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Inconstitucionalidad del Aborto en Colombia

Este documento presenta la Sentencia C-355/06 de la Corte Constitucional colombiana. Resuelve tres demandas de inconstitucionalidad contra artículos del Código Penal relacionados con el aborto. La Corte encuentra que las normas demandadas violan principios como la dignidad, autonomía y libre desarrollo de la personalidad. Sin embargo, la sentencia declara la exequibilidad condicionada de dichas normas, sujetas a un nuevo entendimiento que proteja mejor los derechos de la mujer.
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Inconstitucionalidad del Aborto en Colombia

Este documento presenta la Sentencia C-355/06 de la Corte Constitucional colombiana. Resuelve tres demandas de inconstitucionalidad contra artículos del Código Penal relacionados con el aborto. La Corte encuentra que las normas demandadas violan principios como la dignidad, autonomía y libre desarrollo de la personalidad. Sin embargo, la sentencia declara la exequibilidad condicionada de dichas normas, sujetas a un nuevo entendimiento que proteja mejor los derechos de la mujer.
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Sentencia C-355/06

SENTENCIA DE CONSTITUCIONALIDAD CONDICIONADA-Aplicación

Referencia: expedientes D- 6122, 6123 y 6124 Demandas de inconstitucionalidad


contra los Arts. 122, 123 (parcial), 124, modificados por el Art. 14 de la Ley 890
de 2004, y 32, numeral 7, de la ley 599 de 2000 Código Penal.

Demandantes: Mónica del Pilar Roa López, Pablo Jaramillo Valencia, Marcela
Abadía Cubillos, Juana Dávila Sáenz y Laura Porras Santillana.

Magistrados Ponentes:
Dr. JAIME ARAÚJO RENTERÍA
Dra. CLARA INÉS VARGAS HERNANDEZ

Bogotá, D. C., diez (10) de mayo de dos mil seis (2006).

La Sala Plena de la Corte Constitucional, en cumplimiento de sus atribuciones


constitucionales y de los requisitos y trámite establecidos en el Decreto 2067 de
1991, profiere la siguiente

SENTENCIA

I. ANTECEDENTES

La ciudadana Mónica del Pilar Roa López, en ejercicio de la acción pública de


inconstitucionalidad, presentó demanda contra los arts. 122, 123, 124 y 32 numeral 7 de la
ley 599 de 2000 (Código Penal), a la cual correspondió el expediente D- 6122.

El ciudadano Pablo Jaramillo Valencia, en ejercicio de la acción pública de


inconstitucionalidad, presentó demanda contra los arts. 122, 123, 124 y 32 numeral 7 de la
ley 599 de 2000 (Código Penal), a la cual correspondió el expediente D- 6123.

Las ciudadanas Marcela Abadía Cubillos, Juana Dávila Sáenz y Laura Porras Santillana, en
ejercicio de la acción pública de inconstitucionalidad, presentaron demanda contra los arts.
122, 124 y 123 (parcial) de la ley 599 de 2000 – Código Penal, modificados por el art. 14 de
la ley 890 de 2004, a la cual correspondió el expediente D- 6124.

Según constancia de fecha catorce (14) de diciembre de dos mil cinco (2005) de la
Secretaria General de esta Corporación, la Sala Plena de la Corte Constitucional, en sesión
llevada a cabo el día trece ( 13 ) de diciembre del mismo año , resolvió acumular los
expedientes D- 6123 y D- 6124 a la demanda D- 6122 y en consecuencia su trámite deberá
ser conjunto para ser decididos en la misma sentencia.

Mediante auto de Dieciséis (16) de Diciembre de dos mil cinco (2005), fueron admitidas
por el Despacho las demandas presentadas.
Así entonces, cumplidos los trámites constitucionales y legales propios de los procesos de
inexequibilidad, la Corte Constitucional procede a decidir acerca de la demanda de la
referencia.

II. NORMAS DEMANDADAS

A continuación se transcribe el texto de las disposiciones demandadas, acorde con su


publicación en el Diario Oficial No 044.097 de 24 de julio del 2000 y se subrayan los apartes
acusados:

―CONGRESO DE LA REPÚBLICA

LEY NÚMERO 599 DE 2000

(Julio 24)

―Por la cual se expide el Código Penal‖.


El Congreso de Colombia,

DECRETA:
(… )

ART. 32.—Ausencia de responsabilidad. No habrá lugar a responsabilidad penal


cuando:
1. ( … )
7. Se obre por la necesidad de proteger un derecho propio o ajeno de un peligro
actual o inminente, inevitable de otra manera, que el agente no haya causado
intencionalmente o por imprudencia y que no tenga el deber jurídico de afrontar.
(…)

CAPÍTULO CUARTO

Del aborto

ART. 122.—Aborto. La mujer que causare su aborto o permitiere que otro se lo cause,
incurrirá en prisión de uno (1) a tres (3) años.

A la misma sanción estará sujeto quien, con el consentimiento de la mujer, realice la


conducta prevista en el inciso anterior.

ART. 123.—Aborto sin consentimiento. El que causare el aborto sin consentimiento de


la mujer o en mujer menor de catorce años, incurrirá en prisión de cuatro (4) a diez
(10) años.

ART. 124.—Circunstancias de atenuación punitiva. La pena señalada para el delito de


aborto se disminuirá en las tres cuartas partes cuando el embarazo sea resultado de
una conducta constitutiva de acceso carnal o acto sexual sin consentimiento, abusivo,
de inseminación artificial o transferencia de óvulo fecundado no consentidas.
PAR.—En los eventos del inciso anterior, cuando se realice el aborto en
extraordinarias condiciones anormales de motivación, el funcionario judicial podrá
prescindir de la pena cuando ella no resulte necesaria en el caso concreto.

III. DEMANDAS

1. Demandante Mónica del Pilar Roa López.

La demandante considera que las normas demandadas violan el derecho a la dignidad, la


autonomía reproductiva y al libre desarrollo de la personalidad establecidos en el
0preámbulo, los artículos 1°, 16 y 42 de la Constitución Política. Igualmente encuentra
vulnerados el derecho a la igualdad y a la libre determinación ( art. 13 C.P. ) , el derecho a
la vida, a la salud y a la integridad ( arts. 11,12,43,49 C.P. ) , el derecho a estar libre de
tratos crueles inhumanos y degradantes ( art. 12 C.P. ), y las obligaciones de derecho
internacional de derechos humanos ( art. 93 C.P. ) .

Antes de entrar a analizar los motivos de la violación, la demandante realiza un estudio de


procedibilidad de la presente acción donde expone lo siguiente:

La demanda procede porque:

(i) los fallos anteriores constituye un precedente que amerita respeto pero no constituye cosa
juzgada,
(ii) no es posible predicar la cosa juzgada formal, y
(iii) no puede predicarse la cosa juzgada material.

Los fallos anteriores constituyen un precedente que amerita respeto pero no constituye cosa
juzgada. Los pronunciamientos anteriores de la Corte sobre el tema del aborto en ningún
momento resultaron en fallos de inexequibilidad y por el contrario siempre consistieron en
fallos de exequibilidad configurándose precedente judicial y no cosa juzgada.

No es posible predicar cosa juzgada formal respecto del art. 122 del Código Penal ya que
dicho artículo nunca ha sido demandado frente a la Corte Constitucional.

No puede predicarse la cosa juzgada material para la normatividad demandada del Código
Penal. El artículo 14 de la ley 890 de 2004 consagró un aumento de penas para los tipos
penales de la parte especial del Código Penal. La norma entró en vigencia a partir del 1° de
enero de 2005 por expresa disposición del artículo 15 de la misma ley. Dado que la pena
como elemento esencial del tipo penal ha sido modificada, es claro que nos encontramos
ante un elemento nuevo del tipo penal de los artículos demandados 122,123 y 124 del
Código Penal.

La intención es precisamente apartarme del precedente, presentado razones poderosas


para ello, que respondan a los criterios que también ha señalado la Corte en su
jurisprudencia, para evitar la petrificación del derecho y la continuidad de eventuales errores.

Ahora bien, respecto de las argumentaciones de la violación de la Constitución Política , se


afirma:
Primero: Que se declare la inexequibilidad del artículo 122 de la ley 599 de 2000. La
penalización del aborto tal y como está contemplada en el Código Penal vulnera los
principios fundamentales de libertad, autonomía y proporcionalidad de la Constitución
Política.

Libertades, autonomía y libre desarrollo de la personalidad

La primera y más importante de todas la consecuencias del derecho al libre desarrollo de la


personalidad y autonomía, consiste en que los asuntos que sólo a la persona atañen, sólo
por ella deben ser decididos. Decidir por ella es arrebatarle su condición ética, reducirla a su
condición de objeto, cosificarla, convertirla en medio para los fines que por fuera de ella se
eligen. Cuando el Estado resuelve reconocer la autonomía de la persona, lo que ha
decidido, es constatar el ámbito que le corresponde como sujeto ético: dejarla que decida
sobre su propia vida, sobre lo bueno y lo malo, sobre el sentido de su existencia.

La decisión de una mujer de interrumpir un embarazo no deseado, decisión que tiene que
ver con la integridad de la mujer es un asunto que sólo le concierne a quien decide sobre su
propio cuerpo. Así las cosas, penalizar ésta conducta no es coherente con la doctrina del
núcleo esencial al derecho al libre desarrollo de la personalidad y autonomía como máxima
expresión de la dignidad humana. En otras palabras, al considerar a la persona autónoma y
libre, como lo preceptúa la Constitución, se hacen inviables todas aquellas normas en donde
el legislador desconoce la condición mínima del ser humano como ser capaz de decidir
sobre su propio rumbo y opción de vida.

El derecho al libre desarrollo de la personalidad no es un simple derecho, es un principio


genérico y omnicomprensivo cuya finalidad es cobijar aquellos aspectos de la
autodeterminación del individuo, no garantizados en forma especial por otros derechos, de
tal manera que la persona goce de una protección constitucional para tomar, sin
intromisiones ni presiones las decisiones que estime importantes en su propia vida. La
primera consecuencia que se deriva de la autonomía consiste en que es la propia persona
quien debe darle sentido a su existencia y en armonía con ésta, un rumbo.

El legislador respetuoso de la dignidad humana y al libre desarrollo de la personalidad como


principios fundamentales de la Carta Política, no puede privilegiar, mediante la penalización
una concepción particular sobre la vida y obligar a las mujeres a llevar a término embarazos
no deseados. Al mismo tiempo el legislador debe cumplir una función de mínima injerencia
en la vida de las asociadas. Contraria es la imposición normativa que realiza el art. 122
referido mediante la penalización del tipo penal del aborto, que privilegia una concepción
particular sobre el valor de la vida en detrimento de los derechos constitucionales de la
mujer.

La regla que ha adoptado la Corte Constitucional para privilegiar una concepción de inicio de
la vida para proteger el aborto hasta el momento, debe invertirse y la dignidad, la libertad y la
autonomía de la mujer deben primar sobre cualquier concepción moral de vida.

Proporcionalidad

La intromisión estatal que obliga mediante la penalización absoluta del aborto a una mujer a
soportar la responsabilidad de un embarazo no deseado y algunas veces poner en riesgo su
salud y su vida, desborda las obligaciones que deben soportar los ciudadanos libres,
autónomos y dignos en un Estado social de derecho como el colombiano.

La obligación de tener un hijo no implica la mera decisión de engendrarlo por un período de


nueve meses en el vientre de la madres , implica una serie de cargas y responsabilidades
económicas , sociales y sicológicas, que afecta la integridad y la vida de la mujer .Por lo
tanto, corresponde al juez constitucional realizar el test de proporcionalidad adecuado y
reconocer que con el aborto no sólo está en juego la potencia o la esperanza de vida, sino la
propia vida de la mujer, su salud, su libertad o su dignidad, derecho y valores que
igualmente deben ser protegidos.

Si bien los derecho de la mujer no tiene por lo general la virtualidad de anular el deber de
protección del feto por parte del Estado, en ciertas circunstancias excepcionales, no es
constitucionalmente exigible dicho deber. En este sentido se ha considerado que los
factores temporal y circunstancial son útiles para hacer la ponderación de los derechos de la
mujer frente a la obligación estatal de proteger la vida en formación. La situación desde la
perspectiva constitucional durante los primeros meses de embarazo, es que en ese
momento sólo hay potencialidad de ser y los derechos constitucionales de la mujer pesan
mucho más. Al mismo tiempo, la imposibilidad de interrumpir un embarazo en casos
terapéuticos o de violación también impone una carga constitucionalmente imposible de
defender a las mujeres que viven en situaciones extremas. Una solución que no tenga en
cuenta estos elementos representaría una restricción desproporcionada de los derechos
constitucionales de la mujer.

La presente petición no implica una solicitud al juez constitucional de actuar como legislador
y adicionar condiciones de tipo penal general del aborto. Se refiere más bien a realizar el
ejercicio de ponderación de derecho y deberes constitucionales y establecer así los límites
dentro de los cuales el legislador debe reformular el tratamiento de esta problemática.

Igualdad

La penalización de una práctica médica que sólo requieren las mujeres viola el derecho a la
igualdad e ignora los efectos diferenciales que un embarazo no deseado, tiene en la vida de
mujeres jóvenes , de bajos recursos , y/ o de distinto origen étnico.

El aborto terapéutico ilegal es una violación del derecho a la igualdad en el acceso a la


salud, de acuerdo con el test de igualdad. Si se tiene que el sexo femenino constituye un
criterio sospechoso y que en el marco del derecho a la salud la Corte Constitucional ha
establecido que se deben tratar lo0s mismo intereses sin discriminación al asegurar que
todas las personas tengan acceso a atención básica de salud, la negación de la práctica de
un aborto constituye un claro ejemplo de discriminación a la mujer que vulnera su derecho a
la salud y a la vida.

Para delimitar la vulneración al derecho a la igualdad como un acto de discriminación se


debe identificar un acto que tengo como fin consciente o inconsciente anular, dominar o
ignorar a una persona o grupo de personas violando sus derechos fundamentales. De
acuerdo con lo anterior, la prohibición de la realización de un aborto está ignorando el
derecho a la vida de las mujeres. La medida viola claramente un derecho fundamental y no
es proporcional el trato con el fin perseguido.
En primera instancia, se está discriminando a un grupo que se constituye de acuerdo a la
jurisprudencia de la Corte Constitucional, como un criterio sospechoso. En segundo lugar,
en relación con los hombres a éstos en ninguna circunstancia se les está negando la
protección de su derecho a la vida cuando requieren un procedimiento quirúrgico que en la
medida que se les niegue les vulneraría el derecho a la vida. La medida no aplica los
mismos criterios de necesidad médica a hombres y mujeres, y no habiendo justificación
obligatoria para tratar a los hombres y a las mujeres de manera diferente con respecto a sus
necesidades médicas no se encuentra un criterio de diferenciación en el trato válido. En
tercer lugar, el fin perseguido con la medida está protegiendo la vida del nonato bajo criterios
subjetivos e irrazonables. Mientras la existencia del nonato depende de la salud de la mujer
hasta el parto, se está protegiendo y poniendo en mayor estima la posibilidad de una vida
frente a la clara existencia de un ser humano: la mujer. Por lo anterior, la prohibición de la
realización de un aborto es una medida discriminatoria que no sólo vulnera el derecho a la
igualdad, sino además las disposiciones constitucionales que otorgan una especial
protección por parte del Estado a la mujer.

La imposición de roles de género basados en estereotipos es otra violación del derecho a la


igualdad. La mujer en Colombia, ha sido discriminado por su sexo y ha sido configurada por
el imaginario social como un ser determinado exclusivamente a la reproducción. El
considerar a la mujer como un ser exclusivamente reproductivo constituye una clara
discriminación que viola su derecho a la igualdad. Se tiene que la norma que penaliza el
aborto materializa el estereotipo de la mujer como máquina reproductora sin tener en cuenta
que la mujer puede querer decidir otras cosas para su vida, o que su vida misma deber ser
sacrificada por la de un proyecto de vida impuesto. Lo anterior constituye una razón más
para considerar las peticiones de la presente demanda razonables, proporcionadas y
ajustadas a la Constitución.

La discriminación en la asunción de costos de la función reproductiva es una violación del


derecho a la igualdad de las mujeres. Los costos de la función reproductiva, a pesar de ser
una función de interés social, siguen siendo pagados por la mujer tanto cuando la opción
reproductiva se ejerce de manera positiva (la elección de llevar a término un embarazo)
como cuando se hace de manera negativa (la elección de terminar un embarazo indeseado).

La penalización del aborto implica una violación a la igualdad de las mujeres con menos
poder y recursos. Adicionalmente, se viola el derecho a estar libre de discriminación en
relación con la situación económica y / o al estado civil, cuando la única opción frente al
aborto, compromete la capacidad de la mujer de poder mantener a sus hijos.

Tratos crueles, inhumanos y degradantes. (Malformaciones)

La más reciente decisión del comité de derechos humanos de naciones unidas, parte del
bloque de constitucionalidad, establece que no garantizar la posibilidad de un aborto legal y
seguro cuando existen graves malformaciones fetales, es una violación al derecho de estar
libre de tortura y tratos crueles inhumanos y degradantes. En estos casos, las mujeres
usualmente tienen embarazos deseados y su inviabilidad las afectas extremadamente. Los
avances tecnológicos en el área de la medicina obstétrica, permiten diagnosticar cada vez
más, malformaciones del feto, las cuales pueden llegar a ser incompatibles con la vida por
fuera del útero materno. La mayoría de estas anomalías fetales no se pueden diagnosticar
sino hasta la semana décimo catorce de embarazo. Este tipo de malformaciones
generalmente permiten una vida intrauterina relativamente normal, lo que implica que a la
mujer le es impuesto un embarazo (que a partir del diagnóstico empieza a ser indeseado)
Violando sus derechos fundamentales con la pretensión de proteger una vida humano que
no tiene futuro. En casos como estos la proporcionalidad entre los derechos sacrificados
(derecho de la mujer) y el bien protegido (vida human en formación) es absolutamente nula.

De otra parte es importante tener en cuenta que la experiencia médica en Colombia indica
que mientras las malformaciones más graves son frecuentes dentro de los grupos con más
bajos recursos, son de más rara ocurrencia en los estratos más altos.

Segundo. Que se declare la inexequibilidad del texto subrayado del artículo 123 del Código
Penal ― de mujer menor de catorce años ― de la ley 599 de 2000. El derecho a la libre
maternidad derivado de los principios de libertad y autonomía de la Constitución de 1991 no
pueden negarse a las mujeres menores de catorce años.

La frase demanda del artículo 123 desconoce la autonomía de las mujeres menores de 14
años que quieran interrumpir un embarazo. En el caso de este tipo de mujeres debe
entenderse que su capacidad de gestar demuestra un grado de madurez que debe implicar
la capacidad de expresar su voluntad sobre la interrupción o no del embarazo. Aunque el
consentimiento para sostener relaciones sexuales no se presume en las menores de 14
años, sí se debe aceptar y respetar la decisión de optar o no por un aborto, cuando se trata
de ejercer el derecho a la autonomía y más cuando los embarazos tempranos traen
generalmente peligros para la vida, la salud y la integridad de las menores embarazadas.

Por lo anterior, no puede defenderse constitucionalmente la penalización del médico que


siguiendo el consentimiento libre e informado de una mujer menor de 14 años, interrumpa su
embarazo. Adicionalmente debemos entender que prohibir a los médicos que actúen para
salvaguardar el bienestar de las niñas es una violación del artículo 44 de la Constitución
Política.

Que se declare la inexequibilidad del artículo 124 de la ley 599 de 2000. No es suficiente la
disminución de la pena o la posibilidad de no castigar con prisión los casos de violencia
sexual. La sola iniciación de un proceso penal aunque existan argumentos de defensa
fuertes, vulnera la dignidad, la libertad y la autonomía de las mujeres embarazadas como
consecuencia de una violación.

La mujer que en casos de violación aborta no hace más que obrar en legítima defensa y ya
se ha señalado que negarle legalmente esta posibilidad equivale a establecer un deber
extraordinariamente oneroso.

Dignidad

El principio de dignidad humana es gravemente vulnerado cuando una mujer es violada,


artificialmente inseminada o es víctima de transferencia de óvulo fecundado no consentida.
En estas situaciones, la mujer es instrumentalizada sea para satisfacer los impulsos del
violador, los planes del inseminador o los deseos del interesado en la transferencia del
óvulo. La dignidad de la mujer es subyugada por la fuerza necesaria para convertirla en
objeto del que ejerce poder sobre ella. También se desconoce su dignidad como ser
humano, cuando el legislador le impone a la mujer, igualmente contra su voluntad, servir de
instrumento efectivamente útil para procrear al penalizar el aborto sin ninguna excepción.

La prohibición de abortar, pese a que el embarazo haya sido el resultado de un acceso


carnal violento, abusivo o fruto de una inseminación artificial no consentida, tiene un
significado excesivamente gravoso para la mujer que se ve obligada a soportarlo de manera
injusta. Por lo tanto, la punición de su conducta en ese caso quebranta la Constitución
Política.

El art. 124 del Código Penal le niega a la víctima del delito cometido contra su libertad y su
pudor sexual, la posibilidad de pone término a la cadena de trasgresiones que se ciernen
sobre sus otros derechos. En esta circunstancia se vería realmente vulnerado el núcleo
esencial del derecho al libre desarrollo de la personalidad de la víctima cuando el precepto
penal la obliga a llevar a término la gestación, justificado en la exigencia legal y a costa de
los costos biológicos de su embarazo.

El embarazo forzado por violación es un desconocimiento del principio de dignidad humana


de la niña y la mujer. La afirmación de que la mujer deberá ser obligada contra su voluntad a
servir los deseos de otros es una negación instrumental de su dignidad humana y un abuso
de sus capacidades reproductivas. En estos casos se estaría cosificando a la mujer como
puro vientre desligado de la conciencia.

La violación afecta a la mujer y la niña en su integridad personal, social, sexual y existencial,


alterando su historia y su proyecto de vida. De esta manera, el embarazo por violación, cuya
incidencia es difícil de cuantificar, constituye una agr4esión a la esencia misma de cada
mujer.

Cuarto. Que se declare la inexequibilidad del numeral 7 del artículo 32 del Código Penal. El
cargo en contra de esta norma se fundamenta en la violación a los derechos constitucionales
a la vida e integridad de la mujer que a pesar de contar con la defensa penal del Estado de
Necesidad, debe empezar por someterse a un aborto clandestino y por lo tanto humillante y
potencialmente peligroso para su integridad.

Vida, salud e integridad

La vida física, la integridad personal y la salud de la mujer pueden verse seriamente


amenazadas por problemas en el embarazo y que corren un mayor peligro cuando el aborto
es practicado en condiciones clandestinas, generalmente sin el cumplimiento de los
protocolos médicos y las reglas de higiene. Esa realidad social es constitucionalmente
relevante.

La dimensión objetiva del derecho a la vida, le impone al estado la obligación de impedir que
las mujeres mueran por causa de abortos inseguros. El derecho a la vida se entiende como
el derecho fundamental por excelencia establecido en la Constitución. Se ha entendido que
el derecho a la vida no sólo tiene una dimensión subjetiva de asegurar la vida sino que
también comprende la obligación de otros de respetar el derecho a seguir viviendo o a que
se anticipe su muerte.

El derecho a la vida adquiere un carácter objetivo en el Estado Social de Derecho lo cual


implica que la fuerza vinculante de este derecho, como la de los demás derechos
fundamentales, se hace extensiva a las relaciones privadas, aunque es el estado el principal
responsable de su protección, garantías, respeto y desarrollo. De acuerdo a lo anterior, no
solamente el Estado es responsable de proteger la vida a los asociados sino que el derecho
a la vida, como todos los derechos fundamentales, es también responsabilidad constitucional
de los particulares.
Debe afirmarse que el derecho a la vida es un derecho de doble vía en el que, por una parte,
existe el derecho de las personas de exigir de las autoridades la protección de sus derechos,
en este caso el fundamental de la vida, y de la otra, existe el deber de las autoridades de
brindar la protección requerida, en forma suficiente y oportuna así no correspondan
exactamente a las medidas que el ciudadano desee que se le confieran.

En consecuencia, se señala que ―mediante el rechazo del estado de necesidad, como ocurre
en el caso de los tribunales italianos, o a través de una amplia interpretación de esta
defensa, como en el caso de los tribunales anglosajones, todos los jueces han declarado
que limitar los abortos a casos en los que existe una amenaza física inmediata no da
suficiente preponderancia a los derechos fundamentales de la mujer a la salud mental y
física ―.

El Bloque de constitucionalidad y las guías de interpretación de los derechos fundamentales.

Bloque de constitucionalidad

La Corte debe usar como criterio hermenéutico en el estudio de constitucionalidad del


manejo penal del aborto la jurisprudencia y doctrina de las instancias internacionales que
monitorean los tratados de derechos humanos. De acuerdo a lo anterior, el intérprete debe
escoger y aplicar la regulación que se más favorable a la vigencia de los derechos humanos
y para esto debe tener en cuenta la jurisprudencia de instancias internacionales, que
constituye paute relevante para interpretar el alcance de esos tratados.

Se señalan varias recomendaciones que los diferentes comités de monitoreo le han hecho a
Colombia a propósito de la despenalización del aborto.

Argumentos del derecho internacional de los derechos humanos

La penalización del aborto viola el derecho a la intimidad de la mujer. El derecho a la


intimidad de la mujer se encuentra protegido en diferentes tratados internacionales de
derechos humanos.

En el contexto de los derechos reproductivos, este derecho es violado cuando el Estado o


los particulares interfieren el derecho de la mujer a tomar decisiones sobre su cuerpo y su
capacidad reproductiva. Sobre el derecho a decidir el número de hijos los diferentes comités
han señalado que el derecho a decidir el número de hijos está directamente relacionado con
el derecho a la vida de la mujer cuando existen legislaciones prohibitivas o altamente
restrictivas en materia de aborto, que generan altas tasas de mortalidad materna.

Las barreras legales que impiden el acceso a tratamientos médicos que sólo requieren las
mujeres para proteger su vida o su salud constituyen una violación del derecho a la igualdad
en el derecho internacional. En el derecho internacional el derecho a la igualdad y no
discriminación es uno de los pilares fundamentales de los derechos humanos.

El derecho en mención contiene varios componentes : en primer lugar el derecho de las


mujeres a disfrutar de los derechos humanos en condiciones de igualdad con los ho9mbres,
en segundo lugar, la protección contra la discriminación que exige la eliminación de las
barreras que impiden el disfrute efectivo por parte de las mujeres de los derecho
reconocidos internacionalmente y en las leyes nacionales, impone responsabilidad en el
Estado para que dicte medidas para prevenir y sancionar los actos discriminatorios.
Adicionalmente existe la protección contra la discriminación mediante la prevención y
penalización de las conductas discriminatorias que son ejercidas desde el Estado e incluso
lo hace responsable por la falta de diligencia para prevenir violaciones en la esfera privada.

El aborto ilegal constituye una violación del derecho a la igualdad en el acceso a servicios de
salud.

Los derechos de las mujeres de bajos ingresos son vulnerados en mayor medida con la
penalización del aborto, lo que constituye discriminación por condición socio – económica.

El aborto ilegal afecta particularmente los derechos de las mujeres jóvenes y niñas, violando
su derecho a no ser discriminadas por razones de edad.

El artículo 122 del Código Penal viola el derecho a la vida por su claro vínculo con las altas
tasas de mortalidad materna. Los diferentes comités han señalado que el derecho a decidir
el número de hijos está directamente relacionado con el derecho a la vida de la mujer
cuando existen legislaciones prohibitivas o altamente restrictivas en materia de aborto, que
general altas tasas de mortalidad materna.

Las obligaciones positivas de protección a la vida, de acuerdo al derecho internacional de los


derechos humanos, implican tomar medidas para evitar que las mujeres que mueran por
causa de abortos ilegales.

Con base en los argumentos mencionados con anterioridad, la demandante solicita:

Primero: Que se declare la inexequibilidad del artículo 122 de la ley 599 de 2000. La
penalización del aborto tal y como está contemplada en el Código Penal vulnera los
principios fundamentales de libertad, autonomía y proporcionalidad de la Constitución
Política.

Segundo: Que se declare la inexequibilidad del texto subrayado del artículo 123 del Código
Penal (… de la mujer de catorce años…) de la ley 599 de 2000. El derecho a la libre
maternidad derivado de los principios de libertad y autonomía de la Constitución de 1991 no
pueden negarse a las mujeres menores de catorce años.

Tercero: Que se declare la inexequibilidad del artículo 124 de la ley 599 de 2000. No es
suficiente la disminución de la pena o la posibilidad de no castigar con prisión los casos de
violencia sexual. La sola iniciación de un proceso penal, aunque existan argumentos de
defensa fuertes, vulnera la dignidad, la libertad y la autonomía de las mujeres embarazadas
como consecuencia de una violación.

Cuarto: Que se declare la inexequibilidad del numeral 7 del artículo 32 del Código Penal. El
cargo en contra de ésta norma se fundamenta en la violación a los derechos fundamentales
a la vida e integridad de la mujer que a pesar de contar con la defensa penal de Estado de
Necesidad, debe empezar por someterse a un aborto clandestino y por lo tanto humillante y
potencialmente peligroso para su integridad.

Las peticiones anteriores no implican una solicitud al juez constitucional de actuar como un
legislador y adicionar condiciones al tipo penal general del aborto. Las peticiones buscan
determinar los límites del marco constitucional dentro del cual los legisladores deberán
reformar el tratamiento legal del problema del aborto; una vez se considere que el actual
régimen penal constituye una violación a los principios y derechos constitucionales.

