Ontología del lenguaje en Heidegger
Ontología del lenguaje en Heidegger
Monografía
Presentado por
Nixon Harley Cónguta Ochoa
Cód.: 2014232009
Director
Alessandro Ballabio
1. Información General
Acceso al documento Universidad Pedagógica Nacional. Biblioteca Central
Autor(es) Cónguta Ochoa, Nixon Harley
Director Ballabio, Alessandro
HEIDEGGER, LENGUAJE, PRE-COMPRENSIÓN, COMO
Palabras Claves HERMENÉUTICO, ONTOLOGÍA FUNDAMNENTAL,
COMO ESTRUCTURA, APERTURIDAD
Publicación Bogotá. Universidad Pedagógica Nacional. 2019.
Tipo de documento Trabajo de grado
Un análisis de la dimensión ontológica del lenguaje en Ser y
Título del documento tiempo: acerca de la relación entre la pregunta por el sentido del
ser y la aperturidad del Dasein.
Unidad Patrocinante Universidad Pedagógica Nacional
2. Descripción
En este trabajo se analiza la siguiente pregunta, ¿cuál es la dimensión ontológica del lenguaje
en Ser y tiempo y como ella permite relacionar, por un lado, la pregunta por el sentido del ser
y, por otro lado, la aperturidad del Dasein? Fundamentalmente porque, de entrada, la
búsqueda de Heidegger en 1927 no fue determinar lo que es el lenguaje y su función en la
pregunta por el ser, sino que, distante a ello, inicia sus pasos sin haber determinado lo que es
lenguaje y si acaso éste se relaciona con su investigación, ¿dónde se sitúa la función del
lenguaje? ¿Dónde interrogar acerca del lenguaje y cómo este se relaciona con la pregunta por
el ser? Las líneas de este escrito analizan el lenguaje como un asunto que compone, reedifica
y estructura la búsqueda inicial de Heidegger en Ser y tiempo, la búsqueda por el sentido del
ser, y lo hace en tanto que, como categoría vertical, atraviesa, da forma y guía la
investigación que lleva al Dasein al descubrimiento de la estructura ontológica de su ser
(Analytik Existenziale). Esta relación se teje antes de la aparición temática del lenguaje en el
parágrafo 34, concretamente en los dos partes del tejido de Ser y tiempo: la pregunta por el
sentido del ser (Sinn von Sein) y la aperturidad del Dasein (Erschlossenheit), allí se ubica el
análisis de este trabajo, en analizar la dimensión ontológica del lenguaje como acceso a la
pregunta por el sentido del ser, de sus exigencias y el horizonte compresor del Dasein como
aperturidad.
3. Fuentes
económico.
Escudero, J. Ser y tiempo y el imperativo de una estética de la Existencia: el Dasein como una
derivas
contemporáneas.http://institucional.us.es/differenz/uploads/differenz/numero-
Díaz, Pumará, Teresita. Un olvido en el pensar del olvido: Notas acerca de la naturaleza y el
Fernández-Ugarte Anuario filosófico, ISSN 0066-5215, Vol. 37, Nº 79, 2004, págs. 391-
428.
Jesús Adrián Escudero Thémata: Revista de filosofía, ISSN 0212-8365, ISSN-e 2253-
Heidegger, M. (2010). Ser y tiempo. Trad. Jorge Eduardo Rivera. Madrid: Trotta.
Hölderlin, F. (2005). Poemas de la locura. Trad. Txaro Santoro y José María Álvarez. La
"Ser y tiempo" Mariana Leconte Agora: Papeles de filosofía, ISSN 0211-6642, Vol. 33, Nº
Rivera, J & Stuven, M. (2010). Comentarios a Ser y tiempo de Martin Heidegger volumen 2. Santiago
Rivera, J & Stuven, M. (2008). Comentarios a Ser y tiempo de Martin Heidegger Volumen 1.
Santiago de Chile: Ediciones universidad católica de Chile.
Zaragoza
Waelhens, A. (1986). La filosofía de Martin Heidegger. Trad. Ramón Ceñal. México: Universidad
autónoma de puebla.
4. Contenidos
El contenido de este texto está dividido en las siguientes tres partes:
La primera parte se titula: “El lenguaje en la pregunta por el sentido del ser y la analítica
existenciaria”. A groso modo, esta primera parte muestra cómo el lenguaje, de inicio en ser y
tiempo, teje una estructura ontológica que permite el avance paulatino de la investigación de
Heidegger.
La segunda parte se titula “El lenguaje y la transformación hermenéutica: la distancia de la
ontología antigua”. En síntesis, en esta parte se analiza la dimensión ontológica del lenguaje
como una forma de hacer ontología actual y existenciaria, desligada de las formas
tradicionales, que se materializa en la comprensión del Dasein hermenéutica y
existencialmente.
La tercera parte se titula “La aperturidad como horizonte del Dasein y la dimensión
ontológica del lenguaje”. En este capítulo se precisa, esencialmente, el paso de la existencia
entendida como Durchschnittlichkeit a Erschlossenheit, concretamente en que la constitución del
Dasein y la dimensión transversal del lenguaje que permanentemente se relaciona con la
búsqueda del sentido del ser.
5. Metodología
No aplica
6. Conclusiones
La estructura del lenguaje se desarrolló en tres momentos, de acuerdo con el hilo conductor
de Ser y tiempo, concretamente me ubiqué de temas los primeros y 34 parágrafos de Ser y
tiempo. En estos parágrafos se siguió un orden gradual que, de acuerdo con el avance de
Heidegger, orientan al correcto acceso al sentido del ser y de las aclaraciones ontológicas
que ello implica. De acuerdo a ello me ubique en tres asuntos puntuales del quehacer de Ser
y tiempo: el primero, las categorías que emergen de la reiteración de la pregunta por el ser y
cómo ellas se entendían desde la construcción transversal y continua de la dimensión del
lenguaje; el segundo, la búsqueda ontológica del lenguaje, su lectura de la realidad como una
“transformación de la filosofía” y el acceso al mundo por medio de una lectura distinta, no
meramente absolutista, restringida y, el tercero, el descubrimiento del quien del Dasein como
aperturidad y la precisión de la estructura del lenguaje como acceso al sentido del ser y al
despliegue de posibilidades del Dasein.
El asunto central del trabajo se ubicó en la estructura del lenguaje como un asunto
transversal, que inicia desde la misma pregunta por el ser y sus exigencias de encontrar las
formas de acceso a ello y avanza configurando la estructura ontológica que propone
Heidegger, la analítica existenciaria. Configurados los preceptos de la pregunta por el ser y al
haber determinado los conceptos fundamentales guías de la investigación, se abre el
espectro de la pregunta por el ser y el lenguaje, puesto que se distancia de la tradición,
concretamente en la forma de acceso al mundo desde las espaldas del Dasein no como un
espacio lejano, teórico o especulativo, sino como espacio de relaciones distintas y constantes
que se estructuran por la correspondencia Dasein-mundo, por el estar-en-el-mundo. La
estructura del lenguaje empieza a develarse, no como registro o teorías, más bien se
configura existencialmente, perteneciente a un mundo, a una relación, se teje desde la lectura
y construcción de grafías acerca de la realidad.
La pregunta por el ser, de acuerdo con la forma en la que propone Ser y tiempo, necesita
precisar, comprender y analizar las formas en las que la ontología antigua intentó apresar al
ser. Irrevocablemente el camino de Heidegger es orientar su filosofía hacia un camino
distinto al de la tradición, uno nuevo, con un navegante como el Dasein y con precisiones
ontológicas que no están predispuestas, sino que salen al paso del avance de la investigación.
En ello consiste la transformación de su filosofía respecto a la tradición, “la transformación
hermenéutica”. Este camino, que empieza a develarse, construirse, precisarse y abrirse paso
sale de la emergencia de la ontología por expresar el correcto acceso al ser, no por los
caminos ya explorados, delimitados y construidos desde las antiguas investigaciones, más
bien este camino es conducido por la permanente búsqueda del Dasein. La búsqueda del
Dasein no se responde preguntando hacia el pasado de épocas memorables, el pasado es
reconstruido, precisado y distinguido de otras épocas siempre que se continúe la marcha del
sentido del ser en un continuo presente. Heidegger orienta al Dasein hacia la comprensión de
su propio ser en un camino actual, que no indica cosas distintas a los rasgos imprescindibles
de su existencia. Esa trasformación es guiada por la diferencia ontológica y cómo ello guía al
Dasein a la necesidad de replantear su lugar, su posición el camino que se empieza a recorrer,
no como una réplica de la tradición, no un camino corto en el que se alcance a entrever el
final, el camino tampoco es una reconstrucción de la ontología clásica. Para orientar el
camino en el que el Dasein pone en cuestión su estar-en-el-mundo hay que delimitar las
formas habituales en las que el Dasein está-en-el-mundo, las condiciones actuales de vida del
Dasein y buscar allí la forma base para acceder al sentido del ser de forma concreta,
definitiva.
El progreso del Dasein a su ser no es, empero, completamente unidireccional, estacionario y
conformista. En el camino de la investigación de Ser y tiempo el Dasein comprende su ser en
el mundo como «Das man», sumergido en el anonimato, en la actitud jactanciosa de creer
que el mundo, los demás y el mismo Dasein se determinan ontológicamente por lo que dicen
ser, por la actitud irreflexiva y reducida se sí mismo. De ahí sale la precisión del Dasein,
concretamente en la correspondencia con el mundo y un hacer a un lado las opiniones y la
comprensión de sí mismo limitada y dirigida hacia una realidad reducida, vaga. El
descubrimiento del quien del Dasein se da en forma de aperturidad, en el despliegue de su
horizonte de posibilidades constitutivas y a su estar en el mundo. El horizonte del Dasein se
manifiesta en múltiples relaciones y se comprende siempre que el Dasein se dirige hacia ello.
