FREUD
y
LACAN
-hablados-
2
MIGUEL OSCAR MENASSA
EDITORIAL GRUPO CERO
COLECCIÓN: EXTENSIÓN UNIVERSITARIA
@ Editorial Grupo Cero
ISBN 978-84-9755-097-0
Depósito Legal: M-8753-2000
índice
1. LA FAMILIA COMO ESTRUCTURA SEXUAL.
Euskadi, 1979 9
2. EL VALOR DEL PSICOANÁLISIS.
Madrid, 8 octubre 1981 33
3. POEsíA y PSICOANÁLISIS.
Buenos Aires, 1985 41
4. PSICOANÁLISIS Y PSICOSIS.
Madrid, julio 1988 49
5. ENCUENTRO SOBRE EL FIN DE ANÁLISIS.
Madrid, enero 1989 63
6. LA TRANSMISiÓN Y LA GRUPALlDAD.
Conferencia Inaugural, Madrid, 1989 73
7. EL DESEO EN FREUD y LA TRANSMISiÓN DEL PSICOANÁLISIS.
18 de octubre de 1989 79
8. POEsíA y PSICOANÁLISIS.
Santander, 1990 85
9. EL PAPEL DEL COORDINADOR EN LOS TALLERES DE pOEsíA.
Berlin, 1994 97
10. LA TRANSFERENCIA.
Facultad de Psicología Universidad de Buenos Aires.
Buenos Aires, 1996 109
11. PATOLOGíAS DE FIN DE SIGLO.
Buenos Aires, 1998 119
FREUD y LACAN
-hablados-
2
LA FAMILIA COMO ESTRUCTURA SEXUAL
Euskadi, 1979
Los pormenores de un destino me llevan por sus avatares siem-
pre incontrolables a ponerme frente a ustedes en posición de levan-
tar 10 que, para mí, ya ha caído: la familia, la estructura, 10 sexual.
Quiero decir que en los tiempos que corren si es familia, es
cristiana; si es estructura, es dogmática y si es sexual, es psicoanáli-
sis.
y donde las matemáticas fueron el paso sin retomo donde el
hombre rompe por primera vez, en su historia como hombre, el cír-
culo imaginario que sobre él determinaba la religión; el cristianismo
será la posibilidad dramática desde la cual el hombre podrá matema-
tizar los restos de aquel círculo.
y si bien el siglo pasado y la Coca-Cola han matado a Dios,
debemos decir que todavía su palabra es verdad, síntoma, mutila-
ción.
Lo que acabo de decir puede resultar sólo la sugerencia de una
guerra interminable y desoladora entre la religión y sus dioses y las
ciencias y sus ejércitos. Donde una y otra no se cansan de repetir que
de triunfar, harán que las ciencias o bien la religión, según el resul-
10 Miguel Oscar Menassa
tado, dominen definitivamente los bajos y misteriosos instintos del
hombre.
Yo preferiría, entonces, quedar excéntrico de vuestra mirada
para poder deciros que Dios es a la religión como la Ley a la estruc-
tura y el Nombre del Padre a la sexualidad.
y no será necesario en esta exposición hacer una apología de
la idea de Dios, ya que ella misma es su apología por ser palabra
entre nosotros que estamos reunidos y del hombre se trata.
Una vez escrita la palabra dudé de mí al sentir que intentaba
dar cuenta y gracias a la posibilidad brindada por ustedes, a los 38
años, de lo que creía superado a los 14 años.
¿Dios existe?
Yo soy Dios, contesta el ser humano, porque con mi propio
cuerpo, produzco el nombre que lo nombra. Y el lenguaje es Dios
porque su materialidad práctica, la escritura, es materialidad histó-
rica de todo lo vivido. Y por la irrupción brusca del lenguaje en el
propio centro de la biología, en las propias entrañas de las leyes físi-
cas (y no hablo de ninguna otra cosa que de las ciencias contempo-
ráneas y para no entrar en discusión las nombro: la Teoría del Valor
y la Teoría del Inconsciente) la escritura será materialidad de todo lo
soñado.
La existencia de Dios se sobrelleva en condiciones lamenta-
bIes.
¿Dios existe?
Sí, pero en las entrañas del oro. Sí, existe, pero en la posibili-
dad misma de la carne porque Dios es deseo.
Todo lo que no toco con mis manos, todo lo que no puedo con
mi sexo, es Dios.
Sésamo ábrete y sésamo se abrió porque hubo un hombre
capaz de llevar su propia razón hasta límites impensables para el
hombre y habló con una piedra.
y fue, como sabemos, en el principio el Verbo y no hubo des-
pués de ese momento ningún hombre sobre la tierra sin su nombre.
Freud y Lacan -hablados- 11
y así el hombre va por la vida asustado de su supremacía sobre
los otros reinos y hace divino (proveniente de Dios) 10 que no puede
soportar como animal humano, sus diferencias: el lenguaje sobre
todo 10 otro.
y hasta tal punto, del lenguaje, su tiranía actual, que hay en mí,
y en doble sentido de cromosómico y también de inconsciente, los
efectos de sus leyes: semejante y distinto, crezco humano, precisa-
mente, en el tiempo donde las letras se combinan en la palabra
«humano» .
y sin entrar todavía en tema quiero decir que, con dos meses y
días de anticipación, fui notificado de la participación del Grupo
Cero, en mi participación, en LA PRIMERA SEMANA DE ESTU-
DIOS SEXOLÓGICOS DE EUSKADI Y que, exactamente, una
semana después nos pusimos a trabajar en el tema unas 30 personas.
Estando de acuerdo en la ansiedad que nos provocaba el título del
tema encomendado: la Familia como Estructura Sexual. Ya que algu-
nos de nosotros -llevados en el intercambio grupal a la compren-
sión de la familia como estructura sexual- estamos intentando en la
actualidad, al mismo tiempo que vivimos, formas de convivencia
que sin alterar claramente los modelos tradicionales muestren las
fisuras por las cuales, en tanto estructura, sea posible la transforma-
ción de la sexualidad familiar.
Comenzamos a trabajar el tema, contentos, diría yo, de que nos
hubiese tocado en suerte no sólo exponer acerca de 10 que creemos
saber sino también, y a modo de presentación, hablar en ese saber de
nuestros antecedentes. Un tema que por haber sido casi nuestra única
preocupación en los últimos 12 años, tanto sabíamos de él o, por 10
menos, tanto tendríamos que saber.
Ya que el grupo, con su propia vida e instrumentos teóricos
mediante y operando un descentramiento casi demencial (ya que cada
uno es su propia familia y su condena es formar una familia igual)
pudo ver en la familia, más allá de todo 10 que Ella propone como des-
vío para no ver, simple y sencillamente una estructura sexual desva-
12 Miguel Oscar Menassa
riada de tanto querer repetir en el hombre (nosotros mismos) los pre-
cisos estados que por sexuales, ella, la familia, como estructura genera
y legisla.
Este descubrimiento, y debo decirlo porque de la familia se
trata, es el motor que con su ilusión de una posible transformación de
los modelos familiares determina nuestra vida actual.
y sin embargo, después de las primeras alegrías, nos dimos
cuenta que nuestra experiencia vivida era sólo eso, experiencia
vivida. Es decir, que las marcas, las señales del proceso estaban, o
bien en nuestro propio cuerpo (de donde sabemos es absolutamente
imposible encontrarle sentido) o bien, sin llegar a tener miedo, esta-
ríamos anonadados por la ruptura estrepitosa del espejo donde
Edipo, antes de nacer, ya había sellado su destino.
y queremos pensar que a pesar de la fragmentación especular
a la cual nos había llevado nuestra manera de vivir, donde cada cual
era otro y otro no podía ser sí mismo, el silencio marcaba el lugar de
la estructura donde una vez más cada uno, uno mismo, padecía la ilu-
sión de ser el centro del sistema y que, mirándose en uno cualquiera
de los fragmentos del espejo, violentamente y sin llamar la atención
de nadie (en silencio) conseguiría, ahora por autoprocreación, coro-
nar su soledad y su silencio en un espejo de tales dimensiones como
para que en él pueda volver a aparecer Edipo y nos dicte, antes de
nacer, una vida ya vivida: la vida de nuestros padres.
Alrededor de la invariante Edipo pululan los olores de una
familia.
Un padre muerto, una madre partida en dos y un hijo ciego. Y
por si fuera una metáfora, diría, un hijo generalmente extraviado.
El niño tendrá que recibir de la misma persona, su madre, los
cuidados alimenticios y los cuidados sexuales que en prácticas de
limpieza y manipuleo de las zonas genitales, en ciertos casos, se
extienden hasta muy avanzada la primera infancia. Y entre tanta
carne, sudor y leche que recibe de Ella tendrá que recibir, también de
Ella, y por un mecanismo análogo de reflexión, el símbolo que lo
hará hombre para el símbolo.
- - - - -------
Freud y Lacan -hablados- 13
Ella nunca es translúcida a su propia palabra. Del espesor de
esa opacidad y de la dependencia extrema del pequeño niño en esos
instantes, el símbolo impartido por Ella (yen todos los casos impar-
tido ya que Ella tiene como función reproducir) llega al niño de esta
manera siempre resquebrajado. Y en los pliegues de ese símbolo res-
quebrajado se inscribe, a falta de otro escenario, la verdad del sujeto:
su síntoma, su impotencia, su mutilación.
Si es varón, podrá pero no podrá.
Si es mujer, directamente no podrá.
Llevado ahora por un viejo vicio de cuando estudiante del psi-
coanálisis pretendo continuar este trabajo tratando de ver cuáles son
los bordes más adecuados para el encuentro. Y si considero, más allá
de estar de acuerdo o no con lo que escribo, que en la palabra estruc-
tura podríamos hallar el espíritu teórico del título y en la palabra
sexual su espíritu humano, nos quedaría por ver en la palabra fami-
lia el modelo ideológico desde el cual se imponen, para su propio
desarrollo como modelo, que por moderno sea estructura y que por
humano, ya que no queda otro remedio, sexual.
y como todo modelo ideológico condena a repetirlo o revolu-
cionarlo y si 10 que está en cuestión es el sujeto familiar, debemos
decir que en cualquiera de los dos intentos se le va la vida.
El modelo, por ser modelo, se repite o se transforma según
condiciones sobredeterminadas y por ideológico se repetirá o se
transformará sólo sobre el propio cuerpo viviente del sujeto.
Sin sangre no hay ideología.
El vicio que no llegué a mencionar cuando me era dable
hacerlo fue la epistemología materialista. Un modo no de producir
conceptos sino una manera de leer la producción de conceptos. Es
decir, una visión del mundo determinada, una ideología determinada
desde donde ordenar (porque la ideología siempre es ordenadora) la
producción científica.
No somos, por lo tanto, una matriz elemental y sensible a todo,
tenemos una cierta caída en nuestro discurso, un cierto color.
14 Miguel Oscar Menassa
Decimos que los procesos de producción científica son dife-
rentes a los procesos de producción ideológica. Y si bien sabemos
que ahí en el magma de los ideales, en plena ideología, cuando el
concepto nace concepto científico, nace radiante y puro de ideología
en tanto es de ella de quien nos habla, también sabemos que su desa-
rrollo o su muerte están estrechamente vinculados a los modelos ide-
ológicos imperantes.
Un título que más que un título es en sus paradigmas a mi
alcance, por lo menos dos ciencias. Donde en el encuentro con lo
sexual la estructura se hace antropológica y en el sesgo donde lo
sexual interrumpe su flujo para gozar o para morir, la estructura
padecerá los defectos de la Ley que la Cultura impone a toda cosa
hombre para poder nombrarse con su nombre y ser.
Si Edipo reina, la Ley prohíbe el incesto.
y propone para semejante objeto: el inconsciente constituido
como efecto de la prohibición, una ciencia: el psicoanálisis.
De la realidad (metáfora de todo lo posible) las ciencias son
todo lo posible de ser determinado.
Más que verdad, símbolo, más que progreso humano, cultura.
y cuando digo cultura, digo que desde su irrupción en el mundo
terrestre hay en las ciencias algo que se repite.
Desde las milenarias matemáticas (y pido perdón por hacerles
creer por un instante que las matemáticas tienen que ver con la fami-
lia) la ley de los números naturales nace entre un rosario de piedre-
citas que se contaban y se descontaban y cada cosa tenía su corres-
pondencia en lo real y los instrumentos de equivalencia nunca eran
palabras. Ley que viene a nombrar la imaginaria cantidad que, desde
su reconocimiento como imaginaria, mostraba precisamente en lo
que regulaba (dos conjuntos de objetos reales) su desconocimiento
de la ley reguladora de dicho intercambio.
Primer juego de pasiones registrado entre el símbolo y la cosa.
Donde la cosa muere y el símbolo dueño ahora del nombre de la can-
tidad no recurre a la cosa para nombrarla.
Freud y Lacan -hablados- 15
y entre un dios que tambalea porque trascender ya no es divino
sino simbólico y un número que seguramente por ser generador de
un modelo se mantiene ligado en el imaginario de la época a la cosa
por un fino cordón umbilical y donde todavía nombrar uno era de
alguna manera recordar una cosa y nombrar dos podía aparecer como
recordando dos cosas, el acontecimiento del número irracional ter-
mina con el dominio de lo real y condena al hombre a que lo simbó-
lico sea su última palabra.
y queriendo insistir en esta detención, porque la creo impres-
cindible:
Antes del símbolo era la cosa contra la cosa y su regulación
dependía del impacto que en el imaginario de los sujetos provocaba
la cosa misma, por tanto su valor no dependía de nada determinable
sino más bien que variaba con las variaciones de la realidad donde
acontecía la operación y, como sabemos, esto se llama manipulación
ideológica de la realidad.
y así es como toda estructura determinada, y las matemáticas
se precian de serlo, no sólo es producto histórico sino un movimiento
de generación histórica. Y así es como en ningún otro lugar que en el
vacío formal de las proporciones geométricas sin contenido, donde
la física encuentra la estructura formal abstracta de sus primeras
leyes.
y no hace falta ir más lejos para decir que sin el desarrollo de
las ciencias físicas no hubiese sido posible la revolución industrial y
sin esa posibilidad de socialización universal no hubiesen sido posi-
bles las ciencias donde el hombre cree ver, por fin, su propia medida
como hombre.
y así es como el hombre, en los últimos siglos, padece las heri-
das de saber y no ser, en nada de lo que se determine, el centro del
sistema.
Sujeto, sujetado al paroxismo de leyes inviolables. Donde
como persona no participa en la elección de la posición que le tocará
ocupar en su vida por estar sojuzgado por ser hombre: a la tiranía del
significante si se trata de la adquisición del lenguaje; a la tiranía de
16 Miguel Oscar Menassa
las relaciones de parentesco si se trata de la adquisición de la sexua-
lidad (humana) o bien, y además simultáneamente, a la tiranía de los
modos de producción (sea de mercancías o de sentidos) si se trata de
la adquisición del ser social. -,
y seguimos sin saber qué es una familia.
Hablar de lo que no sé siempre me resultó agradable y hasta
diría, terapéutico. Nunca un descubrimiento íntimo le hace mal a
nadie. Pero hablar, como en esta oportunidad parece que me ha
tocado en suerte, de lo que nadie sabe me resulta, debo decirlo, temi-
ble.
y si bien, como se sabe, no soy ninguna otra cosa que un escri-
tor, en esta oportunidad temo más a las palabras que puedan apa-
recer sobre la hoja en blanco que a vuestra inquisidora mirada
personal en un diálogo cuerpo a cuerpo, como si estuviéramos des-
cubriendo nuevos horizontes y, sin embargo, cada cual estaría recor-
dando, empecinadamente, a su propia familia.
La familia, quiero decir, permanece en la mirada.
y la familia no es, como se cree, un hecho natural.
Sistema de sistemas. Máquina hominizante.
Ella sólo desea reproducir.
Mi mirada es vuestra propia mirada y el amor que se desprende
de esas cálidas miradas es ciego.
y hablando del sexo y del ojo recuerdo una frase de la religión
(que por religiosa no menos familiar): «Si un ojo te da oportunidad
de pecar, arráncatelo».
Tratando ahora de no desviarme demasiado de la dificultad que
presenta para mí el tema en cuestión, diré que hablar deja familia
como estructura sexual no es hablar de ningún modelo teórico para
dar cuenta de ningún modelo familiar sino, más bien, hoy día, se tra-
taría de hablar de la máquina o bien del centro de la máquina pro-
ductora de los modelos. Escenas desde las cuales el sujeto familiar
accederá al ser social y por esta manera de comenzar a vivir como
sujeto humano limitará toda su experiencia.
Freud y Lacan -hablados- 17
Estructura reproductora de la especie humana donde la mujer
no existe sino como función (Madre) para imponer en lo que nace
humano (semejante pero no igual) una ley que desconoce y que no
dictó.
Ya que fue la incalculable voz de su madre (ciega) quien le
habló de su padre (ya muerto) que cuando habló, habló por la boca
de su propia madre (también ciega).
Como vemos, un concierto de sirenas en plena noche. Una
cadena al parecer interminable que nos tiene atados, por humanos, a
la misma.
Ella podrá en nosotros lo que con él no pudo. Ella podrá en
nosotros lo mismo que su madre pudo en ella.
El famoso Nombre del Padre, como vemos, es, en realidad, el
nombre de la madre.
El padre no existe. Estuvo por ley, desde el principio, muerto.
Y siguiendo de cerca a las disciplinas que pretenden una luz
sobre semejante oscuridad, diremos que existen formas precarias
para ser un hombre; formas varias (dentro de cierta armonía) y per-
fectas para ser madre. Pero cuando ella, mujer, quiere ser su propio
sexo, el atributo que las ciencias modernas le conceden es que acceda
a su ser femenino intercambiando lo que en ella es ausencia por un
hijo, así de «simple», con su padre que para colmo yace muerto.
El cuerpo de la mujer desaparece en esa paradoja y se trans-
forma en máquina, familia.
Un día, de pequeño, Ella me dio algo sin pedirme nada a cam-
bio y en esa escena se generó el símbolo. Y el símbolo no es el viento
que corre sino el recuerdo permanente de aquello que no hubo en el
primer movimiento. Y por haber faltado a la primera cita no podrá ser
ninguno de los términos del intercambio, ni siquiera Ella misma sino
más bien, por su pureza, la razón de dichos intercambios. La Fami-
lia, entonces, está capacitada por estructura a que se produzcan en
ella transformaciones en todos sus elementos y sus relaciones entre
sí frente al movimiento, por mínimo que sea, de cualquiera de sus
elementos constitutivos. Para reproducir o producir en sus transfor-
18 Miguel Oscar Menassa
maciones y ahora por sexual (entiendo que no por sexual deja de ser
social) goce, mercancías, ideología, hijos.
El goce no necesita para su producción de ninguna formación
especial y la producción de mercancías, más allá de cualquier rela-
ción entre un hombre y una mujer, depende de la relación entre
fuerza de trabajo y medios de producción. Tenemos entonces que la
familia así creada es una máquina reproductora de hijos (estructura
que hasta que no se demuestre lo contrario, tiene como función
reproducir, conservar y cuidar la especie humana) y por esa brecha
que deja 10 biológico, máquina al fin, reproduce ideología.
y parece ser que en las sociedades judea-cristianas el modelo
primordial, mítico, es aquel primer hombre, aquella primera mujer
que Dios Padre creó y ahora en su nombre, es decir, en el Nombre del
Padre para que, a su vez, poblaran el mundo.
y si nos permitimos, podríamos leer en esa construcción deli-
rante del comienzo de lo humano, las marcas, casi indelebles, de
nuestra miseria actual.
Un Dios que al no nacer por ser eterno niega las diferencias
sexuales entre hombres y mujeres y por lo tanto su propia posibili-
dad de ser humano, es decir, nacer distinto pero semejante, de madre
y padre, humano.
Un Dios que después de tener un «hijo», Adán (un hijo sin
madre), para poder ser él, Dios, padre y madre también de 10 que
ahora sería su gran creación: el hombre masculino. Y es aquí donde
reniega, es decir, niega por segunda vez las diferencias sexuales.
y un Dios que reniega las diferencias sexuales entre los peque-
ños hombres femeninos y los pequeños hombres masculinos, existe,
pero como habíamos dicho anteriormente, en condiciones lamenta-
bles. Es, se quiera o no, un dios perverso.
Vayamos imaginando, ahora, el destino que espera a la mujer
en este sistema así creado. Ya que Eva, la mujer de la historia, accede
a la vida no desde la carne de Ella ni de la tierra sino en el intercam-
bio de las relaciones homosexuales (y pido perdón por la palabra)
entre Dios-padre y Adán-hombre, por lo tanto nace como producto
efecto del trabajo humano (entre dos hombres masculinos).
Freud y Lacan -hablados- 19
Ella no es, de otra manera, humana como todos, es decir, dis-
tinta pero también y simultáneamente semejante, sino que ella es
directamente distinta. Más allá de lo natural, más allá de lo humano
propiamente dicho, nace cultura y, por lo tanto, puede intercam-
biarse. Ella es una riqueza en sí misma. Por ser cultura es valor y se
puede tener o no tener, como los significantes, como las mercancías
que a la larga de estos sistemas de vida, siempre terminan pertene-
ciendo a una persona en el mismo momento que le son privadas a
otras.
Intento ahora despejar mi mente y, por qué no decirlo, también
la vuestra.
Intento saber no sólo los misterios del hombre en general sino
también de los misterios de mi propia mente y en ese saber incluir los
misterios de vuestra propia mente.
y no es que en este momento me interese saber cuál será el des-
tino del hombre o bien el destino de mi mente sino más bien, y lo
digo sencillamente, hoy me gustaría hablar acerca del origen del
hombre y acerca del origen de mi propia mente. Quiero decir que en
estos niveles mi ignorancia es verdaderamente grandiosa.
Ya que el origen del hombre que debo llevar grabado en el ori-
gen de mi mente será, sin duda, aquél que mi padre no sólo recono-
cía como verdadero sino que me transmitió como verdadero.
Y así fue que en los cálidos brazos de mi madre y entre su res-
piración siempre entrecortada, por mi cercanía, aprendí que Dios es
eterno y su reino son los cielos, también eternos.
Sin ningún motivo aparente, creó la tierra y el agua y los seres
vivientes que habitan la tierra y el agua. Y hasta aquí, podríamos
decir que esto hubiese bastado para entretenerse y sin embargo
tomando un trozo de barro entre sus manos (y como vemos en el
avance del relato Dios termina teniendo - y esto ocurre en cualquier
relato- alguna forma antropomórfica. Y el hombre hasta en su des-
varío religioso nos vuelve a repetir que más allá del hombre sólo
podemos encontrar otro hombre) y generando con ese gesto de sus
manos las leyes de la expresión plástica, construyó un pequeño hom-
20 Miguel Oscar Menassa
brecito de barro (de sexo masculino) y con un soplo vital tuvo tam-
bién sobre su tierra un hombre. Un hombre masculino como él que
era Dios Padre.
y si hasta aquí los puntos oscuros de la historia se superan con
un poco de fe, acerca de la creación de la mujer, que no fue siquiera
creación, la fe no alcanza. Ya que no es de la nada desde donde la
hace nacer sino, extrañamente, del propio cuerpo de Adán, de lo que
se desprende y no se sabe bien por qué motivo, Dios quiso que Adán
antes de ser el hombre para Eva fuera precisamente la madre para
Eva. Pensamos que en esta ceremonia no faltó, y pensamos que pre-
cisamente ello la hizo posible, el soplo divino que ahora no ya sobre
el barro y como una especie de semen simbólico (masculino) que
genera el contacto con un trozo de carne (masculina) una mujer, Eva,
que como vemos es producto de la relación entre dos hombres.
Quiero decir, y no sé si es interesante decirlo, que si Dios hubiese
tomado otro trozo de barro para crear a Eva en lugar de la costilla de
Adán, puedo asegurar que la historia de la civilización judea-cris-
tiana hubiese sido otra.
Con el intento de poder seguir conversando doy por verdadero
el mito hasta aquí. Y creo que un Dios todopoderoso y eterno que
vivía en los cielos, también eternos, decidió por el aburrimiento que
genera en todos los casos la eternidad (sobre todo cuando esa eterni-
dad no tiene el rango de escritura), crear la tierra y sus habitantes (los
reinos animal, vegetal y también mineral. Reino este último que no
se considera viviente -por lo menos para el común de la gente- en
boca de una biología que si no acallamos urgentemente, nos termi-
nará diciendo que la materia viviente es sólo aquella que mediante
sucesivas transformaciones pueda llegar a ser materia divina). Y ese
dios, único, eterno y ambicioso quiso también crear la cultura y sus
habitantes (el verbo, el hombre).
Pero es precisamente aquí donde este dios comete su primer
error ya que por eterno negaba y por único renegaba de las diferen-
cias sexuales, es decir, las desconocía y como entendemos desde
nuestro saber actual, sin ese recono-cimiento es absolutamente
imposible el lenguaje, el hombre.
Freud y Lacan -hablados- 21
Me imagino en ese dios una única ilusión, en el principio del
principio, poblar ahora su mundo así creado de palabras, de hombres.
Y, sin embargo, y precisamente por renegar ser hombre
humano (distinto sí, pero también semejante) la familia así creada
como mito de origen del hombre padecerá graves límites en lo que
debería ser precisamente su única función: poblar el mundo de hom-
bres, reproducir la especie, llenar el universo (y no sólo la tierra) de
palabras.
Y descartando a dios por sublime quedaron sobre la tierra para
poblarla Adán y Eva y sus dos hijos varones, Abel y Caín. En defini-
tiva, tres hombres y una mujer.
Donde esa mujer no tendrá ningún otro tiempo que el de ser
madre y los tres hombres demasiado tiempo libre para la homose-
xualidad, el trabajo y la guerra. Y después de haber cometido este
descomunal error todo se desvía y es así como el bien, representado
por Abel, muere en manos del mal, representado por Caín; y ahora el
delirio final, donde la condena del propio dios a Caín por haber
matado a su hermano (vivir eternamente como hombre, sin morir, sin
alcanzar nunca lo divino) y como vemos más que una condena por
algo (asesinar) que se consideraba malo, en esta condena la palabra
divina impone una ley moral que aunque a simple vista parezca todo
lo contrario, determina que lo propiamente humano sea lo malo y que
por haber muerto en manos de lo malo sobre la tierra, lo bueno sea lo
divino. Y dando un paso más podríamos decir que en este movi-
miento se genera un deseo que aunque no parezca humano, acontece
en el hombre donde el hombre, nuestros asesinos actuales, matan
para no morir.
Como vemos, la idea de Dios no sólo trae los beneficios de
poder hacer divino todo lo que no comprenda la razón humana sino
que también trae como consecuencia dar cuenta mediante una fe tal
que el ser se agote en ella, de los desvíos que semejante principio
impone a la historia del hombre. Historia que, afinando un poco
nuestra puntería y en la sociedad que me cobija como semejante, es
por ahora la historia del dios judea-cristiano.
22 Miguel Oscar Menassa
Esperamos que algún día el hombre pueda escribir la historia
del hombre.
