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UNA VISIÓN POÉTICA
DEL CARIBE EN
LA OBRA DE RAÚL
GÓMEZ JATTIN
Hernando Motato
DOI: [Link]
Filosofía UIS, Volumen 14, Número 2
julio - diciembre de 2015 pp. 209 - 224
Escuela de Filosofía - UIS
UNA VISIÓN POÉTICA DEL CARIBE EN LA
OBRA DE RAÚL GÓMEZ JATTIN*
Resumen: este artículo está centrado en la percepción del Caribe a través de la poesía de
Gómez Jattin. En él se focaliza cómo el poeta recrea aspectos de la cultura representados
en la música y la incidencia de esta manifestación artística en las formas de pensamiento y
actitud ante la realidad cotidiana, pues el hombre del Caribe hace de la música una manera
de explicarse su mundo, tal como se reseña en el recorrido de las diversas manifestaciones
musicales a lo largo y ancho de la cultura caribeña. También se destaca el caso de la
zoofilia como una afirmación de las formas de vida o bien en la ensoñación de lo telúrico
a partir de los atardeceres, los frutos de la tierra y la idealización de los pueblos, como san
Pelayo y Cereté. Desde esta perspectiva la poesía de Gómez Jattin exalta el sentido y la
esencia del ser caribeño a lo largo de la Historia y su trascendencia cultural.
Palabras clave: poesía, cultura, Caribe, música e identidad.
A POETIC VISION OF THE CARIBBEAN
IN GÓMEZ JATTIN’S POETRY
Abstract: this article is focused on the perception of the Caribbean through Gómez
Jattin´s poetry. It shows how the poet recreates cultural aspects represented in music
and its incidence in ways of thinking and attitudes towards reality, for the Caribbean man
uses music as a way of explaining his world, as shown by the observation of the diverse
musical manifestations throughout the Caribbean culture. It also highlights zoophilia as an
affirmation of the ways of living or the dream of the telluric ambit from sunsets, fruits of the
earth, and the idealization of such towns as San Pelayo and Cereté. From this perspective,
Gómez Jattin´s poetry exalts the meaning end essence of being Caribbean through history
and its cultural transcendence.
Keywords: poetry, culture, Caribbean, music and identity.
Fecha de recepción: julio 16 de 2014
Fecha de aceptación: julio 27 de 2015
Forma de citar: Motato, H. (2015). “Una visión poética del caribe en la obra de Raúl
Gómez Jattin”. Revista Filosofía UIS. 14 (2). pp. 209-224.
Hernando Motato: colombiano. Profesor de la Escuela de Idiomas. Universidad Industrial
de Santander-Colombia.
Correo electrónico:jhmotato@[Link]
* Documento de reflexión no derivado de investigación.
UNA VISIÓN POÉTICA DEL CARIBE EN LA OBRA DE
RAÚL GÓMEZ JATTIN
Parto de una aclaración pertinente al título y me refiero a la idea del Caribe.
Definir el Caribe resulta complejo y amplio en demasía. Para ello se requiere una
delimitación histórica, geográfica y cultural. En lo histórico recordemos que su
descubrimiento o encuentro, en el siglo XVI, fue una equivocación. Colón buscó
las Indias Orientales y encontró las Indias Occidentales. En este espacio geográfico
encontró unos hombres de un corazón amplio y dadivoso, quienes además de
ofrecer sus cuerpos desnudos también ofrendan sus pertenencias, pues era y
es su idiosincrasia: la generosidad y amplitud del corazón abierto como el mar,
pero, a su vez, fueron y son temerarios y tenaces defensores de su cultura ante la
presencia de quien quiera usurparla u ofenderla.
A partir del siglo XVI desfilan esos hombres llegados de España con la avidez
del oro y la ansiedad de mujeres sensuales, de esas mujeres teñidas por el sol y de
cuerpos esbeltos, que hicieron enloquecer a los españoles. Las tierras del Caribe
son el escenario de esa lucha tenaz entre el hombre blanco usurpador y el nativo
defensor de sus mujeres y de sus haberes. La respuesta del ser caribeño ante el
atropello del conquistador es el ejercicio de la violencia sin reparos. De ahí que
lexicalmente, la definición injusta de Caribe esté asociada con caníbal o un ser
violento. De acuerdo con el Diccionario de Uso del Español de María Moliner
(2007), Caribe se asocia con la idea y definición de salvaje u hombre bruto. A
partir de tales nociones se justifican la esclavitud y todas las violencias que entraña
esta forma de sometimiento, en tanto es el medio con el cual el blanco hace pleno
el dominio de su presencia en esta región. Bajo el pretendidamente inocente
propósito de educar a ese inculto e indómito hombre caribeño e inculcarle nuevas
formas de vida y de pensamiento, se hace indispensable la institucionalización
del castigo. Lo anterior dio pie para concebir que la buena educación se hacía con
castigos, de ahí la triste frase que luego trazó un largo periplo por la pedagogía:
“La letra con sangre entra”.
