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Sentencia C-382/08: Responsabilidad Fiscal

El documento habla sobre el proceso de responsabilidad fiscal en Colombia. Define el control fiscal y explica que el proceso de responsabilidad fiscal busca establecer la responsabilidad de servidores públicos y particulares cuando causen daños al patrimonio del Estado. También señala que el proceso respeta el debido proceso y que la reapertura de una indagación o un proceso no viola este principio cuando aparezcan nuevas pruebas.
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Sentencia C-382/08: Responsabilidad Fiscal

El documento habla sobre el proceso de responsabilidad fiscal en Colombia. Define el control fiscal y explica que el proceso de responsabilidad fiscal busca establecer la responsabilidad de servidores públicos y particulares cuando causen daños al patrimonio del Estado. También señala que el proceso respeta el debido proceso y que la reapertura de una indagación o un proceso no viola este principio cuando aparezcan nuevas pruebas.
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Sentencia C-382/08

PRINCIPIO PRO ACTIONE EN DEMANDA DE


INCONSTITUCIONALIDAD-Aplicación

FUNCION DE CONTROL FISCAL-Definición/FUNCION DE


CONTROL FISCAL-Competencia

La jurisprudencia constitucional se ha referido a la función de control fiscal,


definiéndola como el instrumento idóneo para garantizar el cabal
cumplimiento de los objetivos constitucionalmente previstos para las
finanzas del Estado. A partir de tal definición, ha señalado que el ejercicio
de esa atribución implica un control sobre la administración y manejo de los
bienes y fondos públicos, en las distintas etapas de recaudo o adquisición,
conservación, enajenación, gasto, inversión y disposición, con el propósito
de determinar si las diferentes operaciones, transacciones y acciones
jurídicas, financieras y materiales en las que se traduce la gestión fiscal se
cumplieron de acuerdo con las normas prescritas por las autoridades
competentes, los principios de contabilidad universalmente aceptados o
señalados por el Contador General, los criterios de eficiencia y eficacia
aplicables a las entidades que administran recursos públicos y, finalmente,
los objetivos, planes, programas y proyectos que constituyen, en un período
determinado, las metas y propósitos inmediatos de la administración. El
control fiscal se ejerce, por mandato expreso de la Constitución, en forma
posterior y selectiva, conforme a los procedimientos, sistemas y principios
que defina el legislador, y debe incluir el ejercicio de un control financiero,
de gestión y de resultados, fundado en la eficiencia, la economía, la equidad
y la valoración de los costos ambientales. Los artículos 267 y 272 de la
Constitución Política le asignan a la Contraloría General de la República y
a las contralorías de las entidades territoriales -departamentales,
municipales y distritales-, el ejercicio del control fiscal en Colombia.

CONTROL FISCAL-Involucra la vigilancia y el proceso de


responsabilidad fiscal

El control fiscal, posterior y selectivo, está llamado a desarrollarse en dos


momentos. En un primer momento, las contralorías llevan a cabo la labor de
vigilancia propiamente dicha, a través de la práctica de auditorias sobre los
sujetos sometidos al control selectivo, procediendo después a formular las
correspondientes observaciones, conclusiones, recomendaciones, e incluso, las
glosas que se deriven del estudio de los actos de gestión fiscal controlados. Si
como resultado de esa labor de vigilancia, en forma inmediata o posterior,
surgen elementos de juicio de los cuales se pueda inferir posibles acciones u
omisiones eventualmente constitutivas de un daño al patrimonio económico del
Estado, procede el segundo momento en el ejercicio del control fiscal: la
iniciación, trámite y conclusión del proceso de responsabilidad fiscal.
PROCESO DE RESPONSABILIDAD FISCAL-Definición/PROCESO
DE RESPONSABILIDAD FISCAL-Objeto

Es el conjunto de actuaciones administrativas adelantadas por las contralorías


con el fin de determinar y establecer la responsabilidad de los servidores
públicos y de los particulares, cuando en el ejercicio de la gestión fiscal o con
ocasión de ésta, causen por acción u omisión y en forma dolosa o culposa un
daño al patrimonio del Estado. El proceso de responsabilidad fiscal, se orienta
a obtener una declaración jurídica, en la cual se precisa con certeza que un
determinado servidor público o particular debe cargar con las consecuencias
que se derivan por sus actuaciones irregulares en la gestión fiscal que ha
realizado y que está obligado a reparar el daño causado al erario público, por
su conducta dolosa o culposa. El proceso fiscal se constituye en una función
complementaria del control y vigilancia de la gestión fiscal que le corresponde
ejercer a la Contraloría General de la República y a las contralorías
departamentales, municipales y distritales, convirtiéndose en el mecanismo
jurídico con que cuentan tales entidades para establecer la responsabilidad de
los servidores públicos y de los particulares, en el manejo de fondos y bienes
públicos, cuando con su conducta -activa u omisiva- se advierte un posible
daño al patrimonio estatal.

PROCESO DE RESPONSABILIDAD FISCAL-Características

a) Se origina única y exclusivamente del ejercicio de una gestión fiscal, esto


es, de la conducta de los servidores públicos y de los particulares que están
jurídicamente habilitados para administrar y manejar dineros públicos; b) no
tiene una naturaleza jurisdiccional sino administrativa; c) La responsabilidad
fiscal que se declara en el proceso es esencialmente patrimonial y no
sancionatoria, toda vez que tiene una finalidad exclusivamente reparatoria;
d) La responsabilidad fiscal es independiente y autónoma de otros tipos de
responsabilidad; e) La responsabilidad fiscal es de carácter subjetivo, pues
para deducirla es necesario determinar si el imputado obró con dolo o con
culpa; f) Finalmente, los órganos de control fiscal están obligados a obrar
con observancia plena de las garantías sustanciales y procesales propias del
debido proceso, las cuales deben armonizarse con los principios que
gobiernan la función administrativa, es decir, con los principios de igualdad,
moralidad eficacia, economía, celeridad, imparcialidad y publicidad.

PROCESO DE RESPONSABILIDAD FISCAL-Se inicia formalmente


con la expedición del auto de apertura del proceso/PROCESO DE
RESPONSABILIDAD FISCAL-La indagación preliminar no hace
parte integral del proceso

El proceso mediante el cual se declara la responsabilidad fiscal cuenta con


una sola fase, lo que contribuye a evitar dilaciones injustificadas en este tipo
de actuaciones administrativas, y que el mismo se inicia formalmente sólo a
partir de la expedición del auto de apertura. Por esta razón, la indagación
preliminar, aun cuando puede coadyuvar a la verificación de la conducta que
afecta el patrimonio público y a la identificación de su autor, en estricto
sentido no hace parte integral del proceso de responsabilidad fiscal.

PROCESO DE RESPONSABILIDAD FISCAL-Respeto del debido


proceso

El proceso de responsabilidad fiscal se encuentra sometido al derecho al


debido proceso, con los matices que le son propios al ejercicio de esa
función, siendo aplicables las garantías sustanciales y procesales, tales como
los principios de legalidad, juez natural y favorabilidad, la presunción de
inocencia, el derecho de defensa que comporta el derecho a ser oído y a
intervenir en el proceso, directamente o a través de apoderado, a presentar y
controvertir pruebas, a solicitar la nulidad de la actuación cuando se
configure violación al debido proceso, a interponer recursos, a la publicidad
del proceso, a que éste se desarrolle sin dilaciones injustificadas, y a no ser
juzgado dos veces por el mismo hecho. Las garantías propias del debido
proceso, aplicables al proceso de responsabilidad fiscal, deben también
armonizarse con los principios de igualdad, moralidad eficacia, economía,
celeridad, imparcialidad y publicidad, los cuales orientan todas las
actuaciones administrativas, en particular la gestión de control fiscal.

PROCESO DE RESPONSABILIDAD FISCAL-Reapertura de la


indagación preliminar o reapertura del proceso no viola el debido proceso

Dispone la norma que se procederá a la reapertura de la indagación


preliminar o del proceso, cuando después de proferido el auto de archivo del
expediente se cumplan las siguientes condiciones: que (i) aparecieren o se
aportaren nuevas pruebas que acrediten la existencia de un daño patrimonial
al Estado o la responsabilidad del gestor fiscal, o que (ii) se demuestre que la
decisión se basó en prueba falsa. Aclara la norma en su segundo inciso, (iii)
que no procederá la reapertura si después de proferido el auto de archivo, ha
operado la caducidad de la acción o la prescripción de la responsabilidad
fiscal.

PRINCIPIO DE COSA JUZGADA-Característica de las decisiones


judiciales y administrativas/PRINCIPIO DE COSA JUZGADA-No
tiene carácter absoluto

Una de las características de las decisiones judiciales y administrativas es su


firmeza, lo cual conlleva a que éstas adquieran un carácter definitivo y a que
lo decidido en ellas no pueda ser nuevamente debatido. La importancia de la
firmeza o alcance de la cosa juzgada de las decisiones judiciales y
administrativas, ha sido destacada por la Corte señalando que Razones de
interés general y seguridad jurídica, relacionadas con el mantenimiento del
orden público, la paz social y la garantía de los derechos ciudadanos,
imponen que los procesos se decidan de manera definitiva y que
necesariamente deban finalizar o concluir en un cierto momento procesal, lo
que en principio justifica el efecto de cosa juzgada. No obstante, a pesar de su
importancia, la cosa juzgada no puede entenderse como un principio absoluto
pues en determinadas ocasiones puede llegar a colisionar con la justicia
material del caso concreto, siendo necesario disminuir o desconocer sus
efectos para evitar que prevalezca una injusticia.

RECURSO EXTRAORDINARIO DE REVISION-Excepción al


principio de cosa juzgada

El ejemplo más expresivo y claro en torno a la posibilidad de establecer


excepciones al principio de cosa juzgada, es precisamente el recurso
extraordinario de Revisión, previsto por la ley en la mayoría de las áreas del
derecho, el cual ha sido diseñado para proceder contra las sentencias
ejecutoriadas, por las causales taxativas que en cado caso haya definido el
legislador, las cuales, por regla general, giran en torno a hechos o
circunstancias posteriores a la decisión y que revelan que ésta es injusta.

REAPERTURA DE INDAGACION PRELIMINAR O


REAPERTURA DE PROCESO DE RESPONSABILIDAD FISCAL-
Medida excepcional y legítima/REAPERTURA DE INDAGACION
PRELIMINAR O REAPERTURA DE PROCESO DE
RESPONSABILIDAD FISCAL-Eventos en que procede

La decisión de autorizar la reapertura de la indagación preliminar o del


proceso de responsabilidad fiscal, suspendiendo los efectos de firmeza del
auto de archivo del expediente, es una medida excepcional, en principio
legítima, que se inscribe en el ámbito de la libertad de configuración política
del legislador, y que encuentra una clara justificación en la necesidad de
promover la defensa y reparación del patrimonio público y, por esa vía, dar
cumplimiento a la obligación constitucional de establecer la responsabilidad
de los servidores públicos y de los particulares, cuando en el ejercicio de la
gestión fiscal o con ocasión de ésta, causen por acción u omisión y en forma
dolosa o culposa un daño al patrimonio estatal. Dicha medida se encuentra
limitada a dos eventos específicos que se advierten legítimos: (i) que
aparezcan o se aporten nuevas pruebas que acrediten la existencia de un
daño patrimonial al Estado o la responsabilidad del gestor fiscal, o (ii) que se
demuestre que la decisión se basó en prueba falsa.

REAPERTURA DE INDAGACION PRELIMINAR O


REAPERTURA DE PROCESO DE RESPONSABILIDAD FISCAL-
Limitada por los fenómenos de caducidad de la acción y prescripción de
la responsabilidad

Referencia: expediente D-6909


Demanda de inconstitucionalidad contra el
artículo 17 de la Ley 610 de 2000 (parcial)
“Por la cual se establece el trámite de los
procesos de responsabilidad fiscal de
competencia de las contralorías”.

Demandante: Hilian Edilson Ovalle Celis

Magistrado Ponente:
Dr. RODRIGO ESCOBAR GIL

Bogotá, D.C., veintitrés (23) de abril de dos mil ocho (2008).

