Otelo de Shakespeare
Otelo:
(habla ante Desdémona, que está dormida)
¡He aquí la causa! ¿He aquí la causa, alma mía!. ¡Permitidme que no la nombre ante
vosotras, castas estrellas!... ¡He aquí la causa!... Sin embargo, no quiero verter su
sangre; ni desgarrar su piel, má s blanca que la nieve y tan lisa como el alabastro de
un sepulcro. Pero debe morir, o engañ ará a má s hombres. ¡apaguemos la luz, y
después apaguemos su luz!. Si te extingo, agente de la claridad, y me arrepiento en
seguida, podré reanimar ti primitiva llama; pero una vez tu luz extinta, ¡oh tú , el
modelo má s acabado de la há bil naturaleza!, no sé dó nde está aquel fuego de
Prometeo que volviera a encender tu luz. Cuando haya arrancado tu rosa, no podré
darle de nuevo tu potencia vital. Necesariamente habrá de marchitarse.
(Besando a Desdémona)
……………………
¡Quiero aspirarla en el tallo! -¡oh aliento embalsamado, que casi persuade a la
justicia a romper su espada!- ¡Uno má s! ¡Otro aú n! ¡Quédate así, cuando estés
muerta, y te mataré, y acto seguido volveré a matarte! ¡Otro má s! ¡El ú ltimo!
¡Nunca beso tan dulce fue tan fatal!... ¡Fuerza es que llore!... Pero son lagrimas
crueles…