Objetivos ................................................................................................................................................... 6
Objetivo principal................................................................................................................................ 6
Primera parte: El lenguaje en la pregunta por el sentido del ser y la analítica existenciaria .......... 7
2.2 Mundaneidad y lenguaje: los índices del horizonte comprensor del Dasein ....................... 33
Tercera parte: la aperturidad como horizonte del Dasein y la dimensión ontológica del lenguaje
.................................................................................................................................................................. 42
3.1 El «Das man» y la aproximación al horizonte comprensor del Dasein como aperturidad . 42
3.2 la dimensión ontológica del lenguaje: el análisis expreso del lenguaje como horizonte de
la aperturidad...................................................................................................................................... 47
Epilogo .................................................................................................................................................... 53
Bibliografía .............................................................................................................................................. 56
1
Prólogo
Pues bien, la dimensión del lenguaje no es oculta, sino incompleta y vaga, se nutre y
solidifica a partir del progreso mismo de la investigación de Heidegger. Con el olvido de la
pregunta por el ser, la función del lenguaje tampoco es clara y, al igual que muchos otros
asuntos que necesitan aclaración ontológica, sólo se puede precisar descubriendo los conceptos
fundamentales que lo componen. Los conceptos fundamentales que determinan la estructura
del lenguaje son expresos y construidos desde la pregunta por el ser. La primera aproximación
que tenemos a esto es la forma vaga y tenue del sentido del ser, que no está apoyada en otro
campo distinto a la realidad humana, el fenómeno mismo de ser y la correcta forma de acceso
a ello. A partir de allí se forjan los primeros indicios de una construcción ontológica que busca
la recta forma de acceso al ser, de los métodos y las precauciones. En este conjunto que se teje
en Ser y tiempo el lenguaje aparece con una función clara y expresa aunque por lo pronto no
encaminada: el ser debe apresarse en conceptos, en un plano completamente existencial, no
teórico y aislado. El lenguaje se aparta de la comprensión teórica y lingüística, se desarrolla
como un elemento perteneciente a la existencia humana que ha de ser determinado de una
forma completamente actual y distante a la tradicional, puesto que en éste se apresan los
3
Los conceptos fundamentales que Heidegger desglosa, reúne y determina para conducir la
pregunta por el sentido del ser son guiados por la dimensión ontológica del lenguaje. Para
Heidegger, la pregunta por el ser necesita de aclaraciones y distancias ontológicas con otros
asuntos, entre los que se destaca que la pregunta por el ser, en tanto actual y existenciaria, debe
distanciarse de la comprensión tradicional que confundió al ser con el ente, de la recta forma
de acceso al ser y al ente por un ente determinado llamado Dasein y de su forma a priori y
común que permite la comprensión de la esencia humana. Allí, entre líneas, se teje, se
construye simultáneamente el lenguaje como una estructura que unifica los conceptos,
precisados esencialmente por medio de dos elementos: el significar primario (Primär bedeuten) y
4
el cómo hermenéutico (Hermeneutische Als), que tejen una previa estructura y la completan al
punto tal que permiten la comprensión de la pregunta por el ser, sus distancias, sus
necesidades, sus miras y la forma común a cada Dasein para comprender que su propia esencia
es continuamente reflexiva y no abstracta o teórica.
El Dasein fijas las estructuras primarias de su ser, pero esto no es suficiente, evidentemente
hacen falta muchas cosas, entre las cuales y en orden la primera es la conformación del mundo;
allí el Dasein radicaliza su comprensión óntica y empieza a desplegar su horizonte comprensivo
en el único lugar en que puede hacerlo y por la forma más común de acceder a ello, esto es,
por medio de la práctica y no por un análisis cerrado. Esto quiere decir que la forma de acceder
al ser no sea teorética, sino que se trata de regresar a las nociones clásicas para acceder al ente y
desplegar allí un horizonte comprensivo distinto e idóneo para acceder al ente tal y cual este se
presenta. Todo esto para fijar dos cosas: la primera es la forma en la que el Dasein entiende los
entes, y la segunda, la precisión ontológica del mundo. Paulatinamente comprenderemos que
esta comprensión determinará lo que se conoce como aperturidad y la forma en la que el
Dasein accede a la comprensión de su propio ser no en una burbuja, no en el solipsismo, sino
en la relación con los demás y en un conjunto de relaciones distintas y continuas: el mundo.
Heidegger se apropia de la estructura ontológica y guía esa búsqueda por una dimensión
hermenéutica. Este elemento es que fija todas las estructuras de Ser y tiempo y en ultimo termino
es lo que va a conformarlo como un ser existente que comprende y que despliega su horizonte
comprensor siempre en la correspondencia entre Dasein y mundo.
6
Objetivos
Objetivo principal
Mostrar que en Ser y tiempo la dimensión ontológica del lenguaje permite acceder a la
pregunta por el sentido del ser y a la aperturidad del Dasein de forma transversal
Objetivos específicos
Explicar cómo la dimensión del lenguaje como Als Hermeneutische, Als Struktur y Primär
bedeuten orienta y precisa las categorías iniciales de Ser y tiempo (Ontologische Differenz,
Analytik existenziale, Seinsvertädnis)
Exponer la forma en la que el proyecto de Ser y tiempo propone la transformación de la
fenomenología y el análisis del mundo como un momento estructural del Dasein
(Weltlichkeit).
Especificar qué es la aperturidad (Erschlsossenheit) del Dasein y cómo el lenguaje y la
pregunta por el sentido del ser permite acceder a ello.
7
Primera parte: El lenguaje en la pregunta por el sentido del ser y la analítica existenciaria
La comprensión del sentido del ser antiguamente erró su camino porque usó el lenguaje
como el medio para acceder al ser y lo hizo empleando categorías para apresar al ente, el
lenguaje se usó meramente como un instrumento y, en cuanto tal, los intentos por quitar el
manto que cubrían el sentido del ser no fueron significativos. La forma concreta en la que la
ontología antigua no pudo expresar lo que “es” significa se manifiesta en el lenguaje, no
podemos comprender cabalmente lo que significa “es” en proposiciones como “el cielo es
bello”, “es la ocasión perfecta para besarte” o “soy lo que siempre supe que era”. La necesidad
de acceder al ser se descartó, pues en la ontología antigua el concepto de ser es indefinible,
universal y se pretendió descubrir usando el lenguaje como una forma proposicional, lógica y
lingüísticamente elaborada. Pero lejos está el ser de ser un asunto universal, indefinible y
meramente perteneciente a un plano lingüístico, para Heidegger las formas actuales de la
existencia humana son muestra de ello, aún no tenemos certeza alguna de lo que ser significa,
no comprendemos nuestro propio ser y estamos perdiendo nuestra propia esencia en una
época plagada de elementos técnicos operativos y dispersos, llenos de imágenes y sonidos.
¿Dónde está pues la esencia de la existencia humana? La esencia humana está al borde de la
cima de la incertidumbre y, desde la propuesta de Heidegger, puede abrir los ojos, ser
consiente de sí misma a partir de la pregunta por el sentido del ser; de manera que ésta no
parte de una cuestión tradicional y abstracta correspondiente sólo a la filosofía culta de hace
más de 2000 años, sino que expresa las inquietudes de una época en medio de la
incertidumbre, en la que hay que regresar a la pregunta por el sentido del ser.
La pregunta fundamental es: ¿cuál es el sentido del ser? Considera Heidegger (2010) que la
pregunta por el sentido del ser debe seguir los pasos inherentes a todo preguntar que, en
último término, en el caso de esta pregunta, buscan precisar el sentido del ser en conceptos
(pp. 17-19). En este punto se encuentra la primera conexión del lenguaje con el ser, justamente
en que el lenguaje, como lo analiza Cristina Lafont (1997), no es simplemente un instrumento
8
que permite atribuir características, sino una dimensión ontológica significante que reúne
nuestra relación con lo existente (pp.27-28). Al preguntarnos por el sentido del ser de ningún
modo podemos equiparar esto a asuntos como qué es la mesa, qué es la máquina de escribir o
qué es una puerta. Todos estos asuntos se pueden responder mencionando las propiedades que
los caracterizan, por ejemplo, de una puerta podemos mencionar que mide 112 centímetros de
ancho, 220 centímetros de alto, que es color café y que la madera usada es la de un antiguo
pino. Sin embargo, en el caso de la pregunta por el sentido del ser nos equivocamos al designar
sus propiedades, el sentido del ser no es una cosa, no podemos articularlo como algo más en el
mundo (de la forma en la que lo realizó la antigua filosofía) y esto es así porque la forma de
acceso al ser no es cualquier sustancialismo, sino la estructura ontológica que pueda hacer
comprensible el ser. Planteando correctamente la pregunta nos damos cuenta de que no
tenemos idea de lo que es el sentido del ser y que, como lo muestra Heidegger, el enigma de
este asunto nos invita justamente a reiterar, resaltar, diferenciar y buscar que es eso del sentido
del ser, qué importancia y relación tiene preguntarnos por ello; asunto que se encamina
inequívocamente a la estructura que reúne todos los elementos necesarios para precisar, como
lo señala Luisa Paz Rodríguez (2004), una «dimensión originaria» y constitutiva (p. 55), en una
palabra: el lenguaje.
Nos movemos en cierta comprensión del ser, una comprensión práctica, de la que
cotidianamente y en todo caso hacemos uso. La invitación de Ser y tiempo es que precisemos ese
sentido cotidiano del ser, que en todo caso nos interroguemos acerca de ello. Siguiendo a
Cristina Lafont (1997), Heidegger se distancia de los modos tradicionales de hacer ontología,
pues en Ser y tiempo no se toman formas abstractas o sustancialismos para seguir la
investigación, se parte de un asunto mundano que hay que precisar ontológicamente (pp. 42-
44). Asunto que no va a ser aclarado desde el comienzo sino gradualmente, siguiendo los pasos
de un constante reflexionar. Desde luego el lenguaje siempre está guiado por la pregunta por el
ser y permite ver su contenido sólo si la pregunta por el sentido del ser avanza. El lenguaje se
teje desde las rectas formas de acceso para precisar la precomprensión del sentido del ser,
puntualmente articula los elementos comunes primarios de la existencia humana y muestra que
en ellos no hay precisión ontológica, que aún no se determinan ni se estructuran. Al respecto
Heidegger (2010) menciona que:
Esta comprensión del ser puede fluctuar y desvanecerse cuanto se quiera, puede moverse
incluso en el límite de un mero conocimiento de la palabra, pero esa indeterminación de la
comprensión del ser de la que ya siempre disponemos es, ella misma, un fenómeno positivo,
que necesita ser aclarado (p.16).
