Adivinanzas
TRABALENGUAS
El Pirata malvado
Había una vez un barco con un pirata malvado y su tripulación. Una isla
con un mapa escondido y un enorme cofre lleno de riqueza enterrado.
Y el pirata más malvado que los demás quería el mapa y luego el cofre
con su llave. Un día los piratas fueron a buscar comida a la isla y
cortaron una palmera llena de cocos y de repente cayó el mapa.
Luego fueron al barco y le dijeron al capitán cruel y malvado: ha caído el
mapa y responde el capitán: ¿cómo que ha caído? responden: de una
palmera, y luego el capitán dice: da igual, ja ja ja ja es nuestro.
Fueron a la isla y desenterraron el cofre y fueron los piratas más ricos
del mundo pirata. Fin.
EL CACIQUE MUYUCA
Cuento de Ocotal, nueva Segovia
El Cacique Muyuca perteneció a
esa tribu de xicaques o payas, los
más indomables que gobernaban
en la provincia de Taguzgalpa, a la
cual, se cree, pertenecía la parte
oriental del actual departamento
de Nueva Segovia. La provincia
abarcaba también gran parte del
territorio oriental de Honduras y el
norte y parte central de Nicaragua
e incluso de Costa Rica.
Por ejemplo, la zona de Jalapa,
Jícaro, Murra, Quilalí y Wiwilí,
estaban poblados por estas tribus
y otras con diferentes nombres, igual, de guerreros como los tahuacas. En el caso
de la presencia de xicaques en Jalapa lo confirmó el primer sacerdote de
Nicaragua, Fray Fernando Espino, nativo de Nueva Segovia (Ciudad Vieja). Él era
hijo de una mujer xicaque y de un español de Las Canarias. De ahí que nunca
olvidara el idioma de estas tribus, a las cuales vino a predicarles el Santo
Evangelio en su lengua, y les escribió un catecismo.
Pero la historia del cacique Muyuca simboliza la rudeza, la rebeldía y su tenacidad
de lucha contra el avasallamiento español, sobre todo con los verdugos
encomenderos.
La historia
"Tenía 19 años cuando fue sometido, él y su madre, a trabajos forzados, en la
estancia del rico peninsular Gregorio Sosa. Trazas de valeroso tenía el mozo y en
su semblante revelaba la ira que le produjera la tutela colonial y sus ojos
reflejaban toda la tristeza de las servidumbres de su raza.
Su áspero y brutal patrón cruzó a latigazos en cierta ocasión la espalda y cara de
su madre, por una insignificante omisión en el servicio. Cuando el hijo vio aquello,
arrebatado por la cólera clavó su cuchillo en el corazón de Sosa, saltó sobre el
caballo del español y huyó veloz a las llanuras del norte en donde se puso a la
cabeza de las tribus indias, las cuales rodearon a Ciudad Vieja.
En uno de los primeros encuentros cayó en sus manos la familia del aborrecido
Sosa y el aguerrido muchacho condenándola a ser quemada viva y en una
hoguera de Ocote fue ejecutada la sentencia. Treinta peninsulares más fueron
asesinados y hubo necesidad de enviar del interior de Nicaragua al Capitán
Francisco Barco para poder reprimir la revuelta".
Tomado del libro Nueva Segovia, 1945, escrito por la maestra Celia Guillén de
Herrera.
La mariposa y la luciérnaga
(CUENTO)
Una mariposa era tan bonita que todos querían ser como ella; era amiga de una
luciérnaga. Un día, la mariposa le dijo:
—¿Jugamos?
Y la luciérnaga le respondió:
—Juguemos landa, landa.
—Está bien. Vamos a la loma —le dijo la mariposa.
Y se fueron a jugar. Pero su amiga luciérnaga la empujó a la mariposa y cayó, sus
dos alitas se rompieron. Lloraba y lloraba mucho porque no podría volar nunca
más. Llegaron rápidamente dos mariposas de ambulancia y la llevaron de
emergencia al hospital.
A la luciérnaga le dijeron que su amiga la mariposa ya no podría volar.
—¿No va a volar? ¿Nunca jamás va a volar mi amiga? —preguntó la luciérnaga.
Y se puso a llorar mucho, porque no podría jugar más con su amiga mariposa.
