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Discurso de Jesús PDF

El documento describe los discursos de Jesús en el Evangelio de Mateo. Explica que Mateo presenta cinco discursos de Jesús en los capítulos 5-7, 10, 13, 18 y 23-25. Insta a los lectores a leer un discurso cada noche con su familia para conocer mejor las enseñanzas de Jesús.
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El documento describe los discursos de Jesús en el Evangelio de Mateo. Explica que Mateo presenta cinco discursos de Jesús en los capítulos 5-7, 10, 13, 18 y 23-25. Insta a los lectores a leer un discurso cada noche con su familia para conocer mejor las enseñanzas de Jesús.
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5.

LOS DISCURSOS DE JESÚS


Hemos llegado a un tema muy interesante dentro de la vida de Jesús como lo
son los discursos. Cuando hablamos de discurso, nos viene a la memoria temas
largos e interminables que provocan en nosotros sueño y pereza.
Pero aquí nos encontramos con el mejor de los oradores, Jesucristo Nuestro
Señor. Prestemos atención a lo que él nos dice y descubriremos que él con sus
palabras no nos deja dormir, sino que nos mantiene activos, porque quien nos
habla es Nuestro Dios.
Son varios los discursos de Jesús. Por ejemplo, San Mateo en su Evangelio nos
presenta cinco, que por ahora solo vamos a enumerarlos para que sepan lo
hermoso que habla Jesús.
Veámoslos:
- El Sermón de la Montaña: capítulos 5-6-7
- El discurso sobre la Misión: Capítulo 10
- Las parábolas: Capítulo 13
- Discurso sobre la comunidad: Capítulo 18
- Discursos escatológico: Capítulos 23,24,25.
Como se dan cuenta, si queremos conocer lo que dijo Jesús, debemos sacar un
ratico para leer estos discursos. Les proponemos hacer el siguiente ejercicio:
Cada noche, antes de acostarse, junto con la familia, van a leer un discurso. La
distribución resultaría de la siguiente manera:
- Lunes: El Sermón de la Montaña: San Mateo capítulos 5-6-7
- Martes: El discurso sobre la Misión: San Mateo Capítulo 10
- Miércoles: Las parábolas: San Mateo Capítulo 13
- Jueves: Discurso sobre la comunidad: San Mateo Capítulo 18
- Viernes: Discursos escatológico: San Mateo Capítulos 23,24,25.
Ojalá que no desaprovechen esta oportunidad para leer estos discursos de Jesús,
porque si no es ahora, es muy difícil que después lo hagamos. Aquí no les vamos
a evaluar qué dice cada uno de los discursos, pero es una lección que Jesús les
da para aprender a vivir. Entonces, ¡ánimo!, porque están al frente de unas
enseñanzas únicas.
Para ayudarles, vamos a centrarnos solamente en algunos textos bíblicos, que,
sin duda alguna, te van a sorprender.
Las Bienaventuranzas
Investiga: ¿Qué significa la palabra bienaventuranza?
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Texto bíblico: Busquemos en nuestra Biblia Mateo 5, 3-12.
1. Pidamos al Espíritu Santo que no ilumine, por medio de la siguiente oración:

Espíritu Santo, ilumina nuestro entendimiento, para que al leer o estudiar la Sagrada
Escritura, sintamos la presencia de Dios Padre que se manifiesta a través de tu
Palabra. Abre nuestro corazón para darnos cuenta del querer de Dios y la manera de
hacerlo realidad en nuestras acciones de cada día. Instrúyenos en tus sendas para que,
teniendo en cuenta tu Palabra, seamos signos de tu presencia en el mundo. Amén.

2. Lees el texto bíblico: Mateo 5,3-12


3. Profundices en las bienaventuranzas leyendo y entendiendo el siguiente
texto:

Las bienaventuranzas

1716 Las bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús. Con ellas Jesús recoge
las promesas hechas al pueblo elegido desde Abraham; pero las perfecciona ordenándolas no
sólo a la posesión de una tierra, sino al Reino de los cielos:

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.


Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los
cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal
contra vosotros por mi causa.
Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos. (Mt 5,3-12)

1717 Las bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad; expresan la


vocación de los fieles asociados a la gloria de su Pasión y de su Resurrección; iluminan las
acciones y las actitudes características de la vida cristiana; son promesas paradójicas que
sostienen la esperanza en las tribulaciones; anuncian a los discípulos las bendiciones y las
recompensas ya incoadas; quedan inauguradas en la vida de la Virgen María y de todos los
santos.

II. El deseo de felicidad

1718 Las bienaventuranzas responden al deseo natural de felicidad. Este deseo es de origen
divino: Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo
puede satisfacer:

«Ciertamente todos nosotros queremos vivir felices, y en el género humano no hay nadie que
no dé su asentimiento a esta proposición incluso antes de que sea plenamente enunciada» (San
Agustín, De moribus Ecclesiae catholicae, 1, 3, 4).

«¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que
te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti» (San
Agustín, Confessiones, 10, 20, 29).

«Sólo Dios sacia» (Santo Tomás de Aquino, In Symbolum Apostolorum scilicet «Credo in
Deum» expositio, c. 15).

1719 Las bienaventuranzas descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los
actos humanos: Dios nos llama a su propia bienaventuranza. Esta vocación se dirige a cada
uno personalmente, pero también al conjunto de la Iglesia, pueblo nuevo de los que han
acogido la promesa y viven de ella en la fe.