Ya que todavía, yeso que corren los tiempos que corren, tres
parecen ser solamente los destinos del hombre según el nivel de su
renuncia: si fracasa en el sexo, es decir en sus relaciones familiares,
irá al manicomio. Si fracasa en el dinero, es decir en sus relaciones
sociales, irá a la cárcel. Y, por último, si fracasa en el encuentro con
la idea de dios, reproducirá en todo lo que toque, esa idea. Y así
podríamos decir que todo lo escrito, amado, pintado, labrado,
odiado, ejecutado, en fin, todo lo posible de ser producido por el
hombre se produjo en un diálogo con dios.
Por lo tanto, el hombre todavía no conoce los efectos de una
conversación con otro hombre y menos aún conoce los efectos de
aquello que por creer una explosión cósmica tanto tememos, quiero
decir, una conversación entre un pequeño hombre masculino y un
pequeño hombre femenino.
Mientras escribo me voy hundiendo lentamente y también
inexorablemente entre los antifaces, entre las máscaras. Piel sobre
piel, yo pienso, me terminarán sepultando.
Un hombre debe quedarse tranquilo, en su casa, para ser lo que
debe ser. Si no, claro está, será otra cosa. Y en esa otra cosa, fuera ya
de lo que debe ser, se le quitará la casa y la tranquilidad y a veces y
aunque ni yo mismo pueda creerlo, se le quitará también su propio
hombre.
Y ahora tendrás esta mujer y entrarás en su sacrosanto cuerpo
no por divino sino por único y ahí precisamente su divinidad, al atar-
decer y al amancecer. Y serás el hombre que trabajará y hará la gue-
rra para mantener este mito imposible y entonces serás respetado
como hombre y tu "mujer" será respetada como madre de tus hijos
que a su vez, si tú sigues trabajando todavía, serán respetados como
hombres. Y como rescate por tanto respeto el pago será: no acceder
a la heterosexualidad.
Pero si tu deseo de dios no es infinito, Ella no será la única
fuente de tu placer y entonces otros cuerpos, otras palabras que las
Freud y Lacan -hablados- 23
mías en Ella llenarán tu vida de nuevas ilusiones y libre serás conde-
nado a no saber si alguna vez podrás tener una mujer y tener un hijo
será en todos los casos insospechadamente dificultoso y, con el
tiempo, si persistes en luchar por un mundo que no tenga la armonía
de lo divino, se te quitará el dinero y el sexo y si todavía persistes,
morirás en el hospicio o en el hospital, reventarás tus malos instintos
entre las cuatro paredes de una celda o bien se te condenará, por
último, a escribir un libro de cien, doscientas, tres mil páginas y serás
eso.
Una familia humana, y lo digo aunque sé que será difícil con-
seguirlo, tendrá que tener (está claro) hombres y mujeres pero en
proporciones tales como para que la ley que se desprenda de esas
proporciones permita una libertad sexual para la mujer y una libertad
de procreación para el hombre.
Funciones que en libertad no sólo serían más adecuadas a las
posibilidades (si ustedes quieren, casi biológicas) de ambos (ya que
tener hijos es fácil para el hombre y tener goce es fácil para la mujer)
sino, también, funciones que en su intercambio además de reprodu-
cir hijos e ideología producirán goce, es decir, nuevos sentidos ala
dado.
y ahí donde lo biológico (como animal) transforma en metá-
fora su contenido y desea (como humano) impone a la reproducción
el límite de la creación de un nuevo sentido y este límite perturba
definitivamente la transmisión de ideología. Digo que al llegar a este
punto estaríamos en condiciones de cambiar.
Y, sin embargo, estamos en condiciones de pensar que la fami-
lia como estructura sexual nos brinda una sexualidad familiar, con
límites precisos, con invariantes sistémicas y variables que, si bien
en sus transformaciones implican las modificaciones de todos los
elementos del sistema y sus relaciones entre sí, nunca implican la
modificación del sistema como tal.
Decimos que si persistimos en ver a la familia como una
estructura sexual, padecerá de los efectos de ley de esa estructura y
sus patrones. Lo que no es como yo misma, dice toda estructura, trai-
ciona. Y para no ser traidor en la estructura familiar sólo se podrá ser:
24 Miguel Oscar Menassa
Normal, Neurótico, Perverso o Psicótico. Y ahí los límites, cuatro fi-
guras alejadas del hombre es lo que el hombre puede ser en la estruc-
tura familiar.
Una ley y sus posibles relaciones con esa ley:
O soy neurótico, es decir, ella misma y cargo con su responsa-
bilidad.
O soy psicótico, es decir, ella no existe y no accedo a la res-
ponsabilidad.
O soy perverso, ella existe, pero muere y sobre su propia
muerte nazco irresponsable.
O por fin soy un hombre normal, transcurro como naturaleza,
crezco según el ritmo de las edades y por el brutal sometimiento, se
me permiten ciertas transgresiones de ciertas leyes y no se me cas-
tiga por ello. Paso a formar parte de los poderosos, tengo la ilusión
de ser el dueño del sistema, soy, entonces, una persona normal, como
mi madre, reproduzco ideología.
Como vemos, en dicha estructura queda poco espacio, casi
nada, para que nazca un pequeño hombre femenino o un pequeño
hombre masculino.
La heterosexualidad, por ahora, sólo una sugerencia del len-
guaje de ninguna manera, por ahora, posible.
Delicadamente vuelo por los perfumes de mi infancia, veo a mi
madre, cálida presencia petrificada en su propia mirada, embalsa-
mada entre mis brazos, dictándome, con su sonrisa labrada en bron-
ces y jazmines, leyes incomprensibles para mi corta edad y abre sus
brazos y su pecho se abre como una paloma partida por el viento y
caigo, en esa herida, para morir.
Quisiera, y antes de proseguir en un breve paréntesis, decir que
la palabra estructura se me aparece opaca como concepto ya que no
sé muy bien si da cuenta de los mecanismos familiares o bien se trata
del aparato represivo del que la familia dispone para el cuidado de
sus formas, para vivir eterna. Palabras como verdadero o falso, nive-
les de profundidad y de superficialidad, la seriedad del investigador
o la falta de ella en él hablan a las claras de pensamientos que, más
Freud y Lacan -hablados- 25
allá del bien y del mal, pierden sus estribos. Y ahora, fuera de sí, son
capaces de ver (ya que el mal reside en la mirada) tanto en una tribu
primitiva y americana, como en un apartamento céntrico, una
máquina reproductora donde las características fundamentales son:
Una mujer que ofrece en todos los casos su cuerpo para las
ceremonias y un hombre que más allá de su grandeza o de su mise-
ria, cada vez que está enfrentado a Ella, tiene que ver con el nombre
con el que se nombra las cosas.
y para colmo, una sola verdad.
La ley perdurando a través de todos los tiempos, a través de
todos los espacios. Ley que se nos muestra con las infinitas caras de
la sabiduría. Se corporiza en sus efectos. En su nombre se dan recom-
pensas y castigos. Es justa.
Soberana de mí. Fuera de mí. Persiste.
Es Dios, símbolo entre símbolos, nunca fue carne, ni pasión,
estuvo siempre muerta.
El Edipo, entonces, cuento con el que se trata de sugerir que la
familia como estructura sexual padece los efectos de una ley precisa
que legisla y determina sus desarrollos y sus posibles eventualidades.
Ley que pide para su cumplimiento no sólo la prohibición
sobre persona o cosa o partes de persona o cosa, sino el deseo de
transgredir y su renuncia. Desear, dice la ley, desea todo el mundo de
la misma manera, las diferencias de efectos quedan marcadas en los
modelos de renuncia.
El niño nace, escandalosa placa sensible y totipotente, capaz de
registrar la mínima diferencia de sentido, las más grandes imposi-
ciones, los más grandes desvíos. Ameba desconcertada por el cam-
bio de medio, crece aceleradamente, ameba voraz, capaz de comerse
el universo. Debe ser detenido a cualquier precio su crecimiento o
por lo menos a cualquier precio encaminar dicho crecimiento en el
sentido de un debe ser "humano".
Donde su necesidad por ser necesidad animal será saciada. Y
su deseo por ser deseo humano será reprimido.
Cantemos y también lloremos, porque el hijo de Dios está a
punto de morir. Se separa definitivamente la carne del espíritu.
26 Miguel Oscar Menassa
Morir para ascender entre vapores de locura hasta el símbolo:
Su propio padre, muerto antes que él y también simultáneamente,
vÍCtima del mismo mecanismo.
Inalcanzable. Nombre del nombre de las cosas.
y ahora que ya no tiene cuerpo deberá embarazar a una mujer
mediante lo que medie. Y el hombre será a partir de ahora siempre un
otro del otro y siempre en distintas direcciones.
Por esta senda, su amor y su deseo son inconciliables. Y esto,
antes que a mí, antes que a ustedes, le pasó a Jesucristo que, como
sabemos, su familia (palabra ésta que ha suscitado nuestro encuen-
tro) es el ejemplo más nítido, más alto, más elocuente de nuestra
organización familiar actual.
Una madre, María Virgen, que jamás accederá a la carne.
Otra madre, María Magdalena, que jamás accederá al espíritu.
Un padre, Dios, que jamás accederá a la carne.
Otro padre, José, que jamás accederá al espíritu.
Una madre, María Virgen, que jamás accederá a su ser feme-
nino ya que si bien está destinada a la reproducción de la especie
(madre de Jesús) tiene como todas las vírgenes montado sobre el
principio de realidad, el principio de placer. Y esto sólo es un polo de
su síntoma ya que toda vez que se trate de la genitalidad, no gozará.
Podemos ahora imaginarnos, si ustedes me permiten, aquella noche
inolvidable, noche mítica por excelencia, donde Ella hace el amor
con él (espantapájaro sensible) para que de su cuerpo sin solución de
continuidad (niño o Dios) se desprendiera el producto de aquella
unión deforme, producto desvariado e incompleto que para sobrevi-
vir como semejante, humano, debe entregar su vida a otro para no
morir. El pobre Padre Real, el pobre carpintero José, ya que Dios, el
Padre Simbólico, se le aparecía a ella y conversaba sólo con ella por-
que ella, como mujer, era la que debía transmitir su mensaje (que por
ser un mensaje de él en ella, podemos decir llanamente, reproducción
de ideología). Y no se le aparecía ni conversaba con José porque José
sólo tendría que ser carne sin espíritu, fetiche, máscara de varón cuyo
único sortilegio fue proclamar para las familias cristianas que, a
Freud y Lacan -hablados- 27
pesar de todo, los hijos nacerían mediante la práctica de la heterose-
xualidad.
y Ella, María, Virgen y Madre, tenía esa noche una doble fun-
ción, por un lado ser la madre del niño y por otro lado permanecer
virgen.
Espléndida, desnuda pero petrificada, hermosa como nunca,
con los ojos y con los dientes entre apretados y al borde siempre de
algún llanto o alguna risa cristalina.
Inmóvil, como tocada por un dardo envenenado, detiene por un
instante su corazón, por un instante se detiene el deseo sobre la tie-
rra y Ella muerta por un instante concibe, ahora, ya sin inconveniente
alguno, en su propio vientre, el fruto que por mandato divino, Orden
Simbólico, por Ley y por Padre, reside en ella como palabra de su
propia madre.
Crucificado desde el principio entre dos madres que es una
madre, vivirá con una mujer partida en dos en su corazón y nunca
más podrá juntar su amor con su deseo.
Su madre es virgen y también es su madre. Este doble registro
de su madre como virgen y también como puta, es insostenible para
el pequeño niño cuando estos dos sentimientos tan dispares entre sí
hasta ser opuestos, se registran en el niño de manera simultánea. La
disociación impuesta no sólo separa en el niño las representaciones
y sus afectos consecuentes:
- El amor por María Virgen, en posición pregenital, quiero
decir, previa al reconocimiento de las diferencias entre hombre y
mujer. Y como síntoma, el mismo que su madre, anestesia genital.
- El odio celoso por María Puta, en posición genital deseante,
después del reconocimiento que él como hombre sólo era posible por
la unión de un hombre y una mujer y que él, precisamente, no había
sido ese hombre, sino que también para que la disociación tenga
carácter de eterna, exalta el amor y la anestesia genital y reprime el
odio y el deseo.
Ya partir de ahora, en el propio corazón del niño, habrá dos
mujeres:
28 Miguel Oscar Menassa
-La mujer del amor, es real y no goza y cumple funciones
reproductoras.
-La mujer del deseo, destinada para el goce, es irreal, fantás-
tica, inconsciente y por lo tanto no cumple funciones reproductoras.
El delirio paranoico reivindicativo que con los años se va ins-
talando en él, tendrá que ver no con la redención de la humanidad
sino con la redención de su propia madre. La aparición de María
Magdalena es la escena donde él recupera toda esta historia vivida
por él, pero censurada, siente por primera vez y con esa mujer (el
espacio de su madre reprimido) restos carnales y unos pasos más
adelante es crucificado para morir al tercer día y ascender entre vapo-
res de locura, hasta el símbolo. Yel padre real no existe ya que al
final queda solo en la tierra y este quedarse solo al final ya se sabe
desde el comienzo de la historia. Y ella una tarde surcará el espacio
para ir a sentarse, ella también, cerca de Dios padre, es decir, su padre
que es, como ya explicamos, con quien verdaderamente tiene ese
niño que en todos los casos sufrirá sobre su propio cuerpo alguna
calamidad: o será castrado o será ciego o morirá en la cruz o se dejará
matar por sus hermanos o será un asesino o por fin dejará de existir
siendo un padre real (un obrero, un burgués, un intelectual) y éstos
son los pobres destinos para un niño que nace en una familia cris-
tiana, como se dice, donde queda claramente demostrado que en
todos los casos los niños que nacen en ella son productos de la con-
sumación inconsciente del incesto. Las marcas en el cuerpo del hom-
bre son el rescate que todo hombre paga no por sus transgresiones,
sino por lo que ya su madre trasgredió con su propio padre Dios.
y si una suerte de pesimismo puede llegar a recorrer nuestras
entrañas frente a semejante panorama, ya que en las construcciones
propuestas puede haber error y casi seguramente serán incompletas,
se deja ver en las mallas de esa incompletud un dejo de eternidad, ilu-
sión que se sufre frente a esos modelos por la presión y la fortaleza
de la que disponen para repetirse durante siglos.
Os diré que la eternidad es siempre una ilusión de completud
vedada como realización para el hombre aún en su propia muerte y
Freud y Lacan -hablados- 29
que es la estructura sexual de la familia, como ya hemos visto, una
estructura histórica, por lo tanto modificable, quiero decir revolucio-
nable no ya como efecto producto histórico sino más bien como ins-
trumento de transformación histórica. Y como sabemos todo instru-
mento (y seguimos hablando de lo humano) se modifica a su vez con
lo que transforma.
La familia actual es, pues, sólo un paso para el hombre y no
como se cree su destino.
y si proponemos la teoría del inconsciente y la teoría del valor
y el nexo de la poesía para que ambos métodos (que son de interpre-
tación y construcción) no pierdan su fortaleza en la repetición, la
poesía, decimos, para que cada vez, en contacto con lo que se trans-
forma en su aplicación genere cada vez, un nuevo sentido en sus pro-
pias entrañas para que no haya pereza, enmohecimiento.
y ya sé que decir que dos ciencias y la loca poesía pueden con
la vida del hombre, que ya casi ni el hombre mismo puede, también
parece un sueño.
Y, sin embargo, más allá de los aportes acerca del tiempo del
hombre que nos pueda brindar con el correr del "tiempo" la tan mal
comprendida por ahora teoría de la relatividad, son la teoría del
Valor, por un lado, mostrando la ceguera del ser social y la teoría del
inconsciente, mostrando la ceguera del ser del lenguaje, dos deter-
minaciones que si bien incompletas, no por eso menos científicas o
mejor dicho, científicas precisamente en su incompletud, en su
movimiento, en su transformación y por eso, pensamos, capaces de
dar cuenta de las poderosas ideologías que frente a la determinación
inconsciente proponen la coartada de un yo consciente y volunta-
rioso capaz de decidir por sí mismo, desde donde el sujeto del
inconsciente creerá imaginariamente (ideológicamente) que su yo es
el centro de su persona y que frente a la determinación de las rela-
ciones sociales, ocupe la posición que ocupe en el sistema, el sujeto
social padecerá de no ver, precisamente, lo que lo determina y ofre-
cerá como coartada a esta ceguera la ilusión como persona "humana"
no sólo de participar en la elección de su posición social sino tam-
30 Miguel Oscar Menassa
bién le hará creer como persona (sea la persona que sea) que él y su
oponente (sea el oponente que sea) alternativamente, una vez su opo-
nente, otra vez él (que ya le tocará) ocuparán alternativamente el cen-
tro del sistema.
Ideología va, ideología viene. Y estos vaivenes de pasiones
siempre iguales a sí mismas nos terminarán matando y por eso la
insistencia en que sólo un saber científico (y será científico sólo por
eso) podrá dar cuenta de un saber ideológico y por lo tanto transfor-
marlo y precisamente allí en su contenido, ya que todo contenido de
los modelos ideológicos son contenidos humanos, por lo tanto trans-
formables.
y antes de cerrar este sentido, diré todavía que las disciplinas
nombradas, en su desarrollo teórico-práctico (entiendo por práctica
los modos de apropiación de lo real) no sólo proponen sus propias
modificaciones metodológicas cada vez que lo requiera cualquier
obstáculo que surja en cualquiera de los polos que determinan sus
movimientos, sea del objeto del conocimiento, sea del objeto real a
conocer sino que, también, proponen una modificación, una verda-
dera subversión, por su modo de ser ciencias, del modelo filosófico
de la producción de conocimientos científicos. No ya más causas
produciendo a su antojo y semejanza los efectos que en todos los
casos preexistían en ellas sino más bien casi un encuentro apasio-
nado con la cosa misma, es decir, los productos finales para la circu-
lación de las estructuras en cuestión (en el caso del valor, la mercan-
cía, en el caso del inconsciente, el habla). Es decir, se parte de los
efectos concretos y se reconstruye, para decirlo de alguna manera, a
la inversa, el camino del trabajo productivo y se construyen las cau-
sas y las leyes de producción de dichos efectos.
La razón, más que patas para arriba, queda en el encuentro con
estas dos ciencias, yo diría despanzurrada, hecha fragmentos.
y he aquí que el reino de la locura (producto de la estructura
familiar cristiana) como el reino de la pobreza (producto de la estruc-
tura social capitalista) son, se quiera o no, la última defensa de un sis-
tema de ideas que ya se desmoronó en los libros.
Freud y Lacan -hablados- 31
La realidad, si nuestra acción es transformadora, tarde o tem-
prano ocurre.
y todavía, antes de terminar, quiero decir que si bien me hago
responsable de todos los desvíos (tanto de las conversaciones man-
tenidas como de los textos leídos) porque "yo" tuve como función
hacer escritura, es decir, dar su materialidad a todo ese trabajo
humano realizado, no puedo, aunque quisiera, hacerme responsable
de las dimensiones en el contenido de los desvíos, ya que esas dimen-
siones y ahora 10 digo claramente, no hubiesen podido producirse sin
el trabajo grupal previo al momento de la escritura.
Y, sin embargo, hay todavía algo en mí que me lleva por ins-
tantes (y un instante también es toda la vida) a sentirme el único res-
ponsable de todo 10 escrito y hasta darme lamentables excusas que
hagan por un instante (y un instante puede ser toda la vida) razona-
ble ese estúpido sentimiento que me acerca a dios y no sólo por sen-
tirme el único responsable sino, y más todavía, por fantasías no
resueltas acerca de la perdurabilidad de 10 escrito.
Sentimientos (no por vergonzosos menos importantes en la
articulación de 10 que será, por 10 que soy de ser, mi vida) que no
mencionan claramente la lucidez que a veces me acompaña. Una
especie de lucidez afectiva porque no se trata de ninguna lucidez
capaz de entrar en 10 más profundo de los misterios humanos sino
más bien en la misma superficie que vi ayer, hoy siento otra cosa. Y
si siento una cosa que nunca sentí y si anonadado por ese sentimiento
inesperado pronuncio una palabra que nunca pronuncié, quiere decir
entonces que 10 dado es inmutable (y ya hablaremos en otra oportu-
nidad de ello) no eran los sentimientos.
El odio puede mitigarse, las guerras pueden no ser a muerte.
En cuanto a la voluptuosidad de poder, en lugar de esperar que
se desvanezca con los años debemos estropearle su danza antes del
final (que en todos los casos es la muerte) concibiendo relaciones
heterosexuales posibles entre hombres y mujeres, entre pueblos,
entre naciones, entre lenguas. Y si se entiende, y no sé ahora si para
que se entienda o para que podamos comenzar juntos la desorgani-
32 Miguel Oscar Menassa
zación de un sentido dado, unas relaciones tales que conciban dentro
de sus límites y como sexualidad humana las relaciones heterose-
xuales de los pequeños hombres-mujeres terrestres con el resto de los
habitantes del universo.
y no dejo de saber que un extranjero es también, en todos los
casos, un ser del espacio celeste. En una ciudad desconocida un
extranjero es, también, un extraterrestre. Un extraño a todo, un hom-
bre, pero fuera de lugar ya que no sólo ignora nuestros gustos actua-
les sino que, peor aún, desconoce la historia del largo peregrinaje
emprendido hace miles de años hasta llegar aquí.
y estoy casi seguro que seríamos capaces (y también yo) de
designar a un ladronzuelo o tal vez a una puta para que puedan
decirle (a ese otro humano, pero diferente) sin saber lo que dicen:
-Si no has puesto nada en esta tierra, no te pertenece.
Como si la tierra humana fuera la tierra donde vivo o bien
como si la tierra que no ven mis ojos no fuera tierra humana, donde
otros humanos como nosotros mismos, que seguimos sin poder reco-
nocer como distintos pero semejantes, hubieron, también ellos, de
realizar el largo peregrinaje durante miles de años para ser hombre
como nosotros.
Y, sin embargo, todavía no puedo reconocerlos semejantes.
Mi tierra sigue siendo la tierra donde vivo, toda mujer sigue
siendo mi madre, todo hombre mi padre y lo que no ven mis ojos no
existe. Estoy condenado a morir, exactamente, el día de mi muerte
sin conocer lo humano, en familia.
EL VALOR DEL PSICOANÁLISIS
Madrid, 8 de octubre de 1981
Antes de comenzar, quiero decir que esta clase está de más, ya
que el pacto era que yo daba la clase inaugural (la que considero
dada) y luego tenían que hablar ustedes.
Voy a nombrar al azar -dentro de lo que pueda- algunas pala-
bras. Espero que ustedes puedan encontrarles un sentido: Úlcera,
vaginismo, asco y consecuentes náuseas matinales, esofagismo, an-
gustia, impotencia genital, eyaculación precoz, cálculos biliares, gra-
nos, gordura, pedos, caca, pus, histeria, fobias y neurosis obsesiva.
Si ustedes no quisieran discutir conmigo aceptarían que eso es
de lo que padecen los miembros fundadores de la Escuela de
Psicoanálisis Grupo Cero o padecían. Por lo tanto el psicoanálisis
actúa de manera convincente sobre ciertas enfermedades transfor-
mándolas en otra cosa. Por ejemplo, un conjunto de personas ner-
viosas que tendría que estar ocupando las salas de los hospitales, han
fundado una escuela de psicoanálisis.
Esta clase se podría llamar: El valor del psicoanálisis.
Imaginamos que con estas palabras no se nos hace tanto haber
dicho -en uno de los escritos que presentaremos a la realidad-
34 Miguel Oscar Menassa
que la práctica psicoanalítica oscilaba en nosotros entre 0 y 15 años.
Porque se dan cuenta que cuanto menos psicoanálisis, más de esas
enfermedades que deben impedir que un psicoanalista escuche lo
que un otro le dice.
El psicoanálisis cura la sordera y la ceguera. El otro día entró
a mi consultorio una persona que me conoce hace 15 años y me dijo
«¿Pusiste cortinas?» Yo tengo cortinas en mi consultorio desde que
nací. El psicoanálisis cura la ceguera.
¿Por qué el grupo quería que ella llegara tarde? ¿Para inte-
rrumpir la maravillosa clase inaugural que yo estaba dando? Se ríen
porque no se dan cuenta que era una clase maravillosa.
¿Tú no fuiste al psicoanálisis por ninguna enfermedad?
¿Taquicardia, mareos, náuseas, virginidad? Tenemos un caso de
enfermedad nerviosa pura.
No sé si el camino que tienen que elegir es el de la brillantez,
cada uno se tendría que poner un límite tal, que alcanzarlo no le
cueste la muerte.
Previendo que una vez vencida la resistencia de ustedes a que
yo enmudezca, voy a querer hablar de dos temas: el inconsciente y
la transferencia, espero que sean lo suficientemente sagaces para
crear un espacio diferente a éste, para que pueda hablar.
El modo en que yo elegí que dos candidatos dieran las prime-
ras clases, no es un buen modo de elegir, ya que son dos personas
que estaban estudiando esos temas antes. A veces es bueno que el
que esté trabajando un tema lo exponga, pero también es bueno que
alguien estudie otro tema alguna vez en su vida. Que tenga la posi-
bilidad de volver a sentir que no sabe, que va a temblar su voz.
Si no aprenden rápido que el psicoanalista tiene que poder
tener la capacidad de vivir ese otro mundo que le propone el descu-
brimiento del inconsciente, no podrán ser de una Escuela de
Psicoanálisis porque transmitirían otra cosa, no podrán transmitir el
concepto de inconsciente. Tendrán que poder llegar a abolir la razón,
no para volverse tontamente locos. Ustedes son psicoanalistas que
se supone están psicoanalizados como para crear un campo de pen-
Freud y Lacan -hablados- 35
samiento donde lo razonable no tenga que ver con lo verdadero y lo
verdadero no tenga porqué ser lo real. Lacan murió, lo que hizo
Lacan ya lo hizo, ahora hay que hacer otra cosa. Quiero decir que se
tiene que entender lo que decimos. Es interesante darse cuenta que
en el colegio de médicos no hay ninguno de nuestros psicoanalistas
(digo, el conjunto de psicoanalistas de las sociedades) que se haya
colegiado como psicoanalista, no han querido ser eso, se colegian
como especializados en psiquiatría. Debemos suponer que no debe
ser en vano tanta resistencia.
En la última reunión de dirección nadie quería que la Escuela
tuviera más de 20 alumnos. Es decir, que nadie quería dejar de con-
trolar el proceso que había comenzado a fundar. Como se suponía
que el número era de 20 se podía controlar, en tanto estábamos
haciendo una pequeña demostración en el grupo de los jueves, se
intentaba controlar el proceso que se ayudaba a crear desde su
comienzo. Se lo quería hacer humano, no grupal. Se inhibía con una
concepción individual humanista. Se controlaba lo que se suponía
una explosión del conjunto que era más que el conjunto por estar
unido de una manera particular. Hay que aprender a decir que sí y
hay que aprender a decir que no. A mí no me importa si ustedes
soportan 2 pacientes cada uno y 20 alumnos. Aprenderán a decir que
sí.
