“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os UNIDAD I
parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las Sesión
que dan testimonio de mí.”
(Juan 5:39)
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Sesión 2:
Contexto histórico y literario del libro
2.1. Contexto histórico
Era tanta la amistad que Juan tenía con Jesús que fue el único que se quedó
cerca de Jesús hasta el último momento. Sólo Juan y Pedro se atrevieron a
ingresar a patio donde lo estaban juzgando, y lo encontraron junto a la cruz
acompañando a María la madre de Jesús. Juan había aprendido por
experiencia propia que sin Jesús es imposible vivir.
Sin embargo, Jesús tenía que partir, pero antes de hacerlo les hizo la gran
promesa: “No se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mí.
En la casa de mi Padre muchas moradas hay… voy pues a preparar lugar para
vosotros. Y si me voy y os preparo lugar vendré otra vez y os tomaré a mí
mismo, para que donde yo estoy vosotros también estéis”.
Finalmente, Jesús se fue y la gran pregunta ahora era: adónde ir sin el
Maestro. Pero recordaban las últimas palabras de Jesús: “Pero recibiréis poder
cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en
Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de a tierra”. Y esto fue
lo que hicieron. Después del Pentecostés los primeros cristianos se
diseminaron por todos los rincones del mundo conocido en aquella época, pues
los anima la gran promesa que el Maestro les hiciera: “Vendré otra vez”.
Pero el tiempo pasaba y Jesús no regresaba. Al contrario, la naciente Iglesia
padecía una terrible persecución por parte de Roma, quien dominaba el mundo
político de aquel tiempo y de repente el culto al emperador se convirtió en la
religión oficial, todo el mundo debía adorarlo.
El testimonio de los primeros escritores cristianos es casi unánime en el sentido
de que el libro de Apocalipsis fue escrito durante el reinado del emperador
Domiciano (81 – 96 d.C.). El escritor Victoriano que murió cerca al año 303 d.
C. dice: “Cuando Juan vio estas cosas en la isla de Patmos, condenado a la
labor de las minas por el Cesar Domiciano, allí vio el Apocalipsis” (Padres
Antenícenos, Tomo VII, pág. 353).
Eusebio de Cesaréa, quien vivió aproximadamente por el 320 d.C., registra que
Juan fue enviado a Patmos por Domiciano y fue soltado por su sucesor Nerva
(Historia Eclesiástica libro III, párrafo 20, vers.8,9)
De entre todos los emperadores se puede considerar a Domiciano como uno
de los más crueles y perversos. Trató de establecer un gobierno absoluto.
Promovió su “divinización” por medio de holocaustos públicos: quemaban
cristianos como antorchas vivientes y a su luz los otros cristianos eran
destrozados por fieras hambrientas en el circo romano.
Es en este contexto histórico de persecución cuando el emperador Domiciano
tomó prisionero al apóstol Juan y lo hizo traer a Roma donde dio testimonio de
su amor por Cristo. Sus argumentos eran contundentes, convincentes, y
Domiciano lleno de ira mandó que lo arrojaran en una caldera llena de aceite
hirviente, pero el Señor Jesús preservó la vida de su siervo.
Más tarde por decreto de ese mismo emperador, Juan fue enviado a la isla de
Patmos, una isla rocosa que forma parte del archipiélago griego y que se
encuentra cerca de la costa dela Turquía actual. A este lugar se enviaba a los
delincuentes para que murieran trabajando como bestias en trabajos forzados.
Fue allí, alrededor de los años 95 y 96 de nuestra era, en un día sábado “en el
día del Señor”, que Jesús visitó a Juan su amigo para mostrarle “las cosas que
deben suceder pronto… y las que han de ser después de estas”. Realmente
Juan nunca estuvo sólo, su amado Maestro no sólo estaba con él, sino también
con su Iglesia que se encentraba ante la más fiera amenaza de la persecución
y necesitaba de una nueva revelación de Jesucristo. Por lo tanto, las visiones
reveladas a Juan llenaban una necesidad específica de aliento y fortaleza para
los cristianos que se negaban a adorar al emperador y de manera especial
para los cristianos de los últimos tiempos que tendrán que ser confrontados con
la misma amenaza de muerte por “la nueva Roma”.