2. Demanda de Pablo Jaramillo Valencia

Señala el demandante que las normas acusadas violan el preámbulo, y los artículos 1, 11,
12, 13, 16, 42,43, 49 y 93 numeral segundo de la Constitución Política de Colombia.

Antes de realizar argumentaciones de fondo, el demandante analiza asuntos de


procedibilidad , de la siguiente manera:

La Corte Constitucional revisó los artículos relacionados con el tipo penal del aborto
declarándolos exequibles. Al respecto no puede predicarse la cosa juzgada material, puesto
que esta solo se da al referirse a disposiciones declaradas inexequibles.

La prohibición de aborto viola el derecho a la vida de la madre.

El derecho a la vida, a la salud, a la integridad, deben ser analizados por separado para
encontrar las posibles incompatibilidades de la norma demandada con los derechos
fundamentales constitucionales amparados. Es evidente, que en circunstancias de aborto
como el peligro inminente para la vida de la madre, la ley no puede despersonalizar a la
mujer hasta el punto de considerar que es necesario conservar la vida del nasciturus en
perjuicio de otra, pues no es menos que decretar de oficio la penal de muerte para la mujer
en estado de embarazo. Una legislación que no permita despenalizar el aborto en esta
circunstancia es claramente violatoria del derecho fundamental a la vida.

La prohibición de aborto cuando este configura peligro inminente para la vida de la madre se
traduce en una contradicción lógica que no puede tener acogida en el ordenamiento
constitucional colombiano. La madre que está en estado de embarazo no tiene ninguna
opción de actuar respetando la ley – no incurriendo en la conducta típica de aborto –
mientras preserva su vida pues si respeta el dicho de la ley se condena a morir y a
abandonar al niño a su suerte y si no lo hace debe someterse a un aborto en condiciones
insalubres y denigrantes que si no le cuesta la vida si la condena a la cárcel.

La elección entre vidas no solo desfigura por completo el sentido del derecho, violentando su
núcleo esencial sino que además se hace prefiriendo la esperanza de una vida futura por
sobre una vida ya existente como la de la madre. Además de preservarse la vida del
nasciturus, el estado lo habrá despojado de su madre lesionando gravemente su dignidad
personal.

Por otra parte, la legislación colombiana permite otros procedimientos en los que se realiza
un acto equiparable con la interrupción voluntaria del embarazo en casos de grave peligro
para la vida de la madre. En primer lugar, es importante ver que cuando el acto de abortar
se despoja de todos los componentes morales, queda que es solo la escisión de un cuerpo
de otro sin el cual el primero no puede preservar su vida. Pero dicho procedimiento no se
da sólo en ese caso. Al separar dos siamesas que comparten un órgano vital se da
exactamente el mismo procedimiento en donde uno y otro cuerpo se separan
quirúrgicamente en perjuicio de la vida de uno de los dos.

En cuanto a la responsabilidad del Estado de proteger el derecho a la vida, es


responsabilidad de las autoridades públicas llevar a cabo todos los actos que puedan hacer
posible mantener la vida de la madre. Centrar toda la acción pública en una vida que aun no
existe de forma autónoma , implica el sacrificio de la de la madre, des humanizándola ,
atentando contra su carácter de persona y viéndola como un simple vehículo de desarrollo
molecular. Con la deshumanización de la madre que se da en obligarla a llevar a término un
embarazo que pone en peligro su vida el legislador irrumpió en el núcleo esencial de los
derechos a la igualdad y al libre desarrollo de la personalidad.

De argumentarse que dicha protección al derecho a la salud vulnera el derecho a la vida del
nasciturus , es importante recordar que dicha ponderación no cabe pues la salud del
nasciturus no es más que la que deriva de su propia madre. Ni siquiera las legislaciones
más restrictivas han caído en dicha contradicción lógica pues hasta en las dictaduras
fascistas se le da la opción al individuo para acogerse al régimen sin perder la vida, mientras
que en la legislación colombiana sobre el aborto , aquella mujer embarazada en peligro de
muerte que se acoja al régimen y no viole la ley, se ve condena a morir.

El artículo 122 viola el principio de dignidad humana.

El artículo demandado obliga a la mujer a dar a luz aun al hijo concebido por el hombre que
la violó. No cabe en este caso la afirmación de que la autonomía reproductiva termina al
momento de la concepción , pues al configurarse la conducta de acceso carnal violento, no
existe posibilidad de la mujer para evita que se de la fecundación del óvulo. Resultaría
absurdo que el estado protegiera el producto de una violación, haciendo que de ella
desemboque una limitación de derecho para la madre. Igualmente , obligar a la mujer a
llevar en su vientre al hijo de su violador le retira no solo su dignidad como persona , sino
también la despersonaliza , retirando todo el valor que para ella pudiera tener la condición de
madre y volviéndola ante la ley un vientre sin conciencia.

Penalizar el aborto en casos de violación prácticamente legitima el delito y se constituye en


una benevolencia implícita con el violador , que fuera de haber agredido sexualmente a la
mujer , engendra al nasciturus y lo constituye en el elemento que perpetua la afrenta sufrida
por quien fuere violada.

El artículo 122 del Código Penal viola el derecho a la salud, por conexidad con la vida.

En cuanto a los casos de embarazo en los cuales el nasciturus tiene malformaciones que
imposibilitarían la vida por fuera del útero materno, resulta absurdo que la ley exija a la mujer
seguir en estado de embarazo arriesgándose a todo lo que conlleva estar en dicho estado.
Dicha prohibición violenta , no solo el principio de dignidad de la mujer , sino también su
derecho a la salud en cuanto a que éste puede ser limitado en caso de un embarazo regular
, pero cuya limitación carece de sentido en este caso por resultar excesivamente onerosa
para la mujer , sin que de ella se desprendan las consecuencias para las que dicha
limitación existe.

Resulta denigrante para la mujer verse sometida a las vejaciones de la muerte de su hijo
recién nacido sumadas a todas las complicaciones de salud propias del embarazo, cuando
existe una malformación del feto que lo hace inviable.

La prohibición de aborto violenta el libre desarrollo de la personalidad y la autonomía


reproductiva.
Prohibirle a la mujer la interrupción voluntaria de su estado de gravidez atenta directamente
contra su autonomía para reproducirse , pues la decisión de practicar o no un aborto en
cualquiera que sea la circunstancia , no es más que el ejercicio de dicha autonomía .

En cuanto al libre desarrollo es claro que parte del mismo se constituye en la libre decisión
de la madre de dar o no a luz a un hijo , dada la ingerencia que en su vida dicha decisión
puede tener.

El aparte ― …o en mujer menor de catorce años … ― del artículo 123 del Código Penal viola
la autonomía de la mujer y se presta para legitimar conductas punibles en contra de
menores de edad.

Resulta evidente que desde el momento en que la mujer se encuentra en edad reproductiva
debe tener la facultad de interrumpir por voluntad propia su embarazo . Es deseable que se
penalice el aborto sin consentimiento de la madre, pero dicha penalización debe ser dada
por la falta de autorización para llevarlo a cabo. Pero la expresión demandada debería
encontrar asidero en la protección efectiva de los derecho del menor , lo que logrea es ser
más restrictiva con dicho grupo poblacional y lo eliminaría de tajo de toda posibilidad de
verse beneficiado por una eventual despenalización del aborto.

Se solicita a la Corte declarar la inexequibilidad del aparte señalado, aclarando como es


pertinente, que toda mujer en estado de gravidez tiene la capacidad, sin distingo de edad, a
autorizar que se le practique un procedimiento de aborto .

El artículo 124 del Código Penal debe ser declarado inexequible por sustracción de materia.

Posterior a la declaratoria de inexequibilidad del artículo 122 del Código Penal que consagra
el tipo de aborto , carecería de sentido que se conservaran dentro del Código circunstancias
de atenuación punitiva de dicho tipo. Las disposiciones del artículo 124 se integran en su
sentido a la existencia del artículo 122.

El artículo 32 numeral 7 del Código penal debe ser declarado inexequible por sustracción de
materia en lo que se relaciona al tipo penal de aborto

Posterior a la declaratoria de inexequibilidad del artículo 122 del Código Penal que consagra
el tipo de aborto , carecería de sentido que se conservaran dentro del Código circunstancias
de exención de responsabilidad penal por dicho tipo.

3. Demanda de Marcela Abadía Cubillos, Juana Dávila Sáenz y Laura Porras


Santanilla.

Las demandantes manifiestan que las normas acusadas violan el preámbulo y los artículos
11, 13, 15, 16, 49 de la Constitución Política.

Antes de analizar cuestiones de fondo, las actores efectúan un análisis sobre procedibilidad
de la siguiente manera:

No existe cosa juzgada formal porque la constitucionalidad de las normas demandadas ,


pertenecientes al Código Penal de 2000 , no han sido estudiadas ni decididas a la fecha.
Tampoco existe cosa juzgada material porque las normas que prohíben actualmente el
aborto poseen una pena superior a la que imponían sus antecesoras y por ende, a pesar de
presentar redacciones idénticas , se trata de normas distintas.

Violación del derecho a la vida.

En relación con el aborto, el Estado colombiano ha incumplido ampliamente con su


obligación de proteger la vida de mujeres con embarazos no deseados a través de actos
positivos. Las medidas legislativas hasta ahora adoptadas no sólo han sido ineficaces para
impedir la práctica del aborto y las muertes que de ahí se derivan , sino ante todo
contraproducentes.

La penalización del aborto le ha impedido a la mujer embarazada acceder a un servicio


médico adecuado , digno , seguro dentro de lo posible, económicamente factible y
debidamente regulado para evitar abusos y riesgos innecesarios.

Violación del derecho a la no discriminación o a la igualdad.

La criminalización del aborto viola el derecho a la no discriminación de las mujeres al


menos por tres razones: Primero, porque se penaliza ciertos procedimientos médicos que
sólo se aplican a las mujeres, lo que les impide acceder a servicios de salud en igualdad de
condiciones . Segundo, porque se discrimina a las mujeres de bajos ingresos quienes de
acuerdo con estadísticas son las que con mayor frecuencia se han visto abocadas a
practicarse clandestinamente un aborto en condiciones sépticas inferiores a , a diferencia de
las mujeres de ingresos superiores que pueden costear un servicio igualmente clandestino
pero de mejor calidad sanitaria y técnica. Tercero , porque la población más vulnerable y
discriminada a causa de la ilegalidad del aborto es la de mujeres jóvenes y niñas.

Impedir que niñas menores de 14 años no puedan abortar es crear una discriminación no
razonable en punto a la edad.

Violación del derecho a la salud.

La despenalización total del aborto resulta acorde con la protección del derecho a la salud y
la obligación que se impone al Estado para proveer los medios necesarios para que las
mujeres que decidan abortar lo puedan hacer bajo condiciones adecuadas , seguras y
dignas.

Además es obligación del Estado brindar especial asistencia y protección a la mujer que
durante el embarazo y ello supone si decide interrumpirlo , el estado brinde los mecanismos
sanitarios necesarios para garantizar la integridad física de la mujer.

Violación al libre desarrollo de la personalidad.

Forzar la continuidad de un embarazo no deseado es desconocer este derecho imponiendo


a quien no quiere vivenciarla , la experiencia de la maternidad.

Derecho a la autonomía reproductiva.

Las normas demandadas vulnera el derecho a la autonomía reproductiva de la mujer cuando


obstaculizan los medios a través de los cuales una mujer puede ejercer el derecho a
controlar su fertilidad sin que el Estado, a través de la amenaza de una pena, le imponga la
condición de ser madre.

Derecho a la intimidad.

Con el aborto , el Estado colombiano interfiere en el derecho de la mujer a tomar sus propias
decisiones sobre su cuerpo y sobre su capacidad reproductiva , decisiones propias de la
esfera de cada mujer y no del Estado.

Violación del principio y el derecho a la dignidad humana

Por todo lo expuesto , las normas demandadas violan el principio constitucional de la


dignidad de la mujer en la medida en que , a través de una amenaza penal, se le impone
llevar a cabo una gestión no deseada, y con ello, se cosifica e identifica como vientre
desligado de la conciencia.

IV. INTERVENCIONES

4.1 CUADERNO PRINCIPAL

4.1.1 Instituto Colombiano de Bienestar Familiar -ICBF-

Mediante escrito 11000-007843 recibido en la Corte Constitucional el 10 de febrero de 2006,


la Directora General de este Instituto, doctora Beatriz Londoño Soto, interviene dentro del
proceso de la referencia.

Como precisión inicial, se señala que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, no


aprueba ni consiente el aborto como un método de planificación familiar.

Considera que (i) el aborto es un problema de salud pública; (ii) las mujeres de todas las
condiciones y edades tienen aborto, siendo con mayor frecuencia las mujeres pobres,
jóvenes y adolescentes las que más se exponen a aborto en condiciones inseguras; (iii) El
rol de los hombres adultos en embarazos de adolescentes es muy restringido, amenos que
su conducta sea tipificada como un acto sexual abusivo con niñas menores de 14 años de
edad; (iv) la mayoría de los programas de educación sexual tienen un enfoque restringido;
(v) Es fundamental el fortalecimiento de la familia con la concurrencia activa de sectores de
al salud, educación, las autoridades locales y la propia comunidad; (vi) Las graves
afecciones en su salud física y mental afecta de sobremanera a las adolescentes y menores
de c14 años de edad, teniendo de todos modos efectos negativos en todas las mujeres en
especial cuando el embarazo es consecuencia de una violación, o cuando el feto tiene
malformaciones o el embarazo pone en peligro la vida de la madre; (vii) En el caso de las
adolescentes y menores de 14 años de edad los embarazos tempranos están asociados con
otros factores perturbadores como laa

Luego hace una ampliación explicación acerca de los numerosos estudios internacionales y
nacionales relacionados con la práctica del aborto a nivel mundial y nacional, así como de
los índices de morbimortalidad en diferentes los diferentes países, incluido Colombia, así
como los elementos sociales, culturales, económicos y legales que imponen o no sanciones
a la práctica del aborto inducido; la incidencia de esta práctica en la población dependiendo
que quien interrumpa voluntariamente su embarazo sea una mujer adulta y una menor de
edad; señala también, de manera amplia los diferentes instrumentos legales de orden
nacional e internacional que se han dictado buscando con ellos, eliminar los tratos
discriminatorios a la mujer y a los menores de edad, entendido bajo este último concepto a
los niños, a las niñas y a los y las adolescentes.

Expone igualmente que en el eventual caso que una mujer de cualquier edad, incluidas las
adolescentes se vean abocadas a tomar una decisión acerca de la posibilidad de interrumpir
un embarazo, estas deben previamente haber obtenido una información amplia actual y
completa sobre el procedimiento médico, el apoyo terapéutico y social que lleguen a
necesitar, luego de lo cual deberán tomar tal decisión de manera libre y espontánea, Con
estas medidas previas se busca garantizar el respeto a su autonomía personal, a la
confidencialidad de la decisión, a su intimidad y a la posibilidad de que generen su
consentimiento informado y cualificado.

Advierte igualmente el cambio jurídico que se ha dado a partir de la Constitución Política de


1991 al disponer que los menores de edad dejan de ser personas con derechos limitados o
restringidos a ser una población de especial protección.

Finalmente, reitera lo señalado al inicio de su intervención, en el sentido de que el Instituto


Colombiano de Bienestar Familiar _ICBF-, no aprueba ni consiente el aborto como un
método de planificación familiar, y concluye exponiendo los siguientes argumentos a título de
conclusión:

1. Para prevenir el aborto inducido y la morbimortalidad por aborto es prioritario trabajar en


varios frentes: (i) prevenir el embarazo indeseado y poner especial interés a los aspectos
socioculturales, así como precisar las cargas que corresponde cumplir a la familia, la
sociedad y el Estado y garantizar servicios de salud sexual y reproductiva con calidad; (iii)
adecuar a los requerimientos nacionales e internacionales la legislación para evitar la
muerte de mujeres con ocasión de las precarias y clandestinas condiciones en que son
atendidas en el caso del aborto inducido; (iii) promover y controlar la calidad de los
servicios de salud para las mujeres, en particular para adolescentes y las mujeres más
pobres.

2. Catalogándose el aborto inducido en condiciones inseguras en Colombia, como un


problema de derechos humanos, justicia social y salud pública'25, frente a una decisión
favorable de la Corte a la despenalización del aborto, bien sea por la vía de la declaratoria
de inexequibilidad de los artículos 122, 123 (parcial) y 124 del Código Penal o la
declaratoria de constitucionalidad condicionada de tal forma que no sean penalizadas las
siguientes circunstancias y en consecuencia se pueda interrumpir el embarazo: (i) cuando
se encuentre en peligro la vida o la salud de la madre; (ii) cuando el embarazo sea el
resultado de violación, de inseminación artificial o transferencia de óvulo fecundado no
consentidas; (iii) cuando exista una malformación fetal; el Sistema de Salud con el apoyo
de las demás entidades competentes deberá adoptar inmediatamente y de manera
prioritaria la regulación y adecuación de programas tendientes a garantizar la prestación
de servicios de aborto seguro en forma oportuna para todas las mujeres. Esto es
fundamental en la medida en que despenalizar no es suficiente por sí mismo sino que
dicha decisión necesariamente debe ir acompañada de un marco regulativo del sector
salud que garantice la prestación y organice la provisión, sistemas de información para la
vigilancia, el control, el monitoreo y la evaluación de los servicios. Estos servicios deben
hacer parte de las prestaciones obligatorias del Sistema General de Seguridad Social en
Salud.

3. En el evento de que el personal médico se niegue a prestar el servicio que la niña o la


adolescente requieren con base en la objeción de conciencia, el Sistema de Salud debe
introducir medidas que aseguren su atención por prestadores de salud alternativos de
manera inmediata y prioritaria cumplidos los requisitos que prevea la ley para estos casos.
En consecuencia, se debe prohibir cualquier conducta que comprometa, vulnere o ponga
en riesgo o peligro el derecho a la salud y/o a la vida de la niña o adolescente.

4. El personal de salud, debe tener una visión más holística de la situación que viven las
niñas y adolescentes en tales circunstancias y comprender cuáles son sus condiciones y
necesidades, así como capacitarse para dar una respuesta verdaderamente integral en
desarrollo de la propuesta de la Organización Mundial de la Salud, de que la salud
trasciende lo corporal, lo meramente biológico, para reconocerse como bienestar bio-sico-
social de cada ser humano.

5. La Constitución de 1991 significó un cambio sustancial en la concepción que tenía el


sistema jurídico sobre los niños y los adolescentes. De ser sujetos incapaces con derechos
restringidos y hondas limitaciones para poder ejercerlos pasaron a ser concebidos como
personas libres y autónomas con plenitud de derechos, que de acuerdo a su edad y a su
madurez pueden decidir sobre su propia vida y asumir responsabilidades. La condición de
debilidad o vulnerabilidad en la que los (las) menores de edad se encuentran, la cual van
abandonando a medida que crecen, ya no se entiende como razón para restringir sus
derechos y su capacidad para ejercerlos. Ahora es la razón por la cual se les considera
"sujetos de protección especial" constitucional. Es decir, la condición en la que se
encuentra un menor de edad no es razón para limitar sus derechos sino para protegerlo.
Pero esta protección tiene una finalidad liberadora del menor de edad y promotora de su
dignidad. En consecuencia los derechos de las niñas y las adolescentes deben
interpretarse a la luz del respeto y la defensa que demanda la Constitución de su
autonomía, de su libertad y de su dignidad. Por lo tanto se deben considerar estos
principios para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de las adolescentes.

6. Al despenalizar el aborto como una de las medidas necesarias para evitar la


morbimortalidad de las mujeres, especialmente de las adolescentes, en el ejercicio de su
autonomía individual la adolescente mayor de 14 y menor de 18 años que tome la decisión
de interrumpir su embarazo, en el tiempo que determine la ley y que sea biológicamente
viable debe contar con el previo consentimiento ampliamente informado, con la
disponibilidad de servicios médicos seguros y de la más alta calidad y con el apoyo
terapéutico que sea necesario. En el caso de niñas menores de 14 años, se debe contar
previamente al procedimiento médico, con el consentimiento ampliamente informado y
cualificado de la niña, con la autorización de su representante legal y/o de la autoridad
competente (consentimiento sustituto) que determine el legislador, teniendo en cuenta
para ello los parámetros fijados por la Corte en los precedentes jurisprudencia les, con la
disponibilidad de servicios médicos seguros y de la más alta calidad y con el apoyo
terapéutico que se requiera. Cada caso y cada circunstancia se deben analizar en
particular y en concreto.

7. La maximización de la autonomía de las personas hace indispensable, entre otras cosas,


que el Estado y la sociedad provean el conocimiento necesario para que éstas adopten las
decisiones que consideran más adecuadas para sí mismas, según su propio juicio. Esta
labor puede tomar diversas manifestaciones. Una de ellas, que pretende el desarrollo
general pero paulatino de las capacidades necesarias para que los individuos adopten
decisiones vitales, es el acceso a una educación formal o especial, adecuada a las
condiciones, necesidades e intereses de los individuos, como mecanismo de promoción de
la salud. En consecuencia el Sector Educación en coordinación con el Sector Salud en el
ámbito de competencias que le determina la Constitución y la ley, deben responder de
manera prioritaria e inmediata a disponer programas y servicios tendientes a brindar de
manera eficiente a las mujeres, los padres y madres de familia, los niños (as) y los
adolescentes educación formativa en salud sexual y reproductiva.

8. Sin duda, el problema del aborto, hoy es un problema de salud pública pero se debe
encarar holísticamente desde: (i) un ordenamiento jurídico que responda a los preceptos
fijados por los principios, valores y normas de la Constitución, a los Tratados de Derechos
Humanos; (ii) la política pública de salud y educación; (üi) las responsabilidades que
corresponden a la familia, la sociedad y al Estado para garantizar, en este caso, el
desarrollo armónico e integral de las niñas y adolescentes, la garantía de su interés
superior y la prevalencia de sus derechos, especialmente a la vida, a la salud, a la
igualdad, a la intimidad personal, y el respeto a su dignidad, autonomía y libertad.

9. Las niñas y las adolescentes en circunstancias tan difíciles, de debilidad manifiesta y de


indefensión, en las que pudieren encontrarse en una situación como la planteada en las
demandas que hoy ocupan la atención de esa H. Corporación se les debe garantizar el
apoyo necesario para garantizar sus derechos humanos fundamentales, en especial su
derecho a la salud y a una vida plena, feliz y digna.

4.1.2 Corporación Casa de la Mujer.

La Corporación Casa de la Mujer de Bogotá, mediante escrito recibido en la Secretaría


General de esta Corporación el día 10 de febrero de 2006, y representada por la señora
Olga Amparo Sánchez Gómez, interviene de la siguiente manera:

Considera inicialmente, que el artículo 122 de la Ley 599 de 2000, es una norma penal que
debe ser declarada inexequible, pues calificar como conducta punible el aborto, atenta de
manera directa contra los derechos fundamentales de las mujeres a la vida, a la salud y la
integridad, a la autodeterminación, al libre desarrollo de la personalidad y a la dignidad.

La tipificación del aborto como conducta punitiva que busca proteger el bien jurídico de la
vida e integridad personal, evidencia la incongruencia de esta norma penal que en tanto
ordenamiento privativo y restrictivo de derechos debe por el contrario ser fuente de garantía
y protección de tales derechos. Así, la existencia de normas que no son producto del respeto
a los derechos fundamentales, son el resultado de políticas intervencionistas de Estado que
impone limitaciones desbordantes a los derechos constitucionalmente reconocidos.

Establecer una limitación al derecho fundamental de autodeterminación y al libre desarrollo


de la mujer en particular a que esta decida el número de hijos-as que desea y puede tener, y
obligarla a ser madre luego de un embarazo no deseado, no guarda consonancia con los
deberes que el Estado y la sociedad tienen frente a la mujer como generadora de vida.
Estos deberes estatales implican la garantía, protección y establecimiento de las condiciones
para que en ejercicio de su autonomía, la mujer considere cuando es el momento oportuno y
preciso para ser madre, de conformidad con el establecimiento de condiciones políticas,
sociales, económicas, culturales y afectivas.
No obstante, la incapacidad del Estado y la sociedad para otorgar a la madre y al que esta
por nacer garantías de educación, salud, alimentación, recreación y seguridad, entre otros,
no pueden convertirse en una carga o una obligación para las mujeres que no cuentan con
las condiciones para tener hijos. Ese traslado de cargas y el establecimiento de control
social a partir de un contexto de normas prohibitivas y coercitivas, son clara demostración de
la incapacidad estatal para formar a las personas en educación sexual y reproductiva a
través de la inclusión de políticas públicas para la protección y ampliación de los derechos
sexuales y los derechos reproductivos, incluyendo en este aspecto el derecho al placer
sexual.

La discrecionalidad del legislador de prohibir el aborto es la consecuencia del temor de


despenalizar una conducta que únicamente compete a la orbita interna e intima de la mujer,
y en algunos casos de la pareja. Así, la discrecionalidad del legislador quien tipifica la
conducta del aborto, no se contrapone con el principio de autonomía e independencia del
poder judicial que en plena observancia de la orbita de protección y garantía de los derechos
conculcados tiene el deber de excluir del ordenamiento jurídico estas normas jurídicas.
Actuar de manera contraria significaría el desbarajuste y la deslegitimidad de un Estado que
a través de sus legisladores crea normas para prohibir, pero no emplea los mecanismos que
tiene a su alcance para reparar.

En este orden de ideas, la Corte Constitucional al verificar la vulneración a los derechos


fundamentales de las mujeres, se encuentra en un evento de aplicación, garantía y
protección de derechos fundamentales frente al deber de proteger la vida, conflicto entre
derechos y deberes que trae consigo la creación de una medida coercitiva que se traduce en
la tipificación de una conducta punible, como máxima expresión del poder estatal para la
prevención de conductas jurídicas atentatorias de bienes jurídicos establecidos.

La medida que limita los derechos fundamentales de las mujeres debe ser proporcional con
el derecho que se restringe. Para este tipo de situaciones, por vía jurisprudencial la Corte ha
implementado herramientas constitucionales de análisis e interpretación conducentes a
determinar si la medida en este caso, la tipificación de la conducta de aborto y la
consecuencia imposición de una pena, es adecuada, necesaria y proporcional con la
restricción del derecho.

En desarrollo de análisis constitucional, el fin perseguido por el legislador al tipificar el


aborto, es proteger la vida del que esta por nacer, más no proteger el derecho fundamental
a la vida, por este motivo, no estamos frente a la ponderación de derechos constitucionales
fundamentales. Esta afirmación se explica porque la titular de los derechos fundamentales
es la mujer no el nasciturus, teniendo como consecuencia dogmática que no se ponderan
derechos fundamentales, sino que se verifica que la medida cuya constitucionalidad se
estudia sea adecuada, necesaria y proporcional a la restricción del derecho fundamental que
se considera vulnerado.

Como el deber del Estado en el caso bajo estudio se ejerce a través de la implementación
de una medida restrictiva, se debe entrar a considerar que dicha medida no es adecuada por
que no garantiza el fin perseguido que es proteger la vida del que esta por nacer; es decir,
su idoneidad en términos de eficacia no justifica constitucionalmente su imposición.

La tipificación de la conducta punible de aborto no es necesaria por no ser la medida


indicada para conseguir el fin perseguido. Existente medidas más razonables y menos
limitativas de los derechos fundamentales de las mujeres que están siendo vulnerados,
como puede ser la formación sexual y reproductiva desde la infancia, la satisfacción de
necesidades básicas insatisfechas a toda la población, la igualdad de oportunidades a todos
los miembros de la sociedad para acceder a los mecanismos de protección y garantía de sus
derechos, así como el acceso a la oferta de bienes y servicios.

De esta manera, es claro que la medida de tipificar el aborto, no ha conseguido los fines
propuestos, por el contrario, ello ha llevado a que las titulares del derecho acudan a lugares
clandestinos, carentes de condiciones mínimas de higiene en los que se practican un aborto,
creando así un mercado ilegal de servicios médicos, con lo cual el fin buscado de proteger la
vida, no se logra. Además se pone en alto riesgo otros derechos como la dignidad y la salud,
visto el gran número de mujeres que muere tratando de interrumpir de manera clandestina,
un embarazo no deseado.

En consecuencia, es claro que la medida no es proporcional a la restricción del derecho


fundamental por cuanto, el precio de la presunta protección de los derechos fundamentales,
lleva a las mujeres a situaciones extremas. Obligar a las mujeres a tener un hijo-a que no
desean o que no pueden mantener, es conducirlas al extremo de arriesgar sus vidas y su
salud para llevarlas a su aniquilamiento.

Despenalizar el aborto no generará su incremento sino que obligará al Estado a emprender


políticas dirigidas a la formación sexual y reproductiva, al control de métodos de planificación
y fertilidad, a la prevención y control de enfermedades de transmisión sexual, a promover
una educación sexual diferenciada y de formación para el placer, otorgando la posibilidad de
escoger opciones de vida basadas en el respeto por la diversidad sexual, y brindando una
adecuada atención hospitalaria.

Así, el deber del Estado de proteger la vida del que esta por nacer, no se logra a través de
instrumentos de control social de carácter represivo y sancionatorio basado en el miedo y la
intimidación con la imposición de penas que no se compadecen con la conducta
efectivamente realizada, pues desconoce los fines perseguidos por las sanciones penales
como son la necesidad, la proporcionalidad y la razonabilidad.

