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Decopio

Este documento analiza el Imperio Británico victoriano, centrándose en la colonia más poblada que controlaba, la India, entre 1837 y 1901. Examina los orígenes del colonialismo en la India, los motivos de su colonización y cómo esto afectó a los modos de vida de los nativos. También explora las hambrunas que azotaron la India y cómo esto influyó en el creciente nacionalismo indio.

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Este documento analiza el Imperio Británico victoriano, centrándose en la colonia más poblada que controlaba, la India, entre 1837 y 1901. Examina los orígenes del colonialismo en la India, los motivos de su colonización y cómo esto afectó a los modos de vida de los nativos. También explora las hambrunas que azotaron la India y cómo esto influyó en el creciente nacionalismo indio.

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Imperio Británico: La India victoriana

(1837 - 1901
Índice

- Resumen y Abstract p. 2

- 1. Introducción pp. 3-4

- 2. Estado de la cuestión pp. 5-6

- 3. Origen del imperio colonial victoriano pp. 6-8

- 4. La India: de colonia británica a motivo imperial

o 4.1. La India durante el periodo de la Compañía


de las Indias Orientales pp. 9-14

o 4.2. El Raj británico victoriano pp. 14-16

 4.2.1. Los años del hambre pp. 16-21

- 5. Conclusiones pp. 21-22

- 6. Bibliografía p. 23

o 6.1. Bibliografía recomendada p. 23


Introducción

El siglo XIX fue uno de grandes cambios y revoluciones, comenzando el siglo para
algunos historiadores en 1789 con la Revolución Francesa y terminando en 1914 con el
inicio de la Primera Guerra Mundial, por lo que esa “centuria” ha pasado a llamarse “el
largo siglo diecinueve”. En el presente trabajo no vamos a abordar la totalidad del siglo,
ni tampoco se va a hacer una presentación general del conjunto de Estados de peso y sus
actuaciones decimonónicas, sino que nos vamos a centrar en el Imperio Británico, y más
concretamente en el periodo denominado “victoriano” por corresponder con la etapa de
la Historia en que dirigió el país la reina Victoria (20 de junio de 1837 – 22 de enero de
1901), quien más tarde convertiría Gran Bretaña en un imperio. Es ese el periodo
escogido por corresponder con el de mayores cambios, expansión ultramarina y auge
británico; nos centraremos en la colonia más poblada que controlaba el imperio, la
India, ya que resultó crucial para el imperialismo que tratamos. Expondremos cuáles
eran los objetivos iniciales de su colonización y cuál fue su desenlace para finales de la
época estudiada.

Durante la segunda mitad del s. XIX el mundo comenzaba a estar plenamente bajo el
control de los Estados imperialistas europeos. África, que cuando a mediados del s. XIX
fue explorada por David Livingston resultaba un continente casi desconocido (su
interior, ya que las costas sí eran conocidas), para 1885 tras el Congreso de Berlín pasó
a estar en total posesión de los países partícipes del denominado “reparto de África”,
siendo los únicos territorios independientes Etiopía, Liberia y parte de Marruecos.
Solamente el continente americano estaba libre de ese control de los imperios
coloniales, exceptuando Canadá y pequeñas zonas del Caribe, y el deseo de las
potencias europeas de intervenir en América fue inversamente proporcional al aumento
de potencial militar y económico de Estados Unidos, que seguían aplicando la doctrina
Monroe de “América para los americanos”, y que redujo el interés europeo en ese
continente.

Este reparto del mundo cada vez más comenzaba a delinear una diferencia entre fuertes
y débiles. La ampliación imperial conquistando y adhiriendo colonias simplemente
resultó algo natural, ya que los más fuertes y desarrollados se impusieron sobre los más
débiles, como decíamos, aprovechando sus recursos y “contribuyendo” a la civilización
de esos territorios y sus habitantes. Como escribió Hobsbawm en su libro La era del
Imperio (1875-1914) este periodo de la historia solo resultaba “una nueva fase del
desarrollo capitalista”, y aunque los términos “imperio” y “emperador” resultaban
antiguos, pasó a usarse la palabra “imperialismo” de manera amplia y generalizada; pero
a pesar de que el uso generalizado de ese término tuviera su auge a finales del s. XIX, su
práctica ya venía practicándose desde mucho ante, y más todavía en el caso al que nos
vamos a referir en el presente trabajo, el Imperio Británico, que desde el s. XVII con el
comienzo de la decadencia del Imperio Español había puesto su mira en convertirse en
el nuevo “amo del mundo”, creando cada vez más una economía global que
interconectaba los países desarrollados entre sí, convirtiéndose en una potencia naval, y
penetrando poco a poco hasta llegar a los rincones más recónditos del mundo,
conectando el mundo desarrollado y el subdesarrollado.

Los intercambios aumentaron, y fue en gran parte debido al incremento y mejora del
transporte, tanto marítimo como a la aparición del ferrocarril, ambas mejoras como
consecuencia de la invención e incorporación de la máquina de vapor. Según fue
avanzando el siglo diecinueve las materias primas que se necesitaban en Europa para
continuar con el progreso que se estaba llevando a cabo (caucho, estaño, cobre,
petróleo…) procedían de lugares que hasta el desarrollo del transporte resultaban
inaccesibles, pero que a lo largo del s. XIX fueron convirtiéndose cada vez más en
ambientes que emulaban la arquitectura y formas de vida europeas decimonónicas. Lo
mismo ocurrió con la barata mano de obra india y sus plantaciones de algodón y opio
que contribuyeron a la construcción de miles de kilómetros de vías ferroviarias,
llegando hasta los lugares menos esperados.

Veremos por tanto a lo largo de este trabajo los orígenes del colonialismo en la India,
algunos de los motivos de peso para su colonización imperialista, fruto de intereses
económicos generalmente, pero que condicionaron e influenciaron el resto de factores
de los territorios donde llegaban las transacciones comerciales, alterando los modos de
vida de los nativos de manera drástica. Hablaremos de los cambios y revueltas que
condujeron a la aparición del Raj británico, así como de las hambrunas que azotaron la
India y el social darwinismo que las acrecentó (tema que es escasamente tratado por los
historiadores, pero que resulta de gran importancia para entender la historia
decimonónica del subcontinente asiático y el creciente nacionalismo indio) y que
condicionó el destino de la India y su relación con el imperio en el siglo siguiente.

Esta expansión y colonización británica no fue solo política como en el caso de Francia,
ni económica como en el de Alemania, sino que fue de la sociedad en su conjunto,
haciendo del imperialismo británico algo único, y podremos apreciar diferencias entre el
imperialismo solitario que se llevó a cabo durante los principios y mediados de la época
victoriana, y el imperialismo competitivo que se desató a finales del s. XIX.

En este trabajo también trataremos de evitar centrarnos solo en la historia política, de la


que tanto se ha escribió durante el s. XIX y XX, y trataremos también temas menos
conocidos y de los que se ha comenzado a investigar y escribir desde hace no mucho
tiempo, como algunas de las consecuencias del colonialismo tanto en la población
británica (de ultramar y de la metrópoli) como en la población nativa. Según vayamos
avanzando en este estudio, veremos que algunas de esas consecuencias han
permanecido ocultas, y no por accidente o azar, sino intencionadamente, puesto que los
efectos positivos del colonialismo, los cuales veremos también, sí son más conocidos.
Hablaremos así mismo de la transmisión cultural y social, y cómo transformaron y
afectaron a los territorios colonizados, al igual que la transición (a veces forzada) hacia
nuevas formas de vida, y adaptación o imposición de esos cambios a los habitantes de la
India.
1. Estado de la cuestión

El tema del Imperio Británico ha sido ampliamente estudiado por multitud de grandes
historiadores entre los que se cuentan algunos de los más ilustres, como Eric
Hobsbawm, quien contribuyó enormemente a la historia británica con sus tres
volúmenes en los que estudia el s. XIX y parte del s. XX. 3 Muchos otros estudiaron
también este tema, como Niall Ferguson (El imperio británico: cómo Gran Bretaña
forjó el orden mundial, obra bien organizada y amena a la lectura, pero excesivamente
optimista y pro-británica en sus explicaciones), Simon Schama (Auge y caída del
imperio británico, 1776-2000, libro útil si se quiere tener una visión general pero más
detallada que al leer a Ferguson), o Javier Paredes con su Historia universal
contemporánea I. De las Revoluciones Liberales a la Primera Guerra Mundial, manual
más general acerca del s. XIX.