212 Hernando Motato
El hombre europeo, en este caso el español, creyó firmemente que la
expoliación, la explotación y la exterminación de estos “salvajes” era un mandato
divino, pues, según el blanco invasor, los hombres de estas tierras carecían de
alma y, por lo tanto, se postulaban figuras del demonio. De igual modo, desde
la perspectiva del catolicismo, los nativos americanos fueron considerados seres
profanos por sus adoraciones a los ríos, las montañas, los árboles, el sol, la luna y
las estrellas.
Al respecto de lo antes planteado, conviene señala lo siguiente:
Por una parte, entonces, Colón quiere que los indios sean como él, y
como los españoles. Es asimilacionista en forma inconsciente e ingenua;
su simpatía por los indios se traduce “naturalmente” en el deseo de verlos
adoptar las costumbres del europeo. Decide llevarse algunos indios a
España “porque volviendo sean lenguas de los cristianos y tomen nuestras
costumbres y las cosas de la fe” (Todorov, 1997, pp. 50-51).
Esa visión de Colón contrasta con el pensamiento de los hombres de la Iglesia
Católica, quienes impusieron violenta y sistemáticamente la religión. En este
proceso de aculturación aparecen nuevas formas de expresión ideológica como la
aparición de vírgenes y santos a lo largo y ancho del sur del continente. Lo anterior
implicó que el listado de nombres del santoral se diera en correspondencia con los
santos patrones de un pueblo, un país o una ciudad. Fue así como tuvieron lugar
nombres como: Caridad, en Cuba; Guadalupe, en México; Marco, Juan, Tadeo,
Jesús, José, Carmen y Fátima, entre otros, en “honor a algún santo católico”.
En este sentido, recordemos La tempestad de William Shakespeare. En esta
obra, Ariel, el salvaje noble, —quien vive en estado de libertad en un nuevo
mundo; el cual imagina Montaigne— debe tributo a Próspero, quien se configura
como su guía existencial, cultural y espiritual. En virtud de estos favores, a Ariel se
le exige la obediencia y la sumisión.
Ariel.
¡Salve, gran dueño! ¡Mi respetable señor, salve!
Vengo a servir a tu mejor deseo,
sea el que vuele, nade, me sumerja
en el fuego o vaya cabalgando
sobre las rizadas nubes, por duro que sea
lo que ordenes,
Ariel y sus poderes se doblegan.
Próspero.
¿Has ejecutado, espíritu, puntualmente
la tempestad que te ordené?
Ariel.
Al pie de la letra… (Shakespeare, 1996, p. 66).
Una visión poética del caribe en la obra de Raúl Gómez Jattin 213
Ariel es el espíritu del salvaje que poco a poco asimila de su maestro Próspero
las sabias enseñanzas que este le ofrece desde otra visión cultural. Esto hace que
su concepción del mundo se transforme y se adapte a las condiciones de un
nuevo orden social y cultural. Es la confrontación del bárbaro y con el civilizado,
de la cual, muchos años después, se nutren los escritores latinoamericanos para
la generación de las novelas del llamado “Ciclo telúrico” del cual tenemos a: La
Vorágine (1924), Doña Bárbara (1929) y Don Segundo Sombra (1926); obras que
señalan el enfrentamiento entre el hombre y la naturaleza. En este encuentro está la
presencia del personaje que llega de la ciudad, el personaje ilustrado que impone
nuevas formas de pensamiento y combate la rudeza del nativo. Doña Bárbara,
por ejemplo, en este sentido, ya no es ese personaje indócil y cerrero cuando cae
en el embeleso de la palabra y en el porte ciudadano de Santos Luzardo. Arturo
Cova seduce con la delicadeza de su lenguaje y enamora con la poesía. Hasta
aquí se tienen frente a frente dos concepciones culturales, lamentablemente
señaladas como la barbarie y la civilización. Ese hombre bárbaro deja profundas
enseñanzas que aún son percibidas o perduran en el quehacer artístico como
es la exaltación de la tierra y todas sus manifestaciones sobrenaturales, tal como
es la comunicación con las plantas o con las aves, tal como lo vive Juan Primito
en Doña Bárbara, tal como lo recrea el poeta Gómez Jattin: “Allí tuve una casa
de techumbre pajiza/con agujeros en lo más alto/por donde el viento se colaba
trayéndome/noticias del universo” (2004, p. 45). Quizás sin proponerse nos
hace un guiño poético para poner en escena esa imagen del viento desde lo
sobrenatural que tiene para el hombre del Caribe.