Categorizar la protección de la vida por medio de un criterio cuantitativo frente al nasciturus


corresponde a una política centrada en las relaciones existentes entre derecho y moral,
discusión que de antaño infunde limites a la garantía y protección de los derechos que se
encuentran en la Constitución. Así, el establecimiento de criterios morales y de teorías
científicas objeto de verificación, reconsideración o revocatoria, no constituyen criterio
limitativo e interpretativo de los derechos. Por el contrario, al poseer estas características
lleva a que la interpretación de los derechos y de delimitación de su contenido se haga en
sentido amplio. Actuar de manera contraria es abiertamente inconstitucional.

La carencia de argumentos para defender la no despenalización del aborto, sino a partir de


criterios morales y teorías científicas, demuestran aún más el temor por la precaria
formación en esta materia, dando como respuesta mecanismos de control social que aunque
de fuentes diferentes se funden en la construcción de argumentos para la defensa de
posiciones conculcadoras de derechos ya reconocidos.

Resulta igualmente importante señalar que el debate acerca de la despenalización del


aborto a de hacerse desde el punto de vista de los derechos humanos de las mujeres. Así, la
tipificación del aborto como delito es una de las formas de la persistente discriminación
contra las mujeres en el país, pues el Estado en aras de administrar justicia, tiene la facultad
de desconocer derechos humanos, como la libertad, la vida, la libre expresión de su
personalidad y la salud de las mujeres. De esta manera, el Estado antepone las normas a
derechos como la autonomía, la dignidad de las mujeres y la libertad.

Como otros argumentos de orden constitucional, legal y de los derechos humanos de las
mujeres, que justificarían la despenalización del aborto la Casa de la Mujer expuso los
siguientes.

Se requiere un nuevo marco legal que lleve aparejada una seguridad jurídica a todos los
implicados, especialmente a las mujeres. Es decir que la ―justicia concreta‖ y el derecho
positivo, en este caso el derecho penal, no se refiera a una justicia específica que no
considere el equilibrio y proporcionalidad entre la ley positiva y la realidad social. La
aplicación del derecho por parte del aparato judicial debe de tener en cuenta realidades
concretas, pues su desconocimiento ocasionaría un desequilibrio entre el fin de la norma y el
beneficio que de ella se espera.

Con todo, la Casa de la Mujer encuentra que deben existir límites expresos y circunstancias
específicas para que, las mujeres, en uso de sus derechos a la autonomía y libertad
interrumpan un embarazo, limitación que no podrá exceda las 12 semanas de gestación.

Con todo, existen circunstancias específicas que obligan a las mujeres a considerar la
interrupción del embarazo posterior a este término (12 semanas), caso en que en que el
legislador debe actuar en racionalidad para atender abortos tardíos en circunstancias como:

a) Peligro de la vida de la madre


b) Conocimiento de un embarazo tardío.
c) Malformación congénita incompatible con la vida uterina
d) Por abuso sexual o acceso carnal violento
e) Por inseminación artificial no consentida
f) Transfusión de óvulo no consentida

Segundo: Inexequibilidad del artículo 124 de la Ley 599 de 2000.

Si bien frente a las circunstancias de atenuación punitiva se está de acuerdo con los
derechos fundamentales vulnerados que plasman los demandantes, se debe indicar que a
partir de los criterios de fundamentalidad plasmados por la Corte Constitucional por vía
jurisprudencíal respecto de los derechos fundamentales de reparación, justicia y verdad,
estos derechos en cabeza de las víctimas están siendo efectivamente vulnerados y en
consecuencia deben ser objeto de estudio en el análisis de constitucionalidad.

En tanto la norma relativa a la atenuación punitiva remite a la norma del artículo 122 la cual
contiene la conducta punible en forma genérica de aborto, este contexto nos sitúa frente a
un delito donde hacen parte un sujeto activo que incurre en la conducta respecto de un
sujeto pasivo, la víctima, quien padece las consecuencias de ese actuar ilícito.

Así, las circunstancias especificas de atenuación punitiva son también objeto de punición
para el sujeto agente que por acción incurre en ellas, es este el caso de los artículos del
Capitulo I y II del Titulo IV, conductas punibles que con su tipificación protegen el bien
jurídico de la libertad, integridad y formación sexuales y las contenidas en el Capitulo VIII del
Titulo I, que protegen el bien jurídico de la Vida e Integridad Personal.
Si el objetivo de tipificación de las conductas punibles referidas en el párrafo anterior es
proteger a las personas en su Vida e Integridad Personal y en su Libertad, Integridad y
Formación Sexuales, no resulta constitucionalmente admisible que los sujetos pasivos, las
mujeres víctimas de estas conductas punibles, además de verse afectados por la
inefectividad del Estado en prevenir dichas conductas, convierta a las victimas en sujetos
activos de la conducta punible de aborto, beneficiándolas tan solo con una disminución
punitiva por encontrarse inmersas en las circunstancias especificas contenidas en el
mencionado artículo 124 de la Ley 599 de 2000.

En este orden de ideas, la vulneración a los derechos fundamentales de las mujeres a la


vida, dignidad, honra, libre desarrollo de la personalidad, autonomía sexual y reproductiva, y
de justicia, verdad y reparación, se concretan en la tipificación de una conducta punible
contenida en una norma coercitiva de carácter sancionatorio que desplaza a la víctima de un
delito como sujeto activo, al reparar por sus propios medios las consecuencias del actuar
ilícito del sujeta agente sobre una conducta que el Estado en ejercicio de sus deberes y
funciones no pudo evitar.

La vulneración a los derechos fundamentales de la víctima a la Justicia, a la Verdad y a la


Reparación por la tipificación de la conducta punible de aborto que se encuentra en el
artículo 122 y las Circunstancias de Disminución Punitiva contenidas en el artículo 124 de la
Ley 599 de 2000, se consolidan como se relaciona a continuación:

La vulneración al derecho fundamental de la víctima a la Justicia se vulnera cuando después


de ser violada, inseminada u objeto de una transferencia de óvulo no consentido, se le
impone el deber de llevar en su cuerpo el fruto de un delito, y de no hacerlo podrá ser objeto
de una pena, del estigma de un proceso y además de tener un antecedente judicial que la
acompañará el resto de su vida, con lo cual la violación de su honra y dignidad, no es
constitucionalmente admisible.

Respecto del deber reparatorio del Estado, este consiste en garantizar la reparación y el
restablecimiento integral de las víctimas de una conducta punible imponiéndole la carga de
tener en su vientre un hijo-a que no desea o que no consintió tener.

Frente a su derecho a la verdad se podría justificar que la tipificación de la conducta y el


inicio de una acción penal de carácter oficioso garantizan la protección, eficacia y pleno
ejercicio del derecho cuando los responsables de este tipo de conductas no son siempre
capturados.

En esta medida, la vulneración de los derechos fundamentales de las mujeres que deciden
abortar como consecuencia de una violación, una inseminación artificial o una transferencia
de óvulo no consentida se hace evidente y la tipificación de normas subsidiarias que
contienen atenuantes punitivos no son la respuesta constitucional, ni jurídica adecuada para
proteger sus derechos fundamentales a la vida, a la salud y la integridad, a la
autodeterminación, al libre desarrollo de la personalidad y a la dignidad.

Por ello, el tipo subsidiario de atenuantes punitivos debe igualmente ser declarado
inconstitucional.

Tercero: Inexequibilidad del numeral 7° del artículo 32 del Código Penal.


En relación con la norma relativa a la ausencia de responsabilidad, esta se considerado
como el Estado de Necesidad Disculpante, mecanismo de defensa material y técnica que se
dirige a enfrentar una imputación por una conducta que se considera típica, antijurídica, no
culpable, y por lo tanto no punible.

La conducta abortiva de la mujeres no puede entenderse como una inconformidad con la


normas constitucionales y derechos fundamentales que se consideran vulnerados. Por el
contrario, consiste en un llamado a la justicia para que cuando se encuentre frente a un caso
de aborto en Estado de Necesidad, amplíen el contenido de los requisitos por vía de
interpretación judicial.

Finalmente se considera que, el Estado de Necesidad como categoría dogmática que


elimina el juicio de reproche y !a exigibilidad de otra conducta al sujeto activo, y por lo mismo
no configura la conducta punible al no estructurarse la Culpabilidad, no puede considerarse
como una norma que vulnera los derechos fundamentales de las mujeres a la vida e
integridad como se expresa en las demandas de inconstitucionalidad.

Como argumentos de orden político que deben ser tenidos en cuenta por la Corte
Constitucional en la determinación de los criterios de limitación frente a la protección de la vida
y los derechos fundamentales de las mujeres, y según los cuales se hace necesaria la
despenalización del aborto se señalaron las siguientes:

1. Las consideraciones de tipo moral no pueden constituirse en vetos absolutos y rígidos a


los que el ordenamiento responde. Al defender una determinada concepción moral del valor
intrínseco de la vida, el Estado desconoce las libertades de conciencia y de religión.

2. Porque otorgarle personalidad jurídica al nasciturus y reconocerle derechos


fundamentales significa la restricción de derechos de las mujeres embarazadas.

3. Porque al penalizar el aborto por violación, el Estado aplica cargas excesivas a las
mujeres, obligándolas a asumir una matemidad impuesta por la violencia, constituyéndose
en una restricción desproporcionada a sus derechos fundamentales bajo la consideración
sagrada de la vida.

4. Porque a ojos de los anti-abortistas subsiste la idea de que el único fin en sí mismo de las
mujeres es ser madre, y renunciar a ello es, "contrariar esa naturaleza".

5. Porque el marco constitucional y legal vigente -que consagra la libertad de conciencia y


religiosa, el libre desarrollo de la personalidad, la decisión libre y responsable de la pareja
sobre el número de hijos- es incongruente con la despenalización del aborto.

6. Porque el Estado colombiano debe responder a los compromisos adquiridos en la


Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y en la Cuarta
Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing, 1995), respecto a adoptar medidas que garanticen
la plena vigencia de los derechos sexuales y reproductivos, entre ellos, el derecho a la libre
opción de la matemidad.

7. Porque los embarazos no deseados tienen implicaciones negativas sobre la salud mental
de las madres y sus hijos o hijas.

8. Porque defendemos la vida de las mujeres, su dignidad y su libertad.


9. Porque la lucha por la despenalización del aborto en Colombia es un asunto de salud
pública, derechos humanos y justicia social.

4.1.3 Intervención de la Corporación Cisma Mujer

En escrito recibido en la Secretaría General de esta Corporación el día 10 de febrero de


2006, la Directora de la Corporación Cisma Mujer, doctora Claudia María Mejía Duque
interviene en los siguientes términos:

Advierte que no es posible predicar cosa juzgada material respecto del artículo 122 de la Ley
599 de 2000 porque no se reúne el principal requisito establecido en la jurisprudencia de la
misma Corte Constitucional, para que se produzca tal figura, como es que el acto jurídico sea
materialmente idéntico a otro que ya fue objeto de pronunciamiento.

Señala que aunque la descripción de la conducta tipificada en el artículo 343 del decreto 100
de 1980 es igual a la contenida en el artículo 122 de la Ley 599 de 2000, la pena es
diferente, y en tanto la pena del delito de aborto y cl monto de la pena hace parte de la
estructura jurídica básica de un tipo penal, la norma que en este momento es demandada,
es diferente a la que ha sido objeto de pronunciamiento por parte de la Corte Constitucional.
Por lo tanto, respecto del artículo 122 de la ley 599 de 2000 no existe cosa juzgada
constitucional en sentido formal ni en sentido material.

Ahora bien, la penalización del aborto que consagra el artículo 122 de la Ley, 599 de 2000
modificado por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, es inconstitucional porque vulnera los
derechos a la dignidad, autonomía reproductiva, el libre desarrollo de la personalidad, a
estar libre de tratos crueles, inhumanos y degradantes así como las obligaciones de derecho
internacional de derechos humanos. por las razones expresadas en la demanda presentada
por Mónica Roa. Además de ellos, la demanda señala como derechos violados, los derechos
a la vida y la salud y el derecho a la igualdad y a estar libre de discriminación, sobre los
cuales nos permitimos ampliar la argumentación.

De manera adicional a los derechos anteriormente citados. las normas demandadas


vulneran los derechos a la libertad de conciencia y al libre desarrollo de la personalidad
(Artículos 18 y 16 C.P) y va en contravía del carácter laico del Estado Colombiano: (Artículos
1 y 19 C.P)

La penalización del aborto practicado como un tratamiento médico para salvaguardar la vida
y/o la salud de la mujer es inconstitucional, porque cuando se penaliza incluso en casos en
los cuales se pone en peligro la vida o la salud de la mujer, impide la obligación
constitucional de garantizar sus derechos a la vida y a la salud.

La jurisprudencia de la Corte Constitucional que ha desarrollado el ámbito de aplicación de


los derechos fundamentales a la vida y a la salud en instancia de tutela, ha garantizado
estos derechos cuando quiera que se encuentren amenazados por la negativa de
instituciones de salud a practicar determinados procedimientos médicos que se constituyen
en el mecanismo indispensable para proteger estos derechos. En consecuencia, la Corte
Constitucional ha tutelado los derechos a la vida y a la salud aunque para ello tenga que
inaplicar, es decir, hacer caso omiso del régimen legal y contractual del Sistema General de
Seguridad Social que sería aplicable en estos casos. En palabras de la Corte Constitucional:
―La protección y conservación del derecho a la vida escapa u cualquier discusión de carácter
legal o contractual. No es aceptable que en un Estado Social de Derecha ,fundado en el
respeto de la dignidad humana (artículo 1 ° de la Constitución), y en la conservación del
valor de la vida (Preámbulo y artículo 11 de la Constitución), se pueda tolerar que ante el
apremio de un individuo de recibir un tratamiento médico para conservar su existencia, se
antepongan intereses de carácter económico, o una disposición de carácter legal‖.

―Pero también la Corte reitera su jurisprudencia según la cual, cuando quiera que la vida y la
salud de las personas se encuentren comprometidas, en casos de urgencia o en
circunstancias de gravedad, cabe inaplicar la norma legal que obstaculiza la protección
solicitada, y en su lugar amparar los derechos u la salud y, u la vida teniendo en cuenta,
como en el presente caso, que de no practicarse la intervención quirúrgica requerida podría
empeorarse la salud del accionante, e inclusive ponerse su vida en inminente riesgo‖

―(... ) hay un gran obstáculo al ejercicio pleno del derecho a la vida, cuando su titular tiene
que soportar dolores o incomodidades que hacen indigna su existencia, y hay evidente
vulneración del mismo derecho, no sólo amenaza, cuando superar ese dolor o esa
incomodidad es posible y nada se hace para conseguirlo, so pretexto de un interés
económico o de la aplicación de una norma de carácter legal que jamás puede obstaculizar
la realización de una garantía constitucional‖

Si aplicamos idéntica argumentación para los casos en los cuales una mujer embarazada
requiere un procedimiento médico como única opción existente para garantizar sus derechos
a la vida y a la salud, para el caso del aborto terapéutico concluimos como lo ha hecho la
Corte Constitucional en otros casos, que una norma de carácter legal, jamás puede
obstaculizar la realización de una garantía constitucional. Por tanto, la norma que impida un
tratamiento médico en estas circunstancias es inconstitucional.

En lo relativo al derecho a la vida digna, frente a los casos en que el embarazo sea el
resultado de conducta constitutiva de acceso carnal violento, de acto sexual violento, de
acceso carnal en persona puesta en incapacidad de resistir, de acceso carnal abusivo con
menor de catorce años ó de acceso carnal con incapaz de resistir, la penalización del aborto
consagrada por el artículo 122 del Código Penal vulnera este derecho de manera específica
a las mujeres.

En un Estado social de derecho fundado desde el texto constitucional en el principio de la


dignidad humana, el derecho a la vida que se consagra y se protege, no es el derecho a la
mera subsistencia, sino el derecho a una vida digna, como lo ha ratificado y desarrollado la
Corte Constitucional en múltiples pronunciamientos, como los siguientes:

―El primer deber de un Estado es proteger la vida de los asociados, adoptando todas
aquellas medidas que permitan u los ciudadanos vivir en condiciones dignas. Esto es aún
más claro si se tiene en cuenta que el Estado Social de Derecho, como lo ha venido
reiterando la Jurisprudencia de esta Corte, se, funda en el respeto u la dignidad humana y,
tiene como uno de sus fines esenciales garantizar la efectividad de los principios y
derechos‖.

―El derecho a la vida no puede reducirse a la mera subsistencia, sino que implica el vivir
adecuadamente en condiciones de dignidad‖.
―La Constitución no sólo protege la vida como un derecho sino que además la incorpora
como un valor del ordenamiento, que implica competencias de intervención, e incluso
deberes, para el Estado y pura los particulares. La Caria no es neutra frente al valor vida
sino que es un ordenamiento claramente en favor de él, opción política que tiene
implicaciones, ya que comporta efectivamente un deber del Estado de proteger la vida. Sin
embargo, tal y como la Corte ya lo mostró en anteriores decisiones, el Estado no puede
pretender cumplir esa obligación desconociendo la autonomía y la dignidad de las propias
personas‖.

Cuando una mujer, mayor o menor de catorce años, es víctima de violencia sexual, es decir,
obligada contra su voluntad a mantener relaciones sexuales, sea por la utilización de la
fuerza (acceso carnal violento - acto sexual violento), par ser sometida a algún mecanismo
que anule su voluntad (acceso carnal en persona puesta en incapacidad de resistir), cuando
por su edad la ley la considera incapaz para consentir un acto sexual (acceso carnal abusivo
con menor de catorce años) o porque sus condiciones mentales permanentes o transitorias
le impiden decidir conscientemente sobre un acto sexual (acceso carnal con incapaz de
resistir); y como resultado de ese hecho queda en estado de embarazo, su derecho a la vida
digna se garantiza únicamente en la medida en que, de conformidad con su personal
proyecto de vida puede optar libremente por continuar o dar por terminado el embarazo.
Para la garantía plena del derecho a la vida, quien lo practicare con el consentimiento de la
mujer, no podrá ser penalizado.

II. Las normas impugnadas vulneran los derechos a la libertad de conciencia y al libre
desarrollo de la personalidad de las mujeres colombianas.

El artículo 18 de la Constitución Política consagra el derecho a la libertad de conciencia en


estos términos: ―Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por razón de
.sus convicciones o creencias ni compelido u revelarlas ni obligado a actuar contra su
conciencia‖ y el artículo 16 establece el derecho al libre desarrollo de la personalidad así:
―Todas las- personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más
limitaciones que las que le imponen los derechos de los demás y, el orden jurídico‖.

Cuando una mujer queda en embarazo contra su voluntad, el artículo 122 del Código Penal
la obliga, desconociendo su derecho a la libertad de conciencia y al libre desarrollo de la
personalidad a ejercer la maternidad. No existe en nuestro ordenamiento constitucional ni
legal norma alguna que limite los derechos de las mujeres cuando están embarazadas, sólo
si tal norma existiese, podríamos jurídicamente aceptar que las mujeres embarazadas son
incapaces para ejercer sus derechos. Por ejemplo, nuestro Código Penal no penaliza la
conducta de una mujer en estado de embarazo que intente suicidarse, porque si los dictados
de su conciencia y el libre desarrollo de su personalidad la llevan a decidir terminar con su
vida, ni el Estado, ni la sociedad pueden obligarla a continuar viviendo.

En este sentido. especialmente en la sentencia C-239 de 1997 que despenaliza en algunos


eventos el delito de homicidio por piedad, la Corte Constitucional ha garantizado el ejercicio
de los derechos a la vida digna, a la libertad de conciencia y al libre desarrollo de la
personalidad, aún en eventos en los cuales entran en conflicto con el derecho a la vida:

―La Constitución establece que el Estado colombiano está fundado en el respeto a la


dignidad de la persona humana; esto significa que, como valor supremo, la dignidad irradia
el conjunto de derechos. fundamentales reconocidos, los, cuales encuentran en el libre
desarrollo de la personalidad su máxima expresión. El principio de la dignidad humana
atiende necesariamente u la superación de la persona, respetando en todo momento su
autonomía e identidad‖.

―Y si los derechos no son absolutos, tampoco lo es el deber de garantizarlos, que puede


encontrar límites en la decisión de los individuos, respecto a aquellos asuntos que sólo a
ellos les atañen‖.

―El deber del Estado de proteger la vida debe ser entonces compatible con el respeto a la
dignidad humana y al libre desarrollo de la personalidad‖.

En consecuencia, la penalización del aborto contradice los derechos de libertad positiva


previstos en la Carta Constitucional y el desarrollo que de ellos ha hecho la jurisprudencia de
la Corte.

III. Los artículos impugnados vulneran el derecho a la igualdad de las mujeres colombianas.

La Penalización del aborto viola los artículos 11 y 43 de la Constitución Política que


establecen el derecho a la igualdad y el derecho de las mujeres a no ser discriminadas.

―Artículo 13. Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma
protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y
oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo (...). El Estado promoverá las
condiciones para que 1a igualdad sea real y efectiva y, adoptará medidas a favor de grupos
discriminados o marginados ..

―Artículo 43. La mujer y el hombre tienen iguales derechos y oportunidades. La mujer no


podrá ser sometida u ninguna clase de discriminación‖.

E1 artículo 122 del Código Penal al calificar como delito el aborto en todas las
circunstancias, se constituye en una norma que vulnera el derecho a la igualdad de las
mujeres en relación con los hombres y de las mismas mujeres entre sí.

No existe norma jurídica alguna que sancione con pena de prisión a un hombre que recurra
a un tratamiento médico indispensable para salvar su vida, todo lo contrario, es obligación
del sistema general de seguridad social en salud. proveer el acceso al procedimiento
requerido. Caso contrario sucede cuando es una mujer en estado de embarazo la que
necesita de forma indispensable un aborto terapéutico para salvaguardar su vida y su salud.

La penalización del aborto vulnera igualmente el derecho a la igualdad de las mujeres en


relación con los hombres, en los casos en que éstas son víctimas de violencia sexual y como
consecuencia de ella quedan en estado de embarazo.

La violencia sexual victimiza mayoritariamente a las mujeres y a las niñas, constituyéndose


en una forma de violencia de género, porque se dirige y afecta a las mujeres por su
condición de tales, como lo demuestran las cifras oficiales disponibles al respecto.

Para el caso de mujeres en situación de desplazamiento, la posibilidad de ser víctima de


diversos tipos de violencia, entre ellas la sexual ya sea por parte los actores del conflicto 0
por personas cercanas, aumenta de manera considerable. Tal como lo ha afirmado el
―Observatorio de los derechos humanos de las mujeres en Colombia - En situaciones de
conflicto armado las mujeres también tienen derechos‖:
―el desplazamiento forzado interno por razones del conflicto armado afecta indistintamente a
hombres y mujeres pero debido y las condiciones históricas de discriminación, que se
acumulan e incrementan en las etapas posteriores al desplazamiento, tiene ten electo
desproporcionado en las mujeres‖.

―El efecto desproporcionado se advierte también en el aumento de la incidencia de la


violencia intrafamiliar y la violencia sexual entre las mujeres en situación de desplazamiento.
En lo que hace referencia u violencia sexual, e1 7,9% de las mujeres en situación de
desplazamiento dice haber sido víctima de violación (Profamilia, 2001) mientras esta cifra es
de 6.6% para las mujeres encuestadas sin la particularidad de haber sido desplazadas
(Profamilia 2000)‖.

La penalización del aborto, se constituye asimismo en una norma que permite una
discriminación entre las mismas mujeres, discriminación que está dada por su nivel
socioeconómico. así una mujer con capacidad económica puede viajar a otro país para
practicarse un aborto bajo todas las condiciones de seguridad médicas y jurídicas mientras
la mujer que no tiene otra opción que permanecer en el país, debe enfrentar, un aborto
inseguro colocando en riesgo su vida y su salud, y además, ella y quien se lo practicare, se
enfrentan a la posibilidad de ir a la cárcel.

La penalización del aborto en todas sus modalidades es una norma discriminatoria que
expresa el rezago de un imaginario cultural según el cual las mujeres no tienen capacidad de
decisión sobre ellas mismas v en este sentido, es dable al Estado, a través de su legislación
y de su sistema de justicia decidir por las mujeres sobre su cuerpo.

IV. Las normas impugnadas vulneran el carácter laico del Estado colombiano

El Estado colombiano bajo la Constitución de 1886 se declaró católico, es decir, un Estado


confesional cuyos preceptos legales atendían los postulados de la iglesia católica y los
mandatos del Concordato con la Santa Sede. A pesar de ello, la legislación penal que rigió
en nuestro país durante los años comprendidos entre 1886 y 1980, atendiendo los
postulados de una Constitución Católica, permitían el aborto en ciertas circunstancias, sin
que se considerara que estas disposiciones afectaran en manera alguna las creencias
religiosas imperantes.

Código Penal de 1890

―Artículo 640. No se incurrirá en pena alguna cuando se procure o efectúe el aborto como
medio absolutamente necesario para salvar la vida de la mujer, ni cuando en conformidad
con los sanos principios de la ciencia médica, sea indispensable el parto prematuro artificial.
No por eso debe creerse que la ley aconseja el empleo de esos medios, que generalmente
son condenados por la Iglesia. Únicamente se limita u eximir de pena al que con rectitud y,
pureza de intenciones crea autorizado pura acudir a dichos medios‖.

Código Penal de 1936

―Artículo 389. Aborto para salvar el honor. Cuando el aborto se haya causado para salvar el
honor propio o el de la madre, la mujer, descendiente, hija adoptiva o hermana, la sanción
puede disminuirse de la mitad a las dos terceras partes. o concederse perdón judicial.‖
Ahora. bajo el texto constitucional de 1991. el Estado colombiano es un Estado laico y
pluralista ante el cual todas las creencias y confesiones religiosas tienen idéntico valor, y si
para una de esas creencias el aborto resulta moralmente condenable. el Estado no puede
acoger esa creencia, promulgarla en una ley y hacerla obligatoria para toda la sociedad.

En este sentido, la jurisprudencia de la Corte Constitucional se ha manifestado:

―De nadie puede el Estado demandar conductas heroicas, menos aún si el fundamento de
ellas está adscrito a una creencia religiosa o a una actitud moral que, bajo un sistema
pluralista, sólo puede revestir el carácter de una opción. Nada tan cruel como obligar u una
persona a subsistir en medio de padecimientos oprobiosos. en nombre de creencias ajenas,
así una inmensa mayoría de la población las estime intangibles. Porque, precisamente, la,
filosofía que informa la Carta se cifra en su propósito de erradicar la crueldad‖.

―Quien vive como obligatoria una conducta, en función de sus creencias religiosas o
morales, no puede pretender que ella se haga coercitivamente exigible a lodos: sólo que a él
se le permita vivir su vida moral plena y actuar en función de ella sin interferencias. Además,
si el respeto y la dignidad humana, irradia el ordenamiento, es claro que la vida no puede
verse simplemente como algo sagrado, hasta el punto de desconocer la situación real en la
que se encuentra el individuo y su posición. frente el valor de la vida para si‖.

Por las anteriores razones, solicitamos a la Corte Constitucional armonizar la legislación


penal con los preceptos de la Carta Política, despenalizando el aborto en Colombia.

4.1. 4. Intervención del Defensor del Pueblo.

En escrito recibido el 10 de febrero del presente año, el Defensor del Pueblo presentó su
intervención al proceso de la referencia .

Inicia su intervención analizando la inexistencia de cosa juzgada material, adviertiendo para


ello que si bien la Corte Constitucional sólo uno de dichos fallos, el de 1994, se refiere al tipo
principal del aborto consentido en la legislación penal entonces vigente.

En efecto, en sentencia C-133 de 1994, la Corte declaró exequible el artículo 348 del
Decreto 100 de 1980, cuyo tipo penal del aborto es prácticamente idéntico al contenido en la
Ley 599 de 2000, objeto de censura en el presente proceso. En dicho pronunciamiento se
consideró la Carta Política no sólo protege el fruto de la concepción, sino el proceso mismo
de la vida humana, dado que éste es condición necesaria para la vida independiente fuera
del vientre, y que la concepción genera un tercer ser existencialmente diferente de la madre,
cuyo desarrollo y perfeccionamiento no puede quedar a su arbitrio.

Fundamenta, esta decisión en lo dispuesto pro el artículo 2 de la Carta, que al proteger la


vida de todas las personas sin distinción, comprende el amparo de la vida en desarrollo, así
como en la protección especial a la madre durante el embarazo y con posterioridad a él,
según lo previsto en los artículos 42, 43 y 44 de la Carta, así como también se deriva de las
previsiones del derecho internacional de los derechos humanos.

De la misma forma se indicó que la penalización del aborto no vulnera el derecho de la


pareja a determinar el número de hijos, puesto que prima la protección de la vida del
nasciturus. Agregó, además, que el artículo 42 de la Constitución, al establecer el derecho
de la pareja a determinar el número de hijos, debía interpretarse en el sentido de que dicho
derecho sólo se predica hasta antes del momento de la concepción.

Concluyó la Corte que cualquier eventual conflicto entre los derechos de la embarazada y
los derechos del nasciturus, debían ser resueltos por el Legislador al diseñar la política
criminal.

Posteriormente en sentencia C-013 de1997, analizó la constitucionalidad de varias


disposiciones del Decreto 100 de 1980, referidas a la muerte, el abandono, el abandono
seguido de lesión o muerte de hijo fruto de acceso carnal no consentido o abusivo, de
inseminación artificial o transferencia de óvulo no consentidos, así como de la atenuación
punitiva respecto del aborto practicado ante las mismas circunstancias descriptivas de los
tipos anteriores, por establecer supuestamente penas menores a las que tales conductas
censuradas ameritaban. En esta oportunidad la Corte declaró dichas normas exequibles.

