0% encontró este documento útil (0 votos)
229 vistas34 páginas

Clément

texto sobre acueductos chimus en chicama
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
229 vistas34 páginas

Clément

texto sobre acueductos chimus en chicama
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

Los chimú en el valle de Chicama


(costa norte del Perú): entre el desierto
y el fenómeno El Niño

Camille Clément

Introducción
La costa norte del Perú, caracterizada por un clima particularmente árido, recibe
lluvias torrenciales cuando ocurre un evento El Niño (Orbegoso Rodríguez,
1987; Caviedes, 1984). Sin embargo, estas condiciones ambientales
extremas no impidieron el desarrollo de varias sociedades humanas, como los
chimú que se expandieron por los valles septentrionales del litoral peruano,
durante el Intermedio Tardío (900-1470 d. C.). Esta sociedad ha sido capaz
de organizar y de establecer diversas estrategias para aprovechar los recursos
de esta región desértica, mientras se enfrentan a fenómenos destructivos y
recurrentes como las fuertes precipitaciones de El Niño.
A pesar de su aridez, el valle bajo de Chicama tiene muchas ventajas
geográficas para el desarrollo de la agricultura, como un caudaloso río y
una amplia llanura costera. Sin embargo, las intensas lluvias del fenómeno
El Niño transforman temporalmente el medioambiente (Caviedes, 1984:
287; Erdmann et al., 2008) y obligan a los habitantes del valle, tanto en el
presente como en el pasado, a adaptarse a las nuevas condiciones (Moore,
1991; Lausent-Herrera, 1992). La llanura costera de Chicama, ocupada 17
Camille Clément

por los chimú desde el siglo XI d.  C.1, presenta numerosos asentamientos


y restos arqueológicos, como canales, que demuestran la importancia de
la explotación agrícola durante el Intermedio Tardío. Si el desarrollo de la
irrigación permitió el cultivo de los vastos terrenos de esta llanura, hasta
sus márgenes septentrionales, las infraestructuras agrícolas, en particular
los canales, se han visto afectadas a menudo por escorrentías episódicas,
producidas por lluvias excepcionales. Por lo tanto, se trata de entender
cómo los chimú resolvieron el doble problema de la insuficiencia habitual
de los recursos hídricos y del exceso puntual de agua, durante uno o varios
episodios El Niño. Por ello, es necesario estudiar la parte media del valle
de Chicama, aguas arriba de los cultivos, y las regiones marginales del valle
bajo, basándose en los estudios de otros arqueólogos que trabajaron allí,
como Chauchat et al. (1998) y Watson (1979), y en las imágenes satelitales
de Google Earth y en nuestras prospecciones pedestres. El análisis de las
infraestructuras hidráulicas, de construcciones específicas, como los recintos
de adobe, y de los muros aislados que cruzan las quebradas ayudará a entender
las estrategias usadas por los chimú para superar la aridez del medioambiente
y los fenómenos de El Niño.

1. Las condiciones climáticas en el valle de Chicama


Ubicado en la costa norte del Perú, el valle de Chicama cubre cerca de
6000 km2 entre el valle de Moche, al sur, y el de Jequetepeque, al norte.
Tomando en cuenta sus características geográficas, lo hemos dividido en tres
zonas distintas: el valle bajo, el valle medio y el valle alto (Clément, 2015;
fig. 1). El valle bajo es una amplia llanura costera, salpicada de pequeños
cerros, que albergaba la mayor parte de los asentamientos chimú. Más al
este, el valle medio se caracteriza por un relieve marcado y montañoso, pero
aún es amplio y las cimas de los cerros son de altura mediana (mayormente
inferior a los 3000 msnm). Por último, el valle alto, mucho más estrecho,
culmina a veces a más de 4000 m de altura (Oficina Nacional de Evaluación
de Recursos Naturales [en adelante ONERN], 1973).

1 Moore y Mackey (2008: 789) suponen que los chimú consolidaron su poder en los valles de
Moche, Virú y Chicama entre los años 900 y 1200 d. C. Además, Pozorski (1987: 113) presenta
varios fechados radiocarbónicos para el canal chimú intervalle de La Cumbre en los siglos XI y
18 XII d. C. A partir de estos datos proponemos que la llegada de los chimú a Chicama ocurrió más
o menos durante el siglo XI d. C.
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

VALLE DE JEQUETEPEQUE
Perú
ro
ne e Salagual

ta

O chap
S an

i
qu
rí o
rí o i ll

an
río C h u q u

Tambo VALLE
estación Salinar
río ALTO
Puerto Malabrigo Q uirripa
no
VALLE a
m
ica

BAJO
OC

C h
río
ÉA
N
O

VALLE DE MOCHE
P Río
A
C
ÍF Estación meteorológica
IC Estación hidráulica
40 km O
Sitio arqueológico

Figura 1 – Mapa general del valle de Chicama


Fuente: IGN peruano; ONERN, 1973

El clima del valle se ve influenciado por la topografía de la Cordillera de los


Andes, pero también por el Océano Pacífico y su corriente fría de Humboldt.
Al este, la sierra tiende a bloquear las masas de aire húmedo, originarias de la
Amazonía, mientras que el afloramiento de las aguas frías del Pacífico crea una
inversión térmica que impide la formación de la lluvia en la costa (Orbegozo
Rodríguez, 1987: 115). Estos factores provocan una escasez de lluvias en el
litoral (alrededor de 5 mm de precipitaciones anuales en Puerto Malabrigo;
fig. 1; ONERN, 1973) y un medioambiente desértico en las regiones bajas.
En el fondo del valle medio, el clima sigue siendo seco y las precipitaciones
escasas (116 mm de precipitaciones anuales en Tambo, 750 msnm; fig. 1;
ONERN, 1973), pero en las regiones altas, las lluvias son cada vez más
intensas con la altura, especialmente entre los meses de noviembre y abril
(más de 1000 mm de precipitaciones anuales en Salagual, 2600 msnm; fig. 1;
ONERN, 1973). Este aporte de agua considerable, pero limitado a la cuenca
húmeda que se encuentra por encima de 1200 o 1300 msnm, da lugar a
varios arroyos que se unen para formar el río Chicama. 19
Camille Clément

Este río de 160 km de longitud, fluye en el fondo del valle antes de


desembocar en el Océano Pacífico y permite el desarrollo de la vegetación
a lo largo de sus riberas (ONERN, 1973: 194). Reuniéndose con sus
principales afluentes en el valle medio, entre ellos los ríos Chuquillanqui,
Ochape, Santanero y Quirripano (fig. 1), se convierte en un río realmente
importante, con un caudal promedio anual de 26,6 m3/s, de acuerdo con los
registros de la estación hidráulica de Salinar (ONERN, 1973). Ante la falta
de precipitaciones suficientes en el valle bajo, el río Chicama constituye la
fuente principal y única de agua dulce para los habitantes de esta parte del
valle. Pero la situación puede cambiar por completo por las ocurrencias de
fenómenos climáticos.
La corriente oceánica de El Niño, asociada a menudo con condiciones
atmosféricas globales del Océano Pacífico (la Oscilación Sur, lo que da el
acrónimo ENSO: El Niño Southern Oscillation), alcanza la costa norte y el
valle de Chicama, según un ciclo irregular y con una intensidad muy variable
(Machare & Ortlieb, 1993; Ortlieb, 2000; Quinn et al., 1987; Sandweiss,
1991; Rein, 2007). Las aguas cálidas de El Niño, que descienden desde
el Ecuador hacia el sur y rechazan la corriente fría de Humboldt, anulan
la inversión térmica en la superficie del mar. Estas condiciones climáticas
provocan lluvias torrenciales en el litoral desértico, pero también en las alturas
de la vertiente occidental de los Andes (Mugica, 1983). El fuerte aumento
del caudal del río Chicama, alimentado por las lluvias del valle medio y
alto, puede causar inundaciones, mientras que en la parte baja, las intensas
precipitaciones dan lugar a muchos arroyos y torrentes temporales que bajan
por las laderas de los cerros y excavan barrancos y quebradas (Nials et al.,
1979; Moseley et al., 1992; Caviedes, 1998). De hecho, en los márgenes
de la parte baja del valle de Chicama, se notan huellas de escurrimientos en
varias quebradas, incluyendo las de Higuerón, Santa María, La Camotera,
La Mónica, Lescano y la Quebrada del Oso que analizaremos en detalle
más adelante. Durante cuatro a cinco años, después de un evento El Niño,
unas fuentes permanecen en estas quebradas y permiten el desarrollo de la
vegetación (Gálvez & Runcio, 2011: 82), pero finalmente las capas freáticas
se secan y el desierto se reafirma.
Cabe mencionar que cada fenómeno es de intensidad distinta, unos con
repercusiones limitadas y otros de envergaduras excepcionales como el mega-
Niño que debió ocurrir alrededor de 1300 d. C. (Moseley et al., 1992; Rein,
20 2007; Satterlee, 1993; Wells, 1990). Además, Caviedes y Waylen (1987) han
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

demostrado que un mismo evento afecta de forma heterogénea a los valles


de la costa norte: cuando unas cuencas reciben muchas lluvias, otras se ven
menos afectadas y las crecidas de sus ríos son menores. Por otra parte, ocurren
lluvias episódicas ciertos años sin que se haya registrado las condiciones
típicas de un fenómeno El Niño, por lo cual no se puede relacionar siempre
una huella de escorrentía o una destrucción de canal con un evento El Niño
(Orbegoso Rodríguez, 1987).
En cualquier caso, una gran cantidad de agua en un ambiente desértico
puede provocar inundaciones, deslizamientos de terreno (huaicos), erosión
o sedimentación, destrucciones de infraestructuras, como puentes, carreteras
y canales (Nials et al., 1979; Moseley et al., 1992; Caviedes, 1984). El fuerte
contraste entre la aridez habitual y la sobreabundancia de agua durante el
fenómeno El Niño ha planteado problemas importantes para las sociedades
humanas que vivían en el valle de Chicama, entre ellas los chimú.

