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Bolles, 2. C492)
le Soraba A obieNe
nora. she
1. El objeto trasformacional
‘Sabernos que la considerable prematurez dea cria-
tua humana al necer ia hace depender de la madre
para su supervivencia.
alent (Helmann, 1956) oun. ambiente fat
ott, 1963}, asi mantieng la vida del bebé
y-almismo tempo (SBE
dado materno quele es proplo,
manera en que lo armpara, en que responde & sus ges-
tos, selecefona objetos y perclbe las necesidades inter-
nas del infante constituye eu aporte ala cultura ine
tania que les a reefproco relieve, made ¢ hijo nego-
cian de continuo una experiencia ipiersubjetiva ql
juego y sucid Es innegable, creo, que
condicién de self «otro» del infant
Jacobson apunta que
scnando wna madre pone al Infante boca abajo, lo alza
‘na, le cambia los paftales, lo tiene en sus bra-
208 0 Io sienia en su regazo, to hamaca, to acaricla,
Io besa, lo amamanta, le sonsic, le habla y le canta,
29fo que al mismo tiempo es
es de sentarse, ponerse de
asi sucesivamente, o sea, el desarrollo de una
funcional del yo- (1965, pag. 37).
Son 19590 SERED sa
rcadora. Es que, paral njqg, ella
le este proceso —que va de la
gracién, o de uno a otro de es:
I— los que plasman la naturale:
za de esta relacién de objeto, en mayor medida que
tos cualidades del objeto como tal
A glipeughet
GPE spat)
tada mentalmente como otra; en consecuencia, se trata
je objeto se mariifiesta en la-bisquedar por parte de
ee En primer lugar, ellatoma sobre stlafuncion del
Netotraaformacionalporg
se trata de wn hecho; es verdad
En segundo lugar, tam-
jon mas significativa, pero aprender a ma-
nejar objetos y a diferenciarlos, y recordar objetos que
no estan presentes, son logros trasformatlves porque
su resultado es un cambio del yo, que altera la indole
del mundo interior del infante. No sorprende que este
Identifique esos logres del yo con Ia presencia de un
i que el desmayo de la madre en la provisién
corporal, pueda suscitar un colapso del yo y precipl-
tar un dolor fisico.allobjeto, y que a pesar de elloeste sobreviva asu tra
J, teaespardo, nbn, en esta experiencia tran.
Sielonal, (a lberlad dela melafeia-bo que fue un pro
Seco real $6 puete desplazar a ecuciones simbélleas
Guo, olla mare las favorece, mitgan ta pérdida de 1a
Hhadre-amblente original. En clerto sentido,
#86 vila aptlivd delijo —como la deasir—rsinoaue
ts indicative de la experigneia subjetiva que el infante
hace de esas aptitudes
/ La biisqueda del objeto trasformacional en
ja vida adulta
Creo que hemos om
el fenémeno de la gener
tun objeto que se Ider
self. En muchas rel
jo registrar en Ia vida adulta
izada bisqueda colectiva de
jque con la metamorfosis del
nes, por ejemplo,
fe ese modo da
‘abjeto primerisimo dentro de una
estructura mitica. Ese conocimiento no pasa de ser
simbidtica (o sea, refleja la sabiduria de la fe) y coexis-
te con otras formas de conocimiento. En c)xaunsio pro:
Jeto: lo usual es que ¢} producto anunciado prometa
alterar el ambiente exterior de! sujeto y, desde ahi, mo-
dificar su estado de-animo interior.
La biisqueda de esa experiencia puede
peranza, hasta una sensacién de conflanza en.
rividencla. Pero si estas parecen fundadas en
po futuro, en la perspectiva de encontrar en el futuro
algo que trasforme el presente, en realidad se trata de
32
un afin de objeto que escenifica de manera recurren-
te un reeuerdo pre-verbal del yo: Sysle sucedter- con
raion deLmamentaesite (lo deacribo en el cap
‘menos como logres trasforma
Hdad muminosa, I
nunca se aprehendié cognitivamente st
por un objeto —que'a su vez es una memoria yoica
del proceso ontogenético— instila en el
titud reverencial hacia aquel; de abt
formaci6n del self no se produce en la escala que al-
canzé en la vida temprana, el sujeto adulto tienda a
denominar sagrados a estos objelos. ~~ 2
Aqui discurro sobre Ja experiencia estética po:
va, pero conviene recordar que una persona puede bus-
car una experiencia estética negativa si una ocasién
asi cealeas sus experiencias yoicas tempranas y regis-
tra la estructura de lo sabido no pe
clientes fronterizos, por ejemplo, rep!
traumaticas porque de ese modo recuerdan existen-
33el, hyturo: (qué hacer,,adénde ir, ete.) suele hacer las
veces de plegaria psiquiea por el advenimiento del ob:
[Link]: un segundo adviento secul
ue se experiment6 en el pri-
perfecto que tras:
(repare defectos del yo y
i) y exteriormente (
formas de rotor
24 sean ensayos de establecer el otro como el objeto
trasformactonal.
