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Mictlán

El documento describe los nueve niveles o "infiernos" del Mictlán según la mitología mexica. Cada nivel tiene un nombre y un morador divino. Los muertos deben atravesar obstáculos como ríos, montañas, senderos de obsidiana y vientos para llegar al descanso final ante Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, los señores de la muerte en el noveno nivel.

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Mictlán

El documento describe los nueve niveles o "infiernos" del Mictlán según la mitología mexica. Cada nivel tiene un nombre y un morador divino. Los muertos deben atravesar obstáculos como ríos, montañas, senderos de obsidiana y vientos para llegar al descanso final ante Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, los señores de la muerte en el noveno nivel.

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Mictlán

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Los nueve niveles o "infiernos" del Mictlán, Códice Vaticano A1

Las nueve regiones del Mictlán o Chiconauhmictlán, hacen referencia al inframundo de la


mitología mexica. Es una cosmovisión de creencias nahuas referidas al espacio y al tiempo,
estructurando un universo en parcelas o regiones determinadas por unas fuerzas vivas. Su
creación se debe a los llamados "dioses creadores" (Xipetótec, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y
Huitzilopochtli).

Índice

1 Creación y parcelación

2 Rectoría

3 Universos

3.1 El Universo horizontal

3.2 El Universo vertical

4 Partes del Universo vertical

4.1 Tlaltícpac (la tierra)

4.2 Supramundo e inframundo

5 Referencias

6 Bibliografía

7 Véase también

Creación y parcelación

La mitología mexica narra que los "dioses primordiales" (Omecíhuatl y Ometecuhtli) tuvieron 4
hijos varones: los llamados "dioses creadores": (Xipetótec, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y
Huitzilopochtli). Estos heredaron el arte de la creación de sus padres a partir de su sustancia, y tras
600 años de inactividad dos de ellos (Tezcatlipoca y Quetzalcóatl) se encargaron de organizar al
universo, optando por la manera vertical y la manera horizontal.

Rectoría
Al organizar el universo en horizontal y vertical, los dioses Creadores forjaron a las parejas de
dioses que controlarían las aguas (Tláloc y Chalchiuhtlicue), la tierra (Tlaltecuhtli y Tlalcíhuatl), el
fuego (Xiuhtecuhtli y Xantico) y a los muertos (Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl).

Universos

El Universo horizontal

El universo horizontal estaba comprendido por puntos cardinales o direcciones hemisféricas,


mientras que el universo vertical comprendía solamente dos partes, la superior y la inferior.

El Universo vertical

Para el caso del universo vertical existen tres partes: el supramundo, el mundo y el inframundo,
formando una especie de cubo. La parte integra central se le llama Tlalocán y existen 4 gigantescos
árboles en cada esquina del mismo, que impiden que el tercio de en medio (Tlaltícpac, la tierra, o
simplemente el mundo) se junte con el tercio superior (supramundo) o con el inferior
(inframundo).

Partes del Universo vertical

Tlaltícpac (la tierra)

La tierra, en la cosmovisión nahua, estaba formada a partir del cuerpo del Cipactli, una tierra sólida
y viviente generadora del sustento para el hombre y para la (nuestra) madre naturaleza, pues de
ella se creó la superficie. Bajo esta misma premisa, los nahuas creían que de sus cabellos surgieron
árboles, flores y plantas; de su piel surgieron planicies, llanuras y sedimentos fluviales; de sus ojos
surgieron pozos, cuevas y fuentes; de su boca surgieron ríos, lagos y manantiales; de su nariz
surgieron valles, cordilleras y mesetas; y de sus hombros surgieron sierras, volcanes y montañas.

Supramundo e inframundo

Véase también: Trece Cielos

El supramundo (trece cielos) y el inframundo (nueve regiones) representan el universo vertical,


cuyas las fuerzas superiores e inferiores convergen desde la tierra, influenciándola, así mismo,
diariamente cuerpos celestes descienden al inframundo y ascienden de él, entrelazados por el
universo horizontal, las direcciones hemisféricas o puntos cardinales que son regidos por los
Dioses Creadores.
Al Norte (Mictlampa): Tezcatlipoca; al Oeste/Occidente (Cihuatlampa): Quetzalcóatl; al Este u
Oriente (Tlahuiztlampa): Xipetótec; y al Sur (Huitztlampa): Huitzilopochtli, cuyas fuerzas
supuestamente emanan de las direcciones hemisféricas se convergen y se sostienen por un eje
central, el Calpulli, que era resguardado por Xiuhtecuhtli, dios del fuego, señor del tiempo.