III. La bienaventuranza cristiana

1720 El Nuevo Testamento utiliza varias expresiones para caracterizar la bienaventuranza a la


que Dios llama al hombre: la llegada del Reino de Dios (cf Mt 4, 17); la visión de Dios:
“Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8; cf 1 Jn 3, 2; 1 Co 13,
12); la entrada en el gozo del Señor (cf Mt 25, 21. 23); la entrada en el descanso de Dios (Hb 4,
7-11):

«Allí descansaremos y veremos; veremos y nos amaremos; amaremos y alabaremos. He aquí


lo que acontecerá al fin sin fin. ¿Y qué otro fin tenemos, sino llegar al Reino que no tendrá
fin? (San Agustín, De civitate Dei, 22, 30).

1721 Porque Dios nos ha puesto en el mundo para conocerle, servirle y amarle, y así ir al cielo.
La bienaventuranza nos hace participar de la naturaleza divina (2 P 1, 4) y de la Vida eterna
(cf Jn 17, 3). Con ella, el hombre entra en la gloria de Cristo (cf Rm 8, 18) y en el gozo de la
vida trinitaria.
1722 Semejante bienaventuranza supera la inteligencia y las solas fuerzas humanas. Es fruto
del don gratuito de Dios. Por eso la llamamos sobrenatural, así como también llamamos
sobrenatural la gracia que dispone al hombre a entrar en el gozo divino.

«“Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Ciertamente, según su
grandeza y su inexpresable gloria, “nadie verá a Dios y seguirá viviendo”, porque el Padre es
inasequible; pero su amor, su bondad hacia los hombres y su omnipotencia llegan hasta
conceder a los que lo aman el privilegio de ver a Dios [...] “porque lo que es imposible para
los hombres es posible para Dios”» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 4, 20, 5).

1723 La bienaventuranza prometida nos coloca ante opciones morales decisivas. Nos invita a
purificar nuestro corazón de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de
todo. Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria
humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas
y las artes, ni en ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo amor:

«El dinero es el ídolo de nuestro tiempo. A él rinde homenaje instintivo la multitud, la masa
de los hombres. Estos miden la dicha según la fortuna, y, según la fortuna también, miden la
honorabilidad [...] Todo esto se debe a la convicción [...] de que con la riqueza se puede todo.
La riqueza, por tanto, es uno de los ídolos de nuestros días, y la notoriedad es otro [...] La
notoriedad, el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo (lo que podría llamarse
una fama de prensa), ha llegado a ser considerada como un bien en sí mismo, un bien soberano,
un objeto de verdadera veneración» (Juan Enrique Newman, Discourses addresed to Mixed
Congregations, 5 [Saintliness the Standard of Christian Principle]).

1724 El Decálogo, el Sermón de la Montaña y la catequesis apostólica nos describen los


caminos que conducen al Reino de los cielos. Por ellos avanzamos paso a paso mediante los
actos de cada día, sostenidos por la gracia del Espíritu Santo. Fecundados por la Palabra de
Cristo, damos lentamente frutos en la Iglesia para la gloria de Dios (cf la parábola del
sembrador: Mt 13, 3-23).

Resumen

1725 Las bienaventuranzas recogen y perfeccionan las promesas de Dios desde Abraham
ordenándolas al Reino de los cielos. Responden al deseo de felicidad que Dios ha puesto en
el corazón del hombre.

1726 Las bienaventuranzas nos enseñan el fin último al que Dios nos llama: el Reino, la visión
de Dios, la participación en la naturaleza divina, la vida eterna, la filiación, el descanso en
Dios.

1727 La bienaventuranza de la vida eterna es un don gratuito de Dios; es sobrenatural como


también lo es la gracia que conduce a ella.
1728 Las bienaventuranzas nos colocan ante opciones decisivas con respecto a los bienes
terrenos; purifican nuestro corazón para enseñarnos a amar a Dios sobre todas las cosas.

1729 La bienaventuranza del cielo determina los criterios de discernimiento en el uso de los
bienes terrenos en conformidad a la Ley de Dios.

4. Desarrolla el siguiente taller:

a. ¿Qué entiendes por felicidad?


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b. Las bienaventuranzas que acabas de leer es el proyecto de vida que Jesús
nos propone a cada uno, ¿Qué es lo más novedoso que descubres en ellas?
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c. Según el texto bíblico, ¿Cuántas bienaventuranzas son?
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d. Elige tres de las bienaventuranzas y explíquelas:
1- _______________________________________________________
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2- _______________________________________________________
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3- _______________________________________________________
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e. Según las bienaventuranzas, ¿En qué consiste la verdadera felicidad?
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Las Parábolas

Jesús dijo muchas parábolas.

San Mateo dedica el capítulo 13 de su Evangelio a narrar varias de ellas.


Veamos cuáles son:
- Parábola del Sembrador (Mt 13, 1-9)
- Parábola de la cizaña (Mt 13, 24-30)
- Parábola de la semilla de mostaza (MT 13, 31-32)
- Parábola de la levadura (Mt 13,33)
- Parábola del tesoro escondido (Mt 13,44)
- Parábola de la perla fina (Mt 13,45-46)
- Parábola de la red (Mt 13,47-50)
Pero estas no son las únicas parábolas hay más. Como anexo a esta guía, aparece
un cuadro que nos permite una visión general de todas ellas.
Ejercicio:
a. Eliges tres de las anteriores parábolas o de las que están en el anexo 1.
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b. Léelas con atención.
c. Respondes las siguientes preguntas para cada una de las parábolas:
- Personajes que aparecen en la parábola:
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- Qué es lo que más te llama la atención de cada parábola:
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- Qué te enseña Jesús por medio de las parábolas que elegiste?
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Anexo 1:

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