En este nuevo fallo, se insiste en el carácter sagrado de la vida, y sostiene que la vida que el
Derecho reconoce y que la Constitución protege tiene su principio en el momento mismo de
la fecundación, ya que el artículo 11 de la Carta no hace distinciones en cuanto a las
condiciones de vida que protege. También sostiene el fallo que, en virtud de la previsión del
artículo 94 de la Carta, cuando admite la existencia de derechos no enunciados en el texto
constitucional, se encuentra sustento para la protección del derecho a la vida del nasciturus.

La Corte sostuvo que no había vulneración de la dignidad de la mujer que es obligada a


continuar con el embarazo forzado sobre su voluntad y cuerpo, puesto que tal interpretación
plantea una dicotomía inaceptable que confunde el acto de la violación o de la inseminación
abusiva con el de la maternidad.

Más adelante en el tiempo, mediante Sentencia C-647 de 2001, se decretó la exequibilidad


del parágrafo del artículo 124 de la Ley 599 de 2000, que faculta al juez a prescindir de la
imposición de la pena en el caso del aborto en su versión atenuada, cuando obran
"circunstancias anormales de motivación".

La Corte se limitó a reiterar su doctrina en relación con la potestad configurativa reconocida


al Legislador en materia de política criminal, y se sostuvo en la tradición de la institución de
la exclusión de punibilidad en el ordenamiento penal colombiano, exclusión que encontró
válida al ser establecida por el Legislador, como causa personal en relación con el tipo de
aborto atenuado.

Finalmente, en el año 2002, la Corte se volvió a pronunciar sobre la referida causal de


atenuación punitiva, aunque esa vez tanto el cargo como el fallo se limitaron a supuestos
vicios de forma, que la Corte declaró infundados.

Vista la evolución jurisprudencial, entró el Defensor del Pueblo a determinar si existe o no


cosa juzgada en relación con el tipo penal contenido en el artículo 122 de la ley 599 de 2000,
y concluyó que frente al caso concreto de los artículos 122, 123 (parcial), 124 y 32, numeral
7, de la Ley 599 de 2000 de la Ley 599 de 2000 demandado en el presente proceso, es claro
que no puede predicarse el acaecimiento de la cosa juzgada absoluta, toda vez que es la
primera demanda que se dirige contra esta disposición en la última codificación penal
vigente, en sede de constitucionalidad.
Ahora bien, en relación con la existencia de cosa juzgada material, toda vez que los términos
del artículo 122, y concluyó que vista las diferentes decisiones ha relacionadas
anteriormente no puede predicarse respecto de las varias normas demandadas la existencia
de cosa juzgada absoluta que inhiba a la Corte de volver a emitir un pronunciamiento de
fondo.

Para concluir en este punto, considera el Defensor del Pueblo que es pertinente mencionar
los fundamentos expuestos por la Corte en la Sentencia C-133/04 para declarar la
exequibilidad del tipo penal principal del aborto:

En dicho fallo la Corte se refirió al alcance de la protección de la vida del nasciturus, y


concluyó que la Constitución y el derecho internacional de los derechos humanos la
protegen en forma absoluta e inviolable. Así mismo la Corte desestimó los demás cargos,
por vulneración de la libertad procreativa y por vulneración de las libertades de conciencia y
cultos, con fundamento en esa protección constitucional absoluta al nasciturus desde la
concepción.

En conclusión, la Corte se circunscribió al análisis de la disposición a la luz de la


interpretación de los derechos a la vida, a la autonomía procreativa y a las libertades de
conciencia y cultos.

En este orden de ideas, resulta admisible, que la actual demanda plantea cargos por
violación de varias disposiciones constitucionales distintas a las analizadas en el fallo
anterior, como lo son los relativos a la integridad, a la salud, al libre desarrollo de la
personalidad y la igualdad, es forzoso concluir que en el presente caso no se está ante una
cosa juzgada material.

Luego de dejar en claro el aspecto de la cosa juzgada, el Defensor deja en claro que su
intervención se hace con el objeto de coadyuvar la demanda, no sólo en virtud de las
consideraciones en ella expresadas, sino en desarrollos argumentativos adicionales, por lo
cual se permite solicitar a la H. Corte Constitucional declarar inexequibles los artículos 122 y
124, así como la expresión demandada del artículo 123 de la Ley 599 de 2000. En cuanto
hace referencia a la acusación dirigida contra el numeral 7 del artículo 32 de la Ley 599 de
2000, solicita a la Corte se inhiba por no reunir la demanda los requisitos que permitan un
pronunciamiento de fondo.

Sobre la constitucionalidad de la penalización absoluta e indeterminada del aborto


consentido, señaló que se trata de un aspecto que presenta un desarrollo normativo
importante en el derecho comparado, que demuestra cómo las distintas sociedades del
mundo entero evolucionan alrededor de conceptos considerados antes incontrovertibles y
encuentran soluciones intermedias, y que el tema se debe evaluar desde una perspectiva
más secular, más razonable y proporcionada en atención a las severas restricciones que
una concepción absolutista impone sobre los derechos de las mujeres.

Para sentar su posición sobre el particular, advierte el Defensor del Pueblo que debe partirse
de la evolución jurisprudencial respecto del concepto a la vida protregido en la Constitución
Política

Considera que la misma Corte ha reinterpretado su posición al establecer una comprensión


más equilibrada de y coherente de la coexistencia de derechos, y que propicia una lectura
más favorable a los derechos de las mujeres comprometidos con el tipo penal del aborto
situación que no fue tan favorable en su fallo de 1994, en el cual hizo primar el derecho a la
vida del nasciturus por sobre cualquier otra consideración.

En su sentencia C-237 de 1997, la Corte sostuvo la necesidad de definir los derechos y


valores en conflicto -vida y autonomía- ―desde una perspectiva secular y pluralista, que
respete la autonomía moral del individuo y las libertades y derechos que inspiran nuestro
ordenamiento superior...‖

Así, la jurisprudencia en el caso de la demanda relativa al homicidio por piedad, la Corte


introdujo varios cambios en términos de interpretación de la Carta, que resultan de especial
significado en el presente proceso:

(i) en primera instancia, los fallos sobre aborto y el fallo sobre homicidio por piedad, difieren
en cuanto al concepto de vida que entienden protege la Constitución;
(ii) ambos fallos también difieren en cuanto al reconocimiento del derecho de los individuos a
autodeterminarse por su concepto moral de vida digna, y
(iii) ambos fallos difieren, en consecuencia, en los términos de valoración y ponderación de
los otros derechos que entran potencialmente en conflicto con el concepto de vida que
preconizan.

(i) Ciertamente, la Sentencia C-133/94 centró su principal argumento en un criterio sagrado


de la vida, en consecuencia absoluto, interpretación que se deriva de la fundamentación
dogmática de la protección de la vida del nasciturus, posición que se sostuvo igualmente en
el fallo C-013/97 , protegiendo el derecho a la vida del nasciturus, desde el mismo instante
de la concepción. En dicho fallo se consideró que no se presentaba vulneración del derecho
a la vida digna de la madre, ya que la maternidad, independientemente de las condiciones
en que se produce, sólo puede enaltecer y dignificar a la madre.

Por el contrario, en la sentencia sobre el homicidio por piedad, el fallo comienza por advertir
que el concepto de vida que protege la Carta no hace referencia a cualquier vida, ni a un
derecho a la vida de carácter absoluto, sino a la vida en condiciones de dignidad y que la
definición de este derecho debe hacerse desde una perspectiva secular y pluralista que
respete la autonomía moral del individuo y las libertades y derechos que inspiran el
ordenamiento constitucional.

(ii) En cuanto al reconocimiento a la autodeterminación moral de los individuos, los fallos


también se distancian ostensiblemente. Cuando las decisiones sobre aborto optan por un
concepto sagrado, protegen la vida en forma indeterminada, independientemente de si
existe o no certeza científica acerca del momento en que la vida humana inicia o de si esa
vida va a ser o no viable fuera del útero.

Por el contrario, el fallo relativo al homicidio por piedad advierte que no puede afirmarse el
deber absoluto de vivir, puesto quien vive como obligatoria una conducta, en función de sus
creencias religiosas o morales, no puede pretender que ella se haga coercitivamente exigible
a todos, sino que le permite vivir su vida moral plena y actuar en función de ella sin
interferencias. Este fallo, en conclusión, respeta y protege un campo de decisión moral a los
individuos en relación con el concepto de vida, que no puede ser socavado por el legislador
ni el juez, y que les permite determinarse por sus propias convicciones morales, sin que el
Estado pueda imponerles como deber la aceptación y adscripción a valores religiosos. Este
espacio de decisión moral que el Juez Constitucional protegió fue el que entendió como
plausible en un Estado neutral frente a las diferentes concepciones religiosas existentes en
la sociedad.

(iii) En cuanto a la ponderación de los derechos en conflicto con el de la vida, se dio


igualmente un cambio jurisprudencial, pues en relación con el mismo derecho, la Corte en un
primer caso no reconoció a la mujer que se practica un aborto ninguna posibilidad de
despenalización, ni siquiera frente a situaciones que contradicen su derecho a la vida digna,
mientras que en la sentencia sobre el homicidio por piedad, la Corte se basó en un concepto
de vida digna que da pie para no aplicar pena a quien asiste a otro. Claramente, en este
último caso, el carácter absoluto de la vida argumentado en relación con el aborto, da paso a
un concepto más relativo, gracias al cual no existen derechos absolutos, ni siquiera al hablar
de la vida del nasciturus.

Considera entonces el Defensor, que frente a estos cambios jurisprudenciales la Corte debe
asumir el estudio del aborto, y sus efectos sobre el derecho a la vida, a la integridad, a la
salud, a la autodeterminación y a la igualdad de las niñas, adolescentes y mujeres en
Colombia.

Señaló el interviniente que en tanto la Corte ya estableció una protección del individuo frente
a las concepciones totalizantes y absolutistas de la vida en relación con el homicidio por
piedad, ahora debe hacerlo en relación con el delito de aborto, cuyas consecuencias
jurídicas y fácticas afectan, en principio, los derechos de más de la mitad de la población
colombiana.

A continuación procederá la Defensoría a exponer argumentos que, en su concepto, no


fueron abordados por el Juez Constitucional en 1994, aunque en forma previa y para efectos
demostrativos, estima necesario incorporar un recuento histórico de la penalización del
aborto en Colombia.

2. Evolución histórica del tratamiento punitivo al aborto en Colombia

Inicia el Defensor del Pueblo haciendo un recuento de la evolución legal en materia del
aborto e inicia señalando que la legislación penal de 1837 sancionaba el aborto consentido y
no consentido, pero admitía el aborto terapéutico, previsiones que permanecieron iguales en
el Código de 1873. En el Código Penal de 1890, el artículo 640 autorizaba el aborto
terapéutico, al permitir su realización cuando fuera absolutamente necesario para salvar la
vida de la mujer, excluyendo así de la imposición de la pena al que obrare con esa
motivación. Dicho Código también incluía el llamado "aborto honoris causa", que disponía
una pena reducida en el caso de la "mujer honrada y de buena fama" cuando el móvil de la
actuación fuere el de "encubrir su fragilidad", atenuante que, el autor advierte, es producto
de la jurisprudencia española, luego codificada en España, Italia y posteriormente en
América Latina.

En el Código Penal de 1890, el artículo 641 establecía el aborto consentido en frente a


ciertas situaciones.

La Ley 109 de 1922 pretendió reformar el Código Penal de 1890, sin embargo nunca entró a
regir: eliminó el aborto terapéutico, pero conservó el aborto honoris causa -extraño y
sugerente cambio valorativo-.
En el Código Penal de 1936, que rigió hasta 1980, el artículo 386 establecía el tipo principal
de aborto consentido y se contemplaban otros tres tipos penales referidos al aborto: el del
aborto sin consentimiento, un tipo penal con agravante punitivo para el médico, cirujano,
farmaceuta o partera que interviniere en la realización del aborto y, finalmente, conservaba
la atenuante para el aborto honoris causa.

Esta normatividad fue reemplazada luego por el Decreto 100 de 1980, cuyo artículo 343
penalizaba el aborto -en su tipo principal- en similares términos a los incluidos en la
codificación que entró a regir por virtud de la Ley 599 de 2000.

Finalmente se llega a la codificación del año 2000 cuyas normas sobre aborto se encuentran
censuradas en el presente proceso.

Vista brevemente la evolución de la penalización del aborto en Colombia, concluye el


Defensor del Pueblo señalando que:

(i) El tipo principal del aborto consentido ha estado presente en el ordenamiento penal
colombiano, prácticamente en forma inalterada, desde la época de la constitución de la
República.

(ii) El fundamento jurídico de la protección a la vida y las nociones sobre el inicio de la


vida humana han evolucionado sin que se haya presentado ningún cambio en la respuesta
estatal a la penalización del aborto.

(iii) La fallida reforma de 1922 recrea en forma sugerente el diferente trasfondo valorativo
en materia de penalización del aborto.

(iv) En 1980 desaparece la referencia implícita al hombre como sujeto activo en la


legislación penal sobre aborto, al derogarse el atenuante motivado en la defensa del honor,
así como toda referencia al sexo de autores o partícipes, salvo en el caso del tipo principal,
cuya definición por género persiste.

(v) Entre 1837 y 1936 se admitió, la despenalización del aborto terapéutico.

(vi) El concepto y alcance de los derechos de los individuos han variado


significativamente. La conciencia sobre la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres
ha surgido con posterioridad a 1991, así como la protección de los derechos de la mujer en
el derecho internacional. No obstante estos cambios tan profundos, frente a los cuales la
legislación penal colombiana permanece absolutamente refractaria, se sigue estimando
como responsable penal a la mujer, en una decisión legislativa que resuelve el conflicto
entre la vida del nasciturus y los derechos de la mujer, por la vía de la negación absoluta de
los derechos de la última.

2. La igualdad de derechos entre hombres y mujeres y la prohibición del trato diferenciado


por razones de género

Según el fallo proferido por la Corte en 1994, se concedió tal importancia a la vida, que la
incorporó no sólo en calidad de derecho sino también de principio y valor constitucionales.
La Defensoría resalta aquí también, que la Carta, fiel a los tiempos, a su estirpe humanista y
al pluralismo, estableció el derecho a la igualdad, no como un simple propósito formal, sino
que lo erigió también como un principio y un valor que irradian todo el ordenamiento, de tal
manera que la consecución de la igualdad material se convirtió en un propósito imperioso
para el Estado colombiano.

En relación con la igualdad entre hombres y mujeres la Constitución Política fue enfática a lo
largo de todo su texto, con tal alcance que expresamente previó que la mujer "no será
sometida a ninguna clase de discriminación" (CP, art. 43).

En sentencia C-507 de 2004, la Corte en un cuidadoso análisis sobre la evolución de la


igualdad de derechos entre hombres y mujeres en nuestro país en el Código Civil,
demuestra que los estándares diferenciales respecto de los derechos reconocidos a los
hombres y las mujeres, han ido desapareciendo, pero que aún subsisten previsiones en
dicha legislación como la del matrimonio de los impúberes- en las cuales resulta evidente la
diferencia de trato antes admitida y hoy no justificada.

Sobre el punto de la igualdad de los derechos de la mujer y el hombre, la Defensoría


advierte que, además de los mandatos constitucionales, el Estado colombiano ha ratificado
dos convenios, de carácter internacional, dirigidos a proteger los derechos de la mujer y a
erradicar todas las formas de discriminación y violencia que se ejercen sobre ella: la
Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer,
adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1979 vigente en Colombia
desde 1982 -Ley 51 de 1981-, y la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y
erradicar la Violencia contra la Mujer de "Belém do Pará", que entró a regir en Colombia en
1996, en virtud de la Ley 248 del 995.
Ambos documentos son posteriores tanto al Pacto de Derechos Civiles y Políticos como a la
Convención Interamericana de Derechos Humanos, y expresamente advierten sobre la
persistencia de la discriminación y de la violencia contra la mujer a pesar de la obligatoriedad
de tales instrumentos jurídicos.

Advierte que la primera de las Convenciones mencionadas pretende, cambiar la visión que
atribuye al papel de la mujer en la procreación fundamento para propiciar discriminaciones
de trato y en sus derechos (Considerando N° 14), lo mismo que modificar el papel tradicional
tanto del hombre como de la mujer en la sociedad y en la familia, condición sin la cual no
será posible lograr la plena igualdad entre el hombre y la mujer (Considerando No. 15).

En desarrollo de esta Convención, que forma parte del bloque de constitucionalidad, según
lo ha dispuesto la misma Corte, los estados se comprometen, adoptar medidas, incluso de
carácter legislativo, que eliminen todo uso, practica, o leyes que establezcan un trato
discriminatorio a la mujer, y supone igualmente previsiones que garanticen la igualdad entre
hombres y mujeres en sus derechos y responsabilidades.

Algo similar incorpora la Convención Interamericana en su normatividad, en especial


buscando erradicar, prevenir y sancionar toda clase de violencia contra la mujer,

3. Discriminación desde el tipo penal y consecuencias discriminatorias adicionales de


la penalización absoluta e indeterminada del aborto consentido

Insiste el Defensor del Pueblo que en el tipo penal del aborto consentido, la conducta se
imputa a un sujeto activo en particular, determinado por su género: el sujeto activo ha sido,
desde el mismo inicio de la penalización del aborto en Colombia, la mujer.
Así, visto que en el Derecho Penal pueden existir tipos penales calificados por el sujeto
activo, es del caso analizar la constitucionalidad de la calificación del sujeto activo por el
género en el tipo penal principal del aborto consentido.

Es posible argumentar que tal calificación del sujeto activo es imprescindible, pues sólo la
mujer está físicamente habilitada para estar embarazada, para proteger y desarrollar con
ayuda de su organismo al producto de la concepción o por el contrario, para "disponer
antijurídicamente" del producto de la concepción antes de la terminación de la gestación.

La Defensoría considera que lo que se debe controvertir es que la calificación del tipo por el
género se base en una concepción meramente biológica y funcional de la mujer, lo cual
resulta obsoleto en el contexto constitucional actual.

Este trato diferenciado criminaliza sólo en la mujer la disposición del nasciturus y no se


evidencia tratamiento punitivo respecto de los otros actores necesariamente involucrados en
los mismos hechos, como lo son los responsables de practicar los abortos, o los padres o
parejas de las mujeres, adolescentes y niñas que comparten, en muchos casos la decisión
de interrumpir el embarazo.

Por ello, la consideración meramente biológica de la mujer para efectos penales contradice
su misma dignidad, pues no la valora como ser que es, sino como que la ubica como medio
para proteger la vida del que esta por nacer.

Este sesgo explícito en el tipo penal lleva a la Defensoría a a considerar que esta posición
jurídica contradice lo propuesto por el Constituyente, que consagró la paternidad
responsable, de manera conjunta entre la mujer y el hombre, posición que se reafirma con la
igualdad de derechos de la mujer, en concreto, señalados en la Convención sobre la
Eliminación de Todas las formas de Discriminación contra la Mujer.

A pesar de las citadas previsiones el aborto es criticable y sancionable sólo en la mujer. En


el único otro tipo penal referido al aborto consentido -en su versión atenuada- no se califica
al sujeto activo, y el término utilizado es el mismo genérico presente en la mayor parte de las
conductas previstas en el Código Penal.

Frente a este trato diferente se puede argumentar que, con fundamento en las previsiones
de carácter general del Código Penal respecto de coautoría, determinación o complicidad,
cualquier otra persona corresponsable de la decisión del aborto podría ser objeto de la
misma sanción penal, independientemente de su sexo.

Así, el tipo penal acusado deja en claro que frente a la realización de un aborto, es la mujer
la judicializable y sancionable.

Para demostrar aún más la diferencia injustificada de trato legal que comporta la
penalización absoluta del aborto, cabe señalar que la legislación actual en Colombia sólo
prevé el tipo penal de la inasistencia alimentaria para el padre renuente, tipo que, no sobra
advertir, tampoco se califica según el género del eventual autor y que más bien recoge un
lenguaje incluyente. De esta manera el ordenamiento jurídico colombiano no establece un
trato igual al impartido a las mujeres en el ámbito penal, al hombre que no desea asumir sus
responsabilidades en relación con la concepción de la que fue partícipe.

4. Test de igualdad
La Corte Constitucional ha reiterado en numerosas ocasiones que la diferencia de trato
basada en alguna de las connotaciones expuestas en el inciso primero del artículo 13 de la
Carta relativo a la igualdad -sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión
política o filosófica- está prohibida en principio, y que sólo si reúne determinadas condiciones
será admisible.

Para evaluar tales condiciones a este criterio prohibido lo califica de sospechoso, lo que
impone al operador jurídico la aplicación de un test estricto de igualdad, a fin de determinar:

(i) si el acto que propicia un trato diferente tiene una finalidad admisible por la Constitución y
ésta es imperiosa;
(ii) si el acto es útil e indispensable para alcanzar el fin propuesto; y,
(iii) si el acto guarda proporcionalidad entre el beneficio obtenido y la afectación o perjuicio
que causa en otros bienes jurídicos, ejercicio que abordará a continuación este escrito.

(i) ¿El acto que propicia el trato diferente tiene una finalidad imperiosa según la
Constitución?

Según lo dicho por la Corte la finalidad de la penalización absoluta e indeterminada del


aborto consentido, radica en la necesidad de proteger la vida del no nacido, por encima de
cualquier otro derecho de la mujer que se pueda oponer.

Señala el Defensor que la ley no le impone al otro responsable como es el hombre, el mismo
trato cuando actúa como sujeto activo, como tampoco explica se sanciona cuando no se
utilizan óvulos fecundados. Tampoco explica se no prevee el tipo penal de homicidio para
quien, realiza materialmente el aborto, pues solo le impone como sanción el tipo penal de
lesiones ocasionadas a la integridad física de la madre, no por la vulneración de una vida
diferente a la de la madre.

Sin embargo, debe recordarse que la Corte señaló que no puede haber un concepto
absolutista de la vida que desconozca que ésta debe ser digna, razón por la cual debe
establecer cual será el nivel de protección que se debe dar al nasciturus.

Ciertamente, la Constitución Colombiana, protege cualquier tipo de vida


Ahora, en relación con la vida humana, y para sopesar la protección a la vida humana en
gestación, incontables estudios e investigaciones médicas, biológicas y científicas han
pretendido dar respuesta a este trascendental punto, y no han logrado aportar una respuesta
concluyente y definitiva. No obstante, la ciencia médica sí establece diferencias entre el
óvulo fecundado, el embrión y el feto, y entre el feto que aún no siente dolor y el que ya lo
puede percibir, con el propósito de determinar las etapas y características de la vida que se
desarrolla y al mismo tiempo tratar de ofrecer una guía para resolver un tema tan vital como
el del que se ocupa este proceso'.

Frente a tal situación, corresponde al Legislador decidir en la forma más racional posible la
fijación de un término a partir del cual se pueda imponer jurídicamente a los asociados el
deber de protección de dicha vida humana,

Por ello, resulta claro que una penalización absoluta e indeterminada del aborto que no
diferencia la vida humana en desarrollo y la vida humana persona, y que hace prevalecer la
primera sobre la segunda en cabeza de la mujer y de cualquier derecho de ésta que entre
en conflicto con esa vida, no es ni puede ser una finalidad constitucionalmente imperiosa. No
podrá catalogarse como imperiosa, puesto que no puede ser imperioso proteger la vida a
pesar de la vida misma y a pesar del fundamento axiológico mismo de la Constitución
colombiana.

Absuelto negativamente este primer punto del test de igualdad, supondría, según la doctrina
de la Corte, el innecesario estudio de los demás pasos del test. No obstante, en gracia de
discusión, la Defensoría procederá a evaluar si se cumple con el segundo paso de la
ponderación de un acto que establece una diferencia de trato basada en un criterio
sospechoso.

(ii) ¿Es el acto que propicia la diferencia de trato absolutamente indispensable para
alcanzar el fin propuesto?

Este paso del test de igualdad debe responder al interrogante de si la sanción penal absoluta
e indeterminada del aborto consentido resulta indispensable para proteger la vida humana
que se desarrolla dentro del útero materno y es, por lo tanto, constitucional.

En un sistema jurídico que se define como un Estado social de derecho, el recurso del
derecho penal se estima como la última opción a la que debe acudir, para proteger un bien
jurídico como la vida del nasciturus, pues con ello se pretende desmotivar tanto a terceros
como a las madres de acudir a tal conducta bajo el riesgo de ser sujeto de la
correspondiente sanción penal.

Sin embargo, la penalización absoluta del aborto consentido, no es indispensable al fin


propuesto, puesto que no constituye la única vía para lograr la protección deseada. Si la
finalidad constitucional no resulta imperiosa, como se demostró en el primer paso, tal
decisión de política criminal carece también de la connotación de indispensable.

En primer lugar, el tipo penal del aborto, sólo sanciona a la mujer como si se radicara sólo
en ella la responsabilidad de la procreación e implícitamente avala la irresponsabilidad del
hombre, con lo cual reduce a la mujer a su función de procreación y la cataloga como
criminal si llega a abortar, mientras que el hombre que no asume la paternidad, es tan sólo
un irresponsable.

De esta manera, debe concluirse, que la penalización absoluta del aborto, dirigida
únicamente contra la mujer como posible sujeto activo, no es una medida indispensable a fin
de lograr la finalidad pretendida, pues deben de tenerse en cuenta otras medidas
alternativas, necesariamente de carácter incluyente, como las campañas informativas y
formativas sobre derechos sexuales y reproductivos; anticoncepción; estímulos tributarios y
beneficios económicos o en servicios públicos esenciales a favor de la persona que decide
llevar el embarazo a buen término; campañas de sensibilización a los hombres sobres su
responsabilidad paternal, así como ofertas de tratamiento médico no penalizadas diseñadas
en forma respetuosa del marco constitucional

Debe concluirse entonces que la penalización absoluta e indeterminada del aborto


consentido que se concentra en cabeza de la mujer no es constitucional, toda vez que no es
una medida indispensable al logro de la finalidad pretendida.

(iii) ¿El acto guarda proporcionalidad entre el beneficio obtenido y la afectación que se
causa sobre otros bienes jurídicos?
La Defensoría considera que, la realidad de las cifras en Colombia en relación con la
judicialización de conductas constitutivas de aborto, y sobre la práctica de los abortos
clandestinos, fuerzan a concluir que el beneficio pretendido de proteger al nasciturus no se
logra, razón suficiente que hace imposible estructurar un argumento acerca de la
proporcionalidad del beneficio obtenido y la afectación que este logro impone a otros bienes
jurídicos.

Sin embargo, como se señaló en el punto anterior, este tratamiento penal diferenciado
desde el tipo, genera consecuencias en los derechos de la mujer, adicionales a los punitivos.
Es en este punto donde se constata una vulneración normativa y de hecho de carácter
cotidiana, estructural y masiva, sobre los derechos de la mujer.

No obstante, considera la Defensoría que la penalización del aborto, tomando como único
sujeto sancionable a la mujer, viola los derechos de la mujer, como lo demuestra sólida y
suficientemente la demandante y lo reitera aquí la Defensoría:

1.- EL Plan Obligatorio de Salud no incluye el aborto terapéutico -que protege la vida y salud
de la madre.

2.- Las IPS y EPS no brindan este servicio.

3. El personal de IPS y EPS denuncia a las mujeres que acuden a un tratamiento médico
necesario para proteger su vida e integridad, por las consecuencias de un aborto
clandestino.

4. Se considera que la morbilidad materna por causa de aborto provocado es la segunda


causa de muerte de las mujeres en Colombia, existen estudios que sugieren "un subregistro
de la mortalidad materna del 50%.

5. Se genera un desequilibrio total en las cargas públicas, en perjuicio de la mujer.

6.- La penalización absoluta constituye una violencia contra la mujer, en los términos de la
Convención de Belém do Pará, pues la previsión legal acusada genera en la mujer que
habiendo sido violada o inseminada en contra de su voluntad y aborta, una doble o triple
victimización, pues a más de revivir el hecho atentatorio de su libertad sexual al pretender la
sanción de su atacante, debe someterse a ser tratada como criminal.

7. La penalización absoluta impone a la mujer que ha sido informada de la malformación


congénita incompatible con la vida extrauterina de la criatura que gesta en su cuerpo, la
prohibición de actuar conforme a su concepción moral de la vida digna y de piedad en
relación con dicha criatura, y la obliga a dar a luz a ese ser y a cuidarlo por el mínimo lapso
de vida que tenga.

A la luz de las anteriores consideraciones, hay una desproporción total entre el beneficio
pretendido con el tipo penal censurado y las restricciones impuestas a los derechos de la
mujer, por lo cual resulta inconstitucional.

En conclusión, la penalización absoluta e indiscriminada del aborto consentido, vulnera los


principios de la dignidad humana, vida e igualdad (Preámbulo y artículos 1 y 2 de la CP), de
los derechos a la vida (CP, art. 11), a la integridad persona (CP, art. 12), a la igualdad (CP,
art. 13), a la intimidad (CP, art. 15), a la libertad de conciencia (CP, art. 18) al libre desarrollo
de su personalidad (CP, art. 16), a la libertad personal (CP, art. 28) a la igualdad en las
relaciones familiares y en la autonomía procreativa (CP, art. 42), los derechos prevalentes
de las niñas y adolescentes (CP, art. 44), y el derecho a la salud (CP, art. 49).