No salen los nombres en el cuadernillo porque ustedes no se
animaron a ponerse límites. Sabemos (porque somos una Escuela de
Psicoanálisis) que el que no tiene límites lo único que ambiciona es
ser estrangulado por los cariñosos y armoniosos brazos de la madre.
Con su palabra cada uno hace lo que quiere. El que tiene gas-
tritis la utilizará como alcalino para disminuir la acidez estomacal.
Cada uno hace lo que puede con su enfermedad, que normalmente
es lo que quiere. Por eso hay que dudar de lo que uno quiere porque
quiere lo que puede y puede lo que deseó su madre y hace muchos
años atrás porque ni siquiera era el deseo de su madre.
Puntadas al corazón, espasmos anales dolorosos, tos convulsa
nocturna, eyaculación dolorosa, menstruación dolorosa, menstruación
36 Miguel Oscar Menassa
cada 15 días o cada 4 meses simulando embarazos, simulando tumo-
res. Esto también lo cura el psicoanálisis.
Si ustedes no están decididos a fundar una Escuela de
Psicoanálisis como se debe fundar, quiere decir que no están decidi-
dos a psicoanalizarse. Lo único que le van a preguntar a una escue-
la psicoanalítica fundada es por el psicoanálisis de sus integrantes.
No le van a preguntar por ningún saber.
- ¿Qué podría ser en la realidad la presencia de un tumor en
el cuerpo?
Si ustedes me lo preguntan yo diría que un tumor en un grupo
puede representar lo que el tumor representa: un cuerpo extraño. Y
un cuerpo extraño en un grupo no sólo es un tumor sino también
una nueva idea, una nueva concepción, una crítica acerca del fun-
cionamiento. Habría que investigar porqué ese integrante señala el
cuerpo extraño en forma de tumor y no en forma de idea. Porqué es
más valiente ser capaz de poner su cuerpo al servicio de su protes-
ta y no poner su sujeto, es decir, su discurso, al servicio de su pro-
testa.
Les estoy diciendo que en una Escuela de Psicoanálisis no se
pueden esconder los síntomas porque ese es el motivo por el cual las
instituciones psicoanalíticas tienen que comenzar a dogmatizar y a
transformar en doctrina lo que es descubrimiento. La desviación de
la teoría al servicio de la resistencia. Vamos a tener que mostrar
nuestros síntomas, nuestros actos fallidos, nuestros errores, para que
alguien se anime a interpretarlos. Para que alguien entre nosotros
tenga la idea de que una interpretación es un instrumento de trans-
formación de lo real.
La próxima vez que a uno de ustedes le pregunten qué requi-
sitos hay que tener para entrar en la Escuela, no contesten al azar que
no nos interesan los títulos sino que, como nuestra manera de medir
la capacidad de las personas es diferente a como se mide la capaci-
dad de las personas, no nos interesan los títulos. No es que no esté
bien tener un título o haber estudiado alguna disciplina, sino que eso
no lo tenemos en cuenta en nuestra evaluación. Ya que la evaluación
Freud y Lacan -hablados- 37
de la capacidad es psicoanalítica incluye dentro de lo que evalúa la
posibilidad del psicoanálisis de transformar la inteligencia al desli-
garla de los afectos familiares. Por lo tanto, en la evaluación psico-
analítica no sólo se evalúa lo que se ve, sino lo que se ve como posi-
bilidad de transformación en el sujeto.
Si yo me equivoco cuando la elijo a usted como integrante de
la Escuela, usted tendrá que hacer el trabajo para que no quede lesio-
nada mi inteligencia. Tendrá que producir de usted alguien que
pueda serlo. Y todavía no ha demostrado nada, sólo demostró que yo
fui inteligente.
¿Tú me molestas a mí cuando estoy dando la clase? Cuando
des la clase tú, algún muchacho o alguna chica que esté enamorada
de mí te va a molestar a ti.
No se rían, es así ¿o nadie está enamorado de nadie en este
grupo?
Digo que es gente que se reúne para fundar una Escuela de
Psicoánalisis o tiene enredos con las personas con las cuales funda
o ambiciona tenerlos. No me interesa si los enredos son sociales o
sexuales, porque cuando son sexuales no dejan de ser sociales y
cuando son sociales no dejan de ser sexuales, aunque nadie los vea,
ni siquiera sus propios protagonistas.
He recibido fuertes quejas durante la semana (preferiría que
nadie se sienta implicado ya que lo digo porque más de la mitad lo
dijo, ya no es secreto). Por ejemplo: Sr. Director, a un psicoanalista
hay que ponerle delante de los ojos algo diferente al dinero y al pro-
greso para que estudie y progrese en su estudio como psicoanalista.
También me dijeron que el Sr. Director es un hijo de puta. Me pare-
ce bien que la Escuela quiera grabar esto ya que todas estas cosas
son fundantes, ya que estamos hablando de la verdad. Hablamos de
lo que le pasa al pobre Director con esas críticas. A mí no me pasa
nada porque estoy decidido a psicoanalizar todo. También están las
formas de elogio donde un déspota es: cuánto poder ambiciono en ti
que me dominas de esta manera. Y si me dominas de esta manera
soy totalmente tuyo, soy parte de este poder, tengo tu poder. Esto es
38 Miguel Oscar Menassa
el psicoanálisis, yo decía lo que le va pasando al Director. Éste dice:
yo di una idea y nadie se hizo eco de esa idea. Además es un juego
de pasiones que me coloca aquí. Yo quiero arriesgar mi parte, quie-
ro ser pasional, puedo presentar mi renuncia, uno de los integrantes
puede renunciar o proponer a otro integrante. Digo que no quiero
más reuniones de dirección. Ustedes al Director no lo van a ver
nunca más, le voy a entregar al coordinador una hoja escrita y él se
la va a traer, ustedes harán 10 que quieran con eso.
Nada es brutal en mí, ni siquiera sé si eso va a ser así. Sería
una buena manera de funcionar, de controlar entre todos la función
del Director y a éste le llevaría sólo 20 minutos diarios. No sé si
vamos a poder realizar eso porque siento, desde el primer encuen-
tro, pequeños desvíos en todo lo que fuimos pensando. No sé hasta
dónde vamos a cumplir lo que vamos pronunciando cumplir.
Los que tuvieron el mal gusto de estar muchos años a mi lado
(fue interesante lo que pasó con mi actuación como Director en estos
cuatro meses) dudaron acerca de todo mi pensamiento anterior con-
trario a la institucionalización del saber, a la jerarquización de la
función. Se me ocurrió pensar que ellos - a pesar de ser aquéllos
que sostenían mi discurso en tanto conversaban conmigo hacía
mucho tiempo- estaban actuando en contra de mi inteligencia.
Pude notar un pequeño sesgo envidioso. Pude ver a los pilares fun-
damentales de la Escuela preferir ver caer muerto, derrotado, a su
Director, en manos de las argucias del sistema, a suponerlo más inte-
ligente que ellos mismos. Para este mecanismo se prefirió prestar
atención a una frase contra mil páginas escritas.
Me animo a interpretar porque hubo tendenciosidad, por lo
tanto hubo inconsciente y caímos dentro de la constelación edípica.
Nadie es nadie porque todo es aquello, todos somos ciegos y todos
somos sordos.
Si fracasan serán todos escritores. Si triunfan también serán
todos escritores así que, como triunfar y fracasar tiene tan poco
valor, en tanto ustedes tienen que terminar este curso con un escrito
que harán si fracasan o si triunfan, espero que no den tanta impor-
Freud y Lacan -hablados- 39
tancia en su pensamiento a las posibilidades de triunfar o fracasar
porque a nosotros nos da lo mismo. Puedo asegurarles que si son un
grupo de personas capaces de pensar así, la cultura más loca del
hombre premia eso. Por lo tanto van a triunfar, desgraciadamente
para ustedes.
Ya que, a pesar de no querer caer en ninguno de los dos polos
de la propuesta que hace la cultura, la cultura premia a quien es
capaz de no querer caer en ninguno de los dos polos. Les toca triun-
far. Pueden empezar a gastar a cuenta del triunfo o pueden ahorrar,
no pueden hacer ninguna otra cosa. Evidentemente si gastan a cuen-
ta tendrán una modalidad y si ahorran tendrán otra.
Conjunto de fóbicos, gente que se olvidó que tenía amigos
periodistas el día de la inauguración o se acordó horas después. Ese
destiempo del fóbico para no estar en la situación que le va a dar
miedo. Ese destiempo que a veces los psicoanalistas buscan en el
espacio, en el espacio el fóbico parece una persona normal, es decir,
que no padece fobia. No es que le interese vivir o no vivir una situa-
ción que le da miedo en lo real, sino que estando siempre en otro
tiempo no alcanza a vivir la situación de miedo. Si en psicoanálisis
se puede decir la palabra más, éste es más fóbico que aquél que no
puede cruzar la calle. Puede llegar a ser un fóbico inmortal porque
su acompañante fóbico es sí mismo. Escuché una vez a un psicoa-
nalista decir: ambiciono la claridad de un síntoma fóbico. Está claro
que no hablaba de esta oscuridad.
No nos va a hacer mal cumplir algunas leyes como llegar tem-
prano, terminar la clase a su hora, trabajar en el grupo operativo
como se debe trabajar.
Normalizarse, para quien siempre como ustedes -por la his-
toria que por ahora conozco- gozó de los encantos de la anormali-
dad, también es una transformación. A pesar de las miradas de odio
que acabo de sentir sobre mi cuerpo como si yo fuese el que pro-
nunciara estas palabras.
Tengo la sensación de haber estado corriendo porque me due-
len las piernas. Esto debe pasar cuando uno termina de hacer el amor
40 Miguel Oscar Menassa
y le duele una parte del cuerpo, quiere decir que no estuvo haciendo
el amor, si le duelen las piernas es como si hubiera estado corrien-
do, si le duelen los brazos estuvo peleando con catorce leñadores.
Debe haber algo de esto.
Las clases eran así porque estaba perdiendo mi poder. Durante
la semana me dijeron: basta de ortodoxia, basta de teoría estúpida
que eso ya lo hicieron. Me dije: Menassa, te sientas y hablas de lo
que quieres, lo que tú quieres siempre es bueno porque eres un hom-
bre y el hombre siempre quiere cosas buenas. Menassa, adiós, hasta
la próxima.
POESÍA Y PSICOANÁLISIS
Buenos Aires, 1985
Poesía y Psicoanálisis, una renovada perplejidad ante lo irra-
cional. Una vara de mimbre quebrada por un viento que no fue. Un
parece que te encuentro, pero nada.
El primer resultado, por lo menos para Heidegger, fue que el
reino de acción de la poesía es el lenguaje. Por lo tanto, la esencia
de la poesía debe ser concebida por la esencia del lenguaje. Pero en
segundo lugar, nos dice Heidegger, se puso en claro que la poesía, el
nombrar que instaura el ser y la esencia de las cosas, no es un decir
caprichoso, sino aquél por el que se hace público todo cuanto des-
pués hablamos y tratamos en el lenguaje cotidiano. Por lo tanto la
poesía no toma el lenguaje como un material ya existente, sino que
la poesía misma hace posible el lenguaje. La poesía es el lenguaje
primitivo de un pueblo histórico. Al contrario, entonces, es preciso
entender la esencia del lenguaje por la esencia de la poesía.
El fundamento de la existencia humana es el diálogo con el
propio acontecer del lenguaje (el inconsciente está estructurado
como un lenguaje) pero el lenguaje primordial es la poesía como
instauración del ser. Algo que sólo será luego, determina cómo tuvo
que ser antes.
42 Miguel Oscar Menassa
¡Cuántas veces! me pregunté a mí mismo si era posible el
mundo.
¡Cuántas veces! me respondí sonriendo.
¡Cuántas veces! me respondí gritando: mundo altivo y grotes-
co, te podremos.
En principio, nos aconsejamos tomar distancia de los recuer-
dos infantiles; conocer el amor, hablar, leer algunos libros, escribir
algún verso. Yeso fue todo.
Después, el tiempo nos llevó de la mano, escribiendo, por el
camino de la muerte. A los sobrevivientes, más allá de modos y
modales, nos otorgó un sexo, una palabra. Somos esas caricias pro-
venientes de las noches más negras. Un incalculable amor en medio
del desastre.
Aprendimos rápidamente que sin mencionar a Dios es absolu-
tamente imposible saber de quién es el tiempo. ¿A quién pertenecen
las horas? los recuerdos de las horas pasadas, la ilusión de las horas
por venir. ¿A quién las horas del amor? los vericuetos del tiempo del
amor. ¿A quién pertenecen?
Espero saber acogerme sin vergüenza a mi destino. Viví entre
ellos, soy un grupo, varias personas, tengo las palabras de todas las
clases sociales posibles en este tiempo. Fui todas las enfermedades.
Toda la peste y toda la gloria posible. Soy el más indicado para
decir, para empezar a juntar lo que las dictaduras, en su afán de
reproducirse, han separado.
Pretendemos una página en blanco permanente. Ese ha de ser
nuestro lecho de amor y, también, nuestro campo de guerra.
y para que a nadie, en principio, se le ocurra pensar sobre lo
que es, digo: El hombre es escritura. El resto, sin violencia, ganado
taciturno esperando morir en alguna quietud.
Escribiendo, robándole esas horas a la vida, así hemos vivido
nuestra vida.
Os invitamos a vivir con nosotros en una página entre palabras
combinadas por muchos.
Freud y Lacan -hablados- 43
La poderosa muerte unida a los vocablos más sutiles.
El cruel espanto, el dolor más extremo, besados por la luz.
El verso más antiguo bordado en tus cabellos.
Entre palabras, por túneles secretos, hacia lo no sabido.
¿Transmitir el psicoanálisis?
¿Amar definitivamente la poesía?
Sólo después sabré, sólo después sabremos
cuando lo irremediable pregunte por sí mismo
cuando la muerte venga anudada en un punto
cuando el baile sonoro de los días detenga su mirada,
vendrán de nuestra vida los saberes y, ahí,
ya no seremos éstos, sino lo escrito.
No vengo por nadie en especial, vengo por todos. Hablar y
amar fue todo mi pasado. París mi prehistoria, donde Lacan y hablar
estuvieron de moda. Muerto Lacan porque hablar no era suficiente,
nadie podrá pasar, soy el que escribe, el que vertiginosamente se
adelanta en las sombras.
Llegamos a decir que toda escritura es producto efecto de
haber elaborado una lectura, como dos cosas separadas: se elabora-
ba una lectura y se producía un escrito. Aquí se nos vuelve a plan-
tear que una vez transformado el tiempo en el cual observo los fenó-
menos, no puedo abandonar el método propuesto. Es decir, no es
que leo, elaboro lectura y ahora tengo la escritura, sino que tengo la
escritura y en 10 que la escritura no me dice por decir, porque ahí
donde me dice algo, me oculta una otra cosa, reconstruyo en ese
silencio los supuestos, las ausencias y las preguntas.
Se conversa generalmente acerca de la "imposibilidad", de la
dificultad de que el propio sujeto que elaboraba la ciencia o que tra-
bajaba y producía la ciencia o el ensayo o la novela, difícilmente
podía, también, hablar con exactitud del proceso de producción de
esa ciencia o del proceso de producción de la obra de arte. En el
caso de la ciencia, la epistemología; en el caso de las artes, su poé-
tica.
44 Miguel Oscar Menassa
En el momento donde la ciencia, en los avatares de su ins-
cripción social se dogmatiza, es en el imaginario universal de la poe-
sía donde, si de casualidad la poesía toca ese campo, lo iluminará
más allá del dogma de que se trate.
Lectura como producción también quiere decir que llevemos
las cosas hasta sus últimos extremos, es decir, los extremos posibles.
Se dice que la mujer está fuera de la dialéctica del falo y de la dia-
léctica del valor.
Si esto es así, sería ella Otra del Otro inconsciente y del otro
de las relaciones sociales, como habíamos dicho de la escritura.
Habíamos dicho que el hombre navegaba sujeto a leyes que,
por otro lado, eran inviolables, en tanto la violación de estas leyes
terminaba con el sistema sobredeterminante y que estas leyes eran la
ley instituida por el falo y la ley instituida por el valor. Que única-
mente no le pasaba esto cuando era capaz de producir la escritura.
Tanto esto es así que ya estamos todos de acuerdo (todos son
algunas escuelas de psicoanálisis y otras escuelas que no son tanto
de psicoanálisis) que la escritura adviene en posición femenina, pero
nunca nadie quiso saber cuáles eran las consecuencias de esta frase.
Así, cuando se libera la poesía de las leyes que ella infringe
por ser modelos ideológicos, ella es un instrumento de conocimien-
to, ella es una manera diferente de leer los fenómenos que aconte-
cen en el mundo, en el universo. ¿Esto no querrá decir que si se libe-
ra a la mujer de lo que ella infringe por ser, es decir, los modelos
ideológicos, la dialéctica fálica, ella también sería una nueva con-
cepción del universo, incluyendo en el universo la realidad y lo real?
Entre esta conferencia y la otra hemos fundado la Primera
Internacional de Poesía y Psicoanálisis.
En el poder de fundar, hemos sabido que lo exiliado queda,
también, exiliado del hombre. Lo exiliado, por lo tanto, no se puede
besar.
Así, nena, que vos me besaste a mí.
Besaste una carne creyendo que besabas un fantasma.
Freud y Lacan -hablados- 45
Tu vida, me imagino, habrá quedado comprometida en
movimientos, más allá de tus pequeños deseos sexuales
[infantiles.
Besaste en una carne la historia de otros cuerpos.
Creyendo que besabas un fantasma, besaste la telaraña
[de un poema.
En tu delirio, tocaste la cuerda de algún canto.
El horror, el verdadero horror, permanecer escondida en
[mis versos.
Ser caliente metáfora de metáforas,
una parábola que más que indicar un camino lo
[subvierta.
y soy americano y soy de América. Mi voz es una voz
[americana.
Mis lujurias, mis locas ambiciones de volar, son
[americanas.
El tiempo no es el ser,
pero el ser no puede ser fuera del tiempo.
y tiempo es una lengua, una escritura.
Un vuelo de decir sería que así como sin asociación libre no
hay posibilidad de interpretación, sin escritura no hay posibilidad de
transmisión.
La transmisión del psicoanálisis es un acto inherente a la pro-
pia producción del inconsciente.
Terminaré diciendo que todos los caminos que llevan a Roma,
llevan a Roma. Sobre todo cuando el que me mira caminar de mí
está en Roma. Sin deseo del psicoanalista no hay psicoanálisis, es
tan verdadero como decir: sin psicoanalista no hay inconsciente. Si
alguien no nos convence que estará en Roma esperándonos, aunque
no lo esté, no llegaremos nunca a Roma.
Develar a nadie lo que será de nadie.
Un existente de lo que no hay, un imposible pone las piezas en
46 Miguel Oscar Menassa
movimiento. Un saber que no será sino bajo la regla de no saberlo.
Un poder que sólo sostendré si rechazo utilizarlo.
Un deseo de ser de la carencia la cintura del alba. Rozar, rozar,
sin tocar nunca y sin detenerse frente a cada fracaso, porque es de
eso de lo que se hablará en el diálogo de transmisión: EL FRACA-
SO DEL SER EN SERLO. Ya que todo intento será determinado
desde la errancia del deseo. Desear deseos, objetos nunca sidos.
Un ojo que no ve sino los restos que le permite su mirada. Una
palabra que mira del Otro pasa en mi interior. Lo esencial de mí, y
eso es lo que no sé, pasa fuera de mí.
Las piezas que se ponen en juego disparadas por la carencia
son reales, imaginarias y simbólicas, y los discursos posibles hasta
este momento de nuestra formación son cuatro: LA MUERTE (el
punto, la interpretación), LO SEXUAL (el nada, el desencuentro),
NO (la insatisfacción, el nuevo decir), EL ESTADO (la univer-
sidad, el capitalismo), DIOS (la palabra divina, el amo Absoluto).
Un sujeto supuesto del saber esgrime como bandera su deseo.
Un sujeto que supone ese deseo que lo sostiene en su suposición,
como saber.
Un saber paradójico que sólo se produce en acto y que al que-
rer determinarlo como ocurrido se desvanece como tal. ¿La repeti-
ción, la transferencia, la pulsión, no son acaso muescas de este fra-
caso: el inconsciente? El ojo no desea sino su propia mirada que lo
constituye mirándolo desde el Otro.
Estoy aquí, dice el candidato, porque quiero ser psicoanalista.
Y esto inmediatamente, a menos que uno sea indiferente a las cues-
tiones sociales en desarrollo, plantea una pregunta que, de no con-
testarla, el candidato (por el simple hecho de haberlo pronunciado)
se quedaría sin camino.
¿Quién está cuando estoy? y ¿dónde estoy cuando estoy aquí?
Y si esto fuera poco para mantenerme callado, la frase: quiero ser
psicoanalista, puede ser simplemente, no una inversión pero sí un
deslizamiento: quiero psicoanalizarme ya que usted lo desea.
Freud y Lacan -hablados- 47
En esa especularidad: Quiero ser como usted, entero, es su
propia imagen lo que se le anticipa como disfraz de la única verdad
posible en el diálogo de transmisión. A usted le pasa lo mismo que
a mí. Otro nos reúne bajo la faz de no saber. Carencia anterior y
futura a todo ser, aun al de la imagen. Así que difícilmente el Falo
pueda ser imagen de nada y menos del pene. El Falo, concepto posi-
tivo de lo imposible de la apertura al campo del Otro, Uno de la
carencia que permite pensar que, justamente, ese otro que no está en
el sistema sino como nunca sido, sea causa.
Quiero decir simplemente que si en la primera entrevista quie-
re serlo, más adelante querrá tenerlo y luego querrá matarme. Allle-
gar a Roma no sólo no me encontrará, sino que percibirá sólo de
sesgo, porque más allá, aún, sólo se puede gozar o morir, que nadie
nunca ha estado en Roma. Concluido el psicoanálisis, si es que algu-
na vez concluye, nadie estará en condición de asegurar que se trate
de Roma. Y la conclusión no deja de ser bonita: ROMA NO EXIS-
TE, aunque más allá, aún, tal vez, la encontraría.
En cuerpo, en el goce del Otro, en lo Uno del Amor, en la
Muerte. Y nadie conseguirá nada, ya que el Inconsciente freudiano
y, por qué no decirlo, el Inconsciente lacaniano aunque sea otro, es
Saber no Sabido o Poesía y aquí, la cuestión. Todo lo otro, aun los
maternas o los mate-a-mamá, son los intentos desesperados del sím-
bolo de obturar la carencia, única puerta posible para el deseo. Su
causa.
El fin del psicoanálisis es su no fin y vamos a ver cómo acep-
tan esto los fanáticos de la carencia. Ser carente pero tener algún
final, aunque más no sea simbólico; una fórmula que reemplace con
su imaginería el conocimiento inconsciente que se sostiene sólo si
alguien queda en condiciones de poder interpretar el pensamiento.
No hay nada que nadie le diga a nadie, sino hay lo que las palabras
se dicen entre sí.
Poesía y Psicoanálisis tienen que ver con esa irregularidad que
se produce en el ser de la palabra. Creyendo que dice las palabras,
nada sabe que es dicho para el otro, por lo que sus palabras pronun-
ciadas se dicen entre ellas.
48 Miguel Oscar Menassa
No es la simple alienación en el Otro en tanto que habla, no
son precisamente las palabras del otro, sino lo que las palabras del
otro se dicen entre ellas de mí.
Tanto poeta como psicoanalista tienen como función dejar de
ser para que en esa fisura de ser nazca lo Otro. No es una hiancia que
recuerde algún misterioso vacío, sino que es apertura al campo del
Otro. Y esto no se cierra ni se desvanece. Sólo la muerte o el recha-
zo de la pulsión como tal, anulando las funciones que lo nombran,
es decir, cerrando la boca.
PSICOANÁLISIS Y PSICOSIS
Madrid, julio 1988
«Algunos delirios en su persistencia, pueden,
con el tiempo, transformarse en proyectos
sociales.»
Por haber sido encargado por los organizadores del Congreso
a exponer mis ideas sobre el tema Psicoanálisis y Psicosis en la
ponencia inaugural, soy el que os dice:
Para el Grupo Cero Madrid, la clínica en psicoanálisis es el
tiempo del concepto y teniendo en cuenta que el psicótico padece
aunque de manera muy singular la estructuración edípica, la clínica
de la psicosis será el tiempo de la teoría de la psicosis y la clínica de
la psicosis incluye como tratamiento psicoanalítico, dentro del
tiempo transferencial de la cura, a la familia del psicótico y a todas
las instituciones en las que se articula.
Es decir, que para traer mi novedad, lo digo rápidamente, para
que haya psicoanálisis de la psicosis (de la familia, del estado) ten-
dríamos que contar con una teoría de las ideologías.
Antes del psicoanálisis, antes que el psicoanálisis se ocupara
de la locura (más o menos desde 1907) los tratamientos de la misma
50 Miguel Oscar Menassa
se dividían en dos: los que maltrataban al paciente psicótico, hacién-
dole responsable directo y total de sus padecimientos y los que bien-
trataban al paciente psicótico, haciéndole irresponsable de todos sus
padecimientos.
Tanto en una como en otra forma (de manera diversa) el
paciente quedaba aislado. Si era culpable, se lo condenaba a la sole-
dad, con lo cual se ahondaba uno de sus problemas (el rechazo pri-
mordial de lo Otro). Y si era inocente, se lo acompañaba demasiado,
con lo cual se ahondaba otro de sus problemas (no poder discrimi-
narse del Otro como otro).
Debemos decir que es el psicoanálisis el que viene a plantear
las cosas de tal manera que no habría tratamiento psicoanalítico de la
psicosis antes que el paciente establezca un lazo (de cualquier signo
o color) con el que de esa forma habría sido su psicoanalista. Si hay
psicoanalista, decimos, aunque sea uno, el loco ya no está solo. Ha
comenzado, también, para la locura una conversación.
No hay crueldad más cruel que la locura. Ni hay bondad ni
amor que puedan contenerla. Es, sencillamente la palabra, la que
tocada por el lazo establecido quitará al psicótico lo que le sobra.
Ya que es precisamente por no faltarle nada, que lo único que
se significa en él es el deseo de una madre totipotente y sin fallas, ya
que es él, precisamente, el colgajo que la completa.
En el psicótico el Otro no está fuera del cuerpo de su madre, él
mismo no está fuera del cuerpo de la madre. En el psicótico hay algo
único, completo, inmortal. Es esa unidad, ese paraíso casi sin voz, 10
que el psicótico defiende con uñas y dientes y no ha de ser tarea fácil
arrancar al psicótico del cuerpo de su madre, porque eso significa,
exactamente, arrancar al sujeto de los brazos de la especie y herirlo
de tal manera, que por esa herida abierta al inconsciente será sexuado
y morirá.
