Carla Guelfenbein
Nadar desnudas
Nadar Desnudas.indb 5 27/06/13 09:49
I. Enero 1973
Nadar Desnudas.indb 9 27/06/13 09:49
Seducción cuadricular
Sophie tararea una canción con la vista fija
en las puertas del ascensor. Nunca antes Morgana
había advertido en ella ese aire optimista de quien
confía en el mundo. No necesita mirar a Diego
para saber que tiene una expresión de complacen
cia. De tanto observarlo ha llegado a descifrar sus
gestos y predecir sus sentimientos. Ella también se
siente contenta. Es la primera vez que asisten jun
tos a una velada.
Morgana le había pedido en reiteradas oca
siones que le permitiera participar en uno de sus
encuentros sociales, pero Diego siempre se había
negado. Según su parecer, cualquier persona que
los viera juntos, aun teniendo en cuenta los años
que los separan y la amistad con su hija, descubri
ría el lazo oculto que los une. Por eso, cuando
Sophie le contó que él las había invitado a una
cena en casa de un senador, fue tal su entusiasmo
que visitó la casa de sus padres y a hurtadillas sacó
del clóset de su madre un vestido para Sophie y
otro para ella. El de Sophie tiene mangas largas
y una transparencia en tonalidades verdes que se
ajusta bien al espíritu de una chica etérea. El suyo
es negro, de profundo escote en la espalda, y le
otorga el talante de una mujer experimentada. Su
madre debió comprarlos en un arrebato, pues los
dos están lejos de su estilo recatado y formal.
Al llegar a la calle, Sophie deja de cantar.
La noche parece hecha del susurro del río, del ru
Nadar Desnudas.indb 11 27/06/13 09:49
12
mor del tráfico, de ladridos lejanos y risas tenues,
un arabesco de sonidos que les insufla entusiasmo.
Mientras caminan hacia el estacionamiento en
busca del Fiat 600 de Diego, Morgana los toma a
ambos del brazo. Diego hace el amago de zafarse,
pero ella no se lo permite. Recuerda el poema de
Thamar y Amnón, y recita:
—Thamar estaba cantando desnuda por la
terraza. Alrededor de sus pies, cinco palomas heladas /
Amnón, delgado y concreto, en la torre la miraba.
—Delgado y concreto como tú, Diego —di
ce Sophie—. A veces pienso que deberíamos des
concretizarte un poco, ¿qué crees, Morgana? —pre
gunta, y ambas jóvenes ríen.
Diego sonríe de soslayo, con esa sonrisa un
poco arqueada, acogedora y contenida, tras la cual
nunca está claro si se oculta la satisfacción, la iro
nía o el desdén.
—Ustedes dos van a terminar por volver
me loco —dice, y apura la marcha mientras en la
calle las luces se agitan sobre las superficies grises
de las fachadas.
El amplio departamento pertenece a un se
nador a quien Diego tiene en buena estima. Los co
mensales conversan en pequeños grupos, rodeados
de grandes butacas, cuadros modernos y alfom
bras Khasan que le dan al lugar un aire cosmopo
lita. Pero su verdadero encanto radica en las enor
mes ventanas que miran hacia el parque y la Virgen
iluminada del cerro.
Nada más entrar, Diego entabla una con
versación con una mujer alta de piel tostada y ras
Nadar Desnudas.indb 12 27/06/13 09:50
13
gos angulosos de aristócrata, que lleva el pelo re
cogido en un elegante peinado. Morgana y Sophie
se sientan en un sillón sin despegarse la una de la
otra. Sophie, con una copa en una mano y un ci
garrillo en la otra, exhala el humo con libertad,
mientras ambas comparten miradas de conniven
cia, conscientes de la atención que suscitan y de lo
atractiva que resulta su actitud desenvuelta. Ha
blan casi al unísono y salpican sus palabras con
risas, sin fijar la atención en nada ni nadie. Mor
gana sabe, sin embargo, que es para la mirada de
Diego que su cuerpo toma vida. Tan pronto sus
ojos se topan, él sonríe lentamente y luego desvía
los suyos para seguir charlando con la mujer.