Al Mictlán sólo iban aquellos que morían de muerte natural, fueran señores o macehuales, sin
distinción de rango ni riquezas, o de enfermedades que no tenían un carácter sagrado, el muerto
debería de atravesar nueve regiones, de las cuales se descenderían simbólicamente como lo hace
el dios Sol Tonatiuh todos las noches dentro de las fauces del señor y señora de la tierra,
Tlaltecuhtli y Tlalcíhuatl, el inframundo, con sus nueve regiones que forman la travesía dentro del
submundo con obstáculos específicos que expresan niveles de putrefacción y tormentos
tanatomórficos que padecen los muertos en su regresión orgánica después de 4 años, y ya cuando
los muertos alcanzaban lograr atravesar los infiernos, sí es que lo lograban, estos podrían liberar
su alma, su tonalli, logrando así el descanso anhelado ante la presencia de Mictlantecuhtli y
Mictecacíhuatl, el señor y la señora de la muerte, los regidores del inframundo.

Los nueve infiernos del Mictlán

Nombre Morador

Itzcuintlán

Apanohuaia

Aponayan

Apanohuaia

"lugar en que habita el perro"

Región donde existían los Xoloitzcuintle, los perros consagrados de Xólotl, quien en el pasado
fuese el custodio del dios Sol durante las horas diurnas como el dios del ocaso, pero por haber
atentado contra Tonatiuh durante su recorrido a través de la bóveda celeste, fue enviado al
Mictlán por los Dioses Creadores para conciliar a los perros domésticos con los muertos.

En este paraje los muertos tendrían que cruzar el ancho río Apanohuacalhuia, donde habitaba
Xochitónal, una iguana gigante, y cuyas orillas vagaban los muertos que no habían sido dignos
porque en vida habían maltratado a algún perro, ya que, para atravesarlo, se requeriría de la
ayuda de un perro Xoloitzcuintle, de los cuales tenían la tarea de descubrir si el difunto era digno o
no, de lo contrario, el difunto quedaba varado sin poder seguir con su trayectoria al descanso
anhelado. El río Apanohuacalhuia delimitaba la frontera entre los vivos y los muertos, en
continuidad con los Xoloitzcuintle, que eran afluentes, donde los muertos debían cruzarlo para
seguir con su descenso, y aquellos que no podían cruzarlo, eran obligados a vagar, como sombras,
alrededor de sus orillas cuyo aire frío hacía de oídos sordos a las quejas de los muertos que sufrían
constantemente por el remordimiento de haber lastimado a un perro en vida, por esta causa, los
naturales solían tener y criar perros para tal menester, tratarles con cariño para ser reconocidos
como dignos, y al que le ponían en el cuello un hilo flojo de algodón.

Es la residencia de Xólotl, dios del ocaso, señor de Venus vespertino.

Tepeme Monamictlán

Tepeme Monamictia

Tépetl Monamicyan

Tépectl Monamictlan

"lugar en que se juntan las montañas"

Región donde existían dos enormes cerros que se abrían y se cerraban chocándose de entre sí, de
manera continua, donde después de haber cruzado el río Apanohuacalhuia, el muerto tenía que
buscar el momento propicio para cruzar estos cerros sin ser triturados.

Es la residencia de Tepeyóllotl, dios de las montañas y los ecos, señor de los jaguares.