El testimonio de los primeros escritores cristianos coincide ampliamente en que
Juan habría escrito el Apocalipsis al final del reinado de Domiciano (emperador
romano entre el 81 y 96 DC). Esta fue una época dura para los cristianos pues
Domiciano promovió la adoración al emperador,1 por lo tanto, los cristianos
1Del mismo modo lo hizo el emperador Calígula del 37 al 41 DC.
fueron a menudo perseguidos por negarse a adorar al emperador. En ese
sentido, el Apocalipsis venía a traer consuelo y esperanza a quienes padecían
persecución por causa de su fe.
2.2. Contexto literario
Algunas características de este libro son:
1. El Apocalipsis sigue el estilo literario apocalíptico utilizado en los libros de
Daniel y Ezequiel.2
2. En cierto modo una continuación de Daniel.
3. Se diferencia de la profecía clásica en su alcance cósmico y en su profusa
presentación de visiones y sueños, así como también el uso de metáforas y
símbolos.
4. El libro está escrito en prosa, con excepción de los himnos intercalados en
el libro, lo cual es propio de la literatura apocalíptica.
2.3. Tema: El personaje central del Apocalipsis es Cristo
Se trata de una “revelación de Jesucristo”, puesto que es Cristo mismo quien
muestra la revelación. Por otro lado, el contenido principal de esa revelación
trata acerca de Jesús.
La cantidad de citas y alusiones en el Apocalipsis al Antiguo Testamento son
de 505 en total, de 28 de los 39 libros del Antiguo Testamento, de las cuales
325 son de los libros proféticos; por tanto, es necesario examinarlas en su
contexto original y luego observar la forma cómo son utilizadas en el
Apocalipsis para comprender más su mensaje.
2.4. Estructura
El Apocalipsis plantea un bosquejo de siete secciones encabezadas por
escenas relativas al santuario celestial, las cuales enfatizan una de las
dimensiones o fases de la actividad de Dios en su santuario. Esta estructura
puede bosquejarse de la siguiente manera:
A. Introducción y saludo (1:1-8).
B. Las siete iglesias (1:9-3:22).
Escena introductoria del santuario en 1:9-20: Visión del Hijo del
2Este estilo fue además es continuado durante el período intertestamentario.
Hombre entre los siete candeleros. Fase de actividad divina: Cristo
glorificado que intercede y se preocupa por su iglesia como gran
Sumo sacerdote a la vez que la prepara para el gran juicio
escatológico.
C. Los siete sellos (4:1-8:1).
Escena introductoria del santuario en 4:1-5:14: Visión de la adoración
celestial y del Cordero como inmolado. Fase de la actividad divina:
Cristo entronizado junto al Padre dando inicio a su obra mediadora.
Gracias a su sacrificio es el único digno de abrir el libro con siete
sellos y conducir los destinos del hombre hacia su consumación final.
D. Las siete trompetas (8:2-11:18).
Escena introductoria del santuario en 8:2-5: Escena del ángel con el
incensario frente al altar de oro. Fase de la actividad divina: La
intercesión de Cristo en el Santuario celestial. Se anticipa el
inminente juicio de Dios.
E. Los momentos culminantes del gran conflicto (11:19 a 14:20).
Escena introductoria del santuario en 11:19: Visión del lugar
Santísimo del Santuario celestial. Fase de la actividad divina: El juicio
de Dios entra en sesión.
F. Dios derrama sus juicios (15:1-19:18:24).
Escena introductoria del santuario en 15:5-8: El fin del tiempo de
gracia. Fase de la actividad divina: El derramamiento de los juicios de
Dios desde el santuario.
G. El reencuentro de Cristo con su iglesia (19:1-20:15).
Escena introductoria del santuario en 19:1-8(10): Escena de
adoración celestial. Fase de la actividad divina: El carácter de Dios
es vindicado (ver 19:2).
H. “Cielo nuevo y tierra nueva” (21:1-22:21).
Escena introductoria del santuario en 21:3 (21:1-22:5): Dios habita de
nuevo con su pueblo. Fase de la actividad divina: El pecado ya no
existe más. El fin del conflicto.
I. Epílogo (22:6-21).