Pero no solo hemos de mencionar aquellos historiadores modernos, sino que también a
lo largo de la historia del Imperio Británico fue grande el número de personas que
estudiaban los acontecimientos pasados, no todos especialistas en la historiografía pero
que aportaron mucho con sus contribuciones. Dos de ellos son (por nombrar algunos):
Winston S. Churchill (quien trabajó como periodista en las colonias y que llegaría a ser
Primer Ministro) o John Stuart Mill, muy activo en crítica o elogio de algunos aspectos
imperialistas. Podemos mencionar también a J. A. Hobson, quien estudió el motivo
capitalista de expansión económica del imperialismo británico en su libro de 1902,
Imperialism: a study, centrado como decíamos en aspectos económicos.

Actualmente podemos encontrar también colecciones de volúmenes que estudian este


tema de este trabajo, como la muy reconocida Oxford History of the British Empire que
trata acerca de una gran variedad de características del Imperio Británico, con la gran
ventaja de estar divido por temas, cada uno de esos capítulos escrito por especialistas,
pero que de nuevo (y como ocurre en la mayoría de los otros trabajos) no dedica
suficientes páginas a las dificultades vividas por los indios en la segunda mitad del s.
XIX.

Lo cierto es que estos historiadores realizan trabajos de calidad en cuanto a lo que a


narrar la historia política y social se refiere, pero la mayoría de ellos, como
mencionábamos (a excepción de Schama), dejan de lado una parte muy importante de la
historia de la colonia más importante (la India) al no hacer referencia a las grandes
hambrunas y abusos que sucedieron en buena parte del imperio. Parece sorprendente
que Hobsbawm no trate este tema, ya que esas consecuencias nefastas fueron debidas al
mal uso del capitalismo y libre mercado, parte de la historia que el autor sin duda
trabajó profundamente y que podría haber aprovechado para tratar el tema en la India.

Como mencionábamos, en la mayoría de estudios acerca del imperio, y sobre todo sobre
la era victoriana, es común encontrar las consecuencias positivas del colonialismo
británico, pero no son tan claros en cuanto a relatar acontecimientos negativos (aparte
de las guerras que sí quedan reflejadas y son estudiadas). Por este motivo se ha
considerado necesario en este trabajo emplear las obras de Schama, Auge y caída del
imperio británico, 1776-2000 y de Mike Davis que con su obra de “microhistoria”.
2. Origen del Imperio colonial victoriano (ss. XVI-XVII)

Los ingleses se habían convertido en los dueños de los mares desde que el Imperio
español comenzó a estar en declive, hecho que les permitió extender su libre comercio a
lugares realmente exóticos y lejanos a la metrópoli británica. Inglaterra y su naciente
imperio se fundamentaba en el poderío económico se encontraba inmersa además en una
situación revolucionaria, mezclando las innovaciones y mercancías traídas del exterior
con aquellos cambios innovadores que poco a poco fueron cambiando la vida y la
Historia de Gran Bretaña. Esas pequeñas variaciones como decíamos no fueron
meramente políticas, sino que las costumbres de los habitantes de las islas comenzaron a
transformarse también; escribió Defoe ya en 1725 en The Complete English
Tradesman:

El consumo de azúcar por persona por ejemplo era diez veces mayor que en Francia,
teniendo los ingleses un ansia por los productos importados mayor que cualquier otra
potencia europea a finales del s. XVIII. En esa época el té bajó su precio y aumentaron
suficiente sus importaciones como para convertirlo en algo de consumo de masas, el
cultivo de tabaco aumentó de manera exponencial y sus precios consecuentemente
bajaron a partir de 1660, haciendo que en 1690 el tabaco se hubiera convertido en una
moda muy popular de tal forma que incluso un labrador tenía una pipa.6

Estas drogas generaron cambios en la economía y en el estilo de vida inglés, ya que


como acabamos de ver fueron productos estimulantes consumidos por un gran
porcentaje de la población.
entre sus lugares de origen y Europa, especialmente el norte del continente, aunque con
aranceles diferentes para los productos, como los más baratos aranceles del té frente al
café que ayudaron a que floreciera más esa industria en las islas británicas, haciendo así
que la bebida nacional preferida fuese el té.

De la India se traía su exquisito algodón, así como las sedas estampadas (que causaron
furor), con una provechosa ventaja, su mercado e importación eran casi inagotables. Se
cambiaba metálico por esos productos en la India, iniciándose la globalización, pero
para llegar allí habían de recorrerse 19.000 km y evitar los peligros del viaje como lo
eran fenómenos naturales, piratas y peor aún, barcos de otras naciones que armados con
cañones pretendían explotar el mismo mercado. En principio se estableció un
monopolio sobre el comercio de las Indias Orientales en pos de organizaciones
aprobadas por la monarquía inglesa, pero tras las guerras con Holanda contrabandistas
como Thomas Pitt (quien a partir de entonces creó una dinastía) comenzaron a hacer
negocio personal del comercio de las Indias Orientales, enriqueciéndose en gran
manera.

Solo con el consentimiento del Gran Mogol y sus vasallos podían comerciar los
integrantes de la Compañía de las Indias Orientales.

Inglaterra seguía luchando en el s. XVIII por su supremacía global con Francia, ya que
Holanda (otro de los grandes dueños de los mares y sus islas) buscaba comercio. Esta
competición-batalla con su Estado vecino y enemigo acérrimo perduró hasta 1763, con
la Guerra de los Siete Años en la que la India cayó finalmente en manos británicas,
pasando a ser la joya de la Corona. Fueron aprovechando problemas intestinos del
subcontinente para sacar partido y poco a poco adquirieron territorios pactando con sus
líderes locales (como ya se había estado haciendo desde hacía casi un siglo). El Gran
Mogol les cedió el control de parte de la administración a la Compañía de las Indias
Orientales, permitiéndoseles cobrar el diwani, recaudando así los impuestos de cerca de
veinte millones de personas, los habitantes de Bengala, Bihar y [Link] esta manera
vemos que los británicos pasaron de piratas a gobernantes; aunque su objetivo fue
siempre el de obtener capital para enviar a Gran Bretaña (el famoso “drenaje” de capital
de la India a la metrópoli) siendo una de las maneras de hacerlo el envío de diamantes.
Decía Gholam Hossein Khan acerca del “drenaje”:

Los británicos acusados de este “drenaje” se enfrentaban a una situación compleja, la de


tratar de realizar una mezcla, o por lo menos una liviana aproximación de dos culturas y
sociedades de dos civilizaciones tan distintas como la británica y la india. El emperador
Shah Alam II, a través de quien los colonizadores consiguieron cierta autoridad
acordaron que debían gobernar sus nuevas posesiones “de acuerdo con las normas de
Mahoma y las leyes del imperio.”