—¡Por tu culpa, mi hija Ángela no a volar nunca! No queremos que vayas a nuestra
casa, porque sos un peligro para ella —le dijeron los padres de la mariposa.
Y la luciérnaga se fue a su casa muy triste y le contó a su padre lo que había
pasado.
—Ya no vayas donde la mariposa y búscate otra amiga —dijo el papá luciérnaga.
—Nadie será como ella. Es mi mejor amiga, la preferida. Le voy a pedir perdón a
Ángela por lo que le hice —dijo la luciérnaga.
—Entonces ve —le dijo su papá.
Y cuando estuvieron juntas, la amiga mariposa perdonó lo que le había hecho su
amiga luciérnaga, porque se querían mucho.
Coplas
Refranes
Leyendas
El Padre sin Cabeza
Cuenta la leyenda que en el año 1549 en la ciudad de hoy
León Viejo, alentados por su madre doña María de Peñalosa,
los hermanos Hernando y Pedro, hijos del segundo
gobernador de Nicaragua don Rodrigo de Contreras,
planearon la muerte del primer Obispo en tierra firme fray
Antonio de Valdivieso, defensor de los Indios y mediador de
las ambiciones de los funcionarios y el clero. Fue asesinado a
puñaladas a mano del fiero capitán Juan Bermejo. Con la
muerte de este religioso, el primero cometido en América, los
asesinos se repartieron la provincia, su población, los objetos
de valor y las joyas episcopales del Obispo.
Después de este crimen, que llenó de indignación y de malos presagios a todos los
creyentes, aparece una leyenda que refiere, que durante los primeros años de la
existencia de la ciudad de León Viejo, el padre de su iglesia fue decapitado de un solo
machetazo en el atrio de su mismo templo, por dos poderosos hermanos, y que su cabeza
había rodado hasta la orilla del lago Xolotlán, donde se sumergió dando origen a una
inmensa ola que se levantó sobre la superficie y avanzó hacia la ciudad, cada vez más
grande y fuerte, llegando a reventar donde había sido asesinado el religioso y sepultando
a la ciudad.
Pasado este hecho devastador, los indígenas empezaron a ver en los atrios de las iglesias y
en las calles solitarias de los pueblos, un bulto negro que se protegía bajo el peso de la
lúgubre oscuridad. Con el paso del tiempo algunos moradores se dieron cuenta que la
aterradora y sombría aparición era nada menos que un padre sin cabeza.
Los que lo han logrado ver cuentan que el padre sin cabeza lleva sotana y zapatos negros,
en la cintura prende un cordón del que cuelga una pequeña campana, la que hace sonar
mientras avanza y lleva un rosario en lo que le queda de cuello.
Refiere la leyenda que el padre sin cabeza camina penando por el mundo, visitando los templos de
las diferentes ciudades, rezando las letanías o el rosario, buscando su iglesia y su cabeza. Algunos
refieren que el padre aparece solo el Jueves y el Viernes Santo, para visitar las iglesias y que
cuando se encuentra frente a cualquiera de ellas hace reverencia en la puerta del perdón.
El Solar de Monimbo Por Camilo Zapata
Al sonar de la marimba
se desborda Monimbó
hay que ver bailar en cinta
la mujer del Mandador
Don Rodrigo está tanteando
como le hace por detrás
zapateando, zapateando
zapateya y nada más
CORO: Hay que ver
a Doña Inés pa´ bailar
como zapateya a la vez
y hace la cadera temblar
oye el consejo que le dá
al compadre Juan para bailar
hacete para allá no te vengas
no tan arrecostado
parecés un gallo remojado, meneadito
Juancho nada más pegadito
Juancho nada más cuidadito
cuaito! me tocas
La mujer que se cree viva
y no baila en el solar
es como un plato de almibar
que no sale a veranear
pa´ bailar el zapateado
no es preciso alborotar
yo lo bailo bien pegado
y un meneado lateral
CORO:...
Si me tocan Dos Bolillos
o siquera el garañón
vo´a enseñarles al dedillo
lo que baila Monimbó
aquí no hay chochera floja
ni flojera sin corsé
pa´ bailar me basta una hoja
o la punta de un ciprés
QUINCHO BARRILETE'
De la marimba de chavalos de la Tirsa
este tal Quincho se las gana a los demás
con sus diez años no cumplidos todavía
es hombre serio, como pocos en su edad.
