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Diagnóstico Hipocrático en Medicina

El documento describe los problemas y métodos del diagnóstico hipocrático. Resume que el diagnóstico hipocrático se basaba en la exploración sensorial del paciente, el diálogo y el razonamiento. Tenía como objetivos describir el caso, explicar la causa y predecir el pronóstico. El documento también discute la patología especial de los hipocráticos, incluidas las enfermedades internas, externas y ginecológicas.

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Diagnóstico Hipocrático en Medicina

El documento describe los problemas y métodos del diagnóstico hipocrático. Resume que el diagnóstico hipocrático se basaba en la exploración sensorial del paciente, el diálogo y el razonamiento. Tenía como objetivos describir el caso, explicar la causa y predecir el pronóstico. El documento también discute la patología especial de los hipocráticos, incluidas las enfermedades internas, externas y ginecológicas.

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DIAGNOSTICO HIPOCRATICO

Problemas del diagnóstico hipocrático:

 Varios problemas se presentaban ante el médico hipocrático cuando como técnico


de la medicina trataba de reconocer la realidad de un enfermo cualquiera; unos
previos a su diagnóstico y otros constitutivos de él.
1. Problema previo era, en efecto, la resolución del dilema «sano o enfermo». El
examen y la percepción de «las semejanzas y las desemejanzas» respecto del
estado de salud era el primer deber del médico.
2. Resueltos los dilemas «sano o enfermo» y «necesidad o azar», comenzaba el
problema diagnóstico propiamente dicho; el cual consistía, en esencia, en
entender de una manera racional cómo el aspecto del enfermo, y por tanto el
estado de su physis, se ordenaban en la genérica realidad de la physis del
hombre. Cuatro momentos principales llevaba consigo la resolución de este
problema: La concreta apariencia del caso clínico; Su consistencia real; La
ordenación de la katástasis en el tiempo; y, Su determinación etiológica.

El método

 Para resolver esa serie de problemas era necesario un método, y éste tuvo tres
recursos principales: La exploración sensorial (aísthēsis); La comunicación verbal
(lógos); y, El razonamiento (logismós). Examinémoslos sucesivamente.
1. Como ya sabemos, la «sensación del cuerpo» fue el métron del médico
hipocrático, su principal criterio de certidumbre. De ahí el ahínco y la minucia con
que aplicaba todos sus sentidos a la exploración del cuerpo del enfermo
2. El médico hipocrático no se limitaba a ver, oír, tocar, oler y degustar el cuerpo
del enfermo; también dialogaba con éste, y sabía convertir ese lógos en recurso
diagnóstico. Dos funciones principales cumplía este diálogo: una exploratoria (el
interrogatorio, la anamnesis) y otra comunicativa.
3. La exploración sensorial y el coloquio con el enfermo dan al médico el material
para su diagnóstico; pero la actividad mental de que éste inmediatamente
procede es el razonamiento (logismós).
 Con sus ocasionales contenidos, así se integraron en el razonamiento diagnóstico
de los autores hipocráticos la experiencia sensorial, el experimento clínico, el
diálogo con el enfermo, el saber «fisiológico» -en tantos casos, la pura imaginación
de «mecanismos internos»- y el ejercicio inductivo de la razón.

Las metas

 Tres intenciones principales determinaron, según lo dicho, el contenido y la


estructura del diagnóstico hipocrático:
1) Una descriptiva, el conocimiento de la katástasis del caso y de los diversos
«modos típicos» (tropói, eidē) a que ella pudiera pertenecer;
2) Otra explicativa, un saber más o menos cierto acerca de la causa y la
consistencia «fisiológica» del desorden contemplado;
3) Otra, en fin, predictiva o pronóstica, la conjetura racional de lo que en el futuro
inmediato iba a ser del enfermo.

