Expediente cuento
Los 10.000.000 mejores cuentos de la vida, o más
Edición remasterizada y actualizada de los clásicos infantiles
Con nuevas escenas inéditas, jamás contadas
Prepucio, uuuups, prefacio
Sufridos lectores, sé que me arrepentiré de haber escrito estas
líneas dentro de diez minutos; así que, antes de que mi cerebro se
autodestruya y me reencarne en una uña, siempre me ha gustado
tocarle las narices a la gente. Me gustaría liberarme de varias
décadas contando paridas a los amigos y notando cómo mi masa
cerebral degeneraba día a día. ¡Dios mío, día a día!...¡¡¡ No me
siento las mierdas!!!!
Es por ello que, no soportando más la presión intercraneal y los
capones de mi novia, que me he decidido a escribir toda esta sarta
de estupideces.
Quiero agradecer muy sinceramente y de corazón a Fresita
(“Gran Hermano”) porque gracias a ella me he dado cuenta de
que cualquier imbécil puede triunfar en la vida. Cómo no, quiero
dar las gracias a todo el entramado político español por la misma
razón antes expuesta. Gracias a Martes y Trece, Pedro Reyes,
Gomaespuma y, en especial, a Faemino y Cansado, fuente
inagotable de mi inspiración, ídolos de mi vida y de mi corazón
(confesión un poco afeminada. Pido disculpas. Gracias).
También quiero dar las gracias a mi familia por no haberme
internado en un psiquiátrico durante todo este tiempo; a mis
profesores más negados por hacerme comprender que cualquier
idiota puede creer que los demás pueden aprender de ellos; a
todos mis amigos, sobre todo a los que debo dinero y aún no me
han pegado una paliza. Puedo asegurar que no se lo pienso
devolver… Creo que se me ha ido un poco la olla. Esto debería
ser un prólogo para este libro y me he ido directamente a la
trasera de un CD, copiado, por supuesto (y una mierda me voy a
gastar 20 € en un disco con la canción del verano).
Da igual, el libro lo estoy escribiendo yo y aquí no hay nadie que
me diga que no lo puedo hacer. Quiero dejar claro que esto no lo
hago por convertirme en un artista innovador con ánimo de ser
un gran novelista. Yo me estoy dedicando a dar patadas a los
métodos y estilos conocidos sólo, y repito, sólo por una razón:
dejar de trabajar “ipso ipso”. Es por ello que también doy las
gracias a todos aquellos que se compren este libro en las tiendas
de todo a 0.90. Gracias; os llamaré desde las Fidji.
Agustín “Timmy”
Introducción
Érase una vez que un niño se cansó de que los cuentos empezaran
siempre como este y, se decidió a cambiarlos por algo más
divertido.
Primero pensó que los cambiaría por unos cromos de fútbol, pero
después se dijo: “caray, pero si yo soy un poco homosexual,
entonces mejor lo cambio por fotos de bailarines y el número de
teléfono de Nacho Duato”.
Llegados a este punto está claro que el niño, además de
homosexual, era completamente gilipollas; así que mejor cambio
yo los cuentos.
Podemos elegir varios tipos de estilo dependiendo del narrador:
Estilo “Yoda”: Era una se vez princesa una……
Estilo “Jose Mari”: El bosque va bien…. Váyase Señor Lobo……
Estilo “Juan Pablo II”: Hermanos del bosque….. ( Síncope,
trombosis, pinchazo del papa móvil)……….
Estilo “Shin Chan”: Uooooooh.. La trompa del lobo….
Estilo “A mi bola”: O sea, como a mí me dé la gana, que para eso
escribo yo.
Creo que elijo el último estilo. Me cae bien el tío este.
Los tres Cerditos, versión original
Me acuerdo que, cuando era pequeño, además de leer revistas de
corte sexual, también me interesaban historias para niños escritas
por adultos que narraban historias de hermanos, princesas,
corderitos, lobos y cerditos. En especial recuerdo una que trataba
acerca de la seguridad en las obras y de los inspectores de obras
públicas.
Esta historia discurre en un lugar del que no se tienen noticias
que exista ya; pero tampoco vamos a desconfiar del que lo contó
en su día; total, todo el mundo se cree lo de Pajares y ya ves tú.
En fin, había tres cerdos que eran hermano; o sea, el niño que
está escuchando esta historia, si fuese normal, pensaría que la
susodicha cuenta la vida de tres tíos que eran hermanos y que no
se lavaban... Pues no, porque los que escribían estos cuentos
pensaban que los niños nacen con un cierto síndrome de down
implícito que desaparece cuando se hacen mayores; pues contaba
que eran tres cerdos cerdos, sí, rosados, de los que se comen
cuando llega San Martín.
<< Estimados Hermanos Grimm, Sr. Andersen, y demás familia:
Hace algunos siglos los niños eran gilipollas. Vale, de acuerdo,
para muestra reciente Fresita pero, por favor, vamos contar
cosas creíbles.>>
Volviendo al cuento de los tres especuladores del suelo...
Un día, después de veinte años viviendo en la cuadra de sus
padres, decidieron establecerse por su cuenta y hacerse una
cuadra para cada uno. Aprovechando la situación se compraron
unos terrenitos baratos en un bosque próximo, donde todavía las
fincas eran terreno rústico, y comenzaron las obras.
El primero pasó un kilo de pedir permisos al ayuntamiento, de
presupuestos y de personal competente. Se dedicó a llamar a los
colegas del grupo de desintoxicación y a ofrecerles unas dosis a
cambio de conseguir los materiales a buen precio; o sea, a
mangarlos de otras obras y a currar levantando la casa.
El segundo tenía un colega en la diputación que le consiguió los
permisos por la cara a cambio de unos videos guarros de cerditas
jóvenes. Contrató al primero que le hizo un presupuesto sin IVA
y se fue a casa del hermano anterior mientras acababan su
cuadra.
El tercero, que además de cerdo era tonto, se volvió loco en el
ayuntamiento para que le recalificaran el terreno; sufrió infartos
cerebrales para obtener los permiso de obra; envejeció 30 años
mientras solicitaba los boletines para la luz, el gas y el agua,
además de perder el pelo a la hora de pelearse con los obreros
que había contratado para que dejaran de mearse por toda
cuanta esquina de la finca había. No bastando con esto, tuvo
también que donar un riñón, parte del hígado y chupársela a su
jefe para que lo hiciera fijo en la empresa y el banco le concediera
la hipoteca a 45 años con un 7.5% de interés variable durante los
dos primeros años (el mamón aún no conocía a Matías Prats).
Una vez que las tres cuadras estuvieron terminadas, los tres se
independizaron... Bueno, los tres, tres...no.
El primero siguió yendo a comer y a lavar la ropa a la cuadra de
su madre, que durante este intervalo de tiempo se había
divorciado del cerdo de su padre después de conocer que se lo
había estado haciendo con una gallina de la granja de al lado.
El segundo, con la excusa (falsa) de que le estaban montando la
cocina, se iba con su otro hermano a vivir de gorra y a cepillarse
a la novia de éste mientras estaba trabajando
El tercero, además de ser un cornudo, mantenía a su padre y a su
amante por que no tenían dinero para pagar el alquiler. Así que
le salió una úlcera, lo cual suponía un gasto extra de atención
médica privada porque su jefe no le pagaba la seguridad social
por cerdo.
Está claro que sólo falta la figura del lobo que pasa por las tres
casas y amarga la fiesta a los dos primeros mientras al tercero lo
deja vivir en paz. Pues no, porque el primero se entera, gracias al
segundo, de la visita sorpresa de este lobo, inspector de la
propiedad, y a medias con su hermano el toxicómano regalan al
inspector una colección de videos de gallinas en bolas y un libro
de cocina con más de mil recetas para preparar pollo; además de
unos informes falsos de la documentación de su otro hermano,
con los que el cabrón del lobo se dirige a la cuadra de éste y le
pone una multa que te cagas y lo amenaza con desalojarlo si no
paga en el momento; y se va a dar un paseo mientras el cual el
lobo se tranca a su novia que, para qué negarlo, era un poco puta.
El final del cuento es éste: el primer hermano después de todo
consiguió la cuadra tirada de precio, le hizo la pelota a su madre
y le dejó su cuadra en la herencia; así que, cuando esta murió la
heredó y la vendió para que construyeran un nuevo matadero.
El segundo, además de cepillarse a la mujer de su hermano,
falsificó el testamento de su hermano y le quitó la pensión a su
padre. La cuadra le salió gratis.
Y el tercero, después de enterarse de que era el único que se la
chupaba al jefe, que tenía dos caries, su mujer era una puta que
no veas y que su madre lo había desheredado, terminó por
suicidarse, con lo cual su hermano tuvo una cuadra extra gratis
con todas las comodidades del mundo porcino; así que vendió la
suya para que construyeran un centro comercial y echó de casa a
su cuñada por puta y porque éste no era tonto como su hermano
y vivió como Dios el resto de su vida con el alquiler de la cuadra
de su otro hermano, después de que este muriera de una
sobredosis en una fiesta en casa del lobo, que después de esto
perdió su trabajo y también se suicidó porque en realidad era un
desequilibrado, esquizofrénico – paranoico.
Y colorín morado la vida real al niño hemos contado.
Pulgoncito
En una familia donde la planificación familiar se la pasaban por
el forro; después de 7 niños, 2 abortos, 3 niñas y una botella de
ketchup nació el personaje de esta historia.
Primero me gustaría hablar un poco de sus padres. Para empezar
vamos a comentar un poco cómo era su madre, además de una
coneja.
La cultura de esta mujer era bastante limitadita. Empezó
trabajando como limpiadora en un colegio público. Su mayor
pasión era saber cuándo se operaban las tetas las famosas y quien
ganaba OT; de ahí que su concepto de condón era un poco
inexistente. En fin, como creo que la pobre mujer aparte de un
poco lerda ya tenía bastante con criar a todos estos y cuidar de no
pisarse las tetas, voy a dejarla tranquila.
En cuanto al padre... Ay el padre... Era camionero de profesión,
pero un poco hijo de puta de vocación, porque hay que tenerlos
cuadrados para hacer 11 hijos, oficiales, porque la ruta Madrid-
Valencia tenía más esperma de Pepe por metro cuadrado que
lluvia en Santiago durante el mes de marzo (que ya manda
huevos...). Vamos, que si le hacían el test de paternidad a la mitad
de los animales de la sierra, a Pepe lo declaraban reserva de la
biosfera.
Pero el peor de todos era un personaje ajeno al núcleo familiar...
El ginecólogo. ¡¡¡Vaya cabrón!!! Como era de pago, el hijo de
puta se forraba. Claro, la ligadura de trompas costaba 200
Euros; una vasectomía 350 €. Sin embargo, entre ecografías,
amniocentesis, revisiones y recetas se sacaba más o menos unos
4000 € por embarazo... así que echen cuentas.
El caso es que cuando nació el último de los niños, y teniendo el
cuenta que con el paso de los años y el uso el esperma de Pepe se
había vuelto una mierda (para que nos vamos a engañar, el
esperma es igual que todo porque si tú hoy te compras unos
zapatos y te pegas con ellos 5 años, o eres un muerto de hambre o
terminas por comprarte unos nuevos, porque el desgaste te llega
a las rodillas y eso duele que no veas); en fin, el crío aparte de ser
feo como el culo, nació enano, enano y feo. En cuanto lo vio la
comadrona salir, vomitó hasta el alma y después quería meter al
niño en una bolsa y tirarlo a la basura del asco que daba.
Pues bien, después de unos años de vómitos constantes, el niño
creció (bueno, eso parece) y como todos los niños, suponía un
gasto que sus padres no podían soportar. Así que su padre
decidió abandonarlo en el bosque más cercano (con un poco de
suerte algún cazador, pensando que era un jabato, podía pegarle
un tiro y con la indemnización tal vez tapaban un par de
agujeros). Después de hablar con su mujer cogio al crío y lo dejó
en el bosque tirado con la mochila del colegio y un par de bocatas
de chorizo y un zumito y le dijo: “ a ver pulgarcito, papá se va a
echar un pis detrás de un árbol y ahora vuelve. Tú, chatín, vete
dando un paseo, y si te cruzas con algún bicho tipo lobo, oso y o u
similar, lo insultas, le tiras una piedra o le das una patada en las
criadillas y después me cuentas como reacciona ¿vale?”.
En total, que el pedazo de cabrón del padre se las pira con el
camión y pasa del crío. Mientras tanto el chaval (o lo que fuera)
empezó a caminar por el bosque; hizo un par de pises; plantó un
pino; se comió los bocatas, y le dio una patada en los huevos a un
erizo. Hombre, era feo y enano, pero no gilipollas. Eso sí, durante
el viaje a través de la espesura, lo violó un oso; pero cualquiera le
dice que no a un oso, sobre todo si te lo dice por favor. De todos
modos el oso era un tío enrollao que al final no era un oso sino un
hippie que le dio mil duros por el servicio.
Al cabo de cuatro horas llegó a la autopista y después de saltar la
valla quiso cruzar la carretera, con la mala suerte de que paró la
guardia civil y le metió un paquete del tres, además de llevárselo
al cuartelillo para hacerle un registro y llamar a la agencia
espacial europea y decir que habían encontrado un extraterrestre
un poco apirolado y muy feo en la A-3.
