4.
PARAFILIAS
La conducta sexual humana comprende una compleja interrelación entre determinados
factores, desde los más pura-mente biológicos, con intención reproductiva, a los
psicosociales (culturales, personalidad, circunstancias vitales), adquiridos desde la
aparición del Homo Sapiens. Dicha complejidad implica que una determinada conducta
sexual considerada patológica durante un período concreto de la humanidad pueda
asumirse como normal en la actualidad, o viceversa.
En 1959, Sigmund Freud acuñó bajo el término de perversiones para todos los
comportamientos sexuales que se desviaban de la normalidad, aunque aceptó que
existieran juegos previos de tipo “perverso”, siempre y cuando estos no llegasen a
sustituir al coito.
En 1987, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (American Psychiatric
Association) eliminó el término “per-versión” del DSM-IIIR (Manual diagnóstico y
estadístico de los trastornos mentales) y de la terminología psiquiátrica mundial,
conociéndose a partir de entonces como parafilia.
Una parafilia (del griego: ʌĮȡȐ, pará: “al margen de”, y ijȚȜȓĮ, filia: “amor”) es todo
estado en el que la excitación sexual y la gratificación del individuo están supeditadas
por entero a la fantasía recurrente de una experiencia sexual in-usual que se convierte en
el foco principal de la conducta sexual. Es decir, sería la activación sexual ante
estímulos considerados no normativos o convencionales y que en diversos grados
pueden interferir con la capacidad para una actividad sexual afectiva recíproca. El
estímulo preferido puede ser altamente específico y tratar objetos, personas o actos
concretos.
Las consideraciones acerca del comportamiento entendido como parafílico dependen de
las convenciones sociales imperantes en un momento y lugar determinados. Ciertas
prácticas sexuales, como el sexo oral o la masturbación, fue-ron consideradas parafilias
hasta mediados del siglo XX y actualmente, siempre que no se trate de la única práctica
sexual del individuo, entran en la definición de erotismo. Es por ello que el diagnóstico
de parafilia puede variar según el país o la cultura.
En el momento actual, se desconoce la etiología. Desde el punto de vista biológico, se
han realizado estudios en pacientes parafílicos detectándose niveles hormonales
atípicos, signos neurológicos leves o graves, anomalías cromosómicas, etc., pero no han
resultado concluyentes.
DIAGNOSTICO
La conducta sexual, al igual que el comportamiento humano, es plural y compleja, por lo que no
es fácil delimitar el concepto de normalidad. Su distinción es un tanto arbitraria y generalmente
presupone juicios de valor en uno u otro género.
Es por ello que la mayoría de pacientes con conductas sexuales atípicas no padecen una
enfermedad mental. Para llegar a un diagnóstico de desorden por parafilia, el DSM-5 (el nuevo
DSM no utiliza números romanos) requiere que los pacientes:
Padezcan distress por la desaprobación social.
Presenten un deseo o comportamiento sexual hacia personas inválidas o que no puedan
dar su consentimiento o un deseo o comportamiento que implique distress, lesión o
muerte de otros individuos.
Duración superior a 6 meses.
No se consideran parafilias aquellas conductas sexuales consideradas inusuales presentadas por
individuos con retraso mental, demencia, cambio de personalidad asociado a enfermedad
médica, episodios maníacos, esquizofrenia o en casos de intoxicación por sustancias, puesto que
no son consideradas como parte de la conducta sexual propia y preferida del sujeto y suelen ser
puntuales.
Las tasas de prevalencia son difíciles de obtener debido a los diferentes criterios según las
culturas y a la baja tendencia a consultar a profesionales sanitarios debido al estigma social.
Habitualmente, la consulta es propiciada por cuestiones judiciales o por petición de la pareja.
Ahers et al. estudiaron una muestra de 1.915 varones alemanes entre 40 y 79 años,
evidenciándose al menos un patrón sexual asociado a parafilia en un 62.4% de los casos. Solo se
describió distress en un 1.7% de los casos.
Cabe destacar que apenas se diagnostican en el género femenino, a excepción del masoquismo,
aunque la ratio hombres/mujeres se sitúa sobre 20/1. El inicio suele coincidir con la
adolescencia, apreciándose una tendencia a la cronicidad, siendo más frecuente en determinados
períodos y disminuyendo con la edad.
Los pacientes acostumbran a presentar intensos sentimientos de culpa, baja autoestima,
sentimiento de incapacidad de relacionarse, vergüenza, síntomas depresivos. Criterios de
gravedad:
Leve: la persona se siente marcadamente perturbada por los impulsos parafilicos
recurrentes pero nunca a actuado según estos.
Moderada: la persona ha actuado ocasionalmente según los impulsos parafilicos.
Grave: la persona ha actuado repetidamente según los impulsos parafilicos.
Las parafilias más observadas en las consultas especializadas son la pedofilia, el voyerismo y el
exhibicionismo, aunque últimamente se presentan muchos casos de adicción al sexo por Internet
o a líneas eróticas telefónicas.