La comprensión vaga y no precisa conceptualmente del sentido del ser se nos da, no en un
plano teórico y determinado, la comprensión del sentido se presenta de forma precomprensiva
y en cuanto tal exige de aclaración ontológica. Para ello Heidegger pone la investigación de Ser
y tiempo los elementos correspondientes a una previa estructura (Vor Struktur) que va a
sintetizar los elementos iniciales la investigación sobre el ser, elementos que no son otros
distintos a la pregunta por el ser y las preocupaciones de una época, las incertidumbres acerca
de lo que es y puede hacer ella misma. La existencia humana está frente a una precomprensión
del ser que debe ser precisada ontológicamente, señala Tatiana Álvarez (2004) que ello pone en
relieve todos los elementos correspondientes a la actual comprensión de lo que existir es y la
forma en la que ello no se refiere simplemente a la comprensión habitual de lo que nos rodea
como tampoco una visión teleológica, sino una relación de coexistencia con nuestra propia
existencia y los elementos con los que interactuamos en ella (pp.63-65). Esa previa estructura
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fija sus elementos sobre la base ontológica del hombre que se dirige hacia ellos, allí el lenguaje
es la base comprensiva y primaria que busca las formas de acceder y precisar las bases
ontologías de la vida. En esto es imprescindible fijar los elementos más comunes a nuestra
existencia y forjar una estructura previa con ellos. La previa estructura toma de frente y como
horizonte los conceptos iniciales de una precompresión del sentido del ser, a partir de ellos se
nutre.
Los elementos de los que se sostiene la estructura previa son las formas cotidianas de vivir,
las risas, los llantos, las caídas, los logros, las derrotas, etcétera. Se trata de las formas más
próximas de comprender nuestra existencia. La pregunta por el ser se entiende sólo y desde
nuestras prácticas, nuestros actos, nuestra vida. No comprendemos en su totalidad el sentido
del ser y aun así nos dirigimos hacia él, lo buscamos, queremos y pretendemos que éste sea
descubierto, lo comprendemos en tanto que de él hacemos parte, se trata de una práctica y no
un examen o análisis aislado (Álvarez, 2004, p. 128). Lo precomprensivo es la base para una
articulación significativa del sentido del ser que pueda ser expresada en su totalidad alguna vez,
partiendo de una estructura previa y un elemento que permita articular la comprensión vaga del
sentido sobre una base ontológica que se estructura a partir del lenguaje.
Heidegger considera que esta previa comprensión, llevada a cabo a través de un elemento
hermenéutico inherente al hombre (Als Hermeneutische), se materializa en un significar primario
(Primär Bedeuten) del ser, que, como señala Adrián Escudero (2009), disponemos en distintos
modos como nexo significativo de la realidad y que, aunque tenue, es decisivo y fundamenta el
indeterminado y aún no preciso teóricamente sentido en el que nos movemos (p. 51). Todo
ello porque pertenece a una estructura que unifica y comprende. Esta comprensión se obtiene
en la propia existencia, allí se intenta precisar, dar un paso decisivo, conducir la investigación
sobre el ser y la relación que tiene con nosotros reiterar de forma expresa la pregunta por su
sentido, de buscar los conceptos ontológicos fundamentales de la investigación y de nuestra
propia existencia. De esta forma Heidegger muestra que la pregunta por el ser busca construir
una ontología que logre determinar lo que somos nosotros mismos, lo que son las cosas y lo
que es el sentido del ser, ontología que reúne y estructura todos los elementos imprescindibles
de la existencia (Rodríguez, 2004, p. 55). Así se enmarca el pensamiento de Heidegger y el
proyecto de Ser y tiempo, justamente en poner como horizonte la búsqueda de algo, a primera
vista, no determinado ni dilucidado como tampoco oculto y nebuloso. La forma de llegar a ello
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se ilumina desde una comprensión primaria y arcaica inherente a todos y que no se comprende
en la reiteración de la tarea loable de revisar la enciclopedia de la ontología o de la historia de la
filosofía, sino que tiende del timón de un navegante que pone su mirada en el horizonte,
analiza las formas de su vida y busca la forma de dirigir su nave hacia un lugar no concreto ni
determinado, del que apenas sigue unas pocas instrucciones. En síntesis, lo que orienta al
navegante son los elementos constitutivos de su ser, que hasta aquí hemos mencionado como
Als Struktur, Als hermeneutische y Primär Bedeuten, pues ellos son la forma base para acceder a una
estructura previa que pone en el horizonte la búsqueda ontológica del sentido del ser.
investigaciones y, aunque por lo pronto no haya certeza o claridad acerca de lo que significa,
exige unas consideraciones que son aclaradas paulatinamente, siguiendo el camino de una
ontología fundamental. Los avances de la investigación de Heidegger y la precisión de los
conceptos fundamentales que guían la pregunta por el ser se determinan por la
“precomprensión”, la “previa estructura”, el “cómo hermenéutico” y el “significar primario”,
que son los índices orientadores de la ontología fundamental. La forma de acceder a estos
elementos es precisando los conceptos adecuados para referirnos a la existencia tal y cual se
nos presenta, no en formas fantásticas o abstractas (Seinsverständnis). La precomprensión del
sentido del ser se manifiesta en la forma actual de ser de cada uno de nosotros, procura que se
acceda a ella por un elemento hermenéutico (Als Hermeneutische) que sitúa en un punto
concreto nuestra relación con el ser. En esta relación, que no es clara y completamente
explícita, hay que determinar esa precomprensión en una estructura previa (Vor Struktur) que
nos permita acceder a una estructura completa significante de los elementos inherentes a
nuestras vidas y su relación con el ser, asunto que se entiende en la construcción de la
estructura del lenguaje existencialmente y no lógica y predicativa, pues la búsqueda de los
elementos estructurales de la vida no es teórica sino existencial.
la diferencia ontológica y cómo ella ilumina la pregunta por el sentido del ser hablo en el
siguiente apartado.
Ya mencioné que el punto inicial y guía de Ser y tiempo es la pregunta por el sentido del ser y
que el lenguaje se estructura transversalmente al progreso de la investigación, que se buscan
corregir los traspiés de la antigua ontología y que para ello se construyen y aparecen
gradualmente nuevos conceptos que conducen el camino de una nueva ontología. Los
conceptos con los que partimos son cinco: ontología fundamental (Fundamentalontologie),
estructura previa (Vor Struktur), cómo hermenéutico (Hermeneutische Als), precomprensión
(Seinsverständnis) y significar primario (Primär Bedeuten). Estos conceptos nos conducen a la
distinción entre ente y ser, entre óntico y ontológico, paso esencial en la investigación que
busca precisar el sentido del ser en la propia existencia y diferenciarlo de la forma como se
definen las cosas; también conducen al concepto de Dasein y su particular protagonismo en la
pregunta por el sentido del ser y la necesidad de fijar una estructura a priori de éste. El lenguaje
allí toma viveza, se manifiesta como un elemento constitutivo al hombre, sus redes se
empiezan a tejer, estructurar y aproximar a la analítica del Dasein. De estos temas hablo en esta
segunda parte del capítulo.
La ontología antigua, según Heidegger, tropezó al intentar definir el ser al igual que un
ente y, principalmente, al creer que éste no era un asunto primordial. Con ello el ser cayó entre
la existencia de un mar de entes y de intentos de sustancialismo de entidades y de sistemas que
pretendieron reunir y condensar la metafísica. Desde luego que se realizaron intentos en que el
ser volvió a hacer parte de la conversación de la filosofía, pero allí se retomaron antiguas
discusiones y no se propusieron auténticas formas de hallar su sentido. Por todo ello
Heidegger pone en el horizonte de Ser y tiempo la diferencia ontológica como la forma primaria
de distanciar la ontología tradicional de la ontología fundamental que propone. Para Cristina
Lafont (1997) el análisis que hay en Ser y tiempo acerca del lenguaje aparece expresamente en la
diferencia ontológica, pues allí Heidegger sitúa su investigación en precisar el sentido del ser
que está a nuestra disposición, que por lo pronto no es claro y que muestra que «la realidad
sólo es posible en una comprensión del ser» mediada por una dimensión ontológica que pueda
hacer comprensible esto, el lenguaje (pp. 28-30). De allí que Heidegger tempranamente anuncie
una ruptura con la forma tradicional en que se entiende el lenguaje, pues en Ser y tiempo el
lenguaje es la forma de acceso que permite precisar el sentido del ser que naturalmente
disponemos y no la mera articulación lógica y determinada de proposiciones, éste es
«constitutivo al Dasein, por ello determina su relación con el ser» (Álvarez, 2004, p. 13).
categorías no está la base para conectar el sentido del ser con este ente. Siempre que nos
referimos a un ente respondemos qué categorías lo componen. En el ejemplo de los zapatos el
ente no es más que una lista de características de sí mismo, características que por sí mismas no
cumplen una función imprescindible en nuestra vida, en la forma en la que cotidianamente
decidimos o no cómo actuar. A esto se refiere Heidegger cuando menciona que confundimos
al ser con el ente. Describir el ente zapato no se conecta, no se relaciona con la
precomprensión del sentido del ser. Lejos está el lenguaje, en tanto enumeración de
características o categorías del ente zapato, de conectarnos con el sentido del ser que no
podemos apresar, razón por la cual debemos tomar otro rumbo en el que se precise, se exprese
y cargue de contenido el sentido del ser que está en nuestra cotidianidad y que no puede ser la
mera descripción de categorías, sino los conceptos fundamentales que creen una estructura
nueva a partir de la determinación de la precomprensión del ser.