Pero con la llegada del s. XIX la tecnología comenzó a aparecer como elemento
diferenciador entre aquellas naciones y sociedades a la vanguardia y las situadas en la
cola; la reina Victoria estaba de acuerdo en realizar cambios si es que ello suponía un
avance, y no tuvo miedo en impulsar el desarrollo de tanto elementos mecánicos como
de nuevas posturas y formas de actuar en las colonias. En la época victoriana de la que
vamos a hablar a continuación el significado de los términos cambiaron, dejando de ser
la industria una amenaza y pasando a ser un método de ahorro de mano de obra, siendo
también las máquinas ahora un medio de acortar distancias y tiempo, de conexión entre
la metrópoli y las colonias; estos recursos debían de unir a los británicos que durante
tanto tiempo habían estado separados por la geografía y las clases sociales.12

Fue bajo el reinado de Victoria que las colonias volvieron a adquirir el peso que habían
tenido el Perú o la Nueva España para la Corona española del s. XVI, puede que si no
tanto económico, sí político, ya que fueron estas las que indujeron a la aparición y
consolidación del imperialismo, que según Hobsbawm era la “consecuencia natural de
una economía basada en la rivalidad de varias economías industriales competidoras.
[…] Las colonias podían constituir simplemente bases adecuadas o puntos avanzados
para la penetración económica regional.”13 Resultaron ser además los lugares idóneos
para promoción política, puesto que la adquisición de colonias brindaba de cierto status
para aquellos que lo conseguían14, y como veremos en los siguientes apartados, llegaron
a ser en algunos casos los escenarios idóneos para practicar experimentos sociales y
económicos, en ocasiones con consecuencias positivas, y en otras nefastas.
3. La India: de colonia británica a motivo imperial

3.1. La India durante el periodo de gobierno de la Compañía de las Indias


Orientales (1773 – 1858)

La India era la “joya de la Corona” para los británicos, constituía la pieza esencial de su
estrategia global, precisamente por su gran peso en economía. Para mediados del s. XIX
el control del subcontinente asiático ya será realmente considerable, y mediante la
conquista de territorios como Beluchistán y Birmania se consiguió frenar el
expansionismo ruso y francés, respectivamente. Entre el 40-45 % de las exportaciones
de las islas iban dirigidas a la enorme colonia asiática, además, la balanza de pagos del
Reino Unido dependía para su equilibrio de los pagos de la India. Esta colonia resultaba
de tal peso que hubo algunos historiadores que incluso justificaron el resto de colonias
británicas en África como mera herramienta de protección de las vías marítimas de
transporte (Egipto, Oriente Medio, el mar Rojo, el golfo Pérsico y el sur de Arabia,
además del Cabo de Buena Esperanza o Singapur, constituyendo estas dos la ruta larga),
y aunque no resulte del todo cierta esta afirmación, sí resultó de influencia relativa el
transporte y comercio con la India para posicionarse en África.

Ya desde 1599 había presencia británica en la zona de la India intentando acabar con el
monopolio holandés de comercio de especias, pero como mencionábamos previamente,
no fue hasta 1763 que los británicos consiguieron casi el control total del subcontinente
asiático con el Tratado de París, y como hemos venido observando, aunque el control y
establecimiento de la India no fuera el objetivo inicial, debido a sus grandes riquezas
materiales y demográficas (ya que la casi inagotable y barata mano de obra resultaba
algo realmente atractivo) la India se convirtió en la colonia más importante para Gran
Bretaña. No consta que la economía de las clases bajas tuviera notorias mejoras, pero es
cierto que para la aristocracia y clases dominantes resultaba mucho más fácil obtener
votantes ofreciendo gloria traída por la conquista de territorios exóticos y razas de piel
oscura en lugar de aplicar reformas costosas. Vemos por tanto que el imperialismo
sirvió para estimular a las masas, y no solo británicas, sino también entre los propios
indios, aunque claramente no a todos ellos, pues como veremos más adelante la
hambruna nunca había sido tan acusada como lo fue durante el s. XIX en la India. Como
explica Mike Davis en su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía el ingreso
per cápita en la India no aumentó durante el periodo entre 1757 y 1947, sino que fue al
contrario, disminuyendo probablemente más del cincuenta por ciento, causando poco a
poco una mayor inseguridad alimenticia entre la población autóctona, cayendo su
esperanza de vida hasta un veinte por ciento.

La India había estado dirigida desde 1599 por la Compañía de las Indias Orientales, que
en origen era una mera compañía más, aunque con una diferencia importante, había
recibido un Carta Real que le otorgaba el comercio exclusivo de la India; con el paso de
los años fue cobrando más y más peso, hasta convertirse en controladores de más de un
tercio del comercio mundial.19 Esta compañía ejercía dominio militar y administrativo
del subcontinente asiático, así como de sus rededores, y ejercieron hasta mediados del s.
XIX como auténticos gobernantes de la India, pareciéndose cada vez más a un Estado y
no a una firma.

Hasta 1813 la India y sus culturas habían permanecido relativamente aisladas de


culturizaciones o evangelizaciones externas, lo que había contribuido al equilibrio entre
nativos y británicos, teniendo ambos una convivencia pacífica y enriquecedora, pero a
partir del año mencionado los integrantes de la Secta de Clapham (quienes ya habían
conseguido la abolición de la esclavitud, y entre los que se encontraba Macaulay)
presionaron al Parlamento y consiguieron la apertura de la India para la evangelización
cristiana. Este hecho puede no parecer relevante en nuestro estudio, pero lo cierto es que
con el envío de misioneros llegaron también ideas exclusivistas, de superioridad o
inferioridad de las personas según sus creencias, y la intención de imponer nuevas
creencias y costumbres en una sociedad altamente ligada a sus diferentes credos.
Hablando del capitalismo Hobsbawm decía que era imposible separar la política y la
economía en una sociedad capitalista, igual que lo es separar religión y sociedad en una
comunidad islámica20, pues esa era la situación en la India, donde tanto el hinduismo
como el islam condicionaban a la comunidad y su estabilidad, orden que sería alterado
con la implantación de nuevos hábitos y modos de vida, detalles que a simple vista
pueden resultar insignificantes, pero que como veremos conllevaron grandes e
importantes consecuencias. Un ejemplo sería lo ocurrido en Vellore en 1806, donde
ocurrieron revueltas por parte de una facción del ejército indio debido a un cambio de
las normas de vestimenta y apariencia, que entre otras cosas se les obligaba a afeitarse.

Los misioneros llegados a la india trajeron consigo la mentalidad “anglicanista”, según


la que todas las costumbres y prácticas indias eran “repugnantes” y debían ser
anglicanizados; también debían aportar los británicos cambios que tendieran al
liberalismo, ya que según John Stuart Mill, Gran Bretaña era el país que mejor
representaba la libertad, y el más adecuado para implantarla en la India (incluyendo esto
cambios en industria, tenencia de tierra, introducción de capital extranjero…). 21 Como
vemos el planteamiento liberal que imperaba entre los pensadores británicos de la época
quedaba muy ligado a la economía y a la propiedad de la tierra; este diferente reparto
realmente se llevó a cabo posteriormente, aunque no de manera repentina ni como se
habría esperado. Primero el Gobierno y compañías privadas comenzaron a comprar
campos para el cultivo de algodón y té mayormente, reduciéndose la producción
alimenticia, ya que los campos donde antes se plantaba mijo (alimento para los
autóctonos) ahora se plantaba algodón y té, además ocupando los suelos más fértiles;
otros agricultores cultivaban arroz, opio e índigo, pero para exportación. Como
consecuencia de esto el volumen de alimentos recolectados disminuyó, aumentando los
precios; hubo quienes pasaron a plantar trigo, pero su precio quedaba regulado desde
Mánchester, no desde la India; los agricultores comenzaron a endeudarse para intentar
comprar alimento, perdiendo así sus tierras y convirtiéndose en jornaleros. A su vez,
durante el s. XIX prácticamente desaparecieron los antiguos métodos de subsistencia
aldeana, en la que los pequeños comercios podían abastecer (aunque fuera
mínimamente) a la población inmediata en épocas de escasez,23 mientras que ahora bajo
el control británico, ante la falta de alimentos se aplicaron las teorías maltusiana y social
darwinista, no había que alimentar a los pobres y necesitados.