Mientras su mama se penquea en la rebusca
Quincho se faja como todo un tayacán
mañana y tarde vende bolis en los buses
para que puedan sus hermanos estudiar.
Que viva Quincho, Quincho Barrilete,
héroe infantil de mi ciudad,
que vivan todos los chavalos de mi tierra,
ejemplo vivo de pobreza y dignidad.
Que viva Quincho, Quincho Barrilete
su nombre, no se olvidará,
porque en las calles, plazas, parques y barriadas
el pueblo lo repetirá.
Joaquín Carmelo viene a ser solo un membrete
que le pusieron en la pila bautismal,
pero su nombre de combate es Barrilete
le cae al pelo, con su personalidad.
Allá en el Open, vive desde el terremoto,
a hacer lechuzas este Quincho es un campeón,
por un chelín, te hace un cometa prodigioso
para ponerle un telegrama al colochón.
El tiempo sigue, incontenible, su camino
y el chavalito que vivió en el Open tres
no volvera a ponerse más pantalon chingo
ni la gorrita con la visera al revés.
Un dia va a enrrollar la cuerda del cometa
y muy feliz mirando al sol se marchará
enfrentará las realidades de su pueblo
y con los pobres de su patria luchará.
NOCHE SEGOVIANA
Esta noche segoviana
De luna y de estrellas
Traigo flores y mazurcas
Que te hablan de amores
Sueñan dulces estos versos
Salen de mi pecho
Cuatro palomitas blancas
Cantando sonoras
Una de estas palomitas
Llegara a tu alcoba
Llevando flores galantes
Del jardín de mi ilusión
Duerme linda mujercita
No quiero turbar tus sueños
Deja que la pasión vuele
Quisiera que mis canciones
Escucharas sin despertar
Y que mi guitarra fuera
Sutil como el azahar.
Tu sueño es tan dulce
Que mi canto no se atreve
Pero si te despiertas
Te ofrezco una y mil disculpas.
Horizonte Quebrado
Cuando murió Sandino decidió venirse a las llanuras. Era distinto el paisaje de su tierra segoviana.
Aquél, un horizonte hecho a dentelladas, éste tirado a cordel. Le sorprendió aquí la pereza de los
caminos tendidos en el llano, tan diferentes, y el infinito de su mirada perdida en el lomo del mar.
Su instinto quería lavar la pólvora de tantos años terribles, vida como el horizonte de aquellos
paisajes. Había que limarlos en el llano, y tender al sol su conciencia, desgastar la voluntad de
guerrear… olvidarse.
Se deslizó de la cordillera por el camino polvoriento; para sus piernas de potro no era necesario el
potro; para eso subió duros repechos en largas jornadas y se hizo una salud salvaje.
Su juventud primera quedó diseminada en las brumas de la noche segoviana rendida en la
distancia; su manta no cobijó mujer alguna; apenas el fusil, caña que le sopló la vida, calentó los
sueños ingrávidos. El amor, tal vez, se desplazó violento en cualquier hembra conmovida de
miedo.
Ahora era diferente.
Caminó. Bajo el alero de paja de una cabaña encontró sombra en hilachas.
— Buenos días, dijo con acento segoviano.
— Dios le bendiga…
La muchacha, echa de barro, agazapó instintivamente su sonrisa. Le dio de beber y comer. Él
podía haberse relamido de inmediato con la presa enfrente, pero había una suave voz en la niña
de piel de níspero que dulcificó los ojos; un balanceado andar que meció su cielo.
Y se quedó en la comarca. Un huertero viejo le vendió un predio lindante. Se anudaron al cuello de
forastero las miradas desconfiadas de los vecinos. Esta gente siempre teme algo porque la
experiencia les advierte el peligro del hombre extraño.
Pero había que trabajar. Arregló el alambrado de la huerta, empajó la casa, removió la tierra con
yuntas alquiladas, repartió el maíz en los surcos.
Y en las noches tibias y húmedas de mayo, en la pubertad de la tierra, aspiraba nostálgico el
perfume diluido en el campo, con las aletas de la nariz abiertas, como bestias sin pareja, como
potro repleto de ausencias.