La Sala Plena de la Corte Constitucional, en cumplimiento de sus atribuciones


constitucionales y de los requisitos y trámites establecidos en el Decreto 2067
de 1991, ha proferido la siguiente

SENTENCIA

I. ANTECEDENTES

En ejercicio de la acción pública de inconstitucionalidad consagrada en los


artículos 241 y 242 de la Constitución Política, el ciudadano Hilian Edilson
Ovalle Celis demandó la inconstitucionalidad parcial del artículo 17 de la Ley
610 de 2000, “Por la cual se establece el trámite de los procesos de
responsabilidad fiscal de competencia de las contralorías”.

Mediante Auto del siete (7) de septiembre de dos mil siete (2007), el
Magistrado Sustanciador resolvió inadmitir la demanda radicada bajo el
número D-6909 por cuanto el demandante omitió señalar las razones por las
cuales la Corte Constitucional es competente para conocer de la misma.

En escrito presentado a esta Corporación el trece (13) de septiembre de dos


mil siete (2007), el ciudadano procedió a corregir la demanda de
inconstitucionalidad.

Por tal razón, en Auto de veintisiete (27) de septiembre del dos mil siete
(2007) el Magistrado Ponente resolvió admitir la demanda, dispuso su fijación
en lista y, simultáneamente, corrió traslado al señor Procurador General de la
Nación para que rindiera el concepto de su competencia. En el Auto también
se ordenó comunicar la demanda al Ministerio del Interior y de Justicia, al
Departamento Administrativo de la Función Pública, a la Contraloría General
de la República, al Presidente del Instituto Colombiano de Derecho Procesal,
al Presidente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia y a los Decanos
de las Facultades de Derecho de las Universidades Rosario, Javeriana y
Nacional, para que, si lo estimaban conveniente, intervinieran defendiendo o
impugnando la constitucionalidad de la disposición acusada.

Una vez cumplidos los trámites previstos en el artículo 242 de la Constitución


Nacional y en el Decreto 2067 de 1991, la Corte Constitucional procede a
decidir acerca de la demanda en referencia.

II. TEXTO DE LA NORMA ACUSADA

A continuación se transcribe la norma acusada, conforme a su publicación en


el Diario Oficial No. 44.133, de 18 de agosto de 2000, subrayando el aparte
demandado:

“LEY 610 DE 2000


(agosto 15)
Diario Oficial No. 44.133, de 18 de agosto de 2000

Por la cual se establece el trámite de los procesos de responsabilidad


fiscal de competencia de las contralorías.

ARTICULO 17. REAPERTURA. Cuando después de proferido el auto


de archivo del expediente en la indagación preliminar o en el proceso
de responsabilidad fiscal, aparecieren o se aportaren nuevas pruebas
que acrediten la existencia de un daño patrimonial al Estado o la
responsabilidad del gestor fiscal, o se demostrare que la decisión se
basó en prueba falsa, procederá la reapertura de la indagación o del
proceso.

Sin embargo, no procederá la reapertura si después de proferido el


auto de archivo, ha operado la caducidad de la acción o la
prescripción de la responsabilidad fiscal.”

III. LA DEMANDA

III.1. Normas constitucionales que se consideran infringidas

El accionante considera que el aparte acusado del artículo 17 de la Ley 610 de


2000, “por la cual se establece el trámite de los procesos de responsabilidad
fiscal de competencias de las contralorías”, comporta una violación del
artículo 29 de la Constitución Política.

3.2. Fundamentos de la demanda


El demandante afirma que el aparte acusado es inconstitucional, por cuanto, al
habilitar al ente investigador para anular las decisiones de archivo de
expedientes y para reabrir investigaciones ya cerradas, se somete al
investigado a un estado de “indefinición procesal e inseguridad jurídica
sobre su situación fiscal individual y concreta”, lo que implica que los
procesos de responsabilidad fiscal se prolonguen de manera indefinida hasta
llegar al término de caducidad de la acción o de prescripción de la
responsabilidad.

Así, afirma, a pesar de que el legislador estableció en los artículos 39 y 45 de


la Ley 610 de 2000 los términos de cada una de las etapas de este tipo de
procesos, tal y como está redactada la norma acusada es posible que se ordene
la reapertura de investigaciones que habían sido archivadas, aun cuando estos
términos ya hubieren fenecido, esto es, a pesar de haber transcurrido los seis
(6) meses previstos en la normatividad para adelantar la investigación
preliminar o los cinco (5) meses para la etapa de instrucción. En este
escenario, el único límite sería, en realidad, el de cinco (5) años previsto por
el legislador como término de prescripción de la responsabilidad fiscal o de
caducidad de la acción.

Esto, a su juicio, comporta una vulneración del artículo 29 constitucional, el


cual establece que todas las personas tienen derecho a que las actuaciones
administrativas y judiciales se desarrollen en el marco de un proceso sin
dilaciones injustificadas.

En su criterio, la protección del patrimonio público no puede ser un


argumento válido para prolongar de manera indefinida la determinación de la
situación jurídica del investigado, por lo que es necesario encontrar un punto
medio que permita garantizar, de un lado, la consecución del fin perseguido
con el proceso de responsabilidad fiscal y, por el otro, el respeto por los
derechos fundamentales -particularmente por el derecho al debido proceso- de
la persona investigada.

Adicionalmente, indica que si la situación que se presenta es que el auto de


archivo del expediente tuvo como fundamento una prueba falsa, uno de los
supuestos establecidos en la primera parte del artículo acusado, lo que
resultaría procedente es acudir al proceso penal para que sea en ese escenario
en donde se hagan valer los derechos patrimoniales del Estado.

Por las razones anotadas, el demandante solicita a esta Corporación que


declare la inconstitucionalidad del aparte acusado o, en su defecto, que “se
condicione la aplicación de[l] mism[o]”.

IV. INTERVENCIONES

4.1. Intervención del Ministerio del Interior y de Justicia


La Directora de Ordenamiento Jurídico del Ministerio del Interior y de
Justicia, presentó escrito de intervención por medio del cual solicita a esta
Corporación que declare la exequibilidad del aparte demandado.

Luego de realizar una extensa cita de la sentencia T-297 de 2006 1, la


interviniente afirma que es errado considerar que la disposición acusada
constituye una habilitación para que la autoridad fiscal prolongue de manera
indefinida los procesos de responsabilidad, ya que en ella el legislador
estableció un preciso limite temporal para que se ejerza la facultad de reabrir
investigaciones fiscales archivadas, el cual responde a la ocurrencia de un
supuesto objetivo, esto es, al hecho de que “no haya operado la caducidad de
la acción o la prescripción de la responsabilidad fiscal”.

De la misma manera, sostiene que la Ley circunscribió el ejercicio de dicha


facultad a la ocurrencia de unas causales señaladas de forma taxativa en la
primera parte de la norma acusada, las cuales no se relacionan con la
necesidad de avalar la “eventual negligencia administrativa del funcionario
responsable” que lleve al incumplimiento injustificado de los términos
legales, sino que responden a la necesidad de reabrir procesos fiscales cuando
surjan nuevos elementos que acrediten la existencia de un daño patrimonial al
Estado o la responsabilidad del gestor fiscal, o cuando se demostrare que la
decisión se basó en pruebas falsas.

Por lo anterior, considera que la norma acusada no comporta una vulneración


de mandato constitucional alguno y, en tal sentido, solicita que se declare la
exequibilidad de la misma.

4.2. Intervención de la Contraloría General de la República

A través de apoderada especial, la Contraloría General de la República


intervino en el presente asunto para solicitar que se declare la exequibilidad
del aparte acusado.

Para empezar, el interviniente sostiene que la Ley 610 de 2000 fue proferida
conforme a los mandatos constitucionales y que, a través de ella, el legislador
estableció un sistema de control fiscal y un procedimiento en el cual se
garantiza que el investigado cuente con los medios necesarios para ejercer su
defensa.

A continuación, sostiene que la norma acusada tiene un contenido similar al


establecido en el artículo 17 de la Ley 42 de 1993, “sobre la organización del
sistema de control fiscal financiero y los organismos que lo ejercen”, en el
cual el legislador estableció que “si con posterioridad a la revisión de
cuentas de los responsables del erario, aparecieren pruebas de operaciones
fraudulentas o irregulares relacionadas con ellas se levantará el fenecimiento
1
Magistrado Ponente: Jaime Córdoba Triviño.
y se iniciará el juicio fiscal”. Dicha norma, afirma, fue declarada exequible
por la Corte Constitucional mediante la sentencia C-046 de 1994 2, bajo la
consideración de que como quiera que la decisión de fenecimiento se sustenta
en la regularidad de las operaciones que se consignan en la cuenta respectiva,
si se llegara a encontrar que dichas operaciones fueron ilegales, mal podría el
ordenamiento jurídico ampararlas. Sin embargo, esta Corporación sostuvo que
era necesario establecer un término de caducidad de la acción fiscal en la
medida en que este asunto no había sido definido por el legislador; la Corte
consideró que dicho término debía ser el de dos (2) años contados a partir de
la ocurrencia de los hechos, el cual corresponde al establecido para el
ejercicio de la acción de reparación directa en contra el Estado3.

Para el interviniente las consideraciones atrás señaladas son aplicables al


presente asunto, ya que el derecho al debido proceso se garantiza mediante el
establecimiento de un límite temporal para ejercer la acción fiscal.

No obstante lo anterior, y en contra de la conclusión atrás expuesta, a


continuación el interviniente realiza algunas citas de sentencias proferidas por
el Consejo de Estado y por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, para
luego concluir que “el artículo 17 de la Ley 42 de 1993, dispone que el
fenecimiento de las cuentas se puede levantar en cualquier tiempo si se
cumplen las condiciones previstas en el mismo, este hecho trae como
consecuencia que no puede darse el fenómeno de la caducidad para iniciar el
proceso de responsabilidad fiscal, porque si el levantamiento del
fenecimiento puede llevarse a cabo en todo momento, cuando con
posterioridad aparecieron pruebas de operaciones fraudulentas o irregulares
el juicio fiscal que debe adelantarse por las observaciones que de él resulten,
también se puede iniciar en cualquier momento (…)”.

4.3. Intervención del Departamento Administrativo de la Función


Pública

Mediante apoderado especial, el Departamento Administrativo de la Función


Pública solicitó la declaratoria de exequibilidad de la norma acusada.

El interviniente señala que el proceso de responsabilidad fiscal está


encaminado a resarcir los daños causados al patrimonio público, con ocasión
de la conducta dolosa o culposa de quienes se encuentran a cargo de la gestión
fiscal, mediante el pago de una indemnización pecuniaria que compensa el

2
Magistrado Ponente: Eduardo Cifuentes Muñoz.
3
El demandante hace referencia además a las sentencias T-1167 de 2000, Magistrado Ponente: Fabio
Morón Díaz y T-1362 de 2000, Magistrado Ponente: Álvaro Tafur Galvis.
perjuicio sufrido por la entidad estatal respectiva. En este escenario, precisa
que la responsabilidad fiscal no tiene un carácter sancionador sino
resarcitorio.

A su juicio, como quiera que la norma acusada prevé tanto los presupuestos
que permiten reabrir la investigación fiscal como el término dentro del cual es
posible adoptar dicha decisión, con lo cual se pretende proteger el patrimonio
público y el interés general, es evidente que la misma no comporta una
vulneración del artículo 29 constitucional. Además, resalta el hecho de que
durante el proceso de responsabilidad fiscal el gestor cuenta con las
herramientas necesarias para ejercer su derecho a la defensa, lo que implica
que puede controvertir las pruebas que se alleguen en su contra y proponer las
excepciones que crea convenientes, todo lo cual lleva a concluir que la
disposición objeto de reproche debe ser declarada exequible.

4.4. Intervención de la Universidad del Rosario

Por su parte, la Universidad del Rosario mediante escrito de intervención,


solicitó que se declarara la exequibilidad de la norma demandada.