Pero no siempre los cambios que se pretendían imponer eran negativos, ya que se quería
acabar también con aquellas “costumbres” que fueran contrarias a lo que se consideraba
civilizado (o contra los derechos humanos, como diríamos actualmente). Había tres
grandes costumbres indias tradicionales que fueron las que los misioneros aborrecían
especialmente e intentaban cambiar: “Una era el infanticidio femenino, que era común
en zonas de la India noroccidental. Otra era el thagi […] culto de los sacerdotes
asesinos, de quienes se decía que estrangulaban a viajeros desprevenidos en los caminos
indios. La tercera, la que los victorianos detestaban más, era el sati (o sutee): el acto de
autoinmolación que realizaba una viuda hindú al quemarse viva en la pira funeraria de
su esposo.”24

No fue hasta 1836 que el magistrado de Azangarath dio los primeros pasos para detener
el infanticidio femenino, y en 1839 se persuadió al maharajá de Marwar para aprobar
una ley prohibiendo esta práctica. Con respecto a los thagis no se tiene tan claro que
fuera algo común, mientras que lo que sí que parece más evidente fue el aumento del
bandolerismo, que algunos británicos relacionaron erróneamente con el thagi, aunque es
cierto que algunos de los acusados de este fenómeno habían asesinado a sangre fría y
sin remordimientos.

Por otro lado el sati si era un problema real, ya que a pesar de no estar generalizado,
entre 1813 y 1825 hizo que 7.941 mujeres murieran quemadas en las piras funerarias de
sus esposos; hay casos documentados en los que la viuda conseguía escapar del fuego
pero se la obligó a volver a él. En origen era una costumbre realizada mayormente entre
las castas altas como símbolo de lealtad de la mujer, pero pronto pasó a llevarse a cabo
ente los estratos más bajos para así librarse del problema de que familiares tuvieran que
mantener a una viuda sin recursos. Esta práctica continuó a pesar de la oposición a su
realización por eminencias y sabios indios, quienes alegaban que esta acción “era
incompatible con la ley hindú.” La secta de Clapham dirigió una campaña por medio de
discursos e informes en el Parlamento, consiguiendo en 1829 que se prohibiera el sati.

Seguía habiendo debate entre orientalistas y anglicanistas, siendo estos últimos


Estos cipayos no se convertían en guerreros por falta de otras ocupaciones, sino que
consideraban su condición de guerreros estrechamente ligada a su fe religiosa, de hecho,
antes de cada batalla los cipayos hindúes realizaban sacrificios a la diosa Kali, diosa de
la destrucción, lo que hacía que el resultado de sus batallas fuera incierto y peligroso si
la diosa dejaba que se sembrara el caos. Al estar su acción tan ligada al credo cualquier
alteración en su práctica religiosa podía causar motines, como ya había ocurrido en
1806 en Vellore.

En 1857 ocurrió algo semejante al caso que acabamos de mencionar, solo que esta vez a
una escala mayor; esta revuelta y enfrentamiento es conocida como la Rebelión de los
Cipayos, y se debió a que los nuevos cartuchos del ejército estaban lubricados con grasa
animal, y los soldados habían de sacar las puntas con un mordisco. Tanto musulmanes
como hindúes reusaron hacer esto por miedo a que fuera grasa vacuna o porcina y
fueran a cometer sacrilegio al hacerlo, lo que hizo que fueran encarcelados por
insubordinación; muchos cipayos vieron esto también como un modo de protesta abierta
por las dificultades de promoción que se les presentaban en la carrera militar británica y
frente al intento de cristianización de la India. Lo cierto es que esta rebelión por sus
magnitudes y características realmente fue una guerra, con sitios como el de Cawnpore
y batallas como Lucknow o Delhi.

Desde Inglaterra se empeñaron en ilustrar la rebelión de los cipayos, conocida por


muchos como la “primera guerra de independencia india”, como una guerra entre negros
y blancos, aunque esto distaba de la realidad, ya que gran parte del ejército británico
siguió teniendo entre sus filas numerosos indios que no se habían sublevado y
permanecieron leales, sobre todo gurkas y sijs. Aquellos que habían gobernado la India
habían advertido de las consecuencias negativas que la evangelización cristiana podría
desatar, y los misioneros en esta situación contrariamente a lo que se puede pensar
pasaron a instigar la violencia, venganza y represión hacia hindúes y musulmanes.
Circularon muchas historias de atrocidades llevadas a cabo por ambas partes, y aunque
es difícil comprobar si todas son ciertas, lo que resulta verídico es que ocurrieron
muchas barbaridades como violaciones, ahorcamientos y hasta descuartizaciones. Desde
la metrópoli inglesa solo veían lo malo en los actos de los rebeldes, pero llegaban
incluso a justificar las durezas británicas; creían que era debido a la falta de
cristianización lo que hacía a los rebeldes
tan violentos, sin llegar realmente a entender que había sido ese mismo intento de
imposición religiosa lo que había llevado a esa situación. Es cierto que algunos rebeldes
musulmanes acudieron al último Gran Mogol (que ahora solo era rey de Delhi) y que
llamó a la guerra santa, pero puede que motivos de más peso todavía fueran que los
británicos imponían excesivos impuestos sobre los zamindares (terratenientes locales
que a la vez recaudaban impuestos, en quienes se basaba el dominio mogol y
británico)28 y de excluir a los mercaderes indios del comercio y de monopolizar los
cargos de dignidad y los monumentos. Con la Rebelión de los Cipayos hasta la reina
comenzó a cobrar interés por los sucesos y por lo que acontecía en la India.

Hemos de recordar que fue alrededor de esta época cuando las teorías maltusianas y el
social darwinismo comenzaban a ganar peso entre las ideologías de la población
europea de la segunda mitad del s. XIX, se practicaron políticas alimenticias y de
trabajo tales que nos recuerdan a las de los campos de concentración nazis… Una vez
hubo terminado la guerra, no habiendo aprendido la lección, sino más bien lo contrario,
la Sociedad Misionera de Londres reforzó su planteamiento de la necesidad de una
mayor cristianización (apoyados por Livingstone que se encontraba en Cambridge
dando una conferencia) y se volvió a mandar un nuevo grupo de misioneros a la India.

Respecto al poderío militar, un tercio de la flota de la Royal Navy estaba situada en las
proximidades de Gran Bretaña y el Mediterráneo con propósito defensivo, mientras que
el grueso de su ejército y resto de la flota se encontraban en su mayoría en la India,
donde el número de soldados indios había disminuido después de la revuelta de los
cipayos, pero cuyos números seguían siendo de aproximadamente dos tercios del total
de los soldados.30 El número de británicos en la India no fue mayor por ser estos muy
vulnerables a las enfermedades tropicales, hecho que obligó a que el ejército imperial
británico siguiera estando formado en su mayoría por cipayos; resulta interesante
mencionar que ese ejército formado en gran medida por indios no fue solo empleado en
la India, sino que lucharon en lugares tales como China, Uganda o lo que actualmente
comprende Afganistán.31

Conforme la India iba cobrando más peso específico se intentaron reducir las distancias,
no solo con respecto a la metrópoli, sino también dentro de la propia colonia, aunque
inicialmente las innovaciones tecnológicas fueron introducidas por compañías privadas,
con el tiempo el imperio fue descubriendo sus ventajas y cubriendo sus gastos. Se
conectó la India con Londres por medio de cables submarinos de telégrafo, y para 1880
ya conectaban Gran Bretaña además con Australia, Canadá y África; se implementó la
inversión en barcos de vapor y ferrocarriles, tecnologías que junto con la
industrialización ya habían colocado a Gran Bretaña en superioridad con respecto al
resto del continente

