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Nietzsche

Este documento presenta un resumen del pensamiento del filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Describe sus tres periodos de pensamiento, desde sus primeros escritos hasta su crisis mental en 1889. Explica seis conceptos clave en su filosofía: lo dionisiaco, la voluntad de poder, la transvaloración de valores, el eterno retorno, y el superhombre. El documento analiza cada uno de estos conceptos y cómo forman la base de la filosofía de Nietzsche.

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Nietzsche

Este documento presenta un resumen del pensamiento del filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Describe sus tres periodos de pensamiento, desde sus primeros escritos hasta su crisis mental en 1889. Explica seis conceptos clave en su filosofía: lo dionisiaco, la voluntad de poder, la transvaloración de valores, el eterno retorno, y el superhombre. El documento analiza cada uno de estos conceptos y cómo forman la base de la filosofía de Nietzsche.

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Establecimiento: Escuela Normal Superior “Osvaldo Magnasco”.

Unidad curricular: Filosofía.

Profesora: Iris Añaia.

Alumna: Iara Braun.

Carrera: Profesorado de educación secundaria en Historia.

Año: Segundo.

Ciclo: 2018
Nietzsche

Friedrich Nietzsche, filosofo alemán nacido en Rokken en 1844. Fue una figura múltiple de la
filosofía contemporánea, su doctrina no fue ordenada y sistemática, lejos de eso presentó grandes
incoherencias. Profesaba el escepticismo pero tenía hipótesis arbitrarias, aunque su obra no
poseía un sistema determinado no carecía de unidad.

En sus años de mayor creatividad luchó para que sus escritos fueran editados, creía que su obra
tendría un significativo efecto cultural, no vivió lo suficiente para experimentar su gran influencia
en el mundo, pero llegó a suponer la importancia de su aporte al descubrir que sus escritos se
leían en la Universidad de Copenhague, en Dinamarca.

En 1889 sufrió una crisis de locura de la que nunca se recuperó, luego de ser internado y
trasladado a la casa familiar donde recibió el cuidado de su madre y posteriormente el de su
hermana, el 25 de agosto de 1900, Nietzsche murió en una residencia, la que su hermana había
convertido en un espacio de consulta por los interesados en el pensamiento del filosofo alemán.

En su pensamiento suelen distinguirse tres grandes periodos, el primero abarca desde sus estudios
hasta 1877, está representado básicamente por su obra El nacimiento de la tragedia desde el
espíritu de la música, publicada en 1871. En ella se establece la distinción entre el espíritu apolíneo
y el espíritu dionisiaco, aquí exalta lo dionisiaco que interpreta como encarnación de la voluntad
de vivir, frente a lo apolíneo que representa la huida ante la vida. El ideal estético del espíritu
dionisiaco es el drama wagneriano, que pone en escena la fuerza incontenible de la vida.
La ruptura de Nietzsche con Wagner fue el hilo que marco el tránsito del primer período al
segundo, este va desde 1878 hasta 1882. El filósofo le reprochó a Wagner haber cedido ante los
ideales del cristianismo, contrarios a las fuerzas de la vida. En este segundo periodo Nietzsche se
apartó de los ideales y maestros a los que había admirado, se mostró crítico hacia el arte y la
metafísica y se volvió hacia la Ilustración. La obra central de este período es Humano, demasiado
humano. Un libro para espíritus libres.

El tercer período del pensamiento de Nietzsche comenzó en el año1882 con la publicación de su


obra Así habló Zaratustra. Las doctrinas de este período parten de la concepción de la vida como
dolor, lucha e irracionalidad, este filosofo tenía la intención de presentar estas ideas en una obra
sistemática que debía titularse La voluntad de poder; pero no pudo terminarla, fue publicada
después de su muerte. Su filosofía es complicada para entender, pero indiscutiblemente su hilo
conductor es el hombre y su postura frente a la vida, partiendo de esto trabajó sobre seis
conceptos muy firmes.