En contraste, el ser no puede ser definido de igual forma que un ente. Al definir entes
usábamos categorías, el ser en cambio no puede ser definido por ellas. En cuanto concepto
general, el ser recoge todas las categorías existentes. Al interrogar e intentar precisar el sentido
del ser, insiste Heidegger (2010), hay que determinar el origen del ente, todo lo que le rodea y
con lo que se corresponde; no es un asunto aislado y sin conexión, sino justamente una unidad
significativa de todo lo que puede haber (p.17). No se trata de determinar si algo es o no es, lo
que interesa en Ser y tiempo es fijar límites, determinar qué es y cómo es aquello que existe, de
acuerdo con el hilo paulatino, conductor y constructor de lo que constantemente se cuestiona.
En consecuencia, se interroga el ente siempre respecto de su ser, como lo menciona
Heidegger, “ser es siempre el ser de un ente” y es así porque el ser es la base fundamental para
la comprensión del ente y, a diferencia de éste, reclama para sí mismo una forma distinta de
descubrimiento y unos conceptos que precisen su determinación significativa y práctica. Por
ende, debemos acceder no al ente sino al ser y para ello, plantea Heidegger, partimos de las
formas más cotidianas de vida, de los elementos comunes a cada ser existente, allí se encuentra
la dirección, la forma de conectar el sentido del ser con nuestra propia existencia, como ya lo
he mencionado se trata concretamente de precisar la precomprensión. Esto se puede llevar a
cabo por un ente que al que se le encargue la investigación de Ser y tiempo, ente que sigue la
pregunta por el sentido del ser.
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El ente encargado de dirigir la pregunta por el sentido del ser, de hacerla suya y de seguir la
investigación somos “nosotros mismos”, “tú”, “yo”, “él”, “ellos”, “ustedes”. La pregunta debe
ser guiada por un ente que se destaque de los demás entes, Heidegger lo denomina “Da-sein” y
con este concepto se refiere puntualmente al ente al que naturalmente le corresponde la tarea
de seguir la pregunta por el sentido del ser y, consiguientemente, de distanciar la concepción de
la filosofía que dota al ser de una significación incorrecta. El Dasein, por tanto, es el encargado
de seguir el camino que comprende y conceptualiza el sentido, su propio ser está
implícitamente relacionado con aquello por lo que pregunta, me refiero a que el ser del Dasein
también está puesto en cuestión, aunque primariamente no tememos precisión ontológica de
estos dos asuntos. Con el olvido de la pregunta por el sentido del ser se perdió de rumbo la
pregunta por nuestro propio ser y también el ser de los demás entes, por ello hay que precisar
nuestra existencia en un concepto actual y distante como el de Dasein. A diferencia de los
demás entes, el Dasein no es constitutivamente cerrado sino esencialmente abierto, investiga,
comprende e interpreta. Como lo menciona Alphonse de Waelhens (1986) por Dasein se
entiende el «análisis profundo de la existencia humana y de su capacidad de reflexión», no es
espacio y temporalmente cerrado o inmóvil, es un constante cuestionamiento (p.17). Debe
abrirse, el Dasein, camino, procurarse un lugar entre las cosas entendiéndolas y sabiéndolas,
determinar, asumir su existencia (Rivera y Stuven, 2010, p. 68). El Dasein es el encargado de
llevar la investigación por el sentido del ser y de esclarecer sus necesidades, modos y métodos,
en último término de precisar y construir una estructura. La precisión de la estructura
ontológica que determina el sentido del ser puede construirse gracias a que el lenguaje, en tanto
elemento constitutivo al Dasein, «fundamenta y garantiza el conocimiento intramundano»
(Lafont, 1997, p. 28). La estructura ontológica que permite el acceso a la comprensión es
posible puesto que el lenguaje es un elemento constitutivo al Dasein que le permite comprender
un sentido del ser vago, articular significaciones primarias y sintetizar una estructura previa de
cara a una búsqueda ontológica de sí mismo y del sentido del ser.
Pero el origen de los entes no es el Dasein, éste ubica la vista en su propio ser y a partir de
allí inicia la búsqueda del ser de los entes y del sentido del ser en general. Esto quiere decir
puntualmente que el Dasein se interroga inicialmente respecto de su propio ser y que, ya
aclarados los fundamentos ontológicos de esto, sigue un camino en el que pretende puntualizar
y conceptualizar el ser de los entes. Se le encarga al Dasein la búsqueda del sentido justamente
porque su naturaleza no es la de un ente cerrado, inconsciente y que no ejecute su existencia.
17
Como ente encargado de seguir los pasos de la investigación de Ser y tiempo, el Dasein se
encuentra a su paso con la cercanía de una estructura previa (Vor Struktur), estructura que está
mediada por dos modos de entender la realidad: óntico y ontológico. Se trata de una estructura
previa puesto que allí se encuentran los esbozos de una estructura completa (Als Struktur) y
significante de la realidad. La previa estructura permite al Dasein levantar su vista, distinguir lo
que le rodea y crear comprensiones primarias (Primär Bedeuten) de su existencia fáctica. Esta
18
ontología antigua, ella parte de un asunto actual, cotidiano y apunta hacia una comprensión
mediada por la creación de conceptos. En tanto dimensión ontológica, como lo menciona
Cristina Lafont (1997), el lenguaje no es meramente un descubrimiento o algo que pase
inadvertido, sino que es la forma de acceso a la precomprensión del ser que tenemos desde
antaño (p. 28). El lenguaje determina el contacto con el mundo y los primeros atisbos de lo
que existir significa, así como de lo que primariamente es el sentido del ser. Para Lafont (1997)
el lenguaje como estructura ontológica y como elemento inherente a la existencia humana va a
precisarse inicialmente en la distancia de Heidegger de la antigua ontología, allí no hay planos
análogos entre sujeto y objeto, no hay un método de aprehensión directa, sino un método de
comprensión de lo que hay, se trata de una “destrascendentalización de la filosofía” (pp. 28-
33). De modo que la diferencia ontológica es el primer paso y el fundamental para distanciarse
de la ontología antigua, con ello inicia la determinación de los elementos que conforman una
estructura completa, de sus exigencias y sus conceptos fundamentales. Esta tarea sólo puede
ser llevada a cabo por un ente distinto que se encargue de seguir la tarea Ser y tiempo y de
precisar los conceptos como dimensión ontológica y no como mera descripción óntica de la
realidad. La forma en la que Heidegger precisa esta estructura ontológica es fijando una
analítica del Dasein, allí se precisan los fundamentos ontológicos de la existencia humana.
Las bases para crear una estructura completa de la pregunta por el ser y del protagonismo
del Dasein en ello se manifiestan en la determinación de la estructura común a cada Dasein, a la
analítica existenciaria. Allí, como lo señala Luisa Paz Rodríguez (2004), se buscan los
fundamentos para avanzar en la comprensión óntica y común de la existencia, que se sienten
las bases ontológicas para comprender el fenómeno del ser (p. 59). Pero no basta simplemente
con nombrarlo, la estructura que da paso a la comprensión primaria del ser del Dasein no es
comprensible en un plano óntico, en el que el lenguaje es inactual, inexpresivo y no preciso. En
cuanto ente mediador entre la pregunta por el ser y el lenguaje como estructura ontológica, el
Dasein comprende que las formas antiguas y comunes de acceder a su propio ser no deben
abandonarse completamente, deben ser atravesadas por las exigencias de una ontología que
pretende conceptualizar de forma actual los elementos comunes a la existencia humana. Razón
por la cual el Dasein emprende la búsqueda de su propio ser, no a partir de la mera nada, sino a
partir de la precomprensión del sentido del ser que trae consigo no sólo la inquietud individual
respecto a su propio ser, sino que trae consigo la inquietud natural inherente a la esencia
humana desde antaño (Rodríguez, 2004, p.42). La forma concreta en que se materializa esta
20
La ontología fundamental que propone Heidegger inicia con la reiteración de la pregunta por el
sentido del ser, por los traspiés de la antigua ontología y la precompresión del ser que
disponemos, en la que nos movemos cotidianamente. En la tarea de precisar y conceptualizar
el sentido del ser, el lenguaje es el elemento constitutivo a la existencia humana que hace
posible la dimensión ontológica, posibilita la diferenciación entre ente-ser, y destaca el
protagonismo que tiene el Dasein en dirigir y llevar con cuidado cada elemento que aparece
sobre la marcha de la investigación. Por ello el ente que primeramente debe ser interrogado es
el Dasein, y que para ello se requiera precisar los fundamentos de la estructura a priori común a
cada Dasein para continuar la investigación. En esta tercera parte del capítulo menciono cuáles
son los fundamentos de la analítica del Dasein y cómo la dimensión ontológica del lenguaje
permite acceder a un horizonte significante de la realidad.
& Stuven, 2010, p- 68). Podemos notar que la estructura de la analítica del Dasein parte de
nuestras actividades, intereses y goces, en la medida en que son nuestras, que hacen parte
constitutiva de nuestro propio ser. La manera en la que los elementos de nuestra realidad se
fijan como un conjunto se materializa concretamente en la estructura de la analítica del Dasein,
pues en ella se manifiesta que el Dasein no es un asunto cerrado e inmóvil, sino abierto y
constantemente reflexivo e interpretativo.