No se trata de la forclusión (rechazo) del tres edípico, que hasta
los animales tienen de eso representación, sino de la condición de
mortal del ser humano. Aquel vacío que introduce en el sujeto el
cuarto como muerte. Esa rajadura que anuncia que todo ha de termi-
Freud y Lacan -hablados- 51
nar algún día, eso es lo que el sujeto forcluye (rechaza). No al Otro,
porque del lenguaje se sigue tratando, sino la metáfora que al susti-
tuir el deseo de la madre por el nombre del padre o bien la inmorta-
lidad por el goce, desprende al sujeto psíquico de la especie y lo
mata.
Y esto tal vez plantee uno de los problemas más importantes en
la clínica de la psicosis ya que todo hombre, por más psicoanalista
que sea, o que lo pretenda, queda atrapado de una u otra manera en
la promesa de la psicosis, que no es otra que la promesa de la inmor-
talidad que, además, transcurriría en plena libertad.
El psicótico nos propone ser un potro salvaje en plena libertad
para siempre y ¿quién no quiere ser un potro salvaje en plena liber-
tad para siempre?
Alguien que pueda contestar, yo soy ese potro salvaje, que no
quiero serlo. Tengo plena libertad de hablar pero estoy dispuesto a
perderla para escucharlo.
Alguien que pueda decirle al psicótico que no hay nada que
dure tanto como las estrellas y, sin embargo, no siempre son las mis-
mas.
Ese ha de ser el psicoanalista de la locura y no vengo a deciros
que ha de ser un poeta el que lo consiga, sino la poesía misma (como
función poética) al borde mismo de la locura, podrá descifrarla y
darle un destino dentro de los destinos de la palabra.
Quiero decir que es como psicoanalista que me presento en el
territorio de la locura, ya que no es del saber que no se consume. Lo
que parece no consumirse en el territorio de la locura es un psicoa-
nálisis que arrase no sólo la vida del psicoanalista, sino también la
vida del paciente. Un psicoanálisis donde el psicoanalista, más allá
de su condición de asalariado, no se someta hasta el límite de no
poder cumplir ya con la función.
Función que de devenir como tal, tendrá mi deseo en eso, por-
que sólo el deseo de quien se ocupa de eso, es la función.
y si eso de ser la función invade eso de no ser nada en mí,
mi deseo será social cada vez que le cuadre expresarse. Y cuando
52 Miguel Oscar Menassa
digo social, quiero decir que en su expresión no me dará el ser que
ambiciono en el movimiento sino, por el contrario, aquel otro ser
temido por ser deseo de Otro y que de ustedes ha partido, porque
la función no habla, sólo desea. Y sordo es el desear de
la función, ya que ella nada desea para sí, sino para la retórica que
la crea como tal.
Que los poetas legislen con sus versos la vida de los hombres
y que los psicoanalistas interpreten los mecanismos intrínsecos de
dicha legislación no son, todavía, pruebas suficientes para que
sigamos recluyendo a nuestros locos en los manicomios o sus sus-
titutos, no siempre diferenciados de la fuente de la cual provienen.
Una manera de pensar inhumana genera una manera de pen-
sar humana y esto, sin embargo, no le da al asunto criterio de ver-
dad. Porque debemos decirlo: no es en la verdad de la locura
donde anida la humanidad y, por tanto, no es, precisamente, huma-
nidad 10 que ambiciona el discurso psicótico sino, más bien, una
palabra que por su brusquedad interrumpa el flujo de 10 que
teniendo que ser deseo, todavía, es necesidad en él.
Palabra que por su imposibilidad de ser reducida a cosa alguna
(si ustedes quieren: falo, significante de falta) sirva como ejemplo
(porque ¿de qué otra cosa se trata que de un proceso de identifica-
ción?) para que el habla del psicótico pueda, para dejar de ser psicó-
tico: separar la cosa de la palabra que nombra la cosa o bien, en otro
nivel, separar lo bueno de lo bello o bien, si se trata de hablar de los
diferentes niveles de la locura, una palabra que le permita al hombre
separar lo bello de lo divino.
y si para semejante transformación habrá de ser necesario el
cuerpo del psicoanalista, no nos pondremos a tratar de saber si es
demoníaco o divino que el psicoanalista oficie de madre, pero dire-
mos que la verificación del cuerpo no da más garantía al símbolo
sino, por el contrario, pone en cuestión, precisamente, al símbolo
porque el poder de curar está en el cuerpo. Porque si se tratase de
curar, es de la eficacia simbólica de lo que se trataría y de ella, de la
eficacia simbólica, es más capaz el cuerpo que la propia palabra.
Freud y Lacan -hablados- 53
Y si totalmente faltase el cuerpo no tendríamos, tampoco, el
símbolo en su belleza pura o, mejor dicho, no habría símbolo posible
en esa debilidad.
Esta manera de no poder no estar y, tampoco, poder estar, hace
del cuerpo del psicoanalista una nube de polvo ardiente y helada a la
vez que, en todos los casos, envuelve a quien por su boca habla, en
esa pasión.
A nada temo, dice el sujeto, sólo a mis propias palabras.
Y sujeto, quiero estar diciéndolo, también está el loco. Ya que
se trata de falta de significante, es decir, que forclusión significa que
se trata de un sujeto como efecto del significante pero, singular-
mente, del significante que falta.
Lo que aparece desde el principio comprometido en la psicosis
es la representación del sujeto por el significante. Ocurre una disper-
sión de los significantes que representan al sujeto. Porque no se trata
de represión que permite que el otro significante funcione como refe-
rente de la representación del sujeto, sino del mecanismo de forclu-
sión (rechazo) que se caracteriza por impedir la representación sig-
nificante del sujeto.
Esta pequeña disgresión teórica es para permitirme decir que si
el neurótico habita el lenguaje, el psicótico es habitado, poseído por
el lenguaje.
Esa luz que debería iluminarlo, lo ciega.
Le di una patada al teclado de la máquina y conseguí, acto al
fin, olvidar todo mi pasado y, sin embargo, no tuve ningún trastorno
de la memoria (según Freud), es decir, ningún trastorno del lenguaje.
Esto quiere decir, según Lacan, que yo no he rechazado (a
pesar de ser tan rechazante y de haber utilizado una negación para
decirlo) ningún significante primordial o, según Freud que, todavía,
no me ha llegado la hora. El trauma, el gran amor que lo destruya
todo.
La psicosis podría ser ese «ha llegado tu hora».
Más allá de la represión, previo a la negación, algo existía.
54 Miguel Oscar Menassa
Algo hubo de ser rechazado. No como en la neurosis, no reali-
zado, sino no habido, no rememorable. Imposible de ser estructurado
como lenguaje a menos que, subvirtiendo las propias leyes del len-
guaje, aparezca no como significante atando al sujeto a otro signifi-
cante, sino propiamente como un agujero en la cadena.
Una ausencia que ni siquiera se dialectiza en el fort-da, ya que
su partida doble o su otra posibilidad no es ninguna presencia sino
otra ausencia.
Lo que de lo primordial fue condenado como ajeno (nada se
abre y se cierra en ese lugar, lo que fue agujero en la cadena de los
cuerpos es ahora agujero en la concatenación significante) no retoma
como lo reprimido envuelto en hojarasca y ni siquiera podemos decir
que retoma como en la represión lo que, precisamente por haber sido
rechazado de manera primordial, se vanagloria de estar allí sin posi-
bilidades de representación.
Lo rechazado, debemos por ahora pensarlo así, al tiempo, se
cobra su tributo y por ser desde un más allá de la represión no será
neurosis lo que pida sino psicosis, así de fácil.
Los delirios son fantasías habladas y este hablar de las fanta-
sías, Lacan, entre otros, lo hace partir del yo ideal aunque pregun-
tándose aún ¿quién habla cuando habla el yo ideal?
¿Quién habla en ese yo ideal? Yo, de cualquier manera, ya que
el yo ideal no deja de acompañar esa soledad donde el yo cuando no
da más (y esto ocurre más a menudo de lo que se piensa) se enamora
de ese ideal como la imagen, pero que más que anticiparlo lo acom-
paña. Que más que someterlo a la agresividad primitiva de la dialéc-
tica de la identificación, lo consuela.
Colgajo de ser que sólo habla por boca de lo que no fue nece-
sario reprimir porque primordialmente fue ser forcluido, rechazado,
puesto fuera, fuera de toda marca posible de simbolización.
Trozo de ser que ya no pertenece ni ha lugar, por eso al querer
representar al sujeto en la cadena significante rompe, desarticula,
agujerea.
La ansiedad por deciros algunos pensamientos producidos en
mi actividad clínica, me hace temer no poder hilar mis pensamien-
Freud y Lacan -hablados- 55
tos en el sentido de una exposición general que a todos refresque
el modo en que la psicosis y el psicoanálisis encontraron sus des-
tinos.
Hubo, debemos decir, antes de un pensamiento terapéutico
sobre la psicosis, una tendencia a la segregación social, a la incapa-
citación jurídica, a la injuria, a la burla, al castigo y/o a la reclusión
en verdaderas fortalezas como infinitas cárceles.
Pero también es cierto que casi desde principio de siglo, surgen
tendencias psiquiátricas moderadas que comienzan a dar al paciente
psicótico, si no una solución, por lo menos otro trato. Sin haber com-
prendido todavía el proceso psicótico, se intentaba comprender al
loco. En esta dirección hubo hallazgos y excesos, entre los hallazgos
podemos mencionar no sólo algunas frases de Lacan, sino toda la
corriente psiquiátrica que permite pensar al loco como un ser del len-
guaje como nosotros, los psicoanalistas, los psiquiatras, los neuróti-
cos, los perversos. Entre los excesos, para no perdemos, podemos
mencionar la confusión de la locura con la creación o peor aún
hablarle al psicótico en su mismo lenguaje, con lo cual muchos lle-
garon a volverse locos y, ni aun así, consiguieron hablar el mismo
lenguaje que los locos.
Es bueno poder esclarecer en este momento de mi exposición
que cuando hablo de psicosis, de locura, no estoy hablando de los
pacientes que aparecen como casos en los libros más modernos. Sen-
cillamente no se puede considerar psicótico o loco a quien me ha lla-
mado por teléfono para pedirme una entrevista y luego viene y luego,
aun, acepta seguir viniendo y paga a fin de mes o consigue que
alguien pague a fin de mes. Y no lo puedo considerar loco aunque
algunos problemas del lenguaje tenga o bien, delire con alguna cosita
o alucine, sin más. Estos pacientes no presentan otra dificultad al tra-
tamiento psicoanalítico que cualquier otro paciente, aunque sea el
psicoanálisis de un candidato en formación psicoanalítica.
Otros pacientes son los que plantean la cuestión, a mi entender,
estrictamente ética. Estos pacientes que además de tener trastornos
del lenguaje y algún delirio, alguna alucinación, no pueden hacer
56 Miguel Oscar Menassa
todo lo otro, llamarme por teléfono, cumplir con el contrato y ade-
más, tienen todavía una negatividad por todo, también, por un trata-
miento psicoanalítico. Y es aquí donde en lugar de afirmar o negar
algo me gustaría hacerme junto con ustedes algunas preguntas:
¿Cómo imponer un tratamiento que sólo es posible por el lazo
que la palabra establece entre el paciente y el psicoanalista, a quien
no habla? O bien, si habla, habla con una lengua que no es la lengua
que hablamos y no que sea un idioma diferente, sino que es otra
dimensión del lenguaje donde eso de la locura, habla, aunque el
sujeto en apariencia no hable.
¿Qué atributos debemos concebir en nosotros como psicoana-
listas para suspender con nuestra voz, nuestra presencia, nuestro
cuerpo interpretante, ese paraíso, esa completud donde el psicótico
ha decidido refugiarse?
¿Bajo qué deseo intentaríamos rescatar y dar significación a un
sujeto que quiere ahogarse en su propia mierda, cuando el espectá-
culo inhibe cualquier significación? Cómo atreverse, teniendo en
cuenta que la mierda ajena es la que tiene el peor olor a menos que
un profundo amor (valga la palabra como transferencia) haya ani-
quilado los receptores olfativos.
¿Cómo atreverse a danzar frente al inmóvil, movimientos posi-
bIes?
Cómo decirle al psicótico de buenas a primeras:
Es una vertiente iluminada lo que te detiene.
Ningún vacío es, ningún horror de las negruras.
Lo que te da miedo y bruscamente detiene tu camino
es simplemente, una luz, una clara visión del futuro, te detiene.
Es una catarata ardiente de palabras, lo que te matará.
Ningún puñal, ninguna daga antigua y misteriosa.
Lo que te llama a morir, lo que te mata, no es natural.
Es, simplemente, por haber gozado, que un día del futuro,
[morirás.
Freud y Lacan -hablados- 57
Me alegra saberte vivo y muerto, al tiempo que te hablo.
Iluminado como un gran poeta por fulgurante luz
y al mismo tiempo, enceguecido, quieto, petrificado.
Ya nadie robará tus amores porque será el deseo.
Ya nadie robará tu pensamiento porque será palabra.
Y ya nadie podrá ser inmortal, porque será el poema.
A medida que van pasando los años y sin poder decir que fue
aumentando mi experiencia, me resulta cada vez más fuerte poder
diagnosticar a una persona como psicótica. Y no quiero decir con
esto que no hay psicóticos (los hay, pero como las brujas, sólo para
quien las busca, sólo para quien cree en ellas) sino que digo peor,
digo que me resisto al diagnóstico de psicosis aunque esté hecho por
alguno de mis colegas más apreciados.
Trastornos del lenguaje tenemos todos y la esquizia fundante
en el proceso psicótico, también, lo dice Lacan, es constitutiva del
sujeto psíquico.
Cuando más joven, hasta tenía en cuenta, para hacer el diag-
nóstico, las llamadas relaciones sexuales. Los locos, con esta mirada,
se multiplicaban a mi alrededor, infinitamente.
Después, aún, fui comunista y evaluaba a las personas según
tuvieran o no «buenos» lazos sociales. Ahí, bajo esos ojos, la locura
era total; el que no era loco, era un cabrón.
Hoy día me pregunto ¿quién no está loco
allí, donde el tiempo arrasa la memoria?
En esto de la locura siempre se tienen maestros. Yo tuve por lo
menos tres: Pichón Riviere, David Cooper, Armando Bauleo.
Pichón Riviere fue el maestro del cuerpo. Cuando una tarde
serena de noviembre le conté que una paciente me había besado, él
me dijo rápidamente: Mire, Menassa, alguien lo quiere matar.
David Cooper fue el maestro de la discreción. Cuando se lo lle-
vaban encerrado en una ambulancia para internarlo, por la ventana
58 Miguel Oscar Menassa
con rejas de la parte de atrás de la ambulancia, cuando yo intenté for-
cejear para que no se lo llevaran, él me dijo: ¡Discreción! Miguel,
Discreción!
Años después, David Cooper pagaría con su vida no haber
escuchado lo que a mí me pudo transmitir: El problema del siglo con
la locura no era la locura, sino la discreción.
Armando Bauleo fue el maestro de lo posible. Cuando me
hablaba de los locos, nunca los llamaba locos. Siempre me decía
«esa gente nerviosa» y nerviosos, yo lo entendía perfectamente bien,
éramos todos, no sólo los locos.
Tal vez por eso ya han pasado más de veinte años de mi vida
ocupándome de la locura, como si la locura fuera una cosa mía.
No sólo llegué a estar rodeado de locos, sino que yo mismo
vivía como los locos. Hasta que una mañana me levanté y me dije:
vivir como un loco es una vida alucinante y yo no me veía así, por
eso que a partir de ahí busqué alguna diferencia entre yo mismo y los
locos. Yo mismo tenía un mundo fantasmático, el loco era el que
tenía un mundo alucinado.
y si bien esa no era en apariencia una gran diferencia, para mí
fue fundamental. El psicótico entonces no tenía fantasías y las pala-
bras que decía o escuchaba no tenían polisemia.
En su momento, hasta me daba risa darme cuenta que las dife-
rencias estribaban en que la fantasía estaba en el psicótico reempla-
zada por la alucinación y la polisemia de las palabras quedaba anu-
lada porque en el delirio cada palabra quiere decir una sola cosa.
No éramos iguales, pero tampoco se podía decir que éramos
diferentes. Ya que no sólo lo dicen otros investigadores, sino que
también los psicóticos atendidos por mí atravesaban en algunos
momentos del tratamiento períodos de una lucidez, aun, envidiable
por mí. Períodos donde toda la locura, también, era el sesgo de esa
inteligencia.
Había frases que salían de su boca puntuadas como si fueran
poesía (sin que por esto el discurso llegara a ser poético o sencilla-
mente más coherente) y esto, para mí por lo menos estaba claro, no
pasaba nunca en el paciente llamado neurótico, pero sí en mí.
Freud y Lacan -hablados- 59
Estos pensamientos, esta vecindad de mí con el psicótico me
resultaba escalofriante.
¿Una vez más se agotaban las diferencias?
¿O esta vez se marcaban definitivamente las diferencias?
La puntuación me hacía pensar que tanto creación como locura
provenían de la «libertad» de la propia pulsación del inconsciente. Es
decir, algo más allá de la represión, más allá del placer, repite. Y esto
es verdad, pero mientras que en el creador lo que pulsa es un uni-
verso Otro, en el psicótico lo que pulsa es el rechazo a ese Otro uni-
verso. y no es que luego no lo comparta con nosotros como otro ser
más del lenguaje sino que, sencillamente, no puede concebirse como
posterior al lenguaje. Ni puede, como dice el poeta, yo es Otro. En
mí, dirá el poeta, lo que me puntúa, es una falta. En el loco lo que
puntúa yeso no lo puede decir el loco sino un psicoanalista, es el
rechazo de esa falta. Soy, como sujeto del lenguaje, dice el poeta, ese
ser desaparecido por ser representado por un significante para otro.
Soy invadido, diría el loco, por el lenguaje. Soy una aparición
en forma de rechazo. Un agujero presente que no puede ser repre-
sentado.
Como Director de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero no
debería concluir mi exposición sobre el psicoanálisis y la psicosis sin
antes hablar de la formación a la cual debe aspirar un candidato a psi-
coanalista que se fuera a dedicar al tratamiento psicoanalítico de la
psicosis.
Primero he de decir que durante mucho tiempo, hasta hace
unos pocos años, yo pensaba que era imposible formarse completa-
mente como psicoanalista y de la locura, al fin y al cabo, no pensaba
que debiera extirparse del mundo.
Así que, con esos pensamientos donde cohabitaban un psicoa-
nalista formado por la mitad o incompletamente y un psicótico cons-
tituido como tal, se hacía evidente que la locura no podía tener el tra-
tamiento adecuado.
60 Miguel Oscar Menassa
El segundo paso fue pensar que, tal vez, varios analistas for-
mados incompletamente pudieran encarrilar el discurso psicótico.
De ahí a los grupos analizadores de contención estábamos a un paso.
Pero hubimos de esperar un tiempo más frente a la pregunta ¿quién
se resiste? Y si bien Freud y Lacan llegaron a enunciar, y hoy segu-
ramente algún trabajo versará sobre eso, que en el tratamiento de la
psicosis el paciente será toda la resistencia y el psicoanalista, por
tanto, será el que tenga que poner en juego su propia transferencia
para que sea posible el tratamiento, sin embargo, lo que veíamos no
era exactamente eso. En todos nuestros casos siempre fue la familia
del psicótico el núcleo de todas las resistencias a la curación. Ade-
más pudimos comprobar, lamentablemente, que la sociedad en su
totalidad se resiste a que el loco cure como para volver a inscribirse
en la matriz social de materializaciones.
El tercer paso fue darnos cuenta que además de utilizar varios
analistas en el tratamiento de la psicosis, varios habrían de ser, tam-
bién, los pacientes y varios y diferentes los niveles de análisis que un
psicoanalista tendrá que poder para aspirar a cierto éxito en el trata-
miento de la locura.
y si desde Freud sabemos que de la palabra se trata, el psicó-
tico anuncia en su decir que pertenece a una raza de hombres que no
se reproducen por sexuación y que, por tanto, son criaturas inmorta-
les. Su decir, por otra parte, no puede en ningún caso separarse del
decir de la familia. Institución ésta encargada de humanizar al cacho-
rro de hombre y puesta estos últimos siglos por los cielos como
matriz privilegiada de todo proceso de civilización, en realidad fue
algo surgido directamente de la selva, ya que los animales antes de la
palabra, en los estadios presimbólicos, se organizaban en familias
para reproducir y cuidar sus especies. Quiero decir que la familia,
también la familia del psicótico, sólo por el hecho de ser familia,
guarda en algún registro del discurso que transmite los mismos
inconvenientes con el lenguaje que luego padecerá o se harán evi-
dentes en el psicótico.
---------
Freud y Lacan -hablados- 61
Vi nada ni vacío ni altura.
Oí lo que ya no hablaba.
Bebí con desesperación la sed.
Toqué lo muerto. Todo lo inacabado.
ENCUENTRO SOBRE EL FIN DE ANÁLISIS
Madrid, 28 de enero de 1989
Dejar algo, también, es abrirse a otras realidades.
La conclusión de las relaciones más antiguas (si así se puede
llamar a alguna relación, donde no puede haberla) abrirá, sin dudas,
nuevas realidades, en principio, para todos los participantes de la
separación y secundariamente, pero en el mismo nivel de importan-
cia, el resto se verá beneficiado por estas aperturas.
Pero el dolor es inevitable.
y dolor habrá para todos, ya que los más jóvenes estuvieron
hasta ahora bebiendo gratuitamente de lo que fue la formación de los
mayores, ahora ellos tendrán que contratar para que a partir de ahora
se trate de la formación de ellos de la cual beberán, casi gratuita-
mente, otros, más jóvenes.
Cuando en el 81 se me planteó el asunto de una Escuela de
Psicoanálisis se sabía, claramente, que la fundación de la Escuela
era para formar a los que la fundaban.
Yeso, hoy podernos verlo, fue más o menos lo que pasó
durante estos intensos ocho años, el resto no hizo otra cosa que pre-
senciar esta formación.
64 Miguel Oscar Menassa
Es por eso que insisto: debe haber un nuevo pedido de forma-
ción para que eso vuelva a ocurrir.
Estas jornadas tienen la intención de que se vuelvan a reunir
los grupos didácticos y que haya por lo menos alguien que quiera
contratar con la Escuela para ser formado.
El contrato de formación cuando viene desde el candidato (por
otra parte única manera de poder realizarse) implica que la vida del
candidato ha de diluirse, toda ella, en la vida de la transferencia y así
hasta el final, donde el candidato diluirá su transferencia en lo que
habrá de ser su nueva vida como psicoanalista.
Es decir, que si muchos de ustedes, todavía, no han visualiza-
do quién habrá de ser vuestro didacta (clásicamente hablando vues-
tro maestro) muchos de ustedes no han tenido aún la primera entre-
vista, aunque pretendan estar realizando un psicoanálisis.
Ya que al campo del psicoanálisis no se entra sin antes haber
decidido diluir toda la vida en la vida de la transferencia; es decir,
exactamente, armarse del valor para no tener ningún otro futuro que
el fin del análisis donde, por fin, se abrirá para el candidato su pro-
pia vida.
Y para dar comienzo a las jornadas diré: que eso que el candi-
dato es en el fin, es lo que permite leer porqué la transferencia tuvo
el desarrollo que tuvo.
Quiero decirles que estas jornadas tienen para mí un valor
extremo, ya que puedo presentarme en público (sabiendo que todos
somos candidatos al psicoanálisis) pensando que un discípulo, más
allá de todas las decisiones que deben tomarse durante el proceso de
formarse, sólo es considerado como tal si tiene la gracia de ponerle
fin a la transferencia y comenzar a vivir su propio pensamiento, que-
remos decir, su propia vida.
Mientras esto no sea posible no habrá discípulos.
Y estoy, también, contento porque sé que mi tarea en la trans-
misión del psicoanálisis recién comienza, ya que muchos de los pre-
sentes no sólo tienen fantasías de formarse como psicoanalistas sino
que entre ellos se encuentran, también, quienes están capacitados
para emprender ya mismo semejante viaje.
Freud y Lacan -hablados- 65
Y, aún, entre los más jóvenes se puede vislumbrar, con buen
tino, que en los próximos años habrá más.
y no quisiera olvidarme con esto de la formación que ya exis-
te de manera material, es decir, legalmente constituida: la Escuela de
Psicoanálisis Grupo Cero, la Escuela de Poesía, la Editorial Grupo
Cero; es decir que ya no puede ser ninguna idea de formación fun-
dar otras escuelas o crear otras editoriales sino que formarse, para
que sea entre nosotros, será encontrar las mejores maneras de fun-
cionamiento dentro de lo fundado por nuestros antecesores que, en
algunos casos, somos nosotros mismos.
y formarse será, también, el desarrollo de las ideas que hacen
a la programación de una mejor salud mental para toda la población
que como ejemplo de estas cuestiones se puede nombrar, que debe-
mos la creación de un hospital de día y si es posible la fundación de
un departamento de Clínica que pueda dar atención a un gran núme-
ro de personas.
A veces, me pregunto si todo lo vivido servirá para algo.
A veces, la única respuesta es el silencio.
y no me digo nada y me quedo ahí, callado, mirando cómo el
horizonte se parte de silencio y, yo mismo, soy esos fragmentos del
horizonte, cayéndose, ya sin otro destino que caer.
Algo finaliza, me doy cuenta, pero la cosa misma no deja de
caer.
y si hoy algo comienza porque el final fue acto, lo nacido ha
nacido para caer.
Seguir cayendo sin llegar nunca a ningún fondo es propiedad
pura de la cosa. Lo que muere es el hombre, sus amores.
66 Miguel Oscar Menassa
Cinco años después ...
Seminario coordinadores de grupos
temporada 1994-1995
Presentación del Programa del Seminario.
Septiembre de 1994
NO HAY PRODUCCIÓN DE SUJETOS FUERA DE LA
PRODUCCIÓN GRUPAL
El programa de este Seminario está estructurado en tres ciclos.
Al abordar los temas de cada ciclo nos encontramos de frente con
una cuestión fundamental para la producción de un grupo: La dife-
rencia radical entre actividad y tarea, tan radical como en psicoaná-
lisis es la diferencia entre consciente e inconsciente.
Para que cada uno sea atravesado por el tiempo grupal, tiem-
po lógico más que cronológico, se hace necesario, estructuralmente,
la producción del grupo, un grupo que nos determine como sujetos
y que como sujetos seamos su soporte.
Así como sabemos que no hay estructura sin sujeto, ni sujeto
sin estructura del lenguaje, es decir, que los significantes determinan
al sujeto y el sujeto es el soporte de los significantes. El grupo no es
un conjunto de sujetos sino que produce sujetos que a su vez son su
soporte material.
Es decir, que comenzamos nuestra andadura diciendo que la
concepción grupal determina, rige, la manera de tratar los grupos y
la manera de tratarlos comanda la manera de concebirlos. Y para
nosotros no es que lo que se concibe bien se enuncia claramente,
sino que lo que se enuncia bien está claramente concebido.