También desconoce los artículos 2, 6, 7, 9, 14, 17, 18, 23, 24 y 26 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos; los artículos 1, 4, 5, 7, 12, 17, 19 y 24 de la Convención
Interamericana de Derechos Humanos, los artículos 2, literales f y g, 5, literales a y b y 10,
literal h, de la Convención de Naciones Unidas sobre Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer y el artículo 3, literales a, b, e, f, i, y los artículos 6 y 8, literal
a, de la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la Violencia Contra
la Mujer, y se desconoce el principio 4 de los Principios fundamentales de la Justicia para las
Víctimas de delitos y del abuso del poder, adoptado por la Asamblea General en su
Resolución 40/3, de 29 de noviembre de 1985.

5. La no penalización de conductas constitutivas de aborto en tres eventos especiales

En el evento de que la H. Corte no encuentre atendibles los argumentos descritos, la


Defensoría solicita a la Corte considerar la constitucionalidad condicionada del artículo 122
de la Ley 599 de 2000 y la consecuente inconstitucionalidad del artículo 124, en el entendido
de que quedan excluidas del mismo las conductas que se motiven en: (i) el peligro para la
vida o la salud de la mujer, (ii) el embarazo resultado de conducta constitutiva de acceso
carnal o acto sexual sin consentimiento, inseminación artificial o transferencia de óvulo no
consentidas, y (iii) la grave malformación del feto incompatible con la vida extrauterina.

¿En que consiste cada una de las circunstancias señaladas arriba que permitirían la
despenalización del aborto?

(i) Por encontrarse en peligro la vida o la salud de la mujer, también denominado aborto
terapéutico.

Se podría argumentar, para esta circunstancia concreta, que en el ordenamiento penal la


institución denominada estado de necesidad conduce a la ausencia de responsabilidad
cuando se obre por la necesidad de proteger un derecho propio o ajeno de un peligro actual
o inminente e inevitable de otra manera. Pero como lo ilustra la demandante, las exigencias
para la procedencia de esta causal, tal como se ha entendido a lo largo de la historia de esta
institución, resultan incongruentes con la situación de la madre en riesgo de su vida o salud
y la vida de la criatura no nacida.

Por ello, el propósito de insistir en la inconstitucionalidad de la conducta tiene como


fundamento la inconformidad de la propuesta normativa que privilegia la vida en gestación
sobre el derecho a la vida de la madre con el orden constitucional.

Si el estado de necesidad en derecho penal se admite en casos no tan evidentes en materia


probatoria, no se entiende cómo se somete a una madre, en circunstancias comprobadas y
certificadas de riesgo a su vida o salud, a la amenaza de pena.

Según los requisitos del estado de necesidad expuestos por el tratadista Reyes Echandía,
estos se cumplen a satisfacción con el caso bajo estudio, y ameritan, ya no su tratamiento
punitivo, sino su despenalización.
(ii) En el caso de la sanción de la práctica del aborto cuando la mujer ha sido sometida a un
acto de violación o de imposición de un embarazo contra su voluntad, la Defensoría considera
que sancionara a la mujer, ocasiona una nueva ofensa a la ya sufrida, situación que se
complica aún más con la imposición de un embarazo. Por ello, someter a un juicio a una mujer
que a suspendido su embarazo fruto de una violación, le impone un menoscabo de su
integridad de tal dimensión que desconoce los principios de vida digna e igualdad y se atenta
de manera grave contra el derecho a no ser objeto de tratos crueles y degradantes y a no ser
discriminado.

(iii) En el caso de la discusión sobre la despenalización del aborto, es aquel que hace
relación con malformaciones genéticas del feto en gestación que lo hagan incompatible con
la vida extrauterina, considera la Defensoría que, a diferencia del aborto provocado como
consecuencia de un embarazo forzado ocasionado por un acceso carnal violento, el aborto
de niños con severas malformaciones no se configura como una circunstancia de atenuación
punitiva, lo que significa que tales casos se tipifican sencillamente como aborto.

Es importante dejar muy claro que no se está hablando, en este caso concreto, del llamado
aborto eugenésico diseñado para consolidar proyectos raciales absolutistas.

El caso en discusión hace referencia al evento de que exista demostración científica


indudable que se trata de un embrión afectado por alteraciones genéticas irreversibles, que
conduzcan a la inviabilidad vital del recién nacido y su existencia incompatible con la vida. En
este punto, recuerda la Defensoría la importancia del valor de dignidad implícito en cada uno
de los seres humanos, por lo que todo ser humano tiene el derecho de acceder al mínimo de
condiciones de existencia necesarias, de tal manera que pueda vivir en medio de un
ambiente favorable para su posterior desarrollo.

Por las razones anteriores, la penalización absoluta e indiscriminada del aborto consentido,
vulnera los principios de la dignidad humana, vida e igualdad (Preámbulo y artículos 1 y 2 de
la CP), de los derechos a la vida (CP, art. 11), a la integridad persona (CP, art. 12), a la
igualdad (CP, art. 13), a la intimidad (CP, art. 15), a la libertad de conciencia (CP, art. 18) al
libre desarrollo de su personalidad (CP, art. 16), a la libertad personal (CP, art. 28) a la
igualdad en las relaciones familiares y en la autonomía procreativa (CP, art. 42), los
derechos prevalentes de las niñas y adolescentes (CP, art. 44), y el derecho a la salud (CP,
art. 49).

También desconoce los artículos 2, 6, 7, 9, 14, 17, 18, 23, 24 y 26 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos; los artículos 1, 4, 5, 7, 12, 17, 19 y 24 de la Convención
Interamericana de Derechos Humanos, los artículos 2, literales f y g, 5, literales a y b y 10,
literal h, de la Convención de Naciones Unidas sobre Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer y el artículo 3, literales a, b, e, f, i, y los artículos 6 y 8, literal
a, de la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la Violencia Contra
la Mujer y se desconoce el principio 4 de los Principios fundamentales de la Justicia para las
Víctimas de delitos y del abuso del poder, adoptado por la Asamblea General en su
Resolución 40/3, de 29 de noviembre de 1985.

En tal virtud, la Defensoría del Pueblo solicita a la Corte Constitucional declarar la


constitucionalidad condicionada del artículo 122 de la Ley 599 de 2000, la
inconstitucionalidad del artículo 124, y la inconstitucionalidad de la expresión acusada del
artículo 123 del Código Penal, en los términos expuestos en este escrito, para poner término
a estos actos de violencia contra la mujer.
5. El Derecho Comparado

Del análisis de la legislación internacional sobre el tema, la Defensoría resalta la posición


asumida respecto del tema del aborto, por parte de Alemania, que luego de 1992, admite la
práctica del aborto durante las primeras doce semanas de la gestación, en el caso de la
mujer que se encontrara en una situación de aflicción y conflicto a consecuencia de su
embarazo, una vez realizada una consejería impuesta por la ley, en principio secular pero
también religiosa a solicitud de los interesados, y transcurrido un período de espera de tres
días. También se admitió la práctica del aborto hasta las 22 semanas de la gestación, en el
caso de serios defectos congénitos de la criatura o en caso de riesgo para la vida de la
madre o de serio compromiso de su salud mental o física.

El Tribunal Constitucional alemán, en virtud de una demanda contra esta ley, determinó que
la práctica del aborto en condiciones de aflicción y conflicto de la madre violaba el derecho a
la vida expresamente protegido por la Constitución alemana. Sin embargo, en estos casos,
dijo la Corte, si bien son inconstitucionales, los tratamientos podrían llevarse a cabo en
territorio alemán, sin peligro de persecución penal en contra de los autores, siempre y
cuando se aceptara la realización de la consejería y se respetara el período legal de espera.
En punto del aborto por defectos congénitos la respuesta fue negativa, principalmente
fundados en los antecedentes del régimen nacionalsocialista.

Como se evidencia de este caso en particular, la solución legal y el juicio de


constitucionalidad sobre el aborto en un régimen constitucional igual de protector de la vida
y los derechos constitucionales, no conduce indefectible y necesariamente al expediente de
su penalización absoluta, y permite encontrar pautas sobre la conciliación con la libertad
religiosa de los individuos.

4.1.5 Intervención del Ministerio de Protección Social.

Mediante escrito recibido el 10 de febrero de 2006, la Doctora Fanny Suárez Higuera, actuando
como apoderada del Ministerio de la Protección Social, anexa un documento firmado por el
doctor Lenis Enrique Urquijo Velásquez, Director General de Salud Pública del Ministerio de la
Protección Social.

El Director General de Salud Pública del Ministerio de Protección Social, expuso, al margen
de la discusión de los argumentos jurídicos, morales y religiosos, los argumentos que desde
el punto de vista de la salud pública implica el aborto.

Inicia señalando las diferentes clases de aborto, aclarando que el aborto espontáneo es
aquel en el que no ha mediado una maniobra abortiva, cuyo origen por lo general tiene
directa relación con problemas genéticos del feto o trastornos hormonales, médicos o
psicológicos de la madre, por lo que además requiere tratamiento y hospitalización, aunque
resulta menos fatal que un aborto inseguro.

En cuanto al aborto inducido, este corresponde al embarazo terminado deliberadamente con


una intervención, la cual se puede adelantar tanto en centros médicos seguros, como por
fuera del sistema médico. En el primero de los casos las técnicas y criterios higiénicos
aseguran que este procedimiento sea seguro, con una baja tasa de mortalidad y morbilidad.
Por su parte el aborto inseguro, es aquel en el que el proveedor del servicio carece de
capacitación, utiliza técnicas peligrosas, y se cumple en recintos carentes de criterios
higiénicos. Un aborto inseguro puede ser inducido por la mujer misma, por una persona sin
entrenamiento médico o por un profesional de la salud en condiciones antihigiénicas. En
vista de las limitaciones médicas y de higiene entre el 10% y el 50% de los abortos
inseguros requieren atención médica, aun cuando no todas las mujeres la soliciten.

El aborto inducido y el embarazo no planeado constituyen dos problemas de salud pública


íntimamente relacionados, y señala que los abortos inducidos son producto de embarazos
no planeados y que existe un conjunto de factores individuales, sociodemográficos y
culturales correlacionados con ambos fenómenos.

Se advierte en el escrito que, a pesar de los avances que el país ha mostrado en reducción
de la fecundidad, en razón a un mayor acceso a métodos modernos de planificación familiar,
la proporción de embarazos no planeados aumentó.

En relación con la anterior circunstancia, asevera que la zona del país en que se vive, el
nivel educativo y las condiciones socioeconómicas, son factores que influyen en gran
medida en los niveles de las tasas de fecundidad. Así, es coincidente las altas tasas de
fecundidad, en municipio con un marcado círculo pobreza, con un alto índice de necesidades
básicas insatisfechas, una baja escolaridad (no mayor de 4 años) y un mayor deterioro de
otros indicadores de salud como mortalidad materna e infantil, como reflejo de las
desigualdades y los rezagos en el desarrollo social en que viven estas comunidades.

Además de las anteriores condiciones, la demanda insatisfecha de métodos de planificación


familiar es muy marcada en regiones menos desarrolladas, y en los grupos poblacionales
más pobres y con mayores barreras de acceso a servicios de salud; raspón por la cual cerca
de la cuarta parte de los embarazos ocurridos en Colombia terminen en aborto y otro tanto
corresponda a nacimientos no deseados (PROFAMILIA).

Si bien esta situación es grave, los niveles se torna dramáticos en el caso de los
desplazados por el conflicto armado y los adolescentes. La ENDS 2005 reveló que el
embarazo adolescente sigue en aumento al pasar de 19 al 21 por ciento entre el año 2000 y
2005, lo que significa que una de cada cinco adolescentes de 15 a 19 años esta o ha estado
alguna vez embarazada, y que las mujeres embarazadas son jóvenes con dificultades para
controlar su fecundidad, para ejercer sus derechos y recibir información oportuna sobre
salud sexual y reproductiva, y que el nivel educativo, el índice de riqueza y el lugar de
residencia inciden directamente sobre el embarazo adolescente.

Pero sumado a lo anterior, la situación se agrava aún más, visto el inicio temprano de la
actividad sexual, lo que implica un mayor riesgo fisiológico para las complicaciones de la
fecundidad, y un menor grado de madurez para el ejercicio asertivo de la sexualidad.

Ahora bien, en tanto la gran mayoría de mujeres que recurren al aborto, ya tiene otros hijos,
se encuentran casadas o en unión libre, el índice de aborto frente a las adolescentes ha
venido incrementándose dramáticamente, particularmente en los lugares donde el aborto es
legal. Ello ocurre porque existen limitaciones al acceso a servicios de salud, a métodos de
planificación, a la confidencialidad y a una información de calidad, razón por la cual las
adolescentes se sitúan en la categoría la población de riesgo de un embarazo no deseado y,
por consiguiente, de un aborto inseguro, situación que se presenta con mayor frecuencia en
las adolescentes de bajos recursos económicos.
El aborto inseguro como problema de salud pública

La seguridad está estrechamente correlacionada con la legalidad del aborto: la mayoría de los
abortos ilegales son inseguros y la mayoría de los abortos legales se realizan en condiciones
seguras.

En los países con una legislación restrictiva frente al aborto y en los que el aborto ya es
legal, pero cuyo sistema de salud no provee este tipo de servicio, el aborto inseguro
constituye un problema de salud pública sumamente grave, no solo por la magnitud de su
ocurrencia, sino por sus repercusiones en la salud de la mujer y en la mortalidad materna.

La Organización Mundial de la Salud calcula que cada año en el mundo aproximadamente


50 millones de mujeres se someten al aborto. Se considera que el 40% de estos eventos
ocurren en deficientes condiciones sanitarias. Los 20 millones de abortos inseguros que
suceden cada año dan por resultado cerca de 78,000 muertes maternas y cientos de miles
de incapacidades en las mujeres, la mayoría de las cuales ocurren en las regiones en
desarrollo.

No obstante los anteriores datos, considera el Ministerio que en la medida que la mayoría de
los abortos se hace en la clandestinidad, resulta muy difícil estimar el número real de abortos
inducidos y obtener datos confiables.

Según un estudio realizado en 1994 por el Instituto Alan Guttmacher de Nueva York el
fenómeno del aborto inseguro en los países de América Latina que tienen leyes restrictivas
alcanza dimensiones epidémicas. Para este estudio se tomo como base el año 1989 y los
resultados de esta investigación concluyeron que se registran casi cuatro abortos por cada
diez nacidos vivos en Brasil, Colombia, Perú y República Dominicana, y cerca de seis
abortos en Chile por cada diez nacimientos. De lo anterior se infiere que cada año
aproximadamente 4 millones de mujeres latinoamericanas recurren a abortos inseguros, 30
al 45% de las cuales sufren complicaciones que imponen un costo enorme a los sistemas de
atención a la salud.

En Colombia, de acuerdo a Henswah, la tasa de aborto para 1989 fue de 36 por mil mujeres
en edad fértil, valor que es similar a otros países donde su realización no es permitida por la
ley.

Ahora bien en relación con las repercusiones del aborto inseguro en la salud de la mujer,
estos son de orden físico y mental y estos se derivan de su práctica clandestina e insegura
ya que, cuando este se realiza por un proveedor calificado, en condiciones seguras y con
métodos modernos, este se constituye en uno de los procedimientos médicos de menor
riesgo.

De esta manera, el riesgo de mortalidad ante un procedimiento de aborto seguro no es


mayor a 1 cada 100.000. Sin embargo, si este mismo procedimiento se cumple en los países
en desarrollo en donde el aborto inseguro es la regla general, este es varios cientos de
veces mayor que aquel del aborto realizado profesionalmente bajo condiciones de
seguridad.

Ahora bien, la decisión de obtener un aborto pone a la mujer en conflicto con los valores
sociales, culturales y religiosos relacionados con la maternidad y es, por lo tanto, una
decisión que ninguna mujer toma a la ligera. Así su incidencia negativa es menor en los
países con legislaciones que no sancionan el aborto, a aquellos en los que el aborto se
penaliza y donde las mujeres actúan en la zozobra de la clandestinidad.

En este punto se señala que el contexto de penalización crea un estigma desfavorable que
generaliza las actitudes negativas con respecto al aborto, influyendo negativamente incluso
en la prestación de servicios apropiados.

De lo anterior se puede inferir que no es correcto afirmar que las mujeres que opta por el
aborto sufren una afectación física, psíquica y moral por este simple hecho, porque como lo
sustenta ampliamente la evidencia científica, son las condiciones de clandestinidad e
inseguridad en que se practica el aborto en los países con legislaciones restrictivas, las
causas básicas de este efecto.

Ahora, en relación con el impacto del aborto en la mortalidad materna, esta es una situación
de gran preocupación social, principalmente respecto de los sectores sociales que presentan
desventajas, sociales educativas y económicas. El aborto inseguro sigue siendo un recurso
utilizado por millones de mujeres para terminar con embarazos no deseados, de tal forma
que cada año fallecen en el mundo alrededor de 600.000 mujeres por causas relacionadas
con el embarazo, parto o puerperio.

En 1996, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) indicó que el aborto es la


segunda causa de muerte en Costa Rica y tercera causa en Bolivia, Brasil, Colombia,
Ecuador, El Salvador, Honduras, México y Nicaragua.

Frente al caso de Colombia, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha


manifestado su preocupación por las altas tasas de mortalidad materna ocasionadas por
abortos clandestinos.

Pero el aborto inseguro no solo tiene un impacto respecto del riesgo mismo de muerte en las
mujeres que acuden a esta opción para interrumpir sus embarazos no deseados, sino que el
costo de oportunidad de atender un aborto inseguro es sumamente alto comparado con el
aborto seguro y legal, pues con los mismos recursos que se atiende a una paciente a quien
le ha sido practicado un aborto inseguro, podría atenderse a otra población respecto de otros
servicios de salud.

Li y Ramos (1994) estimaron los costos hospitalarios y económicos del aborto en el Perú,
para el caso del legrado uterino instrumental. Entre los principales hallazgos se encuentra
que: (i) el costo de oportunidad por atender a una paciente de aborto incompleto (o inducido)
es el dejar de atender aproximadamente a 10 pacientes que pudieran acceder a servicios
seguros; (ü) la estancia hospitalaria es una variable muy importante pues influye en el gasto
de hospitalización, el costo total del servicio a pacientes de abortos sin complicaciones y la
posibilidad de reducir los costos de la atención; y, (üi) el costo privado de la hospitalización
es el más alto del promedio, por lo que no podría ser pagado por todas las pacientes a pesar
de ser subsidiado.

De esta manera, es claro que los efectos económicos en el sector salud son sumamente
importantes pues las complicaciones se relacionan con una alta demanda de recursos, como
camas hospitalarias, equipamiento médico, antibióticos, entre otros, originados por
complicaciones prevenibles
Considera igualmente importante el Ministerio de Protección Social, establecer la diferencia
entre los conceptos de despenalizar y legalizar el aborto.

A nivel mundial se ha comprobado que la legislación restrictiva no previene, ni evita el aborto


y que muy por el contrario lo transforma en un grave problema de salud para las mujeres.
Sin embargo, la legalidad del aborto por sí misma no es suficiente para reducir las tasas de
morbilidad y mortalidad materna asociadas con el aborto inseguro, pues este depende de la
capacidad instalada de hospitales y de personal capacitado para prestar dichos servicios de
manera segura.

Por ello, una política estatal de garantía de derechos sexuales y reproductivos,


necesariamente debe incluir el acceso efectivo a información y servicios de regulación de la
fecundidad. En efecto aquellos países que han legalizado el aborto inducido y creado
programas accesibles de planificación familiar, combinados con un acceso efectivo a
información, muestran un marcado descenso en el número de abortos realizados.

De esta manera, no solo la gravedad del aborto inseguro como problema de salud pública,
sino también que la vigencia de una legislación restrictiva frente al aborto no reduce la
ocurrencia de abortos, ni protege los derechos del no nato, sino que pone en riesgo la salud
de las mujeres, especialmente las de los grupos de mayor vulnerabilidad, incluyendo las
adolescentes, las desplazadas, las de menor educación y menores ingresos.

Por lo mismo, las estrictas leyes contra el aborto, particularmente las que incluyen la pena
de prisión para las mujeres que se someten a abortos inducidos, no son eficientes en modo
alguno para reducir la cantidad de intervenciones. Pero de otro lado, no hay pruebas
contundentes de que las leyes muy liberales, que proporcionan un fácil acceso a la
interrupción del embarazo, no determinan por sí solas una alta incidencia de aborto.

El problema es que las leyes restrictivas no afectan la condición fundamental que siempre
precede el aborto, y esta corresponde a la existencia de un embarazo no deseado. Los
principales determinantes de dichos embarazos son la incapacidad de las mujeres de
controlar su actividad sexual, su falta de educación - incluyendo un conocimiento escaso e
incorrecto de los métodos anticonceptivos-, la dificultad de acceso a una anticoncepción
eficaz y la ausencia de protección social para las embarazadas y sus hijos.

Mientras estas condiciones persistan, seguirá habiendo gran cantidad de embarazos no


deseados, la mayoría de los cuales terminarán en un aborto a despecho de prohibiciones y
sanciones legales, morales o religiosas.

Finalmente, concluye el Ministerio, señalado que desde la perspectiva de la salud pública, y


lejos de las discusiones morales, religiosas y jurídicas, el país debería avanzar en una
discusión que, fundamentada en argumentos científicos y en el interés común, trace los
derroteros para garantizar efectivamente los derechos de las mujeres y los niños y el logro
de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

4.1.6 Intervención de la Conferencia Episcopal Colombiana.

En escrito de fecha 8 de febrero del presente año, la Conferencia Episcopal Colombiana a


través del señor Arzobispo de Tunja Luis Augusto Castro Quiroga, como su Presidente
presentó su intervención al presente proceso.
Como petición frente al proceso objeto de estudio solicitó desestimar las pretensiones de
inexequibilidad de las normas demandadas y declarar la constitucionalidad de los artículos
122, 123 (parcial), 124, modificados por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, y numeral 7 del
artículo 32 de la Ley 599 de 2000, por cuanto las normas acusadas no sólo protegen la vida,
la salud y la integridad del nasciturus, sino también de la mujer gestante.

Así, abordó de manera muy breve el Magisterio de la Iglesia Católica sobre el respeto de la
vida humana naciente, y en una segunda parte explicó las razones constitucionales para que
el aborto esté tipificado como delito incluso frente a las circunstancias especiales.

En relación con la tradición de la Iglesia del respeto de la vida humana naciente ha sostenido
siempre que ésta se deberá proteger y favorecer desde su comienzo como en las diversas
etapas de su desarrollo.

La gravedad moral del aborto procurado se manifiesta en toda su verdad si se reconoce que
se trata de un homicidio y. en particular, si se consideran las circunstancias específicas que
lo cualifican, además que advierte que la responsabilidad del aborto es compartida entre la
madre y las otras personas que intervienen.

Ahora bien, cada vez que la libertad, se cierra a las evidencias primarias de una verdad
objetiva y común, fundamento de la vida personal y social, la persona acaba por asumir
como única e indiscutible referencia para sus propias decisiones no ya la verdad sobre el
bien o el mal, sino sólo su opinión subjetiva y mudable o, incluso, su interés egoísta y su
capricho. Con esta concepción de la libertad, se llega inevitablemente a 1a negación del
otro, de quien habrá de defenderse en tanto se le considera como enemigo. Así, desaparece
toda referencia a valores comunes y a una verdad absoluta para todos, en donde todo es
pactable, todo es negociable: incluso el primero de los derechos fundamentales, el de la
vida.

Esto sucede igualmente en el ámbito político o estatal: el derecho originario e inalienable a la


vida se pone en discusión o se niega sobre la base de un voto parlamentario o de la
voluntad de una parte de la población. Es el resultado nefasto de un relativismo que
predomina incontrovertible: el "derecho" deja de ser tal porque no está ya fundamentado
sólidamente en la inviolable dignidad de la persona, sino que queda sometido a la voluntad
del más fuerte.

Reivindicar el derecho al aborto, al infanticidio. a la eutanasia, y reconocerlo legalmente,


significa atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el de un poder
absoluto sobre los demás y contra los demás.

En relación con el derecho a la vida y a la dignidad humana en nuestro ordenamiento jurídico,


se señala que la Constitución en su Preámbulo, así como en varias de sus normas y el mismo
artículo 1° del Código Penal, reconocen el respeto a la dignidad humana.

De la misma manera, los tratados internacionales relativos a los derechos humanos, que por
disposición del artículo 93 Superior conforman el llamado ―bloque de constitucionalidad‖,
también reconocen explícitamente el derecho a la vida del no nacido. Así lo hace la
Convención Americana sobre Derechos Humanos suscrita en San José de Costa Rica,
aprobada por Colombia mediante la Ley 16 de 1972, artículo 4°.
Por otra parte, se anota que la Corte Constitucional a través de su jurisprudencia al definir la
constitucionalidad de los delitos de aborto, incluso el caso de embarazo producto de
violación, consideró que dichas normas se ajustaban a la Carta, en tanto ésta protege la vida
humana desde el momento mismo de la concepción, pues esta fue la ratio decidendi de tales
pronunciamientos. Así, en la Sentencia C-133 de 1994 se indicó que en la Carta Política ―la
protección a la vida del no nacido, encuentra sustento en el Preámbulo, y en los artículos 2°
y 5°, pues es deber de las autoridades públicas, asegurar el derecha a la vida de ―todas las
personas‖, y obviamente el amparo comprende la protección de la vida durante su proceso
de formación y desarrollo, por ser condición para la viabilidad del nacimiento y a la existencia
legal de las personas. En tal virtud, se dijo que el Estado tenía ―la obligación de establecer,
para la defensa de la vida que se inicia con la concepción, un sistema de protección legal
efectivo, que necesariamente debe incluir la adopción de normas penales dispuestas por el
legislador dentro de los límites del ordenamiento constitucional.

A1 definir la constitucionalidad de la penalización del aborto de la mujer embarazada como


resultado de acceso carnal violento, abusivo o de inseminación artificial no consentida, la
Corte indicó que el derecho a la vida aparecía como el primero y más importante de los
derechos fundamentales y su carácter de derecho inviolable no permitía excepciones alguna
en su protección. Por tal razón, la intención de la madre violada, dirigida de manera cierta e
indudable a interrumpir el proceso de gestación, era ilícita y manifiestamente
inconstitucional, y si ella se castigaba con pena menor, ello obedecía al ―factor atenuante
aceptado por la ley (fecundación no buscada o aceptada), más no porque se entienda que la
acción ejecutada contra el fruto de la concepción pueda quedar impune.

Dentro de la circunstancias especiales planteadas por los demandantes en las que se


propende por la despenalización del aborto, se encuentran: a. La salud de la madre; b.
Violación; c. malformaciones del feto; d, discriminación y clandestinidad; e. Autonomía de la
mujer; f, aceptación de padres y sociedad ; g. Exigencia de la democracia y el pluralismo
ideológico.

a. La salud de la madre

Cuando por causa del embarazo la salud de la madre se ve afectada a tal punto que pone
en riesgo su vida. Ha de entenderse que bajo esta justificación y teniendo en cuenta criterios
como los expuestos por el Tribunal Supremo de Estados Unidos, el término ―salud de la
madre‖ comporta factores como los psicológicos, familiares, sociales, económicos, etc.

Nuestra Constitución establece en el articulo 42 el derecho de la pareja a decidir libre y


responsablemente el número de sus hijos. Sin embargo, hay que resaltar que este derecho
se refiere a la decisión de tener o no aquellos hijos que puedan venir en el futuro, y no a los
que, estando concebidos, aún no han visto la luz. No obstante la mayoría de mujeres no
cuentan con la educación o con la asistencia médica de calidad para ejercer el derecho
consagrado en el artículo 42, como tampoco ejercen el derecho consagrado en el articulo 43
Superior relativo a la especial asistencia y protección del Estado durante el embarazo y
después del parto.

Así, el Estado y las autoridades sanitarias no pueden descartar el cumplimiento del deber
con los ciudadanos facilitando una solución simplista con la legalización del aborto.

b. Violación
Cuando el embarazo es producto de una conducta no consentida, sea acceso carnal
violento, acto sexual sin consentimiento, incesto, o inseminación artificial o transferencia de
óvulo fecundado no consentidas, no se debe olvidar que el aborto seria otro acto de
violencia perpetuado contra el cuerpo de la mujer y contra la vida del nasciturus.

Estudios han comprobado psicológicamente que al menos a un nivel inconsciente, la víctima


de violación puede sentir que si ella puede superar el embarazo habrá superado el trauma
de la violación, y que al dar a luz, ella recobrará algo de su autoestima perdida, contrario a lo
que se ha penado que las mujeres que llevan un embarazo debido a asalto sexual querrían
un aborto y que el aborto las ayudaría a recobrarse del asalto, de alguna manera.

En un asalto sexual, a una mujer le roban su pureza, en el caso del aborto que corresponde
a una violación médica a ella le roban su maternidad.

Del mismo modo, los estudios muestran que las víctimas de incesto raramente acceden en
forma voluntaria a un aborto. En vez de ver el embarazo como indeseado, es más común
que la víctima de incesto vea el embarazo como una forma de detener la relación
incestuosa, porque el nacimiento del hijo expondrá a la luz pública la actividad sexual.

Como se puede observar, el legislador al tipificar el aborto como una conducta delictiva, no
sólo esta protegiendo la vida del nasciturus, sino la integridad física y mental de la mujer, su
dignidad como mujer y madre, su libre desarrollo, y que no sea forzada a trato inhumano y
degradante.