2. La cultura Chimú y el riego en Chicama


Los chimú se desarrollaron durante el Intermedio Tardío, a partir del
siglo X d. C., al sur de Chicama, en el valle de Moche, donde construyeron el
gran sitio de Chan Chan (fig. 1). Considerado como el principal centro chimú,
Chan Chan se compone de ciudadelas, probables palacios ceremoniales y
administrativos convertidos en mausoleos funerarios, de residencias de la élite
y de suburbios acogiendo a una población de artesanos (Campana, 2006;
Moseley & Cordy-Collins, 1990; Moseley & Day, 1982; Topic & Moseley,
1983; Ravines, 1980). Desde el valle de Moche, los chimú se lanzaron a la
conquista de la costa norte, dominando, en el siglo XV, varias centenas de
kilómetros de litoral, entre el valle de Lambayeque, al norte, y el de Casma,
al sur (Moore & Mackey, 2008). Alrededor de 1470 d. C., fueron derrotados
por el ejército inca, liderado por Túpac Yupanqui quien anexa el reino Chimú
al imperio Inca, el Tawantinsuyu (Rowe, 1948). Los tesoros de oro y plata
llevados a Cuzco por los Incas atestiguan la riqueza y el poder de los antiguos
gobernantes chimú y la habilidad de los orfebres de Chan Chan.
A pesar de los descubrimientos de adornos de metales preciosos, por los
huaqueros o durante excavaciones arqueológicas de ricas sepulturas en las
plataformas funerarias de Chan Chan (Pozorski, 1980), la economía chimú
no estaba basada en la artesanía, sino más bien en la agricultura. Calabazas,
maíz, frijoles, camotes, yucas, ají y muchas otras especies fueron cultivados 21
Camille Clément

por los chimú, como lo demuestran las cerámicas en forma de frutas o de


verduras, y las semillas encontradas en contextos arqueológicos (Pozorski,
1979; Tate, 2007). Estos productos agrícolas, además de los de la ganadería
y pesca que procuraban la mayoría de las proteínas (Pozorski, 1979),
constituían la mayor parte de la dieta de los habitantes de la costa norte,
durante el Intermediario Tardío.
En un medioambiente desértico, el uso de canales de riego es indispensable
para desviar el agua de los ríos, como el río Chicama, hacia los campos. En el
valle bajo de Chicama, zona apta para la agricultura, debido a su importante
río y a su vasta llanura costera, el desarrollo de la irrigación comenzó antes
del Intermedio Tardío. Beneficiado de una red hidráulica preexistente, legada
por los moche y los sicán, los chimú construyeron nuevos canales, ampliando
cada vez más el área de tierra cultivada. Numerosos estudios arqueológicos
llevados a cabo sobre las infraestructuras hidráulicas prehispánicas de los
valles de Moche y Chicama (Farrington, 1980; Kosok, 1965; Kus, 1972;
1984; Ortloff et al., 1982; 1983; Pozorski & Pozorski, 1982; Watson,
1979) demostraron el dominio de los chimú, capaces de construir canales
eficientes y largos de varias decenas de kilómetros. Los diversos parámetros,
tales como la pendiente, el recubrimiento y la forma de un canal, estaban
elegidos cuidadosamente para permitir una velocidad de flujo adecuada y
un caudal óptimo. Estos conocimientos permitieron a los chimú ampliar
la red hidráulica hasta regiones alejadas de los ríos, de los cuales los canales
tomaban el agua.
En el valle bajo de Chicama, muchos canales chimú han sido inventariados
en zonas actualmente desérticas, al margen de los cultivos modernos (fig. 2).
Al sudeste, se encuentra el canal intervalle de La Cumbre que desviaba el
agua del río Chicama para llevarla hasta el valle de Moche (Farrington, 1983;
Ortloff et al., 1982; 1983; Pozorski & Pozorski, 1982). El bajo caudal del río
Moche debía causar problemas para el riego de las extensas tierras ubicadas
al noroeste de Chan Chan y el desvío de una parte del agua del río Chicama,
más caudaloso, podía paliar esta escasez. Al norte, el canal de Ascope, que
pasa en la cima de un acueducto de 1200 m de largo, de 20 a 40 m de ancho
y de 12 a 23 m de altura (Sánchez, 1997; Watson, 1979: 154), se divide en
varias ramas para irrigar las tierras de la pampa de Mocan.
La importancia de la irrigación para los chimú se refleja también a través
de la presencia de centros administrativos rurales, como Quebrada del Oso,
22
establecidos cerca de algunos canales principales (fig. 2). Las similitudes
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

Perú

Mocan
162

Cerro Pan de Azúcar


cerro canal de
El Sapo Ascope
28 VALLE
MEDIO
Cerro Mocollope
Cerro
VALLE Lescano
BAJO
O

ma

ca
i Queb. del Oso
Ch
A

ío
N

r
O

Cerro P
A canal intervalle
Sitio arqueológico C
ÍF de La Cumbre
Límites del valle IC
O
Canal prehispánico
Canal moderno
Cultivos modernos 20 km
Chan Chan

Figura 2 – Mapa del valle bajo de Chicama, con el sistema de riego y sitios arqueológicos Chimú
Fuente: IGN peruano; NASA Aster GDEM; Watson, 1979; Keatinge, 1974

entre la arquitectura de los recintos de estos sitios y las ciudadelas de Chan


Chan llevaron a los arqueólogos (Keatinge, 1974; Keatinge & Conrad, 1983;
Mackey, 1987; Moore & Mackey, 2008; Pozorski, 1987) a interpretarlos como
sedes de funcionarios, encargados de la gestión de los recursos, en particular
del agua de los canales. Esta red de centros administrativos, jerarquizados
según Mackey (1987), estaba encabezada por los gobernantes de Chan
Chan y favorecían un control estatal del territorio chimú (Moore & Mackey,
2008). Así, en las márgenes del valle bajo de Chicama, los sitios de Quebrada
del Oso (Keatinge, 1974) y de Mocan (Chauchat et al., 1998; Pozorski,
1987; Pozorski & Pozorski, 2003) permitían a unos funcionarios, mandados
desde Chan Chan, gestionar los canales y tal vez la explotación agrícola. Por
otra parte, la construcción de obras hidráulicas tan imponentes implicaba
un esfuerzo considerable que, según Watson (1979) y Netherly (1984), solo 23
podía estar a cargo de las más altas autoridades del reino chimú.
Camille Clément

A un nivel más local, el valle bajo de Chicama fue ocupado por comunidades
de campesinos, encabezadas por curacas y organizadas según el principio de
la dualidad (Netherly, 1984; Ramírez, 1995). Según Netherly (1984), existía
una estrecha relación entre una comunidad y el canal que regaba sus tierras y,
por lo tanto, el curaca manejaba y controlaba el agua del canal, para el bien
de su comunidad. Esta interpretación se ve reforzada por la cercanía de los
centros de las comunidades locales, como Cerro Pan de Azúcar (Mercado,
2002), Cerro Mocollope (Leonard & Russell, 1992) o Cerro Lescano
(sitio n.° 32) (Vega Obeso, 2004), con los canales mayores del valle bajo
(fig. 2; Clément, 2015). Asimismo, hemos propuesto (Clément, 2015) que
la red de canales en el centro de la llanura costera era gestionada por estas
comunidades, mientras que las tierras y los canales marginales estaban bajo el
control de funcionarios de Chan Chan.
El dominio de la hidráulica, la construcción de nuevos canales, la inversión
de tiempo y de mano de obra necesaria, y la voluntad de gestionar los recursos
hídricos desde centros administrativos demuestran claramente que los chimú
buscaron desarrollar el riego y la agricultura al máximo de las capacidades
en la parte baja del valle de Chicama. En la época chimú, el área de tierras
cultivadas, que alcanzaba regiones actualmente desérticas, era quizás superior
a la que hoy en día se utiliza, a pesar de las herramientas modernas que
tenemos. Pero si los canales permitían a los pobladores del valle enfrentarse a
la aridez de la costa y cultivar numerosas especies vegetales, eran tributarios
de la única fuente de agua de la región: el río Chicama. Además, estos canales
podían estar periódicamente afectados por las consecuencias directas de los
fenómenos El Niño.