Diferenciar tarea de actividad es fundamental, ya que funda la
diferencia que hay entre producción de un grupo como tarea incons-
ciente (producirse como grupo) y los quehaceres, el saber hacer con
lo grupal.
Freud y Lacan -hablados- 67
Hay un decir que es hacer grupo y un saber hacer con lo pro-
ducido.
Mientras las actividades son cuestiones sobre las que nos
podemos poner de acuerdo, son algo pautable, o sea consciente, la
tarea es inconsciente y en su condición de real impide todo tipo de
pacto simbólico que no esté precedido por la interpretación.
En el primer ciclo que estamos abriendo, la tarea será la pro-
ducción del grupo que tendrá que ver con la formación de: a) un
imaginario grupal; b) una ideología grupal; c) un deseo grupal. Y
para que esto sea posible deben ser interpretados los obstáculos que
se oponen a la producción del grupo bajo las estructuras del Yo, el
Superyó y el Ello.
A la constitución de un imaginario grupal se opondrá el Yo: Yo
quiero, Yo necesito, Yo demando. Es por eso que la constitución del
imaginario grupal tiende a anular lo yoico, una disolución imagina-
ria de cada integrante para poder levantar este obstáculo de apari-
ción precoz en todo intento de producción grupal.
Los obstáculos para la formación de una ideología grupal sur-
gen del Superyó. Podemos decir que la función del superyó es como
una teología negativa. NO quiero, NO necesito, NO demando (no
puedo, no hago) GOZO. El imperativo del Superyo: GOZA, con la
COSA, con das DING, con la madre fálica, ocupa toda la escena.
La perpetuación del goce primordial es obstáculo que opera
como ideología negativa en la construcción de una ideología grupal
y aquí cabe connotar otra diferencia fundamental en la construcción
de los grupos. La ideología es diferente a las ideas.
La ideología es aquello que determina la acción. La ideología no
tiene nada que ver con las ideas, es un conjunto de razones (siempre
inconscientes) que me permite actuar de una manera determinada. El
momento de la ideología impide pensar. Pero sin ideología no hay
movimiento, es decir, no hay sujetos psíquicos o sociales sin ideología.
El tercer obstáculo para la producción de un grupo, tarea del
primer ciclo, proviene del Ello. Si Él desea, Eso goza; hace obstá-
culo a la producción del deseo grupal.
68 Miguel Oscar Menassa
Los obstáculos se materializan en el intento de borrar (forcluir,
repudiar) la diferencia radical entre tarea y actividad. Así, esos obs-
táculos intentan diluir la tarea en un sinnúmero de actividades (hasta
amorosas), apuestan por la sinonimia, el pegoteamiento semántico
para nada ingenuo, ya que en ese movimiento los integrantes privi-
legian el narcisismo sobre el trabajo, la familia sobre el grupo. El
privilegio se materializa en la confusión de pensar un grupo como la
suma de sus integrantes.
Fijando la posición de la Escuela al respecto decimos: NO hay
producción de sujetos fuera de la producción grupal. Producir,
entonces, un grupo que actuará como máquina productora de suje-
tos psico-sociales.
Durante el tiempo de producción del grupo, como dijimos, la
actividad tiende a reemplazar la tarea siempre, en todos casos, en
contra de lo grupal.
Se va a tratar de caminar sobre un sendero donde los OTROS
valen más que yo, pero los OTROS no refiere a ningún yo, los
OTROS son los procesos imaginarios grupales que van más allá de
cualquier yo.
Reiterando decimos que el grupo no está formado por sujetos
psíquicos, el grupo produce sujetos, determina la producción de
sujetos que van a ser el soporte de lo grupal.
Podemos decir en este sentido que la familia o la universidad
no forman sujetos sino a condición de constituirse como grupos.
Hablar de lo grupal no es como hablar del inconsciente. No
hay un discurso de lo grupal como hay un discurso del psicoanáli-
sis.
El segundo ciclo tendrá como tarea la producción de un pro-
yecto grupal. Los obstáculos que se opondrán a esta segunda tarea
pueden denominarse como:
Restos del yo: El cuerpo, la personalidad, la familia.
Restos del Superyó: Las instituciones del saber, la moral, los
modelos ideológicos del Estado.
Restos del Ello: Narcisismo, Edipo, Castración.
Freud y Lacan -hablados- 69
No hay psicoanalista fuera de una cadena de transmisión. En
el movimiento que la Escuela está produciendo en ese sentido, no
hay Real sin Realidad
La Realidad son las marcas que lo Real va dejando en ella. Sin
Realidad no habría dónde lo real dejara sus marcas.
Para nosotros no hay Institución Escuela de Psicoanálisis sin
grupo. Teniendo en cuenta que el grupo no son las personas, los inte-
grantes, los elementos que lo componen, sino que el significante
está en el nombre y apellido de la Institución: Escuela de Psicoa-
nálisis Grupo Cero.
Los sujetos que no han levantado los obstáculos del yo como
restos, están todavía enarbolando los emblemas del cuerpo, la per-
sonalidad, la familia, que en sí mismas son instituciones pero no
sociales, no culturales. El cuerpo biológico, la personalidad cons-
ciente, la familia como institución de la Especie Humana, cuya fun-
ción es reproducir y cuidar la especie, siendo en este sentido animal.
Debemos ser animales, aunque ya hemos escrito que es una
crueldad darle el habla a un perro.
El levantamiento de los restos del Superyo es producir en el
lugar de las instituciones del saber (academia-universidad) el saber
inconsciente para dar cabida a lo que del saber inconsciente trans-
porta al goce como imposible. En lugar de la moral, una ética. Y en
lugar de los modelos ideológicos del Estado, el grado de libertad que
se produce en la escritura inconsciente de la ideología grupal.
y por último, el levantamiento de los restos del Ello que impi-
den la producción de un proyecto grupal y que denominamos NAR-
CISISMO, EDIPO, CASTRACIÓN, dejará paso a un más allá del sí
mismo, a la posibilidad de una teoría de grupos y a la producción de
una interpretación de la realidad-real más allá del Edipo, que como
sabemos no es el mito de lo psíquico propiamente dicho sino senci-
llamente el mito del neurótico.
El sujeto de cualquier manera siempre será, como palabra, el
puente indeciso de infinitas combinaciones de palabras. A lo que
apunto es que se trata de transformarse en productor después de
70 Miguel Oscar Menassa
haber sido desde el inicio de los tiempos consumidor. De recibido-
res natos a dadores universales.
Si he sido formado como psicoanalista tengo que formar psi-
coanalistas y esto no es sólo el pago de una deuda cualquiera, sino
que por simbólica atestiguará que ha habido formación.
Para terminar con cosas sencillas diré que cada vez que el
grupo pierde su identidad, pierde su discriminación con el coordina-
dor. Cuando el grupo dice: No somos el coordinador, nace como
grupo. Un bien decir que es hacer. Un saber hacer, siempre incons-
ciente.
Pasos previos a candidatos a psicoanalistas:
El que paga le impone al otro que no exprese su deseo sino
bajo la forma de «deseo que Usted se psicoanalice».
Lo que pasa no es lo que pasa. Lo que se recuerda es en fun-
ción didáctica. El paciente recuerda los efectos de la interpretación,
no los hechos y ni siquiera la interpretación.
Si recuerdo los hechos, los sucesos que me pasaron con el psi-
coanalista, las palabras, no estuve psicoanalizándome.
No tener dinero, no tener amantes, no tener, no tener, es la sus-
titución de una carencia constitutiva, es decir, que es un no tener que
otros tienen y que yo puedo llegar a tener. Secuencia sustitutiva de
la carencia constitutiva de la que todos carecen pues nunca hubo y
nunca habrá de eso.
Por eso que no, no, no, no, es propio del goce con das Ding,
aún no operó la castración, estoy en contacto con la madre fálica.
Envidia y miedo son al fin de cuentas recuerdos encubridores
de la verdad de castración, ya que no es el hombre el que tiene lo
que yo no tengo sino mi madre y no es que tenga miedo de perder
nada propio sino que lo que me sume en la desesperación y el terror
es la castración, para colmo imaginaria, de mi madre fálica.
Todas estas cuestiones funcionan en la producción de los gru-
pos, por eso que se hará necesario el establecimiento y la interpreta-
ción consecuente en la transferencia, ya que los celos y la envidia
son el legado de la madre y si hay madre, es cierto, hay amor pero
no hay grupo.
Freud y Lacan -hablados- 71
Tal vez desviándome quiero decir que la idea tiene que ver con
el conocimiento, es decir, tiene que ver con el pensamiento cons-
ciente. La ideología es inconsciente, no se puede decir cuál es la
ideología antes de la acción. En la acción se ve la ideología, la ide-
ología implica modo de hacer, sólo se puede interpretar después de
la acción.
La política es la acción de la articulación de las prácticas. En
la política se ve con qué ideología se hizo la articulación. La ideo-
logía funciona inconscientemente y nunca deja de funcionar. No hay
que no haya ideología.
El grupo tiene extensiones, las instituciones tienen sucursales.
En cuanto a la pertenencia y a la pertinencia diremos que para
nosotros son instrumentos de lectura, pueden ser importantes pará-
metros de funcionamiento o faltar en absoluto.
Ambicionamos heterogeneidad en la comprensión, en la for-
mación, en el psicoanálisis, en la producción.
Al grupo le interesa la historia, a la institución la eficacia.
El tercer ciclo, cuya tarea será la materialización del proyecto
grupal producido en el ciclo anterior, se procesará con ciertas osci-
laciones entre:
1. Individuo y masa.
2. Economía libidinal y economía política.
3. Producción de vida y producción de historia.
LA TRANSMISIÓN Y LA GRUPALIDAD
Conferencia Inaugural
Madrid, noviembre 1989
Antes de dar comienzo a la conferencia propiamente dicha me
gustaría, y es lo que hago, compartir con ustedes, candidatos al
psicoanálisis, ya que a escuchar eso han venido, las vicisitudes, los
obstáculos salvados en estos años para que fuera posible la con-
ferencia que, luego, sin ninguna otra intención, habré de leerles.
Tengo que reconocer que, cuando el Grupo Cero Buenos Aires
en 1976 se fragmenta y participa (posiblemente) del más grande
exilio de psicoanalistas o candidatos a serlo, yo tuve mi fortuna, ya
que mi proceso del exilio fue grupal.
Es decir, que lo que hoy llamamos Grupo Cero Madrid,
Institución Escuela de Psicoanálisis, puede estar orgullosa de que su
fundación se haya gestado al compás de la Interpretación psi-
coanalítica yen el tiempo creativo que todo grupo genera, aún, sin
darse cuenta.
Lo que es lo mismo, para mí y otros afortunados psicoana-
listas del Cero el exilio no significó ni mucho menos la interrupción
de nuestra formación.
74 Miguel Oscar Menassa
Una prueba, ya que la tengo, sería llegar a Madrid en agosto
del año 1976 y dar mi primera conferencia de psicoanálisis en
septiembre y participar en un recital grupal en la librería Antonio
Machado en el mes de octubre de 1976.
Nada se detuvo en nosotros, sino el amor.
Nuestros padres habían quedado en el sur, pero el resto lo
trajimos con nosotros, nuestros conocimientos, el saber incons-
ciente, nuestra manera de procesar la realidad eran hechos grupales,
nos pertenecían más allá de nosotros, más allá del exilio.
En el 77 aparece el primer libro con el sello Grupo Cero,
«SALTO MORTAL, Buenos Aires-Madrid, 1975-1977» y en las
instalaciones de la Comunidad Carbonero y Sol comienza a fun-
cionar lo que llamábamos en chiste la Universidad Grupo Cero.
Una clase diaria sobre los temas fundamentales del cono-
cimiento fue haciendo de nosotros los convivientes más cultos del
planeta. En un intento de memorizar, los grupos funcionaban con los
siguientes títulos:
1.- TEORÍA DE LA RELATIVIDAD.
2.- IMPORTANCIA DE LOS DESCUBRIMIENTOS BIO-
LÓGICOS EN LA FILOSOFÍA.
3.- CLÍNICA PSICOANALÍTICA.
4.- MARXISMO Y PSICOANÁLISIS.
5.- LACAN - TOPOLOGÍA PSICOANALÍTICA -.
6.- POLÍTICA Y PSICOANÁLISIS. IMPORTANCIA DEL
PSICOANÁLISIS EN LA PRODUCCIÓN DE UNA SOCIEDAD
DIFERENTE.
7.- POESÍA Y PSICOANÁLISIS.
Es decir, que cuando en Madrid nadie sabía, aún, de qué se
trataba, nosotros hacíamos ciclos de psicoanálisis en centros
culturales como el Centro Cultural Mantuano o Colegios Mayores
como el San Juan Evangelista y hacíamos nuestros recitales en la
Villa o en la Galería Juana Mordó, donde fuimos capaces de meter
450 personas para escuchar un recital de María Chévez, uno de
nuestros fundamentos de la fundación. La mujer es tan loca como la
poesía, es decir, en ella reside toda posibilidad de subversión.
Freud y Lacan -hablados- 75
y fueron precisamente esos psicoanalistas, en formación, los
que me sedujeron con la idea de una escuela de psicoanálisis.
Fueron esos poetas en mí, los que me hicieron formular la
posibilidad de un nuevo campo que se definiría como Poesía y
Psicoanálisis.
y yo, debo decirlo, siempre les dije que sí, por eso fui
creciendo y fuimos Editorial, más de 40 títulos, (actualmente, en
1999, más de 100 títulos) y fuimos revistas más de 20 números
(actualmente, en 1999, sumando los 28 números de Extensión
Universitaria, los 28 números de Las 2001 Noches, los 23 números
de Onda Cero, y los 36 números de El Indio del Jarama, llegamos a
136 números de revistas. Y de nuestra mayor tirada, de 5.000
ejemplares de Apocalipsis Cero, hemos llegado a los 125.000
ejemplares mensuales de Las 2001 Noches y 120.000 ejemplares de
Extensión Universitaria y recitales, más de 200 y conferencias más
de 500 y ahora ya estamos en condiciones de asegurar que en
nuestras aulas 80 psicoanalistas o candidatos a serlo producen su
formación.
y esto no es ningún límite sino el comienzo. Ahora que
cualquiera puede regalar el psicoanálisis en el supermercado o de
manera más elegante en la Universidad, el Grupo Cero quiere
puntuar la situación a su medida.
Al seminario de Sigmund Freud de tres años de duración, la
Escuela sabiendo de su responsabilidad y mostrando los efectos del
trabajo realizado sobre los candidatos, le añade e inaugura este ciclo
el SEMINARIO JACQUES LACAN y abre tres grupos de lectura
con la intención de iniciar estudios que permitan la creación de
cátedras de PSICOANÁLISIS Y MATERIALISMO DIALÉCTICO,
MEDICINA Y PSICOANÁLISIS, POESÍA Y PSICOANÁLISIS,
que yo mismo coordinaré y tenemos pensado definir después de la
realización del tercer congreso de POESÍA Y PSICOANÁLISIS en
Buenos Aires, en diciembre de este año, las cuatro materias del ciclo
superior de psicoanálisis:
CLÍNICA GRUPAL E INSTITUCIONAL.
76 Miguel Oscar Menassa
CLÍNICA DE LAS NEUROSIS Y LAS ENFERMEDADES
FUNCIONALES.
CLÍNICA DE LAS PSICOSIS, PERVERSIONES Y
ENFERMEDADES PSICOSOMÁTICAS.
CLÍNICA DE LA ESCRITURA.
Ahora, más animado, podré leerles la conferencia que he
escrito especialmente para ustedes, ya que a mi entender es una carta
lo que he escrito.
Antes, aún, tengo que decir una pequeña mentira:
Tengo 49 años y puedo, a diferencia con mis
contemporáneos, proponerme otros diez años de formación para
poder sentirme, más allá de ya serlo, un psicoanalista y así, un
año antes que termine el siglo en 1999, al cumplir 59 años, seré
todo del descubrimiento freudiano.
Por eso ha de ser que no pude entender con claridad vuestra
demanda de ser psicoanalistas o conocer el psicoanálisis, cuando
vuestras intenciones, sin tener en cuenta lo que demandáis, son las
realizaciones rápidas y baratas y, porqué no, conseguirlo si eso fuera
posible todo en esta primera entrevista.
Diez años más, me digo para mí, sobre los 31 que ya llevo en
el campo. A los 18 años, recién cumplidos, recibí el impacto de la
primera interpretación. Otro hablaba en mi hablar y, para mi
sorpresa, yo no sabía lo que decía. Y, tal vez, fui afortunado, ya que
ese primer acontecimiento inconsciente en mi vida se produjo en un
tiempo grupal.
La interpretación rozaba algo de la mujer en mí, no sabido.
Y ahora no quisiera decirlo, porque ustedes ya se habrán dado
cuenta de qué hablo cuando digo que desde ese instante, hace 31
años, todas mis producciones íntimas o sociales-históricas queda-
ron atadas al campo de lo grupal o al campo de la mujer. Y de no ser
por la poesía, por el psicoanálisis, esas dos estructuras de misterio
me hubieran enceguecido para siempre.
Freud y Lacan -hablados- 77
Poesía y Psicoanálisis, más que aproximaciones metodoló-
gicas, por lo menos en mi caso, son destino. Armas de luz que me
permitieron penetrar los dos agujeros negros de nuestra cultura
actual: Los Grupos, La Mujer.
y pasa que, hasta aquí, algunos resultados hemos producido.
La mujer fue desplazada desde la quietud prometedora de la
envidia al pene a la diferencia radical de su goce que hace de ella,
hoy día, única posibilidad de subversión de los actuales modelos
ideológicos.
El grupo fue desplazado, con nuestra propia experiencia, de
lugar de transición entre el sujeto psíquico y el sujeto social hasta el
punto de comienzo donde el grupo es la máquina formadora de
sujetos, tanto psíquicos como sociales.
Algo hemos progresado pero debemos decirlo, serenamente,
necesitaríamos otros 31 años más para poder dejar las cosas,
claramente, establecidas.
Especialistas en grandes cumbres y bajos fondos, fuimos ca-
paces de nombrar lo innombrable. Interpretamos, hicimos poesía.
Más allá, siempre hay un más allá, como nos enseña Freud,
más allá de todo decir, en la Institución Escuela de Psicoanálisis
Grupo Cero se produce enseñanza del psicoanálisis y transmisión
del psicoanálisis simultáneamente, porque pensamos que no se
pueden producir por separado.
No habrá escuela, habrá Estilo. Que quiere decir que un estilo
en psicoanálisis incluye que sea en una Escuela su Transmisión.
y no habrá escuela. Habrá estilo y un estilo no transmite nada,
sólo se desarrolla. Para todo aquél que participe de su desarrollo se
abre una posibilidad de estilo. Esa apertura es lo que se transmite. Y
la transmisión, en estos casos, es autogestionaria.
La Escuela cuenta hasta el día de hoy con 80 matriculados en
sus diferentes niveles de formación y es su intención llegar a 160
matriculados y cuenta con ustedes para eso, para luego cerrar sus
puertas por algunos años a la inscripción de nuevos alumnos y
ponerse a trabajar intensamente en la formación científico-creativa
78 Miguel Oscar Menassa
de estos 160 candidatos, para poder todos juntos pensar y
materializar para el año 1991 nuestros grandes festejos, 10 años de
nuestra institucionalización (1981), 20 años del PRIMER MANI-
FIESTa DEL GRUPO CERO (1971) Y30 años de la publicación de
mi primer libro de poesía y luego con los años, después de los
festejos, hasta podríamos intentarlo, una verdadera Universidad de
Poesía y Psicoanálisis.
Este es el tren que psicoanalizo y os aseguro que si yo no
consigo vivir 200 años, algo de lo que seamos capaces de producir
juntos lo conseguirá.
y no es que tenga muchas esperanzas puestas en el hombre
pero debo reconocer, para condensar, que alguna luz percibo en la
poesía, en el psicoanálisis, en los grupos, en la mujer.
Así que matricularse en la Escuela de Psicoanálisis no es
matricularse en uno de esos cursillos donde se enseñan relaciones
humanas o a llevarse mejor con el patrón, ser en la Escuela de
Psicoanálisis Grupo Cero es dar comienzo a un viaje que puede
durar 200 años.
Digo: el que tenga algún deseo de cambios fundamentales en
su manera de pensar, aquél que tenga la valentía de enfrentarse con
sus propios procesos de creación, ese podrá subir al tren si lo desea,
el resto tendrá que seguir ensayando con las palabras cruzadas,
pensando que en esa soledad encontrará alguna verdad hasta que un
día, así lo esperamos, pueda escuchar otras palabras que las de la
Madre, que las de la Iglesia, que las del Estado, que las de sus
fantasmas.
Esperando no haberlos convencido de nada más que de lo que
ustedes estaban previamente convencidos antes de la penetración,
un sencillo beso de amor:
Tener pacientes no es ser psicoanalista.
Ser del Grupo Cero no es sólo un trabajo.
Ser poeta, aún, no es sólo serlo.
EL DESEO EN FREUD Y LA TRANSMISIÓN
EN PSICOANÁLISIS
Madrid, 18 de octubre de 1989
CARTA ABIERTA A LA ESCUELA DE PSICOANÁLISIS
GRUPO CERO: Psicoanalistas, Profesores, Coordinadores y
Alumnos.
He tenido el honor de haber sido nuevamente elegido para
abrir una nueva temporada de pensamiento en la Escuela y, esta vez,
he pensado concretamente en los diferentes motivos por los cuales
volvería a ser nuevamente seleccionado para inaugurar la nueva
temporada, que tiene el sabor de fin de década y de apertura a los
grandes festejos de la década del 90 que, como en todos los siglos
que nos anteceden, en tanto a los festejos, me imagino que por haber
llegado, los hombres van proyectando y legislando los modos de
vida del siglo siguiente.
¿No fue acaso en la última década del siglo pasado donde se
dio comienzo a una nueva lectura de la realidad del sujeto que hizo
que en este siglo, que agoniza, el hombre conociera el fondo del
horror?
Debo reconocer que hoy no quiero extenderme en lo que todos
80 Miguel Oscar Menassa
conocemos, al menos por el hecho de padecer, sino que preferiría
abocarme con todas las intenciones sobre lo enunciado.
Según Freud, el Deseo Inconsciente es vértice de todo diagra-
ma posible para lo psíquico.
Toda instancia es dibujada por el deseo. Deseo que programa
grandes triunfos y fracasos horribles en plena sombra.
Su habilidad es desplazarse, condensarse, hacerse humo, par-
tirse en mil pequeños pedazos, aparecer y desaparecer permanente-
mente, transmutarse permanentemente para no ser hallado y en
muchas ocasiones para ser del orden de lo no realizado.
¿Cómo atrapar un sentido? alguien se preguntará y ¿cómo
decirle a la víctima, me pregunto yo, que la vida no tiene sentido
sino aquél, sencillo, de buscar lo imposible?
Lo que no se puede tener aunque se encuentre.
Porque lo posible de ser hallado resume el gran descubrimien-
to freudiano pero no la vida del sujeto, ni siquiera su realidad, y se
denomina Interpretación Psicoanalítica.
Método, modo de apropiarse, para sus transformaciones, de la
realidad del inconsciente que en definitiva es una construcción
donde se articulan secuencias de interpretaciones y, aun, el famoso
fantasma francés (fuera del orden del significante) no entra dentro
de la historia del sujeto, su propio cuerpo, sino bajo la forma de
interpretación psicoanalítica.
y si la interpretación habrá de ser palabra o acto, es una encru-
cijada de los antiguos. Después de Marx, el concreto de pensamien-
to es palabra y es acto al mismo tiempo, se trate de una bella inter-
pretación o de un lúcido acto.
Los hechos no existen, la razón es obtusa, los sentimientos son
siempre infantiles, el dinero es equivalente simbólico de la caca, por
lo tanto del pene y de los niños, el amor casi no existe, la mujer ape-
nas y el hombre ha fracasado, por lo menos sus revoluciones, este
siglo.
El deseo inconsciente es inmortal, dice Freud, para decir algo
pero eso, claramente, no quiere decir como piensan algunos psicoa-
Freud y Lacan -hablados- 81
nalistas que una vez proclamado el deseo se vuelve inmortal el psi-
coanalista, sino que Freud, de manera sencilla y magistral, nos dice
en esa frase que no hay vida posible sin deseo inconsciente.
A saber: la falta del Deseo inconsciente hace imposible toda
teoría sobre el sujeto.
La misma muerte tiene que ver conmigo, dice Freud, padezco
como sujeto una pulsión que la representa y es desde aquí de donde
se desprenden con claridad las posibilidades que el método psicoa-
nalítico tiene como futuro en el orden del cuerpo, léase, medicina, y
en el orden social, léase, política.
El tiempo presente es el tiempo de la realización del deseo
inconsciente y creo que buscarle cuatro patas al gato, que las tiene,
no ha de hacerme sospechoso de una sagaz inteligencia.
Diré que el Deseo sólo se hace presente frente a la fórmula de
psicoanalista presente.
Es relativamente fácil pensar que sin la presencia del psicoa-
nalista, su propio cuerpo como tal, no hay deseo inconsciente.
El Deseo inconsciente es la interpretación psicoanalítica.
Más que metáfora radiante de lo Otro, desviación primordial,
pedacito volante que no busca su lugar ni ser hallado, sino sencilla-
mente desplazar el sentido para que no lo haya.
Hasta aquí y en ciertos sentidos articulado, Freud habla de una
transmisión posible en psicoanálisis, es el Deseo lo que se transmite.
No sólo la clínica, sino que sobre todo la teoría se construye
articulando secuencias de interpretaciones.
La teoría es clínica quiere volver a decir que sin psicoanalista
no hay deseo inconsciente.
Sin interpretación no hay realidad psíquica.
Y yo soy ese psicoanalista presente que hubo para que fuera
posible la construcción de lo psíquico que, como tal sujeto, lleva por
nombre a quienes me dirijo, Psicoanalistas, Profesores, Coor-
dinadores y Alumnos de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero, a
quienes hago responsables de la trampa en la cual, en apariencia,
con tanta tranquilidad, caigo.
82 Miguel Oscar Menassa
Caer es errar y errar, a veces, como un vagabundo, es cuestión
del deseo inconsciente y yo, si algo tengo que ver con eso, tengo que
estar ahí errando, poniendo mi propio cuerpo como límite al goce
todo del simple hablar, que no deja de ser otra enfermedad.
Y caigo sin vergüenza porque no es el cuerpo el que teme a las
palabras, sino que son el alma pura, el pensamiento ingenuo, los que
temen la irrupción del cuerpo, la caída, el sencillo errar, el hablar por
Otros, la interpretación. El poema.
Y si yo mismo estuve allí cuando la fundación, coordinando al
grupo de arriesgados científicos y poetas que se animarían a fundar
una Escuela de Psicoanálisis, en una ciudad donde no existía el
inconsciente.