Al cabo de un rato, Sophie descubre que
entre los invitados se encuentra una famosa artista
colombiana, y, estimulada por Morgana, se anima
a acercarse a ella. Es una mujer menuda y sus ojos
negros tienen el brillo sutil de una hematita.
Morgana se siente libre de separarse de su
amiga, y con la copa llena comienza a vagar por
el departamento. Va de grupo en grupo, sin inten
tar darle sentido a lo que escucha, sino más bien
absorbiendo el deleite de un ligero mareo. Mien
tras pasea busca los ojos de Diego, que no siempre
encuentra. La mujer a su lado mueve la cabeza,
asiente a menudo, y de tanto en tanto suelta una
risa, que al parecer la estimula a acercar su cuerpo
más al de él. Un hombre vestido con llamativa
elegancia tropical, y rodeado de un corro atento,
desarrolla una teoría sobre las nuevas arremetidas
del imperialismo. Frente a la ventana, Sophie con
tinúa charlando con la artista. Pero la atención de
Morgana vuelve a centrarse en Diego, en su mano,
que ahora se ha posado en la cintura de la mujer,
Nadar Desnudas.indb 13 27/06/13 09:50
14
para luego encenderle un cigarrillo con un ade
mán concentrado, compartiendo de pronto con
ella un grado más de intimidad.
—Hola. Eres española, ¿verdad? —escucha
una voz a sus espaldas cuyo acento le resulta fami
liar.
Es un chico de cabello ondulado, con un
rostro que irradia picardía. Un vello oscuro en el
labio superior le confiere un aire de extrema ju
ventud, y de toda su figura emana viveza. Sus fra
ses están cargadas de casticismos y sustitutos de
maldiciones que la hacen reír, iniciando así una
charla alejada de esa potestad intelectual con la
que están teñidas las conversaciones del resto de
los asistentes. Él le cuenta que es músico y que
está en Chile con su banda para dar una serie de
conciertos a lo largo del país. Hablan de Franco,
de Joan Manuel Serrat, del gobierno de Allende
y de otros tantos temas por los cuales planean con
entusiasmo y sin tropiezos. Aun así, Morgana tie
ne la impresión de que ha dejado de existir por sí
misma y que su ser está confinado en Diego.
Al vaciarse sus copas, el muchacho le ofre
ce llenarlas. Mientras se aleja rumbo al comedor,
ella busca una vez más a Diego y descubre que él
la mira con fijeza. Rastrea en su semblante un ma
pa que le indique el camino a seguir, pero su ex
presión le resulta inescrutable. Cuando el músico
regresa con las bebidas, Morgana toma una y bebe
el contenido de un golpe. Advierte el calor del lí
quido que se desliza por su garganta. El chico la ha
tomado por la cintura y le habla al oído. Ambos
ríen y él roza su cuello con los labios. Es un gesto
rápido que espolea sus sentidos. Podría, sin resis
tencia, llegar hasta el final, azuzada por la mirada
Nadar Desnudas.indb 14 27/06/13 09:50
15
de Diego, que, intuye, tiene puesta en ella, en ellos,
por el deseo que sabe ha provocado en él ese contac
to con el muchacho, y es justamente por eso, porque
lo sabe y no quiere defraudarlo, que continúa y se
deja conducir —secundada por sonrisas y cari
cias— a la terraza. La noche veraniega es fresca y
chispeante. Una vez allí, contra la baranda y con
el parque oscurecido a sus espaldas, el chico la be
sa. Al quedarse sin aliento, introduce una mano en
el escote de su vestido y presiona con suavidad
uno de sus pechos. Ella también lo besa, lo toca, y
ciñe su cuerpo al de él. Se siente adormecida. Cie
rra los ojos y un leve mareo la envuelve, disocián
dola aún más de la realidad. Por eso, al oír la voz
de Diego, le parece que sus palabras pertenecen al
pozo de la imaginación.
—Ya nos vamos —le ha dicho.