Lo dionisiaco; Nietzsche fue un apasionado por el arte y por la música, por ello sus primeros
escritos giran en torno a estos temas, para estructurar su teoría sobre la creación de una obra de
arte y de la vida misma tomó las figuras griegas de Apolo y Dionisio. El filósofo alemán asoció lo
apolíneo al mundo de la belleza, de la destreza y de la apariencia, de esta concepción salen las
esculturas griegas, que tomaban una ilusión o proporción física para ocultar detrás la verdadera
existencia. Lo dionisiaco fue la fuerza transformadora de la vida, creación e impulso vital. Si en el
arte apolíneo se sigue el principio de belleza, lo dionisiaco no crea formas bellas, se trata de un
impulso irresistible que busca expresarse, es decir, el motor del proceso creador.

Esta concepción se traslada a la naturaleza del hombre, son dos poderes aparentemente
contrarios que combaten mutuamente pero no puede existir el uno sin el otro. Nietzsche se inclino
por una de estos dos aspectos para estructurar su obra, sostuvo que la vida, la naturaleza no es
apolínea o racional, sino que es irracional e instintiva por ello Dionisio encarna lo vital y fue
símbolo de la aceptación de las cosas tal cual son. Entonces, cuando Nietzsche propuso una
concepción dionisiaca de la vida nos estaba diciendo que la fortaleza de la existencia esta en los
impulsos y que vivamos sin condicionamientos ni modelos estipulados.

La voluntad de poder, Nietzsche era un hombre muy fuerte y demostró la importancia de la fuerza
como motor del desarrollo y de la evolución. Esta idea parte de la observación de la naturaleza en
la que encuentra una lucha constante, un devenir que es producto de la voluntad. Esta lucha por la
existencia en el hombre no es solo una lucha por sobrevivir o adaptarse, sino que resulta una lucha
de dominio.

Sostuvo que en la naturaleza no existen categorías de bueno o malo sino que solo son, luchan y se
relacionan, y es el hombre el que interpreta estos fenómenos.

La voluntad implica aceptar lo placentero y lo doloroso, decía que la mayoría de las personas no
sienten o no saben interpretar lo que les sucede en su interior, justamente porque no tienen
voluntad de sentir se trata de un poder de aquel que quiere, es activa porque no espera
pasivamente, la voluntad de poder genera fuerzas activas y pasivas, en estas líneas existe un
hombre activo y uno pasivo. Según Nietzsche existen dos tipos de hombres, los dominados y los
dominadores, que a su vez se mueven según una moral de esclavos o una moral de señores.

En la moral de los señores, se distingue el ser humano como persona individual que ejerce
plenamente sus potencias, él es su propio modelo, toma sus propias decisiones, él se llama bueno
porque se siente bien consigo mismo. Estos hombres ejercen fuerzas activas, la voluntad de poder,
corren riesgos y se disponen a aceptar incluso el dolor y la desilusión.

La moral del resentimiento, la de los esclavos, es la moral del rebaño y aquí se atrofia la voluntad y
se produce una decadencia. El hombre resulta pasivo, no actúa por sí mismo, necesita
contantemente estímulos exteriores, le falta capacidad de mando.

Cabe aclarar igual, que voluntad de poder no significa dominación o sometimiento del otro, no es
una prioridad del hombre poderoso someter al otro, sino celebrar la afirmación de la vida, vivir su
propia vida y esto se logra mediante la superación del hombre con miras a convertirse en un
superhombre a partir de la transvaloración individual de los valores, más allá de la moral
tradicional.

La transvaloración, el problema de los valores morales es central para Nietzsche porque esto
condiciona la actitud y las formas de sentir del hombre, entonces propuso una superación, un
proyecto de ser humano que cada individuo en particular quiera trazar. Para esto debe derribar
viejos valores, construir otros nuevos, cambiar unos por otros, jerarquizarlos de manera diferente,
invertir el valor de los valores, a esto el filósofo lo llamó transvaloración de todos los valores.
Todos los hombres de espíritu libre con voluntad del poder serán los encargados de crear estos
cambios, el hombre ya no se contenta con valores que vienen de otros, de los valores dados, sino
que se crea la libertad para descubrir nuevas valoraciones de acuerdo con su exigencia personal,
muere la concepción del deber hacer y nace el querer hacer. En esta concepción queda claro su
pensamiento respecto a la existencia de un Dios que rige el destino y entra en juego una de sus
frases “Dios ha muerto”, con esta frase hace referencia a que el mundo suprasensible de las ideas
perdió toda fuerza efectiva, que ya no puede construir ni despertar en el hombre nada nuevo. La
humanidad ya no tiene a qué atenerse y a nadie que la guie.