Sin ir más lejos, en el año 1976 (época de nuestras primeras
conferencias), las viejas comentaban que esa palabra la había saca-
do Franco del diccionario y los periodistas al escribirla siempre, en
principio, cometieron errores.
y si yo mismo estoy aquí festejando la décima convocatoria a
nuestro seminario sobre la obra de Sigmund Freud, cayendo en la
trampa de cuya única salida, la interpretación, se me ha hecho res-
ponsable, habrá de querer decir que más allá donde cada uno de
ustedes, para recorrer en buen estado el camino, se vaya consi-
guiendo un psicoanalista personal y que, por otra parte, la Escuela
tendrá sus propios psicoanalistas, el psicoanalista de la cuestión
Cero soy yo.
Y no salgo de la trampa por decirlo, sino que me sumerjo en
ella.
Porque la cuestión Grupo Cero es psicoanálisis pero también
es poesía y es por eso que no quisiera molestarlos hoy con mis
reflexiones, pero haberme elegido para que os inaugure en un saber
que precisamente, por no sabido, es que se sostiene, no habrá sido
simplemente para demostrar que una palabra al ser di-
cha cae automáticamente en el vacío de lo no dicho, ni siquiera
para demostrar que en la trampa del inconsciente todo ser parlante
cae.
Freud y Lacan -hablados- 83
A mi entender han tratado de averiguar si algo en mí se ha
modificado esta última década y entonces os diría que el: Todo para
todos, de hace diez años se ha transformado en: Algo para quien sea
capaz de producirlo y así, estaremos todos mucho más cerca de la
enseñanza freudiana.
Abriendo, ahora, delicadamente la cuestión, Freud aconseja
psicoanalizar ciertos prejuicios antes de entrar en la teoría psicoana-
lítica, haciendo como hacemos, forzando las palabras, podríamos
decir que la teoría psicoanalítica es sólo para personas que se psico-
analizan.
Y no habríamos exagerado mucho la frase de Freud que en
última instancia donde él la pronuncia es para llamar la atención
sobre los problemas sexuales inconscientes del candidato a conocer
su obra.
Realidades inconscientes, dice Freud, que operarían de resis-
tencia a la comprensión saludable de los textos psicoanalíticos.
Posiciones narcisísticas del sujeto que lo llevan hasta la exter-
minación de una frase o su contraria, por no poder soportar lo que
esa frase anuncia para él mismo.
En pocas palabras, aquietada la envidia, dominado el asco por
la existencia en el mundo de otras personas además de mí mismo,
elaborado un gran porcentaje de los celos como deseo y aceptado
que aunque lo conozca todo, que es imposible, no lo podré tener.
Recién, ahora, dice Freud, podré dejarme llevar por la mano
del inconsciente en los textos psicoanalíticos.
El deseo en Freud tiene que ver con la transmisión del psico-
análisis en la fórmula sencilla que ya podemos decir sin ignorancia:
El deseo en Freud es la transmisión del psicoanálisis.
Una fórmula sencilla abierta a la polémica y abierta también a
miles de frases posibles de ser articuladas en la falta de sentido del
deseo.
En la falta de sentido de la vida del hombre moderno, a menos
que el sentido sea buscar la felicidad que es imposible y de hallarla
no estaríamos preparados para gozarla más allá de nuestro deseo.
84 Miguel Oscar Menassa
Deseo inconsciente que funda y regula toda nuestra actividad
en sucesos del lenguaje, para decirlo con mayor certeza, la vida del
sujeto condensada en un hecho de las palabras entre sí.
El sujeto no es ninguna de las palabras sino el puente indeci-
so de sus conjugaciones.
El psicoanalista al igual que el poeta es un diestro sin manos,
sus voces son instrumentos de alguna de las tornas de lo Otro.
A esta altura cualquiera de vosotros podría intentar decir que
una teoría así merece ser vivida, pero es precisamente de eso de lo
que quiero hablar antes de cerrar este latido para que dé comienzo la
temporada.
Sería conveniente que se vayan curando de esa intensa pasión
por vivirlo todo ya que todo, si del psicoanálisis se trata, tiene sus
límítes en los límites propios de una conversación, donde si bien se
me podría decir que ambos participantes de la conversación padecen
de lo mismo (los efectos inconscientes en el simple hablar) a mí se
me ocurre que el mismo padecimiento es llevado a cabo en diferen-
tes estilos.
Uno es el psicoanalista, otro el psicoanalizando.
Uno compra, el otro no tiene para vender sino su tiempo.
El riesgo lo corre siempre el psicoanalista, el que paga es el
que se psicoanaliza.
Cuando la conversación finaliza, el psicoanalista, en general,
sigue siendo psicoanalista.
Lo que no queda de ninguna manera asegurado es que el que
se psicoanalizaba al finalizar quede transformado en psicoanalista.
Quiero dejar claro que, para desear y transmitir, no ha de
alcanzar la sencillez del habla ya que si bien por ésta entrarnos en el
juego, el habla no es historia a menos que la escriba y ella misma,
por serlo, ya estaba escrita.
POESÍA Y PSICOANÁLISIS
Santander, 1990
Comienzo sabiendo de antemano que no podré ponerlos al
tanto, en un solo encuentro de una hora o algo más, de la verdadera
apertura producida en el mundo del pensamiento, en la clínica psi-
coanalítica tanto corno en su transmisión y, porqué no decirlo, tam-
bién en la poesía, por el nuevo campo que se produce en la escritu-
ra del Grupo Cero.
Entre las certidumbres de otras ciencias hemos elegido la
incertidumbre de la disciplina psicoanalítica, siempre amenazada,
en definitiva, hemos elegido la incertidumbre de no saber: El hom-
bre vive desgarrado en su ser, algo así corno una vertiente lumínica
con varios focos apagados.
Y corno poetas preferirnos que nuestras palabras estén más
cerca de la sangre que de las palabras.
Diluir, pretendo en este recorrido, diluir el dinosaurio de vues-
tra angustia.
Pero yo no he venido, precisamente, a producir una conferen-
cia sobre psicoanálisis, aunque hablaré de ello y, tampoco, he veni-
do a ofreceros un recital de poesía, aunque reconozco que en el
86 Miguel Oscar Menassa
transcurso de la charla, algún poema habré de leer. Tampoco he
venido a discriminar, precisa y teóricamente, la función poética y ni
siquiera a declamar conceptos psicoanalíticos como si fueran versos.
He venido, sin embargo, por la apuesta que significa para mí
salir airoso cada vez que me sumerjo en 10 imposible.
Ya que de lo imposible se trata cuando queremos ponemos en
contacto con lo real, sea éste poético o inconsciente.
Antes de nada, podríamos decir que cuando todo está destrui-
do o es imposible, la única posibilidad es poética, frase que nada
tiene que ver con que un verso pueda ofrecemos alguna posibilidad
cuando todo está destruido o se ha hecho imposible. Sino más bien
que llegados a este límite, de animamos, es en el abismo creativo de
10 poético donde seguramente al hundimos en él, una nueva posibi-
lidad se abra para nosotros.
No es un verso el que nos salva, sino la poesía como un ver-
dadero instrumento de conocimiento post-Spinoziano, que modifica
para transformar en otra cosa la realidad que lee. Es en este tiempo,
donde podremos buscar el primer gran encuentro entre la interpreta-
ción poética y la interpretación psicoanalítica. Casi sinónimos o,
mejor dicho, como esos sinónimos que aun tocándose no llegan a
parecerse del todo.
Animándonos un poco más aún, podríamos decir, recono-
ciendo en ello otro de los tantos encuentros posibles, que tanto poe-
sía como interpretación psicoanalítica no sólo son una apertura al
mundo de lo Otro, sino que ambas tienen como función desreali-
zar, es decir, hacer la realidad del sujeto relativa a la mirada del
mundo.
Cuando uno conversa y esto, aunque no se vea claramente, ter-
minará siendo una conversación, es bueno irse por las ramas, rode-
ar el árbol, dejar que el paisaje en su totalidad se pierda y ocupar-
nos, sencillamente, de las hojas caídas a nuestros pies, es por eso
que me pregunto si hay o no hay una historia propia del conoci-
miento o si bien la historia del conocimiento es para el hombre la
única historia humana.
Freud y Lacan -hablados- 87
En la intención no de afirmar mi discurso sino, más bien,
diluirlo y por otra parte ejemplificando, diré que antes de la produc-
ción del Número Natural, en el mundo terráqueo, antes de la opera-
ción formal suma, el símbolo humano quedaba reducido a lo prove-
niente de Dios y lo que del Verbo divino se trasmuta en metáfora
poética. Tiempos donde el concepto de verdad no podría ser otro que
el de verdad revelada, donde verdad es lo que se muestra en su
estructura más profunda, más valedera, más absoluta, última, pero a
pesar de eso es la experiencia sensible la que regula dicha verdad,
ya que la verdad se trataría de descubrir a través de lo sensible y de
las ilusiones sensoriales, el secreto, el misterio que anida en todo
campo de la realidad. Y siempre se requieren ciertas condiciones
para que lo que es se muestre. Esto, viniendo de San Agustín, tiene
su expresión moderna en la filosofía de Heidegger que termina
diciendo que verdad es mostración, presentación, descubrimiento.
La realidad como la verdad son la palabra de Dios.
En la realidad la palabra de Dios permanece misteriosamente
oculta y en la verdad, la palabra de Dios es palabra revelada que una
vez descubierta se muestra siendo la realidad, porque realidad y ver-
dad son para Dios y para casi todos los filósofos contemporáneos, el
mismo verbo.
Después, como decíamos, las ciencias nacientes (aritmética,
geometría y luego la física) determinan el desarrollo de una nueva
concepción de la verdad y por lo tanto, si ustedes se animan a pen-
sarlo, una nueva concepción de la vida del hombre.
El primer planteo que se cuestiona la verdad define el campo
de la verdad en una relación. La relación del conocimiento y la rea-
lidad a nivel de existencia, es decir, la relación entre el pensamien-
to y la existencia. Y sobre estos dos momentos se trabajan todas las
soluciones de la verdad. Se prescinde de definir esa doble instancia,
la real y la del conocimiento, para después definir en distintos tér-
minos contradictorios tesis que afirman la existencia de lo real, o
bien, tesis que suspenden la consideración de la existencia de lo real,
o bien, que afirman la preeminencia del pensamiento.
88 Miguel Oscar Menassa
Este primer planteo proviene de la filosofía antigua y allí se
consideraba la caracterización de la verdad como un problema rela-
cional. La relación del conocimiento (como proposición o como jui-
cio) y los contenidos reales. La verdad resultaba de la relación de las
proposiciones y su contenido o su referencia intencional o su con-
formidad o no conformidad con lo real.
Aristóteles dirá, negar lo que algo es supone falsedad, lo cual
también dice que verdad es afirmar lo que es, pero resulta que este
«es» de Aristóteles remite a la experiencia, es la experiencia la que
tiene que convalidar el valor de la verdad y es aquí donde se abren
todos los criterios contemporáneos de verdad, todas las esencias
actuales de la verdad. Esta primera verdad en función de una rela-
ción de conformidad abierta por Aristóteles e iniciada por Platón,
tiene su culminación en la filosofía escolástica que es la que acuña
las fórmulas definitivas de la verdad.
La verdad es adecuación del intelecto a la cosa.
La verdad es adecuación de la cosa al intelecto.
Y una fórmula de conciliación: la verdad es adecuación del
intelecto y la cosa.
Y ahora para modernizarnos aún más sin llegar a la verdad, si
se afirma la preeminencia de lo conocido (en la fórmula anterior, la
realidad) tenemos la fórmula del objetivismo. Si se afirma la pree-
minencia de las elaboraciones intelectuales, tengo la fórmula del
subjetivismo. Si defino estas dos fórmulas ahora tengo posibles
soluciones de interaccionismo o de conciliación, el intelecto deter-
mina la realidad pero la realidad determina el intelecto y así ten-
dríamos en apariencia una fórmula simétrica, ese interaccionismo se
encuentra en las filosofías más modernas.
Y es que la:
Verdad es revelación.
Verdad es adecuación.
Verdad es coherencia.
Verdad es conformidad.
Verdad es lo útil.
Freud y Lacan -hablados- 89
Y sin necesidad de preguntarnos por la verdad verdadera,
apuntaremos que para Freud la verdad no es adecuación, no es rela-
ción, no es revelación que surge allí ni tampoco es el acuerdo con un
sistema, sino que verdad para Freud, redefinida desde construccio-
nes en psicoanálisis, es proceso.
Es decir, que para definir una teoría más integrada de la ver-
dad es necesario reformularse la filosofía, que hoy no vamos a hacer
eso, pero sí señalar al psicoanálisis como la ciencia piloto en la rede-
finición de la filosofía y hacemos, ahora, ya que estamos conver-
sando, una pregunta. ¿Qué relación tienen los procesos legales de
las estructuras materiales con las elaboraciones del conocimiento
científico? Al hacemos esta pregunta, tenemos que saber que inten-
tamos pensar lo impensable en los términos de todas las proposicio-
nes filosóficas anteriores.
¿Cómo el conocimiento va a poder entrar en la realidad?
¿Cómo nuestro conocimiento de la mesa va a entrar en la mesa?
El conocimiento entra en la realidad cuando dispongo del pro-
yecto que la produce. Es decir, que nuestro conocimiento de la mesa
entra en la mesa cuando el carpintero tiene el proyecto que la reali-
za. Estas nuevas aproximaciones plantean un tiempo donde el ser
del objeto, producto efecto de un proceso de trabajo, es simultánea-
mente materia y al mismo tiempo, razón.
Y no, precisamente, porque una teoría haya ido caminando a
meterse en el propio corazón de la materia prima para encontrar la
verdad, sino que la verdad, por fin, es producto efecto de un proce-
so de trabajo. Y esto como vemos es un nuevo materialismo que, si
nos olvidamos de la ciencia de la historia, Freud abre con la teoría
del inconsciente. Donde la dialectización de este tipo de verdad está
puesta por el error, la verdad surge, entonces, de la rectificación de
los errores y ésta es la fuente fundamental de la producción de la
verdad, tanto psicoanalítica como poética. Y ahora pareciera que a
algún sitio hemos llegado.
Ir por las ramas ha hecho que las ramas produzcan sus frutos.
Yendo por la rama que abre la verdad parecía que estábamos bus-
90 Miguel Oscar Menassa
cando uniones transcedentales entre la poesía y el psicoanálisis y el
resultado ha sido muy otro, ya que el sencillo concepto de trabajo es
el que nos abre las puertas del campo: Poesía y Psicoanálisis, que
por otra parte produce una escritura que, como todos sabemos, es el
resultado de haber procesado una lectura.
Leer y escribir parecen ser las invariantes del campo que nos
convoca y leer, lo que se dice leer, tiene sus vueltas. Antes de dejar-
nos llevar por las vueltas que producen las diferentes maneras de
leer, y como descanso de nuestras mentes para poder continuar con
nuestros ejercicios intelectuales, les contaré un cuento entre árabe y
supermoderno donde se ve claramente que saber y vida, nunca estu-
vieron unidos.
Un matrimonio de prestigio, los reyes por ejemplo, no pueden
tener hijos. Un día pasa una especie de viejo, sabio o mago, y les da
algunos consejos y yerbas para que se produzca el embarazo, pero
con la promesa que el niño a nacer, al cumplir 20 años, debería ser
entregado al viejo o sabio o mago. El embarazo se produjo y el niño
nació, al nacer la preocupación de sus padres fue hacerlo vivir ocul-
to para no dárselo a los veinte años al sabio, viejo o mago, pero éste
descubre el escondite el día que el niño cumple 20 años y se lo lleva
hasta una montaña donde hay una puerta y le dice: «es sencillo lo
que te pido, yo abro la puerta tú entras y caminas derecho y en el
centro del pasadizo que se abra en la montaña está la piedra del
saber, tú debes cogerla y traerla, ten cuidado con no desviarte de tu
objetivo, porque la puerta se cerrará detrás de ti y yo tengo poder
para abrirla, pero sólo tres veces.»
Para abreviar, diré que el muchacho se distrajo tres veces: por
una ilusión, por una mujer y por el oro (es decir, la vida en carne
viva lo distrajo). Se cerró definitivamente la puerta de la montaña y
la piedra del saber desapareció, el muchacho, primero se entristeció
un poco y luego comenzó a caminar y llegó a un pueblo y se casó
con la princesa y tuvo muchos hijos. En el otro lado de la montaña
el viejo, sabio, mago, representante del saber, agonizaba.
Freud y Lacan -hablados- 91
Espero que comprendan que no me siento ni sabio ni mago ni
viejo y que no tengo pensado llevarlos a ninguna montaña a buscar
ninguna piedra del saber, pero en el caso que así fuera, la puerta que
yo pretendo abrir esta noche no soy yo el que la abre, sino que es
ella misma que late. Se abre y se cierra permanentemente y uno,
poeta o psicoanalista, entra en ella cuantas veces se produzca ellati-
do y sin embargo el saber tampoco se halla y de hallarlo, dejaría de
serlo.
Y para retomar la apuesta, diré que es en este lugar donde lo
imposible puede ser tocado sin dejar de ser imposible por la poesía
o la interpretación psicoanalítica. Hechos que, no pudiéndose pro-
ducir fuera del lenguaje, no son el lenguaje sino precisamente aque-
llo que del lenguaje perdura como historia.
Antes de terminar, para dejar paso a vuestras inquietudes
intentaré seguir por una rama que sé de antemano, ofrecerá sus fru-
tos y esta rama es el tiempo.
Hoy la ciencia pasa por ser la disciplina que procesa teoría,
procesa descubrimientos de fenómenos, procesa la determinación de
leyes, generalmente, culmina, se concentra en cálculos.
Así abruptamente se puede hacer la mención de si el psicoa-
nálisis, si la poesía es cálculo, de si la experiencia analítica, la expe-
riencia poética son susceptibles de cálculo y si este cálculo es, en
caso negativo, una condición esencial de las ciencias.
Si es cálculo es porque hay un orden y si hay un orden la esen-
cia del tiempo está caracterizada sobre un canal que viene de las pri-
meras teorías filosóficas, de la teoría aristotélica del tiempo. Tiempo
como medida de un transcurso y su dirección es que, viniendo desde
el pasado, pasa por el presente para alcanzar el porvenir.
Si el tiempo es lo medible, lo contable, lo contínuo, entonces
el inconsciente y la poesía no tienen tiempo. El tiempo físico de los
cronómetros no explica el tiempo de la experiencia analítica, de la
experiencia poética, porque el tiempo de estas experiencias es un
encuentro pluridimensional donde el famoso presente es señalado
como tal desde el futuro y no es ningún pasado que determina el
92 Miguel Oscar Menassa
futuro sino que, precisamente, el pasado se forja material desde el
futuro.
El tiempo deja de ser continuo porque ahora late en cada latido
del inconsciente, porque el tiempo (psíquico, poético) no transcurre ni
cuenta, sino que es materialidad de la existencia de lo imposible.
y ahora, espero no ser arrasado por el fuego de tanta libertad.
Cabalgando sobre la voluptuosidad de mi cuerpo, abandonado,
recorrí esta parte del mundo, allende el mar, allende las
[montañas.
No era una línea de ficción queriendo tocar el horizonte.
Era el horizonte mismo, la línea del horizonte que no se ve.
Soy, Poesía y Psicoanálisis, una burbuja alejada de toda
[revelación.
Una perfecta roca despiadada, hundiéndose sin emociones
[aparentes,
en la emoción del habla.
Lo que pudiendo ser, está callado, roto.
Al caer, sabe que no habrá fondo y, sin embargo, cae.
Sujeto a mis propias experiencias con el lenguaje no me per-
tenezco, ni vivo, ni muerto, estoy a mil kilómetros de profundidad,
hacia el centro de la tierra, porque me toca romper definitivamente
el equilibrio.
Cuando todo se olvide, aún, quedará vibrando en la memoria
del tiempo esta perla: Busco después de haber encontrado lo mismo,
para transformarlo.
La fuerza que me atribuyo no es ninguna fuerza. Es una nueva
dimensión del tiempo, del dinero, del sexo, de la muerte. Algo de
todo eso no quiero para mí y si puedo «eso no», el resto es fácil.
Soy la espesa compuerta que habla de la muerte. La potente
muralla que separa la vida del poema. Minúscula presencia ilumina-
da del lenguaje, un punto blanco, luz desesperada de vacío. El rictus
de los enamorados al gozar.
Freud y Lacan -hablados- 93
Y ya lanzado en el final de este encuentro, os digo: Hoy día
donde tantas revoluciones fracasan es cuando declaro para todos
nosotros que el desorden es contrarrevolucionario.
Virtud de todo sistema social actual es ocultar, sistemática-
mente, todo aquello que pueda mostrar alguna posibilidad de trans-
formación del sistema. Y dichos sistemas imponen a todo creador,
para no dejarle ver lo que es capaz de transformar, el desorden. En
apariencia, comodidad creativa pero en verdad, espesa cortina de
humo sucio sobre todo lo que nace para crecer diferente.
Y nosotros debemos confesarlo: fuimos drogadictos del desor-
den. Por un poco de desorden éramos capaces de dar la vida misma,
hasta llegaron a pagarme algún dinero con la intención de que eso
produjera algún desorden en vuestra alma, en vuestra manera de
pensar, en vuestro bolsillo.
Y hoy que habéis conseguido todo el desorden, ahora os digo:
así no se puede vivir. No hay pasos importantes en la vida para quie-
nes no son capaces (por el desorden) de saber quién es la palabra.
Dónde están esas palabras. Dónde aquellos escritos. Dónde esa
experiencia. Dónde esos libros publicados. Dónde la vida de cada
uno. Dónde los maestros. Quién el deseo.
¿O acaso basta escribir un solo poema para que todos los
levantadores de pesas se transformen en poetas?
Y desorden no es sólo humo, también, es envidia negar la
existencia de lo producido, porque no se lo encuentra o no se lo ve.
y es por eso que me animo en est.e final a seguir diciendo estas pala-
bras donde pienso dejar sentado, de manera contundente, un psico-
analista en vuestras mentes. Algo psíquico, en nosotros, que nos
diferencia dentro de las comunidades psicoanalíticas, como Grupo
Cero.
No está permitido matar, no está permitido morir. No está per-
mitido, no lo está, hacerse el poeta, hacerse el psicoanalista.
Y no está permitido, en ningún caso, separar el símbolo del
cuerpo. No está permitida ninguna sexualidad fuera de la palabra y
esa será nuestra ideología.
94 Miguel Oscar Menassa
Explico, una vez que consigamos rechazar la estupidez, la
desidia y una vez que hayamos conseguido superar el desaliento que
todo sistema produce en sus creadores para inhibirlos y una vez que
consigamos que nuestro cuerpo no pese nada, entonces, comenzará
nuestra verdadera historia. Y seremos valientes para enfrentar lo que
nos toque y sentiremos que lo que está pasando, en realidad, está
pasando.
No al desorden, quiere decir entonces que somos capaces de
atribuimos la capacidad futura de rasgar esos caminos que forjarán
nuevas historias, nuevas civilizaciones.
Hemos aprendido que la bestia de la poesía no puede ser sacia-
da por ningún dinero (aunque su confort sea el más alto) ni por nin-
gún sexo (aunque su promesa sea la más bella) por eso decidimos
que la bestia no habrá de morir. La poesía nos acompañará hasta el
final y nada de versitos, porque la poesía es una manera fuerte de
vivir en el mundo, una manera valiente de los terráqueos de mostrar
a lo infinito, lo que habrá sucedido.
Queda claro que si estará hasta el final, tendrá que estar en el
principio yeso es el orden que vengo a proponerles: El orden poéti-
co, la jerarquía de una lectura poética que no pueda ser comprendi-
da sino por aquellos a quienes esté dirigida.
Una lectura que no sufra las deformaciones perversas que los
poderosos producen en las lecturas que comprenden.
Una lectura cuyo procesamiento produzca una escritura nueva
que señale, de un modo definitivo, que en este siglo algo ha pasado:
Poesía y Psicoanálisis.
Antes de despedirme quiero recordarles, para que después
vuelvan a olvidarlo, que formarse como psicoanalista y/o aceptar
que un poeta viva en nosotros, son dos bellas tareas que muy bien
hacen a la humanidad, pero debe saberse que son tareas para toda la
vida y donde, toda la vida, cada vez, se pone, toda ella, en juego.
Yeso es la vida de un creador: una vida para otros.
Tomo el camino de mis versos y ya nadie me podrá decir que
no he cumplido.
Freud y Lacan -hablados- 95
Alguna mujer amará ese delirio y se hundirá levemente, por
mí, en la muerte.
Yo ya no cantaré y, sin embargo, aún habrá canto, aún habrá
voces en mi voz.
Y cerraré mis ojos y no podré detener el mundo de la luz y el
fuego vivirá. Y es el nuevo continente el que murmura aunque lo
diga yo.
Hubo águilas en mi voz, hubo dolor en llamaradas.
Aquí, la muerte. Aquí, la soledad, hubo en mi vida.
Cubriéndolo todo, un amor gris, distantes amapolas.
Voraz adormidera, espejo del alma caído de las sombras.
Ahora por fin puedo decirlo: no estoy desesperado y, esta vez,
no habrán de detenerme habladurías ni algún culito tonto que se me
cruce en el camino. Esta vez no habrá límites para mi libertad.
Sin sonidos, sin ecos, corregiré toda la historia.
EL PAPEL DEL COORDINADOR
EN LOS TALLERES DE POESÍA
(Berlín, 20-23 de octubre de 1994)
1. ACERCA DE LO GRUPAL
Freud en 1920, en Psicología de las masas y análisis del yo,
abre una nueva dimensión, un nuevo decir sobre lo grupal. Plantea
que no hay diferencia entre la psicología individual y la psicología
social o colectiva. Siendo, para Freud y para nosotros, la psicología
individual, al mismo tiempo y desde el principio, psicología social.
Esto es así porque el otro, como semejante, forma parte de cada uno
ya sea como modelo, como auxiliar o como adversario. Esto quiere
decir que todos y cada uno somos masa y somos individuos singu-
lares.
Como grupo repetimos el primer grupo al cual pertenecimos:
el grupo familiar y como masa repetimos la forma más primitiva de
sociedad: la horda primitiva.
Y no es necesario integrarse en una aparente multitud para que
se ponga en acto la psicología de las masas, pues sabemos que se
puede hablar de colectividad de dos personas, baste como ejemplo
la relación de los hijos con los padres, la relación con la persona
amada con los amigos.
98 Miguel Oscar Menassa
Freud en el trabajo mencionado diferencia entre multitudes
efímeras y duraderas, homogéneas, naturales y artificiales, además
de sus posibles combinatorias. Sin embargo, la estructura que man-
tiene el vínculo y, también, lo que cohesiona es siempre lo mismo
que denominamos estructura libidinal. Freud al producir la noción
de libido subvierte la noción de sugestión y determina que es por el
amor, por miedo a perder el amor, el amor de los otros, que el hom-
bre llega a una cierta renuncia de sus propios deseos personales y su
realización inmediata, siendo de esta manera el amor el medio por
el cual el ser humano entra en la cultura.