En primer lugar, el interviniente realiza algunas consideraciones generales


respecto del proceso de responsabilidad fiscal y del derecho al debido
proceso, para lo cual acude a algunos apartes de sentencias proferidas por esta
Corporación, luego de lo cual concluye que este trámite es en realidad una
actuación administrativa en la que las garantías propias del debido proceso se
aplican de manera atemperada, en razón de la naturaleza administrativa y
resarcitoria que lo caracteriza.

En segundo término, afirma que la indagación preliminar no hace parte del


proceso de responsabilidad fiscal propiamente dicho, por lo que no puede
afirmarse que las decisiones que se profieran allí tengan fuerza de “cosa
juzgada” o que ellas creen una situación jurídica concreta a favor del
investigado4. En este sentido, como quiera que es el legislador el llamado a
regular y reglamentar las actuaciones administrativas de acuerdo a los
principios constitucionales establecidos para el efecto, es perfectamente
posible que la ley determine que la Administración puede reabrir una
investigación fiscal en caso de que se presenten nuevas pruebas.

Además, sostiene que la norma cuestionada sí consagra un término para que


se adopte una decisión en tal sentido, la cual debe producirse antes de que se
“haya hecho efectiva la caducidad de la acción o la prescripción de la
responsabilidad fiscal, es decir que está estableciendo un límite al término
para reabrir la indagación o el proceso, evitando etapas y actuaciones sin
definir”.

De otra parte, afirma que una vez se dicta el auto de apertura del proceso de
responsabilidad fiscal, el funcionario competente deberá recaudar las pruebas
necesarias para determinar si hay lugar a “proferir un auto de imputación de
responsabilidad, el cual dará inicio a la face (sic) de juzgamiento (…) o un
auto que decreta el archivo de la actuación (…)”. En esta etapa, sostiene, si
no se logra establecer la existencia de los elementos que configuran la
responsabilidad fiscal, “es menester proferir el auto que establece el archivo
de la actuación, (…) de suerte que no resulta desde el punto de vista
constitucional reabrir la etapa del recaudo de pruebas. En este evento, a
diferencia del anterior sí se ha consolidado una situación jurídica concreta
en cabeza del investigado, por tanto la revocatoria de dicho acto requerirá
bien, la autorización del investigado, o la actuación judicial
correspondiente.”

Por lo anterior, el interviniente sostiene que la norma acusada es


constitucional, en el entendido de que el legislador puede establecer las
causales por las cuales procede la revocatoria de una decisión administrativa y

4
Para fundamentar sus argumentos, el interviniente realiza una cita de la sentencia C-046 de 1994,
Magistrado Ponente: Eduardo Cifuentes Muñoz.
la reiniciación del trámite, siempre que se garanticen las garantías propias del
debido proceso, consagradas en el artículo 29 constitucional.

4.5. Intervención de la Academia Colombiana de Jurisprudencia

La Academia Colombiana de Jurisprudencia, intervino en la presente


actuación y solicitó la declaratoria de inhibición debido a la incorrecta
formulación del cargo o, en su defecto, la declaratoria de constitucionalidad
del artículo demandado.

En cuanto a la indebida formulación del cargo por parte del actor, sostiene que
ella se debe a que la declaratoria de inexequibilidad del aparte normativo
acusado no produciría ningún efecto jurídico, ya que se mantendría el resto
del contenido normativo del artículo 17 de la Ley 610 de 2000, el cual
consagra la posibilidad de ordenar la reapertura de la indagación o del proceso
fiscal. En este sentido, afirma que si lo que el demandante perseguía era la
exclusión de dicha posibilidad, debió demandar o bien todo el texto del
artículo o la parte de la norma que establece las causas y las consecuencias
que dan origen a su ejercicio.

Así, sostiene que en este caso existe una indebida formulación del cargo,
debido a la ausencia de determinación del objeto de la demanda, razón por la
cual la Corte debe proferir un fallo inhibitorio.

Aun así, de considerarse que es posible proferir un fallo de fondo, advierte


que sería necesario que esta Corporación haga uso de la figura excepcional de
la integración de la unidad normativa, aunque, en su sentir, ello “conllevaría
a que la Corte actuara de manera oficiosa, al completar una carga que, por
lo demás, ha debido cumplir el actor al momento de la formulación de su
demanda”.

A continuación, sostiene que si la Corte Constitucional decide hacer un


pronunciamiento de fondo, la conclusión a la que debería llegarse es a la
declaración de constitucionalidad de la norma acusada.

Para fundamentar su argumento, el interviniente empieza por distinguir dos


situaciones que plantea el artículo acusado: (i) la relacionada con los
momentos procesales en los que puede ordenarse la reapertura del proceso,
estos son, culminada la etapa de indagación preliminar y a la terminación de
la instrucción o apertura del proceso de responsabilidad fiscal y (ii) la
referente a las causales por las cuales procede dicha decisión.

En cuanto a la primera de estas circunstancias, las consideraciones


presentadas por el interviniente resultan coincidentes de manera casi idéntica
con las que sobre el particular efectuó la Universidad del Rosario.
En relación con la segunda, esto es, en cuanto a las causales por las cuales
procede la orden de reapertura, sostiene que la justificación para que el
legislador estableciera la posibilidad de reabrir el proceso cuando aparecieran
nuevas pruebas que determinen la existencia de un daño patrimonial al
Estado, se encuentra en el objeto principal del proceso de responsabilidad
fiscal de garantizar el adecuado manejo de los recursos públicos y proteger el
interés general. De otro lado, a su juicio, cuando la decisión de archivo se
basa en una prueba falsa, se está desarrollando con mayor rigor el objeto de
este tipo de asuntos, teniendo en cuenta que ello significa, además, que han
desaparecido los fundamentos de hecho y de derecho de la decisión y, en
consecuencia, que el acto administrativo ha perdido su fuerza ejecutoria.

Finalmente, en su criterio, en cualquiera de los dos casos atrás señalados es


errado sostener, como lo hace el demandante, que se esté consagrando la
posibilidad de dilatar de manera injustificada los procesos, ya que el artículo
acusado establece expresamente que esta posibilidad sólo puede ejercerse
antes de que se produzca la prescripción de la responsabilidad o la caducidad
de la acción fiscal.

V. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN

En su concepto, el representante del Ministerio Público solicita a la Corte


Constitucional que se declare inhibida para emitir un pronunciamiento de
fondo sobre el aparte acusado por ineptitud sustantiva de la demanda o, en
caso de que esta Corporación decida realizar una integración de la unidad
normativa con el resto del contenido del artículo 17 de la Ley 610 de 2000,
solicita que se declare la exequibilidad de la norma acusada.

Respecto de la primera de dichas peticiones, el Procurador afirma que el


demandante no cumplió con el requisito de establecer el objeto sobre el cual
versa la acusación, esto es, el precepto o preceptos jurídicos que a juicio del
actor resultan contrarios al ordenamiento constitucional, ya que si se llegara a
declarar inexequible el aparte del artículo 17 que el accionante acusa, esta
decisión “tendría como resultado una norma inoperante, que carecería de
sentido”, lo que llevaría necesariamente a un fallo inhibitorio.

No obstante, estima necesario que esta Corporación realice una integración de


la unidad normativa que permita armonizar el aparte acusado con todo el
contenido del artículo 17 de la Ley 610 de 2000, lo que permitiría efectuar el
análisis de fondo de los cargos propuestos por el demandante. En este nuevo
escenario, el Procurador considera que la norma debe ser declarada exequible,
lo que sustenta en los siguientes argumentos:
- Para empezar, el representante del Ministerio Público efectúa algunas
precisiones respecto del proceso establecido en la Ley 610 de 2000. Así, luego
de realizar una extensa cita de la sentencia C-447 de 2001, señala que la
indagación preliminar no es una etapa del proceso de responsabilidad fiscal,
sino que es el momento en el que las Contralorías efectúan las investigaciones
necesarias respecto de los actos sujetos a control.

Indica que si con ocasión de esa labor de vigilancia surge información que
permita concluir que existió un daño fiscal, la autoridad debe dar inicio al
“segundo momento”, esto es, al proceso de responsabilidad fiscal como tal, el
cual tiene como finalidad principal resarcir el perjuicio causado. El acto que
declare la responsabilidad será un acto administrativo que, como tal, puede
ser llevado a control en la jurisdicción de lo contencioso administrativo.

- A su juicio, la posibilidad de ordenar la reapertura de la indagación


preliminar o del proceso de responsabilidad fiscal, tal y como está prevista en
el artículo acusado, responde a unos supuestos que se muestran razonables, ya
que sólo opera (i) cuando quiera que aparezcan nuevas pruebas que acrediten
la existencia del daño patrimonial al Estado o la responsabilidad del gestor
fiscal, es decir, cuando se advierte la existencia de un hecho desconocido o
(ii) cuando se demuestra que la decisión de archivo tuvo fundamento en
pruebas falsas, decisión que por ese hecho resultaría materialmente injusta.

En estas situaciones, afirma, no podría alegarse entonces que la firmeza y


ejecutoria del acto administrativo de archivo impiden la reapertura del
proceso, ya que ello impediría hacer realidad el principio de prevalencia del
interés general y la realización de la justicia material.

- Pero, adicionalmente, el Procurador estima que la reapertura del proceso no


puede interpretarse como una habilitación para que existan actuaciones que se
dilaten de manera injustificada en el tiempo, ya que, en realidad, el artículo
acusado establece un límite temporal para su ejercicio, este es, el de la
prescripción de la responsabilidad o el de la caducidad de la acción fiscal. De
esta manera, la acusación del actor en este sentido es errada.

- Finalmente, para el representante del Ministerio Público tampoco es cierto,


como indica el demandante, que cuando se encuentre que la decisión de
archivo proferida se basó en pruebas falsas, esto deba ser llevado al proceso
penal por ser ese el escenario adecuado para el efecto; ello, por cuanto en el
marco de un juicio penal no sería posible obtener una declaración de
responsabilidad fiscal.

Estas razones, concluye, son las que sustentan la solicitud de declaratoria de


exequibilidad del precepto demandado.
VI. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS

1. Competencia

Por dirigirse la demanda contra una norma que hace parte de una ley de la
República (art. 17 de la Ley 610 de 2000) esta Corporación es competente
para decidir sobre su constitucionalidad, tal y como lo prescribe el artículo
241-4 de la Constitución Política.

2. Cuestión previa

Algunos de los intervinientes y el Ministerio Publico, a la manera de petición


principal, le solicitan a la Corte que se declare inhibida para emitir
pronunciamiento de fondo, en razón a que el actor no identificó con precisión
el objeto sobre el cual versa la acusación, que es uno de los requisitos de
procedibilidad de la acción de inconstitucionalidad. Al respecto, sostienen que
la demanda se dirigió contra un aparte del artículo 17 de la Ley 610 de 2000,
la expresión “procederá la reapertura de la indagación o del proceso”, que
de ser declarada inexequible, dejaría sin sentido el resto de la norma,
haciéndola inoperante. De esta manera, consideran que no se estructuró una
proposición jurídica completa que permita proferir un fallo de fondo con
relevancia constitucional.

Sin mayores consideraciones, la Corte debe apartarse de la solicitud de


proferir decisión inhibitoria en la presente causa, toda vez que, aun cuando
formalmente el actor sólo destacó como demandada la expresión “procederá
la reapertura de la indagación o del proceso”, de los cargos formulados se
puede inferir, sin discusión alguna, que, en realidad, la acusación se dirige
contra todo el contenido del artículo 17 de la Ley 610 de 2000, del cual hace
parte dicha expresión.

En efecto, el artículo 17 de la Ley 610 regula el tema de la reapertura de la


indagación preliminar o del proceso de responsabilidad fiscal, a través de dos
incisos. En el primero, del cual forma parte la expresión destacada, se dispone
que, cuando después de proferido el auto de archivo del expediente en la
indagación preliminar o en el proceso de responsabilidad fiscal, aparecen o se
aportan nuevas pruebas que acrediten la existencia de un daño patrimonial al
Estado o la responsabilidad del gestor fiscal, o se demostrare que la decisión
se basó en prueba falsa, procederá la reapertura de la indagación o del
proceso. Por su parte, en el inciso segundo se aclara que no procederá la
reapertura si después de proferido el auto de archivo, ha operado la caducidad
de la acción o la prescripción de la responsabilidad fiscal.

