INSTITUTO UNIVERSITARIO ECLESIÁSTICO
SEMINARIO SANTO TOMÁS DE AQUINO
PALMIRA, ESTADO TÁCHIRA
VIII SEMESTRE
CÁTEDRA: TEOLOGÍA PASTORAL
DOCENTE: LIC. PBRO. MIGUEL VILLAMIZAR
ALUMNO: HOBRAYAN ZAMBRANO
C.I.: 26.068.375
DIRECTORIO PARA EL MINISTERIO Y LA VIDA DE LOS
PRESBITEROS
Resumen
Identidad del Presbítero
El Sacerdocio como Don, El Señor continúa ejercitando, en medio de su
Pueblo, aquella actividad que sólo a Él pertenece en cuanto Cabeza de su
Cuerpo. Por lo tanto, el sacerdocio ministerial hace palpable la acción propia
de Cristo Cabeza y testimonia que Cristo no se ha alejado de su Iglesia, sino
que continúa vivificándola con su sacerdocio permanente. Por este motivo, la
Iglesia considera el sacerdocio ministerial como un don a Ella otorgado en el
ministerio de algunos de sus fieles.
Raíz sacramental, Por medio de la Consagración, el sacerdote “recibe como
don un poder espiritual”, que es participación de la autoridad con que Jesús,
mediante su Espíritu, guía a la Iglesia”. Al mismo Tiempo, no hay que olvidar
que todo sacerdote es único como persona, y posee su propia manera de ser.
Cada uno es único e insustituible.
1.1. Dimensión trinitaria
El cristiano, por medio del Bautismo, entra en comunión con Dios
Uno y Trino. Esta es una verdad para todo cristiano, pero también es
cierto que el sacerdote es constituido en una relación particular y
especifica con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. La vida y
ministerio de la vida y la acción del mismo Cristo. Dentro del
Dinamismo Trinitario de la Salvación existe verdaderamente relación
fundamental entre el sacerdote y la Trinidad Santísima, nombrando
distintamente las tres Personas Divinas.
1.2. Dimensión cristológica
Identidad específica, la Dimensión, Cristológica, al igual que la Trinitaria,
surge directamente del sacramento, que configura ontológicamente con Cristo
configura ontológicamente con Cristo Sacerdote, Maestro, Santificador, y
Pastor de su Pueblo. Esta Conciencia – basada en el vínculo ontológico con
Cristo – se aleja de las concepciones “de tipo funcional” que han querido ver
al sacerdote solamente como un agente social o un gestor de ritos sagrados.
Consagración y misión, en la misma Sagrada Ordenación está
ontológicamente presente la dimensión misionera. El sacerdote es elegido,
consagrado y enviado para hacer eficazmente actual la misión eterna de
Cristo, de quien se convierte en autentico representante y mensajero.
1.3. Dimensión pneumatológica
Carácter sacramental, En la Ordenación presbiteral, el sacerdote ha recibido
el sello del Espíritu Santo, que ha hecho de él un hombre signado por el
carácter sacramental para ser, para siempre, ministro de Cristo y de la Iglesia.
Comunión personal con el Espíritu Santo, es también el Espíritu Santo,
quien en la Ordenación confiere al sacerdote la misión profética de anunciar y
explicar, con autoridad, la Palabra de Dios.
Invocación del Espíritu, el sacerdote es ungido por el Espíritu Santo. Esto
conlleva no solo el don del signo indeleble que confiere la unción, sino la tare
de invocar constantemente al Paráclito –don de Cristo resucitado- sin el cual el
ministerio del presbiterio sería estéril.
Fuerza para guiar la comunidad, en definitiva, en la comunión con el
Espíritu Santo donde el sacerdote encuentra la fuerza para guiar la comunidad
que le fue confiada y para mantenerla en la unidad que el Señor quiere.
1.4. Dimensión eclesiológica
“En” la Iglesia y “ante” la Iglesia a través del misterio de Cristo, el
sacerdote, ejercitando su múltiple ministerio, está insertado también en el
misterio de la Iglesia, la cual “toma conciencia, en la fe, de que no proviene de
sí misma, sino por la gracia de Cristo en el Espíritu Santo.