Se desprende del muchacho y al volverse se
encuentra con la mirada de Diego incrustada en
ella. Reconoce en sus ojos ese matiz de caída, ese
celaje que los envuelve cuando se despierta la avi
dez que tiene de ella. Se estira el vestido con un
gesto rápido y torpe. Se siente perdida, como si de
pronto una fuerza sobrenatural la hubiera despoja
do de su piel, y ahora, sin lugar donde ocultarse, se
enfrentara a las dolorosas lancetas del sol. Diego
menea la cabeza y le da una calada a un cigarrillo,
y entonces ella tiene la impresión de estar frente a
un científico que, con una ironía fría y hermética,
sopesa los resultados de un experimento que ha es
tudiado por meses en la soledad de su laboratorio.
En el camino de regreso, Diego conduce
en silencio. A la distancia se escucha el ulular de
una sirena. Un sonido urgente que se incrusta en
su pecho. Mientras Sophie comenta los grandes
Nadar Desnudas.indb 15 27/06/13 09:50
16
y pequeños momentos de la velada con animación,
Morgana intenta encontrar la mirada de Diego en
el espejo retrovisor. Añora la profundidad tran
quila de sus ojos, donde suele sumergirse. Pero en
lugar de eso encuentra la expresión decidida y fría
de quien conduce al exilio a alguien que ya no es
bienvenido en el reino. Diego enciende la radio y
los primeros sones de una canción se llevan las
palabras de Sophie, el cálido goteo de su voz en el
que intentaba refugiarse.
Siente rabia. Recuerda las largas noches de
inquisiciones de Diego, su ansiedad, entre pesaro
sa y excitada. Recuerda el hambre que, según él,
despierta ella en su ser, no solo de su cuerpo, sino
también de todas las experiencias ignotas que este
le ofrece, de la ilimitada magnitud de la vida. ¿No
fue acaso él quien la hizo pensar que lo que quería
era verla en brazos de otro hombre?
Pronto la rabia se transforma en miedo. Se
ha alejado del mundo para quererlo. Nada de lo que
antes le daba sentido a su vida hoy tiene importan
cia. La sola idea de perderlo la inmoviliza. Sabe que
sin el amor de Diego terminará por desaparecer.
Nadar Desnudas.indb 16 27/06/13 09:50
II. Dos años antes
Nadar Desnudas.indb 17 27/06/13 09:50
La soledad de los cuerpos
Sophie mira a Morgana desde la orilla de
la piscina y piensa que le gustaría dibujarla. Podría
esbozar su cuerpo emergiendo y luego plasmar la
oscilación del agua con tinta negra y algunas gotas
de azul. Pero el verdadero desafío consistiría en
expresar su exuberancia, la elasticidad de sus mo
vimientos, la energía que emana de su ser, brillan
te, indomable.
Morgana se zambulle y sus nalgas desnu
das se asoman levemente. El aire es cálido y fruto
so, inusual para un verano santiaguino cuyas no
ches suelen ser frescas.
—¿Vas a quedarte ahí toda la noche? An
da, tírate. El agua está tibia —le grita a Sophie.
Entraron a la piscina del Stade Français
por un agujero del enrejado. Fue Morgana quien
la trajo hasta aquí, y Sophie no se arrepiente de
haberla seguido. Se saca la falda y luego, de un
tirón, la blusa azul. Los calzones blancos, apenas
sujetos de sus estrechas caderas, refulgen en la os
curidad como la cabeza de un oso polar. También
la muñequera de colores que trae en su mano iz
quierda. Las tiene por decenas, las pinta ella misma
con manchas, figuras y arabescos, y lleva siempre
una puesta. Le dan un aire gitano que contrasta
con su estampa delgada y exenta de curvas, como
la de un chiquillo. Se quita los calzones con ra
pidez y los oculta bajo la ropa. En tanto, Morga
na vuelve a hundirse. Su cabello negro y rizado
Nadar Desnudas.indb 19 27/06/13 09:50
20
ondea como las plantas de las profundidades del
mar.
Sophie cierra los ojos, oprime su nariz con
el pulgar y el índice y se lanza de pie. Imagina su
cuerpo estrellándose contra el fondo de la piscina.
A pesar de que tiene dieciocho años y que no des
precia vivir, a veces piensa que la muerte puede ser
tan vasta como la vida.
Desde el otro extremo ve acercarse a Mor
gana con grandes brazadas. Una vez que están pró
ximas, Morgana se sumerge, toma uno de los pies
de Sophie y la atrae hacia sí. Esta patalea con fuer
za hasta desprenderse de ella. Antes de que Morga
na reaccione, Sophie presiona la cabeza de su amiga
y la hunde.