28
FERGUSON, Niall, ob. cit., p. 189.
29
Ibídem, p. 194.
30
Era importante también el número de soldados irlandeses que formaban el ejército británico.
31
A pesar de la potencia militar que resultaba el Imperio británico había otro imperio en busca del control
del continente asiático, el imperio ruso, y el territorio afgano estaba en disputa; gracias al arduo trabajo de
los topógrafos de la época, quienes al estudiar territorios hostiles y fronterizos arriesgaban su vida, cada
vez se tenía un mayor conocimiento del territorio que formaba el imperio, y se pudieron así delimitar
fronteras entre “el oso y el león” (como las caricaturas del Punch solían presentar a los imperios ruso y
británico respectivamente) que luchaban por dominar el territorio de Afganistán.
desde 1830, contribuyendo al aumento de una burguesía de negocios que buscaba
riquezas en las colonias.32

La primera vía en la India fue puesta entre Bombay y Thane (33,6 km de distancia)
inaugurada oficialmente en 1853, y en 50 años ya se habían tendido vías por más de
38.400 km. Esta innovación en el transporte fue de las primeras realmente asequibles
para la población india, suponiendo una “revolución” en el subcontinente; no fue solo
por generosidad que se llevó a cabo este titánico proyecto, sino que las miles de
máquinas locomotoras eran fabricadas en Gran Bretaña, lo que incrementó el mercado
internacional y el colonial por las mejoras en transporte.33 Estas máquinas podrían haber
resultado útiles no solo para el transporte de pasajeros, sino para evitar la muerte de
millones de indios durante las hambrunas, ya que como dijo Ulises S. Grant (quien fue
presidente de Estados Unidos) en territorios tan bastos como los de China o India las
malas cosechas no podían ser generalizadas, y por medio de los ferrocarriles se podrían
haber transportado alimentos de una zona a otra para reducir los mortales efectos de las
malas cosechas,34 pero en lugar de eso los alimentos como el arroz fueron trasladados a
depósitos centrales tanto para almacenamiento como para protegerlos de los
amotinados.35

3.2. El Raj británico victoriano (1858 – 1901)

Como se había mencionado previamente, tras la rebelión de los cipayos la India se había
sacudido, y el gobierno británico en ese territorio una vez terminados los
enfrentamientos y revueltas supo aprender de sus errores pasados y cambiaron algunas
de las formas de dominio sobre los indios, aunque en muchos casos esas variaciones en
el gobierno fueron un mero cambio de etiqueta, ya que, por ejemplo, el gobernador
ahora pasaría a ser el virrey. “En teoría ahora la autoridad suprema recaía en el
secretario de Estado para la India en Londres, asesorado por el Consejo de la India (una
combinación de la vieja junta de directores y la junta de control). Pero el supuesto era
que el gobierno de la India [debía] ser, en su conjunto, realizado en la misma India” 36.
La reina además proclamó en 1858 que no habría más intromisiones entre los británicos
y las costumbres nativas, y que además habría igualdad en cuanto a los nombramientos
entre europeos y nativos; el gobierno británico había prometido además la llegada de
tiempos mejores a cambio de lealtad, pero lo cierto es que década tras década llegaban
hambrunas que asolaban alguna región.37 Tras el fin de la Compañía de las Indias
Orientales la India siguió siendo parte de un territorio dominado por los británicos de
manera despótica y era evidente que

32
DE LA TORRE DEL RÍO, Rosario, La Inglaterra victoriana: política y sociedad. Cuadernos de
Historia, 34. Arco Libros S. L. Madrid, 1997.
33
FERGUSON, Niall. El imperio británico: cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial. Traducción de
Magdalena Chocano. Ed. Debate, Barcelona, 2005, p. 211.
34
DAVIS, Mike, Los holocaustos de la era victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del
Tercer Mundo. Publications de la Universitat de Valencia, Valencia, 2006, p.17.
35
Ibídem, p. 40.
36
FERGUSON, Niall. El imperio británico: cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial. Traducción de
Magdalena Chocano. Ed. Debate, Barcelona, 2005, p. 221.
37
SCHAMA, Simon. Auge y caída del imperio británico, 1776-2000. Crítica S. L., Barcelona, 2004, p.
323.
aunque se había conseguido superar la rebelión de 1857, si no se llevaban a cabo
cambios volvería a suceder algo semejante.

Como consecuencia se pasó a gobernar con “puño de hierro”, y un ejemplo de ello


puede ser visto en la reforma de la ciudad de Lucknow por Napier, donde casas fueron
tiradas para ensanchar las calles y hacerlas más fáciles de controlar para las tropas; se
construyeron viviendas de doble funcionalidad, pudiendo ser utilizadas como fuerte
defensivo si fuera necesario.

A pesar del incremento de la dureza también se dio el otro lado de la moneda con la
administración civil (Estado Civil Indio) que se encargó de administrar justicia y lidiar
con innumerables problemas y crisis locales tales como conflictos sobre puentes
derruidos o hasta hambrunas declaradas. Según Ferguson los funcionarios civiles fueron
quienes mantuvieron unido el Raj,38 puesto que el virrey y el gobierno se desplazaban
lejos de sus súbditos seis o siete meses al año al norte de la India, a Simla, ciudad al pie
de las montañas que les servía para refugiarse del calor infernal del verano de las
llanuras.

El Estado Civil Indio que entre 1858 y 1947 rara vez superó los mil funcionarios estaba
formado por empleados que casi podríamos tildar de los componentes de la burocracia
más eficiente de la historia, ya que en teoría un funcionario civil británico podía tener
que llegar a hacerse cargo de hasta tres millones de indios; Según Rudyard Kipling
“[año tras año funcionarios del Servicio Público Indio] mueren o se matan por exceso de
trabajo; o se preocupan hasta enfermarse o perder toda esperanza, de que el país esté
protegido de la muerte, la enfermedad, la hambruna y la guerra, y finalmente pueda ser
capaz de emanciparse”.39 La verdad es que estos funcionarios tenían ante sí un gran
desafío, puesto que el Gobierno británico no “derrochaba” tanto esfuerzo por salvar
vidas como hacían ellos, ya que (por citar uno de los numerosos ejemplos) destinaba
menos de un 2 % del presupuesto colonial a agricultura y educación, y apenas un 4 % a
obras públicas, mientras que se destinaba un tercio al ejército y policía.40

Es incuestionable el peso del trabajo que llevaban a cabo los funcionarios de Servicio
Civil Indio, pero por debajo de ellos hemos de recordar un “ejército” burocrático
formado por nativos como encargados del telégrafo e interventores. En 1867 había cerca
de trece mil trabajadores indios dedicados al sector público, por lo que algunos
sostienen que los británicos en realidad simplemente sustituyeron a los líderes nativos
que había en origen en la India; de hecho, muchos territorios mantuvieron su oligarquía
original (vigilados de cerca por encargados británicos por supuesto), haciendo estos
líderes indios de títeres al servicio del imperio británico. A pesar de ello, estos pequeños
cambios introducidos por los británicos sí sirvieron para la mejora individual de muchos
indios que pudieron conseguir un mejor desarrollo académico y emular y poner en
práctica los métodos de trabajo burocráticos imperiales, individuos que más adelante
pasarían a formar parte de aquellos reivindicadores de la independencia de la India.