Como está claro, el crío no tenía documentación. Normal, con lo
feo que era parecía que cuando le sacaban una foto se rompían
las cámaras o moría el fotógrafo, con lo cual lo tenía complicado
el bicho.
En el cuartelillo, además de interrogarlo y descubrir que era un
niño abandonado, feo, pero un niño, decidieron adoptarlo como
mascota de la compañía y cruzarlo con la cabra de la legión.
Al principio la cabra no quería, incluso le saco un ojo al crío que
al final no se lo pudieron volver a poner por que el médico no
tenía ni puñetera idea de dónde tenía que ir aquel ojo, y por
miedo a equivocarse y ponérselo en el culo, no se lo puso. Pero
por otro lado les vino bien por que a la cabra le molaban los
tuertos. Así que después de un rato y de traer una escalera, el
chaval triunfó y le mandó un rabazo a la cabra que se le pusieron
los cuernos rectos y cantaba el “Aserejé” mientras los picoletos
aplaudían y grababan un video para mandar a CM.
Pasado un tiempo y después de haber parido la cabra, llego
Cárdenas al cuartelillo a entrevistar al “trincacabras”, o sea, el
niño, que ya había hecho la mili y todo, así que de crío solo tenía
la altura.
Después de salir en la tele se hizo famoso, fue a “Gran Hermano”
como florero y triunfó. Después lo llevaron a OT y dio el cantazo
que no veas; hasta que un día caminado por la calle se cayó de la
acera y se desnucó. Lo malo es que era un día que llovía y tuvo la
mala suerte de ir a parar a las alcantarillas y ser adoptado por
una familia de ratas que lo recibieron como un regalo porque
tenían una jamonera por estrenar, y aprovecharon la ocasión
para colocarlo e írselo comiendo en lonchas.
Su familia nunca supo nada de este final. Su padre murió al cabo
de unos años de una insuficiencia renal; su madre murió de un
infarto cuando se casó Bisbal; sus hermanos terminaron
currando en una fábrica de coches en Barcelona; sus hermanas
triunfaron en el mundo de la prostitución y se operaron las tetas;
el perro abandonó la casa harto de que los críos se comieran su
comida; y los abortos continúan en los institutos anatómico-
forenses a los que fueron remitidos.
Y comodín desgraciado este cuento he destrozado.
La bella y el bestia
Cuentan los documentos que me he inventado, que en un paraje
recóndito de la provincia de Cáceres, vivía una familia allá por el
año 1983 con pocos recursos económicos y que habían tenido la
desgracia de que estaban en una de las rutas de Pepe, con lo cual
la familia era numerosa. Eran tres hermanos y una hermana.
Esta última es la protagonista de esta historia.
Federica quería ser artista, y cuando se lo dijo a su padre le cruzó
la cara con un rotulador negro (el hombre era un visionario y se
había adelantado a su tiempo en el mundo de la publicidad). Este
pobre hombre trabajaba como repartidor de cartas, lo que ahora
se llama cartero, o si uno quiere ser muy fino, funcionario del
servicio de correos, aunque para mí es un repartidor de cartas y
punto.
El hombre tenía un préstamo para pagar la moto; una faena, te
compras la moto para trabajar de repartidor de cartas y además
de comprarla tienes que pintarla de un amarillo feo feo feo feo
feo, y cuando terminas de pagarla, prácticamente te tienes que
jubilar, tienes cataratas y no te renuevan el carné de conducir, y
el cabrón de tu hijo el pequeño te la roba y se mata en una curva
al atropellar una vaca, con lo cual tienes que pedir otro crédito
para pagar el funeral... Una historia patética. En fin, Federica
además de querer ser artista, estaba más buena que una
bocadillo de choriplátano y su padre, que era repartidor de
cartas pero no estúpido, un día se la llevó a un “night club” (para
los finos), o una casa de putas (para la gente normal) y se la
presentó al dueño, al cual conocía de casualidad, prometiéndole a
la joven una fulgurante carrera como “porno star”.
Federica, como está claro, si estaba buena es que era idiota. Así
que aceptó firmar un contrato indefinido, con 4 pagas extras y 44
días de vacaciones; un contrato de puta madre, o sea, que le
ofrecieron un puesto elevado (el primer contrato suele ser una
puta mierda; el segundo una putada que te hagan trabajar así; el
tercero una puta casualidad que te lo renueven; el cuarto es un
contrato de puta en toda regla; y el “sumum” es el contrato de
puta madre). Pues bien, Federica empezó a trabajar en el ala
pública del “night club”. No; no es que se dedicara a
promocionar el puticlub por la calle. No. Ella se dedicaba a los
concejales, policía local, el cura, y sobre todo la guardia civil (sí,
todos estos se iban de putas. También son hombres, ¿no? Que
después siempre hay gente que quiere buscar cosas donde no las
hay y después las multas me las como yo. Gracias pero no).
En total, que un día llega al local una guardia civil más feo que la
leche, primer hijo del proyecto “ trinca cabras”, que necesitaba
un desahogo urgente por que el hombre volvía a tener hasta los
dientes de leche otra vez. Durante este período de tiempo,
Federica había ido al oculista y le habían dilatado las pupilas, con
lo cual no veía muy bien; así que sus compañeras la mandaron
con el guardia civil este.
Los detalles dentro de las habitaciones no puedo contárselos por
que entraríamos en un libro un poco guarrete, así que digamos
que nos vamos a publicidad y volvemos enseguida; así les
dejamos como unos 20 minutos para sus cosas, eso sí: nada de ir
al baño a mear que después volvemos con las manos húmedas y
estropeamos el libro y no es plan tirar el dinero que me he
gastado en fotocopias. Un poco de respeto, gracias.
Después de terminar, pagó y se fue. Ella se vistió y contó los
billetes.
Seguramente ahora estáis esperando que Federica se hubiera
enamorado del guardia civil y todas esas memeces que pasan en
las películas. Pues no, porque Federica, como el resto de
profesionales, después de unos años en la profesión se había
hartado de los hombres y era lesbiana (es como cuando trabajas
en una pastelería, llega un momento que ves un pastel y te entra
cagarria; o trabajas en el ayuntamiento y un día tu mujer te dice
que hay que pintar la casa, te da un infarto al pensar en el duro
trabajo que te espera).
Federica en realidad se había abierto un plan de pensiones y
estaba haciendo un curso de inglés en Opening, que es cómo
suenan las monedas cuando se caen en Londres (en España se cae
una moneda y te cagas en todo lo que se menea, sobre todo
porque no suena nada y pierdes el dinero, y ya está bien).
Federica, con lo que ahorró con el plan de pensiones pensó en
invertir su dinero en bolsa y, después de estudiar mucho sus
posibilidades, invirtió en Telefónica; no porque fuera un valor
seguro, no, sino porque era lo más parecido a una casa de putas
que había en aquel momento; porque si no, a ver quién es el que
no ha pensado alguna vez lo hijas de puta que son las cabinas de
teléfono que cuando metes un euro y hablas medio minuto,
cuelgas y en la pantalla aparece, resto 0.60 y no te lo da eh!!.
Hoy en día Federica se llama Aída; ha cambiado de vida, se ha
operado los pechos, comprado el pan y ahora compra en
boutiques de alta costura (sí, le gusta que le dejen los pantalones
por debajo de la rodilla)
En cuanto al guardia civil, se casó con una cabrona que le ponía
los cuernos con el repartidor de las cartas, el butanero, el
tendero, el hijo de la vecina y algún que otro cerdo. Terminó
suicidándose un día que no tenía nada mejor que hacer,
tirándose 740 veces desde lo alto de una silla, el forense declaró
muerte por agotamiento, aunque en realidad pensó que había
muerto por bobo. Estoy evitando de escribir palabras feas con
frecuencia porque me han dicho que pueden no ser aceptadas por
ciertos lectores... ¡Que se jodan! No haber comprado el libro...
Murió por gilipollas.
Los demás personajes secundarios de esta historia, como no
interesan a nadie, siguen vivos hoy en día. Alguno se ha vuelto
alcohólico, otros pegan a sus mujeres y otros no sé lo que hacen.
Blancanieves López
Esta historia que cuenta originalmente la vida de una princesa y
demás es completamente falsa. Blancanieves era una niña
cualquiera que había nacido con síndrome de abajo y era un poco
albina (vamos, que su padre el día que la hizo la metió, la sacó y
poco más. Puede pasar). Su familia, después de pasar por varios
programas de televisión para recaudar dinero a costa de la niña
para pagar el coche y los apartamentos en la playa, contactaron
con una clínica donde le hicieron la oferta 3x2: dejaban a la
abuela, una tía con demencia y la niña, y pagaban sólo por las
viejas. Después de firmar todos los papeles y de salir cagando
virutas de la clínica, llevaron a las pobres viejecitas con el resto
de los viejecitos a jugar al escondite, un juego muy divertido
donde le quitaban las gafas a un viejo y le hacían buscar a los
otros y reconocerlos tocando sus dentaduras postizas. También
jugaban a la “pita pinchazo”; era la mea, los viejos se perseguían
con las sillas y el que quedaba tenía que pinchar las ruedas de los
otros con un tenedor de plástico.
Mientras su abuela y su tía se lo pasaban del tres (para eso
estaban pagando) a Blancanieves se la llevaron a un estudio
fotográfico dentro de la clínica donde le hicieron unas fotos para
la revista Down´s balls (había que amortizar la oferta 3x2, los
baberos salen caros).
Y llegada la hora de la comida pasó por el despacho del director
del centro. Después se fue al comedor a desayunar, donde conoció
un grupo de siete pequeños retrasados hijos de varios
toxicómanos, con los que entabló amistad con el paso de los días.
Ellos le daban unos porritos y ella les tocaba un poquito los
cojones para conseguir metadona vía pinga.
Después de algunos meses y 30 números de la revista,
Blancanieves estaba un poco cansada de los rollos de la clínica y
pensaba en fugarse con ayuda de sus amigos, pero llego un nuevo
interno, el Elegido; sí, el elegido por el juez para mandarlo a un
centro especializado para que dejara de comerse las uñas hasta el
codo, de los demás. Ella se enamoró de el en secreto; si los siete
retrasados se enteraban podían llegar a tomar medidas (70
pecho, 96 cintura, 125 cadera). Sí, la niña era un poco deforme.
Qué se le va a hacer...
Mientras, en otro lugar del centro el director se miraba en el
espejo de su despacho y pensaba si operarse las bolsas de la
compra o cortarse las venas; tiempo en el que hablaba con el
espejo y se mosqueaba porque no le contestaba. Así que se pilló
una depresión de caballo. Los enfermeros llamaron a un
veterinario para poner solución al problema, pero cuando llegó
era demasiado tarde: el director estaba en el quirófano
operándose las bolsas de la compra. Se puso en el lado izquierdo
una del Corte Inglés y en el lado derecho una del Día. Después del
post-operatorio, el veterinario habló con el hermano de su
cuñado (total el director era un caso perdido) acerca del próximo
fin de semana que iban a pasar en la sierra. Antes pasarían por
un conocido “puticlub”, famoso por ser parte de la ruta de Pepe.
La abuela y la tía de Blancanieves habían conocido un par de
abueletes a los que estaban excitando todos los días para
llevárselos al huerto y meterles un tomate por el culo para
después sacarles fotos para sobornarlos y quedarse con su
pensión.
Blancanieves perseguía al Elegido por los pasillos y lo acosaba en
el baño. El Elegido no sabía qué hacer. Él estaba por los huesos
del director, y pasaba de aquella tía pesada a la que tenía que ver
con las gafas de sol puestas para no quedarse ciego. Pero después
de unas semanas, descubrió que ella tenía la hora de la comida
con el director; así que la siguió y, cuando iba a entrar el
despacho le dio un empujón, con la mala suerte de que ella se
tragó un chicle de manzana ácida que comía siempre para
sacarse el mal sabor de boca que le dejaba el director. El Elegido
cerró la puerta del despacho y le mandó un viaje al director hasta
los hombros, después de lo que murió desangrado en su sillón
con la minga de fuera. El postre perfecto para el Elegido: un
chupete de fresa.
Blancanieves, mientras tanto moría en el pasillo asfixiada,
cuando sus amigos descubrieron el cuerpo; bueno, lo que
quedaba, porque el Elegido se había quedado con hambre.
Entraron en una crisis histérica, corrieron por todo el recinto,
quemaron los baños, violaron a los conserjes por la ventana,
robaron sillas de ruedas, atacaron a los viejos (sobre todo a dos
que tenían un tomate en el culo) y degollaron a otros muchos.
La policía entro después de dos horas y una caja de donuts
matando a los siete trastornados de un disparo. Murieron de un
infarto en cadena después del susto y un par de rayitas en el baño
de arriba.
El Elegido fue encontrado muerto por haber comido alimentos
caducados del comedor, hecho que fue investigado por la junta
regional de sanidad, decidiendo meses después cerrar el centro
hasta que hubiera nuevos datos de los alimentos caducados que se
deban en el centro para ahorrar.