La precomprensión de sentido del ser es, como señala Heidegger, un factum, se trata de que
al Dasein le corresponde un constante relacionarse con los entes y por consiguiente un
significar primario (Primär Bedeuten). Al Dasein no se le presentan los entes de manera aislada,
inmóvil, sino que se relaciona con ellos, los usa, se ocupa con ellos (Besorgen). Nuestras
actividades siempre están relacionadas con los entes, por ejemplo, nuestra casa tiene objetos
con los que nos ocupamos habitualmente: la puerta, las paredes, una silla, una mesa, una estufa,
un vaso, una cama, un televisor, etcétera. En caso de que salgamos de nuestra casa, nos
encontramos con buses, personas, tiendas, cines, luces, carros y muchos letreros, todo ello
hace parte de nuestra cotidiana forma de vivir, una totalidad significativa (Bedeutsamkeit). Esto
quiere decir que en cuanto precomprensión del sentido del ser, el Dasein no está volcado
únicamente sobre sí mismo, sino que está inmerso en un plexo de relaciones que desenvuelven
su existencia (Escudero, 2009, p. 51-52). El Dasein no se desenvuelve como un ser aislado, en
una burbuja, con formas ensimismadas de comprender la realidad, sino que justamente
encuentra su relación con los demás entes abriéndose paso entre ellos, usándolos y
entendiéndolos. El lenguaje es la dimensión ontológica que le permite comprender al Dasein
que su ser no es un abstracto; por el contrario, pertenece a una mundanidad que debe ser
precisada y comprendida.
En cada una de sus formas de ser y, por ende, también en la comprensión del ser que le es
propia, el Dasein se ha ido familiarizando con y creciendo en una interpretación usual del existir
22
La analítica del Dasein parte del descubrimiento del “poder ser” (Zu-sein) del Dasein, en
tener, insisto, a la mano múltiples posibilidades de ser y escoger cada vez una de ellas
(Escudero, 2009, p. 15). En todo caso elegimos una de varias posibilidades, por ejemplo, en el
momento de elegir estudiar una carrera universitaria optamos por escoger la que, en ese
momento, mejor nos parece. Múltiples pueden ser las opciones de por qué elegir una, incluso
en ocasiones las razones no son claras ni específicas y hasta decisiones de un instante. Sin
embargo, al momento de elegir una carrera universitaria somos sólo nosotros mismos los que
decidimos, nadie más intercede en esta decisión, aunque haga parte de tantas voces que
retumban en nosotros al pensar qué estudiar. Al final la decisión es nuestra por más de que
nuestros padres, amigos, familiares, situación económica, país y demás elementos constitutivos
de la existencia de un ser humano que intercedan en nuestra decisión. El Dasein escoge una de
sus tantas posibilidades y en este y todo caso escogemos una de las múltiples posibilidades para
sí mismos. Somos el único ente capaz de elegir posibilidades, nuestro ser consiste
primeramente en comprender que nuestras actividades y prácticas no son un asunto aislado,
que no se confiere o responsabiliza a otro ente, sino un asunto personal, práctico y continuo.
23
Como lo menciona Luisa paz Rodríguez (2004) el Dasein se instaura en un mundo significante
con el que interactúa, en el que puede desplegar todo un horizonte comprensivo, su
potencialidad radica en la forma en la que despliega un horizonte comprensivo (p. 63). La
forma de acceder a la forma cotidiana de ser es puntualmente elaborar una estructura completa
que determine, capture y exprese que es eso de la precomprensión del ser que “está ante
nuestros ojos”, sólo allí encontramos los fundamentos para comprender, expresamente la
estructura a priori del Dasein y grafía que construye a partir de sus posibilidades. Estamos de
frente a la propuesta de Heidegger no por una eventualidad, sino porque la precomprensión
del sentido del ser el lenguaje nos invitan justamente a ello.
Pensemos, para ilustrar esto, que después de buscar y escarbar por una librería algo que
pueda interesarnos, tomamos un libro pequeño, con un título que no conocíamos y de un
autor del que hemos leído, escuchado y opinado. Supongamos, como sucede casi que todo el
tiempo cuando somos jóvenes, que buscamos algo nuevo, que responda a inquietudes que no
logramos precisar y que el dinero que disponemos alcanza para comprar apenas el libro.
Salimos, como niños, a jugar con un nuevo juguete, lo queremos abrir, palpar, usar,
descubrirlo. En las primeras páginas nos encontramos en mundo completamente familiar,
cotidiano. A la par notamos que se teje una historia de la que, de momento, no podemos
precisar ni determinar lo que sucederá, apenas avanzar en la lectura del libro será lo que nos
guía. Análogamente, la precomprensión del sentido del ser es lo que nos guía a esculcar, a
entrar a una librería, a buscar un título, un género, un autor. Todo mediado por un lenguaje
inicial y constitutivo al Dasein, que no es preciso y que fundamenta la búsqueda inicial respecto
a nuestras inquietudes. A fin de cuentas lo que buscamos es el vínculo de lo que leemos con
nuestra vida práctica, no un manual, no se trata de seguir instrucciones, tampoco de un análisis
teórico y aislado. Las páginas, las oraciones, puntos, márgenes y demás elementos constitutivos
del libro nos sirven de base para que, como lectores, establezcamos conexiones, estructuras,
conceptos a partir de una estructura que inicia antes de comenzar a leer e interpretar y que
tiene los primeros esbozos de lo que existir significa (Vor Struktur). Todos esos elementos no
son una lista de cosas encontradas, sino que justamente se relacionan con el propio ser del
Dasein en cuanto descubre y configura su propio ser respecto a aquello que inicialmente busca
y que de no haber estado presente no se podría precisar. La analítica y la ontología
fundamental son como ese libro que encontramos y que leemos, no hacen parte de un asunto
aislado o sin importancia, son justamente una constante reflexión de los elementos primarios y
24
comunes a nosotros mismos, una forma de analizar los intereses, búsquedas y estructuras
inherentes al Dasein. A esto accedemos en tanto que el lenguaje despliega una dimensión
ontológica que se estructura a partir de la lectura y grafía propia de nuestra existencia.
elementos ontológicos primarios dieron paso a una búsqueda ontológica que pretende
determinar la existencia humana. El lenguaje empieza a tejer sus redes guiando al Dasein a la
estructuración de su propio ser y al ser como guía de todo ello. La diferencia ontológica, que
aparece en frente del camino de la investigación, busca, primeramente, diferenciar ser del ente
—como ya lo he indicado— y lo hace en tanto que el Dasein toma un rumbo distinto a las
nociones tradicionales que pretendieron comprender al ente. Antiguamente, como lo menciona
Escudero (2011), Heidegger consideró que no se accedió al ente en sí mismo, «sino desde la
imposición de un determinado tipo de conocimiento con pretensión de certeza absoluta» (p.
224). Con ello Heidegger está criticando directamente la forma en la que se intentó apresar al
ente, específicamente por medio de un modelo absolutista, teórico y fundado en la relación
sujeto-objeto. De manera que, para Heidegger, el modelo fenomenológico de Husserl se
distancia de la comprensión como norte y guía de la fenomenología y, distante a ello, sigue un
modelo científico de aprehensión de las cosas mismas y cómo ellas se integran en un conjunto
«evidente y universalmente vinculante» (Escudero 2011, 224). En contraste con ello el Dasein
no se encuentra sumergido en la emergencia de un modelo absolutista, integral y teórico; para
Heidegger en el horizonte del Dasein no hay trechos entre sujeto y objeto y un afán primario
por absolutizar teóricamente lo que le rodea mundanamente. La justificación del modelo
heideggeriano define al Dasein con la especial forma de ser comprensiva y cotidiana en
contraste con la actitud reflexiva, teórica y con la conciencia como pilar de acceso al ente que
propuso Husserl. El proyecto heideggeriano tiene como pilar fundamental la dimensión
ontológica del lenguaje y su constante e inherente relación con la realidad del Dasein.
búsqueda del ser, es constitutivamente atravesado por la dimensión ontológica que abre el
espectro de comprensión y lo guía, se trata del cómo hermenéutico (Als Hermeneutische) o
“momento hermenéutico”, que como primera tarea, en palabras de Escudero (2011): orienta a:
un análisis de las estructuras ontológicas fundamentales del Dasein y de los modos de ser de los
restantes entes (…), en la medida en que el desvelamiento del sentido del ser y de las
estructuras fundamentales del Dasein abre «el horizonte […] de los entes que no son el Dasein»,
se puede decir que la hermenéutica también elabora las condiciones de posibilidad de toda
investigación ontológica (p. 230)
En síntesis, la analítica del Dasein parte de la precisión de los elementos comunes a cada
Dasein como ser existente, no para separarlo en una estructura ontológica aislada, ensimisma e
inoperativa. Lo que se teje en la analítica del Dasein es justamente el análisis de cómo la
diferencia ontológica sugiere llevar a cabo una investigación en la que se diferencia el ser,
concretando lo que es el ente, determinándolo y accediendo a las redes que tejen su estructura.
Asunto que es determinado sólo porque el cómo hermenéutico pone al Dasein en el horizonte
de su sentido y en ese camino puede desplegar sus posibilidades comprensivas. El lenguaje no
opera simplemente sobre la comprensión del sentido del ser y del Dasein, también es la forma
de acceso al mundo y a los entes, es el horizonte comprensor del Dasein.
1 1 Me refiero a la investigación que hace Adrián Escudero de este fenómeno en la filosofía de Heidegger en un
artículo titulado El joven Heidegger y los presupuestos metodológicos de la fenomenología Hermenéutica y al extenso texto de
Ramón Rodríguez en el que se analiza las diferencias entre los modelos fenomenológicos de la obra temprana de
Heidegger y Husserl titulado La transformación hermenéutica de la fenomenología.
Al respecto Cristina Lafont enumera las falencias del modelo heideggeriano y las implicaciones de esto en la
distancia de Heidegger de la tradición de la filosofía de la conciencia; Ramón Rodríguez, por otra parte, contrasta
a Heidegger y Husserl. En este escrito me ocupo del lenguaje y la relación con dos asuntos: la pregunta por el ser
y el mundo. La relación y distancia de la fenomenología de Heidegger y Husserl no son los índices temáticos de
este escrito. Para consultar estos asuntos consultar a los siguientes análisis: La transformación hermenéutica de la filosofía
de Rodríguez y El papel del lenguaje en Ser y tiempo de Lafont.