En la demanda, el actor presenta una crítica general a la posibilidad prevista


en la norma, de habilitar a la autoridad fiscal para anular las decisiones de
archivo y para reabrir investigaciones ya cerradas, lo cual, a su juicio, viola el
debido proceso, generando inseguridad jurídica e indefinición procesal sobre
situaciones individuales, pues los procesos de responsabilidad fiscal pueden
extenderse casi indefinidamente, hasta completar los términos de caducidad
de la acción y de prescripción de la responsabilidad (cinco años). Sobre el
particular, se señala expresamente en algunos apartes de la demanda:

“Tal y como está descrita la norma demandada, significa que, en estos


casos, la etapa procesal puede prolongarse indefinidamente, hasta llegar al
término de prescripción. Esta situación viola el artículo 29 de la Constitución
que consagra que en todas las actuaciones judiciales y administrativas se
debe garantizar el debido proceso sin dilaciones injustificadas. Es decir, que
no pueden existir procesos interminables, como lo pretende la disposición
acusada.

Pese a que la Ley 610 de 2000 en sus artículos 39 y 45 establece el término


de duración de dichas acciones, el artículo 17 ibídem, consagra la
posibilidad de anular una decisión de archivo en la etapa preliminar o
instructiva convirtiendo dicha providencia en provisional quedando el
investigado abocado a una indefinición procesal e inseguridad jurídica sobre
su situación fiscal individual y concreta.”

De la lectura de los cargos queda claro que la intención del actor fue extender
la acusación a todo el contenido del artículo 17 de la Ley 610 de 2000 y no
sólo a la expresión que aparece destacada en la demanda, como lo sostienen
equivocadamente algunos de los intervinientes y el Ministerio Público. Este
hecho se corrobora no solo a partir de la argumentación utilizada para
estructurar la acusación, es decir, del sentido de los cargos, sino también, a
partir de los términos que se emplean en el concepto de violación, ya que el
actor se refiere siempre a “la norma demandada…”, “la disposición
acusada…” y “el artículo 17 ibídem…” y en ningún caso a la “la
expresión” o “aparte acusado”.

Es cierto que uno de los requisitos que deben cumplir las demandas de
inconstitucionalidad para que puedan ser admitidas y falladas es “el
señalamiento de las normas acusadas como inconstitucionales”, presupuesto
que se traduce en la necesidad de identificar plenamente las normas que se
acusan, ya sea mediante su trascripción literal por cualquier medio o
acompañando a la demanda un ejemplar de la publicación oficial de las
mismas. Sin embargo, dicho requisito no ha sido desconocido en esta causa,
pues el actor incluyó en la demanda la trascripción literal de todo el contenido
del artículo 17 de la Ley 610 de 2000, y, además, de los cargos esgrimidos en
su contra se concluye que lo acusado es todo el texto de la citada disposición.

Así las cosas, en virtud del principio pro actione, la Corte considera que hay
lugar a emitir pronunciamiento de fondo en relación con la demanda que en
esta oportunidad se dirige contra el artículo 17 de la Ley 610 de 2000, bajo el
entendido que, en realidad, la acusación se predica de todo su contenido
material.
3. Problema jurídico

Como ya se ha manifestado, el demandante le solicita a la Corte que declare


inexequible el artículo 17 de la Ley 610 de 2000, por considerar que el
mismo, al prever la reapertura de la indagación preliminar y del proceso de
responsabilidad fiscal, luego de haberse ordenado su archivo, viola el derecho
al debido proceso pues la medida conlleva a una prolongación indefinida de la
actuación en el caso concreto, quedando el investigado abocado a una
indeterminación sobre su situación fiscal, por lo menos hasta que se
produzcan la caducidad de la acción o la prescripción de la responsabilidad.

Según el actor, en virtud de la medida legislativa aludida, la decisión de


archivo adoptada en la respectiva actuación fiscal puede ser anulada y
ordenada su reapertura, a pesar del vencimiento de los términos previstos para
la indagación preliminar (seis meses) o para la investigación fiscal (hasta
cinco meses), extendiéndose tales actuaciones hasta por cinco años, que es el
término establecido para que opera la caducidad o la prescripción, generando
inseguridad jurídica e indefinición procesal.

Con respecto a la acusación, quienes intervienen en el proceso y el propio


Ministerio Público, en términos generales, coinciden en señalar que la
reapertura de la indagación preliminar o del proceso fiscal, en las condiciones
previstas por la norma acusada, no viola las garantías del debido proceso,
pues la medida propende por el establecimiento del orden justo y, en todo
caso, está limitada por las figuras de la prescripción de la responsabilidad
fiscal y la caducidad de la acción.

De acuerdo con lo expuesto, en esta oportunidad debe la Corte definir si la


medida legislativa de reabrir la indagación preliminar o el proceso de
responsabilidad fiscal, después de proferido el auto de archivo, y en los
términos de la norma acusada, viola el derecho fundamental al debido proceso
de quienes se encuentran sujetos al control fiscal.

4. El proceso de responsabilidad fiscal. Fundamento jurídico y


características

Como es sabido, los artículos 267 y 272 de la Constitución Política le asignan


a la Contraloría General de la República y a las contralorías de las entidades
territoriales -departamentales, municipales y distritales-, el ejercicio del
control fiscal en Colombia, es decir, la función pública de vigilar la gestión
fiscal de los servidores del Estado y de las personas de derecho privado que
manejen o administren fondos o bienes de la Nación.

La jurisprudencia constitucional se ha referido a la función de control fiscal,


definiéndola como el instrumento idóneo para garantizar "el cabal
cumplimiento de los objetivos constitucionalmente previstos para las finanzas
del Estado."5 A partir de tal definición, ha señalado que el ejercicio de esa
atribución implica un control sobre “la administración y manejo de los bienes
y fondos públicos, en las distintas etapas de recaudo o adquisición,
conservación, enajenación, gasto, inversión y disposición” 6, con el propósito
de determinar "si las diferentes operaciones, transacciones y acciones
jurídicas, financieras y materiales en las que se traduce la gestión fiscal se
cumplieron de acuerdo con las normas prescritas por las autoridades
competentes, los principios de contabilidad universalmente aceptados o
señalados por el Contador General, los criterios de eficiencia y eficacia
aplicables a las entidades que administran recursos públicos y, finalmente, los
objetivos, planes, programas y proyectos que constituyen, en un período
determinado, las metas y propósitos inmediatos de la administración."7

Por mandato expreso de la propia Constitución (art. 267), el control fiscal se


ejerce en forma posterior y selectiva, conforme a los procedimientos, sistemas
y principios que defina el legislador, y debe incluir el ejercicio de un control
financiero, de gestión y de resultados, fundado en la eficiencia, la economía,
la equidad y la valoración de los costos ambientales.

Según lo ha destacado este Tribunal, el control fiscal, posterior y selectivo,


está llamado a desarrollarse en dos momentos que se encuentra íntimamente
relacionados, sin que el segundo deba tener ocurrencia en todos los casos. En
un primer momento, las contralorías llevan a cabo la labor de vigilancia
propiamente dicha, la cual tiene lugar dentro de sus respectivos ámbitos de
competencia, de conformidad con la ley, a través de la práctica de auditorias
sobre los sujetos sometidos al control selectivo, procediendo después a
formular las correspondientes observaciones, conclusiones, recomendaciones,
e incluso, las glosas que se deriven del estudio de los actos de gestión fiscal
controlados. Si como resultado de esa labor de vigilancia, en forma inmediata
o posterior, surgen elementos de juicio de los cuales se pueda inferir posibles
acciones u omisiones eventualmente constitutivas de un daño al patrimonio
económico del Estado, procede el segundo momento en el ejercicio del
control fiscal: la iniciación, trámite y conclusión del proceso de
responsabilidad fiscal, el cual se orienta, tal y como lo ha dicho la Corte, a
“obtener una declaración jurídica, en la cual se precisa con certeza que un
determinado servidor público o particular debe cargar con las consecuencias
que se derivan por sus actuaciones irregulares en la gestión fiscal que ha
realizado y que está obligado a reparar el daño causado al erario público, por
su conducta dolosa o culposa”8.

Sobre el proceso de responsabilidad fiscal, cabe destacar que el mismo


encuentra pleno respaldo en los artículos 268-5 y 272-6 de la Carta, los cuales
le reconocen al Contralor General de la República y a los contralores
5
Sentencia C- 132 de 1993.. En este mismo sentido, se pueden consultar las sentencias C-534 de 1993, C-167
de 1995 y C-374 de 1995.
6
Sentencia C-499 de 1998, citando a su vez las Sentencias C-529 de 1993, C-586 de 1995 y C-570 de 1997.
7
Sentencia C-529 de 1993.
8
Sentencia SU-620 de 1996.
territoriales, competencia para (i) establecer la responsabilidad que se derive
de la gestión fiscal, (ii) imponer las sanciones pecuniarias que sean del caso,
(iii) recaudar el monto de tales sanciones y (iv) ejercer la jurisdicción
coactiva sobre los alcances de dicha responsabilidad. Conforme con tales
disposiciones, los órganos de control fiscal están habilitados
constitucionalmente para exigir a los servidores públicos y a los particulares
que manejan y administran recursos públicos, a través del respectivo proceso
implementado por la ley, responsabilidad fiscal cuando con su proceder,
doloso o culposo, afectan o lesionan el patrimonio público.

De este modo, el proceso fiscal se constituye en una función complementaria


del control y vigilancia de la gestión fiscal que le corresponde ejercer a la
Contraloría General de la República y a las contralorías departamentales,
municipales y distritales, convirtiéndose en el mecanismo jurídico con que
cuentan tales entidades para establecer la responsabilidad de los servidores
públicos y de los particulares, en el manejo de fondos y bienes públicos,
cuando con su conducta -activa u omisiva- se advierte un posible daño al
patrimonio estatal.

Dicho proceso, y la responsabilidad que en él se declara, en razón a su


naturaleza jurídica y a los objetivos y propósitos que persigue, presentan
características muy particulares, acordes con los mandatos de la Constitución
Política y la ley. A ellas se ha referido la Corte en abundante y reiterada
jurisprudencia9, destacando como principales, las siguientes:

a) El proceso de responsabilidad fiscal se origina única y exclusivamente del


ejercicio de una gestión fiscal, esto es, de la conducta de los servidores
públicos y de los particulares que están jurídicamente habilitados para
administrar y manejar dineros públicos. En esos términos, la materia del
proceso es determinar y establecer la responsabilidad de tales sujetos, cuando
en el ejercicio de la gestión fiscal o con ocasión de ésta, causen por acción u
omisión y en forma dolosa o culposa, un daño al patrimonio del Estado. Por
este aspecto, cabe destacar que la Corte declaró la exequibilidad de la
expresión "con ocasión de ésta", contenida en el artículo 1° de la Ley 610 de
2000, norma que regula actualmente la materia, bajo el entendido de que los
actos que materialicen la responsabilidad fiscal deben mantener una relación
de conexidad próxima y necesaria con el desarrollo de la gestión fiscal10.

b) El proceso de responsabilidad fiscal no tiene una naturaleza jurisdiccional


sino administrativa11. Esto significa que el investigado en el proceso fiscal, en
9
Al respecto se pueden consultar las Sentencias SU-620 de 1996, C-557 de 2001, C-840 de 2001, C-131 de
2002, C-832 de 2002 y C-340 de 2007, entre otras.
10
Sentencia C-840/01 M.P. Jaime Araujo Rentería
11
Ciertamente, la Corte ha entendido que los órganos de control llevan a cabo una administración pasiva que
consiste en la verificación de la legalidad, eficacia y eficiencia de la gestión de la administración activa, esto
es, aquella que es esencial y propia de la rama ejecutiva, aunque no exclusiva de ella, pues los otros órganos
del Estado también deben adelantar actividades de ejecución para que la entidad pueda cumplir sus fines. En
este sentido, "la atribución de carácter administrativo a una tarea de control de la Contraloría no convierte a
esa entidad en un órgano de administración activa, puesto que tal definición tiene como único efecto permitir
estricto sentido, no es objeto de juzgamiento, pues no se encuentra sometido
al ejercicio de la función jurisdiccional del Estado. En realidad, la acción
fiscal se desarrolla en el ámbito de la función administrativa, y es a ella a la
que se encuentra sometido el investigado, circunstancia que le permite, una
vez concluido el proceso fiscal, acudir a la justicia contencioso administrativa
para cuestionar la legalidad del procedimiento y la decisión en él proferida, la
cual constituye un acto administrativo. 12 Sobre esto último, ha resaltado la
Corte que la posibilidad de controvertir el proceso de responsabilidad fiscal
por la vía contenciosa “implica que los servidores públicos o los particulares
que cumplen gestión fiscal cuentan con dos escenarios posibles para plantear
sus pretensiones y que ante cada uno de ellos son titulares de unos derechos
que, aunque con las matizaciones de cada caso, no pueden ser
desconocidos”13.

c) La responsabilidad fiscal que se declara en el proceso es esencialmente


patrimonial y no sancionatoria, toda vez que tiene una finalidad
exclusivamente reparatoria, en cuanto persigue la indemnización por el
detrimento patrimonial ocasionado al Estado. Según lo ha explicado esta
Corporación, el perjuicio material ocasionado al patrimonio estatal, como
consecuencia de un mal manejo de los recursos públicos, se repara mediante
indemnización, que puede comprender tanto el daño emergente, como el lucro
cesante, de modo que el afectado, el Estado, quede indemne, esto es, como si
el perjuicio nunca hubiera ocurrido.

