Ὀνειροκριτικὰ, o el arte de interpretar los sueños
Br. César Torres,
Universidad de Los Andes, Mérida
Los sueños no dejaron a los hombres de la antigua Grecia sin asombro. Desde
Homero hasta época alejandrina, filósofos y poetas produjeron diferentes teorías del mundo
onírico para develar su naturaleza, su esencia divina o su valor terapéutico. Novedosas
teorías dialogaron continuamente con prácticas tradicionales como la oniromancia, los
oráculos y las fábricas de sueños1. Ya como mensajero de los dioses o como fenómeno
psicológico, el soñar forjó incesantes debates sobre el carácter inspirado del hombre en su
estado de inconsciencia. En este sentido, las respectivas visiones de Homero, Aristóteles y
del muy posterior Artemidoro pueden constituir una particular línea evolutiva de la
percepción de los sueños predecesora del psicoanálisis.
En el siglo II d.C. un libro titulado Interpretación de los Sueños (Ὀνειροκριτικὰ) de
Artemidoro de Daldis recolectó la experiencia del intérprete de sueños de la antigüedad. La
compilación de experiencias y saberes de adivinos de Grecia, Italia y Asia Menor le llevaría
a afirmar: “no hay obra de onirocritica que yo no haya manejado”2. Ésta obra consagrada al
hombre común, que sufría al desconocer las causas y las consecuencias de sus sueños,
vislumbró novedosamente la constitución de una ciencia capaz de aclarar y señalar las
correspondencias entre el estado inconsciente y el mundo de la vigilia.
Cfr., Vandenberg, P., El Secreto de los Oraculos, Barcelona, España: Ediciones destino, 1979, p 168
1
VéaseArt., De Somn. In. [Link]
2
Según testimonio de Artemidoro, la oniromancia como práctica común se extendía
en todas las ciudades helenas de su época. Los adivinos o intérpretes se aglutinaban en
plazas o en fiestas públicas; y, si bien comúnmente se les tachaba de charlatanes y
embaucadores, el autor partió de su testimonio para configurar en gran medida las teorías
que formaron el cuerpo de su obra3.
Más desde los orígenes de la literatura, la percepción del sueño como fenómeno
profético estuvo presente en la sociedad. Debido a esto, participó activamente en la
constitución cultural de distintos pueblos alrededor del mundo 4. En la Helade los primeros
testimonios sobre un intérprete de sueños se encuentran en Homero:
ἀλλ᾽ ἄγεδήτινα μάντινἐρείομεν ἢ ἱερῆα
ἢ καὶ ὀνειροπόλον, καὶ γάρ τ᾽ ὄναρ ἐκ Διός ἐστιν,
“Mas, ea, a algún adivino preguntemos o a un sacerdote
o intérprete de sueños —que también el sueño procede de Zeus—”5
En el poeta épico los sueños se encuentran dispuestos por la voluntad de los dioses 6,
para interpelar a los muertos7 o para revelar simbólicamente el fato8. Así, el poeta épico
demuestra su certeza de que el sueño funciona como mediador entre el mundo mortal e
inmortal (o sobrenatural), más no por ello existe completa confianza en los sueños.
3
Ibídem
4
Obsérvese por ejemploen el caso del Antiguo Testamento, el sueño de Salomón:1 Reyes 3; el sueño de
Jacobo:Genesis28 ; o en el caso americano del pueblo Chontal que practicaba la oniromancia ingiriendo
plantas alucinógenas.
5
VéaseHom., op. cit., 1.62-63
6
[Link]. Il.,2,
7
[Link].,Il., 23, v.1
8
[Link].,Od. 19, vv.535-558
Penélope, en el libro XIX de la Odisea, define primeramente a los sueños como ambiguos y
extraordinarios (ὄνειροιἀμήχανοι ἀκριτόμυθοι), y más adelante los cataloga en los que no
se realizan, que cruzan una puerta de marfil, y los que efectivamente se cumplen, que
atraviesan una puerta de cuerno9. Para Homero, los sueños cuelgan entre la premonición y
el engaño. Penélope, tras despertar de su sueño, se consuela con la esperanza porque éste
será una premonición veraz (ὕπαρ) y no una ilusión falsa (ὕπνος)10.
Como esta distinción de Homero, Artemidoro distingue el sueño oracular (ὄνειρος)
del sueño común o no predictivo (ἔνυπνος). El primero se origina en el alma (ψυχικός) y el
segundo en el cuerpo (σωματικός). Ademas, para Artemidoro un sueño oracular o
predictivo puede ser alegórico (ἀλληγορικός), directo (θεωρηματικός) u oracular
(χρηματισμός)11. Según esta clasificación, la mayoría de los sueños narrados en Homero
son oraculares (χρηματισμός); mas, el sueño de Penélope, en el libro XIX, resulta
profundamente alegórico, ya que significa y devela al porvenir por medio de otras formas
(ἀλληγορικοὶ δὲ οἱδι᾽ ἄλλων ἄλλα σημαίνοντες)12.
