SOLA SCRIPTURA
(EL PODER DE LA PALABRA DE DIOS)
NEHEMÍAS 8:1-12
Propósito: Que los oyentes puedan ver la centralidad de la Palabra de Dios para la vida del cristiano y de
la iglesia.
[Introducción]
En este mes de la Reforma nos apasionamos al recordar el valor y el ímpetu de los reformadores.
Queremos que esa reforma vuelva y haga temblar nuevamente esta cristiandad, para que la levante de su
adormecimiento y conformismo. Pero no debemos ignorar que había dos palabras que movieron todo un
sistema y rompieron con el poderío del catolicismo. Dos palabras que pueden producir un gran
avivamiento, esas dos palabras se apoderaron de ellos, y les impulsaron para desafiar a la osadía de no
temer a ningún gigante. Puesto que esas dos palabras son el impulso de nuestras vidas y lo que más
importa en el mundo. ¿Cuáles son? Sola Scriptura, ¿qué significa esto? Que la palabra que Dios ha
hablado en su misericordia a nosotros y solo ella gobierne nuestras vidas. Si la palabra de Dios es el
centro en nuestras vidas y se apodera de nosotros viviremos un nuevo despertar. Pues será la voz de Dios
la que nos guíe y no medios carnales. Y de eso trata el sermón en esta noche, que la palabra de Dios reine
en nuestras vidas.
Contexto
Nos encontramos en el año 445 a.C. el lugar es Jerusalén, ha pasado menos de una semana en que
Nehemías ha guiado al pueblo a reconstruir los muros destruidos después de sufrir el cautiverio por
Babilonia. Es una época en la cual la nación entera es llamada a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Los
muros ya están reconstruidos el templo ya está reconstruido el pueblo está de regreso en su tierra después
de 70 largos años de sufrimiento.
Pero ellos necesitan más que un programa de construcción de un edificio, necesitan algo más que una
gran multitud. Lo que necesitan más que cualquier otra cosa es la Palabra de Dios. Eso es precisamente lo
que se necesita aquí, necesitamos la Palabra de Dios desesperadamente. Que sea una lámpara para nuestra
vida, una espada que nos quebrante y nos conforme a la imagen de Cristo.
Transición: Contemplemos un majestuoso obra de avivamiento en el pueblo de Israel.
I. UN HOMBRE SE APASIONA POR SOLA ESCRITURA
El siervo diligente prepara su ser entero al servicio del Señor (v. 1)
Leamos el v. 1 “y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está
delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la
ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel”
Todo el pueblo se había juntado para un acontecimiento que cambiaría el rumbo de ellos
nuevamente. Después de haber sufrido una generación entera dentro del cautiverio de pueblos
ajenos por su desobediencia ahora todos como un solo hombre están reunidos. Se dan cuenta
de su gran necesidad y que el error porque cayeron en todo esto fue el haberse apartado de la
ley de Dios hacia sus propios deleites. Sin embargo cada hombre y mujer que están aquí
presentes solo quieren una cosa, entienden que la ley que Dios les había dado a sus padres no
era un libro más sino que era la misma voz de Dios por lo tanto ahora entendían la importancia
de la Palabra de Dios. Tuvieron que sufrir el cautiverio, verse como esclavos en pueblo ajeno
para apreciar el legado de la Palabra de Dios, pero ahora quieren oírla. Y llaman a un hombre,
a Esdras. Sabían que Esdras era la persona indicada para enseñarles y explicarles las Palabras
de Dios.
Suele pasar que hay iglesias que tienen un hambre por la Palabra de Dios, pero no hay quien
pueda enseñarles porque no están preparados. Sin embargo para este pueblo hambriento había
un hombre que había entregado toda su vida para este momento. Había preparado
diligentemente su vida a fin de predicar la Palabra de Dios en este día.
Para entender este evento tan grande que ahora estaba aconteciendo, es necesario volver 14
años antes. Acompáñame al libro de Esdras 7 para entender cómo es que Dios fue preparando
la restauración de su Palabra al centro de la vida del pueblo de Israel. Todo empezó con un
hombre, con Esdras el escriba. Él se preparó para este momento toda su vida.