Freud cuando nos habla de la identificación como una catego-
ría estructurante, se detiene con la misma intención e importancia en
tres modos de identificación o tres formas de enlace afectivo con «el
otro» que producen transformaciones tales en el sujeto que constitu-
yen, en él, lugares claves de su estructura: El Ideal del Yo, el objeto
y el deseo.
Freud, también, nos aporta las patologías de la identificación.
Todas las identificaciones van a ser posibles después del aconteci-
miento de la identificación primordial que produce la formación del
Ideal del yo (que posibilitará todas las relaciones con el otro sexo,
cuando el objeto amoroso ocupe el lugar del Ideal del yo) y la for-
mación del yo (que posibilitará todas las relaciones con el mismo
sexo que el sujeto, cuando el objeto amoroso ocupe el lugar del yo).
La misma identificación que nos permite constituimos como sujetos
del deseo nos va a permitir, también, identificarnos al síntoma del
otro, produciendo la estructura clínica de la histeria o bien aquella
identificación que nos permite la identificación narcisística, tam-
bién, nos permite identificamos con el objeto perdido produciendo
la estructura clínica de la melancolía.
En la identificación colectiva o en la grupal se ponen en juego
los tres tipos de identificación y no por ello los elementos que for-
man el grupo pierden su individualidad, sino más bien, se multipli-
can las diferencias entre los integrantes ya que cada uno se identifi-
ca en grado diferente.
Freud y Lacan -hablados- 99
Pienso que en este momento de la conversación sería bueno
remarcar que, sabiendo que el hombre no es un animal gregario sino
un animal de horda, es decir, esclavos buscando amo, más que sed
de libertad tenemos sed de ser dominados, por eso que en la mayo-
ría de los casos fraternizar siempre acaba en disgregación, siempre
en atentados contra la libertad. Por eso función primordial y, a
veces, única del coordinador, es hacer entrar al grupo en la dialécti-
ca del deseo inconsciente donde ningún amo es absoluto, ni siquie-
ra la muerte, ya que la paradoja de lo imposible que plantea el deseo
pone en cuestión toda armonía, toda circularidad, toda dependencia
que no esté regida por el significante.
Ya que en el orden del significante no sólo la carencia del
hombre es la misma que la carencia de la mujer, sino que la caren-
cia del esclavo es la misma que la carencia del amo.
En definitiva, para la dialéctica del deseo la propia poesía no
pertenece a nadie, es decir, cualquier ser parlante puede caer en la
ilusión de poseerla y esto puede resultar de suma importancia para
el desarrollo de los talleres de poesía.
2. EL DISPOSITIVO GRUPAL
El dispositivo grupal es un instrumento imprescindible allí
donde es necesario agruparse para producir una tarea.
El coordinador con su sola presencia propicia el despliegue
del discurso grupal.
En lo grupal no se trata de invertir las jerarquías, sino de una
organización circular donde el coordinador imparte una enseñanza
que induce a engendrar trabajo en cada integrante. La condición será
que los que se sometan al dispositivo grupal estén dispuestos a tra-
bajar sin que necesiten una cualificación previa.
El malestar en la cultura que el estado de creación conlleva,
introduce a cada elemento del grupo en una temporalidad donde
reina la angustia y como todos sabemos con la angustia hay que
100 Miguel Oscar Menassa
saber arreglárselas, ya que la angustia como tiempo puede dar paso
al abandono en el placer de la inercia que conduce al enquistamien-
to del pensamiento y al padecimiento de la angustia en el propio
cuerpo del sujeto o bien la misma angustia señalando, solamente, el
abismo que nos separa de nosotros mismos cuando creamos nos
sumerge, sin más, en la algarabía de la creación.
La puesta permanente en cuestión de todo pensamiento grupal
ha de ser una constante del funcionamiento para mantener alejado al
grupo de la comodidad intelectual que las apreciaciones de los sen-
tidos sensibles indican.
Un pensamiento que reclame la zozobra de todo pensamiento
es en verdad el primer paso en el camino de lo poético.
Así, sin pensamientos previos, la voz y la mirada pondrán en
escena significantes que al ser escuchados por el coordinador gene-
rarán el sentido de la experiencia y esto es de vital importancia
remarcarlo, que sin la escucha del coordinador la voz sólo produci-
ría parloteos sin sentido y la mirada no abandonaría nunca el campo
de la oscuridad.
Es decir, que la escucha del coordinador permite que voz y
mirada, como funciones, constituyan sus campos respectivos abrien-
do dimensiones, mansiones del dicho, que darán a ver un producto
sin entrar en la dialéctica de los órganos perceptuales que la hacen
posible, el ojo, el oído. Serán otra cosa que lo visto y lo escuchado,
pues el coordinador situado en el lugar de causa del deseo, hará
entrar a cada elemento del grupo en una búsqueda donde se pondrá
en juego, más allá de todo sentido, dar a oír, dar a ver.
Entrar en la dialéctica del deseo inconsciente será producir un
goce tal que sea condición de creación no sólo artística, sino crea-
ción del instante en lo cotidiano y, para que esto sea posible, la pues-
ta en acto de la diacronía parlante del hacerse oír de los elementos
del grupo debe ser escuchada por el coordinador en su sincronía sig-
nificante.
Sabemos que nadie es en soledad, nadie es en individualidad,
por eso que podemos decir que hasta los síntomas se constituyen en
Freud y Lacan -hablados- 101
el seno del lenguaje. Y no se trata de hablar, dar a oír, mucho o poco
sino que la escucha del coordinador haga entrar en el juego del par-
loteo las paradojas pulsionales.
Lo diremos de una manera sencilla y directa: si se trata de
escribir, identificarse al síntoma de la escritura será poder hacer del
síntoma un goce, pervertir la situación hasta tal punto que sea casi
natural, mientras la escritura sea el síntoma, gozar de ello.
Y cuando hablamos de goce, hablamos de un placer con para-
doja de vida y muerte. Cada poema, cada creación, para serlo, ten-
drá una apariencia de final aunque siempre recomience, habrá pun-
tos, caídas, espacios de silencio.
Cada integrante, cual un planeta, girará en tomo del agujero
significante que es lo grupal, a la par que rota sobre su eje, partici-
pando en la vía de desarrollo de todos los presentes en tanto camina
por su propio camino de creación.
Se tratará de entrar en una dialéctica tal donde los lazos tem-
porales que plantea un grupo puedan llegar a ser vividos como lazos
de sangre y esto sólo es posible en una dimensión más allá de los
vínculos familiares, más allá de ser ese ciudadano de ese Estado,
más allá de la clase social en donde he sido socializado y, funda-
mentalmente, más allá del placer de la inercia de lo conocido.
Toda experiencia poética es sorpresiva e imponderable sobre
todo para quien la genera.
3. LO GRUPAL EN LOS GRUPOS DE CREACIÓN
Un grupo siempre es una máquina imposible de ser imagina-
da, por eso sus efectos van más allá del número de elementos que lo
forman y más allá de las características singulares de cada uno de
sus elementos.
Un grupo, si lo es, inventa en cada encuentro nuevos senti-
mientos y nuevos espejos, sentimientos y espejos grupales que siem-
pre incluirán la asimetría, nunca lo armónico o lo especular.
102 Miguel Oscar Menassa
Otra característica del grupo es que está fuera del tiempo, en
tanto es una máquina siempre en funcionamiento, es por eso que lo
puesto en acto en la producción grupal es el tiempo de todos sus
elementos.
Un grupo en sus muestras más altas de funcionamiento puede
ser definido por un encuentro entre personas que no se creen a sí
mismas y cuya creencia fundamental son las palabras que todavía no
han sido pronunciadas.
En los talleres de poesía, cuando por fin el grupo se produce
como tal, su funcionamiento queda atravesado durante toda la expe-
riencia por tres tiempos:
a) Los amaneceres o tiempos de la producción.
b) Los días o tiempos de las historias.
c) Las noches o tiempos de los sueños.
En los grupos denominados talleres de poesía, en principio los
elementos del grupo pondrán en acto la parcialidad del universo que
conocen, aportando al funcionamiento grupal los poetas que ya
conozcan antes de la experiencia; poetas que quedarán relativizados
cuando el coordinador interprete trayendo otros poetas desconoci-
dos por el grupo
El grupo organizará el canje y la difusión, también producirá
un simulacro de revista y recitales de poesía.
Durante este momento grupal, los amaneceres pueden darse
correlativamente, como están indicados, pero lo habitual es que estos
tiempos se den simultáneamente y sin ningún orden aparente. Será
tarea del coordinador interpretar cuál de todos esos tiempos es el
bien decir del grupo, en el momento apropiado, la palabra apropiada.
Los días o tiempos de las historias, si bien se irán dando con-
secutivamente, es función del coordinador interpretar las reminis-
cencias (léase integrantes fijados a días anteriores) y, además, debe-
rá interpretar los saltos al futuro (léase integrantes desplazados por
el grupo a días futuros).
Las noches o tiempos de los sueños, su secuencia no se puede
saber de antemano, ya que su programa queda inscripto como el pro-
Freud y Lacan -hablados- 103
pio camino del deseo grupal. En principio estos. tiempos son produ-
cidos por el grupo leyendo a poetas consagrados, más adelantada la
experiencia de la misma escritura de todos los integrantes será la
coordenada de producción de los propios deseos grupales.
En un grupo de creación (taller de poesía) además de la tarea
grupal (en los encuentros que suelen ser semanales o en reuniones
prolongadas durante todo el día una vez por mes), que en todos los
casos consiste en la producción del grupo, los integrantes fuera del
tiempo grupal deben realizar actividades:
1) escribir una carta todas las semanas;
2) escribir un poema todas las semanas;
3) conocer y llevar al grupo un nuevo poeta todas las semanas.
l.-CARTAS:
a) Las cartas en principio irán dirigidas a las secciones de los
diarios de la región, halagando o criticando alguno de sus artículos.
b) Las cartas de los integrantes tendrán que ir dirigidas a otros
integrantes o al coordinador, que éste contestará o comentará en el
tiempo del grupo.
c) El integrante, por fin, mantendrá correspondencia, nacional
e internacional, con poetas y revistas de poesía.
2.-POEMAS:
a) En principio se considerará poema todo escrito que tenga en
la parte superior de la página, encabezándola, la palabra poema.
b) El integrante intenta, antes y después de leer el escrito, su
ubicación en los probables estilos.
c) El autor, el grupo y el coordinador, opinan sobre el escrito.
En este tiempo grupal el autor puede tornar las opiniones grupales y
modificar el escrito o bien puede no tener en cuenta, corno válidas,
las opiniones grupales, sin necesidad de defender sus argumentos.
3.-CONOCER LA OBRA DE UN POETA Y LLEVARLA
AL GRUPO:
a) Lo que me impresiona o fundamentación emocional.
b) Lo que entiendo o fundamentación argumental.
c) Lo que amo o fundamentación histórico-social.
104 Miguel Oscar Menassa
La lectura de poemas tiene que poder lograr cierta simultanei-
dad entre poetas de distintas escuelas o estilos y diferentes épocas
históricas.
Ya que la poesía no padece de las miserias del tiempo crono-
lógico y su valor está por fuera del valor de uso y lejos, muy lejos,
del valor de cambio, ya que como sabemos la poesía, en su diferen-
cia radical, no equivale a nada posible.
Su esfera de acción, el advenimiento, no se puede usar ni ven-
der pero, sin embargo y no es vano decirlo, ella, la poesía, sólo cobi-
ja en su seno a los grandes trabajadores.
Devoradora y sangrienta sólo ama el tiempo del pequeño hom-
brecito que la escribe, que en esa renuncia de no ser, sino la perpe-
tuidad de la poesía, ella se abre grandiosa al universo y el ser del
poeta, por un instante, es ese goce.
4. ¿GRUPO O ESCUELA? ¿GRUPO Y ESCUELA?
Si un intento de discusión moderna es entre la obscenidad
(fuera de escena) imaginaria de los grupos y la fina pulcritud de las
instituciones denominadas escuelas, yo que conozco la delicada
hebra permanente de obscenidad que cruza toda escuela, ya que diri-
jo una y que, por otra parte, conozco la blanca capacidad creadora
que cruza todo grupo en tanto lo soy, algo tendré para decir. Yeso
que tengo para decir es muy sencillo ya que en realidad, como ocu-
rre en la tragedia y la comedia, uno no es sin lo otro.
Hay un marxista en mí que hay que buscarlo, es decir, que
cuando se trata del marxismo la interrogación se juega a nivel de una
investigación científica.
Hay un poeta en mí que se muestra, esto quiere decir que es la
obra poética la que va produciendo al poeta.
Yen mí, aún, hay un psicoanalista que no es, quiere decir que
no se trata de un ser, sino de una posición en el discurso psicoanalí-
tico.
Freud y Lacan -hablados- 105
Me propongo como portavoz de esa triple articulación, com-
binatoria que reúne las palabras necesarias para intentar una trans-
formación.
Quiero decir, un coordinador es una construcción, en este
caso, esa triple articulación de investigación, arte y ciencia, pro-
puesta para la transformación, en tanto es en el movimiento de las
transformaciones donde se produce la creación científica o artística.
Goethe nos dice que la gente se había olvidado que la ciencia
se originó en la poesía. La poesía, el arte en general, tiende a crear
lo nuevo que luego la ciencia tiende a probar.
Instrumentos de labranza y claro está que pido autorización
para llamar así a estos sucesos del pensamiento. Y sintiéndome auto-
rizado por mi frase anterior, instrumentos de labranza que en su
acción transformadora incluyen al sujeto en la transformación, ya
que actúan sobre lo que al sujeto determina. Puesta en acto de una
temporalidad que se juega en Otra escena donde el sujeto es pura
determinación de dos invariantes sistémicas del orden del conoci-
miento (la determinación psíquica y la determinación social o tam-
bién llamada de clase) y una imposición variable del orden del saber
inconsciente: la ideología.
Y no quisiera llamar la atención con mis explicaciones, pero
ahora digo que el psicoanalista que no es en mí, habrá de ocuparse
de lo que casi no es (el inconsciente) y, sin embargo, sobredetermi-
na el devenir del sujeto psíquico.
Que el marxista que se debe buscar en mí para que lo tenga, se
trata de nuevas formas de aproximación a los textos y a las realida-
des producidas por esos textos, que nos permitan pensar algún grado
de libertad para el hombre futuro.
Y el poeta que se muestra en mí, esa es la novedad que quie-
ro presentarles, ya que la poesía como productora de advenimientos
puede llevarnos al centro mismo del mecanismo de acción de los
modelos ideológicos (que el psicoanálisis muestra su existencia
como inconscientes) y a la vez la poesía nos acerca un modo de lec-
tura de los fundamentos inconscientes de la ideología: forma de
106 Miguel Oscar Menassa
vivir de los ciudadanos, forma de pensar, de amar, de maldecir de los
gobernantes.
Y cuando hablo de poesía no hablo de versitos. Nada de ver-
sitos, la poesía es una manera fuerte de estar en la vida, la poesía se
encarga de contarle al mundo futuro, a otros mundos, lo que fue, lo
que será. Así que nada de versitos, dura roca indeleble, historia
material del acontecer terráqueo.
Y aquí entra la cuestión de lo grupal, pues no es posible la arti-
culación de ningún nuevo pensamiento ni ningún pasaje a la prácti-
ca transformadora, fuera del tiempo grupal.
Y para que haya tiempo grupal, hay que serlo, entre otras
cosas porque no hay tiempo terráqueo si previamente algún hombre
no cede un paso de su ser para ser del tiempo, llámese histórico,
social o psíquico.
Quiero decir que mientras es el ser del Estado el que determi-
na que el tiempo institucional haga de una Escuela parte de la
Sociedad Civil que lo sostiene, es la propia vida del sujeto la que
transcurre como tiempo grupal, de ahí que exista como posibilidad
de mi discurso tener una escuela y ser un grupo.
Y así, como un grupo en la producción desencadena lo no
representable (lo obsceno), es una apertura amplia y serena a todo lo
Otro bajo la forma de lo nuevo. Una escuela desencadena en su pro-
ducción lo no simbolizable (lo ideológico) transformándose, a
veces, más allá de sus estatutos ya que puede darse que no transmi-
ta lo que dice transmitir, sino que transmita modelos ideológicos del
Estado. Y como todos sabemos, porque ya lo decía Mallarmé: un
gran hombre, una gran mujer, sólo son posibles si son capaces de
vivir y pensar fuera de los estados. Y Mallarmé decía, claramente,
que los estados para su sobrevivencia y el mantenimiento del equi-
librio de la sociedad civil, no tienen pensada ninguna grandeza para
ningún ciudadano que no sirva para que todo permanezca tal cual
está. Es decir, todo estado, a pesar de ser producto de las transfor-
maciones históricas, niega sistemáticamente y emplea todo su poder
para ello, las transformaciones históricas.
Freud y Lacan -hablados- 107
Y puedo pensar que entre nosotros, tal vez en mí mismo, haya
un intelectual que se pregunta si no es mejor la locura que la civili-
zación y yo le contestaría, creo que sabiamente, que para un inte-
lectual, tal vez, pero para un loco no.
No nos comanda lo dicho o lo no dicho, sino lo imposible de
ser dicho, lo indecidible.
Propongo, entonces, un sujeto doblemente encadenado con un
agujero de libertad, lo grupal. Y la poesía como el instrumento más
apropiado para transformar cualquier eslabón de la cadena en un
agujero de libertad.
Y es la escritura la que propone un sendero oscuro y nuevo,
una luz que pide más luz, unas tinieblas que nos dejan a tientas, en
tanto no se trata de lo concluido o lo por concluir, sino de lo incon-
cluso por excelencia, lo que sólo existe en acto, más allá del princi-
pio o del fin, pues el sujeto de la creación se trata de un sujeto sus-
pendido en otra temporalidad, una temporalidad que se funda en lo
real imposible.
Todo pensamiento, todo proceso creativo comienza en el
vacío, por eso que el coordinador de un taller de poesía deberá espe-
cializarse como generador del vacío, después la poesía misma le
pondrá comisas a ese vacío, siendo el coordinador el que deba saber
arreglárselas con la angustia ya que su lugar deberá ser el de ese
vacío y lo grupal sería el lugar de anclaje de cada elemento del
grupo en el proceso de creación.
ARTE POÉTICA
Poesía, lo sé, mientras te escribo,
dejo de vivir.
Entrego, mansamente, mis ilusiones,
mis pobres pecados proletarios,
mis vicios burgueses y, aún,
108 Miguel Oscar Menassa
antes de penetrar tu cuerpo,
- tapiz enamorado-
abandono mi forma de vivir,
miserias,
locuras,
hondas pasiones negras,
mi manera de ser.
Vacío de mis cosas,
abanderado de la nada,
transparente de tanta soledad,
invisible y abierto,
permeable a los misterios de su voz,
intento, rasgo
sonoro sobre la piel del mundo
la piel de la muerte
la piel de todas las cosas.
Poesía, sobre tu piel, rasgos sonoros,
esquirlas apasionadas,
imborrables astillas de mi nombre.
LA TRANSFERENCIA
Vigencia de Sigmund Freud
Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires
Septiembre de 1996
Hoy intentaré hablar de aquello que, si bien algunos creen
conocer, se presenta como un nuevo continente y un nuevo conti-
nente como todos sabemos debe continuar aún su formación y, por lo
tanto, no puede dar cuenta de sí mismo.
Un continente que antes de pensar en su autonomía tuvo que
padecer, para poder ser aceptado en la comunidad de nuevos conti-
nentes, de todos los imperialismos imperantes.
Desde la medicina hasta la poesía. Pasando por la estupidez y
la magia en algunos países, como el nuestro, lo militar luchó contra
cualquier crecimiento de este nuevo continente.
Estamos hablando del psicoanálisis, aparentemente una cosa
tan individual, tan de diván y, sin embargo, poderosos sistemas
sociales se oponen a su socialización.
¿No es acaso la propia familia del loco laque retira al paciente
del tratamiento?
¿No son acaso las instituciones psicoanalíticas, internacionales
o no (léase lacanismos en general), que interrumpen el psicoanálisis
de sus miembros porque alguna política de moda no lo permite?
110 Miguel Oscar Menassa
Y si nos preguntamos ahora quién le teme al psicoanálisis,
podríamos responder: en general, todos temen.
Más difícil nos ha de resultar responder a la pregunta de por
qué se le teme al psicoanálisis.
Y aquí, debemos saberlo, el miedo tocará toda reflexión.
A) El investigador queda implicado en la operación mucho
más de lo que se suponía. Ya que no habrá psicoanálisis sin el deseo
del psicoanalista.
El investigador deberá saber ahora que toda su producción no
llevará como se dice la marca de su personalidad sino la de su deseo
inconsciente a quien, por otro lado, nada le importa, ni el destino de
la producción y ni siquiera su belleza o su completud.
Pero recién hemos hablado del deseo inconsciente que no es el
psicoanálisis.
El deseo inconsciente es el vector que en el tiempo producido
por la teoría psicoanalítica (que es una compleja articulación que se
produce en su praxis), roza asintóticamente su realización y su
muerte. Sin conseguir nunca ni realizar ni morir, ya que realización
y muerte son sinónimos cuando se trata de poner fin al mecanismo
que sostiene en vida lo psíquico verdaderamente real, el incons-
ciente.
Una presencia que por su persistencia termina siendo invisible
para nosotros mismos, es decir, actúa en nosotros como una ausen-
cia. Y por otro lado una ausencia que de tan ausente se hace presen-
cia nítida y así, en la mayoría de los casos, como realidad objetiva
actúa sobre nosotros.
Hasta aquí, temo al psicoanálisis, entonces, porque el primer
requisito (que me requiere sin imponérmelo) para ser ciudadano de
semejante mundo es aceptar la incertidumbre como un estado natu-
ral dentro del territorio y en lugar de huir o matar, como nos venía
enseñando la familia y, por qué no decirlo, también el Estado, habrá
que ponerse a conversar.
Y conversar no es cualquier cosa, sino que es en la precisión de
un diálogo donde se conversa. Y la precisión de un diálogo no es otra
Freud y Lacan -hablados- 111
cosa que la detenninación del concepto de transferencia sobre la pra-
xis psicoanalítica.
Que sea de una manera y de ninguna otra:
Él hablará a nadie y menos que menos al analista.
El Otro hablará para nadie, menos que menos para el anali-
zado.
Diálogo que ofrece como única garantía que alguien hablará,
él, el Otro, pero nunca nadie sabrá quién habla ni a quién habla.
Si ahora soy capaz de aceptar esta incertidumbre en lugar de
los riesgos que me ofrece la carretera, el paracaidismo, o las cantinas
donde uno puede beber hasta morirse, entonces estamos en condi-
ciones de comenzar.
B) Si soñar soñamos todos y, trabajando los sueños, Freud
produjo la teoría del inconsciente, todos, aun no queriéndolo, tene-
mos nuestra propia vida implicada en el descubrimiento.
Por lo tanto, temo por segunda vez al psicoanálisis cuando des-
pués de habenne pedido que, para pensarlo, debía abandonar mi
razón que, por otra parte, era mi razón de ser, me pide ahora, como
requisito indispensable para poder rozar ese saber no sabido en mí
que modifique mi propia vida. Es decir, que cambie de las relaciones
con los otros las pequeñas mezquindades, los eternos rituales, sin
prometenne nada a cambio sino, sencillamente, me prometerá aque-
llo que temo: una transfonnación.
Por lo tanto temo lo que el psicoanálisis en su transmisión me
requiere, psicoanalizanne.
C) y si fuera poco motivo de temor haber modificado los fun-
damentos que pennitían no sólo la supremacía de la razón, sino el
equilibrio de la misma. Haber modificado mi propia vida, mis pro-
pios sentimientos, el psicoanálisis me da miedo y ésta es la tercera
vez: porque por ley de su praxis impone a la mujer algo que nadie
antes le había impuesto, a pesar del extenso dominio que se ejercía y
se ejerce sobre ella.
Y es aquí donde deberíamos detememos para contemplar ató-
nitos la verdadera subversión que produce el psicoanálisis generando
112 Miguel Oscar Menassa
un hecho, por primera vez en la historia de la humanidad contempo-
ránea, que modificará con el tiempo el destino de las civilizaciones,
por lo menos, occidentales.
Lo que tengo que decir y si es con tantos rodeos, ha de ser por-
que en este punto se concentran mis resistencias. Temo por tercera
vez porque la mujer tendrá como obligación hablar y escribir y temo
más aún cuando reconozco que quien obliga a la mujer por primera
vez en su historia como mujer, a hablar ya escribir, no es otro que el
psicoanálisis.
Y para que no se me confunda con ningún fanatismo de moda,
diré que el psicoanálisis no ha triunfado sobre nada. Ni siquiera sobre
lo que debería ser materia prima y deseo de su desarrollo revolucio-
nario, la mujer.
Y es aquí donde, por lo menos, renunció Lacan. Ya que todo
aquél que haya transitado la praxis psicoanalítica sabe, perfecta-
mente, que hacer hablar a una mujer es tan difícil y, a veces, tan
imposible como hacer hablar a la poesía.
Dejar de ser el hecho mismo para contarlo es para la poesía, en
todos los casos, transformarse en un género menor.
Dejar de ser sus propias vibraciones es para la mujer, en todos
los casos, un hecho triste.
Y no hay descubrimiento, por más importante que resulte de la
conversación, que pueda opacar la magnitud de su tristeza. Tristeza
sólo comparable a la tristeza del poeta frente a esa página que le dice:
la poesía no volverá jamás.
La grandeza que nos plantea la semejanza de una tristeza incal-
culable, hará por un trecho al poeta ya la mujer nuestros compañe-
ros de viaje.
Cuando ella duerme apacible creyendo que el mundo son sus
sueños, él trama sobre un papel satisfacerla.
Ninguno de los dos consigue gran cosa.
Ella, frente a la incertidumbre que le producen sus propios sue-
ños, para seguir temblando, sueña.
Él espera, porque no sabe hacer otra cosa que escribir versos,
Freud y Lacan -hablados- 113
que los sueños de ella cristalizados por él sobre un papel se transfor-
men, ahora, en lingotes de oro.
Ella duerme para soñar, porque el mundo que le interesa son
los versos de él.
Él no puede dormir ni de día ni de noche y no deja de soñar.
Después con el tiempo terminan siendo dos desgraciados.
Cuando él, por fin, consigue algunos lingotes de oro, ella ya no
sueña, ha comenzado a trabajar.
Cuando vuelve de trabajar él le grita para animarla: Vamos
querida, la poesía es un arma cargada de futuro y usted es ella.
Ella, mientras tanto, en los momentos libres, aprovecha y
duerme y mientras duerme sueña que sueña todo el día.
Él sabe que ella nunca se 10 perdonará y, sin embargo, sigue
dibujando sobre un papel los más íntimos detalles de todo el reco-
rrido.
Ninguno de los dos puede con 10 que es. Como si estuvieran
viviendo en un país pero sometidos a las leyes de otro país.
