¿Cómo escribir un artículo a la manera de Blackwood?
Edgar Allan Poe, uno de los autores de literatura de terror más conocidos del siglo XIX. Adoptado por
John Allan, un empresario adinerado. Estudió en la Universidad de Virginia y se enroló en el ejército.
Tras la muerte de su madrastra, John Allan decidió desheredarlo. Solo poseía como herramienta su
educación clásica para intentar subsistir en un momento de crisis (depresión económica de 1830).
Durante esa época, hubo un auge en la publicación de revistas literarias. Tenían el atractivo de ser
mejores que los periódicos y más baratos que los libros. Dichas revistas pagaban a los escritores que
publicaban.
¿Cómo escribir un artículo a la manera de Blackwood? Fue publicado en 1838, en Baltimore
American Museum (revista americana literaria de publicación mensual, establecida en Philadelphia
por Mathew Carey), como una introducción a A Predicament. Este cuento es una parodia hacia los
escritores de revistas sensacionalista (mundo literario al cual él pertenecía), a sus obras y a los
métodos de elaboración de dichas obras.
En este cuento, su protagonista, la Signora Psyche Zenobia relata la manera adecuada de componer
un texto para el periódico Blackwood. La revista era una publicación escocesa de la ciudad de
Edimburgo, editada por William Blackwood. En la revista se recogían textos versados sobre la
política, narrativa y crítica literaria. Tenía una ideología TORY, término que se daba a quienes
apoyaban a pertenecían al partido conservador. Pasó de ser semestral a mensual. Fue duramente
criticada por varios literatos como John Kits, William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge. Parte
de la crítica que le hacían estos autores, y que va señalar Poe en su relato, se dirige al estilo
emocionalmente cargado de varios de sus autores.
La Señora Psyche Zenobia está afiliada a la P.R.E.T.T.Y.B.L.U.E.B.A.T.C.H. 1 (Philadelphia, Regular,
Exchange, Tea, Total, Young, Belles, Lettres, Universal, Experimental, Bibliographical, Association, To,
Civilize, Humanity). A esta congregación la dirige el Dr. Moneypenny. A poco de comenzar el relato
se plantea la primera cuestión. Esta sociedad no está bien manejada, y sus artículos eran bufonescos
y muy superficiales. “No se escribía tan bellamente como lo hago yo”. Esto plantea la noción de
belleza en la literatura. ¿Pero qué vuelve a una obra bella? En su afán por perfeccionar los artículos
se encuentran con el anteriormente mencionado Blackwood. En esta revista, los mejores artículos
son los más “intensos”. Entonces nuestra protagonista visita al director de la revista, Mr. Blackwood,
para obtener consejos estilísticos para redactar un artículo.
1) Una pluma bien afilada no produce buenos textos.
2)Las sensaciones son todo lo que cuenta. Si se desea escribir con energía, hay que prestar atención
a las sensaciones.
3)Escoger un tema llamativo, cuyos hechos narrados puedan ser corroborados con la empíria
personal.
4)Empleo del tono correcto. Entre ellos está el uso del tono lacónico o cortante (frases breves, sin
párrafos largos); el tono elevado, difusivo e interjeccional (las palabras deben ser torbellinos); uso
del tono metafísico (palabras retumbantes, mirada desdeñosa a las cosas en general); el tono
trascendental (ver más allá que cualquier otro en la naturaleza de las cosas, usando las palabras más
pequeñas y escribiéndolas al revés); el tono heterogéneo (juiciosa mezcla de todos los demás tonos)
1 Traducida como Pequeño Grupo Azul Mediocre
5) Relleno: es necesario que un artículo tenga un aire de erudición, que demuestre una vasta
formación general.
Estos consejos nos hablan de un deseo por aparentar genialidad, poder impactar con sensaciones al
lector, pero para ello es necesario fingir erudición. Entonces, al fingir, el poeta se construye como
alguien que simula, que caricaturiza el conocimiento. Ya no es el poeta de Wordsworth, una persona
especial, más sensible, sino un conjunto de tonos y mención de autores y datos que sostienen su
talento.
El cuento de Poe entonces actúa como una parodia a esas técnicas de creación literaria del siglo XIX.
Es una burla hacia la literatura de la que el mismo vivía. Claro ejemplo: “Tenemos luego las
«Confesiones de un tomador de opio». ¡Bello, hermosísimo! Imaginación extraordinaria, profunda
filosofía, reflexiones agudas, muchísimo fuego y furor, y todo eso bien salpimentado de cosas
ininteligibles. Le aseguro que su publicación fue una verdadera golosina, que resbaló deliciosamente
por la garganta de los lectores. Todos sostenían que el autor era Coleridge, pero no era así. Lo
compuso mi mandril preferido, «Junípero», ayudado por una gran copa de ginebra holandesa con
agua, «caliente y sin azúcar».