Universalidad del sacerdocio, el mandamiento del Señor de ir a todas las
gentes, constituye otra modalidad con la que el sacerdote está ante la Iglesia.
Este, enviado –missus- por el Padre por medio de Cristo, pertenece “de modo
inmediato” a la Iglesia Universal.
Índole misionera del sacerdocio para una Nueva Evangelización, La
Nueva Evangelización hace referencia sobre todo aunque no exclusivamente,
a las Iglesias de antigua fundación, donde son muchos quienes, aunque
bautizados en la Iglesia Católica, han abandonado la práctica de los
sacramentos o incluso la fe.
¡La fe se fortalece dándola! Ciertamente no todo depende de esos medios o
de las capacidades humanas, puesto que la gracia divina puede alcanzar su
efecto independientemente de la obra de los hombres.
Paternidad espiritual, El ministerio del sacerdote es a su vez ministerio de
paternidad. A través de su dedicación a las Almas, muchas son engendradas a
la vida nueva en Cristo.
Autoridad como “amoris officium”, El sacerdote debe ser guía, que lleva a la
santificación de los fieles confiados a su ministerio, que es esencialmente
pastoral, pero presentándose con la autoridad que fascina y hace creíble el
mensaje.
Tentación del democraticismo y del igualitarismo, a veces sucede que para
evitar esta primera desviación se cae en la segunda, y se tiende a eliminar toda
diferencia de función entre los miembros de cuerpo de Cristo que es la Iglesia,
negando en la práctica la distinción entre el sacerdocio común o bautismal y el
ministerial.
Distinción entre sacerdocio común y sacerdocio ministerial, el sacerdocio
común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes
esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro.
1.5. Comunión sacerdotal
Comunión con la Trinidad y con Cristo, la Comunión del sacerdote se
realiza, sobre todo, con el Padre, origen último de toda su potestad; con el
Hijo, de cuya misión redentora participa; y con el Espíritu Santo, que le da
fuerza para vivir y realizar la caridad pastoral.
Comunión con la Iglesia, la comunión eclesial del presbítero se realiza de
diversos modos. Con la ordenación sacramental, en efecto, el presbítero
entabla vínculos especiales con el Papa, con el Cuerpo episcopal, con el
propio Obispo, con los demás presbíteros y con los fieles laicos.
Comunión jerárquica, no se da ministerio sacerdotal sino en la comunión
con el Sumo Pontífice y con el Colegio Episcopal, en particular con el propio
Obispo diocesano, a los que se han de reservar el respeto filial y la obediencia
prometidos en el rito de la ordenación.
Comunión en la celebración eucarística, la comunión jerárquica se
encuentra expresada significativamente en la plegaria eucarística, cuando el
sacerdote, al rezar por el Papa, el Colegio episcopal y el propio Obispo.
Comunión en la actividad ministerial, cada presbítero ha de tener un
profundo, humilde y filial vínculo de obediencia con el Santo Padre y su
Obispo.
Comunión en el presbiterio, cada sacerdote está unido a los demás miembros
del presbiterio por particulares vínculos de caridad apostólica, de ministerio y
fraternidad.
La incardinación, auténtico vínculo jurídico con valor espiritual, la
incardinación en una determinada Iglesia particular o en una prelatura
personal, o en un instituto de vida consagrada o un una sociedad que goce de
esta facultad, constituye un auténtico vínculo jurídico que tiene también valor
espiritual, ya que de ella brota la relación con el Obispo.
El presbiterio, lugar de santificación, El Presbiterio es el lugar privilegiado
en el cual el sacerdote debería encontrar los medios específicos de formación,
de santificación y de evangelización. Allí mismo debe ser ayudado a superar
los límites y debilidades propios de la naturaleza humana, especialmente
aquellos problemas que hoy día se sienten con particular intensidad.