Las parafilias incluidas en el DSM-5 son las siguientes:
4.1. EXHIBICIONISMO
La conducta sexual consiste en la exposición de los propios genitales a una persona
extraña. Puede existir erección o masturbación durante o después del acto, aunque
no es estrictamente necesario.
El exhibicionismo es ampliamente reconocido en todo el mundo como un
comportamiento anormal. Su incidencia parece haberse incrementado en los últimos
tiempos. La CIE-10 (F65.2) lo considera como una inclinación recurrente o
persistente a exponer por sorpresa los propios genitales a extraños (generalmente
del sexo opuesto) casi siempre acompañado de un deseo sexual y de masturbación.
No hay intención de contacto sexual con la víctima y ni siquiera incitación.
El DSM-IV añade, como ya es habitual, las fantasías recurrentes y excitantes sobre
el tema. Es plausible hipotetizar que los exhibicionistas ceden en sus impulsos
incontrolables después de los 40 años, en los que los casos se reducen, alcanzando
su punto culminante entre los 20 y los 30 años. Se ha informado de algunos casos
de exhibicionismo femenino (Hollander et al., 1977).
Muchos exhibicionistas se muestran impotentes frente a otras formas de actividad
heterosexual y parecen impelidos por una conducta compulsiva que les conlleva a
exhibirse. Stoller (1977) explica perfectamente el comportamiento de un
exhibicionista: “…el acto de exhibirse no es una anticipación de las relaciones
heterosexuales, sino que es en sí mismo el acto sexual del hombre”. De hecho, la
exhibición es sólo la primera mitad del acto; la segunda mitad es la masturbación.
Masturbación que no siempre ocurre; de hecho, para determinados individuos, el
objetivo principal es provocar conmoción o miedo en las víctimas.
Estamos ante una de las parafilias que cae con más facilidad en manos de la justicia;
se calcula que ocupa el primer lugar (34%, según estadísticas inglesas de 1981,
nombradas en un estudio de Chiswick), doblando a los delitos de incesto (17%); tal
parece que la conducta de algunos exhibicionistas, prácticamente está destinada a
provocar su detención. Del 30% al 50% de las mujeres informan haber sido
víctimas de exhibicionistas (Zverina et al, 1987).
En el estudio citado de Abel, el número medio de víctimas de 142 exhibicionistas
era de 514. McConaghy (1993) encontró que era más probable que los
exhibicionistas buscaran tratamiento psicológico que lo hicieran otros parafílicos.
Quizá es por ello que es una de las parafilias que cuenta con más estudios
psicopatológicos, conjuntamente con la pedofilia y la violación (que no es
considerada parafilia). De los estudios de Mohr et al., (1964) y Smukler (1975), así
como los del propio Stoller (1977) resultó una especie de retratos-robot de los
exhibicionistas que tendría los siguientes items: hombre, edad comprendida entre
20-30 años, casado, coeficiente intelectual superior a la media, adaptado a su
trabajo, no trastornos emocionales graves, tendencia a la pasividad, timidez, escasa
asertividad, introversión social, inhibición sexual.
En numerosas ocasiones basta un conflicto familiar o una confrontación con una
figura autoritaria para provocar un episodio exhibicionista, que está sometido
también invariablemente a reagudizaciones en situaciones de estrés
4.1.1. MARCO LEGAL
El artículo 183 dispone que “Será reprimido con pena privativa de libertad
no menor de dos ni mayor de cuatro años el que, en lugar público, realiza
exhibiciones, gestos, tocamientos u otra conducta de índole obscena(…)”.
4.2. FETICHISMO
Fantasías y deseos a partir del uso de objetos inanimados que son el centro de su
atención. La lista de fetiches es prácticamente ilimitada, aunque los más frecuentes
son la ropa interior femenina, ropa de bebé, objetos de cuero o goma.
Cuando la excitación es a partir de una parte del cuerpo, por ejemplo tobillos, pies,
hombros, recibe el nombre de parcialismo.
El fetichismo representa uno de los diagnósticos más difíciles debido al
solapamiento entre este y otros trastornos. La CIE-10 considera como elemento
primordial del diagnóstico el criterio de que el fetiche (objeto inanimado) sea la
fuente más importante de estimulación sexual, es decir, esencial para una respuesta
sexual satisfactoria (F65.0).
En cuanto el DSM-IV, amplía algo más el concepto y lo define con los siguientes
criterios:
a) Durante un período de por lo menos seis meses, fantasías sexualmente
recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que
implican el uso de objetos no vivientes (por ejemplo, ropa interior femenina).
b) Las fantasías sexuales, los impulsos sexuales o los comportamientos provocan
malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas
importantes de la actividad del individuo.
c) Los fetiches no deben ser sólo artículos de vestir femeninos como los utilizados
para travestirse (fetichismo travestista) o aparatos diseñados a propósito de
estimular fácilmente los genitales (vibrador).
d) La especificación de que el fetiche tiene que ser un objeto sin vida evita aplicar
este código a aquellos individuos que se excitan intensamente con determinadas
partes del cuerpo como los pies, el cabello o las rodillas.