38
FERGUSON, Niall. El imperio británico: cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial. Traducción de
Magdalena Chocano. Ed. Debate, Barcelona, 2005, p. 226.
39
Ibídem, p. 227.
40
DAVIS, Mike, Los holocaustos de la era victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del
Tercer Mundo. Publications de la Universitat de Valencia, Valencia, 2006, p. 362.
En esa creciente clase media-alta pro-británica se basaba el éxito imperial de la mano
con la educación; ya en 1817 se fundó un Hindu College en Calcuta siendo los bengalíes
prósperos quienes mostraron mayor interés; en la década de 1870 había seis mil indios
matriculados en educación superior y doscientos mil en institutos secundarios
anglófonos. Lo cierto es que es una cantidad minúscula si la comparamos con el número
de millones de habitantes que tenía la India. De cualquier modo, estaba claro que el
imperio en la India dependía de la colaboración de esa élite nativa, élite a la que muchos
colonos se negaban a tratar de igual a igual, a pesar de que algunos de ellos incluso
llegaron al S.C.I., lo que ponía al imperio entre la espada y la pared; debían decidir qué
postura tomar, si llevar a cabo un apartheid, o trabajar mano a mano con los indios y
conseguir así un mutuo desarrollo y beneficio.

El dilema que acabamos de mencionar nos deriva hacia otro tema que es vitalmente
importante estudiar de la historia de las colonias, esto es el problema racial; había en
Londres un grupo de liberalistas de centro que sostenían la igualdad ante la ley, sin
importar el color de la piel. Este sector estaba directamente enfrentado con aquellos que
defendían el racismo, colonos que decían que desde Londres no eran capaces de
entender verdaderamente la situación de las colonias. En la década de 1860 la raza se
estaba convirtiendo en un problema en todas las colonias británicas, desde Jamaica,
pasando por las colonias africanas hasta la India.

Los cambios en la economía india eran evidentes, los británicos estaban decididos a
convertirla en el territorio líder en producción textil combinando la tecnología traída de
la metrópoli con la barata mano de obra de que disponían allí. Para entender el problema
del racismo hemos de hablar de grandes hombres de negocios como Hugh Maxwell,
quien veía una amenaza en la emergente clase alta india educada, y en los arrendadores
en el campo que comenzaron a enriquecerse gracias el empobrecimiento de la
población,41 ya que ¿por qué no iban a poder ser ellos los nuevos grandes comerciantes
y terratenientes en lugar de su familia? Al verse amenazado por otro grupo étnico se
generaba el desprecio, lo que condujo a un más arraigado racismo que intentaba
desechar y marginar a esos otros grupos. No fue solo este el caso en el sector industrial,
ya que gracias al cambio de virrey en la India, llegaban al subcontinente asiático
cambios de carácter político que causarían grandes revueltas.42
3.2.1. Los años del hambre (1876 - 1902)

El racismo fue una característica intrínseca del imperialismo británico, o por lo menos
de una gran parte de sus dirigentes, lo que les condujo a adoptar posturas de indiferencia
ante las circunstancias adversas por las que estaba pasando la población en la India.
Durante el último tercio del s. XIX el subcontinente asiático sufrió ciclos en los que no

41
DAVIS, Mike, Los holocaustos de la era victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del
Tercer Mundo. Publications de la Universitat de Valencia, Valencia, 2006, p. 356-357.
42
Lord Salisbury, quien llegaría a ser primer ministro, dijo en 1898 que “por necesidades políticas o bajo
presiones filantrópicas, las naciones vivas se irán apropiando gradualmente de los territorios moribundos
y surgirán rápidamente las semillas y las causas del conflicto entre las naciones civilizadas.” Royal Albert
Hall, 4 de mayo de 1898 (The Times, 5 de mayo de 1898). Sobre su idea de imperialismo. (En FUENTE,
Mª J. y otros, Documentos históricos. Madrid, Ediciones Didascalia, 1991, pp. 89-90).
llegó el monzón como debería (1876-79, 1889-91 y 1896-1902)43, causando malas
cosechas y otra serie de terribles consecuencias que llegaron acompañadas de un nuevo
virrey, Lord Lytton, cuyos dictámenes resultaron tan mortíferos como la ausencia de las
lluvias monzónicas.

El nuevo virrey llegó a su posición en 1876, año en el que la sequía comenzó a azotar el
sur de la India, lo que no significaba que la hambruna hubiera de ser inminente, ya que
previamente en 1873 lord Salisbury había convencido a sir Richard Temple de importar
arroz de Birmania para paliar la escasez de alimentos causada por la sequía en Bengala
y Bihar, y así evitar la muerte de millones de personas, creando también puesto de
trabajo como forma de auxilio y estableciendo una distribución gratuita de alimentos. 44
Esto demostraba que el desastre de una hambruna masificada era evitable si el gobierno
tomaba las medidas necesarias para ello; tristemente no fue el caso, sino que más bien
ocurrió lo contrario, pues aunque parezca ironía, la acción de Temple que salvó tantas
vidas fue criticada, ya que hubo quienes consideraron la medida como una interferencia
con el libre mercado, y Lytton fue uno de ellos.45

El virrey consideraba sus decisiones basadas en las ideas de Adam Smith, quien había
afirmado que “el hambre no aparece más que por la violencia de los Gobiernos cuando
intentan, con medios inapropiados, remediar lo inconveniente de la escasez” 46 y apelaba
Lytton que los mercados se regularían solos. Este pensaba (o por lo menos eso decía)
que la población india estaba muriendo de hambre debido a que se reproducían
desmedidamente, a un ritmo altamente superior al del aumento de los alimentos, y que
la mortandad era una forma de regulación “natural”; por si esto no fuera poco, añadía
también que si se auxiliara a los pobres, estos pasarían a ser dependientes del gobierno,
y el número de habitantes en penuria aumentaría.47

Lytton que había sido llamado a su cargo por Disraeli (pensando en lo vistoso y
pomposo que podía llegar a realizar el durbar de 1877 en el que se proclamaría a la
reina Victoria emperatriz de la India, Kaiser-i-Hind) ahora estaba demostrando su
imaginación y personalidad peculiar por medio de sus medidas maltusianas, y
derrochando dinero y comida en un festejo sin precedentes mientras millones de indios
padecían de desnutrición aguda. Consciente de que Temple tenía un ardiente deseo de
enmendar su “error” de Bengala, lo envió como delegado a supervisar la hambruna a
Madrás y Mysore, donde habría de acabar con las medidas excesivamente
“derrochadoras” que estaban llevando a cabo sus respectivos gobernadores. Ese mismo
año se establecieron medidas terribles que hicieron que el hambre y la mortandad se
elevaran, tales como reducir las porciones de arroz para los trabajadores, porciones que
ya eran escasas: 600 gramos de arroz y una pequeña cantidad de dahl (carne o algún tipo
de proteína) pasándose a dar con el “salario Temple” 400 gramos de arroz sin dahl,
siendo menores las raciones que en un campo de

43
DAVIS, Mike, Los holocaustos de la era victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del
Tercer Mundo. Publications de la Universitat de Valencia, Valencia, 2006, p. 18.
44
DAVIS, Mike, ob. cit., p. 51.
45
SCHAMA, Simon. Auge y caída del imperio británico, 1776-2000. Crítica S. L., Barcelona, 2004, p.
324.
46
Adam Smith, An Inquiry into de Nature and Causes of the Wealth of Nations (1776), quinta edición,
Lndres, 1930, pp. 27-8. Citado en: DAVIS, M., ob. cit. p. 44-45.
47
DAVIS, Mike, Los holocaustos de la era victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del
Tercer Mundo. Publications de la Universitat de Valencia, Valencia, 2006, p. 46.
concentración nazi. Además de esto, se prohibió dar subsidio a los adultos físicamente
aptos, y se decretó que no se diera nada a todos aquellos que vivieran a menos de quince
kilómetros de los campos de trabajo; por si esto no fuera poco, se estableció una Ley
Contra las Contribuciones Caritativas, prohibiendo bajo pena de prisión las donaciones
caritativas privadas, ya que podían interferir con la fijación del precio de los cereales
por parte del mercado 48 y entorpecían a los indios en su aprendizaje de valérselas por sí
solos.49

Para mayor paradoja, los años de hambruna de 1876 y 77 fueron en los que mayor
cantidad de trigo se exportó a Reino Unido, incluso doblándose el total de un año a otro,
lo que nos demuestra que a pesar de la falta de lluvia monzónica los alimentos no
escasearon en toda la India, y que esos millones de vidas podrían haberse salvado, ya
que no se trataba de una carestía de alimentos, sino de trabajo y de dinero para pagarlos.

