hombres yendo ahora alrededor del mundo, y
acerca de cómo desde el principio Dios estableció tres estados, a saber, aquellos del
clero, los defensores, y los obreros; y acerca del castigo preparado para los ingratos
y la gloria dada a los agradecidos.

141
Capítulo-20
El gran anfitrión del cielo fue visto, y Dios le habló, diciendo: “Aunque tu conoces y
ves todas las cosas en mí, sin embargo, porque es mi deseo, estableceré mi queja
ante ti concerniente a tres cosas. La primera es que aquellas adorables colmenas,
que fueron construidas en el cielo desde toda la eternidad y de la cual salieron
aquellas despreciables abejas, están vacías. La segunda es que el foso sin fondo,
contra el cual ni rocas ni árboles sirven de nada, permanece siempre abierto. Almas
descienden dentro de él como la nieve cae del cielo a la tierra. Como el sol disuelve
la nieve en agua, así también las almas son disueltas de todo bien por ese terrible
tormento y son renovadas en todo castigo. Mi tercera queja es que poca gente nota
la caída de almas o las moradas vacías de las cuales los ángeles malos se han
desviado. Por lo tanto tengo razón al quejarme.

Escogí a tres hombres desde el principio. Con esto estoy hablando figurativamente
de los tres estados en el mundo. Primero, escogí a un clérigo que proclamase mi
voluntad en sus palabras y que lo demostrase en sus acciones. Segundo, escogí a
un defensor, que defendiera a mis amigos con su propia vida y que estuviera listo
para cualquier encomienda por mi bien. Tercero, escogí a un obrero para que
trabajara con sus manos para proporcionar comida al cuerpo a través de su trabajo.
El primer hombre, es decir, el clero, se ha vuelto leproso y mudo. Cualquiera que
mire para ver en él un carácter fino y virtuoso se retrae al verlo y se estremece al
acercarse a él por la lepra de su orgullo y codicia. Cuando (el) quiere escucharlo, el
sacerdote esta mudo respecto a alabarme pero parlotea alabándose a sí mismo.

Así es que, ¿cómo ha de abrirse el sendero que conduce al gran gozo, si quien debe
de guiar el camino es tan débil? Y si es mudo aquel que debe estar proclamando,
¿cómo se escuchará ese gozo celestial? El segundo hombre, el defensor, se
estremece en su corazón y sus manos están ociosas. El se estremece por causar
escándalo en el mundo y perder su reputación. Sus manos están ociosas porque no
realiza ninguna obra sagrada. En lugar de esto, todo lo que hace, lo hace por el
mundo. ¿Quién, entonces, defenderá a mi gente si el que debe de ir a la cabeza
tiene miedo?

El tercer hombre es como un asno que baja su cabeza al suelo y se para con sus
cuatro patas juntas. Ciertamente, en verdad, la gente es como un asno que no
espera nada sino cosas de la tierra, que descuidan las cosas del cielo y van en
busca de bienes perecederos. Tienen cuatro patas ya que tienen poca fe y su
esperanza es ociosa; tercero, no tienen buenas obras, y, cuarto, están empeñados
y resueltos en pecar. Esta es la razón por la cual siempre tienen su boca abierta
para la glotonería y la avaricia. Mis amigos, ¿cómo puede reducirse ese interminable
profundo foso o llenarse la colmena con gente como ésta?”

La Madre de Dios replicó: “¡Bendito seas, Hijo mío! Tu queja es justificada. Tus
amigos y yo tenemos tan sólo una palabra de excusa para que salves a la raza
humana. Es esta: ‘¡Ten misericordia, Jesucristo, Hijo del Dios viviente!’ Este es mi
clamor y el clamor de tus amigos.” El Hijo replicó: “Tus palabras son dulces a mis
oídos, su sabor deleita mi boca, ellas entran en mi corazón con amor. Tengo un
142
clérigo, un defensor y un campesino. El primero me complace como una novia cuyo
honesto prometido anhela y ansía con divino amor. Su voz será como la voz
clamorosa de un discurso cuyo eco se escucha en el bosque. El segundo estará listo
para dar la vida por mí y no temerá el reproche del mundo. Lo armaré con las
armas de mi Espíritu Santo. El tercero tendrá una fe tan firme que dirá: ‘Creo tan
firmemente como si hubiera visto en lo que creo. Tengo esperanza en todas las
cosas que Dios ha prometido.’ El tendrá la intención de hacer el bien y crecer en
virtud y evitar el mal.

En la boca del primer hombre pondré tres dichos para que proclame. Su primera
proclamación será: ‘¡Permítanle a aquél que tiene fe poner en práctica lo que cree!’
La segunda: ‘Permítanle a aquél que tiene una esperanza firme ser inquebrantable
en toda buena obra.’ La tercera: ‘¡Permítanle a aquél que ama perfectamente y con
caridad anhelar fervientemente ver el objeto de su amor!’ El segundo hombre
trabajará como un fuerte león, tomando cuidadosas precauciones contra la perfidia
y perseverando inquebrantablemente. El tercero será tan sabio como una serpiente
que separa sobre su cola y eleva su cabeza a los cielos. Estos tres llevarán a cabo
mi voluntad. Otros los seguirán. Aunque hablo de tres, por ellos me refiero a
muchos.” Entonces habló a la novia, diciendo: “¡Mantente firme! No te preocupes
por el mundo ni por sus reclamos, ya que yo, que oí todo tipo de reproches, soy tu
Dios y tu Señor.”

Las palabras de la gloriosa Virgen a su hija acerca de cómo Cristo fue bajado de la
cruz y acerca de su propia amargura y dulzura en la pasión de su Hijo, y acerca de
cómo el alma es simbolizada por una virgen y el amor del mundo y el amor de Dios
por dos jóvenes, y acerca de las cualidades que un alma debe de tener como
virgen.

Capítulo-21
María habló: “Debes de reflexionar en cinco cosas hija mía. Primero, como cada
miembro del cuerpo de mi Hijo se puso rígido y frío con su muerte y como la sangre
que fluyó de sus heridas mientras sufría se secó y se aferró a cada miembro.
Segundo, como su corazón fue perforado tan amarga y despiadadamente que el
hombre que lo lanceó introdujo la lanza hasta que pegó en la costilla y ambas
partes del corazón estuvieron en la lanza, dividiendo el corazón en dos partes.
Tercero, reflexiona sobre ¡cómo fue bajado de la cruz! Los dos hombres que lo
bajaron de la cruz usaron tres escaleras: una llegaba a sus pies, la segunda justo
debajo de sus axilas y brazos, la tercera a la mitad de su cuerpo.

El primer hombre subió y lo tomó de en medio. El segundo, subiéndose en otra


escalera, primero sacó un clavo de un brazo, entonces movió la escalera y sacó el
clavo de la otra mano. Los clavos pasaban a través del travesaño. El hombre que
había estado sujetando el peso del cuerpo bajó entonces tan lenta y
cuidadosamente como pudo, mientras que el otro hombre subió en la escalera que
llegaba a los pies y extrajo los clavos de los pies. Cuando fue bajado al suelo, uno
de ellos le asió el cuerpo por la cabeza y el otro por los pies. Yo, su Madre, lo tomé
de la cintura. Y así, nosotros tres lo llevamos a una roca que yo había cubierto con
143
una sábana blanca y en ella envolvimos su cuerpo. No cosí la sábana al unirla,
porque sabía que él no se descompondría en la tumba.

Después de esto llegaron María Magdalena y las otras santas mujeres. También
innumerables ángeles, tantos como los átomos del sol, estaban ahí, mostrando su
lealtad a su Creador. Nadie se da cuenta de la pena que sentí en ese momento.
Estaba como una mujer dando a luz que se estremece en cada extremidad de su
cuerpo después del alumbramiento. Y a pesar que por el dolor casi no puede
respirar, aún así se regocija internamente tanto como puede porque sabe que ese
niño que acaba de tener nunca volverá a la experiencia penosa por la que acaba de
pasar. De esta misma manera, aunque ninguna pena se puede comparar a mi pena
por la muerte de mi Hijo, me regocijé en mi alma porque sabía que mi Hijo no
habría de morir más, sino que habría de vivir y triunfar eternamente.

De este modo mi pena fue mezclada con una medida de gozo. Puedo
verdaderamente decir que había dos corazones en la tumba donde mi Hijo fue
sepultado. ¿Acaso no se dice: ‘Donde está tu tesoro, allí también está tu corazón’?
De la misma manera, mi corazón y mi mente iban constantemente al sepulcro de
mi Hijo.” Entonces la Madre de Dios prosiguió diciendo: “Describiré a este hombre
por medio de una metáfora, cómo estaba situado y en qué tipo de estado y cómo
era su presente situación. Es como si una virgen fue prometida en matrimonio a un
hombre y dos jóvenes estaban parados ante ella. Uno de ellos, a quien la virgen se
había dirigido, le dijo a ella: ‘Te aconsejo que no confíes en el hombre a quien estás
prometida en matrimonio. El es inflexible en sus acciones, lento en pagar, miserable
en sus regalos. Más bien, pon tu confianza en mí y en las palabras que te digo, y te
mostraré otro hombre que no es duro sino gentil en todos los aspectos, que te da lo
que quieres en seguida y te da abundantes obsequios placenteros y deliciosos.’

La virgen, oyendo esto y pensando esto en su mente, contestó: ‘Es bueno oír tus
palabras. Tú mismo eres gentil y atractivo a mis ojos. Creo que seguiré tu consejo.’
Cuando se quitó el anillo para dárselo al joven, vio tres refranes escritos en él. El
primero fue: ‘Cuando llegues a la cima del árbol, ¡ten cuidado de no apoyarte en
una rama seca del árbol para sostenerte y caigas!’ El segundo refrán fue: ‘Cuídate
de no tomar consejo de un enemigo!’

El tercer refrán fue: ‘¡No pongas tu corazón entre los dientes de un león!’ Cuando la
virgen vio estos refranes, retrajo su mano y se quedó con el anillo, pensando dentro
de ella misma: ‘Estos tres refranes que veo quizás puedan significar que este
hombre que me quiere tener como su novia no es de confiar. Me parece que sus
palabras son vacías; está lleno de odio y me matará.’ Mientras ella pensaba esto,
miró de nuevo y notó otra inscripción que también tenía tres dichos.