Leamos en Esdras 7:6-10
“6 este Esdras subió de Babilonia. Era escriba diligente en la ley de Moisés, que Jehová
Dios de Israel había dado; y le concedió el rey todo lo que pidió, porque la mano de Jehová
su Dios estaba sobre Esdras. 7 Y con él subieron a Jerusalén algunos de los hijos de Israel,
y de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros y sirvientes del templo, en el séptimo año del
rey Artajerjes. 8 Y llegó a Jerusalén en el mes quinto del año séptimo del rey. 9 Porque el
día primero del primer mes fue el principio de la partida de Babilonia, y al primero del mes
quinto llegó a Jerusalén, estando con él la buena mano de Dios. 10 Porque Esdras había
preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en
Israel sus estatutos y decretos. (Ezr 7:6-10 R60)”
Esto que acabamos de leer está sucediendo 14 años antes de este momento, es el segundo
retorno del cautiverio. Si notas cada cosa que hacía Esdras avanzaba, ya en el versículo 6
vemos que fue él quien le pidió al rey que lo dejase ir para Israel, y obtuvo su aprobación. Y
cuando emprendió el viaje con los levitas llegaron en un corto tiempo, sin dificultades. Ahora
hay un detalle que se menciona en verso 6 y 9 que explican por qué avanzaba todo lo que
hacía Esdras. Dice al final de estos versículos “Por la mano buena de Jehová estaba con
Esdras”.
Ahora la pregunta que debemos hacernos es ¿Por qué estaba la buena mano con Esdras? Y la
respuesta la encontramos en el versículo 10.
Y es porque Esdras sometió su vida entera al conocimiento de la Palabra de Dios, lo hizo con
diligencia, con determinación. Había determinado conocer las Escrituras para vivirlas y
enseñarlas a todo el pueblo.
Esdras preparo el camino para el regresar a la Palabra de Dios, para esto fue necesario que él
primero pusiera la Palabra de Dios en el mismo centro de su vida y se resolvió vivir para
conocerla y practicarla para así enseñar a otros. El avivamiento que iba a venir catorce años
después fue sembrado primero en el corazón apasionado de Esdras, su determinación por la
verdad de Dios fue el deseo más grande de su vida. Ahora llegaba ese momento que Dios
estaba preparando y el pueblo estaba sediento por la Palabra de Dios y había quien les
enseñase (muchas veces el pueblo tiene hambre pero no hay quien enseñe, porque no se dedicó
con diligencia), alguien que con diligencia había sometido toda su vida a conocer y a obedecer
la Palabra de Dios.
Ilustración:
Vivió en el siglo XVIII probablemente uno de los teólogos más reconocidos en los Estados
Unidos, que Dios lo usó para traer uno de los avivamientos más grandes en este país donde
más de un décimo de la nación entera se volvió a Dios.
Eran tiempos muy difíciles de decadencia cristiana y es en medio de este tiempo que Dios
rescata a este hombre y lo usa en gran manera. Hay un hecho que debemos rescatar para
entender el gran impacto de Edwards. A los 16 años él fue salvo, y a los 18 él escribió lo que
hoy conocemos como sus resoluciones, donde el escribía lo que le guiaría a moverse en este
mundo. Al leer estas, nos damos cuenta cómo es que Dios le uso, pues Edwards había apartado
su vida entera con solo un objetivo, de agradar a Dios y vivir para él, al conocer y enseñar su
Palabra.
La resolución número 1 de las 70 que escribió dice así:
“Tomo la resolución de que voy a hacer todo aquello que piense que sea más para la gloria a
Dios, y mi propio bien, beneficio y placer, durante mi tiempo; sin ninguna consideración del
tiempo, ya sea ahora, tras millares de años. Me resuelvo hacer cualquier cosa que sea mi tarea,
y deber para el bien y la ventaja de la humanidad en general. Tomo la resolución, de hacer esto
sin importar cualquier dificultad que se me presente, ni cuantas ni que tan grandes puedan
ser”.
Veamos que dice la número 5:
“Resuelvo nunca perder ni un momento de tiempo, sino aprovecharlo en la forma que más me
sea posible”
Y quiero que escuches lo que escribió en la resolución número 63:
“En el caso hipotético que nunca hubiera existido ningún individuo en este mundo, en ninguna
época del tiempo, que nunca haya vivido una vida cristiana perfecta a todos los niveles y
posibilidades, teniendo el Cristianismo brillante en todo su esplendor aun teniendo esa vida
visionada de cualquier ángulo posible y bajo cualquier presión, Resuelvo ser ese uno, quien
viviera en mi tiempo”
Y de hecho así fue, estamos llamados a ser resueltos en la preparación de nuestro al servicio
de Dios. Someternos completamente a lo que dice la Palabra de Dios, y para ellos es necesario
conocerla y respirarla. Dios obro en hombres como Esdras y Edwards que entregaron sus vidas
a conocer su Palabra. Dios los envió con su poder porque habían inquirido con diligencia su
Palabra y habían determinado vivir para él. A eso estamos llamados como siervos.
