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De Pecadores A Pescadores

Este documento analiza el llamado de Simón Pedro como pescador para convertirse en discípulo de Jesús. Explica que mientras la multitud solo escuchaba a Jesús, Pedro escuchó y obedeció, llevando su relación con Jesús a un nivel más profundo a través de la oración y el estudio de las Escrituras. También reconoció su propia humanidad y pecaminosidad ante Jesús. Fue al hacer esto y dejar todo para seguir a Jesús que Pedro experimentó la transformación de "pescador de hombres".
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De Pecadores A Pescadores

Este documento analiza el llamado de Simón Pedro como pescador para convertirse en discípulo de Jesús. Explica que mientras la multitud solo escuchaba a Jesús, Pedro escuchó y obedeció, llevando su relación con Jesús a un nivel más profundo a través de la oración y el estudio de las Escrituras. También reconoció su propia humanidad y pecaminosidad ante Jesús. Fue al hacer esto y dejar todo para seguir a Jesús que Pedro experimentó la transformación de "pescador de hombres".
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Pescadores y muchedumbre

Este Evangelio en particular es bastante significativo, ya que en él se narra el llamamiento de Simón


más tarde Pedro que, como sabemos, fue el más grande de los discípulos de Jesús, y en esta lectura
vemos precisamente cómo fue que inició su historia con Él.
“La gente se agolpaba en torno suyo para oír la Palabra de Dios” Para el momento en que esto
sucede, la gente buscaba a Jesús y lo seguía porque Él ya tenía cierta fama de hacer milagros, de
curar enfermos y de hablar a la multitud acerca del Reino de los Cielos y lo que debían hacer para
llegar a él.
Entonces, la gente lo buscaba y buscaba estar en su presencia, ellos estaban ahí porque ya habían
oído hablar de Él y de lo que era capaz de hacer, así como hay en día nosotros lo buscamos, y
buscamos escuchar también su Palabra. Sin embargo, aunque Jesús era capaz de realizar toda clase
de prodigios, en esta lectura no se menciona ningún milagro para con la gente que le escuchaba sino
hacia Simón y los demás pescadores.
Ahora, ¿por qué Jesús no hizo ningún milagro para la muchedumbre? ¿Cuál fue la diferencia entre las
personas que le estaban escuchando y los pescadores?
Primero que nada, la multitud lo único que hacía era escuchar. Ellos se acercaron para escuchar la
Palabra, lo cual es correcto, y de hecho Jesús les enseñaba, lo incorrecto es que se limitaron escuchar,
a diferencia de Simón. Y es el problema con nosotros, que a veces nos acercamos a la Iglesia, vamos a
Misa, vamos a temas, leemos la Palabra, venimos a hermandad y escuchamos y aprendemos y
decimos que todo está muy bonito y todo, pero nos limitamos a escuchar en vez de a llevar a cabo
aquello que aprendimos. Para recibir milagros y bendición, hay que escuchar y obrar.
Tal vez alguien diga, “bueno, pero Simón no estaba escuchando a Jesús como el resto de la multitud
y aun así recibió la bendición”, pero de hecho no fue así, Simón tuvo que aprender escuchar antes de
ser bendecido.
Dice la Palabra que Jesús vio a los pescadores y subió a una de las barcas. Más adelante vemos que
ellos no habían podido pescar nada, pero Jesús lo sabía desde el momento en que los vio y al ver que
tenían necesidad, fue que Él subió a su barca, así como también se acerca a nosotros siempre que le
necesitamos, pero Él no quiere estar solo en los momentos de necesidad, sino también en los
momentos de alegría y felicidad en nuestra vida.
Y una vez que se subió le pidió a Simón que se alejara un poco de la orilla y comenzó a enseñar desde
ahí. Hay que remarcar esta parte: Jesús llegó desde el principio con intención de bendecirlos y de
darles una pesca abundante, pero no fue lo primero que hizo, porque primero Simón y los otros
debían escuchar su Palabra. En nuestra vida siempre y sin excepción lo primero debe ser aprender su
Palabra y luego ponerla en práctica.
Lo siguiente que hay que recalcar es que Jesús le pidió a Simón que llevara la barca “mar adentro”.
Esto a menudo es interpretado como llevar nuestra relación con Él a un nivel más profundo, es
comenzar a pasar más tiempo con Él en oración, más tiempo leyendo su Palabra, dedicar más tiempo
a servirle e ir involucrándolo más en nuestra vida, ponerlo más en el centro de esta.
Otra de las actitudes a imitar de Simón es el momento en que le dice “confiado en tu Palabra”. Hay
veces en las que tenemos problemas y la fe nos comienza a fallar, aun cuando hay tantas promesas
de parte de Dios para nosotros en su Escritura.
Pedro se reconoce pecador. Hay personas que no lo hacen, hay gente que dice que es “buena”
cuando nadie es del todo bueno en realidad; muchas veces nos encontramos también con actitudes
hipócritas de personas que aun sabiendo que viven en pecado quieren hacernos pensar que son
buenas o mejores que nosotros, u otras como en el caso de los fariseos que juzgaban a María
Magdalena que juzgan a todo el mundo y no se fijan primero en cómo están ellos.
Hay que tener la humildad y la sinceridad para postrarse delante de Cristo y decir “Señor, soy
pecador. Soy débil y muchas veces me dejo llevar por mi mundanidad, pero te amo y sé que tú me
amas también y que por mí y mis pecados fue que moriste en esa cruz. Así que, por amor a ti, voy a
luchar para desterrar el pecado de mi vida”.
Y es cuando escuchamos, cuando obedecemos, cuando buscamos llevar nuestra relación con Dios a
un nivel más profundo en nuestra vida, cuando confiamos en Él a pesar de todo, y cuando tenemos la
humildad para postrarnos y reconocernos pecadores ante Él, que transforma nuestra vida y nos lleva
a ser “pescadores de hombres”.
Porque es cuando hacemos el último paso y el que marcó la diferencia en la vida de Pedro: dejamos
todo y seguimos a Jesús.

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