3. Los canales y el fenómeno El Niño


Las huellas de destrucción observadas en los canales prehispánicos y los daños
padecidos por las infraestructuras hidráulicas modernas durante los eventos
El Niño, muestran el impacto negativo de las lluvias torrenciales sobre el
sistema de riego (Caviedes, 1984; Moseley et al., 1992; Nials et al., 1979).
El aumento del caudal del río Chicama, que puede alcanzar más de 600 m3/s
(ONERN, 1973), con las precipitaciones importantes que caen sobre el valle,
causan grandes daños a las bocatomas de los canales. Las pequeñas presas
que actualmente están siendo utilizadas para desviar parte del agua de los
24 ríos en los canales, fueron arrastradas por las inundaciones excepcionales, lo
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

que explica, según Watson (1979: 131), que ningún vestigio de bocatoma
prehispánica fue descubierto hasta hoy. A pesar de estas averías, parte del
agua del río Chicama puede penetrar en los canales y hacer que desborden,
deteriorando así sus taludes que se derriben adentro y afuera (Watson,
1979: 131). La fuerza del agua también puede excavar el fondo del canal,
modificando su forma y dimensiones inicialmente diseñadas para un caudal
reducido (Pozorski & Pozorski, 2003). Los canales, tanto hoy como antes,
están sujetos a múltiples deterioros, cerca del río Chicama durante un evento
El Niño.
La red de riego también está muy dañada por los ríos temporales que se forman
en las quebradas del valle bajo durante estos fenómenos meteorológicos.
Numerosas secciones de los canales prehispánicos, especialmente el canal de
Ascope que se dirige hacia la pampa de Mocan, y el de La Cumbre, están
destruidas por los torrentes de las quebradas que los seccionan en dos y los
atraviesan (Kus, 1972; Watson, 1979). De hecho, el agua que se acumula en
estas quebradas baja las pendientes perpendicularmente a los canales que,
en cambio, siguen las curvas de nivel. Para regar los terrenos alejados del
río, los canales tenían que cruzar varias quebradas, habitualmente secas. Las
secciones de los canales prehispánicos, ubicadas al nivel de estas áreas de flujo,
están completamente destruidas por los sucesivos eventos El Niño.
Los numerosos vestigios de canales en el valle de Chicama ilustran claramente
las estrategias de adaptación de los chimú frente a la aridez de las condiciones
ambientales. Sin embargo, los habitantes tuvieron que enfrentarse a dos
problemas mayores. Por un lado, el riego de un área tan amplia en la
llanura costera de Chicama implicaba no solo un sistema de riego eficiente
(Kus, 1972), sino también el control de los recursos hídricos aguas arriba.
Hubiera sido aleatorio invertir tantos esfuerzos en la expansión agrícola sin
haber controlado la única fuente de agua: el río Chicama. Por otra parte, el
sistema de riego, especialmente en las áreas marginales cultivadas durante el
Intermedio Tardío, era particularmente vulnerable frente a los fenómenos
climáticos de El Niño (Nials et al., 1979). Las destrucciones causadas por las
crecidas del río, las inundaciones y los torrentes temporales que fluían con
fuerza en las quebradas afectaban principalmente a los canales. Entonces,
debemos preguntarnos cómo los chimú se enfrentaron a estas dos situaciones
climáticas extremas: la aridez y las lluvias torrenciales. ¿Qué estrategias
desarrollaron para mantener activa la amplia red de irrigación del valle de
Chicama, a pesar de los fenómenos recurrentes de El Niño? 25
Camille Clément

4. Los antecedentes de la investigación


A pesar de la atracción de las ruinas de Chan Chan y de las Huacas del Sol y
de la Luna, en el valle vecino de Moche, el patrimonio arqueológico del valle
de Chicama fue objeto de varios estudios desde los inicios del siglo XX. Si al
principio, los arqueólogos (Kroeber, 1930; Muelle, 1937) se limitaron a un
inventario de sitios arqueológicos con edificios monumentales, como las altas
plataformas de adobe, los proyectos arqueológicos más recientes se han centrado
en diversos tipos de asentamientos, desde las simples concentraciones de
material hasta los grandes sitios con arquitectura. Así, los canales prehispánicos
de Chicama se convirtieron en el foco del Programa Riego Antiguo, dirigido
por Thomas Pozorski (1987), mientras que el canal intervalle de La Cumbre
ha sido objeto de un apasionado debate, oponiéndose Farrington (1983) y
Pozorski & Pozorski (1982) a Ortloff et al. (1982; 1983) y Kus (1984), en cuanto
al funcionamiento de esta obra hidráulica. Chauchat et al. (1998), Leonard
& Russell (1992), Gálvez & Becerra (2003), Krzanowski (2006) y muchos
otros arqueólogos han prospectado e identificado 206 sitios arqueológicos que
datan del Intermedio Tardío. Estos estudios están concentrados sobre todo en
el valle bajo y los conocimientos acerca del patrimonio arqueológico de las
partes medias y altas de Chicama siguen siendo limitados.
El impacto del fenómeno El Niño sobre los vestigios arqueológicos y las
infraestructuras hidráulicas ha sido objeto de varias investigaciones (Craig &
Shimada, 1986; Sandweiss, 1991; Van Buren, 2001). Así, Moseley y otros
investigadores (Moseley, 1983; Moseley & Deeds, 1982; Moseley et al., 1992)
explican que la reducción de la superficie cultivada en el valle de Moche al
final de la época chimú se debe probablemente a los efectos combinados de
los movimientos tectónicos, que transformaron la topografía, y de sucesivos
eventos El Niño, volviendo ineficaces a los canales. Por su parte, Pozorski
y Pozorski (Pozorski, 1987; Pozorski & Pozorski, 2003) suponen que
después de un evento de mega-Niño, alrededor de 1300 d.  C.2, los chimú
abandonaron el desarrollo de la agricultura a cambio de una política de
expansión más guerrera. Según Satterlee (1993), el mismo mega-Niño habría
tenido consecuencias profundas para la cultura Chiribaya y su ideología, en
la costa sur del Perú. Por último, la leyenda de Naymlap que menciona un
diluvio y la caída del último líder del valle de Lambayeque, Fempellec, llevó a

26 2 Se debe precisar que ninguna huella de mega-Niño ha sido estudiada en el valle de Chicama y que
las fechas de varios autores (Wells, 1990; Satterlee, 1993; Rein, 2007) no coinciden perfectamente.
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

Shimada (1990) y Donnan (1990) a suponer que un mega-Niño contribuyó a


una crisis sociopolítica cuyas evidencias arqueológicas se descubrieron en varios
sitios de Lambayeque. Las interpretaciones de estos investigadores sugieren
que en diferentes épocas, los fenómenos climáticos de El Niño han tenido un
impacto significativo sobre los habitantes de la costa norte y de la sierra.
Otros investigadores se han interesado no tanto en las consecuencias, sino
más bien en las estrategias implementadas para enfrentarse a estos fenómenos.
Así, cuando ocurrió el evento El Niño de 1998, Gálvez y Runcio (2010;
2011) observaron que algunos habitantes del valle bajo de Chicama se fueron
a cultivar pequeñas parcelas en las quebradas de Santa María y La Camotera,
normalmente desérticas. De hecho, unas fuentes de agua siguen funcionando
temporalmente después de las lluvias torrenciales (Briceño, 1994), lo que
permite instalar algunos cultivos modestos. Estas observaciones etnográficas
ayudan a entender el papel de los pequeños sitios arqueológicos moche y
chimú, identificados por Chauchat et al. (1998) en estas quebradas. Según
Gálvez y Runcio (2010), estos asentamientos fueron ocupados temporalmente
después de un evento El Niño, para aprovechar el agua de las fuentes de los
alrededores. La explotación agrícola que resultaba de esta movilidad de la
gente podía probablemente compensar la pérdida de las cosechas causadas
por la destrucción del sistema de riego (Gálvez & Runcio, 2011). Con la
instalación puntual en estas quebradas, los habitantes de la parte baja del
valle de Chicama demostraron una cierta flexibilidad y una gran capacidad
de adaptación.
En el valle de Casma, Moore (1991) indica que el sitio residencial chimú de
Quebrada Santa Cristina se caracteriza por una ocupación de corta duración,
tal vez menos de 5 años. El estudio comparativo de los restos malacológicos de
Quebrada Santa Cristina y de Manchan, otro sitio chimú de Casma, ha revelado
la ausencia de ciertas especies de conchas marinas, como Aulacomya ater,
Semimytilus alzosus, Brachidontes purpuratus, Perumytilus chorus, en Quebrada
Santa Cristina. Los efectos negativos de la corriente caliente El Niño sobre
estas especies y la cercanía del sitio con campos elevados destinados a
aprovechar las zonas inundadas llevaron a Moore (1988; 1991: 37) a suponer
que Quebrada Santa Cristina fue ocupada después de un episodio El Niño
para cultivar nuevas zonas, mientras se reparaba y se reactivaba la red de
canales del valle de Casma.
Por otra parte, durante prospecciones llevadas a cabo en el valle vecino de
27
Jequetepeque, Dillehay et al. (2009) identificaron una serie de muros aislados.
Camille Clément

Según Dillehay et al. (2004: 276), estas construcciones de piedra parecen


haber servido como presas para limitar la fuerza de los ríos temporales que
impactaban y dañaban los canales. Según Schaedel (1992), la muralla chimú
del valle de Moche cumplía un papel similar, protegiendo canales, campos
de cultivos y Chan Chan de las escorrentías. Sin embargo, hay que tener
en cuenta que es difícil evaluar la eficiencia de estas presas, ya que, por lo
general, no han sobrevivido a los sucesivos episodios El Niño, después de su
abandono. Dillehay et al. (2004) también señalan que los sitios chimú del
valle de Jequetepeque están instalados mayormente en zonas altas, protegidas
de las inundaciones.
Resalta de estos estudios arqueológicos que los chimú establecidos en el
valle de Chicama parecen haber tratado de proteger sus infraestructuras
agrícolas y de adaptarse a las condiciones de los eventos El Niño, explotando
puntualmente nuevas áreas en las quebradas. Así, para entender cómo los
habitantes de Chicama se enfrentaron a las condiciones ambientales de la
región durante el Intermedio Tardío, se necesitan presentar más datos.