El primer dicho era: ‘¡Da al que te de a ti!’ El segundo dicho era: ‘¡Da sangre por
sangre!’ El tercer dicho era: ‘¡No tomes del dueño lo que le pertenece!’ Cuando la
virgen vio y oyó esto, ella pensó para sí misma de nuevo: ‘Los primeros tres
refranes me informan cómo puedo escapar a la muerte, los otros tres como puedo
obtener vida. Por lo tanto, es para mi correcto seguir las palabras de vida.’ Entonces
144
la virgen prudentemente requirió que viniera a ella el sirviente del hombre con
quien primeramente estaba comprometida. Cuando él vino, el hombre que la
quería engañar se retiró de ellos.

Así es con el alma de esa persona prometida a Dios. Los dos jóvenes parados ante
el alma representan la amistad de Dios y la amistad del mundo. Los amigos del
mundo se han acercado más a él hasta ahora. Le hablaron de riquezas y gloria
mundanas y casi les dio el anillo de su amor y casi condescendió con ellos en todo
sentido. Pero con la ayuda de la gracia de mi Hijo el vio una inscripción, es decir, el
oyó las palabras de su misericordia y a través de ellas entendió tres cosas. Primero,
que el debe de cuidarse no sea que, entre más alto se elevaba y entre más se
apoyaba en cosas perecederas, peor sería la caída que lo amenazaba.

Segundo, entendió que no había otra cosa en el mundo sino desconsuelo y cuidado.
Tercero, que su recompensa por parte del demonio será mala. Entonces vio otra
inscripción, quiero decir, oyó sus reconfortantes mensajes. El primer mensaje fue
que debía de dar sus posesiones a Dios de quien ha recibido todas ellas. La segunda
fue que debía de dar el servicio de su propio cuerpo al hombre que derramó su
sangre por él. El tercero que no debía distanciar su alma de Dios que la había
creado y redimido. Ahora que ya ha oído y considerado cuidadosamente estas
cosas, los siervos de Dios se le acercan y está complacido con ellos, y los siervos del
mundo se alejan de él.

Su alma esta ahora como una virgen que se ha levantado fresca de los brazos de
su prometido y quien debe de tener tres cosas. Primero, ella debe de tener finas
ropas para que no se rían de ella las sirvientas de la realeza, si algún defecto en su
ropa se llegara a notar. Segundo, debe de regirse por la voluntad de su prometido
para no causarle deshonor de su parte, si algo deshonroso llegara a descubrirse en
sus acciones. Tercero, ella debe de estar completamente limpia no sea que el
prometido descubra en ella cualquier mancha por la cual el prometido la pueda
menospreciar o repudiar.

Permítanle tener gente que la guíe a la habitación de su prometido para que no


pierda su camino por el recinto o en la elaborada entrada. Un guía debe de tener las
dos características siguientes: primero, la persona que lo sigue debe de poder verlo;
segundo, uno debe de poder oír sus indicaciones y oír donde él pisa. Una persona
que sigue a la otra que guía el camino debe de tener tres características, Primero,
no debe de ser lenta o perezosa al seguir. Segundo, no debe de esconderse de la
persona que guía el camino. Tercero, debe de poner cuidadosa atención y ver los
pasos de su guía y seguirlo entusiastamente. Así, para que esa alma pueda llegar a
la habitación del prometido, es necesario que sea guiada por el tipo de guía que
exitosamente la pueda conducir a Dios su prometido.”

La enseñanza doctrinal gloriosa de la Virgen a su hija acerca de las sabidurías


espiritual y temporal y a cuál de ellas debe uno imitar, y acerca de cómo la
sabiduría espiritual conduce a una persona a consolación imperecedera, después de
una pequeña lucha, mientras que la sabiduría temporal conduce a la condenación
145
eterna.

Capítulo-22
María habló: “Está escrito que ‘si fueras sabio deberías de aprender sabiduría de
una persona sabia.’ Por consiguiente, te doy el ejemplo figurativo de un hombre
que quería aprender sabiduría y vio a dos maestros parados ante él. El les dijo: ‘Me
gustaría mucho aprender sabiduría, si tan sólo supiera a dónde me conduciría y de
que uso y finalidad es.’ Uno de los maestros contestó: ‘Si siguieras mi sabiduría, te
llevará a lo alto de una montaña a través de un sendero que es áspero y pedregoso
debajo de los pies, empinado y difícil de subir. Si tú luchas por esta sabiduría
obtendrás algo que es oscuro en el exterior pero brillante en el interior. Si te aferras
a él, asegurarás tu deseo.

Como un círculo que gira dando vueltas, te llevará a él más y más, dulcemente y
aún más dulcemente, hasta que con el tiempo estés imbuido en felicidad por todos
lados.’ El segundo maestro dijo: ‘Si sigues mi sabiduría, te llevará a un exuberante y
hermoso valle con frutas de todas las naciones. El sendero es suave debajo de los
pies y el descenso tiene poca dificultad. Si perseveras en esta sabiduría, obtendrás
algo que es brillante por fuera, pero cuando lo quieras usar, volará lejos de ti.
También tendrás algo que no perdura sino termina repentinamente. Un libro,
también, cuando lo hayas leído hasta el fin, cesa de existir junto con la acción de
leer, y te quedas ocioso.’

Cuando el hombre oyó esto, pensó dentro de sí mismo: ‘Oigo dos cosas
asombrosas. Si subo a la montaña, mis pies se debilitan y mi espalda se vuelve
pesada. Entonces, si obtengo la cosa que es oscura en el exterior, ¿de qué bien me
servirá? ¿Si lucho por algo que no tiene fin, cuando habrá alguna consolación para
mí? El otro maestro promete algo que es radiante por fuera pero que no perdura,
una clase de sabiduría que terminará cuando termine de leerla. ¿De que me sirven
las cosas sin estabilidad? Mientras pensaba esto en su mente, repentinamente
apareció otro hombre entre los dos maestros y dijo: ‘Aunque la montaña es alta y
difícil de subir, aún así hay una nube brillante sobre la montaña que te dará
comodidad.

Si el recipiente prometido, que es oscuro por fuera, puede de alguna manera


romperse, obtendrás el oro que está oculto adentro y lo poseerás felizmente para
siempre.’ Estos dos maestros son dos clases de sabiduría, a saber la sabiduría del
espíritu y la sabiduría de la carne. La clase espiritual consiste en renunciar a tu
propia voluntad por Dios y aspirar a las cosas del cielo con todo tu deseo y acción.

Realmente no se le puede llamar sabiduría si tus acciones no concuerdan con tus


obras. Esta clase de sabiduría conduce a una vida bendita. Pero consiste en una
llegada rocosa y una pronunciada subida, tanto como resistir tus pasiones parece
un camino duro y rocoso. Esto implica una subida pronunciada para rechazar
placeres habituales y no amar honores mundanos. Aunque es difícil, para la persona
que reflexiona cuan poco tiempo hay y como terminará el mundo y quien fija
146
constantemente su mente en Dios, sobre la montaña ahí aparecerá una nube, es
decir, el consuelo del Espíritu Santo.

Una persona digna del consuelo del Espíritu Santo es la que no busca a ningún otro
consolador más que a Dios. ¿Cómo hubiesen podido todos los elegidos tomar tan
dura y ardua tarea si el Espíritu de Dios no hubiera cooperado con su buena
voluntad así como con un buen instrumento? Su buena voluntad atrajo al buen
Espíritu hacia ellos, y el amor divino que tenían por Dios lo invitó, ya que ellos
lucharon con corazón y voluntad hasta que se hicieron fuertes en obras.

Ellos ganaron el consuelo del Espíritu y también pronto obtuvieron el oro del divino
deleite y amor que no solo los hicieron capaces de soportar muchas grandes
adversidades sino también les permitió regocijarse al soportarlas ya que pensaban
en su recompensa. Tal regocijo parece oscuro a los amantes de este mundo, ya
que ellos aman la oscuridad. Pero para los amantes de Dios es más brillante que el
sol y brilla más que el oro, pues ellos rompen la oscuridad de sus vicios y escalan la
montaña de la paciencia, contemplando la nube de ese consuelo que nunca
termina, sino que empieza en el presente y gira como un círculo hasta que alcanza
la perfección. La sabiduría mundana conduce a un valle de miseria que parece
exuberante en su abundancia, hermosa en reputación, suave en lujo. Esta clase de
sabiduría terminará rápidamente y no ofrece beneficio adicional más allá del que
usó para ver y oír.

Por lo tanto, hija mía, busca sabiduría del sabio, quiero decir, ¡de mi Hijo! El es la
sabiduría en sí, de quien proviene toda sabiduría. El es el círculo que nunca termina.
Te ruego como una madre lo hace a su hijo: ama la sabiduría que es como oro en
su interior pero deleznable en el exterior, que quema adentro con amor pero
requiere esfuerzo en el exterior y da fruto a través de sus obras. Si te preocupas por
la carga de todo, el Espíritu de Dios será tu consolador.

Ve y sigue tratando como alguien que continúa hasta que el hábito se adquiere. ¡No
te regreses hasta que hayas alcanzado la cima de la montaña! No hay nada tan
difícil que no se vuelva fácil a través de una perseverancia firme e inteligente. No
hay búsqueda tan noble desde el comienzo que no caiga en la oscuridad por no
llegar a completarse. ¡Avancen, entonces, hacia la sabiduría espiritual! Los
conducirá a trabajo físico, a despreciar al mundo, a un poco de dolor, y a consuelo
eterno. Pero la sabiduría mundana es engañosa y oculta una picadura. Te llevará al
acaparamiento de bienes temporales y prestigio presente pero, al final, a la mayor
infelicidad, a menos que seas cauteloso y tomes cuidadosas precauciones”.

Las gloriosas palabras de la Virgen explicando su humildad a su hija, y acerca de


cómo la humildad es comparada a una capa, y acerca de las características de la
verdadera humildad y sus maravillosos frutos.

Capítulo-23
“Mucha gente se pregunta, por qué te hablo. Es, por supuesto, para mostrar mi
humildad. Si un miembro del cuerpo está enfermo, el corazón no está contento
147
hasta que haya recuperado su salud, y una vez es restaurada la salud, el corazón
está más contento. De la misma manera, por mucho que una persona pueda pecar,
si regresa a mí con todo su corazón y un verdadero propósito de enmienda, estoy
inmediatamente preparada para darle la bienvenida cuando venga. Ni tampoco
pongo atención a cuanto pudo haber pecado sino a la intención y al propósito que
tiene cuando regresa.