Itztépetl

"montaña de obsidiana"

Región donde se encontraba una montaña con un sendero de pedernales obsidiana que
desgarraban a los muertos cuando tenían que atravesarlo para cumplir su trayectoria. Es la
residencia de Itztlacoliuhqui, dios de la obsidiana, señor del castigo, quien en el pasado fuese el
custodio del dios Sol durante las horas matutinas como el dios de la aurora, Tlahuizcalpantecuhtli,
quien cegado por los celos se atreviera a atacar al dios Sol Tonatiuh, recibiendo un contraataque
que lo dejó ciego permanentemente debido a una flecha que se atravesó en la cabeza, siendo
además castigado por su falta al tercer estrado del Mictlán por los Dioses Creadores, teniendo la
tarea de henchir con filosos pedernales el cerro. A continuación, se encontraba un extenso
complejo llamado Itzehecáyan o Itzehelóyan, dividido en dos regiones con fuertes vientos,
indispensables para que los muertos arrogasen todas sus pertenencias como ropa, alhajas, armas
y despojos personales, vientos tan fuertes que levantaban piedras y cortaban a los cadáveres de
los muertos con múltiples puntas de pedernal al recorrerlo, este complejo estaba dividido en dos
regiones diferentes llamados Cehuelóyan y Pancuecuetlacáyan o Pancuecuetlalóyan.

Es la residencia de Itztlacoliuhqui, dios de la obsidiana, señor del castigo.

Cehuelóyan

Cehuecáyan

Itzehelóyan

Itzehecáyan

"lugar donde hay mucha nieve"

Es la primera región del extenso complejo Itzehecáyan, una extensa área congelada con ocho
collados de piedras abruptas de aristas cortantes donde siempre caía nieve, es la residencia
Mictlecayotl o Mictlampehécatl, dios del viento frío del Norte, que traía el invierno desde el
Mictlán hasta la tierra, era muy fuerte y de violento carácter, sus hermanos eran Huitztecayotl o
Huitztlampehécatl, viento del Sur, Cihuatecayotl o Cihuatlampehécatl, viento del Oeste/Occidente
y Tlahuiztecayotl o Tlahuiztlampehécatl, viento del Este/Oriente.

Es la residencia de Mictlecayotl o Mictlampehécatl, dios del viento del Norte.

Pancuetlacalóyan

Pancuecuetlacáyan

Paniecatacóyan

"lugar donde la persona se voltea como bandera"

Es la segunda región del extenso complejo Itzehecáyan, al pie del último collado del Cehuecáyan,
ahí comenzaba una extensa área desértica de difícil movimiento con ocho páramos donde no
existía la gravedad, y los muertos estaban a merced de los vientos, que próximos a salir, éstos los
regresaban o los llevaban de un lado a otro como banderas, hasta que finalmente lograban salir
del sendero.

Es la residencia de Mictlecayotl o Mictlampehécatl, dios del viento del Norte.

Temiminalóyan

Timiminaloayan

"lugar donde te flechan saetas"

Región donde existía un extenso sendero en cuyos lados manos invisibles enviaban puntiagudas
saetas para acribillar a los cadáveres de los muertos mientras lo atravesaban, las saetas pérdidas
durante batallas que el muerto debía evitar para no ser flechado e irse desangrando.

Teyollocualóyan

Teocoylehualoyan

Teocoyocualloa

Teocoyolcualloyan

"lugar donde te comen el corazón"

Región donde habitaban fieras salvajes que abrían los pechos de los muertos para comerles el
corazón, por lo que, al salir del sendero, el muerto se encontraría con un jaguar que comería el
corazón.

Residencia de Tepeyóllotl, dios de las montañas y los ecos, señor de los jaguares

Apanohualóyan

Apanohualoyán
Itzmictlán-Apochcalocán

Izmictlán-Apochcalolca

Apanhuiayo

"lugar donde se tiene que cruzar agua"

Región donde se encontraba la desembocadura del río Apanohuacalhuia, una masa acuática de
aguas negras donde el muerto ya sin corazón se debatía por largo rato en las aguas negras para
salir, pero, ahí no acabarían sus penas, pues el difunto tendría que atravesar un extenso valle lleno
de nueve hondos ríos, los nueve ríos adyacentes del ancho río Apanohuacalhuia, los ríos de los
nueve estados de la conciencia.

