PEDIMENT
O
“Una «fábrica» es cualquier construcción o
parte de ella hecha con piedra o ladrillo y
argamasa. Así, hablamos de la fábrica de El
Escorial refiriéndonos al edificio, y de una
fábrica de sillería al tratar de alguno de sus
muros. El material fábrica es, en sí mismo,
una «estructura» y este término se deriva del
latín struere que significa amontonar, apilar.
Una fábrica se construye apilando o
amontonando piedras de forma ordenada,
disponiendo en general piedras más pequeñas
y argamasa o mortero para llenar las juntas.”
Arcos, Bóvedas y Cúpulas, Santiago Huerta.
1
¿Qué decir de los ausentes?
De los que dejaron susurros, inaudibles
Palabras que rebotan, lentas
Revoluciones tras el sol, interminables
Ires y venires tras el viento.
Decir que son fuego en el pecho
Y queman sus voces, profundas
Heridas que quedan en la piel, heladas
Caricias nunca dadas, añoradas
Palabras de perdón y aliento.
Decir que son agua que cae
Tormentas de julio, en la tarde
En casa los lirios, abundan
Arroyos que vuelven, torrentes.
A la mar andados, los ausentes.
PLEGARIAS
Procesión
Silencio
Del trombón la ronca voz
El duelo, las trompetas,
Un murmullo.
Y este sol, que es fuego errante.
Comitiva de silencios.
Solo el pesar de los pies,
Los pensamientos.
Y este sol, que es fuego errante.
Cargan entre siete al muerto.
Entre siete lo mataron.
Siete lo llevan a cuestas.
Y este sol de fuego.
Y esta agua,
esta luz que es agua
y fuego.
Empieza a llover
Que se quiebra
Se cae el suelo.
Barrancas de luz en el cielo.
Precipitanse las gotas
Es otro llanto de duelo.
Y este aire.
Este dolor,
este sueño.
Profesión de Fe
I
Son dos y es uno él que acecha
Esto saben desde siempre los amantes.
¿Quién más sabe de la angustia cotidiana?
Del andar y desandar los bordes
Los linderos de la tarde encadenada.
Sin hallar en sus confines, la victoria.
No se deja rastro alguno sobre el suelo.
II
Si yo busco, lo que hallo, acaso viento.
A la brisa de las calles en invierno
Dejo dicha una plegaria, cruel promesa
De un amor que se busca y no se encuentra.
Si no busco, no hallo nada, solo el viento.
III
Y coincide con la tarde, que ha llovido
Luz sobre luz, sobre el amargo suelo.
Coinciden los días con sus nombres
El dolor con las heridas
Y el placer con las victorias.
Que buscando nunca se halla aquél encuentro
Lo furtivo siempre huye,
Siempre es terco.
Si no busco, no hallo nada, solo el viento.
IV
Fatigado ya el espíritu, rendido.
Ya perdida, la esperanza de lo eterno,
Sucede que la vida va pasando
Sobre la piel han quedado cicatrices,
Los días pasados se quedan presos entre las piedras.
Y es la vida que sucede,
El torrente del arroyo de la vida,
Es el peso de las cosas,
El retoño de los lirios que florecen.
Tras andar sobre los pasos recorridos,
Aliviando la fatiga bajo un higo,
Se termina el día y el viento,
Barre todo, las angustias,
Los fantasmas, las heridas,
Y se lleva las cosas ya vividas
No se deja rastro alguno sobre el suelo.
VI
No sabiendo que se busca,
No se encuentra.
No sabiendo en donde se anda,
Nada se haya.
Solo andar bajo la lluvia
Entre la niebla.
Eso es siempre zozobrar, andar a tientas.
Deslumbrado por las brujas
Y los fuegos siempre ardientes de la noche.
El milagro es siempre entonces el encuentro.
Llegar fatigado,
La luz entre la niebla,
La promesa de que escampen las tormentas.
El milagro es tras la lluvia ver los brotes.
Ese verde que no dura, pero siempre,
Son las flores cosa eterna.
Los milagros no se buscan, ni se encuentran.
Viejo Zoquiapan
Ires, venires,
y ser arrastrado.
Por, lluvias, tormentas,
la tierra que se abre.
Seguir, sin embargo,
mirar hacia arriba,
a un sitio más firme.
Sin perder de vista a las viejas piedras.