Desde otra dimensión del Caribe está la parte geográfica, esta región comprende
no sólo la parte insular sino también la parte continental bañada por el mar Caribe
y se extiende desde el sur de los Estados Unidos; la parte correspondiente a
Miami, New Orleans hasta el nordeste del Brasil, tal como es Salvador y Río de
Janeiro. Esta complejidad geográfica deviene en una variedad cultural, lingüística,
social y política. En el ámbito cultural es clara la visión triétnica; determinante
en la expresividad de la música, la idiosincrasia y el lenguaje, este último como
generador de diferentes expresiones dialectales que hacen del Caribe una rica
región lingüística y, que, posiblemente, redunda e influye en la poesía y en las
composiciones musicales. De lo anterior se puede decir que Gómez Jattin se
nutre para darle a su poesía esas imágenes alborozadas de luz y de color, como en
estos versos: “porque sé cultivar naranjos y vegetales aún en la canícula” (2004,
p. 3). Aquí aparece el campo en el esplendor del color amarillo y además con
sutileza señala la tenacidad del hombre del campo.
En cuanto al sincretismo, producto de las tres culturas, está la música como
una característica de la diversidad de actitudes del hombre frente a su historia
y a su espacio, pues en la música el hombre del Caribe cuenta cómo llegó el
negro a estas tierras, cómo fue el tráfico negrero y cómo lo pusieron a trabajar
largas y extenuantes jornadas en los ingenios azucareros. Aparentemente, el
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Caribe musical es una ruta donde el disfrute y el goce del espíritu del ser caribeño
hacen parte de su espíritu festivo, pero hay algo más profundo en los mensajes
de las canciones y es esa historia cargada de nostalgia y de dolor. Tal como se
siente al escuchar el jazz, en New Orleans; la bomba y la plena, en Puerto Rico;
el merengue, en República Dominicana; la méringue, en Haití; el biguine, en
Martinica; el Calipso, en Trinidad; el reggae y el movimiento rastafari, este último
surgido a partir de la protesta del negro contra el blanco, la cual sucedió en 1930,
en Jamaica; la gaita zuliana, en Venezuela; la cumbia, el porro y el vallenato
en nuestro Caribe colombiano; el tamborito, en Panamá; el palo de mayo, en
Nicaragua; la conga, el Son, la guaracha y la rumba, en Cuba; el danzón, en
Veracruz, México; y, por último, la bossa nova, en Brasil. Son notas musicales
que dan cuenta del oprobio y explotación al negro como también la nostalgia y la
evocación de la tierra que aprendieron a amar. De ahí que el mar, las palmeras y
la playa aparezcan reiteradamente en la música y poesía del Caribe y de ello hay
versos en la poesía de Gómez Jattin que reafirman lo antes planteado.
Allí soñé escribir y cantar. Soñé llevarme a Cereté
A otros lugares. Deletreando en un papel blanco
A que gentes de otros ámbitos conocieran sus noches
Estrelladas
De espermas y fandangos cuando la Candelaria
Y esa alma gentil y bondadosa de ustedes mis amigos (2004, p. 45).
Es el encuentro entre la poesía y la música en la reafirmación de identidad
cultural. Estos versos de la ensoñación telúrica de ese pueblo testigo de las
andanzas del poeta como es Cereté y en él las fiestas a la Virgen de la Candelaria
y el esplendor del fandango con las parejas que deleitan la vista al son de los
tambores y las gaitas y el baile testigo mudo de amores y de seducciones.
Este recorrido musical reafirma una vez más el sentido cultural del Caribe
en su unidad y diversidad; unidad en términos de visión del mundo, unidad en
la cosmovisión del espacio y, más específicamente, en el sentido de asociación
que hay entre el mar y la música. Esta hermandad se palpa en las voces de los
boleristas y de las canciones de la música afro antillana, llámese son guaracha,
chachachá, mambo, merengue etc. Al respecto, señalo un ejemplo: Vereda
Tropical, del compositor Gonzalo Curiel:
Voy…/por la vereda tropical/la noche plena de quietud/con su perfume
de humedad/ Y en…/la brisa que viene del mar/se oye el rumor de una
canción/canción de amor y de piedad. / Con ella fui/noche tras noche/hasta
el mar/para besar/su boca fresca de amor… (Leal, 1992, p. 63).