Todos me llaman ‘Madre de misericordia.’ Verdaderamente, hija mía, la misericordia


de mi Hijo me ha hecho misericordiosa y la revelación de su misericordia me ha
hecho compasiva. Por esa razón, esa persona está miserable cuando, pudiendo, no
recurra a la misericordia. ¡Ven por lo tanto, hija mía, y acógete bajo mi manto! Mi
manto es desdeñable por fuera pero muy provechoso por dentro, por tres razones.
Primero, te resguarda de los impetuosos vientos; segundo, te protege del frío
extremo; tercero, te defiende contra las lluvias del cielo.

Este manto es mi humildad. Los amantes del mundo desprecian esto y piensan que
imitarla es una superstición tonta. ¿Qué hay más despreciable que el ser llamado
idiota y no enojarse o contestar en forma parecida? ¿Qué es más vil que el
renunciar a todo y ser pobre en todo? ¿Qué les parece más lastimoso a las almas
mundanas que el ocultar el propio dolor y pensar y creer que uno mismo es más
indigno y más inferior que todos los demás? Tal era mi humildad, hija mía. Este era
mi gozo, este mi único deseo. Sólo pensé en cómo complacer a mi Hijo. Esta
humildad mía fue útil de tres maneras para aquellos que me siguieron.

Primero, fue útil en el tiempo pestilente y tormentoso, es decir, contra burlas y


desdén humanos. Un poderoso y violento viento tormentoso golpea a una persona
en todas direcciones y lo congela. De la misma manera, las burlas fácilmente
destrozan a una persona impaciente que no reflexiona sobre realidades futuras;
aleja al alma lejos de la caridad. Cualquiera que estudie cuidadosamente mi
humildad debiera considerar las clases de cosas que yo, la Reina del universo, tuve
que oír, así es que debiera buscar mi alabanza y no la suya. Permítanle recordar
que las palabras no son más que aire y pronto se calmará. ¿Por qué la gente
mundana es tan incapaz de enfrentar las burlas verbales, sino porque buscan su
propia alabanza en vez de la de Dios? No hay humildad en ellos, porque sus ojos se
vuelven legañosos por el pecado. Por lo tanto, aunque la ley escrita dice que nadie
sin causa justa debe de darle oído al lenguaje insultante ni tolerar el mismo, aun así
es una virtud y un premio escuchar pacientemente insultos y tolerar los mismos por
Dios.

Segundo, mi humildad es una protección contra el frío que quema, es decir, contra
la amistad carnal. Ya que hay un tipo de amistad en la cual una persona es amada
por el amor a las comodidades presentes, como las personas que hablan de esta
forma: ‘¡Aliméntame en el presente y te alimentaré, ya que no me concierne quien
te alimentará después de la muerte! Dame respeto y te respetaré, ya que no me
concierne en lo más mínimo que clase de respeto futuro vendrá.’ Esta es amistad
fría sin el calor de Dios, tan dura como la nieve congelada, refiriéndose a amar y
sentir compasión por nuestro prójimo que tiene necesidades, y estéril es su
148
recompensa.

Una vez queda disuelta una sociedad y se desocupan los escritorios, la utilidad de
esa amistad inmediatamente desaparece y se pierde su ganancia. Sin embargo,
quien quiera que imite mi humildad, le hace el bien a todos por el amor a Dios,
tanto a enemigos como amigos por igual: a sus amigos, porque perseveran
firmemente en honrar a Dios; y a sus enemigos, porque son criaturas de Dios y
pueden llegar a ser buenos en el futuro.

En tercer lugar, la contemplación de mi humildad es una protección contra la lluvia


y las impurezas provenientes de las nubes. ¿De dónde vienen las nubes, si no de la
humedad y vapores que emanan de la tierra? Cuando suben a los cielos debido al
calor, se condensan en las regiones más elevadas y, de esta forma, se producen
tres cosas: lluvia, granizo, y nieve. La nube simboliza al cuerpo humano que
proviene de impureza. El cuerpo trae tres cosas con él al igual que las nubes. El
cuerpo trae oído, vista, y tacto. Debido a que el cuerpo puede ver, desea las cosas
que ve. Desea cosas buenas y de formas hermosas; desea posesiones extensas.

¿Qué son todas estas cosas si no una especie de lluvia proveniente de las nubes,
que mancha el alma con una pasión por el acaparamiento, inquietándolo con
preocupaciones, distrayéndolo con inútiles pensamientos y perturbándolo con la
perdida de sus bienes acaparados? Porque el cuerpo puede oír, gustosamente oiría
sobre su propia gloria y de la amistad del mundo. Escucha cualquier cosa que sea
placentera al cuerpo y dañina para el alma. ¿A que se parecen todas estas cosas si
no a la nieve que se derrite rápidamente, haciendo que el alma se enfríe hacia Dios
y se le nublen los ojos hacia la humildad?

Porque el cuerpo siente, gustosamente sentiría su propio placer y descanso físico.


¿A que otra cosa se parece esto si no al granizo que está congelado de aguas
impuras y que hace al alma infructífera en la vida espiritual, fuerte con respecto a la
búsqueda de lo mundano y blanda con respecto a comodidades físicas? Por lo tanto,
si una persona quiere protección de esta nube, déjalo correr hacia mi humildad para
estar seguro allí y la imite. A través de ella, el está protegido de la pasión por ver y
no desea cosas ilícitas; el está protegido del placer de oír y no escucha a nada que
vaya en contra de la verdad; está protegido de la lujuria de la carne y no sucumbe
a impulsos ilícitos.

Yo les aseguro: La contemplación de mi humildad es como un buen manto que


abriga a aquellos que lo usan; quiero decir a aquellos que no solo lo usan en teoría
sino también en la práctica. Un manto físico no da calor a menos que se use. De la
misma forma, mi humildad no hace bien a aquellos que nada más piensan en ella,
a menos que cada uno se esfuerza por imitarla, cada quien a su manera. Por lo
tanto, hija mía, viste el manto de humildad con todas tus fuerzas, ya que las
mujeres mundanas usan mantos que son una cosa de soberbia en el exterior pero
son de poco uso en el interior. Evita del todo esas ropas, ya que, si el amor por el
mundo no se te hace repugnante primero, si no estás pensando constantemente en
la misericordia de Dios hacia ti y tu ingratitud hacia él, si no tienes siempre en
149
mente lo que él ha hecho y lo que tú haces, y la justa sentencia que te espera a
cambio, no podrás ser capaz de entender mi humildad.

¿Por qué me humillé tanto o por qué merecí tal favor, si no porque consideré y
estaba convencida de que yo no era nadie y no tenía nada por mí misma? Esto
también es la razón por la cual jamás procuré mi propia gloria sino únicamente la
de mi Dador y Creador. Por lo tanto, hija, ¡refúgiate en el manto de mi humildad y
piensa de ti como la más pecadora entre todos los demás! Pues aunque veas a
otros que son malvados, no sabes cuál será su futuro mañana; ni sabes con qué
intención y conocimiento hacen sus obras, si por flaqueza o deliberadamente. Esta
es la razón de por qué no debes considerarte mejor que otros ni en tu conciencia
juzgues a nadie.”

La exhortación de la Virgen a su hija, quejándose de cuan pocos son sus amigos; y


acerca de cómo Cristo le habla a la novia y describe sus sagradas palabras como
flores y explica quién es la gente en quienes las palabras deben de dar fruto.

Capítulo-24
María estaba hablando: “Imagina una gran multitud en algún lado y a una persona
caminando a su lado con una carga pesadísima en su espalda y otra en sus brazos.
Con sus ojos llenos de lágrimas, mirará a la multitud para ver si habría alguien que
se compadeciera de él y le aliviara su carga. Con esta misma suerte me sentí.
Desde el nacimiento de mi Hijo hasta su muerte, mi vida estuvo llena de tribulación.
Llevé una pesada carga sobre mi espalda y perseveré firmemente en el trabajo de
Dios y pacientemente soporté todo lo que me sucedió. Me aguanté cargando una
carga muy pesada en mis brazos, en el sentido que sufrí más pesar de corazón y
tribulación que criatura alguna.

Mis ojos estaban llenos de lágrimas cuando contemplé los lugares en el cuerpo de
mi Hijo destinados a los clavos, tanto como a su futura pasión, y cuando vi que se
cumplían en él todas las profecías que habían oído vaticinadas por los profetas. Mas
ahora veo a todo el mundo para ver si hay alguno que pueda compadecerse de mí
y esté consciente de mi pena y tribulación. Y así, hija mía, ¡no me olvides! Aunque
soy menospreciada por muchos, mira mi dolor, e imítame en lo que puedes.
Considera mi pena y lágrimas y laméntate que sean pocos los amigos de Dios.
¡Permanece firme! Ahora viene mi Hijo aquí.”

Vino inmediatamente y dijo: “Yo soy”, le dijo Jesucristo, “tu Dios y tu Señor, el que
habla contigo. Mis palabras son como flores de una hermosa planta. Aunque todas
las flores nazcan de una misma raíz, no todas llevan simiente ni fruto. Así, mis
palabras son como unas flores que salen de la raíz del amor de Dios, las cuales las
reciben muchos, pero no en todos dan fruto, ni llegan a madurar, porque unos las
reciben y las retienen poco, y después las sacan de sí, porque son ingratos con mi
espíritu; otros las reciben y las retienen, porque están llenos de amor a Dios, y en
estos dan el fruto de la devoción y de obras santas y perfectas.

Tu, por lo tanto, mi novia, que eres mía por derecho divino, debes de tener tres
150
casas. En la primera, debe de haber el alimento necesario que entre al cuerpo; en la
segunda la ropa que viste al cuerpo exteriormente; en la tercera las herramientas
que se necesitan usar en la casa. En la primera debe de haber tres cosas: primero,
pan; luego bebida; y tercero, carnes. En la segunda casa debe de haber tres cosas:
primero, ropa de lino; luego de lana; y después la ropa hecha por gusanos de seda.
En la tercera casa también debe de haber tres cosas: primero herramientas y
recipientes para llenarlos con líquidos; segundo, instrumentos vivientes, como
caballos y burros y lo que se le parezca, con los que puedan transportarse los
cuerpos; y, tercero, instrumentos que sean movidos por seres vivientes.”

El consejo de Cristo a la novia sobre las provisiones en las tres casas y sobre cómo
el pan representa una buena voluntad, la bebida una premeditación santa y las
carnes la sabiduría divina, y sobre cómo no hay sabiduría divina en la erudición sino
únicamente en el corazón y en una buena vida.