Rio de Sangre, Primera Tarde.
¡¿Quién eres?!
Mira el venado.
Sus ojos brillantes, su
cuerpo tan frágil.
¿Quién soy? ¿Arrastro conmigo, tantas viejas cargas?
El cielo es antiguo.
Viejas son las calles.
Y yo soy tan nuevo, y, aun así,
me llaman.
II
Te digo, no tengo, el signo en el alma
Es mi cuerpo flojo,
Indolente el ánimo
(No calla en la lluvia
Ni cesa en la carne
Ese dolor quedo
Que cimbra mi alma)
III
¿Cómo es que perduran
tus hondos encantos,
cuándo ya has muerto?
Tu cuerpo es un campo,
De larvas, gusanos,
Tus huesos aún siguen,
Roídos por, del cielo, el llanto.
Tercos es que somos
Pues no vislumbramos
Qué aun siendo cadáver
Divino es tu manto.
Pues nunca te fuiste
Que siempre has estado.
Lo dicen las piedras,
Lo dijo el venado.
El Santo
En donde uno le tiene miedo a la imagen de un santo que ha quedado olvidada en un
altar de la casa
En andando, en mi tardanza
En la busca de las cosas
Qué se escapan de las manos,
Solo, estuvo en su rincón el santo.
No un falso ídolo, siquiera
Un recuerdo que se añora,
Más que el fuego, era la vela.
Era el cuerpo de la cera.
Y en su rizo, fuego fatuo,
Una bruja todo alumbrando,
Faltaba el calor de ese fuego,
Por eso en no calentando,
Bien tuve en mirarle yo,
¡Ay Curiosidad ingrata!
Bien tuve en mirarlo yo,
Y en acercando la cara,
Fue San Vicente que habló.
Que por encender el fuego
tuve a bien mirarlo yo.
Lo que dijo el santo, que no habló.
Decir sin decir,
Diciendo, de las cosas su verdad.
Es cualidad de las cosas,
Qué tienen alma, creo yo.
(Pero las cosas por ellas,
En ellas se queda dios,
No Dios de todas las partes,
Sino las cosas de dios) .
O lo que ha quedado regado,
Lo que se ha extendido sobe la tierra.
La divinidad de cada roca.
La permanencia de la memoria.
En un rincón del camino,
Está la Peña del León.
Allí ha quedado una herida.
Hay misterio en el dolor.
Que traza una cruz sobre el suelo de este valle de lágrimas.
Aquí es el tiempo que va y viene.
Un tiempo para sembrar,
Para andar de las Peñas hasta el mar.
Siempre los arroyos regresan al mar.
Y el tiempo que se detiene.
Tiempo para cosechar,
Para buscar a los cristos,
Para volver a empezar.
Un rey muy sabio y antiguo,
Si llegara a esta ciudad,
Pensaría que, por el tiempo,
Los días que vienen y van.
Es un pueblo tan amado,
Por el dios de lo habitual.
Que sus versos resonaran
Con especial propiedad
Pues sus tiempos y sus vientos,
En este valle de lagrimas
Son de la vida el caudal.
TIERRA FECUNDA
Tierra Fecunda
Medio Día en la laguna grande.
Para cosechar, siempre hay un tiempo.
Y una vez pasadas las tormentas,
Mirar desde el nogal la tierra vieja.
Pero lejos, no hay nogales
Y en la tierra,
Tierra fecunda,
Buena tierra,
Han brotado del bosque los retoños.
Y esta selva, este jardín,
Habitada por los ángeles perdidos,
Es portento y es milagro,
Es negro abismo.
El pueblo de los Exiliados
En las laderas viven ellos,
Son un pueblo de exiliados,
De la vida. Siempre afuera,
Condenados a la asfixia.
Nunca hallaron gloria alguna con la huida.
¿Qué merecen los traidores?
Desmemoria.
Julio
Han abierto ya los lirios,
El cielo ha quedado limpio,
Ha acabado la tormenta.
Los arroyos corren tercos,
Es la memoria del agua,
Terca presencia divina,
Termina siempre en la mar.
Y de la mar a los cielos.
Y de los cielos al mar.
Haiku del cerro de piedra
Ha llovido ya
La roca llora musgo.
Abren los lirios.
II
Cuando escampa la calle es un idilio.