Cabe precisar sin embargo que “el resarcimiento del perjuicio, debe guardar
correspondencia directa con la magnitud del daño causado más no puede
superar ese límite."14. Y no podría ser de otra manera, ya que en caso de
ordenar una indemnización superior al monto total del daño, generaría un
enriquecimiento sin causa. La indemnización por los daños materiales
sufridos debe ser integral, de tal forma que incluya el valor del bien perdido o
lesionado (daño emergente), y el monto de lo que se ha dejado de percibir en
virtud de tal lesión (lucro cesante), a lo cual se suma la indexación
correspondiente, que para el caso de la responsabilidad fiscal, se halla prevista
en el inciso segundo del artículo 53 de la ley 610 de 2000 15. Tal
indemnización no puede incluir otros factores que desborden el carácter
indemnizatorio de la sanción.
la impugnación de esa actuación ante la jurisdicción de lo contencioso administrativo. (…) Es pues una labor
en donde los servidores públicos deciden y ejecutan, por lo cual la doctrina suele señalar que al lado de esa
administración activa existe una administración pasiva o de control, cuya tarea no es ejecutar acciones
administrativas sino verificar la legalidad y, en ciertos casos, la eficacia y eficiencia de gestión de la
administración activa." Sentencia C-189 de 1998, M.P. Alejandro Martínez Caballero. Ver también Op Cit. SU
620 de 1996, C-540 de 1997, M.P. Hernando Herrera Vergara
12
Sobre el particular ver el análisis efectuado e la Sentencia C-557 de 2001. Consultar también la Sentencia T-
1159 de 2001. Cabe precisar que, mediante Sentencia C-557 de 2001, esta Corporación declaró la
exequibilidad de la expresión “solamente” contenida en el artículo 59 de la Ley 610 de 2000 y relacionada
con la impugnación, ante la jurisdicción de lo contencioso administrativo, del acto con el cual termina el
proceso de responsabilidad fiscal. En ese pronunciamiento se precisó, no obstante, que los actos de trámite si
son impugnables ante esa jurisdicción siempre que se demande el acto que le puso fin al proceso.
13
Sentencia C-131 de 2002.
14
Sentencia C-197 de 1993.
15
Ver Sentencia C-840 de 2001.
d) La responsabilidad fiscal es independiente y autónoma de otros tipos de
responsabilidad. En ese sentido, la responsabilidad fiscal es distinta de la
responsabilidad disciplinaria o de la responsabilidad penal que puedan
generarse por unos mismos hechos, resultando constitucionalmente admisible
el fenómeno de la acumulación de responsabilidades, fiscal, disciplinaria y
penal, con la aclaración, hecha ya por la Corte, de que si se persigue la
indemnización de perjuicios a favor del Estado dentro del proceso penal, no es
procedente al mismo tiempo obtener un nuevo reconocimiento de tales
perjuicios a través de un proceso fiscal16.

Sobre el punto, ha precisado esta Corporación que los bienes jurídicos


protegidos en cada tipo de responsabilidad -fiscal, penal y disciplinaria- son
diferentes y que los objetivos perseguidos en cada caso son igualmente
diversos. Así, por ejemplo, contrario a lo que sucede en materia penal en
donde la reparación de los perjuicios ocasionados al patrimonio estatal no
genera cesación de procedimiento o absolución por la conducta punible
atribuida al servidor, en cuanto lo que se censura es la vulneración del bien
jurídico protegido por el derecho penal, -como por ejemplo en materia de
peculado, la administración pública-, en el ámbito fiscal la acción respectiva
podrá cesar si se demuestra que el daño investigado ha sido resarcido
totalmente (artículo 16 de la Ley 610 de 2000).

En relación con esto último, la Corte, en la Sentencia C-661 de 2000, al


referirse a la diferente naturaleza que tiene el daño en la responsabilidad
disciplinaria y en la fiscal, precisó que mientras en el ámbito disciplinario el
daño es extrapatrimonial y no susceptible de valoración económica, en el
escenario de la responsabilidad fiscal el daño es estrictamente patrimonial. En
consecuencia, complementó la Corte, “...el proceso disciplinario tiene un
carácter sancionatorio, pues busca garantizar la correcta marcha y el buen
nombre de la cosa pública, por lo que juzga el comportamiento de los
servidores públicos ‘frente a normas administrativas de carácter ético
destinadas a proteger la eficiencia, eficacia y moralidad de la administración
pública’17”, al paso que “... el proceso fiscal tiene una finalidad resarcitoria,
toda vez que ‘el órgano fiscal vigila la administración y el manejo de los
fondos o bienes públicos, para lo cual puede iniciar procesos fiscales en donde
busca el resarcimiento por el detrimento patrimonial que una conducta o una
omisión del servidor público o de un particular haya ocasionado al Estado18”.

Se concluyó en dicho fallo que, frente a las referidas diferencias, “el


Legislador no puede atribuir a la Contraloría facultades que invadan la función
disciplinaria asignada a otro órgano autónomo, en tanto que los órganos de
control deben ejercer sus funciones separada y autónomamente (C.P., art. 113),
conforme con la naturaleza jurídica de los poderes disciplinario y fiscal del
16
Ver Sentencia C-046 de 1994.
17
Sentencia C-244 de 1996.
18
En relación con el fundamento resarcitorio de la responsabilidad fiscal, pueden consultarse las sentencias
C-046 de 1994, SU-620 de 1996 y T-973 de 1999.
Estado (C.P., art. 268, 277 y 278).” Destacó el Tribunal que el artículo 268 de
la Carta prevé la separación de las funciones disciplinarias y fiscales, y que
con fundamento en tal disposición, le compete al contralor definir la
responsabilidad que se derive de la gestión fiscal (C.P. art. 268-5), y promover
ante las autoridades competentes las investigaciones penales o disciplinarias a
que haya lugar contra quienes han causado perjuicio a los intereses
patrimoniales del Estado (C.P art. 268-8).

e) La responsabilidad fiscal es de carácter subjetivo, pues para deducirla es


necesario determinar si el imputado obró con dolo o con culpa. Al respecto, ha
dicho la Corte que en materia de responsabilidad fiscal está proscrita toda
forma de responsabilidad objetiva y, por tanto, la misma debe individualizarse
y valorarse a partir de la conducta del agente.

Ha resaltado la jurisprudencia que, aun cuando la Constitución no fija de


manera expresa un criterio normativo de imputación de la responsabilidad
fiscal, entendiendo por tal aquella razón de justicia que permite atribuir el
daño antijurídico a su autor, la determinación de dicho criterio le corresponde
al legislador, con base en el artículo 124 de la Carta que prevé que “La ley
determinará la responsabilidad de los servidores públicos y la manera de
hacerla efectiva”. Con base en ello, ha precisado la propia jurisprudencia
constitucional, que la responsabilidad fiscal es tan sólo una “especie de la
responsabilidad que en general se puede exigir a los servidores públicos o a
quienes desempeñen funciones públicas, por los actos que lesionan el servicio
o el patrimonio público” , y que, por lo tanto, en ese escenario -el de la
responsabilidad fiscal-, el criterio normativo de imputación no puede ser
mayor al establecido por la Constitución Política en el inciso 2° de su artículo
90 para el caso de la responsabilidad patrimonial de los agentes frente al
Estado (dolo o culpa grave).

f) Finalmente, para establecer la responsabilidad que les asiste a los servidores


públicos y a los particulares, por el indebido manejo o administración de los
dineros o bienes públicos a su cargo, los órganos de control fiscal están
obligados a obrar con observancia plena de las garantías sustanciales y
procesales propias del debido proceso, las cuales deben armonizarse con los
principios que gobiernan la función administrativa, es decir, con los principios
de igualdad, moralidad eficacia, economía, celeridad, imparcialidad y
publicidad (C.P. art. 209). En ese escenario, la Corte ha dejado claro que el
artículo 29 de la Carta Política, en el que se consagra el derecho fundamental
al debido proceso para todo tipo de actuaciones judiciales y administrativas, es
aplicable al proceso de responsabilidad fiscal con los matices que le son
propios a dicha función administrativa, concretamente, en lo que toca con las
siguientes garantías sustanciales y procesales: “legalidad, juez natural o legal
(autoridad administrativa competente), favorabilidad, presunción de inocencia,
derecho de defensa, (derecho a ser oído y a intervenir en el proceso,
directamente o a través de abogado, a presentar y controvertir pruebas, a
Sentencia C-619 de 2002.
oponer la nulidad de las actuaciones con violación del debido proceso, y a
interponer recursos contra la decisión condenatoria), debido proceso público
sin dilaciones injustificadas, y a no ser juzgado dos veces por el mismo
hecho”19.

A manera de síntesis, siguiendo lo expresado por esta Corporación, puede


afirmarse que la responsabilidad fiscal, y el proceso que la define, tiene como
fundamento la protección del patrimonio económico del Estado, siendo
competencia del legislador establecer las reglas que le son aplicables; (i) su
finalidad es eminentemente reparatoria y no sancionatoria, en cuanto lo que
persigue es garantizar los recursos públicos frente al daño derivado de la mala
gestión fiscal; (ii) por esa misma razón es autónoma e independiente y opera
sin perjuicio de que subsistan por unos mismos hechos cualquier otro tipo de
responsabilidad -penal y disciplinaria-; (iii) está definida por un criterio
normativo de imputación de carácter subjetivo que se estructura con base en el
dolo y la culpa grave del agente, y se origina en el daño antijurídico sufrido
por el Estado y el nexo causal entre dicho daño y la conducta activa u omisiva
del sujeto respecto del manejo inadecuado de recursos públicos; y (iv) su
determinación o establecimiento debe someterse a las garantías sustanciales y
procesales del debido proceso y a los principios que orientan la función
administrativa.

5. Regulación legal del debido proceso de responsabilidad fiscal

Acorde con lo anotado en el apartado anterior, el proceso de responsabilidad


fiscal es una actividad complementaria de la función de control y vigilancia
de la gestión fiscal que le corresponde ejercer a la Contraloría General de la
República y a las contralorías territoriales del orden departamental, municipal
y distrital, y se constituye en el mecanismo jurídico con que cuentan tales
entidades para establecer la responsabilidad de los servidores públicos y de
los particulares, en el manejo de fondos y bienes públicos.

El mismo encuentra respaldo en los artículos 268-5 y 272-6 de la


Constitución Política, que le reconocen al Contralor General de la República
y a los contralores territoriales, competencia para establecer la
responsabilidad que se derive de la gestión fiscal, imponer las sanciones
pecuniarias que sean del caso, recaudar el monto de tales sanciones y ejercer
la jurisdicción coactiva sobre los alcances deducidas de la misma.