Ya Aristóteles confería al intérprete de sueños la labor de juzgar, o más bien
observar, las semejanzas o alegorías de los sueños (τεχνικώτατος δ΄ ἐστὶκριτὴς ἐνυπνίων
ὅστις δύναται τὰς ὁμοιότητας θεωρεῖν). Según el estagirita las imágenes en los sueños
aparecen como representaciones en el agua (παραπλήσια συμβαίνει τὰ φαντάσματα τοῖς ἐν
τοῖς ὕδασιν εἰδώλοις) y se distorsionan frente al movimiento, como superficie liquida. El
intérprete al observar (συνορᾶν), debe juzgar por qué objeto real se hacen pasar las
9
[Link]., Od. 19,vv. 60-67
10
[Link]., Od. 20., vv. 90-91
11
[Link]ández, M., y Vinagre, L., La terminología griega para ‘sueño’ y ‘soñar’: Cuadernos de Filología
Clásica Vol. 13, 2003,pp. 97-98. Disponible en:
[Link]
12
VéaseArt., De Somn. Int., 1.2.
imágenes oníricas (διαισθάνεσθαι καὶ συνορᾶντὰ διαπεφορημένα καὶ διεστραμμένα τῶν
εἰδώλων)13.
Por otro lado, al aparecer indiscriminadamente entre hombres y animales, los
sueños, para Aristóteles, no son expresiones de los dioses sino de divinidades inferiores
(δαίμονες), asociados a la naturaleza, que no es divina sino demoniaca (ἡ γὰρ φύσις
δαιμονία͵ ἀλλ΄ οὐ θεία)14. El filósofo, sin negar la habilidad oracular de los sueños, sostiene
como más verosímil que estos lleguen a ser signos sintomáticos del cuerpo que duerme y
no vaticinios del fato. Así pues, hay explicaciones lógicas y naturales a los fenómenos
oníricos, pues estos se manifiestan por influencias externas en el durmiente, deseos
reprimidos o efectos de acciones llevadas a cabo durante el día.
Esta perspectiva evidencia un importante viraje de la percepción homérica de los
sueños; en Aristóteles el sueño se matiza como experiencia interior. Algo que ya atisbaba
la tragedia griega, cuando el énfasis pasaba del sueño al soñador que percibe (φαίνω) o cree
ver (ὁρᾷνδοκοῦν) y es afectado por los mismos 15. Artemidoro recalca el carácter subjetivo
en gran parte de su tratado; para el autor, los sueños son fenómenos personales que se
acoplan, aunque fragmentariamente, a su situación real, deseos y temores.
En este sentido, partiendo de la subjetividad del sueño, Hipócrates o Aristóteles
vislumbraron un valor curativo en éste. El alma revela las carencias o excesos del cuerpo
durmiente a través de los sueños16. El valor terapéutico de los sueños llevó a la antigua
sociedad griega a construir templos o fabricas de sueños como los recintos de Oropo y
13
Vé[Link] Div. per Somn. 464b
14
VéaseAristot. De Div. per Somn. 463a
15
Cfr. Fernández, M., y Vinagre, L., op. cit., pp. 86-87
16
[Link], J. “Δείματα καὶ φόβοι: La pesadilla en la Antigua Grecia” (Tesis doctoral. Universidad del País
Vasco, 2015) p. 240
Epidauro. En estos templos, como en sanatorios, se reunían ciudadanos y se acostaban en
salones de hasta 70 metros de longitud. En estas recamaras los consultantes eran atendidos
por sacerdotes que inducían o incubaban los sueños. En muchos sentidos, los métodos en
estos templos eran diversos y conglomerantes tanto de teorías aristotélicas como de
creencias míticas. Los sacerdotes eran tanto psicoterapeutas como médicos y adivinos17.
Por otro lado, la visión del sueño como ente externo y sobrenatural que afecta al
durmiente persistía en estos templos, así se recurría a invocaciones mágicas y envíos
rituales de sueños. Como en los relatos homéricos, los sueños eran entes que se posaban en
la cabeza de los durmientes y comunicaban mensajes divinos 18. Para Aristóteles en cambio,
el valor profético de los sueños es propio de las almas más ligeras, sensibles o
melancólicas, alejándose de encargos personales19. Al igual que para Aristóteles,
Artemidoro afirma que los sueños no se demandan, sin embargo para éste autor, los dioses
ciertamente transmiten los sueños oraculares 20. Afirma además, en relación con la teoría
aristotélica, que los hombres de bien, sanos y honestos, pueden recibir visiones oníricas;
más de ningún modo irracionales, pues todo sueño posee un significado alegórico; y así, la
interpretación de los sueños se da a través de explicaciones tanto lógicas como esotéricas.
En su tratado, Artemidoro nos da muestras de tipos de sueños recurrentes que sufren
los hombres en el mundo antiguo, entre ellos se encuentran la crucifixión, la representación
teatral (trágica o cómica), el incesto, el descenso al Hades, el trato carnal con los dioses, la
vuelta a la escuela, no poder escapar de burdeles… todos ellos reflejos de ansiedades
17
Cfr. Vandenberg, P., El Secreto de los Oraculos, Barcelona, España: Ediciones destino, 1979, p. 168
18
Fernández, M., y Vinagre, L., op. cit., p. 101
19
Cfr. Flaciere, R., Adivinos y Oraculos Griegos, Buenos Aires, Argentina: Editorial Universitaria de Buenos
Aires, 1993, p 84
20
Cfr. Artem., De Somn. Int., IV 2
materializadas en imágenes oníricas. Para el autor todos estos sueños tienen un trasfondo
alegórico que, como propondría también Aristóteles, debe ser interpretado a través de las
semejanzas entre la imagen onírica y el mundo real.