Esa bisqueda, aun-
que concurra a escindir la mala expertencia de sf del
3a
saber cognitivo del sujeto, es empero un acto semiols-
gico que significa el empeno dela personaen una par-
fNejen la convieet6
feron como su madre)
no: vendra:con provisiones. La experiencia del juego
por-dinero se puede considerar un momento estético
[Link] se figura la indole de esta relacton personal
com la: madre.
Ejemplo clinico
eter es un hombre soltero de veinticinco afios, ex-
presién triste, desalinado, viste ropa de colores apaga-
os; lo que apenas contrarrestan un sardénico s
dodel humor que nolo alivia, y una inteligencia y edu-
cacién que emplea en benefielo de atros pero nunca
para si, Mc lo derivé su médico clinico a titulo de de-
presién, pero su problema consistia mas en una tris-
teza inexorable y una soledad personal. Desde su rup-
tura con una novia, habia vivido solo en un departa-
mento, y durante la jornada se dispersaba en las mas
desparejas lareas. Sisus dias eran un tropel de activi:
¢ades organizadas, él las cumplia en un estilo de pasi:
vidad agitada, como si los trabajos que é! mismo se
smponia lo sometieran a un trato agresivo.
a casa, se desarmaba en Ia dudosa c
departamento, recalaba frente:
comida frugal de alimentos e
y. sobre todo, se entregaba a rumiaduras obsesivas so:
bre el futuro y lamentaba su actual «mala suertes. To:
das las semanas, sin faltar una, iba a su hogar a ver
35asu madre. Consideraba que para hablar so-
bre él, y debia dejarse ver por alli para teneria contenta.
La reconstruceion de los primeros aftos de su vida
sevelé lo sigulente. Peter nacié en un hogar de clase
obrera durante la guerra, Mientras su padre defendia
. Jus pa
Hentes sobre lasigrandes hazafas con las [Link]
los rescataria desu miserta. Inveterada sonadora de
los dorados dias por venir, la genuina depresién de la
madre se manifesté en su desganado cuidado de Pe-
ter, puesto qui -
sis r idente que él lo sabia: te-
nia,prendada su existencia.a un mito que compartia
con su madre; sabia, en efecto, que ella no le prestaba
de hecho-ateneién por su: ser rei
ee regina tenon sip
spenso,y decsa manera
cfectivamente, Pareeia estarse preservando, y atendia
fa sus necesidades somaticas en espera del dfa en
realizaria al fin el suefio de ella, Pero siendo un
de la madre, no podia hacer nada, sélo esperar
igo sucediera, Parecfa compelido a vaetarse de las'ne-
‘cesidades de su self verdadero a fin de crear [Link]
Clo interne vacio donde recibir los pensamtentos de en-
Suefo de,su madre, Cada visita al hogar tomaba ta
extraha apariencia de una madre qué diera a su hijo
un amamantamiento narrativo. No podia menos, en-
tonces, que vaclarse de deseos y necesidades perso-
nales para cumplir e! deseo de la madre, y preservar-
se en un estado de vida suspendida, en espera de que
fl mito lo convocara a una realidad trasformada.
Este existe para el otro, una region que no es
'sde mi: sino el «para ellae; por eso Peter informa
sobre estados interlores:con tuna narrativa desperso-
nallzada. Hay en Peter una ausencia notable de todo
36
ciones libres de Peter testimonian sobre estados -esor:
informes rumiativos sobre los: co-
‘mo objeto despersonalizato.
informaba casi con el desapego de un clinico.