Fraterna amistad sacerdotal, la capacidad de cultivar y vivir maduras y
profundas amistades sacerdotales se revela fuente de serenidad y de alegría en
el ejercicio del ministerio; las amistades verdaderas son ayuda decisiva en las
dificultades y, a la vez, ayuda preciosa para incrementar la caridad pastoral.
Vida en común, una manifestación de esta comunión es la vida en común,
que la Iglesia ha favorecido desde siempre, y que recientemente ha sido
reavivada por los Documentos del Concilio Ecuménico Vaticano II.
Comunión con los fieles laicos, ha de poner al servicio de los laicos todo su
ministerio sacerdotal y su caridad pastoral a la vez que les reconoce la
dignidad de hijos de Dios y promueve la función propia de los laicos en la
Iglesia.
Comunión con los miembros de los Institutos de vida consagrada, el
sacerdote prestará especial atención a las relaciones con los hermanos y
hermanas comprometidos en la vida de especial consagración a Dios en todas
sus formas; les mostrará su aprecio sincero y su operativo espíritu de
colaboración apostólica.
Pastoral vocacional, todo sacerdote se dedicará con especial solicitud a la
pastoral vocacional. No dejará de incentivar la oración por las vocaciones y se
prodigará en la catequesis. Ha de esforzarse también, en la formación de los
acólitos, lectores y colaboradores de todo género. El sacerdote mantendrá
siempre relaciones de colaboración cordial con el seminario, cuna de la propia
vocación.
Compromiso político y social, el sacerdote estará por encima de toda
parcialidad política, pues es servidor de la Iglesia: no olvidemos que la Esposa
de Cristo, por su universalidad y catolicidad, no puede atarse a las
contingencias históricas. No puede tomar parte activa en partidos políticos o
en la conducción de asociaciones sindicales.
II. ESPIRITUALIDAD SACERDOTAL
La espiritualidad del sacerdote consiste principalmente en la profunda
relación de amistad con Cristo, puesto que está llamado a ir con él. Si el
Sacerdote no cuenta con la primacía de la gracia, no podrá responder a los
desafíos de los tiempos, y cualquier plan pastoral, por elaborado que sea está
destinado al fracaso.
2.1. Contexto histórico actual
Saber interpretar los signos de los tiempos, el sacerdote no nace de la
historia sino de la inmutable voluntad del Señor. Sin Embargo, se enfrenta con
las circunstancias históricas y, aunque sigue siendo siempre idéntico, se
configura en cuanto a sus rasgos concretos también mediante una valoración
evangélica de los signos de los tiempos.
El desafío de las sectas y de los nuevos cultos, La proliferación de sectas y
cultos nuevos, así como su difusión, también entre fieles católicos, constituye
un particular desafío al ministerio pastoral. En el origen de este fenómeno hay
motivaciones diversas y complejas. Es particularmente una importante
catequesis madura y completa.
Luces y sombras de la labor ministerial, hoy la gran mayoría de los
sacerdotes de todas las edades desarrollan su sagrado ministerio con tesón y
alegría, frecuentemente fruto de un heroísmo silencioso. Trabajan hasta el
límite de sus propias energías, sin ver, a veces, los frutos de su labor. El
ministerio sacerdotal es una empresa fascinante pero ardua, siempre expuesta
a la incomprensión y a la marginación, y sobre todo, a la fatiga, la
desconfianza, el aislamiento y a veces la soledad.
2.2. Estar con Cristo en la oración
Primacía de la vida espiritual, Se podría decir que el presbítero ha sido
concebido en la larga noche de oración en la que el Señor Jesús habló al Padre
acerca de sus Apóstoles, y ciertamente, de todos aquellos que a lo largo de los
siglos, participarían de su misma misión, por tanto los presbíteros mantendrán
vivo su ministerio con una vida espiritual a la que darán primacía absoluta.
Medios para la vida espiritual, ante el riesgo de contradicciones,
oscurecimiento, y un dualismo en la vida sacerdotal, cada año los sacerdotes,
como un signo del deseo duradero de fidelidad, los presbíteros renuevan en la
Misa Crismal, delante del Obispo y junto con él, las promesas hechas en la
ordenación.