5. Trabajos en el valle de Chicama y resultados


El estudio que realizamos en este valle se hizo en dos etapas. Una vez
identificados los asentamientos ocupados durante el Intermedio Tardío en
los informes de los arqueólogos (entre otros Chauchat et al., 1998; Gálvez
& Becerra, 2003; Leonard & Russell, 1992; Watson, 1979) se examinaron
imágenes satelitales de Google Earth. Este trabajo permitió identificar 569
sitios arqueológicos potenciales visibles (Clément, 2015: 135, fig. 4.17). La
aridez de la región y la buena conservación de los vestigios favorecen este
tipo de análisis, particularmente útil para tener una idea previa de la riqueza
arqueológica de ciertas zonas del valle.
Posteriormente, hemos explorado en el terreno varias áreas del valle de
Chicama, tanto en las partes bajas como medias y altas, registrando 167
sitios arqueológicos. El análisis de la cerámica en superficie, clasificada en
tipos-variedades, permitió fechar la ocupación de la mayor parte de los sitios.
Así, 88 están fechados del Intermedio Tardío y 49 estaban ocupados por los
chimú, ya que se han encontrado tiestos de pasta negra, con decoraciones
paleteadas, geométricas moldeadas y ollas con bordes carenados, típicos de la
cultura Chimú (Collier et al., 1955; Kanigan, 1995; Keatinge, 1973; Prieto,
28 2008). En el caso de los otros 39 sitios del Intermedio Tardío, el material no
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

es suficiente diagnóstico para diferenciar entre las culturas Chimú, Sicán o


Cajamarca. Además, no se puede fechar el uso de un canal solo con el material
cerámico, por lo cual no podemos establecer una cronología precisa de la
evolución del sistema de irrigación y debemos tener en mente qué segmentos
de los canales estudiados pudieron ser realizados en épocas anteriores a los
chimú. Asimismo, los sicán del valle de Chicama, aún poco conocidos,
debieron haber participado en el desarrollo de la irrigación.
Para entender cómo los chimú organizaron la gestión de los recursos
hídricos, es necesario prestar más atención al fondo del valle medio, aguas
arriba de los canales principales del valle bajo, y a las áreas marginales de la
llanura costera.

6. El fondo del valle medio y el control del agua por los chimú
En el valle medio, 30 de los 48 sitios del Intermedio Tardío estudiados se
encuentran en el fondo del valle, cerca del río Chicama (fig. 3; Clément,
2015). Algunos son solamente concentraciones de cerámica (6 sitios), mientras
que los otros presentan vestigios de edificios (21 sitios) o de infraestructuras,
como los canales (17 sitios).
Los asentamientos con arquitectura se componen a menudo de varias
pequeñas estructuras rectangulares de piedras, con un único ambiente.
Además de estas construcciones, otras estructuras de piedra más grandes
y complejas, con múltiples ambientes, han sido registradas en los sitios
más importantes. Como el material cerámico recogido en la superficie
era de carácter doméstico, es muy probable que estos edificios, grandes y
pequeños, fuesen lugares residenciales. Los grandes edificios pudieron servir
de residencia para miembros de la élite, mientras que los más pequeños
albergaron probablemente a la gente más pobre.
Estos sitios residenciales chimú sugieren la existencia de una población
relativamente densa que vivía de la agricultura en el fondo del valle medio. El
sistema de riego de esta región montañosa, mucho menos desarrollado que
el de la costa, demuestra el ingenio de los antiguos habitantes que lograron
llevar el agua hasta terrazas naturales áridas, a pesar de un relieve bastante
marcado (fig. 3). Los estrechos canales no miden más de 1 m de ancho y
serpentean entre las terrazas, siguiendo las curvas de nivel del terreno, para
regar las áreas llanas o con pendientes suaves. 29
Camille Clément

Perú

ha p e
ío Oc
r

río Chi
cam
a

84
94

río Chuquillanqui

Pequeño sitio del Intermedio Tardío


Gran sitio del Intermedio Tardío
Sitio mayor del Intermedio Tardío
4 km
Canal préhispánico

Figura 3 – Mapa del valle medio de Chicama y de los sitios del Intermedio Tardío cercanos al
río Chicama
Fuente: IGN peruano, NASA Aster GDEM

El análisis espacial de los sitios mayores del Intermedio Tardío permite


relacionar la ocupación humana y los recursos hídricos (Clément, 2014).
Desde las terrazas naturales donde se establecieron estos asentamientos era
fácil controlar los ríos, especialmente en las zonas de confluencia donde el
río Chicama se une con sus afluentes. Así, los ríos Ochape y Chuquillanqui
estaban controlados desde varios grandes sitios chimú, como los n.° 84 y 94,
cerca de su confluencia con el río Chicama (fig. 3). Asentándose en el fondo
del valle medio, los chimú podían dominar casi el 60% del recorrido del río
Chicama y supervisar las zonas de confluencia donde el caudal aumentaba.
El control del agua del río, aguas arriba de los canales del valle bajo, permitía
entonces una mejor gestión de este escaso recurso para la agricultura. Es
probable que la expansión agrícola de la llanura costera no hubiera sido posible
sin este dispositivo de supervisión de los recursos hídricos (Clément, 2014).
Si este control del agua proporcionaba una cierta seguridad en cuanto a
la lucha diaria contra la aridez, debemos preguntarnos también cómo los
chimú instalados en el valle medio sobrevivieron a los eventos El Niño. Las
30
lluvias generan un aumento significativo del caudal de los ríos que podían
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

desbordarse e inundar las riberas. Hoy en día, las orillas del río Chicama están
intensamente cultivadas a través del riego y no hemos encontrado ningún
rastro de sitios arqueológicos, aunque justamente pudieron ser llevados por
las inundaciones. Todos los vestigios inventariados, tanto para el Intermedio
Tardío como para otros períodos, están establecidos ligeramente en altura. Es
el caso de todos los asentamientos chimú que están construidos sobre terrazas
naturales, fuera del alcance de las crecidas del río Chicama y de los torrentes
temporales de las quebradas. Por último, aunque el sistema de riego del valle
medio estaba malogrado, los pequeños canales podían ser reconstruidos
fácilmente para reactivar la agricultura lo más rápido posible, tras el paso del
fenómeno climático.
Por tanto, el agua era un factor importante para instalar asentamientos chimú,
en el fondo del valle medio de Chicama. Los sitios de esta región permitían
el control de los recursos hídricos para luchar contra la aridez, pero también
estaban protegidos de las inundaciones causadas por los eventos El Niño. La
situación difiere bastante en la llanura costera.

7. Los márgenes del valle bajo: canales, recintos y muros aislados


Los sitios chimú estudiados en las zonas marginales de la llanura costera se
componen mayormente de canales, como el de Ascope y el de La Cumbre, de
campos agrícolas, de edificios como los recintos y de algunas concentraciones
de material. El examen de las imágenes satelitales permitió también identificar
secciones de muros aislados en las quebradas. Nuestro trabajo sobre los canales
prehispánicos no es tan completo como el de Kus (1972) o el de Watson
(1979), ya que nos limitamos al estudio de algunas secciones de canales,
al norte de la llanura costera, sin ampliarlo al sistema de riego entero. Sin
embargo, nuestros datos completan y precisan el trabajo de estos arqueólogos
sobre la red de canales y aportan nuevas informaciones acerca de los recintos
construidos a proximidad de las obras hidráulicas.
Las medidas tomadas en el canal de Ascope, cerca del cerro El Sapo (sitio
n.° 28; fig. 2) y en la pampa de Mocan (sitio n.° 162; fig. 2), a 15 km aguas
abajo, son muy diferentes. Aguas arriba, el canal mide entre 0,7 y 1,3 m
de profundidad con 3,4 m de ancho en su base y 4,8 m al nivel del talud
lateral (fig. 4, n.° 28). En cambio, en Mocan, los cinco canales principales
que estaban alimentados por el de Ascope son más amplios. El canal principal
n.° 4 de este sitio es, sin duda, el más impresionante que descubrimos durante 31
Camille Clément

n.°28 n.°162
2m 2m

talud
talud inf. talud inf. talud sup.
sup.

Figura 4 – Perfiles de canales principales, en los sitios n.° 28 y n.° 162


© Camille Clément

Figura 5 – Vista del canal n.° 4 (sitio n.° 162)


© Camille Clément

nuestras prospecciones (fig. 5). Con solo 0,8 m de profundidad, tiene 14 m
de ancho en la parte superior de los taludes y mide aproximadamente
7 m en su fondo (fig. 4, n.°  162). Estas dimensiones sugieren un caudal
mayor en Mocan que cerca del cerro El Sapo, mientras que la infiltración,
la evaporación y el uso del agua para el riego de los campos, a lo largo del
recorrido del canal, implica lógicamente una disminución gradual del caudal
(Watson, 1979: 140). Podemos preguntarnos por qué los chimú se esforzaron
en construir canales tan grandes, en Mocan, cuando el caudal no podía ser
tan importante.
En el sitio de Mocan (n.° 162) se puede observar el tramo del canal principal
n.°  1, parcialmente destruido, que atraviesa una pequeña quebrada seca
(fig. 6). En este lugar, el canal parece perder su talud superior, manteniendo
solo el talud inferior, reforzado con piedras, que impide al agua bajar la
pendiente de la quebrada. La ausencia del talud superior y el reforzamiento
del talud inferior pudieron permitir desviar en el canal las escorrentías que
llenaban ocasionalmente la quebrada, como Rodríguez Suy Suy (1991: 52)
32 lo ha documentado para canales del valle de Moche. Sin embargo, se debe
plantear la capacidad de resistencia de este tipo de instalación, en caso de
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

Canal
Talud inferior
reforzado
Trayectoria del
agua
Quebrada
Pendiente más
o menos fuerte