Poco a poco comprendi que Ja estructura mitica
(existir dentro de una narrativa més que tener una rea-
lidad existencial) disfrazaba el discurso secreto de la
cultura perdida de la tempranisima relacién de Peter
con su madre. Sus estados yolcos eran una manifesta-
cidn para la madre, quien los usaba como el vocabula-
como un mutilado de guerra
jefectos del yo y de la falenci
soaipeenie gram
ria en televisién y atraeria para la fami
dooorde quetcinenceioen
Gu esperar euainwcal ef voTca da dgtant-
ua erane erate Sicranbtlln or
detoreal se usdba pars peblarofanistco. Las pocas
Scasones ea ete Uisaisantcner dea nmive upan
seinen reer na vile otcias ein oe entrees
Pik djs que be ales pants peg in ride dein
Famili como tn salvos Estabe deal
tmdo a segutestendlafaivadbtad el héroe nonato,
aalcareltatoah ahianautinein nica car su ne
aes peoualts-cataba promanteaar sande
Seay dc Raa gir ibicta auimaginaryon
37En la trasferencia, Peter se decia como un objeto
que requeria culdado: «estoy, mal del estomago», «me
duele la cabeza», «tengo un resfriado», eno me siento
terpretaciones eran apreciadas menos por'si
do que por-su funcién de experienchis estructurado-
. Raras veces recordé ¢} contenido de una interpre:
. Lo que valoraba era la sensacion de alivio que
le aportaba mi voz.
Ellenguaje de Peter, que compartfal comienzo del
Feflejaba los términos de una madre m
& pjeto trasformacional. La madre de Peter se nego
Stomprea reconocerloy atenderlo como persona real
‘dea relncton de
ypalfamnos amaria avara. Lo po.
Sela como un alguimista que guardara escorlas en las
gue vera sa tesoro potential, Noatendia asus nece
dada realea, porque insistiaen que Peter le eum!
fasu sensaclon de que el destino Te daria un fi
iertador.
Discusién
De hecho,
nimamente trasformativa, factor este que se vuelve evi-
dente en el magro uso que suclen hacer del analista
en a trasferencia. En los capitutos que dedico a la con-
tratrasferen de! analista con la
Uno de los rasgos de
su comparativa inasequl
al otro real —su inse
miento—. Pero erco qu
ficjan detenciones en el desarrollo p:
también la necestdad del pactente de afirmar
insana como un ruego por el aivenimiento de la rela:
clon de objeto regresiva identificada con una
reparacién bésica del yo.
39Como lo han senalado otros autores (por eJemplo,
Smith, 1977), estes pacientes quieren alcanzar wtv cl
‘ma‘[Link] analista, donde dl/éemiehia6 Tas
neutralidac ica de expresion —que pretendé mi-
tigar el miedo del paciente histérico u obsesivo a sen-
tirse criticado, y facilitar Ia libertad de asociacién en
el analizando— tiene otros resultados en Jos pacientes
narélsistas o ésquizoldes: puede que les encante, [Link]-
0 se los vea despreocupados por el contenidavreal de
Ia interpretaci6n mientras el son de la voz del analista
permanezca constante. Ahora bien, podemos cons!
es una complicacién en el camino
prov!
pacientes un proceso que lleva a evocar un estado de
profunda regresién que puede ser parte necesaria de
Segiin yo lo veo, el pactent:
dea falta’bastea, pero cada regresion sefiala hacia la
region de insanfa que la persona alberga en su inte-
rior, y por eso Indica también la demanda de una cu-
ra; Lo que hace falta es una experiencia tnicial de su-
1e se identifiquen con
su talante, sentimiento 0 pensamiento,interiores, y
esos momentos de consustanclaelén'lo Ilevan:a sre-
experimentar la relacién de objeto trasformactonal.
usividad del analista {en par-
into}, pero'no porque
ello abra el camino la libertad de asoclact6n} sino por-
que perelbe que esel allegamiento que hace falta para
40
sta como una resistencia. Pero me parece que, si tal
hacemos, pasamos por alto el clima de allegami
innegablemente singular, que nosotros creamnos!
ante, en los capitulos 12, 19 y 14. ¥ después, poner
alpactente sobre el divan induce una sensacion de ex-
pectativa anslosa y dependeneia.
lifieaeién que el pactente ha-
ce del analista como el objeto trasformacional no es
diferente de la que el infante establecié entre la madre
¥ esos procesos. En efecto, asi como
de trasforma
jo la que establece el paci
leseo de que seamos trasfor
es, sino su perlinaz identificacion perceptual di
‘como objeto trasformacional. Enel tratamien-
to de los caracteres nareisistas, fronterizos y esquiz
des, esta fase del andlisis es tan nevesaria como inevt
table.