Capítulo-25
“Yo, quien habla contigo, soy el Creador de todas las cosas, creado por nadie. No
había nada antes que yo y no puede haber nada después que yo, ya que siempre
fui y siempre soy. Soy el Señor cuyo poder nadie puede soportar y de quien
provienen todo el poder y soberanía. Te hablo como un hombre le habla a su
esposa: Esposa mía, deberíamos de tener tres casas. En una de ellas debería haber
pan y bebidas y carnes. Pero, te puedes preguntar: ¿Qué significa este pan? ¿Me
refiero al pan que está sobre el altar? Esto ciertamente es pan, antes de las
palabras “Esto es mi cuerpo”, pero una vez se han dicho las palabras, ya no es pan
sino el cuerpo que tomé de la Virgen y que verdaderamente fue crucificado sobre la
cruz. Pero acá no me refiero a ese pan. El pan que deberíamos almacenar en
nuestra casa es una voluntad buena y sincera. El pan físico, si es puro y limpio,
tiene dos efectos. Primero, fortalece y da fuerza a todas las venas y las arterias y
músculos. Segundo, absorbe cualquier impureza interior, llevándola para ser
removida a medida que sale, y para que la persona quede limpia. De esta manera,
una voluntad pura proporciona fuerza.

Si una persona no desea nada más que las cosas de Dios, trabaja para nada más
que para la gloria de Dios, desea con todo su deseo dejar el mundo y estar con
Dios, esta intención la fortalece en bondad, incrementa su amor por Dios, hace que
el mundo le parezca repulsivo, fortifica su paciencia y refuerza su esperanza de
heredar la gloria hasta el punto en que él, alegremente abraza todo lo que le
sucede. En segundo lugar, una buena voluntad remueve toda impureza. ¿Qué es la
impureza que es dañina al alma sino el orgullo, la avaricia y la lujuria? Sin embargo,
cuando la impureza del orgullo o de algún otro vicio entra en la mente, la dejará,
siempre y cuando la persona razone de la siguiente manera: ‘El orgullo no tiene
significado, ya que no es el recipiente el que debería alabarse por los bienes que le
son dados, sino el dador. La avaricia carece de significado ya que todas las cosas de
la tierra se quedarán atrás. La lujuria no es nada más que porquería. Por lo tanto,
yo no deseo estas cosas sino quiero seguir la voluntad de Dios cuya recompensa
nunca finalizará, cuyos buenos regalos nunca envejecerán: Entonces toda tentación
al orgullo o a la avaricia lo dejará y él perseverará en su buena intención de hacer el
151
bien.

La bebida que deberíamos tener en nuestras casas es una premeditación santa


sobre todo lo que ha de hacerse. La bebida física tiene dos efectos buenos. Primero,
ayuda a una buena digestión. Cuando una persona se propone hacer algo bueno y,
antes de hacerlo, considera para sí y cuidadosamente le da vuelta en su mente
sobre qué gloria saldrá de hacerlo para Dios, qué beneficio para su prójimo, qué
ventajas para su alma y no lo quiere hacer a menos que lo juzgue que le será de
alguna utilidad divina en su trabajo, entonces ese trabajo propuesto saldrá bien o
será, por decirlo así, bien digerido. Entonces, si ocurre cualquier indiscreción en el
trabajo que hace, se detecta rápidamente. Si algo está malo, es corregido
rápidamente y su trabajo será correcto y racional y edificante para los demás.

Una persona que no muestra una premeditación santa en su trabajo y no busca el


beneficio para las almas ni la gloria de Dios, aunque su trabajo resulte bien durante
un tiempo, no obstante al final llegará a ser nada. En segundo lugar, la bebida sacia
la sed. ¿Qué clase de sed es peor que el vil pecado de avaricia e ira? Si una persona
piensa de antemano qué utilidad saldrá de ello, cuán miserablemente terminará,
qué recompensa habrá si le hace resistencia, entonces esa vil sed es rápidamente
saciada a través de la gracia de Dios, lo llenan el amor celoso a Dios y los buenos
deseos, y surge la alegría porque él no ha hecho lo que le vino en su mente.
Examinará la ocasión y cómo puede evitar en el futuro aquellas cosas por las cuales
se tropezó más, si no hubiese tenido una premeditación, y tendrá más cuidado en
el futuro para evitar tales cosas. Mi novia, esta es la bebida que deberá
almacenarse en nuestro desayunador.

Tercero, también deberían haber carnes allí. Estas tienen dos efectos. Primero,
saben mejor en la boca y son mejores para el cuerpo que solamente el pan.
Segundo, ayudan a tener piel más suave y menor sangre que si solo hubiese pan y
bebida. La carne espiritual tiene un efecto parecido. ¿Qué simbolizan estas carnes?
La sabiduría divina, claro está. La sabiduría le sabe muy bien a una persona que
tiene una buena voluntad y desea nada más que lo que Dios quiere, mostrando una
premeditación santa, sin hacer nada hasta que sabe que es para gloria de Dios.

Ahora, te puedes preguntar: ‘¿Qué es la sabiduría divina?’ Debido a que muchas


personas son sencillas y únicamente saben una oración – el Padrenuestro, y ni
siquiera esa correctamente. Otras son muy eruditas y tienen un amplio
conocimiento. ¿Es esto la sabiduría divina? De ninguna manera. La sabiduría divina
no se encuentra precisamente en la erudición, sino en el corazón y en una buena
vida. La persona que reflexiona cuidadosamente sobre el camino hacia la muerte,
sobre cómo morirá y sobre su juicio después de la muerte es sabia. Esa persona
tiene las carnes de la sabiduría y el sabor de una buena voluntad y una
premeditación santa, quien se desprende de la vanidad y de las superficialidades del
mundo y se contenta con las necesidades básicas y lucha en el amor a Dios, de
acuerdo a sus habilidades.

Cuando una persona reflexiona sobre su muerte y sobre su desnudez al momento


152
de morir, cuando una persona examina el terrible tribunal de juicio de Dios, en
donde nada se esconde y nada se remite sin un castigo, cuando también reflexiona
sobre la inestabilidad y la vanidad del mundo, ¿no se regocijará entonces y
saboreará dulcemente en su corazón la entrega de su voluntad a Dios junto con su
abstinencia de los pecados? ¿No es fortalecido su cuerpo y su sangre mejorada, es
decir, toda debilidad de su alma, como son la pereza y la disolución moral,
ahuyentada y rejuvenecida la sangre del amor divino? Esto es porque razona
correctamente que ha de amarse un bien eterno en vez de uno perecedero.

Por lo tanto, la sabiduría divina no se encuentra precisamente en la erudición sino


en las buenas obras, ya que muchos son sabios de manera mundana y que van
detrás de sus propios deseos, pero son del todo tontos en relación a la voluntad y
los mandamientos de Dios y en relación a disciplinar su cuerpo. Tales personas no
son sabias sino tontas y ciegas, porque comprenden las cosas perecederas que son
útiles para el momento, pero desprecian las cosas para la eternidad y se olvidan de
las mismas. Otros son tontos en relación a los deleites mundanos y a la reputación
pero sabios al considerar las cosas que son de Dios y son fervientes en su servicio.

Dichas personas son realmente sabias porque saborean los preceptos y la voluntad
de Dios. Realmente han sido iluminadas y mantienen sus ojos abiertos en cuanto a
que siempre toman en cuenta la manera en la cual pueden alcanzar la vida y la luz
verdaderas. Otras, sin embargo, caminan en la oscuridad y les parece más
deleitable estar en la oscuridad que inquirir sobre la manera por la cual pueden
llegar a la luz. Por lo tanto, novia mía, almacenemos estas tres cosas en nuestras
casas, específicamente una voluntad buena, la premeditación santa, y la sabiduría
divina. Estas son las cosas que nos dan el motivo para regocijarnos. A pesar que a ti
te digo mi consejo, por ti me refiero a todos mis escogidos en el mundo, ya que el
alma justa es mi novia, porque yo soy su Creador y Redentor.”

El consejo de la virgen a su hija sobre la vida y las palabras de Cristo a la novia


sobre la ropa que deberán guardar en la segunda casa y sobre cómo esta ropa
denota la paz de Dios y la paz del prójimo y las obras de misericordia y abstinencia
pura, y una explicación excelente sobre todas estas cosas.

Capítulo-26
María habló: “Coloca el broche de la pasión de mi Hijo firmemente en ti, así como
San Lorenzo lo colocó firmemente en sí. Cada día acostumbraba a reflexionar en su
mente como sigue: ‘Mi Dios es mi Señor, yo soy su siervo. El Señor Jesucristo fue
desnudado y burlado. ¿Cómo puede ser correcto que yo, su siervo, esté vestido con
galas? Fue latigueado y atado al madero. No es correcto, entonces, que yo, que soy
su siervo, si realmente soy su siervo, no tenga dolor ni tribulación.’ Cuando fue
estirado sobre los carbones y la grasa líquida corrió hacia abajo sobre el fuego y
todo su cuerpo prendió fuego, sus ojos vieron hacia arriba, al cielo, y dijo: ‘¡Bendito
seas tú, Jesucristo, mi Dios y mi Creador!

Sé que no he vivido bien mis días. Se que he hecho poco por tu gloria. Es por esto,
viendo que su misericordia es grande, te pido que me trates de acuerdo a su
153
misericordia.’ Y con estas palabras su alma fue separada de su cuerpo. ¿Ves, mi
hija? Amó tanto a mi Hijo y soportó tal sufrimiento por su gloria que aún así dijo
que no era digno de llegar al cielo. ¿Cómo, entonces, pueden ser dignas esas
personas que viven según sus propios deseos? Por lo tanto, mantén siempre en
mente la pasión de mi Hijo y de sus santos. Ellos soportaron tales sufrimientos no
sin ninguna razón, sino para darles a los demás un ejemplo de cómo vivir y
mostrarles que mi Hijo exigirá un pago estricto por los pecados, ya que mi Hijo no
quiere que ni el más mínimo quede sin corrección.”

Entonces el Hijo vino y le habló a la novia, diciendo: “Te dije anteriormente lo que
debería almacenarse en nuestras casas. Entre otras cosas, deberá haber tres clases
de vestimentas: primero, ropa hecha de lino, lo cual se produce y crece en la tierra;
segundo, aquella hecha de cuero, que viene de los animales; tercero, la hecha de
seda, que viene de los gusanos de seda. La ropa de lino tiene dos efectos. Primero,
es suave y benévolo contra el cuerpo desnudo. Segundo, no pierde su color, más
bien entre más se lava más limpio se pone. La segunda clase de vestimenta, es
decir, el cuero, tiene dos efectos.