De la revista Down´s balls nunca se llegó a descubrir nada ilegal,
sobre todo porque la policía se quedó con los mejores números
para ponerlos en las salas de espera de la comisaría.
Los padres de Blancanieves se separaron cuando su madre, del
mete- saca de su padre para cumplir, descubrió que se iba de
putas con un guardia civil muy feo a Extremadura.
Hoy en día no se sabe nada de la madre; sin embargo, el padre
murió recientemente de una sífilis galopante, diagnosticada por
un veterinario conocido por haber tratado depresiones de
caballo.
Y como me he cansado, el cuento se ha terminado.
El vello dur-miente
Ésta, es la historia de un vello que vivía en un culo europeo; un
culo con una calidad de vida aceptable y un tránsito intestinal
regular, o sea, que cagaba sin problemas de ningún tipo. En un
culo hay alrededor de una cantidad de pelos aproximada, pero él
era un pelo y o u vello especial. Él tenía una crisis de
personalidad. Había nacido pelo del culo del culo, pero él se
sentía pelo del sobaco. En realidad no tenía ningún tipo de
trauma; lo que pasa es que no le gustaba su trabajo, como a la
gran mayoría de los europeos de España, porque ahora ya somos
europeos. La única ventaja de ser europeo es que ahora podemos
pasar de un país a otro sin ir al banco primero y solo con el carné
de identidad encima. Lo malo es que ahora tenemos el euro, que
mola porque vale como el dólar, pero que nos toca las narices
porque todo es más caro mientras los sueldos son los únicos que
se redondean por abajo ( crítica sin ánimo de lucro de un
ciudadano europeo que quiere volver a comer chicles de peseta).
Entonces, nuestro amigo, que se llamaba Dur (este nombre es
sólo para que me cuadre bien el título de la historia. Podría
haberse llamado Felipe, o Jacinto, Pepe no porque haría las de
dios en el culo) no quería ser pelo del culo porque era un trabajo
de mierda. Él era un pelo de arrastre.
Existen varias categorías dentro de los pelos del culo: los de
primera línea, son los pelos de apertura, ayudan al ojete a abrirse
para dejar paso al mojón; después están los pelos de arrastre, que
se encargan de tirar del mojón hacia fuera; estos después derivan
en asociaciones clandestinas de protesta llamadas “tanzanitos”,
que siempre terminan arrancados de raíz y exiliados en una
cañería cualquiera; después están los pelos de cierre, que
funcionan como el velcro, cerrando el ojete después de la
expulsión del mojón escoba; también hay pelos de pedo, que son
los que se encargan de hacer el ruido típico de los pedos; y por
último los pelos de relaciones exteriores, sólo existentes en los
culos de los fontaneros gordos.
Nuestro amigo Dur era un ignorante de mucho cuidado (aquí no
puedo decir que era un ignorante de mierda porque en este caso
el sabía más que nadie en el mundo de este tema). Creo que algún
compañero suyo trabaja en la ONU y en algún gobierno de algún
país. Dur no sabía que la vida de los pelos del sobaco no es mucho
mejor que la de los del culo. Todo lo contrario. Los pelos del
sobaco sufren mucho, sobre todo en los sobacos de las mujeres,
donde sufren constantes mutilaciones; aunque en los de los
hombres no es mucho mejor, se pasan el día mojados, y además
les rocían con un spray que huele que apesta, llamado
“desodorante”. En fin, Dur soñaba con vivir en una zona más
elevada, lejos del contacto con los mojones, unos seres bastante
desagradables que no hablaban mucho con ellos y a los que tenía
que arrastrar todos los días. Si al menos hubiera nacido en el culo
de algún estreñido hubiera tenido una vida más tranquila, pero
no. El conocía todos los tipos de mojón del mundo y vivía en la
puerta de la fábrica de mierda más grande del mundo. En
realidad Dur vivía en mi culo, y puedo decir que siento haberle
hecho esto; por ello, rindo un homenaje a todos los pelos del culo
del mundo. Estoy pensando en formar una ONG, “Tanzanitos sin
tijeras”.
Cuando Dur no tenía que trabajar, hablaba con otros pelos del
culo acerca de su experiencia. Era el pelo del culo más viejo del
lugar; tenía 15 años y había visto cómo buenos amigos suyos
habían terminado en la taza del water, bien arrastrados por un
mojón o arrancados de raíz después de formar un piquete
durante una semana. Él sabia que no le quedaba mucho tiempo.
Él quería formar un grupo de pelos científicos que consiguieran
transplantar pelos del culo en el sobaco. Debían superar la fase
crítica de rechazo entre los pelos del sobaco; necesitaban eliminar
el mal olor que había penetrado en sus folículos; era
imprescindible restaurar su colágeno y reimplantar nuevas
células ambientador de pino de colgar en el coche... pero aquella
era una empresa imposible para ellos y así se lo comunicaron a
Dur.
El pobre necesitaba cambiar de región epitelial como fuera, así
que se inventó lo de su crisis de identidad. Era como si fuera un
pelo transexual. Empezó a no arrastrar los mojones cuando
salían; no aplaudía los pedos que, aunque olían mal, eran los
únicos que conseguían un rizo perfecto después de salir, lo que lo
convertía en un pelo del culo muy atractivo. Con todos estos
problemas el pobre no conseguía pensar con claridad, no es que
un pelo del culo piense mucho pero lo poco que pensaba era una
auténtica mierda.
Un día cayo un pelo de la espalda en el calzoncillo de algodón y,
sintiéndose perdido, preguntó por el pelo más anciano del culo.
Dur acudió maravillado ante esta nueva posibilidad de conocer
pelos de otras comarcas y, después de hablar con el pelo de la
espalda, decidieron crear un proyecto de intercambio entre
comarcas; una especie de “Erasmus” pero con pelos. Huelga
decir que todos los pelos se pusieron muy contentos con esta
decisión, sobre todo Dur, que había propuesto que a él lo
utilizaran como prueba práctica antes de aprobar
definitivamente el proyecto. Dur y el pelo de la espalda iniciaron
un viaje hacia los huevos (para los sensibles: aparato reproductor
de la polla). Durante el camino iban comentando cómo tratarían
el tema sin tocarles mucho los cojones.
Siento este vocabulario pero no encuentro palabras que expresen
mejor lo sucedido en esta zona del cuerpo; de todos modos, no
crean que en la cabeza cambian mucho los términos, sobre todo
en los hombres. Siempre han dicho que pensamos con la pilila así
que, como ven, no hay mucha diferencia. En fin...
Llegados a los huevos, descubrieron contentos que su idea era
acogida con buenas maneras. A ellos se unió un embajador de los
pelos de los huevos, y se dirigieron a la prueba mas difícil: el pelo
de la cabeza, el más pijo del cuerpo (como la Aída de los pelos,
más o menos). Ellos eran los mejores, los más altos, los más
guapos, los más limpios, los mejor tratados y los mas listos.
Vamos, que lo tenían complicado para convencerlos de que el
proyecto era beneficioso para todos.
Cuando llegaron a la cabeza tuvieron que esperar un buen rato
porque se estaban poniendo unas mechas rubias. Nunca habían
visto una cosa igual. Después de diez minutos empezaron a
sentirse un poco mareados; nadie les había dicho que el amoniaco
fuese un poco tóxico. Fueron durmiéndose uno a uno. Dur, que
estaba más acostumbrado a los olores fuertes, consiguió resistir y
escapó al sobaco. Allí contó que habían peleado a muerte con los
pelos de la cabeza y que él había sido el único superviviente de su
grupo. Pidió asilo político y se quedó con la comunidad del
sobaco, descubriendo que aquella vida no era mucho mejor que
la del culo. Se pasaba la mayor parte del día húmedo, con lo que
se agarraba unos catarros del tres; así que, después de un corto
período de tiempo, dio las gracias a sus nuevos amigos; se compró
unas postales y partió hacia otras comarcas en busca de nuevos
compañeros de viaje para proponer su idea.
En el pecho se le pusieron un poco chulos; los pelos del ombligo
pasaron de él como de la mierda. Él sabía lo que era. En las
piernas salieron corriendo nada más verlo y los del brazo le
mandaron un corte de mangas que no veas. Se convirtió en un
vello errante, un paria, lo peor que le podía pasar. Sólo le faltaba
que lo convirtieran en rasta, pero eso no podía pasar por que el
era un pelo del culo; al máximo llegaría a tanzanito. No había
esperanza para él, era escoria en el mundo de los pelos y no
quería volver al culo nunca más Él era un pelo de mundo, había
recorrido el cuerpo y conocía mas que ningún otro pelo del
mundo el carácter de todos y cada uno de los pelos. Así que optó
por escribir un libro, <<Idiosincrasia del vello>>. Se convirtió en
un best seller; lo nominaron al “Premio Plaqueta”; todos los
pelos querían un autógrafo suyo, hasta lo llamaron de la cabeza
para proponerle un trabajo: sería el embajador de los pelos de
todos los mamíferos. Crearon la OMPU, Organización Mundial
de Pelos Unidos, y lo mandaron al cuerpo de un perro. Querían
saber qué tipo de vida tenían, cómo eran sus experiencias
personales. Así que, todo contento y vestido bien, decidió
cambiarse el nombre por uno más serio, y se cambió a “Coffee
Anal”.
Al día siguiente, cogió un “pelo-jet” privado y buscó un perro
donde ir; pero el “pelo-jet” cogió una corriente de aire que no
esperaba y terminó dentro de una bragueta de una prostituta. Al
principio creyó que había caído en un sobaco; estaba todo
húmedo y oscuro, pero después de un rato una chica le dijo que
ellas eran vello púbico de mujer. Él pidió que lo llevaran ante el
jefe, que él era un embajador de la recién creada OMPU y
necesitaban hablar con el fin de facilitarle un nuevo “pelo-jet” y
discutir ciertos aspectos de la vida de los pelos de las mujeres.
Una vida muy dura; cada poco recibían visitas inesperadas de
otros vellos púbicos. Además de que esto suponía una invasión en
toda regla, así como de un tráfico ilegal de inmigrantes con los
que tenían que pelear una y otra vez; pero esto era sólo un
inconveniente. Lo peor de todo es que el dueño de aquel cuerpo
sometía a su pelo a constantes torturas. Prácticamente todos los
días millones de pelos eran arrancados de sus raíces y
terminaban en el retrete; desde los pelos de las piernas, pasando
por los del bigote, sobaco, cejas y dedos de los pies. Era
horroroso; nadie se explicaba aquel comportamiento; ninguno
establecía relaciones a largo plazo; la comunicación era
imposible; la vida era insoportable y lo más grave es que la
prostituta había ahorrado para hacerse la foto depilación, una
tragedia.
Coffee Anal creó una comisión interna con la que mantendría la
comunicación y después partió en otro “pelo-jet” hacia su destino
inicial, no sin antes comunicar a sus jefes lo que había
descubierto.
El “pelo-jet” era un poco inútil, y perdió el control un poco antes
de divisar un precioso perro gris, yendo a parar a la cabeza de un
hippie un poco guarro. El golpe fue bastante fuerte, pero lo más
desagradable estaba por venir. Un piojo se aproximaba hacia él
con ojos perdidos. Tenía ganas de sangre; estaba en pleno
proceso de desintoxicación y tenía un síndrome de abstinencia
bestial. Lo atacó ferozmente y después de poco moría. Después de
morir cayó al suelo en plena calle, donde el viento lo arrastró
hacia la entrada de una alcantarilla, donde fue a parar a manos
de unas ratas que estaban comiendo algo parecido a un enano,
que tenían en una jamonera, que lo usaron como palillo para
quitarse los restos de comida de entre los dientes.
Y así terminó aquel vello del culo sus días. Sus compañeros nunca
supieron cual había sido su final; hasta hoy, que seguramente
algún pelo “súper-mega-pijo” de mi cabeza se lo contara al resto
de pelos de mi cuerpo.
Éste el final de esta historia, una historia con moraleja:
“Aunque estés hasta el culo y quieras cambiar la cosas, no
intentes mejorar más de lo que puedes, o algún capullo
chupasangres terminará contigo bajo tierra”.
Relleno descarado
Si has llegado leyendo hasta aquí sólo puede significar dos cosas:
o que estás peor que yo, lo cual es grave (de todos modos no hay
por qué alarmarse, en las páginas finales os dejo una lista de
teléfonos de los mejores centros mentales del país); o que
realmente las historias son una mierda y todavía albergas la
esperanza de encontrar algo que no merezca terminar en la taza
del water como un vulgar tanzanito.
Pues bien, creo que no vas a encontrar ninguna razón de aquí en
adelante para seguir leyendo. Lo único, que te has gastado el
dinero del menú del día en este libro y ahora tienes que justificar
el gasto inútil que has hecho; y además tienes que justificarte
delante de tus amigos. Por favor, no lo recomiendes a tus amigos;
pero si quieres hacerle una putada a alguien (tu jefe; el profesor
de matemáticas que no entiende tu nueva versión de una ciencia
llamada exacta y que a ti no te da exacto ni de coña; a tus padres
que no te dejan llegar más tarde de las 2 de la mañana y además
ni siquiera te recargan el móvil para hablar con las pijas de tus
amigas; o, por qué no, dile a tu mujer que se lo regale a tu suegra
mientras se toma ese café, corto, cortito, mientras te recuerda que
su nena es mucho para ti).