Imitara Cristo que ora, la vida del presbítero está expuesta a un activismo
absoluto, contra esta tentación no debe olvidar que la primera intención de
Jesús fue convocar en torno a sí a los apóstoles, sobre todo para que
estuviesen con él.
Imitar a la Iglesia que ora, para permanecer fiel al empeño de estar con
Jesús, hace falta que el presbítero sepa imitar a la Iglesia que ora.
Oración como comunión, El presbítero fortalecido por el vínculo especial
con el Señor, sabrá afrontar los momentos en que se podría sentir solo entre
los hombres; además, renovará con vigor su trato con Jesús en la Eucaristía,
lugar real de la presencia de su Señor.
2.3. Caridad pastoral
Manifestación de la caridad de Cristo, la caridad pastoral íntimamente
ligada a la Eucaristía, constituye el principio interior y dinámico capaz de
unificar las múltiples y diversas actividades pastorales del presbítero y de
llevar a los hombres a la vida de la Gracia
Estará especialmente cerca de los que sufren, los pequeños, los niños, las
personas que pasan dificultades, los marginados y los pobres, a todos llevará
el amor y la misericordia del Buen Pastor.
Más allá del funcionalismo, la caridad pastoral corre el riesgo de ser vaciada
de su significado por el llamado funcionalismo que tiende a reducir el
sacerdocio ministerial a los aspectos funcionales. “Hacer” de sacerdote,
desempeñar determinados servicios y garantizar algunas prestaciones
comprendería toda la existencia sacerdotal.
2.4. La obediencia
Fundamento de la obediencia, La obediencia es una virtud de primordial
importancia y va estrechamente unida a la caridad. Como enseña el Siervo de
Dios Pablo VI, en la «caridad pastoral» se puede superar «el deber de
obediencia jurídica, a fin de que la misma obediencia sea más voluntaria, leal
y segura». El Decreto Presbyterorum Ordinis describe los fundamentos de la
obediencia de los sacerdotes a partir de la obra divina a la que son llamados.
Obediencia jerárquica, El presbítero tiene una «obligación especial de
respeto y obediencia» al Sumo Pontífice y al propio Ordinario; La obligación
de adherirse al Magisterio en materia de fe y de moral está intrínsecamente
ligada a todas las funciones, que el sacerdote debe desarrollar en la Iglesia.
Autoridad ejercitada con caridad, Para que la observancia de la obediencia
sea real y pueda alimentar la comunión eclesial, todos los que han sido
constituidos en autoridad, además de ofrecer el necesario y constante ejemplo
personal, deben ejercitar con caridad.
Respeto de las normas litúrgicas, La Liturgia constituye un ámbito en el que
el sacerdote debe tener particular conciencia de ser ministro, es decir, siervo, y
de deber obedecer fielmente a la Iglesia. El sacerdote, por tanto, en tal materia
no añadirá, quitará o cambiará nada por propia iniciativa.
Unidad en los planes pastorales, Es necesario que los sacerdotes, en el
ejercicio de su ministerio, no sólo participen responsablemente en la
definición de los planes pastorales, que el Obispo con la colaboración del
Consejo Presbiteral determina, sino que además armonicen con estos las
realizaciones prácticas en la propia comunidad.
Importancia y obligatoriedad del traje eclesiástico, En una sociedad
secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer
incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se
siente particularmente la necesidad de que el presbítero hombre de Dios,
dispensador de Sus misterios, sea reconocible a los ojos de la comunidad,
también por el vestido que lleva.
2.5. Predicación de la Palabra
Fidelidad a la Palabra, Para realizar un fructuoso ministerio de la Palabra, el
sacerdote también tendrá en cuenta que el testimonio de su vida permite
descubrir el poder del amor de Dios y hace persuasiva la palabra del
predicador. Además, no desatenderá la predicación explícita del misterio de
Cristo a los creyentes, a los no cristianos y a los no creyentes.