Ahora ambas flotan de espaldas.
Hace ocho meses que Sophie llegó a Chile
a vivir con su padre. A las pocas semanas de su
arribo, Morgana tocó el timbre de su apartamento
y le preguntó si podía entrar. Se habían topado en
el ascensor del edificio donde ambas viven, y siem
pre se saludaban con alegría y curiosidad, pero
nunca hasta entonces se habían hablado.
El agua pasa a través de ellas en infinitas
frecuencias y atiza su piel con descargas tenues.
Todo se mueve. Sus espaldas serpentinas, los fila
mentos de luz que dibuja la luna sobre el agua, las
hojas de los abedules que al contacto de la brisa
revelan sus caras plateadas. Y a la vez todo se de
tiene, de a poco, hasta llegar a la quietud.
—Anne estaría orgullosa de nosotras si pu
diera vernos —dice Morgana.
—Pero el problema es que está a diez mil
kilómetros de distancia y no nos conoce —replica
Sophie.
Nadar Desnudas.indb 20 27/06/13 09:50
21
—Ya lo hará... verás —asegura Morgana con
firmeza—. Voy a escribir un ensayo sobre su poe
sía, tan lúcido, tan perfecto, que cruzará el Atlántico,
y entonces, Anne Sexton, la mejor poetisa de su
generación, caerá a nuestros pies.
—Tu es folle, mignonne —dice Sophie con
su francés arrastrado, propio de las altas esferas pa
risinas—. Dale, tres palabras con A.
—Azulsorar, asombrentender, asfixialítico.
Con M —grita a su vez Morgana.
Como hija de diplomáticos, Morgana ha
vivido en diferentes ciudades del mundo, inclu
yendo París, en el mismo barrio donde Sophie vi
vió con su madre desde niña. Les divierte pensar
que más de una vez debieron cruzarse en la calle,
en el metro, o en la panadería.
—Mentirosear, momenticar, masturbesar
se —señala Sophie.
—Ahá, así que con esas. ¿Tienes a alguien
particular en mente?
Nadan hacia la orilla, trepan por el borde
de la piscina y se sientan en la superficie de ce
mento. Morgana se recoge el pelo y lo anuda sobre
su cabeza. Al despejarse, la arquitectura de su ros
tro queda al descubierto. Sus cejas rectas y tupidas
se encuentran en el entrecejo, un límite que sepa
ra sus ojos ávidos y burlones de su frente redon
deada de niña.
—Se llama Camilo. Trabaja en la papelería
donde compro mis materiales de pintura —res
ponde Sophie.
Ambas reclinan la espalda en el cemento
que aún guarda el calor de la tarde. En lo alto,
como una sábana, la luminosidad de la luna abriga
el cielo.
Nadar Desnudas.indb 21 27/06/13 09:50
22
—¿Cómo es? —pregunta Morgana, girán
dose hacia ella.
—Tiene un culo que te cagas —responde So
phie, emulando la forma de expresarse de su amiga.
El agua de la piscina aún se agita, como si
un gigante hubiera arrojado su aliento sobre ella.
Sophie no sabe qué busca al decir esto, tal vez pro
vocarle celos. Pero no es lo que encuentra cuando
mira a Morgana de soslayo. Sus ojos brillan de cu
riosidad y complacencia al constatar que se aven
turan en el universo abstracto —por la inmensa
cuota de imaginación que despierta— y a la vez
divinamente carnal al cual pertenece.
—Es guapo, entonces —observa Morgana
y suelta una carcajada.
—Diego me advertiría que demasiado. Que
fuera cuidadosa.
Miente. Camilo no es guapo. Tiene la ex
presión triste, huraña, agresiva incluso, de quien
ya conoce lo inclemente que puede llegar a ser el
infortunio.
—Diego, Diego, ¿te das cuenta de que no
paras de nombrarlo? ¿Y por qué le dices Diego y
no papá? Además, ¿cuándo voy a conocerlo?
—Tendrías que venir al departamento por
la noche porque él trabaja todo el día. Pero, oye,
haces demasiadas preguntas.