Primero, cubre la vergüenza de una persona; segundo, proporciona calor contra el


frío. La tercera clase de ropa, es decir, la seda, también tiene dos efectos. Primero,
se ve que es muy bella y fina; segundo, es muy costosa para comprar. La ropa de
lino que es buena para las partes desnudas del cuerpo, simboliza paz y concordia.
Una alma devota debería usar esto en relación a Dios, para que pueda estar en paz
con Dios, tanto para no querer nada más que lo que Dios quiere, o de forma
distinta a la que esta alma quiere, y no exacerbándolo a través de los pecados, ya
que no hay paz entre Dios y el alma a menos que ella deje de pecar y controle su
concupiscencia.

También deberá estar en paz con su prójimo, es decir, no causándole problemas,


ayudándolo si tiene problemas y siendo paciente si peca en contra de ella. ¿Qué
causa más tensión desafortunada sobre el alma que siempre estar ansiando pecar y
nunca tener suficiente de ello, siempre deseando y nunca descansando? ¿Qué
atormenta más fuertemente al alma que estar enojada con su prójimo y envidiar
sus bienes? Es por esto que el alma debería estar en paz con Dios y con su prójimo,
ya que nada puede ser más tranquilizante que descansar del pecado y no estar
ansioso por el mundo, nada más tierno que regocijarse con los bienes del prójimo y
no desearle lo que no desea para uno mismo.

Esta ropa de lino deberá usarse sobre las partes desnudas del cuerpo porque, más
adecuadamente y de manera más importante que las otras virtudes, la paz debe de
alojarse más cerca del corazón, lugar en donde Dios quiere tomar su descanso. Esta
es la virtud que Dios inculca y mantiene inculcada en el corazón. Como el lino, esta
paz nace y crece de tierra, ya que la verdadera paz y la verdadera paciencia brotan
de la consideración de la debilidad propia. Un hombre que es de la tierra debería
tomar en cuenta su propia debilidad, específicamente que es más rápido para el
enojo si es ofendido, rápido para sentir dolor si es golpeado. Y si reflexiona de esta
manera, no le hará al prójimo lo que él no puede tolerar, reflexionando para sí: ‘Así
154
como soy débil, así lo es también mi prójimo.

Así como no quiero aguantar tales cosas, tampoco él.’ Luego, la paz no pierde su
color, es decir, su estabilidad, más bien se queda cada vez más constante ya que,
tomando en cuenta la debilidad de su prójimo en sí mismo, se vuelve más
dispuesto a soportar las lesiones. Si la paz del hombre se ensucia de cualquier
manera con la impaciencia, se vuelve más limpia y más brillante ante Dios entre
más frecuente y rápidamente se lava por medio de la penitencia. También se
vuelve mucho más feliz y más prudente en la tolerancia, entre más a menudo se
irrita y luego se lava nuevamente, ya que se regocija en la esperanza de la
recompensa que espera le llegará por su paz interna, y es más cuidadoso de no
dejarse caer debido a la impaciencia.

La segunda clase de ropa, específicamente el cuero, denota obras de misericordia.


Estas prendas de cuero son hechas de pieles de animales muertos. ¿Qué simbolizan
estos animales si no mis santos, que fueron tan sencillos como los animales? El
alma debería estar cubierta con sus pieles, es decir, debería imitar y realizar sus
obras de misericordia. Estas tienen dos efectos. Primero, cubren la vergüenza del
alma pecadora y la limpian para que no aparezca manchada a mi vista. Segundo,
defienden el alma en contra del frío. ¿Qué es el frío del alma sino la dureza del alma
en relación a mi amor? Las obras de misericordia son efectivas en contra de dicha
frialdad, envolviendo el alma para que no perezca del frío. A través de estas obras
Dios visita el alma y el alma se acerca más a Dios.

La tercera clase de ropa, aquella hecha de seda elaborada por los gusanos de seda,
que parece muy costosa de comprar, denota el hábito puro de la abstinencia. Esto
es bello a la luz de Dios y de los ángeles y los hombres. También es cara de
comprar, ya que parece difícil a las personas restringir su lengua de habladurías
ociosas y excesivas. Parece difícil restringir el apetito de la carne por exceso y placer
superfluos. También parece duro ir en contra de la propia voluntad. Pero, a pesar
que puede ser duro, es útil y bello de cualquier forma. Es por eso, novia mía, por
quien me refiero a todos los fieles, en nuestra segunda casa deberíamos almacenar
paz hacia Dios y el prójimo, obras de misericordia a través de la compasión por los
miserables y ayuda para los mismos, abstinencia de la concupiscencia.

A pesar que la última es más costosa que las demás, es también mucho más bella
que las otras vestimentas de tal forma que ninguna otra virtud parece bella sin esta.
Esta abstinencia deberá ser producida por los gusanos de seda, es decir, por la
consideración del exceso propio en contra de Dios, por medio de la humildad y por
mi propio ejemplo de abstinencia, porque yo me volví como un gusano por el bien
de la humanidad. Una persona deberá examinar en su espíritu cómo y cuán a
menudo ha pecado en mi contra y de qué manera ha hecho enmiendas. Entonces
descubrirá por sí mismo que ninguna cantidad de trabajo y abstinencia de su parte
puede enmendar el número de veces que ha pecado en contra de mí.

También deberá ponderar mis sufrimientos y de aquellos de mis santos, así como la
razón por la que soporté dichos sufrimientos. Entonces realmente comprenderá
155
que, si exijo un pago tan estricto por parte de mis santos, que me han obedecido,
cuánto más exigiré en venganza de aquellos que no me han obedecido. Un alma
buena, por lo tanto, deberá intentar practicar la abstinencia, recordando que sus
pecados son malos y que rodean el alma como gusanos. Así, de estos gusanos
bajos, el alma coleccionará seda preciosa, es decir, el hábito puro de la abstinencia
en todas sus extremidades. Dios y todo la hueste celestial se regocija en esto. Se le
otorgará felicidad eterna a la persona que almacene esto, quien de lo contrario
hubiese tenido un pesar eterno, si no hubiese venido en su ayuda la abstinencia.”

Las palabras de Cristo a la novia sobre los instrumentos en la tercera casa y sobre
cómo dichos instrumentos simbolizan buenos pensamientos, sentidos disciplinados
y una verdadera confesión, también se le da una explicación excelente sobre todas
estas cosas en general y sobre las cerraduras de estas casas.

Capítulo-27
El Hijo de Dios le habló a la novia, diciendo: “Te dije anteriormente que debería
haber tres clases de instrumentos en la tercera casa. Primero, instrumentos o
recipientes en los cuales se vierten los líquidos. Segundo, los instrumentos con los
cuales se prepara la tierra exterior, como son los azadones y hachas y herramientas
para reparar las cosas que se rompen. Tercero, instrumentos vivos, como son los
asnos y caballos y cosas parecidas para transportar tanto a los vivos como a los
muertos. En la primera casa, en donde se encuentran los líquidos, deberá haber dos
clases de instrumentos o recipientes: primero, aquellos en los cuales se vierten
sustancias fluidas y dulces, como el agua y el aceite y el vino y parecidos; segundo,
aquellos en los cuales se vierten sustancias acres o espesas, como son la mostaza y
harina y parecidos. ¿Comprendes lo que significan estas cosas? Los líquidos se
refieren a los pensamientos buenos y malos del alma.

Un pensamiento bueno es como un aceite dulce y como un vino delicioso. Un mal


pensamiento es como la mostaza amarga que vuelve al alma amarga y vil. Los
pensamientos malos son como los líquidos espesos que a veces necesita una
persona. A pesar que no son muy buenos para nutrir al cuerpo, aún así con
benéficos para la purga y cura tanto del cuerpo como del cerebro. A pesar que los
malos pensamientos no engordan ni curan el alma como el aceite de los buenos
pensamientos, aún así son buenos para la purga del alma, así como la mostaza es
buena para la purga del cerebro. Si los malos pensamientos no se entrometiesen de
vez en cuando, los seres humanos serían ángeles y no humanos, y pensarían que
obtuvieron todo por sí mismos.

Por lo tanto, para que un hombre pueda comprender su debilidad, que proviene de
sí mismo, y la fortaleza que proviene de mí, a veces es necesario que mi gran
misericordia le permita ser tentado por malos pensamientos. En tanto no consienta
a ellos, son una purga para el alma y una protección de sus virtudes. A pesar que
pueden ser tan acres al tomar como lo es la mostaza, aún así son muy curativos
para el alma y la guían hacia la vida eterna y hacia la clase de salud que no puede
ganarse sin un poco de amargura. Por lo tanto, deja que los recipientes del alma,
en donde se colocan los buenos pensamientos, sean preparados cuidadosamente y
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mantenidos siempre limpios, ya que es útil que hasta los malos pensamientos
surjan tanto como una prueba como por el bien de obtener un mérito mayor. Sin
embargo, el alma deberá esforzarse diligentemente para no consentir a los mismos
ni deleitarse en ellos. De lo contrario, la dulzura y el desarrollo del alma se perderán
y únicamente quedará la amargura.

En la segunda casa deben de haber también instrumentos de dos clases: primero,


los instrumentos del exterior, como el arado y el azadón, para preparar la tierra
exterior para la siembra y para arrancar las zarzas; segundo, instrumentos que son
útiles tanto para propósitos del interior como del exterior, como son hachas y
parecidos. Los instrumentos para cultivar la tierra simbolizan los sentidos humanos.
Estos deberán usarse para el beneficio de nuestro prójimo, así como el arado se usa
en la tierra. Las personas malas son como el suelo de la tierra, porque siempre
están pensando de manera mundana. Ellos están desprovistos de compunción por
sus pecados, porque piensan que nada es pecado. Son fríos en su amor a Dios,
porque buscan nada más que su propia voluntad.

Son pesados y lentos cuando hay que hacer el bien, porque están ansiosos de
reputación mundana. Es por eso que una buena persona deberá cultivarlos a través
de sus sentidos externos, así como un buen agricultor cultiva la tierra con un arado.
Primero, deberá cultivarlos con su boca, diciéndoles cosas a ellos que son útiles para
el alma e instruyéndolos sobre el camino a la vida; luego, haciendo las buenas
obras que puede. Su prójimo puede formarse de esta manera con sus palabras y
motivarse a hacer el bien. Luego, deberá cultivar a su prójimo por medio del resto
de su cuerpo para que pueda rendir fruto.