Es una etapa d
nico porque, en
andlisis del pacien
vas pueden tropezar con toda una gan
ratamiento muy dificil para el cli-
ria sfgnificar,
de mis dichos, pero sin falta remataba: «Por supuesto,
usted sabe que ha sefalado algo que s6lo téenicamen-
te es correcto. No me ayuda en mis experiencias de
vida, de moda que, por correcta que sea esa observa:
acién, no veo qué piensa usted que yo pueda hacer con
‘que de mi hacia, y para‘é}'yo era:[Link] computa-
doramoderna, que almacenara la informacion [Link]
concemiaty-procesara sus necesitlades'en mis bands:
legado
un ejemplo del tipo:de Tegreston que:re-escenifi
tempranisima experiencia de objeto, are’
zonable que'un anal
de tens que resis
matura y, en'consecuencia, inoportuna .
afield —establecida no menos sobre cl espacio ye pro-
ceso analiticos que sobre la persona del analista— je
no s6}o en un discurso que demandeel respeto de sus
Propi6s"terminos:-novintrusividad, -amparor «prove
: je discurso es,unaclarifica-
clon que el paciente experimenta como un suceso tras-
formativo. Interpretaciones que requieran un-pensa-
miento reflexivo, o que analicen el'self, suclen ser vi-
vidas, como demandas_precoces: parawla-capacilad
psiquica del paciente, y- estas [Link] reac-
¢fonan [Link] o expresan una repentina sen-
saci6n de-vaculdad:ydesesperanza.
‘Acaso porque la teoria psicoanalitica se elabor6 pri-
meroen el trabajo con el paci \érico (que inter-
pretaba el espacio analilico como una seducci6n) con
42
€l paciente obsesivo (que de buena gana lo adoptaba
‘nos hemos inelinado a
jvas ante el espacio ana.
janza [Link] o al pro-
acién de la tras-
zacién del proceso
ibre?) se pue-
ferencia por el histérico
analitico por c} obsesi
tacién de las defensas del pactente, podia terminar, no
pocas veces, en una desmentida de la misma relacién
Jo veo, entonces, el analista opera como
(0 trasforma-
induelr en el
fade su tem
Prana relacién de objeto, o bien las variaciones de la
resistencia.a ‘nuestro ejemplo, una desment
da por sexualizaci6n o por ritualizacién obsesiva, La
rencia misma, desde este punto de vist s-
ante todo en una reaceién trasferencial a esta rela-ci6n de objeto primaria, y nos ayudaré.a averiguar el
recuerdo que el paciente guarda de sw experiencia con
moractones regresivas para proseguir un trabajo
anilisis, pero simtperder contacto con aspectos mas ar-
caicos del self, Por lo demas,
St no a fas, parllel-
Pamos en la Construccién de este mundo pre-verbal a
través del silencio del analista, el pensamiento emps-
Uico y la ausencia total de instruccién didactica, no ha-
remos Justicia al paciente, y 1 [Link] raz6n en
[Link] 0 frritado.
podemos decir que figuré su r
en lacreaciin de la escena anal
icos, Freud figuré lo que no pudo an
1a relacion con su. propla madre.
no comprendemos que e
fleamos este paradigma
Ia eeguera de:Freud
La biisqueda de trasformaciéni-y-del-cbjeto tras-
formacional,es tal vez la relacién de objetaareaica mas
omnipresente; [Link] insistir en que:esa biisqueda
no brota de tint deseo por el objeto como tal, niven prin-
44 {
cipto, de un apetito o una aforanza.
a.
sta certeza se basa en la designada capacidad
lel objeto para resucitar el recuerdo de una trasfor-
macién temprana del yo,
una singular manera, este es el abjeto del
con exclusividad, y puede incluso rept
ferente a la experiencia subjetiva que
de su propio desea. Un jugat
a apostar. Subjetivamente, tal
hasta es posible que odie su comput
Moby Dick, de Melville, Ahab se ve
busca de la ballena, aunque se sienta enajenado de la
fuente de su prapla compulsién interna, Dice:
seQué es, qué cosa sin nombre, inescrutable, prodigio-
‘Sa; qué enganoso seftor y amo, y cruel, despiadadoem-
peradar me manda; porque contra todo afin y afee-
¢lén naturales no dejo un momento de acicatearme,
Y apurarme, y acosarme; el que implacablemente me
Predispone a hacer lo que por mt propio y natural im.