Una visión poética del caribe en la obra de Raúl Gómez Jattin 215
Esto es la música, el mar y el amar, trío que invita al éxtasis de la contemplación
de la amada, de la llanura marina, de la noche y de la pasión. Estos son los
componentes implícitos o sagazmente escondidos en la poesía de Gómez Jattin,
los cuales se abren o se descubren cuando leemos del poema Ombligo de luna
los siguientes versos: “Es tarde amor. El mar trae tormenta/Hay una luna pálida
que recuerda tu ombligo/Y unas nubes livianas y pesadas como tus manos/beben
sedientas Así cuando yo sobre tu boca muero” (2006, p. 107). En la canción de
Curiel está el encuentro amoroso bajo la complicidad de la noche y el rumor del
mar, mientras en la poesía de Gómez Jattin hay abandono y recuerdos.
También está la canción Isla del encanto del compositor E Hernández y la
interpretación de la Orquesta Broadway. Aquí se nos ambienta el paisaje del mar
en una noche de amor. “Cuando la luna cae sobre tus palmeras/y en tus playas el
mar agita sus olas,/el firmamento brilla su mejor estrella/para darle luz a su preciosa
nena”. Si bien es la exaltación a Puerto Rico o la “Isla del Encanto”, como también
se conoce, de igual forma, permite la relación entre espacio idílico y mujer, pues
la canción nos remite a una nena como es la isla. Gómez Jattin nos presenta
ese mismo sentimiento cuando dice: “Aquel amor de fiebre y de tormento/aquel
estar pendiente de la luna entre los cocoteros/por si ella me traía presagios de tu
cuerpo. Pero en vano/Pero estaba demasiado enfermo para soportar/la intimidad
de las caricias. No hubieras conocido/ en mí sino el temblor de un poeta y de su
muerte” (2006, p. 124).
En este punto, se hace necesario tener en cuenta que “La relación de los hombres
insulares con el mar es una de las principales fuentes de referencia contextual,
que determina de manera inmediata su concepción del mundo” (Giménez, 1990,
p. 162). El poeta y el músico le cantan al mar, lo sienten como parte de su esencia
espiritual, como el espacio para la intimidad. “Ante el mar encendí mis primeros
poemas/ defendiendo mi causa de sus asolaciones…” (Gómez Jattin, 2006, p. 53).
El mar es determinante en la visión cultural en el pensamiento del ser caribeño.
En lo que corresponde a Colombia, esta denominación se hace extensiva al
hombre costeño o de la Costa Atlántica o del Caribe que comprende o abarca
los departamentos de Sucre, Córdoba, Magdalena, Bolívar, Cesar, Atlántico, La
Guajira y Las islas de San Andrés y Providencia.
En la línea de estas apreciaciones está el poema De mi valle, aquí Gómez Jattin
nos exalta la presencia de ese pueblo del departamento del Caribe colombiano en
resuello de los instrumentos que pelean con el viento y convierten a ese pueblo
en una isla de recuerdos y de músicas. Dicen los versos: “Existe San Pelayo/un
recodo milagroso del tiempo/una isla de música en el letargo del valle/glorioso
San Pelayo/de trompetas y tambores” (2004, p. 61). Poesía y música unen los
sentimientos de ese espíritu y nada más evocador de su tierra en el espíritu del
caribeño que los compases de un acordeón cuando escucha canciones como El
cantor de Fonseca, del compositor Carlos Huertas, cuando dice: “Alguien me dijo
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de dónde es usted/que canta tan bonito esa parranda, /óigame compa usted no
es del Valle/del Magdalena, ni de Bolívar,/ pues se me antoja que sus cantares/
son de una tierra desconocida. /y yo le dije si a usted le inspira/saber la tierra de
donde soy/con mucho gusto y mucho honor/yo soy del centro de La Guajira/Nací
en Dibuya, frente al mar Caribe,(...)”
La poesía de Gómez Jattin contagia de alegría, de música y de sabor.
Responde, en suma, a ese sentimiento que expresa la cosmovisión y la cultura
de esa región del país. De tal modo que “A Gómez Jattin le importa, de modo
casi literal internarse en sus textos, adoptar la identidad que estos le conceden”
(Monsiváis, 2004, p. XIX). Por eso cuando se habla del costeño se dice de él que
es una persona amplia, descomplicada, amigable, sincera y alegre. De ahí que
los poemas de Gómez Jattin sean una constante imagen de ese calor humano
inherente a la condición del ser caribeño, bien sean las metáforas de la ensoñación
o de la contemplación con que se disfruta la llanura marina o bien sean las formas
de convivencia con el medio desde lo hostil hasta la complacencia estoica de la
adversidad.
Percy Bysshe Shelley dice que la poesía siempre va acompañada de placer
y esto se cumple en la poesía de Gómez Jattin como si su espíritu se abriera
para recibir la alegría que brinda el mar en su infinidad, la naturaleza en su
prodigalidad y la sabiduría de la vida que va entrelazada con el deleite de la
misma. En “Serenata”, Gómez Jattin tiende una invitación al placer, al disfrute de
la vida, pues en él la vida adquiere sentido cuando se escucha la música y se ama.