Palabra y vida, Para ser eficaz y creíble, es importante, por esto, que el
presbítero —en la perspectiva de la fe y de su ministerio— conozca, con
constructivo sentido crítico, las ideologías, el lenguaje, los entramados
culturales, las tipologías difundidas por los medios de comunicación y que, en
gran parte, condicionan las mentalidades.
Palabra y catequesis, la catequesis es parte fundamental de la misión de
evangelización de la Iglesia, porque es un instrumento privilegiado de
enseñanza y maduración de la fe. Con esta finalidad, el presbítero tendrá como
principal punto de referencia el Catecismo de la Iglesia Católica y su
Compendio. De hecho, estos textos constituyen una norma segura y auténtica
de la enseñanza de la Iglesia.
2.6. El sacramento de la Eucaristía
El Misterio eucarístico, La Eucaristía, memorial sacramental de la muerte y
resurrección de Cristo, representación real y eficaz del único Sacrificio
redentor, fuente y culmen de la vida cristiana y de toda la evangelización es el
medio y el fin del ministerio sacerdotal, ya que «todos los ministerios
eclesiásticos y obras de apostolado están íntimamente trabados con la
Eucaristía y a ella se ordenan».
Celebrar bien la Eucaristía, El sacerdote está llamado a celebrar el Santo
Sacrificio eucarístico, a meditar constantemente sobre lo que este significa y a
transformar su vida en una Eucaristía, lo cual se manifiesta en el amor al
sacrificio diario, sobre todo en el cumplimiento de sus deberes de estado
Especialmente en la celebración eucarística, las normas litúrgicas se deben
observar con generosa fidelidad.
Adoración eucarística, La centralidad de la Eucaristía se debe indicar no sólo
por la digna y piadosa celebración del Sacrificio, sino aún más por la
adoración habitual del sacramento. El presbítero debe mostrarse modelo del
rebaño también en el devoto cuidado del Señor en el sagrario y en la
meditación asidua que hace ante Jesús Sacramentado.
Intenciones de las Misas, Según una antiquísima tradición, los fieles piden al
sacerdote que celebre la santa Misa a fin de que «se ofrezca también en
reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios
beneficios espirituales o temporales». Por tal razón, se recomienda
encarecidamente a los sacerdotes que celebren la Misa por las intenciones de
los fieles.
2.7. El Sacramento de la Penitencia
Ministro de la Reconciliación, A pesar de la triste realidad de la pérdida del
sentido del pecado, muy extendida en la cultura de nuestro tiempo, el
sacerdote debe practicar con gozo y dedicación el ministerio de la formación
de la conciencia, del perdón y de la paz.
Dedicación al ministerio de la Reconciliación, El presbítero deberá dedicar
tiempo — incluso con días, horas establecidas— y energías a escuchar las
confesiones de los fieles, tanto por su oficio como por la ordenación
sacramental, pues los cristianos —como demuestra la experiencia— acuden
con gusto a recibir este sacramento, allí donde saben y ven que hay sacerdotes
disponibles.
Necesidad de confesarse, Como todo buen fiel, el sacerdote también tiene
necesidad de confesar sus propios pecados y debilidades. Él es el primero en
saber que la práctica de este sacramento lo fortalece en la fe y en la caridad
hacia Dios y los hermanos.
Dirección espiritual para sí mismo y para los demás, El descubrimiento y
la difusión de esta práctica, también en momentos distintos de la
administración de la Penitencia, es un beneficio grande para la Iglesia en el
tiempo presente. La actitud generosa y activa de los presbíteros al practicarla
constituye también una ocasión importante para reconocer y sostener las
vocaciones al sacerdocio y a las distintas formas de vida consagrada.
2.8. Liturgia de las Horas
Para el sacerdote un modo fundamental de estar delante del Señor es la
Liturgia de las Horas: en ella rezamos como hombres que necesitan el diálogo
con Dios, dando voz y supliendo también a todos aquellos que quizás no
saben, no quieren o no encuentran tiempo para orar
La obligación diaria de rezar el Breviario (la Liturgia de las Horas), es
asimismo uno de los compromisos solemnes que se toman públicamente en la
ordenación diaconal, que no se puede descuidar salvo causa grave. Es una
obligación de amor.