La lluvia, se ha llevado el mal,
Todo ha limpiado
Y la tarde es un cristal,
La luz es agua y esa agua el cielo.
Salimos de las puertas y balcones
una brisa fresca nos alivia,
Pesan poco nuestras cruces,
Pesan poco las angustias, los rencores.
La ciudad es una amiga silenciosa.
Abismo
No alcanza para la salvación una sola tarde.
La suerte pocas veces trabaja de inmediato,
Hay que buscarla sin cansarse y cuando,
Uno se ha cansado y las pocas fuerzas
Del espíritu parece que se han marchitado,
Uno mira entonces la felicidad
El perfume de una flor,
Magnolia
Han florecido los guiechachis en diciembre.
III
Más qué difícil es callar al inquieto órgano de la belleza, que insiste. Qué terrible es la
condena de nuestra propia poesía. Abjurar de la verdad tan profunda, del recuerdo insidioso
de la gloria.
El deseo, es una cosa. Es una compulsión, un caballo desbocado. No el deseo sino lo que
está detrás: el peso de nuestro mundo. Aquello que lo hace vivible, que embona el dolor
con las tragedias, el placer con las victorias y la vida con la luz.
Es la angustia del vivir, la que nos lleva. La de saber que atrás hay cosas, en todas partes.
La única falsedad que nos aterra es la de aquellas cosas de las que jamás dudamos.
Sobre una cima han nivelado el cerro y han construido las terrazas de los templos. ¿Qué es
lo que queda allí, en esa memoria? Si ese germen de la vida febril se hereda siempre. Ese
bullir del abismo. Ese campo de azucenas.
IV
¿Qué quedará entonces de los nuestros?
Una vez que hayamos renunciado a nuestros nombres.
¿Qué revelación terrible sobre el cielo para convencernos?
Ninguna. No hemos sido llamados.
Hemos quedado así, amarrados a este bosque,
Que es afuera del infierno.
En este bosque terrible,
Atados nuestros pies al suelo.
Cada eslabón es amor.
De un amor tan verdadero,
Que a fuerza de tanto amar,
Traicionó su propio cielo
Defensa ante los cargos de Idolatría.
Tendría yo que renunciar a la
Memoria de aquella primera felicidad.
Abjurar de la verdad, y la belleza.
Entregarme a una fe que me es ajena.
Tendría yo que confesar un pecado que no he cometido.
De penar sin una cruz que sea en sí, cierta.
De fingirme penitente, sin yo serlo.
Pues decir que se me apaga en la memoria,
Ese fuego tan intenso que me abraza,
Es fingir, taqiya, máscara
Mentira
Y tendría que tener doble pecado
El que nunca he cometido y el que cargo,
Por andar yo aquí mintiendo sobre el alma.
¿Qué me pesa aquí en el alma si no acaso
Renunciar al asidero de la vida,
A la casa y su jardín que es la memoria.
A contar mis propios cuentos,
A sentir el cierto abrigo de la tarde.
A la dulce sensación de gloria
Que acompaña los retornos cotidianos.
Las flores son para siempre
Para M.
Las flores son para siempre,
Las del árbol de magnolias,
Su perfume y su color.
Blanca flor de mi memoria,
Los misterios de mi alma,
El recuerdo y el dolor.
Blanca flor de la memoria
¿Qué me queda sino historias?
Y la ciudad que me diste
Y estas flores que te doy.
¿Quién era yo
Como pude pensar, terca vida
¿Que aquellas cosas eran tan simples?
Si acaso el mundo pasaba fuera de mí.
Y yo era apenas un exterior.
Pero las cosas que quedan,
El rastro invisible,
Las cosas que se impregnan en los muros
En las piedras,
Bastan.
No el duelo, sino un dolor anterior.
Muy profundo. Una ruptura,
Algo incompleto.
Muy confuso.
Estar en medio.
Coplas
1.
Las del mercado
A este mercado viene,
Margarita con sus flores,
Son magnolias, son tan frescas
¿Cuánto le damos señores?
Denle una pieza de pan
Unos garbanzos en dulce
Una estampita, siquiera,
De la virgen de Dolores.
De la magnolia, la casa.
De la casa, la ciudad,
De ella se cuelga la vida
Ella es refugio y verdad.
Este árbol es sagrado,
Su raíz es el hogar,
Es consagrar esta tierra,
Es erigir un lugar.