En 1880 se nombró virrey a George Frederick Smuelson Robinson, conde de Grey y


marqués de Ripon, figura notoriamente progresista. A su llegada al poder en la India
había una gran diferencia entre las atribuciones de los magistrados británicos y los
jueces de los distritos rurales indios (los moffusil) y sus homólogos nativos.50 Hasta el
momento no estaba permitido a los indios llevar procesos de reos blancos en juicios
penales, lo que no era correcto a los ojos del nuevo virrey, por lo que ordenó a su
consejero legal, Courtenay Peregrine Ilbert la tarea de redactar una ley que cambiara
esta situación. Bajo la nueva ley los indios con preparación académica adecuada podrían
procesar a cualquier persona, sin importar el color de la piel, y aunque en la práctica
esto solo supuso que unos veinte magistrados indios pudieran ejercer, para muchos
británicos supuso un ataque tan grave que lo llamaron “la rebelión blanca”. Los
británicos apelaban que un indio nunca podía llegar a entender el comportamiento de un
inglés como para juzgarlo, lo consideraban como un ataque contra su libertad y
privilegios; mientras el virrey de Ripon veía esta situación como una oportunidad para
educar y ayudar en el progreso de los indios; los racistas blancos más radicales hablaban
del peligro de mezclarse con los nativos y riesgo de violaciones y violencia al dejar a
sus mujeres a solas con un indio. Resulta esto realmente irónico, pues muchos de los
que se quejaban tenían amantes de verano en Simla, y no solo eso, sino que desde 1888
había burdeles indios con licencia oficial para los soldados británicos. Para los indios
Ripon era un héroe, pero para los tories británicos conservadores no había palabras
buenas para describirlo; el nuevo virrey a pesar de sus intenciones nobles no tuvo la
fortaleza suficiente para enfrentarse al sector que lo desafiaba a él y a la ley Ilbert, por
lo que esta pronto perdió efectividad legal. No consiguió los resultados que esperaba,
pero desató algo mucho mayor que eso, a partir de entonces era una realidad que había
una separación entre dos grupos en el Raj, y esto contribuyó a desarrollar el
nacionalismo indio.

Como dijo el Indian Mirror:

Por primera vez en la historia moderna, hindúes, mahometanos, sijs, rajputs,


bengalíes, madrasíes, bombasíes, punjabis y purbias se han unido para adherirse a

48
DAVIS, Mike, ob. cit., p. 54-55.
49
SCHAMA, Simon. Auge y caída del imperio británico, 1776-2000. Crítica S. L., Barcelona, 2004, p.
324.
50
FERGUSON, Niall. El imperio británico: cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial. Traducción de
Magdalena Chocano. Ed. Debate, Barcelona, 2005, p. 241.
un conjunto constitucional. Razas y clases enteras, que nunca antes prestaron
atención a los asuntos del país, muestran ahora un celo y una preocupación que
equilibra con mucho su anterior apatía.51

Muchos británicos se imaginaban la India como un lugar exótico e inalterado (la misma
reina Victoria parecía querer tener esa idea), y esa era la manera en la que les gustaba
ver la India en la década de 1890. La realidad era verdaderamente distinta; poco a poco
el subcontinente asiático se iba industrializando y educando, llenándose de ferrocarriles,
tejedurías de algodón y en cierta medida emulando los aspectos europeos que éstos
conseguían implantar con éxito. Al mismo tiempo el escenario en la segunda mitad de la
década de 1890 era de hambruna total en las zonas rurales debido a la supresión repetida
de los monzones, acompañada de epidemias de malaria, disentería, peste bubónica,
viruela y cólera que acabaron con las vidas de más de seis millones de indios debilitados
por la falta de alimentos.52

La visión que los británicos tenían y que acabamos de mencionar resultó ir acompañada
de un viraje conservador en el gobierno, que bajo la dirección del marqués de Salisbury
nombró virrey de la India a George Nathaniel Curzon, quien no era ampliamente
apreciado y se decía tenía una personalidad insoportable. 53 Llegó a la India con el
emperador Constantino como referente, y pretendía cambiar la India y darle más peso al
feudalismo que todavía podía verse, enfatizando el poder de las jerarquías que seguían
existiendo, como habíamos mencionado previamente con los casos de los maharajás (a
quienes podemos referirnos como títeres bajo el control británico, que solo se dedicaban
a disfrutar de las comodidades y la caza, y tener un poder meramente nominal); esta
figura se convertiría en algo común por toda la India, de quienes solo se esperaba una
“lealtad servil” hacia el imperio.

Comenzó a llevarse a cabo algo parecido por todo el imperio cuando los británicos se
dieron cuenta de que con un número muy limitado de hombres podían gobernar las
colonias si meramente controlaban a los líderes locales, y los británicos controlarían los
recursos económicos; paradójicamente estaban volviendo a llevar a cabo lo que habían
practicado en origen en la Compañía de las Indias Orientales. Según Lord Curzon había
“un apetito voraz en la comunidad anglófona en todo el mundo de títulos y honores” 54;
parecía que se había conseguido su objetivo de jerarquizar más el imperio, volviendo a
lo que no sin muchos matices podríamos denominar feudalización. Además de estos
ideales, Curzon también creyó que había un incremento en gusto por la gran
arquitectura; se restauraron el Taj Mahal y Fatehpur Sikri y construyó el monumento a
la reina Victoria en Calcuta.55 Los métodos de publicidad que empleó para conseguir sus
deseos del cambio en la India condujeron a uno de los mayores despliegues de
pomposidad y color que podían imaginarse, el durbar de Delhi de 1903 que había de
superar en lujo al de

51
HIRSCHMANN, Edwin, “White Mutiny”: The Ilbert Bill Crisis in India and the Genesis of the Indian
National Congress, Nueva Delhi, 1980. Citado en: FERGUSON, Niall, ob. cit. p. 247.
52
DAVIS, Mike, Los holocaustos de la era victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del
Tercer Mundo. Publications de la Universitat de Valencia, Valencia, 2006, p. 18.
53
FERGUSON, Niall. El imperio británico: cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial. Traducción de
Magdalena Chocano. Ed. Debate, Barcelona, 2005, p. 249.
54
Ibídem, p. 253.
55
Gastando las rentas de la India que podrían haberse empleado para alimentar a la población que de nuevo
estaba sufriendo otro periodo de sequía.
1877; consistió en un gran desfile en el que participaron todos los maharajás montados
en sus elefantes y vistiendo sus mejores galas organizado para celebrar la coronación de
Eduardo VII. Este desfile pretendía presentar que era sobre estos personajes en quienes
reposaba el peso y mérito del control británico de la India, aunque la realidad es que ese
peso recaía sobre los abogados y funcionarios públicos que se habían estado formando,
quienes Curzon creía que eran una amenaza. Intencionalmente dividió la patria de los
babús (o señores) bengalíes, lo que sabía que indignaría el emergente movimiento
nacionalista, y realmente fue eso lo que sucedió, pero a una escala que no habría podido
imaginarse, ya que fue tan importante y violenta la revuelta que se generó que no había
habido una igual desde la rebelión de los cipayos.