Se largan a reír. Sophie se burla del afán de
Morgana por saberlo todo para al rato olvidarlo.
Tiene la impresión de que cada momento en la
mente de Morgana borra al que le antecede, para
así enfrentarse a los eventos con la simpleza de la
ignorancia.
La brisa nocturna comienza a desplegar su
frescor.
Nadar Desnudas.indb 22 27/06/13 09:50
23
—Deberíamos vestirnos —señala Sophie.
—O podría llegar una turba de adolescen
tes y encontrarnos desnudas.
—¿Acaso te entusiasma la idea?
—No me disgusta.
—De verdad estás loca —afirma Sophie, y
oculta sus pequeños senos con las manos, como si
la ocurrencia de Morgana de pronto fuera a hacer
se realidad.
Morgana tiene veintidós años, tan solo
cuatro más que ella. Sophie observa cómo la luz
de la noche queda atrapada en las gotas que aún
permanecen adheridas a la piel desnuda de su ami
ga, e imagina que debe poseer una buena cuota de
fortaleza y descaro para llevar ese cuerpo con tal
desenvoltura.
Después de que ambas se han vestido, Mor
gana saca de su bolso una pequeña caja de metal
en cuya tapa está dibujada la figura de un ángel.
Sus alas nacen en los hombros y caen hasta sus pies.
De su interior saca un papelillo y luego lo llena con
hojas molidas de marihuana. El cielo respira cerca
no. Sophie piensa que si extiende el brazo lo sufi
ciente, tal vez lograría tocarlo.
Esa primera tarde, cuando de improviso lle
gó a su departamento, Morgana preparó un porro y
le contó que el ángel era un regalo del primer chico
con quien había hecho el amor. Sophie había fuma
do antes con alguno de sus compañeros del Beaux
Arts, pero el muro que la había separado siempre del
mundo se había hecho tan alto y extenso que no
volvió a intentarlo. Hasta que llegó Morgana.
—Lo vi el otro día entrando al edificio. Es
bastante guapo —señala Morgana después de dar
le al porro una honda calada.
Nadar Desnudas.indb 23 27/06/13 09:50
24
—¿Quién?
—Tu padre, Diego.
—Todas dicen lo mismo.
—¿Quiénes son «todas»?
—Las mujeres, mignonne, ¿quiénes más
van a ser?
—Lo dices como si te molestara.
—No, no me molesta en absoluto. Diego
adora a las mujeres y ellas lo adoran a él. Por eso
son inofensivas.
Junto a Morgana el muro del aislamiento
no crece. Morgana baila y tararea con su voz ron
ca una melodía.
—Dale, vamos —le dice.
—Es que no puedo.
—¿Cómo que no, qué va a pensar Anne de ti?
Con timidez, Sophie se suma y mece las
caderas.
—¿Ves? —ríe Morgana.
«Claro que puedo, a tu lado puedo todo, a
tu lado percibo la excitante naturaleza de las co
sas», se dice Sophie a sí misma mientras levanta los
brazos y los mueve al ritmo de los sones cadencio
sos de Morgana.
Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución,
comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con autorización de los titulares de
propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito
contra la propiedad intelectual (arts. 270 y ss. Código Penal).
Nadar Desnudas.indb 24 27/06/13 09:50
Sobre la autora
Carla Guelfenbein nació en Santiago de Chile.
Estudió Biología en la Universidad de Essex, In-
glaterra, con especialización en genética de pobla-
ción. Más tarde estudió diseño en la Saint Mar-
tins School of Art. De vuelta a Chile, trabajó en
BBDO y también fue directora de arte y editora
de moda de la revista Elle. Es autora de las novelas
El revés del alma (Alfaguara, 2003), La mujer de mi
vida (Alfaguara, 2006) y El resto es silencio (2009).
Su obra ha sido traducida a dieciséis idiomas por las
editoriales más prestigiosas de Europa, con gran
acogida del público y de la crítica nacional e inter-
nacional.