Quizás muchas de las cosas que habrás leído te hayan parecido
carentes de sentido o no te hallan hecho ni puñetera gracia.
Sinceramente, me da igual, total el libro ya lo tienes. Además,
seguro que también tienes por casa <<Poeta en Nueva York>> y
dices que es una maravilla cuando todos sabemos que lo
compraste cuando te lo mandó la profesora de Literatura de
COU y te pareció un auténtico peñazo.
De todos modos, no espero que todo el mundo se ría por lo que a
mí me hace gracia. Espero que cada uno se ría de lo que quiera,
incluso de mi foto en la contraportada. Yo me cago en tu madre si
lo haces, pero puedes hacerlo lo mismo. Si eres huérfano, me cago
en tu tía. Algún familiar vivo tendrás, digo yo....
Bueno, no se nota mucho que esto es un trocito para rellenar,
como cuando tienes un examen de historia y no te sabes una
mierda de que va el tema. Si no se nota, os lo digo yo. Esto es una
regresión mental que estoy teniendo para rellenar y conseguir un
par de páginas más; total el que paga los folios donde imprimo es
mi jefe, igual que la tinta de la impresora.
Este montón de historias parten de mi mente desquiciada y fruto
del aburrimiento pasado en este container pegado a la carretera
donde estoy desde hace dos meses. Me siento como un judío
durante la persecución nazi, sobre todo cuando como lentejas con
chorizo y me paso la tarde soltando pedos mientras rizo los pelos
de mi culo.
Gracias por haberme soportado sin vomitar hasta ahora. Ánimo,
podéis conseguirlo, podéis llegar al final, ya queda menos.
El soldadito que plomo
Durante la II guerra mundial vivió un soldado, bueno, en
realidad vivieron un montón, pero el que a mí me interesa es éste.
Si a alguien le interesa la vida de los otros, que se compre un
libro, un video o que se pasen por casa de Jorge que tiene unos
“deuvedeses” cojonudos.
Entonces, volviendo a la historia que quiero contar... Todos
esperan que cuente la historia de un soldado de plomo con una
sola pierna y que vivía en casa de unos niños ricos (sí, de esos a
los que el gordo tripón bastardo siempre les trae todo lo que
piden por Navidad mientras yo sigo esperando por el Escalextric
todavía). Nada más equivocado.
Esta es la historia de Celedonio, el hijo de un repartidor de cartas
de Murcia que no tenía ganas de seguir con el negocio familiar.
Su padre vendía sellos usados a mitad de precio en los mercados
de los pueblos vecinos, como sustitutivo de las tiritas de la
farmacia. Durante este tiempo pensaba cuál sería su futuro, y leía
el Marca hasta que un día se alistó en la legión. El muy bobo
pensaba que se anotaba en un grupo para batir un record
Guinnes con la botella de ACE más grande del mundo. Cuál sería
su sorpresa cuando lo disfrazaron de verde, le pusieron un fusil
en la mano y lo metieron en un camión rumbo a Polonia como
zapador.
De todos modos el seguía tan contento: se iba de turismo a
Polonia a zapar conejos con su fusil nuevo (ya les dije que era
bobo). En el camión charlaba con otros muchachos de aspecto
rudo que escupían tabaco en el suelo del camión y le miraban con
ojitos dulces pensando en su culito peludo virgen. Es por ello que
todos hablaban con el bobo mierda de Celedonio. Lo peor que
hicieron en toda su vida. Antes de llegar a Polonia todos pesaban
diez kilos menos: Celedonio era una bestia sexual, sólo paraba
para tomar café, y vuelta a empezar.
Seguramente llegados a estas alturas de las historias más de uno
pensará que tengo algún tipo de trauma infantil o alguna
desviación sexual profunda que no he manifestado, y utilizo estos
folios para liberarme de la presión y continuar con una vida
aparentemente normal. Quizás tengan razón... Mientras tanto,
dejen de pensar cosas raras del autor y centrémonos en la
historia; total, todo el mundo sabe ya que estoy completamente
trastornado.
Cuando llegaron a su destino, todos los mandos se preguntaban
cuál era la razón de que los nuevos soldados estuvieran tan flacos
y no quisieran saber nada de un muchacho tan majete como
Celedonio. De todos modos, como realmente les importaba un
carajo lo que les pasara, los dejaron y se fueron a tomar un café
al bar de la esquina.
Mientras tanto, a los nuevos soldados les explicaron cuál iba a ser
su misión en la guerra contra los malos. A Celedonio en aquel
preciso instante le dieron ganas de vomitar. No sólo no iba a
zapar conejos, sino que lo que tenía que hacer era buscar minas
enterradas, y además no les había cobrado un duro a los del
camión. Esta fue la primera vez que Celedonio fue consciente de
su extrema estupidez, y eso que su padre se lo había dicho mil
veces: “ idiota, para sumar no te hace falta un mechero; como
mucho una calculadora, cabezón”. Preso de una crisis de nervios
empezó a hablar con todos. Decía que era imbécil, que tenían que
rebajarlo por idiota. Lo que no sabía es que cuanto más idiota,
más interesas al ejército; así que, no sólo no lo rebajaron, sino
que lo hicieron cabo y lo mandaron con viento fresco y un
detector de metales al frente.
Por el camino no paraba de quejarse y de contarle a su grupo las
ideas de su padre, lo bien que vivía en el pueblo y todas las novias
que no tenía y que se iban con otros más listos que él. El tío se
pegaba hablando horas y horas sin parar; sus compañeros ya no
sabían qué hacer con aquel tío plomo para que se callara, hasta
que uno de los soldados del grupo esperó a que todos se
durmieran para mangarle las pilas del detector de metales y que
así se callara de una vez por todas.
Al día siguiente, éste pasó la bola a todos los compañeros que,
después de conocer la noticia, caminaban a 200 metros de
Celedonio esperando con tapones en los oídos que llegara su
momento de gloria. Después de 12 horas, Celedonio pisó una
mina antipersonas, perdiendo una pierna y un testículo de Jehová
en la explosión. Automáticamente lo rebajaron (nadie se iba a
comprar un soldado defectuoso) y lo enviaron de vuelta a su casa
en cuanto los médicos dijeron que podía volver.
Cuando llegó a su casa, nadie podía creerse que estuviera todavía
vivo. Habían alquilado su habitación a un estudiante de Zamora;
vendido su ropa en el mercado, sacaron más que con los sellos de
su padre; así que dijeron que él no era Celedonio, que Celedonio
tenía dos piernas y que no podían tener a nadie más en la casa;
que por favor se fuera con sus muletas y sus mentiras a otra
parte. Hombre, vaya parásito chupasangre, se va a zapar conejos
a Polonia, y cuando vuelve no sólo no trae ningún conejo, sino
que se deja una pierna por el camino. Hay que ser despistado.
Celedonio buscó una pensión donde poder vivir, pero nadie
quería saber nada de él. El ejército les había escrito una carta
contando lo pesado que era. Ya no sabía qué hacer cuando pasó
un autobús del psiquiátrico y se tiró delante de un salto. El
conductor del autobús se cagó en toda su familia; los pobres locos
tirados por el suelo también se acordaron de su madre, pero lo
dejaron subir con ellos.
Una vez en el manicomio, le hicieron pruebas de equilibrio sin
muletas. Probaron a enfadarlo, pero no eran capaces de tocarle
los huevos (como sólo tenía uno...). Así que lo internaron en la
zona de desequilibrados con muletas y mucha paciencia. Allí
conoció a una chica muy delgada y muy blanca de piel que corría
detrás de las escobas porque creía que aquello era echar un polvo
y ella se consideraba ninfomanía sin remedio. Lo que era en
realidad era completamente retrasada del culo, pero como era la
única chica y además tenia dos piernas, a Celedonio le pareció la
cosa más bonita que había visto después de la explosión (porque
le había dolido un huevo, pero ver una sesión de fuegos
artificiales en primera línea es una experiencia que no se puede
olvidar en la vida, sobre todo si uno sobrevive).
Después de la terapia de grupo Celedonio trataba de hablar con
la chica, pero ella pasaba un montón. Estaba loca por su escoba.
Él no sabía cómo hacer para que le hiciera caso; hasta que reunió
a unos cuantos y formó un comando de élite para secuestrar a la
escoba y enseñar a la chica lo que era un buen polvo. Todos
corrieron por el ala con la pilila de fuera, buscando la escoba.
Usaban la pilila como radar. De repente, uno de los locos tuvo
una erección, y todos buscaron la escoba en el techo, hasta que
uno entró por casualidad dentro del cuarto de la limpieza y
descubrió la escoba, que estaba liada con el estropajo verde.
Pensó que era mejor no cortarles el rollo, así que los cerró con
llave y se fue a decir que ya la había secuestrado. Todos se
pusieron muy contentos y brindaron con metadona por el éxito
que habían tenido en la misión. Después, completamente
drogados, se fueron a buscar a la chica que estaba en su
habitación mirando un catálogo de ropa interior sexy y uno de los
primeros números de “Down ball’s”. Los locos entraron y la
violaron por la ventana. Ella murió de un fuerte chock (sí, ya sé
que los expertos dirían “shock”, pero ese fue el ruido que hizo
cuando se reventó la cabeza contra la acera de la calle). Todos los
que caminaban y vieron como caía, empezaron a gritar buscando
una panadería para mojar pan en los restos. No es que yo sea un
guarro (que también), es que fuera estaba todo lleno de zombies,
en español, funcionarios públicos.
Celedonio no podía creerse lo que veía: su amor muerto a manos
de su comando de élite. Era un fracasado, una mierda con una
pata.
Cuando Celedonio murió de viejo en el hospital nadie reclamó su
cuerpo; total, era una mierda de cuerpo y no servía para nada.
Su comando de élite, años más tarde fue enviado a América,
todos vestidos de azul, que parecían pitufitos, para formar parte
de la policía de una ciudad llena de hamburgueserías y tíos
gordos por la calle.
Los antiguos compañeros de Celedonio en el frente, se hicieron
ricos con los derechos de autor de un nuevo libro, <<Pásatelo
bomba con Celedonio>>.
El padre de Celedonio murió de una trombosis.
El estudiante era un militante de la izquierda abertzale. Años
más tarde moriría en una manifestación al estallarle un cóctel
molotov en la mano.
Los padres de la chica violada se pusieron muy tristes al saber
que los zombies no encontraron ninguna panadería abierta.
Y yo, sinceramente, me he cansado de escribir. Me voy a tomar
un café.
Alicia en el país de las marejadillas
Alicia era una joven drogodependiente de Vallecas. Su madre
tenía una droguería en Moratalaz y su padre un pequeño hospital
psiquiátrico, donde se habían hecho muy famosos por su oferta
3x2.
Se podría decir que Alicia era una yonqui de la leche por culpa
de la sociedad ultracompetitiva en la que vivía, o porque había
crecido en la periferia de Madrid en un barrio conflictivo; pero
no, la culpa la tenía su madre por tener una droguería. Es normal
que si tienes un negocio así tu hija se haga drogadicta; si hubiera
tenido una farmacia Alicia hubiera sido farmacéutica; o un bar,
ella sería “barera” y se podría pluriemplear incluso en Las
Ventas; si por el contrario hubiese abierto una delegación de
hacienda, Alicia sería una hija de puta del tres. Pero no, abrió
una droguería; así que, sintiéndolo mucho señora, a mamarla. La
vida no es fácil, o se cree que yo estoy escribiendo esto porque
tengo un trabajo de la hostia donde cobro y paso un kilo de todo.
No, así que valor y al toro.
El caso es que la niña, un día viendo la televisión, oyó algo de un
barco que se había hundido cerca de la costa, un tal “Prestige”,
un escándalo grandísimo. Fraga decía que el barco para afuera,
el otro decía adentro, otros protestaban por sistema pero no
solucionaban nada y al final el barco se fue a tomar por el culo
dejando todo perdido de fuel. Con lo fácil que hubiera sido
montar una gasolinera en mitad de la ría y venderlo a mitad de
precio (esta idea me la dio un tío viejo que pretendía venderme a
mí una docena de sellos con el 60% de descuento).
En fin que Alicia se compró un billete para el tren y tiró para
Vigo. Qué bonito sitio; bueno yo le quitaría el sireno y los alcaldes
de los últimos años y sería una ciudad perfecta. En fin que la
drogata ésta dentro del tren se fue para el baño a fumarse unos
canutos, con la mala suerte de que había uno de la secreta
cagando y la pilló liándose el porrito. Menos mal que el madero
llevaba un mechero y se lo pudieron fumar tranquilos en el
pasillo. La “María” que había pillado en la Elipa era cojonuda, y
después de cinco minutos estaban flipando los dos. El de la
secreta empezó a creerse que era un vagón de repuesto y empezó
a correr hacia la parte de atrás del tren, hasta que llegó al final y
se mandó un leñazo contra las vías que se le bajó el colocón y se le
salió la masa encefálica por una oreja, momento que
aprovecharon unos zombies que acababan de salir de una
panadería para ponerse la botas.