“Asómate amor mío/que el cielo ha encendido un fandango/en su comba lejana y
no hace frío/el viento musica entre árboles un gemido/que parece tú sintiéndome
el placer” (2006, p. 109). Cabe resaltar que del sustantivo música nace un verbo
y de allí la validez del verso: “el viento musica entre árboles un gemido”. Así,
también, en estos versos hay una abierta manifestación de amar bajo la compañía
de la noche y del viento que canta o musita el encuentro de los amantes. En
esta unión el cielo está complacido y el fandango sirve de complemento a la
contemplación del amor.
Gómez Jattin logró, en la poesía colombiana de hoy, tocar el sol. Era una
panteísta exuberante, vital y dionisiaco, que cantó y bailó, en las riberas
del río Sinú, en Cereté, en Cartagena, en la costa Atlántica, al transformar a
todos los seres, del hombre a la gallina, en dioses.
Logró darle tal calor y tal vitalidad a nuestra esmirriada poesía, que leerlo
era palmotear de júbilo, reír y solazarnos en el calor dichoso de su música,
surcada toda ella con los rasgos de su cultura y el folclor del Caribe (Cobo,
2003, p. 491).
Una visión poética del caribe en la obra de Raúl Gómez Jattin 217
En este aspecto es necesaria la presencia ineludible de la música y su cómplice
el mar, pues componen una pareja indisoluble en la visión del poeta caribeño. La
poesía de Gómez Jattin no es la excepción, pues hace de la poesía un culto al
ritmo, una adoración a la palabra en su esencia sonora y una expresión del ser
caribeño en lo más alto de su espíritu festivo. Su poesía es un ritual que desborda
las leyes de lo prohibido ya que en ella hay una invitación al goce, al desenfreno,
tal como fue su vida y su obra. Roberto Burgos Cantor recuerda que:
Entonces Raúl compuso una canción que a mí me pareció muy triste.
Yo vengo de San Pelayo
A contarles mis historias.
En menos que canto un gallo
Cuento olvidos y memorias.
El hijo que tú esperabas,
Pobrecito, nació muerto.
Y seguía, esto es lo que yo recuerdo. Era impresionante, porque uno se
dice, bueno, ¿Qué tiene qué ver eso con la obra de Kafka? (2004, pp. 225-
226).
Por ejemplo, del poeta Rómulo Bustos, nacido en la población de Santa
Catalina de Alejandría en el departamento de Bolívar, tomo los siguientes versos:
“El rostro de la luna El gozoso/plumaje de los árboles/la suave lluvia. El mar oleando
sus fogajes/ ¿Mas qué son todas las galas/ante el rostro jubiloso de un arcángel/
suspendido su respiro en la empinada ebriedad del vértigo?” (2004, p. 93). En
estos versos la presencia de lo erótico es más sutil, pues se desvía la atención
desde el componente religioso que también tiene un ingrediente erótico para
hablarnos de la ebriedad del vértigo que es la metáfora del Eros.
Ahora bien, la apreciación global del Caribe me lleva a la reflexión de lo
que es el Caribe colombiano como expresión de sentimiento que permite
la diferenciación con respecto a los otros. En el Caribe están presentes las
manifestaciones humorísticas, sexuales, telúricas, amistosas, de compadrazgo,
musical y lingüística que los diferencian del otro. Raúl Gómez Jattin presenta
los rasgos de una visión caribeña en la dimensión sui generis, muy propia de
su poesía, que lo hace diferente, a veces inexplicable, o malinterpretado o mal
entendido en el medio poético.
De ahí que veamos paso a paso cómo se manifiesta la poesía de Gómez Jattin
en el marco de una visión poética del Caribe. Al respecto tomo el caso del humor
en su poesía o como se conoce en el Caribe con la palabra mamagallismo. Por el
momento vayamos a ¿qué es el humor? Es una cualidad del ser que consistente
en mostrar lo que hay de cómico o burlesco en el otro o en las cosas. El humor se
asocia más con lo serio, para que haya humor se necesita la reflexión y eso lo que
lo diferencia del chiste. Este suceso degrada; el humor redime, consagra las cosas,
los momentos y el ser en la trascendencia del pensamiento. Una cualidad del
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humor es la puesta en escena del yo, de su esencia tanto cultural como social en
la relación con el otro, tal como lo dice Macedonio Fernández con respecto a la
sutileza de la palabra: “En el humorismo conceptual, en cambio, funciona siempre
el autor con dos elementos optimísticos, además de la temática: su exhibición de
facultad de ingenio…” (1988, p. 122). Entendemos la poesía de Gómez Jattin en
su contenido humorístico cuando penetramos en la profundidad de la palabra
y lo poético que ella asume. Cuando abrimos un libro de él y nos encontramos
con el poema que dice: “COMO YERBA FUI y no me fumaron” (2006, p. 9) los
interrogantes o las inquietudes saltan a la vista. El humor o el mamagallismo en
la poesía de Gómez Jattin soporta una dualidad en la intención interlocutora. El
primer nivel funciona en la asociación yerba y fumar, entonces se asocia con el
vicio de la marihuana. Se habla de la yerba que, como es apenas obvio, tiene
diversas acepciones, de acuerdo con el medio y la época. Papel de bambú, en
Puerto Rico, manta de bandera en los viejos de Barranquilla, la maracachafa en
Cali de los años setenta, el cachimbo que en Venezuela es pipa y deviene en el
cigarro de marihuana, la mota en México, la chicharra, el porro, el embale o el
bareto. Se ve claramente, entonces, que la primera impresión de este poema es
la alusión al vicio.