El eterno retorno, Nietzsche invento la doctrina del “eterno retorno”, según la cual todo el juego
cósmico se repite incesantemente, una y otra vez. Algo que queda claro es que rompió con la
concepción tradicional de tiempo lineal y que concibió al tiempo como un círculo. El mundo es un
circulo que ya se ha repetido una infinidad de veces y que se seguirá repitiendo hasta el infinito,
no implica que alguna vez hay de repetirse todo tal y como lo hemos vivido ya, y que incluso esa
repetición haya de reiterarse siempre. El centro de la idea del eterno retorno, no es una literal
repetición de las cosas en el tiempo, sino el amor que se tenga en la vida y, fundamentalmente, la
manera de vivir según la voluntad de poder del hombre.

Esta voluntad de poder hace que el hombre quiera ir más allá de si mismo porque ya no hay una
meta determinada ni un fin (cosa que antes representaba dios). El hombre busca crear de manera
móvil y variable, como consecuencia obtiene el devenir que determina las cosas que llegaran y a la
vez están determinadas como un circulo, de esta manera la repetición será única e incambiable,
insustituible, el estarse creando a sí mismo como voluntad de poder destruye el pasado y futuro,
con esta libertad el hombre tiene la posibilidad de todo un futuro por delante y la experiencia de
todo un pasado. El tiempo no ha terminado de pasar y no ha comenzado a pasar, está siendo a
cada momento, se repite se hace eterno y lo que se repite es la diferencia, el devenir.

El superhombre, este concepto tiene su principio de ser en la muerte conceptual de Dios, que es
también la muerte del hombre metafísico, ya que no se puede estudiar al hombre en relación con
Dios, porque este ya murió por lo tanto surge el mundo del nihilismo, desvaloración de las cosas.
Esta crisis de los valores, da origen a una nueva concepción del hombre, el establecimiento de un
nuevo ideal: el superhombre. Es la encarnación de la voluntad de poder, es un hombre que
concibe la realidad tal cual es y la acepta con lo mejor y peor de esta. Con la idea de un devenir
constante el superhombre no es ni nunca será un producto terminado de hombre, ya que posee
una fuerza constante de superación que lo distingue de la masa. Nietzsche pretendió que el
superhombre se crease a sí mismo y a sus propias leyes y que esta libertad diera como resultado
individuos superiores, este nos habla de la autosuperación, su visión no es otra que la voluntad y
los deseos de ser cada día mejores y de luchar por lo que realmente queremos. Seremos
superhombre si nos despojamos de las mascaras racionales y sociales, dejamos de lado lo que se
debe hacer y buscamos lo que deseamos. La filosofía nietzscheana sostiene que luego de que el
mundo perdió sus valores, las cosas se convirtieron en un constante devenir, con el conocimiento
de la voluntad de poder, guiado por la sabiduría dionisiaca de la vida y con la transvaloración de
los valores tradicionales, el hombre puede convertirse en un hombre nuevo y mejor. Antes el
sentido de todo lo daba Dios, pero como ha muerto, ahora lo debe dar el superhombre.

Heidegger

Martin Heidegger, fue un filósofo alemán que nació en 1889 y murió en 1976 en la misma ciudad:
Messkirch. Ejerció la docencia, enseñando filosofía en Marburgo, Friburgo de Brisgovia donde fue
nombrado rector en 1933, en su discurso salió a la luz su adhesión al partido nazi lo que provocó
gran polémica, la renuncia a este cargo no evito que lo expulsen de la universidad. Recién en 1952
se reincorporó a Friburgo. Recibió consejos respecto a retractarse de su discurso pero el filosofo
los desestimó y nunca quiso dar explicaciones.