La regulación del proceso de responsabilidad fiscal es competencia exclusiva


y excluyente del legislador, con base en el artículo 124 de la Carta que prevé
que “La ley determinará la responsabilidad de los servidores públicos y la
manera de hacerla efectiva”, y con base en artículo 267 del mismo
ordenamiento superior, que de manera especial delega en la ley la facultad
para establecer “los procedimientos, sistemas y principios” que permitan el
ejercicio del control fiscal.
19
Sentencia SU-620 de 1996.
Cabe destacar, como ya se hizo, que el proceso de responsabilidad fiscal se
encuentra sometido al derecho al debido proceso consagrado en el artículo 29
de la nueva Carta Política. Por tal razón, con los matices que le son propios al
ejercicio de esa función, al mismo le son aplicables las garantías sustanciales
y procesales previstas en la citada disposición, tales como los principios de
legalidad, juez natural (autoridad administrativa competente) y favorabilidad,
la presunción de inocencia, el derecho de defensa que comporta el derecho a
ser oído y a intervenir en el proceso, directamente o a través de apoderado, a
presentar y controvertir pruebas, a solicitar la nulidad de la actuación cuando
se configure violación al debido proceso, a interponer recursos, a la
publicidad del proceso, a que éste se desarrolle sin dilaciones injustificadas, y
a no ser juzgado dos veces por el mismo hecho.

Las garantías propias del debido proceso, aplicables al proceso de


responsabilidad fiscal, deben también armonizarse con los principios de
igualdad, moralidad eficacia, economía, celeridad, imparcialidad y publicidad,
los cuales orientan todas las actuaciones administrativas, en particular la
gestión de control fiscal. (C.P. art. 209).

En ese contexto, el proceso de responsabilidad fiscal fue regulado inicialmente


en la Ley 42 de 1993, “Sobre la Organización del sistema de control fiscal
financiero y los organismos que lo ejercen”. No obstante, en la medida que
dicho ordenamiento presentó ostensibles inconsistencias, deficiencias y vacíos
frente a las garantías del debido proceso, advertidas por la Corte en distintos
pronunciamientos sobre la materia, el legislador procedió a expedir la Ley 610
de 2000, “por la cual se establece el trámite de los procesos de
responsabilidad fiscal de competencia de las contralorías”. A través de dicha
ley, se buscó entonces establecer un régimen integral para el trámite del
proceso fiscal, incorporando una serie de garantías a favor de los implicados,
en correspondencia con el tratamiento jurisprudencial sobre la materia y el
respeto por el debido proceso.

Así, en la actualidad, es la Ley 610 de 2000 la que regula el proceso de


responsabilidad fiscal, definiéndolo como “el conjunto de actuaciones
administrativas adelantadas por las contralorías con el fin de determinar y
establecer la responsabilidad de los servidores públicos y de los particulares,
cuando en el ejercicio de la gestión fiscal o con ocasión de ésta, causen por
acción u omisión y en forma dolosa o culposa un daño al patrimonio del
Estado”. (art. 1º).

En sus primeras disposiciones, la citada ley hace referencia los principios


orientadores del proceso fiscal, disponiendo someterlo a los artículos 29 y 209
de la Constitución Política y al Código Contencioso Administrativo (art. 2º),
define qué se entiende por gestión fiscal (art.3º), precisa que el objeto de ese
proceso es el resarcimiento de los daños ocasionados al patrimonio público
(art. 4º), señala los elementos de la responsabilidad fiscal (art. 5º) y aclara lo
que se entiende por daño patrimonial al Estado y por pérdida, daño o deterioro
de bienes (art. 6º).

Del proceso fiscal propiamente dicho, se ocupa la Ley 42 de 1993 a partir del
artículo 8º. Los rasgos más representativos de dicho proceso han sido también
referenciados por esta Corporación en distintos pronunciamientos sobre la
materia20, siendo del caso destacar, para lo que interesa a esta causa, los
siguientes:

a) El proceso puede iniciarse de oficio por las propias contralorías, a


solicitud de las entidades vigiladas, o por denuncias o quejas
presentadas por cualquier persona u organización ciudadana,
especialmente por las veedurías ciudadanas. (Artículo 8°).

b) El proceso se inicia formalmente con el auto de apertura del proceso, el


cual debe ser notificado a los presuntos responsables. (artículos 39 y
40).

c) La acción fiscal caducará si transcurridos cinco (5) años desde la


ocurrencia del hecho generador del daño al patrimonio público, no se ha
proferido auto de apertura del proceso de responsabilidad fiscal. De
igual manera, la responsabilidad fiscal prescribirá en cinco (5) años,
contados a partir del auto de apertura del proceso de responsabilidad
fiscal, si dentro de dicho término no se ha dictado providencia en firme
que lo declare (art. 9º).

d) Antes de abrirse formalmente el proceso, si no existiese certeza sobre la


ocurrencia del hecho, la causación del daño patrimonial con ocasión de
su acaecimiento, la entidad afectada y los presuntos responsables, podrá
ordenarse indagación preliminar por el término de seis (6) meses, al
cabo de los cuales procederá el archivo de las diligencia o la apertura
del proceso de responsabilidad fiscal. (Artículo 39).

e) Cuando se encuentre establecida la existencia de un daño patrimonial al


Estado, e indicios serios sobre los posibles autores del mismo, se
ordenará entonces la apertura del proceso de responsabilidad fiscal.
(Articulo 40). Una vez abierto el proceso, en cualquier momento podrán
decretarse medidas cautelares sobre los bienes de las personas
presuntamente responsables. (Artículo 12).

f) En el auto de apertura del proceso, entre otros asuntos, se deberá


identificar a la entidad afectada y a los presuntos responsables, y
determinarse el daño patrimonial y la estimación de su cuantía. Dicho
auto, además, debe contener el decreto de las pruebas que se estimen
conducentes y pertinentes, el decreto de las medidas cautelares que
20
Sobre el tema se pueden consultar las Sentencias C-477 de 2001, C-557 de 2001 y C-840 de 2001, entre
otras.
deberán practicarse antes de la notificación, y la orden de practicar
después de ellas, la respectiva notificación. (Artículo 41).

g) Como garantía de la defensa del implicado, el artículo 42 prescribe que


quien tenga conocimiento de la existencia de indagación preliminar o
proceso de responsabilidad fiscal en su contra, antes de que se le
formule auto de imputación de responsabilidad fiscal, tiene el derecho
de solicitar que se le reciba exposición libre y espontánea. De todas
maneras, no puede proferirse el referido auto de imputación, si el
presunto responsable no ha sido previamente escuchado.

h) Si el imputado no puede ser localizado o si citado no comparece, se le


debe nombrar un apoderado de oficio con quien se continuará el trámite.
(Artículo 43).

i) El término para adelantar estas diligencias es de tres (3) meses,


prorrogables por dos (2) meses más, vencido el cual se archivará el
proceso o se dictará auto de imputación de responsabilidad fiscal.
Notificado a los presuntos responsables el auto de imputación, se les
correrá traslado por el término de diez (10) días a fin de que presenten
los argumentos de su defensa, y soliciten y aporten las pruebas que
pretendan hacer valer. (Artículos 45 a 50).

j) El investigado o quien haya rendido exposición libre y espontánea


podrá solicitar la práctica de aquellas pruebas que considere
conducentes y controvertir las recaudadas y. Si su solicitud de pruebas
le es denegada podrá interponer los recursos de reposición y apelación
contra tal decisión. (artículos 24 y 32).

k) Vencido el término del traslado anterior, se debe dictar el auto que


decrete las pruebas solicitadas, o las que de oficio se encuentren
conducentes y pertinentes. El término probatorio no podrá ser superior a
treinta (30) días y contra el auto que rechace pruebas proceden los
recursos de reposición y apelación. (Artículo 51).

l) Vencido el término del traslado, y practicadas las pruebas pertinentes, el


funcionario competente proferirá decisión de fondo, denominada fallo,
en la cual se declarará la existencia o inexistencia de la responsabilidad
fiscal, según el caso, dentro del término de treinta (30) días. (arts. 52, 53
y 54).

m) La providencia que decide el proceso de responsabilidad fiscal se


notificará en la forma y términos que establece el Código Contencioso
Administrativo y contra ella proceden los recursos allí señalados. (art.
55).
n) Apelada la decisión, el funcionario de segunda instancia deberá decidir
dentro de los veinte (20) días hábiles siguientes, pudiendo decretar
pruebas de oficio por un término de diez (10) días. (art.57).

o) En firme la providencia que declare la responsabilidad fiscal, ésta será


demandable ante la jurisdicción contencioso administrativa. (art. 59).

Respecto de la normatividad que regula el proceso de responsabilidad fiscal, la


Corte ha destacado distintos aspectos. Ha señalado al respecto que, por su
intermedio, a diferencia de lo ocurrido con la Ley 42 de 1993, el legislador
incorporó una serie de medidas que buscan asegurar que las autoridades
administrativas ejerzan sus competencias respetando las garantías del
implicado a un debido proceso, permitiendo a éste el derecho a ser oído, a
defenderse y a intervenir activamente en el proceso, e incluso en la indagación
preliminar, ya sea directamente o a través de apoderado.

También ha resaltado la jurisprudencia, que el proceso mediante el cual se


declara la responsabilidad fiscal cuenta con una sola fase, lo que contribuye a
evitar dilaciones injustificadas en este tipo de actuaciones administrativas, y
que el mismo se inicia formalmente sólo a partir de la expedición del auto de
apertura. Por esta razón, la indagación preliminar, aun cuando puede
coadyuvar a la verificación de la conducta que afecta el patrimonio público y a
la identificación de su autor, en estricto sentido no hace parte integral del
proceso de responsabilidad fiscal. De ahí que en aquellos casos donde a través
de la indagación preliminar no se puedan verificar los presupuestos señalados
en el artículo 39 de la Ley 610, la consecuencia inmediata es el archivo de la
actuación, negándose el paso al proceso de responsabilidad fiscal. Sobre este
particular, dijo la Corte en la Sentencia C-840 de 2001, lo siguiente:

“Siendo del caso enfatizar desde ahora que, con arreglo a la nueva preceptiva
legal el proceso de responsabilidad fiscal se inicia formalmente a partir de la
expedición del auto de apertura (art. 40 ib.) Por contraste, la indagación
preliminar, si bien puede contribuir a la precisión y determinación de los
elementos necesarios a la apertura del proceso de responsabilidad fiscal,
formalmente no hace parte del mismo. Tanto es así que en los casos en que a
través de la indagación preliminar no se logren verificar los aspectos señalados
por el artículo 39 de la ley 610 dentro del término de 6 meses, se deberá
concluir con un auto de archivo. Vale decir, en tales hipótesis no existirá
proceso de responsabilidad fiscal, ya que su presencia se anuncia sólo a partir
del auto de apertura. En consonancia con esto el artículo 9 de la misma ley
sitúa la fecha de este auto como el extremo que marca la consolidación
quinquenal de la caducidad de la acción fiscal. Así, pues, hoy nos hallamos
ante una regulación que presenta un estructura temática y procedimental
mucho más garantista del debido proceso, sin que ello obste para que los
ciudadanos puedan instaurar las correspondientes demandas en acción de
inconstitucionalidad”.
Por lo demás, la Corte ha destacado que la apertura del proceso de
responsabilidad fiscal se surte a través de un auto de trámite que se profiere
cuando se haya acreditado el daño patrimonial al Estado y se cuente con
pruebas serias sobre los autores del mismo. Se trata de una providencia que da
lugar al inicio del proceso de responsabilidad fiscal, la cual debe sustentarse
fáctica y jurídicamente, y en ella se decretan pruebas y medidas cautelares, si
hay lugar a las mismas, y que tiene que notificarse a los presuntos
responsables, en caso de que hayan sido identificados, para que ejerzan los
derechos de defensa y contradicción. Dictado el auto de apertura, corre
entonces el término probatorio o su prórroga, vencido el cual el investigador
fiscal decide si archiva el proceso o si profiere auto de imputación de
responsabilidad fiscal.