El segundo nivel interpretativo de este poema tiene que ver con la referencia a
la obra poética de Fernando Pessoa. Hay una modificación burlesca o mamagallista
en el mejor sentido caribeño. El poema de Gómez Jattin asume el pastiche o la
imitación burlesca de la obra de Pessoa y en esa imitación funciona la reflexión
como esencia de lo humorístico. “Como yerba fui y no me fumaron” se deja
leer en la profunda esencia poética del texto pessoano. Una relación detallada
de los dos poemas deja al trasluz el sentido de la desesperanza y de la muerte
y en el caso de Gómez Jattin trasluce ese dejo mamagallista a la muerte y a la
desesperanza.
El poema de Pessoa “Escrito en un libro abandonado en un viaje” asume la
dimensión de lo efímero de la vida y la trascendencia del tiempo en esa sinrazón
de la existencia.
Vengo de tierras de Beja
voy al centro de Lisboa.
No traigo nada y no encontraré nada.
Tengo el cansancio anticipado de lo que no encontraré,
y la saudade que siento no está en el pasado ni en el
Futuro.
Dejo escrita en este libro la imagen de mi designio muerto:
Fui como hierbas y no me arrancaron (1987, p. 111).
Una visión poética del caribe en la obra de Raúl Gómez Jattin 219
Si nos detenemos más en la intención del pastiche encontramos que las
afinidades entre los dos poemas traslucen aspectos del pesimismo en la dimensión
tanto desesperanzada como humorística.
Tabla No. 1.
Fernando Pessoa Raúl Gómez Jattin
YO TENGO PARA TI mi buen amigo
Vengo de tierras de Beja
Un corazón de mango del Sine.
No tengo nada y no encontraré nada Yo no tengo presente/sólo pasado y futuro.
Tengo el cansancio anticipado de lo que El cuerpo de esa tarde/ es el fluido tenso
no encontraré entre el pasado y el futuro.
Y la saudade que siento no está en el
pasado ni en el futuro
Dejo escrita en este libro la imagen de Siento escalofríos de ti
mi designio muerto hermana muerte.
Fuente: Elaboración propia.
En el cotejo de la poesía de Pessoa y Gómez Jattin se entretejen imágenes
de la desesperanza, de la muerte, de la angustia; imágenes en el soporte del
existencialismo de la poesía de Pessoa como en el humorismo de Gómez Jattin.
Esa visión poética del Caribe a partir del humor destaca el pensamiento, juega
con los atributos del otro, recrea un ámbito, paladea la muerte, coquetea con el
tiempo y establece la siguiente síntesis: el humor en la visión poética del Caribe es
el soporte de cómo lo trascendente se degrada, no se le rinde culto sino a través
de la risa y de lo burlesco. Según lo consignado, el mamagallismo constituye en
el Caribe una expresión social y cultural.
En una relación más amplia del sentido del humor como visión poética del
Caribe apelo a otros poetas del mismo ámbito. Me refiero a Nicolás Guillén, Palés
Matos y Luís Carlos López, respectivamente de Cuba, Puerto Rico y Colombia.
Mulata.
Ya yo me enteré, mulata,
mulata, ya sé que dise
que yo tengo la narise
como nudo de cobbata (Guillén, 1980, p. 10).
La pareja hace pública la cotidianidad a partir de la comparación burlesca
de la nariz con el nudo de corbata, pero la similitud va más allá de la simple
relación, pues ella implícitamente hace alarde del rumor —expresión muy propia
del Caribe— para la divulgación del apodo.
220 Hernando Motato
Preludio en boricua.
Con cacareo de maraca
y sordo gruñido de gongo,
el telón isleño destaca
Una aristocracia macaca
a base de funche y mondongo (Palés,1988, p. 146).