Su obra suele comprenderse como una separación en dos periodos distintos o dos momentos de
su pensamiento. Un momento en que se sirve de la antropología existencial como instrumento
para una nueva metafísica. Y un periodo de rastreo histórico y depuración de todos los
presupuestos que impiden el desenvolvimiento de una nueva metafísica.

El primero está marcado por su principal escrito Ser y tiempo (1927) en el que hizo un estudio de
la existencia humana y donde confluyen tres tradiciones filosóficas: el historicismo de Wilhelm
Dilthey que concibe a toda la realidad como el producto de un devenir histórico.
El irracionalismo de Kicrkegaard, este término designa genéricamente a las corrientes filosóficas
que privilegian el ejercicio de la voluntad, la individualidad y los impulsos vitales por sobre la
comprensión racional del mundo objetivo.

La fenomenología de Edmund Husserl, el método filosófico que procede del análisis intuitivo de los
objetos tal como son dados a la conciencia a partir de lo cual esta busca inferir los rasgos
esenciales de la experiencia y lo experimentado.

En el segundo periodo el filosofo estudió la historia de la metafísica desde Platón como proceso de
olvido del ser, y como caída inevitable en el nihilismo. Acá Heidegger coincide con Nietzsche en
cuanto a la desvalorización de las cosas.

A pesar de que se considera su obra en dos periodos hay un mismo objetivo que unifica en todo el
pensamiento de Heidegger y es la elaboración de un nuevo concepto de ser. Para contestar estos
interrogantes, Heidegger uso la ontología e intentó establecer con su pensamiento una superación
de la metafísica tradicional olvidadiza de la cuestión del ser, mediante una analítica existencial: es
el hombre el que se pregunta por el sentido del ser y, por lo tanto todo estudio requiere un
examen previo de lo que es este entendido no de manera genérica sino como aquello que abre la
visión del ser y a través del cual se deja oír su voz. Heidegger entonces, se propuso delimitar con
precisión los ámbitos de lo ontológico ( el ser) y lo óntico (ente), cuyo olvido asimiló al primero.
Con la permanencia y la eternidad en oposición al carácter efímero y cambiante del ente. Con
esto se pretende eliminar mediante un enraizamiento del ser en la temporalidad (el hombre es un
ser en el mundo).

Nuestra propia existencia encarna una determinada representación e interpretación del mundo. El
ser es lenguaje y tiempo y nuestro contacto con las cosas esta siempre mediado, manipulado de
antemano. Siempre existe una precomprensión acerca de todo lo que uno piensa, esto produce
una circularidad natural en la comprensión que va de lo incomprendido a lo comprendido y que
ha sido denominada círculo hermenéutico. Este es algo intrínseco al hombre e inevitable, pero que
se constituye como una oportunidad que nos permite conocer el todo a través de las partes y
viceversa.

En concordancia a esto, el hombre es un proyecto incompleto que debe asumir la muerte como un
fin radical, es decir somos arrojados a un mundo que es nuestro espacio y posibilidad de
realización y por lo tanto es considerado un utensilio, el instrumento que usamos para realizarnos.
Nos servimos de él y lo usamos para nuestras acciones y proyectos. Creamos una relación que
varía según cada individuo, el hombre crea el mundo, hace mundo dependiendo del uso y de los
fines que lleve a cabo.

Para este filósofo la humanidad se encuentra en un mundo incomprensible e indiferente. Los seres
humanos no pueden esperar comprender por qué están aquí, en su lugar, cada individuo ha de
elegir una meta y seguirla con apasionada convicción, pero siempre debe ser consciente de la
certidumbre de la muerte y del sin sentido último de la vida propia. Esta visión es un poco
pesimista respecto a la vida e hizo de Heidegger uno de los principales integrantes del
existencialismo. Este movimiento fue heterogéneo, pero entre los filósofos y escritores
existencialistas se percibe un pesimismo generalizado, motivo del descreimiento producido por un
mundo que ya no ofrecía seguridades, sino catástrofes ubicándonos en el contexto de la crisis
provocada por las dos guerras mundiales.