Hace esto a través de sus ojos inocentes que no ven cosas no castas, para que su
prójimo no casto también pueda aprender la modestia en todo su cuerpo. Deberá
cultivarlo por medio de sus oídos que no escuchen cosas inadecuadas así como por
medio de sus pies que están prontos a hacer las obras de Dios. Yo, Dios, daré la
lluvia de mi gracia al suelo así cultivado por medio del trabajo del agricultor y el
trabajador se regocijará con el fruto de la tierra una vez estéril a medida que
comienza a dar brotes.

Los instrumentos necesarios para las preparaciones internas, como el hacha y


herramientas similares, significan una intención discernidora y el santo examen del
trabajo de uno. Cualquier bien que haga una persona no debe hacerse por el bien
de la reputación y alabanza humanas sino por amor a Dios y por el bien de la
recompensa eterna. Es por esto que una persona deberá examinar cuidadosamente
sus obras y, con esa intención y por cuál recompensa las ha realizado. Si descubre
cualquier clase de orgullo en sus obras, que inmediatamente lo corte con el hacha
de la discreción.

De esta manera, así como cultiva a su prójimo que está, por decirlo así, afuera de la
casa, es decir, fuera de la compañía de mis amigos debido a sus malas obras, así
también puede rendir fruto por sí mismo internamente a través del amor divino. Así
como el trabajo de un agricultor pronto se reducirá a nada si no tiene instrumentos
157
con los cuales reparar las cosas que se han descompuesto, así también, a menos
que una persona examine sus obras con discernimiento y cómo puede aligerarse si
está demasiado pesado o cómo puede mejorarse si ha fracasado, no alcanzará
resultado alguno. Acordemente, uno debería trabajar eficazmente no solo afuera,
sino debe de considerar atentamente por dentro cómo y con qué intención se hace
el trabajo.

Deberán haber instrumentos vivos en la tercera casa para transportar a los vivos y
a los muertos, como son los caballos y los asnos y otros animales. Estos
instrumentos significan la verdadera confesión. Esto transporta tanto a los vivos
como a los muertos. ¿Qué denota lo vivo sino el alma que ha sido creada por mi
divinidad y vive para siempre? Esta alma cada día se acerca más y más a Dios a
través de una verdadera confesión. Así como un animal se vuelve una bestia de
carga más fuerte y más bella para contemplar entre más y mejor se alimenta, así
también la confesión – entre más a menudo se usa y entre más cuidadosamente se
hace tanto para los pecados menores como los mayores – transporta al alma cada
vez más hacia delante y es tan agradable a Dios que guía al alma al mismísimo
corazón de Dios. ¿Qué son las cosas muertas que son transportadas por la
confesión sino las buenas obras que mueren por el pecado mortal? Las buenas
obras que mueren por los pecados mortales están muertas a los ojos de Dios,
porque nada bueno puede agradar a Dios a menos que primero se corrija el
pecado, ya sea a través de una intención perfecta o con obras.

No es bueno combinar en el mismo recipiente las sustancias de aroma dulce con las
que apestan. Si alguien mata sus buenas obras a través de los pecados mortales y
hace una verdadera confesión de sus crímenes con la intención de mejorar y evitar
el pecado en el futuro, sus buenas obras que anteriormente estaban muertas
pueden cobrar vida nuevamente a través de la confesión y la virtud de la humildad
y ganan mérito para la salvación eterna. Si él muere sin hacer una confesión, a
pesar que sus buenas obras no pueden morir ni ser destruidas, no puede merecer
la vida eterna debido al pecado mortal, aún así pueden merecer un castigo más
liviano para él o pueden contribuir a la salvación de otros, siempre y cuando haya
efectuado las buenas obras con una santa intención y para gloria de Dios. Sin
embargo, si ha efectuado las obras por el bien de la gloria mundana y su propio
beneficio, entonces sus obras morirán cuando el hacedor muera, ya que ha recibido
su recompensa del mundo, a favor de lo cual trabajó.

Por lo tanto, novia mía, por quien me refiero a todos mis amigos, debemos de
almacenar en nuestras casas aquellas cosas que dan surgimiento al deleite
espiritual que Dios quiere tener con un alma santa. En la primera casa debemos de
almacenar, primeramente, el pan de una voluntad sincera que no quiere nada más
que lo que Dios quiere; segundo, la bebida de una premeditación santa no haciendo
nada a menos que se piense sea para gloria de Dios; tercero, las carnes de la
sabiduría divina siempre pensado en la vida venidera y cómo deberá ordenarse el
presente.

En la segunda casa almacenaremos la paz de no pecar en contra de Dios y la paz


158
de no pelear con nuestro prójimo; segundo, las obras de misericordia a través de
las cuales podemos ser de beneficio práctico para nuestro prójimo; tercero, una
abstinencia perfecta por medio de la cual nos restringimos de aquellas cosas que
tienden a turbar nuestra paz. En la tercera casa, debemos de almacenar
pensamientos sabios y buenos para poder decorar nuestra casa por dentro;
segundo, sentidos templados y bien disciplinados para que sean una luz para
nuestros prójimos en la parte exterior; tercero, una verdadera confesión que nos
ayuda a revivir, si llegamos a ser débiles.

A pesar de tener las casas, las cosas almacenadas en ellas no pueden mantenerse a
salvo sin puertas, y las puertas no pueden abrirse ni cerrarse sin bisagras ni se les
puede echar llave sin cerrojos. Es por esto, para que los bienes almacenados se
mantengan seguros, que la casa necesita la puerta de una esperanza firme para
que no la rompa la adversidad. Esta esperanza deberá tener dos bisagras para que
una persona no se desespere en alcanzar la gloria ni en escaparse del castigo, sino
que siempre en toda adversidad tenga la esperanza de cosas mejores, confiando en
la misericordia de Dios. El cerrojo deberá ser la caridad divina que asegura la puerta
en contra del ingreso del enemigo.

¿De qué sirve tener una puerta sin el cerrojo, ni esperanza sin amor? Si alguien
tiene esperanza de las recompensas eternas y la misericordia de Dios, pero no ama
ni teme a Dios, tiene una puerta sin un cerrojo a través de la cual su enemigo
mortal puede entrar cuando quiera y lo mate. Pero la verdadera esperanza es
cuando una persona espera también hacer las buenas obras que puede. Sin estas
buenas obras no puede llegar al cielo, es decir, si sabía y podía hacerlas pero no
quiso.

Si alguien se da cuenta que ha cometido una infracción o no ha hecho lo que podría


haber hecho, deberá tomar una buena resolución de hacer el bien que todavía
puede. En cuanto a lo que no puede hacer, que espere firmemente que él será
capaz de venir a Dios gracias a su buena intención y a su amor a Dios. De tal
manera, que la puerta de la esperanza sea asegurada con la caridad divina de tal
manera que, así como un cerrojo tiene adentro muchos pestillos para prevenir que
el enemigo la abra, esta caridad por Dios también deberá acarrear la preocupación
de no ofender a Dios, el temor amoroso de estar separado de él, el fervor ardiente
de ver a Dios amado, y el deseo de verlo imitado. También deberá acarrear pesar,
porque una persona no es capaz de hacer tanto como quisiera o, a lo que sabe que
está obligado a hacer, y la humildad que hace que una persona piense que es nada
lo que logra hacer en comparación a sus pecados.

Deja que el cerrojo se vuelva fuerte con estos pestillos, para que el demonio no
pueda abrir fácilmente el cerrojo de la caridad e inserte su propio amor. La llave
para abrir y cerrar el cerrojo deberá ser el deseo únicamente por Dios, junto con la
caridad divina y las santas obras, para que una persona no desee tener nada
excepto a Dios, aún si lo pudiese obtener, y todo esto por su gran caridad. Este
deseo encierra a Dios en el alma y al alma en Dios, ya que son voluntades en una.

159
Únicamente la esposa y el esposo deben de tener esta llave, es decir, a Dios y el
alma, para que tan a menudo como Dios quiera entrar y disfrutar de las cosas
buenas, específicamente las virtudes del alma, pueda tener libre acceso con la llave
de un deseo estable; tan a menudo nuevamente como quiera el alma entrar en el
corazón de Dios, lo pueda hacer libremente ya que no desea nada más que a Dios.
Esta llave la guarda la vigilia del alma y la custodia de su humildad, por medio de la
cual ella atribuye a Dios todo bien que ha hecho. Y esta llave también la guarda el
poder y la caridad de Dios, no sea que el alma sea volteada por el demonio.
¡Contempla, novia mía, cuánto amor tiene Dios por las almas! ¡Por lo tanto,
mantente firme y has mi voluntad!”

Las palabras de Cristo a la novia sobre su naturaleza inalterable y sobre cómo sus
palabras se cumplen, aún que no las sigan inmediatamente las obras; y sobre
cómo nuestra voluntad deberá confiarse totalmente a la voluntad de Dios.

Capítulo-28
El hijo le habló a la novia, diciendo: “¿Por qué estás tan alterada porque ese hombre
declaró que mis palabras eran falsas? ¿Estoy en peor situación debido a su
menosprecio o estaría mejor por su alabanza? Ciertamente soy inalterable y no me
puedo volver más grande ni más pequeño, y no tengo necesidad de alabanza. Una
persona que me alaba obtiene un beneficio por su alabanza a mí, no para mí sino
para él mismo. Yo soy la verdad y la falsedad nunca procede de mis labios ni puede
proceder de ellos, ya que todo lo que he dicho a través de los profetas o de otros
mis amigos, ya sea en espíritu o en cuerpo, se cumple como yo lo intencioné en ese
momento.

Mis palabras no son falsas si dije una cosa en cierto momento, otras cosas en otro
momento, primero algo más explícito y luego algo más oscuro. La explicación es
que, para poder demostrar la confiabilidad de mi fe, así como el fervor de mis
amigos, reveló mucho de lo que pudiera entenderse de maneras distintas, tanto
bien como mal, por medio de personas buenas y malas de acuerdo a los distintos
efectos de mi Espíritu, dándoles así la posibilidad de realizar diferentes actos buenos
en sus distintas circunstancias.