20 m

Figura 6 – Esquema del tramo del canal n.° 1 del sitio n.° 162 que cruza una pequeña quebrada
© Camille Clément

un fenómeno El Niño. ¿El canal pudo resistir al pequeño río fluyendo en la


quebrada y desviarlo o se rompía inexorablemente?
Los canales están asociados con campos cuyos surcos serpentiformes o rectos
siguen siendo visibles. Estos campos se encuentran en la pampa de Mocan
(sitio n.° 162; fig. 2), al pie del cerro El Sapo, pero también en el sitio de la
Quebrada del Oso (Keatinge, 1974; Kus, 1972) y al este de la llanura costera,
no muy lejos de Cerro Lescano (Kus, 1972; Watson, 1979; Vega Obeso,
2004; fig. 2). A diferencia de los canales, los campos están instalados en zonas
ligeramente elevadas y por lo tanto están poco afectados por los ríos que
fluyen en las quebradas que los rodean. Cerca de los canales y de los campos
prehispánicos, se puede apreciar en las imágenes satelitales unos recintos
que pudieron ser usados para actividades relacionadas con la irrigación y la
agricultura.
Entre los 28 recintos visibles en las imágenes satelitales, en el norte de la
llanura costera, los de los sitios n.° 20, 22, 24, 25, 26, 27 y 162 han sido
prospectados y todos han sido fechados del Intermedio Tardío, en base a la
cerámica y a sus características constructivas.
Estas construcciones se caracterizan por murallas externas que les dan una
forma a menudo cuadrangular, variando entre un cuadrado y un rectángulo
alargado (fig. 7). El espacio interno se compone de grandes patios y a veces
de unas piezas más pequeñas. Aunque predominan los espacios abiertos,
las divisiones internas son más numerosas en el caso de los recintos de gran
33
tamaño, con una superficie superior a 1000 m². Los materiales de construcción
Camille Clément

Perú

Límites del sitio

Recinto de adobe

20 m

Figura 7 – Plano del sitio n.° 24 con su recinto de adobe aislado


© Camille Clément

empleados son principalmente la piedra y el adobe paralelepípedo o de forma


paralelepípedo-convexa, típico del Intermedio Tardío (Gálvez & Castañeda,
2000), unido con argamasa de tierra. Las murallas de los recintos tienen a
menudo varios metros de altura y señalan claramente la frontera entre el
exterior y el interior del recinto.
Los dos recintos más grandes, ubicados en las zonas marginales de la llanura
costera, en la pampa de Mocan y en el sitio de Quebrada del Oso, se caracterizan
por una arquitectura y una organización interna, con patios y corredores muy
similares a las ciudadelas de Chan Chan y por lo tanto, han sido definidos por
Keatinge (1974) y Pozorski (1987) como edificios de carácter administrativo.
Los sitios de Mocan y de Quebrada del Oso siendo centros administrativos
rurales (de tercer rango según la jerarquía propuesta por Mackey, 1987), es
probable que desde estos grandes edificios, funcionarios del reino chimú
controlaran el riego, los canales y la explotación agrícola.
En el estado actual de los conocimientos, la o las funciones de los otros recintos
identificados siguen siendo difíciles de determinar. Pero estos recintos se
parecen a las cercaduras de la época Moche Tardía que han sido interpretadas
por Gamboa (2008) como edificios administrativos relacionados con los
miembros de la élite y con la red de canales. Sus espacios internos podían
efectivamente reunir a muchas personas, pero no tenemos ningún indicador
fiable acerca de las actividades que se desarrollaban allí. Hay que preguntarse
si estos edificios albergan ceremonias públicas o si se utilizaban para reunir
34 grupos de trabajadores a fin de realizar las tareas colectivas en los campos o en
los canales de los alrededores.
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

Los sitios chimú n.°  29, 31, 32 y 162 se conforman por estructuras de
diversos tamaños, simples o complejas, que tenían probablemente un carácter
residencial, como en el caso de las construcciones de los asentamientos del
valle medio. Por lo tanto, los sitios n.°  29, 31 y 32 (Cerro Lescano) eran
centros poblados más o menos importantes, mientras que el sitio n.°  162
pudo haber acogido temporalmente grupos de trabajadores en el momento
de la siembra y de la cosecha, en la pampa de Mocan.
Durante nuestras prospecciones, encontramos algunos muros largos aislados,
fechados por unos tiestos del Intermediario Tardío (fig. 8). Están construidos
de piedra, sin ningún cuidado, ya que los
bloques se apilan uno encima del otro sin
orden aparente. Sin embargo, ninguno de
estos muros parece realmente relacionado
con una zona de escorrentía y no
corresponden entonces a presas capaces
de frenar los torrentes tumultuosos que
se forman durante un evento El Niño.
Si nuestras prospecciones pedestres,
limitadas a unas áreas del valle de
Chicama, no han permitido documentar
presas similares a las encontradas por
Dillehay et al. (2004) en el valle de
Jequetepeque, las imágenes satelitales de
Google Earth revelaron varios fragmentos
de muros aislados, cruzando quebradas,
como la de Santa María (fig. 9). Aunque
solamente se conservan unas secciones,
estos muros debían, en el pasado,
«cerrar» las quebradas y por lo tanto
podrían haber actuado como presas. Si
bien es imposible fechar esas obras sin un Figura 8 – Vista de un muro aislado (sitio n.° 100)
© Camille Clément
estudio de campo, se puede suponer que
están relacionadas con el desarrollo del riego en los márgenes de la llanura
y que sirvieron en la misma época que los canales cercanos, fechados del
Intermedio Tardío (Watson, 1979; Pozorski, 1987; Chauchat et al., 1998).
Los márgenes del valle bajo de Chicama estaban regados antes por canales,
con campos agrícolas. Los recintos esparcidos alrededor pueden haber sido 35
utilizados para la gestión y el control del riego y de la agricultura en estas
Camille Clément

29

20

Figura 9 – Mapa de las zonas marginales del norte del valle bajo de Chicama, con los sitios
arqueológicos y las trayectorias de las corrientes temporales
Fuente: NASA Aster GDEM; Watson, 1979; Chauchat et al., 1998

áreas. Este patrón de asentamiento permitía, de hecho, aprovechar los nuevos


terrenos, desérticos sin el aporte de los canales, y así aumentar la producción de
alimentos. Sin embargo, estas instalaciones eran en parte destruidas durante
un fenómeno El Niño (canales seccionados en dos por las escorrentías, con
taludes derrumbados o erosionados).

8. El análisis de las estrategias de los chimú


Mediante el análisis de los diversos vestigios y de su localización en relación a
los ríos temporales que dejan huellas visibles en el paisaje, es posible destacar
36 varias estrategias imaginadas por los chimú.
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

En primer lugar, la presencia de muros aislados cruzando las quebradas parece


apoyar la hipótesis de que sirvieron como presas (fig. 9). Su eficiencia es, sin
embargo, difícil de probar ya que están destruidos precisamente en los lugares
donde pasan los arroyos temporales. Si esta función de presa sigue siendo
incierta, Markus Reindel (comunicación personal, diciembre de 2013) ha
encontrado muros similares en el valle de Palpa, en la costa sur del Perú.
A partir de una analogía con los khadins de India, Mächtle et al. (2009)
han interpretado conjuntos de terrazas y de muros cerrando la salida de las
pequeñas quebradas del valle de Palpa como sistemas de retención de agua. En
el caso de Palpa, los muros retenían los sedimentos llevados por el agua que
fluía por las laderas de las quebradas. El agua se infiltraba en los sedimentos
y la humedad del suelo permitía el cultivo alrededor de los muros. Aunque la
situación era probablemente diferente en el valle de Chicama (los fenómenos
El Niño son más fuertes allí que en el valle de Palpa), los muros aislados que
identificamos también pudieron ser reforzados por depósitos de sedimentos
que favorecían la infiltración y ralentizaban el agua. No se trataba de detener
los arroyos que se formaban durante un fenómeno El Niño, sino más bien de
reducir su poder destructivo. Podemos suponer que sin mantenimiento, estos
muros se rompieron bajo la fuerza de los torrentes temporales que ahora no
encuentran ningún obstáculo en sus trayectorias.
Parcialmente protegidos por estas presas, los canales que se extienden por la
margen norte del valle bajo de Chicama (fig. 9) también parecen haber sido
construidos en función de los violentos eventos El Niño. La ausencia de talud
superior observada en la sección del canal n.° 1 del sitio n.° 162, cruzando una
quebrada, sugiere que la escorrentía estaba captada por estos canales, lo que
proporciona dos ventajas. En primer lugar, los arroyos temporales no seguían
su camino hacia otros canales y campos de cultivo localizados abajo, evitando
así deterioros adicionales. Por otra parte, el agua canalizada podía repartirse
en los campos y por lo tanto beneficiar a los cultivos. El tamaño de algunos
de los principales canales de la pampa de Mocan (el n.° 4 del sitio n.° 162;
fig. 4) permitía que penetrara un gran volumen de agua, con un caudal
mucho más importante que en el canal de Ascope, aguas arriba. Al captar las
escorrentías en varios lugares de sus trayectorias, los canales podían aumentar
sus caudales, lo que obligaba a construirlos con dimensiones mayores. Si la
desviación de las corrientes temporales fue eficiente, se entiende mejor por
qué los chimú construyeron canales tan grandes al final del sistema de riego.
Sin embargo, al igual que los muros aislados, es difícil, hoy en día, darse 37
Camille Clément

cuenta de la eficacia de este tipo de instalaciones y podemos preguntarnos


si los taludes inferiores de los canales realmente resistieron a los torrentes
que debían desviar. Generalmente, los tramos de los canales que cruzaban las
quebradas fueron destruidos, y es posible que la desviación del agua solo haya
sido viable en el caso de escorrentías de poca fuerza.
Por último, los recintos construidos alrededor de los canales han podido
desempeñar un papel durante los episodios de El Niño. Si en tiempos
normales estos edificios eran utilizados para la gestión de la explotación
agrícola, se puede suponer también que durante un evento El Niño permitían
la rápida movilización de la mano de obra a fin de rehabilitar, lo antes posible,
los canales malogrados. Los asentamientos residenciales (n.° 29, 31, 32 y 162;
figs. 9 y 10) eran bastante escasos en estas zonas marginales, al límite de los
cultivos y del desierto, por lo que era fundamental atraer trabajadores tanto
para la agricultura como para las reparaciones.
Los vestigios arqueológicos de las áreas marginales de la llanura costera
muestran las distintas estrategias adoptadas por los chimú para enfrentarse al
fenómeno El Niño. En primer lugar, algunas construcciones parecen tener un
carácter preventivo y de protección. Como lo han propuesto Dillehay et al.
(2004) para el valle de Jequetepeque, es probable que los muros aislados
desaceleraran y disminuyeran el flujo de agua de las corrientes temporales en
las quebradas. Algunos canales también eran tal vez capaces de desviar el agua,
evitando daños y aumentado sus caudales. Además de estas protecciones,
también era necesario favorecer una reacción rápida en caso de destrucción
de los canales. Los recintos podían servir para movilizar la mano de obra
necesaria para el mantenimiento del sistema de riego. Entonces, la prevención
y la reconstrucción eran las dos facetas de la organización de los chimú para
superar la crisis de un fenómeno El Niño. Estas interpretaciones deben
completarse con el análisis espacial de los recintos, de los muros aislados, de
los canales y de las quebradas, lo que muestra también cómo se controlaban
los riesgos asociados con El Niño.
Por la margen norte de la llanura costera, varias presas atravesaban las
quebradas, en particular las de La Camotera y de Santa María (fig. 9;
cuadro 1, I y VI). Otras quebradas más pequeñas también estaban cerradas
con muros aislados (fig. 10; cuadro 1, II, IV y V). Dado el gran tamaño de
las cuencas de las quebradas de La Camotera y de Santa María, la cantidad de
agua que se concentraba allí tenía que ser importante, pero eso no significa
38
que los ríos eran especialmente caudalosos. De hecho, estas quebradas son
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