Algunas tardes se atrevía visitando a la niña. Discretamente le daba a entender que todo el
afanarse bajo el sol, encorvarse a la tierra hasta desfallecer, era para que, algún día, le llenara el
hueco de su tapesco de varas de guásimo en las noches calladas y truncas.
— El año que viene sembraré también frijoles…
— Ojalá que no venga el chapulín agora…
— ¿Y por qué? Ya verá después. Si alguien quiere venirse conmigo hasta la yunta propia
y cuajada de mis vacas tendremos…
La milpa se estaba poniendo rubia; era rubia la tierra con el vello de todos los maizales huertanos
inclinándose suavemente con la brisa, mano de mujer sobre la piel de la tierra. Rubia bajo el sol de
agosto, bajo este claro cielo sin secretos.
La milpa granada estaba ya que dobla; había que cuidarla del animal del monte y del que anda en
dos patas no fuera a ser que el mapachín vestido se la llevara…
(Fragmento) Mariano Fiallos Gil
La leyenda de la laguna de Xiloa
La leyenda amorosa.
En ese ameno rincón managüense, Xiloa, fue asiento y dominio de un cacique de los
niquiranos.
En aquellas altas rocas, a orillas de la laguna, tuvo efecto una escena amorosa, de factura
sentimental, entre una joven india, hija del jefe de la tribu que dominaba la región y un
valeroso mancebo de los primitivos mangues que vivían en los departamentos de occidente.
Eran buenos agricultores y hablaban un dialecto sonoro y agradable. La enamorada pareja
solía reunirse en aquellas alturas, al frente de la laguna, y formaban sus idilios bajo la lumbre
del sol o al amor de plácida luna. Allí tenían sus soliloquios sin más testigos que las aves
canoras de la ubérrima campiña. y una tarde, ante “el dios mayor de los cerros” y las
legendarias aguas sagradas de Xiloá, se juraron amor eterno; pero faltaba para el matrimonio
el consentimiento del padre de la novia, que era contrario a tal unión, quizá porque el novio
era de otra tribu o por ser de baja descendencia, pues no era hijo de cacique.
Y las aguas se salaron
Un día de tantos el viejo
cacique sorprendió a la
enamorada pareja en sus
coloquios de amor, y lleno
de ira mandó a sus
subordinados que echaran
de los dominios de Xiloá al
advenedizo doncel; pero
éste, antes de que tal
afrenta ocurriera, se
despidió tiernamente de su
amada y se arrojó a la
laguna, desapareciendo
bajo sus aguas.
La inconsolable india lloró, y lloró tanto que sus lágrimas formaron un riachuelo que llegó a la
laguna y saló sus aguas para siempre.
Todas las tardes llegaba a la roca solitaria la joven india a llorar su amor perdido; y en una
mañana plena de luz y de armonía, se arrojó ella también a la laguna para juntarse con su
bien amado.
Desde entonces, cuenta la tradición, son saladas las aguas de Xiloá.
La leyenda del mono, la chancha y la señora que cojeaba
Cuentan que hace algún tiempo, cerca del barrio Sandino, en Ocotal,
durante la noche rondaba una pareja de brujos convertidos en animales,
uno se transformaba en mono y la otra en cerdo, esto con el propósito
de entrar a las casas a hurtadillas y robarse lo que pudieran.
Se rumora que, cuando todo el mundo dormía, los brujos hacían sus
oraciones para desprenderse de su piel humana y transformarse, uno en
mono, para subirse a los árboles y vigilar a las personas que dormían, la
otra en cerdo, para poder cargar las cosas robadas.
Dicen que una noche una chancha husmeaba en una casa del barrio, el
dueño se despertó y le lanzó piedras hasta darle en una pata trasera, la
chancha chilló y salió corriendo.
A la mañana siguiente, la señora tenía su pie envuelto en mantas y
cojeaba, lo que hizo pensar a todos que era la chancha en su forma
humana.
Pero estos mitos y leyendas de cuentos de camino, que todas las
noches las personas del barrio Sandino contaban a sus hijos para que no
salieran tan tarde de sus casas… y sin embargo algunos insisten en que
son ciertas.