Mientras tanto Alicia, que estaba más acostumbrada a los súper
canutos, se lió otro, se comió un bocata de gusanitos con nocilla
(qué meriendilla) y se quedó dormida. Mientras dormía soñaba
que era un chupa chups de fresa y nata en la boca de un gorila
verde con el culo marrón. La verdad es que, mientras dormía
toda despatarrada en su vagón, entraron unos peregrinos belgas
que se lo hicieron con ella y después le dejaron un poco de hachís
a cambio. Cuando se despertó se puso toda contenta al ver el
pedazo de huevo que le había dejado, trancó el mechero y se lió
otro porro que se iba a fumar en cuanto llegara a Vigo.
En cuanto llegó se fumó su porrito y después salió un poco puesta
a la calle, subió a un Vitrasa (el autobús urbano de Vigo, el único
que todos los años sube de precio mientras la calidad del servicio
baja en picado). Allí se puso a hablar con una papelera de esas
que nadie utiliza (porque están allí para tirar los billetes cuando
te bajas. Lo que no saben los dueños de la empresa es que nadie
termina con el billete entero; el que no lo rompe en trocitos, lo
convierte en una pelotita y se lo tira al vecino de delante, y el que
no hace nada con él se lo lleva para casa, donde los va juntando
dentro de un cajón que limpia cada seis meses). Al rato se aburrió
de que no le contestara cuando hablaba, así que se bajó en el
Paseo de Alfonso y metió un euro en uno de los aparatos para ver
más cerca la orilla de enfrente de la ría. La subnormal tenía que
haber metido una moneda de cincuenta céntimos; así que lo vio
todo negro, vamos, que no vio nada, y se quedó alucinando.
“¡¡¡Joder!!!, vaya montonazo de chapapote que hay” (perdón por
el vocabulario de la niña pero, qué coño, era una drogadicta,
¿qué se esperan? “Repámpanos, la mancha de crudo ocupa una
extensión ingente de agua. Pobres seres vivos del ecosistema
marino autóctono”. No, ¿verdad?... Pues entonces no me estén
cortando a cada rato con gilipolleces. Gracias.
En resumiendo, que la niña se fue al ayuntamiento a rellenar una
solicitud como voluntaria para limpiar el fuel de las Cies. Allí una
señora gorda, mal peinada y sin idea de nada (ésta es una visión
del funcionariado publico que he adquirido en Tenerife, para
mas señas en Adeje, donde para pedir algo uno necesita pedir
una semana de vacaciones sólo para presentar la documentación.
En Vigo hace mucho que no entro en el ayuntamiento. La última
vez que fui terminé haciendo la mili en Ceuta, así que no me
quedaron ganas de volver). Bien, a la muchacha no sólo no le
facilitaron los papeles, sino que la echaron del consistorio por no
hablar gallego. Así que salió a la calle y caminó por Torrecedeira
hasta que llegó a un parque donde había más gente como ella. No,
no había ningún madrileño. Esos sólo vienen en verano a
tocarnos los huevos y a comerse el marisco y beberse el vino
bueno. Se encontró con un grupo de yonquis que estaban
haciéndose unas rayitas. Ella les dijo que era de Madrid y que su
madre tenía una droguería muy buena. Todos se hicieron amigos
suyos y le dijeron que querían conocer a su madre, que ellos le
pagaban el viaje de vuelta.
Se subieron al tren todos colocados, porque eran drogadictos
pero eso sí, siempre que usaban los transportes públicos lo hacían
bien colocados, no como esos niños “tocapelotas” que se pegan
todo el viaje de aquí para allá gritando como posesos y que te
levanta un dolor de cabeza que te dan ganas de reventarles la
cabeza contra una ventanilla (menos mal que soy una persona
pacífica). Al cabo de dos horas de viaje el tren sufrió una fuerte
sacudida y descarriló. Todos los niños del tren murieron
aplastados contra el techo del tren; sus madres, atravesadas por
los cristales, morían poco después desangradas; el revisor, como
me está simpático, sólo va a perder un ojo; el maquinista me cae
mal, que se joda, muerto. El resto de la gente del tren sufrió
heridas de diversa gravedad. Algunos murieron, otros vomitaron
y el resto perdió la vida. Al final no hubo muchos supervivientes
(total esta es una historia inventada. No pasa nada. Que nadie se
preocupe; está todo bajo control. “Gracias, pero yo prefiero estar
bajo Durex”. “Cállate payaso”). Perdón por la intrusión de la
publicidad en la historia. El que quiera meter publicidad en el
libro que suelte primero la pasta. Gracias.
La causa del accidente fue que había un cuerpo tirado en mitad
de la vía, que fue lo que provocó el descarrilamiento del tren. Lo
raro es que se encontraron un montón de migas de pan cerca de
la cabeza, o de lo que un rato antes era una cabeza. Todos los
yonquis murieron colocados más contentos que un niño con el
Escalextric que le había traído el gordo tripón bastardo por
Navidad. Alicia también murió, pero más tarde. Ella murió en la
ambulancia mientras la llevaban al Hospital de la Paz.
Sus padres, bueno, su madre (su padre había muerto en un
terrible y desagradable accidente en el psiquiátrico) cuando
recibió la noticia se puso muy triste; cogió la escopeta de su
marido y fue a casa de su madre, donde le pegó dos tiros por
haberle dicho que abriera una droguería. Ella quería ser
repartidora de cartas. Por culpa de ella su hija había muerto.
Después de matar a su padre con la factura del teléfono, salió de
la casa y se lió a tiros con la policía local del pueblo de al lado,
que no tenía culpa de nada y además no contaba en esta historia;
pero como el balance de muertos no me da para que me
devuelvan esta año en la declaración de hacienda, tengo que
matar un par de personas más. Después de matar a la policía
local, que sólo había una para todo el pueblo, se fue al
campanario de la iglesia, desde donde se tiró, matando a una
pobre viejecita de esas que no tienen nada mejor que hacer que
pasarse el día rezando por la salvación de su alma en vez de
dejarme sus millones en el testamento a mi nombre. Así que, por
eso, que se muera aplastada. La madre de Alicia murió
atravesada por un crucifijo de plata que la señora llevaba en la
mano. Éste sería un final típico americano; sólo tengo que hacer
explotar el tren y me hacen una película fijo, fijo.
En fin, en las noticias sólo contaron que el tren había
descarrilado por causas todavía por determinar. Las autoridades
habían abierto las investigaciones pertinentes y un juez había
ordenado el levantamiento de los cadáveres. Claro, como él no
tenía que levantarlos… No sabía nada el tío.
Y muertos todos e incinerados este cuento desde la cripta se ha
liquidado.PUM!!!!
El paquito feo
En un lugar de la Mancha….. ¡Ostras, no, que esto es plagio!.
Perdón maestro Cervantes. Disculpas a los académicos, saludos a
los familiares de don Quijote, y que le den el número de teléfono
de Corporación Dermoestética a los de Sancho Panza.
También me gustaría explicar que esto es normal. Son las 10:34
de la mañana. Hasta dentro de 34 minutos mi cerebro no empieza
a engañar al mundo dando señales de una aparente actividad
normal.
Lo cierto es que, después de algunas historias completamente
fuera de todo tipo de estilo narrativo y grandes dosis de
estupefacientes, me he acordado de ésta. Bueno, en realidad se
me ha ocurrido esta mañana mientras me lavaba los dientes (una
extraña costumbre entre los seres humanos que yo practico con
una frecuencia memorial, o sea que me los lavo cuando me
acuerdo).
Esta es una versión descarada de la vida de un habitante de
cualquier plumífero o edredón. Pero a mí me parece una bobada
contar todo el rollo ese de que el primo de Donald primero era
feo como el culo de una rana y después de un tiempo y de tener
que vivir apartado de todo, se mira en el agua y descubre que era
un cisne. Vamos a ver, si nos lían así de pequeños como
pretenden que cuando seamos mayores vayamos a votar con las
ideas claras. ¡Coño, que nos lo pinten claro desde el principio!.
Pero tranquilos todos los políticos del país, desde que cumplí los
dieciocho aún no he ido a votar ni una sola vez. Al principio me
hacía un poco de ilusión pero, cuando llegó el día, me enteré de
que sólo se vota los domingos, y a mí tener que ir a la escuela el
domingo me toca un “poco mucho demasiado bastante” las
narices. Además, la segunda vez que hubo elecciones a mí me
mandaron una carta donde me decían que era miembro de la
mesa electoral. Al principio me sentí como muy importante, pero
después alguien me dijo que tenía que ir a las siete de la mañana.
O sea, que me paso toda la semana cabreado con el despertador
esperando que llegue el domingo para dormir hasta tarde, y justo
llega el domingo me tengo que levantar más temprano que
durante la semana... Hombre, un poco de respeto. A ver, que
alguien me diga quién es el mamón que se levanta un domingo
temprano a votar. Ni Dios... Menos mal que yo era suplente así
que pasé de ir; al máximo me podían poner una multa pero mis
horas de sueño no tienen precio. Creo que me he desviado un
poco del tema...
Bueno, la vida no siempre es un jardín de geranios (sí, de
geranios, “¡¡¡Señora cállese!!! Que no. A ver, señora, ¿alguna vez
intentó caminar por encima de un jardín de rosas? Pues hágalo
mañana y después me dice si no le parece mejor lo del jardín de
geranios”.
En fin, había un niño de unos diez años en una escuela de
Palencia, que no es que fuera feo, es que te entraban ganas de
vomitar sólo de pensar en él. Era una mezcla entre Ronaldo, el
árbitro Collina y Rossi de Palma. El caso es que el niño era feo
con avaricia.
Pues bien, además de feo era completamente estúpido y sordo; si
no fuese porque era de Palencia podría incluso decir que podía
ser hasta yo mismo, en fin, soy feo pero no gilipuertas. Bueno,
que el niño sufría en silencio sus hemorroides y las bromas de sus
compañeros, y del repartidor de cartas, y del conductor del
autobús, y de las vecinas, y del loro del cuarto... se reía de él hasta
su madre. Su padre no se reía de él porque había sufrido un
accidente un día que quiso hacer una barbacoa y se tropezó con
las chuletas, yendo a caer al lado de la mesa. El hombre no se
había hecho nada, pero su mujer le dio una somanta palos por
estropear la chuletas que le dejó un nervio de la cara hecho
polvo; así que el hombre no se podía reír ni nada de nada. Eso sí,
cuando podía le ponía chinchetas oxidadas a su mujer en la silla,
pero como la mujer era una seguidora de Isabel la Católica, tenía
una capa de roña en el culo del tres y no se enteraba hasta que
tenía que coger una avión y le sonaba el detector de metales.
El pobre Paquito vivía en un sin vivir en sí mismo que no podía
remediar. Lo único que alegraba su deprimente y estúpida vida
era que tenía tarifa plana en casa y podía chatear con un montón
de gente que no le conocía y mandarles fotos retocadas de Brad
Pitt a las “gachisis” del chat.
Estando un día conversando animadamente mientras se rascaba
el culo, (“joder señora, tenía hemorroides. Váyase a pasear un
rato al jardín”) recibió un mensaje de una chica que había puesto
su foto en el chat. Era un retoque descarado de Verónica Forqué
(for qué se llamaba así, no lo sé; de todos modos no es algo que
interese ahora) que a Paquito le volvió loco. En seguida trató de
concertar una cita con ella, pero no le contestaba nadie. Llamó a
Bill Gueis, el homosexual más rico del mundo, pero no fue capaz
de hablar con nadie; bueno sí, consiguió hablar con su madre,
que le partió las gafas de un leñazo y o u hostia que te cagas por
poner conferencias con Estados Unidos: “ si quieres hablar con
los americanos llama a Michael Jackson... Seguro que no abusa
de ti, pero por lo menos te contrata para trabajar en su zoo”; “
joder, mamá, te pasas un montón conmigo, cualquier día oigo
voces y te descuartizo con una cuchara de postre”.
El pobre Paquito ya no podía mas así que, antes de oír voces, se
preparó la mochila, vació la nevera y le robó la tarjeta de crédito
a su madre antes de escaparse de casa. Cuando salió a la calle lo
primero que hizo fue comprarse una pistola de esas con bolas de
plástico y subió al cuarto, entró en casa del vecino y le llenó el
culo de bolas de plástico al loro. El bicho moría después de un
rato... de gusto. No, Paquito no, el loro. (“¡¡Eh, Paquito, la señora
ésta te acaba de llamar bicho!!”). Después Paquito fue hacia una
señora que caminaba encima de unas rosas y le dio un paliza
tremenda; le saltó un ojo y al final la señora murió carbonizada
dentro de la ambulancia que la llevaba al hospital. Así aprende
para la próxima a no romperme las pelotas mientras escribo.
El niño, después de descansar un poco, utilizó la tarjeta de
crédito para sacar dinero. Más o menos, sacó unos 200.000 Euros
y se fue a la estación del tren, donde se compró algo de comer y
dos billetes, uno de tren y otro de lotería. El segundo se lo pasó
por la chepa y lo guardó en el bolsillo. Cuando se subió al tren
buscó su asiento y se sentó. También se fijó en cómo iba la gente
en el tren: había unos cuantos niños tocando las narices,
pensionistas que tosían, madres que no paraban de hablar y un
grupo de jóvenes muy bien colocados.