Y antes de cerrar el paréntesis decir que sólo hemos podido ver
(cayendo en el error en que todo el mundo cae) las diferencias que
existen entre un poeta y una mujer. Pero hemos dejado para funda-
mentar con el tiempo que más allá de la gran diferencia donde la poe-
sía determina y ella padece, la mujer y la poesía son semejantes en
todo.
Habiendo contestado, en parte, algunos de los porqué se le
teme al psicoanálisis, podremos ahora entrar con parsimonia en
nuestras cuestiones que hoy han quedado reducidas por el título de la
conferencia a que soportemos sobre nosotros mismos la vigencia del
psicoanálisis.
Soy inmensamente feliz de estar hoy aquí frente a ustedes
intentando con toda mi inteligencia poder comunicarles, al menos,
las líneas generales de mi pensamiento en 10 que corresponde llamar
campo del Psicoanálisis, ya que de mi poesía ninguna línea general
será más general y más línea que la que ustedes puedan desprender
de la lectura de mis escritos.
114 Miguel Oscar Menassa
Hace en estos días, exactamente, 38 años desde mi primera
sesión de psicoanálisis y esto no es para justificar mi discurso en
general sino, sencillamente, para justificar poder hablar de lo que no
se puede hablar:
El Inconsciente. La Interpretación. La Transferencia.
Sé que los lacanianos, por no haberse psicoanalizado lo nece-
sario y, por consiguiente, haber confundido el inconsciente con lo
bajo, la interpretación con lo alto y la transferencia con el amor, han
generado una multitud de inmortales, mudos y bastante sordos, pero
a todos ustedes eso les parece producto de la libre competencia, es
decir ustedes piensan el fenómeno lacaniano de la misma manera
como piensan el fenómeno de la coca-cola.
Y para no alejarme mucho de aquello por lo cual fui convo-
cado, os diré que sé perfectamente que estamos en una casa de altos
estudios, donde algunos (los suficientes para haber producido una
corriente de opinión al estilo de las dictaduras) profesores de esta
casa, me hacen responsable de la sexualidad que aconteció en el año
1970 en Buenos Aires.
Y nadie ha sido capaz de desenmascarar a los hipócritas, ya
que hoy día todos sabemos lo que en aquel momento sólo algunos
poetas y el Grupo Cero sabían, que la sexualidad a partir del 70 no
era comienzo de nada sino precisamente un fin de fiestas, como des-
pués más de 40.000 muertos nos hicieron saber.
Soy, entonces, según algunas lenguas, el cuerpo semidestruido
y deformado (los años, el exilio, quién sabe qué) que posibilitó aquel
acto y es por eso que os pido vuestra palabra de honor, que no me
obligarán a reproducir la escena con alguno de ustedes.
En general, en un sentido amplio y generoso, pienso en ustedes
amablemente y los veo estudiando un poco, pensando un poco, tra-
tando de dilucidar por qué las dictaduras dejan en manos de los hom-
bres, aparentemente, más cultos de la ciudad, el trabajo de seguir
ejerciendo el poder, hacer imperar esa moral. Ese ha de ser el motivo,
la causa, como se estila decir en estas aulas, para que las cabezas visi-
bles de algunas iglesias psicoanalíticas de Buenos Aires, París y
Freud y Lacan -hablados- 115
algunos pueblecitos de España, quieran quemarme en la hoguera de
sus antiguos sentimientos, porque no entienden por qué desde mi pri-
mera sesión psicoanalítica en 1958 hasta 1970, tuvieron que pasar
doce años para que yo hiciera mi primera interpretación.
Desde la primera interpretación recibida: «Lo que usted habla
es sólo para hombres ... » hasta poder incluir una mujer en mi pensa-
miento pasaron doce años.
Lo recuerdo perfectamente, como si fuera a ocurrir mañana.
Ella llegó hermosa, más que nunca, espléndida en su hermo-
sura y me dijo, mientras nos dábamos la mano:
- Hoy podría si usted me lo permitiese, acostar mi mirada
sobre su mirada.
Yo bajé la mirada y pensé en los pibes de la Facultad de Psico-
logía, Guillermo, Daniel. Era una verdadera lástima que no pudieran
presenciar, personalmente, ésta, aquella experiencia límite.
- No me contesta nada (ella se había dado cuenta que yo
estaba en silencio), una vez más prefiere mi dinero a mi propia inte-
ligencia que es, también, la suya.
Yo me senté en el sillón y creo que llegué a hacer un gesto con
la mano indicándole el diván.
De pronto, desde la punta de mis dedos se generó una atmós-
fera lumínica y, a la vez, borrosa.
-Sueño o temblor, se preguntó ella entre la bruma.
Yo sin contestar moví la cabeza de un lado para otro, como
para despejarme, mas sin saber de qué quería despejarme.
Mientras ella de alguna manera se contorsiona, yo recuerdo al
gran Pichón Riviere después que yo le había contado, con frenesí,
que una paciente, al encontrarse conmigo en una fiesta, me besó; él
me dijo:
- Ella lo quiere asesinar- y luego en tonos diferentes siguió
hablando con mucha tranquilidad de la posibilidad que tenía la poe-
sía de ser el más preciado instrumento de conocimiento de la reali-
dad histórica...
-Perdón que lo interrumpa -me dijo ella a pesar de que yo
116 Miguel Oscar Menassa
no había comenzado a hablar- usted, prosiguió ella, ¿no llega a sen-
tir mi cuerpo estremecido entre sus brazos?
Ella no estaba del todo equivocada, sentir, yo no sentía nada
pero su cuerpo, si era verdad que se estremecía, 10 hacía en algo o
sobre algo que podría ser mío, el diván.
-Bendigo su silencio (ella decía para que todo fuera sublime,
aunque yo escuchara 10 que podía), su silencio, insistió, bendito sea,
que me permite gozar de su cuerpo, mi cuerpo, de una manera tan
extensa, como decía Freud, creo...
Ahí, para decir verdad, que no se puede decir aunque se in-
tente, me dio un poco de rabia (supuestamente anal) que se metiera
con Freud de esa manera tan superficial y entonces no pude conte-
nerme y le pregunté:
-¿En qué fiesta se lo dijo Freud?
-Qué agresivo, exclamó ella; sentí que me la metía por el
culo. Al principio me dolió algo, pero después, gocé, bueno, es un
decir, me gusta digo, especialmente, que sea tan bruto como un
camionero y, a la vez, tan dulce y frío como una muñeca de porce-
lana...
Nada, yo no decía nada. Pensé con temor en dar por terminada
la sesión y me pareció absurdo tener miedo de las palabras, como
tantas veces le pasa al neurótico y reemplacé, rápidamente, el conti-
nuamos la próxima, por un sencillo:
- La escucho ...
- Hoy no quiero y ni siquiera deseo que usted me escuche (yo
la sentí contundente en su decir), hoy, doctor, quiero sentirlo vibrar
conmigo. Y no me diga que no puede, que a mí me lo contaron en la
Facultad de Psicología los jefes de las iglesias lacanianas y otras
menos prestigiosas. Usted, doctor, puede llegar a ser, si yo, su
pequeña reina lo desea, el más grande vibrador de Buenos Aires. Yo
he visto con mis propios ojos a esos grandes jefes temblar y conso-
larse hasta el exceso con una simple vibración de su voz.
- Es por eso que en esta mañana desolada y limpia, tomo ven-
ganza en nombre de todas las esposas, novias, concubinas de todos
Freud y Lacan -hablados- 117
los mal-dicientes psicoanalistas de Buenos Aires y, por las dudas, de
París, y me lo garcho aquí en su diván, yo y todas mis amigas y usted
jamas podrá olvidarse de este polvo porque yo misma y mi marido y
los amigos de mi marido nos encargaremos, personalmente, de di-
fundirlo.
Algo que nunca fue es lo que se recuerda siempre.
Algo que nunca hubo tiene que ser perdido.
La transferencia se dispara desde el futuro.
La relación sexual no existe o, por lo menos, no deja huella.
El Falo no puede ser representado y en una gran pantalla como
si viera el futuro, veo muy próximo, al alcance de una frase, el
comienzo de vuestro propio psicoanálisis.
Han creído en el amor en lugar de producirlo.
Han explicado la transferencia.
Han aconsejado en falso.
Han confundido la sexualidad, la propia materialidad incons-
ciente, con lo que hacen algunos hombres y, en general, las vacas y
los perros.
Han hecho religión, es decir dogma, moral, de la única teoría
vigente para producir libertad.
-Comprendo, dijo ella, aunque yo seguía sin hablar. Com-
prendo, insistió, el cuerpo del poeta yace a mil kilómetros de pro-
fundidad, es inalcanzable.
Fue entonces con amabilidad que le dije:
-Continuamos la próxima...
El concepto de transferencia es el que sostiene, históricamente,
la teoría psicoanalítica y es por eso que cuando se altera, disminuye
o se deja de imponer el psicoanálisis de los psicoanalistas o candida-
tos a serlo, las instituciones se pudren o se degradan hasta tal punto
de transformarse en pequeñas o grandes dictaduras o casi peor, en
concepciones, todas ellas anteriores a la producción de El Incons-
ciente en la obra de Freud, como ya está pasando en la Internacional
y como ya pasó, muy poco tiempo después de la muerte de Lacan, en
todos los grupos lacanianos de Argentina, pero también de Francia,
118 Miguel Oscar Menassa
Brasil y España, que son las comunidades de las cuales tengo algu-
nas noticias.
Por eso que no será en vano reiterar (y esta vez frente a ustedes
que disponen de la mayor astucia para darse cuenta de lo que vengo
a proponer) que en psicoanálisis no hay teoría fuera de la clínica y
explicar entonces, de manera sencilla, que sin psicoanálisis del psi-
coanalista no hay producción del inconsciente.
Decimos entonces que no es que los sujetos al encontrarse pro-
duzcan la transferencia o que el paciente la traiga con él (como una
reproducción de su pasado) o que la reciba como un don de su psi-
coanalista sino que, precisamente, el concepto de transferencia es el
que produce tanto al sujeto que se psicoanaliza como al psicoanalista
que no es ningún sujeto, sino un lugar.
PATOLOGÍAS DE FIN DE SIGLO
Buenos Aires, 1998
Estos días previos al Congreso VII del Grupo Cero, Clínica
Psicoanalítica, «Patologías de fin de siglo», estoy viendo caer todos
los mitos.
Los casos de los que tengo que escribir necesitan el máximo
secreto, ya que investigar seriamente estas enfermedades muestra
claramente la vida íntima del enfermo que, en la mayoría de los
casos, estos pacientes prefieren la enfermedad a la verdad.
Esta vez tengo que hablar del SIDA, del Cáncer, de la Vejez,
de la Muerte, de la Decadencia.
Todos nosotros éramos inmortales, yo también, recuerdo en
dos oportunidades, toda la comunidad donde vivía se vacunó y yo
no. Algunos de la comunidad cayeron enfermos de aquello que se
prevenían con la vacuna y yo que no me había vacunado, no había
tampoco contraído la enfermedad.
Si hubiera sido más valiente, más arriesgado, algo hubiera
demostrado en esa oportunidad.
De cualquier manera sin escribir de eso y sin decirle nada a
nadie dediqué toda mi vida a esa investigación: ¿por qué en iguales
circunstancias unos enferman y otros no?
120 Miguel Oscar Menassa
Lo primero que se me ocurrió pensar en ese momento fue que
para enfermar, también, era necesaria una capacidad.
No cualquiera, como se creía y se sigue creyendo actualmen-
te, puede enfermar de cualquier enfermedad.
En verdad, en el sentido propio del enfermarse, el sujeto que
no enferma de gripe en una ciudad donde todo el mundo está conta-
giado de gripe, es un incapaz.
Yen este sentido, puedo decirlo sin exagerar, me encontré a lo
largo de mi experiencia clínica con casi todas las situaciones.
Desde lagartos empequeñecidos por el sol hasta saltimbanquis
alegres pero desesperados.
Un fin de siglo, en realidad, donde todos nos parecemos en
algo. La drogodependencia es extrema, toca todos los niveles de la
sociedad, en una realidad donde sólo pueden triunfar los superhom-
bres, la gente busca desesperadamente ayuda, algo que les permita
sentirse más normales, con más energía, con más imaginación, más,
más, más... Y así cae en los brazos de la heroína, cocaína, alcohol,
marihuana, genioles, antidepresivos, pastillas para comer, pastillas
para no comer, sustancias para activar la capacidad sexual, pastillas
para tranquilizar los nervios, los juegos de cartas, el tute cabrero, las
máquinas tragamonedas, los caballos todos los días y seis quinielas
diarias, el quini, el loto y luego están los que se drogan con las per-
sonas. No aman a nadie, no desean a nadie, pero están todo el día
acompañados y hay, todavía, algunos que para darse importancia
hacen escenas de celos aunque no exista ningún amante y llegan a
creer que las personas se pueden tener o no tener.
Algunos ambicionan morir de la misma enfermedad que murió
su madre y mueren sorpresivamente, en la vía pública, atropellados
por un camión cargado con un millón de litros de leche fresca.
y otros que, aparentemente, ejercen una libertad plena y, sin
embargo, terminan muriendo de la misma enfermedad sombría del
padre.
Ella, por ejemplo, quería enfermarse de los testículos pero no
tenía testículos.
Freud y Lacan -hablados- 121
Él queóa tener un tumor de ovarios pero no tenía ovarios.
Ella quería sólo para ella.
Él no la quería ni siquiera para él.
Después fueron obligados a vivir juntos.
Él, por fin, hizo como que la quería.
Ella, por fin, hizo como que amaba a otros hombres.
Todos defendían el mismo amor, pero nadie lo tenía.
Ella, entonces, pidió su libertad, él, entonces, le dijo que la
amaba.
Ella retrasó su proceso de liberación un siglo más.
Ella, aburrida, se puso a hacer el amor con sus amigas y de
paso sentían que luchaban por su liberación.
Él se sintió abandonado por ella y cayó en la droga y la homo-
sexualidad e inventó el Sida, para que ella fuera fiel.
Ella, ya que no quedaba otro remedio, pidió a cambio de su
fidelidad algo de poder.
Le dieron el 25 por ciento de todo que, como sabemos, no
sirve para nada.
Para realizar alguna acción, tenía que pactar con varios hom-
bres y siempre ocurría lo mismo: Alguno de los hombres le decía
que la amaba y ella abandonaba por un tiempo la revolución hasta
que se daba cuenta que él hacía de cuenta que amaba a todo el
mundo, también a ella.
Algunas veces se encontraba con un poeta, pero eso era lo más
prohibido.
Ella amaba tanto que un poeta la amara que él organizó un sin
fin de congresos de escritores y contrató a los escritores restantes
para las secciones literarias de los diarios y de esa manera tenninó
con todos los poetas.
Ahora ella aprendió a llorar y a escribir, en poco tiempo más
comenzará la guerra.
Él reinventa enfermedades del pasado para provocar clemencia.
Ella se enfenna como él de todo y lo odia y ya no sabe si exis-
te alguna independencia.
122 Miguel Oscar Menassa
Él le dice, una vez más, que la vida es así y a la mañana
siguiente los dos van a trabajar.
Las amigas de ella y los amigos de él, también, van a trabajar.
Digamos que hoy día nadie soporta a nadie como un seme-
jante.
Cada uno de los seres humanos somos para los otros seres
humanos como cuerpos extraños. Al encontramos no podemos otra
cosa que producir reacciones sensibles y, siempre, descontroladas,
algo así como las viejas reacciones antígeno anticuerpo o seme-
jante.
El cáncer, el Sida, las enfermedades del colágeno, el infarto de
miocardio (la mayoría de las veces) lo demuestran.
La enfermedad, la más grave patología de fin de siglo sería
entonces que no aguantamos a nadie.
Espero que en el desarrollo del Congreso podamos generar los
anticuerpos necesarios para llegar a mínimos acuerdos entre cama-
radas, colegas, semejantes, que nos permitan seguir produciendo
nuestra propia historia, que una vez construida como historia será
diferente para cada uno.
Y será ahí, donde por ser semejante me diferencio, me distin-
go, que el psicoanálisis y la poesía tocan un registro imposible que
es el mismo.
Esa manera heroica en que el poema, de lo visto y vivido por
todos los hombres, genera una nueva realidad donde lo visto y lo
vivido ya no tienen ningún sentido, es tarea única de la interpreta-
ción psicoanalítica, con lo visto y vivido (el discurso manifiesto-la
asociación libre) generar una nueva realidad donde los síntomas
pueden no ser necesarios.
Habrá entre nosotros algún arrebatado que le quiera sacar la
piel al psicoanálisis, desnudar al psicoanálisis delante de todo el
mundo para mostrar los fundamentos de su existencia científica,
pero no encontrará lo que busca, ya que para Freud el fundamento
de la existencia científica del psicoanálisis es la Poesía, es decir, que
la Poesía es, también, un concepto.
Freud y Lacan -hablados- 123
Y este tiempo donde la Poesía es, también, un concepto en el
campo del psicoanálisis, tiene nombre y apellido y se denomina
Grupo Cero y si he llegado a nombrar lo que hubiera preferido que
nombraran ustedes es para poder hablarles de las dos más grandes
patologías de fin de siglo: El psicoanálisis, herido a muerte por el
sentido, ya no sabe callar para que hable lo Otro, y la Poesía, herida
a muerte por el post-modernismo, ya no puede generar nuevas rea-
lidades y se conforma con contar historias ya vividas.
Es decir, que para terminar y dar por inaugurado el VII
Congreso del Grupo Cero, quiero deciros que venimos a curar al psi-
coanálisis y a la poesía del verdadero mal de fin de siglo. Muchas
Gracias.
EDITORIAL GRUPO CERO
PSICOANÁLISIS Y ARTIFICIOS
MEDICINA Jaime Icho Kozak
LOS MIEDOS DELAMOR GRUPO CERO, ESE IMPOSIBLE Y PSICOANÁLISIS
Nonna Menassa DEL LÍDER
Miguel Osear Menassa
EL PORVENIR DE LA CLÍNICA PSICOANALÍTlCA
Nonna Menassa EL AMOR EXISTE Y LA LIBERTAD
Miguel Osear Menassa
LA HISTERIA Y LOS SUEÑOS
María Chévez AMORES PERDIDOS
Miguel Osear Menassa
LOS LABERINTOS DE LA NEUROSIS OBSESIVA
Amelia Díez Cuesta YO PECADOR
PSICOANÁLISIS DE LA ANGUSTIA Miguel Osear Menassa
Emilio A. González CANTO A NOSOTROS MISMOS, TAMBIÉN SOMOS
TRATAMIENTO DE LAS DROGODEPENDENCIAS AMÉRICA
Luis Sehnitmann Miguel Osear Menassa
MEDICINA PSICOSOMÁTICA POEsíA y PSICOANÁLISIS
Varios autores 20 AÑOS DE LA HISTORIA DEL GRUPO CERO.
1971-1991.
PSICOANÁLISIS DEL AMOR
Miguel Osear Menassa
Miguel Osear Menassa
SIETE CONFERENCIAS DE PSICOANÁLISIS EN LA POEMAS y CARTAS A MI AMANTE LOCA JOVEN
HABANA, CUBA POETA YPSICOANALISTA
Miguel Osear Menassa Miguel Osear Menassa
PSICOANÁLISIS DE LA MATERNIDAD TALLERES DE POESÍA 1
Lidia Andino Varios autores
LO ECONÓMICO PRIMERA INQUIETUD
EN FREUD y LACAN Alejandra Menassa de Lucia
Nonna Menassa ENTRE PALABRAS
Carmen Salamanca Gallego
LEYENDO A LACAN CONTANDO PIEDRAS
Carlos Femández del Ganso
VIGENCIA DE SIGMUND FREUD.
LA TRANSFERENCIA CUANDO ESTÁ POR LLOVER LOS PÁJAROS NO
Varios autores VUELAN
Nonna Menassa
DESEO DE NADA -FOBIA Y FETICHE-
Miguel Osear Menassa y BELLA DE SIESTA
Mareela Villavella
Amelia Díez Cuesta
DE TANTOS VUELOS
LOS NOMBRES DEL GOCE
Inés Barrio
-REAL SIMBÓLICO IMAGINARIO-
Miguel Osear Menassa y MANUAL DE VUELO
Amelia Díez Cuesta Luis Sehnitmann
NEUROSIS, PERVERSIÓN Y GRUPALIDAD HUELLAS DEL AMOR
EN PSICOANÁLISIS Karina Pueyo
Varios autores DE LA MANO DEL AMOR
OBJETO Y CASTRACIÓN EN PSICOANÁLISIS María Chévez
Varios autores LETRAS DE FUEGO
Cruz González Cardeñosa
POESÍA Y PSICOANÁLISIS POESÍA CALLEJERA
Stella Cino Núñez
LAS 200l NOCHES
POEsíA, AFORISMOS, FRESCORES (1976-1997) TIERRA DE AMANTES
Miguel Osear Menassa Claire Deloupy Marehand
DES-NUDOS SURCOS
Amelia Díez Cuesta Ruy Henríquez
ATRAVESANDO SOMBRAS EVA BUENOSAYRES
Carlos Femández del Ganso Varios Autores
POETA ASESINADO
Pablo Menassa de Lucia NARRATIVA 2001
SI ME VIERAS ...
Jaime Icho Kozak EL SEXO DEL AMOR
Miguel Osear Menassa
AMARES
Varios autores EL INDIO DEL JARAMA
Editoriales
PARA SEGUIR VIAJANDO
OIga de Lucia
NOCHES DE PIEL AULA DE POESÍA Y PSICOANÁLISIS
Carmen Salamanca Gallego PABLO MENASSA DE LUCIA
ENTRE EL PLACER Y EL ESPANTO GENERACIÓN DEL 98
Norma Demaria Leopoldo de Luis
AL OÍDO DEL VIENTO
Alejandra Menassa de Lucia OTROS TÍTULOS
Poesía
HOY EN LA CULTURA AMORES MÍNIMOS
Norma Menassa
APORTACIÓN DE AGNES HELLER ALA
SOCIOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA POEsíA COTIDIANA
María Jesús García Polo Maria Chévez
ANTROPOLOGÍA POEMAS Y LIBERTAD
María Jesús Gareía Polo Maria Chévez
EL ENIGMA DE LO FEMENINO LA PATRIA DEL POETA
Bibliana Degli Esposti Miguel Osear Menassa
LA EXPLOSIÓN DEL SUJETO SALTO MORTAL
Juan Carlos De Brasi Miguel Osear Menassa
UN ARGENTINO EN ESPAÑA*
PSICOANÁLISIS PARA TODOS Miguel Osear Menassa
PSICOLOGÍA ANIMAL YARTE*
CIENCIA Y VERDAD EN PSICOANÁLISIS Miguel Osear Menassa
Miguel Osear Menassa y
Amelia Díez Cuesta 22 POEMAS Y LA MÁQUINA ELECTRÓNICA O
COMO DESESPERAR A LOS EJECUTIVOS*
POSICIÓN DEL INCONSCIENTE Miguel Osear Menassa
Miguel Osear Menassa y
Amelia Díez Cuesta LOS OTROS TIEMPOS*
Miguel Osear Menassa
CHARLAS-COLOQUIO
Miguel Osear Menassa POESÍA JUNTA Y PEQUEÑA*
EL DINERO EN PSICOANÁLISIS HISTORIA
Miguel Osear Menassa y Miguel Osear Menassa
Amelia Díez Cuesta LA CIUDAD SE CANSA*
CONFERENCIAS INAUGURALES Miguel Osear Menassa
Madrid 199912000 EL VERDADERO VIAJE*
Miguel Osear Menassa
POESÍA HOY INVOCACIONES*
Miguel Osear Menassa
POEsíA CUBANA HOY
Varios autores AFROTIKI*
María Chévez
POEMA DE LA CREACIÓN
Juan-Jaeobo Bajarlía EL FIN DEL AMOR*
María Chévez
POESÍA 2001 TIEMPOS*
Carmen Corral Zapata
LA POESÍA YYO IGUANAS *
Miguel Osear Menassa Jorge Alemán
NARCISO' PSICOANÁLISIS DE LA SEXUALIDAD'
WilliBristow Miguel O. Menassa, Maria Chévez, Stella Cino
PSICOANÁLISIS DEL PSICOANÁLISIS'
Novela Jaime Icho Kozak
Teatro
NO VE LA ROSA
Miguel Osear Menassa TEATRO FESTIVO'
Teófilo Larriera
TERRITORIO LIBERADO'
Sergio Larriera
ACTAS
LOS DEMONIOS DE MAYO'
Jorge ZicolilIo
ACTAS 1" CONGRESO PSICOANÁLISIS Y PSICOSIS
NO SOMOS UNA BANDA' Varios autores
Orlando Espósito
ACTAS 1" CONGRESO DE POESÍA Y
JUGAR CON FUEGO' PSICOANÁLISIS
Federico Sehmied Varios autores
ACTAS 2° CONGRESO DE POESÍA Y
Psicoanálisis PSICOANÁLISIS
Varios autores
LA MIRADA DE LOS LOBOS
Jaime Icho Kozak ACTAS 5 º CONGRESO INTERNACIONAL.
CLÍNICA PSICOANALÍTICA
INCONSCIENTE COMO LENGUAJE Varios autores
Emilio Anieeto González
ACTAS 6° CONGRESO INTERNACIONAL.
PREUD Y LACAN HABLADOS I LA DEPRESiÓN. UNA ENFERMEDAD SIN ROSTRO
Miguel Osear Menassa Varios autores
SUBJETIVIDAD, GRUPALIDAD, ACTAS 7° CONGRESO INTERNACIONAL.
IDENTIACACIONES PATOLOGÍAS DE FIN DE SIGLO.
Juan Carlos Brasi Varios autores
ABORTO Y DIVORCIO
Osvaldo Ortemberg
PSICOSIS INFANTILES'
Jaime Icho Kozak *," Edición agotada,
Esta obra se terminó de realizar
por COMFOT, S. L.
a finales de marzo
del año 2000.
EDITORIAL GRUPO CERO
Princesa, 17 - 3° Izda. 28008 Madrid. España. Teléfono 915423349
Carlos Pellegrini, 833 - 4° «C», 1" Cuerpo.
1009 Buenos Aires, Argentina. Teléfono 1432806 14
Digital:
[email protected]La poderosa muerte unida a los vocablos
más sutiles.
El cruel espanto, el dolor más extremo,
besados por la luz.
El verso más antiguo bordado en tus cabellos.
Entre palabras, por túneles secretos, hacia lo no
sabido.
¿Transmitir el psicoanálisis?
¿Amar definitivamente la poesía?
Sólo después sabré, sólo después sabremos
cuando lo irremediable pregunte por sí mismo
cuando la muerte venga anudada en un punto
cuando el baile sonoro de los días detenga su
mirada, vendrán de nuestra vida los saberes
y, ahí, ya no seremos éstos, sino lo escrito.
No vengo por nadie en especial, vengo por
todos. Hablar y amar fue todo mi pasado. París
mi prehistoria, donde Lacan y hablar estuvieron
de moda. Muerto Lacan porque hablar no era
suficiente, nadie podrá pasar, soy el que escribe,
el que vertiginosamente se adelanta en las som-
bras.