pulso yo nl siquicra osaria osar? ¢Es Ahab, Ahab? Soy
yo, Dios, 0 quign, el que levanta este brazo? (1851,
pags. 444-5),
Hay algo impersonal y despiadado en la persecucién
dela ballena, y también en lade
signados como trasformaci
| ¥ creo que muchos
movimlentos politicos extremistas son indiclo de una
certidumbre colectiva de que su ideologia revolucto-
naria Nevara a
lo notable para el abser-
45vador no es el desea de cambio del revolucionario, ni
el ansia de cambio del extremista,
Conclusiones
En nuestro trabajo [Link] de. pacientes
(esquizoldes y narcisistas) que exageran wna pat
Jar-bisqueda de objetory en nuestro andlisis de cler-
otro que
self deja paso ersona que tiene sti pro}
sus proplas necesidades. Como dice Winnicot
Ze deetlusiona al Infante de la experiencia de eer la
nica preservadora de su mundo, proceso que avanza
con tal que él se vuelva capaz de satisfacer sus pro-
necesidades y requerimientos.
‘en una amplia gama
de objetos a los que Ia esta valor trasforma:
cional (aulomaviles nuevos, casas, empleos y vacacio-
¥ que prometen un cambio completo del ambien-
te interiory exterior, o en las variadas manifestaciones
psicopatolégicas:de esta memoria, por ejemplo en la
46
relaclén del Jugador compulsivo con su objeto y en
Ia relacién del extremista con su objeto ideclégico.
‘va en procura de una honda experiencia subjetiva de
un objeto, el artista recuerda para nosotros, y al mis:
mo tlempo nos brinda ocasiones para la experiencia
de memorias de trasformacién del yo. En un sentido,
lo que sigue, el espa-
ico es propicio para una escenificaeién crea-
dora de la bisqueda de esta relacion de objeto trasfor-
y podemos afirmar que ciertos objetos cul-
eniregan memorias de: nelas del yo que
1ora momentos pro! ente ralgales. La so-
cledad no puede sr al encut los requerimientos
del sufeto como Ia madre iba al encuentro de
sidades del infante, pero, en snemos una 1o-
calizacién para esas memeraciones ocasionales: me-
morias intensas del proceso de trasformacién propia.
da de regresion a la dependenc
|. como to ex:
compeler al analista a un maleafendido acerca de ellos.
Esta es una trasformactén negativa y puede represen
tar la trasferencia de una relacion madre-hijo patolé-
gica. Desde luego que Hegado el caso esto debera ser
analizado, pero también aquf creo que, en el vigoroso
«trabajo» interpretativo del analista, el pactente expe-
rimenta inconeientemente al analista como un objeto
trasformacional generative.
47_iasformacton no sgnieigatiesein. £1 exec,
rilentores promovido [Link] parte por la gratificacién,
‘ocasiones |
sa8"6"Maravillosastamachos!son [Link]
{Pero profundamente conmovedores aicau:
‘Temoria-existencial: tocada,
2. El numen del objeto y los
decretos del hado
2Cémo Hegamos a creer? gNoes una percepeién co-
min, apoyada en una conviccién, que lo sentido o lo
percibido esta abi presente para que lo aprehendamos?
Si clertas filosofias cuestionan el supuesto de la «pre-
senclas verificable de un objeto externo, 0 si la psico-
logia nos advierte que toda percepeién es apercepeisn,
es verdad empero que nuestra salud individual y co
lectiva descansa en cierta licencia poética, una ilusion
necesaria de que ¢? mundo sobre el que disctttimos est
ahi para ser experimentado. Esta llusién necesaria re-
‘sin esta creencia en una per-
ficable, nuestra suerte comin seria no s6-
lumbre de nues-
tra locura. ¥ no podriamos «corregirnose percepclones
lunos a otros, ya fuera en los desacuerdos que en la
conversacién ordinaria 5
de Ia palabra hi
textos que
el mundo
5 algo que compartimos todos, se entrelaza con otra
Nicencia poética: nos que empleamos pa-
ra describir
sentarlo. EI
guaje funciona a través de i
En este capitulo no me propongo escribir sobre
creencias compartidas, sino mas bien sobre aquel
en que Por una expe
Heneia que fe instila la absoluta certeza de qui
lo acunada y habitada por el numen del objeto, una
cita de sienie reconocimiento que desafia a la repre-
sentacion,
49