Transición: La escena continúa de la siguiente manera
II. SOLA ESCRITURA ES PREDICADA
Un pueblo con hambre es saciado solo con la Palabra de Dios (v. 2-7)
Leamos los versículos:
2
Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de
mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. 3 Y leyó en el
libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el Alba hasta el
mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los
oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley. 4 Y el escriba Esdras estaba sobre
un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema,
Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías,
Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. 5 Abrió, pues, Esdras el libro
a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo
el pueblo estuvo atento. 6 Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo
respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová
inclinados a tierra. 7 Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías,
Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el
pueblo estaba atento en su lugar. (Neh 8:2-7 R60)
Entonces Esdras comienza a enseñar la ley, y empieza desde muy temprano y pasa ahí varias
horas, pero nadie se mueve porque su deseo es tal, su hambre es tan grande que todos están
atentos a la lectura de la ley (cuanto desearíamos un rebaño así). Los oídos de todo el pueblo
estaban atentos a cada Palabra que salía de la boca de Esdras, ellos entendían que no era solo
un discurso sino que era la misma Palabra de Dios, aquella que es infalible que es veraz.
Imagínate el autor pone un detalle particular, empezaron desde el alba hasta el mediodía.
¿Cuánto tiempo es eso? Son como 6 hora mínimamente. Puedes ver su hambre, su necesidad.
Es el pulpito donde nosotros predicamos el lugar donde la gente puede escuchar la Palabra de
Dios, y quiere seguir escuchándola por mucho tiempo.
Pues eso estaba sucediendo en este momento, el pueblo estaba oyendo la ley de Dios que hace
mucho tiempo se había apartado de su vida, por su propio corazón pervertido. Pero ahora
empezaba nuevamente a obrar. Y describe que todas las personas que podían entender estaban
ahí. Era todo el pueblo no eran solo los mayores, sino todo el pueblo que tenía ese necesidad.
Hoy en día la psicología diría que los jóvenes se aburrirían y no aguantarían más de media
hora. Pero aquí tenemos un claro ejemplo cuando hay un hambre tremenda por la Palabra de
Dios y cuando alguien que ha preparado su vida para poder enseñar, pues no solo la conoce
sino también la vive.
Y en el verso 6 vemos la reacción del pueblo cuando Esdras alaba a Dios, y todo el pueblo se
humilla, empiezan a ver al Dios que habían dejado por su rebelión. Su actitud empieza a ser de
quebranto la expresión “inclinados a tierra” bien podría ser postrados a tierra, realmente refleja
que estaban siendo quebrantados al oír la palabra de Dios.
Transición: El corazón atento a la Palabra de Dios tuvo recompensa en arrepentimiento.
III. SOLA ESCRITURA HACE SU EFECTO MARAVILLOSO
El poder de la Palabra de Dios (v. 8-12)
Leamos los versículos adelante:
“8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que
entendiesen la lectura. 9 Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los
levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová
nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las
palabras de la ley. 10 Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad
porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os
entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. 11 Los levitas, pues, hacían callar
a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. 12 Y todo el
pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría,
porque habían entendido las palabras que les habían enseñado. (Neh 8:8-12 R60)”
Después que Esdras predicó la Palabra de Dios la respuesta del pueblo fue un quebrantamiento
profundo. Todos los levitas que estaban congregados eran quienes transmitían las palabras de
Esdras, debido a que eran 50000 personas, y le daban el sentido, en palabras simples les
explicaban. Tras ser confrontados con la ley de Dios vino una fuerte convicción de pecado al
ser explicada la ley. Se vieron en un espejo y vieron las múltiples faltas que tenían por lo que
las lágrimas emanaron naturalmente. Vieron sus fallas, como se apartaron a otros dioses, como
se inclinaron a otros dioses y fueron sus corazones de a poco apretándose de Dios. Cuando
Esdras notó que todo el pueblo estaba quebrantado y llorando, les manda a que paren su llanto.
