Hipaso y Los Pitagóricos
Hipaso y Los Pitagóricos
Nadie puede cuestionar que Pitágoras de Samos (alrededor 580-500 a.C) fue
uno de los grandes genios de la antigüedad y que fundó una de las escuelas más
prestigiosas de conocimiento. Sin embargo, los pitagóricos eran
una hermandad que se regía por unas normas muy singulares e incluso
irracionales, entre las que se encontraban una dieta vegetariana, la
confidencialidad de sus enseñanzas y un férreo espíritu comunitario.
Estos matemáticos afirmaban que «todo es números» y, por tanto, que los
números eran el principio de todas las cosas. Con esta filosofía, concebían el
orden cósmico como una unión armoniosa de números racionales, los cuales
eran una señal de divinidad y pureza; atribuyendo un significado místico a
ciertos números.
Hipaso, un gran matemático
A efectos organizativos, los pitagóricos se dividieron en dos sectas, una de
matemáticos propiamente dichos, que estaban directamente bajo las órdenes
de Pitágoras, y otra –los acusmáticos- que tan sólo conocían los rudimentos de
la doctrina y, que estaban dirigidos por Hipaso de Metaponto.
Hipaso nació en torno al año 500 a.C en Metaponto, una ciudad perteneciente
a la Magna Grecia, ubicada geográficamente en el Golfo de Tarento, al sur de la
península Itálica. Fue un gran matemático, al que se le atribuye la construcción
de un dodecaedro, como aproximación a una esfera. También realizó
importantes estudios sobre acústica y resonancia, a pesar de que muchos de
sus trabajos originales no han llegado hasta nuestros días.
La desgracia de descubrir los números irracionales
Este personaje tuvo la «desdicha» de descubrir –a través del teorema de
Pitágoras- que era imposible calcular de forma exacta la diagonal de un
cuadrado de lado la unidad, debido a que su resultado es la raíz cuadrada de
dos, y su cálculo es el número uno seguido de infinitas cifras (1,4142135…). En
otras palabras, el griego había descubierto que existen números
inconmensurables: los números irracionales.
Este hallazgo hacía tambalear las bases del pensamiento pitagórico: la
armonía, la creencia de que todo se podía medir… No conforme con este
descubrimiento, transgredió una segunda norma pitagórica: la de guardar el
secreto.
El griego, como buen científico, no dudó en mostrar orgulloso su hallazgo al
resto de sus compañeros matemáticos. Los pitagóricos inicialmente se
sintieron ofendidos, a continuación lo tildaron de hereje y, por último, lo
expulsaron de su escuela.
En este punto es cuando empieza la leyenda. Unos afirman que los pitagóricos
erigieron una tumba con su nombre, mostrando metafóricamente que para ellos
estaba muerto; otros defienden que sus compañeros de ciencia lo arrojaron
desde la borda de un barco. ¡Que cada uno elija el final que más le guste!