009-188 Nadar desnudas.indd 277 04/07/13 09:41
Índice
I. Enero 1973
Seducción cuadricular 11
II. Dos años antes
La soledad de los cuerpos 19
Espérame 25
Desaparecer 30
La Rue du Dragon 34
Lo que no debió ocurrir 38
Un viento negro y duro 48
Doce balazos I 51
Doce balazos II 56
Salto del ángel 66
Al paredón 68
Fragor de aluminio 75
Para ella, por ella 79
Todo o nada 83
Solitario en su delirio 91
Él no estará 93
Una ráfaga de aire frío 96
Adónde ha de llegar 98
¿Qué vamos a hacer? 102
Tú, al esternón 106
Orfandad 112
Fulgores de agua 116
«La santísima trinidad» 121
El calor del otro 128
Habrá olvidado 131
009-188 Nadar desnudas.indd 279 04/07/13 09:41
Reparación 134
Domingo 139
El miedo 141
Cielo robado 151
Entristefeliciéndose 160
De reciedumbre y de nobleza 166
La casa 170
El infinito es siempre azul 179
Y de pronto el silencio 184
III. Septiembre 2001
Pensó que había olvidado 193
Derrotar la muerte a palos 202
¿Dónde están? 206
Un hilo de seda 209
En otra parte 211
Pequeños ritos 214
El mundo de Antonia 219
La última vez 227
Ciento sesenta y dos cartas 233
El invierno llega siempre desde el mar 237
La mujer imperfecta 243
Paula 248
Maldita culpa 252
La certeza de su soledad 255
El azar y la necesidad 260
El silencio de sus palabras 264
Un lugar sin tiempo 267
Nadaron desnudas 272
Fisuras: Paul Simon y Brian Clark 275
009-188 Nadar desnudas.indd 280 04/07/13 09:41
LA MUJER DE MI VIDA
Carla Guelfenbein
Una amistad que da pie a un triángulo donde se
entremezclan amor, desencuentros, traiciones y
esperanzas.
Para la Navidad del 2001, por primera vez, Theo viaja rumbo al
país de sus antiguos amigos, Clara y Antonio. No sabe bien por qué
aceptó la intempestiva propuesta de su compañero de universidad,
sin antes pensarlo, sin medir consecuencias, sin recordar sus
esfuerzos para olvidarlo todo, sin indagar siquiera si Clara estaría ahí.
La sorpresa de verlos juntos, esperándolo en el aeropuerto de Puerto
Montt, le hace preguntarse con mayor fuerza la razón por la cual,
después de quince años de silencio, Antonio lo ha buscado.
Cuando se conocieron, Antonio era un joven exiliado
chileno en el Londres de los años ochenta, y Theo, un inglés
estudiante de sociología. Su amistad nació en gran parte de la
admiración de Theo por Antonio, quien anhelaba regresar a
su país, luchar por la democracia y demostrar su valentía. Fue
Antonio también quien le presentó a Clara. Ella ejercerá su
encantamiento sobre ambos, desatando oscuros sentimientos
con los cuales los tres tendrán que lidiar.
A través de una voz masculina, intercalada por el diario de Clara,
Carla Guelfenbein, nos presenta en esta, su segunda novela, una
deslumbrante historia donde no todo es lo que aparenta ser.
«El viaje interior de Carla Guelfenbein. La autora lanza su segunda
novela, donde revisa las claves del amor y la amistad desde la
mirada masculina. Con esta novela se consolida como una escritora
respetada por el público chileno y la crítica extranjera».
Portada Revista Ya. El Mercurio
Nadar Desnudas.indb 283 27/06/13 09:50
EL REVÉS DEL ALMA
Carla Guelfenbein
Ana, una prestigiosa fotógrafa que vive en Londres, viene a
Chile por primera vez después de veintiún años. Deja atrás
su relación con un atractivo científico inglés y a Elinor, su
aristocrática amante. Aun cuando huye de sus compromisos,
deberá enfrentar la bulimia de Daniela, su sobrina. Al mismo
tiempo, lidiará con Cata, madre de Daniela, quien vive presa
de su sentido de responsabilidad.
«Esta novela retrata el mundo de la mujer contemporánea sin
efectismos y es, en muchos sentidos, diferente a la literatura escrita
por mujeres en América Latina. La imagen del mundo es sensible
a los movimientos del alma que hay detrás de cada gesto.»
Antonio Skármeta
Nadar Desnudas.indb 285 27/06/13 09:50