Figura 10 – Mapa de las zonas marginales orientales del valle bajo de Chicama, con los sitios
arqueológicos y las trayectorias de las corrientes temporales
Fuente: NASA Aster GDEM; Watson, 1979; Keatinge, 1974

anchas (más de 1 km para la quebrada Santa María) y tienen una pendiente


suave, lo que conduce a la formación de varias corrientes paralelas, como
lo demuestran los numerosos pequeños barrancos visibles en las imágenes
satelitales. Entonces, los largos muros aislados de estas quebradas no frenaban
un único torrente poderoso, sino varias corrientes con un caudal modesto.
En la desembocadura de estas quebradas, los recintos, aunque presentes, son
escasos y se puede suponer que las reparaciones en los canales debían ser
mínimas. Por lo tanto, parece que los chimú favorecieron la protección y la
prevención en lugar de reparar los daños después del evento.
En otras quebradas, ningún muro impedía a los flujos desplegarse y romper los
39
canales. Es el caso en una pequeña quebrada, al norte del cerro El Sapo, y en
Camille Clément

Cuadro 1 – Distintas zonas estudiadas con los sitios arqueológicos observados y las
estrategias de los chimú

Zona
Quebrada Sitios arqueológicos Estrategias
(figs. 9 y 10)
I La Camotera dos muros aislados y un recinto protección y reconstrucción

II un muro aislado y un recinto protección y reconstrucción

III cinco recintos reconstrucción


IV un muro aislado protección
V un muro aislado y tres recintos protección y reconstrucción
VI Santa María dos muros aislados protección
VII Higuerón nueve recintos reconstrucción
desviaciones por canales y cinco
VIII protección
recintos en el sitio n.° 162
IX La Mónica ? ?
X Lescano dos sitios residenciales reconstrucción
XI del Oso un recinto administrativo reconstrucción

Los números romanos hacen referencia a los de las figuras 9 y 10


© Camille Clément

la quebrada Higuerón (fig. 9; cuadro 1, III y VII). En el primer caso, el relieve


bastante encajonado de la pequeña quebrada, que solo tiene unos 150 m de
ancho en el fondo, concentraba el agua, lo que lógicamente provocaba una
velocidad de flujo muy importante, capaz de destruir una simple represa. Por
lo tanto, no debía ser posible limitar la fuerza de la corriente temporal que se
formaba en esta quebrada. La presencia de cinco recintos, establecidos a más
o menos 700 m de la salida de la quebrada, permitía reaccionar rápidamente
y reconstruir el canal principal dañado por el agua. En cuanto a la quebrada
Higuerón, en lugar de prevenir la destrucción, los chimú optaron también
por movilizar la mano de obra mediante nueve recintos, entre ellos, los de los
sitios n.° 20, 22, 24, 25 y 26, esparcidos alrededor de los canales y de la salida
de dicha quebrada.
Por último, la pampa de Mocan es atravesada por muchas pequeñas
escorrentías, que parecen menos poderosas (fig. 10; cuadro 1, VIII). Además
40
de los cinco recintos del sitio n.° 162 —entre ellos el recinto administrativo,
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

similar a una ciudadela de Chan Chan (Pozorski, 1987)— que permitían


reunir a los trabajadores para la reparación del sistema de riego, se puede
observar, en esta zona, la técnica de captura del agua por canales especialmente
diseñados, como en el caso del canal n.° 1.
Los sitios arqueológicos de las zonas marginales de la llanura costera, al norte,
muestran el uso alternativo de medidas de prevención y de reconstrucción.
Las agrupaciones de recintos a la salida de las quebradas carentes de presa
contrastan con los dispositivos de muros aislados, que están acompañados de
unos pocos recintos.
Al sudeste del río Chicama, no hemos encontrado ningún rastro de muro
aislado y solo el sitio administrativo de Quebrada del Oso tiene un recinto
de gran tamaño (Keatinge, 1974; fig. 10). Las tres quebradas de la región (La
Mónica, Lescano y la del Oso) tienen cuencas amplias, pero son relativamente
estrechas en los lugares donde están cruzadas por el canal intervalle (250 m,
400 m y 100 m, respectivamente). A diferencia de las quebradas de Santa
María y de La Camotera, las corrientes estaban mucho más concentradas y
la velocidad del agua debía ser importante. Bajo tales condiciones, una presa
parece insignificante y no hubiera soportado la presión del agua. Del mismo
modo, no era posible desviar tal cantidad de agua en el canal intervalle. El
acueducto que soportaba este canal en la Quebrada del Oso medía alrededor
de 27 m de ancho en su base y fue completamente destruido (Kus, 1972:
246). Por lo tanto, como no podían conseguir la protección del canal, los
chimú optaron por promover la organización de la reconstrucción.
El recinto del sitio de Quebrada del Oso está ubicado cerca del canal
intervalle de La Cumbre. Según Keatinge (1974), este centro administrativo
chimú sirvió para la construcción y el mantenimiento de esta obra hidráulica
(fig. 10; cuadro 1, XI). Por tanto, es probable que las reparaciones necesarias,
especialmente las realizadas en el acueducto que cruzaba la quebrada,
se organizaran desde este sitio. En el caso de la quebrada Lescano, los
asentamientos residenciales n.° 31 y 32, establecidos en las faldas del cerro
Lescano, afuera de las zonas inundables, podían proporcionar trabajadores
para rehabilitar el canal intervalle que pasa a solo 2 km de distancia (fig. 10;
cuadro 1, X). Finalmente, alrededor de la quebrada La Mónica, no se conoce
ningún sitio del Intermedio Tardío y esta área aún es poco conocida.

41
Camille Clément

Conclusión
El análisis de los patrones de asentamientos de los chimú en el valle de
Chicama proporciona una comprensión parcial de cómo los habitantes de la
costa norte se adaptaron a las condiciones climáticas extremas de la región.
La aridez habitual y los eventos El Niño recurrentes eran, en este sentido,
verdaderos desafíos que aceptaban los chimú, durante el Intermedio Tardío.
La escasez de agua obligaba a desarrollar un sistema de riego eficiente, como
Kus (1972) y Watson (1979) lo demostraron en el valle bajo de Chicama,
y también a controlar los recursos hídricos aguas arriba (Clément, 2014).
La ocupación chimú en el fondo del valle medio parece estrechamente
relacionada con el agua; los principales asentamientos de la región dominaban
las confluencias del río Chicama con sus afluentes, entre ellos el río Ochape
y el río Chuquillanqui que aumentan el caudal. El control del agua del
río aguas arriba de los cultivos y su gestión meticulosa, a través de canales
eficaces, permitieron paliar la aridez y aprovechar las vastas tierras del valle
bajo de Chicama.
La llegada del fenómeno El Niño trastornaba esta situación y obligaba a
los chimú a aplicar varias estrategias para superar estos episodios climáticos
catastróficos. Los muros que atravesaban algunas quebradas y los canales
especialmente diseñados para desviar pequeñas escorrentías debían limitar
los daños y las destrucciones. Pero estas construcciones de prevención y de
protección, cuya eficiencia es incierta en ausencia de restos bien conservados,
fueron complementadas por un dispositivo promoviendo la reacción de la
gente para rehabilitar el sistema de riego. La concentración de los sitios con
recintos aislados alrededor de las secciones destruidas de los canales por los
torrentes temporales sugiere que la movilización de la fuerza de trabajo era
facilitada por estos edificios que podían reunir grandes grupos de personas.
Esta interpretación se ve reforzada por el hecho de que estos recintos están
construidos sobre todo donde ninguna presa protegía los canales de las
corrientes de agua de las quebradas.
A estas estrategias de protección y de reconstrucción rápida de los canales,
se adjuntaba una cierta movilidad por parte de los habitantes del valle que
se asentaban temporalmente en las quebradas para aprovechar la humedad
y cultivar allí (Gálvez & Runcio, 2010; 2011). La explotación de estas áreas
normalmente desérticas, permitía sobrevivir hasta la rehabilitación del sistema
42 de riego.
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

Sin embargo, los eventos El Niño siguieron siendo momentos de crisis que
desestabilizaban las sociedades prehispánicas. Si los chimú fueron capaces de
superar estos fenómenos climáticos, parece que no fue el caso en el valle
de Lambayeque. Según la leyenda de Naylamp, un diluvio pudo haber
desestabilizado la producción agrícola, creando una crisis política en la
sociedad Sicán (Donnan, 1990; Shimada, 1990). Podemos preguntarnos si
la población de Lambayeque tenía estrategias similares a las documentadas
en Chicama y si estas fueron ineficaces frente a la intensidad de las lluvias
de un excepcional episodio El Niño. Hoy en día, estos fenómenos siguen
representando una amenaza para el desarrollo humano y la gente de la costa
norte está esperando ansiosamente la llegada del próximo El Niño.