2.9. Guía de la comunidad
Sacerdote para la comunidad, El sacerdote está llamado a ocuparse de otro
aspecto de su ministerio, además de aquellos ya analizados. Se trata de la
solicitud por la vida de la comunidad, que le ha sido confiada, y que se
manifiesta sobre todo en el testimonio de la caridad.
Sentir con la Iglesia, Para ser un buen guía de su Pueblo, el presbítero estará
también atento para conocer los signos de los tiempos: los que se refieren a la
Iglesia universal y a su camino en la historia de los hombres, y los más
próximos a la situación concreta de cada comunidad.
2.10. El celibato sacerdotal
Firme voluntad de la Iglesia, La Iglesia, convencida de las profundas
motivaciones teológicas y pastorales, que sostienen la relación entre celibato y
sacerdocio, e iluminada por el testimonio, que confirma también hoy la
validez espiritual y evangélica en tantas existencias sacerdotales, ha
confirmado, en el Concilio Vaticano II y repetidamente en el sucesivo
Magisterio Pontificio, la firme voluntad de mantener la ley, que exige el
celibato libremente escogido y perpetuo para los candidatos a la ordenación
sacerdotal en el rito latino.
Motivación teológico-espiritual del celibato, Como todo valor evangélico,
también el celibato se debe vivir como don de la misericordia divina, como
una novedad liberadora, como testimonio especial de radicalidad en el
seguimiento de Cristo y como signo de la realidad escatológica.
Ejemplo de Jesús, El ejemplo es el Señor mismo, el cual, yendo contra la que
se puede considerar la cultura dominante de su tiempo, eligió libremente vivir
célibe. Al seguirlo los discípulos lo dejaron «todo» para cumplir con la misión
que les encomendó (Lc 18, 28-30).
Dificultades y objeciones, el hecho de que hoy en numerosos ambientes el
celibato se comprenda o se aprecie poco no debe llevar a hipótesis de
escenarios distintos, sino que requiere redescubrir de modo nuevo este don del
amor de Dios por los hombres. En efecto, el celibato sacerdotal lo admiran y
lo aman también muchas personas que no son cristianas.
2.11. Espíritu sacerdotal de pobreza
Pobreza como disponibilidad, La pobreza de Jesús tiene una finalidad
salvífica. Cristo, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos
por medio de su pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9). A través de la condición de pobre,
Cristo manifiesta que ha recibido todo del Padre desde la eternidad, y todo lo
devuelve al Padre hasta la ofrenda total de su vida.
2.12. Devoción a María
Imitarlas virtudes de la Madre, Existe una «relación esencial entre la Madre
de Jesús y el sacerdocio de los ministros del Hijo», que deriva de la relación
que hay entre la divina maternidad de María y el sacerdocio de Cristo. Los
sacerdotes, que se cuentan entre los discípulos más amados por Jesús
crucificado y resucitado, deben acoger en su vida a María como a su Madre.
III. FORMACIÓN PERMANENTE
El sacerdote necesita profundizar constantemente su formación. Aunque el día
de su ordenación recibiera el sello permanente que lo configuró in æternum
con Cristo Cabeza y Pastor, está llamado a mejorar continuamente, a fin de ser
más eficaz en su ministerio.
3.1. Principios
Necesidad de la formación permanente, hoy la formación permanente
debería ser un medio para acrecer esta relación “exclusiva”, que
necesariamente se repercute sobre toda la persona del presbítero y sus
acciones. La formación permanente es una exigencia, que nace y se desarrolla
a partir de la recepción del sacramento del Orden.
Instrumento de santificación, La formación permanente es un medio
necesario para que el presbítero alcance el fin de su vocación, que es el
servicio de Dios y de su Pueblo. El presbítero debe evitar toda forma de
dualismo entre espiritualidad y ministerio, origen profundo de ciertas crisis.