Paquito se bajó en Atocha, una estación que debe su nombre a la
época en que no había electricidad en las estaciones y tenían que
utilizar otros sistemas de iluminación. De hecho, hasta no hace
mucho, la gente cuando tenía una idea se dibujaba con una cerilla
encima de la cabeza. Era un poco peligroso porque más de una se
había quemado el pelo. Ahora somos más modernos y nos
ponemos una bombilla apagada encima de la cabeza; por lo
menos los que son listos se la dibujan apagada, los tontos mueren
electrocutados.
Salió a la calle y se compró un billete de metro (que hay que decir
que los billetes de metro son un fraude, todos miden menos de
cinco centímetros) y se dio una vuelta por Madrid, la capital de
España, la ciudad más chula del país. No es que sea la mejor, es
que son todos más chulos que un póster de Beckham en
calzoncillos. Lo primero que hizo fue buscar un sitio donde poder
pasar la noche. Como tenía un montón de dinero, se alojó en el
Ritz, (“salud”), un hotel donde uno se agarra unos catarros de la
leche; de ahí el nombre, justo al lado del Ritz, (“salud”), hay una
tienda de pañuelos de papel.
Cuando subía en el ascensor el ascensorista estornudó y el
ascensor se rompió. Paquito y el ascensorista cayeron por el
hueco del ascensor desde una altura de cinco pisos. El
ascensorista murió de un infarto mientras caía; (así le evitamos
sufrimiento) el pobre Paquito calló justo encima de los muelles de
seguridad y se quedó allí, ensartado por el culo en uno de los
muelles. El pobre murió desangrado, pero feliz: finalmente se
había curado de las hemorroides. Cuando los bomberos sacaron
los cuerpos del hueco se fijaron en una mochila que el chico
agarraba con la mano rígida y pegada al cuerpo; miraron dentro
y descubrieron todo el dinero que llevaba encima el muy
subnormal; se miraron unos a otros y, finalmente, le cortaron la
mano y escribieron en el informe que no había manera de que
soltara el muelle con aquella mano, mientras ellos se repartían el
dinero dentro del camión.
Las noticias contaron el suceso y evitaron mostrar imágenes del
pobre Paquito, no porque ver un cadáver ensartado en un muelle
y con una mano cortada fuera desagradable, sino porque el
jodido era feo que te cagas. Sólo facilitaron el nombre. Su madre,
que lo vio, llamó rápidamente a la policía para decir que ella no
sabía nada del asunto del viaje de su hijo; que por favor no le
devolvieran el cadáver y que agradecía que la dejaran tranquila.
El padre del crío se acercó por detrás con una cuchara de postre
y cara de asesino y de un rápido movimiento descuartizó a su
mujer mientras una voz en su interior le decía “mátala, mátala,
matarile rile rile rile matarile rile ro, chispon”.
Después, cuando escapaba con las tarjetas de crédito y prendía
fuego a la casa, se pisó los cordones de las sandalias y cayó por las
escaleras, partiéndose el cuello y muriendo al llegar al rellano de
la escalera.
Esta historia, igual que otras muchas que les he contado, termina
mal. No es que yo sea pesimista; todo lo contrario, lo hago por su
bien, así nos evitamos tener que hacer segundas partes. Para mí
sería cojonudo, pero para todos ustedes sería un trauma
demasiado fuerte, aparte de que dudo que ninguna editorial
publique ni si quiera la primera parte, así que, ¿para qué me voy
a romper los cuernos escribiendo una segunda?.
El señor de los palillos
12:39 de la mañana. No se me ocurre nada. El título me ha
dejado baldado. (“No es que me haya dejado Valdano por el
título, que no. Ahora echo de menos a Paquito. A la que no echo
de menos es a tu madre, ¿no podías parecerte a tu padre?. Sí, ya
sé que es mudo, por eso mismo te lo digo”).
12:43: se me ocurrió la parida de antes. Cerebro fuera de
cobertura... pi pi pi pi pi pi...
17:29 hora suahili. Mismo día. Le informamos de que tiene 3
mensajes en el hipotálamo pendientes de respuesta. Para más
información pulse huevecillo.
La primera vez que fui a comer a un restaurante oriental, en
“croqueta” a un malayo, lo primero que me llamó la atención
después del camarero, (por mear estilo chino, o sea con los ojos
casi cerrados dejando todo el baño perdido), fueron unos
extraños instrumentos que normalmente los occidentales, que son
todos aquellos que han tenido algún tipo de problema de cálculo
de espacio con el coche, utilizamos para retirar restos de carne de
los espacios interdentales; claramente, para limpiarnos la mierda
de los dientes y así evitar tener que lavárnoslos a nosotros mismos
mismamente. Los dentistas también tienen derecho a comer, digo
yo. Sin embargo, los orientales, o sea, todas las personas que
pueden funcionar como antena parabólica o lámpara flexo, los
utilizan para comer, o al menos eso dicen ellos, porque si no que
alguien me explique a mí cómo hacen para comer la sopa. A lo
mejor le ponen un poquito de algodón al final y lo chupan
después de mojarlo en el caldo.
El caso es que después de varias visitas al mismo restaurante, el
camarero seguía mirándome mal; total, sólo por lo del baño y por
jugar con el salero. El salero era muy original: era un huevo de
gallina fosilizado y partido por la mitad, una mitad tenía la sal y
la otra la pimienta. Este salero era blanco y estaba encima de una
base de madera negra, y yo jugaba a que era un satélite ruso, el
“Huevosnik”, hasta que un día sufrió un accidente. Normal, yo
soy occidental. Desde luego estos malayos no se enteran de nada.
Además, la culpa no fue solo mía; dentro del satélite iba una
astronauta rusa. Porque seguro que nadie se ha preguntado
nunca por qué hay tan pocas mujeres astronautas. Es muy fácil,
si se fijan en cómo conducen un coche y luego se preguntan cómo
lo harían con un cohete se responden rápido (bueno, antes de
ganarme un capón, voy a dejar este tema tan controvertido,
aunque a la vez tan interesante).
La cosa es que viendo los palillos me sentí como Dinio,
“confundio” total. Por eso le dije a mi novia (aunque no se lo
crean, tengo novia. Ella no lo sabe, pero es mi novia): “¿por
favor, le puedes decir a ese camarero con mirada misteriosa (con
los ojos así de cerrados no hay dios que sepa lo que está mirando.
A veces me imagino cómo serán las mirillas de las puertas en los
países orientales; deben ser como los ojales de los botones de las
camisas) que te dé un par (de leches) de palillos para probar
cómo se hace y quedar en ridículo delante de todo el mundo?.
Gracias”.
Después de media hora con los palillos tenía un dolor en la mano
que no se pueden imaginar. Total, que al final comí con las
manos, que es mas cómodo.
El protagonista (pobre desgraciado) de esta bonita historia
inspirada durante mis viajes por el Tibet... Suena que te cagas,
pero nunca he estado en el Tibet. Lo más parecido que he
visitado al Tibet ha sido el “bidet”; así que, como se supone, esta
será otra historia de mierda con final justo cuando se acaba la
historia. Ergástulo... Con ese nombre habría que matar a los
padres por cabrones………
Los padres de Ergástulo eran una feliz pareja de activistas
islámicos que, durante una manifestación pro-amnistía, fueron
alcanzados, mira tú que casualidad, por un misil “aire-aire”
perdido que acabó trágicamente con su vida dejando huérfano al
pobre Ergástulo. Pensándolo bien, creo que también tendría que
matarme yo; al fin y al cabo la historia me la invento yo, así que,
realmente, el mayor hijo puta soy yo (“el que sigue aquí, soy yo.
No voy a morir. Escribo historias, no soy subnormal. Si alguien se
muere, se muere y ya está” (qué bonito momento musical.
Gracias, Marta Sánchez).
Ergástulo creció en un pequeño “huerfanato”. Sí, “huerfanato”,
me gusta más así. Además, si mucha gente habla mal en
castellano, español o como coño haya que decirlo... Al final unos
señores que suelen ser viejos y escribir muy bien deciden que hay
que poner la palabra en cuestión en el diccionario y ya está bien
dicha. De todos modos, con agregarla al diccionario del
procesador de textos ya está. Deja de poner esa molesta raya roja
debajo de la palabra que parece que dice “ burro, escribe bien,
burro, utiliza más de un dedo para escribir”. Bien, en el
huerfanato (sin raya roja por debajo) perdió la dignidad muy
pronto, justo a los dos meses de nacer. El pobre tenía unos cólicos
tremendos, así que la enfermera le metía un bastoncillo de
algodón por el culo para forzar la cagada. Menos mal que esto no
supuso un condicionante y el niño cuando creció fue un
heterosexual medianamente activo (manualmente era un
fenómeno).
Recordando su pasado, estudió para ser operario en una cadena
de montaje de palillos. Para los profanos en materia de palillos,
en cadena, un operario tiene que realizar dos tareas primordiales
en la producción del palillo. La primera es el control de calidad.
Todos los días los operarios tenían que llegar a la fábrica sin
lavarse la boca y, una vez que sonaba la campana, empezaban a
probar uno a uno, la calidad de los palillos. La segunda parte en
su trabajo era el empaquetado del palillo; pero, para no aburrir
al lector con datos técnicos que realmente desconozco, vamos a
dejarlo estar así.
Después de varios años en la cadena de montaje, Ergástulo fue
ascendido. Lo mandaron a realizar el mismo trabajo a la primera
planta de la fábrica, desde donde podía ver los escotes de las
compañeras de abajo. Estaba demostrado que un hombre
estimulado sexualmente hace todo aquello que se le diga con una
eficacia impresionante. A ver si se creen las mujeres que
cocinamos o limpiamos bien cuando ellas nos lo dicen. Lo
hacemos cuando realmente nos interesa (je, je, creo que esta
historia no se la voy a dejar leer a mi novia).
Cuando salía de la fábrica, y aunque parezca rarísimo, nunca se
iba con los colegas al bar. Es muy sencillo, después de ocho horas
viendo millones de palillos, lo que menos les apetecía era ir al bar
donde al pedir una cerveza te ponen una tapa de tortilla o unas
aceitunas. Si acaso se iban al cine, que las palomitas se comen con
la mano y el refresco con una pajita… ¡¡¡Ah carallo!!!, por eso los
chicos cuando van al cine siempre toman refresco... Mira tú por
qué era... Y yo, de subnormal, me compraba el refresco de bote...
qué bobo.
Su vida era más o menos normal: tenía una casa en las afueras,
pagaba una hipoteca como si fuera en el centro, una motito para
ir al trabajo, un perro un poco cabrón que le ciscaba la basura
por toda la casa cuando él no estaba, de vez en cuando conocía
alguna chica y eso... Una vida normal, vamos... Lo único que no
era normal era su nombre, sobre todo porque cuando lo
llamaban por el nombre corto parecía que llamaban al butanero.
Lo más fuerte era cuando alguno bromeaba con su nombre:
“Ergástulo, chúpame el culo”. Lo más normal es que terminaran
a hostias el 20 por cien dos mil de las veces. Al final decía que lo
llamaran “Gastu”. Sonaba un poco a vasco, pero era mejor que
nada.
En total que, un día de invierno, conoció a una chica. Empezó a
oír música de fondo, la luz iluminaba todo a su alrededor…. Era
navidad y ella estaba delante de un centro comercial y él
esperando a cruzar la calle, pasó un coche con la ventanilla
bajada... Qué suerte, con la ventanilla bajada; suerte por dos
motivos: primero porque era invierno y podía conducir con la
ventanilla abajo; y segundo, porque no todos pueden bajar la
ventanilla del coche; ya hace como un año y medio que tengo la
del mío sujeta con una cuerda y no la puedo bajar. Parece ser que
Ergástulo se enamoró o algo así.
Ya sé que todo el mundo se enamora en primavera, pero a mí me
parece una mariconada, y como estoy escribiendo yo se enamoró
en invierno y basta. El que quiera que se enamoren en primavera
que escriba un libro y deje ya de interrumpirme; empiezo a oír
voces y tengo una cuchara de postre en la mano. Qué, ahora no
hay huevos de interrumpirme, ¿eh, valientes?... Qué vergüenza,
tener que amenazar a la gente con una cuchara de postre, desde
luego. ¡¡Joooooder!! Se enamoró un poco, ¿vale?.
Bien, ella era una azafata de supermercado, promocionaba unos
turrones de chocolate de una marca que, como no me han pagado
por la publicidad, pues no la digo. Se llamaba Alicia y era
drogadicta. Su madre tenía una droguería (como ya expliqué lo
que pasa cuando tu madre tiene una droguería, pues sigo
contando esto). Ella no le hizo ni puñetero caso, llegaba tarde a su
cita de los miércoles con su camello de cabecera, el que le daba
todas las drogas en general (otro día les explico las distintas
categorías entre los camellos. Ahora no se me ocurre nada,
gracias).