Ahora las magnitudes eran terribles, y si la llamada primera guerra de independencia


India había sido liderada por soldados, este nuevo movimiento nacionalista lo
encabezaban algunos de los indios más preparados de la colonia, hombres tales como
Aurobindo Ghose o Pramathanath Mitra P. Mitra, abogado del Tribunal Supremo de
Calcuta. Estos hombres habían dirigido ataques terroristas incluso contra el mismo juez
del distrito que acabó con la vida de dos mujeres inglesas, y tras una serie de redadas
policiales fueron capturados. Estas personas pertenecían a la élite que habían educado
los propios británicos, una élite que había servido leal y eficazmente mientras se les
permitió ostentar cargos en el gobierno, o en el Cuerpo de Funcionarios Civiles de la
India, pero que con la llegada de Curzon y sus cambios políticos y sociales se habían
visto reemplazados por los inútiles maharajás. El virrey sabía que sin la India el imperio
británico pasaría a un segundo plano, pero no deseaba modernizarla, sino simplemente
modelar y transformar su forma de gobierno. Curzon había decidido escarmentar a los
rebeldes de una manera diferente de como se había hecho anteriormente, y fue
desplazando la sede de gobierno a Delhi, la antigua capital de los emperadores mogoles,
lo que le dio al cambio un peso simbólico que quería transmitir, una especie de retorno
al “señor feudal” que habitaría en su nuevo gran palacio construido en una nueva
ciudad, Nueva Delhi, pagada por los indios para el beneficio de los británicos. Dejó en
Bengala un gobierno casi completamente arruinado debido a las revueltas, huelgas y
boicots; abandonaba su puesto exhausto y con sensación de impotencia mientras se
escuchaban gritos de Bande mataram (“¡Viva la madre patria!”), el primer gran slogan
del movimiento nacionalista indio. Los siguientes virreyes serían recibidos con una
bomba, acabando con la vida de dos de ellos…56
A pesar de la buena imagen de la reina Victoria, durante el victorianismo tardío la
economía había dejado de crecer tan aceleradamente como lo había estado haciendo los
últimos años, y los gigantes emergentes de Alemania y Estados Unidos comenzaron a
hacer sombra al imperio británico, que no deceleró su economía más rápidamente
debido a que su flota seguía siendo la más potente del mundo.

Así es como comenzaba el fin del largo siglo XIX en la India, el imperio en su fase de
máxima expansión brindando una imagen externa de aparente serenidad, dominio y
control, pero con la realidad latente de la inestabilidad y creciente caos social,
demográfico y político aumentando en la colonia que constituía la joya de la corona y
que poco a poco fue dejando de tener el peso que había tenido para el imperio, ya que
aquellos
imperialistas que se modernizaron vieron la necesidad de volver a los movimientos pre-
victorianos, explorando nuevos mercados, y si fuera necesario, librando nuevas guerras.

4. Conclusiones

Al analizar los datos y hacer comparaciones de cómo vivía la población india antes del
establecimiento del dominio británico y cómo se encontraban a principios del s. XX
vemos que hubo una mejoría en la calidad de vida de las clases medias-altas, pero que
no fue así con la cada vez más desaparecida clase media, así como con los campesinos
humildes y pequeños artesanos que pudieron sobrevivir a las repetidas hambrunas.
Mejorar la calidad de vida de los indios no había sido el principal objetivo de los
colonizadores, sino más bien extraer el máximo provecho de la joya de la corona del
imperio, aunque sostiene Ferguson (puede que de manera excesivamente optimista) que
gracias a la inversión británica la situación general de la India había mejorado. La
superficie irrigada de la India se había multiplicado, pasando a estar irrigado de un cinco
a un veinticinco por ciento del territorio del Raj, aunque una gran cantidad de ese
incremento de las recolecciones jamás pasaría por manos indias, ya que sería
directamente enviado a Inglaterra o puesto en el mercado a precios inaccesibles; otro
tanto por ciento de esos terrenos mejor irrigados serían para plantación de opio o
algodón, productos que tampoco beneficiaban directamente a la economía general de la
población india que los cultivaba.

Es cierto que los británicos introdujeron la quinina para combatir la malaria, se llevaron
a cabo campañas de vacunación contra la viruela, y se mejoró en cierta manera el
suministro urbano de agua y estaban gobernados por una burocracia incorruptible como
era el Servicio Civil Indio, pero lo cierto es que la situación económica del indio medio
no había mejorado tanto como lo había hecho el producto interior bruto per cápita, que
había crecido en términos reales un 347 %, mientras que el PIB indio solo aumentó en
un 14%. La India se había industrializado, y los británicos habían invertido millones de
libras esterlinas en ello, aunque de nuevo no fue para la mejora y beneficio de la
población india, sino para cumplir con los objetivos económicos de los comerciantes.
Hemos visto también en el trabajo cómo el liberalismo económico y la regulación
“natural” de los mercados fue utilizada muchos como excusa para adoptar posiciones de
pasividad ante situaciones catastróficas, y les sirvieron para tomar decisiones que
afectaron negativamente a las vidas de millones de personas.

La era victoriana fue sin duda la de mayor auge de la Historia británica, y en ese margen
de setenta años se reunieron las condiciones para forjar el mayor imperio del mundo; “la
primacía técnica, la preeminencia industrial, financiera y comercial, la estabilidad
política e institucional, la paz civil y paz exterior, la superioridad marítima de su marina
de guerra y mercante, los recursos de su inmenso Imperio y el optimismo de una nación
en pleno dinamismo.”58 En ese periodo de tiempo en el que habían pasado dos
generaciones se había producido un cambio dramático y rápido en todos los campos,
desde los técnicos

57
FERGUSON, Niall. El imperio británico: cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial. Traducción de
Magdalena Chocano. Ed. Debate, Barcelona, 2005, p. 262.
58
DE LA TORRE DEL RÍO, Rosario, La Inglaterra victoriana: política y sociedad. Cuadernos de
Historia, 34. Arco Libros S. L. Madrid, 1997, p. 51.
hasta los sociales o morales; como dejó escrito J. Galsworthy tras la muerte de la
monarca: “Setenta y cuatro años que habían favorecido a la propiedad y que habían
formado la alta clase media, la habían apuntado, cincelado, pulido, hasta que casi fue
imposible distinguirla de la nobleza por sus modales, su moral, su lenguaje, su aspecto,
su indumentaria y su espíritu. Una época que había canonizado la hipocresía hasta tal
punto que parecer respetable era serlo. Una época, a cuya influencia transformadora no
había escapado nada, excepto la naturaleza del hombre y la naturaleza del universo.”59

Con la muerte de la reina Victoria acababa una época, que sobre los libros quedaría
reflejada como la más grandiosa y espléndida de la historia británica, y que como hemos
visto, tristemente constituyó también parte de un largo siglo diecinueve para la
población india que hubo de luchar no solo contra enemigos físicos, sino también contra
el clima y la hambruna. En definitiva, se ha preferido evadir los periodos y hechos
lúgubres del colonialismo en la India para poder así recordar la época victoriana y su
colonialismo como una época grandiosa de crecimiento, expansión, orden y
prosperidad, a pesar de que esto distaba en gran medida de la realidad.
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Liberales a la Primera Guerra Mundial, 4ª Edición, Ariel, Barcelona, 1999
ROGER, Louis (editor), The Oxford History of the British Empire (vol. 5) Oxford
University Press, 1999.
SCHAMA, Simon. Auge y caída del imperio británico, 1776-2000. Crítica S. L.,
Barcelona, 2004.
WESSELING, Henry L., Divide y vencerás. El reparto de África (1880-1914). Ediciones
Península, Barcelona, 1999.

5.1. Bibliografía recomendada:


HOBSBAWM, E. J., La era de la revolución, 1789-1848. Crítica, Buenos Aires, 2009.
HOBSON, J. A., Imperialism a study, James Pott Company, New York, 1902.
TISSERANT, Eugene, Eastern Christianity in India: A History of the Syro-Malabar
Church from the Earliest Time to the Present Day, Orient Longmans, London, 1957
WAKEFIELD, Edward Gibbon, (editor) A view of the art of colonization, with present
reference to the British Empire; in letters between a statesman and a colonialist. John
W. Parker, West Strand, London, 1949.

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