Estas últimas preferencias se aplican al parcialismo, una de las parafilias no
especificadas (F65.9 CIE-10, 302.9 DSM-IV). El objeto activante bien se emplea
durante la masturbación o bien lo lleva el otro miembro de la pareja durante la
actividad sexual con el fin de facilitar el funcionamiento sexual de los fetichistas,
que podrían presentar una falta de erección si no pudieran llevar puesto, oler o
frotarse contra los genitales el fetiche (sobre todo en la autoestimulación).
e) La lista de objetos utilizados como fetiches podría ser exhaustiva; acostumbra a
incluir artículos comunes de la ropa interior femenina con variaciones como pueden
ser el uso de ligas, los clásicos objetos de caucho o goma, slips o zapatos más o
menos especiales siendo las botas específicamente del gusto de los fetichistas, como
si quisieran dar la razón a la experiencia de Rachmann (que veremos más adelante).
Mitchell (1954), llegó a encontrar un fetichista de agujas imperdibles que, como
veremos, presentaba una patología cerebral concreta asociada.
Partes tan atrabiliarias como los pies o el pelo pueden llegar a ser considerados
compulsivamente como objetos de erección inmediata por el fetichista. Y es que los
fetichistas pueden llegar al extremo del robo para añadir a su colección la prenda o
el objeto que les obsesiona.
4.2.1. EDAD DE COMIENZO
Por lo general, el trastorno empieza en la adolescencia aunque el fetiche
puede haber tenido ya una especial significación durante la infancia. Una
vez establecido el trastorno, tiende a hacerse crónico.
4.2.2. TRAVESTISMO FETICHISTA
En los criterios específicos del CIE-10 el travestismo fetichista (F65.1) se
distingue por vestir ropas o atuendos del género opuesto para crear la
apariencia y el sentimiento de ser un miembro de este. Esta inversión del
vestir está íntimamente relacionada con el deseo sexual; una vez alcanzado
el orgasmo, hay un intenso deseo de quitarse las ropas fetiches. Los rasgos
fetichistas según la DSM-IV (302.3) incluyen:
A) Durante un período de por lo menos seis meses, intensas necesidades
sexuales recurrentes y fantasías sexuales excitantes en un varón
heterosexual, que implican el acto de travestirse.
B) La persona ha actuado de acuerdo con estas necesidades o se encuentra
marcadamente perturbado por ellas.
C) No se cumplen los criterios de trastorno de identidad sexual en la
adolescencia o en la edad adulta, de tipo transexual, o transexualismo.
Todos los autores están de acuerdo en que el travestismo como parafilia se
da fundamentalmente en sujetos heterosexuales.
En líneas generales, se trata pues de hombres heterosexuales, normalmente
casados y con hijos. En algunas ocasiones, mantienen en secreto su
condición incluso para sus esposas.
Podríamos considerar tres grupos de travestistas: en el primero, el placer se
obtiene con simples prendas de vestir femeninas (panties, ropa interior de
seda o sostenes). Colocadas estas vestimentas sirven de preludio a una
masturbación o impulsan a que ocurra una relación heterosexual. Como ya
es habitual, la textura, el estilo y la calidad de estos avalorios textiles tienen
un particular para el travestista. Un paciente de nuestra muestra era uno de
los mejores expertos de Barcelona (incluidas las mujeres) en corsetería, y
frecuentaba las tiendas más refinadas, en donde era considerado un cliente
exigente y riguroso.
El segundo grupo se distingue por un desarrollo del deseo alrededor del
acicalamiento y vestir femeninos sea total o parcial, y pretender incluso
pasar por mujer durante un tiempo que puede oscilar entre minutos y horas.
Si bien la excitación sexual está normalmente asociada a esta circunstancia,
con el paso del tiempo el travestismo va asumiendo un rol más asexual y se
circunscribe fundamentalmente a la reducción de la tensión y la ansiedad.
El tercer grupo es el paroxismo del segundo: el acto de travestirse se
extiende a períodos de tiempo más amplios incluyendo el equívoco
femenino. Estos fetichistas son los que poseen un extenso guardarropa, se
convierten en peregrinadores de tiendas femeninas e invierten un
considerable tiempo en contemplarse travestidos ante el espejo y –sin
embargo– al contrario de los transexuales no se identifican genéricamente
como mujeres, a pesar de lo cual son los que más posibilidades tienen de
desarrollar con el tiempo una condición transexual.
CONCLUSIONES:
En conclusión, las parafilias son conductas sexuales en las que las personas tratan de disfrutar
su intimidad, para ellos esto es normal, pero para los demás es un muy grave delito. Hay
muchos tipos de comportamientos parafílicos, los cuales varían desde los más inofensivos,
como el gusto por vestirse con ciertas prendas durante el acto sexual, hasta otros muchos más
dañinos y peligrosos, como el gusto por infringir dolor a personas indefensas como mujeres y
niños.