La debe impartir la Iglesia, La formación permanente es un derecho y un
deber del presbítero e impartirla es un derecho y un deber de la Iglesia. Por
tanto, así lo establece la ley universal. El presbítero el derecho a tener la ayuda
necesaria por parte de la Iglesia para realizar eficaz y santamente su servicio.
Debe ser permanente, Esta formación ni la Iglesia que la imparte, ni el
ministro que la recibe pueden considerarla nunca terminada. Es necesario,
pues, que se plantee y desarrolle de modo que todos los presbíteros puedan
recibirla siempre.
Debe ser completa, Debe comprender y armonizar todas las dimensiones de
la vida sacerdotal; es decir, debe tender a ayudar a cada presbítero. La
formación debe ser completa: humana, espiritual, intelectual, pastoral,
sistemática y personalizada.
Debe ser orgánica y completa, Que esté estructurada «no como algo, que
sucede de vez en cuando, sino como una propuesta sistemática de contenidos,
que se desarrolla en etapas y se reviste de modalidades precisas».
Debe ser personalizada, Aunque se imparta a todos, la formación permanente
tiene como objetivo directo el servicio a cada uno de aquellos que la reciben.
De este modo, junto con los medios colectivos o comunes, deben existir todos
los demás medios que tienden a personalizar la formación de cada uno.
3.2. Organización y medios
Encuentros sacerdotales, El itinerario de los encuentros sacerdotales debe
tener la característica de la unidad y del progreso por etapas. El camino
formativo unitario está marcado por etapas bien definidas; los encuentros de
los sacerdotes deben considerarse necesarios para crecer en la comunión, para
una toma de conciencia cada vez mayor y para un adecuado examen de los
problemas propios de cada edad.
Año Pastoral, El año sucesivo a la ordenación presbiteral o a la diaconal, sea
programado un año llamado pastoral. Esto facilitará el paso de la
indispensable vida propia del seminario al ejercicio del sagrado ministerio,
procediendo gradualmente, facilitando una progresiva y armónica maduración
humana y específicamente sacerdotal.
Tiempo de descanso, El peligro de la rutina; el cansancio físico debido al
gran trabajo, que están sometidos los presbíteros a causa de su ministerio; el
mismo cansancio psicológico causado, a menudo, por la lucha continua contra
la incomprensión. Todo lo anterior hace necesario un tiempo de descanso, en
algunos casos podrá ser útil que estos períodos tengan una finalidad de estudio
o de profundización en las ciencias sagradas.
Casa del Clero, Es deseable, donde sea posible, erigir una Casa del Clero que
podría constituir lugar de encuentro para tener los citados encuentros de
formación, y de referencia para otras muchas circunstancias.
Retiros y Ejercicios Espirituales, Ejercicios Espirituales son un instrumento
idóneo y eficaz para una adecuada formación permanente del clero. Hoy día
siguen conservando toda su necesidad y actualidad.
Necesidad de la programación, La existencia de un “plan de formación
permanente” conlleva, no sólo que sea concebido o programado, sino también
realizado. Por esto, es necesaria una clara estructuración del trabajo, con
objetivos, contenidos e instrumentos para realizarlo.
3.3. Responsables
El presbítero, El primer y principal responsable de la propia formación
permanente es el mismo presbítero. En realidad, a cada sacerdote incumbe el
deber de ser fiel al don de Dios y al dinamismo de conversión cotidiana, que
viene del mismo don.
Ayuda a sus hermanos, Es de desear que crezca y se desarrolle la
cooperación de todos los presbíteros en el cuidado de su vida espiritual y
humana, así como del servicio ministerial. La ayuda que en este campo se
debe prestar a los sacerdotes puede encontrar un sólido apoyo en diversas
Asociaciones Sacerdotales.
El Obispo, El Obispo, por amplia y necesitada de solicitud pastoral que sea la
porción del Pueblo de Dios que le ha sido encomendada, debe prestar una
atención del todo particular en lo que se refiere a la formación permanente de
sus presbíteros.