Total, que cuando cruzaron la calle ella siguió caminando tan
ancha (era un poco gordita) y él se quedó mirándola, sin darse
cuenta de que estaba en mitad de la calle en una avenida
principal, en hora punta, antes de las fiestas de Navidad, cuando
todo el mundo esta histérico por culpa del gordo tripón bastardo
que nunca me trae….. (ya sé que soy un poco pesado, pero tengo
un trauma; bueno, en realidad tengo un montón, pero éste es el
que más recuerdo. Gracias por la comprensión oral). Un coche
deportivo rojo con un caballo negro delante sobre un fondo
amarillo (sigo sin decir marcas) se acercaba a 340 Km./h hacia
Ergástulo, que seguía apirolado completamente. Voy a evitar dar
detalles del golpe. Ergástulo salió despedido 50 metros sin las
piernas, que habían sido cortadas a la altura de los tobillos y
sangraba como un cerdo dejando un rastro rojo por donde
pasaba, yendo a estrellarse contra el bordillo de la acera de
cabeza, donde se partió el cráneo en dos; rebotó y chocó contra
una señal de prohibido estacionar, donde se reventó por dentro; y
además le pusieron dos multas, una por estacionar en zona
prohibida y otras por manchar la acera con restos humanos
todavía calientes. El conductor del vehículo deportivo salió
disparado por el parabrisas, partido por la mitad después de
vencer la resistencia del cinturón de seguridad y explotar el
airbag con la gafas rotas que se había clavado en la cara. Su
cuerpo, bueno la mitad que salió despedida (la otra todavía tenía
trabajo), quedó a 3 metros de los restos de Ergástulo, que ganó la
prueba de lanzamiento de tronco, batiendo el record mundial en
17,30 cm.. Todo el mundo en la avenida aplaudía loca de alegría
por el nuevo record. Esta vez el juez no ordenó el levantamiento
de los cuerpos; sólo dijo que pasaran una fregona y metieran los
restos en cualquier papelera, total uno era huérfano de
huerfanato y el otro había quedado irreconocible. Pasarían la
multa por exceso de velocidad a la familia, y aquí Paz y después
Gloria.
Y como estoy agotado, mi cerebro se ha apagado. Clic.
El rey meón
Hola, estoy en casa. Cómo mola el portátil de Jorge, sí el de los
“deuvedeses”. Es que me quedé sin tinta en la impresora de la
cámara de gas, son las 22:49 y todavía tengo ideas. Estas
anfetaminas son cojonudas. Perdón por mi español.
Yo lo que quería es contar algo de lo que me he enterado. Como
todo lo que he dicho, es mentira, pero también nos dijeron que el
Prestige no se iba a hundir y ya sabe todo el mundo el final de la
historia básicamente es como Titanic, pero sin las bobadas de la
gente colgada encima del parachoques del barco (pido perdón al
Capitán Pescanova), subidos encima del mascarón de proa, que
es como un “espaguesti” y que va delante de los barcos.
Bueno, que la cosa va de un señor que, mira tú por donde, era
rey. “¡Coño, qué casualidad, como el del título de la historia”.
“Sí; es que, aquí donde me ves, terminé la EGB”. Bueno, el rey
éste (que aún no se me ha ocurrido todavía el nombre, así que
aún no voy a dar nombres, no sea que alguien se me vaya a
mosquear), bien, este rey había cumplido los 52 años de edad. Se
llamaba Gumersindo (¡se me ocurrió!) y había prestado su
imagen cuando era joven para una conocida marca de chicles.
Gumersindo era un rey tranquilo, como todos aquellos que no
hacen nada y tienen la vida arreglada desde que nacen, y por eso
no tienen que escribir historias completamente desquiciadas para
dejar de trabajar . El tío se pasaba la vida entre carreras de
pollos anoréxicos, concursos de lanzamiento de troncos y salas de
cine x (la reina era un poco estrecha, 3 mm., y no podían
mantener relaciones de tipo cochino, vamos que follaban menos
que la Barbie y el Ken). Después de una semana de su
cumpleaños real, (qué chulo que es el rey, todo lo que hace es
real; el resto del mundo somos de mentira, no te jode..), bueno,
que al hombre le empezaron unos extraños síntomas en la zona
de debajo de la barriga. El tío tenía la próstata destrozada.
Tantos años masturbándose no podían ser buenos.
Llamaron a todos los especialistas y rodaron una película.
Cuando terminaron, llamaron a un médico de la polla, o sea, un
urólogo, que le diagnosticó una disfunción eréctil real con un
descenso de la actividad prostática degenerativa. La única
solución que existía era cortar por lo sano.
Después de muchas pruebas, fijaron la operación para el mes
siguiente. Se operaría en una clínica privada, una de esas que
funcionan bien y no te ponen una tirita encima de un corte con
tres puntos que en realidad necesita cinco y las enfermeras
gritan de una punta a la otra del pasillo, y puedes levantarte de la
cama y robar tu historia médica con el informe del accidente
laboral, donde lo anestesiaron y empezaron a operar con un solo
objetivo, cortar por lo sano.
El problema fue que el rey, además de un asiduo consumidor de
películas guarras, era un bebedor empedernido y se lavaba bien
poco. Bueno, no era el primero que no se lavaba. La cosa es que
primero le cortaron el miembro real, después le extirparon los
intestinos (el hombre no podía evacuar con la regularidad que lo
hago yo); una vez que le tiraron los intestinos a la basura,
tuvieron que arrancar los riñones y el hígado; a causa de fumar
tantos porros reales, tenía los pulmones hechos una mierda,
colocadísimos, pero hechos polvo, así que terminaron en la
carnicería de Venancio, el que le vendía la carne a la
hamburguesería “I´m lovin it” (sigo fiel a mi idea de no escribir
publicidad gratis en mis historias). Cuando llegaron al cerebro,
descubrieron que la actividad cerebral era nula, y como tenían la
bolsa de la basura llena, lo metieron en un cenicero que había en
el pasillo.
Como no me gusta dar detalles de estas cosas de la cirugía,
diremos que Gumersindo no soportó la operación y murió diez
minutos antes de entrar en el quirófano 4. La reina lloró un poco
para las fotos. Después se fue a comprar unas magdalenas y un
par de barras de pan para un par de zombises que estaban
hurgando en un cenicero del pasillo.
El urólogo murió pocos años después en un accidente delante de
un centro comercial cuando un mamón se había quedado parado
en mitad de la carretera babeando, mientras una yonqui vestida
de azafata se alejaba sin hacerle ni puñetero caso.
La reina también murió. Murió aplastada cuando paseaba cerca
de la vía del tren y miraba un extraño bulto rodeado de zombises.
Ahora es cuando suena la música y la gente se levanta medio
dormida, mientras encienden las luces y empiezan a limpiar la
sala llena de restos de palomitas tiradas por el suelo.
Ensayo científico-esotérico-falso
de la vida de un tomate
Aunque pueda parecer una locura, que lo es, el título de esta
bonita historia narra la vida de un tomate cualquiera. En caso de
que no te gusten los tomates, puedes escribir con un bolígrafo en
los espacios habilitados al efecto, el tipo de verdura y o u
hortaliza y o u fruta que te dé la gana; una idea innovadora
antirreproducción ilegal que también sirve para personalizar tu
libro.” Ya sé que escribiste tu nombre en la primera página para
que tu hermano el pequeño no te lo robe, pero me da igual; así es
más tuyo. Eso sí, no se te ocurra tratar de venderlo más caro
después de leerlo, o te corto los huevos”.
Para empezar, quiero dejar claro que todas las cosas que a
continuación voy a exponer, son fruto de horas y horas de
reflexión que, como ya os habréis dado cuenta, no me han servido
para nada.
El estado ideal de cualquier verdura y o u vegetal, en este caso el
tomate , es el de semilla empaquetada. Me explico
(siempre si me da la gana, claro); la semilla empaquetada es más
feliz que la leche: está en un bonito paquete cerrado donde está
con otras semillas con las que puede hablar, o pelearse, o
simplemente pasar de las otras semillas y dejarse crecer la barba
y crear un movimiento pro-liberación de las semillas para su
completa reinserción al mercado vegetal. Sin embargo, una vez
que cualquiera de nosotros compra y o u roba un paquete de
semillas de tomate en cualquier tienda, se produce un
caos dentro de la sociedad tomatil . En primer lugar, o sea,
en el sitio campeón, entra la luz toda de golpe y todas la semillas
se quedan ciegas. “¡oooooooOoooH, no puedo ver, mi vida ahora
está condenada a vender cupones a las once. Qué tristeza más
grande. Quiero ver a mi mamá. oooooooOOooooooooh, el
monstruo del cubo!”. Básicamente y a grandes rasgos, esta sería
la reacción normal de cualquier futuro tomate .
Nosotros automáticamente, siempre si tenemos pilas y el
fabricante lo ha incluido, nos armamos de una maceta, tiesto,
botella de plástico o lo que se nos ponga entre los mismos, y con
un cubo rojo tomate , después de enterrar la semilla viva, la
regamos; para que se joda, por semilla. Después de esto,
esperamos como una semana. Durante este tiempo el tomate
puede que haya sobrevivido. Si esto se produce, el desafortunado
tomate , tendrá que luchar contra todo tipo de insectos,
curarse los hongos de los pies y llamar a su madre para
comunicarle lo mal que lo está pasando como semilla
independiente. En el momento en el que cree que todo ha pasado,
le cae encima un montón de mierda que se supone sirve para que
crezca más rápido y más fuerte (yo creo que lo mejor sería darle
unos potitos, es menos agresivo y vive mejor).
Al pasar algún tiempo, el tomate se acostumbra a su
nueva casa y echa raíces, le sale pelo y empieza a crecer muy
bonito y muy verde. Siguen intentando ahogarlo, pero ya no le
preocupa tanto; total, acaba de aprobar el curso de Padi y bucea
que te cagas.
Cuando el tomate alcanza una edad más o menos
aproximada, empieza a sufrir cambios en su morfología vegetal
en sí misma (nota (4.5) : como empiezan a crecerle como unas
flores, en ese momento, sufre una crisis sexual profunda. Se
pregunta si quizás, por no se sabe qué motivo, no será una tomata
lolaila). Una semana después la crisis desaparece y da paso a una
chulería que te cagas (“pfffffffff, plop”). Las flores se han
convertido en unas bolas rojas brillantes que cada día son más
grandes; se siente el más macho de la maceta y llama a su madre
para que se ponga en contacto con una productora de cine x,
“Tomatoncio Sifredi, el superdotado del
invernadero”.
El tiempo intermedio entre esto y la siguiente fase me la voy a
saltar. Tengo una crisis creativa muy grande, mi cerebro no
puede soportar estos niveles de esfuerzo continuo.
El pobre tomate recibió una visita manual de tipo
humano recolector que acabó con su vida como vegetal. Las
pelotas rojas fueron arrancadas sin contemplaciones. A causa del
sufrimiento murió como planta y se reencarnó en fruto (todo el
mundo sabe que las plantas son budistas, una mezcla entre burra
y lista). Se reencarnó en un precioso rojo y brillante tomate
(no era muy original que digamos, pero así no me revienta el
ensayo. Si quieren pueden esperar un poco y lo reencarnamos en
lápiz de labios o en camión de butano de juguete, pero para eso
hay que esperar a que termine con esto, gracias). El nuevo tomate
era realmente muy bonito. Lo metieron en una caja de madera y
lo mandaron con otros tomates de camino a un
supermercado. Allí lo manosearon un montón de viejas
asquerosas y alguna que otra tía buena de esas que sólo comen
ensaladas y porquerías así (donde esté un buen filete con
patatas...) hasta que, pasados dos días (así no se pone muy
maduro y lo podemos usar para una ensalada), una tía buena lo
metió en una bolsa de plástico, que es igual que Michael Jackson:
blanca, plástico y peligrosa para los niños, y se lo llevó a su casa.
El tomate iba todo contento; acababa de ligar con un ser de
otra especie y además estaba buenísima. “¿No será una
prostituta?. No llevo dinero encima, ¡qué mierda!”.
En cuanto llegaron a la casa, la tía buena se fue a duchar. Se
duchó desnuda (este es el momento que todos los pervertidos que
hayan comprado el libro, dejan de leer y se van al baño ellos
también). Después de la ducha, se puso un sujetador y unos
calzoncillos. Se llamaba Manuel (ahora es cuando los pervertidos
vuelven a dejar el libro y retornan al baño a vomitar. Los demás
nos partimos el culo de la risa).
Volviendo a lo que estamos, la tía/o buena/o sacó toda la compra
de la bolsa y la pasó por debajo del grifo. Hasta aquí todo bien; lo
malo es que después, aparte de que no lo secó, es que con un
cuchillo de esos que utilizan los maltratadores de mujeres para
matarlas (voy a poner un punto. ¿A que lo puse muy bien? Ahora
pongo otro. Un minuto de silencio serio para todas las víctimas de
la violencia, de cualquier tipo y en cualquier lugar en el que esta
se produzca. Uuf!! Qué momento acabo de pasar, acabo de batir
mi record personal de seriedad en 4.3 segundos. Gracias por sus
muestras de cariño. Si eres un pervertido por favor, antes de
coger el libro, lávate las manos).