29
conocimiento, algo de la propia condición ontológica de la facticidad» (p. 112). Con ello
Rodríguez se refiere a que el horizonte de comprensión del Dasein parte de la precisión de los
elementos comunes a la analítica existenciaria, no asuntos aislados sino permanentes y
continuamente relacionados con el horizonte comprensor del Dasein. De manera que para
acceder a ello haya que buscar, en palabras de Escudero (2011), «comprender y articular la red
significativa de la realidad humana» (p. 231), no de acceso meramente científico absolutista,
sino el acceso en esencia hermenéutico. El modelo heideggeriano parte «de la interpretación
que la vida tiene de sí misma y no puede ser de otra manera» (Rodríguez,1997, p. 109), la vida
no puede ser analizada primeramente desde el ámbito meramente científico, sino en su forma
cotidiana (Durchschnittlichkeit), pues éstas son las columnas de la existencia humana y sólo desde
allí inicia el horizonte comprensivo de la realidad. La realidad del Dasein estriba en mostrar que
su ser está encaminado al mundo como el espacio en el que despliega posibilidades, en lugar en
donde ser puede ser comprensible.
La diferencia ontológica guía el camino del Dasein, pues ésta es la que enuncia las falencias
en las que la ontología antigua apresó el ser, concretamente mostrando que las categorías no
aprehenden ni conectan al sentido del ser, afirma Cristina Lafont (1997) que «sin el fenómeno
del lenguaje Heidegger no habría podido hacer plausible la diferencia ontológica» (72).
Recordemos que Ser y tiempo inicia con la reiteración de la pregunta por el ser y la necesidad de
crear conceptos nuevos que tejan una estructura ontológica completa, que corrija los traspiés
de la ontología antigua, no para abandonar completamente la ontología o la filosofía sino para
“hacer fluir la tradición endurecida”; esto es, retomar la discusión antigua sobre el ser de
manera actual, con modificaciones precisas, realizarla expresamente. Esto puede llevarse a
cabo, como lo menciona Lafont (1997), a partir del momento hermenéutico como «superación
del paradigma de la filosofía de la conciencia» (p. 41). El paradigma se refiere, para el proyecto
heideggeriano, a los modelos totalizantes y teóricos que analizan el sujeto y el objeto como dos
asuntos aislados y al lenguaje como un instrumento para la nominación de asuntos
independientes y ajenos. El momento hermenéutico es el reconocimiento de la relación y
mediación con la estructura de nuestra existencia, que supera la concepción del lenguaje como
meramente instrumental y lo toma como constitutivo al Dasein (Lafont, 1997, p. 18). De forma
aclaratoria Escudero menciona que:
En el apartado que viene a continuación menciono la forma en la que el Dasein se relaciona con
los entes y la forma en la que particular en la que se relaciona con el momento mundo.
2.2 Mundaneidad y lenguaje: los índices del horizonte comprensor del Dasein
existencial, abre las formas en la que el Dasein despliega su horizonte comprensor hacia su
realidad.
El Dasein orienta su vista hacia el mundo porque aún no tiene precisión ontológica de lo
que ello es y de las relaciones que puede tejer allí, al respecto del mundo menciona Heidegger
(2010) que:
(…) no es una “propiedad” que el Dasein tenga a veces y otras veces no tenga, sin la cual él
pudiera ser al igual que con ella. No es que el hombre “sea”, y que también tenga una relación
de ser con el “mundo” ocasionalmente adquirida. El Dasein no es jamás “primeramente” un
ente, por así decirlo, desprovisto de estar‐ en, al que de vez en cuando le viniera en ganas
establecer una “relación” con el mundo. Tal relacionarse con el mundo no es posible sino
porque el Dasein, en cuanto estar‐ en‐ el‐ mundo, es como es. Esta constitución de ser no
surge porque, fuera del ente con carácter de Dasein, haya también otro ente que esté‐ ahí y que
se encuentre con aquél. Este otro ente puede “encontrarse con” el Dasein sólo en la medida en
que logra mostrarse desde él mismo dentro de un mundo. (p. 66)
Concretamente la relación del Dasein y el mundo la entiende Heidegger como estar-en-el-
mundo (In-der-Welt-sein), no se trata de una relación ocasional o adquirida, sino de una relación
continua y conjunta sin la cual el Dasein simplemente no puede ser. La analítica existenciaria
conduce al Dasein hacia un horizonte de comprensión en el mundo como un elemento
inherente a su naturaleza, en el que existe y con el que está familiarizado. El sentido del ser,
fundamentalmente, no trata de mirar fuera del mundo, en las posibilidades de otra vida o de
mundos paralelos posibles, en vez de ello el sentido del ser articula lo perteneciente al mundo
cotidiano del Dasein (Durchschnittlichkeit) e intenta hacerlo comprensible ontológicamente de
alguna forma. La forma en la que ello se desarrolla es familiar, de conformidad hacia lo que se
busca comprender, ello está guiado desde inicio por el lenguaje como el despliegue de
posibilidades para la comprensión gradual de los temas que aparecen en Ser y tiempo. El
lenguaje, entendido como articulación de la significación ontológica y el horizonte comprensor
de la existencialidad, precisa la forma de acceso a la analítica existenciaria como una red tejida
desde distintos ámbitos y al mundo como el lugar desde donde se pueden tejer, puesto que son
elementos inherentes a la dimensión en que es comprensible la vida.
Para Heidegger las formas de acceso a la realidad del Dasein se expresan en la analítica
existenciaria y en los elementos imprescindibles de ésta. Como ya lo he mencionado, el mundo
es el primer existencial que aparece sobre la marcha de la analítica, al que el Dasein debe
acceder, no de forma cualquiera, no en los métodos tradicionales de sujeto-objeto, sino en las
relaciones, tejidos y correspondencia continua con la realidad existencial. La hermenéutica
analiza las estructuras del Dasein, lo que indica que ella se despliega por el mundo y las redes
que se tejen permanentemente de esta relación. El mundo es accesible en tanto que tiende de la
dimensión primaria y fundamental de Ser y tiempo, el lenguaje indica la forma de acceso a la
realidad y los traspiés de la ontología antigua. La analítica del Dasein no es meramente
36
Para Heidegger (2010) la ontología tradicional erró, pasó por alto el fenómeno de la
mundaneidad y, junto con esto, en la constitución de estar-en-el-mundo del Dasein (p. 72). Con
este traspié de la filosofía nos encontramos al determinar lo que es el mundo, puntualmente a
un quehacer meramente óntico que se remite y queda en los entes. En este quehacer se
enumeran los entes que hay en el mundo, se describe el aspecto de cada uno de los entes
intramundanos y se señala lo que ocurre en ellos y con ellos. Pero ello en vez de dar con el
momento mundo, lo desmundaniza, busca la respuesta a lo que es el mundo a partir del ente
que está en el mundo. Para Heidegger, el mundo no es una totalidad de cosas, no se trata de un
mundo común a todos y que todo lo abarca. Tampoco es el mundo de cada Dasein, que podría
ser casi que una construcción subjetiva. Como lo menciona Leticia Basso Monteverde (2010)
Heidegger no comprende el mundo como lo ha comprendido la filosofía tradicional, sino
«como aquel espacio semántico que emerge desde la experiencia y a partir de donde se forja la
existencia humana» (p.2). De manera que el cambio de perspectiva del pensamiento de
Heidegger acerca del mundo estriba en que la comprensión del mundo es una apertura desde
donde se forja la existencia del Dasein, al respecto menciona Mariana Leconte (2014) que ello
nos conduce a dar un paso más y preguntar no ya por un modo de darse el ente en el mundo,
sino por el hecho de su darse ya siempre en un mundo; es decir, a detenernos, no en la
estructura de ser de un determinado mundo, sino a apuntar, a partir de allí, a los caracteres
ontológicos de todo mundo posible (p. 158)
El mundo no es una unidad unidireccional, tejida sobre un único hilo, con condiciones siempre
iguales e idénticas para el horizonte del Dasein, en vez de ello el concepto tradicional del
mundo se desarticula «por el concepto hermenéutico de «mundo» como un todo
simbólicamente estructurado» (Escudero, 2014, p 233-232). La hermenéutica, entendida como
el tejido de redes sobre un horizonte constante y correspondiente con el Dasein, sitúa su vista
en el mundo, no detrás la ventana contemplativa de la tradición filosófica, sino junto a él como
el horizonte al que tiene que acceder para desplegar su horizonte comprensivo.
Heidegger (2010) quiere explicar el mundo como un fenómeno y, con ello, comprender la
función que tiene éste dentro de estar-en-el-mundo, analizar lo que es el mundo como
37
fenómeno, se trata de «hacer ver lo que se muestra como ente dentro del mundo» (p.72). De
entrada señala que el primer momento de la constitución estructural del Dasein es el momento
llamado mundo, y que el estar-en-el-mundo se entenderá a partir del análisis de esta
constitución estructural. Así, lo propio y constitutivo del momento estructural mundo es la
mundaneidad, lo que hace posible que el mundo sea mundo (Weltlichkeit). La mundaneidad es
un carácter de ser del Dasein, es una determinación existencial de éste, le es inherente, el primer
paso para esta determinación es la explicación de la mundaneidad, el ente intramundano y su
ser. Esto implica que describir fenomenológicamente el mundo signifique precisar el ser, la
esencia del ente que esta-ahí dentro del mundo, fijando los conceptos categoriales del ser del
ente (Heidegger, 2010, p.72). El estudio fenomenológico del mundo empieza por un análisis
del ser intramundano. Este estudio necesita de tres aclaraciones ontológicas esenciales. La
primera es que cuando preguntamos por el mundo ontológicamente no abandonamos de
ningún modo el campo de la analítica del Dasein. La segunda es que el mundo no es una
determinación de entes que el Dasein no puede ser. La tercera es que hay que fijar un punto de
partida fenoménico que no omita el fenómeno mismo de la mundaneidad. Estas aclaraciones
conducen a la cotidianidad media como el modo más inmediato de ser del Dasein
(Durchschnittlichkeit).
Pues bien, el trato se ha dispersado en diversos modos de ocuparse, el modo inmediato del
trato no es un conocer meramente aprehensor, sino un ocuparse que manipula y utiliza. El
ente intramundano no se nos da como pura cosa, a la que en un momento ulterior se le añade
algún “valor”, sino más bien se nos da “inmediata y regularmente” como útil. No se trata aquí
del conocimiento de las categorías del útil, sino de una determinación de la estructura de su ser.