Sartre

Jean Paul Sartre nació en Paris, Francia el 21 de junio de 1905. Fue un importante filosofo y
literario francés, profeta y definidor del existencialismo y quizá uno de los escritores mas leidos de
los últimos tiempos, pues su literatura, ampliamente difundida en todo el mundo es uno de los
fenómenos mas representativos de la posmoderna vida intelectual. Fue educado por su madre y
abuelo materno ya que su padre murió, creció en un ambiente de burguesía liberal marcada por el
protestantismo. Estudio en el elitista École Normale Supéricure, allí obtuvo la licenciatura en
filosofía y también conoció en 1929 a Simone de Beauvoir, con quien mantuvo una relación de
amor libre.

Hasta su muerte, el 15 de abril de 1980, fue el escritor más activo y polémico de su país, siempre
con la ambición de convertirse en la conciencia ética e intelectual de sus contemporáneos,
interviniendo apasionadamente en todas las numerosas controversias políticas, ideológicas y
sociales de este periodo. Su vida se caracterizo por una actitud militante de la filosofía, se
solidarizo con los acontecimientos más significativos de la época.

Como filosofo reflexiono sobre la soledad, la angustia, el fracaso y la muerte. Sostuvo que la
existencia precede a la esencia, que el infierno son los otros y que el hombre es una pasión inútil.
Respecto a la estructura de su filosofía, el tema central en la obra de este fue el existencialismo o
la realidad humana, es decir, el hombre en su existencia concreta y él lo llama siguiendo a
Heidegger “el hombre como ser en el mundo”. Con su filosofía se generó un cierto retorno a la
concepción del sujeto como centro de significaciones, pero le dio a esta teoría del sujeto una
inflexión diferente. Se pueden distinguir distintas etapas de su pensamiento:

La elaboración de una teoría de la conciencia humana: el ser del hombre se distingue del ser de la
cosa por ser consciente. La existencia humana es subjetiva, en el sentido que es conciencia del
mundo y conciencia de sí.

La segunda etapa está marcada por su obra capital, El Ser y La Nada; distingue dos regiones del
ser, que denomina “Ser para sí” (conciencia o subjetividad) apareciendo el ser de la existencia del
hombre en términos de nada.

En la última época hay un intento de establecer las bases de una antropología materialista,
tomando como dirección al pensamiento marxista: se produce un paisaje del protagonismo del ser
para sí que asume el movimiento dialéctico de la historia y la acción concertada del grupo por
trascender una determinada situación política.

A pesar del ateísmo y el pesimismo que profeso Sartre, al final de su vida se inclinó hacia un
humanismo que resaltaba la libertad, la elección y la responsabilidad de los hombres. La tradición
filosófica occidental suponía que en los seres humanos la “esencia precedía a la existencia”, ya sea
porque se creía en alguna esencia preexistente que deja una estampa en el individuo o porque se
pensaba que el ser humano existía en la mente de un dios antes de la creación. De acuerdo a esta
concepción los humanos eran evaluados por el grado en que respondían a la esencia, para Sartre
todo esto no tiene sentido ya que como anunció Nietzsche “Dios ha muerto”. Entonces, si no hay
un dios tampoco puede darse una idea en la mente de Dios a la que deba responder la esencia del
hombre. Por lo tanto, el ser humano está solo y libre, esta libertad producto del abandono que
dios nos ha dado incrementa la responsabilidad que tenemos por nosotros mismos y por la vida.
Llevamos sobre nuestros hombros el peso del mundo, ya que somos responsables de el y de
nuestro desempeño allí. Según esta visión no tiene sentido vivir quejándose, porque ya que nada
ajeno a nosotros ha decidido lo que sentimos, vivimos o somos, a nadie podemos llegar con
nuestros reproches.