Versos en donde el humor juega un rol importante en la desacralización de
la jerarquía aristocrática. La palabra “macaca” soporta el peso de la burla, pues
admite la significación de simio y a la vez de deforme, atrasada e hipócrita. La
desacralización radica en el espíritu festivo con que se celebra la presentación de
la aristocracia.
Postura difícil
Siento el paisaje, pero la vecina,
noble señora muy devota, muy
de mi pueblo, me ofrece su anodina
conversación de ama de llaves (López, 1979, p. 120).
Desde el mismo título, Luís Carlos López nos presenta la idea de la burla; es
una dama mediocre y esto obedece a la beatería y a los rezos, pues sólo tiene
conversación para la crítica acerba o mal intencionada. Los versos ofrecen ese
ambiente mediocre, cotidiano y anodino de las gentes. Pues bien, este conjunto
de versos se relacionan con el humor trasgresor que hay en la poesía de Gómez
Jattin.
El otro aspecto trascendente en la visión poética del Caribe es el sexo y Raúl
Gómez Jattin hace de él motivo de burla, de sonrojo, de escarnio y de juego.
Pero en todos estos aspectos destacan la ironía y el sarcasmo. De burla en tanto
desacraliza la intimidad de los amantes o de la pareja; de juego en la medida que
entra en el pensamiento del otro y lo reta a que asuma una posición o defina la
moralidad en el tema de la zoofilia; de escarnio, en cuanto la mujer de cuerpo
grotesco o el hombre que mantiene su homosexualidad oculta son tratados
con la crudeza del lenguaje, no hay en aquí la mediación de las imágenes o
de la metáfora que atenúe la palabra soez o la desfachatez con que se trata el
acto sexual. Estas situaciones que se presentan en la poesía de Gómez Jattin se
comprenden y se interpretan desde lo que plantea Rómulo Bustos Aguirre en "El
resplandor ético de la palabra obscena" cuando Bustos, a propósito del siguiente
poema precisa que: “la buena conciencia del lector es asaltada por el ingreso de la
práctica del bestialismo en las praderas sublimes de la poesía. El lugar semántico
de este elemento ocurre, precisamente en esa tensión entre Memoria Vigilante y
Desmemoria Excluyente” (1998, p.12).
Una visión poética del caribe en la obra de Raúl Gómez Jattin 221
TE QUIERO BURRITA/Porque no hablas/Ni te quejas/Ni pides plata/Ni lloras/
Ni me quitas un lugar en la hamaca/Ni te enterneces/Ni suspiras cuando me
vengo/Ni te frunces/Ni me agarras/Te quiero a ti sola/Como yo/Sin pretender
estar contigo/Compartiendo tu crica/Con mis amigos/Sin hacerme quedar
mal con ellos/Y sin pedirme un beso (2006, p. 19).
No es la animalidad en sí o per se, no es la zoofilia en la más simple exposición
de una cultura Caribe, sino es la actualización o puesta en escena de unas
prácticas sexuales legendarias y anejas al tiempo y a la cultura. Veamos que desde
los tiempos remotos ya existía esta práctica en las comunidades primitivas. Al
respecto leamos lo que La Biblia prohíbe en el Levítico; capítulo 18, versículos 23
y 24: “Con ningún animal tendrás ayuntamiento, haciéndote impuro con él, ni
mujer alguna se pondrá delante de animal para ayuntarse con él, es perversión.
En ninguna de estas cosas os haréis impuros, pues en todas estas cosas se han
corrompido las naciones que yo expulso de delante de vosotros y también la tierra
fue contaminada” (1995, p. 167). Con lo anterior queda descartada la lectura
coercitiva de este poema, pues estos versículos exorcizan al poeta y le quitan ese
remoquete de perverso o maldito.
Una lectura atenta del poema nos ofrece la humanización del animal, pues la
burrita conlleva el peso de la comprensión, del amor y de la ternura a partir de las
contradicciones que las palabras agencian en el poema. La burrita no habla, no
llora, no se enternece, pero le es fiel, respetuosa y reservada, tal como se presenta
en la idiosincrasia de la cultura del Caribe.
Ahora veamos que en cada de una de estas expresiones se oculta una
manifestación o una condición del ser en sus momentos más trascendentales.