Agradecimientos
Este trabajo no hubiera sido posible sin el apoyo de varias personas, entre ellos Patrice
Lecoq, Eric Taladoire, Nicolas Goepfert, Belkys Gutiérrez y Segundo Vásquez, y
de varias instituciones, como el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA), el
Institut des Amériques (IdA) y la Universidad Paris 1 Panthéon-Sorbonne. Agradezco
también a los estudiantes de Arqueología de la Universidad Nacional de Trujillo que
me acompañaron en el terreno y a los investigadores, en particular Claude Chauchat
y Markus Reindel, que intercambiaron sus ideas conmigo durante la mesa redonda
del 5 y 6 de diciembre de 2013.

Referencias citadas

BRICEÑO ROSARIO, J., 1994 – El recurso agua y el establecimiento de


los cazadores recolectores en el valle de Chicama. Revista del Museo de
Arqueología, Antropología e Historia, 5: 143-161.
CAMPANA DELGADO, C., 2006 – Chan Chan del Chimo: estudio de la
ciudad de adobe más grande de América antigua, xv + 409 pp.; Lima:
Editorial Orus.
CAVIEDES, C. N., 1984 – El Niño 1982-83. Geographical Review,
74 (3): 267-290.
CAVIEDES, C. N., 1998 – Influencia de ENOS sobre las variaciones
interanuales de ciertos ríos en América del Sur. Bulletin de l’Institut
Français d’Études Andines, 27 (3): 627-641. 43
Camille Clément

CAVIEDES, C. N. & WAYLEN, P. R., 1987 – El Niño y crecidas anuales


en los ríos del norte del Perú. Bulletin de l’Institut Français d’Études
Andines, 16 (1-2): 1-19.
CHAUCHAT, C., GÁLVEZ MORA, C. A., BRICEÑO ROSARIO, J. &
UCEDA CASTILLO, S., 1998 – Sitios arqueológicos de la zona de
Cupisnique y margen derecha del valle de Chicama, 169 pp.; Trujillo,
Lima: Instituto Nacional de Cultura La Libertad, Instituto Francés de
Estudios Andinos.
CLÉMENT, C., 2014 – L’eau : une ressource cruciale pour la culture Chimú
dans la vallée de Chicama (côte nord du Pérou). Archéo doct, 6: 57-75.
CLÉMENT, C., 2015 – Paysage socioculturel et architecture dans la culture
chimú. L’implantation humaine à l’intermédiare recent (1000-
1470 apr. J.-C.) dans la vallée de Chicama (côte nord de Pérou), vi +
381 pp.; Oxford: Archaeopress.
COLLIER, D., MARTIN, P. S. & ROSS, L. A., 1955 – Cultural Chronology
and Change as Reflected in the Ceramics of the Virú Valley, Peru, 226 pp.;
Chicago: Natural History Museum.
CRAIG, A. K. & SHIMADA, I., 1986 – El Niño flood deposits of Batán
Grande, northern Peru. Geoarchaeology, 1: 29-38.
DILLEHAY, T. D., KOLATA, A. L. & PINO, M., 2004 – Pre-industrial
human and environment interactions in northern Peru during the late
Holocene. The Holocene, 14 (2): 272-281.
DILLEHAY, T. D., KOLATA, A. L. & SWENSON, E., 2009 – Paisajes
culturales en el valle del Jequetepeque: Los yacimientos arqueológicos,
329 pp.; Trujillo: Ediciones Sian.
DONNAN, C. B., 1990 – An Assessment of the Validity of the Naymlap
Dynasty. In: The Northern dynasties: Kingship and statecraft in Chimor
(M. E. Moseley & A. Cordy-Collins, eds.): 243-274; Washington,
D.C.: Dumbarton Oaks Research Library and Collection.
ERDMANN, W., SCHULZ, N., RICHTER, M. & RODRIGUEZ
RODRIGUEZ, E. F., 2008 – Efectos del fenómeno del Niño 1997-
1998 en la vegetación del desierto de Sechura, Región Paita hasta el
año 2008. Arnaldoa, 15 (1): 63-86.
FARRINGTON, I. S., 1980 – The Archaeology of Irrigation Canals, with
Special reference to Peru. World Archaeology, 11 (3): 287-305.
FARRINGTON, I. S., 1983 – The Design and Function of the Intervalley
Canal: Comments on a Paper by Ortloff, Moseley and Fledman.
44 American Antiquity, 48 (2): 360-375.
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

GÁLVEZ MORA, C. A. & BECERRA URTEAGA, R., 2003 – Inventario de


sitios arqueológicos de la provincia de Ascope, 80 pp.; Trujillo: Instituto
Nacional de Cultura La Libertad.
GÁLVEZ MORA, C. A. & CASTAÑEDA MURGA, J., 2000 – Adobes
plano-convexos en la secuencia del valle de Chicama, Costa Norte del
Perú. Revista Arqueológica SIAN, 5 (9): 20-24.
GÁLVEZ MORA, C. A. & RUNCIO, M. A., 2010 – Eventos ENOS
(EL Niño, la Oscilación del Sur) y ocupación del desierto entre el
Horizonte Temprano y el Intermedio Tardío: análisis de casos en los
sectores medios de los valles de Moche y Chicama, Perú. Archaeobios,
4 (1): 19-52.
GÁLVEZ MORA, C. A. & RUNCIO, M. A., 2011 – Eventos ENSO (El
Niño, la Oscilación del Sur) y el cultivo de maíz en el desierto del
sector medio del valle de Chicama, Perú. Archaeobios, 5 (1): 79-97.
GAMBOA VELÁSQUEZ, J., 2008 – Plazas y cercaduras: Una aproximación
a la arquitectura pública Moche IV y V en los valles de Moche y Santa.
In: Arqueología Mochica: Nuevos Enfoques: Actas Del Primer Congreso
Internacional de Jóvenes Investigadores de la Cultura Mochica, Lima 4
y 5 de agosto de 2004 (L. J. Castillo & H. Bernier, eds.): 203-217;
Lima: Instituto Francés de Estudios Andinos, Fondo Editorial de la
Pontificia Universidad Católica del Perú.
KANIGAN, J. M., 1995 – The Ceramics from Chan Chan, Perú. A Reanalysis
of the SIAR Collection, vii + 409 pp.; Peterborough: Trent University,
M.A.
KEATINGE, R. W., 1973 – Chimu Ceramics from the Moche Valley, Peru:
A Computer Application to Seriation, 192 pp.; Cambridge: Harvard
University, Ph.D.
KEATINGE, R. W., 1974 – Chimu Rural Administrative Centres in the
Moche Valley, Peru. World Archaeology, 6 (1): 66-82.
KEATINGE, R. W. & CONRAD, G. W., 1983 – Imperialist expansion in
Peruvian prehistory: Chimu administration of a conquered territory.
Journal of Field Archaeology, 10 (3): 255-283.
KOSOK, P., 1965 – Life, Land and Water in Ancient Peru, 264 pp.; New York:
Long Island University Press.
KROEBER, A. L., 1930 – Archaeological Explorations in Peru, Part II: The
Northern Coast. Field Museum of Natural History, 2 (2): 47-116.
KRZANOWSKI, A., 2006 – Sitios arqueológicos en la región de Alto Chicama,
Perú, 317 pp.; Kraków: Académie Polonaise des Sciences et des Lettres. 45
Camille Clément

KUS, J. S., 1972 – Selected Aspects of Irrigated Agriculture in the Chimu


Heartland, Peru, xvi + 248 pp.; Los Ángeles: University of California,
Ph.D.
KUS, J. S., 1984 – The Chicama-Moche Canal: Failure or Success? An
Alternative Explanation for an Incomplete Canal. American Antiquity,
49 (2): 408-415.
LAUSENT-HERRERA, I., 1992 – El Niño, sequías y estrategias campesinas
en el alto valle de Chancay 1940-1973. In: Paleo-ENSO Records
International Symposium (Lima March 1992) (L. Ortlieb &
J. Macharé, eds.): 171-172; Lima: Office de la Recherche Scientifique
et Technique Outre-mer, Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e
Innovación Tecnológica.
LEONARD, B. L. & RUSSELL, G. S., 1992 – Informe preliminar: Proyecto
de reconocimiento arqueológico del Chicama, resultados de la primera
temporada de campo, 1989, 119 pp.; Lima.
MACHARE, J. & ORTLIEB, L., 1993 – Registros del fenómeno El Niño en
el Perú. Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines, 22 (1): 35-52.
MÄCHTLE, B., EITEL, B., SCHUKRAFT, G. & ROSS, K., 2009 –
Built on Sand: Climatic Oscillation and Water Harvesting During
the Late Intermediate Period. In: New Technologies for Archaeology.
Multidisciplinary Investigations in Palpa and Nasca, Peru (M. Reindel
& G. A. Wagner, eds.): 39-46; Berlín: Springer. 
MACKEY, C. J., 1987 – Chimu administration in the provinces. In: The
Origins and Development of Andean State (J. Haas, S. G. Pozorski &
T. Pozorski, eds.): 121-129; Cambridge: Cambridge University Press.
MERCADO RODRÍGUEZ, C. R., 2002 – Estudio de un asentamiento chimú
en Cerro Pan de Azúcar, valle de Chicama, 66 pp.; Trujillo: Universidad
Nacional de Trujillo. Tesis de Licenciatura.
MOORE, J. D., 1988 – Prehistoric Raised Field Agriculture in the Casma
Valley. Journal of Field Archaeology, 15 (3): 265-276.
MOORE, J. D., 1991 – Cultural Responses to Environmental Catastrophes:
Post-El Niño Subsistence on the Prehistoric North Coast of Peru.
Latin American Antiquity, 2 (1): 27-47.
MOORE, J. D. & MACKEY, C. J., 2008 – The Chimú Empire. In: Handbook
of South American Archaeology (H. Silverman & W. H. Isbell, eds.):
783-807; New York: Springer.
MOSELEY, M. E., 1983 – The Good Old Days Were Better: Agrarian
Collapse and Tectonics. American Anthropologist, 85 (4): 773-799.
46
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