 Entre la historia clínica hipocrática y la actual hay diferencias. Las diferencias


pueden ser reducidas a las cuatro siguientes: 1. La escasez de los antecedentes
patológicos consignados; 2. La falta de una escueta delimitación entre ellos y el
status praesens; 3. La no diferenciación entre los síntomas «subjetivos» y los
hallazgos «objetivos» del médico; 4. La escasez de los datos acerca del
tratamiento.
 A la vez que individual, el diagnóstico hipocrático era tipificador. Así lo demuestra la
escuela de Cos, el frecuente empleo de nombres de «enfermedades», tisis, frenitis,
erisipela, «neumonía», «fiebre terciana», etc. Los médicos de Cnido, los distinguen
siete enfermedades de la bilis, doce de la vejiga, cuatro de los riñones, cuatro
modos de la estranguria, tres formas del tétanos, cuatro de la ictericia, tres de la
tisis, y así.
 La explicación diagnóstica de los hipocráticos tuvo dos objetivos principales: el
mecanismo «fisiológico» de la enfermedad en cuestión -lo que nosotros solemos
llamar la patogenia y la fisíopatología del caso- y la determinación etiológica del
proceso morboso.
 Tres motivos distintos, más o menos fundados entre sí, pueden ser distinguidos en
la actividad pronostica: Uno de carácter psicológico y social; Otro de orden técnico;
y, Otro, religioso y moral. El médico que pronostica con acierto gana la confianza de
sus enfermos, logra fama y prestigio, evita censuras, precave posibles errores. El
pronóstico, en suma, instrumento de prestigio social.

La patología especial

 Los hipocráticos no distinguieron expresamente, como nosotros, entre una


«patología general» (conocimiento de «la enfermedad») y una «patología especial»
(conocimiento de «las enfermedades»).
 La Escuela de Cos son de ordinario más cuidadosas y matizadas, más atentas a la
totalidad del organismo enfermo, más sobriamente clínicas; las de Cnido, más
concisas y secas en la pintura del cuadro sintomático, más atentas al imperativo de
«localizar» el daño, más lanzadas a la imaginación de «mecanismos internos» con
frecuencia arbitrarios y fantásticos.
 En las enfermedades internas, una diferencia descuella sobre todas las demás: la
que existe entre las «agudas» y las «crónicas». Aquéllas -«pleuresía,
peripneumonía, frenitis, letargo, causón y
las que dependen de ellas y en que la fiebre
es continua» son las más funestas, las que
exigen mayor discreción en el tratamiento y
las que hacen más difícil e inseguro el juicio
pronóstico. Estas otras, las crónicas,
pueden serlo por su propia naturaleza (la
hidropesía, p. ej.), o quedar confirmadas
como tales por la acción de afecciones
esporádicamente sobrevenidas (esto es lo
que aconteció con motivo de la epidemia de
tos de Perinto, según Epidemias VII), o
proceder de la cronificación de una
enfermedad aguda, como el empiema o las
fiebres.
 Las afecciones internas de carácter
general es el de las fiebres, susceptibles de distinción ulterior por la peculiaridad
de su curso (efímeras, tercianas, cuartanas, quintanas, hemitriteas,
acatastáticas, continuas), por el modo de su producción (biliosas, pletóricas,
etc.) y por los síntomas ocasionalmente sobreañadidos (fiebres singultosas,
tísicas, sudorales, parotídeas, éstas con su bien conocida tendencia a producir
la inflamación del testículo, etc.).
 Entre las enfermedades del tracto digestivo y del abdomen son mencionadas el
noma, el escorbuto, las aftas, las anginas -algunas de cuyas descripciones
hacen pensar en la difteria-, las diarreas, la lientería, la disentería y el íleo. Las
tumefacciones del hígado y el bazo y las colecciones del pus en el abdomen son
mencionadas con frecuencia, así como la hidropesía, de la cual son distinguidas
tres especies, la ascitis, el edema y el anasarca.
 La neumonía, la pleuritis, la hemoptisis y la tisis son las más importantes de las
afecciones torácicas. La secuela más grave de la neumonía y la pleuritis sería el
empiema. El hidrotórax puede ser observado en el hombre y en distintos
animales domésticos. La tisis pulmonar sería debida a la producción de úlceras
o neoformaciones en el pulmón.
 La litiasis urinaria debió de ser frecuente en la antigua Grecia. Tanto los escritos
coicos como los cnidios nombran y describen las enfermedades del riñón, el
absceso renal y las cistitis agudas, especialmente las de los niños y los viejos.
 Las enfermedades neurológicas y mentales, las más importantes en el C. H. son
el «esfacelo del cerebro», la apoplejía, el letargo, la frenitis, la melancolía y la
epilepsia o «enfermedad sagrada».
 Son enfermedades «externas» aquéllas en que tanto los signos como las causas
son inmediatamente perceptibles por los sentidos del médico. Entre ellas, las
traumáticas (fracturas, luxaciones, heridas) son objeto de los más brillantes tratados
clínicos del C. H.: Heridas de la cabeza, Fracturas, Luxaciones
 El capítulo de la patología especial más ampliamente tratado es el ginecológico. La
disposición de la mujer a enfermar ginecológicamente dependería de su edad, su
constitución y su condición de soltera, casada o viuda. En la exploración tuvo papel
muy importante el tacto vaginal y uterino, que los médicos cnidios practicaron con
verdadero virtuosismo. Entre las enfermedades ginecológicas son mencionadas las
úlceras de los labios mayores y menores, las aftas, el flujo blanco, la amenorrea, las
desviaciones y desplazamientos del útero, la «hidropesía» y el «cáncer» de la
matriz.

