FRAGMENTO EL MUNDO COMO VOLUNTAD Y REPRESENTACIÓN:
“Tal como hemos considerado hasta el momento la cuestión relativa a la realidad del mundo externo, ésta siempre
partía de una tergiversación de la misma que llegaba hasta el desvarío de la razón y en ese sentido dicha cuestión sólo
podía resolverse esclareciendo su contenido. Este problema tenía que solventarse estudiando la esencia global del
principio de razón, la relación entre objeto y sujeto, así como la índole específica de la intuición sensible, al no tener
ninguna otra significación. Ahora bien, esa cuestión tiene todavía otro origen completamente distinto al indicado hasta
ahora y que era puramente especulativo; se trata de un origen propiamente empírico, aun cuando se siga planteando
bajo un prisma especulativo y con esa significación tiene un sentido mucho más comprensible que con la primera; se
trata de lo siguiente: tenemos sueños, ¿acaso no es toda la vida un sueño? O más precisamente: ¿hay algún criterio
fiable para diferenciar entre sueño y realidad, entre fantasmas y objetos reales? Pretender que la intuición soñada tiene
menor vivacidad y claridad que la intuición real no merece atención alguna, pues todavía no hay nadie que las haya
tenido juntas a las dos para compararlas, sino que sólo puede compararse el recuerdo del sueño con la realidad
presente. Kant soluciona así la cuestión: "La conexión de las representaciones entre sí conforme la ley de la causalidad
diferencia la vida del sueño". Pero también en el sueño se concepto todo según el principio de razón bajo todas sus
formas y esta conexión se rompe entre la vida y el sueño o de un sueño a otro. La respuesta de Kant sólo puede
formularse del siguiente modo: el largo sueño (la vida) está siempre interconectado conforme el principio de razón, mas
no con los sueños cortos; aunque cada uno de éstos tiene dentro de sí la misma conexión, entre ellos y el largo sueño de
la vida el puente se interrumpe, y por eso cabe diferenciarlos. Sin embargo, dirimir conforme a este criterio si algo se ha
soñado o ha ocurrido sería muy difícil y con frecuencia resultaría sencillamente imposible, pues de ningún modo
estamos en situación de recorrer la cadena causal, eslabón por eslabón, entre cada acontecimiento vivido y el instante
presente, mas no por ello los consideramos como soñados. Por ello en la vida real no suele emplearse este tipo de
indagación para distinguir el sueño de la realidad. El único criterio seguro para diferenciar el sueño de la realidad no es
de hecho otro que el criterio totalmente empírico del despertar, por medio del cual la conexión causal entre los
acontecimientos soñados y los de la vida en vigilia se interrumpe tan explícita como palpablemente. La observación que
Hobbes hace en el capítulo 2 del Leviatán aporta un excelente ejemplo a este respecto: tras haberlos tenido solemos
tomar fácilmente por realidad a los sueños, indeliberadamente, cuando hemos dormido vestidos, pero sobre todo
cuando a ello se añade que alguna empresa o algún proyecto invade todos nuestros pensamientos y nos preocupa
dentro del sueño tanto como en la vigilia; en esos casos el despertar se percibe en tan escasa medida como el
adormecer y el sueño fluye conjuntamente con la realidad hasta confundirse con ella. Entonces sólo subsiste la
aplicación del criterio kantiano; sin embargo, si como suele ocurrir con frecuencia, no cabe constatar en absoluto la
conexión causal o su ausencia, entonces ha de quedar siempre sin resolver si un suceso se soñó o si ocurrió realmente.
Aquí se revela de hecho el estrecho parentesco entre la vida y el sueño; también debería avergonzarnos admitir este
parentesco, toda vez que ya se ha visto reconocido y proclamado por las mentes de mayor ingenio. Los Vedas y los
Purana no conocen mejor comparación que la del sueño, que utilizan tan profusamente, para el conocimiento global del
mundo real, al que dan en llamar "Velo de Maya". Platón reitera con frecuencia que los hombres viven en sueños y que
únicamente el filósofo se esfuerza en mantenerse despierto. Píndaro dice que "el hombre es la sombra de un sueño";
Sófocles dice: "Veo que, mientras vivimos, no somos otra cosa que espectros y una sombra fugaz". El gran Shakespeare
dejó escrito lo siguiente: "Somos del mismo material / con que se tejen los sueños, y nuestra corta vida / se ve rematada
por el dormir". Finalmente Calderón se hallaba tan hondamente impresionado por esta perspectiva que intentó
expresarla en un drama de corte metafísico titulado La vida es sueño.
Tras citar a estos poetas, se me permitirá recurrir a una metáfora. La vida y los sueños son hojas de uno y el mismo libro.