Chiconahualóyan

Chiconahuayán

Chiconauhmictlán

Mictlán

"lugar donde se tienen nueve aguas" Finalmente se alcanzaba el final del trayecto en
una zona de niebla donde los muertos ya no podían ver a su alrededor. Su estado de cansancio
exangüe provocaría la reflexión de las decisiones y movimientos de la historia del muerto, y se
conectaría con todo lo que le sucedió en vida, con todo lo que le rodeaba. El muerto se volvía uno
con todo. Así, dejaban de padecer y entraba en el Mictlán, la residencia del señor y de la señora de
la Muerte.

La última región enceguecía a los muertos con niebla grisácea, de los cuales muchos se perdían, y
tan solo se escuchaban sus lamentos mientras se ahogaban entre nueve ríos, los nueve afluentes
del río Apanohuacalhuia, los Chiconahuapán, los nueve ríos de los nueve estados de la conciencia,
en el 1) nivel, el muerto estaría luchando constantemente por sobrevivir, reflexionar su existencia
en vida y observar cuánto debe batallar para sobrevivir y ver también cómo los muertos están
tratando de sobrevivir, ya que cuando eres capaz de ver el esfuerzo de otros se valora y tu
condición mejora, y pasa al 2) nivel, del cual tenía que ver su condicionamiento, es como si actuara
mecánicamente sin mente, sin aplicar el pensamiento en lo que hace, a esto se le llama actuar sin
mente. De ahí pasaba al 3) nivel, el deseo de importancia, donde se vienen los recuerdos de los
deseos mundanos en vida como el poder, el dominar al otro y si el otro trata de dominarte, tu
automáticamente tratas de dominarle, el muerto tenía que darse cuenta que si no hubiera estado
cegado con el poder, su vida hubiese sido más prospera internamente, y se pierden las ansias de él
ser importante, luego pasa al 4) nivel, que es claridad, es cuando el difunto se da cuenta que
siempre alguien estuvo ahí por él y no lo tomó en cuenta, su mente se despejada y se da cuenta
que era muy claro lo que deseaba lograr en la vida, cuál era su visión y su meta, hacia donde se
dirigía en vida, mientras tus relaciones con los demás están en orden, siendo un estado mental
muy interno, una vez claro esto, pudiese haber comenzado a lograr más cosas en vida y sentirse
realizado en vida, este era el desafío del 5) nivel de conciencia. En los primeros niveles se pueden
ver el orden interno y los segundos niveles se verían el orden externo, una vez que lo lograba, ya
estaría a medio camino de conseguir el descanso anhelado. De ahí se llegaba al 6) nivel, que era
sostenerse entre otros, ayudarse mutuamente, ya que una vez una persona se vuelve exitosa, se
da cuenta que otros puede ir por la misma meta, y ayudar o pedir ayuda no impide tu cometido
sino te fortalece, cuando comienza a ayudar a otros, se pasa al 7) nivel de conciencia que es fluir
con la vida. Si no tuvo problemas en la vida, no hubo quejas, y toma todo como viene y no ha
resistencia en la siguiente vida, una vez que se despierta a este estado pasa al 8) nivel, y el difunto
tendría un estado de plenitud, de conexión, se sentirá conectado finalmente con todo lo sucedido
en vida, con todo en la tierra, y con todo lo que le rodeó, de ahí pasaba al 9) nivel, la unidad,
donde no había división dentro o fuera, no había existencia separada y el difunto era uno con
todo, donde finalmente dejaba de padecer. Tras una larga trayectoria de 4 años a través de las
regiones infernales, los muertos acababan y fenecían, liberando su alma, el tonalli, logrando así el
anhelado descanso ante la presencia del señor y señora de la muerte Mictlantecuhtli y
Mictecacíhuatl, regidores del inframundo que les decían, Ha terminado tus penas, vete, pues, a
dormir tu sueño mortal. A través de los nueve infiernos del Mictlán, deambulaban una gran
multitud de personificaciones entre las regiones del inframundo. De entre ellas estaba Miquiztetl
(la muerte), Miccapetlacalli (la tumba), Nextepehua (las cenizas), Nexoxcho (el miedo), Xoaltentli
(el sueño), Necocyaotl (la discordia), Téotlale (el desierto), etcétera.

Referencias

Códice Ríos, Códice Vatican A, Códice Vaticano A, Códice Vaticano 3738, manuscrito 3738 de la
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