Era imposible pasar por alto tal llanto porque todo el pueblo lloraba a una sola. Vio que la
Palabra de Dios había llegado hasta el centro de su ser por lo que habían entendido su falta, y
estaban arrepentidos. Al igual que en el sermón del monte Cristo lo menciona,
“bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”. Ellos estaban
llorando su estado actual y era lo primera reacción porque estaban viéndose en su peor pobreza
espiritual. Pero Cristo continua y dice “Bienaventurados los que lloran porque ellos serán
consolados” Ahora por lo tanto su corazón ya era apto para recibir el consuelo, y es lo que
hace Esdras al ver que todo el pueblo está en llanto. Les dice que paren y que se regocijen y
compartan con los que no tienen.
Por lo tanto ya no era necesario que siguiesen llorando sino que se regocijarán porque era día
santo de Dios. Y todo el pueblo le obedeció y se regocijó y este furor se desato en medio de
todo el pueblo, sus pecados habían sido perdonados. Y todos hicieron gran fiesta recordando el
día de los tabernáculos, recordando aquel tiempo que salieron de Egipto, cuando fueron
rescatados por Dios en medio de su caminar. ¿Por qué tanto movimiento? ¿Por qué tal gozo?
¿De dónde partió tal avivamiento en el pueblo? ¿Por qué se desato todo esto? La respuesta
está en el versículo 12 “Porque entendieron la Palabra de Dios”. Ningún avivamiento partirá si
las Escrituras no son la base de esta, pues es por ella que llega la confrontación con la realidad
miserable de uno, y esto nos guía al arrepentimiento y a regocijarnos.
Vemos entonces que la Palabra de Dios tiene el poder para quebrantar más que cualquier
arma, llega hasta lo más profundo del ser. Pero al mismo tiempo la Palabra de Dios da vida,
cambia y transforma continuamente. Es solo eso lo que estamos llamados a hacer a comunicar
fielmente la Palabra de Dios, y Dios hará el resto por el poder de su Palabra.
Transición: Tras ver la historia de un gran avivamiento basado en la Palabra de Dios como central
tenemos muchas aplicaciones.
Aplicaciones:
Antes de que Dios obre un gran avivamiento en su pueblo primero es necesario que los hombres y
mujeres de Dios centren sus vidas enteras en la Palabra de Dios.
No puedo anhelar un avivamiento para mi pueblo, mi iglesia, mi nación cuando primero no la hay
en mí.
La enfermedad que aflige al pueblo de Dios es la debilidad en los púlpitos por lo tanto es nuestro
mayor anhelo como pastores predicar todo el consejo de Dios. No desperdicies tu púlpito para
enseñar tus pensamientos.
La buena predicación es como la buena cirugía entra profundamente al corazón humano, solo la
palabra de Dios entra hasta el alma y al espíritu y puede quebrantarla. Prediquemos esta.
Cuando la Palabra de Dios es expuesta tal cual es, los pecados salen a la superficie y son
manifestados con una vida pura.
Cuando el pecado entra en nuestras vidas, el gozo se va. Cuando la santidad entra y el pecado sale,
el gozo entra. Nunca pueden estar ambos en la misma sintonía.
Cada sermón que predicamos tiene que confrontar al pueblo con su realidad y direccionarlas con
gran clamor al arrepentimiento a una vida santa.
Debemos predicar la Palabra de Dios al punto que el pueblo debe anhelar la Palabra de Dios como
aquel pueblo, que no se movía. Por tal razón necesitamos inquirir las Escrituras para poder
explicarlas.
Nosotros no traemos el avivamiento sino es la misericordia de Dios, sin embargo nosotros
tocamos a las puertas del cielo con un gran clamor de día y de noche al saturarnos de la palabra de
Dios.
Conclusión:
Cuando le preguntaron a Lutero cómo es que se había dado tal reforma dentro de la iglesia, el contesto lo
siguiente.
Lutero dijo: Yo simplemente enseñe, predique, escribí la Palabra de Dios fuera de eso no hice nada más.
Y mientras yo dormía la palabra de Dios debilito tan fuertemente al papado que nunca un príncipe o
nunca emperador daño de tal manera a ella. Yo no hice nada “la Palabra lo hizo todo”.
Pon en el mismo centro de tu vida la Palabra de Dios. Ningún cambio sucederá si primero no sucede en ti.
Vive la palabra, enseña la Palabra. De este modo tu cristianismo será contagioso para todo el pueblo.
Centra tu iglesia en la Palabra de Dios, no desperdicies tu púlpito enseñando cosas vanas. El avivamiento
a nuestra iglesia vendrá de su Palabra.