Tratamiento hipocrático

 El acto médico por excelencia es el tratamiento; él es la «obra» (érgon) que hace de


su actividad una tékhnē, la meta en que culmina la cooperación de su inteligencia y
sus manos. El C. H. designa la acción terapéutica con distintas palabras pero la
más influyente en la posteridad ha sido therapeia, cuidado y solicitud de lo que vale
mucho, en definitiva, de lo sagrado. Atender médicamente a un enfermo, actuar
respecto de él como iatrós sería, en definitiva, res sacra.

Terapéutica general

 ¿Qué motivos impulsaban al médico


hipocrático a ver y tratar a sus
enfermos? En cuanto profesional de la
medicina, ese hombre intenta
conseguir lucro y prestigio. En cuanto
verdadero médico -en cuanto hombre
que siente en su alma el amor a su
arte, la philotekhníē-, siente y piensa,
en cambio, que el más noble y hondo
de los motivos que le impulsan es el
amor al hombre en cuanto tal, la
philanthrōpíē.
 Fin principal de la medicina es procurar
la salud del enfermo. Ahora bien: ¿en qué consiste la curación? Para los
hipocráticos, el proceso de ésta tendría un protagonista, la physis, y dos ministros o
auxiliares, el médico y el enfermo: la naturaleza es la que «sana» y el médico el que
«cura», aunque a veces la divina physis mate en lugar de sanar y haga así lo que a
su soberano orden conviene. «Las naturalezas son los médicos de las
enfermedades. Pero el médico no está ni debe estar solo en este empeño; necesita
la colaboración del enfermo, tanto con la robustez de la physis de éste, como con su
obediencia al médico. El médico, cuya misión consiste en «salvar a la naturaleza sin
cambiarla», ofrece a la physis, en definitiva, la «reparación» o «indemnización» que
por su dignidad soberana ella exige, y lo hace bajo forma de cuidado servicial o
therapeia.
 Cuatro fueron, para los hipocráticos, las metas principales de la medicina: la
salvación, la salud, el alivio de las dolencias y el visible decoro del enfermo.
 Para conseguir la curación, los principios que debían informar el tratamiento,
fundamentalmente, son tres:
a. «Favorecer o no perjudicar»; primum non nocere. Con su tratamiento, el
hipocrático quiere ante todo ser útil sin daño;
b. Abstenerse de lo imposible.
c. Atacar la causa del daño. Por una esencial exigencia de su condición «técnica»,
el tratamiento hipocrático debía ser -en su intención, al menos- etiológico,
causal. «Es preciso dirigir el tratamiento contra la causa de la enfermedad»; el
médico debe siempre actuar «contra la causa y contra el principio de la causa»
 Estos tres principios fundamentales del tratamiento se concretaron en varias reglas
terapéuticas. He aquí las principales:
a. El tratamiento por los contrarios. El método terapéutico que más tarde llamarán
«antipatía» es el más frecuentemente afirmado en los escritos del C. H.
b. El mandamiento de la prudencia. «Lo nuevo, cuya utilidad no se conoce, suele
ser más alabado que lo tradicional, cuya utilidad se conoce»
c. La regla del bien hacer: «Hacer lo debido y hacerlo bellamente», según la
fórmula de Sobre las úlceras.
d. La educación del paciente en tanto que paciente.
e. La individualización y la oportunidad del tratamiento.
 Orientado por estos principios y estas reglas, el hipocrático aplicaba sus recursos
terapéuticos. Desde Celso es un tópico agrupar éstos en tres grandes grupos:
Dietética; Farmacoterapia; y, la Cirugía. Esta tradicional y certera ordenación
quedaría incompleta sin añadir a esos tres capítulos otro, menos considerado hasta
ahora: La psicoterapia.