Así como asumí una naturaleza humana en una persona en mi naturaleza divina,
así también he hablado a veces a través de mi naturaleza humana, la cual está
sujeta a mi naturaleza divina, pero otras veces a través de mi naturaleza divina
como el Creador de mi naturaleza humana, tal como queda claro en mi evangelio. Y
de esta manera, a pesar que las personas ignorantes o los detractores puedan ver
en ellas significados divergentes, aún así son palabras verdaderas de acuerdo a la
verdad. Tampoco me era razonable el haber dado algunas cosas en forma oscura,
ya que era correcto que mi plan de alguna manera estuviese escondido de los
malvados y, al mismo tiempo, que todas las personas buenas pudiesen esperar
vehementemente mi gracia y obtener la recompensa de su esperanza. De lo
contrario, si se hubiese implicado que mi plan vendría en un punto específico del
tiempo, entonces todos hubieran perdido sus esperanzas y su caridad debido a la
gran longitud del tiempo.
160
También prometí cierto número de cosas que, sin embargo, no ocurrieron debido a
la ingratitud de las personas que vivían entonces. Si hubiesen dejado sus fechorías,
ciertamente les hubiera dado lo que había prometido. Es por esto que no debes de
alterarte por reclamos que mis palabras son mentiras. Porque lo que parece ser
humanamente imposible, es posible para mí. Mis amigos también están
sorprendidos que las obras no sigan a las palabras. Pero esto, nuevamente, no es
irrazonable.

¿No fue enviado Moisés al Faraón? Sin embargo los signos no siguieron
inmediatamente. ¿Por qué? Porque si los signos y portentos hubiesen sucedido
inmediatamente, ni la crueldad del Faraón ni el poder de Dios se hubiesen
manifestado ni se hubiesen mostrado claramente los milagros. Aún así el Faraón
hubiese sido condenado por su propia maldad, aunque Moisés no hubiese venido, a
pesar que así su crueldad no hubiese estado tan manifiesta. Esto también es lo que
pasa ahora. ¡Por lo tanto, se valiente! El arado, a pesar que es halado por los
bueyes, es dirigido por la voluntad de quien ara. Así mismo, a pesar que puedes
escuchar y conocer mis palabras, no resultan ni se cumplen de acuerdo a tu
voluntad, sino de acuerdo a la mía. Porque conozco el arrasamiento de la tierra y
cómo debe de cultivarse. Pero tú debes de confiar toda tu voluntad a mí y decir:
‘¡Que se haga tu voluntad!’ ”

Juan Bautista amonesta a la novia a través de una parábola en la cual Dios es


simbolizado por una urraca, el alma por sus polluelos, el cuerpo por su nido, los
placeres mundanos por animales salvajes, el orgullo por las aves de rapiña, júbilo
mundano por una artimaña.

Capítulo-29

uan Bautista le habló a la novia, diciendo: “El Señor Jesús te ha sacado de la


oscuridad a la luz, de la impureza a la pureza perfecta, de un lugar estrecho a uno
ancho. ¿Quién es capaz de explicar estos dones o cómo podrías agradecerle tanto
como debieras por ellos? ¡Simplemente has lo que puedes! Existe una clase de ave
llamada urraca. Ella ama a sus polluelos porque los huevos de donde salieron los
polluelos estuvieron en su vientre. Esta ave hace un nido para sí de cosas viejas y
usadas con tres propósitos.

Primero, un lugar de descanso; segundo, un refugio de la lluvia y de las grandes


sequías; tercero, para poder alimentar a sus crías cuando salen de los cascarones.
El ave empolla a sus crías colocándose amorosamente sobre los cascarones.
Cuando nacen los polluelos, la madre los seduce de tres maneras a que vuelen.
Primero, con la distribución de los alimentos; segundo, con su voz solícita; tercero,
con el ejemplo de su propio vuelo. Debido a que aman a sus madres, los polluelos,
una vez se han acostumbrado a los alimentos de su madre, primero viajan poco a
poco más allá del nido con la madre guiándoles el camino. Luego se alejan más a
medida que su fuerza se los permite, hasta que se vuelven versados en el uso y la
destreza del vuelo.
161
Esta ave representa a Dios, quien existe eternamente y nunca cambia. Del vientre
de su divinidad proceden todas las almas racionales. Se prepara un nido de cosas
usadas para cada alma, en tanto al alma se le une un cuerpo de la tierra, por el cual
Dios la nutre con los alimentos de buenos afectos, la defiende de las aves de malos
pensamientos, y la alivia de la lluvia de las malas acciones. Cada alma se une al
cuerpo para que pueda regir al cuerpo y de ningún modo sea regida por el cuerpo,
para que pueda estimular al cuerpo a que luche y le provee inteligentemente. Así,
como una buena madre, Dios le enseña al alma a avanzar hacia cosas mejores y le
enseña a dejar su confinamiento hacia espacios más amplios. Primero, la alimenta
dándole inteligencia y razón de acuerdo a la capacidad de cada quien y señalándole
a la mente qué debe de escoger y lo que debe de evitar.

Así como la urraca guía a sus polluelos más allá del nido, así también la persona
humana aprende primero a tener pensamientos del cielo y también a pensar que
confinado y vil es el nido del cuerpo, cuán brillantes son los cielos y cuán deleitable
son las cosas eternas. Dios también guía al alma hacia fuera cuando llama: ‘Aquel
que me sigue tendrá vida; aquel que me ame no morirá.’ Esta voz guía hacia el
cielo. Cualquiera que no la escuche es sordo o mal agradecido por el amor de su
madre. Tercero, Dios guía al alma hacia fuera a través de su propio vuelo, es decir,
a través del ejemplo de su naturaleza humana. Esta naturaleza humana gloriosa
tuvo, por decirlo así, dos alas. La primera era que había únicamente pureza y
ninguna contaminación en la misma; su segunda ala era que hizo todas las cosas
bien. Sobre estas dos alas voló la naturaleza humana de Dios por el mundo. Por
esta razón, el alma debería seguirlas tan lejos como pueda y si no lo puede hacer
con obras, por lo menos que trate en su intención.

Cuando vuela el polluelo joven tienen que tener cuidado con tres peligros. El
primero son los animales salvajes. No debe de posarse cerca de ellos en la tierra,
porque el polluelo no es tan fuerte como ellos. Segundo, debe de tener cuidado de
las aves de rapiña, ya que el polluelo no vuela todavía tan rápidamente como esas
aves, motivo por el cual es más seguro quedarse escondido. Tercero, deberá tener
cuidado de ser inducido por un señuelo puesto como cebo. Los animales salvajes
que mencioné son los placeres y los apetitos mundanos. El joven polluelo debe de
cuidarse de ellos, porque es bueno conocerlos, excelentes de poseer, bellos de
contemplar. Pero cuando piensas que ya los has agarrado, rápidamente se van.
Cuando piensas que te dan placer, te muerden sin piedad.

En segundo lugar, el polluelo debe de cuidarse de las aves de rapiña. Estas


representan al orgullo y la ambición. Estas aves siempre desean elevarse más y
más alto y estar delante de las demás aves y odian a aquellas que vienen atrás. El
polluelo debe cuidarse de ellas y deberá querer permanecer en un escondite
humilde, para que no se enorgullezca de la gracia que ha recibido ni odie a aquellas
que están atrás de él y que tengan menos gracia, y que no se considere mejor que
las demás. Tercero, el polluelo deberá tener cuidado de ser inducido por un señuelo
puesto como cebo. Esto representa el júbilo mundano. Podrá parecer bueno tener
la risa a flor de los labios y sentir sensaciones agradables en el cuerpo, pero hay una
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observación irónica en estas cosas. La risa inmoderada lleva a un júbilo
inmoderado, y el placer del cuerpo conlleva a una inconstancia de la mente, lo que
hace que surja la tristeza, ya sea a la hora de la muerte o antes, junto con congoja.
¡Por lo tanto, debes de apurarte, hija mía, a dejar tu nido por medio del deseo del
cielo! ¡Cuídate de las bestias del deseo y de las aves del orgullo! ¡Cuídate de los
señuelos de un júbilo vacío!”

Entonces habló la Madre a la novia y dijo: “Ten cuidado del ave que está
embadurnada de alquitrán, porque quien quiera la toque se manchará. Esto
representa la ambición mundana, tan inestable como el aire, repulsiva en su
manera de buscar un favor y manteniendo una mala compañía. ¡Que no te
importen los honores, no te preocupes por los favores, no le pongas atención a la
alabanza ni al reproche! De estas cosas viene la inconstancia del alma y la
disminución del amor a Dios. ¡Se firme! Dios, quien ha comenzado a sacarte del
nido, continuará nutriéndote hasta tu muerte. Después de la muerte, sin embargo,
ya no anhelarás más. También te protegerá de la tristeza y te defenderá en la vida,
y después de la muerte ya no tendrás nada que temer.”

La súplica de la Madre a su Hijo por su novia y por otra santa persona, y sobre
cómo es recibida la súplica de la Madre por Cristo y sobre la certeza en relación a la
verdad o falsedad de la santidad de una persona en esta vida.

Capítulo-30
María le habló a su Hijo diciendo: “Hijo mío, ¡otórgale a tu nueva novia el regalo,
que tu cuerpo dignísimo pueda echar raíz en su corazón, para que ella pueda ser
cambiada en ti y sea llenada con tu deleite!” Entonces ella dijo: “Este santo hombre,
cuando vivía en su tiempo, estaba firme en la santa fe como una montaña intacta
por la adversidad, no distraído por el placer. Fue tan flexible hacia tu voluntad como
el aire en movimiento, a donde quiera que la fuerza de tu Espíritu lo condujo. Fue
tan ardiente en tu amor como el fuego, calentando a aquellos vueltos fríos y
atajando al malvado. Ahora su alma está contigo en la gloria, pero el recipiente que
usó está enterrado y yace en un lugar más humilde que lo apropiado. Por lo tanto,
Hijo mío, eleva su cuerpo a una estación más alta, hazle el honor, porque te honró
a ti a su propia manera pequeña, elévalo, ¡porque te elevó tan alto como pudo por
medio de su trabajo!”