La comprensión del ser le es inherente al Dasein y se le muestra en todo trato con entes, en
toda ocupación con ellos. El acceso fenomenológico al ente con que nos ocupamos se logra
dejando atrás las tendencias interpretativas que nos engañan, Heidegger quiere precisar la
correspondencia entre el mundo y el Dasein en una estructura sintetizadora que encadena sus
eslabones en tanto que el Dasein despliega su horizonte comprensor. Allí esto es guiado por la
propia naturaleza del Dasein que usa la dimensión hermenéutica para comprender el ente en la
práctica, no en modelos que separen al sujeto y al objeto como si no existiera un contexto en el
que la existencia y los entes se corresponden continuamente. La dimensión ontológica del
lenguaje se detiene en el ente, no como mera actitud teorizante, se detiene como forma de
acceso al ente que se entiende esencialmente en la práctica, en el uso, en el despliegue de
posibilidades del ente. Por ende, el lenguaje no es meramente un utensilio para designar las
cualidades del ente, sino la forma de acceso ala correspondencia con el ente como práctica,
como acción y no meramente contemplación, éste es la forma concreta de acceso a los entes
como comprensión.
Según Heidegger (2010), debe haber un ente que constituya un tema previo, uno que deba
considerarse como el punto de partida del camino fenomenológico (p.76), este ente no pueden
ser las cosas, pues éstas aún no tienen una determinación ontológica clara. Como aclara de
Waelhens (1986) «El mundo no es (…) la simple suma de los objetos que contiene. Por el
contrario, habrá que decir de manera general que es necesario explicar los objetos por el
39
mundo, no el mundo por sus objetos» (p. 41). Consecuentemente, Heidegger analiza el
término πράγματα con el que, según él, los griegos ya se referían adecuadamente a las cosas,
pues veían que las cosas tienen un vínculo innegable con la πράξις. Con πράγματα los griegos
se referían a las cosas con las que tratamos, con las que nos encontramos en la vida diaria. Pero
los griegos, señala Heidegger, se estancaron al pasar por alto el carácter pragmático de los entes
entendidos como πράγματα, esto es, que no pusieron plenamente al descubierto su esencia.
Ante todo el ente que comparece en la ocupación es el útil, de allí que el quehacer
fenomenológico sea delimitar el modo de ser de los útiles, lo que hace útil un útil
(Zeughaftigkeit). Para entender la esencia del útil, primeramente, aclara Heidegger, no se puede
entender el útil como un ente singular (Zeug). El útil es útil porque pertenece siempre a un todo
de útiles (Zeugganzes). Por ejemplo, el útil esfero se remite a la hoja de papel; el papel se remite a
un cuaderno; el cuaderno se remite a una mesa, etcétera. La totalidad de útiles implica una
remisión de algo hacia algo (Zeugganzheit). La remisión a una totalidad de útiles nos hace
comprensible fenomenológicamente la pragmaticidad del útil y su correspondencia con otros
útiles. Los útiles jamás se muestran primeramente por separado para llenar después su
correspondencia con otros útiles. Antes de intentar descubrir un útil en singular deberá haber
sido descubierto anteriormente una totalidad de útiles, esto es lo primero que le da sentido a
cada uno de los útiles (Heidegger, 2010, p. 77).
La esencia del útil solo puede mostrarse en el trato que es adecuado para el útil. Heidegger
(2010) usa el ejemplo del martillo para explicar esto (p. 77-78). El trato, el uso del martillo es su
ocupación para algo. La relación más originaria con el martillo es usarlo, es martillar. El único
modo en que el útil puede mostrarse en su ser propio es en el trato adecuado para el útil. A
este modo de ser útil que se manifiesta disponible y manejable Heidegger lo denomina estar a
la mano (Zuhandenheit). Aquí manejar el martillo, usarlo, martillar es lo que descubre lo útil del
martillo. Puntualmente «el útil se encuentra a disposición en un momento determinado y como
tal “es útil”. De aquí deduce que la condición de posibilidad de un útil sólo “es” en su uso»
(2010 p. 6) Lo a la mano describe el modo de ser útil desde el matillo mismo, todo lo que
funciona en y para nuestra vida. No hay, por ahora, una comprensión teórica de la
pragmaticidad del martillo, de lo que hace un martillo útil. El ente que está a la mano debe
tener un conocimiento objetivo y explícito, una determinación ontológica del ente como es
“en-si”. En la medida en que un ente puede estar a mi mano pasa a la ocupación, no puedo
ocupar un ente que no está a mi mano. Concretamente lo a la mano es la obra misma, lo que
40
mundo como “salir al encuentro de sí mismo”. Sin embargo el Dasein no es, inicialmente, un
ente con proyección hacia el mundo ontológicamente, sino que es un ente que accede al
mundo en conformidad el estado actual del mundo que desconoce su ser y que esta rodeado
de distracciones y cubierto de la niebla que no le permite ver al mundo como un horizonte
comprensor. En el capítulo siguiente me ocupo de especificar la forma en la que el Dasein ha
caído en el anonimato del «Das man» y al descubrimiento del ser del Dasein como aperturidad.
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Tercera parte: la aperturidad como horizonte del Dasein y la dimensión ontológica del lenguaje
«Cuando el Dasein descubre y aproxima para sí el mundo, cuando abre para sí mismo su modo
propio de ser, este descubrimiento del “mundo” y esta apertura del Dasein siempre se llevan a
cabo como un apartar de encubrimientos y oscurecimientos, y como un quebrantamiento de las
disimulaciones con las que el Dasein se cierra frente a sí mismo» (p. 133).
Para el proyecto heideggeriano es sustancial, en el capítulo IV y V de Ser y tiempo, precisar
fundamentalmente dos asuntos. El primero es que la simple precisión del momento mundo
como delimitación de la analítica del Dasein no es fuente de garantía de una esencia ontológica,
fuera de la comprensión óntica del mundo, de los demás y de sí mismo. El segundo es mostrar
que para salir al encuentro del quien del Dasein se deben dejar atrás las formas ónticas que
encierran al Dasein, no para dirigirlo por un camino inequívoco, sino como forma de acceso a
la comprensión de su ser en el momento estructural mundo, fundamentalmente en el
despliegue de sus posibilidades constitutivas. El Dasein, por ende, debe “salir al encuentro” de
su propio ser de forma expresa, hacerse cargo de sí mismo, acceder al horizonte comprensor
que es constitutivo a su ser, lo que Heidegger desarrolla como “aperturidad” (Erschlossenheit). La
aperturidad, en síntesis, se trata de apartar al Dasein de la oscuridad acerca de su ser, analizarlo
puntualmente como un asunto correspondiente a la inevitable esencia del Dasein, analizarlo de
forma expresa.
El ente que está constituido esencialmente por el estar‐ en‐ el‐ mundo es siempre su “Ahí”
[Da]. En la significación usual de esta palabra, el “ahí” alude a un “aquí” y a un “allí”. El “aquí”
de un “yo‐ aquí” se comprende siempre desde un “allí” a la mano, en el sentido del estar
vuelto hacia éste en ocupación desalejante y direccionada. La espacialidad existencial del Dasein
que así le fija a éste su “lugar” se funda, a su vez, en el estar‐ en‐ el‐ mundo. El “allí” es la
determinación de un ente que comparece dentro del mundo. El “aquí” y el “allí” sólo son
posibles en un “Ahí”, es decir, sólo si hay un ente que, en cuanto ser del “Ahí”, ha abierto la
espacialidad. Este ente lleva en su ser más propio el carácter del no‐ estar‐ cerrado. La
expresión “Ahí” mienta esta aperturidad esencial. Por medio de ella, este ente (el Dasein) es
“ahí” [ex‐ siste] para él mismo a una con el estar‐ siendo‐ ahí del mundo. (p.136-137)
Todo ello se puede ilustrar con el ejemplo de un periódico, de un diario. Supongamos que nos
encontramos en una sala de espera, sin distracciones, en silencio, sentados en medio de varios
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desconocidos. Al frente nuestro no hay más que una mesa de centro con varios periódicos y
revistas de diarios nacionales, se trata de útiles que están a la mano. Para distraer nuestra
espera, tomamos uno de esos diarios, el que circula todos los días en nuestra ciudad. Nos
detenemos, vemos el índice de noticias y decidimos empezar a consultar una a una las páginas
en las que se encuentran los temas de nuestro interés. El diario ilustra noticias extranjeras,
construye un “allí” de noticias que nos pueden interesar, como la recepción de los personajes
famosos de nuestro país en Europa o Estados unidos. De igual forma el diario construye un
“aquí” al mencionar la violencia, los problemas de movilidad, la polución y los artículos sobre
la recuperación de las zonas deforestadas. Como lectores entendemos el contexto que expresa
el diario y la forma en la que nosotros accedemos a ese éste por nuestras mediaciones con el
mundo, en un tejido sociocultural accesiblemente informado que nos sitúa en una realidad
actual, a nuestra comprensión acerca del mundo, a un “ahí”. Ese “ahí” puede simplemente
ojear el diario, pasar las páginas, leer el horóscopo o puede sumergirse en la lectura de los
artículos, acceder a su comprensión actual respecto al mundo, revisar el articulo y determinar si
éste es oportuno u manipulado. En pocas palabras, su ahí es la forma de acceso a una realidad
constantemente presente, no encontrada por casualidad, que busca que el Dasein no se distraiga
en las relaciones habituales, forzadas y desinteresadas en las que se desarrolla la vida, busca que
sea consciente del mundo como un horizonte en el que puede comprender y desplegar sus
posibilidades por medio de la lectura y la grafía que construye como materialización de del
trato con los entes.
decir, al mismo tiempo, que el ser que a este ente le va en su ser es tener que ser su “Ahí”» (p
137), lo que indica que al Dasein no le corresponde una actitud desinteresada, solapada, cerrada
consigo mismo. Como la aclara Lafont (1997) «Acceder a la apertura como núcleo del existir»
(p. 150), ello quiere decir que en cuanto estar-en-el mundo el Dasein no es un periódico más
sobre la mesa con información y publicidad acumulada sin interés, tampoco el ser de acceso
teórico e inoperativo, el Dasein es, en esencia, extensivamente comprensivo y practico en una
realidad específica, situada en lo que le rodea, en lo que le preocupa, lo que le molesta.