Hay lugar a proferir el auto de imputación de responsabilidad fiscal si está


demostrado el daño al patrimonio del Estado y si existe prueba que
comprometa la responsabilidad de los implicados. Con posterioridad corre el
término para presentar los argumentos de defensa, solicitar y aportar pruebas.
Agotada la etapa, el funcionario profiere fallo con o sin responsabilidad fiscal,
el cual es a su vez es impugnable ante la jurisdicción contenciosa
administrativa.

6. Análisis de constitucionalidad de la norma acusada. La medida que


dispone la reapertura del proceso de responsabilidad fiscal no viola
el debido proceso.

La norma acusada, el artículo 17 de la Ley 610 de 2000, se inscribe en el


contexto del debido proceso de responsabilidad fiscal al que se hizo expresa
referencia en el apartado anterior. Por su intermedio se regula el tema de la
reapertura de la indagación preliminar o del proceso de responsabilidad fiscal.
A este respecto, dispone la norma en el primer inciso, que se procederá a la
reapertura de la indagación preliminar o del proceso, cuando después de
proferido el auto de archivo del expediente se cumplan las siguientes
condiciones: que (i) “aparecieren o se aportaren nuevas pruebas que
acrediten la existencia de un daño patrimonial al Estado o la responsabilidad
del gestor fiscal”, o que (ii) “se demuestre que la decisión se basó en prueba
falsa”. Aclara la norma en su segundo inciso, (iii) que “no procederá la
reapertura si después de proferido el auto de archivo, ha operado la
caducidad de la acción o la prescripción de la responsabilidad fiscal”.

Para entender el alcance de la medida, basta con recordar que el proceso


mediante el cual se declara la responsabilidad fiscal, se inicia formalmente a
partir de la expedición del auto de apertura y que la indagación preliminar, en
estricto sentido, no hace parte integral del mismo. Esta última, la indagación
preliminar, es entonces una etapa previa a la apertura formal del proceso, la
cual se decreta, hasta por un término de seis (6) meses, cuando no existiese
certeza sobre la ocurrencia del hecho, la causación del daño patrimonial, la
entidad afectada y los presuntos responsables, y que concluye con el archivo
de las diligencias o con la apertura del proceso de responsabilidad fiscal. Si se
acredita la existencia de un daño patrimonial al Estado, y existen indicios
serios sobre los posibles autores del mismo, se procede a ordenar la apertura
del proceso de responsabilidad fiscal, dando paso a la etapa de instrucción o
investigación, la cual se debe desarrollar en un término de tres (3) meses,
prorrogables por dos (2) meses más, vencido el cual se archivará el proceso o
se dictará auto de imputación de responsabilidad fiscal.

En ese escenario tiene lugar la aplicación de la medida acusada, que como ya


se anotó, dispone la reapertura de la indagación preliminar o de la
investigación en el proceso fiscal, precisamente, cuando una y otra etapa
concluye con auto de archivo de las respectivas diligencias.

El demandante cuestiona la legitimidad de la medida, sobre la base de que


promueve la inseguridad jurídica y la indefinición procesal respecto de
situaciones individuales sujetas a control fiscal, pues las indagaciones
preliminares e investigaciones pueden extenderse casi indefinidamente, más
allá de los términos perentorios previstos en la ley para cada una de las
diligencias. En este sentido, aduce que la norma desconoce el carácter
definitivo de las decisiones fiscales, concretamente, de aquellas que ordenan el
archivo del expediente.

En punto a la presente controversia, recuerda la Corte, como cuestión inicial,


que la Constitución Política delegó en el legislador la atribución para regular
los procedimientos, reglas y sistemas aplicables al ejercicio de la función de
control fiscal en Colombia (C.P. art. 267). Por lo tanto, la definición del
trámite que debe seguirse para establecer la responsabilidad fiscal, incluyendo
las medidas relacionadas con la firmeza de las decisiones, le corresponde
directamente a la ley, dentro de un marco amplio de libertad de configuración
normativa.

En el tema específico de la firmeza de las actuaciones y decisiones que se


adoptan en el ejercicio de la función de control fiscal, en pronunciamiento
anterior21, esta Corporación ya había advertido que la Carta Política no
contempla patrones ni criterios específicos a partir de los cuales se pueda
deducir en qué momento tales actuaciones y decisiones deben adquirir
firmeza y, por tanto, constituirse en una fuente de derechos u obligaciones
para quienes se han visto favorecidos o afectados con ellas. Aclaró al
respecto, que se trata de una materia que ha sido delegada por completo al
legislador, el cual, amparado en un principio de razón suficiente, puede
entonces entrar a definir todo lo relacionado con las medidas alusivas al
control fiscal y con la firmeza o el carácter definitorio de sus decisiones.

Esta posición fue fijada por la Corte en la Sentencia C-046 de 1994, al


resolver una demanda de inconstitucionalidad contra el artículo 17 de la Ley
21
Sentencia C-046 de 1994.
42 de 1993, ya derogada, que, precisamente, contemplaba la posibilidad de
levantar el fenecimiento de las cuentas dentro del ejercicio del control fiscal,
cuando con posterioridad a su revisión aparecieran pruebas de operaciones
fraudulentas o irregulares relacionadas con ellas. Al respecto, se dijo en el
mencionado fallo:

“El actor alega que como situación individual y concreta, los funcionarios del
erario inicialmente favorecidos con la declaratoria de un fenecimiento a sus
cuentas sin observaciones, tienen un verdadero derecho a la firmeza de este
tipo de pronunciamientos. De la Constitución no puede deducirse criterio
alguno que indique a partir de qué momento las actuaciones administrativas o
las puramente técnicas de fiscalización de la gestión fiscal, deben adquirir
firmeza y ser fuente de derechos u obligaciones para ciertos sujetos
favorecidos o afectados por ellas. Se trata, sin duda, de una materia
enteramente deferida a la ley que, con apoyo en las más variadas razones,
puede definir lo que puede denominarse cosa decidida en materia
administrativa o en materia de control fiscal”.22

De esta manera, aun cuando por regla general las decisiones que ponen fin a
las diferentes etapas que comprenden el ejercicio de la función de control
fiscal están llamas a adquirir firmeza una vez ejecutoriadas, dicha regla no
tiene un carácter absoluto, pudiendo el legislador establecer excepciones
cuando existen motivos constitucionalmente válidos que así lo demanden.

En efecto, según lo ha expresado esta Corporación, una de las características


de las decisiones judiciales y administrativas es su firmeza, lo cual conlleva a
que éstas adquieran un carácter definitivo y a que lo decidido en ellas no
pueda ser nuevamente debatido. La importancia de la firmeza o alcance de la
cosa juzgada de las decisiones judiciales y administrativas, ha sido destacada
por la Corte señalando que “Razones de interés general y seguridad jurídica,
relacionadas con el mantenimiento del orden público, la paz social y la
garantía de los derechos ciudadanos, imponen que los procesos se decidan de
manera definitiva y que necesariamente deban finalizar o concluir en un cierto
momento procesal, lo que en principio justifica el efecto de cosa juzgada”23.

No obstante, la propia jurisprudencia constitucional también ha admitido que,


a pesar de su importancia, la cosa juzgada no puede entenderse como un
principio absoluto pues en determinadas ocasiones “puede llegar a colisionar
con la justicia material del caso concreto”24, siendo necesario disminuir o
desconocer sus efectos para evitar que prevalezca una injusticia. Sobre el
particular, ha puntualizado la Corte:

22
Sentencia ibídem.
23
Sentencia 622 de 2007.
24
Sentencia C-871 de 2003.
“Con todo, el principio de la cosa juzgada no tiene carácter absoluto pues
puede llegar a colisionar con la justicia material del caso concreto.” 25

En reciente pronunciamiento, al referirse a los efectos de las sentencias que


ponen fin a la acción popular, la Corte reiteró el criterio del carácter no
absoluto del principio de cosa juzgada, dejando abierta la posibilidad de
promover una nueva acción popular sobre una causa decidida previamente, en
los casos en que se trate de una sentencia desestimatoria, y siempre que con
posterioridad a la misma surjan nuevos elementos de prueba, con entidad
suficiente para modificar la decisión anterior. Al respecto hizo la siguiente
precisión:

“Aun cuando la jurisprudencia constitucional ha reconocido la importancia de


la institución de la cosa juzgada, cuya función se centra -como se dijo- en
garantizar la efectiva aplicación de los principios de igualdad, seguridad
jurídica y confianza legítima, obligando a los jueces a ser consistentes con las
decisiones que adoptan e impidiendo que un mismo asunto sea sometido
nuevamente a juicio, debe aclarar la Corte que, tratándose de las acciones
populares, la importancia de los derechos e intereses en juego, justifican,
desde una perspectiva constitucional, que se pueda plantear un nuevo proceso
sobre una causa decidida previamente, lo cual tiene lugar únicamente cuando
se trate de una sentencia desestimatoria, y siempre que con posterioridad a la
misma surjan nuevos elementos de prueba, con entidad suficiente para
modificar la decisión anterior.”26

El ejemplo más expresivo y claro en torno a la posibilidad de establecer


excepciones al principio de cosa juzgada, es precisamente el recurso
extraordinario de Revisión, previsto por la ley en la mayoría de las áreas del
derecho, el cual ha sido diseñado para proceder contra las sentencias
ejecutoriadas, por las causales taxativas que en cado caso haya definido el
legislador, las cuales, por regla general, giran en torno a hechos o
circunstancias posteriores a la decisión y que revelan que ésta es injusta. En la
Sentencia C-871 de 2003, la Corte puntualizó sobre la acción de revisión:

“Con todo, el principio de la cosa juzgada no tiene carácter absoluto pues


puede llegar a colisionar con la justicia material del caso concreto. Para
enfrentar tal situación se ha consagrado la acción de revisión, la cual permite
en casos excepcionales dejar sin valor una sentencia ejecutoriada en aquellos
casos en que hechos o circunstancias posteriores a la decisión judicial revelan
que ésta es injusta. En este sentido puede afirmarse que la revisión se opone al
principio “res iudicata pro veritate habertur” para evitar que prevalezca una
injusticia, pues busca aniquilar los efectos de la cosa juzgada de una sentencia

25
Sentencia Ibídem.
26
Sentencia C-622 de 2007.
injusta y reabrir un proceso ya fenecido. Su fin último es, entonces, buscar el
imperio de la justicia y verdad material, como fines esenciales del Estado”.

Así las cosas, una aproximación a la definición del caso concreto permite
advertir que la decisión de autorizar la reapertura de la indagación preliminar
o del proceso de responsabilidad fiscal, suspendiendo los efectos de firmeza
del auto de archivo del expediente, es una medida excepcional, en principio
legítima, que se inscribe en el ámbito de la libertad de configuración política
del legislador, y que encuentra una clara justificación en la necesidad de
promover la defensa y reparación del patrimonio público y, por esa vía, dar
cumplimiento a la obligación constitucional de establecer la responsabilidad
de los servidores públicos y de los particulares, cuando en el ejercicio de la
gestión fiscal o con ocasión de ésta, causen por acción u omisión y en forma
dolosa o culposa un daño al patrimonio estatal.

Si el proceso de responsabilidad fiscal tiene como propósito específico la


protección de los recursos del Estado, no cabe duda que la medida legislativa
acusada redunda en beneficio de dicho propósito, pues por su intermedio se
busca evitar que a través de ciertas decisiones procesales que no resuelven
sobre el fondo del asunto, se respalden operaciones o manejos ilícitos de
dineros públicos y se promueva la impunidad fiscal frente a tales conductas.

Ahora bien, en orden a establecer la razonabilidad y proporcionalidad de la


medida, debe señalarse que la posibilidad de reabrir la indagación preliminar o
el proceso fiscal, frente a las decisiones de archivo, no procede en todos los
casos. Dicha medida se encuentra limitada a dos eventos específicos que se
advierten legítimos: (i) que aparezcan o se aporten nuevas pruebas que
acrediten la existencia de un daño patrimonial al Estado o la responsabilidad
del gestor fiscal, o (ii) que se demuestre que la decisión se basó en prueba
falsa.

