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Cómo enfrentar la crítica adversa

Tres son los requisitos para oponerse con éxito a las censuras, dice este docto eclesiástico, que lo sabe por propia experiencia. Primero, dominar nuestra reacción emocional mediante la oración por los que nos critican y considerando que a personas de gran carácter siempre se les ha criticado. Segundo, examinar racionalmente la crítica para determinar si tiene mérito. Tercero, seguir adelante con lo que se cree correcto, como hizo Lincoln, sin preocuparse excesivamente por la crítica.

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Cómo enfrentar la crítica adversa

Tres son los requisitos para oponerse con éxito a las censuras, dice este docto eclesiástico, que lo sabe por propia experiencia. Primero, dominar nuestra reacción emocional mediante la oración por los que nos critican y considerando que a personas de gran carácter siempre se les ha criticado. Segundo, examinar racionalmente la crítica para determinar si tiene mérito. Tercero, seguir adelante con lo que se cree correcto, como hizo Lincoln, sin preocuparse excesivamente por la crítica.

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Tres son los requisitos para

oponerse con éxito a las censuras, dice


este docto eclesiástico, que lo sabe
por propia experiencia.
TEST 7

COMO REACCIONAR ANTE LA CRITICA

Por Norman Vincent Peale


Condensado de “Guideposts”

Sólo dos cosas pueden darse por seguras en la vida: la muerte y los impuestos, dijo Benjamín
Franklin. Mas otra cosa no hay no menos segura, a la par que ingrata: la crítica adversa. Nadie escapa
por completo de ella. Frecuentemente será que nuestra carrera, nuestro equilibrio emocional, nuestra
dicha misma, depende del modo como reaccionemos ante esa crítica.

En realidad hay dos clase de crítica: es una la crítica benévola, discreta, cons­tructiva (pocas
veces seremos objeto de ella!); otra es la crítica ruda, hiriente, malévola. De esta clase de crítica
puedo hablar con amarga autoridad. Durante años todo me había salido bastante bien en la vida. Mas
llegó el día en que mis escritos fueron blanco de censuras. Al estallar la tempestad no supe como
capearla. Hube de aprender, sin embargo, a fuerza de golpes.

Aprendí principalmente que la persona de naturaleza sensible y de carácter inte­gro no puede


desentenderse de la crítica adversa ni proceder como si no existiera. Antes bien, ha de hacerles frente
en tres campos: el del sentimiento, el de la razón y el de la práctica.

Dominar nuestra reacción emocional es lo que más trabajo nos cuesta. La censu­ra hiere
directamente nuestro amor propio. Muy fácil es, por lo tanto, que despierte en nosotros el resentimiento
y la ira. Pero esto sólo nos hace más vulnerables, porque al imitarnos a guardar rencor a quienes nos
critican sólo conseguimos envenenarnos.

Orad por los que os censuran: bendecid a los que os ofenden, aconseja la Biblia. Puede que
esto nos parezca absurdo cuando aun nos escuecen los latigazos de inmere­cidas censuras; mas tan
cierto como asombroso es que el proceder así redunda en el alivio de nuestras heridas. Imposible será
que al esforzarnos en orar por quienes nos criticaron cavilemos simultáneamente en la ofensa que
nos infirieron.

Otra manera de sosegar nuestros sentimientos frente a la critica adversa es con­siderar que
a hombres y a mujeres de gran carácter se les ha hecho siempre objeto de censuras. Si hay en
nuestra existencia vitalidad alguna; si estamos resueltos a llevar acabo lo que se debe de hacer;
y más particularmente, si nos toca señalar nuevos rumbos, nos saldrán al paso la hostilidad y la
oposición. Al hombre más excelso que ha habido en el mundo lo criticaron acerbamente y acabaron
por crucificarlo esos contem­poráneos suyos para que los que eran intolerables las repercusiones de
sus ideas reno­vadoras.

“Si tratase de leer todo lo que escriben contra mí, o, lo que es aun más, de darle contestación,
sería cosa de dejar de atender a cualesquiera otras ocupaciones”, dijo en cierta ocasión Abraham
Lincoln. “Hago lo que creo mejor, de la mejor manera que puedo. Si el resultado demuestra que
tuve razón, nada valdrá cuanto digan contra mí. Si demuestra que no lo tuve, de nada valdría que 10
ángeles jurasen a una que yo había estado en lo cierto”.

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