La estructura del Dasein no puede asumirse como aislada del mundo, la “apertura”
concierne siempre a la total estructura fundamental de ser en el mundo (Lafont, 1997, p. 76) y
en cuanto tal los otros y los objetos hacen parte fundamental de la construcción ontológica de
mundo. La aperturidad en la forma expresa en la que el Dasein inicia el análisis de existencia
humana en tanto «lugar del sentido o comprensión del ser» (Lafont 1997, p. 148), allí coinciden
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3.2 la dimensión ontológica del lenguaje: el análisis expreso del lenguaje como
horizonte de la aperturidad
Recordemos que las formas bases de la analítica del Dasein se delimitaron concretando la forma
cotidiana del ser del Dasein, hasta aquí he mencionado y reiterado en múltiples ocasiones que el
acceso del Dasein a la pregunta por el ser como un análisis de su vida fáctica, común, a lo que
se refiere puntualmente el vocablo alemán Durchschnittlichkeit. Pero Heidegger no se propone
analizar simplemente la pregunta por el ser y su relación con el momento mundo como
Durchschnittlichkeit, sino que, ya esclarecidos los elementos necesarios, procede a determinar el
Dasein como aperturidad, a lo que se refiere la palabra alemana Erschlossenheit. La analítica
existenciaria no es la búsqueda de un camino inequívoco y universal, en vez de ello la analítica
sale al encuentro del Dasein como muestra de que la búsqueda ontológica de su propio ser no
es determinada de principio, ella se desprende de las formas cotidianas del Dasein y apunta
hacia una aperturidad, a la búsqueda ontológica en formas existenciales, no de formas
abstractas. La dimensión ontológica que permite la comprensión de la cotidianidad del Dasein
es constitutiva a su ser, se construye desde la grafía existencial, entendida como el despliegue
de la lectura y el análisis hermenéutico del sentido del ser que está a nuestra disposición. En lo
que sigue de este apartado me ocupo la precisar la constitución del Dasein y la dimensión
transversal del lenguaje que permanentemente se relaciona con la búsqueda del sentido del ser,
del paso de la existencia entendida como Durchschnittlichkeit a Erschlossenheit.
En las estructuras ontológicas que se han mencionado en Ser y tiempo, concretamente desde
la necesidad de reiterar la pregunta por el sentido del ser hasta la exigencia de la aperturidad, se
desarrolla un proceso paulatino del modo de ser del Dasein. Esto lo entiende Escudero (2009)
de la siguiente forma
En Ser y tiempo nos encontramos con el Dasein como protagonista de una trama que se
estructura en tres actos: en un primer momento, hallamos a un Dasein cómodamente instalado
en las certezas de la vida cotidiana, que sabe desenvolverse práctica y eficazmente con las
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2Me refiero en este escrito únicamente a los dos primeros momentos que Escudero menciona, el tercer momento
no lo incluyo porque hace parte de discusiones sobre Ser y tiempo que aquí no abordo, me refiero al existencial de
angustia y su correspondiente papel en la filosofía de Heidegger.
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presenta la existencia, pues allí están los fundamentos para fijar una estructura ontológica (Als
Struktur) que explique el plexo de tejidos de lo que existir es. No podemos acceder de forma
directa a las relaciones del Dasein, por ello Heidegger empieza a delimitar uno a uno los
elementos para una estructura previa que acceda parciamente a la realidad, a construir unas
significaciones primarias (Primär bedeuten) apoyadas en el elemento constitutivo del Dasein que
nos enfoca a ello, el cómo hermenéutico (Hermeneutische Als). En lenguaje toma una forma no
expresa gráficamente, sino existencialmente, éste se hace presente en las formas de acceso al
sentido del ser y se manifiesta de acuerdo con la construcción de una estructura previa. El
acceso al sentido del ser es posible gracias a la comprensión vaga, imprecisa del sentido del ser
a la que accedemos por medio de la orientación del lenguaje. La realidad es comprensible,
accesible y ontológica, pues accedemos a ella por medio de la lectura de lo que nos rodea,
hemos crecido en un plexo de relaciones a las que empezamos a conducirnos por medio de la
estructura ontología que pueda explicarlo, estructura que es posible gracias a que haya una
realidad y una dimensión en la que pueda expresarse, esto es, por medio del lenguaje y sus
extensiones (Als Struktur, Hermeneutische Als, Primär bedeuten).
puntualmente a mostrar que el mundo es comprensible de formas distintas a las clásicas y que
la replica de los modelos antiguos son intentos faltos de horizonte y de efectividad. El
horizonte del Dasein se comprende desde su estar-en-el-mundo, se orienta hacia el mundo no
hacia la construcción de realidades abstractas objetivas. Desde el lugar que el Dasein
comprende su ser y con la orientación hermenéutica del lenguaje éste puede “leer”,
comprender y conceptualizar la realidad en la que está inmerso, puntualmente «el lenguaje no
es algo que el hombre tiene, sino algo que en cierta manera es» (Alvares, 2004, p 161)
El tercer momento del lenguaje en Ser y tiempo se sitúa en la precisión de las formas
actuales en las que el Dasein desarrolla la existencia, concretamente en la pérdida del ser del
Dasein el anonimato del «Das man». En esa perspectiva el Dasein no encuentra la forma de salir
de la confortabilidad, aún sigue siendo parte las formas ónticas en las que desarrolla su vida, las
formas que asfixian su ser. El lenguaje aquí es la orientación ontológica para que el Dasein
levante la vista, la situé en el mundo y comprenda el horizonte de su ser como un despliegue
de posibilidades. La manera en la que el Dasein efectúa esto es como aperturidad, como primer
acceso al mundo y a la relación del ser del Dasein ontológicamente precisa. El lenguaje es la
dimensión ontológica desde la que el Dasein accede a la aperturidad, accede al despliegue de sus
posibilidades como una determinación esencial de su ser, en palabras de Álvarez 2004, «La
relacion entre la apertura y el hombre— es el tema de la filosofía, el punto crucial para el
pensar. Expuestos los rasgos de la apertura (…) se pueden abordar los modos en que se da» (p.
160). De esta manera, el Dasein es conducido al descubrimiento de su ser como un asunto
primario, de frente a la comprensión del sentido del ser en general, el horizonte del lenguaje se
determina por la forma concreta en la que el Dasein despliega sus posibilidades.
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Epilogo
La dimensión ontológica del lenguaje se desarrolló en tres momentos, de acuerdo con el hilo
conductor de Ser y tiempo, concretamente me ubiqué de temas los primeros y 31 parágrafos de
Ser y tiempo. En estos parágrafos se siguió un orden gradual que, de acuerdo con el avance de
Heidegger, orientan al correcto acceso al sentido del ser y de las aclaraciones ontológicas que
ello implica. De acuerdo a ello me ubique en tres asuntos puntuales del quehacer de Ser y
tiempo: el primero, las categorías que emergen de la reiteración de la pregunta por el ser y cómo
ellas se entienden desde la construcción transversal y continua de la dimensión del lenguaje; el
segundo, la búsqueda ontológica del lenguaje, su lectura de la realidad como una
“transformación de la filosofía” y el acceso al mundo por medio de una lectura distinta, no
meramente absolutista, restringida y, el tercero, el descubrimiento del quien del Dasein como
aperturidad y la precisión de la estructura del lenguaje como acceso al sentido del ser y al
despliegue de posibilidades del Dasein.
La pregunta por el ser, de acuerdo con la forma en la que propone Ser y tiempo, necesita
precisar, comprender y analizar las formas en las que la ontología antigua intentó apresar al ser.
Irrevocablemente el camino de Heidegger es orientar su filosofía hacia un camino distinto al de
la tradición, uno nuevo, con un navegante como el Dasein y con precisiones ontológicas que no
están predispuestas, sino que salen al paso del avance de la investigación. En ello consiste la
transformación de su filosofía respecto a la tradición, “la transformación hermenéutica”. Este
camino, que empieza a develarse, construirse, precisarse y abrirse paso sale de la emergencia de
la ontología por expresar el correcto acceso al ser, no por los caminos ya explorados,
delimitados y construidos desde las antiguas investigaciones, más bien este camino es
conducido por la permanente búsqueda del Dasein. La búsqueda del Dasein no se responde
preguntando hacia el pasado de épocas memorables, el pasado es reconstruido, precisado y
distinguido de otras épocas siempre que se continúe la marcha del sentido del ser en un
continuo presente. Heidegger orienta al Dasein hacia la comprensión de su propio ser en un
camino actual, que no indica cosas distintas a los rasgos imprescindibles de su existencia. Esa
trasformación es guiada por la diferencia ontológica y cómo ello guía al Dasein a la necesidad de
replantear su lugar, su posición el camino que se empieza a recorrer, no como una réplica de la
tradición, no un camino corto en el que se alcance a entrever el final, el camino tampoco es
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una reconstrucción de la ontología clásica. Para orientar el camino en el que el Dasein pone en
cuestión su estar-en-el-mundo hay que delimitar las formas habituales en las que el Dasein está-
en-el-mundo, las condiciones actuales de vida del Dasein y buscar allí la forma base para
acceder al sentido del ser de forma concreta, definitiva.
Ante ello lo que propone Heidegger es el descubrimiento de ser del Dasein a partir de la
aperturidad, del descubrimiento del ser quien del Dasein. Esto es orientado de principio por la
constante búsqueda del sentido del ser y de las formas en las que el Dasein se orienta a ellas, en
ultimo termino por la construcción de grafías acerca de su realidad. Las grafías son el resultado
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