Frente al primero de tales límites, es claro que la reapertura tiene lugar sólo
cuando surjan elementos de juicio que no fueron allegados a la indagación
preliminar o al proceso, que por lo mismo no fueron conocidos ni debatidos en
tales instancias, y de los cuales se pueda acreditar la existencia de un daño
patrimonial al Estado o la responsabilidad del gestor fiscal, que imponga
necesariamente un cambio en la decisión de archivo. Ya había dicho la Corte
que al examinar una cuenta sometida al control fiscal, “su calificación
depende de los elementos de juicio que el órgano de control tenga a su
disposición, pudiendo cambiar si nuevas pruebas revelan realidades
inicialmente no percibidas, en cuyo caso de la primera calificación no podría
derivarse un juicio de tolerancia acerca de la actuación ilegal.”27

Respecto del segundo de los límites, debe decirse que la reapertura opera
cuando la decisión de archivo, en uno u otro escenario -indagación o
27
Sentencia ibídem.
investigación- es el resultado de un juicio de valor sustentado en pruebas que
son contrarias a la realidad y a la verdad. Es evidente que la decisión que se
sustenta en una prueba falsa no puede ser convalidada por el derecho, de
manera que si en un primer momento tal hecho tiene ocurrencia, debe preverse
la posibilidad de corregirlo. La jurisprudencia constitucional ha resaltado que
el ordenamiento jurídico no ampara situaciones originadas en el engaño, la
mala fe y el quebrantamiento de la ley, pues tal hecho se opone al valor
fundamental de la justicia e impide el cumplimiento de uno de los fines
esenciales del Estado, como es el de propugnar por la vigencia de un orden
justo (C.P. art. 2°)28.

En ese escenario, la razonabilidad de la medida legislativa demandada es


evidente, pues reconocerle el carácter de intangible al auto de archivo de la
indagación preliminar o del proceso fiscal, en los casos de nuevas pruebas o
pruebas falsas, conllevaría un desconocimiento del orden justo y del principio
de prevalencia del interés general, en la medida que se estaría ignorando la
finalidad específica que persigue la función de control fiscal, cual es la
reparación del patrimonio público derivado del mal uso y disposición ilegal
del mismo. De igual manera, conduciría a legitimar operaciones fraudulentas
o irregulares, frente al manejo de dineros públicos, que por razones no
imputables a los órganos de control fiscal no pudieron ser conocidas,
advertidas o detectadas en el curso y término de las respectivas instancias,
atentando contra el imperio de la justicia, la verdad material y el orden justo,
como fines esenciales del Estado. Sobre esto último, puede ocurrir, por
ejemplo, que quien es objeto de control fiscal apele a maniobras engañosas
para inducir en error al fiscalizador, como también darse el caso que en
desarrollo de la función de vigilancia quien la llevó a cabo no pudo inferir,
por falta de pruebas, las graves irregularidades en el manejo de las cuentas.
Tales situaciones no pueden ser reversadas sino mediante la relativización de
la decisión de archivo, para así impedir un posible detrimento patrimonial del
Estado y evitar la impunidad en la reparación económica del daño por cuenta
de los responsables. Como lo ha resaltado esta Corporación, la propia
Constitución prohíbe el enriquecimiento a costa del erario público,
concretamente en el artículo 34, al ordenar extinguir, mediante sentencia
judicial, “el dominio sobre los bienes adquiridos mediante enriquecimiento
ilícito, en perjuicio del tesoro público o con grave deterioro de la moral
social”; siendo éste un mandato que, en lo que corresponde a la norma
acusada, redunda en el objetivo de persistir en la justicia material dentro del
ejercicio de la función de control fiscal.

En consecuencia, es claro que las causales que dan lugar a la reapertura de la


indagación preliminar y del proceso fiscal, responden a límites que el propio
ordenamiento jurídico convalida para el principio de cosa juzgada. En este
sentido la medida legislativa acusada no solo es razonable sino proporcional,
pues no reconocerle firmeza a la decisión de archivo del expediente fiscal,
28
Sobre el punto se pueden consultar, entre otras, las Sentencia C-046 de 1994, C-871 de 2003 y C-799 de
2005.
cuando surgen nuevos elementos de juicio que no fueron conocidos ni
debatidos en la respectiva instancia, o cuando la decisión se toma con base en
pruebas falsas, si bien constituye una restricción al principio de cosa juzgada,
busca hacer prevalecer valores y fines estatales de mayor jerarquía y entidad
como la justicia y el propio orden justo.

Dicho límite o restricción se ampara también en algunos de los principios


constitucionales llamados a desarrollar la función administrativa, los de
moralidad y eficacia (C.P. art. 209), y no comporta tampoco una violación del
debido proceso, toda vez que la actuación procesal que se suscita como
consecuencia de la aplicación de la medida, por expresa disposición legal, está
llamada a desarrollarse con plena observancia de los derechos de defensa,
contradicción e impugnación, y, en general, con fundamento en las demás
garantías del derecho al debido proceso aplicables a la función de control
fiscal. A este respecto, el artículo 2° de la Ley 610 de 2000 es claro en
disponer que “[e]n el ejercicio de la acción de responsabilidad fiscal se
garantizará el debido proceso y su trámite se adelantará con sujeción a los
principios establecidos en los artículos 29 y 209 de la Constitución Política y
a los contenidos en el Código Contencioso Administrativo.”

Cabe destacar, además, que la reapertura de la indagación preliminar o del


proceso fiscal, en las condiciones previstas en la norma, no tiene un carácter
indefinido y, por tanto, no genera dilaciones injustificadas o inseguridad
jurídica. Conforme lo prevé la propia disposición acusada en su inciso
segundo, la posibilidad de reapertura está limitada por los fenómenos de la
caducidad de la acción y de la prescripción de la responsabilidad, es decir, que
no hay lugar a la reapertura, en ningún casó, cuando ha operado alguno de
tales fenómenos jurídicos. En esa orientación, el inciso segundo del artículo
17 de la Ley 610 de 2000, señala que: “Sin embargo, no procederá la
reapertura si después de proferido el auto de archivo, ha operado la
caducidad de la acción o la prescripción de la responsabilidad fiscal.”

Sobre esto último, es menester resaltar que el artículo noveno (9°) de la citada
Ley 610 de 2000, dispone que la acción fiscal caducará, si transcurridos cinco
(5) años desde la ocurrencia del hecho generador del daño al patrimonio
público, no se ha proferido auto de apertura del proceso de responsabilidad. El
mismo precepto se complementa señalando que la responsabilidad fiscal
prescribirá en cinco (5) años, contados a partir del auto de apertura del
proceso, si dentro de dicho término no se ha dictado providencia en firme que
lo declare. En consecuencia, si la reapertura no procede cuando ha operado la
caducidad de la acción o la prescripción de la responsabilidad fiscal, no cabe
argüir que la medida acusada genera dilaciones injustas, toda vez que la
posibilidad de reapertura sólo tiene lugar cuando temporalmente es
procedente adelantar la indagación preliminar o el proceso fiscal, esto es,
dentro del término de caducidad o prescripción que es de cinco (5) años.
De acuerdo con lo expuesto, concluye la Corte que la reapertura de la
indagación preliminar o del proceso de responsabilidad fiscal, en las
condiciones previstas en la norma acusada, no viola las garantías del debido
proceso, particularmente, la que propugnan por un proceso sin dilaciones
injustificadas. Según quedó explicado, dicha medida (i) es dictada por el
legislador dentro del marco amplio de sus competencias constitucionales, (ii)
por su intermedio se persigue un fin legítimo -la justicia material y la defensa
del orden justo y del patrimonio público-, (iii) la misma es razonable y no
arbitraria, toda vez que opera conforme a causales específicas
constitucionalmente admisibles y dentro de unos términos previamente
establecidos en la ley: el consagrado para la caducidad y la prescripción, y,
finalmente, (iv) es también una medida proporcional, pues si bien consagra
una excepción al principio de cosa juzgada, redunda en beneficio de valores y
fines constitucionales de mayor jerarquía como la justicia y el orden justo.

VII. DECISION

En mérito de lo expuesto, la Sala Plena de la Corte Constitucional, oído el


concepto del señor Procurador General de la Nación y cumplidos los trámites
previstos en el Decreto 2067 de 1991, administrando justicia en nombre del
pueblo y por mandato de la Constitución,

RESUELVE

Declarar EXEQUIBLE el artículo 17 de la Ley 610 de 2000, únicamente por


los cargos analizados en esta sentencia.

Cópiese, notifíquese, comuníquese, insértese en la Gaceta de la Corte


Constitucional, cúmplase y archívese el expediente.

HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO


Magistrado

JAIME ARAÚJO RENTERÍA


Magistrado
CON SALVAMENTO DE VOTO

MANUEL JOSÉ CEPEDA ESPINOSA


Magistrado
JAIME CÓRDOBA TRIVIÑO
Magistrado

RODRIGO ESCOBAR GIL


Magistrado

MAURICIO GONZÁLEZ CUERVO


Magistrado

MARCO GERARDO MONROY CABRA


Magistrado

NILSON PINILLA PINILLA


Magistrado

CLARA INÉS VARGAS HERNÁNDEZ


Magistrada

MARTHA VICTORIA SÁCHICA DE MONCALEANO


Secretaria General
SALVAMENTO DE VOTO A LA SENTENCIA C-382 DE 2008 DEL
MAGISTRADO JAIME ARAUJO RENTERIA

REAPERTURA DE INDAGACION PRELIMINAR O


REAPERTURA DE PROCESO DE RESPONSABILIDAD FISCAL-
Constituye una vulneración al debido proceso (Salvamento de voto)

Referencia: expediente D-6909


Demanda de inconstitucionalidad contra la
Ley 610 de 2000 artículo 17 (parcial),
“Por la cual se establece el trámite de los
procesos de responsabilidad fiscal de
competencia de las contralorías”
Magistrado Ponente:
RODRIGO ESCOBAR GIL

Con el respeto acostumbrado por las decisiones mayoritarias de esta Corte, me


permito manifestar mi discrepancia frente a la decisión adoptada en esta
providencia, mediante la cual se declara la exequibilidad del artículo 17 de la
Ley 610 de 2000, en razón a que considero que la reapertura de una
investigación fiscal archivada, somete al investigado a una indefinición
procesal e inseguridad jurídica sobre su situación fiscal individual, lo que
vulnera el artículo 29 de la Constitución Política, el cual consagra el derecho
de toda persona a que se adelante un proceso sin dilaciones injustificadas. A
mi juicio, la protección del patrimonio público no justifica prolongar de
manera indefinida la definición de la situación jurídica del investigado.
En este sentido, para el suscrito magistrado le asiste la razón al demandante,
por cuanto permitir reabrir investigaciones fiscales ya archivadas somete al
investigado a un estado de indefinición procesal e inseguridad sobre su
situación individual. De acuerdo con las garantías constitucionales -art. 29
C.N.- y los tratados que conforman el bloque de constitucionalidad, los
servidores públicos tienen derecho a una pronta definición acerca de su
responsabilidad y a que en algún momento concluya la investigación de
manera definitiva sin verse sometidos al chantaje de los organismos de
investigación, puesto que nunca las explicaciones serán suficientes y no habría
lugar a la prescripción.
De esta forma, reitero que la posibilidad que plantea el artículo 17 de la Ley
610 de 2000, resulta inconstitucional por violentar diversas garantías que
conforman el derecho al debido proceso. Cosa distinta es a mi juicio, cuando
se trata del recurso extraordinario de Revisión.
Finalmente, considero conveniente dejar claro que de ninguna manera la
protección del debido proceso y de la seguridad jurídica equivale a cohonestar
la impunidad, en la medida que la indagación precisamente es para determinar
si hay lugar o no a un juicio de responsabilidad fiscal. Lo anterior vale
igualmente en materia de responsabilidad penal.
Por lo expuesto, a mi juicio la norma acusada es inconstitucional.

Con fundamento en lo anterior, salvo mi voto a la presente sentencia.

Fecha ut supra.

JAIME ARAÚJO RENTERÍA


Magistrado

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