C. Malformaciones del Feto

Actualmente existe en el mundo y en nuestro País el diagnóstico prenatal que puede dar a
conocer las condiciones del embrión o del feto cuando todavía está en el seno materno; y
permite, o consiente prever, más precozmente y con mayor eficacia, algunas intervenciones
terapéuticas, médicas o quirúrgicas. Sin embargo, incurrirá en una conducta ilícita si
dependiendo de dicho diagnóstico tiene la firme intención de proceder al aborto

Se debe condenar, como violación del derecho a la vida de quien ha de nacer y como
trasgresión de los prioritarios derechos y deberes de los cónyuges, una directriz o un
programa de las autoridades civiles y sanitarias, o de organizaciones científicas, que
favoreciese de cualquier modo la conexión entre diagnóstico prenatal y aborto, o que incluso
indujese a las mujeres gestantes a someterse al diagnóstico prenatal planificado, con objeto
de eliminar los fetos afectados o portadores de malformaciones o enfermedades
hereditarias.

Así, el aborto no puede surgir como un sistema de ―prevención de la subnormalidad‖, pues


de ser así, se estaría entrando a un racismo intolerable donde se concede la existencia sólo
a los bien dotados. Ello llevaría analógicamente a quitar la vida a los ancianos improductivos,
a los enfermas incurables, etc.

D. Discriminación y Clandestinidad.

No se debe confundir la ―desigualdad de oportunidades para abortar‖ con un problema más


profundo. El argumento se reduce a decir que si los pudientes hacen la maldad
impunemente, debe extenderse la impunidad a las personas menos favorecidas
económicamente; pero lograr así que el delito deje de ser delito.
La verdad es que una vez aprobado y legalizado el aborto, no todas las mujeres podrán
ampararse en la ley o tendrán los recursos económicos para realizárselo de forma segura, lo
que seguirá produciendo abortos clandestinos.

La sociedad debe proporcionar a las madres que pasan por situaciones difíciles otras
soluciones que no sean la del aborto, como una buena orientación de la paternidad
responsable, con una justa información de los métodos naturales de regulación de la
natalidad, así como medidas hábiles de protección a la maternidad en todas sus etapas, la
ampliación del permiso por maternidad, aumento del subsidio por nacimiento, etc.

F. Aceptación de padres y sociedad.

"Sólo si los padres desean al hijo puede decirse que el producto biológico se hace humano;
quien no pueda aceptar esta responsabilidad debe interrumpir el embarazo'". Esta frase
indica que seriamos seres humanos en tanto otros seres humanos nos ayudan a serlo, y si
en la sociedad se considera que un nuevo hijo es un estorbo, entonces la interrupción del
embarazo es una dolorosa exigencia social.

El perjuicio de la frase estriba en creer que el hombre sólo es en tanto que es aceptado por
los demás, llámese padres o sociedad en general. Frente a ello hay que afirmar que la
persona posee anterioridad natural respecto de la sociedad, de tal manera que sus derechos
no le vienen del medio social en que vive sino de su condición sustantiva de ser persona, de
ser humano.

El primer derecho de un ser humano es su vida. El tiene otros bienes y algunos de ellos son
preciosos; pero aquél es el fundamental, condición para todos los demás. Por esto debe ser
protegido más que ningún otro. No pertenece a los progenitores, ni a la sociedad ni a la
autoridad pública, sea cual fuere su forma, reconocer este derecho a uno y no reconocerlo a
otros: toda discriminación es inicua, ya se funde sobre la raza, ya sobre el sexo, el color, la
religión o si tiene alguna malformación. No es el reconocimiento por parte de otros lo que
constituye este derecho; es algo anterior; exige ser reconocido y es absolutamente injusto
rechazarlo.

G. Exigencia de la democracia y el pluralismo ideológico.

Ha habido épocas en la historia de leyes injustas y de gobiernos tiránicos, aunque fueran


establecidos las unas y los otros democráticamente. No se puede invocar la libertad de
opinión y la democracia para atentar contra los derechos de los demás, especialmente
contra el derecho a la vida de un inocente. Aquí no se trata de una materia opinable, sino del
hecho cierto, atestiguado por la ciencia actual, de una vida humana, que no espera para ser
real el acuerdo en las opiniones de los mayores. Quien debe ser respetada es toda persona,
no toda opinión, puesto que hay opiniones falsas como la que sostiene la licitad del aborto.

2.4. Conclusión

No desconocemos las grandes dificultades: como la cuestión grave de salud, muchas veces
de vida o muerte para la madre; la responsabilidad que supone un hijo, sobre todo si existen
algunas razones que hacen temer que será anormal o retrasado; la importancia que se da
en distintos medios sociales a consideraciones como el honor y el deshonor, la pérdida de
categoría, etc. Sin embargo, debemos proclamar absolutamente que ninguna de estas
razones puede jamás dar derecho, ni objetiva ni subjetivamente, para disponer de la vida de
los demás, ni siquiera en sus comienzos; ni siquiera el padre o la madre, pueden ponerse en
su lugar, aunque se halle todavía en estado de embrión; ni él mismo, en su edad madura,
tendrá derecho a escoger el suicidio. La vida es el más importante derecho fundamental que
no debe ponerse en la balanza con otros inconvenientes, aparentemente más graves.

Del mismo modo, comprendemos los grandes y graves problemas que se plantean al Estado
a causa del empobrecimiento, del desplazamiento forzoso y del crecimiento inequitativo de la
población. Pero el aborto no es, ni de lejos, la solución a estos males. Con la
despenalización del aborto no se va a poner término a las relaciones sexuales indeseadas ni
a la violencia física, psicológica y sexual, ni al contagio de infecciones de transmisión sexual,
ni al abuso y el acoso sexual. Tampoco a los altos porcentajes de embarazo y maternidad en
adolescentes, ni con los problemas de salud de la madre o con las malformaciones del no
nacido.

El derecho a la vida es el primer derecho, el fundamental, que precede y condiciona a todos


los demás y debe ser protegido sin ningún límite ni discriminación. Por tanto, ni la madre ni
los poderes públicos tienen ningún derecho sobre la nueva vida. La ley civil y penal ha de
proteger la vida humana allí donde comienza y para ello, ha de reformar las condiciones de
vida y los ambientes menos favorecidos, ha de ayudar a las familias y a las madres solteras,
ha de asegurar un estatuto digno para los hijos y un ordenamiento de la adopción
beneficioso para e1 niño. La función más positiva de la ley, en estos casos, está en ofrecer
una alternativa digna para las madres que sientan la tentación de abortar.

También la sociedad entera debe reaccionar promoviendo instituciones asistenciales


destinadas no a eliminar la vida, sino a combatir las causas que no favorecen a su
desarrollo. Sólo en una sociedad materialista se puede pensar que el mejor modo de ayudar
a una embarazada con problemas es la facilitación del aborto en instituciones pagadas por la
misma sociedad, pues es más cómodo eliminar la vida que protegerla.

En mérito de lo expuesto, la Conferencia Episcopal de Colombia solicita a la Honorable


Corte Constitucional desestimar las pretensiones de inexequibilidad de las normas
demandadas en el proceso de la referencia y declarar la constitucionalidad de los artículos
122, 123 (parcial), 124, modificados por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, y numeral 7
del artículo 32 de la Ley 599 de 2000, porque las normas acusadas no sólo protegen la vida,
la salud y la integridad del nasciturus, sino también de la mujer gestante.

4.1.7 Intervención de la Universidad Santiago de Cali.

El día 14 de febrero de 2006, de manera extemporánea , la Facultad de Derecho de la


Universidad Santiago de Cali, presenta escrito de intervención.

Estima el interviniente que los interrogantes que pretende resolver en su intervención habrán
de ser resueltos desde la perspectiva del derecho penal, de sus funciones modernas, su
misión constitucional, por lo que no se trata de proponer o no el aborto, sino de minimizar
sus consecuencias en procura de una unidad moral de la sociedad.

Aclara sin embargo, que su opinión solo pretende coadyuvar el cargo contra el artículo 124
del Código penal, relativo a las circunstancias de atenuación punitiva por considerar que
para dichas circunstancias excepcionales la penalización del aborto no reúne las condiciones
para recibir un tratamiento punitivo, entendiéndose por ello la judicializacion de la madre que
lo practica y de quien, con su consentimiento, contribuye a su realización.

La discusión, se centra en en determinar qué tan valido resulta dar tratamiento penal a quien
realiza o permite que otro realice una interrupción del embarazo, y más aún cuando este
acto ha sido motivado por circunstancias excepcionales? Se trata de determinar, no la
procedibilidad, la justeza o la constitucionalidad del aborto, como práctica o convicción, si no
lo pertinente que resulta la penalización de un comportamiento sobre el cual se depositan
expectativas morales y sociales a priori que, la realidad colombiana hoy, no acepta de
manera tan categórica, sobre los mismos fundamentos que inspiran la constitución de 1991.

III. Aborto y derecho penal de última ratio

El Estado, en uso de su libertad de configuración legislativa, tiene la facultad de sancionar


los comportamientos que atentan contra aquellos bienes jurídicos que deben ser protegidos
para asegurar la convivencia pacifica, y crear así un escenario estable para la realización de
los valores constitucionales. En este sentido, el derecho a la vida del que está por nacer y la
protección a la concepción como una expectativa real de vida humana es un punto de
elección de esa facultad de configuración legislativa del Estado frente a la cual la
jurisprudencia ha sido constante en afirmar su valor absoluto, sobre todo en lo que respecta
a la posibilidad del aborto.

Debe partirse del hecho de que la Corte Constitucional ha sido muy clara al advertir que los
derechos fundamentales no son absolutos y que en situaciones limites, estos deben ser
ponderados para elegir la prevalencía del derecho que más necesita ser protegido,
atendiendo las circunstancias de tiempo, modo y lugar en la búsqueda de afirmación de los
valores fundamentales de la Constitución.

Si bien el interviniente considera valido sancionar los casos normales de interrupción


voluntaria del embarazo es importante estimar situaciones y causas excepcionales para
cuando la interrupción del embarazo de manera voluntaria, resulta mayormente afirmativa de
los valores constitucionales y aleja a las normas penales del absurdo.

No estaría bien y seria poco razonable, dar igual tratamiento a la madre que, teniendo
circunstancias normales de gestación, decide interrumpir su embarazo, que aquellas que ni
siquiera pudieron decidir en estarlo, que no lo aceptan o que saben de antemano, por efecto
de los avances científicos, que el que está por nacer sufre de malformaciones o de
enfermedades que hacen extremadamente difícil e indignante la vida extrauterina. Si esta
asimetría de condiciones reales fuera ignorada, constituiría esto una violación al artículo 13
de la Carta política y establecería un criterio arbitrario y no jurídico para estas personas.

Por ello, el legislador del año 2000 equivocadamente planeó una excepción punitiva en
determinados casos, en lugar de hacer de ellas causales de exculpación de la
responsabilidad penal.

Señala el interviniente que, tal y como lo planteara la Corte Constitucional en su


jurisprudencia, que el derecho penal es un instrumento residual, excepcional, que tiene
vigencia en ausencia de medidas de diverso orden que los Estados han adoptado para evitar
y prevenir los comportamientos que lesionan o ponen en peligro bienes jurídicos específicos,
previamente determinados.
Por ello, en el marco Constitucional Colombiano, el derecho penal es de última ratio, es
residual y no puede serlo de otra forma, puesto que estaría desconociendo nuestros
fundamentos más importantes.

En el caso del Estado colombiano, el tema del aborto ha sido tratado preferentemente de
manera punitiva, como una salida de "ultima razón" ante el fracaso de las iniciativas que ese
mismo Estado laico ha desarrollado para conjurar los problemas que se desprenden de este
aspecto.

La penalización del aborto en las circunstancias excepcionales del artículo 124 de la ley 599
de 2000, resulta contraria a la Constitución en la medida en que le asigna al derecho penal
un papel preponderante cuando éste debe cumplir un papel residual y subsidiario, como lo
ha señalado la Corte.

Es pertinente estimar, como elemento importante en esta discusión, la proporcionalidad de la


sanción contenida en el artículo 124 de la ley 599 de 2000, con respecto al comportamiento
previsto como punible, es decir, el aborto. Así, considera el interviniente que, el artículo 124
es la mejor muestra de reconocimiento que hace el legislador colombiano de las
circunstancias excepcionales, que en un momento dado, pueden afectar el juicio de
antijuricidad y de culpabilidad sobre el comportamiento de la madre que aborta y respecto de
la conducta de quien coopera con ello.

Sin embargo, por efectos de facultad de configuración legislativa, en lugar de ser estas
circunstancias excepcionales una forma de exculpación de la conducta, se configuran como
simples circunstancias de atenuación de la sanción.
Por ello, al no tener el legislador en cuenta el requisito de proporcionalidad, éste sometió a la
mujer a soportar una pesada carga (la judicializacion penal y la posterior sanción) que se
suma, a la carga sicológica de tipo negativo que se cierne sobre la mujer que optó por el
aborto, al miedo al rechazo social, al rechazo familiar

Por ello judicializar a una mujer que ha tenido que afrontar todas las cargas ya
mencionadas, evidencia una total desproporción, en relación con la mera atenuación punitiva
que debe soportar la madre que aborta o su cooperante, aun en casos o circunstancias
excepcionales como las descritas en el artículo 124 y que, se insiste de nuestra parte,
debieran excluir la responsabilidad penal y tener un tratamiento jurídico alternativo.

Por las anteriores razones considera el Interviniente que el artículo 124 debe ser declarado
contrario al mandato de ponderación y razonabilidad que debe preceder a la facultad de
configuración legislativa.

V. El papel de la pena en el aborto

Señala el interviniente que el actual derecho penal transformó a la culpabilidad en un


escenario común, en el cual el Estado legitima sus sanciones a partir de los consensos y los
valores comunes (constitucionales) que el imaginario colectivo soporta y produce. De esta
manera, el derecho penal, y en especial la pena, tienen un alto sentido de integración
positiva del ciudadano.

Sin embargo, el derecho penal colombiano está lejos de ser un instrumento de integración, y
la penalización del aborto, aun en casos excepcionales, está por fuera de las aspiraciones
de un derecho penal de integración positiva.
Por ello, en tanto el derecho penal colombiano no cumpla con dicha misión integradora,
debe abandonar tal misión de integración para cederla a estructuras del Estado que, en su
lugar, orienten un conjunto de medidas de política pública a fin de conjurar un problema
frente al cual la penalización fue inútil.

En relación con la utilidad de la pena en el caso del aborto, es claro que la misma es ajena a
su propósito moderno de prevención general integradora .y positiva, y además, se hace
ineficaz e inútil ante los ciudadanos tanto en el ámbito de la disuasión como de la
responsabilidad individual. En esto último, la pena se ha convertido en una consecuencia sin
sentido, que la sociedad no comprende, tal como se desprende de la opinión pública en
relación con este tema.

De esta manera considera la Universidad Santiago de Cali que la penalización del aborto, en
casos excepcionales es contraria a los fines de la utilidad de la pena y, por ende, ajena a los
valores constitucionales forjados por la Corte durante todo su desarrollo jurisprudencial.

VI. El ámbito restringido de "casos o circunstancias excepcionales", propuesto en el articulo


124 de la ley 599 de 2000

En criterio del interviniente son validos los cargos contra el artículo 124 de la ley 599 de 2000
pues dicha norma resulta restrictiva frente a la posibilidad de otras circunstancias
excepcionales, igualmente válidas, por las cuales la interrupción voluntaria del embarazo
puede ser despenalizada.

Por ello, el Comité de Derecho Humanos, del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos, destacó su preocupación en el sentido de que nuestra legislación penal criminalice
a las mujeres que recurren al aborto en aquellos casos en que ha sido víctima de violación o
incesto.

Por esta razón es conveniente que la Corte Constitucional declare la inexequibilidad del
artículo 124, en la medida en que la restricción que hace de circunstancias excepcionales no
contempla otro tipo de circunstancias, igualmente válidas, que merecen su despenalización
ante lo traumáticas que éstas resultan.

VII. El artículo 124 de la Ley 599 de 2000 desconoce la Constitución

Sobre este particular, advierte la Universidad Santiago de Cali, que la Corte Constitucional
ha sido muy clara al señalar el carácter de ultima ratio del derecho penal, razón por la cual,
solo se debe acudir a al derecho penal para sancionar conductas cuando otros instrumentos
sociales o jurídicos menos graves hayan fracasado.

Por ello, junto con el principio de intervención mínima o ultima ratio se encuentra el principio
de proporcionalidad o prohibición de exceso. POr ello, no es aceptable y mucho menos
proporcional, el acudir de manera directa al derecho penal en desmedro de otros
mecanismos sociales o jurídicos menos graves

Sobre el particular, considera la Universidad santiago de Cali, que tal y como lo señalara la
Corte en sentencia C-070 de 1996, el principio de proporcionalidad o la prohibición de
exceso justificada en la protección de los derechos de toda persona dispuesta por el artículo
2 de la Constitución. dispuso los derechos fundamentales como límites sustantivos del
poder punitivo del Estado, racionalizando su ejercicio.

Por lo anterior, es que el punto de partida del análisis de los cargos de la demanda debe ser,
entonces, el principio de intervención mínima o ultima ratio, así como los principios de
proporcionalidad, dignidad (artículo 1), primacía de los derechos inalienables de la persona
(artículo 5) y protección de grupos vulnerables (artículo 13).

En consecuencia, cuando el legislador, al expedir el artículo 124 de la Ley 599 de 2000


ejerció su libertad de configuración legislativa, de manera errada pues apeló directamente al
uso del derecho penal, disponiendo del derecho penal como un instrumento de prima ratio y
no como un medio de intervención mínima en la esfera de los derechos fundamentales.

El sentido de la norma contenida en esa disposición es el de un uso absoluto del derecho


penal como instrumento de tutela jurídica. Es una medida ciega a la realidad de las mujeres
que han sido través del proceso de gestación y luego de nacimiento y crianza del fruto de la
violación o agresión-, las imágenes de la tortura y asesinato de sus seres queridos o de los
daños a sus bienes o los desplazamientos tan comunes en nuestro país por obra de los
grupos armados ilegales o incluso la imagen del victimario presente en su hijo.

Tal norma parte de una realidad y es la de una mujer que ha realizado el aborto en
cualquiera de las circunstancias previstas en el artículo 124 tiene la condición de víctimas de
delitos contra la libertad sexual o contra la autonomía personal. En estas condiciones, lo que
se impone como una obligación constitucional del Estado es brindar medidas de asistencia,
protección o rehabilitación social y no un tratamiento punitivo cuyo único efecto es victimizar
por segunda ocasión a la mujer: por un lado, víctima de conductas sancionadas por el
código penal y por las cuales quedó en embarazo y, por otra parte, víctima del derecho
penal que la relega al olvido de una cárcel sin ninguna posibilidad de asistencia sico-social.

Así mismo, el legislador termina instrumentalizando a la mujer, desvirtuando el principio


de la dignidad humana, y utilizándola como medio para la realización de los fines de la pena.

VIII. conclusiones

A manera de conclusión nos permitimos, respetuosamente, hacer un resumen de las


consideraciones expuestas;

1. El Estado acude a la utilización del derecho penal, como instrumento de príma ratio,
yendo en contravía de la jurisprudencia constitucionalsobre el tema.

2. El Estado colombiano laico, no ha tenido la oportunidad de fijar políticas frente a la


materia. Para ello debe entenderse que la despenalización no conlleva un "sí al aborto", si
no que excluye de la inhumanidad de una pena a la mujer gestante.

3. La pena y la judicialización impuesta a la mujer que aborta resulta totalmente inútil y


desproporcionada, puesto que impone un sobrecosto a la mujer. La pena para la práctica
abortiva resulta inútil, y por lo tanto inconstitucional.

4. Finalmente, por las consideraciones expuestas, el artículo 124 de ley 599 de 2000
desconoce los derechos fundamentales a la dignidad de la mujer, del feto y el derecho la
proporcionalidad y la igualdad, así como el derecho penal de acto y los principios que rigen
el derecho penal moderno constitucional, perfilados por la Corte constitucional en su
importante jurisprudencia.

En razón de lo expuesto se solicita a la Corte Constitucional declare la inexequibilidad del


artículo 124 de la ley 599 de 2000.

4.1.8 Intervención de la Academia Nacional de Medicina

Mediante escrito de fecha 21 de febrero de 2006, y de manera extemporánea , el Médico


Zoilo Cuellar Montoya, actuando como representante de la mencionada academia intervino
en este proceso en los siguientes términos:

―En relación con el oficio de la referencia, me permito informarle que esta solicitud de la
Corte Constitucional debía ser aprobada, de acuerdo con nuestro reglamento, en sesión
administrativa, con el mínimo quórum reglamentario (12 miembros). Esta sesión se realizó el
día de ayer, 16 de febrero, con un quórum de 29 académicos con derecho a voto, con igual
número de votos a favor de la siguiente conclusión:

―Los miembros de la Academia Nacional de Medicina reunidos para estudiar y dar concepto
especializado –según requerimiento de la Corte Constitucional, mediante Oficio No. 190 del
27 de enero de 2006- sobre las disposiciones del Código Penal relacionadas con el tema del
Aborto y que han venido siendo impugnadas ante dicha instancia jurídica, nos permitimos
dar respuesta al mencionado encargo en los términos siguientes:

2) Siendo la Academia Nacional de Medicina un organismo consultor y asesor del Gobierno


Nacional para asuntos atinentes a la salud pública y a la educación médica en Colombia, (Ley
02 de 1979), es obvio que la respuesta a la solicitud de la Corte Constitucional se haga
teniendo en cuenta únicamente lo referente a la salud pública y al manejo ético de la mujer
gestante, involucrados en el tema que motiva la consulta.
3) Para la Academia Nacional de Medicina no queda duda de que el aborto inducido es un grave
problema de salud pública, toda vez que es una de las causas relevantes de la morbi-
mortalidad materna en el país. Aunque incompletos, existente suficientes datos que así lo
confirman. Dicha morbi-mortalidad mantiene estrecha relación con la modalidad de ―aborto
inseguro‖, es decir, el que es practicado pro personas no idóneas, en deficientes condiciones
higiénicas. Además, las complicaciones derivadas del aborto inseguro conducen a que, para
superarlas, sea necesario distraer buena parte de los recursos destinados a la salud, que bien
podrían invertirse en campañas de educación sexual.
4) Desde el punto de vista médico, la Academia Nacional de Medicina es consciente de que
existen circunstancias –por cierto, muy infecuentes- que hacen recomendable la interrupción
del embarazo, siempre y cuando se lleve a cabo con el consentimiento de la mujer grávida.
Las circunstancias a que se hace mención han sido tenidas en cuenta en las legislaciones de
un número grande de países, con el respectivo aval de sus organizaciones sanitarias. Previo y
riguroso análisis ético-médico, son tres las circunstancias que justifican dicho proceder: a)
Cuando el embarazo, per se, pone en riesgo evidente la vida de la madre, o cuando se asocia
a patologías pre-existentes, cuyo agravamiento se constituye en amenaza mortal, b) Cuando
se diagnostican con certeza malformaciones embrionarias o fetales que riñen con la
supervivencia extrauterina, y c) Cuando el embarazo es producto de violación o
procedimientos violentos, incluyendo prácticas de fertilización asistida no consentidas.
4) Además de las anteriores consideraciones, y como corolario de ellas, la Academia Nacional
de Medicina llama la atención sobre la necesidad y conveniencia de adelantar acciones
educativas y de servicios estatales, prontas y efectivas, encaminadas a prevenir los
embarazos indeseados, como también la práctica del ‗aborto inseguro‘.‖
4.1.9-. Con anterioridad a que corrieran los términos para la fijación en lista de los procesos
de la referencia, es decir antes del 30 de enero de 2006, se presentaron varias
intervenciones ciudadanas. En consecuencia se hará referencia a dichos intervinientes
indicado el sentido en que presentaron su intervención.

4.1.9.1. Miembros de la Iglesia Cristiana Carismática Tabernáculo de la Fe.

Mediante escrito de fecha 19 de diciembre de 2005 Varios miembros de la referida iglesia


interviene centrando sus argumentos en contra de la despenalización del aborto en dos
aspectos fundamentales: el derecho a la vida consagrado constitucionalmente y los riesgos
que asume la mujer que se practica un aborto.

Señalan que la protección del derecho a la vida constitucionalmente consagrado en el


artículo 11 Superior no puede ser aplicado exclusivamente a partir del momento en que el
bebé a abandonado el vientre materno, pues dicha protección debe extenderse desde el
momento mismo de su concepción, ya que es desde ese instante en que el óvulo es
fecundado, por lo cual todos los derechos propios a todo ser humano le serán aplicables.

En cuanto a los riesgos que asume la mujer que ha tenido un aborto son del orden, físico,
sicológico y familiar. Las afecciones de orden físico van desde complicaciones en futuros
partos, como embarazos ectópicos, bebés bajos de peso, abortos espontáneos, posibles
daños de cuello uterino, rupturas de membranas, distrés fetal, malformaciones entre otras.
En relación con sus secuelas emocionales o sicológicas, mediante estudios realizados en
diferentes países señalan que se ha demostrado un mayor índice en el riesgo de suicido, así
como en la tendencia de iniciar o aumentar el consumo de alcohol, drogas, desordenes
alimenticios como hiperfagia, bulimia y anorexia nerviosa, baja autoestima, mayor riesgo a
contraer enfermedades como el SIDA, estrés postraumático al aborto o desarrollo de la
promiscuidad. De la misma manera su comportamiento familiar cambia pues se ha
demostrado incremento en los conflictos de pareja, separación, perdida de placer durante el
acto, aumento de dolor, aversión al sexo o a los hombres en general. Finalmente, se ha
determinado un fuerte nexo entre aborto y abuso infantil.

4. 1.9.2. Intervención de Rafael Nieto Navia

El interviniente parte del supuesto de que se aceptará su recurso de suplica y las


excepciones interpuestas contra el auto admisorio de las demandas, particularmente la de
pleito pendiente por cuanto hasta el momento de presentación de esta intervención no se
había expedido y notificado la sentencia correspondiente al expediente D-5764

En relación con las consideraciones más de fondo, señala que las recomendaciones u
opiniones hechas por los comités de vigilancia de algunos tratados de derechos humanos,
no pueden ser tenidos como ―doctrina vinculante‖ dentro del ordenamiento colombiano
cuando claramente esta establecido que el Estado colombiano se ―vincula‖
internacionalmente al suscribir un tratado el cual ha sido sometido previamente al trámite
constitucional pertinente. Además, si el Estado Colombiano quisiera voluntariamente atender
dichas recomendaciones, comentarios o sugerencias, deberá verificar primero si estas están
de acuerdo con el tratado. Por ello, el que otros países en su legislación y otras cortes en
sus decisiones hayan aceptado no penalizar el aborto, no significa que ello se deba hacer
también por parte del Estado colombiano. Así, siguiendo el procedimiento constitucional
preestablecido para la aprobación de un tratado, solo cuando el mismos procedimiento ha
sido agotado integralmente se puede considerar que el mismo tiene carácter vinculante para
el Estado. Por ello, ni los comités de vigilancia, ni la legislación comparada son elementos
que puedan hacer que la H. Corte declare inconstitucional una norma que previamente
consideró ajustada a la Constitución y que por consiguiente goza de la garantía de la
presunción de cosa juzgada constitucional.

En relación con el bloque de constitucional al que hace mención las demandas, el


interviniente, luego de hacer numerosas precisiones en relación con el procedimiento
constitucional que debe agotar un tratado o convenio para tenga un efecto vinculante del
Estado colombiano con otros estados u organizaciones internacionales regidas por el
derecho internacional y que puede constar en un instrumento único o dos o tres
instrumentos conexos, y que hayan hecho el trámite tripartida (negociado por el Presente,
aprobado por el Congreso, declarado exequible por la Corte Constitucional y finalmente
recibida su manifestación de consentimiento de conformidad con la Convención de Viena).
Así si se diere la circunstancia de tratados de derechos humanos que prohibieren la
―limitación de derechos humanos en estado de excepción, esos y sólo esos son los tratados
que pueden ‗integrar‘ el bloque de constitucionalidad.‖

En relación con la interpretación de los derechos y deberes de conformidad con los tratados
de derechos humanos, advierte que tal y como lo dispone el inciso 2 del artículo 93 estos se
deben interpretar de conformidad con lo tratados internacionales de derecho humanos
ratificados por Colombia. No obstante la Corte, solamente puede utilizar la jurisprudencia de
las instancias internacionales para interpretar los tratados a que esa jurisprudencia se
refiere y no para interpretar la Constitución. En consecuencia, la jurisprudencia es
solamente una fuente auxiliar para la interpretación de las reglas de derecho.

Dentro del análisis de los diferentes instrumentos internacionales relevantes para la


demanda, como son la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, la
Convención Americana de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos, la Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra
la Mujer y la Convención sobre los Derechos de los Niños, señalan en sus normas iniciales
la protección especial que debe haber sobre el derecho a la vida, sin importar la condición
de la persona humana, su edad, sexo, condición social, creencias religiosas o raza.
Además, en ninguna de ellas se da vía libre para la práctica del aborto.

El interviniente se permite señalar que los tratados a que se refiere el artículo 93 de la C.P.,
son aquellos tratados de derechos humanos que están vigentes para la República de
Colombia por haber sido ratificados por ella. En virtud de lo anterior, sólo podrán ser parte
del ―bloque de constitucionalidad‖ aquellas normas de los tratados a que hace referencia el
artículo 93 de la C.P. que no admitan limitación en estados de excepción, pues serían las
únicas normas que tendrían carácter constitucional y ―prevalecerían‖ en el orden interno. Por
consiguiente, serán las únicas que sumadas a las propias de la Constitución podrían ser
utilizadas por la Corte Constitucional para declarar la inexequibilidad de una ley aprobada
por el Congreso, en los precisos términos del art. 93, inc 1 de la C.P. Esas normas, como
queda demostrado, prohíben, no prohijan el aborto.