Precisamente, Orlando Fals Borda, a propósito del sexo dice que:
Una fuente de esta dinámica cultura costeña ha sido nuestra actitud ante la
sexualidad. Viéndolo bien, el sexo no era ni es un problema entre nosotros
los costeños, ni siquiera en relación con conocidas costumbres de grupos
de juegos juveniles. Marica, sabemos que el burrear ayuda a desarrollarse
al hombre. ¡Se apendeja el maricón que no lo hace! Todos los estamentos
de nuestra sociedad toleran la funcionalidad madurante del burreo, con
la diferencia de que aquí somos lo suficientemente francos en admitirlo,
mientras que en otras partes los hipócritas disimilan su propia bestialidad
con otros animales. Y también toleramos o comprendemos con humanidad-
aunque con alguna sonrisa pícara- las situaciones incómodas de las
“queridas”, de los amantes reservados de viudas y jóvenes urgidas. Eso
de levantar mujer u hombre, marica, es cosa diaria que a nadie preocupa
(1979, p. 151b-152b).
222 Hernando Motato
Gómez Jattin, desde esta visión, plantea una imagen del mundo caribeño,
especialmente en cuanto al hombre de nuestra Costa Atlántica. El desenfado, la
sencillez y espontaneidad abren las puertas de su mundo para la comprensión del
otro, para la interpretación de su cultura. Su poesía es un acto dialógico, un acto
de acercar los mundos culturales; el mío y el ajeno, de entender la intención del
otro a partir del acto poético. Y tal como lo señala Fals Borda, el hombre de la
costa no tiene aprensión para el trato con el sexo, pues éste es parte de su vida
cotidiana.
En América Latina, ya algunos escritores lo habían intentado. Así pues, Vargas
Llosa en La ciudad y los perros (1963) menciona las relaciones sexuales de los
alumnos internos del Leoncio Prado con la malpapeada y con las llamas. También
está la referencia a la cultura brasilera como en el caso de la novela Estancia modelo
(1975), de Chico Buarque. Remito el lector al texto de la novela de Buarque
para mayor ilustración del caso pertinente. Aunque es una novela que apela a
lo grotesco, a su vez se constituye en una alegoría para darnos una idea sobre la
profundidad de la situación del pueblo brasilero, sometido a una dictadura, pero
presentado de una manera irritante y divertida. La novela se constituye en una
parodia de las obras de Swift y de Orwell y de esta manera no cae en el panfleto.
Fue confinada en el establo con sus compañeras de pura sangre. No tenía
sentido abandonar a las hembras finas a la buena del campo pescándole
garrapatas y gonorrea. Y Juvenal comprobó que es más dispendioso
transportar alimentos para los animales en el campo que abrigarlos y
engordarlos en recintos cerrados. Ellas, las vacas, no llegaron a manifestar
sus aflicciones y anhelos. Antes de sondear sus opiniones, dudas y
palpitaciones, Juvenal les impuso la sublime misión de los hijos (Buarque,
1975, p. 43).
Culturas que se tocan en el profundo sentido de la existencia, acercamientos
en las conductas de los seres humanos que en un tácito diálogo viven la vida en
la transparencia de la cultura. Quizá desde afuera se censure desde la óptica de
la moral social y cultural, pero es precisamente desde la perspectiva de la cultura
Caribe que podemos realizar una comprensión de este comportamiento de sus
gentes, sin que ello produzca una trasgresión en el pensamiento. El poema de “Te
quiero burrita” se aprecia desde la frontera cultural de la palabra muy propia del
Caribe con respecto al sexo con los animales. Cuando tal situación ocurre hay un
desprendimiento del prurito moral o religioso y se adentra en los ámbitos de la
cultura costeña o Caribe y en ella se disfruta la fiesta con la palabra, bien sea en el
humor o en efecto de las imágenes. El deleite del humor con esa expresión de “te
quiero burrita porque no hablas” o en el placer de las imágenes como en los versos
de “te quiero a ti sola/como yo/sin pretender estar conmigo” en ese erotismo que
desdobla la conciencia y se cae en un inocente juego entre lo sentimental y el
ritual liberador del sexo. Es el verso retador que pone al descubierto la intimidad
de la cultura Caribe desde lo expresivo del sexo y la mirada del otro desde la
Una visión poética del caribe en la obra de Raúl Gómez Jattin 223
censura. “Te quiero burrita” mueve a la risa abierta o al paso trasgresor de la
lectura para el conocimiento de la esencia popular del sexo con animales.
En síntesis, se infiere que la poesía de Gómez Jattin es un canto de alabanza a
las expresiones culturales de su tierra a partir de imágenes que recrean la memoria
y en ella los recuerdos de su infancia en los patios, los juegos con sus amigos y
las parrandas interminables y pantagruélicas animadas por el vallenato. De este
modo, el lector entiende que nos encontramos ante un poeta trasgresor de un
orden social y en ese acto liberador con la palabra nos invita al disfrute de la
cultura caribeña en los círculos turbulentos del lenguaje poético a partir de las
trampas que nos tiende la aparente pasión mundana, pues la cultura descansa en
la coerción de los instintos F
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