Dietética

 La dietética nació en el mundo griego al servicio de una intención religiosa ritual;


pero muy pronto, desprovista ya de este carácter y convertida en regla del sano
vivir, se difundió por toda Grecia.
 Entendida la díaita como régimen de vida, el general prestigio de la dietética en la
antigua Hélade tuvo dos motivos principales: la convicción de que los nómoi -los
usos de la vida social- son capaces de modificar la naturaleza del hombre y la
concepción microcósmica de esta naturaleza. Integran la díaita, según esto, la
alimentación, los ejercicios, la actividad profesional, la peculiaridad del país y las
costumbres sociales.
 En cuanto recurso terapéutico, ¿qué sentido tiene la dietética en el C. H.? Dos
casos típicos hay que distinguir: aquellos en que la diaita era todo el tratamiento, y
aquellos otros en que constituía el lecho de un tratamiento más enérgico,
medicamentoso o quirúrgico.
 Junto a la dietética para enfermos floreció (Sobre la dieta, La dieta salubre) la
dietética para sanos.

Farmacoterapia

 En el siglo V el concepto de phármakon, con su


doble acepción de medicamento y veneno, se
constituye en la medicina hipocrática- el término
posee en la literatura griega tres sentidos
principales: uno estrictamente médico, otro
netamente mágico (recurso para hechizar) y
otro, en fin, mágico en un sentido especial,
catártico (los pharmakoí como «chivos
expiatorios»).
 Convertida en término técnico, la palabra
phármakon es usada en el C. H. según tres
acepciones cardinales: como sustancia exterior
al cuerpo, capaz de producir sobre éste una
modificación favorable o desfavorable; como
agente modificador distinto del alimento, y, por
antonomasia, como medicamento purgante,
bien «por arriba» (eméticos), bien «por abajo»
(purgantes stricto sensu).
 Relación entre el phármakon, en el sentido de purgante, y la purgación o
purificación (kátharsis) con él producida.
 Parece indudable que los hipocráticos heredaron ciertos remedios de la medicina
empírica o mágica anterior a ellos (p. ej., el eléboro o melampódion) e importaron
otros, merced a las múltiples relaciones comerciales de las ciudades jonias.
 Son distinguidos los «medicamentos en poción» y los «medicamentos para las
heridas»; menciónanse también las píldoras, los clísteres, las pomadas, las
epítimas, los eclegmas, las fumigaciones, los pesarios. De uno u otro modo
administrada, la medicación trataba de obtener efectos purgantes, eméticos,
astringentes, diuréticos, narcóticos, emolientes, diaforéticos, etc.; y el buen médico,
además de conservar en su memoria el elenco de los diversos fármacos y de sus
«cualidades simples», debía disponer de una pequeña farmacia y saber preparar
por sí mismo sus remedios.

Psicoterapia

 La reflexión y la práctica de los sofistas (Gorgias, Antifonte) acerca de la acción


psicológica de la palabra y -sobre todo- el conjunto de las ideas platónicas
(Cármides, Leyes) en torno a la sugestión verbal y a su metódica asociación con la
terapéutica farmacológica, crearon la posibilidad de que los médicos hipocráticos
edificaran, de un modo más o menos sistemático, una psicoterapia práctica.
 El médico es el que procederá en todo «con calma, con habilidad, ocultando al
enfermo, mientras actúa, la mayor parte de las cosas, exhortándole con alegría y
serenidad... y ya reprendiéndole con vigor apacible, ya consolándole con atención y
buena voluntad».
 El médico hipocrático advirtió la importancia de una psicoterapia general o básica,
enderezada a mejorar el ánimo y la confianza del enfermo, y conoció la influencia
de la vida psíquica sobre el cuerpo.