Solo los tratados internacionales sobre derechos humanos y no otro tipo de informes,
sugerencias, recomendaciones y similares emanados de entidades internacionales, pueden
ser tenidos como pautas en la interpretación de los derechos y deberes consagrados en la
Carta, a que se refiere el art. 93 inciso segundo.
De esta manera, dentro de todas aquellas normas, el derecho a la vida de todo ser humano,
incluido el nasciturus goza de una especial protección constitucional, y dicha protección
debe ser defenida por la H.Corte en los términos que se lo impone la misma Carta en su
artículo 241.

En relación con los tratados e instrumentos internacionales, la vida es el primer derecho a


proteger y de él depende la existencia misma de todos los demás derechos, por ser este
anterior a todos ellos. En tanto tal derecho existe por ser ser humano, y no por que el
Estado así lo reconozca, tampoco puede el Estado indicar cuándo y en qué casos no se
reconoce, pues ello implicaría un trato discriminatorio que ni la Constitución Política, ni los
tratados de protección de derechos humanos autoriza.

Por todo lo anterior, solicita desestimar las pretensiones de declarar inconstitucional las
normas demandadas en los expedientes D-6122, D-6123 y D-6124.

4. 1.9.3. Intervención del señor Aurelio Ignacio Cadavid López

Señala inicialmente que en tanto la Corte se pronunció mediante fallo inhibitorio de Sala
Plena el pasado 7 de diciembre de 2005 respecto de las demandas contra el artículo 122 del
Código Penal, no existe aún sentencia sobre tal decisión como tampoco la misma ha sido
notificada formalmente, lo cual impide que se pueda admitir las demandas señaladas por no
encontrarse terminado todo el proceso, pues no puede precipitarse el juicio de
constitucionalidad sobre normas actualmente pendientes de sentencia y que corresponden a
un proceso entre las mismas partes.

De la misma manera, advierte que como consta en sentencia C-133 de 1994 de esta
Corporación, el contenido material del precepto contenido en el Código Penal Colombiano,
hoy artículo 122 de la Ley 599 de 2000, ya fue sometido al examen de constitucionalidad,
como quiera que el texto del artículo 343 del Decreto 100 de 1980 corresponde al tipo penal
del delito contra la vida relativo al aborto, norma textualmente reproducido en el nuevo
Código Penal. Así, vista la garantía del poder judicial que ha sido asignado por el
Constituyente a la Corte Constitucional y que se encuentra consagrado en el artículo 243
Superior, ninguna autoridad podrá reproducir el contenido material del acto jurídico
declarado inexequible por razones de fondo, mientras subsistan en la Carta las
disposiciones que sirvieron para hacer la confrontación entre la norma ordinaria y la
Constitución, habrá de entenderse entonces, que cualquier autoridad, como es el caso del
H. Congreso de la República, mediante ley de Códigos, podrá reproducir el contenido
material del acto jurídico declarado exequible por razones de fondo, a menos que no
subsistan en la Carta las disposiciones que sirvieron para hacer la confrontación entre la
norma ordinaria y la Constitución. En consecuencia, habrá de entenderse que ninguno de
los preceptos constitucionales que sustentan la sentencia C-133 de 1994, ha sido
modificado, con lo cual no podrá entenderse que la Cosa Juzgada Constitucional ha sido
alterada frente al tipo penal del delito de aborto.

Igual situación ocurre respecto de las demandas promovidas en esta ocasión contra el
Parágrafo del artículo 124 del Código Penal Colombiano, pues esta Corporación se
pronunció sobre el contenido material de dicha norma en las sentencias C-647 de 2001 y C-
198 de 2002, decisiones que también hicieron transito a Cosa Juzgada Constitucional, razón
por la cual no es legalmente admisible un nuevo juicio de constitucionalidad.
Considera así mismo que la Corte Constitucional no tiene competencia para conocer de las
demandas objeto de este nuevo proceso de control constitucional, pues visto que para
entrar a conocer de una demanda de constitucional se debe cumplir con uno de los
presupuestos procesales que corresponde al de la competencia, al cual hace referencia el
numeral 5 del artículo 2 del Decreto 2067 de 1991, precepto que se somete igualmente a lo
dispuesto en el numeral 4 del artículo 241 de la Carta. Así, cuando la ley o su contenido
material ya ha sido objeto del examen constitucional previo y se ha resuelto la exequibilidad
del precepto, es aplicable el artículo 243 de la Carta que impone la Cosa Juzgada
Constitucional, incluso sobre las decisiones del mismo órgano de cierre.

Agrega que las demandas de constitucionalidad nuevamente presentadas o la nuevas


intervenciones ciudadanas para el ejercicio de control de constitucionalidad son
extemporáneas, pues tales actuaciones o participaciones tuvieron ya su oportunidad
procesal en los procesos de control constitucional del contenido material del tipo penal del
delito de aborto, contenido anteriormente en el artículo 343 del Decreto 100 de 1980, ahora
reproducido en el artículo 122 de la Ley 599 de 2000, así como al momento de la demanda
del parágrafo del artículo 124 de la Ley 599 de 2000. Esta participación se dio en su
momento con el trámite de los procesos de control constitucional que concluyeron con las
sentencias C-133 de 1994, C-647 de 2003 y C-198 de 2002.

4. 1.9.4. Intervención de la señora Ahiledis Cecilia Díaz Atencio

Señala la interviniente que no comparte la idea de despenalizar el aborto pues ello podría
considerarse como un apoyo a las parejas irresponsables En efecto si una mujer no desea
tener hijos debe buscar beneficiarse de los servicios de planificación familiar, en los que se
ofrecen diferentes métodos de anticoncepción como medida preventiva para evitar
embarazos no deseados.

Si bien acepta el aborto en los casos violaciones o en aquellos en que los niños presenten
malformaciones, la interviniente no tolera que el aborto se practique como una medida para
corregir conductas irresponsables, pues de aceptarse tal situación Colombia se convertiría
en ―un país lleno de desechos humanos ya que no habrá ley que reprenda a quien arroje un
feto a la basura, esto entonces, será como quien arroja un desecho y no importa nada por
que no vale nada‖.

Advierte la interviniente que con anterioridad solicitó directamente el señor Presidente


desarrollar un plan para el control de natalidad como medida para controlar la
sobrepoblación que se puede presentar en el país. Actuar de manera contraria, es decir,
permitiendo la despenalización del aborto, atentaría de manera directa contra un ser
indefenso.

4. 1.9.5. Intervención de los señores Víctor Velásquez Reyes y Ricardo Cifuentes


Salamanca.

Mediante escrito presentado en la Secretaría General de esta Corporación el día 19 de


diciembre de 2005, señalan los intervinientes que visto que la Corte Constitucional en
sentencias C-647 de 2001 que declaró la exequibilidad del parágrafo del artículo 124 de la
Ley 599 de 2000; C-198 de 2002, que resolvió el expediente D-3464, así como con las
sentencias C-551 de 2001, C-013 de 1997 y C-133 de 1994 entre otras, ya se pronunció
sobre los mismos asuntos que ahora se discuten en las demandas acumuladas, no debería
pronunciarse en esta oportunidad por motivos de economía y lealtad procesal.

4. 1.9.6. Intervención del señor Gabriel Jaime Velásquez Restrepo.

El interviniente en escrito de fecha 31 de enero de 2006, expone sus argumentos en contra


de la despenalización del delito de aborto, estructurándolos en dos temas básicos: primero
en relación con el presupuesto procesal y segundo,en lo concerniente con la presunción de
constitucionalidad.

Señala que los únicos cambios que tienen relevancia para legitimar un nuevo examen de
constitucionalidad que permita una dinámica en el cambio jurisprudencial son aquellos que
alteran de manera sustancial los extremos del juicio de constitucionalidad, hipótesis que solo
se presenta cuando han variado sustancialmente las normas examinadas que ya fueron
objeto del juicio en particular, o cuando se trata de evaluar una hipótesis fáctica diferente.
Así para enjuiciar nuevamente las mismas normas, es condición indispensable que se trate
de verificar hipótesis, sub reglas o normas adscritas que no fueron examinadas en el juicio
precedente de constitucionalidad. Además, las razones para que el juez respete el
precedente jurisprudencial se fundamentan en el respeto del derecho a la igualdad, la
integridad, la estabilidad jurídica, la libertad ciudadana, el respeto mínimo de la racionalidad
y la proporcionalidad judicial. Con todo, en tanto se ha presentado un cambio social y
cultural, este no ha sido de tal magnitud desde que se profirió la sentencia C-133 de 1994,
que lleve a pensar que el nasciturus sea un ser inerte que no merezca protección.

Ahora, en relación con la presunción de constitucionalidad, inicia el interviniente señalado


que la Corte no está legitimada jurídica ni políticamente para condicionar una política
reglamentaria punitiva específica para el aborto, pues dicha tarea compete exclusivamente
al legislador. Si bien la Constitución Política resulta ambigua o indeterminada en algunos de
sus textos, ello no es óbice para que la Corte Constitucional supla al constituyente primario
o al poder legislativo.

En relación con la colisión de derechos fundamentales, considera que aún cuando la libre
autodeterminación se contrapone con la penalización del aborto, habrá de entenderse que la
autodeterminación no es un derecho absoluto, pues su ejercicio llega hasta donde
comienzan los derechos ajenos, mucho más si aquellos son axiológicamente superiores
como acontece con el derecho a la vida. Así, el derecho a la libre autodeterminación no
puede ejercerse en detrimento del derecho ajeno, máxime si el principal damnificado con tal
conducta es un sujeto de especial protección dentro del ordenamiento jurídico, como lo es el
no nacido, vista su total y absoluta dependencia e indefensión.

Así mismo es evidente que el derecho a la vida y su protección son aspectos con un alto
peso abstracto, a diferencia de lo que ocurre con el derecho a la libertad, que pese a su
importancia tiene un contenido material inferior. Por ello siempre se deberá privilegiar el
derecho a la vida frente a derechos jerárquicamente inferiores, no solo por tener tal
condición, sino porque los efectos de la limitación del derecho a la libre autodeterminación
son infinitamente menores. Además, el Estado puede disponer de otros mecanismos de
regulación que prevengan el aborto o que se inste al Legislador a reglamentar la donación
de estos seres con el fin de que las madres gestantes, con el apoyo y control estatal
entreguen a los menores a instituciones estatales que los cuiden y puedan darlos en
adopción.
4. 1.9.7. Intervención de Juliana Peralta Rivera.

La interviniente manifiesta que visto que en los procesos de constitucionalidad que se


tramitaron ante la Corte Constitucional y que fueron radicados bajo los números de
Expediente D-5764 (Demandante Mónica Roa) y D.5807, (Demandante Javier Osvaldo
Sabogal), se recopiló gran cantidad de documentos, firmas, libros, informes a favor o en
contra de los argumentos de las demandas, por lo que solicita que en virtud de lo dispuesto
en el artículo 185 del Código de Procedimiento Civil, cuya aplicación es válida en tanto no
existe norma expresa sobre el particular en el Decreto 2067 de 1991, se haga traslado de
las pruebas y documentos que fueron aportados en el trámite de los expedientes ya
señalados, y que puedan llegar a enriquecer el actual debate constitucional. Solicita
finalmente sea reconocida como interviniente.

4.1.9.8. Intervención de David Pérez Palacio, miembro de la Red Latinoamericana de


Abogados Cristianos y de la red de abogados Advocates International.

En escrito recibido el 3 de febrero de 2003, el interviniente inicia señalado los compromisos


internacionales adquiridos por el Estado Colombiano en procura de la protección del
derecho a la vida, tal como lo señala en su artículo 4° el Pacto de San José de Costa Rica.

Seguidamente expone argumentos de orden científico que permiten asegurara los efectos
nocivos que tiene la práctica del aborto en el cuerpo y psique de la mujer.

Manifiesta igualmente que el aborto no promueve la igualdad entre hombres y mujeres,


pues el hombre jamás será objeto de un aborto, y que en la eventualidad en que le mismo
se despenalice, podrán generar una mayor coerción sobre las mujeres pro parte de los
hombres quienes las presionarán a abortar bajo le argumento de que se trata de algo
―legal‖.

Además, en aras de la protección de los por nacer, científicamente esta probado que son
seres humanos en esa etapa de concepción y que por tal motivo la protección de su
derecho a la vida los cobija igualmente. Esta idea se completa con el hecho de que los
casos extremos como violaciones, o cuando la vida de la madre se encuentre en peligro,
obedece pro el contrario a una falta de presencia del Estado en la prestación y asistencia
con políticas de protección a las mujeres a la niñez y a la adolescencia.

Bajo la anterior idea es que el Estado debe promover políticas de prevención contra el
aborto, incluyendo una amplia y apropiada información sobre los distintos métodos
anticonceptivos, con lo cual se permitirá fomentar la equidad entre hombres y mujeres.

Finalmente, el estado no puede abdicar su responsabilidad de velar por la vida y la


integridad de sus niños y mujeres frente a una medida inmediatista como lo es el aborto.

4.1.9.9. Solicitud de nombramiento de conjuez o conjueces

El señor Guillermo Otálora Lozano, solicita sean nombrados los conjueces que sean
necesarios en el trámite del proceso D-6122.

Advierte que si bien el día de la presentación de su solicitud –enero 26 de 2006- sería


resuelto por la Sala Plena algunas de las recusacion formuladas, desconociendo si las
mismas se refieren a uno o varios de los magistrados, insiste en que se proceda al
nombramiento del o de los conjueces que fuer necesarios para que se conserve el numero
de nueve jueces que deben haber para decir sobre las demandas objeto de estudio.

Señala finalmente que al igual que como lo hiciera en relación con las demandas D-5764 y
D-5807 en los que solicitó igualmente el nombramiento de conjueces.

4.1.9.10. Escritos de intervenciones ciudadanas extemporáneas.

Vencido el término de fijación en lista, la Secretaría General de esta Corporación remitió al


Despacho del Magistrado Sustanciador otros escritos de intervención ciudadana allegados a
dicha dependencia en relación con los procesos objeto de estudio. Las intervenciones
extemporáneos corresponden a las siguientes personas:

4.2-. CUADERNO PRINCIPAL No.2.

Las intervenciones de los ciudadanos que se relacionan a continuación, fueron presentadas


estando vencido el término de fijación en lista ordenado en el auto admisorio de diciembre
dieciséis (16) de dos mil cinco (2005), es decir, con posterioridad al diez (10) de febrero de
dos mil seis (2006), motivo por el cual su contenido no será considerado para efectos de la
presente sentencia. Este es, entonces, el listado respectivo:

El día 15 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por BODGAN PIOTROWSKI,


mediante el cual procede a defender la constitucionalidad de las normas acusadas.
El día 15 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por JOSÉ MARÍA MAYA MEJÍA,
rector del Instituto de Ciencias de la Salud - CES de Medellín, mediante el cual procede
a intervenir con pretensión de neutralidad en el presente proceso.
El día 17 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por MARIA EUGENIA MORENO
ROLDAN, mediante el cual solicita se declaren exequibles las normas acusadas.
El día 17 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por MARILUZ ÁLVAREZ VÉLEZ,
mediante el cual solicita se declaren exequibles las normas acusadas.
El día 24 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por ANTONIO R. DE ÁVILA A.,
mediante el cual procede a defender la constitucionalidad de las normas acusadas.
El día 24 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por JACQUELINE PIÑEROS Y
OTROS CIUDADANOS, mediante el cual solicitan se declaren exequibles las normas
acusadas.
El día 27 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por Monseñor LIBARDO
RAMÍREZ GÓMEZ, mediante el cual procede a defender la constitucionalidad de las
normas acusadas.
El día 3 de marzo de 2006, se recibió escrito firmado por SUSANA CHIAROTTI,
Coordinadora Regional del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los
Derechos de la Mujer - CLADEM, y por MARIA ISABEL CEDANO GARCÍA, directora del
Comité de Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer – DEMUS, mediante el
cual coadyuvan la presente demanda en calidad de Amicus Curiae.
El día 7 de marzo de 2006, se recibió escrito firmado por SHIRLEY IGUARÁN
BOLIVAR, mediante el cual solicita se declaren exequibles las normas acusadas. No
sobra advertir que la interviniente es menor de edad y, en consecuencia, carece de
capacidad de ejercicio y de capacidad para obrar en el presente proceso.
El día 7 de marzo de 2006, se recibió escrito firmado por PABLO FUENTES GÓMEZ,
mediante el cual solicita se declaren exequibles las normas acusadas.
El día 10 de marzo de 2006, se recibió escrito firmado por ANDRÉS OLLERO
TASSARA, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos de
España, mediante el cual allega tres artículos de su autoría, relacionados con el
problema jurídico que plantea el tema del aborto, para que sean considerados al
momento de evaluar y juzgar la constitucionalidad de las normas acusadas.
El día 14 de marzo de 2006, se recibió escrito firmado por CARLOS FRADIQUE
MÉNDEZ, mediante el cual solicita que en la presente sentencia se resuelva una serie
de interrogantes que plantea respecto a la problemática del aborto.
El día 14 de marzo de 2006, se recibió escrito firmado por NOHORA PARDO, mediante
el cual procede a coadyuvar la demanda bajo análisis.

4.3. CUADERNO DEL OCHO (8) FEBRERO.

4.3.1. Intervinientes nacionales.

4.3.1.1. Intervenciones que solicitan la declaratoria de exequibilidad.

1-. Solicitante: ANGELA MARÑIA GONZALEZ MACHADO C.C. 52.346.399 Bogotá.


Acompaña la solicitud la firma de 690 ciudadanos colombianos más. Resumen: La
interviniente apoya a exequibilidad de las normas demandadas fundamentada en la
protección al derecho a la vida expresado en el art. 11 de la Constitución Política de
Colombia. Así mismo, recuerda lo enunciado en la sentencia de la Corte Constitucional C-
133 de 1994 que aduce: ―es deber de las autoridades públicas, asegurar el derecho a la
vida de todas las personas, y obviamente el amparo comprende la protección de la vida
durante su proceso de formación y desarrollo‖. Con lo anterior, entiende la solicitante y
quienes, igualmente suscriben la petición que la vida del nasciturus encarna un valor
fundamental por la esperanza de su existencia como persona que representa, y por su
estado de indefensión manifiesto que requiere la especial protección del Estado.

2-. Solicitante: EFRAIN ORTIZ INFANTE C.C. 11.348.584., CARLOS EDGAR BARRETO
HILARION C.C. 80.377.828, YOHAN ALEXANDER LOPEZ AGUDELO C.C. 8.064.465,
IVAN YAMID CARDENAS REYES C.C. 80.377.694, FRANCISCO JAVIER ZULUAGA
SUAREZ C.C. 71.266.639, JAIME AUGUSTO HERNANDEZ ALVAREZ C.C. 79.156.431,
FERNANDO GOMEZ MONCAYO C.C. 17.091.611, ANDRES FELIPE VELEZ
JARAMILLO C.C. 8.031.052, MARTIN DE JESUS ESPINOSA ZAPATA C.C. 15.518.531,
WILMAN FELIPE RODRIGUEZ CADENA C.C. 1.032.372.580, WINER ANTONIO
PALOMO RODRIGUEZ C.C. 78.078.876, MAURICIO ANDRES URREA DUQUE CC.
16.781.119. Resumen: Los intervinientes apoyan a exequibilidad de las normas
demandadas fundamentada en la protección al derecho a la vida expresado en el art. 11
de la Constitución Política de Colombia. Así mismo, recuerdan lo enunciado en la
sentencia de la Corte Constitucional C-133 de 1994 que aduce: ―es deber de las
autoridades públicas, asegurar el derecho a la vida de todas las personas, y obviamente
el amparo comprende la protección de la vida durante su proceso de formación y
desarrollo‖. Con lo anterior, entiende la solicitante y quienes, igualmente suscriben la
petición que la vida del nasciturus encarna un valor fundamental por la esperanza de su
existencia como persona que representa, y por su estado de indefensión manifiesto que
requiere la especial protección del Estado.

3-. Solicitante: HENRY FERNET MORENO TIBAVISCO C.C. 80.419.082 de Usaquen.


Resumen: El interviniente apoya a exequibilidad de las normas demandadas
fundamentada en la protección al derecho a la vida expresado en el art. 11 de la
Constitución Política de Colombia y del preámbulo de la Convención sobre los derechos
de los niños. Así mismo, recuerda lo enunciado en la sentencia de la Corte Constitucional
C-133 de 1994 que aduce: ―es deber de las autoridades públicas, asegurar el derecho a
la vida de todas las personas, y obviamente el amparo comprende la protección de la vida
durante su proceso de formación y desarrollo‖. Con lo anterior, entiende la solicitante y
quienes, igualmente suscriben la petición que la vida del nasciturus encarna un valor
fundamental por la esperanza de su existencia como persona que representa, y por su
estado de indefensión manifiesto que requiere la especial protección del Estado.

4. Solicitante : Ana María Ramírez . Resumen : La interviniente solicita que se respete el


derecho a la vida del que esta por nacer y requiere a la Corte para que se desglose su
intervención presentada en otro proceso de constitucionalidad llevado por esta
Corporación.

4.3.1.2. Intervenciones que solicitan la declaratoria de inexequibilidad.

Solicitante: GUILLERMO CEPEDA TARAZONA C.C. 4.109.369. Resumen: El


interviniente apoya la inexequibilidad de las normas demandadas pues considera que
existen situaciones difíciles y especiales dentro del embarazo en que las mujeres deben
tener la posibilidad legal de elegir el camino a seguir. Así mismo, exalta la importancia del
aborto como herramienta para disminuir los altos índices de morbilidad, pues cuando éste
es prohibido las situaciones estructurales a las que se ven sometidas las ―pacientes‖ son
peligrosas. Por último, aduce que la aprobación del aborto debe ir acompañado de
campañas educativas que lleguen a toda la población femenina, sobre todo la mas
necesitada, esto con el fin de procurar un bajo índice de abortos.

4.3.2. Intervinientes extranjeros.

4.3.2.1. Intervenciones que solicitan la declaratoria de exequibilidad.

1-. Solicitante: JUAN PATRICIO AZCONA C.E. 333709. Por la exequibilidad.

2-. Solicitante: JOEL ALBERTO SANCHEZ VAZQUEZ. Por la exequibilidad.

3-. Intervención amicus curiae de JOHN KEOWN (Profesor de etica cristiana en


Georgetown University). Presentado por ILVA MYRIAM HOYOS. Por la exequibilidad.

4-. Intervención amicus curiae de DAVID ALBERT JONES BA (Escuela de teología,


filosofía e historia de St, Mary‘s College). Presentado por ILVA MYRIAM HOYOS. Por la
exequibilidad.

5-. Intervención amicus curiae de JAVIER NUÑEZ GARCIA (profesor de la Universidad


Bonaterra, México). Presentado por NUBIA LEONOR POSADA GONZALEZ. Por la
exequibilidad.

6-. Intervención amicus curiae de GEORGETTE FORNEY (presidente de NOEL).


Presentado por ILVA MYRIAM HOYOS. Por la exequibilidad.
7-. Intervención amicus curiae de JOSE PEREZ ADAN (catedrático de sociología en la
universidad de Valencia). Presentado por ILVA MYRIAM HOYOS. Por la exequibilidad.

8-. Intervención amicus curiae de JOHN SMEATON. Presentado por ILVA MYRIAM
HOYOS. Por la exequibilidad.

9-. Intervención amicus curiae de JAY ALAN SEKUALOW (American Center for Law and
Justice). Presentado por ILVA MYRIAM HOYOS. Por la exequibilidad.

4.3.2.2. Intervenciones que solicitan la declaratoria de inexequibilidad.

No se presentaron intervenciones que puedan clasificarse en este acápite.

4.3.3. Intervinientes menores de edad.

Solicitantes: CRISTIAN ADRIAN GOMES ARISITZABAL, HUGO ANDRES CARDONA


RAMIREZ, MANUEL ALEJANDRO GUTIERREZ ARANGO. Los intervinientes apoyan a
exequibilidad de las normas demandadas fundamentada en la protección al derecho a la
vida expresado en el art. 11 de la Constitución Política de Colombia. Así mismo,
recuerdan lo enunciado en la sentencia de la Corte Constitucional C-133 de 1994 que
aduce: ―es deber de las autoridades públicas, asegurar el derecho a la vida de todas las
personas, y obviamente el amparo comprende la protección de la vida durante su proceso
de formación y desarrollo‖. Con lo anterior, entiende la solicitante y quienes, igualmente
suscriben la petición que la vida del nasciturus encarna un valor fundamental por la
esperanza de su existencia como persona que representa, y por su estado de indefensión
manifiesto que requiere la especial protección del Estado.

4.4. CUADERNO DEL NUEVE (9) DE FEBRERO (Temporáneas)

4.4.1. Intervinientes nacionales.

4.4.1.1. Intervenciones que solicitan la declaratoria de exequibilidad.

1-. El 9 de febrero de 2006, se recibió la intervención ciudadana del señor CARLOS


ANDRÉS NOVOA PINZÓN. En ella, el citado ciudadano defiende la constitucionalidad de
las normas demandadas dentro del presente proceso. Asegura el interviniente que la
despenalización del aborto implicaría en un detonante de la proliferación de esta práctica,
lo que podría, a su vez, crear un problema de salud pública en el país.

2-. El 9 de febrero de 2006 también intervinieron en el proceso de referencia los


ciudadanos FELIX NATTES MARTÍNEZ y LUZ MYRIAM GUERRERO. En su escrito de
intervención defienden la constitucionalidad de las normas demandadas y, para soportar
dicha posición, presentan un artículo científico del Doctor Jérome Lejeune en el que se
sostiene que la vida humana comienza con la concepción.

3-. El 9 de febrero de 2006 se recibió la intervención del ciudadano Monseñor LIBARDO


RAMÍREZ GÓMEZ. En ella, Monseñor RAMÍREZ pide a la Corte que ―declaren y
ratifiquen la constitucionalidad y exequibilidad total de los artículos 122, 123, 124 y 12 (7)
de la Ley 599 de 2000. Para aclarar su punto de vista respecto del tema, el ciudadano
anexa a su solicitud diversos ―artículos de destacadas personalidades, publicados en el
ámbito nacional‖ Intitula dicha antología ―Por qué no al aborto‖.

4-. El 9 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por el señor FERNANDO


MARTÍNEZ ROJAS, haciendo uso de sus facultades como ciudadano en ejercicio para
intervenir en el presente proceso. El señor MARTÍNEZ indica que las demandas
presentadas contra los artículos que tipifican el delito de aborto son falaces en cuanto
omiten el estudio de los derechos de quien está por nacer, concertándose tan sólo en los
de la madre. También manifiesta que desconocen que permitir el aborto significaría
autorizar el genocidio, y que los embarazos no deseados con producto del ―desorden
personal‖ y de ―la pérdida de la voluntad intencional como consecuencia del licor, la
droga, la arrogante actitud de vivir como da la gana, la promiscuidad...‖ Afirma que ―La
―dignidad‖ se les descuaja frente a un pene en situación de producir placer‖ No obstante
lo anterior –señala el ciudadano- el aborto debe permitirse bajo ciertas circunstancias
extremas, tales como cuando exista un grave riesgo para la madre, en la búsqueda de un
mal menor, y cuando se demuestre científicamente que lo que está por nacer no es
viable, por graves malformaciones.

5-. El día 9 de febrero de 2006, se recibió un escrito firmado por los señores PEDRO
CARD RUBIANO SÁENZ, Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, ALBERTO
GIRALDO JARAMILLO, Arzobispo de Medellín, IGNACIO GÓMEZ ARISTIZABAL,
Arzobispo de Santa Fe de Antioquia, VICTOR MANUEL LÓPEZ FORERO, Arzobispo de
Bucaramanga, IVAN ANTONIO MARÍN LÓPEZ, Arzobispo de Popayán, GUSTAVO
NARTÍNEZ FRÍAS, Arzobispo de Nueva Pamplona, FLAVIO CALLE ZAPATA, Arzobispo
de Ibagué, OCTAVIO RUIZ ARENAS, Arzobispo de Villavicencio, JUAN FRANCISCO
SARASTI J, Arzobispo de Cali, FABIO BETANCUR TIRADO, Arzobispo de Manizales,
LUIS AUGUSTO CASTRO QUIROGA, Arzobispo de Tunja, RUBÉN SALAZAR GÓMEZ,
Arzobispo de Barranquilla, JORGE JIMÉNEZ CARVAJAL, Arzobispo de Cartagena, y
otras dignidades eclesiásticas. En él, los firmantes piden a la Corte que declare exequible
los artículos demandantes, ya que –consideran- el que está por nacer tiene vida y la vida
se encuentra protegida constitucionalmente por el artículo 11 de la Carta y en diversos
tratados internacionales de los derechos humanos.

6-. El 9 de febrero de 2006, se recibieron escritos firmados por los señores RODRIGO
ALEXANDER BALBUENA GÓMEZ y WILLIAMS BERNAL CARREÑO, mediante los
cuales solicitaron que se tuvieran en cuenta en el presente proceso las intervenciones y
los documentos por ellos allegados a los expedientes D-5764 y D-5807.

7-. El 9 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por el señor JUAN CARLOS
MALAGÓN BASTO, mediante el cual solicita que se declaren exequibles las normas
acusadas, así como el desglose y traslado de la intervención ciudadana presentada por él
en el proceso D-5807 a la que, según indica, fueron anexadas 15400 firmas de
ciudadanos.