Leerlo de corrido equivale a la vida real. Pero algunas veces, cuando acaban las horas de lectura (el día) y llega el tiempo
de reposo, seguimos hojeando ese libro sin orden no concierto, abriéndolo al azar por una u otra de sus páginas; con
frecuencia se trata de una página ya leída y en otras ocasiones de una página desconocida, pero siempre son páginas de
uno y el mismo libro. Así, una página aislada no guarda trabazón alguna con una lectura consecuente de principio a fin,
mas no por ello queda muy a la zaga de ésta, si se piensa que también el conjunto de la lectura consecutiva comienza y
acaba de improviso, con lo cual cabe considerarla como una sola página un tanto más extensa.
Así pues, aunque los sueños individuales estén separados de la vida real porque no se insertan en la conexión de la
experiencia que atraviesa continuamente la vida y el despertar marca esa diferencia, con todo esa conexión de la
experiencia pertenece a la vida real como una forma suya y el sueño ha de exhibir por contra también una trabazón
dentro de sí. Si adoptamos un punto de vista externo al sueño y a la vida, no se halla una diferencia esencial entre
ambos y se impone acordar con los poetas que la vida es un largo sueño.
Si desde este origen empírico, plenamente consistente por sí mismo, retornamos ahora al origen especulativo de la
cuestión concerniente a la realidad del mundo externo, entonces habremos descubierto que éste se basa ante todo en
una errónea aplicación del principio de razón, también entre sujeto y objeto, así como en la confusión de sus formas, al
trasladar el principio de razón del conocimiento hacia el ámbito donde impera el principio de razón del devenir; ahora
bien, difícilmente hubiera podido preocupar tan prolongadamente a los filósofos aquella cuestión, si ésta careciera por
completo de cualquier contenido verdadero y no escondiera en el fondo algún pensamiento y sentido cabal como su
auténtico origen, suponiendo así que, al buscar su expresión en la reflexión, fue trastocándose con formas y cuestiones
incomprensibles de suyo. Tal es desde luego mi opinión; no se ha sabido encontrar una expresión adecuada para el
sentido medular de esa cuestión, que yo quiero reformular así: ¿Qué es este mundo intuitivo al margen de ser mi
representación?”
Arthur Schopenhauer; El mundo como voluntad y representación; págs. 18-22. Traducción de Roberto R. Aramayo
No rechaces los sueños por ser sueños... hizo que yo temiera los espejos.
Pedro Salinas
Espejos de metal, enmascarado
No rechaces los sueños por ser sueños. espejo de caoba que en la bruma
Todos los sueños pueden de su rojo crepúsculo disfuma
ser realidad, si el sueño no se acaba. ese rostro que mira y es mirado,
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra. Infinitos los veo, elementales
Lo que corre en los ríos no es un agua, ejecutores de un antiguo pacto,
es un soñar, el agua, cristalino. multiplicar el mundo como el acto
La realidad disfraza generativo, insomnes y fatales.
su propio sueño, y dice:
”Yo soy el sol, los cielos, el amor.” Prolonga este vano mundo incierto
Pero nunca se va, nunca se pasa, en su vertiginosa telaraña;
si fingimos creer que es más que un sueño. a veces en la tarde los empaña
Y vivimos soñándola. Soñar el Hálito de un hombre que no ha muerto.
es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
lo que se escaparía si dejamos paredes de la alcoba hay un espejo,
de soñar que es verdad lo que no existe. ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
Sólo muere que arma en el alba un sigiloso teatro.
un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra. Todo acontece y nada se recuerda
en esos gabinetes cristalinos
donde, como fantásticos rabinos,
A los espejos leemos los libros de derecha a izquierda.
Jorge Luis Borges
Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
Yo que sentí el horror de los espejos no sintió que era un sueño hasta aquel día
no sólo ante el cristal impenetrable en que un actor mimó su felonía
donde acaba y empieza, inhabitable, con arte silencioso, en un tablado.
un imposible espacio de reflejos
Que haya sueños es raro, que haya espejos,
sino ante el agua especular que imita que el usual y gastado repertorio
el otro azul en su profundo cielo de cada día incluya el ilusorio
que a veces raya el ilusorio vuelo orbe profundo que urden los reflejos.
del ave inversa o que un temblor agita
Dios (he dado en pensar) pone un empeño
Y ante la superficie silenciosa en toda esa inasible arquitectura
del ébano sutil cuya tersura que edifica la luz con la tersura
repite como un sueño la blancura del cristal y la sombra con el sueño.
de un vago mármol o una vaga rosa,
Dios ha creado las noches que se arman
Hoy, al cabo de tantos y perplejos de sueños y las formas del espejo
años de errar bajo la varia luna, para que el hombre sienta que es reflejo
me pregunto qué azar de la fortuna y vanidad. Por eso nos alarman.