El Hijo respondió: “Bendita tú, que no pasas por alto nada en los asuntos de tus
amigos. Ves, Madre, de nada sirve darles la buena comida a los lobos. De nada vale
enterrar en lodo el zafiro que mantiene saludable a todos los miembros y fortalece a
los débiles. De nada sirve encender una candela para los ciegos. Este hombre
ciertamente estuvo firme en la fe y ferviente en la caridad, así como estaba presto
de hacer mi voluntad con la mayor continencia. Por lo tanto, el me sabe a mí como
la buena comida preparada con paciencia y tribulación, dulce y bueno en la bondad
de su voluntad y afectos, aún mejor en sus luchas humanas para mejorar,
excelente y dulcísimo en su manera loable de terminar sus obras. Por lo tanto, no
es correcto que dichos alimentos sean elevados ante los lobos, cuya avaricia nunca
se sacia, cuya lujuria por el placer huye de las hierbas de la virtud y sedientos de
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carne podrida, cuya conversación sagaz es dañina para todos.

Se asemeja al zafiro de un anillo por la brillantez de su vida y reputación,


demostrándose ser un novio de su iglesia, un amigo de su Señor, un conservador
de la santa fe y un desdeñador del mundo. Por lo tanto, querida Madre, no es
correcto que dicho amante de la virtud y novio tan puro sea tocado por criaturas
impuras, ni que un amigo tan humilde sea manejado por los amantes del mundo.
En tercer lugar, por su cumplimiento de mis mandamientos y por la enseñanza de
una buena vida, fue como una lámpara en una mesa de noche. A través de sus
enseñanzas, fortaleció a aquellos que se mantenían de pie, no fuera que se
cayeran. A través de sus enseñanzas elevó a aquellos que se caían. A través de las
mismas también ofreció inspiración a aquellos que lo seguían para buscarme a mí.

Ellos no son dignos de ver esta luz, tan ciegos como están por su propio amor. Ellos
son incapaces de percibir esta luz, porque sus ojos están enfermos con orgullo. Las
personas con manos costrosas no pueden tocar esta luz. Esta luz les es odiosa a los
avaros y a aquellos que aman su propia voluntad. Es por esto, antes que pueda ser
elevado a una estación más alta, que la justicia requiere que aquellos que no están
limpios sean purificados y aquellos que están ciegos sean iluminados.

Sin embargo, en relación a ese hombre a quien las personas de la tierra llaman
santo, tres cosas muestran que no fue santo. La primera es que no imitó la vida de
los santos antes de morir; segundo, no estaba gozosamente listo para sufrir el
martirio por Dios; tercero, no tenía una caridad ardiente y discernidora como los
santos. Tres cosas hacen que alguien le parezca santo al gentío. La primera es la
mentira de un hombre engañador e ingrato; la segunda es la fácil credulidad de los
necios; la tercera es la codicia y tibieza de los prelados y examinadores. Ya sea que
esté en el infierno o en el purgatorio no se te hará saber hasta que llegue el
momento para decirlo.”

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Los cristianos consideran a Cristo como esencial en sus vidas, simbolizado a menudo como su esposo o guía amoroso, y su obra es vista como una prueba para discernir entre el bien y el mal. Cristo es presentado como un modelo de amor y sacrificio que enseña a los cristianos a resistir las adversidades con perseverancia y justicia . La obra de Cristo también demuestra misericordia y justicia, esperando la conversión de los pecadores y la perseverancia de los justos . Consecuentemente, el comportamiento de los cristianos debe mantenerse alineado con estos principios, ya que el desvío hacia el pecado resultaría en una separación de Cristo, quien se apartaría hacia aquellos que aún podrían valorarlo . La presencia de malos cristianos junto a los buenos es permitida para testar y fortalecer la virtud y fe de los buenos, además de servir como una oportunidad para la eventual conversión de los malvados .

El texto utiliza elementos naturales como el hielo y el fuego para describir el comportamiento moral del hombre. El frío del hielo representa la tibieza hacia Dios y las virtudes, mientras que el fuego no puede encender el hielo, simbolizando cómo incluso la gracia de Dios no puede inflamar una voluntad obstinada en pecado. Este simbolismo sugiere que sin un arrepentimiento genuino, la gracia no puede revitalizar una alma endurecida .

La sabiduría divina se describe como algo que no se encuentra en la erudición o el conocimiento mundano, sino en el corazón y en una vida recta. Las personas sabias son aquellas que piensan en su muerte, el juicio divino, la inestabilidad y vanidad del mundo, y se esfuerzan por alinearse con la voluntad de Dios, renunciando a los placeres mundanos y buscando lo eterno por encima de lo perecedero . La sabiduría divina es como la "carne espiritual" que nutre el cuerpo y mejora el espíritu, llevándolos a una vida bendecida y consuelo eterno, en contraste con la sabiduría mundana que conduce a la condenación . Esta sabiduría se ejemplifica por aquellos que suben metafóricamente una montaña empinada y rocosa, buscando lo que es inicialmente oscuro pero que resulta ser brillante en su interior . La sabiduría de Dios se relaciona con el temor a su juicio y la reflexión sobre las cosas que son de Dios, lo que debe llevar a buenas obras y a un rechazo de los placeres terrenales . En resumen, el ciclo de vida y muerte y la sabiduría divina se entrelazan en la obra del Creador al dirigir a las personas hacia la eternidad a través de una vida de buenas obras y meditación espiritual .

El tema del arrepentimiento y la redención se presenta mediante el contraste entre el pecado y la virtud, el orgullo y la humildad, y la penitencia como un medio para purificar el alma. Se destaca la importancia de reconocer las propias debilidades y la inconstancia de los placeres temporales, que conducen al dolor eterno, frente al gozo eterno que se logra a través de la virtud y el arrepentimiento genuino . La penitencia es vista como un proceso de limpieza del alma ante Dios, lavando las manchas del pecado con frecuencia para lograr una paz y estabilidad internas . Este proceso de transformación se representa a través de la metáfora del alma que, como una virgen, debe adornarse con virtudes espirituales como la contrición, la esperanza y la fe, para ser digna de la redención . La abstinencia y el rechazo de los deseos mundanos son fundamentales para lograr la pureza y el acercamiento a Dios , reflejando un camino hacia la redención a través de la renuncia a los placeres del mundo y el arrepentimiento constante .

La visión sobre la crucifixión en los relatos muestra que Cristo fue crucificado no solo por sus enemigos de entonces sino también en un sentido espiritual actualmente, a través de los vicios de los malos cristianos actuales, lo que se considera aún más grave que las acciones de los judíos que físicamente lo crucificaron . También se destaca el sufrimiento de Jesús como ejemplo supremo de virtud, muriendo por sus enemigos y amigos, y como cumplimiento de las profecías . La crucifixión también se entiende dentro de un marco más amplio de paciencia divina, en el que Dios tolera a los malvados para diferentes propósitos, incluidos la mejora de los justos y la oportunidad de arrepentimiento .

Los seguidores fieles a Dios son aquellos que dan más peso a los aspectos espirituales sobre los materiales, como el trabajo espiritual, la administración justa de los bienes y el uso ordenado del tiempo, demostrando una vida de moderación y perseverancia en los mandamientos de Dios . Valoran los mandamientos de Dios y el buen uso de sus talentos espirituales, como la visión espiritual, el buen juicio al escuchar, la lengua para hablar adecuadamente, y el tacto espiritual . Por otro lado, los que traicionan a Dios son aquellos que desdeñan la disciplina, huyen del amor y unidad, están vacíos de obras buenas y cambian el consuelo por aflicción . Rechazan y desprecian la Ley de Dios, buscan más de lo que es necesario y desean satisfacer sus propios deseos por encima de los mandamientos .

La relación entre la Virgen María y Jesucristo se describe como profundamente amorosa y reverente en las revelaciones. Jesús, que se refiere a sí mismo como verdadero Dios y hombre, nacido de María, la trata con gran honor, ensalzándola por encima de todos los ángeles y enriqueciéndola con alabanzas y virtudes . María es presentada como la Reina del Cielo y Madre de misericordia, cuyo amor hacia Jesús es tan intenso que se consideran como "un solo corazón" . María es honrada por Jesús al punto de elevarla a los cielos en cuerpo y alma, y es vista como un ejemplo de humildad y virtud para la humanidad . Además, en sus interacciones, María es mostrada como una poderosa intercesora ante Jesús, capaz de ordenar al demonio en virtud de su posición privilegiada como Madre de Jesús y Reina del Cielo .

El simbolismo en la creación de los instrumentos mencionados por Cristo a su esposa se centra en la relación y compromiso espiritual entre ellos. Los instrumentos son metáforas de las pruebas y la formación espiritual que debe experimentar la esposa para conformar su alma y cuerpo en obediencia y virtud, guía del espíritu sobre la carne . Además, el uso de metáforas espirituales, como el lenguaje del tacto y el gusto, enfatiza la importancia de elevar los sentidos espirituales sobre los mundanos para lograr una vida de moderación y un deleite eterno en Dios . El simbolismo se extiende a la idea de construir un hogar espiritual en el corazón de la esposa, donde Cristo pueda habitar, requiriendo un espíritu de reposo, intención firme y fe . Estos elementos reflejan cómo las metáforas de Cristo buscan guiar a la esposa hacia una transformación espiritual profunda y sostenible.

La analogía entre los sacerdotes actuales y los traidores de Cristo refleja cómo estos sacerdotes, que deberían ser los amigos íntimos de Cristo y seguir Su ejemplo, en lugar de eso actúan de manera opuesta, gritando a Cristo que se aleje de ellos debido a que sus palabras y obras son amargas y pesadas para ellos . Son comparados con frutas del brezo, que aunque parecen bonitas por fuera, están llenas de impurezas en su interior . Esto implica una traición hacia Cristo similar a la de los traidores, ya que sus acciones, que deberían estar dirigidas por el amor y la obediencia a Dios, están en cambio corrompidas por el orgullo y el deseo de ganancias temporales . Estos sacerdotes no solo desobedecen la voluntad de Cristo, sino que también escandalizan y perjudican a otros, comprometiendo su fe y dejando un ejemplo negativo .

Las cualidades que distinguen a un buen espíritu de uno malo se pueden reconocer en tres principales mandamientos del buen espíritu. Este ordena honrar a Dios, mantener la verdadera fe y practicar una razonable continencia en todas las cosas . En contraste, el espíritu malo tienta a la vanidad y orgullo personal, busca que se traicione la fe y promueve la impureza del cuerpo y el desorden en las acciones . Además, el buen espíritu crea un fervor en el creyente que hace que el demonio no pueda acercarse a él, mientras que el espíritu inmundo engaña bajo apariencia de bien . Siempre se debe examinar la conciencia para distinguirlos correctamente .

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