Como para el filosofo el “ser en si” (el mundo y los objetos) no tiene valor porque simplemente es.
El sentido y el valor sobreviven en el espacio entre el “ser para sí” (conciencia o subjetividad) y el
“ser en sí”, así la conciencia siempre es conciencia de algo y existe una intencionalidad de ella
mediante la cual creamos nuestro mundo y nos responsabilizamos por ellos.

El método a través del cual intento demostrar su teoría de la conciencia fue la fenomenología. En
principio Sartre uso dos términos: la “conciencia no refleja” y la “conciencia refleja”. Entonces
explica que el ser puede hallarse en la conciencia, pero solo ahí, y en la medida en que yo
permanezca en la conciencia refleja. Tan pronto me distraigo y vuelvo a mi conciencia no refleja ya
no me percato mas de mi propio ser.

Como la conciencia para Sartre era una espontaneidad impersonal, creada de la nada como algo
incansable que inunda el yo, nos aterroriza, lo que hace que se experimente el vértigo frente a las
posibilidades de lo que podría pasar y esto muestra una gran libertad en nuestra mente producto
de nuestra conciencia y esta libertad nos aterroriza tanto que nos produce angustia.

Acá Sartre plantea la libertad como condena, ya que tener una rutina nos da seguridad. Nos
mantiene dentro de una serie de valores. La angustia por su lado proviene al darnos cuenta que
este sistema no es necesario y que lo sustentamos por nuestras propias elecciones. Si
reconocemos que somos nosotros los que damos origen a nuestros valores nos angustiamos
porque sabemos que todo es producto de la conciencia de la libertad. Por lo tanto, el hombre está
condenado a ser libre pero también crea libremente los condicionamientos y los obstáculos. De
alguna manera la libertad resulta incomoda debido a que hay que saber qué hacer con ella, por lo
tanto será la causa de una gran angustia. Cuando se realiza una elección, se tiene inseguridad si es
buena o mala.

Ante el miedo que produce una elección los individuos pueden tratar de engañarse a si mismo
depositando la responsabilidad sobre algo ajeno, como Dios o la herencia, a esto Sartre lo llama
“la mala fe”. Frente a esta propuso la autenticidad como guía de conducta que consiste en aceptar
la libertad, la angustia y la responsabilidad a las que estamos condenados, pero también porque
esto nos da la posibilidad de ser más responsables cuando haya que elegir lo que queremos para
nuestra vida.

La obra más significativa de Sartre fue La Náusea, en ella el filosofo expreso todo su pensamiento
existencialista y su ideología que posteriormente desarrollará en sus demás trabajos. En este libro
postulo una reflexión sobre el comportamiento del hombre y su existencia en la sociedad, plantea
la visión oscura de la vida en torno al valor de vivir, sobre la importancia de los actos, de las obras
para realizar, de la entrega al todo, ya que estas cosas nos hacen estar. Además, expresa que no es
necesario hacer evidente hacia los demás nuestra existencia, ya que el hombre existe por sí
mismo.

La trama de la novela evidencia la crítica de su autor a los hombres que solamente cumplen su
rutina. Cuestiona a los seres que al esforzarse por demostrar su existencia, olvidan lo que
realmente significa y la opacan con apariencias, búsqueda de superioridad y actos heroicos. El
hombre hace mucho tiempo acepta su vida como predeterminada, manteniendo su rol y la
estabilidad en la sociedad, esta visión se debe a la falta de valores superiores que le den sentido a
la vida y a partir de esta pérdida el hombre no puede refugiarse de su desolación o angustia. Ni
dios, ni las personas, ni la muerte pueden evitar ese encuentro del hombre con el hombre y de él
con los otros que lleva a caer en la náusea. La aparición del otro me lleva a reinterpretar mi
mundo, resulta amenazador ya que la libertad del otro desestabiliza mi propia libertad, verlo es
comprender la posibilidad de ser visto por el otro, y esta posibilidad se experimenta como
vergüenza. Nos lleva a descubrir un aspecto de nuestro ser que de un modo distinto no habíamos
conocido: nos descubrimos con el objeto creado por la mirada del otro, Sartre lo llama nuestro
“ser para otros”.

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