La formación de los formadores, Ninguna formación es posible si no hay,
además del sujeto que se debe formar, también el sujeto que forma, el
formador. La bondad y la eficacia de un plan de formación dependen en parte
de las estructuras pero, principalmente, de la persona de los formadores.
Colaboración entre las Iglesias, En lo referente sobre todo a los medios
colectivos, la programación de los diferentes medios de formación permanente
y de sus contenidos concretos puede ser establecida —sin perjuicio de la
responsabilidad del Obispo respecto a su circunscripción— de común acuerdo
entre varias Iglesias particulares, tanto a nivel nacional y regional —a través
de las respectivas Conferencias de los Obispos— como, principalmente, entre
Diócesis limítrofes o más cercanas.
Colaboración de centros académicos y de espiritualidad, Los Institutos de
estudio, de investigación y los Centros de espiritualidad, así como los
Monasterios de observancia ejemplar y los Santuarios constituyen otros
puntos de referencia para la actualización teológica y pastoral, además de ser
lugares donde cultivar el silencio, la oración, la práctica de la confesión y de la
dirección espiritual, el saludable reposo incluso físico, los momentos de
fraternidad sacerdotal.
3.4. Necesidad en orden a la edad y a situaciones especiales
Primeros años de sacerdocio, Estos primeros años, que constituyen una
necesaria verificación de la formación inicial después del delicado primer
impacto con la realidad, son los más decisivos para el futuro. Estos años
requieren, pues, una armónica maduración para hacer frente —con fe y con
fortaleza— a los momentos de dificultad. Con este fin, los jóvenes sacerdotes
deberán tener la posibilidad de una relación personal con el propio Obispo y
con un sabio padre espiritual.
Tras un cierto número de años, Los presbíteros adquieren una sólida
experiencia y el gran mérito de darse por completo por el crecimiento del
Reino de Dios en el trabajo cotidiano. Este grupo de sacerdotes constituye un
gran recurso espiritual y pastoral. Necesitan que les den ánimos, que los
valoren con inteligencia y que les sea posible profundizar en la formación en
todas sus dimensiones, con el fin de examinarse a sí mismos y examinar sus
acciones.
Edad avanzada, Los presbíteros ancianos o de edad avanzada, a los cuales se
debe otorgar delicadamente todo signo de consideración, también entran en el
circuito vital de la formación permanente, considerada quizás no tanto como
un estudio profundo o debate cultural, sino como confirmación serena y
segura de la función, que todavía están llamados a desempeñar en el
Presbiterio.
Sacerdotes en situaciones especiales, Independientemente de la edad, los
presbíteros se pueden encontrar en «una situación de debilidad física o de
cansancio moral». Ofreciendo sus sufrimientos, contribuyen de modo
eminente a la obra de la redención, dando «un testimonio sellado por la
elección de la cruz acogida con la esperanza y la alegría pascual»
Soledad del sacerdote, El sacerdote puede experimentar a cualquier edad y en
cualquier situación, la sensación de soledad. Hay una soledad que, lejos de ser
entendida como aislamiento psicológico, es del todo normal, es consecuencia
de vivir sinceramente el Evangelio y constituye una preciosa dimensión de la
propia vida. En algunos casos, sin embargo, podría deberse a especiales
dificultades, como marginaciones, incomprensiones.
CONCLUSIÓN
En su obra evangelizadora, el presbítero trasciende el orden natural para
adherir «a las cosas de Dios» (Cfr. Heb 5, 1). El sacerdote, pues, está llamado
a elevar al hombre engendrándolo a la vida divina y haciéndolo crecer en la
relación con Dios hasta llegar a la plenitud de Cristo. Por esta razón, un
sacerdote auténtico, movido por su fidelidad a Cristo y a la Iglesia, constituye
una fuerza incomparable de verdadero progreso para bien del mundo entero.
A María, Estrella de la nueva evangelización, se confíe todo sacerdote. En
Ella, «modelo del amor de madre que debe animar a todos los que colaboran
en la misión apostólica de la Iglesia para engendrar a los hombres a una vida
nueva», los sacerdotes encontrarán la ayuda, que les permitirá renovar sus
vidas.