Leyendas
LA MOCUANA
La leyenda de La Mocuana se puede resumir
así: Ha muchos años, en los primeros días de
la Colonia, la noticia de los yacimientos de oro
que según fama había en los dominios del
Cacique de la tercera Villa de Sébaco, llevó allí
a muchos españoles, que fueron muy bien
recibidos por el indio, quien les entregó
tamarindos de oro para que los enviasen al rey
de España.
Después del obsequio, el Cacique rogó a los
extranjeros que se alejasen y no volviesen.
Estos aparentaron hacerlo, pero al poco tiempo
regresaron; y esta vez con deliberadas
intenciones de sojuzgar al jefe indio.
Habiéndolo sabido este, escondió sus tesoros.
Únicamente su hija conocía el secreto del
escondite. Los españoles fueron derrotados.
Pasó el tiempo y habiendo llegado uno de los hijos de los viejos españoles vencidos, se
enamoró perdidamente de la hija del Cacique, que era muy bella. Esta correspondió el
amor; y como bien sabía ella que su padre se opondría rotundamente al matrimonio, huyó
con el español.
Generosa, le dio a su amante europeo las riquezas que poseía y este, satisfecho, y no
esperando nada más de la pobre india, la encerró en la cueva de un cerro y le tapó su
salida; pero ella, conocedora del lugar, logró escapar por otro lugar.
La actitud de su amante le causó la pérdida del juicio y se convirtió en la bruja La
Mocuana... Desde entonces se aparece en los caminos e invita a los transeúntes a
seguirla hasta la cueva. La gente dice que nunca le han podido ver el rostro; solamente su
larga y cimbreante figura y su preciosa cabellera.
Los Duendes o espíritus burlones
leyenda
En el valle de Cuapa hay una gran piedra que dicen que cayó del cielo y a una
legua de ella se encontraba la hacienda La Flor. Allí vivía un matrimonio que tenia
una hija muy hermosa, de la cual se habían enamorado los duendes que
habitaban en la casa.
Todas las noches llegaban y le ponían flores en la cama y cuando iba a traer
agua, le enfloraban el camino. Los duendes no querían a la mamá de la muchacha
y en lugar de flores le ponían espinas; Si iba a lavar, le escondían el jabón; si iba a
zurcir, le escondían el hilo y en fin, que ya nadie los aguantaba. La muchacha
estaba asustada y tenia miedo de salir sola porque los duendes las seguían a
todas partes.
El papá de la joven tenía un burro que jalaba agua y cargaba zacate y un día de
tantos no lo encontró, se puso furioso y comenzó a buscar el burro acompañado
por los vecinos.
Después de varios días, lo encontró arriba de la piedra rebuznando afligido porque
no podía bajarse. Comprendiendo que era una zanganada de los duendes, el
señor le ordenó a su hija que les fingiera cariño, correspondiendo con palabras
amorosas a los regalos que le hacían. Lo que el señor quería era que los duendes
bajaran al burro.
La joven hizo caso y temblando de miedo les pidió que le bajaran el burro a su
papá. Por quedar bien con ella, los duendes bajaron el burro y lo llevaron a la
caballeriza.
Durante algunos días no aparecieron y el señor creyó que ya no iban a seguir
molestando pero se equivocó. Su esposa tenía dos tazas y ellos le quebraron una
porque sabían lo mucho que le dolería aquella maldad. A mediodía, cuando ella
estaba tomado sopa, exclamo “Qué lastima que se quebró mi taza, tan bonita la
pareja”; diciendo esto le dejaron caer real y medio en la sopa, entonces ella dijo:
“Con esto se paga la taza”.
Cuando se levantó para contar el dinero que tenía guardado en un cofre, vio que
le hacían falta real y medio, murmuró: “De mis mismos reales me están pagando;
que malos que son esos duendes, y le jalaron el cabello”.
Como ya no los soportaban, decidieron hacerles la guerra. Después de inventar
miles de cosas, los dueños de la hacienda y los vecinos, se pusieron a tocar
música de cuerda. Esto desagrada a los duendes porque les producía dolor de
cabeza. Día y noche pasaron los señores tocando hasta que los traviesos no
tuvieron más remedio que abandonar la casa.
Dicen que los chontaleños cuando ven una persona sobre la piedra gritan: “Allá
está el burro de Cuapa” y el que está arriba, en venganza contesta: “Allá están los
duendes”.
TRABALENGUAS