MOSELEY, M. E. & CORDY-COLLINS, A., (eds.), 1990 – The Northern


Dynasties: Kingship and Statecraft in Chimor: a Symposium at Dumbarton
Oaks, 12th and 13th October 1985, x + 548 pp.; Washington, D.C.:
Dumbarton Oaks Research Library and Collection.
MOSELEY, M. E. & DAY, K. C. (eds.), 1982 – Chan Chan: Andean Desert
City, xxii + 373 pp.; Albuquerque: University of New Mexico Press.
MOSELEY, M. E. & DEEDS, E. E., 1982 – The Land in Front of Chan
Chan: Agrarian Expansion, reform, and Collapse in the Moche
Valley. In: Chan Chan: Andean Desert City (M. E. Moseley & K. C.
Day, eds.): 25-53; Albuquerque: University of New Mexico Press.
MOSELEY, M. E., TAPIA, J., SATTERLEE, D. R. & RICHARDSONN
III, J. B., 1992 – Flood Events, El Niño Events and Tectonic Events.
In: Paloe-ENSO Records international symposium (Lima March 1992)
(L. Ortlieb & J. Macharé, eds.): 207-212; Lima: Office de la Recherche
Scientifique et Technique Outre-mer, Consejo Nacional de Ciencia,
Tecnología e Innovación Tecnológica.
MUELLE, J. C., 1937 – Los Valles de Trujillo. Revista del Museo Nacional,
6 (1): 3-24.
MUGICA, R., 1983 – Departamento de Piura Rainfall in 1983. Tropical
Ocean-Atmosphere Newsletter, 28: 7.
NETHERLY, P. J., 1984 – The Management of Late Andean Irrigation
Systems on the North Coast of Peru. American Antiquity, 49 (2):
227-254.
NIALS, F. L., DEEDS, E. E., MOSELEY, M. E., POZORSKI, S. G.,
POZORSKI, T. & FELDMAN, R. A., 1979 – El Niño: The
Catastrophic Flooding of Coastal Peru. Field Museum of Natural
History Bulletin, 50 (7): 4-14.
ONERN (ed.), 1973 – Inventario, evaluación y uso racional de los recursos
naturales de la costa-Cuenca del Río Chicama, 502 pp.; Lima: Oficina
Nacional de Evaluación de Recursos Naturales.
ORBEGOZO RODRÍGUEZ, E., 1987 – Geografía de la región de La
Libertad, 526 pp.; Lima: Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e
Innovación Tecnológica.
ORTLIEB, L., 2000 – The Documented Historical Record of El Nino
Events in Peru: An Update of the Quinn Record (Sixteenth through
Nineteenth Centuries). In: El Niño and the Southern Oscillation:
Multiscale Variability and Global and Regional Impacts (H. F. Diaz &
V. Markgraf, eds.): 207-295; Cambridge: Cambridge University Press. 47
Camille Clément

ORTLOFF, C. R., MOSELEY, M. E. & FELDMAN, R. A., 1982 –


Hydraulic Engineering Aspects of the Chimu Chicama-Moche
Intervalley Canal. American Antiquity, 47 (3): 572-595.
ORTLOFF, C. R., MOSELEY, M. E. & FELDMAN, R. A., 1983 – The
Chicama-Moche Intervalley Canal: Social Explanations and Physical
Paradigms. American Antiquity, 48 (2): 375-389.
POZORSKI, S. G., 1979 – Prehistoric Diet and Subsistence of the Moche
Valley, Peru. World Archaeology, 11 (2): 163-184.
POZORSKI, T., 1980 – Las Avispas: plataforma funeraria. In: Chanchan:
Metrópoli Chimú (R. Ravines, ed.): 231-242; Lima: Instituto de
Estudios Peruanos, Instituto de Investigación Tecnológica Industrial
y de Normas Técnicas.
POZORSKI, T., 1987 – Changing priorities within the Chimu state the
role of irrigation agriculture. In: The Origins and Development of
Andean State (J. Haas, S. G. Pozorski & T. Pozorski, eds.): 111-120;
Cambridge: Cambridge University Press.
POZORSKI, T. & POZORSKI, S. G., 1982 – Reassessing the Chicama-
Moche Intervalley Canal : Comments on “Hydraulic Engineering
Aspects of the Chimu Chicama-Moche Intervalley Canal”. American
Antiquity, 47 (4): 851-868.
POZORSKI, T. & POZORSKI, S. G., 2003 – The Impact of the El Niño
Phenomenon on Prehistoric Chimú Irrigation Systems of the Peruvian
Coast. In: El Niño in Peru: Biology and Culture Over 10,000 Years.
Papers from the VIII Annual A. Watson Armour III Spring Symposium,
May 28-29, 1999 (J. Haas & M. O. Dillon, eds.): 71-89; Chicago:
Field Museum of Natural History.
PRIETO BURMESTER, O. G., 2008 – Cerámica utilitaria chimú de San
José de Moro: Tipología de formas y modelos interpretativos. Revista
del Museo de Arqueología, Antropología e Historia, 10: 111-154.
QUINN, W. H., NEAL, V. T. & ANTÚNEZ DE MAYOLO, S. E., 1987 –
El Niño Occurrences Over the Past Four and a Half Centuries. Journal
of Geophysical Research, 92 (13): 14449-14461.
RAMÍREZ HORTON, S. E., 1995 – De pescadores y agricultores: una
historia local de la gente del valle de Chicama antes de 1565. Bulletin
de l’Institut Français d’Études Andines, 24 (2): 245-279.
RAVINES, R., 1980 – Chanchan: Metrópoli Chimú, 390 pp.; Lima: Instituto
de Estudios Peruanos, Instituto de Investigación Tecnológica
48 Industrial y de Normas Técnicas.
Los chimú en el valle de Chicama (costa norte del Perú): entre el desierto y el fenómeno El Niño

REIN, B., 2007 – How do the 1982/83 and 1997/98 El Niños rank in
a geological record from Peru? Quaternary International, 161 (1):
56-66.
RODRIGUEZ SUY SUY, V., 1991 – Uso prehispánico del agua de consumo
humano en el valle de Moche. In: El agua de la ciudad de Trujillo:
Historia de su abastecimiento: 32-64; Trujillo: Servicio de Agua Potable
y Alcantarillado Trujillo.
ROWE, J. H., 1948 – The Kingdom of Chimor. Acta Americana, 6: 26-59.
SÁNCHEZ VÁSQUEZ, S. P., 1997 – Sistema hidraúlico prehispánico
del complejo La Laguna, Ascope-valle Chicama, 85 pp.; Trujillo:
Universidad Nacional de Trujillo. Tesis de Licenciatura.
SANDWEISS, D. H., 1991 – El Niño en la Prehistoria Andina. In: Actas del
XI Congreso Nacional de Arqueología Chilena: 11-15 de octubre de 1988
(H. Niemeyer Fernández, ed.): 99-104; Santiago de Chile: Museo
Nacional de Historia Natural, Sociedad Chilena de Arqueología.
SATTERLEE, D. R., 1993 – Impact of a Fourteenth Century El Niño Flood
on an Indigenous Population Near Ilo, Peru, xiii + 400 pp.; Gainesville:
University of Florida, Ph.D.
SCHAEDEL, R. P., 1992 – Paleotechnology and Flood Control on the
Peruvian North Coast. In: Paleo-ENSO Records International
Symposium (Lima March 1992) (L. Ortlieb & J. Macharé, eds.):
285-286; Lima: Office de la Recherche Scientifique et Technique
Outre-mer, Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación
Tecnológica.
SHIMADA, I., 1990 – Cultural Continuities and Discontinuities on the
Northern North Coast of Peru, Middle-Late Horizons. In: The
Northern dynasties: Kingship and statecraft in Chimor (M. E. Moseley
& A. Cordy-Collins, eds.): 297-392; Washington, D.C.: Dumbarton
Oaks Research Library and Collection.
TATE, J. P., 2007 – The Late Horizon occupation of the El Brujo site complex,
Chicama Valley, Peru, xv + 410 pp.; Santa Bárbara: University of
California, Ph.D.
TOPIC, J. R. & MOSELEY, M. E., 1983 – Chan Chan: A Case Study of
Urban Change in Peru. Ñawpa Pacha: Journal of Andean Archaeology,
21: 153-182.
VAN BUREN, M., 2001 – The Archaeology of El Niño Events and Other
“Natural” Disasters. Journal of Archaeological Method and Theory,
8 (2): 129-149. 49
Camille Clément

VEGA OBESO, E., 2004 – Dos sitios con campos de cultivos tardíos en
el valle de Chicama, Perú. In: Desarrollo Arqueológico Costa Norte del
Perú (L. Valle Álvarez, ed.): 17-26; Trujillo: Ediciones Sian.
WATSON, R. P., 1979 – Water Control and Land Use on the Arid North Coast
of Peru: Prehispanic Agricultural Systems in the Chicama Valley, xi +
292 pp.; Austin: University of Texas at Austin, M.A.
WELLS, L. E., 1990 – Holocene History of the El Niño Phenomenon As
Recorded in Flood Sediments of Northern Coastal Peru. Geology, 18:
1134-1137.

50

También podría gustarte