Cirugía

 Durante la época hipocrática no hubo cirujanos puros, médicos especialistas en


cirugía. Pero a la práctica quirúrgica se halla consagrada una parte considerable de
los escritos del C. H. -Oficina del médico, Fracturas, Articulaciones, Sobre la
palanca, Heridas de la cabeza, Úlceras, Hemorroides, Fístulas- y más de un
fragmento entre los que poseen un carácter médico general. Se debe destacar solo
la «mentalidad quirúrgica» de los médicos hipocráticos y la concreta realidad de su
cirugía.
 Desde que la medicina se constituye como técnica, dos mentalidades
complementarias -y en parte contrapuestas- surgen en ella; una que podemos
llamar «internista», más doctoral, si vale decirlo así, y otra «quirúrgica», más
operativa.
 La práctica quirúrgica de los asclepíadas hipocráticos tenía como escenario la
oficina del médico (iatreion) y fue principalmente restauradora (heridas y úlceras,
fístulas, fracturas y luxaciones) y evacuante (abscesos, empiemas, trepanación,
nefrostomía). Amputaciones propiamente dichas no fueron practicadas.

Medicina social

 La práctica médica es por esencia social. Así lo vieron los griegos, que ya en la
época homérica llamaron al médico dēmioergós, «trabajador para el pueblo». La
condición social del hipocrático se da a través de dos cuestiones: El médico en la
pólis; y, La asistencia en ella al enfermo.
 En el Protágoras, Platón compara a Hipócrates, en cuanto médico, con Policleto y
Fidias, en cuantos escultores. Tres rasgos principales les caracterizan: La posesión
de una clara y firme conciencia histórica respecto de su condición de médicos.
Rompiendo con el mito, que afirmaba el origen divino de las «artes» (mitos de
Prometeo y del centauro Quirón), estos hombres saben dar una explicación
racional, puramente «humana», del nacimiento de la medicina; La íntima seguridad
de poder moverse, en cuanto tales médicos, dentro de la élite social e intelectual de
su mundo; y La propensión a pintar una figura de sí mismo estética y moralmente
atractiva.
 Los médicos de la antigua Grecia los había de la más distinta condición técnica,
social y moral.
 Socialmente considerada, la práctica médica de los hipocráticos ofrece dos
aspectos: La relación profesional entre médico y médico; y, La relación asistencial
entre médico y paciente.
 Pese a los mandamientos éticos del Juramento y al elogio que del «buen
compañero» se hace en los Preceptos, la práctica de la medicina en la antigua
Grecia tuvo de ordinario un carácter fuertemente competitivo y agonal. El médico no
vacilaba en entrometerse en la actividad profesional de su colega y usaba de la
réplica o contradicción para demostrar su superioridad técnica sobre él.
 La distinción entre una «medicina para ricos» y una «medicina para pobres» es
patente en Sobre la dieta; tanto más cuanto que el presunto régimen «para pobres»
descrito en ese tratado no es otra cosa, sino un artificio del autor para dedicar su
obra a la élite económica del mundo griego. Las Epidemias, en las cuales son
consignados, sin la menor discriminación, tratamientos médicos de pobres y
esclavos.
CONCLUSIONES

 Para Hipócrates, el arte de la medicina es tan grande que una vida humana no
alcanza a comprenderlo todo. La ocasión de aprender de una enfermedad
determinada es fugaz, se escapa pronto y los resultados de la intervención humana,
el experimento, resultan engañosos, pues hay enfermedades que se curan solas y
hay tratamientos que resultan muy efectivos en algunos pacientes pero en otros
inútiles por tratarse de desahuciados.
 En el diagnostico se ve la conciencia de una constitutiva limitación en las
posibilidades del arte de curar y, simultáneamente, la confianza en la capacidad del
médico para ampliarlo mediante la observación de un método adecuado.
 El principio terapéutico de «favorecer» o «no perjudicar».

BIBLIOGRAFIA

 LAÍN ENTRALGO, P.: La Historia clínica, 2.ª ed. Barcelona, 1961.


 LAÍN ENTRALGO, P., La curación por la palabra en la Antigüedad clásica.
Madrid, 1958.
 William Rojas M. Historia de la medicina: introducción a su estudio, 2a Ed.
(2012)

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