El desdichado tomate , fue cortado en pedacitos y repartido
y o u diseminado “(inseminado no, ¿te lavaste la manos?. No.
¡¡Tira pa´l baño, que te meto un cate!!”) dentro de un bol de
plástico con otras verduras. Después, para aumentar su
sufrimiento, lo rociaron con limón, vinagre y sal, haciendo el
dolor insoportable. Al entrar en la boca llena de dientes con
caries y sarro amarillo limón, el tomate ya estaba muerto.
Como se puede observar la vida de un tomate , no es tan
simple como parece.
Gracias por su atención. Rogamos desalojen la página
ordenadamente y sin muestras de dolor. Besos a las chicas, un
saludo a los chicos, y a los pervertidos… ¡que les den por culo!
La cenicienta
Eufrasia era una empleada de un estudio de arquitectura.
Trabajaba como secretaria. Su padre era de Barcelona y su
madre de Tenerife, pero ella no tenía la culpa.
Antes de convertirse en secretaria había tenido que estudiar muy
duro, hincar las rodillas y cuidarse los dientes muy bien. En el
instituto politécnico la llamaban “la aspiradora de Parla”. Cada
cual que saque sus propias conclusiones.
Pero, realmente, por lo que era ya famosa desde que era pequeña,
además de que se veía que iba a ser más puta que las gallinas, es
porque la niña era un poco gafe, “con leche y un poco de nata
montada, gracias.” Su padre había montado un negocio de ropa
interior para loros del cuarto; se arruinó, el negocio se vino abajo
un día que en el telediario dieron la noticia de la muerte de un
loro del cuarto a manos de una especie de homínido con una
mochila y una pistola de bolas. Todo el mundo vendió los loros
del cuarto. Los que no pudieron se mudaron al tercero. Quizás la
cuestión no fuera la mala suerte que daba la niña, sino lo imbécil
que era su padre. Da igual, la culpa la tuvo la niña y punto.
Su madre, después de dar a luz murió. Para no perder la
costumbre, murió de una sobredosis de suero fisiológico, lógico,
murió asfixiada.
Cuando su padre se declaró insolvente y encontró trabajo en una
fábrica de pintura, a la niña se la llevaron a un centro de
recogida de menores. No es que estos centros sólo recogieran
pises; no, a los menores de edad sin hogar los juntaban en una
especie de sitio que estaba en lugar situado en un punto . Qué
bonito punto.
Nada más entrar en el centro, la circunferencia se convirtió en un
cuadrado, lo que provocó un corto, cortito, circuito y el centro se
quemó todo, todo. Los menores, futuros delincuentes, murieron
carbonizados; así que, pensándolo bien, deberían darme el
Premio Nóbel de la Buena Conducta por haber librado a la
sociedad de todos aquellos parásitos. Bueno, a Eufrasia la
llevaron después a un descampado sin árboles ni nada. Una vez
allí, la dejaron sola. A los diez minutos se registró un terremoto
que no veas (cierra los ojos) y los ocupantes del vehículo y o u
coche donde habían llevado a Eufrasia murieron aplastados por
una piedra del riñón que cayó encima del coche y o u vehículo
reconvertido en compresa.
Después de un montón de desgracias por el estilo, Eufrasia llegó a
terminar sus estudios. Sacó muy buenas notas, sobre todo cuando
tenía exámenes orales en la secretaría de estudios. Con su título
en la mano y un congrio enganchado extrañamente en su clítoris
tamaño pulgar, salió a la calle con un montón de curriculums
para buscar trabajo.
Estaba parada en un bar, descansando y tomándose un café,
cuando vio pasar a un amigo suyo con su deportivo. 25 segundos
después estaría a punto de batir un record de lanzamiento de
tronco. Entonces pasó por allí un conocido arquitecto, llamado
Harry Plotter, que le ofreció trabajo. Harry, que se olió algo raro
(en la otra mesa había una señora con gases), le ofreció trabajo
como secretaria, pero para el estudio de un amigo suyo, que no le
caía demasiado bien. Harry también había recomendado un libro
de cuentos un poco raro a su casero. Prácticamente este tío era un
poco cabroncete, pero poco.
Después de una semana en el estudio de su amigo, un famoso
arquitecto de fama mundial, por no se sabe qué extraño motivo,
todos los edificios que proyectaban eran rechazados y se tenían
que poner a buscar otro cliente a quien vender el proyecto.
La máquina del café explotaba siempre que Eufrasia se servía,
pero no la querían despedir porque era muy buena en los
despachos cerrados. De todos modos, un día se reunieron todos
los socios del estudio y acordaron lo siguiente:” ¿por qué no le
damos las vacaciones? Así se nos cura esta extraña infección
genital.” Después de pensar el mejor destino para las vacaciones
de su secretaria y el congrio, se decantaron una de Julio Iglesias
por mandarla, primero a New York y después a la mierda.
Eufrasia estaba contentísima, casi tanto como cuando se encontró
un billete de 1000 Euros que su vecina perdió después de
saludarla un día por la mañana. No se creía que le regalaban las
vacaciones en New York. Por fin vería la Torre Eiffel (era
secretaria no catedrática de física). Toda feliz, lavó al congrio y le
puso un traje nuevo. Ella se peinó y terminó de hacer la maleta.
El taxi que la llevó al aeropuerto explotó al rato de volver a la
parada. Algún inconsciente había encendido un cigarro mientras
una señora con cara de dolor pasaba a su lado.
Una vez que la cinta de facturación se rompió, sacándole un ojo a
la azafata, el detector de metales dejó de funcionar y tuvieron que
reutilizarlo como cabina para un colegio electoral, la escalera
mecánica se hizo chapista y el autobús que te lleva al avión se
quedara sin gasolina, Eufrasia consiguió subir al avión, encontró
su asiento y se durmió.
El vuelo transcurrió sin sobresaltos dignos de mención, aparte de
que el compañero de asiento de Eufrasia salió disparado por la
taza del water, hasta que estaban a punto de entrar en New York.
Eufrasia se levantó para ir al baño, tropezó con una señora que
se había acordado que tenía que llamar a su hijo (el 11 de
septiembre estaba de cumpleaños), que a su vez empujó el carro
de los manises con “s”, el carro volcó después de atropellar a una
de las azafatas y golpeó a un ciudadano magrebí que terminó
encima del comandante, que aprovechó la ocasión para besarlo
pasando los controles a su copiloto, una joven ingeniera
aeronáutica, que se puso nerviosa y estornudó empujando hacia
delante la chisma esa con la que conducen los aviones. Después de
esto, el avión perdió altura y 3 euros que llevaba en el bolsillo y
terminó chocando contra una torre muy bonita con un montón
de gente inocente dentro.
En la repetición que dieron por la televisión del accidente,
inexplicablemente, el avión chocaba contra la torre de al lado. Al
final las dos torres cayeron formando un estropicio del tres.
Todos los supervivientes del avión perdieron la vida en la
repetición. La noticia fue dada en todos los noticiarios del mundo.
En el despacho de abogados del estudio de arquitectura de Benito
Landa, que así se llamaba el jefe del estudio, se prepararon para
la defensa del tío que pagaba sus nóminas.
Al final, Benito llamo a George Push, que era el presidente del
país donde había caído el avión, y le dijo que le parecía que la
culpa era suya, pero que no estaba seguro. Como no estaba
seguro, empezaron a llamarlo unos vendedores muy pesados que
le ofrecían pólizas a todo riesgo. Total, como George Push se
llevaba mal con los árabes, cambió el nombre de su amigo
arquitecto y le echó la culpa a unos pobres musulmanes que
había en Afganistán. El jefe, que era un tal I-van, fue el peor
parado: de repente era el tío más peligroso del mundo. Los de su
gobierno le dijeron que le mandara un video a los americanos
diciendo que ellos no tenían nada que ver, desmentían las
acusaciones y declaraban que él y Sadam Bassein eran solamente
amigos, nada más. Los americanos, que eran un poco burros y no
hablaban árabe, no entendieron lo que decía y los agentes de la
CIA, Capullos Intentado Adelantar, lo tradujeron como les dio la
gana.
Se montó un pifostio increíble. Todo el mundo quería declarar la
guerra. El problema es que sólo tenían una pelota; así que
George, levantándose después de comerse un polvorón, les
declaró la guerra a los del video.
Hoy en día siguen mosqueados por lo de las torres y la
repercusión que tuvo para el ajedrez americano.
Todos los conocidos de Eufrasia murieron lentamente de una
enfermedad venérea.
Buscando al memo
Durante el verano del 82, mientras los niños de mi generación
alucinábamos con Naranjito, una familia salió un día a pasear
con sus hijos por el monte.
Esta familia estaba formada por varios miembros, varios brazos,
piernas y cosas así. Eran cuatro en total. El primero era el padre,
que en realidad no era padre, era un cornudo del tres, pero él no
lo sabía; la segunda era la madre, un poco ninfómana (nadie es
perfecto, otros nacen sin piernas); el tercero era un niño de 12
años, un poco retrasado mental; y el cuarto… (ahora todos
esperan que sea un loro, pues no) era una niña con aparato en los
dientes que se llamaba Nicol y que era más pija que Aída la de
Gran Hermano, eso sí era muy guapa.
Pido disculpas por haber tenido que meter un personaje con estas
características, pero me veo obligado por la presión que sufro en
casa. No, no me refiero al niño retrasado mental, sino a la niña.
En fin, yo sé lo que me digo.
Quiero hacer notar que el retraso mental no es un defecto, es una
falta de atención por parte de los padres, que normalmente se
creen que a los niños no hace falta cambiarles las pilas del
cerebro. Pues no, cada 10 años conviene cambiarles las pilas y el
aceite; si no, corren peligro de terminar como el que aquí
suscribe.
La familia estaba preparando todo para asar las chuletas con
unos amigos, cuando el otro padre tropezó con las chuletas y cayó
cerca de la barbacoa, sin que pasara nada, aparte de un acto
violento entre la otra pareja con final trágico.
Después de hacer la digestión y dormir un rato bajo el sol
calentito del verano del 82, salieron a explorar el monte con los
niños. De repente el cielo se cubrió de nubes negras, porque
siempre que va a pasar algo malo el cielo se cubre de nubes
negras. Como no quiero ser muy racista, voy a decir que el cielo
se cubrió de unas nubes de un color indeterminado. Que cada
cual se imagine el color que quiera.
Empezó a nevar, una cosa rarísima si no fuera porque estoy
imaginándome la historia como a mi me parece; así que nevó. El
niño resbaló después de haber visto a una chica arrodillada con
un congrio colgando, y cayó por la heladera de la montaña
partiéndose la pierna y el termo que llevaba con café con leche.
En cuanto se dio cuenta de lo que tenía partido empezó a llorar,
no por la pierna, sino por las leches que le iba a dar su madre
cuando descubriera que el termo no servía para nada.
Si esta historia hubiese ocurrido a día de hoy, todo habría
terminado bien. El niño, además del termo, tendría un teléfono
móvil, llamaría a la patrulla de rescate y punto. Por eso la he
recreado en el 82, ja jaj j aja jaj ajajajaj, ja.
Bueno, el niño estaba perdido. Sus padres no. Por lógica no
debería suceder nada, uno se perdía, tres no, gana la mayoría y
aquí no pasa nada. Pero no, hay que ir a buscar al niño que tiene
el termo y su madre quiere tomarse un cafecito.
Total, resultado de una operación matemática que a mí no me
cuadraba nunca con el resto de la clase. Recogieron todo,
subieron al coche y fueron al cuartel de la Guardia Civil más
cercano, que estaba a 700 Km. Así me da tiempo de matar al niño
tranquilo.
Cuando llegaron al día siguiente, que era domingo, el cuartel
estaba cerrado. Normal, el domingo es día festivo, así que
tuvieron que esperar al lunes.
El lunes cuando abrieron el cuartel, explicaron la situación de su
hijo y los detuvieron por no haberle cambiado las pilas al niño; a
la hermana la acusaron de complicidad por no haber avisado con
tiempo, y salieron a rescatar al niño con un paquete de pilas y un
helicóptero a pedales.
El niño con la pierna partida de póker, no podía caminar; así que
sufrió un pequeño contratiempo. Al poco de caerse por la
heladera de la montaña, comenzó una fuerte tormenta. La lluvia
cegaba al niño con una guadaña, y pasada una hora y media,
cayó un rayo que alcanzó al niño por culpa de la electricidad
estática. Como no se podía mover...
El termo cayó unos metros más abajo, o sea 20 cm., provocando
un incendio porque a mí me da la gana. En el incendio sólo
murieron 200.000.000.000 loros (es que es un pájaro que me esta
antipático); los árboles y los otros animales se salvaron de
casualidad.
La guardia civil, cuando llegaba cerca del lugar del accidente,
sufrió un calambre en la pierna derecha y se precipitaron al
vacío, que llenaron rápidamente con el helicóptero y sus cuerpos
mutilados.
Como en el cuartel no había nadie más que la familia del niño
detenida, éstos murieron de hambre y mono de café con leche.
Si quieren un final feliz cómprense una entrada para el cine y
vean una película americana de esas con tíos guapos y tías guapas
donde todo termina bien; y no me fastidien.