8-. El 9 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por la señora CLAUDIA HERRERA
ZÁRATE, mediante el cual solicita se declaren exequibles las normas acusadas, así como
el desglose y traslado de la intervención ciudadana presentada por ella en el proceso D-
5807, la que, según indica, ―contiene el apoyo de cientos de ciudadanos colombianos, las
(sic.) cuales están recogidas en 217 folios‖.
9-. El 9 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por la señora MARÍA ANGÉLICA
PÁEZ SÁNCHEZ, mediante el cual solicita se declaren exequibles las normas acusadas,
así como el desglose y traslado de la intervención ciudadana presentada por ella en el
proceso D-5807, la que, según indica, contiene 372 folios con 20000 firmas de apoyo que
―representan la voz de miles de colombianos que defienden el derecho a la vida del que
está por nacer y así mismo son una voz de solidaridad para con la mujer que ha quedado
en embarazo en situaciones difíciles‖

10-. El 9 de febrero de 2006, se recibió escrito firmado por la señora LILIANA GONZÁLEZ
MAZUERA, mediante el cual solicita se declaren exequibles las normas acusadas, así
como el desglose y traslado de la intervención ciudadana presentada por ella en el
proceso D-5807, la que, según indica, contiene 428 folios con 17800 firmas de apoyo a su
solicitud.

11-. El 9 de febrero de 2006, se recibió un escrito firmado por la señora HELENA


SALAZAR SANTOS DE VON ARNIM, acompañado por 161 dibujos y cartas elaborados
por menores de edad pertenecientes, en su mayoría, a la Infancia Misionera de la
Parroquia Santa María de Jerusalén de Bogotá. En tal escrito, la mentada ciudadana
alega actuar en nombre de los niños, asumiendo el encargo que ellos le hicieron de
solicitarle a la Corte Constitucional declarar exequibles las normas demandadas.

12-. El 9 de febrero de 2006, fue allegada dentro del trámite procesal la intervención del
señor CARLOS EDUARDO CORSSI OTÁLORA. Este ciudadano defiende la
constitucionalidad de las normas demandadas, señalando que su desaparición del
ordenamiento jurídico implicaría permitir el genocidio y aceptar el colonialismo
demográfico de los países imperialistas. El señor CORSSI manifiesta que considera que
las demandas que dieron origen al presente proceso son contrarias al ordenamiento
jurídico y que la Corte Constitucional, en el caso de declarar la inexequibilidad del delito
del aborto, ―habría asumido un poder supraconstituyente que suplantaría la voluntad
popular y subyugaría las tres ramas del poder público‖ Este ciudadano solicita a la
Corporación la realización de una audiencia pública durante el trámite del proceso.
También pide a la Corte tener en cuenta las intervenciones presentadas en anteriores
procesos de constitucionalidad en relación con el tema del aborto.

13-. El 9 de febrero de 2006, se recibieron escritos presentados en un mismo formato


pero por separado, firmados por los ciudadanos y ciudadanas JAIME AUGUSTO
HERNÁNDEZ ÁLVAREZ, EDUARDO ORTIZ C, FREDY MAURICIO CASTELLANOS QUIROZ,
JUAN CARLOS ESGUERRA NEIRA, JULIO ROBERTO LIEVANO SÁNCHEZ, RICARDO
VILLEGAS IRIARTE, HAROLD EUGENIO MARTÍNEZ ALBÁN, JOSÉ GUSTAVO BAENA (y otros
51 firmantes), JUAN CAMILO GUTIÉRREZ CLOPATOFSKY, JORGE SOTO ARGÁEZ, EDUARDO
BORDA VILLEGAS, GUSTAVO GARCÍA OSORIO, CAMILO GUTIÉRREZ VILLEGAS, JUAN
CAMILO GUTIÉRREZ CLOPATFSKY, PEDRO NEL PULIDO, ANDRÉS VARGAS MARTÍNEZ,
MAURICIO RUBIANO, ALEXANDER HENAO, JAIRO SANDOVAL MUÑOZ, HUGO JIMÉNEZ
ESCAMILLA, ALVARO ACEVEDO, JAVIER PARRA, WITTON BECERRA MAYORGA, JOSÉ
BENIGNO WILCHES, HUMBERTO VALERO CÁRDENAS, LUIS ALIRIO PÉREZ, CLOTARIO
PINEDA, FERNANDO ALBERTO QUIÑONES, EDINSON ANCHICO, DARIO GUSTAVO CASAS,
JUAN RAFAEL CASTRO MORALES, EMILIO RAMÍREZ, JAIRO RINCONO CASTAÑEDA,
CARLOS RUIZ RODRÍGUEZ, EDGAR LAVAO PALOMINO, EMILIANO DÍAZ DEL CASTILLO,
MAURICIO GÓMEZ TAPIAS, JAVIER PENAGOS, PEDRO ANTONIO NIÑO RODRÍGUEZ,
AURORA MARTÍNEZ, MARÍA EULALIA GIL DUQUE, GLORIA VALDÉS, MARÍA LETICIA
BOTERO, DEISY BIBIANA ZULETA, CARLOS ESCOBAR, ANA MERCEDES RESTREPO,
AMALIA POSADA, CAROLINA GARCÍA GUZMÁN, MARINA CAMACHO DE SAMPER, LUCÍA
GÓMEZ DE MARULANDA, ROSA LUCÍA DE MADERO, MARÍA DE JESÚS GARZA, MARÍA
ISABEL CÁRDENAS, DOLLY DE BURGOS, JOSEFINA DE TRIANA, OLGA JUDITH ALVARADO
VARGAS, ROSA OFELIA PÁEZ, CARMEN ELENA MUÑOZ DE PLATA, ROSA AVELLANEDA,
MARTHA SÁNCHEZ, OLGA YANETH HURTADO, LUCY DE DUQUE, ETHEL CRISTINA
GONZÁLEZ HURTADO, MARÍA MERCEDES GARCÍA, ROSA ELENA JAMAICA, ALBA STELLA
HERNÁNDEZ, FARYDE SÁNCHEZ GÓMEZ, MARIBEL MORENO SÁNCHEZ, CONSTANZA
TORRES, MARTHA CECILIA ROMERO, GLORIA ANGÉLICA SÁNCHEZ, ADRIANA SÁNCHEZ
PINEDA, MARTHA LUCÍA AMADOR, LUZ MARINA GARZÓN, ADRIANA JIMENA FLÓREZ,
JIMENA CASADIEGOS PENAGOS, MARÍA MARCELA BUSTOS, ROSA ELENA PINEDA,
ALEJANDRA MARÍA SÁNCHEZ, ANGÉLICA MARÍA SILVA, ALBA LUCÍA ROMERO, SILVIA
BELTRÁN CORREDOR, LUZ ADRIANA LÓPEZ, ELIZABETH SÁNCHEZ, INÉS MORENO,
ADOREYNDA RODRÍGUEZ, ANA MERCEDES ESCALLÓN, PATRICIA ACOSTA CAICEDO,
MARÍA CRISTINA FERRO DE CRANE, JULIANA CRANE FERRO, KATHERINE VON ARNIM,
ANA SACRAMENTO PULIDO, LUZ MARINA NARVÁEZ, OLGA MENDOZA CARRILLO, EUGENIA
CLOPATOFSKY LONDOÑO, PIEDAD LACAYO DE ALVIRA, ESPERANZA VELÁSQUEZ PATIÑO,
ANA MARÍA BORDA, ISABEL TERESA PALACIO DE AVELLA, CARMEN ARCINIEGAS,
CATALINA NIETO VILLEGAS, MERCEDES DE IRISARRI RESTREPO, JUANITA GARCÍA, LAURA
GUTIÉRREZ, MARIA ELISA NAVAS ANGEL, INES NAVAS ANGEL, TATIANA CLOPATOFSKY,
MAGDALENA CLOPATOFSKY DE BORDA, GLORIA OSORIO DE GARCÍA, LIGIA LONDOÑO,
TULIA ROSA GUTIÉRREZ, ROSA HELENA PORRAS, ILEANA DÍAZ BELTRÁN, MARÍA RAMOS
SÁNCHEZ, NUBIA PÁEZ RAMÍREZ, FANNY GÓMEZ LAMPREA, MARÍA DEL PILAR
CAMPUZANO URIBE, NAZLY ISABEL BARRAGÁN, LUZ MARINA RUIZ, DIANA AYALA
RODRÍGUEZ, LUZ NEILA RUIZ PEDRAZA, ROCÍO DEL PILAR HERNÁNDEZ, ISABEL SOTO DE
TRIANA, CLAUDIA HELENA OTERO FORERO, EUGENIA CLOPATOFSKY, BEATRIZ APARICIO,
ANA LUCÍA SALAZAR DE GÓMEZ, XIMENA GÓMEZ, CATALINA CASTAÑEDA, LIZETT JORDAN
GÓMEZ, AMPARO GÓMEZ JAIMES, MARTHA VALERO CÁRDENAS, ADRIANA MORALES,
MARÍA CAROLINA VERGARA, LUZ MILENA ROMERO ROMERO, AMALIA JAIMES, MARINA
PALOMINO, GLORIA STELA BARAHONA, VIVIANA CHACÓN MORALES, LAURA MILENA
CÁCERES, NELLY PATRICIA RODRÍGUEZ, ALEIDYS BEJARANO, LUCILA CÁCERES RICO,
YAMILE CEDIEL AGUDELO, MARÍA SELMAN CONTRERAS, ANGELA MARÍA ORTIZ Y
MAURICIO PARDO KOPPEL, mediante los cuales solicitaron que se declararan exequibles las
normas acusadas. La solicitud de los ciudadanos se fundamentó en el artículo 11 de la Constitución
Política y en la Sentencia C-133 de 1994 proferida por la Corte Constitucional, que, a juicio de los
intervinientes, protegen la vida de lo que está por nacer.

4.4.1.2. Intervenciones que solicitan la declaratoria de inexequibilidad.

El 9 de febrero de 2006, se recibió la intervención de la señora MARÍA CLAUDIA


CABALLERO, quien alega representar al Centro de Estudios de Género Magdalena León
de la Fundación Mujer y Futuro. Considera la citada ciudadana que los artículos
demandados dentro del presente proceso son inconstitucionales, ya que violan los
derechos fundamentales de las mujeres, en especial la prohibición de tratos crueles e
inhumanos, prevista en el artículo 12 de la Carta. Esta interviniente rescata varios
testimonios de mujeres que, como consecuencia de la penalización del aborto, han
interrumpido de manera clandestina sus embarazos.

4.4.2. Intervinientes extranjeros.

4.4.2.1. Intervenciones que solicitan la declaratoria de exequibilidad.

El día 09 de febrero de 2006 se recibieron escritos presentados por los ciudadanos


extranjeros RICHARD STITH, profesor de la Universidad de Valparaíso de los Estados
Unidos, MARIBEL GERMAN, Coordinadora de Investigación y Núcleos de Pensamiento
de la Red Familia de México, y GWENDOLYN LANDOLT LAWYER, de la organización
Real Women Of Canadá

1-. En su escrito a señora MARIBEL GERMAN presenta la organización Red Familia de


México e indica la existencia de algunos documentos que pueden servir a la Corte para
tomar la decisión en relación con la constitucionalidad de las normas demandadas.

2-. El profesor RICHARD STITH de la Universidad de Valparaíso de los Estados Unidos y


la señora GWENDOLYN LANDOLT LAWYER, de la organización Real Women of
Canada, defienden la exequibilidad de las normas demandas.

4.4.2.2. Intervenciones que solicitan la declaratoria de inexequibilidad.

No se presentaron intervenciones que puedan clasificarse en este acápite.

4.5. CUADERNO PRIMERO (Temporáneas)

4.5.1. Intervinientes nacionales.

4.5.1.1. Intervenciones que solicitan la declaratoria de exequibilidad.

1-. Intervención donde se solicita la constitucionalidad y exequibilidad total de los artículo


122, 123 y 124 del Código Penal . Este requerimiento se fundamenta en el art. 11
Constitucional y en la Sentencia C – 133 de 1994 . El mismo formato de intervención es
presentado por: NATALIA MONCADA, GLORIA ÁLVAREZ, LÍA VÉLEZ, ESTHER JARAMILLO,
MARÍA VÉLEZ, ELVIS VÉLEZ, IRMA AGUIRRE, INGRID BETTER, CARMEN GALVAN, PATRICIA
ÁLVAREZ, LUCÍA DE MERCHENA, OLGA ABAD, LILIANA PINEDA, LINA LÓPEZ, BEATRIZ
SANTANDER, BLANCA RESTREPO, MAREL FERNÁNDEZ, ZULLY LÓPEZ, ALEJANDRA
ECHEVERRI, ALEJANDRA TABARES, NANCY PATIÑO, MARÍA LÓPEZ, OMAYRA GONZÁLEZ,
LAURA CASTELLANOS, MARTA GAVIRIA, GLORIA ÁLVAREZ, BERA GAVIRIA, SOFÍA
FERNÁNDEZ, MARCELA BERNAL, ANGELA ROLDÁN, MARÍA CASTRILLON, VICTORIA
GAVIRIA, MARÍA RODRÍGUEZ , MERCEDES DUQUE, MARCELA SALGADO, ANA ROLDÁN,
GLADYS VÁSQUEZ, MARÍA GIL, MARÍA OÑATE, FILOMENA BETANCOURT, CLARA AMAYA,
MARÍA POSADA, MERCEDES BARRIENTOS, NUBIA SILVA, CECILIA MARTÍNEZ, MABEL
NAJAR, GLORIA BÁEZ, CLAUDIA MALAGÓN, ALFREDO ORTEGA, PAOLA SEGOLENE, RAÚL
NAVARRO , OLGA ÁLVAREZ, JUAN VELÁSQUEZ, JORGE VELÁSQUEZ, RENATO
PANCIANESCHI, PEDRO BOTERO, JOSÉ TAMAYO, DIEGO ORTIZ, JORGE ACOSTA, HECTOR
GUTIERREZ, MIGUEL HERNÁNDEZ, LUIS ESTRADA, GUSTAVO CASTAÑO, HERNÁN
ESPINOSA, ANDRÉS RESTREPO, CARLOS RIVERA, OLGER CARRILLO, ÁLVARO ATENCIO,
JUAN ARANGO, EMIRO RUÍZ, JUAN ESQUE, RODRIGO SALINAS, BERNARDO GARCÍA ,
ELKIN VÉLEZ, WOLMAN RESTREPO, GUSTAVO GARCÍA, ROBINSON LEÓN, OSCAR
VARGAS, SANTIAGO GARCÍA, ÁLVARO MEJÍA, RAFAEL ROSADO, CARLOS VARGAS,
ALBEIRO RIASCOS, ALVEIRO ZAPATA, RICARDO VALLEJO, MARIO RESTREPO, ANTONIO
ARIAS, HERNANDO ARIAS, HUGO LEÓN, PEDRO BUITRAGO, ANIBAL GIL, RIGOBERTO
PALACIO, JOSÉ RESTREPO, JUAN GÓMEZ, ROBERTO URREGO, RAFAEL STAND, FREDY
LÓPEZ, VICTOR MALAGÓN, ÁNDRES MONTERO, DORY BELTRÁN, STELLA CORREA,
FABIOLA MORALES, HELENA GORDILLO, LUZ MARTINEZ, TULIA CLAVIJO, LEONOR ACERO,
MARÍA CHAVARRO, LEONOR GONZÁLEZ, ALCIRA MEDINA, SOCORRO SILVA, AURA
GUZMÁN, AMPARO CABALLERO, CARMEN GONZÁLEZ, ROCIO ZAPATA, RITA CORREA,
ELVIA PARRA, MARÍA MONTOYA, CARMEN CASTRO, ANA SANABRIA, ROSA RAMÍREZ,
ELENA DE RODRÍGUEZ, ROSINA PUELLO, GLORIA ROJAS, AURA GÓMEZ, BLANCA AMAYA,
ROSA ORTEGA, ISABEL PORRAS, ELIZABETH VEGA, MARIA TORO, OLGA CARDOZO,
ELIANA LONDOÑO, ANA BARÓN, MARGARITA ZAPATA, JULIA ACUÑA, ERIKA ANGEL, ROSA
RODRÍGUEZ, MARÍA GARAY, BLANCA GARCÍA, MARINA CHAPARRO, SULEIMA BARBOSA,
LUCÍA RODRÍGUEZ, LUZ NIETO, FLOR VARGAS, ELISA SUAREZ, AURA CABUYO, MARÍA
GARCÍA, MERCEDES MAHECHA, JENNIFER PINZÓN, NELLY ARIZA, ARCELY ACOSTA,
ALEXANDRA LUNA, ROSALBA SANÍN, CLAUDIA CARRILLO, GLORIA BRICEÑO, MARTHA
CUPA, YASMIN SILVA, MADERIS MARTÍNEZ, MARGARITA CASTAÑEDA, CONSTANZA
JIMÉNEZ, XIMENA CÁRDENAS, ERICINDA VARGAS, BLANCA GALVIN, RUTH CRUZ,
GRACIELA ROA, SANDRA VELÁSQUEZ, LORENZA DE CRUZ, RUBY VEGA, FLOR ROMERO,
CLARA RODRÍGUEZ, LUZ RODRÍGUEZ, CONSTANZA LÓPEZ, EMPERATRIZ WILCHES, ANA
RUIZ, MARÍA TORRES, MARÍA DE REYES, MARÍA AHUMADA, EDILMA JARAMILLO, ANA
GONZÁLEZ, GLADYS PARDO, MARTA ROMERO, MARIELA MARÍN , CECILIA MORALES, ELVIA
SEPÚLVEDA, ROSALBA RODRÍGUEZ, DIANA GONZÁLEZ, MARÍA ROMERO, CLARA AMAYA,
JANETH PIÑEROS, FLOR VERA, SARA GUAQUETA, MERCEDES PARRA, NOEMÍ MEDINA,
ROSA ACERO, NOHORA RODRÍGUEZ, SARA GONZÁLEZ, AMPARO ROLDÁN, ADRIANA
LENIS, PAOLA UBAQUE, LIDA ARIZA, ELIZABETH ALBA, LUZ DE VILLALBA, DORIS
GONZÁLEZ, ELVIRA DE VERA, LUISA DE ROMERO, MARÍA MEDINA,NANCY PINTO, ALBA
PORTELLA, MARTHA MURCIA , CECILIA MARQUEZ, LUZ SAENZ, LUZ PABÓN, CARMEN
FORERO, ZULMA MARTÍNEZ, ALIRIA SALAZAR, NIDIA BOBADILLA, DELFINA JIMÉNEZ,
SOCORRO NIÑO, EUGENIA CUARTAS, MIREYA CAMARGO, FLOR MARTÍNEZ, ROSALÍA AYA,
MERCEDES GAITÁN, ASCENETH PEREZ, MARTHA CHAPARRO, SONIA CUESTA, ISABEL
VILLEGAS, ADRIANA RIVERO, JANETH DELGADO, CLAUDIA PAEZ, LUCIA RODRÍGUEZ,
AURA CABUYO, ELISA SUAREZ, MYRIAM ACOSTA, DIANA PRIETO, EMMA GIL, JENNIFER
VILLANUEVA, LILA RONCANCIO, ROSITA RONCANCIO, ANA CASTRO, MARIELA TIRADO,
CONSTANZA BELLO, MYRIAM PERILLA, SILVIA MEDINA, MATILDE MORENO, ROSA
HURTADO, ESPERANZA LOZANO, MARTHA MORENO, LIBIA BOLAÑOS, MARTHA OSORIO,
ISABEL CARRANZA, SARA COLÓN, PATRICIA MARÍN, ROSALBA DAZA, CONSUELO DE
MARTÍNEZ, ANA RUBIANO, ELOISA MADARRIAGA, NURY SIERRA, MARÍA MARULANDA, INÉS
CORTÉS, GLORIA GÓMEZ, LISETH BONILLA, LEONOR CASTILLO, ROSALINA GONZÁLEZ,
CLARA LÓPEZ, MARÍA DE DUQUE, AMPARO RAMÍREZ, NORA RESTREPO, LEONOR
SANTANA, DORIS GARCÍA, MINCA BARCO, DIANA RESTREPO, ISABEL APRAEZ, NOEMÍ
GUERRERO, INÉS GUERRERO, STELLA PEREZ, ELVIA AVELLA, GLORIA PÁRAMO, SANDRA
ZORRILLA, CARMENZA TRIANA, FLOR CAMARGO, ADRIANA MUETE, GLORIA SUAREZ,
MARÍA AMAYA, MÓNICA FERRER, AZUCENA GARCÍA, ANDREA SALGADO, FLORENTINA
MARTINEZ, JANNETH GALLO, CONCEPCIÓN DE HINCAPIÉ, JULIAN GUERRERO, GRACIELA
DIAZ, ROSALBA PRIETO, MARIELA GIRALDO, NELLY DE REBOLLEDO, BRIGETTE DUARTE,
LUZ HERNÁNDEZ, MERCEDES DURÁN, ELISA MONROY , YOLANDA BELTRÁN, GISSETH
ORTIZ, STELLA ALMONACID, ELVY HERNÁNDEZ, AURA ZULUAGA, TERESA DE ZÁRATE,
LUCENA SANCHEZ, BEATRIZ BARRIOS, CLAUDIA ROA, NATALIA RODRÍGUEZ, BLANCA DE
RIOS, ISABEL NIÑO, MARINA ROMERO, ANA VILLAMIL, LUZ PINZÓN, MARÍA LÓPEZ, LIDIA
BARRETO, RUTH RODRÍGUEZ, NUBIA ORTIZ, CLAUDIA CASAS, AMPARO GONZÁLEZ,
BEATRIZ RESTREPO, PILAR POSADA, LINA GARCÍA, ANA GARCÍA, CLAUDIA IBAGÓN, LUISA
RAMÍREZ, CLARA CASTILLO, CLARA RAMOS, PATRICIA COLLAZOS, LUZ MARULANDA,
BLANCA MESA, MARÍA DE GARZÓN, CECILIA FIGUEREDO, ANA BARRERO, MARIELA
TORRES, LUZ CLAVIJO, ROSALBA GAMBOA, ZOILA DE PEREZ, PATRICIA PEREZ, ANA
SILVA, ANA SANTANA, MARUJA CASAS, ALBA TRIANA, DAVEIBA GUTIERREZ, LUZ LOZADA,
MARÍA SIERRA, MARTA BALLESTEROS, LUZ LIZCANO, LETICIA DE PINZÓN, ROSA DE
MUÑOZ, CONCEPCIÓN DE HINCAPIÉ , TERESA DE SUAREZ, ELIZABETH FONTECHA, ANA
LETRADO, EMPERATRIZ BARÓN, ELVIA SEPÚLVEDA, MILENA VELÁSQUEZ, NELLY MUÑOZ,
GABRIELA ESCOBAR, ROSA MACHUCA, JOSEFA BOADA, MYRIAM MACHUCA, OLGA
MONTENEGRO, MARY CHAPARRO, ADRIANA MEDINA, LAURA CABARCAS, JACQUELINE
TOVAR, ROSA GARZÓN, MÓNICA ARROYO, PILAR FORERO, LUCILA MORA, EDILMA RUÍZ,
NIDIA ESPINOSA, DORIS PALACIOS, ALICIA GÓMEZ, YANINE MARTINEZ, ROSALBA SUAREZ,
RUBILA LOZANO, PAOLA FORERO, CAROLINA MOSQUERA, MARÍA MANRIQUE, TERESA DE
MANCESA, MARLÉN BONILLA, FLORINA SEGURA, LUZ ECHEVERRY, MERY SEGURA, DARY
POSADA, MARCELA MORENO, MIRZA GÓMEZ, LEONOR ROJAS, ADRIANA BONILLA, NANCY
MAHECHA, MARY CASALLAS, ELSA BUITRAGO, ESPERANZA DE ÁVILA, BLANCA ANZOLA,
BLANCA CÉSPEDES, DORA DE ROMERO, LEONOR SANTANA, DORIS GARCÍA, TERESA DE
CUELLAR, ALBA BOBADILLA, AMPARO RAMÍREZ, ISABEL ESCOBAR, NORA RESTREPO,
CLAUDIA BELLO, ELIZABETH DE DÍAZ, ADRIANA PARRADO, FLOR CAMACHO, YOLANDA DE
RUÍZ, NIDIA DAZA, BLANCA ROJAS, OLGA VILLANUEVA, CLAUDIA LEÓN , OMARA TETE,
ALEJANDRA SANABRIA, MARTA BELLO, ASUNCIÓN LEMUS, MARÍA ACEVEDO, YOLANDA
BERNAL, MARÍA TOVAR, JENNY VALENCIA, INÉS MARTINEZ, VICTORIA BARCO, ADELA
CASTILLO, CLEMENTINA ZABALETA, ROCIO MERCHAN, CLARA MAYORGA, BLANCA
SANDOVAL, CONCEPCIÓN DE MUNEVAR, CLAUDIA NAVAS, BLANCA DE DÍAZ, LUZ A.
SUESCA, GLORIA RODRÍGUEZ, CARMEN DE PEÑA, TERESA VERA, MARÍA SABOGAL,
ROSALBA MARTÍNEZ, MARÍA PRIETO, YANETH PARGA, MARÍA BOLIVAR, AMELIA FLOREZ,
INÉS DE NIÑO y PILAR SUAREZ.

2-. Intervención de BEATRIZ DUQUE.

3-. Intervención de MARÍA SERRANO.

4-. Intervención de ALEXANDRA ACOSTA.

5-. Intervención de MYRIAM RIOMALO.

6-. Intervención de MARÍA RODRÍGUEZ.

7-. Intervención de CELSA LANCHEROS.

8-. Intervención de ANGELA SALDARRIAGA.

9-. Intervención donde se solicita el respecto a la vida por ser un bien primario, dicha participación
viene firmada por JUAN ESTEBAN CANO y 97 personas más.

10-. Intervención de LUIS VIVANCO.

11-. Intervención de LUIS ALFONSO RESTREPO.

12-. Intervención de RICARDO ACOSTA.

13-. Intervención de JUAN ARBELAEZ.

14-. Intervención de MARIA ELISA URIBE.

15-. Intervención de MARGARITA GNECCO .

16-. Intervención donde se afirma que el derecho a la vida es inviolable, viene firmada por ALMA
PUENTES y 179 personas más.

17-. Intervención donde se afirma que la dignidad de la madre y del niño son iguales , viene firmada
por PIEDAD ALARCÓN y 52 personas más.

18-. Intervención de MARCELA ARIZA.

19-. Intervención de JUANA JARAMILLO.

20-. Intervención de SANDRA SICARD.

21-. ANGELES MAZZANTI.

22-. MARÍA CRISTINA POSADA

23-. NATALIA SALCEDO.


24-. CAROLINA JARAMILLO.

25-. MARTA INÉS POSADA.

26-. Intervención donde se afirma que no existen diferentes etapas de vida, sino que esta es una
sola, aseverando que la vida es inviolable. Bajo el mismo formato participan: CLAUDIA GÓMEZ,
MARÍA V. GAVIRIA, INÉS ENCIMA, MARINA ECHEVERRI, CLAUDIA SILVA, MARTA BARRERA,
GABRIELA RABÉ, BIBIANA JIMÉNEZ, MARÍA SOTO, NATALIA GÓMEZ, MARÍA VARGAS,
ESTHER GUTIÉRREZ, GLORIA LUNA, CELIMA DE SIMÓN, MARÍA RONDEROS, MARÍA
VILLADA, INÉS ENCISO Y ADRIANA WAHANIK.

27-.
MARTA URQUIJO. 45-. JANETH JIMÉNEZ.

28-. ALEJANDRA NOGUERA. 46-. GLORIA BERNAL.

29-. NORA CASTRO RIAÑO. 47-. NANCY MUÑOZ.

30-. MARÍA EULALIA MONTÓN. 48-. MYRIAM RESTREPO.

31-. MARÍA CLARA GARCÍA. 49-. JOHANA PINEDA.

32-. BRENDA ROCHA. 50-. MARÍA I. CARO.

33-. ALBA TORRES. 51-. ROSAURA JIMÉNEZ.

34-. SANDRA ROCHA. 52-. CARMELINA LONDOÑO.

35-. DIANA CIFUENTES. 53-. LUISA PRIETO.

36-. ANGÉLICA CRUZ. 54-. NUBIA POSADA.

37-. ALEJANDRO PÉREZ. 55-. MARÍA CLAUDIA CIFUENTES.

38-. SHEILA OSPINA. 56-. ADRIANA CARO.

39-. LUZ M. MEJÍA. 57-. ARCELIA CORREA

40-. LUZ A. JIMÉNEZ. 58-. MYRIAM HERNÁNDEZ.

41-. VICTORIA E. CASAS. 59-. BEATRIZ MAZ.

42-. CONCEPCIÓN JIMÉNEZ. 60-. GLORIA RUIZ.

43-. MATILDE MARTÍNEZ. 61-. ILVA ALFONSO

44-. ADRIANA CARDENAS. 62-. CAROLINA ORTEGÓN.

4.5.1.2. Intervenciones que solicitan la declaratoria de inexequibilidad.

1-. Intervención de EMILIA FRANCO .


3-. Intervención de MARÍA MEJÍA.
2-. Intervención de PRISCILA DE
BARAHONA. 4-. Intervención de LUCRECIA MESA.
6-. Intervención de EDUARDO ARCILA.
5-. Intervención de ANDREA PARRA.
7-. Intervención de JORGE CIFUENTES.

4.5.2. Intervinientes extranjeros.

4.5.2.1. Intervenciones que solicitan la declaratoria de exequibilidad.

1-. LINDA FLOWERS 4-. Intervención de GIANFRANCO


MAZZANTI.
2-. JUAN R.VÉLEZ.
5-. Intervención de STHEPHAN PRESSER.
3-. Intervención de MICHAEL
SCARPERLANDA. 6-. Intervención de JUAN L. ORTIZ.